Capítulo 8 – Salvación

—Sólo queda un poco más…  agh… ya estoy más cerca…

Rock Lee aguantaba como podía los gemidos en lo más profundo de su garganta. El  chico de cabellos negros caminaba muy despacio, cojeando. Su frente estaba colmada por gotas de sudor y su camiseta y pantalones también estaban completamente mojados por el mismo elemento. Hacía poco más de 5 horas que había conseguido cruzar la frontera del País de los Ríos con el Fuego tras su encuentro con aquel individuo llamado Toshikomi. Ahora se encontraba en el camino principal andando hacia el Portón del Sur de Konoha. Estaba sólo. Sin que hubiese ningún ninja amigo o enemigo activo cerca.

“Es tan raro. Tendría que haber combates por aquí, o al menos algún enemigo emboscando o tratando de luchar.” pensó Lee con expresión de desagrado al ver los cadáveres y cuerpos de heridos amontonarse cada vez más en cuanto se iba acercando a la entrada. “¿Es que acaso todo ha terminado? ¿La invasión finalizó ya?”

Al ingresar a Konoha, la visión no mejoró. La situación era completamente grotesca. Rock Lee escuchaba pedir ayuda a muchas personas de manera lánguida. No distinguía si eran de Konoha, de Suna u Oto, si eran amigos o enemigos. Sólo podía escuchar las plegarias de quienes no desean dejar este mundo antes de tiempo. Lee apretó sus labios con dolor evitando pararse. Tenía que hacer oídos sordos a las desesperadas súplicas. No era seguro intervenir. Nada ni nadie le garantizaba que no fuese una trampa y él tampoco estaba en las mejores condiciones para luchar.

“Tengo que tratar de buscar un lugar seguro. Un sótano o un refugio, lo que sea. No creo que pueda llegar hasta el Monumento Hokage, pero… podría intentarlo.” pensó Lee dando un paso tras otro con gran dificultad.

Ahora que acababa de alejarse del acceso de entrada de Konoha, Lee sentía que su cuerpo se estaba relajando. Eso no era una buena señal dada la situación de extrema emergencia. Por este motivo, Lee decidió evitar andar por las calles y avenidas principales. Si en la entrada no había encontrado enfrentamientos, lo más probable es que éstos se dieran en los lugares anteriormente mencionados. Tenía que dejarse guiar por las pequeñas calles circundantes para evitarlos lo más posible.

Lee andó unos pocos metros en cuanto giró hacia la primera vía de corto tamaño. Era una calle de pocos comercios, principalmente viviendas de dos plantas en pisos y departamentos. Estaba completamente destrozada. Los muros se encontraban resquebrajados. Había enormes trozos de cemento y ladrillo desperdigados, pero aún se podía caminar.´El suelo estaba sucio por la sangre y la tierra producida por los enfrentamientos. Las tiendas, anteriormente llenas y con buen aspecto, tenían en ese momento los cristales de los escaparates rotos y el interior lleno de polvo. Se podía ver también que habían sido saqueadas.

Lee vio su reflejo al dirigir su mirada al vidrio roto del mostrador exterior de una carnicería. Su aspecto no era bueno. Estaba fatigado, le costaba respirar y sus ojeras eran muy grandes, dándole un aspecto enfermizo. Todo ello motivado por el cansancio, las heridas y el hambre del viaje desde Suna.

“Vamos, Rokku. Neji y Tenten estarán peleando aquí y seguro que tampoco han podido comer nada. Tú no puedes ser menos que ellos.” pensó Lee para sí mismo al tratar de avanzar nuevamente.

El chico de cabellos negros volvió a retomar su tortuosa caminata cuando, repentinamente, escuchó el fugaz sonido de quien se posa en el suelo a gran velocidad. El sonido de un ninja haciendo su aparición, supo inmediatamente Lee. El chico de cabello negro se quedó quieto creyendo como en un atisbo de estupidez que si no se movía no le verían.

—Te he encontrado. No pensé que fuese posible, pero te encontré.

Si alguien hubiese sido testigo de la cara que puso Rock Lee en ese mismo instante, hubiese dicho que era una cara de miedo absolutamente visceral.

Esa voz. Esa terrible, monstruosa y sedosa voz. No podía creerlo, no quería. Lee se giró muy despacio sobre sus piernas debilitadas y lo vio. Allí estaba. Exultante y altanero, con la barbilla en alto, la cara quebrada, los ojos desquiciados cubiertos por esas intensas ojeras negras como el carbón, aquel pelo rojizo que se asemejaba a las llamas del infierno, la sonrisa trastornada que mostraba sus afilados dientes que cubrían la boca babeante, en posición atacante como si de una bestia a cuatro patas se tratase. Allí estaba. Aquel chico que tanto daño le había hecho en la ilusión y ahora en la realidad. El hijo menor del Kazekage. Sabaku no Gaara.

—Esperaba poder encontrarte y terminar lo que no pude hacer contigo la última vez que nos vimos. —comenzó diciendo de manera tenebrosa el pelirrojo con una especie de eco tenebroso en su voz. —Lo haré como la primera vez… ¡por partes!

Lee comenzó a entrar en pánico ante las terribles palabras de Sabaku no Gaara. La sola presencia del ninja de Suna le aterrorizaba, más después de su combate en el Bosque del Suroeste. No pudo derrotarlo en aquel momento y sabía que en su condición actual tampoco podría. Estaba totalmente acongojado. Rock Lee quiso correr, pero no pudo. Con un mal movimiento, cayó al suelo de bruces. El chico de cabellos negros intentó ponerse de pie, pero sus piernas no respondieron debido al cansancio y al dolor extremo. Lee se giró nuevamente a mirarlo. Gaara estaba cada vez más cerca de él.

Vio como alrededor de Sabaku no Gaara se arremolinaba la arena. Portaba su característica calabaza de arena, aquella que tantos problemas le había causado. A cada paso de acercarse a Lee, poco a poco, la cara quebrada de arena de Gaara se iba rompiendo cada vez más, mostrando su terrible rostro totalmente.

“Debe ser esa armadura que tiene… Su defensa definitiva.” pensó Lee al ver como la arena comenzaba a acercarse a él.

La arena subió por su pierna y por su brazo, al igual que la otra vez, pero ahora era el lado derecho. El joven Genin de Konoha comenzó a mirar hacia todos lados, como tratando de buscar una escapatoria, pero no pudo. No había salvación posible, no en las circunstancias en las que estaba. No podía hacerlo solo. Lee escuchó la lacónica risa del malicioso ninja de Suna. Sintió la familiar constricción de la arena en sus miembros. Su mirada denotaba desesperación. Nunca se imaginó estar en una situación similar y más siendo un ninja Rescatador. Su deber era salvar a los demás, no ser rescatado. Lee sentía que había fallado en su dogma.

“Por favor… por favor… alguien, quien sea…. por favor… ¡Qué alguien me salve!” imploró Lee con todas las fuerzas de su mente mientras cerraba fuertemente sus ojos húmedos esperando la destrucción de sus huesos.

Entonces, un gruñido procedente del ninja de Suna fue escuchado en la pequeña calle de Konoha. Unos pequeños golpecitos sonaron en el suelo. El golpe rebotante de una piedra. Al escucharlo, fue cuando Rock Lee dejó de sentir la arena aferrándose a su cuerpo. Decidió abrir los ojos. Cuando lo hizo, allí, enfrente de él, vio la espalda de una persona pequeña. Una niña.

—¿Qué estás haciendo? ¿Es que acaso tú también quieres morir, estúpida? —gruñó Sabaku no Gaara con profundidad.

Rock Lee pudo comprobar que la chica llevaba un kunai en su mano, la cual estaba temblando ligeramente, pero su porte era firme y defensivo. No tenía más de 10 años. Sin embargo, de alguna manera su presencia le resultaba particularmente familiar a Lee. Con una gran inhalación, la niña cogió fuerzas para gritar.

—No dejaré… ¡No dejaré que toques jamás a Rokku-nîsan! —exclamó desde lo alto de sus pulmones empuñando el kunai hacia el ninja de Suna.

Lee abrió los ojos desmesuradamente. Sabía quién era, pues reconoció su voz perfectamente. En frente de él, estaba siendo protegido por Futaba, una niña que había conocido desde que ésta tenía cinco años de edad. La niña llevaba un sombrero rosa y una blusa naranja junto con un par de pantalones de color claro y sandalias. Toda la ropa estaba sucia y llena de polvo, producto del escenario catastrófico de Konoha.

—¿Futaba-chan? —preguntó Lee con incredulidad. —¿Eres tú?

Lee observó que la chica no pronunció palabra. Entendió que no quería desconcentrarse demasiado con preguntas evidentes. Estaba muy atenta a los movimientos de Sabaku no Gaara.

—¡Pero, ¿qué estás haciendo aquí, Futaba-chan?! ¡Se supone que tendrías que estar en el refugio del Monumento Hokage! —alzó la voz Lee muy preocupado por la lejanía en la que se encontraba la niña. —¡Tendrías que estar con tus compañeros de la Academia y con tus maestros!

—Me separé, Rokku-nîsan… —contestó Futaba rompiendo el silencio en un hilo de voz. —Un grupo de invasores… Nos separaron del grupo, a mí y a otros compañeros. Estuve deambulando sin rumbo hasta ahora… no pude hacer otra cosa… Estaba buscando un lugar para protegerme, pero… te vi y no podía dejarte atrás.

Lee pudo escuchar la aterrada voz de la pequeña de diez años. Aunque no podía ver su rostro, sabía que se encontraba confundida, perdida, temblorosa. Sin embargo, pese a todo, pese a todo el terror que se estaba produciendo, Futaba estaba ahí con él. Estaba sacrificando su propia supervivencia para salvarle y defenderle.

—Basta de cháchara. ¡Moriréis aquí los dos! —exclamó Gaara abalanzando su arena en contra de los dos habitantes de Konoha.

En un instante que se sintió como un parpadeo, Sabaku no Gaara sintió el crujido de los huesos y la emanación de la sangre de los dos cuerpos gracias a su arena. Un escalofrío surgió por toda su espalda. Haciendo que la arena llegase hasta él, Gaara se llevó una mano ensangrentada a la boca, dejando escurrir y lamiendo el líquido vital. Sentía satisfacción, sentía… extrañeza. Había algo raro. La sangre no estaba caliente.

El ninja de Suna comenzó a observar con intriga los cuerpos muertos de sus víctimas. Estaban inertes, sin vida, pero había algo raro. No podía concretar el motivo. Tras un rato, pudo distinguir una disturbación en la imagen que veía. Los cuerpos de los dos habitantes de Konoha no eran reales.

—Esto es… ¿un Genjutsu? —dijo con un ligero atisbo de sorpresa en su voz.

Gaara nunca había creído ser testigo de una ilusión tan auténtica. Casi le habían engañando. Sabaku no Gaara juntó las palmas de sus manos y expulsó una gran cantidad de chakra, desvelando el misterio. No había cadáveres en el suelo. No les había matado y ellos dos ya se encontraban a varios metros de distancia de él. Una Futaba muy nerviosa intentaba a duras penas sujetar y ayudar a avanzar al dolorido y demacrado Lee. El hijo de Yondaime Kazekage echó a andar en la misma dirección que ellos. Estaba deseoso. No le costaría trabajo alcanzarles. Sin embargo, casi al instante, escuchó un gran grito que vino del cielo que le hizo dirigir la mirada. Una fuerte y seca patada le golpeó en pleno rostro haciéndole caer de bruces y chocar contra el suelo.

—¡Tu contrincante soy yo, monstruo sin cejas! —se escuchó una potente voz que resonó por toda la calle.

Futaba y Lee miraron por encima de sus hombros y fueron testigos de la aparición del conocido como el Genin más loco y destartalado de Konoha: Uzumaki Naruto. Éste se había interpuesto entre ellos y su perseguidor y les había salvado la vida.

—¡Eh, Gejimayu, tú niña! ¡¿Estáis bien?! —gritó Naruto mirando por encima del hombro a los dos mencionados.

Lee jadeó boquiabierto a la vez que miraba la espalda del ninja rubio. Tras un par de segundos, pareció recuperar algo el aliento y resoplar. Por un momento, Lee pensó que Futaba y él verdaderamente iban a morir.

—Todo lo mejor que se podría, Naruto-kun… —dijo Lee intentando no aparentar demasiada debilidad.

Naruto sonrió irónicamente a su compañero de gruesas cejas. Vio que su senpai estaba en muy malas condiciones. ¿Cómo es que alguien tan fuerte como Lee había acabado en ese estado? No le gustó absolutamente nada. El chico de cabellos rubios dirigió su mirada a Gaara. Saber que ese tipo había destrozado a su compañero le hizo arder por dentro.

Gejimayu, no te preocupes, ¿de acuerdo? —dijo Naruto levantando el pulgar de su mano derecha imitando el gesto de Lee y su maestro Gai. —Te prometo que todas las patadas que le dé a este tipejo en el culo tendrán tu nombre.

Lee miró con una luz brillante a su compañero Genin. El chico de cabello negro pudo notar que las lágrimas se le acumulaban en los ojos de la emoción. Sabía que podía contar con Naruto en esta situación.

—Te lo encargo todo a ti, Naruto-kun… –dijo Lee jadeando con cierta dificultad, pero con una sonrisa. —Sólo ten cuidado, ¿de acuerdo?

—¡Claro, ya verás! ¡Déjalo todo en mis manos! —gritó el ninja hiperactivo tras golpear el puño con su mano libre, listo para la pelea contra el ninja de Suna. —¡Vosotros marchaos a un refugio ya!

Antes dicho que hecho, Futaba y Lee dejaron la calle para adentrarse en otra vía. En ese mismo instante, Sabaku no Gaara y Naruto se quedaron solos. El chico de cabellos rubios no había parado de perseguir a Gaara junto con Sasuke y Sakura desde que se dio la alarma de aviso del inicio de la invasión en Konoha. Mientras sus dos compañeros se quedaron atrás debido al cansancio y las heridas, Naruto no cejó en su empeño en llegar hasta él y vencerle.

—Saliste del Bosque de la Muerte antes de que me pudiera dar cuenta. Te he estado buscando por todas partes. —comentó Naruto con el ceño fruncido. —¿Por qué atacaste a Gejimayu? ¿Es que acaso le envidias por sus cejas?

Cuando el ninja de Suna se levantó del suelo, el chico Uzumaki vio cómo la mitad de su cara era completamente diferente. Se quedó completamente impactado. Una cara abultada llena de arena con unos grandes dientes carnívoros y ojos con la esclerótica negra y la pupila amarillenta con forma estrellada perfilaba el anterior rostro humano. Un monstruo. Un Bijû.

—Tú… eres como yo, ¿verdad? —preguntó Naruto tragando saliva fuertemente imaginando que su combate iba a ser más complicado de lo que pensaba.

Poco más pudo decir el ninja de Konoha, pues Sabaku no Gaara se abalanzó contra él con toda la fuerza demoníaca que poseía y tenía que estar atento para el contraataque. 

El choque del metal resonó en la cercana plaza al Ôkogane Kyûden de Furuya no Kyô. El sonido de un rasgido y de una caída finalizó con la victoria de Hatake Kakashi frente a un ninja de Suna, muerto por el Jônin de Konoha.

—¿Has acabado, Kakashi?

El mencionado giró la cabeza hacia su compañero Maito Gai quien sujetaba por un brazo a un ninja de Oto completamente inerte. La bestia verde de Konoha tenía una mirada muy seria.

—Sí. No habríamos podido llegar hasta aquí sin el resto de miembros ANBU. Afortunadamente nos han allanado el camino. Ahora podemos dirigirnos hasta el tejado del palacio. —respondió Kakashi ajustándose la banda de la cabeza ensangrentada.

Gai asintió con la cabeza en silencio. Ambos Shinobi se dirigieron hacia el edificio cuya entrada se mostraba visiblemente dañada. Acceder al interior no era una opción factible. Tendrían que subir por la pared exterior. A un gesto afirmativo, Gai y Kakashi comenzaron su escalada corriendo por el muro del palacio.

Fue fácil, pues en menos de cinco minutos habían alcanzado la cima del destruido tejado y se encontraron con un panorama que no esperaban. Allí, en medio del tejado del Ôkogane Kyûden, tirado en suelo y completamente inmóvil, se encontraba Sandaime Hokage atravesado por varias espadas, entre ellas la famosa y reconocible Espada Kusanagi sujeta por la invocación de Hiruzen. Un poco más lejos del cadáver de Sarutobi Hiruzen, con cara llena de dolor, sudando profusamente y los brazos completamente ennegrecidos estaba un jadeante y pálido Orochimaru.

Kakashi y Gai estaban completamente anonadados ante dicha situación. ¿Cómo era posible? ¿No había ningún ANBU o guardaespaldas con el Hokage? ¿Había luchado totalmente sólo contra el traidor de Orochimaru? Sea como fuere, ambos Shinobi tenían claro que las cosas no pintaban bien.

—Vaya, vaya, así que los primeros en llegar sois vosotros, Kakashi-kun, Gai-kun. —dijo Orochimaru tratando de aparentar que no le dolían los brazos endemoniadamente. —Me temo que no vais a poder contar más con los consejos del Viejo Hokage.

—Orochimaru… —dijo Kakashi con acritud mencionando el nombre del perverso personaje.

El ninja del Sharingan sentía la sangre caliente ascender por su torso. Desde que había tenido otros encuentros directos en el pasado con Orochimaru, en los que había intentando detener al Sannin tras sus delitos contra Konoha cuando era ANBU o enfrentándose a él cuando quiso llevarse a Sasuke, Kakashi había permitdo que el rencor apareciese más por su mente contra el asqueroso y retorcido ser. Para Kakashi, Orochimaru era un maligno misterio que tenía miedo de resolver, como una Caja de Pandora que espera la llegada de su próxima víctima. Debido a ese miedo, Kakashi había desperdiciado en el pasado la oportunidad de matarlo o de dañarlo, y éste había sido el resultado: la muerte del Hokage.

—Mi objetivo aquí ha terminado. —dijo Orochimaru dando la espalda a los dos Jônin con dificultad. —Ahora iré a Konoha para terminar con todo.

Antes de que pudiera hacer nada, Orochimaru vio por el rabillo del ojo que una figura se acercaba a gran velocidad. Un golpe impactó en su rostro lanzándole a varios metros de distancia.

—Me parece que no va a poder ser. No te lo voy a poner nada fácil, Orochimaru. —dijo un serio Gai dando un paso al frente con una voz gravísima. —Además, deberías ya saber que no se puede dar la espalda a un enemigo. Es básico de la Academia Ninja.

El chakra de Maito Gai se arremolinaba a su alrededor con gran intensidad. Estaba abriendo las dos primeras puertas de Hachimon Tônko Môdo. Kakashi se quedó completamente impactado al ver a su amigo de la infancia en ese estado. No era habitual en él llegar a esa condición.

—¡Gai, no te precipites! ¡Yo…! 

Aunque intentó acercarse a su compañero, Kakashi apenas pudo mencionar algo más porque delante de él apareció la mano derecha de Orochimaru.

—Nos encontramos nuevamente, Kakashi-san. —comentó Yakushi Kabuto con desdén. —¿Cuándo fue nuestro último encuentro? Ah, sí, cuando estuve a punto de matar a Sasuke en la UMN. Fiu, me lo pusiste ligeramente difícil.

—Maldito Kabuto. Ya parece que has asomado la cabeza del todo. —dijo Kakashi con una ferocidad silenciosamente mortal mientras apretaba los dientes. —Que sepas que te voy a matar aquí mismo.

—Je, veremos si eres capaz de ello.

Cuando comenzaron a intercambiar golpes, la lucha de Maito Gai y el Sannin mostraba la actual superioridad del ninja de traje verde frente al ser serpentino. Orochimaru sólo podía esquivar sus golpes debido a su maldición, así como su actual incapacidad de formular sellos.

“Esto es malo. No puedo dejar que me golpee usando esa técnica.” dijo el ninja serpentino tratando de esquivar con dificultad los rápidos puñetazos de Gai.

El Jônin de Konoha se hartó de sus escurridizas defensas y en muy breve activó la siguiente puerta sin mucha dificultad. Esto puso en aprieto a Orochimaru.

“¡Tengo que hacer algo! ¡Tengo que detenerlo!” Orochimaru gruñó y comenzó a abrir su boca lo más ancha que pudo.

—¡Kabuto!

—¡SEIMON! ¡LA PUERTA DE LA VIDA! ¡ABIERTA! —exclamó Gai cambiando su piel rojiza por la fuerte fuerza del chakra.

Entonces, algo inesperado le sucedió a Gai. Un dolor en el lado derecho de su cuello. Un vil mordisco traicionero. Por el rabillo del ojo, observó que Orochimaru había lanzado una serpiente desde lo más profundo de su garganta. Sin utilizar las manos, ni usar ningún sello o truco de invocación. Gai quedó perplejo. ¿Cómo era que había sucedido esto? Gai no se consideraba un gran intelectual, pero hasta él sabía que Orochimaru era víctima de una maldición que le impedía usar técnicas. ¿Cómo había sido posible que le lanzase una serpiente para pararle? Pese a que Hachimon Tônko (8 Puertas) estaba pulverizando hasta los huesos al reptil, la cabeza de éste y su fiera mordedura se mantenían firmes en él.

Orochimaru comenzó a girar rápidamente sobre sí mismo e hizo dar vueltas a Gai por los aires, haciéndole golpear varias veces contra el suelo del tejado, hasta que le soltó, mandándolo a volar lejos. 

—¡GAI! —Kakashi dirigió su mirada al ninja de traje verde que cayó al río que bordeaba el palacio dorado. 

La última imagen que Kakashi tuvo de su compañero experto en Taijutsu fue que quedó flotando boca abajo en la superficie de sus aguas.

—Deberías estar más atento a lo que tienes delante.

Cuando Kakashi se giró nuevamente a ver a Kabuto, no pudo esquivar el puñetazo inmediato que venía de pleno hacia su cara. El shinobi del Sharingan fue lanzado a dos metros, pero mantuvo la compostura. Le comenzaba a sangrar la nariz y su máscara se manchó profusamente de color oscuro.

Al tratar de recuperarse del golpe traicionero, Kakashi observó que Kabuto se había dirigido hacia Orochimaru y le sujetó para evitar que cayese al suelo. Ahora. Era el momento perfecto para acabar con los asquerosos traidores. Kakashi corrió hacia ellos, pero fue detenido por cuatro ninjas de Oto que le detuvieron el paso repentinamente. Kakashi desconocía quienes eran, pero pudo ver que se encontraban en condiciones bastante deplorables. Les habían dado una buena paliza y no con técnicas de nivel básico. Pese al invisible cansancio que manifestaban, Kakashi vio que estaban preparados para atacar y defender cuando un quejido y el sonido del vómito sanguinolento procedente de Orochimaru les sacó de sus pensamientos.

—¡Vamos, vosotros cuatro! ¡Debemos retirarnos! ¡Orochimaru-sama debe reponerse! —gritó Kabuto a los recién aparecidos tratando de cortar la sangre que emanaba de la boca del Sannin.

Éstos aceptaron las órdenes sin mencionar palabra y se desplazaron rápidamente marcha atrás hasta su líder para, en una técnica conjunta de Shunshin no Jutsu (Jutsu de Teletransportación) desaparecer con una gran humareda de polvo.

—Desgraciados… —Kakashi jadeó fuertemente tras comprobar que habían desaparecido de su rango de visión. 

El Jônin de Konoha sintió como la adrenalina comenzó a abandonar su cuerpo. El cansancio por las peleas y el uso del Sharingan amenazaba con dejarlo tirado. No obstante, hizo un titánico esfuerzo por no caer. Se giró en dirección al borde del tejado para comprobar si Gai se encontraba bien. Lo que vio al asomarse fue al ninja de traje elástico verde vomitar agua y toser violentamente mientras salía del río, casi de manera cómica. Esto hizo que Kakashi suspirase aliviado.

—¡Kakashi-san!

La mención de su nombre llamó la atención del Shinobi del Sharingan y vio aparecer a su lado a cuatro ANBU. Kakashi los reconoció de inmediato. Eran de los miembros del escuadrón ANBU más cercanos a Sandaime Hokage. Pese a que presentaban los trajes sucios, se les veía con gran soltura.

—Vosotros… parece que habéis podido sobrevivir. Por desgracia, Orochimaru ha escapado. También Kabuto y otros cuatro ninjas de Oto que estaban con ellos. —dijo Kakashi de inmediato.

—Sandaime nos dio la orden de capturar a esos cuatro que dices. Sin embargo, han sido demasiado escurridizos. —declaró Zô, el líder del pequeño grupo ANBU. —No tan fuertes, pero sí muy escurridizos.

Kakashi se quedó mirando en silencio al interlocutor. Podía notar que estaba muy afectado con todo lo que había pasado.

—Sin embargo, hemos podido quitarles trozos de piel a cada uno de ellos. —siguió hablando Zô mientras uno de sus subordinados guardaba en bolsas individuales la materia. —No podemos decir que hayamos cumplido con la misión encomendada, pero eso nos ayudará a saber más de ellos.

Kakashi suspiró aliviado. Era lo más importante: no perder en ningún momento el hilo de la información, más en un caso de terrorismo como este. Al mirar en la distancia, todos los presentes pudieron ver grandes humaredas de fuego y polvo que recorrían la zona colindante del camino hacia el palacio. 

Con un poco de dificultad, Kakashi pudo discernir a lo lejos a algunos ninja que portaban el Protector de Frente de Konoha. Estaban llegando los refuerzos.

—Uf, parece que ya hemos terminado aquí. —declaró un ninja que portaba un abrigo de piel de ciervo tras usar su Kage-Kubishibari no Jutsu (Técnica de la Sombra Estranguladora) en unos ninjas de Suna que cayeron muertos al suelo.

—¡Shikaku! ¡Ya me he encargado de los ninjas que estaban en el interior! —gritó un Jônin de largo cabello rubio y ojos azules desde la ventana de un edificio de viviendas. —¡Hay bastantes civiles heridos por aquí!

Nara Shikaku era el Jônin Hanchô (Comandante Jônin) de las Fuerzas Regulares del Sistema de Jerarquía Shinobi de Konoha. En estos momentos, se encontraba revisando, junto con otros shinobi compañeros, los sectores de la Aldea en busca de ninjas enemigos remanentes que se hubiesen ocultado o que tuvieran rehenes.

—¡Diles que se resguarden bien, Inoichi! ¡Qué no salgan hasta que demos la alarma de aviso de fin de batalla! —gritó Nara Shikaku pensando en el próximo edificio a inspeccionar tras ver que su compañero Yamanaka regresaba al interior.

Repentinamente, un fuerte golpe hizo temblar el suelo, haciendo tropezar a Shikaku y casi haciéndolo caer al suelo.

—¡Avisa cuando vayas a hacer eso, caray, Chôza! —gritó mientras se dirigía a un enorme gigante que medía unos 50 metros de altura. —¡Qué tipo más problemático!

—¡Ja, ja, ja, perdona Shikaku! ¡Había por el tejado unas cucarachas ocultas y les he dado un buen bastonazo! —dijo Akimichi Chôza mostrando el extremo de su personal manchado completamente de sangre.

Shikaku simplemente se encogió de hombros y sonrió de lado a su fornido compañero. En verdad, ellos tres formaban parte de uno de los grupos más fuertes existentes en la historia ninja. No eran la generación décimo quinta del trío Ino-Shika-Chô por nada. Casi al instante, por el rabillo del ojo, el líder del clan Nara atisbo que se posaba en el suelo cerca de él seis figuras con un aspecto fiero. Cuatro perros y dos mujeres, pero igual de bestiales.

—¡Shikaku, ya nos hemos encargado del sector Y! —alzó triunfante la voz de una mujer con largos colmillos y cabello desordenado. —¡Esos piojosos han terminado esta vida bajo nuestras garras, ¿verdad, Hana?!

Ante las carcajadas de la recién llegada, Shikaku puso una mirada cansada.

—¿Estás segura, Tsume? Mira que no quiero que quede ningún enemigo escondido, ¿eh? —bromeó el hombre del clan Nara con una ligera sonrisa.

Al escuchar estas palabras, la mujer Inuzuka frunció el ceño ofendida. Shikaku le pareció ver que se le hinchaban las venas de la frente.

—¡¿Pero qué te has creído, mamarracho?! ¡Mi olfato es millones de veces más agudo que el tuyo! —gritó Tsume muy cerca de la cara del Nara mientras le daba toquecitos con un dedo en el pecho. —¡Ya deberías saberlo!

—Bueno, no siempre fue así. ¿Tengo que recordarte tus días como Genin? —dijo Shikaku mientras se tapaba una oreja con un dedo.

—¡Dios, Shikaku! ¡Han pasado 30 años desde eso! ¡¿Es que nunca lo vas a olvidar?!

Ante el visible aumento de enfado de la líder del clan Inuzuka, Shikaku trató de poner tierra por medio del fuego que había provocado con ánimo jocoso.

—Bien, bien. Confío en ti, Tsume. Sé que eres la mejor en tu campo. —declaró Shikaku poniendo las manos delante de él.

La mujer se cruzó de brazos e hizo un mohín ante la duda de la sinceridad de su compañero Jônin. Musitaba cosas del tipo “idiota”, “el trabajo sucio lo hago yo”, “quién se ha creído” y “vago redomado”. Su perro Kuromaru suspiró poniendo los ojos en blanco. Mientras, la chica más joven e hija mayor de Tsume, Hana, rió nerviosa ante la escena provocada por el líder del clan Nara y su madre.

—¿Y tú, Hana? ¿Los Haimaru Sankyôdai están haciendo bien su trabajo? —preguntó Shikaku a la esbelta chica.

Hana sonrió con los labios dulcemente y comenzó a acariciar a Ichi, el mayor de sus perros.

—Hemos supervisado todo. No ha quedado ningún enemigo en el alcantarillado. —dijo la joven chica a la vez que acariciaba a los dos perros hermanos de Ichi, Ni y San, quienes se acercaron a sus manos reclamando también mimos a su dueña. —Nos puede dar las órdenes para ir al sector Z y terminar el trabajo, Shikaku-san.

Shikaku devolvió la sonrisa a Hana. Al hombre del clan Nara siempre le había parecido increíble la diferencia de carácter entre madre e hija. Desde luego Shikaku sabía que esa personalidad tan suave la había sacado de su padre.

—¡Oye, ¿por qué a ella la tratas con cariño y a mí como la basura, eh?! ¡No te pienso volver a hacer un favor en la vida, ¿me oíste, Shikaku?!—exclamó Tsume comenzando de nuevo la disputa haciendo que Shikaku maldijese por lo bajo.

Entonces, un malestar les sobrevivo a los tres shinobi repentinamente. Los cuatro perros ninja gimieron haciendo notar que también se encontraban indispuestos. El pesar de sus cuerpos lo denotaba.

“¿Qué es esto? ¿Qué clase de jutsu es este? Parece un Genjutsu…” pensó Shikaku mientras liberaba chakra tratando de deshacerse del entuerto en vano.

Un grupo de 10 ninjas de Oto comenzó a hacer su aparición atravesando los muros del edificio, de las vallas de la calle e incluso del suelo. Su imagen parecía duplicada. Los shinobi de Konoha eran incapaces de hablar en ese momento debido a la fuerza del Genjutsu que, suponían, lo emitían todos los enemigos a la vez. Chôza se había alejado e Inoichi no salía aún. Shikaku pensó que él y sus acompañantes se encontraban en un gran aprieto.

—Pensábamos que los ninja de Konoha eran más fuertes que los demás y, sin embargo, caísteis en un pequeño Genjutsu de trampa sonora. —dijo un enemigo con boca tapada y cinta de Oto en la frente.

Shikaku miró a su alrededor con los ojos. Vio varios cascabeles clavados en los muros que eran tirados con hilos por el ninja de Oto. Sentía como si estuviera atrapado por el Kageshibari no Jutsu (Técnica de Posesión de Sombras), su propia técnica insigne.

“Mierda. Estamos jodidos. Esto nos ha pasado por bajar la guardia tan pronto.” pensó Shikaku al ver que el enemigo sacaba un kunai mientras se acercaba a ellos con decisión.

—Creo que empezaré contigo. —dijo el enemigo poniendo el kunai en el cuello del hombre Nara. —Luego, nos divertiremos con vosotras dos.

Ambas mujeres Inuzuka apretaron los dientes entre sus mandíbulas mientras sus perros trataban de gruñir sin éxito como en un intento desesperado por protegerlas de sus captores.

—Ahora… ¡Muere!

Shikaku cerró los ojos esperando el filo del kunai atravesando su garganta. Sin embargo, no pasó nada de lo previsto. Shikaku no fue asesinado, ni sintió el arma en su piel. No obstante, lo que sí pasó fue que el shinobi de Oto comenzó a retroceder con los ojos llenos de un velo vidrioso que el Jônin de Konoha pudo apreciar.

—¡¿Qué ocurre? ¿Dónde estoy?! —dijo el enemigo de Oto quien soltó el kunai, el cual cayó al suelo. —Esto es… tan diferente… tan tranquilo…

Los otros ninjas de Oto expresaban por sus bocas actitudes similares, casi etéreas. Sorpresa, asombro e incredulidad. Por su parte, los shinobis de Konoha no entendían qué estaba sucediendo. Sin embargo, Shikaku alcanzó a ver cómo el afilado kunai caído se elevó y comenzó a cortar lentamente las venas del cuello del ninja que le había amenazado. La sangre comenzó a emanar abundantemente de la herida abierta y, en cinco segundos, el enemigo de Oto yacía en el suelo desangrado. Al morir, el efecto del Genjutsu desapareció en parte y, poco a poco, un Shikaku aturdido pudo ver a quien fue el salvador de su vida y de sus compañeras Inuzuka.

—No es buen momento para ser descuidado, Shikaku-kun. Aún quedan bastantes enemigos incordiosos en la aldea. —dijo un hombre mayor con arrugas bajo sus ojos.

Shikaku sacudió su cabeza intentando conectar adecuadamente la realidad de nuevo. Después, se rascó la cabeza de alivio cuando observó que Tsume, Hana y el resto de los cánidos comenzaron a moverse con normalidad de nuevo.

—Umh, no esperaba verle por aquí. Ha pasado mucho tiempo desde nuestro último encuentro, Unkai-san.

El hombre que estaba enfrente de él era un experimentado Jônin y un maestro del Genjutsu: Kurama Unkai, miembro del Clan Kurama. El viejo hombre se acercó y revisó a las mujeres Inuzuka ahora que todo había terminado. Estaban en perfectas condiciones.

—Habéis tenido suerte de que hayamos pasado por aquí. Los ninjas de Oto tienen bastantes Genjutsu de tipo sonoro. Hemos visto a muchos de Konoha caer a causa de ello. —explicó calmado Unkai.

—¿Hayamos? ¿Qué quiere decir con…? —Tsume levantó una ceja sorprendida.

La líder del clan Inuzuka observó a otros miembros jóvenes del clan Kurama que estaban terminando de ejecutar a los demás ninjas de Oto. Tsume sonrió. Se veía una buena generación de ninjas de dicho clan.

—Bien. Ahora que todo ha quedado en orden, nosotros nos retiramos. —dijo Unkai dándose la vuelta dando por terminada su intervención.

Ante esta declaración, Shikaku, Tsume y su hija mayor Hana no pudieron sino sorprenderse. 

—Eh, Unkai-jîchan. No deberían marcharse. Teniendo en cuenta los jutsus ilusorios del enemigo es mejor que se queden un poco más para acabar con ellos. —inquirió Tsume avanzando hacia el hombre.

—Ya hemos revisado todos los sectores del interior de Konoha en busca de estos ninja. Los hemos exterminado en su totalidad. —dijo Unkai parándose y dándose la vuelta para mirar a la mujer de rasgos caninos.

—¿También los que quedaban en el sector Z? —preguntó Shikaku con curiosidad.

—Incluidos. No queda nadie. —sentenció Unkai mirando a las mujeres Inuzuka. —De todas maneras, sería bueno que vosotras dos os acercáseis por allí. No vendría mal una revisión extra. Incluso recomendaría que enviaras a un miembro del clan Hyûga y a un Aburame por si hay algún enemigo que se sepa ocultar del olfato, Shikaku.

El hombre del clan Nara afirmó con un sonido nasal. Era una buena propuesta. Al fin y al cabo, Unkai era un hombre muy entendido en el oficio ninja. Sabía más por experiencia que por el propio hecho de pertenecer a un clan shinobi.

—Pero creo que deberían continuar con nosotros. Sus técnicas son importantes para esta situación. —dijo Hana al no poder aguantar más las palabras que quería decir. —Ustedes son miembros importantes de la aldea…

Unkai giró la cabeza hacia la joven con una sonrisa triste e hizo un gesto de negación. Hana se quedó en silencio y su expresión también quedó triste. Los demás miembros del clan Kurama callaban solemnemente.

—Los Kurama somos ya muy pocos. No podemos arriesgarnos a perder a ningún miembro más del clan. —dijo Unkai con un hilo de voz suave. —Aún tenemos que confirmar si alguien de nosotros ha caído en este ataque. 

Hana bajó la mirada afligida. Sabía a lo que Unkai se refería con lo que acababa de decir, pero quería tener la esperanza de poder reestablecer alguna vía de contacto o diálogo más directo con los miembros del clan Kurama. No había sabido nada de ellos desde hacía dos años y estaba entristecida por ello. Ahora Hana no quería perder la oportunidad de reconectar.

—En ese caso, lo mejor es que os retiréis por el momento. Ya nos tomaremos unas copas de sake más adelante, ¿eh, Unkai-jîchan? —dijo Tsume haciendo el gesto de quien se lleva un trago a los labios.

Unkai lanzó una sonrisa con todos los dientes ante la propuesta, aunque su mirada continuaba melancólica.

—Suena bien. Nos vemos en esa ocasión, Tsume, Shikaku. —dijo dando de nuevo la espalda antes de desaparecer. —Espero también verte de nuevo pronto a ti, Hana-chan.

La mencionada levantó la mirada para ver que el rastro del hombre especialista en Genjutsu y los demás jóvenes Kurama habían desaparecido de la misma manera en la que llegaron. 

Justo como un sutil suspiro.

Rock Lee dio un paso con gran dificultad. Estaba sudando a borbotones y el dolor y la fatiga de su cuerpo se estaban acentuando. Futaba, quien le estaba acompañando, sujetaba al pobre Genin, tratando de que no cayese al suelo.

—Ya queda poco, Rokku-nîsan… Sólo resiste un poco más, ¿de acuerdo? —dijo Futaba tratando de hacerle de bastón a Lee con su cuerpo.

Hacía un rato que ambos caminaban por las desoladas calles después de escapar de Sabaku no Gaara. Su objetivo era llegar al refugio más cercano, pero los desperfectos de las vías lo complicaba todo mucho más. No tenían seguridad de que no les saliera al paso un ninja enemigo, incluso si hacía rato que no aparecía nadie, para su sorpresa. El problema que ahora enfrentaban era la gran cantidad de polvo y suciedad en suspensión que entraba en sus pulmones, algo que sólo podían evitar con sus propias camisetas por encima de su nariz. Futaba comenzó a toser violentamente y eso les obligó a parar para que la niña se repusiera.

—Cof, cof, lo siento, Rokku-nîsan. Perdóname. —dijo Futaba tapándose la boca con sus dos manos intentando controlar su respiración.

Rock Lee conoció a Futaba cinco años atrás cuando ella aún era muy pequeña. Debido a ciertas circunstancias dolorosas y tristes, no había sabido nada de la niña en los dos últimos años. Por lo tanto, su encuentro, fruto de la casualidad, parecía una obra del destino. Al menos, así lo pensaba Lee en ese momento.

—Futaba-chan, no tienes que sobreesforzarte… No nos queda mucho para llegar hasta el próximo refugio… —dijo Lee tratando de olvidar el dolor punzante de sus brazos y piernas a duras penas. —Pronto estaremos a salvo…

—Sí, tienes razón… —dijo la niña quitándose el sombrero que llevaba en la cabeza, desvelando un cabello corto color rubio con reflejos color miel que le llegaba hasta los hombros.

Futaba hizo ademán de levantarse cuando, de pronto, un enorme temblor la sacudió y la hizo caer al suelo. Lee trató de agarrarse al pavimento como pudo ante aquel terremoto inesperado. Cuando ambos alzaron la mirada, descubrieron con su vista algo que jamás esperaron ser testigos. Allí, a poco más de 500 metros, se encontraba Naruto encima de un enorme sapo gigante que llevaba una chaqueta happi azul, portaba una enorme espada tantô en lo que sería su cintura y en la boca llevaba una pipa kiseru humeante. A su lado, una enorme monstruosidad se alzaba. Parecía un tanuki de aspecto arenoso, con marcas negras de sello maldito por toda su cara y cuerpo. Tenía una cola. Con una boca irregular y cóncava y unas pequeñas escleróticas negras, con iris y pupilas amarillas que toman la forma de una estrella negra de cuatro puntas con cuatro puntos negros a su alrededor. Debía tener más de 100 metros. 

—Esto es malo… —dijo Futaba en un hilo de voz absolutamente aterrada.

Rock Lee no pudo decir nada. Se echó a temblar de terror. Esa terrorífica esencia. Ese enorme chakra mortífero. Era él. Era Sabaku no Gaara transformado en Bijû. Le había visto en el Genjusu y ahora la estaba viendo en la realidad, pero en medio de Konoha. Eso no era bueno.

—¡Ven aquí, desgraciado! —gritó el sapo sacando su espada y apuntando a la arena del monstruo. —¡Pienso partirte por la mitad!

—¡Ja, ja, ja! ¡Veremos si me puedes divertir! —respondió el demoníaco ser de arena.

Un choque entre ambos y una gran onda de aire salió disparada en todas las direcciones. Por supuesto, también fue directo en dirección hacia Lee y Futaba. Ambos sintieron que el fuerte viento les iba a mandar por los aires, pero, de alguna manera, pudieron resistir al sujetarse ambos al pavimento con las uñas. Cuando el viento paró, sus cuerpos cayeron contra el suelo con pesar.

—¡Rokku-nîsan, no podemos quedarnos aquí! ¡Tenemos que continuar! —exclamó Futaba sujetándose el vientre del dolor. —¡Si nos quedamos aquí, moriremos!

Lee respiraba con mucha más dificultad. El fuerte viento le había dejado sin aliento. Tenía los ojos fuertemente cerrados. Era imposible para él. No podía ir más deprisa, aunque él quería. Las heridas y la sofocante situación hacían mella especialmente grave. Estaba siendo un estorbo, pensaba Lee. Tenía que quedarse, pero tenía claro lo que tenía que hacer con Futaba.

—Futaba… vete… —dijo jadeando Lee al mirar a la niña. —Déjame aquí y… vete

Los ojos de Futaba se abrieron desorbitadamente ante la orden del Genin. Futaba apoyó repentinamente las palmas de sus manos en el pecho de Lee suplicando.

—Por favor, Rokku-nîsan… no digas eso… no puedo dejarte sólo. —dijo la niña mientras trataba de pensar en otra solución desesperadamente.

—No queda otra, Futaba. Yo… sólo soy un estorbo y… si te quedas conmigo… a mi lado… también morirás.

Futaba movió efusivamente la cabeza con firmeza en negativa. Lee vio que los ojos de la pequeña de 10 años comenzaban a llenarse de agua.

—¡No, no! ¡Si te dejo, ella no me lo perdonará nunca! ¡Rokku-nîsan, tú eres lo que queda de Onê-sama! —gritó Futaba con enormes lágrimas cayendo por sus mejillas.

Lee también quería llorar, pero aguantó mientras estuviese delante de Futaba. La pequeña niña le acababa de recordar aquel bello rostro que tantas veces evocaba en su mente y que trataba de bloquear. La última vez que había vuelto a recordarlo fue durante su enfrentamiento contra Sabaku no Gaara en el Bosque del Suroeste. A ella. Tras dos años de su despedida. Fue el momento que más fuerza le dio para luchar contra el Jinchûriki de Suna. Pese a todo el dolor, pese a que su recuerdo se encarnaba como una herida que no se cerraba, parecía que la vida estaba obligando a Lee a recordarla. Tal vez por eso se había reencontrado con Futaba, para poner en orden toda su mente antes del momento final.

—Gracias, Futaba… —dijo Lee con un hilo de voz muy débil y ahogado. —En verdad, me has ayudado mucho más de lo que piensas. Eres… una auténtica rescatadora. Estoy seguro de que… tu Onê-sama está muy orgullosa de ti.

Las manos de Futaba cubrían por completo su propio rostro, intentando parar su llanto. Lee agarró la mano de la niña y la atrajó hacia él.

—Ahora debes girar a la derecha en la siguiente intercesión y pronto podrás ver un cobertizo con techo de metal. Llama a la puerta. Es un refugio. Te abrirán de inmediato si les dices la siguiente contraseña. —dijo Lee poniendo su mano sobre la oreja de la niña y susurrando el contenido del secreto. —¿La has entendido bien?

Futaba intentó secar las lágrimas del rostro mientras afirmaba con la cabeza, confirmando la recepción del mensaje. Lee la motivó a levantarse.

—Ahora, corre, y no mires atrás, Futaba. —dijo el chico de cabellos negros con las pocas fuerzas que le quedaban en la garganta.

La pequeña niña dudó unos instantes, miró a Lee por última vez y salió corriendo hacia el lugar que el Genin le había dicho. 

—Eso es, Futaba. Ve. Sálvate y vive… —susurró el joven experto en Taijutsu por última vez.

Finalmente, Lee se quedó sólo. Los golpes y retumbes provocados por los dos grandes seres animalescos seguían escuchándose y perturbando la poca paz de Konoha. Lee los miró. Había pensado en ocasiones en la manera en la que podía llegar a morir, pero nunca pensó que al final estaría sólo.

“Bueno, he podido salvar una vida más y, además, ha sido la de Futaba ni más ni menos. Creo que… he podido cumplir con mi credo como ninja Rescatador, hasta el final” pensó Lee cuando sintió que comenzaban a caer lágrimas cálidas desde sus ojos. “Lo hice lo mejor que pude en cada momento…”

Lee alzó la mirada hacia el frente para mirar a los dos gigantes batiéndose en duelo. Sin previo aviso, vio que la espalda del sapo iba siendo arrastrada por el monstruo de arena hacia su dirección. Sabía que iba a suceder. Se acercaba el final.

“Me pregunto qué pensarás de mí cuando me veas. Tal vez que estoy hecho un asco, pero… eso no te importará. Nunca te importó mi aspecto. Pronto nos veremos, ¿verdad?” dijo Lee cerrando los ojos fuertemente al venirse encima los escombros provocados por el arrastre mientras comenzó a respirar con rapidez y ansiedad. ”¡¿Verdad que sí?!”

De repente, un enorme y violento dolor le sobrevino. Sintió la tierra, el cristal, el ladrillo y el cemento estrujando todo su cuerpo. Lee fue víctima de la piedra, del polvo y del hollín. Sus pulmones comenzaron a colapsar por esa tortura y su corazón latía, primero, muy rápido y, poco a poco, descendía.

“Volveré… a verte…, ¿verdad…, y…?” 

Rock Lee sintió que su cabeza caía ante la pérdida total de la consciencia. Quedó asumido en la más absoluta oscuridad, en una tumba llena de oscuridad.

—¡Hiashi-sama, ¿qué está haciendo aquí?!

Hyûga Neji tenía los ojos desorbitados por la sorpresa. Sin saber cómo exactamente, enfrente de él estaba el líder del clan Hyûga. Neji se había enfrentado cara a cara con los dos ninjas secuestradores de Hinata y había quedado atrapado en una técnica de uno de los enemigos sin posibilidad de salvaguardarse por sí mismo. Por su parte, Kiba, quien le había acompañado al rescate de Hinata, había conseguido engañar a los ninjas de Kumo para poder intercambiar a Hinata con un Bunshin de la misma. Ahora, tras la ardua batalla de Neji contra los enemigos de Konoha y del Byakugan, Hyûga Hiashi había aparecido repentinamente, salvando al chico de una muerte segura lanzando un Hakke Kūshō (Ocho Trigramas Palma del Vacío) al enemigo y matándolo al instante.

—Es bueno ver que no estás muy dañado, Neji. —comenzó diciendo el líder Hyûga mirando con ojos suaves a su sobrino.

Neji miró a Hiashi como quien mira una situación imposible. El hombre de cuarenta años, normalmente serio y con mirada altanera, se encontraba con una expresión calmada. Algo no le cuadraba al joven adolescente del clan Hyûga.

—Disculpe mi atrevimiento, Hiashi-sama, pero ¿no debería estar en el campo de batalla? —preguntó Neji sin mirar directamente a los ojos de su tío.— ¿Por qué está aquí?

El hermano de su padre ablandó aún más su mirada por unos instantes, algo que Neji detectó. Le siguió un silencio breve, en el que el hombre parecía buscar las palabras indicadas.

—El Anciano me lo contó todo. —dijo el líder del clan Hyûga haciendo recordar a Neji que el abuelo de Hinata estaba con ella en el momento del secuestro. —Al fin y al cabo, Hinata es mi preciada hija…

Neji asintió con la cabeza entendiéndolo todo. Él estaba allí para saber que Hinata se encontraba bien. Era lo natural.

—Y… tú eres…el preciado hijo de mi difunto hermano. —dijo Hiashi finalizando la frase. —Su recuerdo más querido.

La boca de Neji quedó abierta sin saber qué decir ante estas palabras. En verdad, le había tomado completamente por sorpresa la declaración de Hyûga Hiashi. ¿El preciado hijo de su difunto hermano? ¿Qué significaba eso? ¿Desde cuándo había pensado Hyûga Hiashi así de él? Neji no estaba entendiendo nada.

—¿Qué… qué está diciendo, Hiashi-sama? Si se trata de una especie de broma, no tiene ninguna gracia. —dijo el joven de ojos blancos con una punzada de dolor en su voz.

Hyûga Hiashi miró con ojos tristes a su sobrino. Vio en ellos confusión, malestar, incredulidad e incluso un atisbo de odio. El líder del clan Hyûga no le podía reprochar a Neji esa mirada, mucho más teniendo en cuenta las circunstancias que le llevaron a generar esa animadversión: la muerte de su padre por sus propias manos con el fin de evitar una guerra entre Konoha y Kumo. Hiashi estaba descorazonado por ello. No sólo por el recuerdo de haber matado a su propio hermano y de haber destrozado a una familia entera, sino por el distanciamiento que ello supuso entre las dos ramas del clan Hyûga, las cuales ya contaban con bastantes pleitos pasados debido al Sello Maldito de la Familia Principal Hyūga, conocido por todo el mundo como Kago no Tori no Juin (Sello Maldito del Pájaro Enjaulado). Hiashi estaba muy dolido del estado de desconfianza perpetua en que el clan había caído, en especial entre los más jóvenes. Entre Neji y sus dos hijas, Hinata y Hanabi.

—Lo siento, Neji. Lo siento, de verdad. —comenzó diciendo Hiashi haciendo sorprender aún más a Neji. —En verdad, jamás quise que las cosas salieran así…

Neji se quedó completamente quieto y agarrotado. Se sentía como en una especie de sueño. El chico del clan Hyûga seguía sin saber nada de lo que estaba pasando. No entendía por qué Hyûga Hiashi estaba actuando así, por qué le estaba hablando así, y eso le estaba perturbando. Pese a todo, Neji sabía que no habían parado de suceder cosas extrañas desde que Lee había despertado de aquella ilusión y, aunque pensaba que esta situación no tenía nada que ver con ello, decidió escuchar al líder del clan Hyûga y hermano de su padre.

—Déjame que te cuente el motivo y las circunstancias que llevaron al Incidente Hyûga de hace 10 años.

Hyûga Hiashi, entonces, habló. Habló sobre el falso tratado de paz de Kumo con Konoha, el secuestro de su hija Hinata, sobre la muerte del secuestrador, el Shinobigashira (Cabeza Ninja) de Kumogakure, de las amenazas de dicha Villa de comenzar una guerra inminente con Konoha, de las exigencias y pretensiones del Raikage con el Byakugan, sobre su padre Hizashi y su arrojo por dar su vida por su hermano, por su hijo y por Konoha. Para ser libre.

Los oídos de Neji estaban abotargados por toda la información. No se podía creer lo que acababa de escuchar en boca de Hyûga Hiashi. Pese a estar dispuesto a escuchar, todo lo que oyó, le pareció imposible que todo eso sucediera. Una mezcla de furia e incredulidad comenzó a surgir de su pecho.

—¡¿E-en verdad cree que me voy a creer todas esas patrañas, Hiashi-sama?! —exclamó Neji tratando de no mirar a los ojos al hermano de su padre. —¡¿Cree de verdad que me voy a dejar engañar por la Rama Principal Hyûga para… lo que sea que tenga pensado para mí?!

Una parte de Neji gritaba que quería que todo lo que dijo Hyûga Hiashi fuese verdad, que su padre fue un héroe que se sacrificó por amor a toda la familia, pero otra parte pensaba en cómo el mundo shinobi estaba repleto de engaños y mentiras, que el líder del clan Hyûga estaba tratando de camelarle, que este mundo que le había promovido la idea que el destino no se podía cambiar, y eso lo detestaba. Neji creía que todos los miedos, todas las inquietudes, todo el dolor que había aparecido desde que comenzó la problemática con Lee estaban alcanzando su punto máximo en su pecho y en su mente. Entonces, Neji vio algo que nunca imaginó. Fue testigo de cómo Hyûga Hiashi hacía una inclinación absoluta contra el suelo en señal de disculpa. 

—Sé que no me crees, que todo lo que haya podido decir sea mentira. Sin embargo, hay algo que no voy a dudar en afirmar, Neji. —declaró el hombre de ojos blancos con voz firme, pero con un profundo miedo ante la reacción de su sobrino. —Esta era la voluntad de mi hermano, Neji.

Ahí lo vio Neji. Al hombre más importante del clan Hyûga mostró una absoluta abnegación y arrepentimiento por todo lo que había sucedido, por cómo las circunstancias habían fraguado una relación de odio y resentimiento entre individuos. Hyûga Hiashi le estaba dando un mensaje: el mensaje de que daba permiso a Neji de matarlo en ese mismo momento sin reprimenda ni castigo futuro por parte del clan. Unas lágrimas comenzaron a fluir por el rostro del joven chico sin poder evitarlo. ¡Maldito el momento en que había conocido a su maestro Maito Gai y a su compañero Rock Lee! Sentía que estaba siendo un sentimental, pero en ese momento estaba feliz de serlo.

—Por favor, Hiashi-sama. Álcese… —dijo Neji con un balbuceo tratando de secar sus ojos con los dedos de su mano.

El hombre dudó unos instantes de hacerlo rápidamente. Fue cuando Neji se arrodilló y le tendió la mano para ayudarle a levantarse.

—No puedo decir que le perdone ahora mismo, Hiashi-sama. A usted o al resto de miembros de la Rama Principal pero, …quiero intentarlo. Quiero hacerlo por mí y… también por Hinata-sama y Hanabi-sama. —dijo Neji sintiendo el rastro de humedad secarse en sus mejillas.

El tenso rostro del líder Hyûga se fue relajando con una mirada calma. Era un paso adelante. Un gran paso. La primera vez en muchos años que Hiashi había podido avanzar en el cumplimiento de la última voluntad de su hermano menor. Aunque no se había solucionado todo el conflicto Hyûga, había una esperanza para que Neji, sus dos hijas y el resto de los jóvenes del clan Hyûga se llevasen mejor, y eso era importante.

—Creo, Neji, que sería bueno que vayamos a comprobar si los demás están bien. —dijo Hiashi con voz calmada tras salir de sus pensamientos.

El joven Genin asintió con la cabeza. Había dejado a Hinata acompañada por su compañeros Kiba y a Akamaru para poder llevar a los enemigos a otra dirección. Se preguntaba si sus heridas estarían bien. En menos de cinco minutos, Hiashi y Neji se encontraban en la vereda del río Kitaka no Kawa, uno de los dos ríos principales que atravesaban Konoha. Allí estaba Kiba realizando primeros auxilios a su compañera de equipo.

—Padre, Neji-nîsan… —musitó suavemente Hinata al identificar a los dos varones que se acercaban a ellos.

Kiba se giró con rapidez ante la mención de la chica, pero se relajó al comprobar los olores de ambos hombres del clan Hyûga. Eran auténticamente ellos.

—Es bueno ver que estáis bien, Hinata y Kiba. —declaró Hiashi con voz tranquila.

El chico Inuzuka levantó las cejas con asombro y sonrió de medio lado. No estaba acostumbrado a que el padre de Hinata fuese tan amable. Le produjo una sensación extraña, pero la recibió bien asintiendo con la cabeza.

—Por cierto, Neji, ¿has podido comprobar si Tenten está bien? ¿La has dejado descansando en el bosque? —preguntó Kiba inocentemente.

Neji abrió los ojos de repente y sintió que la boca se le secaba al instante. Tenten no se había reunido con ellos y eso le preocupó sobremanera. Neji trató de girar sobre sus pies y dirigirse rápidamente en dirección opuesta al grupo, sólo para ser detenido por Hyûga Hiashi, el cual posó una mano en su hombro firmemente.

—¡Hiashi-sama! ¡No me detenga! ¡Tengo que ir a ver que Tenten está bien! ¡Tengo que ir a ayudarla y…! —exclamó un Neji que no le preocupó verse visiblemente afectado.

Comprobó que Hiashi le señaló con un dedo el límite del bosque de la zona. Entonces, la vio. Vio a Tenten con la ropa completamente manchada de lodo y ligeramente rota. Sus brazos mostraban signos de mordeduras, algunas infectadas, pero nada grave. Su pelo, normalmente recogido en dos moños, estaba deshecho en su ondulada cascada color chocolate que le llegaba a los hombros. La chica, en una de sus manos, llevaba una barrita de proteínas. A su lado, un miembro que reconoció del clan Hyûga la acompañaba. Ambos sonreían al grupo.

—Ordené a Kô que se quedase con ella hasta que la trampa dejará de surtir efecto. —escuchó Neji decir al líder del clan mientras el joven comenzó a avanzar hacia los dos recién llegados.

Neji se paró a dos pasos de éstos. Respiraba un poco fuerte, tratando de no parecer ansioso de hacerle a Tenten preguntas.

—¿Estás bien, Tenten? —fue lo primero que pudo llegar a decir Neji.

—Ahora mejor que estoy comiendo. —respondió la chica dando un mordisco al alimento mientras lanzó una barrita completamente nueva a su compañero de equipo. —Ten, come tú también.

Neji agradeció en silencio la ofrenda, la abrió con velocidad y se llevó la mitad del contenido  a la boca, casi inhalándolo, al igual que su compañera.

—¡Guau, despacio, campeones! —exclamó Kiba con sorpresa ante el inusual comportamiento de sus senpais. —En serio, Neji, Tenten, os vais a atragantar.

Tenten tragó el alimento con rapidez y su mirada se dirigió al chico del clan Inuzuka.

—Tu también estarías así tras tres días sin comer. —repuso mientras se limpiaba la boca con el dorso de la mano. —Además, con las peleas que hemos tenido que luchar, ha empeorado.

Kiba guardó silencio comprensivo. Observaba que Neji y Tenten estaban bastante cansados. Sabía por boca de Hinata que el Equipo Gai había ido a una misión de escolta a Suna. El chico canino pensó que les habría pillado el ataque a Konoha de regreso, aunque le pareció raro que hubieran estado tanto tiempo sin probar bocado.

—Y, Neji-nîsan, Tenten-san, ¿dónde está Lee-san? ¿Pudisteis ayudarle a resguardarse antes de… venir a buscarme? —preguntó Hinata sin saber las implicaciones que ello conllevaba.

Ante esto, Neji y Tenten pararon de masticar repentinamente. Se miraron mutuamente con los ojos muy abiertos. Todos se quedaron extrañados ante el repentino cambio de actitud de los dos Genin.

—¿Eh, chicos? ¿Estáis bi…?

Poco más dijo Kiba, pues vio como los dos miembros del Equipo Gai salieron corriendo hacia las inmediaciones de Konoha, dejando al grupo atrás. Neji y Tenten no cruzaron ninguna palabra. Sólo corrían y corrían lo más rápido que podían. Su objetivo era claro: verificar que Lee había llegado a salvo a Konoha y que se encontraba bien.

“Idiotas de nosotros… ¿Cómo estábamos tan tranquilos mientras Lee estará quién sabe cómo y quién sabe dónde?” pensó Neji con acritud apretando los dientes.

—¡Eh, tú! ¡¿Cómo te atreves a dejarme con las palabras en la boca?!

Al mirar por encima de su hombro, vio aparecer a Kiba con Akamaru metido dentro de la chaqueta del chico. Un poco más alejada también se encontraba Hinata.

—¡Chicos! ¡¿Qué hacéis?! ¡No deberíais venir, especialmente tú, Hinata! —alzó la voz Tenten nerviosa.

Neji estaba en silencio escudriñando los gestos y palabras de sus acompañantes. Tenían aspecto de estar preocupados por ellos dos.

—Ahora es cuando nosotros tenemos que devolveros el favor. —dijo Kiba con una sonrisa que mostraba sus colmillos.

Neji y Tenten se quedaron mirando a los Genin del Equipo Kurenai.

—Vais por Lee-san, ¿cierto? —comentó Hinata con una sonrisa que desapareció. —Algo le puede haber pasado, ¿verdad?

El silencio llegó a los oídos de la chica Hyûga y de su compañero Kiba como una confirmación desesperada.

—Entonces, no esperemos más. ¡Vamos, Akamaru! —exclamó el chico Inuzuka lanzándose hacia adelante con su fiel mascota.

Los dos miembros del Equipo Gai sonrieron ligeramente agradecidos por el apoyo. En efecto, cuantos más personas fueran, menos problemas tendrían para encontrar a Lee o, al menos, eso pensaron Neji y Tenten hasta antes de llegar al límite del bosque que bordeaba el interior de Konoha. En cuanto la arboleda desapareció y dejó ver el paisaje urbano, una desoladora escena se desplegaba enfrente a ellos. Las vistas de Konoha habían sido reemplazadas por enormes pilas de escombros que casi no dejaban ver más allá de sus propias narices. 

—Esto… esto no puede estar pasando… —dijo Tenten con un enorme sentimiento de terror.

De repente, comenzó a sonar una gran alarma que se extendió como un eco por toda Konoha. Estaba avisando del final del ataque a la aldea.

—¡Vamos, tenemos que buscarle! —exclamó Neji con prontitud adelantándose a los demás.

El chico Hyûga activó su Byakugan con la esperanza de que Lee estuviese por aquí, pero lo único que vio eran pilas de escombros y víctimas atrapadas, muchas sin vida. Frunció el ceño con una punzada de dolor apartando la mirada.

—Espera, Neji, no sabemos si Lee ha conseguido llegar a Konoha. No puedes malgastar tu chakra así. —dijo Tenten agarrando a su compañero por el hombro haciéndole salir de sus pensamientos.

—¡Pues algo hay que hacer! ¡No sé qué, pero algo tenemos que hacer! —declaró Neji mirando a su compañera a los ojos directamente.

Tenten vio a su compañero de ojos blancos muy sorprendida. Neji no se había mostrado tan preocupado por Lee anteriormente. Esto hizo también que tanto Kiba como Hinata se quisiesen implicar mucho más en la búsqueda de Lee.

—No te preocupes. Akamaru y yo nos ocuparemos de comprobarlo. —proclamó Kiba acercándose a los Genin del Equipo Gai.

El chico Inuzuka y Akamaru olfatearon ligeramente a sus compañeros. Aunque Neji y Tenten se sintieron un poco incómodos por la acción, en esa situación todo era necesario para encontrar a Lee. Un momento después, los dos especialistas en el olfato comenzaron a olisquear al aire con los ojos cerrados. Estaban intentando concentrarse bien para captar los matices de las esencias que su memoria olfativa llevaba.

“No, eso no es. No distingo nada parecido…” pensó moviendo la cabeza a diferentes direcciones con la esperanza de captar algo. “Un momento, eso es…” Akamaru ladró a su dueño confirmando sus suposiciones.

—¡Lo he encontrado! ¡Está a unos 700 metros de aquí! —exclamó Kiba repentinamente señalando al oeste. —¡Tenemos que darnos prisa!

Neji, Tenten y Hinata asintieron a las palabras de Kiba y echaron a correr en la dirección concretada con mucha dificultad debido a los desperfectos y escombros.

—Maldita sea, Lee… Más te vale estar de una pieza… —farfulló Tenten con los dientes apretados.

Neji callaba al correr. En ese momento, él y todos los demás sólo tenían en mente llegar hasta su compañero y confirmar que estaba bien.

Una oleada de viento sopló sobre el tejado del Ôkogane Kyûden. Allí se encontraban varios ninjas rodeando un cadáver, el cuerpo muerto de Sandaime Hokage. A éste le habían sido retiradas las espadas —la Espada Kusanagi que había sido llevada por la invocación personal de Hiruzen para evitar problemas— que le habían atravesado por completo y se encontraba en posición mirando al cielo en absoluta paz. A su alrededor, rodeándolo con total respeto, se encontraban Hatake Kakashi, Maito Gai, los ANBU y ninjas que le habían acompañado hasta Furuya no Kyô, junto con varios ninjas de Konoha que habían llegado como refuerzos para la batalla. Uno de esos ninjas era Sarutobi Asuma, hijo menor de Sandaime Hokage. 

—Viejo… —balbuceó Asuma arrodillándose ante el cuerpo inerte de Hiruzen. 

El Shinobi del clan Sarutobi estaba en estado de completa incredulidad. ¿Su padre, el conocido como Dios Shinobi, estaba completamente muerto en el suelo? ¡Era imposible! Asuma tomó a su padre por el torso de manera amorosa y se lo llevó al pecho. Su cuerpo comenzaba a perder calor y estaba completamente inerte. Sin tenerlo previsto, las lágrimas comenzaron a fluir en silencio por los ojos oscuros de Asuma.

—¡Viejo! —exclamó el ninja del clan Sarutobi repitiendo el llamado a su padre, sintiendo un dolor increíblemente fuerte en su pecho. 

La escena era muy desoladora. Todos los testigos no podían sino bajar la mirada entristecidos. Entre los presentes que más cerca estaban de Asuma, se encontraban Yûhi Kurenai, Morino Ibiki, los tres guardaespaldas del Hokage —por fin recuperados del violento ataque—,  otros Jônin y Chûnin de alta categoría, como Yamashiro Aoba, y algunos ANBU del destacamento Hokage.

—Asuma… —susurró Kurenai intentando buscar las palabras para sosegar el corazón de su dolorido compañero, pero todo fue en vano.

Todos permanecieron en silencio, comprensivos por la dolorosa pérdida familiar que suponía para Asuma. Unos pasos se escucharon entre los sollozos ahogados de Asuma y se pararon a la espalda del mencionado.

—Hokage-sama luchó con valentía y arrojo. Cumplió con su deber hasta el final. —comenzó a hablar Zô.

La mirada de Asuma se dirigió al Capitán ANBU. Sin que Zô lo tuviese previsto, los ojos del Jônin estaban llenos de rabia y resentimiento. Asuma se levantó de golpe del suelo tras dejar el cuerpo de su padre.

—¡¿Y se puede saber dónde demonios estabais vosotros?! ¡Se supone que sois los MALDITOS ANBU! ¡La PUÑETERA guardia secreta de Hokage! ¡Habéis dejado que muera ensartado como un MALDITO espeto de carne! —gritó Asuma al hombre con capa blanca.

Aunque no se podía ver su rostro por la máscara de porcelana de ANBU, Zô mantuvo la tranquilidad y el temple en su cuerpo y en su voz.

—No debemos estar tristes porque Hokage-sama haya muerto en combate. Debemos dar gracias por sus contribuciones hasta las últimas consecuencias. Él siempre ha estado presente en los momentos buenos y malos de Konoha y…

Asuma dio dos pasos adelante repentinamente hecho una furia y se acercó con violencia al Capitán ANBU. Antes de lo que tenía previsto, sus compañeros Kakashi, Gai y Kurenai le detuvieron para evitar que hiciese algo indebido.

—¡Contribuciones, contribuciones! ¡La vida de él era más que sólo contribuciones a Konoha! ¡Él era algo más que sólo el Hokage! ¡Él…!

Sarutobi Asuma apenas pudo continuar porque, sin dejarlo pasar, Zô le agarró del cuello del mono azul. El agarre del Capitán ANBU era prieto y firme. No daba su brazo a torcer, haciéndolo apretar más fuerte a cada segundo. Esto impactó mucho a todos los presentes, quienes evitaron moverse, debido a la tensión del momento.

—¡¿Y tú qué coño sabes, eh, Asuma?! ¡Él sacrificó muchas cosas en pos del bien de Konoha! —exclamó Zô sin dejar de realizar su acción en el cuello al Jônin de pulseras de metal. —¡A ti jamás te han interesado los problemas de nuestro padre! ¡¿Ahora que ha muerto es cuando te preocupas de él y de su bienestar?!

—Zô-senpai, por favor, tranquilícese. Está dando información delicada personal. —advirtió repentinamente el subordinado Washi poniendo la mano en el hombro del líder del destacamento ANBU del Hokage. —Puede que hayamos terminado con muchos enemigos, pero aún puede haber oídos alerta.

Zô miró a su compañero ANBU y observó por encima del hombro al resto de los presentes. Tras unos instantes, Zô apartó la mano del cuello de Asuma y se giró sobre sus tobillos tras soltar al Jônin. Asuma tosió ligeramente y se recolocó la ropa estirada.

—Ahora debe dar comienzo un trabajo extenso de eliminación y recuperación de cadáveres, así como la recopilación de pruebas de este evento. —dijo Zô evitando mirar a Asuma. —Nosotros, los ANBU, nos encargaremos de ello. Todos ustedes deben regresar a Konoha, especialmente si es cierto que Orochimaru ha provocado allí una invasión a gran escala.

Todos murmuraron aceptando como sensatas las palabras del Capitán ANBU. Algunos de los presentes dejaron caer algunas palabras escuetas referidas a los asuntos que Sarutobi Hiruzen dejaba abiertos para con ellos y para con la Aldea. Sin duda alguna, había mucho que trabajar y habría que hacer muchos ajustes y reajustes.

—Creo que, además de los ANBU, sería bueno que alguien se quede aquí para ser testigo del levantamiento del lugar y del cuerpo de Hokage-sama, Zô-san. —comenzó diciendo Kakashi dando un paso al frente del grupo de Jônin. —Me ofrezco a hacerlo, ya que conozco bien el procedimiento y la actuación ANBU.

Tras estás palabras, Hatake Kakashi se giró hacia su compañero Maito Gai, quien le miró con curiosidad.

—Gai, creo tú también deberías quedarte. Al fin y al cabo, has luchado contra Orochimaru directamente y has sido testigo de lo que ha sucedido aquí. Tú contribución es necesaria. —declaró Kakashi.

Gai simplemente afirmó en silencio dando la razón a su amigo. Zô se quedó en silencio unos instantes antes de proceder a hablar.

—Muy bien, Kakashi-san. No obstante, es conveniente que se queden con él también. Al fin y al cabo, es de mayor categoría que usted y conoce mejor los procedimientos de Konoha para estos casos. —dijo Zô señalando con el dedo a alguien.

Todos los presentes se giraron y vieron a un hombre muy alto de cincuenta años con largo pelo blanco y traje tradicional de ermitaño. Su rostro era severo y sus grandes brazos estaban cruzados sobre su pecho, como tratando de contener su gran fuerza.

—No me imaginé que volveríamos a encontrarnos así.—habló con seriedad en su voz el recién llegado.

El fuerte murmullo de los presentes era la sintonía del tejado del palacio de Furuya no Kyô. Kakashi simplemente suspiró y cerró los ojos a la vez que tapaba con su Protector de Frente el Sharingan.

—Es bueno verle de nuevo pese a las terribles circunstancias, Jiraiya-sama.

Grandes intercambios de jadeos se escuchaban en el descampado cercano al arboleda del noreste de Konoha. Allí, Shikamaru, Chôji e Ino habían llegado al límite de sus fuerzas contra aquella ninja de Suna: Temari. Habían estado como una hora realizando un intercambio de técnicas colaborativas e individuales contra la chica de la aldea de Suna, pero parecía que ella no daba tregua en el ataque y la defensa, aunque sí se podía ver que estaba muy dañada por el combate.

“Madre mía. Pareciera que su nivel es Jônin. No podemos acabar con ella con nuestro nivel actual.” pensó Ino visiblemente frustrada por la magnitud de la fuerza de la chica.

—¡Temari! 

Un grito procedente desde lo alto de todo el grupo paralizó repentinamente el combate,  sacando a Temari de su concentración. Un joven de edad similar a ellos con traje negro hizo su aparición. Su cuerpo tenía un aspecto deplorable. La ropa del chico estaba roída y la mitad de su rostro había perdido la piel y se podía ver el músculo.

—¡Kankurô! ¡¿Qué haces aquí?! ¡Tendrías que estar ayudando a Gaara! —reclamó la kunoichi de Suna al recién llegado.

Temari no entendía qué estaba haciendo su hermano allí. Se suponía que estaba salvaguardando la misión de Gaara, para poder destruir Konoha desde el interior transformándose en el Ichibi. Sin embargo, ahora veía a Kankurô con un aspecto terrible en actitud de querer huir como una rata.

—¡Todo ha terminado, Temari! ¡La operación ha sido un fracaso! —exclamó Kankurô con un temblor en su voz. —¡Tenemos que retirarnos antes de que aparezca!

El joven trío Ino-Shika-Chô miraba muy confundido la escena. No sabían a lo que se estaba refiriendo el chico de Suna, pero no les iban a dejar marcharse tan fácilmente.

—¿Antes de que aparezca? ¿A quién te refieres? —preguntó Temari confundida y estresada por las declaraciones de su hermano menor.

Kankurô negó con la cabeza fervientemente mirando a Temari. Ella no entendía. No entendía con qué clase de ninja se había enfrentado. Al chico que se había enfrentado. Era demasiado para Kankurô.

—¡Eso no importa ahora! ¡Rápido, tenemos que…!

Entonces, la cara de Kankurô cambió a una expresión llena de horror. En el hombro de Temari pudo ver un insecto, un pequeño insecto, uno de los del mismo tipo con el que acababa de terminar de luchar.

—¡No, no, por favor, otra vez, no! —gritó Kankurô cayendo al suelo aterrado y echándose hacia atrás. —¡Aléjate de mí, monstruo inmundo!

—¡¿Qué demonios estás diciendo, Kankurô?! —exclamó la chica de Suna avanzando con prudencia. —¡Soy yo, Temari, tu hermana mayor!

Shikamaru vio con extrañeza toda la situación y se preguntó cómo el joven de Suna prefería estar acercándose a ellos, pero alejándose de su compañera de Suna. Sin embargo, en un instante, lo entendió todo. Vio como una enorme sombra acechó por detrás a la chica llamada Temari. Cuando giró la susodicha su rostro, pudo ver lo mismo que su hermano menor: un enorme enjambre de insectos que en poco menos de lo que pudo pensar se abalanzó contra ella y la hizo caer contra el suelo. Ambos ninjas de Suna gritaron unos instantes hasta que, de pronto, se hizo el silencio bajo la legión de invertebrados.

Ino miró con horror la escena mientras Chôji simplemente tragó saliva con fuerza. Sintieron  escalofríos recorrer su espalda. No les hubiese gustado estar en la misma situación.

—Les hemos podido dar caza. Buen trabajo, Shino. —dijo una voz grave y solemne que habló acercándose al grupo de tres shinobi.

—No hubiera podido sin tu ayuda, viejo. El veneno que me puso ese Shinobi de Suna era muy fuerte. —respondió un chico de gafas oscuras que resoplaba con gran dificultad. —No lo habría contado si no hubieses aparecido.

El joven trío Ino-Shika-Chô respiró al ver que tras el enorme enjambre se encontraban Shino y su padre Shibi. 

—¿Os encontráis bien, muchachos? —preguntó el líder del clan Aburame acercándose a los tres jóvenes. —Vuestros padres no me perdonarían si os hubierais lastimado en mi presencia.

—No se preocupe, Shibi-san. Estamos sanos y salvos. —declaró Shikamaru suspirando con tranquilidad. —Mejor ahora que esos dos han caído.

—¿E… están muertos? —preguntó Ino con las manos agarradas entre sí mirando a los insectos regresar a los cuerpos de sus usuarios.

Tras retirarse, se podía ver que los dos shinobi de Suna estaban inconscientes en el suelo. Posiblemente, los insectos les habían inoculado algún brebaje o medicina.

—No es conveniente que mueran. Al fin y al cabo, son hijos de Kazekage. Sería un problema añadido a eventos posteriores. —remarcó Shino ofreciendo información a su compañera kunoichi.

Shikamaru afirmó con la cabeza. Siempre supo que Shino era un tipo muy inteligente. Matar a uno de esos dos o a ambos podía generar en un conflicto internacional a mayor escala. Era mejor tenerlos de rehenes. Repentinamente, Shikamaru y el resto escucharon una sirena que dispersó un gran eco por toda Konoha. Era la alarma de Konoha que indicaba que la invasión se daba por terminada. Los cuerpos de los presentes comenzaron a destensarse y a tratar de recuperar un poco de fuerzas.

—Uf, bueno, al menos ahora podemos relajarnos un poco… —comenzó a decir Chôji mientras sacaba una bolsa de patatas fritas antes de ser cortado por Ino.

—¡¿Pero qué dices, mentecado?! ¡Todavía tenemos que estar en alerta por si acaso! ¡No puedes estar ni un segundo sin…!

Ino se calló al ver repentinamente a un grupo de cuatro personas y un perro corriendo por los bordes de los grandes montos de escombro. Eran Neji, Tenten, Hinata, Kiba y Akamaru.

—¡Oi, chicos! ¡Estamos aquí! —gritó la Yamanaka contenta de ver que sus compañeros estaban con vida.

Ante la exclamación de la chica, ninguno se paró a saludar. Algo les dio mala espina si no se habían detenido pese a que el aviso de fin de ataque se había producido.

—¡Eh, ¿por qué no nos han dicho nada?! ¡Qué groseros! —farfulló con un mohín Ino.

—Algo no parece andar bien. —dijo Shikamaru a sus compañeros de equipo. —Ino, Chôji, vamos a seguirles

—Yo también voy con vosotros. 

Shikamaru miró a Shino, quien había dicho estas palabras. El chico estaba sudando y se veía que el antídoto no había hecho todo el efecto beneficioso que podía hacer en su cuerpo. Shikamaru pensó que era mejor idea que se quedase a recuperarse del daño que había sufrido.

—Sé lo que estás pensando, pero por allí iban también mis compañeros de equipo. No puedo dejarlos solos. Más si se ha podido meter en una situación problemática. —declaró Shino haciendo burla con los típicos dejes de Shikamaru.

El chico del clan Nara sonrió de medio lado a las palabras de Shino y afirmó con la cabeza.

—Está bien, pero mantente cauto, Shino. No quisiera que tuviéramos bajas de manera estúpida.

Shino se despidió de su padre junto con los demás. Por su parte, Shibi vio como los cuatro Genin desaparecieron de su presencia con un rápido movimiento. El Jônin experto en insectos se quedó sólo custodiando a los dos hijos del Kazekage. Los miró con bastante seriedad. Era muy grave que los hijos del Kazekage se hubiesen inmiscuido en el ataque a Konoha directamente. No era la primera vez en la historia que sucedía algo así, pero, cuando había sucedido, las consecuencias habían sido terribles para los implicados, tanto las víctimas como los victimarios. Shibi sabía que en breve se tendrían que tomar decisiones rápidas para comenzar a solucionar la terrible situación en la que había quedado Konoha.

—Hijo. Todos. Tened cuidado.

Tenten jadeaba rápidamente. Quería llegar cuanto antes al lugar designado por Kiba. La chica del Equipo Gai miraba los enormes montones de escombro. Estaba terriblemente preocupada y un escalofrío recorrió su espalda. No le había preguntado a Kiba cuando pudo identificar el rastro de Lee, pero dudaba de que éste estuviese en la parte superior de ellos. El grupo se detuvo por fin y pudieron ver a Kiba a cuatro patas olisqueando una zona de piedras y muros de un edificio. Tenten se mordió los labios con angustia. De repente, el grito de Kiba le sacó de sus pensamientos.

—¡Está aquí abajo! ¡Neji, Hinata, comprobadlo con el Byakugan!

Los dos mencionados activaron rápidamente su Kekkei Genkai y comenzaron a sondear la zona. Pronto los ojos de ambos se posaron en la misma dirección. Ahí vieron a Lee, a unos cinco metros debajo de ellos, encajonado inerte entre el escombro y la suciedad.

—No puede ser… —balbuceó Neji boquiabierto. —Imposible…

—Neji-nîsan… —dijo Hinata muy preocupada sabiendo que lo que acababa de ver no era bueno.

Tenten se dio cuenta de la actitud nerviosa de los dos primos Hyûga y no pudo aguantarlo más.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa, Neji, Hinata?! —preguntó Tenten con prontitud al ver su estado de shock.

—Lee… Lee está… no le veo chakra… no lo siento… —dijo Neji con un hilo de voz al no poder salir de su asombro. —No sé si es porque estoy agotado de chakra, pero soy incapaz de verlo…

—Yo tampoco soy capaz. —continuó Hinata con gran preocupación en su mirada. —Veo el cuerpo inerte de Lee-san, pero no su chakra.

Fue entonces cuando Tenten sintió que su cuerpo se volvió pesado de golpe. Quería caer al suelo, pero aguantó con determinación. ¿Acaso eso significaba que Lee estaba muerto? No, eso no podía ser. No alguien como Lee. ¡Jamás! La chica de cabello chocolate se acercó a donde estaban los primos Hyûga y comenzó a golpear la piedra de debajo de sus pies, de rodillas.

—¡Lee! ¡¿Me oyes?! ¡Lee, sé que estás ahí! ¡Responde! —los gritos de Tenten se mezclaban con los fuertes golpes, amenazando con dejarla fuertes contusiones rojizas que se estaban poniendo amoratadas en los puntos más delicados de sus manos. —¡Vamos, Lee! ¡Esto no es nada para ti! ¡¿Me oyes, Lee?! ¡RESPONDE, LEE! ¡LEE!

Al ver la desesperación de Tenten, Neji fue a parar su retahíla de violentos golpes.

—¡Así no vas a lograr nada! ¡No te va a escuchar, Tenten!

—¡Pues algo tenemos que hacer, Neji! ¡No podemos dejarle más tiempo ahí! ¡Aún habría alguna posibilidad de que estuviera vivo!

Neji miró a su alrededor con ansiedad tratando de buscar una solución con prontitud. Se agachó cerca del borde de un muro destruido de la pila de escombros y comenzó a tirar de él hacia arriba.

—¡Vamos, no os quedéis mirando! ¡Ayudadme con esto! —exclamó el chico de ojos blancos arengando a los demás.

Tenten, Hinata y Kiba se situaron en el mismo lugar que Neji y comenzaron a tirar para tratar de mover el duro y gran muro fuera como fuera. Akamaru también trató de contribuir, pero el muro apenas se movió unos veinte centímetros. El rostro de Kiba se estaba poniendo rojo del esfuerzo, debido a que no respiraba. Los otros tres Genin sudaban con dificultad sintiendo el dolor de sus músculos ante la fuerza ejercida.

—¡DIOS! ¡ES IMPOSIBLEEE! —exclamó Kiba cayendo al suelo, haciendo que todos los demás también cayeran hacia atrás.

—¡DEBEMOS SEGUIR! ¡VAMOS! —gritó Neji levantándose de nuevo con los dedos llenos de sangre por el vidrio del suelo. —¡NO SABEMOS CUÁNTO MÁS VA A DURAR LEE AHÍ ABAJO!

Todos regresaron a sus posiciones y volvieron a intentar la misma maniobra, esta vez con más fuerza. Tenten sentía que sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas por la frustración de querer y no poder llegar hasta su compañero de equipo, hasta su amigo. ¿Cuántas veces? ¿Cuántas veces ha sido ayudada por Lee? ¿Cuántas veces su equipo habría podido alcanzar el logro de sus objetivos si no hubiera sido por las habilidades de Lee? ¿Cuántas veces una situación decepcionante o triste había sido alegrada por la presencia de Lee? Él siempre había estado ahí. Ese estúpido, enérgico, optimista y excesivamente apasionado chico de catorce años cuyo único deseo era ser reconocido como ninja utilizando sólo Taijutsu. Las lágrimas comenzaron a caer con desconsuelo por las mejillas de Tenten.

—¡Vamos, Tenten-san! ¡Ya se está moviendo! —dijo la suave, pero firme voz de Hinata que buscó consolar a su senpai. —¡No pierdas la esperanza! ¡Pronto le alcanzaremos!

Tenten sacudió su cabeza y con decisión hincó aún más sus pies al suelo para hacer más fuerza. En un instante, todos sintieron que el muro se aligeró súbitamente.

—¿Pero.. pero qué…? —trató de formular la chica de cabello chocolate. 

Todos comenzaron a ver una enorme mano que sujetaba el trozo de muro por encima de sus cabezas dejándoles con la boca abierta.

—Imagino que necesitáis ayuda, ¿cierto?

El grupo de cuatro Genin se giró a ver que efectivamente se encontraba Chôji sujetando el enorme bloque del muro gracias al Bubun Baika no Jutsu (Jutsu de Expansión Parcial) y Shino utilizando su enjambre de insectos Kikaichû para apoyarle. 

—Chôji, ten cuidado. No tomes ninguna píldora más. —advirtió Shikamaru a su compañero viendo que el chico Akimichi guardaba una pequeña cajita en su bolsillo.

—Lo sé. —dijo el aludido comenzando a quitar con prontitud y delicadeza los escombros de debajo del muro. —Tengo que darme prisa. La duración de la técnica con la Píldora de Espinaca tiene un tiempo límite.

Ino se acercó con rapidez al primer grupo con un atisbo de preocupación en su mirada.

—¡¿Qué sucedió?! ¡¿Qué estáis buscando?!

—¡Lee está hay abajo, Ino! ¡No sabemos cuánto tiempo lleva ahí, pero Neji y Hinata no ven su chakra con el Byakugan! —declaró Kiba con el ceño fruncido.

Ino se llevó una mano a la boca por la impresión. Fue al lado de Tenten para consolarla, pues no paraba de llorar. Shikamaru estaba muy serio ante la declaración. El chico Nara comenzó a dar instrucciones precisas a Chôji y a Shino junto con la ayuda de Neji y Hinata.

—¡Un poco más a la derecha, Chôji! ¡Coge sólo un pequeño puñado!

—¡Shino-kun, hay que tener cuidado a la izquierda! ¡Hay un cable eléctrico y puede ser peligroso! —advirtió Hinata con preocupación.

—Entonces, déjame a mí sin problema. —decretó el chico Aburame utilizando su técnica de insectos para mover el objeto sin necesidad de tocarlo.

Poco a poco, con fuerza y esmero, el grupo de jóvenes se fue acercando a los cinco metros donde se encontraba Lee.

—¡YA ESTÁ! ¡ESTÁ AHÍ, LO VEO! ¡LE VEO LA CABEZA! —gritó Shikamaru viendo que asomaban cabellos manchados de polvo entre un montón de arenilla.

Todos se pusieron en alerta. Tenten no dudo y fue la primera que bajó de un salto a los cinco metros antes de que Ino pudiese pararla. Comenzó a excavar rápidamente, dañando sus uñas en el proceso. No pasó mucho tiempo hasta que apareció el rostro de Lee completamente de color ceniza.

—¡VAMOS! ¡¿A QUÉ ESTÁIS ESPERANDO?! ¡AYUDADME A SACARLE DE AQUÍ! —gritó Tenten desesperada tratando de que la nariz y boca de Lee no se volvieran a llenar de polvo y arena.

Neji, Shikamaru y Chôji bajaron y dejaron libres el torso y las piernas de Lee. Shino utilizó suavemente su técnica para desplazarle hasta la parte de arriba del agujero. Todos se pusieron a su alrededor velozmente. Lee tenía un aspecto deplorable, lleno de sangre y suciedad.

—¡ATRÁS, ATRÁS, VAMOS! ¡DEJADLE ESPACIO! –exclamó Kiba utilizando sus brazos para apartar a la mayoría de ellos.

Tenten se puso de rodillas y puso su oreja en la boca de su compañero. No escuchaba, ni sentía su respiración.

—¡NEJI, NO RESPIRA! —gritó alterada Tenten al abrirle la boca a su compañero inerte para buscar signos de obstrucción que fueron negativos.

El aludido vio con su Byakugan que su corazón estaba detenido. Inició entonces la maniobra RCP al instante. Tenten se disponía a hacerle el boca a boca, pero decidió no hacerlo debido a la posibilidad de contaminación producida por el derrumbe de los edificios.

—¡Vamos, Lee, joder! —farfulló Neji histérico tratando de activar el músculo cardíaco de su compañero. —¡Pon a mover este corazón ya!

—¡Lee! ¡Vamos, por favor! ¡No termines tu vida así! —dijo Tenten dando palmadas en las mejillas de su amigo tratando de hacerle reaccionar.

Entonces, Hinata lo vio. Vio una pequeña chispa que comenzó a pasar por todo el sistema de chakra de Lee, hasta que llegó a su corazón que dio un latido. Primero uno, luego otro y así sucesivamente. Un fuerte tosido sorprendió a todos. Procedía de la garganta de Lee.

—¡Eso es, Lee! ¡Tose tranquilo! ¡Échalo todo! —comenzó a decirle Tenten tratando de mantener sin éxito un gran aluvión de lágrimas.

Neji había parado el masaje cardíaco cuando vio que el corazón comenzaba a estar algo más estable. Se sentó en el suelo y se sujetó los párpados con la mano para evitar que le vieran llorar también. El resto del grupo suspiró aliviado. Tras unos instantes, escucharon que Lee comenzó a gemir y éste sintió que la luz le quemaba los ojos. El malestar le ponía difícil abrirlos, pero lo intentó despacio.

—Ne-neji… T-tenten… ¿sois… vosotros? —preguntó el chico de cabellos negros con mucho esfuerzo.

Lee sintió como un peso cayó encima de su pecho, sin aplastarlo. Notó los sollozos de su compañera de equipo mientras le agarraba la sucia camiseta. Ni en sus sueños más raros se imaginó que Tenten podría llegar a estar tan afectada.

—¡Menudo fantasma estuviste hecho, Lee! ¿Quién ha tenido que salvar a quien al final? —escuchó Lee a su derecha a quien pudo identificar con Neji.

El chico de cabellos negros sonrió un poco con dificultad. Lee observó a su alrededor que estaba rodeado por otras personas, pero sólo como sombras, no logrando identificarlas en ese momento.

—Je, je, parece que el rescatador ha acabado siendo rescatado. No una… sino dos veces… —dijo Lee sintiendo que se desvanecía de nuevo. —Gracias… todos… 

Tenten se puso nerviosa e intentó de nuevo despertar al chico, quien no respondía de nuevo.

—Tranquila, Tenten-san. No está perdiendo el pulso. —dijo Hinata con suave voz poniéndole una mano en el hombro. —Pero es algo débil. Tenemos que tratar de llevarlo a la UMN cuanto antes.

Ante la propuesta de Hinata, Neji corrió hacia la parte superior de la enorme montaña de escombros que estaba a sus espaldas. Lo que vio le aterrorizó sobremanera.

—¡Hinata-sama! ¡Venga, por favor! 

La mencionada subió ante el ruego desesperado de su primo y pudo ver con la boca abierta lo que tenía ante sus ojos.

—¡¿Qué sucede, Neji, Hinata?! —gritó Kiba a los dos Hyûga. —¡¿Qué pasa?! 

—No hay… ya no está… —respondió Neji en un susurro balbuceante.

—¡¿El qué?! ¡¿Qué no está ya?! —preguntó nuevamente el Inuzuka preocupado.

—La UMN ya no está… no hay ningún hospital…

Ante esta declaración de Hinata, todos se quedaron estupefactos. Los dos primos Hyûga mantenían sus vistas puestas en el horizonte. Había, al menos, un kilómetro entero arrasado de la aldea. Ahora podían entender mejor el desolador panorama que se evidenciaba con las enormes montañas de escombros a los lados producto de ese desastre.

—Es curioso hasta donde hemos llegado, ¿no creéis, Neji-kun, Hinata-kun?

La repentina mención de sus nombres exaltó sobremanera a los dos Hyûga. Los jóvenes Neji y Hinata miraron a su izquierda y vieron a un hombre con capa negra delante de ellos. Se quedaron en shock. Se le veía un hombre limpio y pulcro, sin mancha de polvo, algo típico que se podría ver debido a la invasión. No les gustó la sensación que destilaba ese hombre. Fuera quien, fuera lo identificaron como un enemigo. Ambos Hyûga saltaron hasta el suelo donde se encontraban sus compañeros por precaución.

—¡¿Quién eres?! ¡¿Qué quieres?! —gritó Neji poniéndose en posición de ataque. 

Neji frunció el ceño. ¿Quién era ese hombre y de dónde había aparecido? ¿Era un enemigo de Suna o de Oto? ¿Un subordinado directo de Orochimaru?

—Vamos, vamos, Neji-kun. No hace falta ponerse así. —dijo el inesperado invitado. —Ay, es una lástima. Si Lee-kun estuviese despierto, me podría haber ahorrado nuevas presentaciones. Él tendría el honor de hacerlo.

Todos los presentes estaban nerviosos, pero no cejaban en sus posturas defensivas y atacantes para proteger a Lee y a ellos mismos. No les estaba gustando lo que acababa de decir de Lee o cómo se había dirigido a Hinata y Neji de manera tan familiar, como si les conociese. Todos esperaban cautos una respuesta a la pregunta de Neji.

—Me llamo Toshikomi y debo decir que el trabajo que se ha hecho aquí es impecable. Aunque no lo recuerdo exactamente así… —dijo el individuo misterioso llevando una mano hacia su barbilla mientras el resto de su cara permanecía escondida.

Tras esa presentación, unas nuevas voces sonaron cerca del grupo, haciendo que todos se pusieran nuevamente en alerta.

—¡Eh, todos! —gritó Uzumaki Naruto siendo sujetado por Uchiha Sasuke por un brazo mientras Sakura les seguía un paso por detrás.

Ino se alteró al ver que se estaban acercando. Dio dos pasos y movió los brazos para que parasen.

—¡Naruto! ¡Sasuke-kun! ¡Sakura! —avisó Ino al Equipo Kakashi. —¡No os acerquéis!

Ante esta orden, los miembros del Equipo Kakashi miraron con los ojos desorbitados la terrible escena en la que Rock Lee se encontraba desmayado y un hombre de capa negra misterioso estaba allí. En contra de las órdenes de Ino, Naruto salió corriendo sacando fuerzas de quien sabe donde y preparó sus manos con el sello de su técnica insignia.

—¡No se quien eres, pero le has hecho algo a Gejimayu, ¿verdad?! ¡Te voy a golpear tan fuerte que vas a cagar sangre!

Tras un instante de silencio, el hombre llamado Toshikomi rió ante esta declaración tan pueril procedente de los labios de Naruto.

—Ay, Naruto-kun. Sin duda, sigues siendo único en tu personalidad. No obstante, no me interesas ahora…—dijo Toshikomi a la vez que dirigió su mirada lentamente hacia a una persona concreta: Uchiha Sasuke.

Esto no pasó desapercibido por Shikamaru, quien apretó los labios y apretó sus dedos en el sello de su técnica para atacar. Por su parte, Neji apretó los dientes lleno de impaciencia.

—¡No has respondido a lo que te he preguntado! ¡Vamos, habla! —gritó el chico de ojos blancos desde lo más alto de sus pulmones. — ¡¿Qué quieres y quién eres?!

Toshikomi miró a Neji tras su pregunta. El chico de ojos blancos observó cómo el hombre metió su mano dentro de la capa negra y comenzó a sacar algo lentamente. Ante este gesto, todos se pusieron en alerta al máximo.

—Puede que esto te resulte conocido, ¿verdad, Neji-kun? —musitó divertido Toshikomi.

El chico Hyûga vio con los ojos muy abiertos el objeto. Una jaula dorada de metal con forma exquisita y decoraciones preciosas. No había duda para él. Tenía la misma forma que la jaula de chakra que vio en la cabeza de Lee al detener aquel Genjutsu en la UMN.

—Um, interesante reacción. Nunca pensé que por esta época te podría importar algo más que tu odio hacia la Rama Principal de los Hyûga. —dijo secamente Toshikomi volviendo a guardar el objeto bajo su capa. —Me ha sorprendido que siquiera te importara la penosa vida de Lee-kun…

Neji comenzó a jadear fuerte, producto de la rabia, lo que asustó a Tenten y asombró al resto de Genin que no estaban entendiendo nada de lo que estaba pasando.

—Para responder totalmente a esa pregunta, temo que tendrás que esperar, Neji-kun. Aún quedan muchos acontecimientos que darse y no puedo dejar que se vean afectados por causas externas. —continuó Toshikomi con una voz sedosa e inquietante.

Toshikomi, ante los ojos de todos, comenzó a desvanecerse en una nube de humo tras lanzar varias bombas de ese tipo.

—Nos veremos más pronto que tarde. Hasta entonces, preferiría que no os entrometáis en mi camino.

Tal y como apareció, Toshikomi dejó en la escena una sensación de peligro, extrañeza y confusión en todos los que estaban ahí. Todos se quedaron en silencio. Ninguno de los presentes entendía nada, ni siquiera cómo era que ese hombre había aparecido y desaparecido sin apenas esfuerzo en una zona de destrucción. Sumándole al hecho de que Konoha había sido atacada, este estaba siendo un día extremadamente caótico y peligroso.

—¿Qué demonios acaba de pasar? — dijo Kiba decidiendo romper el silencio que parecía les había atrapado a todos.

—No tengo la más remota idea, pero parece que ese individuo nos conocía de alguna manera. Me ha dado muy mala espina… —respondió Shino tratando de secarse el sudor de la frente con la manga de su abrigo. —Agradezco que se haya marchado. No creo que hubiese podido pelear más en mi actual estado…

—Creo… que coincido contigo, Shino… —respondió Ino tratando de evitar jadear por el cansancio y la tensión acumulada.

Un fuerte sonido les sacó de sus pensamientos y sus conversaciones. Lee tosió violentamente estando completamente inconsciente. Neji y Tenten se acercaron rápidamente a su compañero para comprobar nuevamente su estado vital. El resto de Genin relajaron la formación de ataque tras comprobar que, efectivamente, el hombre llamado Toshikomi había desaparecido.

—Su corazón parece estar funcionando mejor. Esa es una buena señal… —dijo Tenten tras posar de nuevo su oreja en el pecho de su compañero.

—Sí, pero su cuerpo está destrozado… si pudiésemos tener un equipo de primeros auxilios tal vez… —comentó Neji con un hilo de voz poco típico en él.

Shikamaru vio como los dos miembros del Equipo Gai se mostraban muy decaídos ante el actual estado de Rock Lee. Ellos tres siempre se habían mostrado muy fuertes y unidos pese a sus diversas circunstancias personales. En situaciones como estas, era deber de todos ponerse en marcha para salvar a un compañero herido.

—Sea como sea, tenemos que llevarle ante un médico. Aunque ya no haya hospital o la UMN… —dijo Shikamaru llevándose una mano al hombro. 

Al chico del clan Nara le dolía endemoniadamente por un profundo y supurante corte producido por el ataque de viento de aquella chica de Suna. Pese a todo, en esas circunstancias, no le importaba demasiado el dolor. Por otro lado, un Kiba lleno de determinación por las palabras de Shikamaru comenzó a escalar a cuatro patas la enorme pila de escombros y comenzó a otear a su alrededor. De repente, el resto de compañeros le escucharon gritar.

—¡Eh, estamos aquí! ¡Hay un herido grave! —gritó Kiba mientras Akamaru ladraba sobre su cabeza para alertar a varios ninjas médicos que se encontraban a 200 metros de su posición.

A todos se les iluminó la cara al escuchar las palabras del chico Inuzuka. Pronto llegaron los miembros del cuerpo sanitario y comenzaron a colocar una mascarilla de oxígeno a Rock Lee sobre la boca. Al resto de Genin les entregaron mascarillas ordinarias para evitar que el polvo y el resto de partículas se introdujesen más por sus vías respiratorias. Tras un rápido reconocimiento a todos los Genin por uno de los médicos, comenzaron a recibir instrucciones.

—Vosotros. Sé que no estáis en las mejores condiciones, pero los dos menos dañados tenéis que ayudarnos a llevar al chico a un hospital de campaña. —dijo el especialista en medicina dirigiéndose a Sasuke y a Chôji mientras ponía su mano en la oreja para escuchar mejor el dispositivo de radio que portaba. —Están comenzando a establecer varios lugares de triaje cerca de donde se encontraba la UMN.

—Tenemos que dirigirnos allí. Según como os encontréis y el grado de gravedad de vuestras heridas, es posible que os asignen tareas de rescate y salvamento. Es mejor que os vayáis mentalizando.

Todos se quedaron callados. Ante todo este escenario, se abrieron bastantes preguntas y había muy pocas respuestas. No obstante, todos los Genin tenían algo claro y era que había que poner a Lee a resguardo curativo y médico.

Ya habría tiempo para resolver el misterio de aquel hombre.


SISTEMA DE DEFENSA DE KONOHA

La aldea oculta de Konoha ha sido históricamente un objetivo estratégico y simbólico para enemigos poderosos. Estas experiencias han demostrado la necesidad de contar con un plan de defensa integral, capaz de anticipar, contener y neutralizar amenazas de gran escala, minimizando los daños y protegiendo tanto a los shinobi como a la población civil.

1. Detección y alerta temprana del enemigo

  • Refuerzo y modernización de las técnicas de barreras sensoriales y sistemas de vigilancia en los límites de la aldea, integrando sensores de chakra y patrullas mixtas de ninjas sensoriales y especialistas en rastreo junto con la Guardia Urbana de Konoha.
  • Implementación de protocolos de alerta rápida y comunicación directa entre los puestos de vigilancia y el centro de mando (Oficina del Hokage), para activar el estado de emergencia en segundos ante cualquier intrusión.
  • Entrenamiento periódico de la población civil y de los shinobi en simulacros de evacuación y refugio.

2. Defensa en profundidad y control de accesos

  • Organización de la defensa en anillos concéntricos: fuerzas de respuesta rápida en la periferia, equipos de contención en el centro y unidades de élite en puntos clave (Oficina del Hokage, hospitales, archivos secretos).
  • Fortificación de accesos principales y secundarios, instalación de trampas y sistemas de bloqueo remoto en las entradas y salidas de la aldea, dificultando el avance enemigo y canalizándolo hacia zonas controladas.
  • Uso de técnicas de barrera y sellos para aislar sectores en caso de brechas, limitando la movilidad del enemigo y facilitando la defensa sectorizada.

3. Inteligencia, contrainformación y análisis rápido

  • Establecimiento de equipos de inteligencia y análisis táctico que reciban en tiempo real información del combate, identifique patrones y habilidades del enemigo.
  • Rápida autopsia y análisis de enemigos caídos para descubrir debilidades o naturaleza de sus técnicas.
  • Desinformación y manipulación de la información para confundir al enemigo sobre la ubicación de objetivos clave.

4. Respuesta flexible y despliegue escalonado

  • Formación de equipos de intervención móvil, capaces de desplazarse rápidamente según la evolución del ataque y apoyar los puntos más críticos.
  • Uso de reservas ocultas y refuerzos (como ANBU y unidades médicas) sólo cuando sea absolutamente necesario, evitando exponer todos los recursos desde el inicio.
  • Coordinación con aliados externos (otras aldeas o invocaciones) mediante señales preestablecidas para pedir apoyo en caso de ataques de fuerza abrumadora.

5. Protección civil y recuperación

  • Evacuación ordenada de civiles hacia refugios subterráneos y zonas seguras, con rutas protegidas y personal especializado en protección y primeros auxilios.
  • Equipos médicos móviles y puntos de atención de emergencia distribuidos estratégicamente para minimizar bajas y atender heridos durante y después del ataque.
  • Plan de recuperación inmediata: evaluación de daños, restauración de servicios esenciales y apoyo psicológico a la población, afianzando la defensa civil y resiliencia urbana.

FIN DEL PRIMER ARCO – TOSHIKOMI

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