Capítulo 6 – Engaño

—¡Ya, sé! ¡Ya sé! Hagamos un trato. Tú me das un poco de ese arroz y yo te ofrezco… esta semilla y esta mosca muerta que entraron por la ventana. —sugirió suplicante un hambriento prisionero de Suna.

Kanden Tekuno miró con una mueca de profundo desagrado las manos del prisionero de la celda T04-34. El Jônin de Konoha apartó asqueado la mirada sin hablar y se llevó otra porción de arroz a los labios. Sólo el silencio y la indiferencia eran prueba de su gran malestar.

—¡Oh, vamos! ¡Sé que tienes compasión por mí, Tekuno-chan!

Al escuchar su nombre ser llamado así, el mencionado se levantó de sopetón hecho una furia contra la celda. Aferró con su gran mano una de las porras de metal y golpeó con una fuerza increíble los barrotes. Ésto hizo saltar del susto al resto de prisioneros.

—¡Cómo me vuelvas a llamar así, te juro que te saco y te pego una paliza que te va a dejar gilipollas, mariconazo de Suna!

Al mismo tiempo que Tekuno vociferaba, Shirakumo Hayama miraba con desagrado y de reojo la celda T04-33, donde estaba alojado Sabaku no Gaara. Pese a que habían pasado siete días desde que los ANBU lo trajeron, aún no se había acostumbrado a su sombría presencia. El hijo menor del Kazekage siempre estaba callado e imperturbable, con los ojos cerrados en una posición sedente que podría competir perfectamente con cualquier Bodhisattva, pero aún más temible. Verle tan tranquilo le ponía enfermo.

Los calmados rasgos de Gaara le hacían difícil evocar la ferocidad del ninja de Suna que se había hecho eco en Konoha por sus terribles crímenes. Hayama recordó cómo varios días atrás había recibido la noticia de que Sabaku no Gaara había atacado a varios Chûnin de sus puestos de vigilancia en la frontera norte de Konoha, cerca del Monumento Hokage. Cuando se enteró de que una víctima de la arena del ninja de Suna había sido Gekkô Hayate, le dio un vuelco en el corazón. Hayama dio un nuevo bocado al arroz con sus palillos sintiendo que una extraña mezcla de rabia y tristeza contenida comenzaba a aumentar ante este recuerdo.

Hayate y Hayama habían sido compañeros de aprendizaje de Kenjutsu durante varios años bajo las enseñanzas del ilustre y afamado Yûhi Shinku, fundador del Estilo de Kenjutsu de la Familia Yûhi. Ellos dos, junto con otros compañeros shinobi durante su etapa Genin, habían peleado, reído, llorado y celebrado juntos muchos logros, forjando así una amistad larga y duradera dentro de la disciplina del instructor Shinku. Fue durante ese tiempo en el que Hayate y Hayama se habían vuelto muy buenos amigos.

“Aún me cuesta creer que Hayate ya no esté aquí. Hace que hasta la comida no tenga sabor…” pensó Hayama evocando con nostalgia y tristeza también a Uzuki Yûgao, la antigua novia de su amigo Hayate. “Me preguntó cómo se encontrará Yûgao con su muerte. No he sabido nada de ella después del incidente. Todo ha sido tan repentino para quienes fuimos alumnos de Shinku-sensei…”

—¡Tierra a Hayama! ¡Échame una mano con estos desgraciados, por favor! ¡Yo ya no puedo más!

Hayama parpadeó rápidamente varias veces. Las repentinas palabras de un cansado Tekuno le hicieron salir de sus pensamientos. Independientemente de la pérdida de Hayate, y aunque deseaba en lo profundo de su corazón tomar venganza contra Gaara, Hayama sabía mantenerse en su lugar.

—Ah, sí, sí, voy. —dijo Hayama con presteza dejando su fiambrera encima de la mesa y levantándose de la silla.

Sin embargo, lejos del aparente vaivén cotidiano, algo se movía en silencio. Desde la celda T04-33, Gaara vio como el Jônin de cabello gris con coleta se levantó de comer para acercarse a la celda de al lado. Gaara tuvo un escalofrío de impaciencia feroz. Debajo de su armadura de arena, su rostro mostraba una sonrisa llena psicopática y llena de malicia. Gaara miró la posición del sol. En unos minutos serían las 12 del mediodía. Estaba deseando que llegase el momento de comenzar. Había aguantado mucho tiempo. Demasiado. Pronto podría dar rienda suelta a aquello que había estado guardando tanto tiempo: su sed de sangre. Al fin y al cabo, la última vez que la probó fue una semana atrás atacando a los Chûnin de Konoha, pero no había sido suficiente.

“No estoy pleno… nada pleno… pero tranquilo…” pensaba intentando que su respiración no sonase entrecortada. “Pronto… será mediodía… pronto será la… señal y…podré hacerlo… PODRÉ… CAZAR…”

Gaara continuaba usando de poco en poco la arena que tenía sobre su cuerpo. Día y noche sin dormir, royendo con la arena cada porción de aquella prisión de manera silenciosa. En los barrotes de las celdas, en las paredes, en las columnas de toda la torre. Todo estaba preparado. Gaara sonrió detrás de la máscara con suficiencia. Aunque el agua que rodeaba la torre había mermado considerablemente la eficacia de la arena, aún podía usarla gracias al Youma, el monstruo demonio de su interior. ¡Qué idiota por parte de Konoha no tomar suficientes precauciones pese a tenerle como sospechoso de ser un Jinchûriki!

—¡Eooh, Gaara-sama! ¡Pronto terminará esto, ¿no?! —escuchó Gaara desde la celda de al lado junto con gritos y demandas de los demás ninjas de Suna.

Gaara abrió los ojos repentinamente, haciendo que casi se cayese la débil arena que ocultaba su sádico rostro. Esos idiotas de la celda de al lado. Desde que le habían traído a la torre, Gaara no hizo más que recibir estúpidos intentos de conversación por parte de sus subordinados. ¿Quiénes se creían que eran? Parecía que aún no sabían en qué posición estaban. ¿Es que acaso no recordaban que debían tratarle con el respeto que se merece un miembro de los Arenji, la familia de los Kazekage?

—Si volvéis a dirigirme la palabra, juro que os sacaré las entrañas en este mismo instante. —respondió Gaara intentando contener a duras penas sus instintos asesinos.

Al instante, todos los presentes quedaron callados ante las frías palabras del hijo del Kazekage. Un silencio sepulcral y mortífero quedó impregnado en las paredes de la torre. Por algún motivo que desconocían, y pese a la seguridad de la distancia y de las medidas de contención, Hayama y Tekuno creyeron en sus mentes que Sabaku no Gaara era capaz de cumplir con su amenaza.

—Ejem, bien, así me gusta que os quedéis todos callados. —dijo Tekuno tratando de mostrar algo de autoridad hacia los presos utilizando el silencio propiciado por Gaara.

Por su parte, Hayama no dijo nada. Se quedó de pie mirando fijamente a Sabaku no Gaara hasta que se decidió a regresar a su asiento para terminar de comer. Hayama no le quitaba el ojo mientras comía. Había algo raro. Era la primera vez que el ninja pelirrojo de Suna había hablado en todo este tiempo. A lo largo de su estancia en la torre, Gaara había sido testigo de situaciones similares y él simplemente las había ignorado. ¿Por qué? ¿Por qué ahora había reaccionado?

Tras volver a la mesa y dar los últimos bocados de su comida, Hayama puso las manos en su barbilla, todavía observándolo. Un pequeño rayo de luz solar le dio en los ojos. Su vista se dirigió al pequeño recoveco que filtraba la luz del exterior. Era justo mediodía. Entonces, Hayama sintió algo extraño, un movimiento. Su mirada se dirigió a los dos vasos de agua sobre la mesa. Primero, una onda pequeña, luego otra más grande y, finalmente, una mayor.

Levantó la vista de la mesa y se encontró cara a cara con el rostro de Sabaku no Gaara enfrente de él. Hayama se quedó helado de horror. Las venas de los ojos inyectados en sangre, la sonrisa de filosos dientes en sus tensados labios, la enorme cantidad de arena que flotaba a su alrededor. La expresión del ninja de Suna transmitía sólo una cosa: sangre. Hayama vio cómo una pequeña cantidad de arena –fina, pero mortífera– comenzó a subir por su cuerpo hasta el cuello. Paralizado, no podía decir ni hacer nada debido al miedo y a la opresión del elemento.

Sabaku no Gaara lo elevó dos pies del suelo. Con un gesto abrupto del brazo de su enemigo, Hayama fue lanzado hacia una de las paredes de la estancia. Esto ocasionó que, gracias al añadido de la erosión de la arena, el muro de ladrillos se partiera y cayese sobre él, quedando sepultado bajo el escombro, lanzando un fuerte alarido.

Hayama escuchó el ruido de los otros muros cayendo y gritos procedentes de su compañero Tekuno. También escuchó los berridos de alegría de lo que parecían los prisioneros de la otra celda. El Jônin atrapado pudo ver cómo las sombras de los cautivos saltaban hacia el vacío desde lo que antes era la torre.

Una vez todos huyeron, comenzó a escuchar y sentir lo que creía eran explosiones y estruendos a diversas distancias desde allí. Antes de caer en la oscuridad, se preguntó si su compañero Tekuno estaría vivo.

En una preciosa sala de color verde esmeralda con suelo hecho de mármol pulido, se encontraba una tarima forrada de una alfombra simple, pero de exquisitos hilos de gran calidad. Allí, un hombre solitario con porte regio estaba sentado sobre sus piernas. Vestía el traje uniformado del Kazekage: un kimono verde holgado con cuello blanco, un haori blanco y el sombrero característico de quien ostenta el cargo con el kanji “viento” en él. Su cara la tapaba un velo de color blanco puro. El hombre se mantenía imperturbable. Se encontraba en Furuya no Kyô en el Ôkogane Kyûden (Gran Palacio de Oro) esperando a que, los guardias del Daimyô del País de los Ríos, le avisasen de la hora para iniciar la reunión entre él y Hokage. Tras unos instantes de silencio, escuchó un sonido que identificó con el repique de la puerta.

—Pasa. —dijo el hombre con una voz grave y solemne.

Una figura que se podía identificar con la de un chico joven entró en la habitación. Llevaba una máscara de ANBU y portaba una capa blanca propia de los líderes de dicho grupo. El chico se quitó el antifaz y dejó ver su rostro engalanado con unas gafas redondas. Era Yakushi Kabuto.

—Ya está todo listo, Orochimaru-sama. —dijo el ninja de gafas mientras se postraba ante el susodicho farsante. —Acabo de recibir la información sobre las modificaciones del plan. Ahora no habrá problemas en que el asesinato de Hokage sea un éxito.

Los ojos de Orochimaru con el rostro de Yondaime Kazekage se abrieron lentamente para mirar a su subordinado. El repulsivo Sannin había reemplazado su rostro con el de Rasa. Si bien los iris que portaba Orochimaru no eran los suyos propios, destilaban muchísima malicia.

—Ju, ju, ju. Verdaderamente, Kabuto has actuado bien. Gracias a ti, hemos podido interceptar las noticias de nuestros avances aquí en Furuya no Kyô. Eso ralentizará la llegada de Konoha hasta aquí.

Ante las palabras de su amo, Kabuto se llevó una mano al tabique de la nariz para recolocar sus gafas despacio.

—No tendría que haberlo hecho si esos inútiles de Suna hubiesen realizado bien su trabajo desde el principio. —expresó el joven con una perceptible molestia en su tono de voz. —Aún me cuesta creer que una Gran Aldea Shinobi como Suna produzca ninjas de tan baja categoría.

Orochimaru se recolocó en su posición como si las palabras de Kabuto le fueran familiares.

—Está claro, Kabuto. Cuando estás entre las ligas más poderosas, corres el riesgo de quedarte centrado en la fama y en unas pocas glorias pasadas. Suna es ejemplo de ello. —Kabuto percibió como su maestro hacía una mueca tras el velo. —Pero gracias a esa debilidad, hemos podido aprovecharnos de ella y podido ejecutar el plan de invasión.

El joven de cabello gris afirmó con la cabeza en silencio tras ver que Orochimaru cerraba nuevamente los ojos.

—Entonces, ¿cuál es la estrategia de los de Suna? —preguntó el Sannin con mucha tranquilidad.

—Teniendo en cuenta que es muy posible que en Konoha ya les haya llegado información de nuestros planes, es muy probable que envíen hasta aquí únicamente equipos de ninjas de élite, tanto ANBU como Jônin. —respondió Kabuto con aparente seriedad. — Pese a que se tarda algo menos de día y medio en llegar, y si han recibido la información sobre las 10:00 horas, debemos asumir que llegarán en menos de seis horas, si no paran a descansar, usan elementos extra y utilizan el chakra para alcanzar Furuya no Kyô lo más rápido posible.

Orochimaru afirmaba en silencio mientras escuchaba impasible a Kabuto.

—Los estrategas de Suna que están con nosotros han desplegado una serie de zonas circunscritas donde han apostillado minas y bombas desde la frontera sureste de los Ríos. Después, en la última línea, a la entrada de Furuya no Kyô, hay camuflados 50 ninjas de varios rangos de Suna y Oto, pero de gran experticia, que se enfrentarán a los shinobi de Konoha que queden en pie.

Kabuto hizo una pausa breve y continuó tras relamerse los labios. Sin duda informar le daba sed y cansancio.

—Cuando quieran llegar hasta el palacio, Hokage deberá estar muerto. —decretó Kabuto con cierta firmeza.

Ambos ninjas se quedaron un instante en silencio hasta que el Sannin habló, mostrando sus ojos llenos de malicia.

—Espero que eso último que has dicho Kabuto no haya sido una orden de tu parte hacia mí. —dijo el Sannin con cierto tono de molestia al no pasar desapercibidas las palabras de Kabuto.

Kabuto ahogó un respingo en el fondo de su garganta, tratando de guardar las apariencias y la compostura. Su mentor se había dado cuenta en el sutil detalle.

—En absoluto. Sólo mencionaba el paso final a dar en la secuencia de acontecimientos previstos, Orochimaru-sama.

Kabuto fingió tranquilidad con sus palabras. El Sannin indudablemente podía ver a través de él. Desde que le había ordenado investigar Konoha, Kabuto se había sentido muy molesto con ciertas palabras que su amo le había dicho y que estaban resonando en su cabeza.

”Si quieres detenerme, tendrás que matar a Sasuke”, “No tienes posibilidades de matarme. Aunque tuvieras el valor, sería inútil” y “Eres igual de débil que Kakashi.” habían estado haciendo mella de manera extraña en su mente. Kabuto aún no sabía con qué objetivo exacto le había pronunciado esas declaraciones Orochimaru. Lo que sí sabía es que tenían una intención, algo que quería comprobar o demostrar. No obstante, hasta ahora, había conseguido ocultar esas inquietudes al Sannin quien sonrió complacido ante su respuesta. Hacía mucho tiempo que Orochimaru había planeado el fin de su antiguo maestro y de la aldea que le vio nacer y crecer. Estaba deseoso de ello. Pronto se consumarían sus planes, incluso antes de lo que tenía previsto.

—Por otro lado, no tenemos que olvidar que sin la ayuda de nuestro nuevo amigo, esto hubiese sido mucho más difícil, ¿no crees, Kabuto? —dijo Orochimaru con una voz aterradoramente sedosa.

—Sin duda haber conocido todo lo que Toshikomi sabía, nos ha ayudado mucho. Sin embargo, me sigue pareciendo un hombre extremadamente peligroso. Desconozco cómo puede moverse con tanta agilidad y rapidez. —sentenció Kabuto agachando ligeramente la cabeza. —Debemos ser cautelosos con él y…

Aunque quería seguir con la conversación, llamaron a la puerta de la estancia. Con diligencia, Kabuto se puso la máscara de cerámica de ANBU. Orochimaru hizo un gesto de asentimiento y procedió a hablar con un color de voz diferente, con la voz del Kazekage Rasa.

—Adelante.

En la sala entraron dos hombres con Protectores de Frente de Suna y el atuendo típico del mismo lugar. Se situaron a ambos lados de su líder. Detrás de ellos, otros dos hombres les siguieron hasta dentro de la estancia. Llevaban los trajes de la guardia del País de los Ríos y en el cinto portaban una gran espada cada uno.

—Kazekage-sama. Venimos a acompañarle hasta el Gran Salón del Sol. —dijo uno de los guardias tras una reverencia. —Allí le esperan Hokage-sama y Harunobu-sama.

Orochimaru se levantó y salió de la sala andando en comitiva hasta el lugar designado para la reunión. Pronto, se encontró delante de unas grandes puertas de color esmeralda forradas de pan de oro y de plata, evidenciando la riqueza del lugar. Los dos guardias de los Ríos se posicionaron delante de los gruesos pomos circulares de cada una de las puertas y tiraron con fuerza.

Tras su apertura, una gran sala de color también esmeralda, ricamente decorada con más pan de oro se desplegó a los ojos de Orochimaru. En el centro de la estancia, una mesa ovalada presidía el lugar. El mueble en cuestión tenía tres sillas, una a cada extremo de la mesa y otra en la parte central. Salvo la que estaba enfrente suya, las otras dos estaban ocupadas.

—¡Oh, me alegra de que ya esté aquí, Kazekage Rasa! —dijo un hombre con el traje tradicional de Daimyô del País de los Ríos que se acercó hacia el disfrazado traidor. —Déjeme decirle que estoy muy contento que haya podido hacer un hueco en su apretada agenda, pese a la recuperación de su enfermedad, para que podamos llegar a un acuerdo.

El hombre en cuestión era Harunobu Ryôshu, de amplio linaje y muy distinguido. Los ojos disfrazados de Orochimaru fingieron cordialidad ante el alegre y distendido hombre.

—Seguro que habrá satisfacción al término de esta reunión, Harunobu-sama. —declaró con una voz suave.

—Es bueno oírlo. ¡Oh, perdón por mis modales, Kazekage! Aquí también está el Hokage Hiruzen. —añadió el bonachón de Harunobu señalando con su brazo a la silla que estaba al otro extremo de la mesa.

La mirada ansiosa de Orochimaru se elevó ligeramente y pudo verlo. Un pequeño anciano sentado cuya cara se ocultaba con el sombrero rojizo de Hokage. Al igual que él, llevaba el atuendo tradicional de los Kage, sólo que el kimono era de color rojo. Poco a poco, el rostro del viejo hombre se levantó y dejó ver su cara demacrada por la edad, pero sabia. Sus ojos mostraban lo que parecía una expresión fuerte, pero pacificadora.

—¡Ah, llegó! ¡Bienvenido, Kazekage-dono! —dijo Hiruzen esbozando una sonrisa. —Me alegro de que se encuentre mejor de salud.

Orochimaru sintió como su instinto asesino pedía salir con fuerza. Evidentemente, lo aguantó. Miró el gran reloj que había en la sala. Acababan de dar las doce del mediodía. Había comenzado el ataque a Konoha.

—Gracias por asistir también, Hokage-sama. —dijo Orochimaru imitando la voz de Yondaime Kazekage. —Siempre es un gusto verle.

El Sannin vio como su antiguo maestro asintió con la cabeza mientras se sentó en la silla preparada para él. Por su parte, Harunobu se dispuso en medio de la mesa, listo para comenzar. Cada uno de los mandatarios tenía a sus espaldas a sus guardias personales.

—Puesto que los tres estamos presentes, puedo decir que se da por iniciada la Primera Reunión para la Concordia entre Konohagakure, liderada por Hokage Sarutobi Hiruzen, y Sunagakure, liderada por Kazekage Arenji Rasa. La mediación se llevará a cargo por un servidor, Harunobu Ryôshu, Daimyô del País de los Ríos, con la autorización y el beneplácito del Daimyô del País del Fuego, Madoka Akira-dôno, y el Daimyô del País del Viento, Kazetani Miya-dôno. Todo ello en fecha del 25 de febrero del año 081 de la Era Moderna en Furuya no Kyô, antigua capital del País de los Ríos. —terminó el líder de los Ríos de leer la hoja de la reunión para posarla nuevamente en la mesa limpia.

Orochimaru apenas había escuchado las palabras del Daimyô. Todo lo que entraba por sus oídos era como un eco. Su malévola mirada no dejaba de posarse en el anciano Hokage, quien mantenía una actitud tranquila.

“Vamos a tener todo el tiempo del mundo para jugar juntos, Sarutobi-sensei…”

Hyûga Neji y Tenten llevaban corriendo quince minutos sin descanso hacia la dirección norte del Bosque de Konoha. Hacía poco menos de cinco minutos que Inuzuka Kiba y su perro Akamaru se les habían unido, convirtiéndose en un grupo base de cuatro miembros. 

Los dos miembros del Equipo Gai apenas habían entrado por el Portón Sur de Konoha cuando tuvieron que huir, pues la invasión por ninjas extranjeros había comenzado. Habían estado vueltas alertando a diversos grupos e individuos shinobi cuando, media hora antes, comenzaron a estar sumergidos en una problemática importante: Hyûga Hinata había sido secuestrada por ninjas de Kumogakure no Sato, la Villa Oculta entre las Nubes, que seguramente estaban apostillados en los muros exteriores de Konoha como espías observadores.

—Aún no me puedo creer que Kumo esté también metida en todo esto. —declaró Tenten muy preocupada por la chica secuestrada. —Puede que sea un incidente internacional aún mayor…

—La verdad es que lo dudo, Tenten. No he visto con el Byakugan a otros ninjas con el Protector de Kumogakure. —dijo Neji mientras daba un salto en el aire con su Kekkei Genkai activado. —Creo que esos dos sólo han visto la oportunidad de la invasión y la han aprovechado.

Tenten veía como Kiba se mantenía callado, pero con el ceño fruncido, ante las declaraciones de Neji. Se le veía muy molesto. La chica de cabello recogido sabía que, debido a rencores familiares antiguos, Neji había odiado a Hinata. Muestra de ello había sido su absoluto desprecio por la vida de la joven de ojos blancos en el combate que, por fortuna o por desgracia, les había tocado juntos en la fase preliminar del Examen Chûnin. Ahora, sin embargo, el chico Hyûga parecía que se abogaba por defenderla. Seguramente, pensó, eso era lo que estaba confundiendo y molestando al chico del clan Inuzuka.

—No obstante, no sé si fue buena idea que el Anciano Hyûga se quedara sólo. —comentó nuevamente Tenten por la situación que habían dejado atrás. —Sus heridas no eran buenas…

Según les informaron, Hinata estaba de regreso de la UMN con su abuelo paterno de uno de los chequeos médicos de su dolencia con el corazón, producto de la pelea con Neji, al momento en que comenzaron los ataques en Konoha. Casi a la vez, fueron sorprendidos por una gran cantidad de ninjas con el Protector de Otogakure que los dejaron inconscientes. El hombre anciano apenas pudo hacer nada para evitar que Kumo  secuestrara a su nieta.

—Je, eso le da igual. A ese hombre sólo le importa que el Byakugan esté a salvo de manos extranjeras. —dijo Kiba en un intento provocativo. —Ya oíste sus órdenes, ¿no, Neji? Hay que traer el Byakugan de vuelta, sea como sea.

Neji se mantuvo en completo silencio tras mirar de refilón a Kiba. Había visto las intenciones del chico del clan Inuzuka y quería evitar que en estos momentos hubiera más problemas que tratar, sobre todo si afectaban a la moral del grupo. Pese a todo, lo cierto es que quien estaba más confundido con todo este asunto era Neji. ¿Por qué? ¿Por qué le estaba afectando tanto todo esto? No era lo habitual en él. Sabía que su destino era proteger al Sôke (Rama Principal) de su clan. Nunca tuvo dudas de que así era, pese al odio que le generaba esa condición subalterna. Pero, ¿por qué ahora se sentía más ligero?, ¿por qué quería salvar a Hinata sin recibir nada a cambio?

Desde que Lee salió de aquel Genjutsu, todo parecía que se había puesto patas arriba y que el Lee que siempre le había molestado con sus ideas del cambio y el esfuerzo había cambiado a un Lee preocupado por que se iban a cumplir las previsiones de amenazas, que creía que el destino se iba a cumplir. No le gustó. No le gustó para nada escuchar que sus creencias eran ciertas, que el destino se iba a cumplir. Y, aún sabiéndolo, Lee quería cambiarlo. Es por eso que Neji, aunque muy pequeña dentro de él, seguía guardando la esperanza de que su mismo destino pudiese también ser cambiado.

“Es tan misterioso. Jamás pensé que algo así me pudiese afectar tanto y… “ pensó con los ojos entrecerrados. “… llegar a pensar que Lee tiene razón.”

Por eso mismo, el chico de ojos blancos había decidido dar una oportunidad a la manera en que Lee le estaba haciendo ver las cosas. Estaba decidido a salvar a Hinata-sama por él mismo, porque él quería hacerlo. Porque era su prima y, pese a todo el dolor, la apreciaba.

—¿Cómo vamos, Neji? ¿Estamos cerca de Hinata? —escuchó de un gruñón e impaciente Kiba repentinamente.

Neji volvió a dirigir la mirada al chico del clan Inuzuka. Sabía bien que el compañero de equipo de Hinata, así como otros Genin que habían presenciado aquel combate de fase preliminar, no podían más que esperar al mismo Neji de siempre. Tenía que ser comprensivo con ellos, aceptar que por un tiempo no se fiarían de él, pero debía mostrar que ya no era el mismo de antes.

—No está muy lejos, Kiba. Los dos secuestradores han tenido que pararse, pero no sé por qué. —respondió el joven Hyûga sin dejar de mirar al frente.

Kiba, por su parte, asintió con un gruñido de entendimiento. Verdaderamente no estaba entendiendo el comportamiento de Neji, así como tampoco su actitud, más tranquila y pacífica, comparada con otros encuentros pasados que había tenido con él. Kiba hizo memoria, recordando la primera vez que conoció al genio de la Bunke (Rama Secundaria) del clan Hyûga. No le gustó, no le gustó absolutamente nada. Destilaba un odio especialmente íntimo contra Hinata. Un odio que le hizo plantearse muchas cosas de su propia psicología, un odio que le impulsó a proteger a su compañera Hinata siempre que tuviese la oportunidad frente a su primo. Sin embargo, ahora a Kiba le pareció que estaba frente a una persona completamente diferente, una persona que tenía un aura de auténtica preocupación por Hinata. Aunque no se creía del todo que Neji hubiese cambiado, en estas circunstancias debía darle una oportunidad. Al fin y al cabo, la prioridad era rescatar a Hinata, costase lo que costase. Ante una repentina sensación de su olfato, Kiba ordenó el alto al grupo.

—¡Hey, parad! —exclamó el joven de rasgos caninos.

Los dos miembros del Equipo Gai descendieron al suelo junto a Kiba mientras paraban de seguir su camino. Akamaru, el pequeño perro blanco, había lanzado una retahíla constante de ladridos de alerta.

—¿Qué pasa? —preguntó Tenten con una gotas de sudor sobre su frente.

Kiba se puso a cuatro patas y comenzó a oler todo el lugar que había enfrente de ellos. Tras inspeccionar el lugar, miró a Akamaru con un gesto de complicidad.

—Una trampa, ¿verdad, Akamaru? El olor del enemigo está impregnado por todo el lugar. —declaró Kiba muy seguro de sus habilidades olfativas.

Ante las declaraciones de Kiba, Tenten sintió como su corazón comenzó a acelerarse con rapidez. ¡Era lo que les faltaba! Por el rabillo del ojo, la chica de cabello chocolate observó como montones de barro y tierra comenzaban a levantarse tomando forma de lobos salvajes. Tenten hizo una mueca entre indignada y asqueada, pues la forma de los animales y el olor de la tierra de esa zona le era extrañamente desagradable.

—¿Qué son? Se ven peligrosos…

—Parece que son fruto de la trampa. Debe haberse activado con nuestros chakra como perseguidores, Tenten. —respondió Neji mirando con su Byakugan y detectando la mezcla del chakra de ellos tres en los entes aparecidos.

Poco más pudo decir Neji porque los lobos de barro se lanzaron contra el grupo.

—¡Aquí vienen! —exclamó Kiba advirtiendo a sus dos compañeros.

Tras cinco minutos de lucha intensa, una jadeante Tenten pudo advertir dos cosas. En primer lugar, que no importaba cuantas veces destruyesen a esos malditos lobos de lodo, continuaban regenerandose de la misma materia. En segundo lugar, que no se acababa. Los seres seguían atacándoles una y otra vez y eso no podía seguir así.

—Esto es malo. Activar la trampa puede haber alertado al enemigo. —dijo Neji tras hacer reventar a un lobo con la potente emisión de su chakra.

—¡Mierda! ¡Estamos perdiendo el tiempo! —exclamó Kiba acuchillando a otro montón de barro que volvía a su forma original. —¡Pueden haberse llevado ya a Hinata de la aldea!

—No. Aún están en el mismo lugar. Seguro que están poniendo más trampas como medida de seguridad. —dijo Neji mirando hacia el norte de su ubicación actual.

—¡Pero no podemos quedarnos más tiempo! ¡Si lo hacemos, Hinata será totalmente secuestrada y será mucho más difícil localizarla a posteriori! —exclamó Kiba sumamente estresado.

Ante la situación, Tenten cerró los ojos suavemente. La chica de cabello chocolate sintió sus alrededores, escuchando finalmente los sonidos del lugar. Trece, catorce, quince lobos. Ese era el total que se destruía y se volvía a regenerar. Tenten sonrió para sí misma con sorna. Ahora entendía mejor a Lee, entendía mejor porque se había quedado atrás. 

—Sólo tenemos una opción entonces. —Tenten sacó el pergamino del soporte de su pierna izquierda y lo abrió. —¡Bakuryūgeki! (Bomba Dragón).

Una llamarada en forma de dragón de unos cinco metros fue liberada de su sello y salió disparada hacia el cielo. Luego descendió e hizo estallar en un instante a todos los lobos de lodo. Neji miró con la boca abierta el despliegue de poder de su compañera Tenten. ¿Cuándo había aprendido semejante técnica? Kiba miraba a su senpai de manera similar, completamente sorprendido.

—¡Vamos! ¡Yo me encargaré de esto! —exclamó Tenten a sus dos compañeros de grupo.

Neji abrió los ojos llenos de indignación, tras girarse a mirar a la chica quien tenía un rostro lleno de determinación. ¿Es que acaso ahora tenía que abandonarla a ella también, y no sólo a Lee?

—Pero Tenten…

—Los detendré momentáneamente. Sólo tráela de vuelta, ¿de acuerdo, Neji?

El chico de ojos blancos vio como Tenten le sonrió y le guiñó con confianza. ¿Acaso Tenten pudo ver a través de él? ¿Podía ver que algo en él había cambiado y no sólo la obligación que el Anciano del clan Hyûga le había encomendado? Nuevos ruidos hicieron parar los pensamientos de Neji. Los lobos de tierra se estaban creando otra vez.

—¡Daos prisa! —arengó la chica de cabello recogido con prontitud.

Neji frunció el ceño ligeramente. No le quedaba otra más que repetir nuevamente lo mismo que hizo en Suna: dejarla sola a su suerte. Se sintió verdaderamente culpable.

—De acuerdo… —dijo el chico de ojos blancos en señal de despedida mientras Kiba y él saltaron de nuevo a la carrera tras Hinata.

Neji no quiso mirar atrás. No quería hacerlo porque sentía que, si lo hacía, se daría la vuelta a ayudar a Tenten, y no podía hacerlo. No en las circunstancias que le atañaban. Sólo escuchó los guturales sonidos de los monstruosos lobos, el sonido del metal de las herramientas y un poderoso grito procedente de la garganta de su compañera que se le quedó marcado en la mente.

—¡¡VENID A POR MÍ!!

“Ya tiene que haber comenzado la reunión…” pensó Kakashi con los ojos entrecerrados mientras se escondía entre el follaje de un árbol.

El Jônin de Konoha llevaba casi más de un día completo en simbiosis con el bosque circundante a Furuya no Kyô. Kakashi no tenía sensación de hambre, ni sed, ni sueño. Todo eso se debía a su exhaustivo entrenamiento y a su experiencia como antiguo miembro ANBU. Podía estar hasta una semana sin necesidad de comer, beber y dormir.

“En verdad ha habido movimientos raros mientras estaba aquí. Algunos ninjas de Suna salían de Furuya no Kyô y… luego están los de Oto…” continuó con su reflexión interna. “No pensé que esa aldea estuviese también implicada…”

Desde que había comenzado a realizar la labor de espionaje, Kakashi había podido ver movimientos de pequeños grupos de milicia de Suna que habían entablado conversación con ninjas de Oto. Según sus propias informaciones, Otogakure era una aldea ninja de reciente creación, apenas 7 u 8 años. Se desconocía casi todo de ella debido al hermetismo de las políticas del Daimyô del País de los Arrozales, señor de esas tierras. 

“Es extraño que una villa ninja joven realice acciones tan imprudentes así como así… ¿Tendrán otras intenciones más allá del asesinato de Hokage-sama?” se preguntó Kakashi rascándose el párpado debajo de su Protector de Frente.

El Jônin de cabello grisáceo sentía que el Sharingan le comenzaba a quemar. Siempre que se encontraba en situaciones de gran estrés le ocurría, ya que recordaba el horrible origen de la obtención de dicho Kekkei Genkai: la muerte de su compañero de equipo, Obito Uchiha. No obstante, tenía que mantenerse calmado. Llegaría el momento adecuado de utilizarlo y tenía que estar lo más tranquilo posible. 

Casi al momento, Kakashi comenzó a sentir una presencia a unos pocos árboles de él. En un instante, su cuerpo comenzó a sentir el impulso de la adrenalina, el impulso de estar preparado para el ataque. No hizo falta porque, repentinamente, vio como un ninja de traje elástico verde y grandes y gruesas cejas se posó en la misma rama en la que él se encontraba.

—¡Oh, Kakashi! ¡Eterno rival! ¡¿Qué haces aquí?! —dijo Maito Gai con expresión amigable.

Kakashi se encontraba muy confundido. No esperaba para nada la inesperada aparición de Gai, dadas las últimas noticias que tenía de él. En verdad, su amigo y compañero de profesión no dejaba de sorprenderle, incluso en las situaciones más inverosímiles.

—Eso me pregunto yo, Gai. ¿Qué estás haciendo? —preguntó Kakashi. —¿No se suponía que debías estar en Suna con tus alumnos en una misión de escolta? 

Kakashi se mordió la lengua tras la máscara. Estaba tratando de evitar preguntar nada de la información que había recibido de Sakura anteriormente. Si bien no podía fiarse de su alumna en su totalidad, lo cierto es que le causaba una mezcla desagradable de curiosidad e inquietud la sospecha de saber que el discípulo más cercano a Gai, Rock Lee, podría estar metido en algún tipo de problema relacionado con Orochimaru o la supuesta invasión de Konoha que se iba a producir.

—Las cosas han cambiado, Kakashi. Algo malo va a ocurrir aquí, muy malo…— dijo Gai con un semblante que Kakashi veía pocas veces. —He obtenido información veraz que indica que Sandaime-sama puede ser asesinado.

El ninja de cabello plateado levantó la ceja visible de su rostro. Parecía que sus sospechas estaban dando en el clavo.

—¿Cómo de veraz es esa información, Gai? —preguntó Kakashi tratando de saber el origen.

Maito Gai desvió la mirada hasta el Ôkogane Kyûden en Furuya no Kyô. Kakashi observó como el ninja de gruesas cejas se quedaba observando el portentoso edificio al tiempo que escudriñaba cada uno de sus movimientos.

—Fui enviado en una misión de espionaje en Suna de rango S por Sandaime-sama. Utilicé la misión de mis alumnos como excusa para llegar allí y recabar información, por orden de Hokage, claro. —explicó Gai tratando de mantener la calma. —Acabé escuchando de ninjas de Suna lo que planean hacer aquí. Está confirmado que planean asesinar a Sandaime, Kakashi.

Kakashi escuchó a su amigo con atención. El ex ANBU no le parecía que su rival estuviese mintiendo. En ese momento, puesto que no había mucho tiempo para pensar, Kakashi decidió que, independientemente de lo que escuchó decir a Sakura, ahora tenían que centrarse en la posibilidad cada vez más cierta del magnicidio de Hokage.

—¿Y tú, Kakashi? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? —dijo el Jônin de traje verde a su rival eterno.

—Poco más de 24 horas. Como sabes, viene en misión de avanzadilla con los chicos de mi equipo y… también me enteré de que había movimientos raros por aquí. Unos Genin de Suna nos atacaron y soltaron la información. —dijo Kakashi mostrando un pergamino de captura. —También hay ninjas de Oto interactuando amistosamente allí con los de Suna.

Gai asintió imaginando que Kakashi había recopilado información durante su estancia en el bosque por precaución y para futuras interacciones.

—¿Enviaste a tus chicos de regreso, Kakashi?

—Sí, para notificar. Ya deberían haber llegado si no tuvieron distracciones. Aunque dudo que el regreso haya sido coser y cantar para ellos… —dijo Kakashi esperando que no les hubiese pasado nada grave.

—Mis alumnos también regresaron a Konoha de inmediato al conocer esta información. Supongo que llegarán un poco más tarde que los tuyos a causa de las heridas de Lee… —declaró Gai con expresión dolida.

Entonces, Kakashi miró a Gai con comprensión. Los alumnos de su compañero Jônin habían sufrido mucho desde el ataque de hacía dos semanas a causa de los hijos del Kazekage y aún estaban tratando de recomponerse. La mente de Kakashi aún nadaba en la vergüenza. Se sentía culpable de las duras palabras que hacía tiempo había dicho a su amigo al conocer que le había enseñado a Rock Lee la técnica de Hachimon Tônko (Las ocho puertas). 

En verdad, Kakashi no era muy diferente a Gai, puesto que hacía poco le estuvo enseñando a Sasuke su técnica insigne. Quería que el chico Uchiha fuese más fuerte, para defenderse así mismo de amenazas, como Orochimaru o su hermano Itachi, y proteger a sus seres más queridos. Es por eso que, durante el entrenamiento con Sasuke, Kakashi se dio cuenta de lo hipócrita que había sido. Quería disculparse con él cuanto antes.

—Gai, yo…

Una explosión se escuchó en dirección a Furuya no Kyô. Los dos Jônin miraron sobresaltados el techo del segundo piso de Ôkogane Kyûden saltar por los aires. Una gran humareda comenzó a rodear el exuberante palacio, ahora con aspecto semi demolido y que comenzaba a ser pasto de llamas en diversas alturas. A la vez, se podía escuchar el sonido de choque del metal y los dos Jônin sintieron y vieron la gran emanación del chakra que cubría la parte superior del palacio.

—¡Vamos, Gai!

—¡Sí!

De un salto, Hatake Kakashi y Maito Gai se pusieron en marcha a una velocidad trepidante en dirección a la búsqueda y protección de Sandaime Hokage.

—¡No podrás esconderte siempre! ¡Sal de donde quiera que estés, cobarde! —rugió la voz de una mujer.

En una zona descampada dentro de la aldea de Konoha, con pocos árboles, se encontraba escondido Nara Shikamaru. A unos 500 metros de allí, él y su padre habían comenzado desde muy temprano su entrenamiento matutino para prepararse para la fase final del Examen Chûnin. No se esperaba, sin embargo, que una aburrida mañana de entrenamientos iba a finalizar con un ataque a Konoha.

—Y ahora estoy metido hasta las cejas en un combate que no me apetece para nada. ¡Menudo rollo! —susurró casi en silencio Shikamaru oteando tras el árbol para mirar a la chica que era su enemigo.

El chico Nara observó que la joven tenía los ojos verdes azulados y su cabello era rubio arena recogido en cuatro coletas consecutivas, algo bastante curioso y fuera de lo común en los estándares femeninos de belleza de Konoha. Llevaba vestida una prenda de una pieza de color púrpura claro con los hombros descubiertos y por encima de sus muslos con una red que dejaba ver la carne. Una faja escarlata atada alrededor de su cintura y el Protector de Frente de Suna decoraba su cuello. Shikamaru comprobó a la distancia que sus labios eran carnosos, algo raro teniendo en cuenta que provenía del desierto, y la forma de su cuerpo se modelaba dando lugar a una figura desarrollada. Debía ser más mayor que él, posiblemente 2 o 3 años más.

“Madre mía, ¿por qué me toca pelear con una mujer? Con lo problemáticas que son en todo.” sentenció Shikamaru en sus pensamientos rascándose la nuca.

El chico Nara, en cuclillas, puso sus manos en la pose particular que había desarrollado de pequeño, la pose que le permitía pensar mejor. Apoyando las yemas de los dedos de sus manos entre sí. Gracias a ese gesto peculiar, había enseñado a su mente que debía comenzar a moverse con gran velocidad. Eso le permitió calcular los doscientos movimientos posibles a la próxima interacción con la kunoichi de Suna.

“Eso no es buena idea. Podría atacarme por el flanco izquierdo así…” o “Sería bueno si estuviésemos en una zona arbórea, pero no es urbano…” eran algunos de los pensamientos que pasaban por su mente.

Entonces, Shikamaru se dio cuenta. Sonrió triunfante. Por fin había formado con una estrategia, ¡y sólo con la idea número 26! Poco a poco, sintió que su mente se relajaba más y dejó de posar. Ahora sólo tenía que actuar.

“Sé que no es muy cortés que un chico derrote a una chica, pero ¿cuándo dije que yo era cortés?” Shikamaru sonrió ligeramente por un lado de la comisura de sus labios aunque su mirada se veía aburrida y taciturna.

La chica de 16 años, llamada Temari, seguía buscando en cada uno de los montos de escombros que había a su alrededor sin mucho éxito.

—¡Maldito cobarde! ¡¿Es que lo único que sabes hacer es esconderte?! —exclamó Temari con furia dando un golpe a los escombros del muro adyacente que había hecho caer en parte.

Temari acababa de salir de su celda de una de las torres carcelarias de Konoha, deseosa de realizar de una vez las acciones por las que había sido llamada a liderar el ataque interno a Konoha. La habían ordenado encargarse de todos aquellos que se encontraran a su paso una vez pudiese salir de su encarcelamiento, especialmente si se metían en el camino de su hermano menor Gaara. El chico que buscaba Temari había estado siguiéndoles desde hacía un buen rato con intención de detenerles. Es por eso que tenía que encontrarle y acabar con él a toda costa.

“Mierda. Es como una rata, pero no importa. Tarde o tempano saldrá de su escondite. No durará mucho. Tengo todo el tiempo del mundo.” pensó tranquila Temari aferrando su enorme abanico semi desplegado.

De pronto, vio que delante de sus ojos todo se llenaba de humo y una figura recta y negra que reptaba por el suelo se dirigió a ella. Una sombra. Temari saltó hacia atrás en un intento de esquivarla con éxito mientras la perseguía en zigzag. Comprobó que la sombra no se desplazaba a más distancia a partir de cierto punto.

“Así que hasta aquí puede llegar, ¿eh? Si me mantengo a esta distancia, todo estará bien.”

—Debo reconocer que aprendes rápido… —declaró Shikamaru con una expresión neutra en su rostro. 

Temari levantó la mirada del suelo para ver al chico. Un escuchimizado ninja de Konoha más joven que ella, con mirada cansada y pelo recogido en una alta coleta. Vio que su piel estaba llena de cortes, posiblemente los que le había ocasionado ella con sus técnicas de viento. Pudo ver el blasón de su clan en el hombro de la chaqueta del chico. Lo reconoció inmediatamente.

—Tú eres un Nara, ¿cierto? Ese clan de Konoha que posee técnicas secretas para controlar las sombras, ¿verdad? Es un honor conocer a uno antes de matarlo. —dijo Temari con modestia fingida.

Shikamaru bufó ligeramente y se quedó en silencio y inmóvil. Estuvo así durante un rato, lo que molestó a la chica de Suna.

—¿Qué haces? ¿Por qué no atacas? —reclamó Temari al chico de Konoha, que la miraba con ojos muertos mientras bostezaba. Eso la hizo estallar.

Con su abanico, lanzó un poderoso movimiento de aire para golpearlo directamente. Mucho polvo de la humareda saltó.

—¡Es imposible que estés consciente ya, niñato! ¡¿Pero qué…?!

Temari se quedó perpleja cuando vio que su sombra estaba conectada con la sombra de él. No se podía mover. La humareda comenzó a levantarse y el chico del clan Nara estaba en pie sobre dos kunai que había clavado en la pared. Tenía una mirada triunfante mientras utilizaba el sello Rata.

—Tu mal humor ha sido tu perdición. —declaró Shikamaru con una pequeña sonrisa de suficiencia.

Temari no entendía nada. No comprendía cómo había sido posible que la hubiese atrapado en esa situación. El chico señaló al cielo despacio.

—El sol. Es mediodía, por lo tanto las sombras son más pequeñas a esta hora. Era difícil que mi Kagemane no Jutsu (Técnica de Posesión de Sombras) tuviese un buen efecto así como así. —dijo bajando de los kunai hasta el suelo y comenzando a dirigirse a ella. —Pero tu abanico extendido podía amplificar la sombra perfectamente. Tu mal carácter hizo el resto.

La chica obtuvo la realización que buscaba. El cabreo que le produjo estaba hecho aposta para hacerla olvidar que su abanico producía sombra. Ese Nara le había tendido una trampa. Temari comenzó a notar cómo su cuerpo se iba moviendo por voluntad propia, o mejor dicho, por voluntad de él. No podía hacer nada, sólo moverse de la misma manera que él estaba haciendo.

“Maldita sea. Estoy a merced de su control.” pensó Temari tras pararse y ver que levantaba la mano contra su voluntad, imitando al chico. Cerró los ojos creyendo que la iba a herir o a lanzar un arma.

No obstante, insospechadamente, sintió una mano posarse en sus labios. Abrió los ojos y comprobó que el chico de mirada aburrida apoyó la mano en su barbilla y comenzó a palpar con el pulgar todo su labio inferior con más ahínco. La cara de Shikamaru no mostraba sino una neutralidad total.

—Hay que ver, es la primera vez que veo unos labios tan carnosos. Pensé que cómo vives en el desierto estarían cortados ¿Todas las mujeres de Suna los tenéis igual o es algo tuyo? —dijo el joven chico con una mezcla entre curiosidad y falta de interés.

Temari sintió que sus carrillos se pusieron completamente rojos. ¿De qué iba ese imbécil? ¿Es que acaso desconocía que en Suna tocar así a una mujer era sinónimo de intimidad extrema? ¿O es que acaso las mujeres de Konoha se dejaban hacer esos tocamientos tan obscenos? Fuera como fuere no sabía si el Nara era efectivamente un pervertido o un idiota integral. Temari dio un mordisco rápido al pulgar del chico Nara. Éste apartó la mano con un pequeño quejido de dolor.

—¡Eoo, Shikamaru!

—¡Shikamaru, ¿estás bien?!

El chico Nara suspiró aliviado al reconocer las voces de las dos personas que se situaron detrás de él. Se giró y los vio mientras sacudía su dedo dolorido. Eran sus dos compañeros de Equipo de Graduación: Akimichi Chôji y Yamanaka Ino.

—¡Idiota! ¡¿Qué se supone que hacías aquí tú sólo?! —exclamó Ino golpeando en la nuca a su compañero en señal de reproche.

Shikamaru lanzó un quejido de incomodidad mientras se rascaba el lugar donde fue golpeado por su compañera. Una pequeña sonrisa pudo salir de sus labios.

—Je, había previsto que apareciérais para echarme una mano con ella. —dijo Shikamaru señalando a la impactada kunoichi de Suna.

Ino y Chôji observaron a la joven mujer pasmada por algún motivo que ellos desconocían. ¿Qué habría pasado?

—¡Menudo fantasma estás hecho, Shikamaru! ¿Acaso los golpes de esta kunoichi de Suna  han activado al final tus ganas de pelear? —preguntó Chôji socarrón dando un paso al frente de Shikamaru. —Creía que sólo lo hacía Ino.

—La verdad es que preferiría no tener que lidiar con ninguna de las dos… —musitó Shikamaru a su compañero en un intento de que Ino no le escuchase.

Para buena suerte de Shikamaru, Ino estaba demasiado ocupada acercándose y hablando a la ninja de Suna.

—Hoy es tu día de mala suerte, chica. Has terminado cayendo en las manos del nuevo trío Ino-Shika-Chô. Es una lástima. —dijo Ino con una voz risueña y burlesca a partes iguales.

—Yo no estaría tan seguro, Ino. Ella es bastante fuerte y a mí sólo me quedan cinco segundos de chakra para sostener la técnica. —dijo Shikamaru rascándose el interior de la oreja con desdén.

Entonces, antes dicho que hecho, la sombra del chico Nara se desvinculó de la alta chica de Suna, la cual estaba furibunda.

—¡No te lo pienso perdonar! ¡¿Me oíste, Nara?! —gritó Temari lanzando una fuerte onda de viento con su abanico en dirección a los tres ninja de Konoha. —¡Soy Temari, la hija mayor de Yondaime Kazekage y lo que has hecho es terrible!

Ino y Chôji pusieron cara de espanto. Miraron a su compañero de equipo quien estaba también extrañado con la reacción. Se preguntaron qué es lo que había hecho Shikamaru para molestar tanto a la ninja de Suna, así como por qué tenían que soportar las meteduras de pata de su compañero Nara.

Zô tosió violentamente ante la cantidad de polvo y ceniza que flotaba en lo poco que quedaba del anteriormente bello Gran Salón del Sol. La estancia estaba totalmente reventada y las paredes de color esmeralda se encontraban desperdigadas en peñascos por el suelo. Zô observó rápidamente la situación y localizó a los tres guardaespaldas del Hokage –Shiranui Genma, Namiashi Raidô y Tatami Iwashi– cubiertos de sangre y de restos de las paredes por encima de ellos, completamente inconscientes. El enorme agujero en el techo dio a Zô toda la información que necesitaba. Su mente, como Capitán Anbu a cargo de todo el destacamento del Hokage, pensó con enorme rapidez y comenzó a dar órdenes sin dilación.

—¡Grupo 1, arriba conmigo! ¡Grupo 2, proteged a Harunobu-sama! —gritó mientras se lanzaba de un salto al tejado que se había abierto producto de la explosión.

Cuando llegó hasta la parte superior, tres ANBU subordinados estaban a su lado. Enfrente de su grupo, fue testigo de cómo el Kazekage Rasa tomaba del cuello a Hiruzen-sama mientras le apuntaba con un kunai en el mismo lugar. Ya no había que dudar. El mismo Kazekage acababa de iniciar un incidente a nivel internacional e intentaba asesinar a Sarutobi Hiruzen.

—¡Proteged a Hokage-sama! —ordenó Zô mientras señalaba a los dos líderes.

Un ANBU con máscara de águila y otro con máscara de tigre se lanzaron de manera coordinada. Sus mente se sincronizaron con un objetivo en común: separar al Kazekage de Hiruzen y detenerle en ese mismo momento.

“¡Kanashibari no Jutsu! (Jutsu de Parálisis Temporal)” pensaron de manera combinada los subordinados de Zô mientras lanzaron su chakra contra el Kazekage.

Los dos ANBU observaron cómo el individuo de Suna mantuvo una pose extraña al intentar hacer algún movimiento. La técnica había hecho efecto y el Kazekage había abierto los ojos llenos de sorpresa.

—¡Ahora, Washi! —gritó el ANBU de máscara de tigre dando la señal a su compañero de la máscara de águila.

El ANBU llamado Washi se apoyó con un brazo en el suelo y dirigió una patada hacia el Kazekage. Éste la recibió de lleno haciendo que se separara involuntariamente del anciano Hokage. Hiruzen tosió con violencia tratando de recuperar el aliento.

—¡Toru, es tu turno! —grito Washi a su compañero quien había comenzado a realizar los sellos con sus manos para la siguiente técnica a utilizar.

¡Doton: Ganban Kyū! (Jutsu de Tierra: Ataúd de Rocas) —exclamó tras encerrar al Kazekage bajo un montón de placas fabricadas con tierra.

Rápidamente, a una velocidad atroz, el tercer ANBU puso alrededor de las planchas de tierra una serie de sellos empapelados para restringir al líder de Suna. Entre los cuatro ninjas de Konoha, activaron los papeles del sello. De repente, se hizo el silencio. Zô miraba muy confuso el montículo de tierra ¿Habían terminado? ¿Habían podido vencer a un Kage así de rápido? Como su propio instinto y experiencia le decían, nada de eso había pasado. Sin previo aviso, las paredes de tierra explotaron y los trozos de dicho elemento salieron por los aires golpeando a los cuatro ANBU con violencia. La sangre emanaba de sus cabezas de inmediato, pero se mantenían en pie.

Repentinamente, unas serpientes se lanzaron a sus cuellos hincándoles los dientes sin compasión. Zô sintió que se estaba debilitando. ¿Qué clase de técnica era esa? ¿Cómo es que el Kazekage podía controlar a las serpientes? Eso era imposible. Y peor, ¿acaso era veneno lo que Zô notaba recorrer por sus venas? El Capitán ANBU vio cómo sus hombres comenzaban a perder la fuerza al igual que él y estaban pendiendo de las fauces de los reptiles sin piedad. Zô dirigió su mirada al Kazekage, sintiendo que el veneno paralizante le estaba haciendo cerrar los ojos. El hombre vestido de Kazekage miraba divertido la escena cuando súbitamente una llamarada de fuego fue a parar a su espalda y a las serpientes de los cuellos de los ANBU.

 —¡Katon: Hōsenka no Jutsu! (Jutsu de Fuego: Llamas del Fénix) —exclamó el Hokage con las manos con el sello Tigre cuando terminaron de impactar las flamas contra su rival.

Zô levantó la mirada hacia el Hokage. El magnánimo porte del anciano se podía comparar con el de un rey o un Daimyô. Los cuatro ANBU cayeron contra el suelo emitiendo quejidos de dolor y malestar. Miraron a su salvador quien se había posicionado delante de ellos.

—¡Hokage-sama! ¡Debe huir y ponerse a salvo! ¡Rápido! —gritó el Capitán ANBU con todas sus fuerzas.

El silencio fue la respuesta que Zô obtuvo de Sarutobi Hiruzen. El anciano mantenía un porte firme con los brazos en reposo a cada lado del cuerpo. A Zô no le estaba gustando nada esto. Algo malo iba a suceder. Algo peor que lo que ya estaba aconteciendo.

—Sois unos insensatos. Nunca podríais vencerle. —dijo el hombre con una pasmosa tranquilidad. —Su sed de venganza es muy alta. Me tengo que encargar yo.

Zô parpadeó tras la máscara. Sus ojos oscuros estaban helados por las declaraciones del líder de Konoha. Los otros tres ANBU miraron confundidos mientras comenzaron a inyectarse el antídoto para parar los efectos del veneno. ¿Por qué el Kazekage querría vengarse de Hokage-sama? No había habido malas relaciones entre ambas Aldeas y todos los informes indicaban que la situación iba a ir bien en la reunión. Zô no entendía nada.

—Habéis hecho un buen trabajo, especialmente tú, Zô. Dejadme el resto a mí. —declaró Hiruzen sin apartar la mirada del Kazekage.

Antes de que pudieran responderle, los ANBU vieron como una fuerte luz púrpura les separó del líder de Konoha sin previo aviso. Una gran muralla traslúcida de cuatro paredes moradas había sido formada por cuatro ninjas extraños que parecían estar compinchados con el enemigo.

—¡Zô, escuchame! ¡Te doy la última orden que escucharás de mí. A esos cuatro… tienes que detenerlos e interrogarlos al final de mi última batalla! ¡No se puede perder ni un ápice de información!

La angustia se apoderó de Zô ante las palabras de Hokage. ¿Su última batalla? No, eso no era posible. ¿Sandaime estaba pensando morir aquí? No lo permitiría. No mientras él fuese el líder del destacamento. Zô miró y revisó varias veces el perímetro intentando pensar en una manera de traspasar la barrera. Era una técnica terrible, pudo observar que los pájaros que chocaban contra la muralla morada se quemaban hasta morir. No pudo ver ninguna grieta. Era imposible. Sólo pudo gritar lleno de angustia.

—¡HOKAGE-SAMA!

Shino se desplazaba a gran velocidad por las calles de Konoha. El joven Aburame estaba sólo en medio de todo el desastre producido por la reciente invasión de Konoha. Tenía puesta su mirada en el frente. No quería pararse a mirar a las decenas de difuntos y heridos que se escuchaban a lo largo de su camino. Si lo hacía, corría el riesgo de no poder parar al enemigo. Shino había visto hacía poco a los tres miembros del Equipo Kakashi perseguir a Sabaku no Gaara. Por supuesto, también pudo ver la cara de desesperación de sus compañeros de Konoha al intentar alcanzar al susodicho ninja de Suna.

Shino frunció el ceño y apretó los dientes con molestia. Sabía que algo malo iba a ocurrir con Sabaku no Gaara. Lo supo desde el momento en que su equipo y él lucharon contra el ominoso individuo, pero había fallado. Había fallado en el discernimiento, en creer que no iba a pasar nada. Todas las pruebas le habían indicado que Gaara estaba actuando de una manera muy diferente a la que le habían informado. Se sentía patético.

“Maldición. Ese monstruo… le he perdido de vista. Lo que faltaba…” pensó el joven Aburame con amargor. “No creo que el Equipo Kakashi pueda luchar sólo contra él. Incluso aunque Sasuke esté con ellos…”

La mente de Shino pensó en Kiba, Akamaru y Hinata. Quería enfadarse con ellos, pero no pudo. Ellos no tenían la culpa. Al fin y al cabo, no actuaron con mala fe en el Bosque de la Muerte y había otros factores y circunstancias a tener en cuenta que les llevaron a tomar la decisión de no tener demasiado en cuenta el raro comportamiento de Sabaku no Gaara. Shino sacudió su cabeza quitándose esos pensamientos inútiles. El joven Aburame rodeaba con dificultad las grandes pilas de escombro que yacían por las calles de Konoha. Nuevamente, sus oídos escucharon los gemidos de la gente tirada en el suelo, pidiendo auxilio para salvar a sus familiares aplastados bajo los muros. Por mucho que él quería ayudar, tenía que seguir adelante. No podía hacer nada por ellos ahora mismo. Fuese lo que fuese, no debía pararse. Tenía que mirar al frente costara lo que costara.

—¡Ayúdame, por favor!

Un grito repentino hizo salir a Shino de su metódica concentración. Un color de voz femenino le hizo parar inmediatamente de su carrera. Vio a una mujer joven de unos veinte años que se abalanzó hacia él en señal de súplica. La chica que parecía una civil casi se resbaló hacia el suelo y Shino pudo sujetarla de los brazos llevándola hacia sí. Nunca la había visto.

—¡Por favor, por favor! ¡Me han atacado! ¡No he podido hacer nada! —gritaba con grandes lágrimas saliendo de sus ojos. —¡Ellos me… me…!

Shino la apartó de él y pudo comprobar que la pobre muchacha tenía un aspecto completamente deplorable. Su cara suave estaba llena de cardenales y cortes. Desde el cuello, se podían vislumbrar moratones que se colaban por el pecho tapado por el vestido de la joven, el cual había sido hecho jirones. Shino supo que había pasado. Esta situación hizo que su mente se turbase totalmente. El chico del clan Aburame la sujetó con firmeza de los hombros.

—Tranquila. Ahora debe marchar a uno de los búnkeres de emergencia. En la calle anterior, hay un ninja encargado que está llamando a los civiles para acompañarles. La llevaré hasta allí. —dijo Shino tratando de aparentar tranquilidad en el tono de su voz. —Podrán atenderte.

Rápidamente, se pusieron en marcha. Shino la sujetaba con mucho cuidado para llevarla con precaución. No quería dejar a la chica sóla. No en ese estado. El joven del clan Aburame tenía miedo de pensar que pudiese cometer alguna locura.

“Dios mío, ¿por qué me obligas a revivir estas situaciones?” pensó el chico agitado quien guiaba a la mujer con los ojos vidriosos y mirada perdida.

Poco a poco, fueron acercándose a su objetivo. La chica no paraba de sollozar ahogadamente y Shino guardaba silencio incapaz de decir nada por ella. Para su desgracia, antes de llegar a la intersección, delante de los dos se mostró un ninja de Suna. 

Llevaba un traje de titiritero bunraku negro, holgado y de cuerpo entero con un círculo rojizo y amarillo en el pecho. Una capucha negra con orejas de gato y el Protector de Frente en ella le cubría la cabeza por completo. Su rostro lucía un diseño de pintura facial triangular desfigurada. Shino frunció el ceño nuevamente mientras la chica dio un respingo llena de terror. Por el aspecto físico, pudo reconocer quien era. El joven del clan Aburame había escuchado hablar de él por medio de su padre. Fue capturado por Neji y Tenten en el ataque del Bosque del Suroeste. Era el hijo mediano de Yondaime Kazekage: Kânkuro. Éste portaba un bulto que parecía ser una herramienta ninja, la cual Shino dedujo era una marioneta por el vestuario del shinobi de Suna.

—No podrás avanzar más, ninja de Konoha. —dijo Kanjkurô delante de Shino mientras el shinobi de Suna apoyaba en el suelo la marioneta. —Me temo que no puedo dejarte perseguir a Gaara por mucho que quieras. Voy a acabar contigo, aunque me tenga que llevar a ella por delante.

La joven civil dio un nuevo respingo de terror ante las acciones y las palabras del enemigo. Shino apretó sus labios fuertemente. Parece que le había estado siguiendo y había aprovechado su parada para alcanzarle. 

“Parece que está claro que poco le importan los civiles… Así pues, si es así, no tendré compasión con él.”

Shino dio un repentino y pequeño empujón a la joven y, al momento, lanzó sus brazos hacia delante de él. Los insectos Kikaichû de su cuerpo comenzaron a salir por los poros de sus brazos y entre las mangas de su abrigo. Ante el asombro del pasmado ninja de Suna, y sin apenas dificultad, pudo crear un pasillo para que pasase la mujer.

—¡Ahora, corra! ¡No mire atrás! —exclamó Shino mientras la chica siguió las órdenes con miedo e instinto de supervivencia.

Shino vio cómo la joven corrió lo más que pudo y la perdió de vista cuando observó que giraba la calle. Esperaba que pronto pudiera recibir la ayuda que necesitaba. En ese mismo instante, Shino y Kankurô se quedaron los dos sólos. Cara a cara.

—Vaya. Así que eres uno de los miembros de ese clan de Konoha oculto que controla los insectos, ¿eh? —escuchó Shino decir al titiritero con halago fingido. —Es una mala idea mostrar tus técnicas en una batalla así como así.

Shino miró con dureza al ninja de Suna. Aún estaba molesto con las intenciones del hijo del Kazekage de inmiscuir a civiles en una batalla de shinobi. Kankurô sonrió con suficiencia dando un paso al frente.

—No sabes dónde te has metido. Imagina tu peor pesadilla, pero que ésta sea real. —dijo con sorna Kankurô comenzando a mover ligeramente el envoltorio que sujetaba con la mano.

Shino sonrió para sí mismo. Parecía que el objetivo del hijo del Kazekage era debilitarlo psicológicamente. Eso no funcionará con él. Tenía demasiada fortaleza mental, más de lo que se podía imaginar.

—Uhm, me cuesta trabajo imaginarlo ¿Por qué no vienes a mostrarlo? —Shino abrió sus brazos en posición de ataque.

La sangre de Shino bullía, notando como sus insectos estaban alimentándose con su chakra demasiado rápido. Tenía que tener cuidado. No podía llegar al límite de sus propias fuerzas.

—Oh, no hablo de mí. Si tu mala suerte te deja alcanzar a Gaara, podrás verlo. Pero antes deberás pasar sobre mí.

Shino se quedó en completo silencio sin responder a la provocación de Kankurô. Ambos ninjas mantenían la respiración aguantada en la garganta. El joven del clan Aburame suspiró en silencio. Shino no iba a poder ayudar directamente en la captura de Sabaku no Gaara, pero, al menos, podría encargarse de su hermano mayor. Dejaba en manos del Equipo Kakashi esa responsabilidad. Una fuerte brisa y un estruendo lejano y tenebroso hizo dar comienzo a la batalla entre el chico Aburame y el hijo mediano de Yondaime Kazekage.

Sarutobi Hiruzen estaba en uno de los extremos del destrozado tejado del Ôkogane Kyûden. El anciano revisó por los laterales de sus ojos el perímetro de la zona en la que se encontraba. Se había quedado completamente aislado de sus guardaespaldas personales y de los ANBU que le acompañaban. A su alrededor, una enorme barrera de color púrpura se alzaba a más de treinta metros de altura. Reconocía esa técnica. Por otro lado, Hiruzen observó que los cuatro ninjas apostillados en las cuatro esquinas estaban concentrados en mantener activa dicha barrera costara lo que costara. Sentía que sus chakras estaban trabajando con fuerza.

“Me sorprende que pueden usar la Shishienjin (Formación de las Cuatro Llamas Violetas). Es un nivel de habilidades muy superior a Jônin.” —pensó el anciano Hokage. ”Pero se les ve muy jóvenes para saber algo así por su cuenta. Alguien se lo ha tenido que enseñar…”

Hiruzen miró a su oponente que se encontraba en el extremo contrario del techo del palacio. Fijó su mirada en los ojos vacíos del Kazekage. Unos ojos que destilaban maldad y odio férreo hacia él. Había algo raro, ya lo había notado al momento en que el individuo de Suna entró en la sala donde se iba a celebrar la reunión, pero Hiruzen no le dio demasiada importancia. Supuso que lo achacó a la enfermedad del Kazekage, la cual había confirmado ahora que era una mentira. Sin embargo, ahora estaba sospechando: es posible que ese hombre no fuera Arenji Rasa.

—Kazekage-dono. No sé exactamente que le haya llevado hasta esta situación, pero aún podemos tratar de llegar a un acuerdo. —trató de negociar el anciano Hokage. —No tienen que perderse vidas inútilmente.

Hiruzen vio como el mencionado se rió lo suficientemente alto como para ser escuchado. Una risa llena de insidia y malicia en cada uno de los quejidos jocosos que salían de sus labios tapados por el velo que portaba en la boca.

—Ju, ju, ju, tan cerca estás de tu final que planeas jugar ahora a los jueguitos de la paz, ¿eh? No has cambiado nada, Sarutobi-sensei.

Al escuchar esa manera de llamarle, el cuerpo de Sandaime Hokage se agarrotó con gran impacto y un escalofrío lleno de sudor frío le recorrió la espalda. Su respiración se cortó en su garganta y le costaba pensar con claridad. Sólo había tres personas en el mundo que le llamaban así: los tres únicos alumnos de un equipo de Genin que había tenido. Ahora mismo, Hiruzen sabía cuál de ellos estaba detrás de ese velo.

—Así que has utilizado a Suna y a Oto para acorralarme, ¿eh? —preguntó Hiruzen tratando de confirmar sus sospechas totalmente.

El Hokage vio que el velo de Rasa parecía esgrimir una amplia y terca mueca que le causó un nuevo escalofrío en la columna. No se veía para nada humana. Sin duda, ya sabía quién de los tres era el que portaba el disfraz del Kazekage.

—Al fin y al cabo, tu terquedad e incompetencia me ha permitido ser mejor estratega. Te he derrotado. —proclamó el hombre con el sombrero del Kazekage.

Hiruzen juntó sus labios tratando de evitar mostrar una sonrisa, producto del nerviosismo.

—Nada se decide si no es hasta el final. —declaró en respuesta el anciano Hokage. —Creía habértelo enseñado en el pasado, Orochimaru.

En ese momento, el hombre que estaba delante del Hokage se llevó una mano hasta el rostro y procedió a arrancárselo con un fuerte y decidido tirón sin miramientos. Hiruzen, por fin, vio el rostro de su antiguo alumno. Una cara pálida y flácida que evocaba a los mismísimos demonios más profundos del averno maquillada con una sombra morada, la cual perfilaba unos iris amarillos que recordaban a las más venenosas serpientes. Allí estaba. Orochimaru. El infame y maldito traidor de Konoha.

—Sabía, o al menos sospechaba, que llegaría este día. Sabía que llegaría el día en que vendrías a por mí. —habló Sandaime Hokage con convicción en sus ojos. —Aún así, si tu objetivo es matarme, no vas a vencerme tan fácilmente.

Orochimaru sonrió maliciosamente a las palabras de su antiguo maestro. Algo en la mueca de su antiguo alumno le pareció rara a Sarutobi Hiruzen.

—Como siempre, sigues siendo un estúpido ingenuo, Sarutobi-sensei. —Orochimaru habló con una voz ominosa mientras pasaba por sus labios su salivante y pérfida lengua. —Te preocupa sólo lo que ves y obvias aquello que está más allá. Bien parece que has fallado toda tu vida al deber del shinobi de ver los significados ocultos dentro de los significados ocultos.

Hiruzen frunció profundamente el ceño ante las palabras de su antiguo alumno. Estaba molesto por esa afirmación. ¡Cómo si tuviese que darle lecciones de moral y de cómo se debe comportar un shinobi!

—¿A qué te refieres, Orochimaru? —preguntó frunciendo aún más el ceño Sandaime Hokage.

Nuevamente, Orochimaru sonrió, pero esta vez enseñando todos los dientes. Sus colmillos se marcaban profusamente recordando a los dientes de las boas.

—Konoha está siendo invadida y destruida en este momento. No hay nada que puedas hacer para impedirlo. —decretó Orochimaru en el silencio del viento.

Las declaraciones de Orochimaru hicieron que Sandaime se tambaleasen y sus piernas comenzaron a flaquear terriblemente. Sabía que Orochimaru se había inmiscuido para atacar a Uchiha Sasuke, pero no le constaba ninguna sospecha de que algo así pudiera suceder. El Hokage sintió que las piernas le temblaban y, por un momento, creyó que iba a caer de rodillas al suelo, pero supo resistir. Se sentía agobiado, el corazón parecía que le iba a estallar en el mismísimo pecho.

—¿Es que acaso el fin de Konoha es tan importante para ti? —preguntó Hiruzen intentando no balbucear.

Orochimaru mostró un silencio y una neutralidad portentosa al mirar a su antiguo maestro. Tras un instante en silencio, volvió a sonreír de manera críptica.

—Más bien es un paso necesario para mi objetivo final. —contestó el fatídico personaje —Al fin y al cabo, todo esto te lo habrías ahorrado si me hubieras dejado ser Yondaime Hokage en su momento.

El rostro de Hiruzen se volvió sombrío ante las palabras de su ex-alumno. Así que era eso: la venganza por no ser Maestro Hokage.

—¡Tú… tú jamás podrás encarnar la Voluntad del Fuego! ¡Nunca serás merecedor de ese título, Orochimaru! —alzó la voz Hokage ante las declaraciones del ninja.

Orochimaru rió jocosamente ante la intensa declaración de su antiguo maestro. Comenzó a  negar con la cabeza mientras se reía fuertemente de Sarutobi Hiruzen.

—Como dije antes, no has visto los significados ocultos en los significados ocultos. —volvió a repetir Orochimaru. —Ahora aquí llega tu final y, por fin, Konoha será mía.

Hiruzen miró a los ojos de su antiguo alumno. Dentro de él, aunque no quería reconocerlo, sí creía entender lo que Orochimaru le decía. Incluso cuando se lo dijo en el pasado. Hace muchos años, pero no quería aceptarlo. No podía. Era demasiada maldad condensada en un mismo cuerpo y en una misma mente. Hiruzen había creído que podría convencerle de cambiar, que podría usar su poder y su mente en un beneficio mayor para las demás personas. Pero no lo logró. Nunca alcanzó el corazón de su alumno privilegiado. O más bien, Orochimaru JAMÁS quiso cambiar, llevándolo a tomar la decisión que le llevó por el camino de la maldad.

—Orochimaru, tu locura termina aquí. —sentenció Hokage lanzando por los aires las vestimentas de su cargo y revelando su atuendo de combate.

El hombre serpiente sonrió y se mantuvo en su posición. Ambos ninjas mantuvieron el porte mientras concentraban el chakra de manera tan fuerte que rompía las tejas y las tuberías que había en el tejado. A una señal silenciosa e incorpórea, ambos se lanzaron uno contra el otro. Mientras se aproximaba a su antiguo alumno, Sarutobi Hiruzen recordaba los momentos del pasado que había vivido con Orochimaru y cómo le habían llevado hasta ahí.

PERFIL NINJA OFICIAL

Número de Registro Ninja: 002300

Apellido: No consta

Nombre: Orochimaru

Apodo/sobrenombre: La Serpiente Blanca De Konoha (Konoha no Shiro Hebi) / Orochimaru, el Inmortal (Fushi no Orochimaru)

Fecha de nacimiento: 27 de octubre del año 029 de la Era Moderna

Sexo: Hombre

Estatus: Activo

Tipo sanguíneo: B

Afiliación: Otogakure no Sato, País de los Arrozales

Clan/Familia: No reseñable

Equipo: Genin Licenciado del Equipo 03 – 035 y antiguo Capitán del Equipo 04 – 066

Rango Ninja: Jônin (año 039 de la Era Moderna) – ANBU (año 051 de la Era Moderna)

Categoría Ninja: Asesino

Naturaleza de Chakra: Agua (Afinidad Natural), Viento, Rayo, Fuego, Tierra, Yin y Yang

Kekkei Genkai: Inexistente

Ocupación: Fundador y Líder de Otogakure / ¿Científico? / Sannin

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