Autor: Kywawi

  • Capítulo 11 – Descanso

    Con un sonido atascado en la garganta, Tenten vomitó violentamente. La chica sujetó la parte abdominal de su cuerpo con una mano ejerciendo fuerza, intentando parar con presión el intenso dolor que la acompañaba desde hacía más de doce días, tres desde que salió de prisión.

    —Ah… ah… Dios… esto no para… —susurró la enferma chica sintiendo una nueva oleada de náuseas que subían por su garganta haciéndola vomitar de nuevo.

    Estaba en uno de los baños comunitarios para pacientes de la recién habilitada Unidad Médica Ninja. Allí había sido llevada junto con Neji por los dos ANBU que pusieron fin a su encarcelamiento. Tenten tiró de la cadena del aseo y se apoyó sentada en la puerta del baño jadeando. La chica del Equipo Gai trataba de recuperar el aliento con dificultad. Era la quinta vez que vomitaba en lo que llevaba hospitalizada y no estaba siendo para nada agradable. Desde el mismo momento en el que entró por la puerta de la UMN, su cuerpo no resistió más la infección que la aquejaba y vomitó en la misma entrada para su propio horror.

    —¡Dios mío, qué vergüenza! —dijo Tenten recordando que Neji había sido testigo de la penosa situación. —Era la persona que menos quería que me viese en ese estado…

    En realidad, lo peor de todo fue que los restos de líquido estomacal habían impactado de lleno en las ropas de su compañero y de los dos ANBU presentes. Ante dicho recuerdo, y haciendo un grito ahogado, Tenten se quería morir avergonzada mientras apretaba sus manos fuertemente contra su cara.

    “Bueno, ya qué más da…” pensó derrotada saliendo del baño, procediendo a enjuagarse la boca y lavarse las manos en profundidad.

    Tras terminar, se dirigió a sí misma una mirada general frente al espejo del baño comunitario  pulcro de la UMN. Tenten pudo observar que su aspecto desaliñado y demacrado, fruto del arresto de los ANBU de la División de Inteligencia, estaba comenzando a desaparecer. Las ojeras bajo sus ojos estaban desinflamándose, el contorno de su rostro estaba algo más carnoso que cuando ingresó. Su cuerpo aún luchaba por volver a recuperar el peso perdido, pero su recién descubierta infección por bacterias hacía que los problemas estomacales se hubiesen quedado de manera persistente, le tocaba aún lidiar con vómitos y diarreas debido a los fortísimos antibióticos que se veía obligada a tomar.

    “El médico dijo que hoy tendría que ser la última vez que debería tener un episodio así.” pensó la chica de cabello chocolate en un suspiro al abandonar despacio el baño. ”Espero que los antiácidos y el protector estomacal comiencen a hacer efecto pronto…”

    Haciendo un pequeño chasquido con la lengua, tratando de eliminar sin éxito el sabor amargo que permanecía presente en su boca desde el inicio de su dolencia, Tenten recorrió lentamente el pasillo lleno de habitaciones con puertas cerradas. Eran cerca de las ocho de la mañana y había un silencio generalizado en el lugar. Aún le costaba asumir que la UMN y el Hospital de Konoha habían sido reconstruidos con tanta rapidez. Cuando preguntó por ello al personal sanitario, le comunicaron que, dos días antes de su ingreso, se había realizado la inauguración exprés para dar prioridad al tratamiento, cuidado y reposo de los enfermos y gestionar adecuadamente a los difuntos.

    Llegando casi al final del pasillo, Tenten se paró frente a la puerta de una de las habitaciones, tomó el pomo de la entrada y abrió muy despacio. Instantáneamente, comenzó a escuchar el sonido de pitidos, empujes de aire de máquinas, así como el goteo de varias bolsas llenas de líquidos sujetas verticalmente a un portasueros múltiple. En una silla dando la espalda a la puerta, mirando a la cama ocupada que presidía el lugar, estaba sentado su compañero Neji en silencio. Parecía que el chico no había notado la presencia de su compañera.

    —Neji… —susurró Tenten con suavidad al acercarse a su compañero de ojos blancos.

    —Oh, Tenten. ¿Ya has regresado? —dijo Neji levantando el rostro .—No escuché que entrabas por la puerta.

    La chica escudriñó los rasgos de Neji. Después de verse en el espejo del baño, pudo confirmar que el chico de ojos blancos también estaba mejorando en cuanto a salud. Su aspecto general estaba más sano, incluyendo que estaba recuperando el peso que había perdido, a diferencia de ella. Lo único que Neji aún mantenía era una mirada extremadamente triste y profunda.

    —¿Te encuentras mejor? ¿Quieres que avise a un enfermero para que te revise? —preguntó Neji intentando no parecer excesivamente preocupado por la muchacha.

    El chico Hyûga vio negar a Tenten con la cabeza a las dos preguntas. Al chico no le gustaba lo cabezota que estaba siendo en esos momentos. Tenten se había negado a pedir más asistencia al personal sanitario. Se preguntaba la intensidad del dolor que su compañera de equipo estaba teniendo y cuanto tiempo le duraría. Sin embargo, lo que menos le gustaba a Neji era saber que no podía hacer nada para calmar el dolor de Tenten, sólo dar tiempo a su cuerpo a recuperarse.

    —Y Lee, ¿ha habido algún cambio?

    La pregunta de Tenten fue respondida con una negativa triste a través de los labios de Neji. La joven adolescente entrecerró los ojos sintiendo una punzada de dolor en su pecho antes de atreverse a dirigir su mirada al cuerpo inerte de Lee. El personal sanitario les había informado que el chico de cabellos negros había sido trasladado por su maestro Gai hasta la UMN. Cuando los sorprendidos médicos vieron el demacrado estado de Lee y comenzaron a comprobar sus constantes, decretaron que había entrado en estado comatoso involuntario. Debido a esto, tuvieron que conectarlo a varias máquinas para que pudiese seguir viviendo. 

    Los brazos de Lee estaban conectados por vía intravenosa a los tubos de medicinas que había en los portasueros. Dos parches de electroencefalograma se mantenían en sendas sienes de la cabeza del chico. Diversos cables y vías que se posaban encima de la cama estaban conectadas a diversas partes del cuerpo del joven. Dos tubos, uno pequeño en la nariz y uno grande introducido por la boca sujetados por esparadrapo, terminaban de completar el penoso cuadro. La expresión de Lee era de absoluta paz, como quien duerme un profundo y dulce sueño que no puede despertar. 

    A Tenten aún le costaba verlo en esas demacradas condiciones, más sabiendo que Lee siempre había sido una persona que no paraba de moverse, e incluso hablar, cuando dormía. No, aquí sólo había un silencio mortecino y desolador presente en él.

    —Y pensar que no paraba de quejarme de los ruidos que hacías cuando acampábamos por la noche durante las misiones… —expresó la dolida joven adolescente en un susurro.

    Neji frunció el ceño dolido ante dicho recuerdo. Lee siempre había sido el payaso del grupo, de una manera u otra. Si bien el chico de ojos blancos detestó muchas veces esas actitudes tan estúpidamente positivas por parte de su compañero, ahora mismo las extrañaba. Extrañaba su carisma, sus energías, sus saludos amables y vigorosos, sus retos y, por qué no decirlo, su sonrisa llena de aquella energía del “Poder de la Juventud” que defendía a capa y espada.

    —Sabes, Tenten… puedo afirmar sin temor a equivocarme que estamos peor que al principio de todo este asunto… —susurró Neji en un hilo de voz a su compañera de equipo.

    La joven adolescente se quedó completamente callada. No quería añadir nada a esa afirmación tan real y dolorosa proveniente de Neji. Casi al momento, el sonido de apertura de la puerta de la habitación y un tosido leve se escucharon. Al voltearse, Neji y Tenten pudieron ver que se trataba de Maito Gai, su maestro, quien entraba al lugar con presencia solemne. Era la primera vez que ambos chicos le veían desde que se separaron en el País de los Ríos.

    —Gai-sensei… —susurró Tenten con debilidad a su maestro. —Es usted. Ha pasado mucho tiempo…

    El Jônin se acercó a los dos jóvenes quienes no apartaron su anodina mirada de él. Gai, quien había entrado tosiendo con el puño en los labios, se acercó a los dos jóvenes despacio.

    —Me alegro de veros, Neji, Tenten. —comenzó diciendo Gai con un tono de voz suave y carraspeante que trataba de enmascarar un temblor. —Hubo problemas con… un Genin y tuve que encargarme de él. Siento haber tardado en venir.

    Un fruncido Gai vio como sus dos alumnos afirmaron taciturnos con la cabeza después de escucharle. Nuevamente, el silencio se reinstaló en la habitación hospitalaria, salvo el producido por el incesante sonido parpadeante de las máquinas y el goteo de los sueros. Maito Gai observó la escena en su totalidad. Era demasiado doloroso y penoso. El Equipo 03-079, el Equipo de Graduación actual del cual era capitán, estaba destrozado y en las horas más bajas que habían existido hasta ahora: Lee estaba en coma y Neji y Tenten tenían la moral por los suelos tras la tortura y la observancia de su yacente compañero. Estaba claro que todo lo que habían y estaban pasando les había afectado sobremanera. Gai sabía que en momentos así su rol como líder era importante para la mejora del ánimo de todos los miembros. Sabía que sus dos pupilos estaban guardando en su corazón demasiado sus emociones. Emociones que necesitaban ser sacadas. 

    —Verdaderamente, es patético, ¿cierto? Vosotros, un equipo de Genin experimentado, ha sido derrotado completamente.

    Al comenzar a hablar, Gai notó que los hombros de Neji y Tenten se hundieron muy profundamente, pero no dijeron nada.

    —Las situaciones en las que os metisteis fueron muy complejas, temerarias y sufrientes. Podrían haber alcanzado la categoría de rango A, e incluso el rango S en una misión oficial. —continuó Gai elevando ligeramente su tono de voz. —El hecho de que actuaseis por vuestra cuenta aumentó el riesgo inmensurablemente. Acabó volviéndose en vuestra contra.

    El Jônin comprobó que Tenten apretaba las mandíbulas y que Neji no podía evitar que le temblasen los puños, muy seguramente producto de la ira contenida. Sabía que evidenciar sus debilidades y flaquezas traía dolor a las mentes de sus jóvenes alumnos, pero era necesario. Gai suspiró despacio después de dirigir una mirada compasiva a la cama donde dormía su querido y magullado discípulo Lee.

    —Sin embargo, puedo asegurar una cosa… —dijo haciendo una pausa firme. —Vosotros tres habéis sobrevivido porque sois el equipo de Genin más fuerte de Konoha.

    El silencio continuaba en la sala por parte de Neji y Tenten. La mirada de ambos jóvenes había bajado y Gai no podía observarla.

    —Otros equipos de Genin de vuestra edad en vuestra circunstancias habrían quedado completamente locos o, en el peor de los casos, muertos. Vuestros entrenamientos y trabajos, vuestra pasión por hacer el bien para Konoha, sus habitantes y vuestros compañeros ha hecho posible que estéis vivos. Es por eso que… estoy orgulloso de vosotros tres.

    Gai volvió a recibir por respuesta el silencio por parte de sus discípulos. No esperaba otra cosa. Él mismo había tenido otros equipos de Genin a su cargo y había sido líder y compañero de Chûnin y Jônin en circunstancias variopintas que habían tocado de lleno la enfermedad, el dolor y la muerte. Esto era, pensaba Gai, un paso necesario para ahondar más en el significado del ser un shinobi por parte de sus alumnos.

    —Gai-sensei.

    La mención de su nombre por parte de Tenten le hizo salir de sus pensamientos. La chica se había girado totalmente hacia él y su expresión corporal era desafiante. Su cara mostraba una mueca llena de dolor y frustración que deseaba explotar.

    —¿Cómo puede estar orgulloso de nosotros? ¡¿CÓMO PUEDE ESTAR ORGULLOSO DE NOSOTROS?!

    El grito de Tenten sorprendió a Gai, más no cambió su expresión facial en ningún momento.

    —¡¿Nosotros?! ¡¿Fuertes? ¡¿Un orgullo?! ¡NOSOTROS NO HEMOS PODIDO HACER NADA! —exclamó Tenten cambiando de tono de voz en la habitación de color verdoso claro. —¡SOMOS UN PUÑADO DE INÚTILES Y ESTÚPIDOS! ¡Y yo la primera! ¡Me confié y pensé que podríamos hacerlo todo nosotros solos! ¡Pasó lo de la jodida rayada de la ilusión de Lee, la traición de Suna junto con ese engendro de Orochimaru, la invasión, nuestro arresto! ¡Ahora estamos en la PEOR DE LAS MIERDAS, y Lee está en un coma del que no sabemos si llegará a salir algún día!

    Tenten dirigió una mirada llena de dolor hacia el suelo tras su arrebato mientras estrujaba con fuerza la tela de su camisón hospitalario. El sabor amargo de su boca se acentuó sobremanera, pero no le importaba ahora mismo. Sentía vergüenza, humillación, una profunda tristeza llena de remordimientos. Su mente no paraba de recordarle que ella había sido quien dio la idea de ir a Suna a investigar, que ella había dejado sólo a Lee durante la Invasión, que no había estado junto a él cuando sufría una de las más terribles torturas. No podía soportar tan terrible dolor, tan terrible angustia.

    —Yo… yo… no quería que pasase esto… quería que… no quería hacer que Lee acabase así. —dijo en un hilo de voz al recordar el doloroso momento en que los padres de su comatoso compañero fueron a visitarlo a la UMN muy afectados. —Yo… tendría que ser la que estuviese ahí tumbada, o mutilada, o…

    —Suficiente, Tenten.

    La abrupta orden procedente de los labios de su maestro hizo que la chica callase de inmediato. Tenten notó que su mano había arrugado demasiado su ropa y se vió en la necesidad de destensar su agarre.

    —La vida de un shinobi está llena de riesgos. No es un camino fácil. De hecho, jamás debéis creer a quien os lo diga. Eso sólo os traerá problemas. Muchos, de hecho. —escuchó decir a su maestro con voz firme y muy seria. —Siempre tendréis que tomar decisiones y esas decisiones SIEMPRE tendrán sus consecuencias. Es importante que sepáis que no importa que hagáis, NUNCA sabréis el resultado de esas decisiones hasta el final, e incluso MÁS ALLÁ. JAMÁS. Sólo podréis intuirlo por vuestra experiencia y por el desarrollo de vuestras habilidades. Es por eso que DEBÉIS exponeros a un mayor número de situaciones para aprender de ellas y reducir el riesgo al mínimo.

    Tenten miró a su maestro y sintió que el corazón le iba a salir por la garganta. Dirigió de nuevo la mirada al suelo con pesar. Todo lo que había creído en el pasado se estaba desmoronando. Su maestro estaba prácticamente afirmando que había actuado como una niñata y eso había sido lo que había traído la desgracia al grupo.

    —Pero, pese a todo, Tenten, tú siempre te has preocupado por Lee. Nunca le has abandonado y siempre has pensado en el bienestar de él. Tú le aprecias y respetas, y es por eso está con vida. —declaró Gai con un tono más suave. —Además, por otro lado, puedo asegurarte de que tu actitud llevó a que Neji se mantuviese cuerdo en las circunstancias de vuestro arresto por parte de los miembros de la División de Inteligencia. No hables. Lo sé. He visto cómo hombres más fuertes e inteligentes que Neji han terminado sus días en una celda de un manicomio por la tortura y la privación. 

    Tenten comenzó a sentir un pinchazo en el rabillo de sus ojos. Estaba sintiendo que las lágrimas comenzaban a acumularse y que la nariz le cosquilleaba. 

    —Tenten, Neji, hicisteis lo mejor que pudisteis con los recursos y la información con la que contábais. Sois aún jóvenes e inexpertos, pero disteis lo mejor y por eso seguís vivos. Gracias a eso, habéis ganado esta batalla personal. Vosotros tres sois los Genin más fuertes de Konoha.

    Antes de que Gai terminase, Tenten se echó a los brazos de su maestro. De repente, el fuerte nudo de su garganta se soltó y comenzó a llorar muy fuerte en el pecho de su maestro. Los grandes sollozos eran sofocados por el traje elástico del Jônin. La chica no quería pensar más. Estaba sufriendo tanto y tan fuerte que sólo quería ser consolada por su maestro. Gai llevó su mano a la nuca de Tenten y la apretó contra sí mismo con cuidado. El Jônin cerró los ojos suspirando aliviado por la apertura del corazón de la chica. Ahora sólo quedaba Neji.

    —Neji, tú…

    —No diga nada más, Gai-sensei… no diga nada más…

    Gai levantó sus gruesas cejas sorprendido de ver que Neji se levantó y mostró un rostro con una mueca de dolor lleno de lágrimas silenciosas que recorrían sus mejillas. Más le sorprendió que su alumno de ojos blancos se acercase a él sin decir más palabras y apretó su cabeza contra su pecho, al igual que Tenten. Gai sólo sentía la respiración agitada de quien llora en un lamento profundo. 

    El Jônin se dio el privilegio de dejar de mostrar una expresión neutra para cambiarla por una de tristeza mientras observaba a sus dos alumnos llorar. Maito Gai estaba desconsolado, profundamente entristecido. Podía afirmar que de la misma manera que todo había sido muy injusto para Lee, también lo había sido para Neji y Tenten. 

    No lo entendía. No entendía porque Konoha se había saltado los procedimientos estandarizados y había permitido que sus alumnos hubiesen sido arrestados en su ausencia. No entendía porque se había autorizado a que los tres hubiesen sido torturados psicológica y físicamente pese a su predisposición a colaborar. Y, desde luego, no entendía porque él se había visto obligado a estar lejos, aún más tiempo, de sus tres alumnos para ir a buscar a un envalentonado Uchiha Sasuke que, una vez enterado de la situación de que su hermano había aparecido en Konoha sin previo aviso, OBVIAMENTE sólo podía perder a manos del proscrito de Uchiha Itachi. Gai suspiró intentando que este último pensamiento no le provocase una ira innecesaria que le había empezado a provocar que le molestase la garganta de manera punzante, algo que había notado desde su lucha contra Orochimaru días atrás. Lo más importante es que ya estaba junto con Neji, Lee y Tenten, y que haría todo lo posible para que superasen este mal trago.

    Tras parar sus pensamientos, Gai sintió que los fuertes sollozos de sus alumnos se fueron calmando. El primero en apartarse fue Neji quien se llevó la mano a la cara para tratar de parar las escurridizas lágrimas. El chico notaba que sus ojos estaban muy inflamados y sentía algo de vergüenza al comenzar a ser consciente de que le habían visto llorar.

    —Y, ¿ahora qué haremos, Gai-sensei? —preguntó Neji alcanzando a ver a Lee quien se mantuvo inmóvil durante toda la interacción.

    Neji vio que Tenten se apartaba del pecho de su maestro y comenzaba a secarse rápidamente la mucosidad que salía de su nariz con la manga de su camisón. El chico de ojos blancos pudo comprobar que su nariz estaba muy enrojecida y los pómulos se habían coloreado. Esto hizo a Neji sentir cierta ternura.

    —Ahora mismo la prioridad es que Lee se despierte y que los tres os recuperéis en la UMN. Ya habrá tiempo para entrenar y retomar las misiones más adelante. —decretó Gai observando con algo de diversión que sus alumnos habían dejado un rastro de lágrimas de sus ojos en el traje que llevaba.

    —Pero, Gai-sensei, ¿qué sucede si Lee no…?

    Antes de que Tenten pudiese terminar de hablar, el sonido de golpeteo en la puerta se escuchó en la habitación. Casi al momento, entró en la estancia Hinata con calma en sus pasos.

    —Oh, Gai-sensei, está usted aquí. Es bueno verle.

    —Ah, Hinata, me alegro de verte después de tanto tiempo. Espero que estés más recuperada. —respondió con cordialidad el Jônin a la joven del clan Hyûga a modo de saludo.

    Hinata saludó también a Tenten a la que no preguntó por el estado de su rostro. La chica del clan Hyûga podía intuir que había sucedido. Sólo la sonrió con comprensión amistosa a lo que Tenten agradeció en silencio.

    —Neji-nîsan, buenos días. —procedió a saludar Hinata a su primo quien estaba dado de espaldas al grupo.

    —Ah, sí, buenos días, Hinata-sama. ¿Te toca hoy vigilar a Lee? —preguntó Neji sin darse la vuelta.

    Tenten sintió que apretaba los labios para evitar soltar una pequeña risa. Era la segunda vez que había visto llorar a Neji en su vida y, de alguna manera, le parecía algo curioso. Por otro lado, la chica del Equipo Gai recordó que sus amigos se habían ofrecido voluntarios para velar por Lee en su ausencia recuperativa. Habían solicitado una misión de rango D colectivamente. Al fin y al cabo, los parientes civiles de un paciente de la UMN no podían permanecer mucho tiempo allí por razones de seguridad y Neji y ella tenían que seguir con las terapias de recuperación física y psicológica que el hospital les imponía como itinerario. Era lógico que alguien se quedase con Lee por si había algún cambio en su estado y avisar al personal sanitario.

    —Así es, Neji-nîsan. Mañana se encargará Chôji-kun de vigilar a Lee-san. —dijo con suavidad Hinata tras mirar con dolor el cuerpo yacente del chico de cabello negro.

    Gai afirmó con la cabeza a cada una de las palabras de la antigua heredera del clan Hyûga.

    —En ese caso, Neji, Tenten, debéis volver a vuestra habitación para comenzar la rutina de rehabilitación de hoy. —comentó Gai a sus discípulos.

    Tras las palabras de su maestro, y lanzando un suspiró pesaroso, Neji se giró sobre sus talones tras observar una última vez a Lee. Sus lágrimas ya se habían secado y no temía que Hinata se diese cuenta de que había estado llorando. El chico del clan Hyûga comenzó a dirigirse a la puerta, pero algo le detuvo.

    —¿Nos vamos, Tenten?

    Neji vio como su compañera se había quedado con una mirada perdida y absorta observando el silencioso cuerpo de Lee. El chico de ojos blancos sabía que Tenten no quería dejarle, que ella era la que quería permanecer al lado de su compañero herido. El joven del clan Hyûga entrecerró los ojos pensativo. En el fondo de su corazón, sentía envidia por la relación que sus dos compañeros de equipo tenían. Una relación cercana, sincera y abierta de amistad. Fraternal incluso. Todo lo contrario a lo que él había construido con ellos en el pasado. Era consciente de que su enfurecida y depresiva actitud pasada había hecho mella en su relación con sus compañeros de equipo. No obstante, ahora quería cambiarlo, deseaba cambiarlo, por Lee y, por encima de todo,… por Tenten.

    —Tenten, estará bien. Hinata-sama se ocupará de él y nos avisará si ocurriese algo, ¿cierto?

    Hinata afirmó con la cabeza efusivamente a las palabras de su primo mientras la triste y delicada mirada de Tenten se enfocó en el suelo. Neji suspiró y le echó valor, aquel valor que no tuvo la última vez en el lugar de construcción antes de ser arrestados.

    —Vayamos. Los dos juntos, ¿de acuerdo?

    Tras decir estas palabras, Gai y Hinata fueron testigos de algo que no pensaron jamás que se iba a producir. Neji tomó la mano de Tenten con suavidad y la acunó en la suya tiernamente. La chica de cabello chocolate levantó la mirada y se encontró los ojos blancos con reflejos purpúreos de Neji. Le pareció que en ellos vio una colorida galaxia de estrellas como las que se pueden ver en las noches más oscuras de Konoha. Los ojos de Neji estaban llenos de comprensión y paciencia. En ese momento, Tenten lo supo. Supo que él le estaba dejando espacio para aceptar la oferta. Con una sonrisa algo débil, pero sintiéndose acompañada, aceptó apretando ligeramente su mano a la de él.

    —Sí. De acuerdo. Vamos, Neji. Nos vemos luego, Gai-sensei, Hinata. —dijo la chica despidiéndose despacio y algo triste. —Nos vemos luego, Lee…

    Neji se despidió con una ligera reverencia de su maestro y de su prima. Ambos jóvenes salieron despacio por la puerta para buscar al personal sanitario que les ayudaba en su recuperación. Cuando Maito Gai y Hinata se quedaron sólos, no pudieron evitar mirarse sorprendidos para terminar sonriendo de manera cómplice a la vez que el pitido de las máquinas y el goteo de los sueros seguía su curso en aquella habitación de la UMN.

    Rock Lee abrió los ojos en un estupor lleno de nubes y vapor. El chico de cabellos negros parpadeó durante largo tiempo hasta que pudo ajustar su mirada. Desconocía dónde se encontraba exactamente.

    Observó a su alrededor con cuidado. Efectivamente, pudo comprobar que estaba en un lugar que jamás había estado antes. Era amplio, muy amplio. No distinguía el principio ni el fin de dicho sitio. Era también un lugar muy oscuro, completamente oscuro. Sólo ocasionalmente iluminado por una especie de relámpagos silenciosos de color blanco azulado que recorrían aquel misterioso lugar. Sin embargo, pese a todo, Rock Lee no tenía miedo. De alguna manera, se sentía ligero, extremadamente ligero. Etéreo.

    El chico de cabellos negros miró su cuerpo. Notaba que se encontraba en buen estado, a diferencia de cómo recordaba que le habían torturado. No le dolían los brazos, ni las piernas. Era todo muy extraño.

    —Si no siento dolor físico, eso quiere decir que estoy… —balbuceó Lee con dolor en su pecho.

    El chico de cabello negro no quiso hablar más. Por su mente, no obstante, se coló inadvertidamente esa palabra: “muerto”. Lee sintió que su labio comenzó a temblar ligeramente y notó que el corazón le comenzaba a pesar. Si estaba muerto, había dejado todo y a todos atrás: sus padres, sus amigos, sus compañeros, sus sueños, sus esperanzas… TODO. Era entonces el final. Se sentía totalmente desolado.

    —Yo te veo bastante vivo, Rokku.

    Ante la repentina e inesperada mención de su nombre en aquel lugar, Rock Lee se puso en alerta. La pronunciación original de su nombre. Sus ojos se abrieron desmesuradamente, al igual que sus oídos. No era la primera vez que lo escuchaba para causarle tanta impresión. Lo que le ocasionaba ese asombro inadvertido fue que pareció reconocer de quien provenía. La verdadera y suave pronunciación de su nombre por ese color de voz casto y femenino hizo que Lee se girase muy lentamente lleno de expectación, miedo y esperanza. Entonces, la vio.

    Vio enfrente de él, gracias a los ocasionales relámpagos de luz de aquel lugar, a una chica. Una chica alta y esbelta, de largo cabello castaño claro hasta la cintura. Sus ojos verdes avellana eran como los recordaba y su piel podía competir prácticamente con el color blanco de un lienzo. Siempre había sido así, ella siempre había sido así. 

    Allí estaba. La primera chica a la que había amado Rock Lee, la que le había querido pese a no ser parte de un linaje ninja, pese a ser alguien incapaz de usar Ninjutsu y Genjutsu. La chica que aceptó su físico, celebró con él sus victorias, penó con él sus tristezas. La chica que le amó, la que le dio todo lo que tenía. Era ella y le estaba sonriendo suavemente y llena de amor.

    Rock Lee sintió que la cara se le contrajo con una expresión que pasó de la sorpresa al dolor despacio. Apretó los dientes a la vez que salió corriendo, abrió sus brazos para ir al encuentro de su amada y la abrazó con firmeza, pero con mucho cuidado y lloró. Lee lloró como si no existiese un mañana. Lloró sonora y desesperadamente apretando el agarre en el cuerpo de la muchacha, casi teniendo miedo de que la chica desapareciese, pero no lo hizo. Ella le correspondió el abrazo con mucha ternura, acunando en sus gráciles brazos a Lee. El cuerpo del chico se sentía desfallecer, cayendo lentamente al suelo en un lento recorrido al que arrastró también a la muchacha. Lee se refugió en el espacio del cuello de la que una vez había sido su novia, sintiendo que los hombros de ella se movían a causa de la emoción y de su propio llanto. Tras un rato, Lee se separó despacio, pero sin soltar su mano, intentando secar sus escurridizas lágrimas. Ella hizo también lo propio, pero diferente.

    —N-no… aún no puedo creer que estés aquí, y…

    Lee intentó pronunciar el nombre de la chica, pero no pudo. El joven experto en Taijutsu sentía que el nombre de ella moría en su garganta. Había pasado mucho tiempo, pero el dolor seguía ahí. Había sufrido tanto su pérdida, aún ahora sabía que no era capaz pronunciar su nombre aunque pensase constantemente en ella. Lee bajó la mirada avergonzado, pero sintió que ella le tomó suavemente de la barbilla haciendo que sus miradas se encontrasen.

    —Está bien, Rokku. Todo está bien, no te preocupes. —dijo la chica de cabello castaño con una suave sonrisa en el rostro.

    Al escucharla, Lee sintió que las ganas de llorar volvían a sus ojos y su garganta, pero se contuvo. Apretó ligeramente su mano a la de ella, tratando de concentrarse en el suave tacto de su piel. Con voz temblorosa, Lee sintió la imperiosa necesidad de decir muchas cosas, pero tenía una pregunta importante que hacer.

    —E-entonces, si estás aquí, ¿quiere decir que estoy… muerto?

    La expresión de la muchacha se volvió extrañamente neutral y giró un poco la cabeza como tratando de entender la pregunta de Lee. Éste vio que ella cerró los ojos, suspiró ligeramente y correspondió las caricias que le estaba dando en la palma de la mano.

    —Oh, Rokku, no. No estás muerto, pero… tampoco estás en buenas condiciones. —dijo la chica con un ligero tono de tristeza en su voz. —Me temo que ahora mismo estás en un coma profundo. Desconozco qué efectos puede tener más adelante.

    Las palabras de la chica hicieron que Lee mirase el infinito de aquel lugar y lanzó un largo y profundo suspiro. Se sentía perplejo porque, si él no estaba muerto, ¿por qué estaba junto con ella ahora mismo? Se sentía completamente perdido.

    —Pero, parece que, poco a poco, tu actividad neuronal y tu estado cognitivo están volviendo a niveles normales. Es probable que salgas del coma en menos tiempo de lo que crees. —continuó la chica fijándose en los relámpagos que surcaban el firmamento del lugar al ver la expresión confundida de Lee.

    El chico de cabello negro volvió a mirarla directamente a los ojos. Sentía que su cara estaba transformándose en una expresión aún más confundida. ¿Actividad neuronal? ¿Estado cognitivo? Hacía mucho tiempo que no escuchaba ese tipo de términos complejos y se le hizo muy raro. Lee no era un chico tonto, era muy resuelto e inteligente, pero incluso para él este tipo de terminología se le atascaba. Rock Lee vio como la chica se llevó una mano a la boca tratando de contener una pequeña risa inocente. Este acto le confundió aún más.

    —Oh, vamos, ¿de qué te ríes? —preguntó Lee sintiendo que un leve rubor cruzaba su rostro.

    Esto hizo que la muchacha se riese un poco más fuerte mientras Lee, más avergonzado aún, exigía cómica y azoradamente que parase. 

    —Ja, ja, ja, lo siento. Es que no me esperaba que nuestro encuentro volviese a ser así. Con esa cara tan graciosa que has puesto, Rokku.

    Pese a que parecía que el regocijo de la chica había llegado a su fin, Lee seguía sintiéndose vergonzoso. No podía decirle el motivo por el que había hecho esa expresión. Eso sólo le daría la oportunidad de reírse nuevamente. Era algo que conocía bien de ella.

    —Sabes… me alegro de haber visto tu sonrisa. Pensé que… no la vería de nuevo nunca jamás…

    Ante las repentinas palabras del chico, el rostro de la muchacha se transformó en una expresión donde la tristeza hizo su hogar. Ante esto, Lee se quedó en silencio, también con la cara apenada.

    —Yo… tampoco creía que te vería de nuevo. Ha pasado… mucho tiempo, ¿verdad? —dijo la chica de cabello castaño intentando liberarse de su aflicción. —¿Cuánto ha sido? ¿Dos años?

    Lee afirmó con la cabeza en silencio. En algo menos de cuatro meses, se cumpliría el segundo aniversario del fallecimiento de su novia, quien estaba delante de él, y de los padres de ella. El recuerdo repentino de aquel día hizo que Lee sintiese un pinchazo fuerte y doliente en el corazón.

    —Fiu, dos años, ¿eh? Si que ha pasado el tiempo… —formuló la chica acercándose más a Lee y sentándose a su lado con la piernas cruzadas. —Dime, Rokku, ¿qué has estado haciendo en este tiempo?

    Al escuchar esa petición, Lee se quedó mirando un instante que le pareció eterno el rostro de su antigua novia. Los ojos de ella destilaban aquella curiosidad natural que formaba parte de su personalidad. Podía ver en los orbes verdes avellana las hojas que cubrían los árboles de Konoha. Podía ver sus súplicas, su interés, su amor por saber de él. Podía ver… todo.

    —No sé por dónde empezar exactamente. Creo que… podría interesarte saber que…

    Lanzando un suave suspiro, la chica miró atenta a Lee, quien comenzaba a aumentar su sonrisa mientras hablaba y trataba de situarse en el pasado con un poco de apuro. Él le habló de sus experiencias como Genin durante los dos últimos años, le habló del estado de sus padres y de cómo la echaban de menos, le habló de Neji, Tenten y Gai-sensei. Por supuesto, también le habló de todos los compañeros que había hecho en este tiempo. Lee observaba con deleite como la sonrisa de ella se hacía cada vez más grande y bella cuando hablaba de los nueve Genin que ahora se habían convertido en sus camaradas y amigos.

    —Y, aunque no lo creas, Naruto-kun y tú sois bastante parecidos. Ambos tenéis algo similar y os gusta hacer bromas. Aunque… él ha acabado en el calabozo por ello, pero creo que tú tampoco te quedabas corta. Ah, y…

    —Rokku…

    La mención de su nombre hizo parar su relato. Lee observó que la expresión de la muchacha se había vuelto seria y afligida repentinamente. Era algo que quería evitar que ella mostrase. De hecho, había omitido las malas experiencias que él mismo había tenido últimamente como el ataque de la ilusión, de los ninjas de Suna, la Invasión de Konoha, la aparición de Toshikomi y la tortura a la que fue sometido hacía poco. No obstante, por algún motivo que desconocía, ella mostraba un taciturno halo de aflicción.

    —Rokku, tú… ¿eres feliz? Quiero decir, ¿estás satisfecho con ser un Shinobi de Konoha ahora?

    La pregunta cayó de sorpresa a Lee quien no pudo evitar poner una expresión extraña en su rostro.

    —Bueno, creo que sí. Cómo te has podido imaginar, tengo a mis compañeros y amigos. También a mis maestros. Me siento siempre acompañado por ellos. —dijo Lee tratando de responder a la pregunta de la chica. —De hecho, si no hubiese sido por Neji, Tenten y, sobre todo, Gai-sensei, creo que no hubiese podido seguir adelante sin ti…

    Mirando de reojo, Lee pudo ver que la respuesta no satisfizo a su antigua novia, quien miraba al suelo del lugar mientras apretaba sus manos ligeramente entre sí como en un intento de decir algo que le costaba expresar.

    —Rokku.

    —Dime.

    —Creo… creo que debes olvidarte de mí. —expresó la chica de cabello castaño con dificultad. —Sí, debes olvidarte de mí para siempre.

    Las palabras de la muchacha pillaron tan de sorpresa a Lee que se quedó con la boca abierta completamente.

    — Yo lo sé. Mi recuerdo aún te lastra. Tienes… que seguir adelante, Rokku. Sin mí y…

    —¡¿Qué estás diciendo?! ¡No puedo hacer eso! ¡Eres muy importante para mí! —exclamó repentinamente Lee con seriedad e indignación.— ¡No puedo y no quiero hacerlo! ¡No puedo ser sin ti!

    El grito de Lee exaltó a la chica quien, lejos de mostrarse asustada, expresó preocupación y molestia con el ceño fruncido.

    —Rokku, por favor. No digas disparates. ¿Cómo puedes salir adelante si sigues pensando en mí así como lo haces? No has vuelto a salir con ninguna chica desde hace dos años, ¿verdad? Y el único momento en el que intentaste algo fue con la amiga que me acabas de mencionar. Sakura, ¿cierto?

    Lee bajó la mirada a sus pies mientras un nuevo resplandor procedente de los relámpagos azulados pasaba por encima de ellos. Se sentía mal porque se le había escapado que declaró, hace no mucho tiempo, su amor eterno a Haruno Sakura sin apenas conocerla. El recuerdo estaba caliente en su mente y le daba vergüenza.

    —Sakura-san me rechazó. Te lo he dicho, ¿no? Ella piensa que soy un bicho raro. Bueno, lo pensaba, hasta que la salvé en aquella misión que te he contado… —dijo Lee con un mohín recordando a la muchacha lo que le acababa de contar en su experiencia con sus amigos. —Ella está enamorada de otro…

    Lee sintió como su antigua novia puso su mano en la suya y la levantó para ponerla en su mejilla. El chico de cabello negro se quedó quieto. Aunque en un principio se molestó por lo que ella le acababa de sugerir, notó que lentamente su enfado se calmaba y no apartó su mano. Vio que ella tenía los ojos cerrados y parecía que le gustaba sentir el tacto de su palma áspera.

    —Rokku, por favor, promételo. Prométeme que me olvidarás. Prométeme que conocerás a una chica, saldrás con ella, te casarás y tendrás hijos. —dijo la muchacha en una voz temblorosa apoyando su otra mano en el pecho de Lee. —Prométeme que crecerás, te harás viejo y morirás de anciano. Por favor, promételo, Rokku.

    Lee tuvo un nuevo pinchazo en su pecho al ver que los ojos de ella, ahora semiabiertos, parecían estar llenos de lágrimas. Odiaba verla tan triste, tan desolada. Odiaba que ya no estuviesen juntos, que la muerte hubiese hecho de las suyas. Desde que comenzaron a salir, Lee creyó que ambos estarían siempre juntos. Amándose para siempre. Que serían ellos los que se casarían, tendrían hijos y envejecerían juntos hasta el final de sus días. Pero no. La vida parecía que tenía planes diferentes para los dos.

    —Escucha. Puedo prometerte que me casaré y tendré hijos con otra persona, pero no puedo prometerte que te olvidaré. — decretó Lee con suavidad y firmeza en su voz a la vez que la acariciaba con el pulgar de su mano la mejilla. —Es más, la chica que quiera casarse conmigo tendrá que aceptar que te sigo amando y que siempre te amaré. Es la condición que le pondré para estar juntos.

    Tras parpadear rápidamente unos instantes, la muchacha de cabello castaño soltó una carcajada tras escuchar el inesperado arrebato de amor de Lee. El joven pudo ver que ella negaba la cabeza en incredulidad.

    —¡En verdad, no puedo vencerte, Rokku! ¡Desde luego sabes que decir para que una chica se sienta atraída! —dijo la joven chica con una sonrisa amplia y divertida mientras movía sus finas cejas. —Seguro que estas cosas se las dices a todas.

    —¡Claro que no! —respondió Lee con vergüenza y los carrillos tintados.

    Al momento, ambos jóvenes notaron que el resplandor de aquellos relámpagos azul eléctrico se comenzó a volver más intenso. Lee vio que la chica se levantó despacio y en silencio mientras no dejaba de mirar la parte superior e infinita de aquel lugar.

    —No va a durar mucho, Rokku… —dijo la joven de una manera que Lee sintió críptica. —Ha llegado el momento de despedirnos…

    Lee notó que el corazón se hundió en su pecho y el aliento quedó aguantado en su garganta. No quería hacerlo, no quería despedirse de ella. No quería que todo esto terminase. Ahora que estaban juntos, aunque fuese en el estado comatoso de él, era más que suficiente. Lee sabía que no podía despedirse de ella. Al momento, el chico de cabello negro sintió el cálido toque del abrazo del cuerpo de ella, un abrazo que correspondió lleno de amor, de que fuese el más largo que fuese a dar nunca.

    —Rokku, si piensas en mí, sólo recuerda que te amo. Siempre te he amado y siempre te amaré. Eres el único que hubo en mi vida.

    Lee percibió que las lágrimas volvían a caer por sus mejillas ante la confesión de la joven de ojos verdes. El chico se acercó a la frente de ella y le dio un tierno beso mientras la joven se apoyaba en su pecho escuchando su corazón.

    —Siempre. Lo prometo. Recuerda, aunque sólo sea este instante, que eres la única también para mí. —dijo Lee abrazándola con fuerza.

    El joven experto en Taijutsu pudo ver que las lágrimas también caían de los ojos de ella. Al mismo tiempo, observaba que el cuerpo de la muchacha se iba volviendo cada vez más cristalino y etéreo.

    —Adiós, Rokku. Te amo…

    —Yo también te amo, Ya…

    Antes de que pudiese pronunciar su nombre, el cuerpo de la chica se había convertido en aire y Lee se quedó completamente sólo. La expresión de su rostro se tornó en una mueca llena de dolor y puso su mano en el pecho tratando de sujetar aquella emoción que le atravesaba con tristeza. Poco duró ese momento, pues Lee sintió que comenzaba a escuchar voces en la distancia, voces que se iban volviendo cada vez más cercanas y más sonoras. Al mismo tiempo, observó que las luces se fueron haciendo más claras y potentes y, en un instante, le llenaron de un resplandor tan fuerte que tuvo que taparse la cara para evitar dañar sus ojos.

    En un momento, sus oídos se destaparon y abrió los ojos repentinamente. Vio el techo de una habitación y comenzó a toser con violencia, dando signos de náuseas, sintiendo que se ahogaba. Trató de levantar sus brazos para quitar aquello que le obstruía, pero los miembros superiores le dolían ferozmente. Rápidamente, vio que a su lado aparecían dos figuras familiares: su maestro Maito Gai y su amiga y compañera kunoichi Yamanaka Ino. Ambos estaban tratando de tranquilizarle y de evitar que se quitara los tubos de la boca de cuajo.

    —¡Lee, tranquilo, muchacho! ¡Ya está todo bien, chico! ¡Respira por la nariz, tú sólo respira por la nariz!

    —¡Voy a ir a buscar inmediatamente a los enfermeros, Gai-sensei!

    Lee escuchó que Ino salió por la puerta y miró con los ojos muy abiertos que se encontraba en una cama hospitalaria. Allí ya no estaba ella, había desaparecido de verdad. Su despedida había sido cierta. Ante esta realidad, Lee no pudo evitar soltar varios quejidos y comenzar a llorar lastimosamente.

    —Ya está, Lee. Todo ha terminado. Ya estás de vuelta con nosotros.

    Las palabras de su maestro no hicieron más que aumentar la frecuencia y el tono de los llantos, y las lágrimas evidenciaron, en secreto, el dolor y la pérdida que Rock Lee había experimentado por su amada una vez más.

    El sonido de la madera y el metal resonaba con repiqueteo insistente y con fuerza. Konoha despertaba esa mañana con sonidos procedentes de la reconstrucción una vez más. Ahora mismo, el eco de las herramientas de construcción sonaba con mucho estruendo en la zona residencial del clan Shimura. En una de las casas más acomodadas e imponentes, se podía ver a través de la ventana a Shimura Danzô. Actualmente, éste se encontraba en arresto domiciliario en su propio hogar.

    El anciano observaba a los obreros que terminaban de reconstruir una de las casas de su clan. Su rostro mostraba una seriedad inimaginable y un ceño muy pronunciado. El sólo pensamiento de su situación actual hacía que los nervios se le enervasen, haciéndole sentir una ira caliente patente en la frente y en el pecho.

    —Maldito Orochimaru. Nada de lo que me prometió se ha cumplido. —dijo un furioso Danzô entre dientes mientras apretaba la empuñadura de su bastón con fuerza. —Se suponía que teníamos que cumplir cada uno nuestra parte del trato.

    El septuagenario estaba furioso. En la alta cúpula militar de Konoha, se sabía que Orochimaru y él habían trabajado colaborativamente en el pasado, pero se desconocían exactamente sus intenciones. Ambos hombres, sin embargo, se investigaron en el pasado mutuamente y descubrieron que sus objetivos habían coincidido en varias ocasiones y, cuando supieron de sus intereses, aprovecharon para unirse y cumplirlos. Años atrás, Danzô había solicitado a Orochimaru ser parte del grupo Raíz, el cual comandaba en secreto, haciendo trabajos en las sombras para él, cuando Sandaime Hokage le dio permiso para ser ANBU. Por otro lado, Orochimaru había conseguido un privilegio especial en los últimos años que vivió en Konoha en el que podía realizar sus experimentos ilegales e inmorales, gracias a la influencia de Danzô. Su colaboración mutua les había permitido hasta ahora tender un puente para conseguir su objetivo máximo: obtener el poder.

    Danzô sonrió al pensar en esa palabra. Poder. Sólo escucharla hacía que le recorriera un escalofrío por la espalda, hasta el punto que lo sentía más placentero y lujurioso que cuando se follaba a una esclava sexual. Sin embargo, la sonrisa se desvaneció rápidamente de su cara, pensando nuevamente en el problema que le atañaba: su arresto domiciliario y la pérdida de sus privilegios sociales, políticos y económicos durante un período de tres años. Todo ello decretado por la nueva Godaime Hokage: Tsunade.

    —Ese hijo de puta de Orochimaru. Si sólo se hubiese encargado también de Tsunade y la hubiese matado, sólo hubiese sido necesario postularme en Kyokaen como Candidato Hokage. —siseó Danzô con insidia al recordar la información que acababa de recibir. —Ese estúpido y pusilánime de Madoka Akira me hubiese dado el poder sin problemas sobre Konoha.

    El plan acordado que le propuso Orochimaru de derrocar a Sandaime Hokage para obtener el poder en Konoha era muy sencillo. Simplemente hacerle salir de la aldea, llevarle a otro lugar y matarle con la guardia baja lejos de la mayoría de las tropas de Konoha. Danzô incluso supo que Orochimaru había conseguido más milicia al obtener su propia Aldea Shinobi tras llenar la cabeza de tonterías al Daimyô de los Arrozales. Sin embargo, no eran muchos los shinobi que formaban parte de Otogakure, así que Danzô le sugirió aliarse con Rasa, el Kazekage de Suna, en las sombras por las desavenencias políticas internas entre el Daimyô Kazetani y su propia aldea.

    Tras el asalto y la invasión, no le fue muy difícil ser elegido para el poder imponiendo su propio gobierno provisional. Sus compañeros del Consejo de Konoha, Homura y Koharu, nunca vieron mal que fuese el encargado administrativo mientras se buscaba y elegía a un nuevo Hokage. Después de todo, era el miembro del Consejo de Konoha con más experiencia en batalla real y en redacción y creación de reglamentos políticos y administrativos. Durante ese tiempo, pensó que si actuaba de manera inteligente, le elegirían como el más adecuado para el puesto de Hokage. ¡Cuál fue su sorpresa cuando supo que el Sannin Jiraiya había regresado a Konoha tras un largo retiro de años en su búsqueda de Orochimaru!

    Para su desgracia, bien se sabía que Jiraiya era una persona que gozaba del gusto de Madoka Akira y le eligió como Candidato Hokage. Ante la negativa del Gama-sennin, éste propuso ir en búsqueda, como alternativa para gobernar a la Aldea Shinobi, de la mítica ninja médico Tsunade, la nieta del Shodai Hokage, sobrina de Nidaime Hokage y alumna del Sandaime Hokage. No podía competir contra ella en influencia.

    Es por eso que Danzô contactó con Orochimaru advirtiéndole, para que la asesinara cuanto antes, pero fracasó en su intento, ya que el imbécil de Jiraiya y el niñato del Jinchûriki del Kyûbi, a quien el primero se había llevado a escondidas y sin el permiso directo de Danzô, se habían inmiscuido en sus planes. Ahora con la vuelta de Tsunade, y sabedora de sus actuaciones durante el gobierno provisional, había decretado su enclaustramiento como medio correctivo.

    “La muy cabrona me conoce bien. Ella me quería meter en prisión y dejarme pudrir allí, pero me pude librar por mi edad. Algo bueno tiene el que le tachen a uno de vejestorio.” pensó Danzô con cierta sonrisa de triunfo.

    —¿Sabes qué es lo que más me jode de todo esto, eh? —preguntó Danzô en voz alta. —Lo que más me jode es que no hayáis podido conseguir ningún maldito niño o joven durante las primeras 48 horas de la fase de rescate.

    En una de las esquinas opuestas de la habitación, una pequeña figura permanecía arrodillada sobre una pierna mientras hacía una reverencia. Su máscara tenía un patrón de líneas rojas a ambos lados del rostro.

    —Siento muchísimo nuestra actuación, Danzô-sama. —comenzó diciendo el joven enmascarado con neutralidad brutal en su voz. —Los grupos de rastreo y rescate fueron rápidamente establecidos. En todos los lugares a los que fuimos a buscar, ya había presente alguna persona, civil o militar.

    Danzô lanzó un sonido fuerte de aire por la nariz como una queja profunda. No estaba satisfecho con la respuesta de su subordinado.

    —De todos los lugares, el caso de la Escuela Civil de Konoha es el que más me molesta. Tu caso designado. Ahí hay tantos niños como podemos conseguir y ese imbécil de Kanpu actuó sabiendo que podía suceder algo así posteriormente a la invasión. —declaró entre dientes el anciano sin dejar de mirar por la ventana. —Ese idiota no tendría que haber estado presente en aquella conversación en el Orfanato. Al menos ahora ya está muerto.

    La mente de Danzô evocó el momento en el que conoció personalmente al ya difunto Director de la Escuela Civil. Anteriormente, Kanpu había trabajado como cuidador del Orfanato de Konoha, una institución situada en las afueras del núcleo central urbano de la Aldea Shinobi, más concretamente en un bosque alejado que cubría la parte superior del Monumento Hokage. El individuo había estado escuchando a hurtadillas una conversación entre la entonces Directora del Orfanato, Yakushi Nônô, y el grupo que comandaba él en aquel momento. Después, Kanpu se inmiscuyó en la conversación ante sus amenazas de cortar el grifo financiero al Orfanato si no le proporcionaban niños para Raíz. Con pocas palabras, Danzô pudo ser testigo de cómo el envalentonado hombre callaba con temor, desagrado y respeto, gracias a que la jefa del Orfanato dio su visto bueno. Tiempo después, Danzô supo que Kanpu había sido designado por Sandaime para ser el Director de la Escuela Civil de Konoha, donde se dedicaba a cuidar con tesón y esmero la educación de los niños civiles.

    “Puede que Kanpu investigase nuestras actividades después de su experiencia en el Orfanato. Es posible que descubriese que, durante las catástrofes, Raíz ha capturado y secuestrado a quienes ha considerado adecuados para las necesidades de la organización… y también para las necesidades de Orochimaru.” pensó fríamente al ver que poco a poco los obreros estaban terminando de construir el tejado de la casa del líder del Clan Shimura. “Seguro que se llevó a los niños de cierta manera para evitar que los secuestraran, ¿pero cómo lo hizo si la Escuela Civil era uno de los puntos calientes a atacar por los Shinobi extranjeros?”

    Los largos períodos de pensamientos de Danzô no perturbaron ni extrañaron al joven miembro de Raíz. Sabía que su líder era un hombre silencioso cuando planeaba y pensaba en las estrategias debidas para las diferentes ocasiones. Él, por su parte, se mantenía en silencio, sin sentir ni padecer nada.

    —Siento nuevamente mi actuación, Danzô-sama. Los herederos de los clanes Yamanaka, Nara y Akimichi estaban allí y me cercioré de que sólo habían quedado los dos maestros y el Director de la Escuela Civi. —dijo el chico de piel ceniza agachando de nuevo la cabeza. —Aún así, me disculpo por todos los miembros de Raíz por el hecho de no haber cumplido con sus expectativas, Danzô-sama.

    El anciano salió de sus pensamientos al escuchar el final de la frase del joven miembro de Raíz. Se giró y le miró neutralmente suspirando con cierta resignación.

    —Ahora mismo nada de eso importa ya. Ahora lo que importa es establecer el nuevo plan para obtener la conquista de Konoha desde su interior. —decretó Danzô con firmeza en el tono de su voz. —Está claro que con fuerzas externas no se ha conseguido nada y Konoha es muy poderosa por sí misma. Demasiado poderosa.

    Danzô andó hasta quedar enfrente del joven adolescente de Raíz. Le ordenó que levantase el rostro para mirarle.

    —Durante estos tres años, Raíz va a tener que sumirse aún más en las sombras. Durante mi encierro, quiero que todos los operativos recopilen la mayor cantidad de información sobre los casos abiertos, especialmente con el último referido a Orochimaru. Quiero que informes a todos los miembros de la organización inmediatamente. La próxima visita es en un mes y quiero resultados sin falta.

    El chico de Raíz hizo una reverencia afirmando en silencio y desapareció tras la tiránica orden de su líder. En ese momento, Danzô se quedó sólo. El anciano sabía que iba a tener mucho tiempo para preparar su estrategia de contraataque y podría adecuarla para desbancar con precisión a Tsunade o a cualquier otro individuo que se pusiese en su camino.

    —Um, la verdad es que aún me pregunto quién es ese tipo que también se ha aliado con Orochimaru, ese Toshikomi… —se preguntó Danzô en voz alta tras haber dado la orden a su subordinado de saber más sobre él.

    Durante su gobierno provisional, había conocido ese nombre gracias al arresto, investigación y uso de la tortura por parte de Morino Ibiki a los miembros de un grupo de Genin ordinarios que llevaba Maito Gai. Por desgracia, y aunque insistió al líder de la División de Inteligencia que se ensañara contundentemente para saber más, apenas había salido nada de información del chico que había entrado en contacto con el misterioso hombre. Eso le dejó con muchas dudas.

    —No importa. Pronto sabré más. Al fin y al cabo, a Raíz no se le escapa nada. Somos los verdaderos Shinobi entre las sombras.

    Las ominosas palabras de Danzô resonaron suavemente en la habitación cerrada. El maquiavélico anciano hizo la nota mental de recordar para la próxima reunión con su subordinado de dar la orden de agendar la siguiente reunión con Orochimaru.

    Hyûga Hinata estaba enfrente a un surtidor de agua llenando dos vasos de plástico. La chica de ojos blancos miraba pacientemente como el líquido llegaba al borde del segundo recipiente para después retirarlo de su posición. Una vez hubo terminado, Hinata se encaminó por un pequeño pasillo para dirigirse a la habitación de la UMN cercana a la sala de espera. Al llegar, abrió despacio la puerta entreabierta con la cadera intentando que no se derramara el líquido de los recipientes. Pronto pudo escuchar muchas voces que había dentro de la habitación. Se estaba terminando la conversación de cómo Sasuke también se encontraba en una habitación del mismo área de la UMN y que había podido salir del estado de inconsciencia que su hermano Uchiha Itachi le había producido debido a un fuerte ataque.

    Hinata escuchó cómo el ambiente se había vuelto ligero y el jolgorio regresó fuertemente al recordar que Lee estaba despierto. En la pequeña sala estaban todos sus compañeros y amigos: los miembros del Equipo Asuma, su propio equipo al completo, Sakura y Naruto del Equipo Kakashi, Neji y Tenten. Todos estaban distribuidos alrededor de la cama, custodiando y charlando animadamente con Rock Lee, quien se encontraba en un estado lúcido e increíblemente bien para el poco tiempo que llevaba de convalecencia. 

    El chico del Equipo Gai había sido trasladado esa misma mañana a una habitación en planta tras haberle quitado todo el instrumental y soporte que le mantenía con vida durante el coma. Había podido comer algo, hablaba con normalidad y se incorporaba en la cama para charlar. Al ver a Lee participar en las conversaciones sin apenas dificultad, Hinata no pudo evitar sonreír suavemente con sus labios.

    —¡Ah, Hinata, ya estás de vuelta! —dijo en una exclamación su compañero de equipo Kiba haciendo salir de sus pensamientos a la chica de ojos blancos.

    La mencionada afirmó en silencio con la cabeza y se acercó a Tenten quien aún estaba terminando de secarse unas lágrimas que caían por su rostro. Hinata alargó el brazo y le ofreció uno de los vasos de agua.

    —Toma, Tenten-san. Ayudará a calmarte. —dijo la chica de ojos blancos con una sonrisa reconfortante.

    Tenten asintió y agradeció la bebida llevándola a los labios despacio. La chica de cabello recogido sentía que había estado llorando demasiado desde que vio que su compañero Rock Lee había despertado.

    —Uf, creo que ya me siento mejor. —dijo Tenten con la nariz algo tapada.

    —Ja, ja, ja, hay que ver lo que has estado llorando. Me sorprende lo roja que se te pone la nariz, Tenten. —exclamó Naruto divertido dirigiéndose a su senpai.

    Tenten dirigió una mirada de incredulidad al chico Uzumaki con los ojos muy abiertos. Hacía cinco días que le habían dado el alta en la UMN, pero no había faltado en visitar a Lee ninguno de ellos. De hecho, Tenten había salido corriendo de su propia rehabilitación en cuanto Ino le fue a avisar que Lee había sido llevado a una habitación normal de planta y que estaba completamente despierto. La chica de cabello recogido recordó que entró a trompicones, obviando que Neji la seguía corriendo, jadeando por la carrera, sin reparar que todos sus amigos y compañeros ninja estaban presentes. Cuando vio que Lee sonreía suavemente mientras los rayos de sol del mediodía entraban por la ventana de la habitación, no pudo evitar llorar a la vez que balbuceaba exabruptos contra el chico. Ella sabía que no era lo más adecuado en esa situación, pero no pudo evitarlo. Al fin y al cabo, Lee era casi como un hermano para ella y su ausencia y el daño que había sufrido le había hecho sentir completamente inútil. 

    Es por eso que las palabras de Naruto la exasperaron, pero la sonrisa del chico de cabello rubio mostró su naturaleza bromista, y eso sosegó a Tenten.

    —¡Dios, Naruto, tú estarías igual si hubieses estado en la misma posición que yo! —exclamó Tenten fingiendo indignación. —¡A ti se te hubiese hinchado toda la cara de tanto llorar, tonto!

    —¡¿Qué dices?! —gritó Naruto avergonzado, pero tratando de seguirle el juego para relajarla.

    Las risas resonaron en la pequeña habitación llena de adolescentes. Lee también reía con sus compañeros hasta que un repentino y agudo pinchazo en el costado le hizo dar un respingo de dolor. Todos pararon de inmediato de reír y Neji se acercó a sujetar por la espalda a su compañero a la vez que observaba su expresión fruncida.

    —¡Lee! ¡¿Estás bien?! —preguntó ligeramente alterado Neji. —¡¿Quieres que llame a un enfermero?!

    El chico de cabellos negros negó con la cabeza sintiendo que algo de sudor se acumulaba en su frente. Una mueca furtiva y dolida apareció en sus labios. Desde luego, podía sentir y sabía que no estaba del todo recuperado. Lee aún recordaba cómo estaba rodeado de cables en la cama al momento de despertar, podía todavía notar el pinchazo de las agujas, los tubos por sus orificios, el escozor en sus pulmones y garganta. No quería pensar demasiado en ello, era lo mejor.

    Por otro lado, el resto de compañeros estaban bastante sorprendidos con la actitud de Neji. El joven de ojos blancos había manifestado en el pasado, la mayoría de veces, un aparente pasotismo y un muro de frialdad respecto a Tenten y, sobre todo, hacia Lee. Verle ir al rescate de su compañero ante esta situación era una escena jamás pensada por los jóvenes Genin. El cambio de actitud de Neji hacia el chico de cabellos negros estaba siendo visto como un hecho de buena acogida por el grupo.

    —No te preocupes, Neji. Es normal que aún le moleste. La enfermera dijo que el costado tardaría en recuperarse una semana. Al fin y al cabo, tuvieron que perforarle de urgencia un poco el pulmón para extraer líquido acumulado hace dos días, ¿no, Shikamaru?—dijo Ino dirigiéndose en voz alta a su compañero de equipo.

    —Sí, el día que me tocó vigilarte tuviste un episodio broncopulmonar, Lee. Me pusiste bastante nervioso. —se quejó Shikamaru quien se rascaba la nuca mientras permanecía sentado en una silla. —Joder, pensé que la palmabas en ese mismo momento, tío.

    Lee escuchó mientras recuperaba el aliento que Shikamaru fue testigo de cómo se estaba ahogando en su propia saliva, afectando a sus bronquios. Lee abrió ligeramente los ojos y sonrió a través del dolor.

    —Ja, ja, ja, perdona, Shikamaru…. Tuvo que ser muy estresante para ti. —dijo el chico de cabello negro algo avergonzado.

    —Ah, Lee, tú no debes disculparte de nada. El vago éste ha estado escaqueándose de regresar a casa desde que su padre volvió a Konoha desde Kyokaen. —respondió Ino con sorna mirando molesta a Shikamaru de reojo. —Él sólo quería tranquilidad y pidió vigilarte ese día cuando, en realidad, le tocaba a Shino. Así que le has dado un poco de alegría para que se active.

    Shikamaru se echó atrás en la silla dejándola en dos patas y quedando sus pies apoyados en la pared.

    —¡Joder, no es culpa mía que mi padre aceptase esa orden del Daimyô del Fuego! ¡Dios! —se quejó Shikamaru mirando hacia la ventana con los brazos cruzados sobre sí mismo. —Ahora tengo que compartir mi casa con esa chica, Temari y…

    —¡¿Eh?! ¡¿Cómo que Temari?! —preguntó un exaltado y extrañado Lee mirando a Shikamaru.

    —¡Oh, cierto, tú aún no lo sabes! Verás, resulta que uno de los puntos del nuevo tratado de paz entre Konoha y Suna es tener a la hija mayor de Yondaime Kazekage como prisionera política aquí en la aldea. —explicó Ino con una risotada. —¡Y le toca a Shikamaru vigilarla 24/7, ja, ja, ja!

    —Sí, resulta que Shikamaru, al ser hijo del Jônin Hanchô de Konoha, tiene que ser una especie de guardaespaldas de ella durante su estancia. Se ha convertido en su responsabilidad para con el resto de miembros del clan Nara. —dijo Chôji llevándose una patata frita a la boca de su siempre fiel bolsa de snacks.

    Lee observó como Shikamaru lanzó un resoplido de fastidio sin querer esconderlo de nadie. El joven especialista en Taijutsu comenzó a pensar ensimismado, mirando la nada. Ya acababan de suceder varios eventos similares a los que había vivido en aquel Genjutsu, pero muchos estaba reviviendolos de manera diferente o eran, incluso, novedosos para él. La manera en que se desarrollo la invasión, el asesinato del Hokage, las negociaciones de paz, Temari siendo prisionera de guerra y viviendo en Konoha, su tortura o su encuentro con ella en aquel plano metafísico durante su estado comatoso. Las tres últimas jamás se habían producido. Todo estaba comenzando a volverse muy confuso de nuevo en la mente de Lee.

    —¡Eh, Lee! —exclamó Kiba haciéndole salir de sus pensamientos. —¿Te encuentras bien? ¿En serio que no quieres seguir el consejo de Neji y que llamemos a una enfermera?

    Lee levantó la cabeza negando despacio mientras su mirada seguía fija en el suelo, pensativa y dubitativa. No quería decir nada. Sentía que sus labios se mantenían cosidos entre sí cuando quería compartir aquello, aquella ilusión. Tenía miedo, mucho miedo. Por su mente todavía pesaba la tortura de la que había sido víctima. Todos los males que le habían ocurrido desde que despertó del Genjutsu estaban íntimamente relacionados con haber hablado sobre ella. 

    Si ya había sido víctima de una tortura porque le vincularon erróneamente con el enemigo, ¿cuál era el paso siguiente? Su mente le hizo entrar en un bucle de pensamientos nocivos que intentaba parar a duras penas.

    —E-estoy bien. Es sólo que… no, no importa…

    —¿Estabas pensando en lo que viste en el Genjutsu?

    —Aún te pesa en la cabeza, ¿verdad?

    Esas preguntas hicieron salir a Lee de su maraña de pensamientos completamente y vio que provenían de los labios de sus compañeros de equipo Neji y Tenten. Éstos tenían una mirada comprensiva, muy diferente a cuando les contó sobre ello la primera vez. Una mirada suave y dulce, algo similar a la de ella.

    —Eh, s-sí… —respondió Lee con algo de miedo sin mirar directamente a nadie. —Sí, estaba pensando en ello.

    La atención de todos los jóvenes Genin se centró en el críptico diálogo que había entre los tres miembros del Equipo Gai.

    —¿Genjutsu? ¿A qué os referís? —preguntó Kiba con curiosidad.

    —¿Y cómo que aún le pesa? ¿Qué significa eso? —continuó Shikamaru levantando una ceja como si se le hubiese pasado el aburrimiento propio de su personalidad.

    Ante las preguntas de sus amigos, Neji y Tenten miraron a Lee para buscar su aprobación. No podían seguir ocultándolo, era muy peligroso. El hecho mismo de intentar hacer las cosas por su cuenta les había llevado a esa situación, una situación en la que casi mueren dentro de las mismas cárceles de Konoha. 

    No obstante, había un problema. Los dos jóvenes intuían que Lee estaba muy asustado, sobre todo por sus expresiones corporales y sus balbuceos. No iba a ser fácil que Lee hablase, no al menos todo y en poco tiempo, pero era necesario que dijese al menos algo. En esta situación, compartir la información que ellos ya conocían con el resto de sus compañeros y amigos les podría ayudar a crear una mejor estrategia para luchar con lo que fuese que hubiese sido ese maldito Genjutsu y aquel tipo llamado Toshikomi.

    Lee miró a sus compañeros con algo de súplica, pero las sonrisas cálidas de ambos le hicieron sosegarse y dar un salto de fe y valor. El chico de cabello negro había estado aguantando un tiempo, creyendo que sólos podrían solucionar este misterio, pero no sólo no fue posible, sino que les metió en problemas aún mayores. ¡Incluso supo por boca de Kiba que el mismo Toshikomi sabía el nombre de algunos de sus compañeros como Neji, Hinata y Naruto! Algo muy malo estaba pasando y no iba a tolerar que sus compañeros pasasen por algo similar a lo que pasaron él y el resto de sus compañeros de equipo. Por amor y aprecio a sus amigos, Lee decidió hablar.

    —Veréis, chicos. El caso es que…

    Lee paró un momento y pensó. Lo mejor era contarles la primera parte de la historia. Les contó todo lo vivido en la ilusión durante la Invasión de Konoha como si hubiese sido un narrador omnisciente de un libro o una película. No obstante, quiso evitar algunos detalles paralelos como la misión oculta que pensaron entre él y sus compañeros del Equipo Gai con dirección a Suna y los pormenores de la misma para confirmar las sospechas de la invasión. 

    Todos estaban escuchándole con bastante atención. Algunos como Shikamaru y Shino fruncían el ceño, otros como Kiba o Chôji trataban de hablar, pero eran interrumpidos por Ino con un sonido entre dientes. Naruto y Sakura estaban completamente callados mientras que Hinata abría la boca lentamente cuando se sorprendía ante las declaraciones de Lee. En algunos momentos de la declaración del joven especialista en Taijutsu, los propios Neji y Tenten daban apoyo al chico de lo que ellos ya conocían, pese a que estaban sorprendidos, pues Lee no les había hablado de tantos detalles como estaba haciendo ahora.

    —Y… bueno, eso sería todo. Se supone que ahora Tsunade-sama estaría aquí, me operaría y… bueno… estaría ya mejor mi cuerpo.

    La habitación se quedó en completo silencio. Un silencio pesado que podía cortarse con el filo de un cuchillo. En cierto momento, tras la intervención, pareció que Ino quería comentar algo, pero decidió callarse, algo raro en ella.

    —Vaya, tenéis que reconocer que es un poco difícil de creer y de digerir. —dijo Shino rompiendo el silencio que se había instalado después de que Lee dejase de hablar.

    —Sí, lo sabemos. Tenten y yo tampoco nos lo creíamos cuando nos lo contó la primera vez, pero ya hemos comprobado que han sido varias las cosas que Lee ha acertado gracias a ese Genjutsu en el que fue metido. —explicó Neji cruzándose de brazos y apoyando su cuerpo en una de las paredes de la habitación.

    Murmullos se escucharon entre los jóvenes Genin ante las declaraciones de Neji. Shikamaru levantó la mano despacio pidiendo permiso para preguntar.

    —Entonces, eso que pasó con este tipo, ese tal Toshikomi, ¿está confirmado al 100% que tiene algo que ver con esa ilusión? —preguntó perspicazmente el chico del clan Nara. —Quiero decir, tú Neji, te pusiste muy nervioso cuando él sacó aquella jaula de pájaros debajo de su capa, y has señalado que el mismo Genjutsu mostraba que la cabeza de Lee se encontraba encerrada en un artilugio similar hecho de chakra.

    Neji cerró los ojos y suspiró lentamente por la nariz. El chico del clan Hyûga aún le daba vueltas a ese acontecimiento que le dejó completamente impactado.

    —No lo sé. Está claro que algo tiene que ver en este asunto, pero no sé qué motivación tiene para contra Lee ni la magnitud de sus actuaciones.

    —De hecho, a mí me preocupa aún más que Lee haya confirmado que Toshikomi se encontró con él en cierto momento de su regreso a Suna. —comentó Tenten uniendo su conversación con la de Neji. —Que le tocase en la cabeza y dijese cosas raras… Aunque no sé qué puede significar ahora mismo…

    Kiba echó para adelante su cuerpo mientras Akamaru intentaba no caerse de la cabeza de su amo. Su expresión facial mostraba un semblante extraño, frunciendo las cejas muy profundamente.

    —Y en todo esto, Gai-sensei no supo nada, ¿no? Tenéis que admitir que eso os hizo ser muy sospechosos, al menos tras la invasión de Konoha. No confiar en vuestro superior directo en circunstancias como estas os ha ocasionado problemas… —inquirió el chico del clan Inuzuka con cierto reproche.

    —¡Oh, Kiba! ¡Eso ya lo sabían de antes! ¡Ya explicaron que tuvieron un dilema! —exclamó Ino defendiendo a sus senpai de las palabras del chico del clan Inuzuka. —¡¿Acaso no te hubiese pasado lo mismo si hubieses estado en su misma situación?!

    Kiba se cruzó de brazos y mostró una sonrisa altanera a la heredera del clan Yamanaka.

    —¡Pues no! ¡Yo hubiese hablado con Kurenai-sensei sin dudar! ¡Mejor un día en el calabozo que nueve días en tortu…!

    Al escuchar el sonido de chistar de la boca de una azorada Ino, Kiba se dio cuenta que acababa de meter la pata. Se llevó una mano rápidamente a la boca como si tratase de agarrar las palabras que habían saltado por sus labios, más no era posible. Cuando el chico del clan Inuzuka evocó la estancia de los miembros del Equipo Gai en la División de Inteligencia de Konoha, pudo comprobar que las expresiones faciales de los tres se habían deprimido soberanamente.

    —Joder, mierda. Perdonad, chicos. Se… se me ha escapado. —dijo Kiba en un hilo de voz bajando la mirada al suelo.

    Al ver a su compungido compañero, Lee, quien había permanecido callado desde el final de su relato, negó con la cabeza suavemente.

    —No… te preocupes, Kiba. Al fin y al cabo, es cierto lo que dices. Es algo que… nos ha pasado y… habrá que mencionarlo… tarde o temprano… —respondió Lee mirando con tristeza a sus pies en la cama.

    Kiba afirmó en silencio agradeciendo que el chico de cabello negro perdonase su estupidez. El chico del clan Inuzuka maldijo en su interior su impetuosidad. Ya se lo habían hecho notar muchas personas entre ellas su madre y hermana, Akamaru, sus compañeros de equipo e incluso Kurenai-sensei. Esperaba que con esto su mente le recordase que debía controlarse para futuras circunstancias. Casi al instante, Naruto quien, sorpresivamente, se había quedado callado durante un buen rato, junto con Sakura, abrió la boca y levantó la mano efusivamente.

    —¡Oye, oye, Gejimayu! ¡Yo aún tengo una duda que no me ha quedado clara en todo esto! —exclamó el hiperactivo ninja.

    La atención de todos los presentes se posó en el chico de cabellos rubios. Entre ellos, Ino rió por la nariz ante la efusividad de su antiguo compañero de clase.

    —¿Por qué será que no me sorprende que no hayas entendido nada de lo que hemos estado hablando, eh, Naruto?

    —¡¿Eh?! ¡Claro que lo he entendido todo, Ino! ¡Pero hay algo que aún no sé exactamente qué tiene que ver en todo esto! —espetó Naruto en su típico tono de indignación.

    —¡Pues, venga! ¡Haz la pregunta de una vez, para que todos nos enteremos!

    Naruto suspiró por la nariz antes de mirar a los ojos de Lee con ingenua curiosidad. El chico de cabello negro le pareció que Naruto se tomó un instante para hablar, como tratando de pensar muy cuidadosamente en la pregunta.

    —O sea, entonces, ¿dices que pudiste prever la invasión de Konoha y es por eso que decidisteis iros a Suna a investigarla? —preguntó Naruto inocentemente. —Ya sabéis, por lo de los ninjas renegados y todo eso. Pero si ya sabías por parte de Gejimayu que Konoha iba a ser invadida, ¿qué sentido tenía que fueseis a corroborarlo?

    Las caras de los miembros del Equipo Gai se transformaron en un instante. Sus expresiones mostraron una extraña mezcla de sorpresa, terror, pero, sobre todo, decepción y dolor. 

    El resto de los presentes no sabían qué estaba pasando. ¿Cómo que investigar Suna? ¿Por su cuenta? ¿Qué significaba que debían corroborar la información? El Equipo Gai sólo había ido a Suna por una misión de rango C para buscar una cura o tratamiento para Rock Lee. Poco más pudieron pensar al respecto porque vieron patentemente como el rostro de Tenten se encendía terriblemente y su postura corporal se puso en posición de ataque contra Naruto.

    —¿Qué acabas de decir, Naruto? ¡¿QUÉ COÑO ACABAS DE DECIR?!

    Tenten se acercó rápidamente a Naruto y le agarró por el cuello de su chaqueta naranja sin dejar de lanzarle dagas por sus ojos. El chico Uzumaki se quedó completamente paralizado, sin apenas moverse.

    —¡¿Cómo sabes eso, eh?! ¡¿De dónde te has sacado esa información?! ¡Porque espero que de todos los lugares que existen te la hayas sacado del culo! —espetó Tenten llena de rabia apretando el aferramiento de la chaqueta.

    Naruto comenzó a balbucear ante la estupefacta mirada de todos los presentes. Nadie estaba entendiendo nada. Nadie entendía qué es exactamente lo malo que había dicho Naruto y qué era lo que tan nerviosa había puesto a Tenten. 

    —Y-yo… yo…

    —¡¿TÚ QUÉ?!

    —Yo… yo sólo pregunté porque… porque…

    Naruto estaba aterrado. Su mente había comenzado a entrar en estado de huida. Quería desaparecer, desaparecer de esa mirada violenta que portaba Tenten, de esa mirada que reflejaba enojo, dolor y sentimiento de haber sido traicionada. El apretón de su chaqueta se estaba volviendo cada vez más intenso y comenzaba a dolerle el cuello y a ahogarse. Se sentía completamente a merced de la chica.

    “Maldita sea. ¡Me he descubierto a mí mismo!” pensó el chico de cabello rubio al darse cuenta de que había revelado sin querer algo que ninguno de los miembros del Equipo Gai había expuesto.

    La mirada de Naruto se posó también en Neji y Lee quienes le observaban con resignación y dolor. Ellos también sabían que acababa de ocurrir. La tensión que Naruto estaba experimentando en ese momento era tan intensa que no lo pudo evitar. No pudo evitar hablar.

    —Se… se supone que… Sakura-chan… dijo que…

    Naruto notó como Tenten destensaba su agarre lentamente a la vez que vio cómo la furibunda mirada castaña de la chica se dirigió hacia una temerosa Sakura. El chico comenzó a toser al tiempo que Hinata fue a asistirle.

    —Tú… ¡FUISTE TÚ! ¡¿EH, SAKURA?!

    El alarido de Tenten se escuchó en toda la habitación. Sakura no pudo hacer otra cosa más que bajar la mirada. La figura imponente de Tenten se engrandecía a causa de la respiración agitada y la cara enrojecida.

    —Yo… no…

    —¡¿CÓMO LO HICISTE, EH?! ¡PORQUE NOS ESPIASTE, ¿VERDAD?!—gritó Tenten con ira exacerbada.

    Ante esta declaración, un fuerte respingo sonó en la habitación. Todos los Genin tenían la vista puesta en Sakura al mismo tiempo que trataban de aguantar la respiración, esperando no ser víctimas del enojo de la furibunda Tenten.

    Sakura, por su parte, no podía levantar la cabeza, evidenciando su culpabilidad. La chica de cabellos rosados se sentía traicionada por Naruto. Ellos dos, junto con Sasuke, habían acordado no decir nada sobre las conversaciones forzadas que tuvieron con el Consejo de Konoha. Acordaron que era lo mejor, para su propio bienestar social y para la recuperación psicológica del Equipo Gai, permanecer callados y no decir nada. 

    Sin embargo, Naruto la había cagado y ahora tenía en frente a Tenten quien estaba deseando darle una paliza allí mismo. No obstante, ahora había algo con más prioridad: tenía que tratar de calmar a Tenten, hacerla entrar en razón de alguna manera.

    —Yo… s-sólo vine a ver a Lee-san cuando ocurrió el ataque de los hermanos de Suna y… quise darle un ramo de flores para su recuperación y… bueno… yo… e… escuche algo de lo que habl-… —balbuceó Sakura débilmente. 

    —¡¿DESDE EL PUTO PRINCIPIO?! ¡JODER, SAKURA, JODER! —gritó nuevamente Tenten dejando a la chica de cabello rosado con la palabra en la boca. —¡NO PODÍAS ENTRAR Y HABLAR CON NOSOTROS, NOOOO! ¡TENÍAS QUE ESPIARNOS E IR A DECÍRSELO A LOS JEFAZOS, ¿EH?! ¡IR CONTRA NOSOTROS!

    Ante esta acusación, Sakura levantó la mirada con inmediatez, llena de perturbación y miedo. Tenten estaba malinterpretando todo lo que había pasado y sus palabras. Todo estaba resultando peor.

    —¡No! ¡No fue así! O sea, sí que escuché tras la puerta de la habitación, pero no era mi intención decir nada. ¡Juro que mi intención era callar! ¡Lo juro!

    —¡¿Y QUÉ ME IMPORTAN TUS INTENCIONES?! ¡ME DA IGUAL QUE NO QUISIERAS TRAICIONARNOS! ¡AL FINAL LO HAS HECHO! ¡NOS HAS VENDIDO! ¡¿Y PARA QUÉ?! ¡¿ES QUÉ ACASO TE PROMETIERON ALGO LOS JEFAZOS?!

    Sakura desvió la mirada hacia un lateral de la habitación. Quería desaparecer. Se sentía completamente culpable. Todo lo que estaba pasando no era lo que tenía planeado. Ella no quería acabar en prisión, no quería sufrir dentro de un calabozo, ni la tortura, como tampoco quiso que los miembros del Equipo Gai lo hubiesen sufrido. No obstante, Sakura se dio cuenta de que no importaba si sus intenciones habían sido buenas o no, al final lo que importaba eran los resultados. Y es que ella verdaderamente había traicionado al Equipo Gai, al igual que Naruto y Sasuke como cómplices.

    Entonces, Sakura sintió que Tenten la agarró del cuello de su traje color rojizo y observó que la estaba amenazando con el puño en alto, listo para golpearla en la cara. La chica del Equipo Kakashi sólo pudo cerrar los ojos, no podía defenderse sintiendo el gran peso de culpabilidad que la asolaba y la diferencia de fuerza con Tenten.

    —¡ERES UNA MALDITA TRAICIONERA Y UNA MALA PERSONA, SAKURA! ¡Y ESTO ES LO QUE TE MERE…!

    —¡YA BASTA, TENTEN!

    Un grito masculino cortó el alegato de Tenten y la chica aguantó el puño firmemente en el aire. Al dirigir su mirada a la voz que acababa de clamar, vio a Lee con una extraña mueca llena de dolor y miedo. El chico estaba agarrando con dificultad su costado nuevamente.

    —¡Por favor, Tenten, para! ¡Para, por favor! —exclamó Lee tratando de hacer calmar a Tenten.

    La aludida frunció su ceño aún más hasta el punto de que casi unía sus cejas en una molestia extrema.

    —¡¿Parar?! ¡¿Estás diciendo que pare después de todo lo que nos ha hecho esta zorra?! —espetó Tenten con ira. —¡Ella tiene suerte de que le haya dado una oportunidad de explicarse porque la hubiese hecho comerme el…!

    —¡Tenten! —gritó repentinamente Neji a su compañera de equipo. —¡Ya es suficiente!

    La chica de cabello recogido destensó el agarre de Sakura y se dirigió envalentonada hacia Neji con quien quedó a apenas dos palmos de él.

    —¡¿Pero de qué vas, eh?! ¡¿Es que crees que voy a hacerte caso en lo que me digas, imbécil?! —espetó Tenten al chico de ojos blancos haciendo dar un respingo a Hinata. —¡Me tendrías que apoyar en esto! ¡Ella es una puta traidora y nos ha hecho daño a los tres!

    La mirada de Neji era soberanamente severa y nadie de los presentes podía saber que estaba pensando exactamente. Sus puños y sus labios estaban muy apretados, pero vieron que rápidamente se destensaba para proceder a hablar.

    —Tienes razón. Sakura no obró adecuadamente, pero Lee te lo está pidiendo. Te está pidiendo que pares, Tenten.

    La chica dirigió su mirada a Lee y le vio aún más lleno de dolor y tristeza. Su agarre era más fuerte en el costado y comenzaba a costarle respirar. De repente, el corazón de Tenten dio un vuelco. ¿Es que acaso su arrebato le estaba dañando físicamente? La chica notó que todo el calor que sentía desapareció inmediatamente por una oleada de vergüenza, preocupación y compasión hacia Lee.

    —Lee, yo…

    —Está bien, Tenten. —comenzó diciendo el chico de cabellos negros. — Se que me estabas defendiendo, que nos estabas defendiendo, pero… también sabes que no es la forma adecuada, ¿cierto? Al menos, no ahora, y sobre todo por tu propia salud…

    Tenten bajó la mirada con dolor. Las palabras de Lee no eran acusadoras. Eran suaves y tranquilas, llenas de preocupación por ella, cuando en realidad, pensó Tenten, debería preocuparse por él mismo. La chica de cabello recogido apretó los labios en una línea fina con tristeza en su pecho.

    —Sakura-san… —dijo Lee refiriéndose a la chica de cabellos rosados quien tenía los ojos llorosos. —No era tu intención, ¿verdad? Tú no querías que las cosas terminaran así.

    Lee vio cómo la mirada de Sakura se levantaba con cierta esperanza. Parecía que estaba perdiendo el miedo que Tenten le había infundado hacía un instante.

    —A…así es, Lee-san. Yo… te juro que no quería decir nada, pero escuchamos las sospechas de los ninjas de Suna de camino a Furuya no Kyô y luego ocurrió todo lo que te escuché decir y… ¡oh, Dios mío, siento mucho todo lo que ha pasado, Lee-san! —dijo Sakura echándose a llorar ante un compasivo Lee.

    —Está bien, Sakura-san. Lo entiendo. Yo… no sé qué habría hecho en tu situación, creo que fue duro para ti elegir entre la seguridad de tu propio equipo y el nuestro. Entiendo que fue un dilema y que tenías que tomar una decisión forzosamente.

    Lee observó como Sakura se enjugaba las lágrimas con presteza y sus mofletes quedaban coloreados por la emoción del llanto. En ese momento, por algún motivo, a Lee le pareció muy bella, pero, extrañamente, vio a ella en un reflejo extraño de su mente.

    —Creo que es bueno que sepas que no te guardo rencor y que, tanto Neji como Tenten, están de acuerdo en que es mejor dejar pasar todo esto, ¿verdad, chicos? Para poder avanzar…

    Las palabras de Lee hicieron que Neji asintiera tras mirar neutralmente a Sakura un largo instante. Tenten simplemente no dijo nada. No quería dirigir la mirada a la chica del Equipo Kakashi.

    —Bueno… esto… creo que sería adecuado que ahora mismo fuéseis a ver cómo se encuentra Sasuke, ¿no creéis, Sakura, Naruto? —dijo Shikamaru quien había estado callado durante toda la interacción entre los implicados.

    El resto de los Genin presentes afirmaron rápidamente con la cabeza y murmullos, apremiando a que el ambiente se relajara más con la salida de los dos miembros del Equipo Kakashi de la habitación. Naruto apretó los labios, queriendo decir algo, más no pudo sino permanecer en silencio y con unos ojos llenos de un arrepentimiento que no se veía capaz de expresar. Como siempre había hecho desde pequeño, dejó que su dolor fuese engullido por lo más profundo de su corazón y sustituirlo por una máscara de payaso bromista. Hinata, quien había estado al lado de Naruto hasta entonces, sólo vio como los hombros del chico estaban muy desinflados antes de comenzar a salir de la habitación.

    —Pues… sí, tenéis razón. Nos vamos a ver al idiota de Sasuke. —dijo Naruto tratando de cortar el hielo. —Ya me paso después a ver si estás haciendo flexiones en un rato, Gejimayu.

    Una pequeña risa se escurrió de los labios de Lee, quien agradeció el buen sentido de humor del chico de cabello rubio.

    —Nos… nos vemos después. —dijo Sakura en un hilo de voz despidiéndose de todos.

    Los dos chicos salieron de la habitación y el silencio de la misma permitió escuchar la conversación que comenzaban a tener.

    —Naruto, eres un idiota. Por tu culpa casi me la cargo yo sóla. Dijimos que no diríamos nada.

    —Lo siento, Sakura-chan, pero tú fuiste la primera que no debió hacerlo…

    —Lo sé, pero eso ya no se puede cambiar. Uf, vamos a ver a Sasuke-kun. Espero que ya esté mejor…

    Poco a poco, las palabras iban desapareciendo al mismo tiempo que Tenten hizo ademán de salir hacia la puerta tras ellos.

    —Déjalo, Tenten. Si vas, volverás a encender tu enfado y la discusión ya está zanjada. —dijo Lee refiriéndose a su compañera de equipo.

    —Joder, ya lo sé, pero… no puedo, de verdad, no puedo perdonar tan rápido. Ademas, Lee, ¿es que acaso no te enfada que vaya directa a por Sasuke, la muy idiota? —contestó Tenten con tono molesto llevándose las manos a la cabeza. —¡Es que no para de estar enchochada con el presumido de Sasuke! ¡Dios!

    Tras estas palabras, Tenten pudo ver cómo la expresión de Lee se volvía dolida, pero no por su malestar físico. La chica comprendió que le había lanzado un dardo envenenado a su compañero sin querer.

    —Lo sé, Tenten, pero es decisión de Sakura-san. A ella… a ella le gusta Sasuke y es además su compañero de equipo. —dijo Lee bajando la mirada con tristeza. —Así son las cosas…

    Tenten hizo el mismo gesto que su compañero de equipo, sintiéndose de nuevo avergonzada. En el fondo de su corazón no estaba conforme con lo que había pasado y ni por lo que Lee decía, pero le importaba más la salud del chico que su propio enfado. Se sentía mal por Lee, pero también con Neji por las duras palabras que había dicho.

    —Yo… siento como me he comportado, Lee. Estaba muy enfadada y sólo quería defenderte después de todo lo que te ha pasado.

    Lee sonrió en silencio a su compañera. La conocía bien, sabía que era directa y a veces brusca, pero también sabía que cuando se enfadaba era de temer. Había que ayudarla a parar porque corría el riesgo de cometer una locura.

    —Neji, también lo siento mucho. Tú no eres un imbécil. Bueno, a veces, sí te has portado como un imbécil, pero no siempre eres un imbécil. No sé cómo decirlo exactamente…

    —Es mejor que no digas más. No puedo soportar tus sinceras disculpas, Tenten.

    La chica se llevó los ojos para atrás en una molestia fingida tras observar que Neji volvía a realizar sus respuestas puntiagudas y sarcásticas con ella. Una carcajada se escuchó en la habitación, haciendo que todo el ambiente pesado se terminase de aliviar.

    —Bueno, chicos, ya está todo bien. Es mejor que ahora os toméis un tiempo para descansar y reposar de todo esto. Sobre todo, tú, Lee. —dijo Kiba quien estaba acariciando a Akamaru tratando de que el pequeño perro se tranquilizase por todo lo que había sucedido.

    El resto de jóvenes Genin afirmaron a su estilo a lo que Lee agradeció.

    —De hecho, creo que… es mejor que cambiemos de tema y hablemos de algo más agradable. —dijo Hinata acercando el vaso que quedaba en su mano hacia Lee para que bebiese. —Sobre lo que has mencionado de Tsunade-sama, Lee-san, deberías saber que…

    De repente, Hinata notó que su mano era apartada de un golpe. Cuando la chica de ojos blancos quiso darse cuenta, observó a Lee atemorizado en pie sobre la cama agarrándose contra la pared con mucha fuerza, como si intentase huir. El agua había caído sobre las sábanas, mojándolas en el proceso.

    —¡A-aleja de mí eso! ¡No me vuelvas a acercar eso nunca jamás! —exclamó Lee con voz temblorosa.

    —¡Lee, ¿qué estás haciendo?! ¡No puedes ponerte de pie! ¡Siéntate ahora mismo! —dijo Tenten tratando de tirar de la ropa hospitalaria de su compañero de equipo.

    —¡No, no! ¡No hagáis que me acerque a eso! ¡No me obligaréis!

    Una sorprendida Hinata pasó de mirar a Lee al vaso varias veces hasta que entendió lo que pasaba. El chico de cabellos negros no la había rechazado a ella. Había rechazado el vaso. Sin embargo, el resto de Genin volvieron a sentirse perdidos. Parecía que la situación se iba a poner peor cuando una figura apareció tras la puerta de la habitación.

    —¡Ah, menos mal! Parece que he llegado justo en un momento indicado.

    Una mujer alta y rubia, de busto grande y prominente, con ojos ambarinos llenos de sabiduría y fortaleza. Lee sentía que esos ojos le observaban con firmeza, pero comprensión. Era ella, la legendaria kunoichi, Tsunade. Lee sabía que había llegado a esa parte de la historia, pero no podía dejar que ahora le obligase a tocar el agua.

    —Chico, tienes que parar. Debes sentarte ahora mismo o tus heridas se pondrán peor, a la vez que tu estado.

    Lee negó y protestó frente a las palabras de Tsunade. Le daba igual quien fuera: no cejaría en su empeño en permanecer alejado del agua como fuese. Ese líquido, ese maldito líquido era el causante de todo su mal.

    —No me dejas otra opción entonces…

    Ante las palabras de Tsunade, Lee sintió que sólo pudo parpadear cuando notó un pequeño pinchazo en la mano tras el aferramiento de la mujer. Su vista rápidamente se estaba aturdiendo, su respiración estaba comenzando a sosegarse tras la hiperventilación. ¿Una droga o una medicina acaso? No vio ninguna jeringa o aguja. La mujer comenzó a guiarle para tumbarle en la cama mientras su expresión facial aún era aturdida.

    —Tranquilo, sólo he tocado uno de tus nervios para relajar tu sistema nervioso. Teniendo en cuenta lo que has sufrido, es normal que hayas tenido esta reacción.

    Lee sintió que todo parecía muy raro a su alrededor, seguía nervioso de saber que el agua estaba a su lado, cerca de él, pero no podía actuar por voluntad propia.

    —¡Tsunade-sama, ¿qué le ha sucedido a Lee?! —preguntó Tenten con visible angustia pasando la mano por el brazo de su compañero.

    La mujer rubia suspiró y dirigió la mirada a la joven Genin de cabello recogido. Tsunade vio un destello lleno de protección en los ojos de Tenten.

    —Es una respuesta normal a la tortura del ahogamiento simulado. Tiene hidrofobia: miedo obsesivo e irracional al agua. Tenía esperanzas de que no le produjese esa reacción, pero parece que me equivoqué. —explicó Tsunade revisando las constantes de Lee con un estetoscopio que portaba en el cuello. —Suele manifestarse con problemas de nado o de higiene personal, pero parece que tu compañero no puede ni siquiera beberla.

    Un respingo de la boca de Tenten salió al dirigir la mirada a Lee quien estaba aún más aturdido y perdido que antes. Ella junto con todos los presentes: los miembros del Equipo Asuma, los del Equipo Kurenai y Neji miraron con sorpresa terrible el resultado psicológico de la accidentada e ingenua traición que había cometido el Equipo Kakashi.

    —Me parece que vas a tener una recuperación larga y dura, Rock Lee…

    —¡Quieto! ¡Estás detenido en nombre de la ley de Suna!

    —¡Agh, no me obligaréis! ¡No me podréis silenciar! ¡Sois unos bastardos!

    —¡Es inútil que te resistas! ¡Ya te tenemos!

    La patética escena era observada, desde una distancia prudencial, por varias personas asombradas que se encontraban en los límites del acceso al evento que tenía lugar esa misma mañana en Sunagakure. 

    Las calles de dicha Aldea Shinobi estaban decoradas muy ceremoniosamente con lazos púrpura -símbolos de nobleza y de los orígenes monárquicos de la familia gobernante- y verdes, los cuales recordaban los paños y vestimentas del Kazekage de la villa. El suelo de arena estaba cubierto por algunos restos de confeti que se habían lanzado como preparativos para el evento principal. El ambiente era de júbilo y de alborozo en los asistentes ante las buenas nuevas para Suna: la elección del nuevo Godaime Kazekage. 

    —¡Vamos, vendrás con nosotros al cuartel y allí te tomaremos declaración!

    —¡Malditos! ¡Por vuestra culpa, mi hermana no ha regresado de Konoha! —gritó furibundo el ciudadano de Suna tratando de soltarse sin éxito. —¡Está muerta, ¿verdad? ¿Dónde está su cuerpo?! ¡¿Dónde está?! ¡¿Por qué no nos la han entregado para que la enterremos?! ¡Malditos bastardos!

    —¡Cállate! ¡Esa es información confidencial! ¡Te vamos a acusar de revelación ilegal de secretos! —respondió uno de los miembros de la Guardia Urbana de Suna que le aferraba sin piedad.

    —¡También vamos a añadir a tu historial el delito de insurrección y tenencia ilegal de armas por parte de un civil!—espetó otro guardia poniendo un grillete en el cuello del detenido. —¡Con esto se te va a caer el pelo!

    A cierta distancia, el joven detenido pudo ver con una mueca de furia y resignación como uno de sus captores se acercaba a recoger la bolsa que había portado dentro de su chaqueta. Una bolsa de tela la cual estaba llena de papeles bomba, listos para ser lanzados en cualquier momento contra los asistentes al evento.

    Toda esta penosa escena estaba siendo a su vez observada por una ceñuda Chiyo a través de unos pequeños prismáticos desde un balcón de unos de los edificios aledaños a la Mansión Kazekage. Ella y su hermano estaban en uno de los lugares más privilegiados para ver la proclamación del nuevo gobernante de la aldea.

    —¿Has visto eso, Ebizô? —preguntó la mujer bajando el instrumento que sujetaba con sus huesudas manos para dirigir su mirada al rostro arrugado de su hermano.

    —Sí, parece que las cosas están tensas en la población civil. —respondió Ebizô sin dejar de observar desde sus propios prismáticos. —Es la cuarta persona que veo que trata de cometer alguna locura de ese tipo hoy.

    Chiyo resopló a través de su nariz y sintió como sus hombros se encogían ligeramente. Desde que llegaron las noticias de que Konoha había resistido el ataque sorpresa de Suna, el primer pensamiento que cruzó por la mente de todos los habitantes de la aldea fue el número de bajas y de heridos. Cuando las desesperadas y compungidas familias comenzaron a aglomerarse en la entrada de la Mansión Kazekage exigiendo respuestas, sólo recibieron silencio y la rápida acción de la Guardia Urbana de Suna. Éstos no habían dudado en utilizar la fuerza para evitar cualquier tipo de altercado y disuadir a la población. 

    Ningún cuerpo de los Shinobi de Suna capturados por Konoha había sido recuperado y, para desgracia de las familias y amigos de los difuntos, jamás iban a ser recuperados. Chiyo y Ebizô habían sido informados de que Konoha había ejecutado a todos los asaltantes de Suna y de Oto que había capturado. Quemaron los cadáveres en masa y las cenizas habían sido arrojadas a los ríos que cruzaban Konoha tras los grandes muros, fundiéndose en la naturaleza del País del Fuego. Así lo había confirmado Konoha durante el intercambio de informaciones en las negociaciones de paz realizadas en Kyokaen. Sin ceremonia, sin ningún entierro. Sólo el deshonor propio de los derrotados.

    Ambos hermanos ancianos sabían que las familias civiles jamás debían saber lo que había pasado. Eso sólo podría darles motivos para realizar una revuelta contra el gobierno de Suna. Ya había bastante problemas de los que preocuparse para permitir eso.

    —Y sin embargo, muchos insisten y claman contra Suna. —dijo Ebizô bajando sus prismáticos para guardarlos. —Han llegado incluso a obtener armas ninja de contrabando pese a los severos castigos que hay para ellos como civiles.

    Chiyo afirmó con la cabeza vehemente. La anciana mujer observaba la dispar escena en la que el turbado y derrotado asaltante estaba ya siendo arrastrado por la Guardia Urbana hacia el cuartel mientras los engalanados asistentes a la ceremonia mostraban expresiones llenas de esperanza y de regocijo. Se había acordonado un perímetro de 500 metros de seguridad justamente para evitar que se produjeran este tipo de atentados.

    —La desesperación por recuperar aquello que se ha perdido lleva al ser humano a actuar con ímpetu. Eso es lo que les mueve y por ello fallan. Nunca un civil podrá derrotar a un Shinobi. Es imposible. —decretó con firmeza Chiyo. —De hecho, siempre se ha visto la gran diferencia de actuación de los shinobi que no vienen de familias ninja o clanes. Sus habilidades estratégicas son muy diferentes.

    Durante un instante, ambos hermanos permanecieron en silencio. Ebizô y Chiyo estaban vestidos con trajes ceremoniales y tradicionales del País del Viento. Sinceramente, ninguno de los dos quería estar allí, pero les habían obligado a ser partícipes de los planes del gobierno nuevamente pese a sus deseos. Repentinamente, el carraspeo de una voz les hizo salir de sus pensamientos.

    —Ebizô-jîsama, Chiyo-bâsama, en breve comenzará la ceremonia de proclamación de Godaime Kazekage. —habló la solemne voz del que había sido el Secretario Personal de Rasa, anterior Kazekage de Suna.

    —Gracias por el aviso, Fugi. —respondió Ebizô sentado con tranquilidad y dirigiendo su mirada a la gran terraza de la Mansión Kazekage.

    Fugi asintió en silencio mientras permaneció a una distancia prudencial de los hermanos ancianos. Ambos sintieron que el desgarbado individuo quería decirles algo más, pero parecía temer alguna represalia.

    —¿Qué sucede, Fugi? ¿Hay algo que te incomoda? —dijo Ebizô con una voz calma y serena. —Si tienes algo que decirnos, habla ahora. De lo contrario, te solicitamos que te retires inmediatamente.

    Chiyo miró de soslayo a su hermano menor. Si bien Ebizô era un hombre muy tranquilo y estratégico, también sabía que en estos momentos quería estar en soledad, lejos de todo este mundanal ruido que no hacía más que ponerle nervioso. El contrariado Fugi levantó la mirada a duras penas como un niño que quiere evitar una pregunta incómoda o la reprimenda de sus padres. Finalmente, tras una pausa, Fugi dio un ligero suspiro y procedió a hablar.

    —Me preguntaba si con esta ceremonia todo habrá terminado. Quiero decir, si Suna tomará un nuevo rumbo con las negociaciones de ese hombre.

    Ebizô y Chiyo fruncieron muy profundamente el ceño. Al notarlo, Fugi bajó la cabeza avergonzado.

    —¿Acaso no eras el anterior Secretario Personal de Yondaime Kazekage? Hablar de estas cosas aquí es sumamente arriesgado. —habló Ebizô con un tinte de enfado contenido en su voz. —Esto lo deberás hablar con Godaime Kazekage y el resto del Consejo de Suna.

    —Perdonenme mi atrevimiento, Ebizô-jîsama, Chiyo-bâsama. Lamento profundamente mi insensatez. —dijo Fugi haciendo una reverencia muy marcada. —También lamento informarles que no estoy cómodo cómo el Consejo y el anterior Kazekage tomaron las decisiones que nos llevaron a la situación actual que atraviesa Suna.

    Ebizô lanzó un resoplido fuerte por su garganta mientras que la mirada de Chiyo se ablandó ligeramente. Se estaba refiriendo a Orochimaru. En verdad, el pobre diablo de Fugi tenía razón. El anterior gobierno había fallado en demasiadas cosas respecto a querer invadir Konoha. Era normal que incluso dentro de los cargos internos había sentimientos y preocupaciones respecto al futuro de la aldea. Los propios Ebizô y Chiyo estaban muy incómodos de que Suna se hubiese relacionado con personajes como Orochimaru y con aquel hombre llamado Toshikomi.

    —¿De qué tienes miedo, Fugi? ¿Temes acaso más represalias de Konoha contra nosotros? —preguntó Chiyo con suavidad en su voz.

    El aludido no levantó la cabeza en reverencia, evidenciando la confirmación de sus sospechas. La mujer suspiró despacio tratando de calmar su respiración.

    —Fugi, como anterior Secretario Personal de Rasa-sama y nuevo Secretario Personal de Godaime Kazekage, debes recordar que Konoha ha aceptado nuestras disculpas y que el Consejo ha confirmado el establecimiento del nuevo Tratado de Paz Konoha-Suna. —dijo la mujer cerrando con vehemencia los ojos. —El funeral de Kazekage también dejó la moral por los suelos a los habitantes de Suna. Era necesario contribuir a crear un nuevo ambiente de paz.

    —Efectivamente. Pese a que el nuevo tratado afecta muy negativamente a Suna, era preferible eso a una guerra a gran escala.—expresó Ebizô hilvanando sus palabras con las de su hermana mayor. —Hubiéramos llevado las de perder.

    Fugi levantó la cabeza muy lentamente como si esas palabras comenzasen a sosegar su temeroso corazón.

    —Hemos perdido muchos Shinobi y ahora Temari también está en Konoha. —terminó por decir el anciano bajando la mirada con tristeza. —Todas esas concesiones han servido con el objetivo de calmar el furibundo corazón de Konoha y para nuestra propia subsistencia.

    Fugi mostró una expresión derrotada, pero más tranquila. Parecía que no estaba completamente convencido. No obstante, se conformó con las palabras de las dos personas vivas más sabias dentro de Suna.

    —S-sí. Entendido. —dijo el hombre contrariado haciendo una última reverencia. —Gracias por sus palabras, Ebizô-jîsama, Chiyo-bâsama. Si me disculpan, procedo a retirarme.

    Los dos ancianos hermanos afirmaron silenciosamente y vieron cómo el hombre desapareció entre las cortinas que separaban el balcón con la estancia interior. El sonido de la puerta indicó que salió completamente del lugar.

    —Uf, ha sido una situación muy estresante. No sé si hubiese podido aguantar mucho más. —dijo Chiyo visiblemente afectada por las palabras de Fugi. —Parece que lo ha hecho aposta y todo…

    —Tranquila, hermana. Ese idiota ya se ha ido. —dijo Ebizô tratando de calmar a su hermana mayor.

    La anciana mujer sentía que estaba comenzando a hiperventilar. Chiyo se concentró en controlar su respiración muy despacio para evitar un ataque. Todos los asuntos relacionados con Orochimaru y, especialmente, con Toshikomi le habían afectado mucho. Ella siempre supo que no era bueno que la hiciesen llamar a la Oficina del Kazekage. Sabía que en el fondo no era una buena idea confiar en Orochimaru y tampoco en Toshikomi. Todo había salido mal. Chiyo solo esperaba que todo se calmase y que Konoha tuviese la fría calma de aceptar definitivamente la rendición de Suna.

    La preocupada mujer sintió que su mano era apretada por su hermano menor quien trató de calmarla como cuando eran niños. Ebizô sabía que Chiyo era la que más vueltas daba a los problemas y que él siempre la había ayudado a calmarse y a verlos desde otras perspectivas.

    —Hermana, estará bien. Todo estará bien. Estamos juntos en esto. —dijo Ebizô con una ligera sonrisa en sus labios. —Yo te protegeré.

    Chiyo no pudo evitar soltar una carcajada. Vio a su hermano pequeño como aquel niño dulce que la hacía sentir segura.

    Repentinamente, se escuchó el sonido prolongado de unas trompetas. Los dos ancianos se dirigieron a mirar la terraza de la Mansión Kazekage. Al mismo tiempo, los gritos de júbilo del gentío se escucharon con gran eco en el lugar. Apareció entonces una comitiva precedida por el maestro de ceremonia del Consejo de Suna. Después se sumaron el resto de miembros en parejas y, finalmente, el nuevo Kazekage con sus ropas y con el sombrero de gobernante, el cual le tapaba la cara, haciéndolo completamente irreconocible. 

    Cuando todos se colocaron en su posición, Jôseki, Anciano del Consejo de Suna y maestro de ceremonias, procedió a pedir silencio con los brazos extendidos para poder hablar. Poco a poco, cesaron los ruidos y se escuchaba el silencio con calma.

    —¡Ciudadanos de Sunagakure no Sato! ¡Os traigo buenas nuevas! ¡Hoy es un día de gran alegría! ¡Un nuevo líder ha sido elegido en nuestra aldea! —exclamó con alegría Jôseki.

    Nuevamente, una ola de clamor se dejó escuchar en el aire y varias palomas blancas alzaron el vuelo, fruto de la actuación de la ceremonia.

    —¡Aquí os presento al nuevo Kazekage que gobernará con sabiduría y firmeza nuestra aldea!

    Ante estas palabras. el individuo vestido de Kazekage se adelantó varios pasos para que todos pudiesen verlo adecuadamente. Entonces, sujetó la parte frontal del sombrero de colores verdes y blancos y procedió a quitárselo con cuidado. El pueblo de Suna pudo ver un rostro joven, pero serio. Con cabello corto y marrón que acompañaba una mirada seria. Era el segundo hijo del anterior Kazekage, Arenji Kânkuro. Ante la revelación, nuevas loas se escucharon. Jôseki pidió nuevamente silencio y Kankurô habló.

    —¡Pueblo de Suna! ¡Hoy yo, Arenji Kankurô, me presento ante vosotros no solo como el nuevo Kazekage, sino como un hermano, un hijo de esta tierra que ha sufrido junto a todos los estragos de la humillación de la derrota. La invasión contra Konoha nos dejó cicatrices muy profundas, tanto en nuestro orgullo como en nuestra fuerza militar. Perdimos a nuestro anterior Kazekage, Arenji Rasa, y a muchos valientes que dieron su vida por nuestra aldea. No obstante, no podemos permitir que esta derrota defina nuestro futuro!

    —¡Suna ha sido históricamente una aldea fuerte. Una aldea que ha sobrevivido en las condiciones más adversas del desierto. Ahora enfrentamos una nueva adversidad, pero también una oportunidad única. Bajo mi liderazgo, prometo que no solo nos levantaremos de este bache, sino que transformaremos Sunagakure en una potencia shinobi absoluta. Seremos una fuerza que nadie podrá ignorar ni subestimar!

    —¡Hoy comienza una nueva era para Sunagakure. No será fácil; tendremos que trabajar duro y sacrificarnos, pero os prometo que bajo mi liderazgo no habrá obstáculos que no podamos superar. El desierto nos enseñó a ser resilientes y ahora usaremos esa fortaleza para convertirnos en leyendas de nuevo! 

    —¡Levantáos conmigo! ¡Por Suna! ¡Por nuestro futuro!

    Un enorme estruendo sofocó cualquier rebeldía y la alegría era patente en el lugar de la celebración. Numerosas cantidades de confeti de colores volaban por los aires y se podía ver que la gente se abrazaba y vitoreaba satisfecha.

    Chiyo observaba las escenas de fiesta tomada de la mano con su hermano Ebizô en silencio. Verdaderamente, la anciana mujer quiso creer en su corazón que se avecinaban mejores tiempos para la Aldea de Suna.

    Un rayo de luz cruzó las oscuras nubes. Poco a poco, el aire de la fresca atmósfera dejaba paso a los azules cielos de Konoha. Acababa de terminar de llover. Una lluvia constante y triste que había sido curiosamente perfecta durante el escenario del funeral militar de Sandaime Hokage y de todos los difuntos de la invasión. Los shinobi que habían luchado durante la batalla y sobrevivieron se encontraban allí presentes: caras conocidas como los líderes de todos los clanes políticos y militares o ninjas de alta consideración entre los que figuraban Jônin, Chûnin y Genin.

    —Con esto, la ceremonia por el funeral de Sandaime Hokage ha llegado a su fin. Podéis marchar.

    Después de estas últimas palabras del maestro de ceremonias, todos los asistentes se dirigieron hacia las escaleras de la Mansión Hokage para bajarlas. Los altos cargos entre los que se encontraban Tsunade, la futura Hokage, y los dos Ancianos del Consejo de Konoha marcharon los primeros del lugar. Al dar un paso, Lee pisó uno de los charcos de agua por accidente, sintiendo un punzante dolor y una ansiedad fuerte que le hizo dar un fuerte respingo de molestia, casi haciéndole tambalear de su muleta.

    —¡Tranquilo, Lee! ¡Ya te tengo! —exclamó una voz femenina y apresurada que le sujetó del antebrazo.

    El joven de cabello negro levantó la vista y vio cómo Ino había sido la chica que le había agarrado. El tacto de la joven Yamanaka hizo que Lee saliese de su estado de ansiedad y pudiera centrarse en el horizonte.

    —Gracias, Ino-san, de verdad… —respondió Lee en un hilo de voz, pero muy agradecido.

    Ino sonrió al que era su senpai mientras le ayudaba a acercarse a las escaleras. Lee, por su parte, alzó la mirada para ver por encima de su hombro a quienes le seguían. Además de ellos dos, también se encontraban juntos los miembros de los cuatro equipos de Genin que habían participado directamente en la evitación de la Invasión de Konoha y de los que todo el mundo hablaba: el Equipo Kurenai, el Equipo Asuma, el resto del Equipo Gai. Los miembros del Equipo Kakashi se habían quedado atrás para conversar con el maestro Iruka.

    Lee volvió a dirigir su mirada al frente, tratando de evitar volver a cometer el mismo error de acercarse al agua. Ya había tenido suficiente exposición con la lluvia que indiscretamente había hecho acto de presencia.

    —Espero que no haya sido muy fuerte para ti. Me refiero a tener que sentir la lluvia directamente, Lee.

    Las palabras de Ino le hicieron salir de sus pensamientos y dirigió su mirada a los azules y claros ojos de la esbelta chica del clan Yamanaka.

    —No, bueno, creo… creo que he podido llevarlo más o menos bien, Ino-san. Aunque me he tenido que concentrar bastante para no ponerme nervioso… —declaró con una mirada vergonzosa dirigida al suelo por el joven especialista en Taijutsu.

    Ino mostró una expresión triste y comprensiva. Sólo habían pasado cuatro días desde que Lee acababa de ser dado de alta de la UMN y sabía que había comenzado el proceso de rehabilitación física y psicológica de las experiencias surtidas durante todo el mes anterior. La joven chica del clan Yamanaka estaba verdaderamente impresionada por la fortaleza física y mental de su compañero Lee.

    “No sé si yo hubiese sido capaz de aguantar todo lo que el Equipo Gai ha pasado, mucho menos lo que ha pasado Lee…” pensó Ino con tristeza.

    En verdad, la joven heredera de cabellos rubios estaba pasando por sus propios problemas. Pese a que había sido la mejor kunoichi graduada de su promoción, tenía varios dilemas personales. 

    En primer lugar, no se consideraba una chica fuerte físicamente, pues el hecho de pertenecer a un clan especializado en actividades de espionaje la inclinaba al desarrollo de habilidades destinadas a dichas acciones. Se consideraba bastante débil en cuerpo.

    En segundo lugar, no había podido ser de verdadera utilidad durante la invasión, requerida necesaria fuerza bruta, rastreo y/o habilidades médicas para el rescate de los desaparecidos. Le pesaba mucho aún la muerte del Director de la Escuela Civil, Kanpu.

    En tercer lugar, que, pese a ser la heredera del clan Yamanaka, no había podido ser de utilidad para ayudar a que el Equipo Gai se salvase de las torturas. Ni siquiera su propio padre lo había podido lograr. Otro motivo para su sentimiento de inutilidad.

    En cuarto lugar, saber que sus compañeros del Equipo Kakashi, en concreto Sakura, estuvieron inmiscuidos en las acusaciones contra el Equipo Gai, la llenaba de dolor. De hecho, esto era lo que más le dolía a Ino actualmente, que Sakura hubiese estado directamente implicada.

    Hacía varios años que Sakura había dejado de ser amiga de Ino por el descubrimiento de la primera de que a la segunda le gustaba Uchiha Sasuke. Interés que era compartido también por la chica de cabellos rosados. El sólo recuerdo del día que Sakura cortó su amistad, pese a haberla defendido de las acosadoras de su clase, de haberla ayudado y apoyado en toda adversidad, le dolía a Ino en el corazón como si un cuchillo ardiente se hubiese clavado en su pecho permanentemente. Por su parte, la joven Yamanaka seguía considerando a Sakura su amiga, incluso cuando fingía su pueril rivalidad por Sasuke, especialmente cuando combatieron en la prueba preliminar de los Exámenes Chûnin. Ino mantenía la esperanza de que llegase el día de que Sakura se diese cuenta de que Sasuke no merecía tanto la pena como para romper aquel vínculo, un vínculo que tanto habían cuidado, protegido y construido las dos juntas. Como amigas.

    Es por eso que la chica Yamanaka también estaba entristecida, ya que le parecía que Sakura había preferido centrarse en la recuperación de Sasuke de manera más constante que en el tratamiento de Lee, pese a ser éste más amable, servicial y atento que el chico Uchiha.

    —La verdad no te lo he dicho, Ino-san, pero debo agradecerte. Gracias.

    Las repentinas palabras de Lee sacaron a Ino de su bucle doloroso de pensamientos. Alzó su mirada para observar los brillantes y profundos ojos negros del especialista en Taijutsu. Una sonrisa cálida le dio la bienvenida haciendo que el pesado corazón de la joven Yamanaka palpitase extrañamente.

    —¿A-agradecerme? —preguntó Ino intentando calmar sus latidos despacio. —¿Qué cosa, Lee?

    —Bueno, escuché de Gai-sensei que estuviste los nueve días que pasé en la División de Inteligencia tratando de contactar con tu padre para poder ayudarme a salir de allí. —dijo Lee sin dejar de sonreír a la chica. —También he escuchado que fuiste hace dos días a una misión especial al Monte Jofuku. Fuiste a por la flor que crece en el Bosque Jofuku, para mi medicina ¿verdad?

    Ino abrió ligeramente la boca, incapaz de articular palabra. ¿Lee sabía ya todo lo que ella había hecho? El aura del joven chico se sentía diferente, le parecía hasta… ¡¿guapo?!

    —N-no, yo sólo cumplía órdenes y… bueno, en realidad, Lee, no fui sólo yo. Otros… Genin… también estuvieron conmigo en la misión. —respondió Ino tratando de no sonar nerviosa. —De hecho, la misión fue coser y cantar.

    Lee rió al llegar al inicio de las escaleras y dar el primer paso, descendiendo con mucha precaución. La joven heredera del clan Yamanaka vio que los reflejos del sol comenzaban a dar en el oscuro cabello del chico, absorbiendo toda la luz y haciéndolo más brillante. 

    “¿Coser y cantar, eh? Esa planta tiene un poder especial y no se puede luchar contra ella así como así…” pensó Lee al rememorar que en la ilusión pudo ver la misma misión que les habían asignado al trío de Genin immplicados, pero también conociendo del poder de aquella planta por él mismo. “De hecho… hace mucho tiempo que… no hablaba o escuchaba del Monte Jofuku y sus propiedades. Me viene a la cabeza también Furofuki-sama…”

    Ino pudo ver que el rostro de Lee cambiaba de la alegría a una expresión de melancolía. La joven heredera de cabellos rubios se sintió nerviosa, ya que desconocía que le había hecho sentir mal con sus palabras. Sin embargo, pudo ver que el miembro del Equipo Gai se recomponía rápidamente y le dirigía de nuevo una mirada suave.

    —Aún si fue coser y cantar, una misión es una misión, Ino-san. Ahora con la medicina resultante de la Flor Jofuku, me estoy recuperando muy rápido, más que nunca. Te estoy muy agradecido por ello.

    Las palabras de Lee hicieron que Ino sintiese que un rubor insospechado se colase en sus carrillos. Se giró en un intento porque su flequillo le tapase la cara. Era la primera vez que un chico le decía con tanta sinceridad la buena ejecución de su trabajo, sin comentarios de queja o aburrimiento. No, esta vez era sinceridad afectuosa y ella no podía evitar sentirse apreciada por ello.

    —N-no, Lee. De verdad, no fue nada. Me alegro mucho que te pueda servir de ayuda. —dijo Ino sonriendo mientras rezaba porque Lee no hubiese visto sus mejillas tintadas. —La verdad es que si… no hubiese sido por Sakura y Naruto no hubiese podido traer sóla todas esas flores que pidió Gai-sensei y…

    —Ah, claro… Naruto-kun y… Sakura-san también… ja, ja…

    Ino se mordió el labio inferior maldiciendo internamente. Se le había escapado, ya que mencionar el nombre de Sakura era ahora mismo un tema tabú para el Equipo Gai. Desde que se descubrió todo el problema, el resto de compañeros habían llegado al acuerdo de no mencionar a la chica de cabello rosado a Tenten, Neji y Lee hasta que hubiesen terminado de recuperarse del todo.

    —L-lo lo siento, Lee, yo…

    Cuando Ino vio que Lee levantó la mano en un gesto para que parase, ella obedeció.

    —Tranquila, Ino-san, no tienes que preocuparte. Soy yo el que tiene el problema ahora mismo. No por ello tenéis que dejar de mencionar a… Sakura-san, a Naruto-kun o a Sasuke-kun. Ellos son compañeros muy queridos y también tienen que estar sufriendo por todo lo que ha pasado.

    Ino suspiró profundamente al ayudar a Lee al dar otro paso en su bajada por las escaleras. Estaba muy sorprendida. Verdaderamente, Ino jamás había conocido a nadie actuar así. Temía que Lee guardase su enfado y angustia en un rincón muy lejano en su corazón, embotándolo y haciéndolo crecer sin darse cuenta. No quería que eso le ocurriese, no quería que hubiese alguna oportunidad para que se volviese un resentido. Al fin y al cabo, sabía que si ella hubiese estado en las mismas circunstancias, no podría volver a ver a ninguno de los tres miembros del Equipo Kakashi jamás. 

    —Lee, se que es un poco repentino, pero… quisiera pedirte un favor.

    El chico de cabellos negros dirigió su mirada al rostro juvenil de Ino al tiempo que ella no paraba de fijarse en los peldaños de la escalera que bajaban. Estaba expectante ante tal declaración.

    —Quisiera que… no les guardases rencor, a los miembros del Equipo Kakashi…

    Las cejas de Lee se movieron en su rostro de manera sorpresiva mientras escuchaba a Ino.

    —Sé que puede sonar muy egoísta de mi parte y que tal vez no soy quien para pedirte nada, puesto que no nos conocemos de mucho, pero… no quiero que el dolor te pese. —declaró Ino con sinceridad, sorprendiendose por sus propias palabras. —No quiero que… el dolor te haga volver una mala persona, alguien con… odio y rencor…

    Tras estas palabras, Ino se quedó en completo silencio. Lee suspiró despacio y sonrió para sus adentros. En la ilusión, ellos dos no habían interactuado demasiado, pero había podido ver que a Ino le importaban mucho sus amigos y las personas que quería. El chico de cabellos negros cerró los ojos despacio, agradecido por tener a alguien así como amiga.

    —No te preocupes, Ino-san. Todo estará bien. —dijo Lee en un intento por aliviar el corazón de la joven Yamanaka. —Aún es un poco pronto, más con… el proceso de recuperación de la… tortura, pero… creemé: no odio a ningún miembro del Equipo Kakashi.

    Ino le miró a los ojos y pudo ver sinceridad brillante en ellos.

    —Quiero… darles tiempo, para que puedan acercarse y… puedan saber que jamás les he odiado y que no les he guardado rencor. Sé que no tuvieron opción: eran ellos o nosotros. —dijo Lee finalizando su promesa. —Creeme, Ino-san, ellos tres son mis preciados kôhai, al igual que todos vosotros.

    Ino sonrió suavemente al dar el último paso del último peldaño de aquellas escaleras de la Mansión Hokage.

    —Me alegro mucho de que pienses así, Lee. En verdad, soy afortunada de tenerte como senpai y amiga. —dijo Ino dirigiendo a Lee a la puerta de salida del recinto. —Por cierto, creo que ya deberías dejar de utilizar el honorífico conmigo. A veces, hasta me cansa escucharlo.

    —¡Eh! ¡No puedo hacer eso, Ino-san! ¡Así no me enseñó mi padre a ser! —exclamó Lee transformando su actitud varonil en una más aniñada que a Ino le resultó divertida.

    —¡Oh, vamos, Lee, no es para tanto!

    —¡Ya lo creo que sí! ¡Tú eres más joven que yo y te debo el respeto debido!

    —¡Sólo nos llevamos unos meses! ¡Deja de usarlo, Lee!

    El chico de cabello negro negó efusivamente con la cabeza ante la atenta mirada de Ino.

    —¡Ni hablar! ¡Sólo hay un caso en el que no usaría el honorífico y es…!

    Ino vio como Lee paró su retahíla de rechazos inmediatamente. Pudo comprobar cómo el chico comenzó a observar el vacío y la melancolía parecía que dio la bienvenida en su rostro aún magullado. La chica sintió una curiosidad increíble al ver su actitud tan cambiada.

    —Lee, ¿en qué caso no lo usarí…?

    —Disculpad. Deteneos un instante. —una voz firme, pero amable cortó la conversación entre los dos jóvenes Genin.

    La chica de cabellos rubios dirigió su mirada a dos Chûnin que se encontraban en la puerta custodiando el acceso a la Mansión Hokage. Ino les conocía. Había estado en misión con ellos en el pasado: Hijiri Shimon y Tobitake Tonbo, subordinados de su padre en el Equipo de Análisis de la División de Inteligencia y ambos kôhai del famoso Dokuraku Mawashi. Ambos mostraban un semblante muy serio.

    —Shimon-san, Tonbo-san, ¿ocurre algo? —preguntó Ino con cierta disconformidad.

    Los dos mencionados extendieron un papel a Lee y uno a Ino, quienes lo miraron con absoluta incredulidad. Estaba completamente en blanco.

    —Eh, disculpen, pero, ¿qué es esto? —preguntó Lee muy confundido.

    Los dos Chûnin se mantuvieron en silencio mientras iban entregando al resto de los Genin que les acompañaban un papel similar al suyo.

    —Dirigíos inmediatamente al Estadio de Konoha. En treinta minutos comenzará la reunión.

    Todos los Genin se miraron entre sí al escuchar el mensaje de los labios de Tonbo. Era una reunión exclusiva y con pocos detalles informativos. Debía ser importante. Al cabo de un rato, se encontraban en el interior del edificio de realización de los Exámenes Chûnin tras dar a los vigilantes del lugar aquel papel que era la clave secreta para dejarles entrar en el lugar. 

    Lee no pudo evitar mirar a sus alrededores como quien mira un lugar completamente nuevo. Estaba pasmado. A diferencia del estadio que vio en la ilusión, éste era completamente cerrado y el campo de combate tenía un aspecto que combinaba el lugar de combate de preselección a Chûnin con el aspecto del que ya conocía: una arena con árboles a los costados presidida con una gran escultura de piedra de dos manos haciendo un sello de concentración de chakra, el sello del Carnero.

    —Creo que aquí nos debemos separar, Lee. —dijo Ino soltando el amarre del brazo del joven experto de Taijutsu. —Nos veremos luego.

    Neji sujetó a Lee en el lugar que había ocupado Ino y pudo ver que ella y su equipo se despedían para ocupar su lugar en la arena del gran estadio.

    —Fiu, hay que ver… ¡está lleno! —exclamó Tenten mirando a su alrededor dando un silbido.

    La chica de cabello en dos moños tenía razón. Allí estaba lleno de jóvenes shinobi. Parecía que había chicos entre doce y dieciseis años presentes. Los miembros del Equipo Gai se situaron en el sitio que había sido designado para ellos.

    —Da la sensación que han reunido a todos los Genin jóvenes aquí. —declaró Neji mirando a su alrededor. —¿Será que nos van a decir algo sobre los Exámenes Chûnin?

    Tenten se encogió de hombros ligeramente cuando Lee elevó la mirada y vio aparecer en la zona del gobierno a varias personas. Unos guardaespaldas, los dos Ancianos del Consejo de Konoha, Mitokado Homura y Utatane Koharu, y la futura Godaime Hokage, Tsunade. Rápidamente, se hizo el silencio.

    —¡Ah, mirad, Neji, Lee! —susurró Tenten señalando a un grupo amplio de Genin. —¡Ahí está Shiho también! ¡Hacía siglos que no la veía!

    —Sólo fue hace dos meses, Tenten, no exageres. —respondió Neji con sorna a su compañera.

    —¡Oye, sabes que es una manera de hablar, Neji, no empieces!

    Lee no estaba atento al diálogo entre sus dos compañeros, sino a la chica que acababa de mencionar Tenten: Shiho. Una chica de cabello rubio claro recogido en una coleta suelta con algunos mechones también sueltos. Tenía una gafas con cristales muy gruesos, similares a los del dispositivo ocular que tuvo que llevar Neji en su estancia en Suna. De repente, Lee sintió un agudo pinchazo cuando vio que Shiho le saludaba despacio con la mano. Recordó que la vio en el Genjutsu, pero era más mayor en aquel entonces. Fue cuando Naruto regresó de su entrenamiento, cuando Jiraiya-sama mandó aquel mensaje. Ella debía estar en el Equipo de Criptoanálisis de Konoha y ser ya Chûnin. Entonces, Lee recordó: Shiho en realidad tenía la misma edad que ellos tres, era de su misma promoción y también se había presentado en esta convocatoria a los Exámenes Chûnin. El chico de cabellos negros se sintió muy fatigado y si Neji no le hubiese estado sujetando, probablemente se habría caído.

    —Lee, ¿estás bien? —preguntó Neji en un susurro preocupado.

    Ante la negativa de Lee con la cabeza, el chico de ojos blancos prefirió dejarlo pasar de momento. Tenten presupuso que tenía que ver con la ilusión. Ya hablarían con él después.

    —¡Atentos todos! ¡Se presenta Tsunade-sama, vuestra Hokage electa! —exclamó Shiranui Genma con solemnidad.

    La mujer mencionada se levantó del sillón que presidía el lugar y revisó con la mirada a cada uno de los equipos de Genin allí presentes, posando su mirada especialmente en los miembros del Equipo Gai.

    —¡Estimados Genin de Konoha! ¡Me congratula saber que habéis podido hacer un hueco en vuestro tiempo de duelo para poder asistir a esta reunión! ¡En verdad, estoy muy agradecida por vuestra lealtad y servicio a Konoha!

    Lee pudo ver que Tsunade hacía un gesto con la cabeza siendo coherente con sus palabras.

    —¡Bien, iré directa al grano y no robaré demasiado vuestro tiempo de descanso! ¡Estáis aquí presentes para informaros sobre la reactivación de los Exámenes Chûnin de la primera convocatoria del año 081 de la Era Moderna!

    Ante estas palabras, hubo un fuerte murmullo proveniente de la arena donde se encontraban los Genin. Tenten pudo ver que Neji sonrió con cierta suficiencia al adivinar el tema de la reunión. Esta actitud algo aniñada de su compañero de ojos blancos hizo reír ligeramente a Tenten. El chistar de dientes del guardaespaldas Genma hizo que los Genin cesasen su retahíla de palabras para que Tsunade pudiese continuar.

    —¡Como Hokage que voy a ser investida en poco tiempo, me gustaría que estos Exámenes Chûnin fuesen muy especiales para vosotros y para Konoha! ¡Sé que estáis trabajando muy duro para la reconstrucción de nuestra aldea y por eso quiero que puedan convertirse en motivo de celebración! ¡En un gran y espectacular festival!

    Todos los Genin estaban expectantes ante las magníficas palabras de la legendaria kunoichi Tsunade. Lee podía comprobar la gran esperanza que comenzaba a florecer en su interior. Podía ver que esto no estaba resultando igual que en aquel Genjutsu, pero quería que Konoha resplandeciese nuevamente, contagiado por el entusiasmo del resto de presentes.

    Tsunade sonrió ante el deseo cada vez más amplio de los Genin y se decidió a dar su resolución final.

    —¡Es por ello que el gran festival de festejos para la proclamación de la nueva gobernancia de Konoha comenzará con el acto de destrucción de Sunagakure no Sato como prueba de los Exámenes de Ascenso a Rango Chûnin!

    Repentinamente, un silencio sepulcral se hizo en el ambiente, sólo interrumpido por algún respingo indiscreto.

    —¿Q-qué acaba de decir?

    —¿Acaso me han traicionado mis oídos?

    —¡No puede ser…!

    Estas eran algunas de las frases susurradas que podían escucharse en la arena del estadio por boca de los jóvenes asistentes. Uno de ellos, el chico de cabellos negros se había quedado helado por las declaraciones de Tsunade.

    —Esto… no es posible…. ¡Es imposible! –susurró lleno de temor Lee al tiempo que Neji trataba a duras penas de evitar que cayese al suelo.

    Tenten observó preocupada a su compañero de grandes cejas, quien no podía dejar de mirar el suelo impactado. 

    ¿Qué estaba pasando?

    PERFIL NINJA OFICIAL

    Número de Registro Ninja: 54-002

    Apellido: Arenji

    Nombre: Kankurô

    Apodo/sobrenombre: Quinto Maestro Kazekage (Godaime Kazekage)

    Fecha de nacimiento: 15 de mayo del año 066 de la Era Moderna

    Sexo: Hombre

    Estatus: Activo

    Tipo sanguíneo: B

    Afiliación: Sunagakure no Sato, País del Viento

    Clan/Familia: Clan Arenji (clan ninja político activo)

    Equipo: Genin Licenciado del Equipo S01 – 54

    Rango Ninja: Chûnin – Jônin (año 080 de la Era Moderna)

    Categoría Ninja: Escolta

    Naturaleza de Chakra: Viento (Afinidad Natural), Rayo, Tierra y Agua

    Kekkei Genkai: Inexistente

    Ocupación: Antiguo Líder de la División Antiterrorista de Suna, Kazekage

    PRÓXIMO CAPÍTULO 

    VÍSPERA

  • Capítulo 10 – Martirio

    Un paño mojado fue tirado con violencia sobre la cara de un aterrado Rock Lee y un jarro lleno de agua putrefacta fue vertido sobre dicha tela en un silencioso escurrir para que cayera lentamente dentro de su boca y por su nariz. El pobre chico se retorció y agitó intentando forcejear, evitar que cayera el líquido ponzoñoso en su rostro, pero era inútil: no podía mover la cabeza. Estaba férreamente atado a una mesa camilla, sujetó en cuello, muñecas y tobillos por fuertes esposas de cuero y cuerda que le dañaban la piel desnuda. En menos de dos segundos se le escuchaba suplicar clemencia, ahogado por el paño sucio y el líquido mortal que se escurría dentro de su nariz. Una clemencia que no llegaba a oídos de sus captores. No obstante, Lee no tenía ninguna duda de lo que experimentaba: se estaba ahogando.

    Tras unos segundos más, que fueron interminables para el chico, terminaron de verter todo el contenido que había en la jarra. Lee jadeó fuertemente contra la tela sintiendo que hacía una contracción de alivio con su boca tratando de buscar aire. Sintió que elevaban la camilla desde el extremo de su cabeza y retiraban con brusquedad la tela de su cara. Ante el movimiento inesperado, Lee vomitó el agua que había entrado dentro de sus pulmones y a su estómago. Una vez terminó de expulsar el líquido, el pobre muchacho lanzó un gemido lastimero sin pudor. Le ardía terriblemente la garganta y no paraba de toser desconsolado tratando de expulsar el agua que había calado dentro de sus vías respiratorias.

    —Bien, veamos si ahora se te han refrescado mejor las ideas, Rock Lee.

    Con las pestañas mojadas por las gotas que caían sin permiso, Lee levantó a duras penas la mirada para ver la molesta luz de una lámpara amarilla cegándole los ojos. Estaba completamente desnudo y sus miembros le dolían terriblemente, especialmente la pierna y el brazo izquierdos, anteriormente dañados. 

    —Te lo volveré a preguntar. ¿Quién es Toshikomi y cuál es tu relación con él?

    No era la primera vez que le hacían esa pregunta, como tampoco era la primera vez que le estaban sometiendo a esta tortura desde que fue llevado a la División de Inteligencia de Konoha. No sabía dónde se encontraba exactamente, no sabía cuántos días llevaba ahí, sólo sabía que él, Morino Ibiki, su torturador y Jefe de la División de Inteligencia y de la Fuerza de Interrogación y Tortura de Konoha, quería una información que no le podía proporcionar.

    “Si… si sigue así… si esto sigue así, voy a morir…” pensó el angustiado chico jadeante ante la presión del imponente aspecto de Ibiki. “Moriré… voy a morir…”

    Lee comenzó a llorar entre dientes. La desesperación llenó su pecho. No era para menos. Morino Ibiki era uno de los ninjas más temidos dentro del Sistema de Jerarquía Shinobi de Konoha. Era conocido por ser un sádico y firme creyente de que el dolor era la forma más eficaz de comunicación. Era un hombre grande e imponente con una cabeza robusta y cubierta por cicatrices y heridas viejas que se ocultaban tras un Protector de Frente amplio. El uniforme gris estándar de la División de Inteligencia, junto con una gabardina negra y guantes, sólo hacían darle un aspecto aún más cruel.

    Ibiki sabía apreciar totalmente la brutalidad exquisita de la tortura que le estaba realizando a Rock Lee: el ahogamiento simulado. Para realizarla correctamente, tenía que predisponer a la víctima a que supiese que estaba completamente a merced de él, que su voluntad estaba doblegada, que se le había despojado de su dignidad y humanidad como ciudadano y como shinobi. Realizar esta tortura le era especialmente satisfactorio a Ibiki si su víctima era un sospechoso de traición, como en este caso.

    El Tokubetsu Jônin vio que la cara de Lee estaba completamente contraída por el llanto y los sollozos contenidos del chico. Era el quinto día desde que había comenzado a realizar esta tortura, la única que podía realizar sin dejar ninguna marca visible en el cuerpo del muchacho. Ni moretones, ni magulladuras, ni cicatrices. Era la tortura más silenciosas que existía hasta la fecha. Había procedido a realizarla tres veces al día como tres tomas diarias de un buen antibiótico, perfecto para acabar con bacterias como Rock Lee. 

    Ibiki había sabido varias cosas durante la tortura. Preguntas básicas como los nombres de los padres de Rok Lee y su historial académico ninja fueron respondidas satisfactoriamente, pero carecían de importancia. Otras cosas más complejas e interesantes como el supuesto Genjutsu en el que había sido encerrado hacía más de medio mes, la puesta en marcha de un plan en Suna, junto con sus dos compañeros de equipo, para descubrir por su cuenta la invasión y el encuentro esporádico con un individuo llamado Toshikomi no habían sido resueltos satisfactoriamente todavía. Si bien Rock Lee no había dicho más que la verdad en todo ese tiempo, tampoco había respondido a la relación que tenía con ese esperpento de Toshikomi, especialmente porque esa persona sí conocía a Lee y a sus compañeros de equipo de alguna manera y les había hecho partícipes de lo que había sucedido en Konoha. Tenían que pagar por ello. Por el bien de Konoha. Era por eso que Ibiki se estaba impacientando vorazmente y su lado más sádico estaba decidido a sacarle hasta la última gota de información, aunque llevase completamente al chico al borde mismo de la muerte.

    Lee vio como la mirada de Ibiki se volvió mucho más fruncida. Apretó fuertemente los ojos llenos de miedo. Se sintió igual que cuando era pequeño y creía que por cerrar los ojos podría escapar de la realidad. Aquí de nada servía.

    “¡Dios mío, por favor, que se termine esto de una vez por todas!” pensó el demacrado joven gritando desde lo más profundo de su ser.

    Ante su silencio, Ibiki hizo un gesto imperceptible con la mano y ordenó a la ANBU de cabellos púrpuras, la misma que le detuvo el primer día, que se apostaba a su lado bajar la mesa a su posición anterior.

    —¡N-no, no, por favor! ¡No sé qué más contaros! ¡Por favor, no má…!

    Los gritos de súplica de Lee fueron ahogados nuevamente con el paño mojado y sus pulmones sintieron el dolor atroz de la supurante agua pútrida. Con desespero, aún recordaba cómo comenzó todo cuándo Ibiki decidió hacerse cargo de él.

    Lee se encontraba sentado en una silla cercana a una pequeña mesa de madera en un cuarto con muy poca iluminación. A su diestra, a un paso detrás de él, le custodiaba la ANBU que le había traído hasta ahí.

    “¿Qué querrán hacer conmigo, y dónde se habrán llevado a Neji y a Tenten?” se preguntaba Rock Lee con visible angustia y terror.

    Al rato, entraron por la puerta dos personas que hablaban en voz alta y muy airosa. Lee no quería alzar la mirada petrificado por los nervios.

    —No sé por qué hay que hacer nada con él. Es sólo un Genin de un equipo de tres y no puede estar aquí sin su maestro. Además, es alumno de Gai, estoy seguro de que colaborará, Ibiki.

    —Inoichi-san, comprendo sus motivos, pero ya sabe que soy el Jefe de la División de Inteligencia y de la Fuerza de Interrogación y Tortura. Yo estoy al cargo. —escuchó Lee replicar al primero. —Debemos comprobar que todo sale adecuadamente. Más en un caso como este.

    Un gruñido de molestia se escuchó como respuesta cuando el chico de cabello negro sintió como las dos figuras se pusieron enfrente de él.

    —Rock Lee, alza la vista, por favor.

    Poco a poco, el mencionado alcanzó a mirar a la voz que le llamaba. Pudo ver a un hombre de complexión delgada, con cabello largo y rubio sujeto en una larga coleta, con una mirada verde bondadosa. Era el padre de su compañera Ino: Yamanaka Inoichi. Al lado del líder del clan mentalista, se encontraba el enorme y temido Morino Ibiki con una expresión grave. Ninguno habló durante un largo rato como tratando de escudriñar al pobre Genin, quien estaba a punto de echarse a temblar.

    —Rock Lee, ¿sabes por qué te hemos traído hasta aquí? —Inoichi rompió el silencio suavemente.

    Lee afirmó despacio con la cabeza y pensó muy bien las palabras que quería decir.

    —Nos… han arrestado por sospechas de traición. A mí y a mis dos compañeros, Hyûga Neji y Tenten.

    La respuesta de Lee satisfizo al Jônin de cabello rubio. Un pequeño asentimiento y una ligera sonrisa aparecieron en su rostro.

    —Bien, bien. Veo que Gazeru os informó adecuadamente. —dijo Inoichi dirigiendo la vista a la ANBU que custodiaba al chico. —Verás, Lee, cómo te puedes imaginar la acusación que pesa sobre vosotros es bastante grave, pero yo sé que tus compañeros y tú sois buenos chicos y vais a colaborar adecuadamente con nosotros, ¿verdad?

    El silencio se impuso en la sala. Lee tenía demasiado miedo para responder al Jônin. Temía que, si decía algo fuera de lo normal, perjudicase la seguridad de sus dos compañeros de equipo. Esto fue algo que Inoichi se dio cuenta y trató de ser más amable en su siguiente interacción.

    —Piénsalo, Lee. No tienes nada que ocultar. Vosotros sois discípulos de Maito Gai. Sé que él es un Jônin que ha tratado a todos sus alumnos de manera sincera y que les ha enseñado la honestidad y la defensa de los valores de Konoha, nuestra Aldea Shinobi. —dijo Inoichi acercándose al lado del adolescente y poniéndole una mano en el hombro derecho. —Sólo estáte tranquilo y deja que pueda ver la información que tienes en tu mente para que puedas irte lo más rápido de aquí, ¿de acuerdo?

    Los ojos de Lee se encontraron con los de Inoichi en una plegaria de súplica.

    —Inoichi-san… Neji y Tenten, ¿ellos estarán bien? Si hablo, ¿no les pasará nada? —preguntó el chico de cabello negro casi en un ruego.

    —Por supuesto, Lee. Como he dicho, tú tranquilo. Si colaboras conmigo y me dejas ver toda la información que tengas, los tres estaréis fuera de aquí en un periquete. —declaró sonriente el Jônin.

    Lee sintió como su pecho se relajaba y sus ojos emanaban tranquilidad y esperanza. Respiró tranquilo al saber que no iba a pasar nada, que Neji y Tenten estarían bien y que pronto se reuniría con ellos lejos de este entuerto. Era muy bueno tener al padre de Ino de su lado como líder del Equipo de Análisis.

    —Bien, ahora voy a ver si la máquina ya se ha conectado. En cuanto mis subordinados estén también listos, podremos comenzar la exploración de tu mente. —dijo Inoichi girándose sobre sus pies, lanzando a Ibiki una mirada triunfal.

    Lee afirmó efusivamente mientras veía como Inoichi salía por la puerta para comprobar lo pactado con él. Una sonrisa fugaz apareció en los labios del chico quien se quedó mirando la puerta entreabierta de la sala. 

    Lo que Lee no pudo calcular adecuadamente fueron los pensamientos que pasaban por la cabeza de Ibiki. El Tokubetsu Jônin estaba enfadado. MUY enfadado. Sandaime Hokage había muerto hacía dos días y él había sido uno de los pocos testigos en ver el cadáver del anciano líder en el lugar del suceso. Se sentía furioso, abochornado, humillado. Esos piojosos de Suna y de Oto habían masacrado Konoha por iniciativa de ese malnacido de Orochimaru. Ahora que había sospechosos de traición quería desquitarse con ellos, sacárles hasta la última gota de información que tuviesen en sus babosos cráneos.

    “Ese maldito de Inoichi… ¡¿quién se cree que es?! ¡Él es sólo el líder del Equipo de Análisis! ¡El jefe de la División SOY YO! ¡Yo decido cómo se hacen las interrogaciones aquí!” —gritó en sus pensamientos Ibiki quien apretaba los dientes entre sus mandíbulas y sentía que sus puños bullían en sangre.

    En ese mismo momento, Lee levantó la mirada y sólo pudo alcanzar a ver que una enorme mano fue a parar violentamente a su boca. Se quedó completamente patidifuso, no supo cómo reaccionar.

    —¿Q-qué…? —trató de decir Lee mientras sentía que un hilo de sangre caía por la comisura de su labio partido.

    Un enfurecido Ibiki levantó el puño señalando a la ANBU que custodiaba a Lee.

    —¡Gazeru! ¡Levántalo y sácalo! —al chasquido de los dedos de Ibiki apareció otro ANBU en la sala. —¡Ambos! ¡Llevadlo a la sala 3! ¡AHORA MISMO!

    Ante la virulencia de la orden, los dos ANBU actuaron con una rapidez abrumadora y sin rechistar. Rock Lee se había quedado en un shock paralizante. No estaba entendiendo nada. ¿Cómo qué sacarle de allí? ¿Llevarlo a la sala 3? ¿Qué significaba todo esto? ¿Qué pasaba con lo acordado con Inoichi? Todos esos pensamientos y muchos más se agolpaban en la mente de un Lee completamente anonadado que era arrastrado sin oponer resistencia a una sala aparte. En dicho lugar, le sujetaron a una mesa camilla que estaba en posición vertical y tenía sujeciones en brazos, piernas y cuello. Antes de que pudiese darse cuenta, le tumbaron y un paño chocó contra su rostro y sintió como una enorme oleada de agua helada caía por su cara inadvertidamente.

    Lee se sintió morir. No podía respirar. Comenzó a toser por la boca, pero eso no hizo más que empeorar las cosas. El ardor que sentía en sus fosas nasales y la imposibilidad de coger aire por la nariz o por la boca le hacían sentir que se estaba ahogando. Un fuerte ruido de golpes contra la puerta interrumpió la tortura, haciéndole dar grandes bocanadas de aire a través de la tela.

    —¡¿Qué estás haciendo, Ibiki?! ¡Esto no es lo que habíamos acordado! —la voz que escuchó Lee era la de un enfurecido Inoichi exigiendo explicaciones a su torturador.

    —Cambio de planes, Inoichi. Me parece que ahora tu chico está demasiado alterado como para poder pasar por tu máquina y tus jueguitos mentales. —escuchó replicar jocosamente a Ibiki. —Ahora necesita de otro tipo de interrogatorio.

    El corazón de Lee dio un vuelco. Comenzó a temblar como una hoja, tanto por el frío que se pegaba en su vestimenta mojada como por el mismo terror que le causaban las siniestras palabras de su captor. El chasquido de una lengua le hizo volver a la realidad.

    —¡Esto no ha acabado aquí! ¡Me oyes, Ibiki! ¡Cuando Gai se entere, vas a estar metido en muchos problemas! —Inoichi gritó tratando de hacer entrar en razón al Tokubetsu Jônin a través de la amenaza—¡Lo mismo cuando se elija al siguiente Hokage!

    Una risa sádica procedente de los finos y secos labios de Ibiki resonó en la oscura sala.

    —Un perro siempre ladra más en el otro lado de la verja, ¿no crees, Inoichi? 

    Un gruñido sonó y se comenzaron a escuchar fuertes pisadas alejándose y desaparecer a toda velocidad por el pasillo. En ese momento, el corazón de Lee se hundió por completo y sintió como la mesa volvió a su posición vertical original de golpe. La toalla cayó y pudo toser con libertad antes de ver como los ojos centelleantes de sangre de Ibiki se clavaban en él.

    —Bueno, ahora que estoy YO al mando, dirás TODO lo que te pida. —escuchó decir al sádico torturador mientras daba la orden a Gazeru de que rasgara completamente su ropa.

    Una violenta oleada de náuseas hizo parar la sesión de tortura. Lee comenzó a ahogarse en su propio ácido estomacal. Rápidamente subieron la mesa a posición perpendicular, dejando caer la toalla por la gravedad y permitiendo que el chico vomitase todos los fluidos de agua y bilis que escapaban por su boca y su nariz.

    —Ibiki-san, creo que es suficiente. No dirá nada más. —expuso Gazeru que había estado acompañando a Lee desde el mismo momento de su detención.

    El jefe de los torturadores miró a la mujer ANBU y después a Rock Lee. Ibiki estaba quemado, muy quemado. Quería terminar con todo esto de una vez, pero no sin rendir cuentas ante el Consejo de Konoha.

    —Seguiremos después. En cuanto a ti… — dijo el gigantesco hombre acercándose a la oreja del maltrecho Genin. —… prepárate para lo que te espera.

    Separándose de la mesa camilla, Rock Lee escuchó que Ibiki salía por la puerta de la sala de torturas. Escuchó que desaparecía también de su vista el ANBU que había asistido con el instrumental de tortura. Sólo quedaron Gazeru y él. Ella le soltó el agarre del cuello, de las muñecas y de los tobillos, lo que le hizo caer contra el suelo dolorosamente. Lee emitió un quejido lleno de desconsuelo y luego comenzó a jadear buscando aire desesperadamente. No se atrevía a alzar la mirada.  Tras un instante, en el que sintió como la mujer le miraba con gran intensidad, percibió que la ANBU salía de la estancia lentamente y apagó la luz, dejándole completamente a oscuras.

    Tras terminar de controlar su respiración, Lee se acurrucó en posición fetal. No sabía cuánto más podría resistir. Tenía miedo, muchísimo miedo. También frío y sueño. Le habían privado de todo. Apenas le daban de comer, fruto también del proceso de tortura, y muestra de ello era que sentía como, poco a poco, comenzaba a notar sus costillas al abrazarse sobre sí mismo. El hecho de que fuese un muchacho esbelto, y que antes de comenzar este fatídico régimen de tortura poco podía comer por la restrictiva dieta médica, le habían dejado en un estado lamentable a nivel físico. Estaba perdiendo músculo y sentía que le habían robado su capacidad de resistir la humillación y el dolor físico. Gruesas lágrimas comenzaron a caer por sus ojos en un intento desesperado por salir mentalmente de este martirio. Pese a sus intentos enajenados en su lucha por sobrevivir, paradójicamente rezaba muchas veces por su muerte y su salvación de aquel terrible dolor.

    —Uh, Neji… Tenten… Dios… no quiero… no quiero que estéis… pasando por lo mismo… —dijo Lee llorando débilmente sintiendo como una niebla ligera le hacía caer en un estado de duermevela.

    A unos pocos metros, tras la puerta, la ANBU de cabello de color morado escuchaba el sufrimiento del pobre chico. Ella callaba. Sólo podía apretar sus puños llenos de frustración y rabia contenida.

    —Siento la interrupción, Madoka-sama. Aquí les entrego este mensaje urgente del Honorable Daimyô del Viento Kazetani Miya. —musitó un soldado que acababa de aparecer en una sala de aspecto sobrio, pero de materiales muy caros. —Disculpenme también ustedes, emisarios de Konoha y del País de los Ríos.

    Se escuchó un silencio muy tranquilo que confirmaba la aceptación de la disculpa de los presentes. La amplia sala de colores lustrosos del Castillo del Daimyô del Fuego estaba reuniendo a miembros selectos de los lugares afectados por la Invasión de Konoha. En una enorme y larguísima mesa estaban apostadas dos comitivas a sendos lados cada una. 

    A la derecha, se encontraban Utatane Koharu y Mitokado Homura, como representantes del Consejo de Konoha; el Comandante Jônin Nara Shikaku, como representante del Sistema de Jerarquía Shinobi de Konoha y de los líderes de los clanes de la misma Aldea; el Comandante ANBU Shibu, como representante del Escuadrón Especial de Asesinatos y Tácticas de Konoha; y finalmente el civil Genzô, como representante de la Guardia Urbana de Konoha.

    Por otro lado, a la izquierda, estaban apostados dos Ministros del Daimyô de los Ríos, dos Chûjô o Teniente General como representantes del Ejército Principal de los Ríos, y un Shôsa o Mayor como representante de las unidades especializadas y del pueblo de los Ríos.

    En la zona de la presidencia había tres personas: dos Ministros del Fuego: Dangô y Kaizô; y, como anfitrión, coronaba Madoka Akira, el Daimyô del País del Fuego. Con un sonido nasal, éste acabó de leer y le pasó el pergamino a sus Ministros para que estuviesen informados de las novedades.

    —Bien. Informa a Kazetani-dôno que aceptamos su generosa oferta. —sentenció Akira mirando al mensajero que no se había movido un ápice de su postura reverente.

    Tras dirigirle un sonido respetuoso de afirmación, el mensajero salió de la estancia sin dejar de mostrar la reverencia a su señor.

    —Mis queridos invitados. —comenzó hablando con pompa Madoka Akira. —Tengo muy buenas nuevas para todos ustedes.

    Los presentes agudizaron sus oídos interesados por las noticias. Llevaban más de cuatro horas en un diálogo de negociaciones y sospechas que no estaba llegando a ningún lado. Esperaban que, con el repentino mensaje del Daimyô del Viento, la situación se relajase un poco.

    —¿Cuáles son esas noticias, Madoka-sama? —preguntó uno de los Ministros del País de los Ríos.

    Una pequeña risita cómplice salió de los labios de Akira. Los presentes vieron cómo sacó un abanico de la amplia manga de su traje, lo abrió y se tapó la boca para comenzar a reírse jocosa y sonoramente.

    —Jo, jo, jo, resulta que nuestro querido amigo Kazetani Miya-dôno ha reconocido su ineptitud total para con su Aldea Shinobi. Nos ha confirmado que el Kazekage Arenji Rasa murió a manos de Orochimaru previamente al ataque en Furuya no Kyô. —cerró el abanico con pomposidad y señaló el documento que extendía Dangô ante todos. —Nos acaba de enviar este documento oficial disculpándose con nuestra presencia y se ha comprometido a entregarnos el territorio del Paso Musashimo durante los próximos 50 años. Algo bueno para vosotros también, Konoha, jo jo jo.

    Sonidos de alivio se escucharon en la amplia y gran mesa que ocupaba la sala de reuniones. El Shôsa de la comitiva del País de los Ríos habló haciendo comentarios del tipo “por fin iba siendo hora” y “tenemos un poco de paz”. Los miembros de la comitiva de Konoha se reservaban los comentarios para ellos mismos, quedándose en silencio. A un gesto de uno de sus superiores, el Shôsa calló.

    —¿Entonces quiere decir que las negociaciones han terminado satisfactoriamente, Madoka-sama? —preguntó el mismo Ministro de los Ríos que había hablado anteriormente.

    Akira dejó su comportamiento triunfal para recomponerse y mirar al emisario del País de los Ríos. A un gesto del Daimyô precedió a hablar su consejero Dangô.

    —En lo que respecta a las informaciones del Viento, representan algo bueno para los Ríos. Suna ha reconocido su completa y absoluta responsabilidad con la Invasión de Konoha y esto significa que los Ríos no ha tenido ningún tipo de actuación negativa para con nosotros. Sólo han sido víctimas colaterales de las circunstancias—declaró el hombre de gafas redondeadas haciendo que las expresiones de la comitiva de los Ríos se relajasen completamente.

    —¡Eso es lo que hemos estado diciendo constantemente desde el momento en que hemos llegado y…! —exclamó sorpresivamente uno de los Chûjô de los Ríos.

    Ante la férrea mirada de los Ministros de dicho país, el Teniente General no dijo mucho más y se quedó completamente callado. Shikaku observó la escena con diversión interior. Le parecía increíble que el País de los Ríos hubiese enviado a este individuo a representar a su país en una reunión de semejante calibre. Si esto era lo mejor que los Ríos podían ofrecer, desde luego significaba que no podían haber liderado un ataque para acabar con el Hokage.

    —Independientemente de que nosotros no tuviésemos que ver con el ataque, éramos anfitriones de la reunión que se organizaba entre Kazekage-sama y Hokage-sama. —comenzó hablando el segundo Ministro de los Ríos que había permanecido callado hasta entonces. —Nuestra seguridad fue laxa y eso ha llevado a esta tragedia sin precedente. Les pedimos humildemente que acepten nuestras disculpas.

    La comitiva de los Ríos se levantó y procedió a hacer una reverencia tan postrada que sus frentes casi tocaban la mesa de la sala. Las miradas de Shikaku y del resto de miembros de Konoha se encontraron entre sí y Utatane Koharu procedió a hablar.

    —Por favor, levanten su cabeza. La situación ha sido muy dura para nuestros dos países. Desde Konoha, asumimos el compromiso para continuar con buenas relaciones con el País de los Ríos. —declaró Koharu suavemente.

    Los ojos de los miembros de la comitiva de los Ríos se iluminaron cuando levantaron sus rostros. En ellos había una esperanza muy deseada. Y es que desde su país, Harunobu Ryôshu, el Daimyô de los Ríos, estaba muy estresado por todo lo que había pasado. Un atentado contra el Hokage, perteneciente al País del Fuego, era motivo más que suficiente para empezar una guerra y la anexión de su territorio a éste país. Era algo que debían impedir a toda costa. Por eso, la llegada de la carta de Kazetani Miya había sentado como un vaso de agua helada en un día caluroso de verano.

    —¡Muy bien, entonces está decidido! El Fuego se reconcilia con los Ríos y todos quedamos como amigos. —exclamó con alegría Madoka Akira.

    —Un momento, Madoka-sama. Aún queda solucionar con los Ríos el otro asunto por el que han venido. —inquirió respetuosamente el Ministro Kaizô a su señor.

    Shikaku contuvo la necesidad de rascarse la cabeza incómodo por la infantil actitud de Madoka Akira. Desde que comenzó a actuar como Comandante Jònin de Konoha y tenía que asistir a reuniones de este tipo, había tenido que lidiar con actitudes muy variadas. Una de las que más le parecía increíble era la volubilidad y la falta de decisión de su propio Daimyô. Le costaba creer que alguien así pudiese estar gobernando un país entero tan grande como el del Fuego.

    —¡Ah, es verdad! ¡Harunobu-dôno tiene interés en aliarse con nosotros, ¿cierto?!

    Uno de los Ministros de los Ríos carraspeó y trató de elegir sus palabras sabiamente.

    —Sería renovar el tratado de paz que tenemos vigente. Con el permiso de Vuestra Excelencia, Madoka-sama.

    El Daimyo del País de los Ríos también había enviado a la comitiva de los Ríos a Kyokaen, la capital del Fuego, con el objetivo de aliarse por el doble magnicidio perpetrado, uno frustrado contra sí mismo, además del realizado contra Sarutobi Hiruzen. Crear una coalición defensiva contra Orochimaru era el objetivo deseado.

    —Como sabe Vuestra Excelencia, Orochimaru ha estado utilizando pequeños países para poder realizar sus siniestros planes. A partir de ellos, ha ido reclutando a su ejército personal y ha logrado cometer el acto terrorista de Furuya no Kyô. —continuó el Ministro con prudencia. —Queremos evitar que tanto el Fuego como los Ríos caigan en una situación de indefensión con tal criminal suelto.

    Madoka Akira afirmaba cada una de las palabras que escuchaba con los ojos cerrados mientras mantenía una posición de entendimiento con los brazos cruzados. 

    —¿Qué piensas de ello, Dangô? —preguntó Akira mirando de reojo a su Ministro más fiel.

    Shikaku veía en silencio el teatro diplomático que estaba produciéndose. Sabía de buena tinta que cuando  Madoka Akira precisaba ordenar decisiones rápidas e importantes, dejaba que sus asesores hicieran el trabajo: el que más lo convencía era el «ganador».

    —Pienso que es una estrategia adecuada tanto a corto como a largo plazo, Vuestra Excelencia. Ambos países podemos ayudarnos compartiendo información y recursos para encontrar, capturar y ejecutar a Orochimaru antes de que se haga demasiado fuerte. —declaró sabiamente el Ministro Dangô con firmeza. —Konoha está también de acuerdo con mis palabras, ¿cierto?

    Koharu y Homura asintieron a la pregunta afirmativa de Dangô. No había mucho lugar para la maniobra política. Orochimaru era un ninja renegado procedente de Konoha y era responsabilidad de la aldea encargarse de él para terminar todo este problema que llevaba arrastrándose durante casi más de diez años.

    —¡Perfecto! ¡Entonces será así! ¡Dentro de un mes se firmará en la capital la renovación del tratado de paz con la adhesión de la Coalición contra el vil Orochimaru! —gritó contento Madoka Akira. —Así pues, miembros del País de los Ríos, pueden retirarse e informar a Harunobu-dôno de las buenas nuevas después de terminar de visitar estos días nuestra capital.

    La comitiva de los Ríos se levantó suavemente, pero con un empuje de alegría y alivio en sus cuerpos.

    —Siento que no podamos despedirlos personalmente, pero aún tenemos que encargarnos de más reuniones en el día de hoy. —dijo Madoka Akira con una pequeña sonrisa.

    Tras varias reverencias, los soldados del Fuego llevaron hasta la salida de la estancia a los miembros de la comitiva de los Ríos. En la sala, sólo quedaron Konoha y los anfitriones del Fuego.

    —¡Muy bien! Ahora podemos continuar conversando con las negociaciones que dejamos pendientes en la reunión de ayer. Hoy terminaréis de informarnos de todo.

    Shikaku suspiró despacio. Este también era el tercer y último día de reuniones sobre las negociaciones que se habían realizado con Suna y Oto. Desde Kyokaen, la comitiva de Konoha se había reunido en privado con los emisarios de Suna y con los ministros Kaizô y Dangô como mediadores de Madoka Akira para llegar a un acuerdo que satisficiera a Su Excelencia.

    —Por parte de Suna, hemos podido alcanzar los tres acuerdos principales que solicitamos como parte de la compensación por los daños recibidos. —declaró Homura dejando un aire de triunfo en sus palabras de manera disimulada. —En primer lugar, Suna ha aceptado admitir públicamente su participación en la invasión y disculparse formalmente con Konoha. Además, esto se enmarca dentro del establecimiento de un nuevo tratado de paz entre ambas aldeas que tendrá condiciones más estrictas para el lado de Suna.

    Madoka Akira asintió conforme con el primer acuerdo establecido con los ninjas de su aldea. El Ministro Dangô escuchaba y Kaizô escribía cada una de las palabras del interviniente, sin dejar nada perdido en el acta.

    —Además, Suna deberá proporcionarnos información detallada sobre su colaboración con Orochimaru y Oto. Todo ello con el objetivo de encontrarle y acabar con él de manera inmediata y definitiva. —sentenció Homura dando por terminado su alegato.

    —Umh. ¿Y  qué me decís de eso, de Oto? Hemos tratado de contactar con Inadori-dôno y ha sido prácticamente imposible establecer relación con él. Sin su intercesión, dudo que sea fácil conocer más sobre Oto.

    Shikaku evocó en su mente los aburridos libros de historia que su padre le obligaba a leer en casa cuando era heredero del clan. Recordó que durante el período de la Segunda Gran Guerra Ninja, el País del Fuego se aprovechó de la situación del poco avance tecnológico y militar del País de los Arrozales y procedió a saquear sus recursos minerales durante cinco años de manera tiránica y cruenta. Desde entonces, la familia Inadori y sus descendientes habían mantenido relaciones gélidas con el Fuego.

    —Como Vuestra Excelencia ha mencionado, Inadori Minoru no ha respondido a vuestras misivas y eso ha dificultado conseguir información directa sobre cómo, cuándo y por qué dejó fundar una Aldea Ninja a Orochimaru. —dijo Koharu muy respetuosamente a Madoka Akira. —No obstante, utilizaremos a los ninjas de Suna para saber la mayor cantidad de información que disponen de ese lugar y de las personas que lo ocupan.

    Madoka Akira afirmó con la cabeza mientras apoyaba sus manos sobre su barbilla encima de la mesa.

    —Bien. Suena como un buen plan. Al fin y al cabo, vosotros sois los especialistas en ello, ju, ju. —dijo el Daimyô del Fuego mientras la comitiva de Konoha afirmaba en silencio. —Bueno, ¿qué más? ¿Cuáles son los apartados del tratado?

    Shikaku aprovechó la ocasión y procedió a intervenir.

    —Tras estos tres días, los emisarios de Suna, Genzô, Shibu y yo hemos establecido los parámetros del nuevo tratado de paz conjunto Konoha-Suna. —dijo Shikaku con tranquilidad en la voz. —Se ha establecido una compensación económica a modo de indemnización para cubrir los daños materiales causados durante la invasión, tanto los de las infraestructuras como los personales. Además, se les impondrá una multa millonaria para evitar que Suna pueda llegar a reproducir una acción semejante a futuro. Vuestra Excelencia nos confirmará el total a negociar en las próximas reuniones.

    El Daimyô del Fuego asentía satisfecho a las palabras de Shikaku. Al fin y al cabo, escuchar que Konoha recibiría dinero de un tercero como compensación era algo que le venía muy bien para hacer algunos recortes durante un tiempo a su Aldea Ninja e invertirlo en otros asuntos.

    —Por otro lado, se impondrán restricciones a las fuerzas militares de Suna cuando quieran ingresar dentro de las fronteras de Konoha y hasta en un radio de 50 kilómetros desde las mismas Murallas. El número de equipos que podrán estar en la Aldea no serán más que una decena y tendrán que contar con una autorización firmada por Konoha que deberán recoger en…

    Shikaku paró de hablar momentáneamente al ver que Madoka Akira bostezó sonoramente. Se mordió mentalmente los labios al recordar que al Daimyô no le interesaban los detalles burocráticos de Konoha.

    —A lo que me refiero, Vuestra Excelencia, es que sólo podrá haber una pequeña cantidad de equipos. Sólo diez y hasta que uno no salga de las fronteras de Konoha no podrá ingresar otro. —resumió Shikaku tratando de hacer que el Daimyô se reconectara con su conversación.

    —¡Ah, bien, bien! ¡Eso es bueno! —exclamó Madoka Akira con fervor.

    Shikaku suspiró aliviado. Ya no quedaba mucho más que explicar y quería mantener al Daimyô atento para terminar todo y volver a casa de una vez por todas.

    —Finalmente, con el permiso de Vuestra Excelencia, solicitaremos la información y los datos actualizados del Paso Musashimo del que nos ha informado previamente pasará a jurisprudencia del País del Fuego. —declaró Shikaku queriendo pasar al último asunto del tratado de paz. —De esta manera, podremos establecer un punto estratégico de vigilancia que antes resultaba favorable para Suna y el Viento. Ahora será en beneficio nuestro.

    El Daimyô del Fuego afirmó con un tono nasal y sacó nuevamente su abanico para abanicarse con él mientras tapaba su boca.

    —¿Y qué me decís de Sabaku no Gaara? Tenemos entendido que se ha descubierto que es el Jinchûriki del Ichibi. —Madoka Akira comenzó a utilizar su voz como un niño caprichoso. —¿Acaso no habéis pensado en la posibilidad de conseguirlo para mejorar nuestro poder?

    Ante la repentina pregunta, Shibu, quien había permanecido callado hasta entonces, procedió a hablar.

    —Vuestra Excelencia, nuestra intención fue tratar de conseguir a ese chico o de, al menos, exigir cierto grado de supervisión sobre él. No obstante, los emisarios de Suna se negaron fervientemente, e incluso llegaron a amenazar con suicidarse en ese mismo momento si llegábamos a conseguir la potestad sobre el hijo menor del difunto Kazekage Rasa. —informó elocuentemente el Comandante ANBU. —Si eso llegaba a pasar, se hubiese producido otro conflicto con el Viento que convenía evitar.

    —¡¿Ehhh, en serio?! ¡Qué lástima! ¡Me hubiese encantado tener al Monstruo de Una Cola junto con el de Nueve Colas en mi ejército de ninjas! —Madoka Akira hizo un ligero puchero casi imperceptible que no pasó desapercibido por la comitiva.

    Shikaku sintió como un escalofrío pasaba por su espalda y la ira parecía subir por la nuca de su cabeza. Le molestó que el Daimyô pensase en Uzumaki Naruto como un juguete al que usar en su tablero de poder, pero no podía hacer nada. El Nara recordaba como Kushina, la madre de Naruto, había tenido que lidiar con esas ideas y designios, como había tenido que soportar una carga demasiado pesada desde pequeña. Le molestaba que Naruto tuviese que seguir con esa misma carga de una maldición.

    —Pero no se preocupe, Vuestra Excelencia. En compensación, y siguiendo las antiguas costumbres de los pueblos nómadas de los territorios del Viento, recibiremos como ofrenda de paz a la hija mayor del Kazekage Rasa, Temari, la conocida como Kaze no Hime (Princesa del Viento). —declaró Shibu tratando de contentar al Daimyô. —Contaremos así con un rehén de alta calidad que evitará casi con total seguridad que Suna vuelva a hacer cualquier tipo de intentona de destrucción o invasión.

    Madoka Akira comenzó a aplaudir entusiasmado ante las palabras de Shibu mientras éste permanecía con su impasible máscara de ANBU.

    —¡Magnífico! ¡Espléndido! ¡Una princesa de Suna como prisionera política es una estrategia perfecta! —el Daimyô de Fuego dirigió una mirada divertida al líder del clan Nara —Imagino que te encargarás de ella y la vigilarás, ¿cierto, Shikaku?

    La declaración de Madoka Akira pilló desprevenido al hombre de barba de chivo y coleta alta que le miró con cara de tonto.

    —¿Perdone, Vuestra Excelencia? ¿Queréis que el clan Nara se encargue de esa chica? —preguntó Shikaku sin entender nada.

    —¡Pues claro! —Akira se volvió a tapar la boca con el abanico monocolor. —Eres el Comandante Jônin de Konoha y controlar a una niñita no será mayor problema para ti o para tu clan. Al fin y al cabo, sois expertos en las sombras. Podréis… atarla cuanto deseéis, ju, ju, ju.

    Las declaraciones del Daimyô hicieron que se le revolviera ligeramente el estómago. Shikaku quería creer que Madoka Akira estaba en una actitud demasiado estúpida como para no darse cuenta de la implicación soez e insultante a la que se estaba refiriendo hacia su clan. Ante la mirada de Shikaku, Koharu habló para mediar en la conversación.

    —Por supuesto que Shikaku podrá encargarse de la hija del difunto Kazekage Arenji Rasa. Su clan es uno de los más famosos y estratégicos existentes en el mundo Shinobi. Lo hará con mucho gusto.

    Aturdido y agradecido por las palabras de la Anciana del Consejo de Konoha, Shikaku afirmó su compromiso y el de los miembros del clan Nara de ser los guías y vigilantes de Temari de Suna mientras fuera una prisionera política.

    —Entonces, ¿eso sería todo verdad, Koharu, Homura? Suna entonces ya dejará de ser un problema para vosotros. —declaró triunfante Madoka Akira. —No obstante, de alguna manera, sentimos que falta alguna cosa que tratemos…

    —Efectivamente, estra Excelencia. Hoy se procederá a realizar las últimas ejecuciones a los ninjas de Suna y de Oto capturados durante la invasión. Mañana comenzará a entrar en vigor el nuevo tratado de paz que le hemos informado. —confirmó Homura con tranquilidad en su voz y en su espíritu —Aquí mismo tengo el boceto del acta para ser anunciada y publicada por los pregoneros oficiales. La enviaré tras la reunión con vuestra aprobación, Vuestra Excelencia, y…

    Repentinamente, la puerta de la sala sonó con algo de fuerza haciendo exaltar a todos los presentes.

    —¡Adelanteeee! —exclamó animado Madoka Akira haciendo un aspaviento juguetón con la mano que portaba el abanico extendido. 

    De la puerta, apareció un ninja que todos los que componían la comitiva de Konoha reconocieron. Un hombre alto y musculoso, vestido con un traje elástico verde y un chaleco y Protector de Frente de Konoha. Aquel conocido por sus gruesas cejas y su pelo con estilo de corte tazón, Maito Gai.

    —¡Oh, un invitado inesperado de Konoha! ¡Pasa y siéntate con nosotros! —gritó Madoka Akira efusivo.

    Gai hizo una reverencia profunda ante los presentes, especialmente ante el Daimyô del Fuego.

    —Gai, ¿a qué se debe tu presencia? —preguntó Shikaku calmado. —¿Ha ido todo bien en Furuya no Kyô?

    El Jônin de traje verde se alzó con rigidez ante todo el aspecto de riqueza del palacio. No estaba acostumbrado a ello, debido a su vida sencilla y austera.

    —Disculpen las molestias. He venido para informar que se ha procedido a la limpieza de los enemigos del ataque en el País de los Ríos y el levantamiento del cuerpo de Sandaime Hokage. Hatake Kakashi fue enviado a Konoha días previos para notificar a Danzô-sama. —dijo Gai con algo de nerviosismo. —He venido a informar que el cuerpo de Sandaime Hokage y Jiraiya-sama deben estar en Konoha ya en estos momentos y…

    Un aspaviento por parte de Madoka Akira sobresaltó a todos los presentes. Tanto los ministros como los miembros de la comitiva sintieron que sus corazones trataban de buscar tranquilidad ante el entusiasmo patente del Daimyô.

    —¡Eso es, eso es! ¡Eso era lo que faltaba por hablar! —gritó efusivamente Madoka Akira. —¡Tenemos que elegir al siguiente Hokage! ¡Votamos por Jiraiya!

    En un largo pasillo plagado de pequeñas celdas frías y húmedas se escuchaba la salpicadura de una gota constante que caía al suelo. En el fondo de una de esas celdas yacía el cuerpo de una cansada y adolorida Tenten. La joven adolescente acababa de despertar debido al sonido recurrente del agua. Sus ojos marrones, ahora llenos de ojeras grandes y oscuras, parpadearon faltos de luz al descubrir nuevamente que se encontraba encerrada en el mismo lugar que ayer y que todos los días anteriores.

    Tenten procedió a sentarse con cuidado para comenzar a notar las cadenas que la ataban en muñecas y tobillos. Aunque la dejaban espacio para moverse por casi toda la celda, podía sentir su gran pesadez, que combinada con el debilitamiento por la falta de comida y de sueño, la sentía especialmente fuerte. La chica terminó de sentarse, le dolía la garganta por el frío, pero quiso saber si él estaba bien.

    —N-neji, ¿estás despierto?

    Un gruñido y el raqueteo de unas cadenas ajenas se escucharon en la celda de al lado.

    —Lo estaba, hasta que me has preguntado. —escuchó al chico de ojos blancos con la voz ligeramente flemática. No estaba de buen humor.

    —Lo siento… —respondió Tenten tratando de evitar que el mal humor de su compañero aumentase.

    Los dos miembros del Equipo Gai llevaban varios días encerrados. Desde que fueron encarcelados por los ANBU que les arrestaron, no se habían visto. Sólo se habían podido comunicar hablando a través de la reja de sus respectivas celdas. La chica de cabello chocolate recordaba como los primeros días de encierro trató de discutir con Neji sobre los motivos que les trajeron hasta allí, pero Neji la arengó a callar, ya que los ANBU podían escucharles y podían ir en su contra. Sin embargo, con el paso de los días, apenas querían decir algo, tanto por la falta de temas de conversación como por el estado psicológico alterado en el que estaban sumidos. 

    Tenten levantó la mirada para ver que delante de ella había un trozo de pan reseco tirado en el suelo de su celda. Le pareció sorprendente. El tiempo, el aturdimiento y el hastío estaban haciendo mella en su mente. Ya no recordaba si es que no había escuchado al ANBU que les alimentaba entrar o si no lo había comido desde que se lo trajeron la última vez.

    —H-hoy… es … creo que es el séptimo…, ¿verdad? —preguntó Tenten con cautela. —El séptimo día que llevamos aquí…

    —Es el noveno, Tenten… —respondió con un hilo de voz Neji. —Llevo la cuenta de las comidas que nos traen….

    Tal como temía la chica, acababa de perder la capacidad de determinar los días en ese penumbroso lugar. Pequeños candelabros con velas a medio derretir iluminaban tenuemente. Apenas podía distinguir algo enfrente de ella desde el día que les habían encerrado. En esa prisión no había luz, ni ventanas, la única manera de saber el tiempo que llevaban allí era contabilizando la comida que les traían, pero eso ya no era una opción para Tenten.

    Repentinamente, una oleada de ácido estomacal subió a la boca de la joven adolescente. La chica tuvo que llevarse una mano a la boca para intentar no vomitar mientras sujetaba su vientre con fuerza debido a un terrible dolor que se le cruzaba entre el estómago y el esófago. Si Neji estaba en lo cierto, llevaba desde el quinto o sexto día sintiéndose así, el mismo momento en el que dejó de comer y que, por obvias razones, no le estaban proporcionando más alimento. Aunque quería evitar preocupar a Neji, no pudo reprimir un pequeño gemido de disconformidad mientras trataba de tragar el líquido e intentaba que el amargor desapareciera de su boca sin éxito.

    —Tenten, ¿estás bien? —escuchó decir a Neji a quien no pasó desapercibida la queja de su compañera.

    —S-sí, creo que… —Tenten dudo un instante antes de hablar. —N-no… la verdad es que no estoy bien. Me duele mucho el estómago y la boca no para de saberme a ácido. No sé qué me está pasando…

    —¿Es por eso has dejado de comer?

    Tenten abrió los ojos con sorpresa. Pudo atinar a escuchar un ligero tono de preocupación en la voz de su compañero de equipo.

    —¿Desde cuándo lo sabes, Neji? —preguntó la chica levantando ligeramente las cejas en medio de la penumbra.

    —La noche de hace tres días… fue la última vez que comiste algo… —respondió Neji con debilidad en su voz. —Las veces siguientes sólo me han servido a mí… supongo que tienes alimento en tu plato, ¿cierto?

    Tenten sonrió pese a la amargura. Desde que les trajeron a la prisión, a Neji le habían puesto un antifaz especial que le imposibilitaba usar su Byakugan, e incluso ver con normalidad. Por ese motivo, el chico había estado usando el resto de sentidos para entender, aunque con dificultad, lo que ocurría en sus alrededores. De todas maneras, la capacidad deductiva de Neji no dejaba de sorprender a Tenten. Ni siquiera en las horas más bajas el cerebro de él dejaba de hipotetizar basándose en datos. Pese a que muchos le llamaban genio por su destreza y fuerza física, por las habilidades que había desarrollado en el Clan Hyûga pese a pertenecer a la rama secundaria, Tenten consideraba que el mayor don de Neji era su habilidad de teorizar adecuadamente y saber hacer qué era lo correcto en base a ello.

    —Deberías comer, aunque sea un poco. Te enfermarás aún más si no lo haces. —respondió Neji sintiendo como la mucosidad se acumulaba en su garganta.

    —Ya estoy lo suficientemente enferma, Neji. Si como algo, siento que lo voy a vomitar… y temo no parar…

    La respuesta de Tenten hizo que Neji se quedase en silencio durante un rato largo. La chica sintió como ese silencio se estaba volviendo pesado en su pecho. No sabía cuánto iban a poder durar más en esa oscuridad, en esa angustia. Les faltaba lo mínimo y básico para sobrevivir en condiciones ínfimamente aceptables, añadiendo el hecho de que no sabían que querían hacer con ellos, puesto que no les habían dicho nada desde que llegaron allí. Tenten estaba comenzando a sentir que llegaba a un punto peligroso en el que la desesperanza se iría clavando en su mente y en su corazón en los próximos días e incluso horas si seguían tal y cómo estaban.

    —¿Cómo estará Lee? —preguntó como en una nube soporífera la chica de cabellos chocolates. —Me pregunto si estará igual que nosotros…

    El tema de Lee era algo que habían decidido no hablar. No era que los dos adolescentes hubiesen llegado a un acuerdo de ello. Era algo que habían decidido tácitamente, por todo lo que habían vivido con su compañero de gruesas cejas desde que despertó de aquella ilusión.

    —…o sé…

    Un sútil hilo de voz se deslizó por las rejas de la celda de Tenten.

    —¿Eh, q-qué dices? No te he entendi…

    —Dije, ¡QUE NO LO SÉ! —gritó repentinamente Neji con una franqueza jamás mostrada en el pasado.

    Los ojos cansados de la joven se abrieron en un estado de alerta. El clamor de la voz del chico de ojos blanco hizo que Tenten diera un respingo de sobresalto. 

    —¡No lo sé, Tenten! —escuchó decir a Neji continuando su arrebato. —¡No sé qué le ha podido pasar a Lee! ¡No sé dónde pueden habérselo llevado! ¡Ni siquiera sé si puede estar vivo aún!

    El sonido de unas cadenas y de un gruñido alertó que Neji se había puesto en pie.

    —¡Míranos! ¡Mira la situación en la que estamos! ¡¿Cómo vamos a saber en qué estado está Lee?! ¡Si ni siquiera sabemos en qué situación estamos nosotros! ¡Llevamos aquí nueve malditos días y nadie nos dice nada! ¡Nadie nos quiere decir qué quieren de nosotros! ¡Simplemente quieren volvernos locos! ¡Qué digamos lo que sea! ¡Sólo quieren un chivo expiatorio de todo lo que ha pasado en Konoha y nos han elegido a nosotros!

    Tenten aguantaba la respiración en completo silencio. Había calculado mal la paciencia y el estado psicológico de su compañero. La chica comenzó a sentir que su mente estaba en riesgo de salirse de su cuerpo. Era todo tan ilógico, tan incoherente. Creía que lo estaba viviendo cómo algo completamente ajeno a su realidad. Primero, lo de Lee, luego su arresto y ahora el desconocido ímpetu de un Neji completamente alterado.

    De repente, se hizo el silencio y Tenten escuchó, tras una larga retahíla de quejas, cómo las cadenas volvían a sonar, pero esta vez contra el suelo de la celda de al lado.

    —Yo… yo… no sé qué hacer… —comenzó diciendo Neji tras una pausa. —Yo… soy un inútil… 

    Tenten sintió que los ojos comenzaron a llenarse de lágrimas por las palabras de su compañero. Un sollozo ajeno evitó que sus propias lágrimas comenzasen a caer por sus mejillas sucias y descoloridas. Neji… ¿estaba llorando? La chica sintió que su respiración comenzó a aguantarse nuevamente.

    —Yo… se supone que siempre he sido el líder de nuestro equipo, cuando Gai-sensei no estaba… se supone que soy el que siempre sabe lo que hay que hacer… pero ahora no… ahora no sé qué puedo hacer, qué podemos hacer… no sé siquiera si nos dejarán salir con vida de aquí…

    La voz de Neji comenzó a desgarrarse. Tenten creía que si decía algo corría el riesgo de que su compañero estuviese a punto de echarse a llorar desconsoladamente.

    —Y ahora, además de no haber podido ayudar a Lee, de no haber podido ayudarle con todo lo que ha estado pasando desde que despertó de aquella ilusión… ahora sé también que… no he podido protegerte a ti… has caído enferma y eso sólo puede ir a peor en prisión… yo… lo s-siento… de verdad… que lo siento, Tenten… no puedo proteger nada… no puedo protegerte…

    Los sollozos de Neji comenzaron a entremezclarse con tosidos moderados. Aunque él no quería admitirlo, Tenten sabía que Neji había caído enfermo antes que ella y había estado aguantando en silencio todo su propio sufrimiento. Ahora había sido testigo de cómo Neji se había tragado su orgullo y le había abierto su corazón. Sentía que no debía, no podía y no quería dejarle sólo. Tras unos instantes, Tenten se pasó su mano por sus ojos abotargados y se los restregó con fuerza.

    —S-soy yo la que debería disculparse, Neji… en verdad… en verdad soy una persona egoísta… siempre… h-he pensado que eras el que tenías respuestas para todo… que podía descargar mi propia responsabilidad en ti… mis actos y las consecuencias de ellos…

    Tenten podía escuchar cómo los sollozos de Neji comenzaban a sosegarse mientras ella continuaba hablando.

    —Pero… estaba equivocada… me equivoqué… he… abusado de tu confianza… y te he dado una carga, una responsabilidad que nunca ha sido tuya, sino de todos, de los tres… ahora estamos en una situación límite… y, cómo dices, no sabemos qué quieren de nosotros, ni qué quieren de Lee…

    La chica de cabello chocolate hizo una parada tratando de recomponerse, pues sentía que estaba cada vez más cerca de derramar grandes lágrimas.

    —Yo… soy la que lo siente, Neji… fui yo la primera que sugirió ir a Suna a investigar… soy una persona torpe y excesivamente directa… eso nos ha metido en problemas muchas veces y… no te he agradecido lo suficiente… por ayudarme… por todo… sólo… no quiero que… no quiero que acabe todo aqu-…

    Un suspiro sollozado salió de su garganta y no pudo continuar. Tenten comenzó a secarse la cara con fuerza, tratando de parar el aluvión de lágrimas silenciosas, pero abundantes. Estaba desconsolada. Sólo quería salir de allí, volver a su casa con su padre, volver a cómo estaban antes de que Lee hubiese entrado en aquella ilusión, deseaba con toda su alma despertar de aquel terrible sueño.

    —Tenten… ven…

    El sonido de las cadenas y de la voz de Neji sacaron de sus pensamientos a Tenten. No sabía exactamente a lo que Neji se refería, pero se acercó a las rejas de su celda. Al asomarse pudo ver que la pálida mano de su compañero trataba de llegar hasta dónde estaba ella. Ante la acción, Tenten no lo pensó. En un impulso la chica sacó su mano, queriendo agarrar la de su compañero con fuerza, pero sólo pudieron llegar a tocar la punta de su dedo índice. Aunque no sabía por qué, Tenten sintió que con eso bastaba y sobraba para que su corazón se tranquilizase.

    —Tenten, te prometo que saldremos de aquí con vida… aún no sé cómo, pero saldremos… lo juro…

    Las palabras de Neji, junto con el pequeño y significativo contacto, hicieron que la chica se sintiera más ligera. Tenten no dejaba de pensar en cuán misterioso estaba siendo ese momento para ella y cómo, por algún motivo que desconocía, quería que durase para siempre. Deseaba, de alguna manera, que Neji estuviese sintiendo algo similar.

    —Creía que eras el más lógico y racional… ¿cómo puedes jurar algo así? —preguntó Tenten divertida ante el momento apasionado de Neji.

    —Oye, ten confianza en mí, ¿de acuerdo? Hay algunas ocasiones donde sólo hay que poner un poco de fe…

    Una pequeña risa salió de los labios de Tenten. Se sintió de mejor humor ante la pantomima que estaba realizando Neji. Ninguno de los dos cesó en su tacto hasta que escucharon abrirse una puerta al fondo del pasillo de la amplia sala de celdas.

    —Neji…

    —Shh, no digas nada…

    Los pasos comenzaron a avanzar con rapidez hasta donde se encontraban las celdas de ellos dos. En poco menos de un minuto, Tenten pudo ver que delante de su celda se encontraban dos ANBU, una de ellos con largo pelo color morado se le hacía extremadamente familiar. La ANBU que se había llevado a Lee. Tras unos instantes que a Tenten le parecieron horas, la mujer habló.

    —Hyûga Neji y Tenten. Por orden de Yamanaka Inoichi, tenemos órdenes de dejaros salir de prisión. —dijo la ANBU con cabello teñido. —El Equipo Gai ha sido encontrado inocente de la sospecha del crimen de traición a Konoha.

    Tenten parpadeo varias veces, incapaz de hablar por las noticias, mientras miraba anonadada como la ANBU procedía a eliminar los explosivos y el sello que impedía la entrada y salida de su celda. La chica de cabello chocolate vio que la mujer entraba en su celda y comenzaba a liberarla de sus cadenas sin dificultad. A su vez, Tenten podía escuchar los gruñidos y el sonido del metal repiquetear en la celda de al lado. Unos momentos después, pudo ver bajo la tenue luz de las velas anaranjadas y lúgubres, a un Neji en proceso de demacración siendo acompañado y sujetado por el ANBU que le había liberado. 

    Tanto los ojos de Neji como los de Tenten se reencontraron y la chica se olvidó de todo, del cansancio, el hambre, el sueño, de la enfermedad, y corrió. Corrió a su encuentro y le abrazó. Lloró tontamente y con mucha fuerza. No quería soltarle. Si esto era un sueño. quería permanecer en él. Sin embargo, no lo era, ya que sintió que Neji le devolvió el abrazo, sujetándola con ternura, pero con firmeza, como en un intento desesperado de evitar que volvieran a separarles.

    —Creo que sería más adecuado que dejárais los abrazos para más tarde. Tenemos órdenes de llevaros a que os revisen médicamente de inmediato. —dijo el ANBU encargado de Neji.

    Aún con miedo de que les hiciesen una mala jugarreta, Tenten soltó el abrazo sin dejar de agarrar la chaqueta maltrecha de Neji. De los ojos de ella, aún caían algunas lágrimas insospechadas que se resistían a contenerse.

    —Uh…¿el Equipo Gai? ¿Entonces, Lee? ¿Qué ha sido de él? —preguntó Neji con un tono preocupante.

    Los dos ANBU se quedaron en silencio y se posicionaron cerca de ellos para llevarles ante los médicos cuanto antes dado su estado. Antes de utilizar la técnica, Gazeru, la ANBU de cabello morado les pudo informar.

    —Vuestro compañero Rokku Rî ya ha sido llevado hasta la UMN reconstruida. Pronto podréis verlo, pero… tal vez no cómo os gustaría.

    Con esas abrumadoras palabras, Neji y Tenten sintieron que una nube les envolvió. La misma nube que les envió hasta una de las oscuridades más profundas de Konoha les llevó de nuevo hasta la luz.

    Jiraiya dejó de limpiarse los dientes con la lengua y lanzó un escupitajo contra el suelo tras pasar las primeras viviendas que limitaban Kyokaen, la capital del País del Fuego. Estaba andando por un camino de arena que llevaba al Distrito Comercial. Calles amplias con una mezcla de edificios modernos y estructuras tradicionales albergaban tiendas de alimentación y objetos cotidianos junto a comercios de artesanías.

    “Ha pasado mucho tiempo desde que estuve por aquí…” pensó Jiraiya viendo sus alrededores sin girar demasiado la cabeza. “… pero veo que no ha cambiado mucho la capital del país…”

    —¡Vamos, Erosennin! ¡Por allí veo el palacio, ya casi llegamos!

    Jiraiya centró su mirada en aquel chico de cabello rubio y traje anaranjado que sólo podía ser Uzumaki Naruto. El joven le acompañaba en su visita al Daimyô del Fuego.

    —¡Te he dicho muchas veces que no me llames así, Naruto! ¡Qué pesado! —farfulló Jiraiya mientras se pasaba la mano por su Protector de Frente.

    —¡Pero es que eres el Erosennin, Erosennin! ¡¿Si no, cómo voy a llamarte?!

    Ante los gritos de Naruto, Jiraiya pudo escuchar un puñado de risas a su espalda. El Sannin sintió tanta vergüenza que no pudo sino acercarse a Naruto, agarrarle de cuerpo entero y echar a correr con los carrillos entintados haciendo caso omiso de las protestas del muchacho. Tras girar en una callejuela, Jiraiya paró y resopló, tratando de reestablecer su compostura anteriormente perdida.

    —Naruto, escúchame. Te he traído hasta aquí para que me ayudes, no para que me hagas pasar vergüenza. —reprochó al chico rubio dejándolo en el suelo. —Más te vale comportarte adecuadamente cuando estemos delante del Daimyô.

    —¡Qué sí, que sí, Erosennin! ¡Tú déjalo en mis manos! ¡Sólo asegúrate de enseñarme esa técnica tan genial que me has prometido después!

    Jiraiya negaba con la cabeza tras ver que Naruto comenzó a avanzar delante de él. Aún no sabía cómo había llegado a este punto exactamente. Tener que ir a la capital por ser candidato a Hokage y llevarse a Naruto para cuidarlo por ser el Jinchûriki era lo que menos esperaba hacer cuando llegó a Konoha.

    “Ya hemos llegado, Sarutobi-sensei.” pensó Jiraiya dando un apretón al pergamino que custodiaba en su pecho mientras pensaba que dentro del mismo yacía Sandaime Hokage. “Nunca pensé que acabaría por acompañarte por última vez así…”

    El hombre de largo cabello blanco sonrió con tristeza al pasar el límite del destrozado Portón del Sur. Junto a él, los ANBU con nombres en clave Zô y Washi escoltaban al enorme Sannin al interior de Konoha. La vista de Konoha quedaba muy lejos de ser la bien apacible y bonita aldea que había sido hacía menos de una semana. Actualmente, se vislumbraba una gran cantidad de infraestructuras destruidas, especialmente el suelo de las calles, los tejados y las fachadas de las viviendas.

    “Sin duda, a Konoha le espera un trabajo de reconstrucción importante, pero eso no es todo. Es probable que muchos civiles y efectivos militares hayan perdido confianza en la fuerza de la aldea.” pensó nuevamente Jiraiya con un poco de preocupación. “Esperemos que el siguiente Hokage sea capaz de ganarse la confianza perdida para con sus ciudadanos.”

    —Jiraiya-sama…

    La mención de su nombre hizo salir de sus pensamientos al alto shinobi. Se giró sobre sus pies y vio que Zô y Washi se habían quedado quietos.

    —Discúlpenos, Jiraiya-sama, pero… a partir de aquí debemos ocuparnos nosotros del cuerpo de Sandaime Hokage. —indicó Zô solicitando el rollo que llevaba el cuerpo del difunto. —Nuestro deber es… devolverle a casa y actuar según el protocolo establecido para estos casos.

    Jiraiya afirmó silencioso mientras abría la camisa de su kimono verde y sacaba un pergamino de color negro con patrones ondulados blancos, un pergamino que indicaba la presencia de un cadáver dentro de él. El Sannin extendió su mano con calma y Zô procedió a sujetarlo con cuidado, haciéndolo con ternura.

    —Muchas gracias y disculpe los problemas que hemos causado durante estos días con la limpieza de Furuya no Kyo, Jiraiya-sama. —dijo el ANBU mientras hacía una reverencia al hombre de cabello blanco. Washi imitaba a su superior en silencio.

    Jiraiya se quedó pausado un instante mirando a los dos miembros de la guardia personal secreta del Hokage y suspiró.

    —Esto ha sido duro para todos, pero estoy seguro que ha sido duro especialmente para ti , Zô. O más bien debería decir Hiromaru.

    Ante la mención de ese nombre, Zô levantó la cabeza con presteza.

    —Jiraiya-sama, por favor, no debería nombrarme así, más en las circunstancias que rodean a Konoha. ¿Qué sucedería si hay ninjas enemigos a nuestro alrededor?

    —Tranquilo, Hiromaru. Puedo notar que no hay nadie cerca nuestro. Al fin y al cabo, soy un Gama-sennin. —respondió Jiraiya al ANBU aludiendo a sus habilidades sensoriales como un ermitaño sapo. —Pero volviendo a lo que decía, es normal que te sientas decaído. Por mucho que fuera Sandaime Hokage, Sarutobi Hiruzen no dejaba de ser tu padre.

    El ANBU se mantuvo en silencio. La máscara no dejaba ver emociones, pero Jiraiya pudo intuir que las expresiones de su rostro estarían marcadas por el dolor de la pérdida.

    —Hiciste un buen trabajo con los recursos con los que contabas como líder del Destacamento ANBU que vigilaba al viejo Hokage, Hiromaru. Si no hubiese sido por ti, muchos más compañeros ninja hubiesen muerto. —continuó hablando Jiraiya tratando de dar un mensaje de apoyo al hijo mayor del difunto Hokage. —Ahora debes tener un tiempo para llorarle y despedirte de él como se merece, como Hokage de Konoha y, sobre todo, como tu padre.

    Washi miraba la interacción entre los dos individuos en silencio. Si bien era la mano derecha de Hiromaru, o Zô como su nombre en clave actual, sentía que no había hecho nada más que estorbar y que había tratado todo lo posible por sobrevivir al ser separado de Hokage por los esbirros de Orochimaru. Se sentía penoso, pero no quería dejar en la estacada a su líder en estos momentos, puesto que acababa de perder a alguien muy querido para él.

    Hiromaru afirmó en silencio y guardó el pergamino de Hokage dentro de su chaqueta blanca de líder ANBU. Se tocó el pecho acariciando el pergamino a través de él e hizo una nueva reverencia a Jiraiya. 

    —Así haré. Gracias de nuevo, Jiraiya-sama. Si nos disculpa, debemos reportarnos.

    Tras una breve despedida, los dos ANBU desaparecieron sin dejar rastro delante del Sannin de cabello blanco.

    —Sin duda alguna, el clan Sarutobi estará de luto especial estos días. —dijo Jiraiya en un susurro mientras echaba a andar por un camino asfaltado por piedras pequeñas y cemento arcilloso. —No sólo han tenido una pérdida a nivel personal, sino también en política.

    Jiraiya estaba en lo cierto. El hecho era que Sarutobi Hiruzen había sido el Hokage durante casi cincuenta años. Durante ese tiempo, el clan Sarutobi, siendo uno de los denominados ‘clanes políticos’, había mejorado muchísimo su posicionamiento social en la Aldea de Konoha a base de influencia de la buena conducta, la fama y la moral del Sandaime Hokage y, en general, del resto de los miembros de la familia. Ahora que se habían quedado sin su miembro más influyente, el Consejo de Ancianos del clan Sarutobi realizaría reajustes dentro del propio clan.

    —Me pregunto si decidirán quedarse en un segundo plano durante un tiempo para volver con fuerzas más adelante. Es una estrategia que realizaron los Senju, aunque la de ellos fue más intensa y no les salió muy bien que digamos…

    —¡Jiraiya-sama!

    Su monólogo fue interrumpido por la voz de un chico joven que se paró enfrente del Sannin.

    —¡Jiraiya-sama, me reporto. Soy Torikai Takajō, el encargado del Aviario de Konoha! —se presentó en una reverencia rápidamente el joven que no debía rondar ni siquiera los veinte años de edad. —¡Acaba de llegar para usted un mensaje urgentísimo. Proviene de Kyokaen, de parte de Homura-sama y Koharu-sama!

    Jiraiya levantó una ceja extrañado. ¿Acaso Gai acababa de llegar a la capital con semejante rapidez? Sólo habían pasado tres días desde que le despidió ordenándole dirigirse a Kyokaen para notificar la baja de Sandaime al Daimyô.

    “Se tardan cinco días en llegar hasta allí con un ritmo tranquilo. Si que es rápido este Gai… igual que su padre…” pensó Jiraiya con sorpresa.

    —Has dicho que el mensaje viene de parte de Koharu y Homura. ¿Entonces no se encuentran aquí?

    Takajô cejó en su respetuosa postura para mirar al rostro del imponente hombre. Tenía el rostro algo consternado y se le notaba que estaba inquieto por entregar la misiva que acababa de recibir.

    —D-desconozco los detalles, Jiraiya-sama, pero tengo entendido que Koharu-sama y Homura-sama marcharon con otros miembros importantes de Konoha para discutir sobre la problemática que nos afecta. —respondió Takajô con nerviosismo tratando de ser fiable. —Formaron un Comité Ejecutivo de urgencia ante la situación actual…

    —¿Uhm, entonces, quien está al mando ahora mismo aquí si esos dos no están? Por que alguien estará al mando, ¿no?

    —Ah, s-sí, Jiraiya-sama. Danzô-sama se ha quedado para hacer las veces de gobernante provisional en ausencia de los otros dos Ancianos del Consejo de Konoha y…

    Takajô apenas dijo una palabra más, pues vio como la expresión de Jiraiya cambiaba a una llena de una mezcla de preocupación y enfado.

    “Danzô… ese bastardo se está aprovechando de la situación, ¿eh? Me pregunto si querrá hacer alguna triquiñuela para hacerse con el poder…”

    Danzô era bien conocido dentro de la esfera de poder de Konoha como un individuo muy ambicioso. Jiraiya recordaba como, en reuniones del pasado, Danzô se había mostrado como alguien que buscaba hacer realidad en todos los sectores de Konoha el hecho de tener una adhesión fanática y arbitraria a los ideales de un shinobi, creyendo que debían sacrificar absolutamente todo por el bien de la aldea. Era una de las personas que había estado presente en la transcripción y corrección del Código Shinobi actual y es por ello que se había ganado enemigos y aliados a partes iguales por ser excesivamente extremista.

    “A este vejestorio no le hacían gracia las políticas de Sarutobi-sensei. Será mejor tener precaución y hacer que los otros dos viejos regresen a Konoha lo antes posible con el nuevo Hokage…” pensó Jiraiya con astucia.

    —Eh, ¿Jiraiya-sama?

    —Ah, perdón, perdón, estaba pensando en mis cosas, ja, ja, ja. —dijo el Sannin saliendo de sus pensamientos.

    —C-claro, en cuanto a su mensaje…

    —Oh, claro, claro, dámelo, chico. Yo me encargo de él. —dijo Jiraiya tratando de mostrar tranquilidad en su rostro.

    Takajô pudo ver con timidez que el Sannin abría el pergamino y oteaba las letras que contenían el mensaje. Vio como la cara calmada de Jiraiya se transformaba en una cara de incredulidad e indignación a partes iguales. 

    —¡¿QUÉ? ¿HOKAGE?! ¡¿ME ESTÁIS JODIENDO, VIEJOS ESTÚPIDOS?! —gritó Jiraiya haciendo saltar asustado al joven chico.

    Tras unos instantes de pataleta, lanzó unas monedas que sacó rápidamente del bolsillo a un Takajô completamente patidifuso y salió corriendo hacia la Avenida del Té de Konoha lo más rápidamente que pudo.

    “¡Mierda, mierda! ¡¿Cómo que quieren que vaya a Kyokaen ahora mismo a jurar el cargo de Hokage?! ¡¿Con Danzô aquí mandando?! ¡Ni de coña!” gritó internamente Jiraiya mientras revisaba las callejuelas de Konoha desde la Avenida. “¡Estoy seguro que esos dos idiotas han dejado a Uzumaki Naruto suelto y sólo por aquí! ¡Vete a saber si ya lo ha captado Danzô!”

    La preocupación de Jiraiya no era para menos paranoica. Los Jinchûriki eran considerados y catalogados como armas de destrucción masiva debido a sus Bijû. No sería la primera vez en la historia de las Aldeas Shinobi que se utilizase a un Jinchûriki para los intereses personales y políticos de unos pocos. Especialmente frágil era el momento en el que uno de los portadores era un niño por su volubilidad e ingenuidad. Jiraiya sentía la energía de sus habilidades como Gama-sennin corriendo por sus venas. No quería usar demasiado para no turbar a las personas que caminaban por allí, mucho menos para cambiar de aspecto. Sólo quería usar lo mínimo para sentir el chakra de Uzumaki Naruto, o más bien el chakra del chico mezclado con el del Kyûbi.

    “¡Ahí está! Girando en la siguiente callejuela a la derecha…”

    Jiraiya descendió en su velocidad y pudo ver que se trataba del restaurante Ichiraku Ramen. Allí se podía ver la parte inferior de la indumentaria anaranjada del alocado adolescente. El Sannin se quedó a una distancia prudencial escuchando la conversación que estaban teniendo el dueño del establecimiento y Naruto. Parecía que Teuchi le estaba regalando una ración extra de fideos al chico para continuar entrenando y trabajando en las labores de reconstrucción.

    —Cortesía de la casa. ¡Qué la disfrutes!

    —¡Muchas gracias, Teuchi-ôchan!

    Jiraiya escuchó como Naruto sorbía un bocado de fideos y los disfrutaba con esmero. El hombre no pudo sino reír interiormente ante la simpleza de disfrutar de un buen bol de fideos ramen tras un entrenamiento. Le hacía recordar su propia niñez y adolescencia. Tras evocar un instante los recuerdos del pasado, Jiraiya recordó porque había venido hasta aquí y dio gracias al cielo de que Naruto no hubiese desaparecido de la vista de los aldeanos. Con un suspiro, abrió la cortina del puesto de ramen y miró al chico dar otro bocado de fideos.

    —Tenía que verlo yo mismo… No comes otra cosa que no sea ramen, ¿eh, niño? —preguntó burlón Jiraiya.

    —¡Ah, Erosennin! —Naruto se atragantó mientras su boca hablaba a través de los fideos a medio comer. —¡¿Qué estás haciendo aquí?! ¡¿Ahora apareces después de que me prometieras que me entrenarías?! ¡Si hubieras estado por aquí, podría haberlo hecho mejor en la invasión e incluso en la entrega del mensaje!

    Jiraiya se sentó al lado de Naruto y pidió un ramen de miso con un poco de mantequilla, su favorito. Se quedó mirando a Naruto mientras éste farfullaba quejas varias sobre lo que le había pasado desde la última vez que se reencontró con él. Había ayudado al muchacho a poder recalibrar su poder, pues sabía por boca de sus propios espías que Orochimaru había hecho de las suyas con Naruto al imponer un sello extra sobre el que ya tenía de contención del Kyûbi. Ahora el joven adolescente podía andar sobre el agua y hacer invocaciones personales con los sapos de Myôbokuzan, un logro bastante importante en comparación a muchos shinobi de su edad.

    No obstante, el muchachito parecía no haberle perdonado el hecho de que se marchase, dejándolo sin poder seguir entrenando, pese a que desconocía que Jiraiya había estado recopilando información e investigando dentro de Konoha y por sus alrededores el rastro que Orochimaru había estado dejando en su misión por matar a Sandaime, obtener el control de Uchiha Sasuke y desestabilizar a Suna y Oto en el proceso. 

    —¡Y luego pasó lo de Gejimayu, Neji y Tenten y ahora no sabemos si…!

    —¡Naruto! ¡Oye, escúchame! —exclamó Jiraiya tratando de hacer callar la retahíla sin fin del chico. —Tengo una pregunta para ti.

    El chico de cabellos rubios calló ante las palabras del hombre que agarraba un vaso de agua y se lo llevaba a los labios.

    —¿Has estado sólo estos cuatro días desde el final de la Invasión o has estado acompañado por alguien? —preguntó Jiraiya tras tragar el líquido frío.

    —¿Ah, a qué te refieres? No he estado sólo en ningún momento. Bueno, sí en casa cuando me he ido a dormir, pero el resto del tiempo he estado con Sakura-chan, el imbécil de Sasuke, con Ino, y Shikamaru, y….

    —Ya, ya, ya, entiendo, a lo que me refería es, ¿has estado con alguien con el que no has tenido contacto antes? ¿Alguien que no conozcas?

    Naruto se llevó los brazos al pecho, cruzándose de manera pensativa mientras cerraba los ojos concentrado. Jiraiya volvió a activar ligeramente sus habilidades de Gama-sennin, escudriñando si podía identificar a alguien que estuviese vigilando a Naruto. Salvo a los dos ANBU, que sabía eran los guardeses oficiales en Konoha del chico, no sentía nada raro ni fuera de lo habitual.

    —¡Pues qué quieres que te diga, Erosennin! ¡Yo no recuerdo así de primeras haber conocido a nadie nuevo estos días! —dijo Naruto llevándose su cuenco de fideos a los labios y dando un sorbo al caldo. —¡Lo que tengo claro es que me están mandando mucho trabajo y encima tengo que seguir entrenando aparte para poder llegar a ser Hokage! ¡Así que no tengo tiempo que perder en tonterías!

    Jiraiya vio que Teuchi le sirvió su cuenco de fideos con rapidez, a lo que el hombre agradeció con una afirmación. Parecía que los hombres de Danzô no se habían movilizado para llevar a Naruto ante él, lo cual a Jiraiya le pareció extremadamente raro.

    “Si Danzô lo hubiese ordenado, alguno de los miembros de Raíz habría guiado a Naruto hasta su presencia, pero no lo han hecho, ¿por qué? Tenía todas las papeletas para ser secuestrado el primer o el segundo día tras la invasión, en algún momento en que los ANBU guardeses fuesen removidos de su puesto. ¡Más ahora que está Danzô gobernando provisionalmente! ¿Será que ha sucedido algún imprevisto en sus planes?” pensó Jiraiya comiendo un bocado de su cuenco de fideos.

    El Sannin vio que Naruto tenía cara de indignado mientras seguía comiendo fideos sin parar. El hombre suspiró agradecido de que no le hubiese pasado nada. No obstante, todo había sido dejado a la suerte y eso era algo que, como sabía por experiencia, no iba a volver a suceder así como así. No podía dejar nada al azar y menos al portador de Kyûbi.

    —Oye, Naruto. ¿Qué te parece si te vienes conmigo a Kyokaen?

    —¿Eh, a Kyokaen, a la capital? —preguntó Naruto con un tono de extrañeza patente.

    Jiraiya dio otro bocado a sus fideos, los masticó y tragó en un instante.

    —La misma. Tengo unos asuntos pendientes allí y necesito que alguien me acompañe para ayudarme. —el Sannin bebió un poco del caldo para tragar mejor. —Tú me pareces el chico ideal para ello.

    —¡¿Qué? Ni hablar! ¡Tengo que entrenar y seguir con la reconstrucción! —gritó Naruto indignado por la oferta. —¡Además, tengo algo más importante que hacer: Gejimayu y el resto del equipo Gai están…!

    Jiraiya se llevó un dedo a la oreja para evitar el agudo chillido del niño. En verdad que le estaba poniendo difícil no darle un sopetón en la nuca en ese mismo instante.

    —¡Es una lástima! ¡Pensaba en enseñarte una nueva técnica que te sería muy útil en tus combates, Naruto! —exclamó Jiraiya con un tono de sorna.

    Naruto se quedó al instante en silencio hasta que comenzó a dar gritos de júbilo en torno a las declaraciones que acababa de hacer el Sannin.

    —¡Oye, oye, Erosennin! ¡Cuenta conmigo para aprender esa técnica, ¿sí?!—gritó Naruto acabándose el ramen y saliendo con presteza del restaurante—¡Me voy corriendo a casa a por mi equipaje! ¡Te espero en el Portón del Sur!

    Jiraiya sintió que la vergüenza se escurría por su cuello y su frente. Naruto era todo lo contrario a lo que se podía esperar de un ninja. Era muy ruidoso y alborotador. No por nada la Categoría Ninja en la que mejor había encajado era Ladrón.

    “Me pregunto si el Rasengan será una técnica adecuada para alguien con un perfil como el suyo, pero… no puedo dejarle sólo sin una Técnica Antininja en su arsenal. Más con los peligros que cada vez le acechan con mayor intensidad por su condición.” pensó Jiraiya mientras sentía que uno de los ANBU guardeses se la acercaba para saber sobre los movimientos futuros que iba a realizar el Jinchûriki de Kyûbi fuera de Konoha.

    “Tsk, ya me acuerdo. Yo mismo me he metido solito en este lío.” pensó Jiraiya saliendo de sus recuerdos mientras avanzaba posando la vista en el suelo.

    —¡Eh, Erosennin, las calles por aquí se ven diferentes!

    Ante la llamada de Naruto, Jiraiya miró al frente y observó que el chico se encontraba atravesando un puente rojizo de aspecto tradicional. Al otro lado del mismo, el paisaje de la ciudad cambiaba totalmente: era la zona antigua de la capital. Estrechas callejuelas empedradas flanqueadas por machiya, casas tradicionales de madera con fachadas elegantes y sobrias; algunos templos y santuarios con sus característicos tejados curvos y jardines zen meticulosamente cuidados hacían las delicias de aquellos que pasaban. Finalmente, la vista cada vez más cercana descubrió un imponente complejo palaciego al estilo imperial, rodeado de hermosos jardines y estanques, que simbolizaba el poder del Daimyô.

    Jiraiya observaba que Naruto no paraba de sorprenderse a cada cosa que veía y que no fingía su arrebato ante el aroma de las flores y la belleza de los colores y estilos arquitectónicos.

    “Se nota que baja mucho la guardia. Tal vez se siente demasiado protegido cuando está en compañía de otros…” pensó Jiraiya sin dejar de fijarse en Naruto. “Por desgracia, alguien que sea Jinchûriki no puede tomarse eso a la ligera, aunque sea un niño. Es posible que Sarutobi-sensei y el resto de sus maestros no le hayan advertido de ello o, a lo que podría ser peor, que él no los ha escuchado.”

    Los pensamientos de Jiraiya fueron interrumpidos cuando, a la distancia, comenzó a ver a un grupo avanzar hasta su posición. Eran un grupo de cinco personas con trajes tradicionales del Palacio Feudal del País de los Ríos y varios guardias que les acompañaban.

    “Parece que la comitiva del País de los Ríos va a regresar ya a su hogar. Me pregunto qué tal les habrá ido y qué les habrán obligado a ceder.”

    El grupo del País de los Ríos se quedó callado al momento de ver que el famoso Jiraiya de Konoha estaba delante de ellos. Se pararon, hicieron una reverencia y siguieron su camino. El Sannin agudizó los oídos en vista de que retomaron sus conversaciones a unos pasos de ellos.

    —Ese era Jiraiya-sama, pero me pregunto quién sería el niño que va con él… —susurró uno de los miembros de la comitiva.

    —Ni idea, pero no te extrañe que ese niño sea un elemento importante en el Sistema Jerárquico Shinobi de Konoha, sobre todo si va con uno de los Legendarios Sannin. —escuchó decir en respuesta.

    Poco más pudo captar, pues se habían separado lo suficiente y estaban llegando a la puerta principal del Palacio Feudal. Mostró la misiva oficial que había recibido a uno de los guardias.

    —Soy Jiraiya de Konoha. Vengo por llamada de Mitokado Homura y Utatane Koharu a ver a Su Excelencia, Madoka Akira-sama.

    Tras pasar media hora, Jiraiya y Naruto se encontraban en la sala de reuniones junto con los cinco miembros del Comité Ejecutivo de Urgencia y el Daimyô del Fuego y sus ministros. Gai se encontraba en pie escoltando a los miembros de Konoha y los dos recién llegados estaban en frente de todos los presentes escuchando las palabras de Utatane Koharu.

    —Y es por eso, Jiraiya, que en la Junta de Emergencia, Madoka Akira-sama y nosotros te hemos asignado como mejor candidato para ser el Hokage de Konoha. —dijo Koharu dando por terminado su alegato.

    Naruto sintió que los ojos se abrían como platos y su mandíbula corría el riesgo de llegar hasta el suelo. 

    —¡¿QUÉ?! ¡¿EL EROSENNIN HOKAGE?! ¡No se ofenda, pero tiene mal gusto, señor Daimyô!—gritó Naruto haciendo que el Comité Ejecutivo soltara un gruñido de vergüenza y pánico y Madoka Akira soltase una carcajada.

    —¡Aja, ja, ja, ja! ¡Qué divertido eres, Uzumaki Naruto! —rió sonoramente el Daimyô. —¡No me imaginaba que el actual Jinchûriki fuese un niño tan gracioso!

    Jiraiya agarró a Naruto de la cabeza y le obligó a hacer una reverencia muy profunda como disculpa.

    —Le ruego que acepte el perdón de este idiota, Vuestra Excelencia. Es un bocachancla que deja que le ganen sus instintos. —dijo Jiraiya imitando el gesto de Naruto.

    El Sannin le lanzó una mirada que mandaba un mensaje completo a Naruto: si volvía a hablar y a dejarle en ridículo, se pasaría el resto del viaje comiendo pasto del campo. Ante los ojos del Sannin, Naruto tragó saliva sonoramente y se mantuvo en silencio.

    —Ja, ja, ja, me parece fenomenal que hayas decidido traer al Jinchûriki, Jiraiya. Sin duda alguna, Konoha es un lugar muy jovial para sus habitantes, Koharu y Homura. —dijo Madoka Akira señalando con su abanico a los mencionados.

    Los dos Ancianos del Consejo de Konoha suspiraron aliviados ante el repentino piropo. Esperaban que Naruto no volviese a decir nada más en toda la reunión mientras maldecían por dentro a Jiraiya por traer al chico hasta allí.

    —¿Y bien, Jiraiya? ¿Qué te parece? Ser Hokage es una de las mejores cosas que le puede pasar a un shinobi de Konoha y tú eres nuestro candidato favorito. —dijo el Daimyô moviendo el abanico dándose aire. —Estoy seguro de que serás alguien ideal para el puesto.

    El Comité Ejecutivo se quedó en silencio esperando una respuesta positiva de parte de Jiraiya. Pero no llegó. El Sannin se había quedado callado y observaba al Daimyô con una mirada llena de extrañeza.

    —Ay, pues no lo sé, Vuestra Excelencia. Ser Hokage no es el sueño de mi vida… —dijo Jiraiya en respuesta negativa.

    Madoka Akira levantó una ceja algo sorprendido, sin cambiar demasiado su expresión facial. El Comité quiso dar un respingo alterado, pero se abstuvo para no ser demasiado evidente que no aprobaban a Jiraiya. Homura se levantó de su asiento y procedió a hablar.

    —¡Está decidido, Jiraiya! ¡Tienes que ser el Hokage! —exclamó con autoridad el anciano.

    —Esto no es algo que competa sólo a Konoha. Este es el inicio de una larga batalla, y lo sabes, Jiraiya. —comentó Koharu siguiendo la conversación de su compañero.

    Shikaku observaba la situación sintiendo preocupación. Imaginaba que algo así podía suceder desde el momento en que Madoka Akira había comentado hacía varios días que quería que Jiraiya fuese el Hokage. El famoso Sannin no era un alma que pudiese ser atrapada entre las cuatro paredes de un lugar cerrado, era un espíritu libre con su propia profesión y, sobre todo, su propio camino ninja. El líder del clan Nara tenía claro que, desde que Orochimaru había abandonado Konoha, Jiraiya se había volcado en la búsqueda de su antiguo compañero. Shikaku pensaba que la solicitud de permanecer en Konoha sin apenas movilidad y subyugado a ser un juguete del Consejo de Konoha y del Daimyô seguramente le parecía un insulto al Sannin.

    —Sé que puede parecer sorprendente, Vuestra Excelencia, pero tengo un motivo muy importante para rechazar vuestra oferta. —dijo crípticamente Jiraiya con una cara muy seria.

    Madoka Akira levantó las cejas con mucha curiosidad.

    —¿Un motivo muy importante? ¿Cuál sería ese motivo, Jiraiya? —preguntó el Daimyô que paró de abanicarse.

    Todos los presentes sintieron como la sala quedó completamente en silencio. Poco a poco una tensión comenzó a llenar el ambiente llegando a asustar ligeramente a los presentes.

    “Me imaginaba que sería lo de Orochimaru” pensó Shikaku tragando saliva. “No va a ser fácil convencerle…”

    “Jiraiya, ¿acaso podría ser por la muerte de Sarutobi?” pensaban Koharu y Homura dentro de sus mentes.

    “¡Guau, el Erosennin se ha puesto muy serio!” dijo Naruto en sus pensamientos observando la firme pose de su maestro. “En verdad tiene que ser algo muy importante para negarse a una oferta como esta.”

    El resto del Comité, los ministros y Gai también permanecían en silencio esperando que el Sannin levantase la cabeza y respondiese. Tras un rato, el serio semblante del hombre de cincuenta años se alzó y dirigió su mirada llena de determinación a Madoka Akira.

    —Vuestra Excelencia, si me convierto en Hokage, ¿cómo voy a seguir escribiendo la saga de novelas ICHA ICHA para mi público y, especialmente, para usted?

    La declaración de Jiraiya cayó como un jarro de agua helada para todos los miembros de Konoha presentes. Interiormente, estaban llenos de vergüenza y estupor ante las palabras del Sannin quien declaraba que prefería seguir escribiendo sus novelas eróticas a asumir un puesto de mando.

    —¡Oh, es cierto, Jiraiya! —exclamó sorprendido Madoka Akira. —¡Se me había olvidado que estás en tu progreso de escribir la siguiente novela de ICHA ICHA!

    —Por supuesto, Vuestra Excelencia. Si me convierto en Hokage estaré demasiado ocupado para escribir. No querría que os quedaseis sin poder leer la continuación. —dijo Jiraiya con una gran sonrisa mientras que Madoka Akira rió con reciprocidad.

    “Dios mío, no sé cómo he podido tener fe en ti, Erosennin. No eres más que un viejo verde pervertido.” pensó Naruto poniendo cara de incredulidad.

    El avergonzado adolescente pasó su mirada por todos los miembros del Comité Ejecutivo y se detuvo a mirar al representante de la Guardia Urbana de Konoha, Genzô. Naruto le conocía por ser el fotógrafo de los Shinobi y de los Equipos de Graduación, pero desconocía que tuviese un puesto reconocido. Cuando la mirada del hombre con gafas se posó en Naruto, el chico dejó de mirarle rápidamente. No quería cruzar su vista con él, no en estos momentos.

    Tras un largo suspiro, Homura miró a Jiraiya tratando de llamar la atención de todos los presentes.

    —Está bien, pero si no eres tú, ¿quién debe ser el Hokage? —preguntó el anciano del Consejo.

    —Os habéis olvidado del último de los Sannin… —dijo Jiraiya con tranquilidad en su tono de voz —Habló de Tsunade.

    Los murmullos comenzaron a llenar la sala mientras Naruto ponía cara de extrañeza. El Daimyô se echó para atrás en su cómoda silla y dejó de abanicarse.

    —Tsunade, ¿eh? Bueno, siendo ella un Sannin puede estar preparada para el puesto, ¿verdad, Koharu y Homura? —preguntó Madoka Akira con un tintineo juguetón en su voz.

    —Es… cierto que ella reúne los requisitos para ser Hokage, pero su capacidad puede ser un… poco dudosa y… hace muchos años que no sabemos nada de ella, ni dónde se encuentra exactamente. —respondió Homura con prudencia.

    Jiraiya dio un paso adelante y puso su mano sobre el pecho.

    —Si me lo permitís, yo iré a buscarla. La traeré a Konoha para que pueda gobernarla sabiamente. Al fin y al cabo, ella está más capacitada para el puesto. —dijo Jiraiya argumentando. —Siempre tuvo más cabeza y no es una holgazana como yo.

    Todos quedaron en silencio. Madoka Akira miraba a los dos Ancianos del Consejo de Konoha y esperaba su respuesta.

    —Pues… podemos pensarlo, si lo permite Vuestra Excelencia. Tendrás que traerla aquí antes de una semana, Jiraiya, puesto que Konoha no se puede permitir estar sin un líder de iure. —declaró Homura con algo de preocupación. —Sin embargo, te acompañarán tres ANBU para ayudarte en tu búsqueda y…

    Jiraiya levantó una mano señalando al anciano que dejara de hablar.

    —No se preocupen no voy a salir corriendo. De hecho, solicito llevarme a Uzumaki Naruto conmigo. —declaró Jiraiya con presteza.

    El chico le dirigió una mirada rápida y quiso protestar, pero la expresión del Sannin le paró de hacerlo.

    —Le he prometido entrenarlo, puesto que… un Jinchûriki tiene que tener las mejores defensas a su disposición para cualquier enemigo insospechado.

    Jiraiya dirigió esta frase con un significado oculto a Homura y Koharu, quienes entendieron a lo que se refería. Los dos Ancianos del Consejo se dieron cuenta de que el antiguo alumno de Sarutobi Hiruzen se había enterado de que Konoha estaba ahora mismo bajo el gobierno provisional de Danzô, con el que Jiraiya no había compatibilizado nunca en el pasado.

    —¡Me parece muy bien! ¡Que Uzumaki Naruto se vuelva más fuerte es una inversión a largo plazo para nosotros! —exclamó repentinamente Madoka Akira abriendo su abanico. —¡Así pues Jiraiya, Naruto-kun, marchad a buscar a Tsunade!

    Tras una reverencia y una despedida, los dos personajes salieron de la sala en dirección a la salida del complejo. Ya estaban a punto de salir por la puerta principal del Palacio Feudal cuando un grito les hizo parar.

    —¡Eh, Jiraiya-sama, Naruto!

    —¡Gai! ¡¿Qué sucede?! ¿Se les ha olvidado decirnos algo a alguno de los miembros del Comité Ejecutivo? —preguntó Jiraiya al ver al Jônin de traje elástico verde acercarse.

    —Oh, me ha sugerido el Comité Ejecutivo que os acompañe en mi camino de regreso. Así, ninguno tendrá problemas. —respondió Gai con brillo en los ojos. —Al fin y al cabo, ellos aún tienen que quedarse aquí hasta que vosotros regreséis junto a Tsunade-sama, y yo tengo que ver a mis alumnos. Ha pasado mucho tiempo y quiero saber cómo están tras la invasión.

    Ante estas declaraciones, Naruto sintió que se quedaba congelado en el sitio. Jiraiya y Gai avanzaron unos pasos antes de darse cuenta del estado del joven de cabellos rubios.

    —¿Uh? ¿qué pasa, Naruto? ¿Tienes que ir al baño o algo? —preguntó Jiraiya con algo de sorna.

    —¡No es eso, Erosennin! Es sólo… —Naruto hizo una parada a sus declaraciones tratando de medir sus palabras. —Pensaba que ya estaba siendo difícil dentro de la sala de reunión cuando vi al padre de Tenten, pero ahora que Gai-sensei lo ha mencionado es incluso peor…

    Estas palabras alertaron a Gai. Efectivamente, el representante de la Guardia Urbana, Genzô, no era otro más que el padre de Tenten, una información que Naruto sabía por boca de la chica cuando se conocieron más a fondo tras el ataque que sufrió el Equipo Gai contra Sabaku no Gaara y sus hermanos.

    —¿A qué te refieres con difícil, Naruto? —dijo Gai poniendo sus manos con fuerza en los hombros del adolescente con preocupación.—¿Es que algo les ha pasado a mis alumnos?

    —Es que… resulta que… unos ANBU se los llevaron y decían que eran sospechosos de traición… —comenzó diciendo Naruto con dificultad—Oh, recuerdo que un tipo que no sabía quien era llamado Danzô nos preguntó a mí y a mi equipo si sabíamos algo de ellos y…

    Gai sintió que su cara palidecía lleno de terror al soltar a Naruto. ¿Cómo que los ANBU les habían arrestado? Eso no era posible. Eso echaba por tierra los protocolos y actuaciones regulatorias existentes hasta la fecha.

    —¡Naruto! ¡¿Pero cómo no me comentaste esto antes en Konoha?! ¡Te dije si habías conocido a alguien en los días siguientes a la Invasión! —gritó Jiraiya agarrando el pelo a Naruto en señal de reproche. —¡Ahora me dices que conociste a Danzô!

    —¡Eso es que me acabo de acordar! ¡Sobre Gejimayu y los otros te lo estaba diciendo en Konoha, Erosennin, pero me estabas cortando todo el rato! ¡Están metidos en un lío muy grande! —exclamó Naruto moviendo los brazos con nerviosismo. —¡Los demás no sabían tampoco qué hacer! ¡Se quedaron pensando en un plan para…!

    —Jiraiya-sama, Naruto.

    Los dos aludidos giraron sus rostros para ver una seriedad nunca vista en el rostro de Maito Gai. Naruto sintió por primera vez que el maestro más payaso de Konoha mostraba un lado de su personalidad que jamás había visto: una cara cruzada por la ira y el enojo.

    —Si me disculpáis, debo regresar cuanto antes a Konoha. —declaró Gai con una tranquilidad mortal dándoles la espalda sin mencionar nada más.

    Al instante, en lo que pasa un parpadeo, Naruto sintió una fuerte oleada de viento y la desaparición de Gai frente a sus ojos como si fuese un fantasma. Sintió escalofríos. Jiraiya se quedó con una cara seria y una preocupación patente dentro de su pecho. Sin duda, alguna sabía que Maito Gai no estaba contento y se iba a dar a escuchar en Konoha.

    Yamanaka Ino bostezó con sonoridad sintiendo que cabeceaba. La joven adolescente se encontraba apoyada en la cerca de tablas de madera que bordeaba el edificio de la División de Inteligencia de Konoha. Llevaba nueve días apostada en ese lugar haciendo guardia.

    —Madre mía, no me puedo creer que papá aún no haya salido de aquí. Llevo nueve días esperando…—dijo en voz baja Ino mientras le daba una patada a una piedra que estaba enfrente de ella. —Ni siquiera se ha dignado a aparecer por casa…

    La chica de cabello rubio suspiró con un hilo de tristeza en su pecho. Estaba realmente preocupada por sus compañeros Neji, Tenten y Lee. Se había comprometido con los demás a esperar conocer la información de lo que había sucedido con los miembros del Equipo Gai o a que saliese su padre para hablar con ella del asunto. Pero todos sus intentos estaban siendo inútiles, ya fueran porque le denegaron la entrada o porque no querían decirle nada aludiendo a que era información confidencial. ¡Incluso la habían amenazado con llevarla ante los superiores para encarcelarla durante unos días para dejar de hacer el vago y escarmentar!

    —Aaah, sólo porque soy la hija de uno de los miembros de la División de Inteligencia me han obligado a estar aquí. Más les vale que me devuelvan el favor en el futuro…

    Ino suspiraba pensando en el resto de sus compañeros. Seguramente estaban haciendo lo imposible para evitar que los superiores descubriesen que se había escaqueado del trabajo. La joven heredera del clan Yamanaka recordaba cómo se enteró de lo que les pasó a los miembros del Equipo Gai por boca de una muy agitada Hinata.

    —¡Dios mío, Neji-nîsan, Tenten-san, Lee-san! —lloraba Hinata con desconsuelo mientras Kiba la acariciaba la espalda. —¡Quise ayudarles, pero me lo negaron… y Neji-nîsan también me dijo…!

    Las palabras de la chica de ojos blancos se entrecortaban cuando intentaba hablar a través de las lágrimas. Sus dos compañeros de equipo y Akamaru se encontraban con ella tratando de tranquilizarla, animándola a que se relajara para evitar que su salud empeorase.

    —Vamos, Hinata, tranquila, seguro que hay una explicación para todo esto. Neji y los demás no se pueden haber metido en un lío tan grande. —dijo Kiba pasándola un vaso de agua que Hinata aceptó, pero no bebió. —Seguro que ha sido un error, ya verás…

    Shino miraba alrededor de ellos dos. Se encontraban alejados de las grandes carpas del hospital de campaña, a unos seis metros de ellas. Él y Kiba estaban volviendo de un mandado cuando, al regresar, vieron a una Hinata completamente rota, que balbuceaba y decía que su primo Neji y el resto del Equipo Gai habían sido acusados de ser sospechosos de traición delante de ella. Dado el estado alterado de su compañera, Shino sugirió salir del lugar para que tomase aire y recuperase la quietud mental.

    —Shino, ¿qué crees que está pasando? ¿Crees que pueda ser cierto lo de… la traición? —preguntó Kiba a su compañero haciéndole recuperar la vista sobre ellos.

    —No lo sé, Kiba. Un ANBU recibe órdenes del Hokage y simplemente las acata. Si se los han llevado para interrogar, algo habrán sospechado.

    Ante las palabras de Shino, Hinata sintió que no podía aguantar otra mueca llena de dolor y lloró más fuerte. Kiba, por su parte, lanzó una mirada a Shino que indicaba que se callase si no tenía nada por lo que calmar a Hinata.

    —¡Eh, chicos! ¡¿Qué sucede, por qué estáis aquí fuera?!

    La voz provenía de Shikamaru quien venía con sus compañeros Chôji e Ino. Shino recordó que los miembros del Equipo Asuma habían sido llamados para un trabajo de búsqueda y rescate en la Escuela Civil de Konoha. Lo sabía porque, antes de partir, Shikamaru se había acercado a él para pedir consejos sobre el proceso de rescate. Al fin y al cabo, ellos, el Equipo Kurenai, era el mejor y más especializado para tareas de salvamento de quienes se habían graduado de su promoción en la Academia Ninja.

    Ino posó su mirada en el rostro de Hinata y, en un instante en el que cambió su expresión calmada por una de preocupación, fue corriendo hasta la joven de ojos blancos para consolarla.

    —¡¿Qué ha pasado, Hinata?! ¡¿Por qué estás llorando así?! —una Ino en cuclillas levantó el rostro y lanzó una mirada acusadora a Kiba. —¡¿Se puede saber qué has hecho a Hinata, Kiba idiota?!

    —¡¿Ah, yo?! ¡Si yo no he hecho nada! ¡¿Por qué me acusas sin tener pruebas, Ino?! —gritó Kiba defendiéndose de las acusaciones de la chica del clan Yamanaka.

    Chôji se quedó mirando la pelea verbal entre sus dos compañeros e intentó pararlos porque intuía que pronto llegarían a las manos.

    —¡Parad, chicos! ¡Calmemos un poco la situación! —exclamó Chôji poniéndose en medio de los dos peleadores.

    Shikamaru se acercó a Shino mientras los ánimos parecían calmarse. Ino regresó a tratar de tranquilizar a Hinata y Kiba se cruzó de brazos ofendido a la vez que Chôji trataba de sosegar un poco más.

    —Shino, ¿ha sucedido algo grave en nuestra ausencia? —preguntó el chico del clan Nara fijándose en la profundidad negra opaca de las gafas de su compañero del clan Aburame.

    Shino simplemente afirmó en silencio. Posteriormente, comenzó a relatar a los miembros del Equipo Asuma lo que sabían del incidente del Equipo Gai, todo lo que Hinata había llegado a contarles. Las caras de Ino, Shikamaru y Chôji eran un poema, pasando por expresiones de incredulidad, sorpresa y preocupación.

    —Cuando regresamos de la orden que nos dieron, encontramos a Hinata muy angustiada y decidimos salir de las carpas para ayudarla a calmarse. Y eso sería todo hasta ahora.

    —¡¿Lo ves, Ino?! ¡Ya te dije que yo no tenía nada que ver con que Hinata llorase! —exclamó Kiba al término de su compañero de equipo. —No sé qué clase de idea tienes en la cabeza de las cosas que hago, Dios…

    —Pues por algo será, Kiba, ¿O acaso quieres que te recuerde como te comportabas en la Academia Ninja con otros compañeros de clase? —repuso Ino en su defensa.

    Kiba gruñó y miró hacia otro lado queriendo dar por terminada la conversación. Parecía que su mala fama de la Academia Ninja aún le perseguía y no iba a ser fácil quitársela totalmente, más si tenía amigos con los que se relacionaba de su misma promoción.

    —En todo caso, está claro que el Equipo Gai está metido en un buen lío. —dijo Shikamaru llevándose una mano a la nuca resoplando. —Joder, parece que no paramos… sale un lío detrás de otro, ¡qué problemático!

    Chôji, quien había permanecido callado en casi toda la conversación, se llevó una mano a la barbilla pensativo.

    —Estaba recordando, ¿acaso no apareció aquel hombre raro cuando fuimos a rescatar a Lee y empezó a decirle cosas raras a Neji? —declaró el chico del clan Akimichi con seriedad.

    Shikamaru miró a su amigo de la infancia con un brillo en los ojos.

    —Así es, Chôji. Ese tipo, Toshikomi, hizo cosas muy raras como aparecer y desaparecer sin que notasemos nada o decir los nombres de algunos de nosotros de manera que… casi parecía que nos conocía… —dijo Shikamaru confundido por aquel personaje que no había desaparecido de su mente desde que le vio.

    Ino miró a Shikamaru tras asegurarse que Hinata había terminado de sollozar y bebía tranquila de su vaso de agua.

    —La verdad es que yo también recuerdo como Neji reaccionó muy alterado ante ese Toshikomi. Al principio parecía que no sabía quién era, pero cuando sacó de su capa aquella jaula de pájaros de metal… era como si hubiese visto un fantasma… —declaró Ino con un hilo de voz sintiendo angustia en su pecho.

    Shikamaru volvió a rascarse la nuca, pero con más fuerza. Cuando se ponía nervioso, sentía que su espalda y su nuca se erizaban y eso le producía picor. Su padre le había compartido hacía poco que ambos tenían esa reacción similar.

    —Sí, lo cierto es que ese Toshikomi ha afectado de alguna manera al Equipo Gai y puede que eso les haya hecho ser objeto de sospecha. —declaró Shino con firmeza y preocupación a partes iguales. —Seguramente les vayan a interrogar.

    El grupo de seis se quedó en silencio ante este comentario. Sus mentes evocaron la División de Inteligencia, una organización similar a un bastión dentro de Konoha que se componía de varias subdivisiones dedicadas a mantener el orden interno de la aldea. Era un lugar terriblemente famoso por tener la Fuerza de Interrogación y Tortura de Konoha, lugar donde se relizaban las actividades más insospechadas a los criminales, enemigos y traidores con el objetivo de obtener información privilegiadas para adelantarse a ataques y delitos.

    —¿Crees que… usarán algún tipo de… táctica especial para obtener la información, Shino? —preguntó Kiba con prudencia para no alterar a Hinata.

    Shino simplemente se encogió de hombros en actitud de desconocimiento. Todos sabían que lo que sucedía dentro la División de Inteligencia se quedaba dentro de la División de Inteligencia.

    —En principio, no pueden hacerles nada. Según la normativa vigente, un equipo de Genin jóvenes hasta los catorce años incluidos con sus miembros originales no podrá ser interrogado sin la presencia de su líder Jônin. —declaró Ino con presteza. —Recordad que eso es así para evitar abusos de los rangos superiores a los inferiores, y Gai-sensei aún no ha regresado de Furuya no Kyô.

    Todos murmuraron y afirmaron ante lo comentado por la joven del clan Yamanaka. Ino era una de las personas del grupo que mejor sabía los reglamentos y normativas internos de Konoha. Todo eso era así debido, en parte, a su formación como posible futura interrogadora, puesto que pertenecía a un clan con responsabilidades en dicho ámbito.

    —Aunque supiéramos que les van a hacer, no podemos hacer nada. Sólo somos un puñado de Genin novatos. —dijo Shino con algo de amargor.

    Hinata bajó la mirada al suelo al escuchar estas palabras. Observaba la superficie de su vaso de agua con una mirada muerta. La chica se sentía absolutamente impotente e inútil. El hecho de no saber nada de su primo y de sus dos compañeros de equipo la reconcomía por dentro con gran dolor, más después de la agradable conversación que había tenido con Rock Lee previamente.

    —Pero de todas maneras, creo que tenemos derecho a saber algo de lo que está pasando. —comentó Kiba con rapidez. —No sé vosotros, pero a mí no me hace ni puta gracia la idea de que estén los superiores de Konoha hablando de nosotros a nuestras espaldas y que nos estén relacionando con ese Toshikomi.

    —¿Y por qué asumes que eso es tal cual lo dices, Kiba? —repuso Ino con extrañeza.

    —¡Oh, vamos, Ino! ¡Se han llevado a los alumnos de Gai-sensei después de que Toshikomi hablase tan familiarmente con Neji cuando apareció! ¡¿No crees que había otros ANBU o ninjas cerca que escucharon todo y creyeron cosas que no son?! —preguntó retóricamente Kiba. —Además, si no lo recuerdas, Toshikomi mencionó también el nombre de Hinata y yo no estoy por la labor de que se la lleven a ella también en otro momento.

    Ino miró a Kiba con seriedad y después a Hinata quien tenía una expresión llena de miedo. Los argumentos del chico del clan Inuzuka tenían bastante sentido y eran muy plausibles. De todo lo que había mencionado, a Ino lo que más le preocupaba era que Hinata fuese arrestada también por posible sospecha de delito de traición, algo que era imposible.

    —Entonces creo que sólo hay una manera de saber algo. —dijo Shikamaru repentinamente. —Ino, tienes que ir a la División de Inteligencia ahora.

    La chica rubia salió de golpe de sus pensamientos y miró a su compañero de equipo con incredulidad.

    —¡¿Eh, qué, yo?! ¡¿Por qué?!

    —Tú eres la más cercana de todos nosotros a un miembro de la División de Inteligencia, Ino. Al fin y al cabo, tu padre trabaja como líder de la subdivisión del Equipo de Análisis. —continuó Shikamaru tratando de hacer entender a su compañera —Si el Equipo Gai colabora, lo más probable es que sea tu padre el que lleve la investigación, al menos por las cosas que sabemos de él.

    Ino no pudo ponerse en contra de los comentarios de Shikamaru. Estaba en lo cierto. Su padre era el mayor experto de Konoha en extraer información directamente de la mente de los sujetos que le traían. Éstos tenían que estar calmados y tranquilos, o en su defecto en un estado de sedación, para poder moverse y manipular los rincones de sus cerebro donde se guardaba la información que quería obtener. Una máquina especializada le ayudaba a su padre a completar dicho proceso.

    —Supongo que no tengo opción, pero no sé cuando voy a poder verle. Mi padre lleva varios días sin aparecer por casa. Lo más probable es que esté muy ocupado con las interrogaciones y los análisis. —comentó Ino aludiendo a un posible retraso en informarles.

    Shikamaru afirmó con la cabeza mientras el resto permaneció en silencio. Hinata escuchaba todo como si estuviese en la distancia. La chica de ojos blancos deseaba colaborar de alguna manera para poder ayudar a los tres miembros del Equipo Gai a salir de aquel problema lo antes posible, pero no se le ocurría cómo y eso la deprimía.

    —A todo esto, ¿dónde están Naruto y los demás? Hace bastante tiempo que no les he visto, desde… después que nos separaron del triaje hará dos días. —comentó Kiba con curiosidad por el Equipo Kakashi.

    —Si te soy sincero, Kiba, la última vez que les vi fue esta mañana a lo lejos. Parece que estaban yéndose a hacer tareas de arreglo del Portón del Este. —dijo Chôji respondiendo a su compañero Inuzuka. —Pero es verdad que no he hablado con ellos desde el momento que has mencionado.

    Kiba afirmó ligeramente con la cabeza quedándose satisfecho con la respuesta del chico Akimichi.

    —Tardarán entonces en regresar de su tarea. Habrá que explicarles todo lo que ha pasado por aquí cuando vuelvan. —repuso Shino mirando el cielo para ver a unos pájaros pasar sobre ellos.

    Ino resopló fuertemente. Ando unos pasos antes de despedirse del grupo para ponerse en marcha en dirección hasta las puertas de la División de Inteligencia de Konoha.

    —Uf, no me imaginaba que al final me iba a tirar casi una semana por aquí. Estoy casi segura que voy a acabar un tiempo en una celda por librarme de las tareas de reconstrucción… —farfulló la chica del clan Yamanaka aludiendo nuevamente a sus responsabilidades como Genin.

    Ino sintió en el pecho una punzada de preocupación. Había en su mente un tintineo molesto que había estado dando vueltas demasiado tiempo desde que comenzó a guardar la entrada del edificio de la División.

    “No es normal que los miembros del Equipo Gai aún no hayan salido. Si hubiesen colaborado, y estaban libres de sospecha, hubieran salido el mismo día o al siguiente de que los arrestaron.” pensó con una mirada triste.

    La mente de la chica se puso a pensar en las posibles opciones que les llevaban a aquellos que se negaban a soltar la información o a colaborar. Torturas como electrocución, palizas, ahogamientos, privaciones de todo tipo eran algunas de las opciones más habituales. Ino negó con la cabeza tratando de espantar tan terribles ideas.

    De repente, la joven del clan Yamanaka miró hacia el extremo de la calle y le pareció ver una figura de color verde que venía a gran velocidad hasta donde estaba ella. Al tratar de ajustar la vista, pudo ver que se trataba del maestro de los chicos retenidos, Maito Gai.

    Antes de que la chica siquiera pudiera mencionar algo, sintió como una corriente de aire la arrastró varios metros debido a la velocidad con la que el Jônin experto en Taijutsu entró en el edificio de la División de Inteligencia.

    —¡No, no! ¡Por favor, no!

    El sonido y la visión chisporroteante de dos cables pelados chocando entre sí alertó sobremanera a Rock Lee. Su respiración estaba muy agitada. El pobre chico se encontraba en un estado de congoja tan extremo que sólo quería morirse.

    —Es tu última oportunidad, Rock Lee. ¡Dime quien es Toshikomi y qué quiere!

    El fuerte alarido provenía de la garganta de un exaltado y completamente enfurecido Ibiki quien había dado la orden a sus dos ANBU de preparar la siguiente tortura, esta vez mortal. Ya habían pasado nueve días desde que comenzaron el interrogatorio, nueve días de ahogamiento simulado que no habían servido para NADA. Si no había conseguido obtener la información que buscaba, el Genin ya no servía de nada. Todo el tiempo, los recursos habían sido inútiles. Ibiki estaba tan furioso, tan irascible por no cumplir las órdenes que se le habían confiado que quería acabar ya con todo, acabar con el chico.

    —¡Ya os lo he dicho! ¡No sé quien es, no sé qué quiere de mí! —gritó Lee desesperado tratando de librarse de las ataduras de la camilla sin éxito—¡¿Qué más puedo responderos?! ¡No sé qué más queréis!

    Lee vio que hacían caso omiso a sus palabras mientras terminaban de pelar los cables lo suficientemente largos para su siniestra actuación. Su cara estaba completamente mojada por el agua y las lágrimas. Su cabello estaba completamente pegado a su frente por el terrible sudor producido por el miedo que le asolaba. El joven de cabellos negros no temía ahora mostrar llanto en esta situación. Había tratado de actuar de acuerdo a lo que le habían enseñado, a lo que había aprendido en el pasado.

    —Si alguna vez te arrestan para interrogarte dentro de nuestra aldea, di siempre la verdad y sé completamente sincero. Colabora totalmente con ellos. Te evitarás problemas más graves.

    Esas palabras pasadas resonaban en su cabeza con desamparo total. No había servido para nada ese consejo, no en estas circunstancias en las que su torturador estaba deseoso de realizar la justicia por su mano, de entregar a un culpable a toda costa, de mostrar ante toda Konoha un chivo expiatorio, un cadáver.

    —Por favor… se lo ruego, Ibiki-san… Aunque ya ha hecho todo lo que ha querido conmigo, haré lo que sea… sólo… por favor… no quiero morir… por favor…

    Los labios amoratados y cortados de Lee temblaban llorosos en un hilo de voz mortecino. El temeroso chico sabía que sólo le quedaba suplicar, llegar a la misericordia del corazón de aquel enorme y poderoso shinobi que estaba frente a él. Un último aliento para poder salvar la vida.

    —Ya. Se acabó. Hazlo, Kô.

    A la orden de Ibiki, el ANBU que había estado ayudando al Tokubetsu Jônin con todas las torturas, se dirigió con pasos lentos a la mesa donde estaba atado el prisionero. En sus manos, portaba los dos cables pelados imbuidos de electricidad constante gracias a una batería. Lee sintió que su mente se disoció de su cuerpo y comenzó a entrar en shock, todo lo veía en ondas producto del mareo. Su mente recordó a sus compañeros, su maestro, a cualquier persona que pudiese venir a rescatarle de aquel suplicio final. Pero nadie vendría. Lo sabía. Había estado rogando por un milagro que nunca llegó. 

    Fijándose un poco, Lee pudo intuir que la otra ANBU, a la que llamaban Gazeru, comenzó a hablar a Ibiki. Parecía que ambos discutían. Repentinamente, se escuchó un fuerte golpe en toda la sala de tortura que hizo retumbar el lugar y que hizo que todos los presentes se sintieran abrumados. Ibiki parpadeó rápidamente varias veces. La boca le sabía a sangre. Su estómago le dolía brutalmente tras ser empujado por un puño firme y fuerte. Había podido evitar que su torso se partiese gracias a la armadura que portaba bajo el uniforme y al uso del chakra como un escudo en el último segundo antes del impacto. El Tokubetsu Jônin levantó la mirada. Sus ojos se enfocaron primero en el enorme agujero donde antes se encontraba la puerta de entrada a la sala, después se fijó en el dueño del puño. Cabello negro, gruesas cejas, traje verde, una mirada furiosa y enajenada: Maito Gai.

    Ibiki se quedó completamente quieto, como un león que ha sido desbancado de su título como rey para ser gobernado por alguien más joven.

    —Gai… así que has vuelto finalmente… —dijo en un susurro Ibiki tratando de evitar un enfado mayor del mencionado.

    El silencio se instaló nuevamente en la sala. Kô había caído al suelo mostrando gran miedo en su movimiento corporal. Gazeru, por su parte, se encontraba en pie, apoyada en la pared tratando de fundirse en ella. Ambos ANBU esperaban que Maito Gai no dirigiese su mirada o sus acciones contra ellos.

    —Ibiki, desgraciado. —comenzó diciendo Gai con la mandíbula completamente tensa. —¿Dónde están mis alumnos? ¡DÍMELO AHORA MISMO!

    El grito retumbó en un eco por la sala. Desde el agujero, comenzaban a aparecer varios miembros de los diversos subequipos de la División de Inteligencia. Todos guardaban un silencio sepulcral y estaban atentos a cualquier posible cambio en el comportamiento de los implicados, más no intervenían.

    —A-ahí lo tiene, ahí tiene a Rokku Rî, Gai-san. —respondió Gazeru señalando a la mesa camilla intentando que no se le notase el miedo en su voz ni en sus movimientos.

    —¡¿Qué estás diciendo, Gazeru?! ¡¿Tengo que recordarte quien te da las órdenes aquí?! —exclamó enfurecido Ibiki a la chica.

    —Ibiki-san, el Jônin encargado del Equipo 03-079 acaba de llegar para responder por sus alumnos. Tenemos que cumplir la normativa impuesta por Konoha. —dijo la ANBU de cabellos morados mostrando su máscara de gato, la cual destilaba seguridad y convicción. —Aunque, siempre hubo que cumplirla.

    Ibiki chistó con una mezcla de rabia y resignación ante las palabras de su subordinada. Gai dejó de empujar al torturador contra la pared tras la respuesta de la ANBU. El Tokubetsu Jônin se tuvo que sujetar contra la pared con una mano para evitar caer contra el suelo. De su boca, salían hilos de sangre de las comisuras de los labios. Gai se acercó a la mesa con prontitud. Tras una expresión llena de horror, el Jônin no pudo evitar comenzar a llorar grandes lágrimas llenas de dolor mientras sus manos tapaban su boca. Rock Lee estaba en un estado total de abandono y demacración, era algo espantoso de observar. Su rostro, antes lleno de vida, se encontraba completamente descolorido y demacrado. Su cuerpo fuerte y juvenil comenzaba a parecer un saco huesudo, notándose principalmente las costillas. Sus piernas y brazos estaban inflamados y de colores azulados y púrpuros, producto del uso constante del agua contra su piel.

    —Lee… Lee… ¿qué te han hecho, muchacho mío? —sollozó en un tono lastimero Gai mientras abrazaba con especial cuidado el cuerpo inerte del torturado chico.

    —¡Apartaos, dejadme pasar inmediatamente!

    Gai escuchó que unos pasos entraban por el agujero que había hecho. Reconocía esa voz. Estaba tan enfadado con esa persona, pero también estaba aliviado de que estuviese aquí. No, si él no había podido hacer nada, nadie en toda la División de Inteligencia podría haber hecho algo para parar a Ibiki. Bien lo sabía.

    —Ha tardado en llegar, Inoichi-san. —dijo con segundas Gai dirigiéndose al líder del clan Yamanaka que se mantenía a una distancia prudencial de él y de su alumno. —¿Y el resto de mis alumnos?

    Inoichi frunció el ceño lleno de dolor y tristeza. El hombre jamás había querido que se llegase a esa situación. Había estado luchando durante nueve días para liberar a los alumnos de Gai de su estado, pero al ser simplemente un líder de una subdivisión de la central había sido imposible en el contexto de urgencia de la Invasión de Konoha. Inoichi sabía que si las circunstancias hubiesen sido diferentes, los alumnos de Gai habrían salido a las pocas horas de ser arrestados.

    —Están en una celda de nuestras prisiones. Puedes estar tranquilo, a ellos no se les ha torturado. Nadie se ha cebado con ellos. —declaró Inoichi tratando de dar sosiego al Jônin de traje verde. —Tienes todo el derecho a estar enfadado, Gai, pero ahora mismo lo más importante es probar la inocencia de Lee para que pueda salir de aquí ya.

    Gai miró a Inoichi con tristeza y dolor en un fruncido que a todos los presentes les pareció extraño. 

    —Déjame hacer mi trabajo, el que tuve que hacer desde el principio, por favor, Gai. —terminó de decir Inoichi con un susurro.

    Gai volvió a mirar a su alumno quien respiraba con dificultad. Ahora mismo, el Jônin sentía que no podía confiar en nada ni en nadie. Eran tantas las preguntas que tenía Maito Gai en la cabeza que le estaba costando tomar una decisión.

    —Gai-sensei… 

    La pronunciación de su nombre sacó de sus pensamientos al experto en Taijutsu para ver la mirada de su discípulo Lee con un tenue brillo en los ojos de una esperanza que parecía haberse casi extinguido.

    —Gai-sensei… lo siento… dude… de usted… creí que… no vendría… que moriría aquí… pero ahora… lo sé… lo sé… sé que siempre… nos vendrá a buscar… vendrá a… buscarme…

    Nuevamente, las lágrimas brotaron de los ojos de Gai mientras intentaba a duras penas que los sollozos saliesen por los apretados dientes de su mandíbula. Él le esperó, él siempre le esperó.

    —Vamos a su subdivisión, Inoichi-san. —dijo Gai con un balbuceo en sus palabras.

    Inoichi afirmó a las palabras de Gai y ordenó a Gazeru soltar las esposas de Rock Lee. La joven ANBU procedió diligentemente. Mientras la chica hacía su trabajo, Gai se acercó a un dolorido Ibiki y le arrancó la gabardina negra para tapar el desnudo y demacrado cuerpo de su alumno. El experto en Taijutsu levantó despacio a Lee y comenzó a andar en dirección a la salida, guiado por Inoichi y seguido de Gazeru. Todos los presentes de la División de Inteligencia dieron espacio para que el pequeño grupo pudiese avanzar sin interrupciones. 

    Lee sintió que la vista le dolía mucho. Hacía mucho tiempo que no había visto tanta luz de golpe, sólo el foco de la lámpara que le martirizaba en la tortura. La situación le recordó a cómo se despertó de aquel Genjutsu, esa ilusión que en tantos problemas le había metido hasta ahora. El chico podía a duras penas ver los rostros de los shinobi, sólo sentía que sus portes estaban rectos como si saludaran a alguien a quien debían dar un profundo respeto.

    Finalmente, el grupo llegó a las estancias del Equipo de Análisis donde estaba instalada la Máquina Amplificadora de Lectura de Mentes, famosa en los círculos de indagadores y espías de otras Aldeas Shinobi. Un instrumento de Konoha que era guiado por un especialista en el campo de la lectura de mentes, en concreto un Yamanaka, mientras tres miembros menores de la subdivisón ayudaban, a través de una serie de sellos, a amplificar la actuación del ejecutor en las áreas del cerebro donde se recopilaba la información gracias al uso de Saiko Denshin (Transmisión Psico-Mente), técnica secreta del mismo clan.

    Yamanaka Inoichi se acercó al joven que yacía acunado en los brazos de su maestro. El hombre sentía grandes remordimientos por todo lo que había pasado y quería terminar el sufrimiento que Lee estaba sintiendo para ordenar su ingreso en la recién reconstruida UMN.

    —Lee, ¿me oyes? —preguntó prudentemente al chico que mantenía la mirada perdida. —¿Me dejarías que indagase en tu mente? Sólo tienes que estar tranquilo y terminaré de hacerlo en un instante. Pronto podrás volver a casa, te lo juro. Todo esto quedará como un mal sueño.

    Inoichi pudo ver que la vista vidriosa del chico se fijó en él. Era una mirada temerosa, compasiva y llena de dolor y esperanza.

    —Inoichi-san… Neji y… Tenten… ellos… ¿están bien… no les pasó nada? ¿verdad? Me… lo prometió…

    El hombre Yamanaka sintió una puñalada en lo más profundo de su pecho. El chico de Gai estaba pensando en sus compañeros más que en sí mismo. Estaba ampliamente seguro de que Lee era inocente antes de pasarle por el escrutinio de la máquina y de la técnica de su clan.

    —Sí, bueno, en realidad, no he podido liberarlos, pero he podido evitar que se les torturasen. Han estado en celdas hasta ahora. Ahora mismo irán a soltarles. 

    Ante las palabras de Inoichi, Lee sonrió con dificultad, pero esperanzado. Gai mostró mucho dolor en su expresión. Todo era muy injusto. Podía poner la mano en el fuego y todo su cuerpo a disposición de las llamas por cada uno de sus alumnos, especialmente por Lee. Su discípulo siempre había sido un buen chico, un buen chico al que no paraban de sucederle cosas malas, y eso lo sabía desde el mismo día que le conoció.

    —Inoichi-san… acérqueme a… la máquina y… ayúdeme a demostrar… la inocencia de mis compañeros… y la mía…

    Los hombres de Inoichi hicieron lo que pidió. Dokuraku Mawashi, uno de los Chûnin más importantes de la subdivisión, ordenó a sus dos kôhai coger el cuerpo del débil Rock Lee y le introdujeron en el receptáculo preparado para el cuerpo que estaba en la máquina. La cabeza del chico quedó fuera a disposición del hombre del clan Yamanaka.

    —Puede que sientas un pequeño mareo. Miraré tus recuerdos más recientes en busca de ese hombre que tantos problemas te ha causado. —informó Inoichi posando su mano en la cabeza de Lee al referirse a Toshikomi. —Sólo no tengas miedo y déjate llevar.

    En un instante, Lee sintió como su cerebro echaba chispas. Le parecía que todo lo veía como una película en reversa y a gran velocidad. Escuchaba rápidamente las conversaciones, olía los aromas, palpaba los tactos que ya había sentido. Era muy abrumador, pero a la vez no tenía miedo. Se sentía seguro de que su maestro estuviese allí porque sabía que no le iban a hacer nada más.

    Inoichi fruncía el ceño escudriñando los recovecos de la mente de Rock Lee. Sus subordinados ayudaban a su líder a captar adecuadamente los recuerdos más vinculados con la problemática que había llevado al discípulo de Gai a llegar hasta allí. Al principio, todo marchaba según lo pensado, pero, en un momento, Inoichi se sintió alarmado al llegar a cierto punto de la memoria de Lee: al momento inmersivo dentro de aquella ilusión.

    —Esto no tiene ningún sentido. Es imposible… —farfulló Inoichi en susurros mientras los presentes se miraban extrañados por sus crípticas palabras.

    El hombre volvió a callar y decidió terminar lo que había empezado. Tras diez minutos que a Gai le parecieron eternos, Yamanaka Inoichi cesó la interrogación.

    “La mente de Rock Lee es mucho más compleja de lo que podía esperar. Hay cosas que no me encajan aquí. No sé si es daño cerebral producto de alguna técnica o qué…” pensó Inoichi dejando de apoyar su mano en la cabeza del chico.  “Conviene que el nuevo Hokage sepa de esto.”

    Tras lanzar un suspiró, Gai vio como Inoichi se giró y le miró a los ojos con una expresión lúgubre.

    —Este chico es completamente inocente, así como sus compañeros. El primer día Ibiki sacó toda la información que él sabía sobre Toshikomi. El tiempo restante que pasó en tortura… fue completamente innecesario.

    Una mezcla extraña de alivio, dolor e ira se generó en el pecho de Gai ante las palabras del líder del clan Yamanaka. Estaba muy feliz de saber que Lee era inocente, nunca había dudado de él, pero se preguntó hasta qué punto quería su antiguo compañero de clase llegar con su discípulo.

    —Eso… no es posible…

    Las palabras erráticas provenían del lastimado Ibiki, quien era sujetado por Kô, el ANBU que se había quedado para vigilar su estado en la anterior sala.

    —¿A qué te refieres, Ibiki? —preguntó Inoichi ante las crípticas palabras del enorme hombre.

    —Me dijeron que tenía que sacar todo lo que sabía sobre Toshikomi a Rock Lee. Eran órdenes de arriba. Estaban muy desesperados con ello, especialmente estos dos últimos días. Tiene que haber más, Inoichi…

    El hombre del clan Yamanaka negó con la cabeza ante el dolorido torturador. Ordenó soltar a Lee de la Máquina mientras Gai se acercaba para volver a cargarle en brazos.

    —No sé lo que te habrán dicho, pero puedo asegurar que…

    —¡Ibiki-san, es una emergencia!

    El repentino grito de un Chûnin de la División de Inteligencia retumbó en la sala dejando a todos los presentes perplejos.

    —¿Qué sucede? ¿No ves que estamos ocupados con…?

    —¡Hatake Kakashi acaba de personarse con un aviso urgente! ¡Han localizado a dos miembros de una organización llamada Akatsuki que se han inmiscuido en Konoha! —interrumpió el Chûnin a Ibiki ante la emergencia. —¡Uno de ellos es un Espadachín de Kirigakure y otro es el proscrito Uchiha Itachi!

    Ante la mención de este nombre, se pudo escuchar un respingo de temor y alerta. Los crímenes del antiguo heredero del clan Uchiha eran ampliamente conocidos y su presencia en Konoha en este momento ponía en aprieto la seguridad de los ciudadanos. Con la cara llena de contracción, Gai sujetó con fuerza el cuerpo de Lee y procedió a salir con prontitud de la sala.

    —¡Iré allí a dar apoyo después de que deje a Lee en la UMN! —exclamó Gai por encima de su hombro a los presentes.

    Lee sintió el bamboleo del cuerpo de su maestro recorrer los pasillos pulcros de la División de Inteligencia al tiempo que una gran luz iluminó sus ojos que, posteriormente, le sumió en una visión repentina de oscuridad total.

    En la pequeña aldea Kisaragi, compuesta principalmente de campesinos y artesanos, situada al sur de Konoha se apiñaban sus habitantes en la pequeña plaza central de suelo de arena. Un funcionario del gobierno de Kyokaen, la capital del País del Fuego, se disponía a hablar encima de una caja de madera. Tras un tosido y el desenrrolle de un pergamino con el sello oficial del Daimyô, el hombre con autoridad procedió a hablar ante el expectante público.

    —¡Se hace saber por orden de Vuestra Excelencia, Madoka Akira-sama, Daimyô del País del Fuego, la siguiente información de máxima urgencia y de alta prioridad a los habitantes de Kisaragi no Sato! 

    —¡Se declara a Orochimaru, exninja de la Aldea Oculta de Konoha y uno de los conocidos y actuales Sannin, proscrito de máxima peligrosidad otorgándole el rango S+. Sus delitos contra Konoha, contra el País del Fuego y contra el País de los Ríos han sido tan graves que ameritan esta actualización de dicho asesino. Debe ser juzgado según las leyes de Konoha y de Vuestra Excelencia! 

    —¡Es por eso que es responsabilidad y obligación de todos los habitantes de este país estar alerta, informar a las autoridades pertinentes si se sabe algo de él y entregarle en caso de que sea protegido por alguna familia u organización para su posterior condena. En caso de que se descubra que Orochimaru ha sido ayudado por alguien del País del Fuego desde este mismo día y hasta que se le entregue a las autoridades, el protector será juzgado culpable de traición! 

    —¡Su castigo será la tortura y la muerte, todas sus posesiones serán expropiadas sin excepción y su familia y parientes serán expulsados del país por un periodo de 20 años. Para que quede todo el mundo informado, se dejará este aviso en el tablero de anuncios oficiales de esta aldea durante el periodo de un mes para los viajeros y viandantes que la transiten! 

    Los murmullos se congregaron entre los impactados aldeanos de Kisaragi no Sato mientras terminaban de observar como clavaban el tablón de madera con la noticia grabada a fuego y acompañada con el blasón de Madoka Akira, el cual lucía con más brillo y magnificencia que nunca.

    PERFIL NINJA OFICIAL

    Número de Registro Ninja: 010913

    Apellido: Morino

    Nombre: Ibiki

    Apodo/sobrenombre: No consta

    Fecha de nacimiento: 20 de marzo del año 053 de la Era Moderna

    Sexo: Hombre

    Estatus: Activo

    Tipo sanguíneo: A

    Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego

    Clan/Familia: No reseñable

    Equipo: Genin Licenciado del Equipo 01 – 063

    Rango Ninja: Tokubetsu Jōnin (año 065 de la Era Moderna)

    Categoría Ninja: Limpiador

    Naturaleza de Chakra: Fuego (Afinidad Natural)

    Kekkei Genkai: Inexistente

    Ocupación: Procurador de los Exámenes Chûnin y Líder de la División de Inteligencia de Konoha y la Fuerza de Interrogación y Tortura de Konoha

     PRÓXIMO CAPÍTULO 

    DESCANSO

  • Capítulo 9 – Espía

    —Bueno, adelante. Hazlo, Shitô.

    Tras recibir la orden, Akimichi Shitô, Jônin de Konoha, golpeó con una enorme y ensangrentada porra con grandes protuberancias en la cabeza de un ninja de Suna capturado. De un golpe, el prisionero cayó fulminado al suelo con el cráneo reventado, coloreando la tierra con chorretones de sangre y restos de trozos de hueso y de cerebro. 

    Así, los gritos de terror sonaron nuevamente encima de un cadalso improvisado donde se acumulaba una gran pila de cadáveres, retumbando en la antiguamente animada y jovial Avenida del Té de Konoha. Desde hacía dos días, tras el final del intento de destrucción e invasión de Konoha, esta calle se había convertido en una de las pocas vías de paso de los habitantes de dicha aldea. Aunque la zona también había sufrido el saqueo de los shinobi enemigos y los desperfectos provocados por las grandes serpientes invocadas por Suna y por Oto, se había decretado de que estaba lo suficientemente bien como para que los dueños de las tiendas pudiesen faenar y atender a su clientela. Al fin y al cabo, el comercio debía reactivarse y las gentes de Konoha necesitaban comenzar a reabastecer sus hogares y sus negocios.

    —Ahora, tú, dime tu nombre, edad, rango, aldea y cómo prefieres morir. —preguntó con cara de aburrimiento un Jônin de nombre Mimura Hamaki quien sostenía un portafolio en posición de escritura.

    Las palabras estaban dirigidas a un joven chico extranjero con pelo corto y ojos oscuros atado de pies y manos con cadenas. Había sido arrodillado contra el tablado unos instantes previos a la fuerza delante de varios civiles y ninjas de Konoha que miraban hacia el cadalso. La cara del chico reflejaba desesperación y temor ante la vista de que su final estaba próximo.

    —M-me..llamo Yakku. T-tengo doce años y soy Genin de Suna… pensé que lo sabríais por mi Protector de Frente… —dijo el joven con un hilo de voz posando su mirada en todas direcciones.

    Hamaki escribía los datos en el papel a la vez que dio un bostezo con la boca muy abierta. Eran casi las doce del mediodía y estaba cansado de estar trabajando desde las ocho de la mañana. Afortunadamente, estas eran las últimas ejecuciones que se iban a realizar públicamente en el día y podría dejar de estar bajo el abrasivo sol de la primavera.

    —Ya, mira, es el procedimiento estándar, ¿sabes? Tenemos que confirmar de vuestras bocas que sois de vuestras respectivas aldeas. Para poder clasificaros y hacer lo que sea que nos manden desde arriba después. —dijo el Jônin de Konoha terminando de escribir y tratando de pensar en qué comería ese día.

    Yakku tragó saliva con fuerza. Su chaleco antibalas marrón y el Protector de Frente que portaba en la cabeza estaban destrozados casi en su totalidad. Había sido capturado por las fuerzas militares de Konoha cuando escuchó la orden de retirada de sus superiores. Sus camaradas habían logrado huir. Él no tuvo tanta suerte.

    —Bueno, entonces, ¿cómo quieres morir? Mira que somos buena gente después de todo lo que habéis hecho y os dejamos decidir, ¿eh? —comentó Hamaki mientras se rascaba la nuca. —¿Golpe en cabeza o degollado?

    Yakku sintió como un chillido se ahogaba en su garganta mientras sus labios se apretaban finamente. Ya había visto cómo mataban a más de treinta camaradas delante de sus ojos. El aterrado chico de Suna continuaba mirando a su alrededor, cómo si intentara encontrar una salida. Su instinto de supervivencia le animaba a saltar hacia la calle a toda velocidad, pero el miedo también le paralizaba porque sabía que de nada servía huir. Iba a morir en ese mismo instante.

    —¡Oye, Hamaki, para de preguntarles lo mismo todo el rato! ¡Llevo dos horas dando porrazos a estos bastardos! —Shitô se secó el sudor que caía profusamente por su frente y bebió agua de una cantimplora tratando de calmar la sed. —¡Deja que él se ocupe un rato del trabajo, que ha estado muy tranquilo!

    Shitô señaló a un joven de aspecto angelical sentado en un taburete y que vestía un kimono finamente elaborado. Era el encargado de los degollamientos.

    —De acuerdo. Encárgate de los que quedan hoy, chico. —sentenció Hamaki haciendo un gesto con la mano al joven.

    El muchacho del kimono de tonos purpúreos y azulados se levantó despacio y comenzó a andar hacia el Genin de Suna. Gritos de desesperación y quejas comenzaron a escucharse por parte de los ninjas prisioneros. Yakku estaba aterrorizado. Sintió como si un ángel de la muerte se estuviese posicionando delante de él con un enorme machete afilado con el símbolo de una cresta en la empuñadura, una pluma que terminaba en la parte inferior como una uña. Embobado por la presencia del etéreo joven de Konoha, no percibió que otros dos shinobis se posicionaron a sendos lados de su cuerpo, sosteniendo su cabeza con una larga barra para dejar el cuello tensado para el artista mortal.

    —Todo terminará pronto. Déjame hacer. —los brillantes ojos del shinobi de Konoha centellearon llenos de calma y serenidad.

    —¡No, por favor! ¡AYUDA! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!

    Yakku comenzó a gritar desesperado, pero nadie vino en su rescate. Tras un breve forcejeo, el Genin de Suna sintió un agudo dolor producido por el frío metal cortando su garganta y el tacto de su sangre caliente cayendo por toda su camisa interior y por su chaleco. Tosió con fuerza al sentir que su garganta y sus pulmones se llenaban de sabor a metal del líquido vital de su cuerpo. Sus pies no paraban de agitarse por la tensión, pero poco a poco comenzaron a cesar sus intentos de escape. Yakku sintió que la vista se nublaba y empezó a notar que ya no le dolía tanto la herida del cuello. Su mente se llenó en un instante eterno con el pensamiento de su padre, su madre y su hermano pequeño. Sus ojos llenos de lágrimas empezaron a cerrarse después de fijarse por última vez en un chico con Protector de Frente de Konoha, cabellos rubios y ojos azules quien le dirigía una mirada llena de dolor y compasión.

    Una vez el cuerpo muerto del niño de Suna cayó contra las frías tablas del cadalso, Uzumaki Naruto salió corriendo en dirección sur por la Avenida del Té. Tenía los ojos cerrados fuertemente. No quería ver más. No podía creer que estuviese sucediendo eso en Konoha, en su propia aldea. Acababan de cortar el cuello a un chico de su misma edad y a nadie de los testigos parecía haberle importado. Todo era demasiado para él, demasiado cruel.

    Corrió y corrió todo lo que pudieron permitirle sus piernas. Después, se fue parando despacio hasta que finalmente se quedó quieto mirando el suelo mientras jadeaba con fuerza. Naruto sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. Aún retumbaba en su mente la voz temerosa de ese Genin de Suna, su rostro lleno de miedo y la clara expresión de quien espera compasión y redención. Sin embargo, ese chico no obtuvo nada, y eso es lo que más atemorizó e hizo sentir rabia al niño Uzumaki.

    —¿Naruto? ¿Eres tú?

    La familiar voz de un adulto hizo salir al joven de Konoha de sus pensamientos. Levantó la mirada y se giró hacia su dirección. Allí estaba un hombre que conocía muy bien. Aquel que había sido su tutor de aula en la Academia Ninja y su maestro más querido. Una de las primeras personas que había apreciado y querido como si de un hermano mayor se tratase: Umino Iruka. El Chûnin llevaba el traje estándar de shinobi de Konoha completo con su Protector de Frente, sandalias y chaleco. Aunque habitualmente tenía aspecto pulcro, Naruto notó que el conjunto del vestido se encontraba sucio y algo desaliñado.

    —Iruka-sensei… ah, eres tú…

    Unos pocos minutos después de su breve encuentro, ambos shinobi se encontraban sentados frente a la barra de Ichiraku Ramen, el restaurante de fideos ramen preferido de los dos. El local de comida había sobrevivido milagrosamente al intento de destrucción de Konoha y sólo había sido necesario reabastecerlo con nueva vajilla para reemplazar la rota que había caído al suelo y varias bombonas de gas llenas. Iruka había percibido que Naruto no parecía encontrarse muy alto de ánimos, así que había decidido invitarle a comer un cuenco de su favorito, ramen con sopa de miso y cerdo barbacoa châsû, para ayudarle a sentirse mejor. El Chûnin de veintitrés años vio cómo su antiguo alumno terminó de beber por completo un vaso de agua helada con una expresión un poco más alegre.

    —Parece que ya tienes mejor cara, Naruto. —dijo Iruka sonriendo al chico de cabellos rubios. —Vi que venías corriendo desde el norte de la Avenida del Té y, bueno, pensé que habrías visto lo que han preparado allí…

    Al escuchar esto, los ojos de Naruto se empañaron con seriedad. Iruka confirmó sus sospechas. Observó que Naruto se quedó atípicamente callado y le dio espacio para que se tomase su tiempo para hablar.

    —Iruka-sensei, ¿por qué está haciendo esto nuestra aldea? ¿Por qué Konoha está ejecutando a todos esos ninjas extranjeros? —preguntó Naruto mirando ensimismado a su vaso vacío. —No creo que esté bien hacer eso después de que tanta gente haya muerto durante la invasión…

    Iruka cerró los ojos tras mirar a su alumno. El hombre se sentía terriblemente perdido. Habían pasado trece años desde que vivió una situación catastrófica similar: el Ataque del Kyûbi, el Zorro de Nueve Colas, el Bijû que se encontraba actualmente sellado en el vientre de Naruto. La vivencia de ese hecho forjó una opinión de Iruka que decía que no era posible que se pudiese repetir una situación semejante a la de aquel incidente. 

    Y, sin embargo, ahí estaba. Iruka había presenciado una invasión a gran escala por parte de Sunagakure y Otogakure. Había visto muertos de todas las edades. Había sido testigo de cómo los ninjas invasores habían dejado un rastro de saqueo, tortura y violaciones contra los civiles. Todo porque ese traidor de Konoha, ese maldito Sannin llamado Orochimaru había comandado el ataque desde las sombras para hacerse con su aldea. Ahora, tras la victoria de Konoha, y entre las muchas negociaciones que se estarían produciendo, la ejecución de los shinobis extranjeros capturados durante la huida era una de las muchas represalias que estaban sucediendo.

    —Naruto, entiendo que ha sido un shock para ti ver una ejecución por primera vez, pero también tienes que entender que es uno de los posibles riesgos a los que un ninja se debe enfrentar, especialmente cuando se atreve a hacer un ataque a gran escala. —comenzó hablando Iruka tras una pausa silenciosa intentando cuidar muy bien las palabras que decía.

    Los hombros de Naruto se encogieron sobre sí mismo y a Iruka le pareció creer que su ánimo se desinflaba sobre el taburete del restaurante.

    —Tienes que comprender que las Aldeas de Suna y Oto atacaron con sus ninjas a los habitantes de nuestra aldea y se han cobrado muchas vidas y perjudicado muchas infraestructuras y recursos de Konoha. —continuó Iruka tratando de ayudar a Naruto a entender la situación de manera lógica.

    —Lo sé, pero Suna es aliada nuestra y… nosotros y ellos pues… pensé que podríamos, tal vez, hacer las paces…

    Iruka sonrió de medio lado al escuchar las palabras de Naruto. En verdad, y pese a todo, sólo era un niño de casi trece años. No se le podía pedir mucho más, y menos en ese momento.

    —Konoha no puede dejar pasar este suceso como si nada, Naruto. Si lo hiciera, el resto de aldeas ninja, tanto las Grandes Aldeas Shinobi como las pequeñas, interpretarán el mensaje de que no nos importa que nos hayan atacado. Intentarían replicar lo que han hecho Suna y Oto, pero en otra ocasión y de diferente manera. —decretó firmemente Iruka mirando con calma a Naruto.

    El joven Uzumaki miraba fijamente la espalda de Teuchi, el cocinero y propietario del restaurante. El hombre, en completo silencio, estaba terminando de hervir los fideos y comenzaba a preparar los platos y condimentos para las raciones a servir.

    —Puedo llegar a entender cómo te sientes. —Iruka hablaba mientras Ayame, la hija y ayudante de Teuchi les servía los cuencos de ramen. —La verdad es que yo tampoco pensé que Suna nos traicionaría de ese modo: asociándose con Otogakure, que la fundó Orochimaru, y yendo contra nosotros…

    —¡Es que es eso, Iruka-sensei! ¡Suna ha sido engañada por Orochimaru! ¡Oto también ha sufrido por culpa de ese engendro! —exclamó Naruto evitando fijarse en el cuenco de ramen. —No creo… no creo que esos ninja que han ejecutado eran… plenamente conscientes de lo que hacían…

    Naruto dijo esta última frase con dificultad. Se había quedado mirando fijamente el cuenco de fideos sin mucha apetencia, recordando la ejecución de aquel joven chico de Suna. Debido a esta sorprendente reacción de Naruto ante su comida favorita, Iruka pudo comprobar que verdaderamente el ser testigo de una ejecución le había afectado mucho. El Chûnin suspiró sintiéndose inútil. Nunca pensó que fuese necesario instruir en profundidad a sus alumnos de la Academia Ninja sobre las actuaciones y consecuencias relacionadas con un caso como el de una catástrofe a gran escala. El estado de falsa paz le había hecho débil, la sensación de seguridad sólo había ocasionado el no cumplir con la totalidad de sus obligaciones como maestro, y ahora su antiguo alumno lo estaba pagando por ello.

    —Piensa en Sandaime Hokage que ha muerto, y piensa también en tus compañeros, especialmente en Rock Lee. Me dijeron que es quien ha quedado en peor estado de vuestro grupo de amigos. —trató de explicar Iruka en una lección rápida para tratar de convencer a Naruto. — También que ha estado a punto de morir aplastado y ahogado por los escombros de la invasión. Si no hubiese sido porque paramos los pies a estos ninjas invasores, lo más probable es que ahora mismo estuviese muerto.

    Esa declaración de su maestro fue sentida por Naruto como una patada en el estómago. El mismo día de la invasión, tras pasar positivamente el triaje y ser asignado a un equipo de búsqueda y rescate, pudo comprobar desde lo alto de las grandes pilas de escombros que él había sido el causante en gran medida de ellas. Su lucha contra Sabaku no Gaara le había forzado a convocar al Gran Jefe Sapo Gamabunta, uno de los animales más importantes de su pacto con el pergamino de invocación. Era el único ser con el que había hecho un contrato y que podía llamar que fuera lo suficientemente grande como para evitar que el monstruo que yacía en el interior del ninja de Suna terminase por destruir por completo Konoha. 

    Por desgracia, en el proceso, había provocado que una parte importante del este de la aldea fuese arrasada por el arrastre del combate entre los gigantescos seres. Supo posteriormente que muchas personas, entre ellas su senpai y amigo Rock Lee, quedaron atrapadas por esos enormes escombros provocados por el arrastre. Habían pasado dos días desde entonces y aún se buscaban desaparecidos por la zona. Algunas de las personas recuperadas de la zona de catástrofe sobrevivieron, otras no.

    —A lo que me refiero con ello, es que existen las consecuencias en este mundo, Naruto. Aunque esos ninjas de Suna y Oto no las supiesen concretamente, eso no significa que no se tengan que responsabilizar de los actos que han cometido. —habló Iruka hilvanando su conversación y dándole un sentido para que Naruto la entendiese. —Por ahora, nosotros dos y el resto de Shinobi tenemos bastante con rehacer nuestra vida y ayudar al resto de habitantes de Konoha.

    El chico de cabello rubio afirmó con la cabeza en silencio. Estaba comprendiendo lo que su maestro le decía, pero no llegaba a entenderlo del todo. No sabía si era porque su pecho dolía por el recuerdo de ese chico de Suna ejecutado o porque se resistía a creer que este mundo fuese tan brutal.

    —Venga, anímate. —Iruka se acercó un poco más al chico para darle un empujoncito de apoyo en el hombro. —Mira, para que te sientas mejor, voy a invitarte a un cuenco de ramen extra, ¿te parece?

    Al instante, la mirada de Naruto se llenó de luz cómica y comenzó a exclamar emocionado para delicia de su maestro. Iruka vio cómo una de las grandes características de su antiguo alumno relucía en ese instante: su capacidad de sobreponerse a una situación dramática, gracias a un cuenco de ramen, claro.

    —¡¿En serio?! ¡Gracias, Iruka-sensei! —gritó Naruto atraído por la propuesta de su maestro. —Sabes, creo que tienes razón, tengo que reponerme. Aún quedan muchas personas a las que hay que rescatar y tenemos que estar en forma para ayudarlas.

    Naruto separó los palillos para empezar a comer sus fideos antes de que se quedasen fríos y sintió como una mano se posó en su cabeza y le acarició con ternura. Levantó la vista y vio los ojos compasivos de Iruka en él. Naruto creyó en ese momento, que pasase lo que pasase, estaba seguro a su lado.

    —Entonces, la cosa queda así. Ino, tú buscarás por el oeste; Chôji, por el este; y yo miraré por el norte del edificio. ¿Entendido?

    —¡Sí!

    —¡Perfectamente, Shikamaru!

    El Equipo Asuma se había reunido delante del edificio derruido de la Escuela Civil de Konoha. Estaban a punto de empezar a comer, cuando les habían asignado la búsqueda y el rescate de tres adultos, maestros en concreto, en dicho lugar. Los tres jóvenes Genin llevaban mochilas con varios víveres: agua, suero, cuerda y otros utensilios útiles para las tareas de rescate. Por otro lado, también portaban guantes especiales y una mascarilla con gafas para evitar que las partículas y los amiantos entrasen por sus vías respiratorias.

    Shikamaru era el que estaba comandando a su equipo, como normalmente hacía cuando eran sólo ellos tres, sin su maestro Asuma. Había ordenado a Ino y a Chôji que se abstuvieran de realizar saltos ninja por encima de los escombros de la Escuela Civil. Tenían que ser extremadamente cuidadosos si querían encontrar a alguien vivo a esas alturas.

    Antes del desastre, la Escuela Civil de Konoha destacaba por su arquitectura. Shikamaru recordaba que estaba construida con muros de ladrillo reforzado y techos altos de tejas oscuras. Tenía también grandes ventanales enmarcados en madera que permitían la entrada de luz natural y un enorme patio que bordeaba todo el edificio. Ahora, sin embargo, la estructura se transformó en una silueta quebrada y frágil. Muchas de las paredes exteriores colapsaron parcial o totalmente, dejando expuestos los cimientos y fragmentos de las aulas internas. Los techos se vinieron abajo en varios sectores del edificio, amontonando vigas y tejas sobre escritorios ahora irreconocibles entre el polvo. Los ventanales estaban, en su mayoría, rotos. Las columnas que antes sostenían las galerías se encontraban inestables, algunas dobladas y a punto de ceder, y el patio era ahora un terreno irregular cubierto de escombros.

    Shikamaru estaba moviendo despacio unos tablones recios de madera cuando apareció un cuerpo inerte y visiblemente hinchado por la descomposición natural del mismo. Frunció el ceño y suspiró derrotado un instante antes de hablar por la radio.

    —Chicos, he localizado a uno de los maestros. Está muerto. Creo que fue casi instantáneo al juzgar por el avance de la descomposición de su cuerpo. Cambio y corto.

    Shikamaru sacó una libreta de su bolsillo y comprobó algunos rasgos del cadáver hasta identificar al posible fallecido. Escribió las palabras “Encontrado – Fallecido”. Luego, se acercó un poco al cuerpo y abrió un pergamino negro para completar el sellado del mismo y llevarlo a la morgue que había sido improvisada cerca de los hospitales de campaña.

    —Ya he terminado por aquí. ¿Cómo vais, vosotros, Ino, Chôji? Cambio.

    Unos instantes después, escuchó la voz de su compañero por el pinganillo de la frecuencia de radio que compartían.

    —Acabo de encontrar a otra de las maestras. He comprobado sus constantes y me temo que también está muerta. —pudo notar que la voz de Chôji a través de la radio tenía cierto tono de dolor. —He sacado el cuerpo y voy a proceder al sellado para llevarlo delante de la escuela. Cambio.

    —¿Me confirmas que es una mujer, verdad, Chôji? Cambio.

    —Sí. No tiene muchos signos de descomposición, pero está famélica. Tuvo que morir hace poco. No llegamos a tiempo, Shikamaru. Cambio.

    Shikamaru sabía que cuando Chôji mencionaba la palabra “famélica” se refería a que había muerto por desnutrición o deshidratación. Eran de las peores muertes para un miembro del clan Akimichi. Supuso que su compañero estaría bastante afectado al ver la escena.

    —De acuerdo, Chôji. Puedes sellarla. —dijo Shikamaru mientras escribía en el perfil de la maestra desaparecida que la habían encontrado también.— Ya sólo nos queda un profesor: Kanpu, el director del centro. No tendríamos que tardar mucho en encontrarlo. Reúnete conmigo en la parte norte del edificio. Cambio y corto.

    —Recibido. Cambio y corto. —respondió el chico Akimichi dando por terminada la conversación.

    Tal y como quedaron, en menos de cinco minutos, Chôji apareció al lado de Shikamaru con un rollo de pergamino en sus manos, el cual custodiaba cuidadosamente el cuerpo de la difunta maestra de escuela.

    —Ino no ha dicho nada por la radio desde que nos separamos. Me pregunto si estará bien. ¿Ino, cómo vas? Cambio.— al no obtener respuesta, Shikamaru estaba comenzando a preocuparse por su compañera de equipo. —¿Ino, estás ahí? Cambio.

    El continuo silencio hizo que ambos chicos se mirasen entre sí incómodos, ya que temían que algo malo le hubiese sucedido a su amiga. Afortunadamente, y más pronto que tarde, Ino habló a través del dispositivo de comunicación.

    —¡He encontrado a alguien! ¡Está muy mal, muy deshidratado! ¡Le estoy dando el suero para recuperarse! ¡Cambio! —exclamó la chica del clan Yamanaka con un tono de voz que mostraba mucha preocupación.

    Ante las palabras de Ino, Shikamaru se dispuso a responder con prontitud. Aún había esperanza de poder recuperar a una persona con vida.

    —¡Vamos para allá, Ino! ¡Dinos tu posición!

    Poco tiempo después, y tras el intercambio efectivo de información, Shikamaru y Chôji comenzaron a ver a su compañera tras varios bloques de madera. Allí estaban los dos. Ino estaba sujetando una botella de suero en la boca del maestro y director de la Escuela Civil. El hombre se encontraba tirado en el suelo con la cara completamente ensangrentada y el cuerpo lleno de polvo y suciedad.

    —¿Señor, es usted Kanpu-san? —preguntó Shikamaru cuando se arrodilló en el suelo al lado de Ino y del hombre recién encontrado.

    —Vaya, así que no estás sola, jovencita… —dijo débilmente el director al tiempo que dejaba de beber de la cánula de la botella de suero.

    Chôji pudo comprobar que el lado derecho del torso de Kanpu se encontraba atravesado por un trozo de madero que comenzaba a mostrar la afilada punta en la piel del pecho. El chico Akimichi frunció el ceño ligeramente y apretó los labios dejándolos en una línea fina. Por la inflamación de la zona, tenía aspecto de que el pulmón del director podría estar atravesado desde hacía dos días. Era un milagro que siguiese vivo, pero la situación no pintaba nada bien.

    —¿Se encuentra bien, señor? ¿Le duele mucho? —preguntó Chôji poniéndose a un nivel similar que Kanpu y tratando de ver cómo podía sacar al hombre de su situación.

    El afectado hombre dirigió su mirada al chico del clan Akimichi. Chôji vio que los cansados ojos de Kanpu desprendían una niebla que los empañaba. Era un hombre anciano de unos setenta años con barba gris blanquecina.

    —¿Bien? No, la verdad no me encuentro nada bien, chico. No siento las piernas y sé que no están aplastadas por nada. —Kanpu dirigió la mirada a la sobresaliente estaca de su pecho mientras hablaba con una dificultad increíble. —Aunque creo que esto es más… preocupante…

    Chôji utilizó un cuchillo de rescate para romper la tela alrededor de la punta de madera y procedió a palpar con un cuidado excepcional el pecho de Kanpu. Shikamaru y él comenzaron a hablar sobre posibles maniobras para poder remover el madero mientras Ino seguía sujetando la botella de suero animando al anciano a mantenerse hidratado con poco éxito. Repentinamente, un fuerte tosido emitido por Kanpu les alarmó debido al fuerte movimiento que hizo, pues provocó un lastimero quejido y la emanación de sangre por la boca del hombre.

    —Dejadlo, no sirve de nada… sé que no estoy nada bien… —el anciano cerró los ojos ligeramente a la vez que dejó de sorber el suero del pequeño tubo —Sé que voy a morir…

    Ino apretó angustiosa la bolsa de suero con la mano. La chica no quería que pasase eso, no ahora que habían logrado encontrar a alguien con vida. 

    —Por favor, no hable, Kanpu-san. —dijo la joven Yamanaka tratando de que no se le trabase la voz. —Tiene que reservar fuerzas, ¿de acuerdo?

    Ino vio como el director le dirigió una suave mirada llena de ternura. La chica sintió extraño cómo dicho sentimiento se lo dirigía un ciudadano civil.

    —Eres muy amable, jovencita. La verdad es que me recordáis mucho a mis alumnos de la escuela… ¿Cuántos años tenéis?

    —Doce, señor, pero cumpliremos trece este año. —respondió Ino con un hilo de voz.

    —¡¿Trece años?! Dios, sólo sois unos niños… —Kanpu habló resoplando con fuerza ante estas palabras. —Con trece años, mis alumnos apenas salen graduados a la vida adulta, maldita sea. Vosotros aún estáis obligados a matar siendo tan jóvenes…

    Kanpu tosió nuevamente y vomitó sangre oscura de manera abundante. Shikamaru ya no tenía dudas: el pulmón derecho del anciano estaba perforado y la tos sólo estaba empeorando todo debido a los violentos movimientos. El chico del clan Nara frunció el ceño siendo consciente de que estaban ante los momentos finales del hombre.

    —Kanpu-san, es mejor que no haga movimientos muy bruscos. —Shikamaru tragó saliva antes de continuar. —¿Hay… hay algo que quiera decirnos o algo que quiera transmitir a alguien en concreto?

    El director dirigió su mirada silenciosa a cada uno de los tres Genin. Mostraba una sonrisa de medio lado al tiempo que sus ojeras parecían oscurecerse con mayor incipiencia.

    —Sólo… sólo me arrepiento de no haber podido salvar a mis dos compañeros… a los que han muerto junto a mí…—dijo Kanpu con la voz comenzando a entrecortarse al evocar a quienes se quedaron atrás. —Tendría… tendría que haber sido sólo yo el que… el único que muriese…

    Ino frunció el ceño entristecida sintiendo que se le comenzaban a acumular las lágrimas, las cuales se ocultaban tras la máscara de protección. La chica había explicado al momento de encontrar a Kanpu su situación y la de los otros dos maestros que ya habían encontrado.

    —Pero… me alegra saber que… nuestros alumnos se salvaron… estoy seguro que ellos también se quedaron tranquilos… sabiendo que ningún niño murió…

    Al instante, Kanpu comenzó a emitir resoplidos y jadeos muy fuertes. Ino se dejó caer al suelo y fue a sostener la mano del anciano. Los ojos de ambos se encontraron: los de él llenos de miedo y esperanza, los de ella con angustia y apoyo.

    —¡Kanpu-san! —exclamó la chica desazonada mientras sus dos compañeros sujetaban al hombre por los hombros y las axilas, tratando de ayudarle a que sintiera el menor dolor posible.

    Los jadeos angustiosos del hombre comenzaron a descender. Su mirada comenzó a tornarse más acristalada.

    —Son tantos como vosotros… y tantos que se fueron para ser como vosotros… unos por fama… por dinero… por intriga. El último… lo hizo por… por amor… —dijo Kanpu con un hilo de voz mortecino. —Me pregunto si le… mereció la pena… espero que… él esté… bien…

    Ino sintió como la mano del anciano cesó su aferramiento lentamente. La chica levantó la vista hacia el rostro del hombre. Sus ojos estaban entrecerrados y habían perdido la luz. Su cuerpo dejaba caer todo su peso, completamente inerte entre los brazos de Shikamaru y Chôji.

    —Ha muerto. —dijo el chico Nara con una ligera punzada de dolor al tiempo que comprobaba las constantes vitales del difunto.

    Los miembros del Equipo Asuma sintieron que una ola de desolación se escurría dentro de sus corazones. Habían dejado todo: su descanso, su comida y su tiempo de recuperación psicológica y emocional con la esperanza de tratar de salvar a los tres maestros de la Escuela Civil. Sin embargo, no habían podido hacer nada, y el resultado ahora eran sólo tres cadáveres para entregar a sus familias y seres queridos. 

    —¿Ya habéis terminado con él?

    Una pregunta repentina les arrancó de su duelo. A unos pocos metros de ellos, había de pie un ANBU, pero no era uno como los que acostumbraban a ver normalmente. Su complexión era pequeña, similar a la de ellos. Su piel era pálida hasta el punto que daba reflejos de color ceniza. Portaba el traje reglamentario del escuadrón ANBU y una máscara con un patrón de líneas rojas a ambos lados del rostro.

    “Este chico debe tener nuestra edad…” pensó Chôji manteniendo la cautela. “Pero, hay algo de él que no me gusta… no sabría qué decir…”

    —¿Tú eres un ANBU, cierto? ¿Qué estás haciendo aquí? Se supone que nos han mandado a nosotros revisar este lugar… —preguntó Shikamaru con algo de precaución haciendo que Chôji saliera de sus pensamientos.

    El chico ANBU se quedó callado mirando fijamente al grupo, haciendo que los tres miembros del Equipo Asuma sintieran una extraña inquietud. Al poco rato, escucharon como el ninja secreto habló.

    —Órdenes superiores. Estoy supervisando que todo se cumpla según lo ordenado. El resto de mis compañeros también están haciéndolo con otras partidas de búsqueda y rescate.

    El silencio volvió a instalarse en los presentes. Shikamaru sentía como por su espalda recorría un escalofrío. No sabía explicar exactamente qué era, pero su mente le estaba gritando que tuviera precaución ante aquel individuo. Pese a ser un miembro ANBU, había algo en él que no le inspiraba nada de confianza.

    —Sin duda, las acciones de este hombre, Kanpu, han sido bastante imprudentes. Salvar a esos niños fue una decisión necia. —dijo repentinamente el joven ANBU tras mirar largamente el cuerpo del difunto.

    Ino se sobresaltó. Sintió una punzada de desprecio ante estas palabras tan crueles y fuera de contexto y no pudo sino responder en defensa del finado.

    —¡¿Qué has dicho, desgraciado?! ¡Kanpu-san dio su propia vida para salvar a todos sus alumnos!

    —Hay cientos de niños civiles. Si hubiesen muerto uno o dos no hubiese marcado una gran diferencia, pero adultos con cargos clave son más difíciles de encontrar. —replicó con gran frialdad el ANBU. —Ahora tocará realizar todo un proceso de selección para encontrar a un nuevo director, con todo lo que implica.

    Ino apretó sus puños fuertemente al sentir que le ardían las manos con gran violencia. En toda su joven vida, la heredera del clan Yamanaka jamás había escuchado un desprecio tan grande a un acto abnegado tal como dar la vida por los niños de la aldea. Ino estaba a punto de explotar al sentir que esas palabras eran un ultraje a las enseñanzas y a los valores de Konoha.

    —¡Bastar…!

    La joven Yamanaka vio como un brazo la detenía de abalanzarse contra el ninja de la máscara. Ino levantó su mirada para comprobar que Shikamaru estaba evitando su avance.

    —¡¿Qué haces, Shikamaru?! ¡Baja el brazo ahora mismo! —gritó la chica rubia tratando de apartar el miembro superior de su compañero de equipo sin demasiado éxito.

    La chica vio que Shikamaru se giró para mirarla a los ojos. Eran unos ojos firmes, pero comprensivos. Le estaba enviando un mensaje con la mirada.

    —Ino, tranquila. No te dejes llevar. No quieres pasar la noche en el calabozo por algo como esto, ¿verdad? —dijo el chico de coleta alta tratando de sosegar a su compañera de equipo.

    La heredera Yamanaka apretó los labios con frustración. Shikamaru tenía razón. Parecía que el ANBU trataba de buscar pelea de alguna manera, algo muy absurdo teniendo en cuenta la situación actual de Konoha. Ino suspiró profundamente e intentó liberar sus manos para calmarse físicamente.

    —En fin. Pese a todo, parece que por aquí está todo bien entonces. —volvió a hablar el ANBU de piel ceniza tras la pequeña discusión. —Podéis llevaros los tres cadáveres a la morgue. Yo iré a notificar que habéis hecho vuestro trabajo por aquí. 

    El chico de la máscara de porcelana se quedó quieto durante unos instantes. Ino sintió que se le quedaba mirando. Unos ojos imposibles de discernir tras ese disfraz facial la estaban escudriñando de pies a cabeza. No pudo distinguir la intensidad de esa mirada, no había ira, ni miedo, ni aura asesina. Era la total falta de emoción en esa intensa mirada oculta lo que hizo sentir a Ino extremadamente incómoda.

    —Es posible… es posible que en algún momento puedas llegar a entender mis palabras. —dijo el ANBU girando sobre sus tobillos. —Puede que nos veamos en otra ocasión, Yamanaka Ino.

    En un pestañeo, la joven de cabello rubio vio que el críptico ANBU había desaparecido sin dejar ningún rastro de chakra. Ino tenía la boca ligeramente abierta. ¿Quién se había creído que era ese bastardo estúpido? Jamás nadie la había tratado de esa manera, más sin motivo alguno. No quería volver a tener que ver con alguien así nunca más en su vida, mucho menos a él.

    —Creo que será mejor que terminemos por aquí y nos vayamos a descansar, Ino. —dijo Shikamaru poniendo una mano en el hombro de su compañera.

    Las palabras de su compañero de equipo la sacaron de sus pensamientos. Volvió su mirada al cuerpo inerte de Kanpu, quien tenía los ojos totalmente cerrados y una expresión de paz serena. Con dolor en el rostro, Ino se acercó al hombre, sacó un pergamino y lo selló para entregarlo para su autopsia.

    Al cabo de unos minutos, el Equipo Asuma estaba saliendo de las inmediaciones de la derruida Escuela Civil de Konoha. Estaban completamente en silencio. No sólo había sido un fracaso la expedición de rescate, sino que habían tenido que lidiar con un individuo muy desagradable. Se sentían completamente agotados. Shikamaru sintió que nada de lo que había pasado tenía sentido, pero ¿es que acaso algo tenía sentido desde que se había producido la invasión en su aldea? Las palabras de su amigo de la infancia le sacaron completamente de sus pensamientos.

    —Chicos, no se vosotros, pero a mí se me ha quitado todo el hambre que tenía… —dijo Chôji con la mirada puesta en el suelo mientras avanzaban al campamento base donde se estaban refugiando.

    Shikamaru se rascó la cabeza derrotado mientras veía como Ino abrió los ojos completamente intentando decir algo inútilmente. Si Chôji acababa de decir lo que acababa de decir, es que la situación estaba muy mal. En verdad todo esto le había dejado también sin ganas de probar bocado en lo que quedaba de día.

    Konoha estaba recuperando diligentemente el orden en ciertos lugares de máxima prioridad. Una de estas primeras acciones que se habían tomado era el levantamiento de varios hospitales de campaña en las inmediaciones de la antigua UMN mientras se iban realizando las urgentes obras de reconstrucción de la misma. Se habían instalado tres unidades médicas para atender de manera provisional a los heridos: una primera para los heridos de cuidados y vigilancia intensiva, una segunda para los heridos estabilizados y una última para los heridos leves o por enfermedades básicas. A su vez, ésta última servía como punto de triaje para los enfermos y heridos que llegaban a sus inmediaciones.

    En esos momentos, Neji se encontraba en la primera. Estaba sentado en una silla cerca de una camilla de campaña que contenía el cuerpo de Rock Lee con un sentimiento de preocupación constante. Su compañero de equipo estaba conectado a una máquina que le daba soporte respiratorio y a otra que controlaba su ritmo cardíaco. Por otro lado, su brazo derecho estaba conectado a varias bolsas de suero y líquidos que le proporcionaban medicina y soporte energético líquido. El aspecto de Rock Lee era muy delgado, mostrando sus facciones enfermizas en lugar de las típicas fuertes. Neji frunció el ceño al fijarse en su delicado aspecto. El joven de clan Hyûga aún no terminaba de procesar todo lo que había pasado en el transcurso de los últimos días. Verdaderamente Lee había tenido razón: la invasión de Konoha se había producido, y él no había hecho nada pese a las advertencias de su compañero de equipo. Neji se sentía patidifuso, confundido y culpable. Si no hubiese dudado de Lee, tal vez las cosas hubiesen sido diferentes.

    Ante esta idea, Neji sacudió su cabeza de manera negativa.

    “No, eso no lo puedo saber. No hay manera de saber qué es lo que hubiese pasado si hubiese actuado diferente.” pensó mientras recolocaba con cuidado la sábana en el cuerpo de Lee. “Actué de la mejor manera posible con toda la información verificada que disponía. Eso es lo importante.”

    —¿Cómo va Lee, Neji?

    El chico de ojos blancos se giró saliendo de sus pensamientos y comprobó que Tenten acababa de ingresar a través de las cortinas que limitaban la “habitación” de Lee.

    —No hay novedad. Sigue completamente inconsciente, pero sus constantes son estables. —dijo Neji llevando la mirada de nuevo a su compañero. —Al menos, hay algo bueno.

    Tenten mostró una sonrisa triste y se acercó a la cama con cautela. El sonido de las máquinas la hacían sentir inútil y cohibida por dos motivos. El primero porque le recordaban una época personal que quería mantener en el olvido. El segundo porque sabía que no podía hacer nada. Tenten se sentía completamente inútil. Sólo podía esperar a que Lee abriese los ojos, en el mejor de los casos.

    —Siempre ha sido así, ¿cierto, Neji? Lee siempre se ha metido en líos y nosotros dos le hemos sacado de ellos. A veces siento que hemos sido como Sumi-san y Burusu-san con él.

    Neji sonrió de medio lado ante las declaraciones de Tenten. No había habido misión en la que Lee hubiese actuado con completa frialdad y racionalidad. Eso les había llevado a situaciones variopintas, algunas con mejor resultado que otras. Ellos dos habían actuado casi como padres de oficio de Lee.

    —¿Recuerdas cuando Lee cayó en aquella técnica de control corporal? Fue la misión que le hizo dar un gran cambio en su entrenamiento y actitud.

    Tenten hizo memoria ante las palabras de su compañero de equipo y recordó aquella situación pasada que tuvieron en una misión de rango D, una de las primeras que realizaron como Equipo de Graduación. Ellos y Gai-sensei estaban ocultándose de varios bandidos que poseían habilidades ninja. Éstos habían robado unos documentos importantes de una pequeña aldea cercana a Konoha y tenían que recuperarlos. No parecía una misión peligrosa, pero todo se torció cuando el líder de los bandidos utilizó un Dôjutsu que combinaba un Genjutsu para tomar control del cuerpo de Lee, haciendo que atacase a sus compañeros y maestro y poniendo en peligro sus vidas y la misión. Tenten también recordó como Gai-sensei se hizo cargo de Lee: fue la primera vez que su maestro le golpeó con una fuerza superior a la habitualmente usada en aquel entonces para dejarle fuera de combate. Después de esa misión, Lee desapareció por más de un mes y regresó apareciendo sólo para realizar rutinas de entrenamiento. Aunque aparentaba estar motivado en aquel entonces, mostraba en sus expresiones tener una tristeza y una desesperanza absoluta. No fue sino gracias al apoyo de ellos y, sobre todo, de Gai-sensei y su contribución de tomarle como pupilo personal que Lee cambió y se volvió la persona que era ahora.

    —Sí. Recuerdo que dijiste que un ninja que no podía hacer Genjutsu ni Ninjutsu está abocado a ser dañado por los ataques de sus enemigos. También dijiste que eso te hacía sentir intranquilo, el hecho de tener un compañero así.

    Neji asintió con la cabeza mientras miraba fijamente el monitor de pulsaciones y de control del ritmo cardíaco.

    —Sí. Aún ahora sigo pensando que no ser capaz de hacer alguna de esas dos disciplinas es una desventaja importante en el campo de batalla. —habló Neji confirmando las evidencias de Tenten. —No obstante, sí creo que aquel bandido se dio cuenta de cuál de nosotros podía dar más problemas. Lo supo y por eso controló a Lee.

    Tenten miró a Neji ante estas declaraciones. La chica levantó una ceja algo sorprendida. No se esperaba que su compañero de blancos ojos elogiase a Lee, incluso aunque fuese a su manera.

    —No te preocupes, Tenten. Él es fuerte. En cualquier momento se despertará y volverá a ser el mismo de antes.

    —Espero que tengas razón, Neji. —dijo Tenten abrazándose ligeramente a sí misma. —Si te soy sincera, con todo lo que ha pasado, creo que…

    El sonido de la cortina deslizándose repentinamente hizo que Tenten guardase silencio total. Ambos miembros del Equipo Gai miraron en dirección al sonido y se encontraron cara a cara con una de las personas que menos se esperaban encontrar en esa situación.

    —Sasuke. ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Neji con algo de sorpresa.

    El mencionado guardaba silencio y mantenía la distancia con los tres integrantes expertos en Taijutsu. Uchiha Sasuke había sido uno de los pocos del gran grupo de compañeros que había superado la invasión de Konoha sin apenas daños severos. Tenten y Neji sabían que al heredero de los Uchiha le habían asignado tareas de rescate tras pasar el triaje de hace dos días. Ahora estaba ahí, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y con su típica actitud apática. Aunque se habían conocido anteriormente antes de la misión de rescate del joven Kagetsu, donde Lee salvó la vida al Equipo Kakashi por coincidencia, no habían llegado a conocerse ni a congeniar de una manera íntima. En aquel momento, parecía que Sasuke aguardaba a decir algo.

    —Os estaba buscando, Neji, Tenten. —comenzó diciendo Sasuke. —Están llamando por vosotros. Quieren que vayáis a realizar labores de limpieza y reconstrucción.

    Tenten abrió los ojos ante las inesperadas noticias.

    —¡¿Qué?! ¡¿Ahora mismo?! —dijo la chica algo alterada. —¡Estamos cuidando de Lee!

    Sasuke avanzó algunos pasos hasta quedar frente a frente de ellos. 

    —Parece que los superiores han recibido de los médicos vuestro parte de alta. Necesitan más personal y ahora mismo están asignando misiones al poco de recibir el visto bueno del área médica.

    Tenten no se lo podía creer. Sólo hacía quince minutos que los médicos le habían reportado que estaban en condiciones para abandonar su estado como paciente en el hospital de campaña y ya la estaban mandando a una tarea. Se sentía frustrada ante la idea de dejar a Lee sólo. La chica pudo ver un reflejo de ese mismo sentimiento pasar por los ojos de Neji mientras ambos observaban a su compañero de gruesas cejas. No obstante, sin previo aviso, Tenten sintió el tacto de una mano posarse en su hombro derecho. Al girar la cabeza, vio que Sasuke estaba casi a su misma altura, dando apoyo. El chico Uchiha también hizo el mismo gesto en el hombro izquierdo de Neji.

    —Este chico, Lee, es casi tan obstinado como el idiota de Naruto. —declaró con sencillez Sasuke. —Escuché todo lo que le ha pasado y, si aún no ha muerto, demuestra lo fuerte que es.

    Los dos miembros del Equipo Gai sabían que Sasuke no era dado a utilizar honoríficos ni a hablar educadamente a sus superiores o a sus subordinados. Pese a todo, en ese momento, Tenten sintió que su corazón se animaba al ver que el chico Uchiha halagaba a Lee.

    —Vaya, gracias, Sasuke. —Tenten sintió cómo una ligera sonrisa se escapaba de sus labios. —Está bien. Iremos a ver qué quieren que hagamos, ¿cierto, Neji?

    —No creo que nos den otra opción. —dijo el chico de ojos blancos levantándose con algo de energía. —Al menos sabemos que Lee está en buenas manos aquí.

    Sasuke les dirigió una fugaz sonrisa ante sus palabras. En menos de un minuto, Neji y Tenten abandonaron el lugar tras lanzar una mirada de despedida a Lee. Aseguraron a éste, aunque no les pudiese escuchar, que regresarían lo antes posible tras terminar su tarea. En la habitación sólo quedaron dos: Sasuke y Lee. El primero le dirigió una larga y extraña mirada al segundo que evidenciaba tensión antes de irse del lugar.

    —No sé qué tenéis entre manos, Rock Lee, pero estáis metidos en un buen lío.

    El sonido del cierre de las cortinas, el pitido de las máquinas y el goteo de los sueros dejaron atrás al herido chico experto en Taijutsu en su estado totalmente inconsciente de peligro que se cernía sobre él y sus compañeros de equipo.

    Tenten emitió un ligero gruñido al terminar de mover una gruesa tabla con dificultad. Aún se sentía muy cansada y en estado convaleciente tras el alta médica. Era la novena y última que tenía que desplazar del monto de materiales que le habían asignado en las cercanías del hospital de Konoha y la UMN. El terreno del lugar había sido terminado de limpiar hacia el mediodía y los albañiles y carpinteros estaban comenzando a realizar las labores de reconstrucción del edificio médico con urgencia. Era lógico que fuese así dada la situación y demanda para con los enfermos, heridos y fallecidos.

    —Ya he terminado de mover los materiales, Kanna-sensei. —informó Tenten al Maestro Carpintero que se encontraba revisando el plano del hospital. —¿Qué más necesita que haga?

    El hombre entrado en los cuarenta años y de barba oscura levantó la mirada y se llevó una mano a la barbilla pensativo. Tenten pudo ver que, tras observar sus alrededores, le dirigió una mirada suave.

    —Ve con tu compañero Neji y terminad de cargar todas las espuertas con grava. —sentenció el hombre volviendo a revisar el plano con actitud ocupada. —Cuando acabéis, venid a buscarme los dos para daros permiso para retiraros.

    La chica afirmó, especialmente contenta por terminar el trabajo pronto, y se dirigió a buscar a Neji quien se encontraba en una zona apartada al otro lado del descampado llenando cestos de guijarros y piedrecillas. Tenten se pasó el dorso de la mano sobre la frente y resopló con algo de fatiga. En verdad no se creía aún que la hubiesen ordenado realizar trabajos de reconstrucción tras darle el alta inmediatamente. Si bien sus heridas y condición eran aceptables, aún sentía un cansancio extenuante en sus músculos y en sus pulmones, producto de los combates y de la situación de estrés provocada por toda la situación que rodeaba a Lee.

    “Me pregunto cómo se encontrará ahora…” pensó recordando a su compañero de equipo con melancolía. “Espero que despierte para cuando Gai-sensei regrese a Konoha y podamos poner en orden todo el asunto.”

    Tenten se había sentido muy angustiada desde que descubrió en Suna que las intenciones de dicha aldea coincidían con las que Lee había pronosticado. La chica de cabello recogido había sido muy escéptica con él desde el primer momento en el que su compañero de equipo mencionó que estaban en una gran guerra contra un enorme monstruo de diez colas y que se iban a producir una serie de catástrofes que, a juicio de ella, parecían inverosímiles. Sin embargo, bien es cierto que Lee había dado en el clavo con la invasión a Konoha y con la muerte de Sandaime y eso era algo que actualmente perturbaba sobremanera a Tenten. La joven chica esperaba que todo se resolviese en los próximos días junto con la ayuda de su maestro Gai.

    —Neji, me han ordenado que venga a ayudarte. Kanna-sensei también nos ha indicado que cuando terminemos vayamos ante él para avisar de nuestra retirada.

    Neji no levantó la vista ante las palabras de su compañera de equipo. Se limitó a dar un murmullo de confirmación mientras daba otra palada de grava dentro de la cesta de caucho negro y blando. Tenten cogió otra pala que se encontraba allí cerca y procedió a hacer lo mismo que su compañero de ojos blancos. 

    Tras un rato en silencio, la mente de Tenten volvió a llenarse de pensamientos intrusivos. Tenía miedo, dudas, preocupación. Nada de lo que había pasado le estaba gustando. ¿Es que acaso Lee tenía razón en todo lo que comentó que había visto en esa ilusión futurista? ¿Se iba a producir una guerra a gran escala en el futuro? ¿Y quién era aquel tipo, ese tal Toshikomi que había aparecido frente a ellos y que había hablado tan familiarmente con ellos, especialmente con Neji? Lo cierto es que la ansiedad la estaba comenzando a consumir.

    Tenten miró de soslayo a sus alrededores para ver si alguien les estaba observando. Al cerciorarse de que no había nadie, se acercó disimuladamente a Neji para poder hablar con libertad.

    —Oye, Neji, ¿qué piensas sobre lo que ha pasado? —susurró la chica agarrando una palada de guijarros y echándola a la espuerta.

    Vio como Neji no apartaba la mirada de la tierra y continuaba haciendo su trabajo con aparente impasibilidad.

    —Si te refieres a lo que ha sucedido desde que Lee se despertó de aquella ilusión, la verdad es que no lo sé. No tengo ni la más remota idea.

    La respuesta de Neji llenó de más angustia la mente y el corazón de Tenten. La chica tenía a Neji en una posición intelectual muy elevada y siempre le buscaba para que le diera consejo y apoyo. Saber que el chico del clan Hyûga no podía ofrecerle una respuesta a su angustia, la hacía sentir aún más perdida.

    —Pero, ¿crees que lo que dijo Lee sobre… la invasión y la muerte de Sandaime ha sido una mera casualidad o estaba todo orquestado? —preguntó cuidadosamente Tenten tratando de insistir en buscar una respuesta.

    Neji suspiró ligeramente tras dejar una nueva palada de piedras dentro de un nuevo cesto.

    —Dudo mucho que estuviera orquestado por Lee, si esa es tu duda. Lee es demasiado impulsivo como para crear un plan de esa naturaleza y sería el doble de estúpido si quisiera llevarlo a cabo.

    Tenten se enojó ante las insinuaciones que Neji la estaba acusando. La chica apretó la mandíbula y agarró una espuerta nueva con violencia para dejarla a su lado mientras la llenaba con mucha fuerza tratando de calmarse.

    —Yo no he dicho que haya sido Lee, ¿te enteras, Neji? —repuso en un tono bajo, pero furioso. —Me refiero a si esto pudiese estar provocado por alguien externo, como… aquel hombre…

    Neji miró a su compañera por el rabillo del ojo. El rostro de Tenten tenía una expresión muy seria, producto del enfado latente de su interior.

    —Seguro que ese tal Toshikomi tiene algo que ver en todo esto. Esa jaula… esa jaula que llevaba era la misma que Lee tenía enlazada con chakra en su cabeza durante la ilusión.

    Tenten aguantó la respiración ante las declaraciones de Neji. ¡Con razón le vio reaccionar de manera intranquila cuando vio ese objeto que portaba aquel misterioso individuo!

    —Sin embargo, y eso lo sabes, ahora mismo tampoco tenemos suficiente información para poder asegurar nada con certeza, Tenten. —sentenció Neji entrecerrando los ojos.

    El chico de ojos blancos escuchó bufar a Tenten. Sabía que a su compañera no le gustaba la respuesta que le daba, pero no podía decir otra cosa en esa situación.

    —No obstante, está claro que Lee vio cosas en ese Genjutsu que están vinculadas a los acontecimientos que hemos vivido. De hecho, me pregunto qué otras cosas puede llegar a saber y cómo pueden servirnos para más adelante…

    Neji sintió como Tenten se estaba calmando al dar paladas más suaves y tranquilas, acordes con un ritmo de trabajo normal. Por su parte, la chica de dos moños sentía que su pecho se llenaba de tristeza ante la idea del sufrimiento que Lee pudo estar sintiendo cuando supo que todo lo que vio en aquella ilusión fue efectivamente real.

    —De momento, tenemos que esperar a que Gai-sensei regrese a Konoha. Nos dirá cómo debemos obrar después de que Lee despierte. Sabes que esa es la mejor opción que tenemos ahora. —expuso Neji con certeza.

    Tenten terminó de dar la última palada dentro de la última espuerta a rellenar, dejó el instrumento en el suelo y se golpeó las manos entre sí para quitarse el polvo y la suciedad que pudo.

    —Lo sé, pero me frustra pensar que no podemos hacer nada más ahora mismo… —dijo la chica mostrando dolor en su voz.

    Neji miró a Tenten por la espalda con intensidad. Tenía el impulso irrefrenable de sujetarle la mano y acariciarla para darle apoyo y ánimos, pero decidió no hacerlo. No porque no quisiese, sino porque no le parecía adecuado en esta situación. Tenía miedo. Fue cobarde. Aunque aún no lo sabía.

    —Todo se arreglará, todo puede arreglarse salvo la muerte, Tenten. —dijo Neji girando sobre sus talones y dirigiéndose hacia la dirección del Maestro Carpintero Kanna.

    Tenten suspiró al ver la espalda de Neji alejarse y comenzó a andar tras de él. La chica decidió confiar en el criterio de común acuerdo que ambos habían llegado. Mientras, a no mucha distancia de su posición y desde lo alto de un poste, un par de ANBU observaban a los dos jóvenes Genin del Equipo Gai alejarse de la zona de construcción tras ser despedidos por Kanna y los carpinteros tras finalizar sus labores.

    —¿Has recogido todo lo que han dicho? Cambio. —preguntó un hombre ANBU a través de un pinganillo activado desde su oreja.

    El aparato reverberó y emitió unas señales de frecuencia antes de que una voz comenzase a hablar.

    —Sí, está todo grabado y registrado. Podemos proceder con los Genin del Equipo Gai. Cambio y corto. —expuso la voz dando por finalizada la conversación.

    La segunda ANBU de cabellos morados que callaba asintió mientras desapareció sin dejar rastro. Su compañero se quedó en silencio terminando de ver como los dos jóvenes se dirigían a la zona del hospital de campaña antes de desaparecer junto con la estela de la tarde.

    En la Oficina Hokage reinaba un silencio sepulcral tan intenso que podía cortarse con el filo de un cuchillo. Era la tarde del día de la Invasión de Konoha cometida por Suna. Los colores del horizonte se mostraban anaranjados y rojizos debido a la puesta del sol, un escenario idílico de no ser por la destrucción de una gran parte de las infraestructuras de la aldea. Dos de los miembros del Consejo de Konoha, Utatane Koharu y Mitokado Homura, miraban en silencio respetuoso la escabrosa imagen que se mostraba ante ellos mientras daban la espalda a los Genin del Equipo Kakashi.

    Los tres jóvenes estaban sumamente expectantes. Habían sido llamados a la Oficina Hokage con absoluta inmediatez, tras pasar el triaje óptimamente, cuando pensaron que les iban a mandar realizar labores de rescate o limpieza y reconstrucción. No sabían qué esperar de su situación actual, más teniendo en cuenta de que los dos ancianos no habían dicho nada desde que habían llegado.

    —Es una vista hermosa y terrible a la vez, ¿no crees, Homura?

    —Hm, hacía demasiados años que no veía un terrorífico espectáculo como este, Koharu.

    El repentino intercambio de palabras de los dos consejeros puso a Naruto, Sasuke y Sakura en alerta. Unos instantes después vieron como se giraron, pudiendo verles los serios rostros que portaban. Koharu y Homura estaban detrás de la mesa de Hokage, cuya silla estaba vacía en medio de ambos, dándoles un porte regio y militar.

    —E-esto, ¿por qué necesitaban de nuestra presencia, Homura-san, Koharu-san? —comenzó preguntando Sakura tratando de ser lo más respetuosa posible.

    El silencio se volvió a instalar en la poderosa sala. Los tres Genin comenzaron a sentir un temor paralizante, más cuando sintieron las penetrantes y severas miradas de los consejeros de Konoha. Sentían que no podían escapar al halo de los dos ninjas ancianos. De los labios de Koharu, una frase que cambiaría la vida de ellos para siempre.

    —Sandaime Hokage ha muerto. Nos acaba de llegar un mensaje del lugar del suce…

    —¡¿QUÉ EL VIEJO HA QUÉ?!

    El repentino grito de Naruto en la sala hizo saltar a una dolida Sakura ligeramente a un lado mientras Sasuke frunció el ceño con seriedad en su semblante.

    —Cálmate, Uzumaki Naruto. Nosotros estamos igual de afectados por la noticia y…

    —¡¿AFECTADOS?! ¡¿AFECTADOS?! ¡¿CON ESAS CARAS ESTÁIS AFECTADOS?! ¡PORQUE PARECE QUE NO OS HABÉIS ENTERADO QUE EL VIEJO HOKAGE HA MUERTO! ¡MALDITA SEA!

    Naruto apretó los dientes entre sus mandíbulas con fuerza. Sentía un dolor increíblemente fuerte en su pecho. No lo podía creer, no podía creer que todo esto estuviese pasando. ¿Acaso Sandaime Hokage no era el ninja más poderoso de toda Konoha? ¿Quién había sido tan fuerte como para acabar con él? ¿Fue acaso Orochimaru?

    Homura miró con una severidad especial a Naruto. Parecía que el anciano hombre no tenía paciencia con el problemático niño en esos momentos.

    —¡Hokage no estaría muerto si vosotros hubieseis cumplido con vuestro deber shinobi como corresponde! —espetó Homura con absoluta firmeza. Sus expresiones arrugadas daban a sus gafas un aspecto terrible, como si fuesen parte de una máscara.

    Naruto sintió cómo su mandíbula se relajaba, su corazón y su cuerpo se sentían fríos por la incredulidad.

    —¿Qué-qué estás diciendo, anciano?

    Koharu resopló al ver la cara de confusión del joven Jinchûriki. En muchos sentidos, Naruto le recordaba a su difunta madre, Kushina. Demasiado ingenuos, demasiado estúpidos. Les hacía muy vulnerables.

    —Si hubieseis llevado el mensaje de vuestro maestro Kakashi hasta los ANBU exploradores que escoltaban a Sandaime, toda esta situación podría haberse evitado y Hokage estaría vivo en estos momentos. —explicó la mujer con suavidad sin dejar de mostrar seriedad en su aspecto.

    Naruto apretó los puños con ira contenida. Cuanto más avanzaba la conversación, peor se sentía.

    —¡No es culpa nuestra que el mensaje no llegase! ¡Ya os lo dijimos esta mañana: Kabuto nos lo quitó de nuestras manos! —gritó Naruto defendiendo su actuación.

    —¡E-es cierto! ¡Yakushi Kabuto es un traidor de Konoha! —Sakura intervino tratando de apoyar a Naruto en sus palabras. —¡Nos dejó fuera de combate y nos dejó sin pruebas!

    Sasuke que había estado en silencio hasta ahora tampoco se quedó atrás para sostener los argumentos de sus compañeros de equipo. No iba a permitir que tragase con la culpa de otro.

    —Ellos dos tienen razón. Los ANBU exploradores no nos permitieron ir dónde se encontraba Hokage. Tratamos de razonar con ellos, pero nos negaron el acceso a ir más lejos. —sentenció el joven Uchiha en un tono alterado poco habitual.

    La Oficina Hokage se quedó en silencio, en una oscuridad que hacía difícil ver los rasgos faciales de cada una de las personas presentes en la habitación. La noche había caído y Konoha había quedado en tinieblas salvo en los lugares establecidos como puntos de encuentro y de campamento. Repentinamente, del dedo de Homura apareció una pequeña flama que iluminó ligeramente la sala. Koharu sacó varias velas de un cajón de la mesa y procedieron a encenderlas. Poco a poco, la mesa Hokage fue iluminada mostrando una imagen ominosa por las altas sombras que pululaban la habitación.

    —Eso no es excusa. Vosotros sois ninjas, erais tres contra uno. Vuestra obligación era anteponer la misión ante cualquier circunstancia y sacrificar vuestra vida en misión si era necesario. Y eso, TODO ESO, lo habéis fallado. —sentenció contundentemente Homura. —Sabíais que era una situación en la que se exponía a Hokage a una situación de peligro de muerte y no actuasteis como deberíais haber actuado correctamente. El resultado ha sido la Invasión de Konoha y la muerte de Hokage junto con decenas o cientos de vidas civiles y militares que aún no podemos estimar.

    Los tres Genin agacharon las cabezas en señal de vergüenza. 

    —En cuanto a ti, Uzumaki Naruto, también has fallado en el respeto a tus superiores ahora mismo. Sé que Sandaime tenía un vínculo especial contigo por tu situación personal y toleraba estos comportamientos y actitudes, pero recuerda que nos debes al resto de los shinobi de mayor rango y edad el respeto debido por nuestra experiencia y virtud.

    Naruto sintió como su cara se constriñó con dolor al recordarle Homura que Sandaime ya no estaba entre ellos con vida. Koharu miró de reojo a su antiguo compañero de equipo y observó que estaba un poco más calmado tras soltar su retahíla contra los Genin de Hatake Kakashi.

    —Los cuatro ANBU que os restringieron en el País de los Ríos regresaron con prontitud a la aldea una vez supieron que se estaba produciendo un ataque contra Konoha. —comenzó informando Koharu tras permanecer mucho tiempo callada. —Nos han dado este informe que cuenta lo que han observado desde el mismo momento en que se encontraron con vosotros. Efectivamente, parece que es cierta la información que nos habéis trasladado.

    Sasuke fue el primero en levantar la cabeza sin aparentar la sorpresa de su rostro. Pudo ver que Koharu sostenía en su mano derecha un rollo distintivo.

    “Ahora lo entiendo todo. Estaban comprobando que nuestros datos fuesen verdaderos. Querían ver si decíamos la verdad.” pensó el Uchiha con cierto aire de suficiencia y nerviosismo.

    —No obstante, hay algo muy interesante en la secuencia en la que actuasteis y hablasteis con los ANBU.

    Una voz repentina y desconocida se hizo eco mientras se abrió la puerta de la Oficina Hokage. Un hombre de edad similar a Koharu y Homura, con un bastón y una cicatriz con forma de ‘X’ en la barbilla entró y caminó en dirección a la mesa Hokage. Los tres Genin se quedaron muy quietos al notar algo extraño en el hombre, algo que no podían entender exactamente. Nunca le habían visto. 

    —Llegas tarde, Danzô.

    —Tenía que terminar de ocuparme de unos asuntos, Koharu, pero no podía permitirme dejar pasar por alto esta afable reunión.

    Sakura sintió una extraña repulsa ante las palabras que emitía dicho anciano, o más bien era su tono de voz lo que la hacía sentir increíblemente incómoda.

    —Imagino que ya les habéis informado de su situación —dijo el críptico anciano recién llegado mirando de reojo a los Genin.

    —Estábamos en ello. Como has escuchado bien, hablábamos del informe de los ANBU, Danzô. —respondió Koharu con seriedad.

    Los tres Genin del Equipo Kakashi se miraron entre sí de soslayo preguntándose mentalmente hasta dónde querían llegar con ellos.

    —Oh, pero dónde están mis modales. Creo que ustedes tres y yo no hemos coincidido hasta ahora. Mi nombre es Shimura Danzô del clan Shimura y soy miembro del Consejo de Konoha. —dijo el hombre sin perturbarse.

    Sasuke levantó las cejas extrañado, pero permaneció en silencio. Pensaba que sólo había dos Ancianos del Consejo de Konoha, además del Hokage.

    —Supongo que es sorpresivo para usted, Uchiha Sasuke. No le culpo. He estado bastante ausente en los últimos años debido a mis viejas heridas y mi enfermedad crónica. —explicó el hombre vendado en brazo y cabeza. —No obstante, mis compañeros Koharu y Homura se han encargado de velar por los ninjas de Konoha visiblemente. Son más amables y extrovertidos que yo.

    Sasuke tragó saliva secamente y permaneció en silencio. Este shinobi, Danzô, había adivinado sus pensamientos con sólo un gesto de su cara. Podía confirmar que se trataba de un ninja de un nivel completamente diferente a otros como Kakashi.

    —Si has terminado con tus presentaciones, sugiero que continuemos, Danzô. Tenemos que atender otros asuntos por el bien de la Aldea, además de este. —espetó un impaciente Homura a su compañero de trabajo.

    Danzô le lanzó una mirada silenciosa tras la que procedió a recoger el pergamino que portaba Koharu en sus manos. Lo abrió y se los mostró a los tres Genin.

    —Mis compañeros me llamaron tras recibir este informe. Querían que les echara una mano con un pequeño detalle del mismo. No es habitual en mí salir de mi retiro, pero lo considero un favor personal, ¿sabéis? —explicaba Danzô con voz sedosa. —Tras leer el informe, me pareció interesante un pequeño detalle que mencionasteis a los ANBU, en concreto tú, Uzumaki Naruto.

    Sasuke y Sakura dirigieron sus miradas a Naruto con preocupación. No recordaban que hubiese dicho Naruto que pudiese meterles en un lío como éste. ¿Acaso insultar a los ANBU? ¿Desobedecer sus órdenes como un crío enrabietado? ¿Desvanecerse utilizando sus habilidades de Ladrón?

    —Cuando la señorita Haruno Sakura aquí presente comentó que os iban a negar el paso para acercaros a Hokage sin pruebas, mencionaste que “si los ANBU querían pruebas de ello se lo debían preguntar a un tal Gejimayu y a sus compañeros”, que ellos sabían algo del asunto, ¿no es así?

    Naruto sintió como el aire que respiraba se cortó en su garganta. No podía creer lo que acababa de escuchar. El joven Uzumaki hizo un pequeño movimiento en las cejas que no pasó inadvertido al ninja oscuro.

    —Curioso. Que un ninja tan charlatán y dicharachero como tú se quede completamente callado me indica que es cierto lo que afirmaban los ANBU. 

    Sakura miró ansiosa como Danzô se rascaba la cicatriz de la barbilla con los dedos de su mano derecha mientras fingía leer el pergamino. La chica de cabello rosado mordía ligeramente su labio inferior desde dentro de su boca.

    —También veo que Uchiha Sasuke se envalentonó contigo porque la información que estabas diciendo no era correcta, que la estabas mezclando, haciéndola oscura, ¿eh?

    Sasuke estaba tratando de que su respiración no sonase fuerte en su pecho. Desde que el anciano comenzó a hablar sentía que la presión en el ambiente se hacía cada vez más intensa. Le estaba haciendo sentir ansioso y eso le disgustaba.

    —Además, creo saber quien es ese tal Gejimayu. Un shinobi cuyo apodo denota que tiene cejas gruesas y encrespadas. Un apodo tan curioso debe pertenecer a pocas personas en Konoha. Porque es de Konoha, ¿cierto?

    Los tres Genin del Equipo Kakashi no podían apartar la mirada del hombre mientras aguantaban la respiración. Sus indagaciones estaban llegando a hablar sobre la persona que adquiría dicho apodo sin problemas. Sentían que si en algún momento hacían el más mínimo movimiento, el anciano sabría todo lo que guardaban en sus jóvenes mentes.

    —Bueno, bueno, no os tenéis que poner tan nerviosos. Aquí todos somos shinobis de Konoha. Todos queremos lo mejor para nuestra aldea y para sus habitantes.

    La Oficina Hokage se inundó de nuevo con el silencio de la noche. Sasuke observó como las sutiles velas estaban a medio camino de consumirse. Parecía que había pasado una eternidad. ¡Quién sabe cuánto tiempo llevaban en esa situación tan tensa!

    —¿Q-qué quiere de nosotros? —habló una Sakura con voz débil cayendo por la presión.

    Danzô dirigió su mirada hacia la chica y cerró su único ojo visible.

    —Me gustaría que me ayudarais. Quisiéramos que nos echaseis una mano y saber toda la información que disponéis de ese tal Gejimayu. O mejor dicho, de Rock Lee.

    Ahora sí estaba todo claro y confirmado. Les estaban interrogando. Querían que hablasen, que declarasen contra Rock Lee.

    —¡Ni hablar! ¡Nosotros no traicionamos a nuestros camaradas! —exclamó Naruto defendiendo a su compañero y amigo. —¡Gejimayu nos salvó la vida, ¿te enteras?!

    Danzô chasqueó con la lengua repetidamente mientras negaba con la cabeza ante las declaraciones del alocado shinobi de cabello rubio.

    —Uzumaki Naruto, me parece que aún no eres consciente de la situación en la que te encuentras. —repentinamente, el tono calmado de Danzô se transformó en una voz profunda y oscura que dejó pasmados a los Genin. —No es una petición voluntaria, es una ORDEN.

    Ante el silencio de los tres jóvenes debido al miedo y la presión a la que estaban sometidos, Koharu se adelantó a hablar.

    —Debéis comprender que vuestras declaraciones han dado lugar a ciertas sospechas que deben ser confirmadas o descartadas. —apuntaló la anciana al grupo de tres. —Si Rock Lee y sus compañeros de equipo hubieran tenido en su posesión información que podría haber evitado esta catástrofe, debemos saberlo. Por el bien de Konoha.

    Tras un instante en silencio, Haruno Sakura, muy nerviosa, habló.

    —¿Qué pasaría si no dijéramos nada, si no colaboramos?

    —Estaríais en una posición similar al Equipo Gai y os enfrentaríais también a las consecuencias de ser cómplices de la invasión de Konoha. —decretó Homura implacable. —Además, se sumaría a vuestros crímenes el ser colaboradores del magnicidio de Hokage.

    Sakura cerró los ojos con un gesto de dolor y ansiedad. Naruto dirigió una mirada a su compañera mientras el sudor recorría su frente de manera profusa. Sasuke comenzaba a descontrolar su respiración. Los tres querían terminar este sufrimiento de nueva vez por todas.

    —Colaboraremos.

    La oscuridad dio paso a la luz, y el sonido intermitente de unas máquinas hicieron que Rock Lee despertase. El chico de cabellos negros comenzó a parpadear con dificultad siguiendo la marcha de los aparatos a los que estaba conectado. Cuando pudo enfocar mejor la vista, observó el techo de una carpa blanca.

    “Parece que de nuevo me despierto, y quién sabe dónde.” pensó Lee evocando el hecho de que desde que despertó de la ilusión no había tenido más que una dinámica constante de idas y venidas entre el sueño y el despertar.

    —Lee-san, ¿estás despierto?

    Una voz suave y femenina le sacó de sus pensamientos. Giró su cabeza a la izquierda y vio a la prima de su compañero Neji, a Hyûga Hinata, levantarse de una silla y acercarse a la cama donde se encontraba tumbado. Se sentía confuso al ver que a su lado estaba ella y no Neji o Tenten.

    —¿Hinata-san, eres tú? ¿Qué haces aquí? ¿Dónde estoy y qué ha sucedido? ¿Y Neji y Tenten?

    La retahíla de preguntas de Lee dejó un poco confusa a Hinata que tuvo que parar un segundo para ordenar sus respuestas.

    —S-sí… soy yo. Estás en un hospital de campaña, te trajimos aquí después que te encontráramos bajo los escombros, Lee-san. —respondió Hinata después de suspirar aliviada por el despertar del compañero de equipo de su primo. —Neji-nîsan y Tenten-san se fueron a realizar labores de reconstrucción por orden superior. Estoy aquí porque estoy convaleciente. Vine porque estabas sólo, para vigilar tu estado y avance.

    Lee hizo un sonido nasal de entendimiento y trató de incorporarse con cansancio y dificultad de la cama.

    —Ah, espera, Lee-san, te ayudaré. —dijo Hinata sujetando la espalda del chico mientras le acomodaba algunas almohadas para quedarse sentado en la cama.

    Unos instantes después, Lee y Hinata se quedaron en silencio en la pequeña habitación improvisada con cortinas hospitalarias blancas. El joven especialista en Taijutsu aún se sentía confundido por todo lo sucedido.

    —Hinata-san, ¿cuántos días llevo aquí?

    —Dos días. Te desmayaste casi al instante de rescatarte bajo los escombros. Neji-nîsan y Tenten-san tuvieron que reanimarte… estabas… sin pulso…

    Lee se quedó completamente callado. El estupor por la noticia le hizo sentir que todo daba vueltas. Si hubiese estado de pie, probablemente se hubiese desmayado de nuevo contra el suelo en ese mismo instante.

    —Y-ya… ya veo… así que casi me muero… ¿cierto?

    Una preocupada Hinata pudo ver la cara de tristeza y desazón del chico. Le pareció normal, ya que no todos los días recibes una noticia con implicaciones tan graves como la muerte.

    —Pero pudieron traerte de vuelta, lo recuerdas, ¿verdad? —preguntó Hinata tratando de animar a Lee. —Te reanimaron y te salvaron la vida, Lee-san. 

    El chico afirmó ligeramente con la cabeza al recordar que abrió los ojos y sintió como Tenten lloraba sobre su pecho y Neji se tapaba la cara tras recuperarle, pero no sólo estaban ellos. Ahora pudo evocar que las sombras que percibió a su alrededor eran las de los demás compañeros.

    —Hinata-san, dices que Neji y Tenten me salvaron, ¿verdad?

    Lee miró a la chica de cabello corto y pudo apreciar que la luz del atardecer marcó los reflejos azulados de su cabello negro mientras asentía ligeramente con la cabeza. Desde el día que la conoció, Hinata siempre le había parecido una chica bastante atractiva. Lee no podía negar que la piel pálida y lustrosa y los brillantes ojos blancos con tintes violáceos claros de la joven Hyûga le parecían extremadamente bellos. Pero esto no sólo ocurría en el plano físico. Era una chica educada y muy amable, siempre pensaba en los demás más que en sí misma, preocupándose por los sentimientos y bienestar de aquellos a los que apreciaba. Anteriormente, había mostrado que carecía de confianza en sí misma, pero también había demostrado sus ganas de cambiar, de ser más atrevida y sincera, haciendo un gran esfuerzo por su parte. Eso sólo hacía que Lee sintiese mayor empatía y simpatía por ella, ya que él mismo había estado en esa misma posición en otras circunstancias. 

    En ocasiones, Hinata también le recordaba a ella, a aquella chica cuyo nombre le costaba tanto evocar y pronunciar, a aquella chica que ya no podría volver a ver, que sólo su recuerdo quedó en él como una muestra de la propia fortaleza de ella para salir adelante.

    ”Es curioso. Desde que desperté de la ilusión siento que el recuerdo de ella fluye de manera más constante por mi mente, como si quisiera decirme que todo está bien, que debo seguir adelante… aunque sea sin ella, aunque… aunque sea con otra persona.” pensó Lee con aire de melancolía. ”Al fin y al cabo, han pasado dos años desde que todo terminó, pero no estoy tan seguro…”

    Lee levantó la mirada y le dirigió una sonrisa afable a la chica que le miraba con curiosidad.

    —No sólo fueron Neji y Tenten, todos me ayudasteis a salir de esa situación. S-sé que tú también estuviste poniendo mucho empeño en ello, Hinata-san. —se aventuró a decir Lee.

    El chico de cabello negro vio como repentinamente un ligero rubor cruzó las mejillas de una Hinata sorprendida. Estaba claro que la había pillado con la guardia baja.

    —N-no, Lee-san, ya sabes que no soy tan buena como los demás… y-yo sólo estuve… de apoyo… —respondió Hinata tímidamente mirando hacia otro lado mientras juntaba sus manos apretándolas nerviosa entre sí.

    La mente de Lee se sentía arder al ver a la chica interactuar con vergüenza. Había escuchado, sin querer por boca de un molesto Neji, que Hinata estaba enamorada de Naruto desde hacía mucho tiempo, pero ella no sabía cómo hacerle llegar sus sentimientos, más cuando todo el mundo sabía que Naruto sólo tenía ojos para Sakura. Si bien ésta era un interés amoroso también para Lee, y éste lo había demostrado anteriormente, también sabía que la joven chica de cabellos rosados sólo tenía ojos para Uchiha Sasuke.

    ”Uf, en verdad la juventud es muy complicada. A veces no sé cómo Gai-sensei quiere que disfrutemos de ella con todo lo que nos provoca…” pensó Lee comenzando a tener un lío en la cabeza.

    Decidió regresar a su conversación con Hinata y ahondar un poco más, tener una mejor relación entre ambos, más cercana.

    —Pese a todo, gracias, Hinata-san. En verdad, creo que eres muy fuerte y muy valiosa para todos.

    Lee vio como la chica se relajó de inmediato ante el inesperado piropo y sonrió agradecida. Sus labios se veían suaves y de un bonito color rosado pálido. Él le devolvió la sonrisa también lleno de gratitud por su presencia. 

    “Ay, es una lástima. Si no fuese prima de Neji me atrevería a invitarla a salir, pero no quiero terminar inconsciente por enésima vez.” pensó Lee rascándose un poco la mejilla sopesando opciones. “Aunque no me importaría tener a Naruto-kun como rival nuevamente en el amor…”

    Los pensamientos de Lee fueron interrumpidos cuando sintió que la garganta se le secó repentinamente y comenzó a toser. Dos días seguidos de suero intravenoso le habían secado la garganta profundamente.

    —Ah, espera, Lee-san, voy a buscar un vaso con agua para que te refresques. —dijo Hinata desapareciendo detrás de las cortinas a la vez que el chico carraspeaba en confirmación.

    Lee se quedó sólo en la habitación. Comenzó a reflexionar sobre todo lo que había pasado hasta ahora, especialmente el encuentro con aquel hombre llamado Toshikomi.

    “Se me hace muy raro que Toshikomi no estuviese en ningún lugar dentro de la ilusión. No interactué con él en ningún momento, ni ninguno de mis compañeros, hasta donde yo sé.” pensó Lee llevando una mano a su barbilla pensativo. “Supongo que habrá que pensar junto con Gai-sensei qué quería ese hombre de mí una vez me recupere…”

    La cortina se corrió y Lee pensó que Hinata entraría con el vaso de agua que se había comprometido a llevarle. Sin embargo, allí estaban sus dos compañeros de equipo quienes sorprendidos al verle despierto y avispado casi se abalanzaron sobre él, especialmente Tenten.

    —¡Oh, Dios mío, Lee! —exclamó Tenten abrazando a su compañero con cuidado. —¡Estás despierto, qué alegría!

    Neji se acercó quedando un paso por detrás de su compañera de equipo. Sus labios mostraban una sonrisa suave y una mirada de alivio que Lee interpretó con sorpresa y agradecimiento.

    —Espero que está sea la última vez en mucho tiempo que te quedes en el hospital, Lee. —escuchó decir a Neji bromeando. —No, pero en serio, deja de ponerte en situaciones así. No creo que podamos soportarlo más…

    —Je, je… Lo siento, la verdad es que no pensaba que en la invasión iba a acabar en esas condiciones, Neji.

    Tenten se incorporó del abrazo y puso una mano en el hombro de Lee con ternura.

    —Bueno, lo más importante es que ya estás despierto. La verdad es que me sorprendes muchísimo, Lee. Cualquiera en tus circunstancias no lo hubiese contado. —declaró Tenten con firmeza. —De verdad que tu cuerpo parece que está hecho de hierro o algo así.

    Lee se rió ante tal afirmación y se rascó la nuca con algo de vergüenza. No estaba muy acostumbrado a los halagos y siempre que sucedía se sonrojaba.

    —Por cierto, ¿estabas tú sólo cuando te despertaste, Lee? —preguntó Neji mirando repentinamente alrededor con algo de confusión.

    —¿Eh? No, tu prima Hinata-san me estaba custodiando hasta que desperté. Ahora ha ido a por un vaso de agua para mí.

    La respuesta de Lee dejó extrañados a sus dos compañeros, quienes fruncieron ligeramente el ceño.

    —¿Hinata-sama? —inquirió Neji con curiosidad. —¿No estaba contigo Uchiha Sasuke?

    Ante la mención del joven del clan Uchiha, Lee hizo una mueca de extrañeza que acompañaba a la de sus compañeros de equipo.

    —¿Qué? No, Sasuke-kun no ha estado conmigo en ningún momen…

    De repente y sin previo aviso, una gran humareda llenó el recoveco de la “habitación” de Lee. Un grito femenino, un fuerte gruñido masculino y un estruendoso golpe llenaron el pequeño espacio. Lee parpadeo para poder mirar a través de la neblina mientras sus manos se pusieron delante de su cuerpo en señal de defensa. Cuando la niebla se disipó, pudo ver que Neji y Tenten estaban tirados en el suelo mientras eran restringidos por dos miembros de ANBU por la espalda.

    —Espera, qué… ¿qué está pasando? —preguntó un Lee completamente anonadado sin saber qué hacer.

    Levantó ligeramente la mano hacia sus compañeros. Ésta fue detenida por el firme agarre de una tercera ANBU de cabellos purpúreos que estaba a su lado.

    —¿A-ANBU? ¡¿Qué-qué sucede?! —una exclamación apresurada salió de la boca de una cuarta persona que apareció a unos pocos pasos de la cortina hospitalaria. Hinata acababa de regresar con el vaso, el cual cayó al suelo, y se encontraba patidifusa por la situación. —¡¿Qué-qué les están haciendo?!

    El ANBU que doblegaba a Neji levantó la mirada hacia la chica de ojos blancos mostrando su impasible máscara.

    —Es mejor que no se meta, Hinata-sama. Esto es competencia de Konoha y de su jurisprudencia.

    Hinata miraba con angustia. Se debatía entre dar un paso hacia delante y ayudar a su primo y a sus compañeros o quedarse quieta.

    —¡Hinata-sama! ¡Por favor, sólo haga lo que le han pedido! —gritó Neji desesperado por evitar que su prima se metiera en un problema por su culpa.

    Tenten sólo jadeaba al sentir el prieto agarre de su captor. La chica de cabello chocolate estaba luchando por escapar. No habían hecho nada malo, ¿por qué éste actuar contra ellos? Vio que la ANBU con cabellos morados que sujetaba el brazo de Lee sacaba un pergamino que desenrolló con su otra mano y se lo mostró a los tres.

    —Hyûga Neji, Tenten y Rokku Rî, por orden de Konohagakure no Sato, quedáis arrestados por sospechas de traición. Estaréis bajo vigilancia y control del Cuerpo ANBU y de la División de Inteligencia de Konoha el tiempo que se considere oportuno.

    La boca de Lee se secó inmediatamente, sus ojos se abrieron desmesuradamente llenándose de temor. ¿Qué significaba todo esto? ¿Cómo que sospechosos de traición? ¿Por qué? Poco más pudo pensar, puesto que vio como Neji y Tenten desaparecían delante de él en una nube blanca para después sentir que le sujetaban del brazo izquierdo, arrastrándole en el desvanecimiento de la misma humareda contra su voluntad.

    PERFIL NINJA OFICIAL

    Número de Registro Ninja: 011850

    Apellido: Umino

    Nombre: Iruka

    Apodo/sobrenombre: No consta

    Fecha de nacimiento: 26 de mayo del año 058 de la Era Moderna

    Sexo: Hombre

    Estatus: Activo

    Tipo sanguíneo: 0

    Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego

    Clan/Familia: No reseñable

    Equipo: Genin Licenciado del Equipo 06 – 069

    Rango Ninja: Chûnin (año 074 de la Era Moderna)

    Categoría Ninja: Rastreador

    Naturaleza de Chakra: Fuego (Afinidad Natural), Agua y Yin

    Kekkei Genkai: Inexistente

    Ocupación: Maestro de la Academia Ninja

    PRÓXIMO CAPÍTULO

    MARTIRIO

  • Capítulo 8 – Salvación

    —Sólo queda un poco más…  agh… ya estoy más cerca…

    Rock Lee aguantaba como podía los gemidos en lo más profundo de su garganta. El  chico de cabellos negros caminaba muy despacio, cojeando. Su frente estaba colmada por gotas de sudor y su camiseta y pantalones también estaban completamente mojados por el mismo elemento. Hacía poco más de 5 horas que había conseguido cruzar la frontera del País de los Ríos con el Fuego tras su encuentro con aquel individuo llamado Toshikomi. Ahora se encontraba en el camino principal andando hacia el Portón del Sur de Konoha. Estaba sólo. Sin que hubiese ningún ninja amigo o enemigo activo cerca.

    “Es tan raro. Tendría que haber combates por aquí, o al menos algún enemigo emboscando o tratando de luchar.” pensó Lee con expresión de desagrado al ver los cadáveres y cuerpos de heridos amontonarse cada vez más en cuanto se iba acercando a la entrada. “¿Es que acaso todo ha terminado? ¿La invasión finalizó ya?”

    Al ingresar a Konoha, la visión no mejoró. La situación era completamente grotesca. Rock Lee escuchaba pedir ayuda a muchas personas de manera lánguida. No distinguía si eran de Konoha, de Suna u Oto, si eran amigos o enemigos. Sólo podía escuchar las plegarias de quienes no desean dejar este mundo antes de tiempo. Lee apretó sus labios con dolor evitando pararse. Tenía que hacer oídos sordos a las desesperadas súplicas. No era seguro intervenir. Nada ni nadie le garantizaba que no fuese una trampa y él tampoco estaba en las mejores condiciones para luchar.

    “Tengo que tratar de buscar un lugar seguro. Un sótano o un refugio, lo que sea. No creo que pueda llegar hasta el Monumento Hokage, pero… podría intentarlo.” pensó Lee dando un paso tras otro con gran dificultad.

    Ahora que acababa de alejarse del acceso de entrada de Konoha, Lee sentía que su cuerpo se estaba relajando. Eso no era una buena señal dada la situación de extrema emergencia. Por este motivo, Lee decidió evitar andar por las calles y avenidas principales. Si en la entrada no había encontrado enfrentamientos, lo más probable es que éstos se dieran en los lugares anteriormente mencionados. Tenía que dejarse guiar por las pequeñas calles circundantes para evitarlos lo más posible.

    Lee andó unos pocos metros en cuanto giró hacia la primera vía de corto tamaño. Era una calle de pocos comercios, principalmente viviendas de dos plantas en pisos y departamentos. Estaba completamente destrozada. Los muros se encontraban resquebrajados. Había enormes trozos de cemento y ladrillo desperdigados, pero aún se podía caminar.´El suelo estaba sucio por la sangre y la tierra producida por los enfrentamientos. Las tiendas, anteriormente llenas y con buen aspecto, tenían en ese momento los cristales de los escaparates rotos y el interior lleno de polvo. Se podía ver también que habían sido saqueadas.

    Lee vio su reflejo al dirigir su mirada al vidrio roto del mostrador exterior de una carnicería. Su aspecto no era bueno. Estaba fatigado, le costaba respirar y sus ojeras eran muy grandes, dándole un aspecto enfermizo. Todo ello motivado por el cansancio, las heridas y el hambre del viaje desde Suna.

    “Vamos, Rokku. Neji y Tenten estarán peleando aquí y seguro que tampoco han podido comer nada. Tú no puedes ser menos que ellos.” pensó Lee para sí mismo al tratar de avanzar nuevamente.

    El chico de cabellos negros volvió a retomar su tortuosa caminata cuando, repentinamente, escuchó el fugaz sonido de quien se posa en el suelo a gran velocidad. El sonido de un ninja haciendo su aparición, supo inmediatamente Lee. El chico de cabello negro se quedó quieto creyendo como en un atisbo de estupidez que si no se movía no le verían.

    —Te he encontrado. No pensé que fuese posible, pero te encontré.

    Si alguien hubiese sido testigo de la cara que puso Rock Lee en ese mismo instante, hubiese dicho que era una cara de miedo absolutamente visceral.

    Esa voz. Esa terrible, monstruosa y sedosa voz. No podía creerlo, no quería. Lee se giró muy despacio sobre sus piernas debilitadas y lo vio. Allí estaba. Exultante y altanero, con la barbilla en alto, la cara quebrada, los ojos desquiciados cubiertos por esas intensas ojeras negras como el carbón, aquel pelo rojizo que se asemejaba a las llamas del infierno, la sonrisa trastornada que mostraba sus afilados dientes que cubrían la boca babeante, en posición atacante como si de una bestia a cuatro patas se tratase. Allí estaba. Aquel chico que tanto daño le había hecho en la ilusión y ahora en la realidad. El hijo menor del Kazekage. Sabaku no Gaara.

    —Esperaba poder encontrarte y terminar lo que no pude hacer contigo la última vez que nos vimos. —comenzó diciendo de manera tenebrosa el pelirrojo con una especie de eco tenebroso en su voz. —Lo haré como la primera vez… ¡por partes!

    Lee comenzó a entrar en pánico ante las terribles palabras de Sabaku no Gaara. La sola presencia del ninja de Suna le aterrorizaba, más después de su combate en el Bosque del Suroeste. No pudo derrotarlo en aquel momento y sabía que en su condición actual tampoco podría. Estaba totalmente acongojado. Rock Lee quiso correr, pero no pudo. Con un mal movimiento, cayó al suelo de bruces. El chico de cabellos negros intentó ponerse de pie, pero sus piernas no respondieron debido al cansancio y al dolor extremo. Lee se giró nuevamente a mirarlo. Gaara estaba cada vez más cerca de él.

    Vio como alrededor de Sabaku no Gaara se arremolinaba la arena. Portaba su característica calabaza de arena, aquella que tantos problemas le había causado. A cada paso de acercarse a Lee, poco a poco, la cara quebrada de arena de Gaara se iba rompiendo cada vez más, mostrando su terrible rostro totalmente.

    “Debe ser esa armadura que tiene… Su defensa definitiva.” pensó Lee al ver como la arena comenzaba a acercarse a él.

    La arena subió por su pierna y por su brazo, al igual que la otra vez, pero ahora era el lado derecho. El joven Genin de Konoha comenzó a mirar hacia todos lados, como tratando de buscar una escapatoria, pero no pudo. No había salvación posible, no en las circunstancias en las que estaba. No podía hacerlo solo. Lee escuchó la lacónica risa del malicioso ninja de Suna. Sintió la familiar constricción de la arena en sus miembros. Su mirada denotaba desesperación. Nunca se imaginó estar en una situación similar y más siendo un ninja Rescatador. Su deber era salvar a los demás, no ser rescatado. Lee sentía que había fallado en su dogma.

    “Por favor… por favor… alguien, quien sea…. por favor… ¡Qué alguien me salve!” imploró Lee con todas las fuerzas de su mente mientras cerraba fuertemente sus ojos húmedos esperando la destrucción de sus huesos.

    Entonces, un gruñido procedente del ninja de Suna fue escuchado en la pequeña calle de Konoha. Unos pequeños golpecitos sonaron en el suelo. El golpe rebotante de una piedra. Al escucharlo, fue cuando Rock Lee dejó de sentir la arena aferrándose a su cuerpo. Decidió abrir los ojos. Cuando lo hizo, allí, enfrente de él, vio la espalda de una persona pequeña. Una niña.

    —¿Qué estás haciendo? ¿Es que acaso tú también quieres morir, estúpida? —gruñó Sabaku no Gaara con profundidad.

    Rock Lee pudo comprobar que la chica llevaba un kunai en su mano, la cual estaba temblando ligeramente, pero su porte era firme y defensivo. No tenía más de 10 años. Sin embargo, de alguna manera su presencia le resultaba particularmente familiar a Lee. Con una gran inhalación, la niña cogió fuerzas para gritar.

    —No dejaré… ¡No dejaré que toques jamás a Rokku-nîsan! —exclamó desde lo alto de sus pulmones empuñando el kunai hacia el ninja de Suna.

    Lee abrió los ojos desmesuradamente. Sabía quién era, pues reconoció su voz perfectamente. En frente de él, estaba siendo protegido por Futaba, una niña que había conocido desde que ésta tenía cinco años de edad. La niña llevaba un sombrero rosa y una blusa naranja junto con un par de pantalones de color claro y sandalias. Toda la ropa estaba sucia y llena de polvo, producto del escenario catastrófico de Konoha.

    —¿Futaba-chan? —preguntó Lee con incredulidad. —¿Eres tú?

    Lee observó que la chica no pronunció palabra. Entendió que no quería desconcentrarse demasiado con preguntas evidentes. Estaba muy atenta a los movimientos de Sabaku no Gaara.

    —¡Pero, ¿qué estás haciendo aquí, Futaba-chan?! ¡Se supone que tendrías que estar en el refugio del Monumento Hokage! —alzó la voz Lee muy preocupado por la lejanía en la que se encontraba la niña. —¡Tendrías que estar con tus compañeros de la Academia y con tus maestros!

    —Me separé, Rokku-nîsan… —contestó Futaba rompiendo el silencio en un hilo de voz. —Un grupo de invasores… Nos separaron del grupo, a mí y a otros compañeros. Estuve deambulando sin rumbo hasta ahora… no pude hacer otra cosa… Estaba buscando un lugar para protegerme, pero… te vi y no podía dejarte atrás.

    Lee pudo escuchar la aterrada voz de la pequeña de diez años. Aunque no podía ver su rostro, sabía que se encontraba confundida, perdida, temblorosa. Sin embargo, pese a todo, pese a todo el terror que se estaba produciendo, Futaba estaba ahí con él. Estaba sacrificando su propia supervivencia para salvarle y defenderle.

    —Basta de cháchara. ¡Moriréis aquí los dos! —exclamó Gaara abalanzando su arena en contra de los dos habitantes de Konoha.

    En un instante que se sintió como un parpadeo, Sabaku no Gaara sintió el crujido de los huesos y la emanación de la sangre de los dos cuerpos gracias a su arena. Un escalofrío surgió por toda su espalda. Haciendo que la arena llegase hasta él, Gaara se llevó una mano ensangrentada a la boca, dejando escurrir y lamiendo el líquido vital. Sentía satisfacción, sentía… extrañeza. Había algo raro. La sangre no estaba caliente.

    El ninja de Suna comenzó a observar con intriga los cuerpos muertos de sus víctimas. Estaban inertes, sin vida, pero había algo raro. No podía concretar el motivo. Tras un rato, pudo distinguir una disturbación en la imagen que veía. Los cuerpos de los dos habitantes de Konoha no eran reales.

    —Esto es… ¿un Genjutsu? —dijo con un ligero atisbo de sorpresa en su voz.

    Gaara nunca había creído ser testigo de una ilusión tan auténtica. Casi le habían engañando. Sabaku no Gaara juntó las palmas de sus manos y expulsó una gran cantidad de chakra, desvelando el misterio. No había cadáveres en el suelo. No les había matado y ellos dos ya se encontraban a varios metros de distancia de él. Una Futaba muy nerviosa intentaba a duras penas sujetar y ayudar a avanzar al dolorido y demacrado Lee. El hijo de Yondaime Kazekage echó a andar en la misma dirección que ellos. Estaba deseoso. No le costaría trabajo alcanzarles. Sin embargo, casi al instante, escuchó un gran grito que vino del cielo que le hizo dirigir la mirada. Una fuerte y seca patada le golpeó en pleno rostro haciéndole caer de bruces y chocar contra el suelo.

    —¡Tu contrincante soy yo, monstruo sin cejas! —se escuchó una potente voz que resonó por toda la calle.

    Futaba y Lee miraron por encima de sus hombros y fueron testigos de la aparición del conocido como el Genin más loco y destartalado de Konoha: Uzumaki Naruto. Éste se había interpuesto entre ellos y su perseguidor y les había salvado la vida.

    —¡Eh, Gejimayu, tú niña! ¡¿Estáis bien?! —gritó Naruto mirando por encima del hombro a los dos mencionados.

    Lee jadeó boquiabierto a la vez que miraba la espalda del ninja rubio. Tras un par de segundos, pareció recuperar algo el aliento y resoplar. Por un momento, Lee pensó que Futaba y él verdaderamente iban a morir.

    —Todo lo mejor que se podría, Naruto-kun… —dijo Lee intentando no aparentar demasiada debilidad.

    Naruto sonrió irónicamente a su compañero de gruesas cejas. Vio que su senpai estaba en muy malas condiciones. ¿Cómo es que alguien tan fuerte como Lee había acabado en ese estado? No le gustó absolutamente nada. El chico de cabellos rubios dirigió su mirada a Gaara. Saber que ese tipo había destrozado a su compañero le hizo arder por dentro.

    Gejimayu, no te preocupes, ¿de acuerdo? —dijo Naruto levantando el pulgar de su mano derecha imitando el gesto de Lee y su maestro Gai. —Te prometo que todas las patadas que le dé a este tipejo en el culo tendrán tu nombre.

    Lee miró con una luz brillante a su compañero Genin. El chico de cabello negro pudo notar que las lágrimas se le acumulaban en los ojos de la emoción. Sabía que podía contar con Naruto en esta situación.

    —Te lo encargo todo a ti, Naruto-kun… –dijo Lee jadeando con cierta dificultad, pero con una sonrisa. —Sólo ten cuidado, ¿de acuerdo?

    —¡Claro, ya verás! ¡Déjalo todo en mis manos! —gritó el ninja hiperactivo tras golpear el puño con su mano libre, listo para la pelea contra el ninja de Suna. —¡Vosotros marchaos a un refugio ya!

    Antes dicho que hecho, Futaba y Lee dejaron la calle para adentrarse en otra vía. En ese mismo instante, Sabaku no Gaara y Naruto se quedaron solos. El chico de cabellos rubios no había parado de perseguir a Gaara junto con Sasuke y Sakura desde que se dio la alarma de aviso del inicio de la invasión en Konoha. Mientras sus dos compañeros se quedaron atrás debido al cansancio y las heridas, Naruto no cejó en su empeño en llegar hasta él y vencerle.

    —Saliste del Bosque de la Muerte antes de que me pudiera dar cuenta. Te he estado buscando por todas partes. —comentó Naruto con el ceño fruncido. —¿Por qué atacaste a Gejimayu? ¿Es que acaso le envidias por sus cejas?

    Cuando el ninja de Suna se levantó del suelo, el chico Uzumaki vio cómo la mitad de su cara era completamente diferente. Se quedó completamente impactado. Una cara abultada llena de arena con unos grandes dientes carnívoros y ojos con la esclerótica negra y la pupila amarillenta con forma estrellada perfilaba el anterior rostro humano. Un monstruo. Un Bijû.

    —Tú… eres como yo, ¿verdad? —preguntó Naruto tragando saliva fuertemente imaginando que su combate iba a ser más complicado de lo que pensaba.

    Poco más pudo decir el ninja de Konoha, pues Sabaku no Gaara se abalanzó contra él con toda la fuerza demoníaca que poseía y tenía que estar atento para el contraataque. 

    El choque del metal resonó en la cercana plaza al Ôkogane Kyûden de Furuya no Kyô. El sonido de un rasgido y de una caída finalizó con la victoria de Hatake Kakashi frente a un ninja de Suna, muerto por el Jônin de Konoha.

    —¿Has acabado, Kakashi?

    El mencionado giró la cabeza hacia su compañero Maito Gai quien sujetaba por un brazo a un ninja de Oto completamente inerte. La bestia verde de Konoha tenía una mirada muy seria.

    —Sí. No habríamos podido llegar hasta aquí sin el resto de miembros ANBU. Afortunadamente nos han allanado el camino. Ahora podemos dirigirnos hasta el tejado del palacio. —respondió Kakashi ajustándose la banda de la cabeza ensangrentada.

    Gai asintió con la cabeza en silencio. Ambos Shinobi se dirigieron hacia el edificio cuya entrada se mostraba visiblemente dañada. Acceder al interior no era una opción factible. Tendrían que subir por la pared exterior. A un gesto afirmativo, Gai y Kakashi comenzaron su escalada corriendo por el muro del palacio.

    Fue fácil, pues en menos de cinco minutos habían alcanzado la cima del destruido tejado y se encontraron con un panorama que no esperaban. Allí, en medio del tejado del Ôkogane Kyûden, tirado en suelo y completamente inmóvil, se encontraba Sandaime Hokage atravesado por varias espadas, entre ellas la famosa y reconocible Espada Kusanagi sujeta por la invocación de Hiruzen. Un poco más lejos del cadáver de Sarutobi Hiruzen, con cara llena de dolor, sudando profusamente y los brazos completamente ennegrecidos estaba un jadeante y pálido Orochimaru.

    Kakashi y Gai estaban completamente anonadados ante dicha situación. ¿Cómo era posible? ¿No había ningún ANBU o guardaespaldas con el Hokage? ¿Había luchado totalmente sólo contra el traidor de Orochimaru? Sea como fuere, ambos Shinobi tenían claro que las cosas no pintaban bien.

    —Vaya, vaya, así que los primeros en llegar sois vosotros, Kakashi-kun, Gai-kun. —dijo Orochimaru tratando de aparentar que no le dolían los brazos endemoniadamente. —Me temo que no vais a poder contar más con los consejos del Viejo Hokage.

    —Orochimaru… —dijo Kakashi con acritud mencionando el nombre del perverso personaje.

    El ninja del Sharingan sentía la sangre caliente ascender por su torso. Desde que había tenido otros encuentros directos en el pasado con Orochimaru, en los que había intentando detener al Sannin tras sus delitos contra Konoha cuando era ANBU o enfrentándose a él cuando quiso llevarse a Sasuke, Kakashi había permitdo que el rencor apareciese más por su mente contra el asqueroso y retorcido ser. Para Kakashi, Orochimaru era un maligno misterio que tenía miedo de resolver, como una Caja de Pandora que espera la llegada de su próxima víctima. Debido a ese miedo, Kakashi había desperdiciado en el pasado la oportunidad de matarlo o de dañarlo, y éste había sido el resultado: la muerte del Hokage.

    —Mi objetivo aquí ha terminado. —dijo Orochimaru dando la espalda a los dos Jônin con dificultad. —Ahora iré a Konoha para terminar con todo.

    Antes de que pudiera hacer nada, Orochimaru vio por el rabillo del ojo que una figura se acercaba a gran velocidad. Un golpe impactó en su rostro lanzándole a varios metros de distancia.

    —Me parece que no va a poder ser. No te lo voy a poner nada fácil, Orochimaru. —dijo un serio Gai dando un paso al frente con una voz gravísima. —Además, deberías ya saber que no se puede dar la espalda a un enemigo. Es básico de la Academia Ninja.

    El chakra de Maito Gai se arremolinaba a su alrededor con gran intensidad. Estaba abriendo las dos primeras puertas de Hachimon Tônko Môdo. Kakashi se quedó completamente impactado al ver a su amigo de la infancia en ese estado. No era habitual en él llegar a esa condición.

    —¡Gai, no te precipites! ¡Yo…! 

    Aunque intentó acercarse a su compañero, Kakashi apenas pudo mencionar algo más porque delante de él apareció la mano derecha de Orochimaru.

    —Nos encontramos nuevamente, Kakashi-san. —comentó Yakushi Kabuto con desdén. —¿Cuándo fue nuestro último encuentro? Ah, sí, cuando estuve a punto de matar a Sasuke en la UMN. Fiu, me lo pusiste ligeramente difícil.

    —Maldito Kabuto. Ya parece que has asomado la cabeza del todo. —dijo Kakashi con una ferocidad silenciosamente mortal mientras apretaba los dientes. —Que sepas que te voy a matar aquí mismo.

    —Je, veremos si eres capaz de ello.

    Cuando comenzaron a intercambiar golpes, la lucha de Maito Gai y el Sannin mostraba la actual superioridad del ninja de traje verde frente al ser serpentino. Orochimaru sólo podía esquivar sus golpes debido a su maldición, así como su actual incapacidad de formular sellos.

    “Esto es malo. No puedo dejar que me golpee usando esa técnica.” dijo el ninja serpentino tratando de esquivar con dificultad los rápidos puñetazos de Gai.

    El Jônin de Konoha se hartó de sus escurridizas defensas y en muy breve activó la siguiente puerta sin mucha dificultad. Esto puso en aprieto a Orochimaru.

    “¡Tengo que hacer algo! ¡Tengo que detenerlo!” Orochimaru gruñó y comenzó a abrir su boca lo más ancha que pudo.

    —¡Kabuto!

    —¡SEIMON! ¡LA PUERTA DE LA VIDA! ¡ABIERTA! —exclamó Gai cambiando su piel rojiza por la fuerte fuerza del chakra.

    Entonces, algo inesperado le sucedió a Gai. Un dolor en el lado derecho de su cuello. Un vil mordisco traicionero. Por el rabillo del ojo, observó que Orochimaru había lanzado una serpiente desde lo más profundo de su garganta. Sin utilizar las manos, ni usar ningún sello o truco de invocación. Gai quedó perplejo. ¿Cómo era que había sucedido esto? Gai no se consideraba un gran intelectual, pero hasta él sabía que Orochimaru era víctima de una maldición que le impedía usar técnicas. ¿Cómo había sido posible que le lanzase una serpiente para pararle? Pese a que Hachimon Tônko (8 Puertas) estaba pulverizando hasta los huesos al reptil, la cabeza de éste y su fiera mordedura se mantenían firmes en él.

    Orochimaru comenzó a girar rápidamente sobre sí mismo e hizo dar vueltas a Gai por los aires, haciéndole golpear varias veces contra el suelo del tejado, hasta que le soltó, mandándolo a volar lejos. 

    —¡GAI! —Kakashi dirigió su mirada al ninja de traje verde que cayó al río que bordeaba el palacio dorado. 

    La última imagen que Kakashi tuvo de su compañero experto en Taijutsu fue que quedó flotando boca abajo en la superficie de sus aguas.

    —Deberías estar más atento a lo que tienes delante.

    Cuando Kakashi se giró nuevamente a ver a Kabuto, no pudo esquivar el puñetazo inmediato que venía de pleno hacia su cara. El shinobi del Sharingan fue lanzado a dos metros, pero mantuvo la compostura. Le comenzaba a sangrar la nariz y su máscara se manchó profusamente de color oscuro.

    Al tratar de recuperarse del golpe traicionero, Kakashi observó que Kabuto se había dirigido hacia Orochimaru y le sujetó para evitar que cayese al suelo. Ahora. Era el momento perfecto para acabar con los asquerosos traidores. Kakashi corrió hacia ellos, pero fue detenido por cuatro ninjas de Oto que le detuvieron el paso repentinamente. Kakashi desconocía quienes eran, pero pudo ver que se encontraban en condiciones bastante deplorables. Les habían dado una buena paliza y no con técnicas de nivel básico. Pese al invisible cansancio que manifestaban, Kakashi vio que estaban preparados para atacar y defender cuando un quejido y el sonido del vómito sanguinolento procedente de Orochimaru les sacó de sus pensamientos.

    —¡Vamos, vosotros cuatro! ¡Debemos retirarnos! ¡Orochimaru-sama debe reponerse! —gritó Kabuto a los recién aparecidos tratando de cortar la sangre que emanaba de la boca del Sannin.

    Éstos aceptaron las órdenes sin mencionar palabra y se desplazaron rápidamente marcha atrás hasta su líder para, en una técnica conjunta de Shunshin no Jutsu (Jutsu de Teletransportación) desaparecer con una gran humareda de polvo.

    —Desgraciados… —Kakashi jadeó fuertemente tras comprobar que habían desaparecido de su rango de visión. 

    El Jônin de Konoha sintió como la adrenalina comenzó a abandonar su cuerpo. El cansancio por las peleas y el uso del Sharingan amenazaba con dejarlo tirado. No obstante, hizo un titánico esfuerzo por no caer. Se giró en dirección al borde del tejado para comprobar si Gai se encontraba bien. Lo que vio al asomarse fue al ninja de traje elástico verde vomitar agua y toser violentamente mientras salía del río, casi de manera cómica. Esto hizo que Kakashi suspirase aliviado.

    —¡Kakashi-san!

    La mención de su nombre llamó la atención del Shinobi del Sharingan y vio aparecer a su lado a cuatro ANBU. Kakashi los reconoció de inmediato. Eran de los miembros del escuadrón ANBU más cercanos a Sandaime Hokage. Pese a que presentaban los trajes sucios, se les veía con gran soltura.

    —Vosotros… parece que habéis podido sobrevivir. Por desgracia, Orochimaru ha escapado. También Kabuto y otros cuatro ninjas de Oto que estaban con ellos. —dijo Kakashi de inmediato.

    —Sandaime nos dio la orden de capturar a esos cuatro que dices. Sin embargo, han sido demasiado escurridizos. —declaró Zô, el líder del pequeño grupo ANBU. —No tan fuertes, pero sí muy escurridizos.

    Kakashi se quedó mirando en silencio al interlocutor. Podía notar que estaba muy afectado con todo lo que había pasado.

    —Sin embargo, hemos podido quitarles trozos de piel a cada uno de ellos. —siguió hablando Zô mientras uno de sus subordinados guardaba en bolsas individuales la materia. —No podemos decir que hayamos cumplido con la misión encomendada, pero eso nos ayudará a saber más de ellos.

    Kakashi suspiró aliviado. Era lo más importante: no perder en ningún momento el hilo de la información, más en un caso de terrorismo como este. Al mirar en la distancia, todos los presentes pudieron ver grandes humaredas de fuego y polvo que recorrían la zona colindante del camino hacia el palacio. 

    Con un poco de dificultad, Kakashi pudo discernir a lo lejos a algunos ninja que portaban el Protector de Frente de Konoha. Estaban llegando los refuerzos.

    —Uf, parece que ya hemos terminado aquí. —declaró un ninja que portaba un abrigo de piel de ciervo tras usar su Kage-Kubishibari no Jutsu (Técnica de la Sombra Estranguladora) en unos ninjas de Suna que cayeron muertos al suelo.

    —¡Shikaku! ¡Ya me he encargado de los ninjas que estaban en el interior! —gritó un Jônin de largo cabello rubio y ojos azules desde la ventana de un edificio de viviendas. —¡Hay bastantes civiles heridos por aquí!

    Nara Shikaku era el Jônin Hanchô (Comandante Jônin) de las Fuerzas Regulares del Sistema de Jerarquía Shinobi de Konoha. En estos momentos, se encontraba revisando, junto con otros shinobi compañeros, los sectores de la Aldea en busca de ninjas enemigos remanentes que se hubiesen ocultado o que tuvieran rehenes.

    —¡Diles que se resguarden bien, Inoichi! ¡Qué no salgan hasta que demos la alarma de aviso de fin de batalla! —gritó Nara Shikaku pensando en el próximo edificio a inspeccionar tras ver que su compañero Yamanaka regresaba al interior.

    Repentinamente, un fuerte golpe hizo temblar el suelo, haciendo tropezar a Shikaku y casi haciéndolo caer al suelo.

    —¡Avisa cuando vayas a hacer eso, caray, Chôza! —gritó mientras se dirigía a un enorme gigante que medía unos 50 metros de altura. —¡Qué tipo más problemático!

    —¡Ja, ja, ja, perdona Shikaku! ¡Había por el tejado unas cucarachas ocultas y les he dado un buen bastonazo! —dijo Akimichi Chôza mostrando el extremo de su personal manchado completamente de sangre.

    Shikaku simplemente se encogió de hombros y sonrió de lado a su fornido compañero. En verdad, ellos tres formaban parte de uno de los grupos más fuertes existentes en la historia ninja. No eran la generación décimo quinta del trío Ino-Shika-Chô por nada. Casi al instante, por el rabillo del ojo, el líder del clan Nara atisbo que se posaba en el suelo cerca de él seis figuras con un aspecto fiero. Cuatro perros y dos mujeres, pero igual de bestiales.

    —¡Shikaku, ya nos hemos encargado del sector Y! —alzó triunfante la voz de una mujer con largos colmillos y cabello desordenado. —¡Esos piojosos han terminado esta vida bajo nuestras garras, ¿verdad, Hana?!

    Ante las carcajadas de la recién llegada, Shikaku puso una mirada cansada.

    —¿Estás segura, Tsume? Mira que no quiero que quede ningún enemigo escondido, ¿eh? —bromeó el hombre del clan Nara con una ligera sonrisa.

    Al escuchar estas palabras, la mujer Inuzuka frunció el ceño ofendida. Shikaku le pareció ver que se le hinchaban las venas de la frente.

    —¡¿Pero qué te has creído, mamarracho?! ¡Mi olfato es millones de veces más agudo que el tuyo! —gritó Tsume muy cerca de la cara del Nara mientras le daba toquecitos con un dedo en el pecho. —¡Ya deberías saberlo!

    —Bueno, no siempre fue así. ¿Tengo que recordarte tus días como Genin? —dijo Shikaku mientras se tapaba una oreja con un dedo.

    —¡Dios, Shikaku! ¡Han pasado 30 años desde eso! ¡¿Es que nunca lo vas a olvidar?!

    Ante el visible aumento de enfado de la líder del clan Inuzuka, Shikaku trató de poner tierra por medio del fuego que había provocado con ánimo jocoso.

    —Bien, bien. Confío en ti, Tsume. Sé que eres la mejor en tu campo. —declaró Shikaku poniendo las manos delante de él.

    La mujer se cruzó de brazos e hizo un mohín ante la duda de la sinceridad de su compañero Jônin. Musitaba cosas del tipo “idiota”, “el trabajo sucio lo hago yo”, “quién se ha creído” y “vago redomado”. Su perro Kuromaru suspiró poniendo los ojos en blanco. Mientras, la chica más joven e hija mayor de Tsume, Hana, rió nerviosa ante la escena provocada por el líder del clan Nara y su madre.

    —¿Y tú, Hana? ¿Los Haimaru Sankyôdai están haciendo bien su trabajo? —preguntó Shikaku a la esbelta chica.

    Hana sonrió con los labios dulcemente y comenzó a acariciar a Ichi, el mayor de sus perros.

    —Hemos supervisado todo. No ha quedado ningún enemigo en el alcantarillado. —dijo la joven chica a la vez que acariciaba a los dos perros hermanos de Ichi, Ni y San, quienes se acercaron a sus manos reclamando también mimos a su dueña. —Nos puede dar las órdenes para ir al sector Z y terminar el trabajo, Shikaku-san.

    Shikaku devolvió la sonrisa a Hana. Al hombre del clan Nara siempre le había parecido increíble la diferencia de carácter entre madre e hija. Desde luego Shikaku sabía que esa personalidad tan suave la había sacado de su padre.

    —¡Oye, ¿por qué a ella la tratas con cariño y a mí como la basura, eh?! ¡No te pienso volver a hacer un favor en la vida, ¿me oíste, Shikaku?!—exclamó Tsume comenzando de nuevo la disputa haciendo que Shikaku maldijese por lo bajo.

    Entonces, un malestar les sobrevivo a los tres shinobi repentinamente. Los cuatro perros ninja gimieron haciendo notar que también se encontraban indispuestos. El pesar de sus cuerpos lo denotaba.

    “¿Qué es esto? ¿Qué clase de jutsu es este? Parece un Genjutsu…” pensó Shikaku mientras liberaba chakra tratando de deshacerse del entuerto en vano.

    Un grupo de 10 ninjas de Oto comenzó a hacer su aparición atravesando los muros del edificio, de las vallas de la calle e incluso del suelo. Su imagen parecía duplicada. Los shinobi de Konoha eran incapaces de hablar en ese momento debido a la fuerza del Genjutsu que, suponían, lo emitían todos los enemigos a la vez. Chôza se había alejado e Inoichi no salía aún. Shikaku pensó que él y sus acompañantes se encontraban en un gran aprieto.

    —Pensábamos que los ninja de Konoha eran más fuertes que los demás y, sin embargo, caísteis en un pequeño Genjutsu de trampa sonora. —dijo un enemigo con boca tapada y cinta de Oto en la frente.

    Shikaku miró a su alrededor con los ojos. Vio varios cascabeles clavados en los muros que eran tirados con hilos por el ninja de Oto. Sentía como si estuviera atrapado por el Kageshibari no Jutsu (Técnica de Posesión de Sombras), su propia técnica insigne.

    “Mierda. Estamos jodidos. Esto nos ha pasado por bajar la guardia tan pronto.” pensó Shikaku al ver que el enemigo sacaba un kunai mientras se acercaba a ellos con decisión.

    —Creo que empezaré contigo. —dijo el enemigo poniendo el kunai en el cuello del hombre Nara. —Luego, nos divertiremos con vosotras dos.

    Ambas mujeres Inuzuka apretaron los dientes entre sus mandíbulas mientras sus perros trataban de gruñir sin éxito como en un intento desesperado por protegerlas de sus captores.

    —Ahora… ¡Muere!

    Shikaku cerró los ojos esperando el filo del kunai atravesando su garganta. Sin embargo, no pasó nada de lo previsto. Shikaku no fue asesinado, ni sintió el arma en su piel. No obstante, lo que sí pasó fue que el shinobi de Oto comenzó a retroceder con los ojos llenos de un velo vidrioso que el Jônin de Konoha pudo apreciar.

    —¡¿Qué ocurre? ¿Dónde estoy?! —dijo el enemigo de Oto quien soltó el kunai, el cual cayó al suelo. —Esto es… tan diferente… tan tranquilo…

    Los otros ninjas de Oto expresaban por sus bocas actitudes similares, casi etéreas. Sorpresa, asombro e incredulidad. Por su parte, los shinobis de Konoha no entendían qué estaba sucediendo. Sin embargo, Shikaku alcanzó a ver cómo el afilado kunai caído se elevó y comenzó a cortar lentamente las venas del cuello del ninja que le había amenazado. La sangre comenzó a emanar abundantemente de la herida abierta y, en cinco segundos, el enemigo de Oto yacía en el suelo desangrado. Al morir, el efecto del Genjutsu desapareció en parte y, poco a poco, un Shikaku aturdido pudo ver a quien fue el salvador de su vida y de sus compañeras Inuzuka.

    —No es buen momento para ser descuidado, Shikaku-kun. Aún quedan bastantes enemigos incordiosos en la aldea. —dijo un hombre mayor con arrugas bajo sus ojos.

    Shikaku sacudió su cabeza intentando conectar adecuadamente la realidad de nuevo. Después, se rascó la cabeza de alivio cuando observó que Tsume, Hana y el resto de los cánidos comenzaron a moverse con normalidad de nuevo.

    —Umh, no esperaba verle por aquí. Ha pasado mucho tiempo desde nuestro último encuentro, Unkai-san.

    El hombre que estaba enfrente de él era un experimentado Jônin y un maestro del Genjutsu: Kurama Unkai, miembro del Clan Kurama. El viejo hombre se acercó y revisó a las mujeres Inuzuka ahora que todo había terminado. Estaban en perfectas condiciones.

    —Habéis tenido suerte de que hayamos pasado por aquí. Los ninjas de Oto tienen bastantes Genjutsu de tipo sonoro. Hemos visto a muchos de Konoha caer a causa de ello. —explicó calmado Unkai.

    —¿Hayamos? ¿Qué quiere decir con…? —Tsume levantó una ceja sorprendida.

    La líder del clan Inuzuka observó a otros miembros jóvenes del clan Kurama que estaban terminando de ejecutar a los demás ninjas de Oto. Tsume sonrió. Se veía una buena generación de ninjas de dicho clan.

    —Bien. Ahora que todo ha quedado en orden, nosotros nos retiramos. —dijo Unkai dándose la vuelta dando por terminada su intervención.

    Ante esta declaración, Shikaku, Tsume y su hija mayor Hana no pudieron sino sorprenderse. 

    —Eh, Unkai-jîchan. No deberían marcharse. Teniendo en cuenta los jutsus ilusorios del enemigo es mejor que se queden un poco más para acabar con ellos. —inquirió Tsume avanzando hacia el hombre.

    —Ya hemos revisado todos los sectores del interior de Konoha en busca de estos ninja. Los hemos exterminado en su totalidad. —dijo Unkai parándose y dándose la vuelta para mirar a la mujer de rasgos caninos.

    —¿También los que quedaban en el sector Z? —preguntó Shikaku con curiosidad.

    —Incluidos. No queda nadie. —sentenció Unkai mirando a las mujeres Inuzuka. —De todas maneras, sería bueno que vosotras dos os acercáseis por allí. No vendría mal una revisión extra. Incluso recomendaría que enviaras a un miembro del clan Hyûga y a un Aburame por si hay algún enemigo que se sepa ocultar del olfato, Shikaku.

    El hombre del clan Nara afirmó con un sonido nasal. Era una buena propuesta. Al fin y al cabo, Unkai era un hombre muy entendido en el oficio ninja. Sabía más por experiencia que por el propio hecho de pertenecer a un clan shinobi.

    —Pero creo que deberían continuar con nosotros. Sus técnicas son importantes para esta situación. —dijo Hana al no poder aguantar más las palabras que quería decir. —Ustedes son miembros importantes de la aldea…

    Unkai giró la cabeza hacia la joven con una sonrisa triste e hizo un gesto de negación. Hana se quedó en silencio y su expresión también quedó triste. Los demás miembros del clan Kurama callaban solemnemente.

    —Los Kurama somos ya muy pocos. No podemos arriesgarnos a perder a ningún miembro más del clan. —dijo Unkai con un hilo de voz suave. —Aún tenemos que confirmar si alguien de nosotros ha caído en este ataque. 

    Hana bajó la mirada afligida. Sabía a lo que Unkai se refería con lo que acababa de decir, pero quería tener la esperanza de poder reestablecer alguna vía de contacto o diálogo más directo con los miembros del clan Kurama. No había sabido nada de ellos desde hacía dos años y estaba entristecida por ello. Ahora Hana no quería perder la oportunidad de reconectar.

    —En ese caso, lo mejor es que os retiréis por el momento. Ya nos tomaremos unas copas de sake más adelante, ¿eh, Unkai-jîchan? —dijo Tsume haciendo el gesto de quien se lleva un trago a los labios.

    Unkai lanzó una sonrisa con todos los dientes ante la propuesta, aunque su mirada continuaba melancólica.

    —Suena bien. Nos vemos en esa ocasión, Tsume, Shikaku. —dijo dando de nuevo la espalda antes de desaparecer. —Espero también verte de nuevo pronto a ti, Hana-chan.

    La mencionada levantó la mirada para ver que el rastro del hombre especialista en Genjutsu y los demás jóvenes Kurama habían desaparecido de la misma manera en la que llegaron. 

    Justo como un sutil suspiro.

    Rock Lee dio un paso con gran dificultad. Estaba sudando a borbotones y el dolor y la fatiga de su cuerpo se estaban acentuando. Futaba, quien le estaba acompañando, sujetaba al pobre Genin, tratando de que no cayese al suelo.

    —Ya queda poco, Rokku-nîsan… Sólo resiste un poco más, ¿de acuerdo? —dijo Futaba tratando de hacerle de bastón a Lee con su cuerpo.

    Hacía un rato que ambos caminaban por las desoladas calles después de escapar de Sabaku no Gaara. Su objetivo era llegar al refugio más cercano, pero los desperfectos de las vías lo complicaba todo mucho más. No tenían seguridad de que no les saliera al paso un ninja enemigo, incluso si hacía rato que no aparecía nadie, para su sorpresa. El problema que ahora enfrentaban era la gran cantidad de polvo y suciedad en suspensión que entraba en sus pulmones, algo que sólo podían evitar con sus propias camisetas por encima de su nariz. Futaba comenzó a toser violentamente y eso les obligó a parar para que la niña se repusiera.

    —Cof, cof, lo siento, Rokku-nîsan. Perdóname. —dijo Futaba tapándose la boca con sus dos manos intentando controlar su respiración.

    Rock Lee conoció a Futaba cinco años atrás cuando ella aún era muy pequeña. Debido a ciertas circunstancias dolorosas y tristes, no había sabido nada de la niña en los dos últimos años. Por lo tanto, su encuentro, fruto de la casualidad, parecía una obra del destino. Al menos, así lo pensaba Lee en ese momento.

    —Futaba-chan, no tienes que sobreesforzarte… No nos queda mucho para llegar hasta el próximo refugio… —dijo Lee tratando de olvidar el dolor punzante de sus brazos y piernas a duras penas. —Pronto estaremos a salvo…

    —Sí, tienes razón… —dijo la niña quitándose el sombrero que llevaba en la cabeza, desvelando un cabello corto color rubio con reflejos color miel que le llegaba hasta los hombros.

    Futaba hizo ademán de levantarse cuando, de pronto, un enorme temblor la sacudió y la hizo caer al suelo. Lee trató de agarrarse al pavimento como pudo ante aquel terremoto inesperado. Cuando ambos alzaron la mirada, descubrieron con su vista algo que jamás esperaron ser testigos. Allí, a poco más de 500 metros, se encontraba Naruto encima de un enorme sapo gigante que llevaba una chaqueta happi azul, portaba una enorme espada tantô en lo que sería su cintura y en la boca llevaba una pipa kiseru humeante. A su lado, una enorme monstruosidad se alzaba. Parecía un tanuki de aspecto arenoso, con marcas negras de sello maldito por toda su cara y cuerpo. Tenía una cola. Con una boca irregular y cóncava y unas pequeñas escleróticas negras, con iris y pupilas amarillas que toman la forma de una estrella negra de cuatro puntas con cuatro puntos negros a su alrededor. Debía tener más de 100 metros. 

    —Esto es malo… —dijo Futaba en un hilo de voz absolutamente aterrada.

    Rock Lee no pudo decir nada. Se echó a temblar de terror. Esa terrorífica esencia. Ese enorme chakra mortífero. Era él. Era Sabaku no Gaara transformado en Bijû. Le había visto en el Genjusu y ahora la estaba viendo en la realidad, pero en medio de Konoha. Eso no era bueno.

    —¡Ven aquí, desgraciado! —gritó el sapo sacando su espada y apuntando a la arena del monstruo. —¡Pienso partirte por la mitad!

    —¡Ja, ja, ja! ¡Veremos si me puedes divertir! —respondió el demoníaco ser de arena.

    Un choque entre ambos y una gran onda de aire salió disparada en todas las direcciones. Por supuesto, también fue directo en dirección hacia Lee y Futaba. Ambos sintieron que el fuerte viento les iba a mandar por los aires, pero, de alguna manera, pudieron resistir al sujetarse ambos al pavimento con las uñas. Cuando el viento paró, sus cuerpos cayeron contra el suelo con pesar.

    —¡Rokku-nîsan, no podemos quedarnos aquí! ¡Tenemos que continuar! —exclamó Futaba sujetándose el vientre del dolor. —¡Si nos quedamos aquí, moriremos!

    Lee respiraba con mucha más dificultad. El fuerte viento le había dejado sin aliento. Tenía los ojos fuertemente cerrados. Era imposible para él. No podía ir más deprisa, aunque él quería. Las heridas y la sofocante situación hacían mella especialmente grave. Estaba siendo un estorbo, pensaba Lee. Tenía que quedarse, pero tenía claro lo que tenía que hacer con Futaba.

    —Futaba… vete… —dijo jadeando Lee al mirar a la niña. —Déjame aquí y… vete

    Los ojos de Futaba se abrieron desorbitadamente ante la orden del Genin. Futaba apoyó repentinamente las palmas de sus manos en el pecho de Lee suplicando.

    —Por favor, Rokku-nîsan… no digas eso… no puedo dejarte sólo. —dijo la niña mientras trataba de pensar en otra solución desesperadamente.

    —No queda otra, Futaba. Yo… sólo soy un estorbo y… si te quedas conmigo… a mi lado… también morirás.

    Futaba movió efusivamente la cabeza con firmeza en negativa. Lee vio que los ojos de la pequeña de 10 años comenzaban a llenarse de agua.

    —¡No, no! ¡Si te dejo, ella no me lo perdonará nunca! ¡Rokku-nîsan, tú eres lo que queda de Onê-sama! —gritó Futaba con enormes lágrimas cayendo por sus mejillas.

    Lee también quería llorar, pero aguantó mientras estuviese delante de Futaba. La pequeña niña le acababa de recordar aquel bello rostro que tantas veces evocaba en su mente y que trataba de bloquear. La última vez que había vuelto a recordarlo fue durante su enfrentamiento contra Sabaku no Gaara en el Bosque del Suroeste. A ella. Tras dos años de su despedida. Fue el momento que más fuerza le dio para luchar contra el Jinchûriki de Suna. Pese a todo el dolor, pese a que su recuerdo se encarnaba como una herida que no se cerraba, parecía que la vida estaba obligando a Lee a recordarla. Tal vez por eso se había reencontrado con Futaba, para poner en orden toda su mente antes del momento final.

    —Gracias, Futaba… —dijo Lee con un hilo de voz muy débil y ahogado. —En verdad, me has ayudado mucho más de lo que piensas. Eres… una auténtica rescatadora. Estoy seguro de que… tu Onê-sama está muy orgullosa de ti.

    Las manos de Futaba cubrían por completo su propio rostro, intentando parar su llanto. Lee agarró la mano de la niña y la atrajó hacia él.

    —Ahora debes girar a la derecha en la siguiente intercesión y pronto podrás ver un cobertizo con techo de metal. Llama a la puerta. Es un refugio. Te abrirán de inmediato si les dices la siguiente contraseña. —dijo Lee poniendo su mano sobre la oreja de la niña y susurrando el contenido del secreto. —¿La has entendido bien?

    Futaba intentó secar las lágrimas del rostro mientras afirmaba con la cabeza, confirmando la recepción del mensaje. Lee la motivó a levantarse.

    —Ahora, corre, y no mires atrás, Futaba. —dijo el chico de cabellos negros con las pocas fuerzas que le quedaban en la garganta.

    La pequeña niña dudó unos instantes, miró a Lee por última vez y salió corriendo hacia el lugar que el Genin le había dicho. 

    —Eso es, Futaba. Ve. Sálvate y vive… —susurró el joven experto en Taijutsu por última vez.

    Finalmente, Lee se quedó sólo. Los golpes y retumbes provocados por los dos grandes seres animalescos seguían escuchándose y perturbando la poca paz de Konoha. Lee los miró. Había pensado en ocasiones en la manera en la que podía llegar a morir, pero nunca pensó que al final estaría sólo.

    “Bueno, he podido salvar una vida más y, además, ha sido la de Futaba ni más ni menos. Creo que… he podido cumplir con mi credo como ninja Rescatador, hasta el final” pensó Lee cuando sintió que comenzaban a caer lágrimas cálidas desde sus ojos. “Lo hice lo mejor que pude en cada momento…”

    Lee alzó la mirada hacia el frente para mirar a los dos gigantes batiéndose en duelo. Sin previo aviso, vio que la espalda del sapo iba siendo arrastrada por el monstruo de arena hacia su dirección. Sabía que iba a suceder. Se acercaba el final.

    “Me pregunto qué pensarás de mí cuando me veas. Tal vez que estoy hecho un asco, pero… eso no te importará. Nunca te importó mi aspecto. Pronto nos veremos, ¿verdad?” dijo Lee cerrando los ojos fuertemente al venirse encima los escombros provocados por el arrastre mientras comenzó a respirar con rapidez y ansiedad. ”¡¿Verdad que sí?!”

    De repente, un enorme y violento dolor le sobrevino. Sintió la tierra, el cristal, el ladrillo y el cemento estrujando todo su cuerpo. Lee fue víctima de la piedra, del polvo y del hollín. Sus pulmones comenzaron a colapsar por esa tortura y su corazón latía, primero, muy rápido y, poco a poco, descendía.

    “Volveré… a verte…, ¿verdad…, y…?” 

    Rock Lee sintió que su cabeza caía ante la pérdida total de la consciencia. Quedó asumido en la más absoluta oscuridad, en una tumba llena de oscuridad.

    —¡Hiashi-sama, ¿qué está haciendo aquí?!

    Hyûga Neji tenía los ojos desorbitados por la sorpresa. Sin saber cómo exactamente, enfrente de él estaba el líder del clan Hyûga. Neji se había enfrentado cara a cara con los dos ninjas secuestradores de Hinata y había quedado atrapado en una técnica de uno de los enemigos sin posibilidad de salvaguardarse por sí mismo. Por su parte, Kiba, quien le había acompañado al rescate de Hinata, había conseguido engañar a los ninjas de Kumo para poder intercambiar a Hinata con un Bunshin de la misma. Ahora, tras la ardua batalla de Neji contra los enemigos de Konoha y del Byakugan, Hyûga Hiashi había aparecido repentinamente, salvando al chico de una muerte segura lanzando un Hakke Kūshō (Ocho Trigramas Palma del Vacío) al enemigo y matándolo al instante.

    —Es bueno ver que no estás muy dañado, Neji. —comenzó diciendo el líder Hyûga mirando con ojos suaves a su sobrino.

    Neji miró a Hiashi como quien mira una situación imposible. El hombre de cuarenta años, normalmente serio y con mirada altanera, se encontraba con una expresión calmada. Algo no le cuadraba al joven adolescente del clan Hyûga.

    —Disculpe mi atrevimiento, Hiashi-sama, pero ¿no debería estar en el campo de batalla? —preguntó Neji sin mirar directamente a los ojos de su tío.— ¿Por qué está aquí?

    El hermano de su padre ablandó aún más su mirada por unos instantes, algo que Neji detectó. Le siguió un silencio breve, en el que el hombre parecía buscar las palabras indicadas.

    —El Anciano me lo contó todo. —dijo el líder del clan Hyûga haciendo recordar a Neji que el abuelo de Hinata estaba con ella en el momento del secuestro. —Al fin y al cabo, Hinata es mi preciada hija…

    Neji asintió con la cabeza entendiéndolo todo. Él estaba allí para saber que Hinata se encontraba bien. Era lo natural.

    —Y… tú eres…el preciado hijo de mi difunto hermano. —dijo Hiashi finalizando la frase. —Su recuerdo más querido.

    La boca de Neji quedó abierta sin saber qué decir ante estas palabras. En verdad, le había tomado completamente por sorpresa la declaración de Hyûga Hiashi. ¿El preciado hijo de su difunto hermano? ¿Qué significaba eso? ¿Desde cuándo había pensado Hyûga Hiashi así de él? Neji no estaba entendiendo nada.

    —¿Qué… qué está diciendo, Hiashi-sama? Si se trata de una especie de broma, no tiene ninguna gracia. —dijo el joven de ojos blancos con una punzada de dolor en su voz.

    Hyûga Hiashi miró con ojos tristes a su sobrino. Vio en ellos confusión, malestar, incredulidad e incluso un atisbo de odio. El líder del clan Hyûga no le podía reprochar a Neji esa mirada, mucho más teniendo en cuenta las circunstancias que le llevaron a generar esa animadversión: la muerte de su padre por sus propias manos con el fin de evitar una guerra entre Konoha y Kumo. Hiashi estaba descorazonado por ello. No sólo por el recuerdo de haber matado a su propio hermano y de haber destrozado a una familia entera, sino por el distanciamiento que ello supuso entre las dos ramas del clan Hyûga, las cuales ya contaban con bastantes pleitos pasados debido al Sello Maldito de la Familia Principal Hyūga, conocido por todo el mundo como Kago no Tori no Juin (Sello Maldito del Pájaro Enjaulado). Hiashi estaba muy dolido del estado de desconfianza perpetua en que el clan había caído, en especial entre los más jóvenes. Entre Neji y sus dos hijas, Hinata y Hanabi.

    —Lo siento, Neji. Lo siento, de verdad. —comenzó diciendo Hiashi haciendo sorprender aún más a Neji. —En verdad, jamás quise que las cosas salieran así…

    Neji se quedó completamente quieto y agarrotado. Se sentía como en una especie de sueño. El chico del clan Hyûga seguía sin saber nada de lo que estaba pasando. No entendía por qué Hyûga Hiashi estaba actuando así, por qué le estaba hablando así, y eso le estaba perturbando. Pese a todo, Neji sabía que no habían parado de suceder cosas extrañas desde que Lee había despertado de aquella ilusión y, aunque pensaba que esta situación no tenía nada que ver con ello, decidió escuchar al líder del clan Hyûga y hermano de su padre.

    —Déjame que te cuente el motivo y las circunstancias que llevaron al Incidente Hyûga de hace 10 años.

    Hyûga Hiashi, entonces, habló. Habló sobre el falso tratado de paz de Kumo con Konoha, el secuestro de su hija Hinata, sobre la muerte del secuestrador, el Shinobigashira (Cabeza Ninja) de Kumogakure, de las amenazas de dicha Villa de comenzar una guerra inminente con Konoha, de las exigencias y pretensiones del Raikage con el Byakugan, sobre su padre Hizashi y su arrojo por dar su vida por su hermano, por su hijo y por Konoha. Para ser libre.

    Los oídos de Neji estaban abotargados por toda la información. No se podía creer lo que acababa de escuchar en boca de Hyûga Hiashi. Pese a estar dispuesto a escuchar, todo lo que oyó, le pareció imposible que todo eso sucediera. Una mezcla de furia e incredulidad comenzó a surgir de su pecho.

    —¡¿E-en verdad cree que me voy a creer todas esas patrañas, Hiashi-sama?! —exclamó Neji tratando de no mirar a los ojos al hermano de su padre. —¡¿Cree de verdad que me voy a dejar engañar por la Rama Principal Hyûga para… lo que sea que tenga pensado para mí?!

    Una parte de Neji gritaba que quería que todo lo que dijo Hyûga Hiashi fuese verdad, que su padre fue un héroe que se sacrificó por amor a toda la familia, pero otra parte pensaba en cómo el mundo shinobi estaba repleto de engaños y mentiras, que el líder del clan Hyûga estaba tratando de camelarle, que este mundo que le había promovido la idea que el destino no se podía cambiar, y eso lo detestaba. Neji creía que todos los miedos, todas las inquietudes, todo el dolor que había aparecido desde que comenzó la problemática con Lee estaban alcanzando su punto máximo en su pecho y en su mente. Entonces, Neji vio algo que nunca imaginó. Fue testigo de cómo Hyûga Hiashi hacía una inclinación absoluta contra el suelo en señal de disculpa. 

    —Sé que no me crees, que todo lo que haya podido decir sea mentira. Sin embargo, hay algo que no voy a dudar en afirmar, Neji. —declaró el hombre de ojos blancos con voz firme, pero con un profundo miedo ante la reacción de su sobrino. —Esta era la voluntad de mi hermano, Neji.

    Ahí lo vio Neji. Al hombre más importante del clan Hyûga mostró una absoluta abnegación y arrepentimiento por todo lo que había sucedido, por cómo las circunstancias habían fraguado una relación de odio y resentimiento entre individuos. Hyûga Hiashi le estaba dando un mensaje: el mensaje de que daba permiso a Neji de matarlo en ese mismo momento sin reprimenda ni castigo futuro por parte del clan. Unas lágrimas comenzaron a fluir por el rostro del joven chico sin poder evitarlo. ¡Maldito el momento en que había conocido a su maestro Maito Gai y a su compañero Rock Lee! Sentía que estaba siendo un sentimental, pero en ese momento estaba feliz de serlo.

    —Por favor, Hiashi-sama. Álcese… —dijo Neji con un balbuceo tratando de secar sus ojos con los dedos de su mano.

    El hombre dudó unos instantes de hacerlo rápidamente. Fue cuando Neji se arrodilló y le tendió la mano para ayudarle a levantarse.

    —No puedo decir que le perdone ahora mismo, Hiashi-sama. A usted o al resto de miembros de la Rama Principal pero, …quiero intentarlo. Quiero hacerlo por mí y… también por Hinata-sama y Hanabi-sama. —dijo Neji sintiendo el rastro de humedad secarse en sus mejillas.

    El tenso rostro del líder Hyûga se fue relajando con una mirada calma. Era un paso adelante. Un gran paso. La primera vez en muchos años que Hiashi había podido avanzar en el cumplimiento de la última voluntad de su hermano menor. Aunque no se había solucionado todo el conflicto Hyûga, había una esperanza para que Neji, sus dos hijas y el resto de los jóvenes del clan Hyûga se llevasen mejor, y eso era importante.

    —Creo, Neji, que sería bueno que vayamos a comprobar si los demás están bien. —dijo Hiashi con voz calmada tras salir de sus pensamientos.

    El joven Genin asintió con la cabeza. Había dejado a Hinata acompañada por su compañeros Kiba y a Akamaru para poder llevar a los enemigos a otra dirección. Se preguntaba si sus heridas estarían bien. En menos de cinco minutos, Hiashi y Neji se encontraban en la vereda del río Kitaka no Kawa, uno de los dos ríos principales que atravesaban Konoha. Allí estaba Kiba realizando primeros auxilios a su compañera de equipo.

    —Padre, Neji-nîsan… —musitó suavemente Hinata al identificar a los dos varones que se acercaban a ellos.

    Kiba se giró con rapidez ante la mención de la chica, pero se relajó al comprobar los olores de ambos hombres del clan Hyûga. Eran auténticamente ellos.

    —Es bueno ver que estáis bien, Hinata y Kiba. —declaró Hiashi con voz tranquila.

    El chico Inuzuka levantó las cejas con asombro y sonrió de medio lado. No estaba acostumbrado a que el padre de Hinata fuese tan amable. Le produjo una sensación extraña, pero la recibió bien asintiendo con la cabeza.

    —Por cierto, Neji, ¿has podido comprobar si Tenten está bien? ¿La has dejado descansando en el bosque? —preguntó Kiba inocentemente.

    Neji abrió los ojos de repente y sintió que la boca se le secaba al instante. Tenten no se había reunido con ellos y eso le preocupó sobremanera. Neji trató de girar sobre sus pies y dirigirse rápidamente en dirección opuesta al grupo, sólo para ser detenido por Hyûga Hiashi, el cual posó una mano en su hombro firmemente.

    —¡Hiashi-sama! ¡No me detenga! ¡Tengo que ir a ver que Tenten está bien! ¡Tengo que ir a ayudarla y…! —exclamó un Neji que no le preocupó verse visiblemente afectado.

    Comprobó que Hiashi le señaló con un dedo el límite del bosque de la zona. Entonces, la vio. Vio a Tenten con la ropa completamente manchada de lodo y ligeramente rota. Sus brazos mostraban signos de mordeduras, algunas infectadas, pero nada grave. Su pelo, normalmente recogido en dos moños, estaba deshecho en su ondulada cascada color chocolate que le llegaba a los hombros. La chica, en una de sus manos, llevaba una barrita de proteínas. A su lado, un miembro que reconoció del clan Hyûga la acompañaba. Ambos sonreían al grupo.

    —Ordené a Kô que se quedase con ella hasta que la trampa dejará de surtir efecto. —escuchó Neji decir al líder del clan mientras el joven comenzó a avanzar hacia los dos recién llegados.

    Neji se paró a dos pasos de éstos. Respiraba un poco fuerte, tratando de no parecer ansioso de hacerle a Tenten preguntas.

    —¿Estás bien, Tenten? —fue lo primero que pudo llegar a decir Neji.

    —Ahora mejor que estoy comiendo. —respondió la chica dando un mordisco al alimento mientras lanzó una barrita completamente nueva a su compañero de equipo. —Ten, come tú también.

    Neji agradeció en silencio la ofrenda, la abrió con velocidad y se llevó la mitad del contenido  a la boca, casi inhalándolo, al igual que su compañera.

    —¡Guau, despacio, campeones! —exclamó Kiba con sorpresa ante el inusual comportamiento de sus senpais. —En serio, Neji, Tenten, os vais a atragantar.

    Tenten tragó el alimento con rapidez y su mirada se dirigió al chico del clan Inuzuka.

    —Tu también estarías así tras tres días sin comer. —repuso mientras se limpiaba la boca con el dorso de la mano. —Además, con las peleas que hemos tenido que luchar, ha empeorado.

    Kiba guardó silencio comprensivo. Observaba que Neji y Tenten estaban bastante cansados. Sabía por boca de Hinata que el Equipo Gai había ido a una misión de escolta a Suna. El chico canino pensó que les habría pillado el ataque a Konoha de regreso, aunque le pareció raro que hubieran estado tanto tiempo sin probar bocado.

    —Y, Neji-nîsan, Tenten-san, ¿dónde está Lee-san? ¿Pudisteis ayudarle a resguardarse antes de… venir a buscarme? —preguntó Hinata sin saber las implicaciones que ello conllevaba.

    Ante esto, Neji y Tenten pararon de masticar repentinamente. Se miraron mutuamente con los ojos muy abiertos. Todos se quedaron extrañados ante el repentino cambio de actitud de los dos Genin.

    —¿Eh, chicos? ¿Estáis bi…?

    Poco más dijo Kiba, pues vio como los dos miembros del Equipo Gai salieron corriendo hacia las inmediaciones de Konoha, dejando al grupo atrás. Neji y Tenten no cruzaron ninguna palabra. Sólo corrían y corrían lo más rápido que podían. Su objetivo era claro: verificar que Lee había llegado a salvo a Konoha y que se encontraba bien.

    “Idiotas de nosotros… ¿Cómo estábamos tan tranquilos mientras Lee estará quién sabe cómo y quién sabe dónde?” pensó Neji con acritud apretando los dientes.

    —¡Eh, tú! ¡¿Cómo te atreves a dejarme con las palabras en la boca?!

    Al mirar por encima de su hombro, vio aparecer a Kiba con Akamaru metido dentro de la chaqueta del chico. Un poco más alejada también se encontraba Hinata.

    —¡Chicos! ¡¿Qué hacéis?! ¡No deberíais venir, especialmente tú, Hinata! —alzó la voz Tenten nerviosa.

    Neji estaba en silencio escudriñando los gestos y palabras de sus acompañantes. Tenían aspecto de estar preocupados por ellos dos.

    —Ahora es cuando nosotros tenemos que devolveros el favor. —dijo Kiba con una sonrisa que mostraba sus colmillos.

    Neji y Tenten se quedaron mirando a los Genin del Equipo Kurenai.

    —Vais por Lee-san, ¿cierto? —comentó Hinata con una sonrisa que desapareció. —Algo le puede haber pasado, ¿verdad?

    El silencio llegó a los oídos de la chica Hyûga y de su compañero Kiba como una confirmación desesperada.

    —Entonces, no esperemos más. ¡Vamos, Akamaru! —exclamó el chico Inuzuka lanzándose hacia adelante con su fiel mascota.

    Los dos miembros del Equipo Gai sonrieron ligeramente agradecidos por el apoyo. En efecto, cuantos más personas fueran, menos problemas tendrían para encontrar a Lee o, al menos, eso pensaron Neji y Tenten hasta antes de llegar al límite del bosque que bordeaba el interior de Konoha. En cuanto la arboleda desapareció y dejó ver el paisaje urbano, una desoladora escena se desplegaba enfrente a ellos. Las vistas de Konoha habían sido reemplazadas por enormes pilas de escombros que casi no dejaban ver más allá de sus propias narices. 

    —Esto… esto no puede estar pasando… —dijo Tenten con un enorme sentimiento de terror.

    De repente, comenzó a sonar una gran alarma que se extendió como un eco por toda Konoha. Estaba avisando del final del ataque a la aldea.

    —¡Vamos, tenemos que buscarle! —exclamó Neji con prontitud adelantándose a los demás.

    El chico Hyûga activó su Byakugan con la esperanza de que Lee estuviese por aquí, pero lo único que vio eran pilas de escombros y víctimas atrapadas, muchas sin vida. Frunció el ceño con una punzada de dolor apartando la mirada.

    —Espera, Neji, no sabemos si Lee ha conseguido llegar a Konoha. No puedes malgastar tu chakra así. —dijo Tenten agarrando a su compañero por el hombro haciéndole salir de sus pensamientos.

    —¡Pues algo hay que hacer! ¡No sé qué, pero algo tenemos que hacer! —declaró Neji mirando a su compañera a los ojos directamente.

    Tenten vio a su compañero de ojos blancos muy sorprendida. Neji no se había mostrado tan preocupado por Lee anteriormente. Esto hizo también que tanto Kiba como Hinata se quisiesen implicar mucho más en la búsqueda de Lee.

    —No te preocupes. Akamaru y yo nos ocuparemos de comprobarlo. —proclamó Kiba acercándose a los Genin del Equipo Gai.

    El chico Inuzuka y Akamaru olfatearon ligeramente a sus compañeros. Aunque Neji y Tenten se sintieron un poco incómodos por la acción, en esa situación todo era necesario para encontrar a Lee. Un momento después, los dos especialistas en el olfato comenzaron a olisquear al aire con los ojos cerrados. Estaban intentando concentrarse bien para captar los matices de las esencias que su memoria olfativa llevaba.

    “No, eso no es. No distingo nada parecido…” pensó moviendo la cabeza a diferentes direcciones con la esperanza de captar algo. “Un momento, eso es…” Akamaru ladró a su dueño confirmando sus suposiciones.

    —¡Lo he encontrado! ¡Está a unos 700 metros de aquí! —exclamó Kiba repentinamente señalando al oeste. —¡Tenemos que darnos prisa!

    Neji, Tenten y Hinata asintieron a las palabras de Kiba y echaron a correr en la dirección concretada con mucha dificultad debido a los desperfectos y escombros.

    —Maldita sea, Lee… Más te vale estar de una pieza… —farfulló Tenten con los dientes apretados.

    Neji callaba al correr. En ese momento, él y todos los demás sólo tenían en mente llegar hasta su compañero y confirmar que estaba bien.

    Una oleada de viento sopló sobre el tejado del Ôkogane Kyûden. Allí se encontraban varios ninjas rodeando un cadáver, el cuerpo muerto de Sandaime Hokage. A éste le habían sido retiradas las espadas —la Espada Kusanagi que había sido llevada por la invocación personal de Hiruzen para evitar problemas— que le habían atravesado por completo y se encontraba en posición mirando al cielo en absoluta paz. A su alrededor, rodeándolo con total respeto, se encontraban Hatake Kakashi, Maito Gai, los ANBU y ninjas que le habían acompañado hasta Furuya no Kyô, junto con varios ninjas de Konoha que habían llegado como refuerzos para la batalla. Uno de esos ninjas era Sarutobi Asuma, hijo menor de Sandaime Hokage. 

    —Viejo… —balbuceó Asuma arrodillándose ante el cuerpo inerte de Hiruzen. 

    El Shinobi del clan Sarutobi estaba en estado de completa incredulidad. ¿Su padre, el conocido como Dios Shinobi, estaba completamente muerto en el suelo? ¡Era imposible! Asuma tomó a su padre por el torso de manera amorosa y se lo llevó al pecho. Su cuerpo comenzaba a perder calor y estaba completamente inerte. Sin tenerlo previsto, las lágrimas comenzaron a fluir en silencio por los ojos oscuros de Asuma.

    —¡Viejo! —exclamó el ninja del clan Sarutobi repitiendo el llamado a su padre, sintiendo un dolor increíblemente fuerte en su pecho. 

    La escena era muy desoladora. Todos los testigos no podían sino bajar la mirada entristecidos. Entre los presentes que más cerca estaban de Asuma, se encontraban Yûhi Kurenai, Morino Ibiki, los tres guardaespaldas del Hokage —por fin recuperados del violento ataque—,  otros Jônin y Chûnin de alta categoría, como Yamashiro Aoba, y algunos ANBU del destacamento Hokage.

    —Asuma… —susurró Kurenai intentando buscar las palabras para sosegar el corazón de su dolorido compañero, pero todo fue en vano.

    Todos permanecieron en silencio, comprensivos por la dolorosa pérdida familiar que suponía para Asuma. Unos pasos se escucharon entre los sollozos ahogados de Asuma y se pararon a la espalda del mencionado.

    —Hokage-sama luchó con valentía y arrojo. Cumplió con su deber hasta el final. —comenzó a hablar Zô.

    La mirada de Asuma se dirigió al Capitán ANBU. Sin que Zô lo tuviese previsto, los ojos del Jônin estaban llenos de rabia y resentimiento. Asuma se levantó de golpe del suelo tras dejar el cuerpo de su padre.

    —¡¿Y se puede saber dónde demonios estabais vosotros?! ¡Se supone que sois los MALDITOS ANBU! ¡La PUÑETERA guardia secreta de Hokage! ¡Habéis dejado que muera ensartado como un MALDITO espeto de carne! —gritó Asuma al hombre con capa blanca.

    Aunque no se podía ver su rostro por la máscara de porcelana de ANBU, Zô mantuvo la tranquilidad y el temple en su cuerpo y en su voz.

    —No debemos estar tristes porque Hokage-sama haya muerto en combate. Debemos dar gracias por sus contribuciones hasta las últimas consecuencias. Él siempre ha estado presente en los momentos buenos y malos de Konoha y…

    Asuma dio dos pasos adelante repentinamente hecho una furia y se acercó con violencia al Capitán ANBU. Antes de lo que tenía previsto, sus compañeros Kakashi, Gai y Kurenai le detuvieron para evitar que hiciese algo indebido.

    —¡Contribuciones, contribuciones! ¡La vida de él era más que sólo contribuciones a Konoha! ¡Él era algo más que sólo el Hokage! ¡Él…!

    Sarutobi Asuma apenas pudo continuar porque, sin dejarlo pasar, Zô le agarró del cuello del mono azul. El agarre del Capitán ANBU era prieto y firme. No daba su brazo a torcer, haciéndolo apretar más fuerte a cada segundo. Esto impactó mucho a todos los presentes, quienes evitaron moverse, debido a la tensión del momento.

    —¡¿Y tú qué coño sabes, eh, Asuma?! ¡Él sacrificó muchas cosas en pos del bien de Konoha! —exclamó Zô sin dejar de realizar su acción en el cuello al Jônin de pulseras de metal. —¡A ti jamás te han interesado los problemas de nuestro padre! ¡¿Ahora que ha muerto es cuando te preocupas de él y de su bienestar?!

    —Zô-senpai, por favor, tranquilícese. Está dando información delicada personal. —advirtió repentinamente el subordinado Washi poniendo la mano en el hombro del líder del destacamento ANBU del Hokage. —Puede que hayamos terminado con muchos enemigos, pero aún puede haber oídos alerta.

    Zô miró a su compañero ANBU y observó por encima del hombro al resto de los presentes. Tras unos instantes, Zô apartó la mano del cuello de Asuma y se giró sobre sus tobillos tras soltar al Jônin. Asuma tosió ligeramente y se recolocó la ropa estirada.

    —Ahora debe dar comienzo un trabajo extenso de eliminación y recuperación de cadáveres, así como la recopilación de pruebas de este evento. —dijo Zô evitando mirar a Asuma. —Nosotros, los ANBU, nos encargaremos de ello. Todos ustedes deben regresar a Konoha, especialmente si es cierto que Orochimaru ha provocado allí una invasión a gran escala.

    Todos murmuraron aceptando como sensatas las palabras del Capitán ANBU. Algunos de los presentes dejaron caer algunas palabras escuetas referidas a los asuntos que Sarutobi Hiruzen dejaba abiertos para con ellos y para con la Aldea. Sin duda alguna, había mucho que trabajar y habría que hacer muchos ajustes y reajustes.

    —Creo que, además de los ANBU, sería bueno que alguien se quede aquí para ser testigo del levantamiento del lugar y del cuerpo de Hokage-sama, Zô-san. —comenzó diciendo Kakashi dando un paso al frente del grupo de Jônin. —Me ofrezco a hacerlo, ya que conozco bien el procedimiento y la actuación ANBU.

    Tras estás palabras, Hatake Kakashi se giró hacia su compañero Maito Gai, quien le miró con curiosidad.

    —Gai, creo tú también deberías quedarte. Al fin y al cabo, has luchado contra Orochimaru directamente y has sido testigo de lo que ha sucedido aquí. Tú contribución es necesaria. —declaró Kakashi.

    Gai simplemente afirmó en silencio dando la razón a su amigo. Zô se quedó en silencio unos instantes antes de proceder a hablar.

    —Muy bien, Kakashi-san. No obstante, es conveniente que se queden con él también. Al fin y al cabo, es de mayor categoría que usted y conoce mejor los procedimientos de Konoha para estos casos. —dijo Zô señalando con el dedo a alguien.

    Todos los presentes se giraron y vieron a un hombre muy alto de cincuenta años con largo pelo blanco y traje tradicional de ermitaño. Su rostro era severo y sus grandes brazos estaban cruzados sobre su pecho, como tratando de contener su gran fuerza.

    —No me imaginé que volveríamos a encontrarnos así.—habló con seriedad en su voz el recién llegado.

    El fuerte murmullo de los presentes era la sintonía del tejado del palacio de Furuya no Kyô. Kakashi simplemente suspiró y cerró los ojos a la vez que tapaba con su Protector de Frente el Sharingan.

    —Es bueno verle de nuevo pese a las terribles circunstancias, Jiraiya-sama.

    Grandes intercambios de jadeos se escuchaban en el descampado cercano al arboleda del noreste de Konoha. Allí, Shikamaru, Chôji e Ino habían llegado al límite de sus fuerzas contra aquella ninja de Suna: Temari. Habían estado como una hora realizando un intercambio de técnicas colaborativas e individuales contra la chica de la aldea de Suna, pero parecía que ella no daba tregua en el ataque y la defensa, aunque sí se podía ver que estaba muy dañada por el combate.

    “Madre mía. Pareciera que su nivel es Jônin. No podemos acabar con ella con nuestro nivel actual.” pensó Ino visiblemente frustrada por la magnitud de la fuerza de la chica.

    —¡Temari! 

    Un grito procedente desde lo alto de todo el grupo paralizó repentinamente el combate,  sacando a Temari de su concentración. Un joven de edad similar a ellos con traje negro hizo su aparición. Su cuerpo tenía un aspecto deplorable. La ropa del chico estaba roída y la mitad de su rostro había perdido la piel y se podía ver el músculo.

    —¡Kankurô! ¡¿Qué haces aquí?! ¡Tendrías que estar ayudando a Gaara! —reclamó la kunoichi de Suna al recién llegado.

    Temari no entendía qué estaba haciendo su hermano allí. Se suponía que estaba salvaguardando la misión de Gaara, para poder destruir Konoha desde el interior transformándose en el Ichibi. Sin embargo, ahora veía a Kankurô con un aspecto terrible en actitud de querer huir como una rata.

    —¡Todo ha terminado, Temari! ¡La operación ha sido un fracaso! —exclamó Kankurô con un temblor en su voz. —¡Tenemos que retirarnos antes de que aparezca!

    El joven trío Ino-Shika-Chô miraba muy confundido la escena. No sabían a lo que se estaba refiriendo el chico de Suna, pero no les iban a dejar marcharse tan fácilmente.

    —¿Antes de que aparezca? ¿A quién te refieres? —preguntó Temari confundida y estresada por las declaraciones de su hermano menor.

    Kankurô negó con la cabeza fervientemente mirando a Temari. Ella no entendía. No entendía con qué clase de ninja se había enfrentado. Al chico que se había enfrentado. Era demasiado para Kankurô.

    —¡Eso no importa ahora! ¡Rápido, tenemos que…!

    Entonces, la cara de Kankurô cambió a una expresión llena de horror. En el hombro de Temari pudo ver un insecto, un pequeño insecto, uno de los del mismo tipo con el que acababa de terminar de luchar.

    —¡No, no, por favor, otra vez, no! —gritó Kankurô cayendo al suelo aterrado y echándose hacia atrás. —¡Aléjate de mí, monstruo inmundo!

    —¡¿Qué demonios estás diciendo, Kankurô?! —exclamó la chica de Suna avanzando con prudencia. —¡Soy yo, Temari, tu hermana mayor!

    Shikamaru vio con extrañeza toda la situación y se preguntó cómo el joven de Suna prefería estar acercándose a ellos, pero alejándose de su compañera de Suna. Sin embargo, en un instante, lo entendió todo. Vio como una enorme sombra acechó por detrás a la chica llamada Temari. Cuando giró la susodicha su rostro, pudo ver lo mismo que su hermano menor: un enorme enjambre de insectos que en poco menos de lo que pudo pensar se abalanzó contra ella y la hizo caer contra el suelo. Ambos ninjas de Suna gritaron unos instantes hasta que, de pronto, se hizo el silencio bajo la legión de invertebrados.

    Ino miró con horror la escena mientras Chôji simplemente tragó saliva con fuerza. Sintieron  escalofríos recorrer su espalda. No les hubiese gustado estar en la misma situación.

    —Les hemos podido dar caza. Buen trabajo, Shino. —dijo una voz grave y solemne que habló acercándose al grupo de tres shinobi.

    —No hubiera podido sin tu ayuda, viejo. El veneno que me puso ese Shinobi de Suna era muy fuerte. —respondió un chico de gafas oscuras que resoplaba con gran dificultad. —No lo habría contado si no hubieses aparecido.

    El joven trío Ino-Shika-Chô respiró al ver que tras el enorme enjambre se encontraban Shino y su padre Shibi. 

    —¿Os encontráis bien, muchachos? —preguntó el líder del clan Aburame acercándose a los tres jóvenes. —Vuestros padres no me perdonarían si os hubierais lastimado en mi presencia.

    —No se preocupe, Shibi-san. Estamos sanos y salvos. —declaró Shikamaru suspirando con tranquilidad. —Mejor ahora que esos dos han caído.

    —¿E… están muertos? —preguntó Ino con las manos agarradas entre sí mirando a los insectos regresar a los cuerpos de sus usuarios.

    Tras retirarse, se podía ver que los dos shinobi de Suna estaban inconscientes en el suelo. Posiblemente, los insectos les habían inoculado algún brebaje o medicina.

    —No es conveniente que mueran. Al fin y al cabo, son hijos de Kazekage. Sería un problema añadido a eventos posteriores. —remarcó Shino ofreciendo información a su compañera kunoichi.

    Shikamaru afirmó con la cabeza. Siempre supo que Shino era un tipo muy inteligente. Matar a uno de esos dos o a ambos podía generar en un conflicto internacional a mayor escala. Era mejor tenerlos de rehenes. Repentinamente, Shikamaru y el resto escucharon una sirena que dispersó un gran eco por toda Konoha. Era la alarma de Konoha que indicaba que la invasión se daba por terminada. Los cuerpos de los presentes comenzaron a destensarse y a tratar de recuperar un poco de fuerzas.

    —Uf, bueno, al menos ahora podemos relajarnos un poco… —comenzó a decir Chôji mientras sacaba una bolsa de patatas fritas antes de ser cortado por Ino.

    —¡¿Pero qué dices, mentecado?! ¡Todavía tenemos que estar en alerta por si acaso! ¡No puedes estar ni un segundo sin…!

    Ino se calló al ver repentinamente a un grupo de cuatro personas y un perro corriendo por los bordes de los grandes montos de escombro. Eran Neji, Tenten, Hinata, Kiba y Akamaru.

    —¡Oi, chicos! ¡Estamos aquí! —gritó la Yamanaka contenta de ver que sus compañeros estaban con vida.

    Ante la exclamación de la chica, ninguno se paró a saludar. Algo les dio mala espina si no se habían detenido pese a que el aviso de fin de ataque se había producido.

    —¡Eh, ¿por qué no nos han dicho nada?! ¡Qué groseros! —farfulló con un mohín Ino.

    —Algo no parece andar bien. —dijo Shikamaru a sus compañeros de equipo. —Ino, Chôji, vamos a seguirles

    —Yo también voy con vosotros. 

    Shikamaru miró a Shino, quien había dicho estas palabras. El chico estaba sudando y se veía que el antídoto no había hecho todo el efecto beneficioso que podía hacer en su cuerpo. Shikamaru pensó que era mejor idea que se quedase a recuperarse del daño que había sufrido.

    —Sé lo que estás pensando, pero por allí iban también mis compañeros de equipo. No puedo dejarlos solos. Más si se ha podido meter en una situación problemática. —declaró Shino haciendo burla con los típicos dejes de Shikamaru.

    El chico del clan Nara sonrió de medio lado a las palabras de Shino y afirmó con la cabeza.

    —Está bien, pero mantente cauto, Shino. No quisiera que tuviéramos bajas de manera estúpida.

    Shino se despidió de su padre junto con los demás. Por su parte, Shibi vio como los cuatro Genin desaparecieron de su presencia con un rápido movimiento. El Jônin experto en insectos se quedó sólo custodiando a los dos hijos del Kazekage. Los miró con bastante seriedad. Era muy grave que los hijos del Kazekage se hubiesen inmiscuido en el ataque a Konoha directamente. No era la primera vez en la historia que sucedía algo así, pero, cuando había sucedido, las consecuencias habían sido terribles para los implicados, tanto las víctimas como los victimarios. Shibi sabía que en breve se tendrían que tomar decisiones rápidas para comenzar a solucionar la terrible situación en la que había quedado Konoha.

    —Hijo. Todos. Tened cuidado.

    Tenten jadeaba rápidamente. Quería llegar cuanto antes al lugar designado por Kiba. La chica del Equipo Gai miraba los enormes montones de escombro. Estaba terriblemente preocupada y un escalofrío recorrió su espalda. No le había preguntado a Kiba cuando pudo identificar el rastro de Lee, pero dudaba de que éste estuviese en la parte superior de ellos. El grupo se detuvo por fin y pudieron ver a Kiba a cuatro patas olisqueando una zona de piedras y muros de un edificio. Tenten se mordió los labios con angustia. De repente, el grito de Kiba le sacó de sus pensamientos.

    —¡Está aquí abajo! ¡Neji, Hinata, comprobadlo con el Byakugan!

    Los dos mencionados activaron rápidamente su Kekkei Genkai y comenzaron a sondear la zona. Pronto los ojos de ambos se posaron en la misma dirección. Ahí vieron a Lee, a unos cinco metros debajo de ellos, encajonado inerte entre el escombro y la suciedad.

    —No puede ser… —balbuceó Neji boquiabierto. —Imposible…

    —Neji-nîsan… —dijo Hinata muy preocupada sabiendo que lo que acababa de ver no era bueno.

    Tenten se dio cuenta de la actitud nerviosa de los dos primos Hyûga y no pudo aguantarlo más.

    —¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa, Neji, Hinata?! —preguntó Tenten con prontitud al ver su estado de shock.

    —Lee… Lee está… no le veo chakra… no lo siento… —dijo Neji con un hilo de voz al no poder salir de su asombro. —No sé si es porque estoy agotado de chakra, pero soy incapaz de verlo…

    —Yo tampoco soy capaz. —continuó Hinata con gran preocupación en su mirada. —Veo el cuerpo inerte de Lee-san, pero no su chakra.

    Fue entonces cuando Tenten sintió que su cuerpo se volvió pesado de golpe. Quería caer al suelo, pero aguantó con determinación. ¿Acaso eso significaba que Lee estaba muerto? No, eso no podía ser. No alguien como Lee. ¡Jamás! La chica de cabello chocolate se acercó a donde estaban los primos Hyûga y comenzó a golpear la piedra de debajo de sus pies, de rodillas.

    —¡Lee! ¡¿Me oyes?! ¡Lee, sé que estás ahí! ¡Responde! —los gritos de Tenten se mezclaban con los fuertes golpes, amenazando con dejarla fuertes contusiones rojizas que se estaban poniendo amoratadas en los puntos más delicados de sus manos. —¡Vamos, Lee! ¡Esto no es nada para ti! ¡¿Me oyes, Lee?! ¡RESPONDE, LEE! ¡LEE!

    Al ver la desesperación de Tenten, Neji fue a parar su retahíla de violentos golpes.

    —¡Así no vas a lograr nada! ¡No te va a escuchar, Tenten!

    —¡Pues algo tenemos que hacer, Neji! ¡No podemos dejarle más tiempo ahí! ¡Aún habría alguna posibilidad de que estuviera vivo!

    Neji miró a su alrededor con ansiedad tratando de buscar una solución con prontitud. Se agachó cerca del borde de un muro destruido de la pila de escombros y comenzó a tirar de él hacia arriba.

    —¡Vamos, no os quedéis mirando! ¡Ayudadme con esto! —exclamó el chico de ojos blancos arengando a los demás.

    Tenten, Hinata y Kiba se situaron en el mismo lugar que Neji y comenzaron a tirar para tratar de mover el duro y gran muro fuera como fuera. Akamaru también trató de contribuir, pero el muro apenas se movió unos veinte centímetros. El rostro de Kiba se estaba poniendo rojo del esfuerzo, debido a que no respiraba. Los otros tres Genin sudaban con dificultad sintiendo el dolor de sus músculos ante la fuerza ejercida.

    —¡DIOS! ¡ES IMPOSIBLEEE! —exclamó Kiba cayendo al suelo, haciendo que todos los demás también cayeran hacia atrás.

    —¡DEBEMOS SEGUIR! ¡VAMOS! —gritó Neji levantándose de nuevo con los dedos llenos de sangre por el vidrio del suelo. —¡NO SABEMOS CUÁNTO MÁS VA A DURAR LEE AHÍ ABAJO!

    Todos regresaron a sus posiciones y volvieron a intentar la misma maniobra, esta vez con más fuerza. Tenten sentía que sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas por la frustración de querer y no poder llegar hasta su compañero de equipo, hasta su amigo. ¿Cuántas veces? ¿Cuántas veces ha sido ayudada por Lee? ¿Cuántas veces su equipo habría podido alcanzar el logro de sus objetivos si no hubiera sido por las habilidades de Lee? ¿Cuántas veces una situación decepcionante o triste había sido alegrada por la presencia de Lee? Él siempre había estado ahí. Ese estúpido, enérgico, optimista y excesivamente apasionado chico de catorce años cuyo único deseo era ser reconocido como ninja utilizando sólo Taijutsu. Las lágrimas comenzaron a caer con desconsuelo por las mejillas de Tenten.

    —¡Vamos, Tenten-san! ¡Ya se está moviendo! —dijo la suave, pero firme voz de Hinata que buscó consolar a su senpai. —¡No pierdas la esperanza! ¡Pronto le alcanzaremos!

    Tenten sacudió su cabeza y con decisión hincó aún más sus pies al suelo para hacer más fuerza. En un instante, todos sintieron que el muro se aligeró súbitamente.

    —¿Pero.. pero qué…? —trató de formular la chica de cabello chocolate. 

    Todos comenzaron a ver una enorme mano que sujetaba el trozo de muro por encima de sus cabezas dejándoles con la boca abierta.

    —Imagino que necesitáis ayuda, ¿cierto?

    El grupo de cuatro Genin se giró a ver que efectivamente se encontraba Chôji sujetando el enorme bloque del muro gracias al Bubun Baika no Jutsu (Jutsu de Expansión Parcial) y Shino utilizando su enjambre de insectos Kikaichû para apoyarle. 

    —Chôji, ten cuidado. No tomes ninguna píldora más. —advirtió Shikamaru a su compañero viendo que el chico Akimichi guardaba una pequeña cajita en su bolsillo.

    —Lo sé. —dijo el aludido comenzando a quitar con prontitud y delicadeza los escombros de debajo del muro. —Tengo que darme prisa. La duración de la técnica con la Píldora de Espinaca tiene un tiempo límite.

    Ino se acercó con rapidez al primer grupo con un atisbo de preocupación en su mirada.

    —¡¿Qué sucedió?! ¡¿Qué estáis buscando?!

    —¡Lee está hay abajo, Ino! ¡No sabemos cuánto tiempo lleva ahí, pero Neji y Hinata no ven su chakra con el Byakugan! —declaró Kiba con el ceño fruncido.

    Ino se llevó una mano a la boca por la impresión. Fue al lado de Tenten para consolarla, pues no paraba de llorar. Shikamaru estaba muy serio ante la declaración. El chico Nara comenzó a dar instrucciones precisas a Chôji y a Shino junto con la ayuda de Neji y Hinata.

    —¡Un poco más a la derecha, Chôji! ¡Coge sólo un pequeño puñado!

    —¡Shino-kun, hay que tener cuidado a la izquierda! ¡Hay un cable eléctrico y puede ser peligroso! —advirtió Hinata con preocupación.

    —Entonces, déjame a mí sin problema. —decretó el chico Aburame utilizando su técnica de insectos para mover el objeto sin necesidad de tocarlo.

    Poco a poco, con fuerza y esmero, el grupo de jóvenes se fue acercando a los cinco metros donde se encontraba Lee.

    —¡YA ESTÁ! ¡ESTÁ AHÍ, LO VEO! ¡LE VEO LA CABEZA! —gritó Shikamaru viendo que asomaban cabellos manchados de polvo entre un montón de arenilla.

    Todos se pusieron en alerta. Tenten no dudo y fue la primera que bajó de un salto a los cinco metros antes de que Ino pudiese pararla. Comenzó a excavar rápidamente, dañando sus uñas en el proceso. No pasó mucho tiempo hasta que apareció el rostro de Lee completamente de color ceniza.

    —¡VAMOS! ¡¿A QUÉ ESTÁIS ESPERANDO?! ¡AYUDADME A SACARLE DE AQUÍ! —gritó Tenten desesperada tratando de que la nariz y boca de Lee no se volvieran a llenar de polvo y arena.

    Neji, Shikamaru y Chôji bajaron y dejaron libres el torso y las piernas de Lee. Shino utilizó suavemente su técnica para desplazarle hasta la parte de arriba del agujero. Todos se pusieron a su alrededor velozmente. Lee tenía un aspecto deplorable, lleno de sangre y suciedad.

    —¡ATRÁS, ATRÁS, VAMOS! ¡DEJADLE ESPACIO! –exclamó Kiba utilizando sus brazos para apartar a la mayoría de ellos.

    Tenten se puso de rodillas y puso su oreja en la boca de su compañero. No escuchaba, ni sentía su respiración.

    —¡NEJI, NO RESPIRA! —gritó alterada Tenten al abrirle la boca a su compañero inerte para buscar signos de obstrucción que fueron negativos.

    El aludido vio con su Byakugan que su corazón estaba detenido. Inició entonces la maniobra RCP al instante. Tenten se disponía a hacerle el boca a boca, pero decidió no hacerlo debido a la posibilidad de contaminación producida por el derrumbe de los edificios.

    —¡Vamos, Lee, joder! —farfulló Neji histérico tratando de activar el músculo cardíaco de su compañero. —¡Pon a mover este corazón ya!

    —¡Lee! ¡Vamos, por favor! ¡No termines tu vida así! —dijo Tenten dando palmadas en las mejillas de su amigo tratando de hacerle reaccionar.

    Entonces, Hinata lo vio. Vio una pequeña chispa que comenzó a pasar por todo el sistema de chakra de Lee, hasta que llegó a su corazón que dio un latido. Primero uno, luego otro y así sucesivamente. Un fuerte tosido sorprendió a todos. Procedía de la garganta de Lee.

    —¡Eso es, Lee! ¡Tose tranquilo! ¡Échalo todo! —comenzó a decirle Tenten tratando de mantener sin éxito un gran aluvión de lágrimas.

    Neji había parado el masaje cardíaco cuando vio que el corazón comenzaba a estar algo más estable. Se sentó en el suelo y se sujetó los párpados con la mano para evitar que le vieran llorar también. El resto del grupo suspiró aliviado. Tras unos instantes, escucharon que Lee comenzó a gemir y éste sintió que la luz le quemaba los ojos. El malestar le ponía difícil abrirlos, pero lo intentó despacio.

    —Ne-neji… T-tenten… ¿sois… vosotros? —preguntó el chico de cabellos negros con mucho esfuerzo.

    Lee sintió como un peso cayó encima de su pecho, sin aplastarlo. Notó los sollozos de su compañera de equipo mientras le agarraba la sucia camiseta. Ni en sus sueños más raros se imaginó que Tenten podría llegar a estar tan afectada.

    —¡Menudo fantasma estuviste hecho, Lee! ¿Quién ha tenido que salvar a quien al final? —escuchó Lee a su derecha a quien pudo identificar con Neji.

    El chico de cabellos negros sonrió un poco con dificultad. Lee observó a su alrededor que estaba rodeado por otras personas, pero sólo como sombras, no logrando identificarlas en ese momento.

    —Je, je, parece que el rescatador ha acabado siendo rescatado. No una… sino dos veces… —dijo Lee sintiendo que se desvanecía de nuevo. —Gracias… todos… 

    Tenten se puso nerviosa e intentó de nuevo despertar al chico, quien no respondía de nuevo.

    —Tranquila, Tenten-san. No está perdiendo el pulso. —dijo Hinata con suave voz poniéndole una mano en el hombro. —Pero es algo débil. Tenemos que tratar de llevarlo a la UMN cuanto antes.

    Ante la propuesta de Hinata, Neji corrió hacia la parte superior de la enorme montaña de escombros que estaba a sus espaldas. Lo que vio le aterrorizó sobremanera.

    —¡Hinata-sama! ¡Venga, por favor! 

    La mencionada subió ante el ruego desesperado de su primo y pudo ver con la boca abierta lo que tenía ante sus ojos.

    —¡¿Qué sucede, Neji, Hinata?! —gritó Kiba a los dos Hyûga. —¡¿Qué pasa?! 

    —No hay… ya no está… —respondió Neji en un susurro balbuceante.

    —¡¿El qué?! ¡¿Qué no está ya?! —preguntó nuevamente el Inuzuka preocupado.

    —La UMN ya no está… no hay ningún hospital…

    Ante esta declaración de Hinata, todos se quedaron estupefactos. Los dos primos Hyûga mantenían sus vistas puestas en el horizonte. Había, al menos, un kilómetro entero arrasado de la aldea. Ahora podían entender mejor el desolador panorama que se evidenciaba con las enormes montañas de escombros a los lados producto de ese desastre.

    —Es curioso hasta donde hemos llegado, ¿no creéis, Neji-kun, Hinata-kun?

    La repentina mención de sus nombres exaltó sobremanera a los dos Hyûga. Los jóvenes Neji y Hinata miraron a su izquierda y vieron a un hombre con capa negra delante de ellos. Se quedaron en shock. Se le veía un hombre limpio y pulcro, sin mancha de polvo, algo típico que se podría ver debido a la invasión. No les gustó la sensación que destilaba ese hombre. Fuera quien, fuera lo identificaron como un enemigo. Ambos Hyûga saltaron hasta el suelo donde se encontraban sus compañeros por precaución.

    —¡¿Quién eres?! ¡¿Qué quieres?! —gritó Neji poniéndose en posición de ataque. 

    Neji frunció el ceño. ¿Quién era ese hombre y de dónde había aparecido? ¿Era un enemigo de Suna o de Oto? ¿Un subordinado directo de Orochimaru?

    —Vamos, vamos, Neji-kun. No hace falta ponerse así. —dijo el inesperado invitado. —Ay, es una lástima. Si Lee-kun estuviese despierto, me podría haber ahorrado nuevas presentaciones. Él tendría el honor de hacerlo.

    Todos los presentes estaban nerviosos, pero no cejaban en sus posturas defensivas y atacantes para proteger a Lee y a ellos mismos. No les estaba gustando lo que acababa de decir de Lee o cómo se había dirigido a Hinata y Neji de manera tan familiar, como si les conociese. Todos esperaban cautos una respuesta a la pregunta de Neji.

    —Me llamo Toshikomi y debo decir que el trabajo que se ha hecho aquí es impecable. Aunque no lo recuerdo exactamente así… —dijo el individuo misterioso llevando una mano hacia su barbilla mientras el resto de su cara permanecía escondida.

    Tras esa presentación, unas nuevas voces sonaron cerca del grupo, haciendo que todos se pusieran nuevamente en alerta.

    —¡Eh, todos! —gritó Uzumaki Naruto siendo sujetado por Uchiha Sasuke por un brazo mientras Sakura les seguía un paso por detrás.

    Ino se alteró al ver que se estaban acercando. Dio dos pasos y movió los brazos para que parasen.

    —¡Naruto! ¡Sasuke-kun! ¡Sakura! —avisó Ino al Equipo Kakashi. —¡No os acerquéis!

    Ante esta orden, los miembros del Equipo Kakashi miraron con los ojos desorbitados la terrible escena en la que Rock Lee se encontraba desmayado y un hombre de capa negra misterioso estaba allí. En contra de las órdenes de Ino, Naruto salió corriendo sacando fuerzas de quien sabe donde y preparó sus manos con el sello de su técnica insignia.

    —¡No se quien eres, pero le has hecho algo a Gejimayu, ¿verdad?! ¡Te voy a golpear tan fuerte que vas a cagar sangre!

    Tras un instante de silencio, el hombre llamado Toshikomi rió ante esta declaración tan pueril procedente de los labios de Naruto.

    —Ay, Naruto-kun. Sin duda, sigues siendo único en tu personalidad. No obstante, no me interesas ahora…—dijo Toshikomi a la vez que dirigió su mirada lentamente hacia a una persona concreta: Uchiha Sasuke.

    Esto no pasó desapercibido por Shikamaru, quien apretó los labios y apretó sus dedos en el sello de su técnica para atacar. Por su parte, Neji apretó los dientes lleno de impaciencia.

    —¡No has respondido a lo que te he preguntado! ¡Vamos, habla! —gritó el chico de ojos blancos desde lo más alto de sus pulmones. — ¡¿Qué quieres y quién eres?!

    Toshikomi miró a Neji tras su pregunta. El chico de ojos blancos observó cómo el hombre metió su mano dentro de la capa negra y comenzó a sacar algo lentamente. Ante este gesto, todos se pusieron en alerta al máximo.

    —Puede que esto te resulte conocido, ¿verdad, Neji-kun? —musitó divertido Toshikomi.

    El chico Hyûga vio con los ojos muy abiertos el objeto. Una jaula dorada de metal con forma exquisita y decoraciones preciosas. No había duda para él. Tenía la misma forma que la jaula de chakra que vio en la cabeza de Lee al detener aquel Genjutsu en la UMN.

    —Um, interesante reacción. Nunca pensé que por esta época te podría importar algo más que tu odio hacia la Rama Principal de los Hyûga. —dijo secamente Toshikomi volviendo a guardar el objeto bajo su capa. —Me ha sorprendido que siquiera te importara la penosa vida de Lee-kun…

    Neji comenzó a jadear fuerte, producto de la rabia, lo que asustó a Tenten y asombró al resto de Genin que no estaban entendiendo nada de lo que estaba pasando.

    —Para responder totalmente a esa pregunta, temo que tendrás que esperar, Neji-kun. Aún quedan muchos acontecimientos que darse y no puedo dejar que se vean afectados por causas externas. —continuó Toshikomi con una voz sedosa e inquietante.

    Toshikomi, ante los ojos de todos, comenzó a desvanecerse en una nube de humo tras lanzar varias bombas de ese tipo.

    —Nos veremos más pronto que tarde. Hasta entonces, preferiría que no os entrometáis en mi camino.

    Tal y como apareció, Toshikomi dejó en la escena una sensación de peligro, extrañeza y confusión en todos los que estaban ahí. Todos se quedaron en silencio. Ninguno de los presentes entendía nada, ni siquiera cómo era que ese hombre había aparecido y desaparecido sin apenas esfuerzo en una zona de destrucción. Sumándole al hecho de que Konoha había sido atacada, este estaba siendo un día extremadamente caótico y peligroso.

    —¿Qué demonios acaba de pasar? — dijo Kiba decidiendo romper el silencio que parecía les había atrapado a todos.

    —No tengo la más remota idea, pero parece que ese individuo nos conocía de alguna manera. Me ha dado muy mala espina… —respondió Shino tratando de secarse el sudor de la frente con la manga de su abrigo. —Agradezco que se haya marchado. No creo que hubiese podido pelear más en mi actual estado…

    —Creo… que coincido contigo, Shino… —respondió Ino tratando de evitar jadear por el cansancio y la tensión acumulada.

    Un fuerte sonido les sacó de sus pensamientos y sus conversaciones. Lee tosió violentamente estando completamente inconsciente. Neji y Tenten se acercaron rápidamente a su compañero para comprobar nuevamente su estado vital. El resto de Genin relajaron la formación de ataque tras comprobar que, efectivamente, el hombre llamado Toshikomi había desaparecido.

    —Su corazón parece estar funcionando mejor. Esa es una buena señal… —dijo Tenten tras posar de nuevo su oreja en el pecho de su compañero.

    —Sí, pero su cuerpo está destrozado… si pudiésemos tener un equipo de primeros auxilios tal vez… —comentó Neji con un hilo de voz poco típico en él.

    Shikamaru vio como los dos miembros del Equipo Gai se mostraban muy decaídos ante el actual estado de Rock Lee. Ellos tres siempre se habían mostrado muy fuertes y unidos pese a sus diversas circunstancias personales. En situaciones como estas, era deber de todos ponerse en marcha para salvar a un compañero herido.

    —Sea como sea, tenemos que llevarle ante un médico. Aunque ya no haya hospital o la UMN… —dijo Shikamaru llevándose una mano al hombro. 

    Al chico del clan Nara le dolía endemoniadamente por un profundo y supurante corte producido por el ataque de viento de aquella chica de Suna. Pese a todo, en esas circunstancias, no le importaba demasiado el dolor. Por otro lado, un Kiba lleno de determinación por las palabras de Shikamaru comenzó a escalar a cuatro patas la enorme pila de escombros y comenzó a otear a su alrededor. De repente, el resto de compañeros le escucharon gritar.

    —¡Eh, estamos aquí! ¡Hay un herido grave! —gritó Kiba mientras Akamaru ladraba sobre su cabeza para alertar a varios ninjas médicos que se encontraban a 200 metros de su posición.

    A todos se les iluminó la cara al escuchar las palabras del chico Inuzuka. Pronto llegaron los miembros del cuerpo sanitario y comenzaron a colocar una mascarilla de oxígeno a Rock Lee sobre la boca. Al resto de Genin les entregaron mascarillas ordinarias para evitar que el polvo y el resto de partículas se introdujesen más por sus vías respiratorias. Tras un rápido reconocimiento a todos los Genin por uno de los médicos, comenzaron a recibir instrucciones.

    —Vosotros. Sé que no estáis en las mejores condiciones, pero los dos menos dañados tenéis que ayudarnos a llevar al chico a un hospital de campaña. —dijo el especialista en medicina dirigiéndose a Sasuke y a Chôji mientras ponía su mano en la oreja para escuchar mejor el dispositivo de radio que portaba. —Están comenzando a establecer varios lugares de triaje cerca de donde se encontraba la UMN.

    —Tenemos que dirigirnos allí. Según como os encontréis y el grado de gravedad de vuestras heridas, es posible que os asignen tareas de rescate y salvamento. Es mejor que os vayáis mentalizando.

    Todos se quedaron callados. Ante todo este escenario, se abrieron bastantes preguntas y había muy pocas respuestas. No obstante, todos los Genin tenían algo claro y era que había que poner a Lee a resguardo curativo y médico.

    Ya habría tiempo para resolver el misterio de aquel hombre.


    SISTEMA DE DEFENSA DE KONOHA

    La aldea oculta de Konoha ha sido históricamente un objetivo estratégico y simbólico para enemigos poderosos. Estas experiencias han demostrado la necesidad de contar con un plan de defensa integral, capaz de anticipar, contener y neutralizar amenazas de gran escala, minimizando los daños y protegiendo tanto a los shinobi como a la población civil.

    1. Detección y alerta temprana del enemigo

    • Refuerzo y modernización de las técnicas de barreras sensoriales y sistemas de vigilancia en los límites de la aldea, integrando sensores de chakra y patrullas mixtas de ninjas sensoriales y especialistas en rastreo junto con la Guardia Urbana de Konoha.
    • Implementación de protocolos de alerta rápida y comunicación directa entre los puestos de vigilancia y el centro de mando (Oficina del Hokage), para activar el estado de emergencia en segundos ante cualquier intrusión.
    • Entrenamiento periódico de la población civil y de los shinobi en simulacros de evacuación y refugio.

    2. Defensa en profundidad y control de accesos

    • Organización de la defensa en anillos concéntricos: fuerzas de respuesta rápida en la periferia, equipos de contención en el centro y unidades de élite en puntos clave (Oficina del Hokage, hospitales, archivos secretos).
    • Fortificación de accesos principales y secundarios, instalación de trampas y sistemas de bloqueo remoto en las entradas y salidas de la aldea, dificultando el avance enemigo y canalizándolo hacia zonas controladas.
    • Uso de técnicas de barrera y sellos para aislar sectores en caso de brechas, limitando la movilidad del enemigo y facilitando la defensa sectorizada.

    3. Inteligencia, contrainformación y análisis rápido

    • Establecimiento de equipos de inteligencia y análisis táctico que reciban en tiempo real información del combate, identifique patrones y habilidades del enemigo.
    • Rápida autopsia y análisis de enemigos caídos para descubrir debilidades o naturaleza de sus técnicas.
    • Desinformación y manipulación de la información para confundir al enemigo sobre la ubicación de objetivos clave.

    4. Respuesta flexible y despliegue escalonado

    • Formación de equipos de intervención móvil, capaces de desplazarse rápidamente según la evolución del ataque y apoyar los puntos más críticos.
    • Uso de reservas ocultas y refuerzos (como ANBU y unidades médicas) sólo cuando sea absolutamente necesario, evitando exponer todos los recursos desde el inicio.
    • Coordinación con aliados externos (otras aldeas o invocaciones) mediante señales preestablecidas para pedir apoyo en caso de ataques de fuerza abrumadora.

    5. Protección civil y recuperación

    • Evacuación ordenada de civiles hacia refugios subterráneos y zonas seguras, con rutas protegidas y personal especializado en protección y primeros auxilios.
    • Equipos médicos móviles y puntos de atención de emergencia distribuidos estratégicamente para minimizar bajas y atender heridos durante y después del ataque.
    • Plan de recuperación inmediata: evaluación de daños, restauración de servicios esenciales y apoyo psicológico a la población, afianzando la defensa civil y resiliencia urbana.

    FIN DEL PRIMER ARCO – TOSHIKOMI

    PRÓXIMO CAPÍTULO

    ESPÍA

  • Capítulo 7 – Serpiente

    Un pequeño Orochimaru miraba fijamente la palma de su mano, la cual sujetaba la blanquecina piel de serpiente que había encontrado en la tumba de sus padres. La miraba con ternura mientras esbozaba una sonrisa. Delante de él, su maestro y mentor Sarutobi Hiruzen, de veinticuatro años, le observaba con una mirada comprensiva.

    Los dos shinobi estaban en el Cementerio Militar Antiguo de Konoha. Allí dormían el eterno descanso los ninjas que habían caído en acto de servicio o que habían fallecido por otras complicaciones. Como su nombre indicaba, estaba reservado a los cuerpos de quienes habían pertenecido al Sistema de Jerarquía Shinobi, siendo, además, el primero en ser construido en la aldea. Diversas lápidas de color blanco grisáceo yacían colocadas en paralelo en filas y columnas, siendo bordeadas con tiras de cesped y hierba muy bien cuidadas. En el lugar de presidencia del cementerio, se alzaba un monumento de unos tres metros de altura que simulaba la representación de una llama, aludiendo a la filosofía de vida y combate de Konoha: la Voluntad de Fuego. A los pies de la flama rojiza de piedra, se encontraban las tumbas de Senju Hashirama y Senju Tobirama, hermanos de sangre y los dos primeros Hokage de Konoha.

    Hiruzen había acompañado a Orochimaru a visitar a sus padres tras verle tremendamente deprimido tras el final del entrenamiento del día. No era habitual en el pequeño de curioso aspecto físico. Normalmente se mostraba maduro, un niño genio que parecía que nada le afectaba. Sin embargo, hoy era ese día, el día del aniversario de la muerte de sus padres.

    Por ese motivo, cuando lo supo, Sandaime Hokage propuso al niño acompañarle para que no se sintiese sólo. ¡Cuán grande fue su sorpresa que al llegar y depositar las flores sobre la tumba encontraron una fina piel de una serpiente blanca! Sin duda, algo extremadamente raro y considerado de buena suerte, símbolo de renacimiento y de inmortalidad.

    “Se le ve feliz.” pensó Hiruzen bien Orochimaru comenzaba a guardarse en el bolsillo de su kimono el resto de piel que la serpiente había dejado atrás. “Espero que esto le de esperanza para seguir adelante.”

    —Sarutobi-sensei.

    Hiruzen levantó ligeramente la mirada encontrándose con los inocentes ojos de su alumno.

    —¿Uhm? ¿Qué sucede, Orochimaru? —preguntó con cierta curiosidad el hombre de perilla castaña.

    El Jônin observó que Orochimaru se quedó escudriñando su rostro, como tratando de buscar algo, descubrir algo en él. De alguna manera, identificar si lo que acababa de contarle sobre el simbolismo de la piel de la serpiente blanca era absolutamente cierto.

    —No, nada. Nos vemos mañana, Sarutobi-sensei. —dijo el pequeño de seis años que salió corriendo en dirección a la entrada del cementerio.

    Hiruzen vio como Orochimaru desaparecía de su vista bajo el sol del mediodía. Pese a los suaves y tranquilos ojos de su alumno, había algo en su mirada que Hiruzen había identificado como raro. No sabía qué era exactamente. Era como una luz diferente que iluminó sus ojos, como si algo hubiese hecho conexión en la joven mente de su alumno, algo que sintió que no debería haber sucedido. No obstante, Hiruzen prefirió no darle muchas vueltas. Al fin y al cabo, era normal que hoy Orochimaru se encontrase anímicamente diferente.

    Sin embargo, fue ahí cuando Sandaime Hokage cometió el primer error con su discípulo Orochimaru: no fiarse de su propio instinto para con él. Esto lo supo a la mañana siguiente, cuando decidió adelantarse al campo de entrenamiento donde quedaba con el equipo de sus alumnos.

    Sarutobi Hiruzen caminaba en dirección al Campo de Entrenamiento Número Tres, su lugar elegido y designado para tan particular grupo. El Jônin pensaba en la grata sorpresa que se darían sus pupilos por verle allí llegar primero cuando, poco a poco y con gran intensidad mientras caminaba, comenzó a oler el aroma de la sangre.

    Esto alertó sobremanera al Jônin, quien caminó más deprisa hasta correr. Algo no iba bien, desde luego. Tenía que averiguar si había pasado algo grave. Si bien era normal que pudiese percibirse el aroma del líquido rojizo, no era habitual hacerlo en el enorme volumen que él lo estaba notando. Cuanto más se acercaba al lugar, peor y más intenso se percibía.

    Cuando llegó al Campo de Entrenamiento Número Tres, Sarutobi Hiruzen se quedó paralizado por el horror que estaba presenciando. El lugar estaba lleno de decenas, casi cientos, de cadáveres de pequeños animales. Conejos, ardillas, ranas, cuervos, gorriones, urracas, serpientes de diversos colores, incluso algún zorro. Todos estaban desollados completamente y distribuidos por especie en diferentes montos. La sangre que borbotaba de las pilas discurría por el campo, encharcando la verde hierba y formando pequeños coágulos sólidos. 

    Entre todo ese fatídico y cruento espectáculo, en cuclillas y dando la espalda, se encontraba un niño haciendo movimientos erráticos con sus manos. Un niño que, rápidamente, el Hokage de Konoha reconoció.

    —¿Orochimaru? —dijo Hiruzen tragando saliva pensando en lo peor.

    Ante la llamada de su nombre, se giró el pequeño niño con largo cabello negro y ojos amarillos y risueños. En su mano derecha, tenía un cuchillo de despellejar. En su mano izquierda, un conejo blanco a medio desollar. Se notaba que el pobre animal estaba medio vivo porque aún se veía que se le movía el tórax, pero a duras penas.

    —Ah, Sarutobi-sensei. No esperaba que llegases tan pronto hoy. —dijo Orochimaru con una sonrisa que no mostraba ápice de culpabilidad, sólo alegría. —Tenía pensado recogerlo todo antes de que llegaras tú, Tsunade y Jiraiya.

    Hiruzen sintió que un escalofrío recorría su espalda con gran desazón. No sabía qué hacer ahora mismo.  El hombre del clan Sarutobi había estado peleando en diversas batallas bélicas, se había enfrentado a situaciones de vida y muerte que le habían curtido en el shinobi que era hoy. Sin embargo, en ese mismo instante, Sarutobi Hiruzen sintió que un pequeño niño de seis años con mirada y sonrisa inocentes le acababa de vencer.

    —Orochimaru, ¿qué significa esto?

    El niño, con mirada extrañada, se fijó en sus manos y en el alrededor del campo de entrenamiento. Luego dirigió la vista de nuevo a su maestro.

    —Ah, esto. Sólo estaba probando la idea que me vino ayer en el cementerio. Ya sabes, después de que nos encontráramos con la piel de serpiente blanca. Quería comprobar si es igual de sencillo quitar la piel yo mismo que cuando se la quitan las serpientes. Pensé que simplemente podía hacerlo, y lo hice.

    Hiruzen miró con absoluto terror la pasmosa sinceridad de su alumno. No había ningún atisbo de duda en sus gestos y palabras. El hombre hizo parar una náusea en su garganta ante semejante espectáculo.

    —Orochimaru. —llamó Hiruzen acercándose a su alumno despacio con la mirada baja.

    El hombre del clan Sarutobi lo sabía. Lo que el niño acababa de hacer era un acto traducido como un desprecio absoluto por la vida. No sabía si era por ignorancia, crueldad propia de la inocencia infantil o por la relación de la propia familia de Orochimaru con el mundo de la investigación, pero la falta de enseñanza de las nociones éticas básicas. Sea como fuere, tenía que corregirlo, debía darle una paliza, aleccionarle severamente por sus acciones. Se disponía a levantar la mano para darle una fuerte bofetada en el rostro. Así es como lo hacía con sus dos hijos, así era como debía también aprenderlo Orochimaru. Era su responsabilidad como su maestro, como Hokage y también como responsable de su patria potestad al estar sus padres muertos.

    Sin embargo, no pudo. Cuando fue consciente, Hiruzen se sintió paralizado en el sitio. No supo por qué, pero se quedó allí, sin poder golpearle, sin gritarle, sin aseverarle. Sólo mirando esos ojos inocentes amarillos, unos ojos que siempre había pensado cuyo color no era normal.

    —Orochimaru. Vete ahora mismo de aquí y díles a Tsunade y a Jiraiya que el entrenamiento queda cancelado hoy. —dijo entre dientes el turbado hombre bajando la mirada y señalando a la salida del campo de entrenamiento.

    El pequeño niño dejó en silencio en el suelo al conejo y el cuchillo y procedió como le había indicado su maestro. Las pequeñas manos de Orochimaru fueron sacudidas al paso, dejando salpicaduras en la vestimenta –tanto la suya como la de su maestro– y en las partes limpias del suelo.

    De esta manera, Sarutobi Hiruzen se quedó sólo en el Campo de Entrenamiento Número Tres con la cabeza gacha, sintiendo el rastro de muerte y putrefacción que había a su alrededor. Un pequeño sonido lastimero le hizo salir de sus penosos pensamientos. Dirigió su mirada al moribundo conejo. Con el corazón lleno de compasión, Hiruzen le indujo en un Genjutsu calmo, agarró el cuchillo de despellejar que Orochimaru había portado anteriormente y rebano el cuello al pequeño mamífero, dándole el descanso final que necesitaba.

    —Lo siento… lo siento… lo siento…

    Una retahíla de constantes disculpas sonaba en el Campo de Entrenamiento Número Tres. Antes de llamar a los ANBU para que procedieran a limpiar el lugar, Sarutobi Hiruzen se permitió llorar largo rato. El llanto que Orochimaru fue incapaz de derramar por los más vulnerables.

    —¡EH, SARUTOBI-SENSEI!

    El mencionado rebotó en su sillón de gobernante, haciéndole escribir el documento que tenía enfrente de su escritorio con un garabato mal hecho. La apertura repentina de la puerta y el consecuente golpe en la pared habían sido el causante de ello. Era por la mañana y apenas el funcionamiento de las gestiones acababa de comenzar.

    —¡Tsunade! ¡¿Se puede saber porque entras así en mi oficina?! —exclamó molesto Hiruzen. —Has escuchado que le he dicho a Jiraiya siempre que entre despacio. No se porque crees que contigo es diferente.

    La joven y bella kunoichi de veinte años cerró la puerta con presteza y se acercó dando grandes pisadas hasta la mesa de la estancia. De la rapidez, se medio encaramó a la mesa, extendiendo con su brazo derecho un papel que parecía un informe. Hiruzen miró con gran extrañeza el material, a la vez que los ojos de la furiosa Tsunade.

    —¡¿Se puede saber cuándo y cómo le has dado permiso a Orochimaru para poder coger material de investigación de la Sección Maestra Médica?! —preguntó airada Tsunade. —¡Ya sé que eres el Hokage y todo lo que quieras, pero hasta tú sabes que hay reglas y procedimientos que deben ser seguidos!

    Hiruzen parpadeó varias veces confundido por las declaraciones de su antigua alumna y actual Jefa Shinobi del Departamento Médico de Konoha. ¿Cómo qué permiso a Orochimaru? ¿Material de investigación? ¿de la Sección Maestra Médica? Eso no era posible. Estaba estipulado por ley que todo material de dicha sección de la Biblioteca de Konoha sólo era posible de acceder al mismo con la expresa autorización del Jefe Shinobi del Departamento Médico de Konoha, en este caso Tsunade. Sandaime frunció el ceño extrañado.

    —¿C-cómo? Tsunade, eso es imposible. Yo no le he dado permiso a Orochimaru para que haga algo así. —respondió Hiruzen con firmeza.

    —¡¿Ah, no?! ¡Entonces, ¿qué es esta autorización en la que das permiso a Orochimaru para que acceda a la sección sin mi permiso, eh?!

    Hiruzen vio como Tsunade movía el papel que tenía ante su cara varias veces, como fundamentando su ira por el contenido del mismo. Sandaime agarró el documento diligentemente y procedió a leerlo despacio y con cautela.  Por su parte, Tsunade, la cual había sido testigo de la confusión de su maestro, vio que la cara de Sandaime fue convirtiéndose en una mueca pasmada. La joven kunoichi sintió que la habitación se quedaba en un silencio incómodo que hizo que su ira se fuese despejando.

    —Tsunade… —comenzó diciendo Hiruzen despacio. —¿De dónde has sacado este documento?

    A la chica de cabellos rubios y dos coletas bajas le duró poco la tranquilidad, pues le pareció que se le iba hinchando la vena de la frente de nuevo.

    —¡¿Eh, cómo que de dónde?! ¡Pues de dónde va a ser, dah! ¡Me la dio Orochimaru! —respondió burlona Tsunade. 

    Hiruzen continuó leyendo la autorización con preocupación.

    —Encontré este libro en su casa ayer, cuando tomamos un trago después del día de trabajo. —explicó Tsunade moviendo el compendio médico en el aire. —Cuando le pregunté porque lo tenía, me dijo que tú le diste permiso, Sarutobi-sensei. Me cabreé mucho cuando lo supe y…

    —Tsunade. Esta no es mi letra.

    La joven muchacha dirigió la mirada a su maestro quien tenía un semblante absolutamente cerrado por la seriedad.

    —¿Eh? Sarutobi-sensei, ¿qué estás diciendo?

    —Estoy diciendo… que esta no es mi firma, Tsunade. —declaró Hiruzen señalando el final del documento y pasándole uno adicional. —Esta otra sí que es mi firma.

    Tsunade agarró los dos papeles y comenzó a compararlos entre sí. La joven kunoichi apoyó sus ojos en los sutiles trazos de los kanji de nombre y del apellido de su maestro. También se fijó en el sello oficial del Hokage elegantemente bordeado sobre el papel.

    —No noto ninguna diferencia, Sarutobi-sensei. No sé a qué te refieres.

    —Um, supongo que es normal para ti no reconocerlo, Tsunade, pese a tu buena vista como ninja médico. —dijo Hiruzen recogiendo de nuevo los papeles y poniéndolos encima de su mesa. —Al fin y al cabo, yo tengo cierto grado de maestría gracias a que la caligrafía es mi afición.

    —Creía que charlar con jovencitas guapas era tu afición, Sarutobi-sensei.

    Hiruzen comenzó a toser fuertemente haciendo exaltar ligeramente a Tsunade. La joven ninja médico se rió por lo bajo ante la evidente burla que le había hecho a su maestro. 

    —Charlar con los jóvenes forma parte también del trabajo del Hokage, ¿sabes, Tsunade?

    —Sí, sí, lo que tú digas, sensei…

    Tras unos instantes, en los que vio que su maestro parecía recuperar algo la forma, Tsunade vio que Sandaime le indicó acercarse a la mesa presidencial de la oficina, situándose a su lado.

    —Fíjate en este surco del segundo kanji de mi apellido. Es incorrecto, completamente incorrecto, Tsunade. Tendría que ser de arriba a abajo y no al revés. Es una mala costumbre que tengo al escribirlo. Por eso sé que ha sido falsificado.

    Tsunade se fijó mucho en lo que su maestro le estaba señalando. Gracias a su guía pudo discernir, no sin dificultad, de que efectivamente había algo raro. Aunque casi imperceptible, el nombre de su maestro no estaba escrito como debería estarlo.

    —Y no sólo eso, Tsunade. Debes recordar que cuando firmo autorizaciones desde la Oficina Hokage, no utilizo mi firma personal a mano, sino que utilizo el sello con mi nombre y el sello de Hokage para acreditarlo fehacientemente.

    Tsunade hizo memoria ante las declaraciones de su maestro. Tenía razón. Sandaime sólo firmaba a mano pequeños recados, nada que tuviese alguna gravedad importante. Sin embargo, aquí estaba: una autorización oficial con el sello de Hokage y con su firma manual falsificada para poder acceder a la Sección Maestra Médica, la última y más protegida zona de la amplia Biblioteca de Konoha sobre dicha temática. Sólo quedaba pensar en que esto era un completo fraude, una traición directa, muy seguramente perpetrada por Orochimaru, algo que no le sorprendió demasiado a Tsunade.

    —Sarutobi-sensei, creo que tanto tú como yo sabemos quien es el que ha hecho esto, ¿verdad?

    Hiruzen bajó la mirada a los documentos. Eran muy pocas las personas que tenían acceso directo a su oficina de manera habitual y, por supuesto, ninguna podía hacer uso del sello oficial del Hokage. Si Tsunade había recibido de manos de Orochimaru esa autorización, sólo se podía esperar que fuese él quien lo había cometido.

    —Haré venir a Orochimaru. Ordenaré que tenga prohibido acceder al material de la Sección Maestra Médica a perpetuidad. —declaró Hiruzen apoyando sus manos en la barbilla.

    La Oficina de Hokage se quedó en completo silencio. Tsunade esperó. Esperaba que su maestro dijese algo más. Alguna sanción más estricta, trabajo forzado, misión que realizar ante la afrenta realizada por su antiguo compañero de equipo. Nada. No hubo respuesta.

    —Pero, ¡¿se puede saber que estás diciendo, Sarutobi-sensei?! —preguntó la ninja médico indignada. —¡¿Cómo que SÓLO le prohibirás acceder a la Sección Maestra Médica para siempre?! ¡¿Es que estar cerca de los cuarenta te está afectando a la sesera o qué?!

    Hiruzen se mantenía en silencio con la mirada completamente baja. Tsunade no podía ver el rostro de su maestro, tapado con el sombrero Hokage.

    —¡Esto que ha hecho Orochimaru es muy grave! ¡Es un delito de falsedad documental con principio de traición por uso no autorizado del sello oficial de Hokage! —declaró Tsunade muy airada. —¡Cualquier otra persona que lo hubiese hecho sería condenada por traición directamente y no dudarías en llamar a un ANBU para que se lo llevasen a la División de Inteligencia, y de ahí a la Fuerza de Interrogación y Tortura para esclarecer lo que pretendía!

    Tsunade vio que Hiruzen no cambiaba su expresión corporal y esto la frustró y enfadó sobremanera.

    —¡Esto sólo lo haces por que es tu favorito, ¿cierto?! ¡Por eso no haces nada!

    —¡SILENCIO, TSUNADE!

    El repentino grito de su maestro retumbó en la sala. La cara de Hiruzen mostraba una furia extrema. La ninja médico se quedó tan impactada que guardó absoluto silencio. Nunca había visto a su maestro reaccionar de esa manera. No al menos con una caso similar a este. Vio que, poco a poco, Hiruzen descendió ligeramente la mirada, una mirada con el ceño muy fruncido, pero más calma.

    —Tsunade, entiendo que estés muy molesta y que creas que porque he tenido un cariño especial por Orochimaru puedo ser más pasivo con él. De hecho, lo que has propuesto es el castigo proporcional a semejante crimen. —comenzó diciendo Hiruzen con voz grave. —Sin embargo, no puedo hacerlo. No en el caso de Orochimaru.

    Tsunade sentía que las piernas se le agarrotaron y los puños comenzaban a apretarse fuertemente en sus manos. ¿Qué significaba eso? ¿Cómo que en el caso de Orochimaru no?

    —Tú lo sabes, Tsunade. Orochimaru siempre ha tenido interés en investigar. Él sabe que sólo a los médicos y enfermeros se les permite acceder a esa sección, pero tiene mucho interés en aprender más. Por esta vez, sólo recibirá una amonestación.

    —Una amonestación… ¡¿Una amonestación?! —gritó enojada la kunoichi.

    Hiruzen se sobresaltó al ver que Tsunade golpeaba la mesa con mucha fuerza, hasta el punto que parecía que la iba a resquebrajar. Sabía que su alumna estaba comenzando a realizar un entrenamiento de gran fuerza y parecía que comenzaba a dar frutos.

    —¡Escúchame, viejo, porque parece que no te enteras de nada! ¡Orochimaru ha accedido a un libro de medicina de la zona de máximo control dentro de la Sección Maestra Médica! —gritaba Tsunade completamente indignada — ¡Un libro de investigación sobre experimentación humana!

    Ante la mención de las dos últimas palabras, Sandaime se quedó petrificado. ¿Eso podía ser que…?

    —¡Y no es sólo eso lo peor! ¡Orochimaru ya estuvo haciendo experimentos desde que era niño, ¿verdad?! ¡Con animales!

    —¡¿Cómo sabes eso, Tsunade?! —dijo exaltado Hiruzen levantándose de su sillón.

    —¡El mismo Orochimaru lo confesó todo ayer cuando estaba borracho! ¡Y por lo que veo en tu reacción, TÚ LO SABÍAS TODO! ¡Nos lo has OCULTADO a Jiraiya y a mí! —gritó Tsunade con una mezcla de indignación y furia en el tono de su voz.

    Hiruzen se quedó en silencio. Era cierto. Nunca había mencionado a nadie sobre aquel incidente de Orochimaru a ninguno de sus alumnos. Es más, sabía que el joven de aspecto extraño había seguido haciendo pequeñas indagaciones por su cuenta con pequeños animales, pero nada más allá. Había decidido ocultarlo por el propio bien de Orochimaru, para darle una oportunidad de cambiar, de darse cuenta del gran valor de la vida. Sin embargo, parecía que nada de eso estaba sucediendo. Orochimaru no estaba aprendiendo nada beneficioso para él mismo, ni para los demás desde la perspectiva moral y ética. Que ahora estuviera queriendo investigar con seres humanos por su propia cuenta, lo cambiaba todo. Era algo muy grave con evidentes malas consecuencias a corto, medio y largo plazo.

    Tsunade vio como su maestro se volvió a sentar en el sillón tras una retahíla de reproches que había lanzado. Veía como Hiruzen estaba en completo silencio con las manos apoyadas sobre la mesa.

    —Tsunade. Yo… he querido darle a Orochimaru una oportunidad. No quería que Jiraiya y tú supieseis de esos comportamientos y conductas para… evitar una posible marginación por vuestra parte. Era necesario con vistas a que luchaseis en la guerra como un equipo unido.

    La joven permaneció en silencio con la boca ligeramente abierta. Sus labios permanecían separados, incrédulos por las declaraciones de su maestro.

    —Tú lo sabes. Orochimaru nunca ha tenido ningún tipo de familia y ha creado su propio sistema de valores y creencias. No ha tenido a nadie que le enseñe. —declaró Hiruzen fijándose en los matices de la madera de su mesa. —Tenemos que ser comprensivos con él y ayudarle a encaminarle y…

    —Eres un mal maestro, Sarutobi-sensei. 

    Estas palabras las sintió Hiruzen como una daga clavándose profundamente en su corazón. Levantó la vista y allí estaban los ojos color miel de su alumna con una expresión facial que mostraba dolor, ira y decepción.

    —¿Qué Orochimaru no tuvo familia? Jiraiya tampoco tuvo familia y no ha acabado así, por si no te habías dado cuenta. De hecho, tú siempre le has estado corrigiendo por sus payasadas, teniendo incluso la vergüenza de decirle que debía aprender de Orochimaru. —dijo Tsunade en un tono de mucha fuerza en sus palabras.

    Hiruzen intentó tragar saliva, pero sintió que su boca se había quedado seca completamente.

    —Si los experimentos con animales comenzaron desde niño y no hiciste nada para pararle los pies, eres igual de responsable que él… o incluso peor, porque pudiste buscar apoyo para ayudarle y no lo hiciste. Por eso su sistema de valores es así, completamente distorsionado.

    El Hokage vio como Tsunade se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta del despacho para salir.

    —Sarutobi-sensei, yo no me voy a meter nuevamente en que debes o no debes hacer con él o si Orochimaru es tu favorito o no, pero tienes una gran responsabilidad para con él, como Hokage y como persona más cercana a su vida personal. Desde ahora te digo que, si me entero de que Orochimaru vuelve a robar algún tipo de material o le veo siquiera acercarse a la Sección Maestra Médica, le detendré en ese mismo instante y llamaré a los ANBU para que le capturen. —declaró Tsunade con un tono sostenido y enfadado. —Ah, y si a Orochimaru se le ocurre ir más lejos que sólo matar pequeños animales o robar material clasificado, será TODO CULPA TUYA.

    Un fuerte golpe sonó contra los marcos de la puerta e hizo retumbar la sala. Los sonidos de los pasos fueron alejándose hasta desaparecer. Hiruzen se quedó en silencio con la cabeza gacha y el corazón derrotado. Era cierto. Él era el culpable de todo esto. Era el responsable de no haber parado a Orochimaru. Nunca dijo nada a nadie, creía que podía solucionarlo él sólo y ahora el problema con Orochimaru era mayor.

    Esperaba que con la reprimenda que iba a dar a su discípulo favorito fuera suficiente para hacer reconducir sus ideas y su pensamiento.

    —¡Te juro por lo más sagrado, Orochimaru, que si vuelves a acercarte a mi hijo o a cualquier otro heredero de los clanes, te mataré en ese mismo instante! ¡¿ME HAS ENTENDIDO?!

    El rugido de un hombre rasgó el tranquilo mediodía de Konoha. La escena era cuanto más esperpéntica: un joven Orochimaru de veintiún años estaba siendo elevado a varios pies del suelo por el cuello de la camisa por los fuertes brazos de un hombre pulcramente vestido. La burda situación se complementaba con un Sarutobi Hiruzen paralizado por el horror. Finalmente, tirado en el suelo e intentando taparse con poco éxito el torso con su camiseta-kimono, un joven de once años miraba con ansiedad a su padre y al esperpéntico individuo que le había atacado.

    —Siendo su hijo un Genin, no pensé que fuese algo malo ofrecerle un trabajo extra por sus cualidades… físicas, señor. —dijo Orochimaru sonriendo ligeramente ante las palabras del padre del muchacho.

    Enfurecido y ultrajado, el hombre de largos bigotes lanzó a Orochimaru contra una de las vallas de madera que creaban las calles de Konoha y se acercó a su hijo para ayudarle a levantarse. El Jônin de ojos amarillos sólo gruñó por el impacto y miró de soslayo a los dos miembros del clan más importante de Konoha. El Hokage sentía que el labio inferior le temblaba sobremanera.

    —¡Hiruzen, más te vale tratar lo que ha pasado con este esperpento de alumno que tienes! ¡Quiero un informe y una disculpa inmediata para cuando nos volvamos a ver! —exclamó indignado el altísimo varón con la cara enrojecida. —¡De lo contrario, te expondrás a que reclame una sanción y una compensación por esta afrenta!

    Sandaime escuchaba el fuerte regaño inclinado en una profunda reverencia de disculpa. Dentro de su corazón había una serie de emociones muy dolorosas. Ira, confusión, enojo, incredulidad, vergüenza. Absoluta vergüenza por lo que acababa de hacer Orochimaru. Hiruzen miraba por el rabillo del ojo a su discípulo, quien mostraba una cara completamente neutral.

    —¡Vámonos, hijo!

    —S-sí, padre…

    Hiruzen escuchó los pasos alejarse de allí mientras mantenía la reverencia hasta que dejaron el silencio de la calle. Giró el torso para ver que Orochimaru comenzaba a levantarse del suelo y a sacudirse el polvo del traje de Jônin que portaba. El rostro de su antiguo discípulo mostraba una naturalidad pasmosa, como si esa situación no tuviese nada que ver con él.

    —Sarutobi-sensei, la verdad es…

    —Orochimaru, márchate ahora mismo de aquí. —dijo Hiruzen con el rostro lleno de seriedad, cortando cualquier intento de que su discípulo se excusase. —Te quiero ver en media hora en mi oficina. Prepárate para lo que voy a hablar contigo.

    Orochimaru se quedó mirando a su maestro unos segundos antes de encogerse de hombros y desaparecer de allí andando. Sandaime estaba harto. Había comenzado a recibir avisos de civiles y shinobi acerca del ninja de ojos amarillentos. Las llamadas de atención eran variadas. Los denunciantes habían visto que Orochimaru les vigilaba desde la distancia, en ocasiones lanzando miradas extrañas; algunos habían notado que se acercaba a hablar a los grupos de niños pequeños y jóvenes. No sabían exactamente para qué, sólo sabían que Orochimaru lo hacía frecuentemente y todos los pequeños se negaban en rotundo a acceder a las demandas del Jônin. Cuando se les preguntó a los niños que quería el Jônin de aspecto esperpéntico, guardaban silencio con una mirada de incomodidad, aludiendo a que no podían decir nada, como si de un vergonzoso secreto se tratase.

    —Vaya, vaya, sin duda ha sido un espectáculo cuanto menos curioso.

    Una voz conocida hizo saltar a Hiruzen de sus pensamientos. Se volteó y vio a su antiguo camarada y actual Anciano del Consejo de Konoha Shimura Danzô, quien le observaba apartado y aparentemente impasible. 

    —Danzô, ¿qué haces aquí? ¿Qué quieres?

    El mencionado miró a los ojos de Hiruzen con absoluta tranquilidad. Danzô era un hombre de cuarenta años, alto y recto como una espiga, con los iris pequeños y de color marrón claro. Vestía un kimono liviano y de colores sobrios que se movían con delicadeza al andar despacio.

    —¿Yo? Sólamente estaba dando un paseo por la aldea cuando he escuchado el alboroto dos calles más atrás. —explicó poniéndose al lado de Hiruzen. — Parece que a Yorugumo-sama no le ha gustado lo que sea que haya hecho tu antiguo alumno a su hijo, ¿eh, Hiruzen?

    Sandaime apretó los labios dejándolos en una línea fina. Hiruzen no era tonto: podía intuir que Danzô sabía que había sucedido con Orochimaru en el asunto que acababa de suceder con Yorugumo y su primogénito. Seguramente lo había visto todo desde la distancia. Es por eso que lo que menos le apetecía en ese momento era lidiar con las estúpidas y altaneras palabras de Danzô. 

    —Escucha, Danzô, si no tienes nada importante que decirme, nuestra conversación se ha…

    —La verdad es que sí hay algo que me gustaría comentarte, Hiruzen. —dijo repentinamente el Anciano del Consejo de Konoha.

    El Hokage se quedó en silencio mirando a su compatriota fijamente.

    —O más bien, me gustaría sugerirte algo, si es que puedo hacerlo, Hiruzen. —concretizó el shinobi de mirada seria.

    Hiruzen se quedó pensativo ante las palabras de Danzô. No era habitual que el líder de la Sección Raíz le diese conversación, sugerencia o le pidiese algo, más ahora que acababa de fundar hacía poco dicha institución. Danzô había sido una persona sumamente insistente en los últimos diez años con la necesidad de implementar una rama especial dentro de los ANBU. Tras mucho trabajo argumentativo y pruebas mostradas al Consejo de Konoha, se decidió que se crearía la Sección Raíz para realizar las labores más duras y secretas, siempre desde la gobernanza del Hokage, pero con el entrenamiento y la guía del líder de Raíz, en este caso Danzô.

    No sabía Sandaime que podía esperar exactamente de quien había estado tan insistente durante tanto tiempo para alcanzar ese objetivo, pero decidió saber qué se traía en la cabeza. Arengó pues a Danzô a hablar.

    —Quisiera sugerirte que dejaras que Orochimaru se uniese a los ANBU, en concreto a la Sección Raíz. —declaró simplemente Danzô haciendo abrir los ojos de Sandaime sobremanera. —Creo que sería un buen miembro.

    —¡¿Q-qué estás diciendo, Danzô?! ¿Orochimaru ANBU? —interrogó el Hokage al Anciano del Consejo con incredulidad. —Me temo que eso es imposible. Orochimaru no me parece que esté preparado para…

    —Claro, claro. Entiendo que eso lo digas porque lo aprecias, por ser tu antiguo alumno, Hiruzen. —interrumpió Danzô a Sandaime para hablar. —Sin embargo, me parece que no te estás centrando en las evidencias que muestra Orochimaru.

    Hiruzen tragó saliva despacio y miró nuevamente a los ojos a Danzô. ¿A qué se estaba refiriendo con “las evidencias de Orochimaru”? Su cara confundida parecía decir al Jônin que debía continuar hablando.

    —En realidad, no eres tonto, Hiruzen. Orochimaru es un “rara avis”, un genio que aparece una vez cada muchas generaciones. Tú siempre has hablado así de él cuando le entrenabas de pequeño, presumiendo de él. —decía Danzô dando unos pasos hacia delante. —Sé de buena tinta que un genio se… puede llegar a aburrir si se le deja al mismo nivel que al resto de shinobi promedio, si no se le dan actividades más… estimulantes.

    “¿Aburrirse Orochimaru? ¿Acaso Danzô se ha enterado de los animales y de los materiales de experimentación humana?” pensó Hiruzen sintiéndose comprometido ante los recuerdos de esos actos.

    —Es por eso que considero que Orochimaru tiene un perfil que puede hacerle encajar dentro de ANBU. Sólo necesitaría un poco de disciplina y compañerismo que compartiría con el resto de miembros de Raíz. —decretó Danzô terminando su argumentación.

    Hiruzen guardó silencio. Lo que decía Danzô tenía bastante sentido. Orochimaru siempre se había interesado por investigar y saber más, algo que se le había denegado por sus tendencias especiales y por sus actos poco éticos. Sin embargo, dentro de Raíz, todo sería distinto. Tendría que amoldarse a la disciplina de la rama de la organización ANBU, pero podría realizar actuaciones que le ayudarán a saciar esa curiosidad que latía dentro de su corazón de manera constante. Además, se añadiría el hecho de que estaría haciendo un bien a Konoha, podría ver y aprender más sobre el valor de la vida y el significado de la Voluntad de Fuego.

    —Y bien, Hiruzen, ¿qué te parece mi propuesta? Al fin y al cabo, tampoco te podrás preocupar por su destino. Sabrás todo lo que suceda. Aunque yo sea el líder y guía de la sección, Raíz está bajo tu gobernanza. —dijo Danzô sonando persuasivo.

    Hiruzen seguía sin decir nada. Definitivamente Danzô tenía razón en todo lo que había comentado. Bien es cierto que le preocupaba el devenir de Orochimaru, pero teniéndolo cerca de su mando, y lejos de otros shinobi y niños, era bastante buena propuesta como para aceptarla.

    —Iré a hablar con Orochimaru inmediatamente. Le daré órdenes de que se dirija al cuartel de Raíz ahora mismo. —dijo Hiruzen alejándose del Anciano y dirigiéndose hacia la Mansión Hokage. —Te lo encargó, Danzô.

    Danzô observó como Sandaime se alejaba cada vez más hasta desaparecer por la esquina de la calle. Al quedarse solo, el hombre de cuarenta años sonrió por la comisura de uno de sus labios dejando en el aire la sensación personal del trabajo bien hecho gracias a su buen engaño.

    El sonido metálico se podía escuchar saliendo de una de las salas de los pasillos de la tétrica guarida. El lugar era tan nauseabundo que podía llegar a hacer vomitar a cualquier persona decente que entrase allí. El rasgido seguía haciendo su sonata médica sin parar. Allí, se encontraban dos adultos alrededor de una mesa camilla, iluminada por un foco de quirófano. Rodeaban un pequeño cuerpo visiblemente afectado.

    —Bisturí. Que sea del número 15. —dijo el médico cuya boca cubría una mascarilla quirúrgica. —Voy a proceder a hacer una incisión en el área asignada del cerebelo.

    Sucesivos golpes sordos sonaron contra las sujeciones de las piernas y los brazos de la fría mesa de operaciones que se encontraba en el centro de la sala. El corte causaba un temblor constante que no se podía parar en el sujeto.

    —Interesante. Así que esto sucede incluso en niños, ¿eh, Shinnô-sensei? —dijo tranquilamente el enfermero que asistía al cruento espectáculo.

    —Apúntalo en la hoja de registro de experimentación. No queremos que se pierda nada de información de los experimentos. —respondió fríamente el doctor mencionado.

    El individuo fue a proceder a hacer otro corte cuando rápidamente, en la habitación quirúrgica, entró un subalterno visiblemente alterado.

    —Shinnô-sensei, Orochimaru acaba de regresar. Dice que tiene urgentes noticias para usted. 

    Ante el nombre del Sannin, el hombre llamado Shinnô dejó de inmediato la operación y se quitó los guantes y la mascarilla casi arrancándoselos de cuajo. Salió corriendo de la sala seguido de su ayudante a toda velocidad. Shinnô estaba indignado. Orochimaru llevaba dos meses sin dar señales de aparecer por los escondites de Konoha y todo se había parado. Le había dejado a él sólo la responsabilidad del laboratorio y de la guarida sin previo aviso a su desaparición.

    Habían pasado tres años desde que murió Yondaime Hokage en el Ataque del Kyûbi y la situación estaba siendo particularmente difícil para los seguidores y socios de Orochimaru. El Sannin serpentino estaba demasiado ocupado tratando de entablar relaciones diplomáticas con el Consejo de Ancianos de Konoha y con Sandaime Hokage como para estar atento a los avances de su propia investigación. Shinnô había sido elegido por todos los seguidores de Orochimaru para hacerse cargo de todo el entramado del Sannin dentro de Konoha, pese a los riesgos que ello conllevaba. Y es que Shinnô no era un ninja de dicha Aldea Shinobi, sino de la antigua Enmugakure no Sato (Villa Oculta de las Brumas) del País del Cielo, destruida durante la Segunda Guerra Shinobi por la mismísima aldea del malicioso Sannin.

    A causa de diversas circunstancias pasadas, Orochimaru y Shinnô se conocieron y comenzaron a colaborar ofreciendo cada uno sus recursos y conocimientos para alcanzar los objetivos de sus proyectos. Lo que más deseaba Shinnô era cobrar venganza hacia Konoha por su villa destruida. Ahora que el Sannin había regresado y vuelto a establecer el contacto podrían avanzar en la consecución de sus objetivos.

    —Está en esta sala, Shinnô-sensei. Pase, por favor. —dijo el subordinado que le había adelantado la noticia del regreso.

    Shinnô abrió el pomo de la puerta y allí lo vio. Sentado en un sillón que miraba hacia la puerta. Vestía el traje estándar de su aldea con chaleco táctico verde y la cinta de Konoha en la frente. Su rostro estaba sembrado con una sonrisa maliciosa, típica en él.

    —Ha pasado mucho tiempo sin verte, Shinnô. —comenzó en forma de saludo Orochimaru.

    —Sin duda, es bueno saber que estás aquí, Orochimaru. —respondió Shinnô incómodo ante el ambiente creado en la habitación. Parecía que el Sannin mostraba una actitud de superioridad. —Ahora que has regresado, sugiero que nos pongamos al día con los experimentos y…

    —Los experimentos se van a cancelar en este mismo momento, Shinnô. Tus servicios ya no son necesarios.

    Shinnô miró a Orochimaru fijamente a los ojos tras las declaraciones. No había ningún atisbo de broma o de duda en el rostro del shinobi serpentino. Estaba siendo completamente sincero, y eso le estaba mosqueando.

    —¡¿Qué estás diciendo, Orochimaru?! ¡¿Cómo que los experimentos se cancelan?! ¡Estamos cerca de cumplir nuestros objetivos! —exclamó visiblemente afectado el ninja del País del Cielo.

    Orochimaru negó con la cabeza mientras sonreía maliciosamente. Había algo que a Shinnô no le encajaba bien de todo esto.

    —Sandaime no da su brazo a torcer: no habrá Godaime Hokage. Él va a volver a asumir el puesto en sustitución a Yondaime. —terminó de explicar el Sannin. —Mis objetivos no se acercan a cumplir, cambian de rumbo. De nada me sirve seguir aquí en Konoha por más tiempo.

    Shinnô le miró completamente enfurecido. ¿Iba en serio? ¿Es que acaso Orochimaru se iba a marchar de Konoha y cancelaría los experimentos? ¿En serio les había puesto en peligro a él y al resto de socios para que ahora no hubiese resultados? ¿De verdad Orochimaru lo iba a echar todo a perder porque no podía ser Hokage?

    —¡¿Y qué mierda importa ese título?! ¡¿Es que acaso el nombre de “Hokage” te ha fundido los sesos, Orochimaru?! —habló Shinnô con amargor en cada una de sus palabras. —¡¿Y todo lo que te he enseñado?! ¡¿Y todo el esfuerzo y las horas de arduo trabajo intentando no ser descubierto por esos malditos ANBU?! ¡¿Vas a tirar todo a la mierda por eso?! ¡¿Por ser Hokage?!

    Orochimaru observó divertido a Shinnô. El hombre de cabellos blancos estaba con la cara enrojecida y el Sannin disfrutaba verle así. En verdad, sentía una punzada llena de placer al verle sufriendo. 

    —No eres más que otro idiota de miras cortas, Shinnô. Todos los experimentos que estás haciendo desde hace dos meses ya los he hecho yo antes. No me sirven para avanzar más en mi investigación. —respondió Orochimaru con tranquilidad.

    El Sannin vio cómo Shinnô apretó los dientes con sus protuberantes y firmes mandíbulas. Le pareció que el ninja del Cielo se disponía en una posición de ataque, pero intentando no mostrarla. ¡Qué ridículo! ¡Pensando que podría vencerle si le llegase a atacar!

    —¡Y qué más, ¿eh?! ¡¿O es que acaso olvidas todo lo que has hecho para llegar hasta lo que eres, Orochimaru?! —retó Shinnô mirando con furia al Sannin. —No olvides a tus aliados o te arriesgas a ganarte enemigos.

    —Ju, ju, ju ¿aliados? Yo no pienso en las personas como aliados, Shinnô. Sólo pienso en los pasos que tengo que realizar para cumplir mis objetivos. —dijo fríamente Orochimaru tras reírse de las palabras del hombre del Cielo. —Y ahora tú no formas parte de ellos, eres inútil.

    En ese mismo momento, Shinnô no aguantó más la falta de respeto de Orochimaru. El Sannin vio cómo el hombre, preso de la ira y el enojo, se abalanzó contra el sillón donde él estaba sentado. Con una gran velocidad y sin atisbo de haber perdido el aliento, Orochimaru se puso detrás del médico del Cielo. Una serpiente salió de su brazo y fue a parar al gemelo de Shinnô quien comenzó a quejarse y a gritar de dolor al sentir su firme mandíbula.

    —Tu presencia ya no es necesaria, aunque tu cuerpo me puede ser útil más adelante. Por ahora te dejaré vivir, si es que puedes resistirlo. —expresó Orochimaru mientras Shinnô se quedó inconsciente en poco menos de quince segundos.

    El Sannin serpente salió despacio de la sala y comenzó a caminar por los pasillos del búnker donde aguardaban habitaciones llenas de experimentos. Todo estaba silencioso. 

    —La verdad es que Danzô no me ha servido lo suficiente para poder convencer al Daimyô de mi candidatura a Hokage. Y con Sarutobi-sensei mediando el resultado no podía ser otro. —dijo Orochimaru paseando despacio por el sórdido lugar. —Ya no pudo estar más aquí, perdiendo el tiempo…

    Sus esbirros aliados habían comenzado a abandonar las estancias tal y como estaban antes de su llegada. Había ordenado a todos los presentes comenzar la evacuación de la guarida, así como también de Konoha. En menos de media hora, ese lugar estaría completamente acordonado por los ANBU y, seguramente, también por su maestro, Sarutobi Hiruzen.

    —Es casi hasta poético. El alumno sobresaliente luchará contra su célebre maestro en una singular batalla. —pronunció Orochimaru mientras abría otra puerta para introducirse en ella en espera.

    El Sannin se quedó en silencio mientras escuchaba a lo lejos por la entrada sur del escondite la incursión de varios ninjas. Había comenzado el levantamiento del lugar.

    —Lo que me pregunto es… ¿quién ganará de los dos, Sarutobi-sensei?

    Hiruzen acababa de entrar en la amplia sala del escondite. No podía creer que hubiesen excavado tan cerca de la Mansión Hokage y, peor aún, sin que él supiese nada. 

    Gracias a un superviviente que había escapado del cautiverio, Hiruzen pudo activar su Tōmegane no Jutsu (Jutsu del Telescopio) con su bola de cristal, descubriendo el terrible lugar que yacía en el subsuelo de Konoha: una construcción de túneles y habitaciones que Orochimaru había construido sin ser visto, un lugar que ni el Equipo de Barrera de Konoha, ni ningún miembro del clan Hyûga pudo ser capaz de localizar anteriormente. ¿Desde cuándo entonces estaba este lugar allí? Y peor, ¿cómo había sido posible? Definitivamente, estaba claro le habían estado ocultando información y que había sido ocasionado por “topos”.

    Después de recorrer los pasillos llenos de podredumbre, y golpeando una puerta desde la que se escuchaba un sonido constante, delante de Sarutobi Hiruzen y de los dos ANBU que le acompañaron hasta su destino, se encontraba Orochimaru. El ninja traidor estaba rodeado de cadáveres metidos de cualquier manera en ataúdes, cuerpos de ninjas que Hiruzen identificó como miembros de Konoha. Las paredes mostraban colgadas personas a medio morir, inducidas por efectos de Genjutsu o de narcóticos en un estado de absoluta zombificación. En las estanterías, multitud de frascos se esparcían cuidadosamente clasificados por etiquetas, los cuales contenían fetos en diferentes estados de desarrollo y diversas partes del cuerpo humano, especialmente del sistema nervioso.

    Hiruzen vio con horror espantoso como su alumno se giraba con altanería, con una sonrisa llena de malicia. A Hokage le dieron ganas de vomitar.

    —Orochimaru, ¿qué pretendías hacer con esto? —preguntó Sandaime con la mirada llena de incredulidad.

    El ahora conocido como Sannin sonrió con la comisura de uno de sus labios. Hiruzen no sentía que Orochimaru estuviese preocupado o envalentonado por ser descubierto en esta situación, muestra de ello es que procedió a hablar con tranquilidad.

    —Quiero aprender todas las técnicas, y comprender la verdad de este mundo, Sarutobi-sensei. —expuso con total normalidad Orochimaru

    —¿La verdad de este mundo? —inquirió Hiruzen con la frente llena de sudor por la críptica respuesta. —¿A qué te refieres?

    —Para mí, la vida del cuerpo es demasiado corta. Es demasiado pasajera. Prueba de ello es el tiempo que vivieron mis padres en este mundo. —continuó hablando Orochimaru sin responder directamente a la pregunta. —Aunque fuera un Hokage, todo terminaría al morir. No serviría de nada.

    La mente de Hiruzen comenzó a unir puntos. Entonces, ¿Orochimaru llegó a esto porque no le era suficiente ser ANBU? ¿Es que acaso Orochimaru había estado haciendo todo esto por envidias al no haber sido elegido Yondaime Hokage? ¿Su discípulo, considerado el genio de su generación, había caído en una rabieta de ese tipo? 

    Sandaime Hokage vio como sus dos ANBU tenían aspecto de estar sumamente turbados. Ambos individuos eran los dos mejores de su rango dentro del Equipo Rô de la Sección Principal ANBU y de los mejores de su Categoría Ninja: Asesinos. Si estaban tan nerviosos por lo que habían sido testigos, tenían que obrar con cuidado. Orochimaru no era una persona normal.

    —Entonces, eso puede ser acaso… —trató de decir con dificultad el Hokage.

    Orochimaru sonrió con suficiencia y cerró los ojos con una elegancia mortífera.

    —Es exactamente lo que piensas, Sarutobi-sensei. Una técnica de inmortalidad que conserva el alma de alguien en este mundo para siempre. En otras palabras, una técnica de reencarnación donde tras encontrar un nuevo cuerpo se transfiere su alma y me apodero de él. —declaró Orochimaru sonriendo con malicia. — Mi objetivo es la inmortalidad perpetua.

    Los tres shinobi que escucharon las palabras de Orochimaru sintieron ganas de vomitar repentinamente ante tales declaraciones. ¿La inmortalidad? ¿Qué clase de tontería era esa? ¿Vivir para siempre? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Para qué? Hiruzen trató de no temblar del terror ante la oleada de preguntas que le asolaban. Esto era un asunto que no podía pasarse ni taparse. Era algo lo suficientemente terrible como para poner en peligro todo el Sistema Shinobi establecido de Konoha y a toda la población civil, independientemente de si era un objetivo que se pudiese alcanzar o no.

    “No queda otra. Orochimaru debe morir.”

    El sonido de las pisadas en la hierba era sutil, pero sonaban con gran fuerza en la fresca noche. Sarutobi Hiruzen corría por las explanadas y bosques del País del Fuego a toda velocidad. Quedaban pocos kilómetros para el final de la frontera con el País de los Arrozales al noroeste. No podía dejar que Orochimaru se escapase.

    Había dejado tirados a los dos ANBU que le habían acompañado hasta el interior de su guarida terriblemente heridos por el cruce de armas y técnicas con Orochimaru. Éste había podido sortear a todas las fuerzas regulares y ANBU que habían acorralado el escondite antes de salir huyendo por patas como el escurridizo traidor que era.

    Hiruzen apretó los dientes con fuerza en sus mandíbulas. Aún no se lo podía creer. No podía creer que Orochimaru había hecho todo lo que había hecho: construir una guarida secreta a espaldas de Konoha y secuestrar y realizar experimentos a humanos. Era imposible, aún se negaba Sandaime a aceptar tal crueldad, tal desprecio por todo lo existente.

    Hiruzen recordó cuando se enteró de que existían grandes sospechas de que Orochimaru había construido un escondite bajo la misma Konoha, una serie de túneles con habitáculos que hacían las veces de salas de experimentación. Estaba completamente impactado por los informes del servicio secreto y por lo que vio gracias a su bola de cristal. Cuando se decidió a presentarse junto con sus ANBU, pudo notar el olor pútrido de la muerte del cerrado lugar, una mezcla asquerosa de sangre, sudor, orín, heces y semen flotaba en todo el lugar. Sólo recordarlo le daban náuseas en ese mismo instante. No quería imaginar todo lo que había estado sucediendo allí, en las experimentaciones que había realizado su antiguo y aventajado discípulo.

    Por un instante, Hiruzen pudo sentir algo diferente en el ambiente. Podía sentir dos flujos de chakra diferentes a menos de 200 metros de su posición. Descendió la velocidad y se escondió tras un enorme árbol para evaluar la situación. Estaba al lado de la frontera de los Arrozales. De repente, comenzó a escuchar una conversación entre dos personas, dos jóvenes adultos.

    —¿Estás seguro que no vas a cambiar de opinión, Orochimaru? —escuchó Sandaime de un hombre cuya voz se le hacía familiar.

    —¡Ridículo! ¡Hay un límite para la estupidez, Jiraiya!

    Al asomarse despacio de su escondite, Hiruzen fue testigo de como Orochimaru saltó por los aires con ánimo de atacar a otro joven de su misma edad. Un hombre muy alto, con cabello largo y blanco. Su otro alumno y amigo del fugitivo, Jiraiya. Parecía que el joven había sido más rápido que él en llegar, tratando de pararle los pies al que había sido su amigo.

    Se produjo un cruce de golpes y de armas ninja entre los dos. Ninguno de los dos jóvenes quería sacar a relucir sus técnicas. Ya se las conocían muy bien mutuamente como para saber cómo contrarrestarlas. Orochimaru se agarró a la corteza de un árbol a cuatro patas como si de un animal salvaje se tratase. Dirigió a Jiraiya una mirada con absoluto desdén. El joven shinobi de cabellos blancos de Konoha tenía el rostro muy turbado. No podía creerlo, no podía creer que todo esto estuviese pasando. Su corazón palpitaba por el daño cometido por su compañero de equipo y amigo, por la traición. Hiruzen observó como Jiraiya parecía flaquear y despistarse por el dolor, algo que Orochimaru aprovechó para utilizar un Doton: Kage Bunshin (Clon de Sombra de Tierra), el cual se deslizaba por la espalda de su fiel discípulo Jiraiya para apuñalarlo.

    “Katon: Gôkakyû no Jutsu (Jutsu Ígneo: Gran Bola de Fuego)” pensó con intensidad Hiruzen saliendo de su escondite y ejecutando dicha técnica para interceptar el clon de sombra dirigido hacia Jiraiya.

    —¡Sarutobi-sensei! —exclamó el hombre de cabello blanco sorprendido por la llegada de su maestro.

    Hiruzen se acercó al lado de Jiraiya y miró a lo alto del árbol tras llegar al lado de su discípulo de pelo blanco. Sandaime frunció el ceño profusamente. No le pareció ver a Orochimaru, le pareció ver a un ser animalesco, a una sabandija. Algo que no era humano que se movía entre las sombras del lugar. 

    El Hokage y Orochimaru se lanzaron una mirada de gran intensidad. Hiruzen conocía el dicho de sus mayores que decía que había dos ocasiones en la que los shinobi podían conocer a sus oponentes: a través del combate y con el intercambio de miradas. Sandaime vio los ojos de Orochimaru. Una sombra tenebrosa cubría sus párpados y el iris parecía más oscuro, algo digno del mundo de ultratumba. Aquí ambos shinobi, Hiruzen y Orochimaru, se dijeron muchas cosas a través de la mirada, pero una quedó más que clara: cada uno se había posicionado y eso era todo lo que tenían que saber.

    Orochimaru sonrió una última vez con malicia, saltó del árbol y rápidamente se perdió en la espesura del bosque para atravesar la frontera sin mirar atrás.

    —¡Ah! ¡Sensei, tenemos que…! —dijo Jiraiya haciendo ademán de perseguirlo.

    —Jiraiya, para. Si los guardias de los Arrozales saben que hemos cruzado la frontera del país ahora mismo, podemos causar un incidente internacional.

    Jiraiya se giró para mirar a su maestro. ¿Qué significaba eso? ¿Cómo que no podían pasar? ¿Causar un incidente internacional? En una situación como esta, era mucho peor dejar libre a Orochimaru que tener un pequeño conflicto diplomático con el País de los Arrozales. ¡Más sabiendo todo lo que Orochimaru había cometido y podía llegar a hacer! El shinobi de cabello blanco de Konoha estaba furioso. Se acercó aún más a su maestro y le agarró del cuello del mono de combate, preso de la ira.

    —¡Maldito viejo! ¡¿Por qué no lo has detenido?! ¡Le pudiste haber convencido! ¡Le pudiste…!

    —No, Jiraiya. —habló Hiruzen con tristeza. —No pude hacer nada. Creéme. Lo intenté.

    Al mirarle a los ojos, el joven Sannin vio que no había engaños procedentes de su maestro. La agotada mirada de Hiruzen dejó impactado a Jiraiya. Había culpabilidad, dolor, sentimiento de traición. Jiraiya sabía, por boca de Tsunade y por comportamientos que había realizado Orochimaru, que su antiguo compañero de equipo había realizado actos completamente execrables en el pasado y que su maestro había querido darle una oportunidad de rectificar, varias incluso. Ahora, sin embargo, había alcanzado lo que nadie pensó que habría llegado a realizar: atentar contra Konoha y contra los habitantes de la misma con actos repulsivos. Preso del dolor, Jiraiya, soltó el agarre del cuello de su maestro, dejándolo completamente libre.

    —Tenemos que regresar a Konoha. Hay muchos muertos que enterrar y muchas familias que necesitan una explicación a todo lo que ha pasado. —dijo Hiruzen con la mirada oculta.

    Jiraiya apretó los puños mientras miraba el suelo de hierba antes de seguir a su maestro en la distancia. Aquella noche sería conocida como el Incidente de las Investigaciones de Orochimaru contra Konoha, donde tiempo después se supo que el repulsivo shinobi se cobró brutalmente la vida de 96 personas de la Aldea, entre civiles y miembros del Sistema de Jerarquía Shinobi de todas las edades y rangos.

    —¡Hokage-sama! ¡Pueden parecerse a ellos, pero no son los verdaderos Shodai-sama y Nidaime-sama!

    Sandaime sentía como la sangre comenzaba a llenar sus pulmones. Algo normal, teniendo en cuenta que se los habían perforado. Un desesperado Zô le había advertido al inicio del combate sobre los dos seres que habían aparecido ante él. Desde ese momento, todo había sido extraño y confuso. No había estado más que atento a su propio combate. Hiruzen levantó la mirada y vio a Orochimaru, quien estaba delante de él, observando con terror al Shinigami que trataba de sacarle el alma del cuerpo para arrastrarle forzosamente al otro mundo. Sus dos almas estaban entrelazadas por la tela del destino mortal y era cuestión de tiempo de que la técnica se terminase de cumplir.

    “Parece que no tengo fuerza suficiente para extraer todo tu chakra. Pero tu ambición termina aquí, Orochimaru.” pensó Hiruzen al tratar de hablar sin éxito al no poder sacar más que los brazos etéreos de su alumno. “Todo ha ido demasiado lejos…”

    Hiruzen tosió violentamente y vomitó abundante sangre. Su garganta emitió un gorgoteo mortal. Estaba atravesada por una espada, imposibilitando su habla. Su cuerpo entero también estaba ensartado y el pecho mostraba la punta de la maldita espada Kusanagi, filo que se había dado por perdido. 

    Orochimaru miraba a los ojos de su maestro con visible dolor. Estaba sudando abundantemente. El jutsu le estaba afectando mucho. Le dolían terriblemente los brazos.

    —Esto no se supone que debiera pasar. ¿Es que acaso Toshikomi me ha engañado? — farfulló Orochimaru por lo bajo, tratando de recordar todo lo que le dijo aquel misterioso hombre.

    El Sannin vio como su antiguo maestro le sujetaba con toda la fuerza conocida de los Sarutobi, pese a estar prácticamente inhabilitado total. La muerte de su maestro estaba cerca, pero no cejaba en su intento por pararle y lograr el objetivo de quitarle la vida. Entonces, lo sintió. Orochimaru alzó la vista de nuevo y sintió una heladísima sensación que se había instalado en su estómago. Hiruzen vio con una pequeña risa y satisfacción la cara de asombro y terror de su antiguo discípulo.

    “¡Hasta aquí llegó tu ambición, Orochimaru!” pensó el anciano con alegría.

    Hiruzen sintió como, con un gesto del mencionado, se clavó más profundamente el filo de la espada Kusanagi por su espalda. Enkōō: Enma, el Gran Rey Mono e invocación personal de Hiruzen llamada al combate, había tratado de detenerla sin mucho éxito, pues las serpientes invocadas de Orochimaru le estaban constriñendo todo el cuerpo. Instantes después, Hiruzen notó que varias espadas se clavaron nuevamente por todo su cuerpo: las piernas, los brazos, los costados, la garganta. Orochimaru seguía insistiendo en dejarle como un alfiletero. Estaba completamente ensartado.

    —No dejaré que pase lo mismo. Él… ¡él me lo prometió! —dijo Orochimaru con un rostro lleno de rabia e indignación. —¡Toshikomi, maldito seas!

    Hiruzen miró lleno de confusión y dolor a su alumno. No entendía qué estaba pasando ni a quien se estaba refiriendo. ¿Había otra persona implicada? ¿Toshikomi? ¿Quién era ese individuo? ¿Acaso se había aliado con alguien para realizar la destrucción de Konoha y para asesinarle? Hiruzen suspiró con violencia y tosió de nuevo. Ahora ya nada de eso importaba. En esos momentos, delante de él, sólo vio a un hombre desesperado por no morir, por querer salir de esa situación como una rata acorralada a la que el gato está a punto de darle caza. Orochimaru era débil y siempre lo había sido.

    “Te daré el castigo que te mereces, Orochimaru. Cometiste muchísimos crímenes atroces. Aprendiste muchas técnicas en tus asquerosas investigaciones y estás orgulloso de todo ello. Así que… ¡Me llevaré TODAS las técnicas que tengas!” sonrió el anciano Hokage de manera maliciosa. ”¡JAMÁS podrás volver a usarlas!”

    Hiruzen hizo un gesto mirando a la parca. El ser fantasmagórico miró al solicitante y, tras un rato, asintió con ominosidad pasmosa. Posteriormente, el Shinigami alzó su enorme cuchillo espiritual. Orochimaru respiró con agitación ante la terrible visión, la visión del espíritu de la muerte. De repente, sintió como un gran tirón terminó de sacarle los brazos fantasmagóricos del estómago y el cuchillo cayó como una guillotina.

    —No puede ser… ¡Detente, maldito! —gritó Orochimaru sin mucho éxito lleno de un dolor que le carcomía cada uno de los nervios de su cuerpo.

    Era un dolor completamente intenso. Orochimaru no sabía cómo era posible ese sentir. Recorría todo su cuerpo, el cuerpo de aquella muchacha al que había arrebatado la vida para poder hacerlo suyo. No eran sólo los brazos. Cada dedo del pie, cada parte del torso, cada ínfima célula de su organismo dolía extremadamente fuerte.

    Finalmente, la parca hizo su trabajo, y tras terminar de cortar los brazos espirituales de Orochimaru, comenzó a absorber las almas que habían sellado su pacto con ella tras sellar la evidencia en el vientre de Sandaime, quien gimió de malestar.

    —¡Agh! Mi-mis manos…

    Orochimaru trató de levantar sus miembros mencionados, pero era muy difícil, casi imposible. Vio que empezaban a tornarse de un color negro. El olor pútrido de un cuerpo muerto comenzaba a llenar el aire y la sangre comenzaba a chorrear de las costras y heridas que comenzaban a formarse. Se estaba necrosando.

    “Ya no podrás usar tus brazos ni usar sellos nunca jamás. Eso te hará las cosas difíciles siendo un brujo, ¿eh?” pensó con la mente nublada Sandaime Hokage.

    —¡Maldito viejo! ¡Devuélveme mis brazos! —gritó Orochimaru exigiendo imposibles. —¡Toshikomi, esto no se supone que tendría que haber pasado!

    Hiruzen sonrió ante la absurdez y las locuras de su alumno.

    “Toshikomi de nuevo, ¿eh? Así que verdaderamente había alguien ayudándote por detrás. Me da lástima que no podamos morir juntos, estúpido aprendiz. Nos encontraremos en el otro mundo… espero que más pronto… que tarde…”

    Orochimaru siguió profiriendo maldiciones, pero los oídos de Sarutobi Hiruzen ya no escuchaban. Sus ojos llenos de bruma comenzaban a cerrarse poco a poco y sintió que se desplomaba al suelo con todas las espadas cayendo con él.

    Hiruzen sabía que su historia daba a su fin. Su mente rápidamente comenzó a recordar cada uno de los momentos vividos. Recordó a sus padres, su hermano, su esposa, sus hijos y nieto, su sobrina, a todos los miembros del clan Sarutobi y de Konoha que conocía. Recordó sus obligaciones y responsabilidades como Hokage. Había cumplido su deber como prometió. Había protegido Konoha. No fue un trabajo fácil. Sabía que cuando él estuviese muerto comenzarían a salir muchos misterios ocultos, que quienes vendrían después tendrían que ocuparse de ellos. No podía hacer más que desearles suerte. Hiruzen se lamentó de creer que pudo hacer más y no lo hizo, pero ahora ya todo eso era inútil. Todo había acabado para él.

    Lo último que vio antes de sumirse en el camino de la plácida oscuridad eterna fue cómo aquel ser maldito de Orochimaru se iba transformando en el niño huérfano de mirada y sonrisa triste que en una ocasión consoló.

    PERFIL NINJA OFICIAL

    Número de Registro Ninja: 000261

    Apellido: Sarutobi

    Nombre: Hiruzen

    Apodo/sobrenombre: Tercer Hokage (Sandaime Hokage) / El Profesor (Purofessā) / El Dios Shinobi (Shinobi no Kami) / Mono (Saru)

    Fecha de nacimiento: 08 de febrero del año 011 de la Era Moderna

    Sexo: Hombre

    Estatus: Fallecido

    Tipo sanguíneo: A

    Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego

    Clan/Familia: Clan Sarutobi (clan ninja político)

    Equipo: Genin Licenciado del Equipo 01 – 017 y antiguo Capitán del Equipo 03 – 035

    Rango Ninja: Jônin (año 020 de la Era Moderna)

    Categoría Ninja: Saboteador

    Naturalezas de Chakra: Fuego (Afinidad Natural), Viento, Rayo, Tierra, Agua, Yin y Yang

    Kekkei Genkai: Inexistente

    Ocupación: Hokage

    PRÓXIMO CAPÍTULO 

    SALVACIÓN

  • Capítulo 6 – Engaño

    —¡Ya, sé! ¡Ya sé! Hagamos un trato. Tú me das un poco de ese arroz y yo te ofrezco… esta semilla y esta mosca muerta que entraron por la ventana. —sugirió suplicante un hambriento prisionero de Suna.

    Kanden Tekuno miró con una mueca de profundo desagrado las manos del prisionero de la celda T04-34. El Jônin de Konoha apartó asqueado la mirada sin hablar y se llevó otra porción de arroz a los labios. Sólo el silencio y la indiferencia eran prueba de su gran malestar.

    —¡Oh, vamos! ¡Sé que tienes compasión por mí, Tekuno-chan!

    Al escuchar su nombre ser llamado así, el mencionado se levantó de sopetón hecho una furia contra la celda. Aferró con su gran mano una de las porras de metal y golpeó con una fuerza increíble los barrotes. Ésto hizo saltar del susto al resto de prisioneros.

    —¡Cómo me vuelvas a llamar así, te juro que te saco y te pego una paliza que te va a dejar gilipollas, mariconazo de Suna!

    Al mismo tiempo que Tekuno vociferaba, Shirakumo Hayama miraba con desagrado y de reojo la celda T04-33, donde estaba alojado Sabaku no Gaara. Pese a que habían pasado siete días desde que los ANBU lo trajeron, aún no se había acostumbrado a su sombría presencia. El hijo menor del Kazekage siempre estaba callado e imperturbable, con los ojos cerrados en una posición sedente que podría competir perfectamente con cualquier Bodhisattva, pero aún más temible. Verle tan tranquilo le ponía enfermo.

    Los calmados rasgos de Gaara le hacían difícil evocar la ferocidad del ninja de Suna que se había hecho eco en Konoha por sus terribles crímenes. Hayama recordó cómo varios días atrás había recibido la noticia de que Sabaku no Gaara había atacado a varios Chûnin de sus puestos de vigilancia en la frontera norte de Konoha, cerca del Monumento Hokage. Cuando se enteró de que una víctima de la arena del ninja de Suna había sido Gekkô Hayate, le dio un vuelco en el corazón. Hayama dio un nuevo bocado al arroz con sus palillos sintiendo que una extraña mezcla de rabia y tristeza contenida comenzaba a aumentar ante este recuerdo.

    Hayate y Hayama habían sido compañeros de aprendizaje de Kenjutsu durante varios años bajo las enseñanzas del ilustre y afamado Yûhi Shinku, fundador del Estilo de Kenjutsu de la Familia Yûhi. Ellos dos, junto con otros compañeros shinobi durante su etapa Genin, habían peleado, reído, llorado y celebrado juntos muchos logros, forjando así una amistad larga y duradera dentro de la disciplina del instructor Shinku. Fue durante ese tiempo en el que Hayate y Hayama se habían vuelto muy buenos amigos.

    “Aún me cuesta creer que Hayate ya no esté aquí. Hace que hasta la comida no tenga sabor…” pensó Hayama evocando con nostalgia y tristeza también a Uzuki Yûgao, la antigua novia de su amigo Hayate. “Me preguntó cómo se encontrará Yûgao con su muerte. No he sabido nada de ella después del incidente. Todo ha sido tan repentino para quienes fuimos alumnos de Shinku-sensei…”

    —¡Tierra a Hayama! ¡Échame una mano con estos desgraciados, por favor! ¡Yo ya no puedo más!

    Hayama parpadeó rápidamente varias veces. Las repentinas palabras de un cansado Tekuno le hicieron salir de sus pensamientos. Independientemente de la pérdida de Hayate, y aunque deseaba en lo profundo de su corazón tomar venganza contra Gaara, Hayama sabía mantenerse en su lugar.

    —Ah, sí, sí, voy. —dijo Hayama con presteza dejando su fiambrera encima de la mesa y levantándose de la silla.

    Sin embargo, lejos del aparente vaivén cotidiano, algo se movía en silencio. Desde la celda T04-33, Gaara vio como el Jônin de cabello gris con coleta se levantó de comer para acercarse a la celda de al lado. Gaara tuvo un escalofrío de impaciencia feroz. Debajo de su armadura de arena, su rostro mostraba una sonrisa llena psicopática y llena de malicia. Gaara miró la posición del sol. En unos minutos serían las 12 del mediodía. Estaba deseando que llegase el momento de comenzar. Había aguantado mucho tiempo. Demasiado. Pronto podría dar rienda suelta a aquello que había estado guardando tanto tiempo: su sed de sangre. Al fin y al cabo, la última vez que la probó fue una semana atrás atacando a los Chûnin de Konoha, pero no había sido suficiente.

    “No estoy pleno… nada pleno… pero tranquilo…” pensaba intentando que su respiración no sonase entrecortada. “Pronto… será mediodía… pronto será la… señal y…podré hacerlo… PODRÉ… CAZAR…”

    Gaara continuaba usando de poco en poco la arena que tenía sobre su cuerpo. Día y noche sin dormir, royendo con la arena cada porción de aquella prisión de manera silenciosa. En los barrotes de las celdas, en las paredes, en las columnas de toda la torre. Todo estaba preparado. Gaara sonrió detrás de la máscara con suficiencia. Aunque el agua que rodeaba la torre había mermado considerablemente la eficacia de la arena, aún podía usarla gracias al Youma, el monstruo demonio de su interior. ¡Qué idiota por parte de Konoha no tomar suficientes precauciones pese a tenerle como sospechoso de ser un Jinchûriki!

    —¡Eooh, Gaara-sama! ¡Pronto terminará esto, ¿no?! —escuchó Gaara desde la celda de al lado junto con gritos y demandas de los demás ninjas de Suna.

    Gaara abrió los ojos repentinamente, haciendo que casi se cayese la débil arena que ocultaba su sádico rostro. Esos idiotas de la celda de al lado. Desde que le habían traído a la torre, Gaara no hizo más que recibir estúpidos intentos de conversación por parte de sus subordinados. ¿Quiénes se creían que eran? Parecía que aún no sabían en qué posición estaban. ¿Es que acaso no recordaban que debían tratarle con el respeto que se merece un miembro de los Arenji, la familia de los Kazekage?

    —Si volvéis a dirigirme la palabra, juro que os sacaré las entrañas en este mismo instante. —respondió Gaara intentando contener a duras penas sus instintos asesinos.

    Al instante, todos los presentes quedaron callados ante las frías palabras del hijo del Kazekage. Un silencio sepulcral y mortífero quedó impregnado en las paredes de la torre. Por algún motivo que desconocían, y pese a la seguridad de la distancia y de las medidas de contención, Hayama y Tekuno creyeron en sus mentes que Sabaku no Gaara era capaz de cumplir con su amenaza.

    —Ejem, bien, así me gusta que os quedéis todos callados. —dijo Tekuno tratando de mostrar algo de autoridad hacia los presos utilizando el silencio propiciado por Gaara.

    Por su parte, Hayama no dijo nada. Se quedó de pie mirando fijamente a Sabaku no Gaara hasta que se decidió a regresar a su asiento para terminar de comer. Hayama no le quitaba el ojo mientras comía. Había algo raro. Era la primera vez que el ninja pelirrojo de Suna había hablado en todo este tiempo. A lo largo de su estancia en la torre, Gaara había sido testigo de situaciones similares y él simplemente las había ignorado. ¿Por qué? ¿Por qué ahora había reaccionado?

    Tras volver a la mesa y dar los últimos bocados de su comida, Hayama puso las manos en su barbilla, todavía observándolo. Un pequeño rayo de luz solar le dio en los ojos. Su vista se dirigió al pequeño recoveco que filtraba la luz del exterior. Era justo mediodía. Entonces, Hayama sintió algo extraño, un movimiento. Su mirada se dirigió a los dos vasos de agua sobre la mesa. Primero, una onda pequeña, luego otra más grande y, finalmente, una mayor.

    Levantó la vista de la mesa y se encontró cara a cara con el rostro de Sabaku no Gaara enfrente de él. Hayama se quedó helado de horror. Las venas de los ojos inyectados en sangre, la sonrisa de filosos dientes en sus tensados labios, la enorme cantidad de arena que flotaba a su alrededor. La expresión del ninja de Suna transmitía sólo una cosa: sangre. Hayama vio cómo una pequeña cantidad de arena –fina, pero mortífera– comenzó a subir por su cuerpo hasta el cuello. Paralizado, no podía decir ni hacer nada debido al miedo y a la opresión del elemento.

    Sabaku no Gaara lo elevó dos pies del suelo. Con un gesto abrupto del brazo de su enemigo, Hayama fue lanzado hacia una de las paredes de la estancia. Esto ocasionó que, gracias al añadido de la erosión de la arena, el muro de ladrillos se partiera y cayese sobre él, quedando sepultado bajo el escombro, lanzando un fuerte alarido.

    Hayama escuchó el ruido de los otros muros cayendo y gritos procedentes de su compañero Tekuno. También escuchó los berridos de alegría de lo que parecían los prisioneros de la otra celda. El Jônin atrapado pudo ver cómo las sombras de los cautivos saltaban hacia el vacío desde lo que antes era la torre.

    Una vez todos huyeron, comenzó a escuchar y sentir lo que creía eran explosiones y estruendos a diversas distancias desde allí. Antes de caer en la oscuridad, se preguntó si su compañero Tekuno estaría vivo.

    En una preciosa sala de color verde esmeralda con suelo hecho de mármol pulido, se encontraba una tarima forrada de una alfombra simple, pero de exquisitos hilos de gran calidad. Allí, un hombre solitario con porte regio estaba sentado sobre sus piernas. Vestía el traje uniformado del Kazekage: un kimono verde holgado con cuello blanco, un haori blanco y el sombrero característico de quien ostenta el cargo con el kanji “viento” en él. Su cara la tapaba un velo de color blanco puro. El hombre se mantenía imperturbable. Se encontraba en Furuya no Kyô en el Ôkogane Kyûden (Gran Palacio de Oro) esperando a que, los guardias del Daimyô del País de los Ríos, le avisasen de la hora para iniciar la reunión entre él y Hokage. Tras unos instantes de silencio, escuchó un sonido que identificó con el repique de la puerta.

    —Pasa. —dijo el hombre con una voz grave y solemne.

    Una figura que se podía identificar con la de un chico joven entró en la habitación. Llevaba una máscara de ANBU y portaba una capa blanca propia de los líderes de dicho grupo. El chico se quitó el antifaz y dejó ver su rostro engalanado con unas gafas redondas. Era Yakushi Kabuto.

    —Ya está todo listo, Orochimaru-sama. —dijo el ninja de gafas mientras se postraba ante el susodicho farsante. —Acabo de recibir la información sobre las modificaciones del plan. Ahora no habrá problemas en que el asesinato de Hokage sea un éxito.

    Los ojos de Orochimaru con el rostro de Yondaime Kazekage se abrieron lentamente para mirar a su subordinado. El repulsivo Sannin había reemplazado su rostro con el de Rasa. Si bien los iris que portaba Orochimaru no eran los suyos propios, destilaban muchísima malicia.

    —Ju, ju, ju. Verdaderamente, Kabuto has actuado bien. Gracias a ti, hemos podido interceptar las noticias de nuestros avances aquí en Furuya no Kyô. Eso ralentizará la llegada de Konoha hasta aquí.

    Ante las palabras de su amo, Kabuto se llevó una mano al tabique de la nariz para recolocar sus gafas despacio.

    —No tendría que haberlo hecho si esos inútiles de Suna hubiesen realizado bien su trabajo desde el principio. —expresó el joven con una perceptible molestia en su tono de voz. —Aún me cuesta creer que una Gran Aldea Shinobi como Suna produzca ninjas de tan baja categoría.

    Orochimaru se recolocó en su posición como si las palabras de Kabuto le fueran familiares.

    —Está claro, Kabuto. Cuando estás entre las ligas más poderosas, corres el riesgo de quedarte centrado en la fama y en unas pocas glorias pasadas. Suna es ejemplo de ello. —Kabuto percibió como su maestro hacía una mueca tras el velo. —Pero gracias a esa debilidad, hemos podido aprovecharnos de ella y podido ejecutar el plan de invasión.

    El joven de cabello gris afirmó con la cabeza en silencio tras ver que Orochimaru cerraba nuevamente los ojos.

    —Entonces, ¿cuál es la estrategia de los de Suna? —preguntó el Sannin con mucha tranquilidad.

    —Teniendo en cuenta que es muy posible que en Konoha ya les haya llegado información de nuestros planes, es muy probable que envíen hasta aquí únicamente equipos de ninjas de élite, tanto ANBU como Jônin. —respondió Kabuto con aparente seriedad. — Pese a que se tarda algo menos de día y medio en llegar, y si han recibido la información sobre las 10:00 horas, debemos asumir que llegarán en menos de seis horas, si no paran a descansar, usan elementos extra y utilizan el chakra para alcanzar Furuya no Kyô lo más rápido posible.

    Orochimaru afirmaba en silencio mientras escuchaba impasible a Kabuto.

    —Los estrategas de Suna que están con nosotros han desplegado una serie de zonas circunscritas donde han apostillado minas y bombas desde la frontera sureste de los Ríos. Después, en la última línea, a la entrada de Furuya no Kyô, hay camuflados 50 ninjas de varios rangos de Suna y Oto, pero de gran experticia, que se enfrentarán a los shinobi de Konoha que queden en pie.

    Kabuto hizo una pausa breve y continuó tras relamerse los labios. Sin duda informar le daba sed y cansancio.

    —Cuando quieran llegar hasta el palacio, Hokage deberá estar muerto. —decretó Kabuto con cierta firmeza.

    Ambos ninjas se quedaron un instante en silencio hasta que el Sannin habló, mostrando sus ojos llenos de malicia.

    —Espero que eso último que has dicho Kabuto no haya sido una orden de tu parte hacia mí. —dijo el Sannin con cierto tono de molestia al no pasar desapercibidas las palabras de Kabuto.

    Kabuto ahogó un respingo en el fondo de su garganta, tratando de guardar las apariencias y la compostura. Su mentor se había dado cuenta en el sutil detalle.

    —En absoluto. Sólo mencionaba el paso final a dar en la secuencia de acontecimientos previstos, Orochimaru-sama.

    Kabuto fingió tranquilidad con sus palabras. El Sannin indudablemente podía ver a través de él. Desde que le había ordenado investigar Konoha, Kabuto se había sentido muy molesto con ciertas palabras que su amo le había dicho y que estaban resonando en su cabeza.

    ”Si quieres detenerme, tendrás que matar a Sasuke”, “No tienes posibilidades de matarme. Aunque tuvieras el valor, sería inútil” y “Eres igual de débil que Kakashi.” habían estado haciendo mella de manera extraña en su mente. Kabuto aún no sabía con qué objetivo exacto le había pronunciado esas declaraciones Orochimaru. Lo que sí sabía es que tenían una intención, algo que quería comprobar o demostrar. No obstante, hasta ahora, había conseguido ocultar esas inquietudes al Sannin quien sonrió complacido ante su respuesta. Hacía mucho tiempo que Orochimaru había planeado el fin de su antiguo maestro y de la aldea que le vio nacer y crecer. Estaba deseoso de ello. Pronto se consumarían sus planes, incluso antes de lo que tenía previsto.

    —Por otro lado, no tenemos que olvidar que sin la ayuda de nuestro nuevo amigo, esto hubiese sido mucho más difícil, ¿no crees, Kabuto? —dijo Orochimaru con una voz aterradoramente sedosa.

    —Sin duda haber conocido todo lo que Toshikomi sabía, nos ha ayudado mucho. Sin embargo, me sigue pareciendo un hombre extremadamente peligroso. Desconozco cómo puede moverse con tanta agilidad y rapidez. —sentenció Kabuto agachando ligeramente la cabeza. —Debemos ser cautelosos con él y…

    Aunque quería seguir con la conversación, llamaron a la puerta de la estancia. Con diligencia, Kabuto se puso la máscara de cerámica de ANBU. Orochimaru hizo un gesto de asentimiento y procedió a hablar con un color de voz diferente, con la voz del Kazekage Rasa.

    —Adelante.

    En la sala entraron dos hombres con Protectores de Frente de Suna y el atuendo típico del mismo lugar. Se situaron a ambos lados de su líder. Detrás de ellos, otros dos hombres les siguieron hasta dentro de la estancia. Llevaban los trajes de la guardia del País de los Ríos y en el cinto portaban una gran espada cada uno.

    —Kazekage-sama. Venimos a acompañarle hasta el Gran Salón del Sol. —dijo uno de los guardias tras una reverencia. —Allí le esperan Hokage-sama y Harunobu-sama.

    Orochimaru se levantó y salió de la sala andando en comitiva hasta el lugar designado para la reunión. Pronto, se encontró delante de unas grandes puertas de color esmeralda forradas de pan de oro y de plata, evidenciando la riqueza del lugar. Los dos guardias de los Ríos se posicionaron delante de los gruesos pomos circulares de cada una de las puertas y tiraron con fuerza.

    Tras su apertura, una gran sala de color también esmeralda, ricamente decorada con más pan de oro se desplegó a los ojos de Orochimaru. En el centro de la estancia, una mesa ovalada presidía el lugar. El mueble en cuestión tenía tres sillas, una a cada extremo de la mesa y otra en la parte central. Salvo la que estaba enfrente suya, las otras dos estaban ocupadas.

    —¡Oh, me alegra de que ya esté aquí, Kazekage Rasa! —dijo un hombre con el traje tradicional de Daimyô del País de los Ríos que se acercó hacia el disfrazado traidor. —Déjeme decirle que estoy muy contento que haya podido hacer un hueco en su apretada agenda, pese a la recuperación de su enfermedad, para que podamos llegar a un acuerdo.

    El hombre en cuestión era Harunobu Ryôshu, de amplio linaje y muy distinguido. Los ojos disfrazados de Orochimaru fingieron cordialidad ante el alegre y distendido hombre.

    —Seguro que habrá satisfacción al término de esta reunión, Harunobu-sama. —declaró con una voz suave.

    —Es bueno oírlo. ¡Oh, perdón por mis modales, Kazekage! Aquí también está el Hokage Hiruzen. —añadió el bonachón de Harunobu señalando con su brazo a la silla que estaba al otro extremo de la mesa.

    La mirada ansiosa de Orochimaru se elevó ligeramente y pudo verlo. Un pequeño anciano sentado cuya cara se ocultaba con el sombrero rojizo de Hokage. Al igual que él, llevaba el atuendo tradicional de los Kage, sólo que el kimono era de color rojo. Poco a poco, el rostro del viejo hombre se levantó y dejó ver su cara demacrada por la edad, pero sabia. Sus ojos mostraban lo que parecía una expresión fuerte, pero pacificadora.

    —¡Ah, llegó! ¡Bienvenido, Kazekage-dono! —dijo Hiruzen esbozando una sonrisa. —Me alegro de que se encuentre mejor de salud.

    Orochimaru sintió como su instinto asesino pedía salir con fuerza. Evidentemente, lo aguantó. Miró el gran reloj que había en la sala. Acababan de dar las doce del mediodía. Había comenzado el ataque a Konoha.

    —Gracias por asistir también, Hokage-sama. —dijo Orochimaru imitando la voz de Yondaime Kazekage. —Siempre es un gusto verle.

    El Sannin vio como su antiguo maestro asintió con la cabeza mientras se sentó en la silla preparada para él. Por su parte, Harunobu se dispuso en medio de la mesa, listo para comenzar. Cada uno de los mandatarios tenía a sus espaldas a sus guardias personales.

    —Puesto que los tres estamos presentes, puedo decir que se da por iniciada la Primera Reunión para la Concordia entre Konohagakure, liderada por Hokage Sarutobi Hiruzen, y Sunagakure, liderada por Kazekage Arenji Rasa. La mediación se llevará a cargo por un servidor, Harunobu Ryôshu, Daimyô del País de los Ríos, con la autorización y el beneplácito del Daimyô del País del Fuego, Madoka Akira-dôno, y el Daimyô del País del Viento, Kazetani Miya-dôno. Todo ello en fecha del 25 de febrero del año 081 de la Era Moderna en Furuya no Kyô, antigua capital del País de los Ríos. —terminó el líder de los Ríos de leer la hoja de la reunión para posarla nuevamente en la mesa limpia.

    Orochimaru apenas había escuchado las palabras del Daimyô. Todo lo que entraba por sus oídos era como un eco. Su malévola mirada no dejaba de posarse en el anciano Hokage, quien mantenía una actitud tranquila.

    “Vamos a tener todo el tiempo del mundo para jugar juntos, Sarutobi-sensei…”

    Hyûga Neji y Tenten llevaban corriendo quince minutos sin descanso hacia la dirección norte del Bosque de Konoha. Hacía poco menos de cinco minutos que Inuzuka Kiba y su perro Akamaru se les habían unido, convirtiéndose en un grupo base de cuatro miembros. 

    Los dos miembros del Equipo Gai apenas habían entrado por el Portón Sur de Konoha cuando tuvieron que huir, pues la invasión por ninjas extranjeros había comenzado. Habían estado vueltas alertando a diversos grupos e individuos shinobi cuando, media hora antes, comenzaron a estar sumergidos en una problemática importante: Hyûga Hinata había sido secuestrada por ninjas de Kumogakure no Sato, la Villa Oculta entre las Nubes, que seguramente estaban apostillados en los muros exteriores de Konoha como espías observadores.

    —Aún no me puedo creer que Kumo esté también metida en todo esto. —declaró Tenten muy preocupada por la chica secuestrada. —Puede que sea un incidente internacional aún mayor…

    —La verdad es que lo dudo, Tenten. No he visto con el Byakugan a otros ninjas con el Protector de Kumogakure. —dijo Neji mientras daba un salto en el aire con su Kekkei Genkai activado. —Creo que esos dos sólo han visto la oportunidad de la invasión y la han aprovechado.

    Tenten veía como Kiba se mantenía callado, pero con el ceño fruncido, ante las declaraciones de Neji. Se le veía muy molesto. La chica de cabello recogido sabía que, debido a rencores familiares antiguos, Neji había odiado a Hinata. Muestra de ello había sido su absoluto desprecio por la vida de la joven de ojos blancos en el combate que, por fortuna o por desgracia, les había tocado juntos en la fase preliminar del Examen Chûnin. Ahora, sin embargo, el chico Hyûga parecía que se abogaba por defenderla. Seguramente, pensó, eso era lo que estaba confundiendo y molestando al chico del clan Inuzuka.

    —No obstante, no sé si fue buena idea que el Anciano Hyûga se quedara sólo. —comentó nuevamente Tenten por la situación que habían dejado atrás. —Sus heridas no eran buenas…

    Según les informaron, Hinata estaba de regreso de la UMN con su abuelo paterno de uno de los chequeos médicos de su dolencia con el corazón, producto de la pelea con Neji, al momento en que comenzaron los ataques en Konoha. Casi a la vez, fueron sorprendidos por una gran cantidad de ninjas con el Protector de Otogakure que los dejaron inconscientes. El hombre anciano apenas pudo hacer nada para evitar que Kumo  secuestrara a su nieta.

    —Je, eso le da igual. A ese hombre sólo le importa que el Byakugan esté a salvo de manos extranjeras. —dijo Kiba en un intento provocativo. —Ya oíste sus órdenes, ¿no, Neji? Hay que traer el Byakugan de vuelta, sea como sea.

    Neji se mantuvo en completo silencio tras mirar de refilón a Kiba. Había visto las intenciones del chico del clan Inuzuka y quería evitar que en estos momentos hubiera más problemas que tratar, sobre todo si afectaban a la moral del grupo. Pese a todo, lo cierto es que quien estaba más confundido con todo este asunto era Neji. ¿Por qué? ¿Por qué le estaba afectando tanto todo esto? No era lo habitual en él. Sabía que su destino era proteger al Sôke (Rama Principal) de su clan. Nunca tuvo dudas de que así era, pese al odio que le generaba esa condición subalterna. Pero, ¿por qué ahora se sentía más ligero?, ¿por qué quería salvar a Hinata sin recibir nada a cambio?

    Desde que Lee salió de aquel Genjutsu, todo parecía que se había puesto patas arriba y que el Lee que siempre le había molestado con sus ideas del cambio y el esfuerzo había cambiado a un Lee preocupado por que se iban a cumplir las previsiones de amenazas, que creía que el destino se iba a cumplir. No le gustó. No le gustó para nada escuchar que sus creencias eran ciertas, que el destino se iba a cumplir. Y, aún sabiéndolo, Lee quería cambiarlo. Es por eso que Neji, aunque muy pequeña dentro de él, seguía guardando la esperanza de que su mismo destino pudiese también ser cambiado.

    “Es tan misterioso. Jamás pensé que algo así me pudiese afectar tanto y… “ pensó con los ojos entrecerrados. “… llegar a pensar que Lee tiene razón.”

    Por eso mismo, el chico de ojos blancos había decidido dar una oportunidad a la manera en que Lee le estaba haciendo ver las cosas. Estaba decidido a salvar a Hinata-sama por él mismo, porque él quería hacerlo. Porque era su prima y, pese a todo el dolor, la apreciaba.

    —¿Cómo vamos, Neji? ¿Estamos cerca de Hinata? —escuchó de un gruñón e impaciente Kiba repentinamente.

    Neji volvió a dirigir la mirada al chico del clan Inuzuka. Sabía bien que el compañero de equipo de Hinata, así como otros Genin que habían presenciado aquel combate de fase preliminar, no podían más que esperar al mismo Neji de siempre. Tenía que ser comprensivo con ellos, aceptar que por un tiempo no se fiarían de él, pero debía mostrar que ya no era el mismo de antes.

    —No está muy lejos, Kiba. Los dos secuestradores han tenido que pararse, pero no sé por qué. —respondió el joven Hyûga sin dejar de mirar al frente.

    Kiba, por su parte, asintió con un gruñido de entendimiento. Verdaderamente no estaba entendiendo el comportamiento de Neji, así como tampoco su actitud, más tranquila y pacífica, comparada con otros encuentros pasados que había tenido con él. Kiba hizo memoria, recordando la primera vez que conoció al genio de la Bunke (Rama Secundaria) del clan Hyûga. No le gustó, no le gustó absolutamente nada. Destilaba un odio especialmente íntimo contra Hinata. Un odio que le hizo plantearse muchas cosas de su propia psicología, un odio que le impulsó a proteger a su compañera Hinata siempre que tuviese la oportunidad frente a su primo. Sin embargo, ahora a Kiba le pareció que estaba frente a una persona completamente diferente, una persona que tenía un aura de auténtica preocupación por Hinata. Aunque no se creía del todo que Neji hubiese cambiado, en estas circunstancias debía darle una oportunidad. Al fin y al cabo, la prioridad era rescatar a Hinata, costase lo que costase. Ante una repentina sensación de su olfato, Kiba ordenó el alto al grupo.

    —¡Hey, parad! —exclamó el joven de rasgos caninos.

    Los dos miembros del Equipo Gai descendieron al suelo junto a Kiba mientras paraban de seguir su camino. Akamaru, el pequeño perro blanco, había lanzado una retahíla constante de ladridos de alerta.

    —¿Qué pasa? —preguntó Tenten con una gotas de sudor sobre su frente.

    Kiba se puso a cuatro patas y comenzó a oler todo el lugar que había enfrente de ellos. Tras inspeccionar el lugar, miró a Akamaru con un gesto de complicidad.

    —Una trampa, ¿verdad, Akamaru? El olor del enemigo está impregnado por todo el lugar. —declaró Kiba muy seguro de sus habilidades olfativas.

    Ante las declaraciones de Kiba, Tenten sintió como su corazón comenzó a acelerarse con rapidez. ¡Era lo que les faltaba! Por el rabillo del ojo, la chica de cabello chocolate observó como montones de barro y tierra comenzaban a levantarse tomando forma de lobos salvajes. Tenten hizo una mueca entre indignada y asqueada, pues la forma de los animales y el olor de la tierra de esa zona le era extrañamente desagradable.

    —¿Qué son? Se ven peligrosos…

    —Parece que son fruto de la trampa. Debe haberse activado con nuestros chakra como perseguidores, Tenten. —respondió Neji mirando con su Byakugan y detectando la mezcla del chakra de ellos tres en los entes aparecidos.

    Poco más pudo decir Neji porque los lobos de barro se lanzaron contra el grupo.

    —¡Aquí vienen! —exclamó Kiba advirtiendo a sus dos compañeros.

    Tras cinco minutos de lucha intensa, una jadeante Tenten pudo advertir dos cosas. En primer lugar, que no importaba cuantas veces destruyesen a esos malditos lobos de lodo, continuaban regenerandose de la misma materia. En segundo lugar, que no se acababa. Los seres seguían atacándoles una y otra vez y eso no podía seguir así.

    —Esto es malo. Activar la trampa puede haber alertado al enemigo. —dijo Neji tras hacer reventar a un lobo con la potente emisión de su chakra.

    —¡Mierda! ¡Estamos perdiendo el tiempo! —exclamó Kiba acuchillando a otro montón de barro que volvía a su forma original. —¡Pueden haberse llevado ya a Hinata de la aldea!

    —No. Aún están en el mismo lugar. Seguro que están poniendo más trampas como medida de seguridad. —dijo Neji mirando hacia el norte de su ubicación actual.

    —¡Pero no podemos quedarnos más tiempo! ¡Si lo hacemos, Hinata será totalmente secuestrada y será mucho más difícil localizarla a posteriori! —exclamó Kiba sumamente estresado.

    Ante la situación, Tenten cerró los ojos suavemente. La chica de cabello chocolate sintió sus alrededores, escuchando finalmente los sonidos del lugar. Trece, catorce, quince lobos. Ese era el total que se destruía y se volvía a regenerar. Tenten sonrió para sí misma con sorna. Ahora entendía mejor a Lee, entendía mejor porque se había quedado atrás. 

    —Sólo tenemos una opción entonces. —Tenten sacó el pergamino del soporte de su pierna izquierda y lo abrió. —¡Bakuryūgeki! (Bomba Dragón).

    Una llamarada en forma de dragón de unos cinco metros fue liberada de su sello y salió disparada hacia el cielo. Luego descendió e hizo estallar en un instante a todos los lobos de lodo. Neji miró con la boca abierta el despliegue de poder de su compañera Tenten. ¿Cuándo había aprendido semejante técnica? Kiba miraba a su senpai de manera similar, completamente sorprendido.

    —¡Vamos! ¡Yo me encargaré de esto! —exclamó Tenten a sus dos compañeros de grupo.

    Neji abrió los ojos llenos de indignación, tras girarse a mirar a la chica quien tenía un rostro lleno de determinación. ¿Es que acaso ahora tenía que abandonarla a ella también, y no sólo a Lee?

    —Pero Tenten…

    —Los detendré momentáneamente. Sólo tráela de vuelta, ¿de acuerdo, Neji?

    El chico de ojos blancos vio como Tenten le sonrió y le guiñó con confianza. ¿Acaso Tenten pudo ver a través de él? ¿Podía ver que algo en él había cambiado y no sólo la obligación que el Anciano del clan Hyûga le había encomendado? Nuevos ruidos hicieron parar los pensamientos de Neji. Los lobos de tierra se estaban creando otra vez.

    —¡Daos prisa! —arengó la chica de cabello recogido con prontitud.

    Neji frunció el ceño ligeramente. No le quedaba otra más que repetir nuevamente lo mismo que hizo en Suna: dejarla sola a su suerte. Se sintió verdaderamente culpable.

    —De acuerdo… —dijo el chico de ojos blancos en señal de despedida mientras Kiba y él saltaron de nuevo a la carrera tras Hinata.

    Neji no quiso mirar atrás. No quería hacerlo porque sentía que, si lo hacía, se daría la vuelta a ayudar a Tenten, y no podía hacerlo. No en las circunstancias que le atañaban. Sólo escuchó los guturales sonidos de los monstruosos lobos, el sonido del metal de las herramientas y un poderoso grito procedente de la garganta de su compañera que se le quedó marcado en la mente.

    —¡¡VENID A POR MÍ!!

    “Ya tiene que haber comenzado la reunión…” pensó Kakashi con los ojos entrecerrados mientras se escondía entre el follaje de un árbol.

    El Jônin de Konoha llevaba casi más de un día completo en simbiosis con el bosque circundante a Furuya no Kyô. Kakashi no tenía sensación de hambre, ni sed, ni sueño. Todo eso se debía a su exhaustivo entrenamiento y a su experiencia como antiguo miembro ANBU. Podía estar hasta una semana sin necesidad de comer, beber y dormir.

    “En verdad ha habido movimientos raros mientras estaba aquí. Algunos ninjas de Suna salían de Furuya no Kyô y… luego están los de Oto…” continuó con su reflexión interna. “No pensé que esa aldea estuviese también implicada…”

    Desde que había comenzado a realizar la labor de espionaje, Kakashi había podido ver movimientos de pequeños grupos de milicia de Suna que habían entablado conversación con ninjas de Oto. Según sus propias informaciones, Otogakure era una aldea ninja de reciente creación, apenas 7 u 8 años. Se desconocía casi todo de ella debido al hermetismo de las políticas del Daimyô del País de los Arrozales, señor de esas tierras. 

    “Es extraño que una villa ninja joven realice acciones tan imprudentes así como así… ¿Tendrán otras intenciones más allá del asesinato de Hokage-sama?” se preguntó Kakashi rascándose el párpado debajo de su Protector de Frente.

    El Jônin de cabello grisáceo sentía que el Sharingan le comenzaba a quemar. Siempre que se encontraba en situaciones de gran estrés le ocurría, ya que recordaba el horrible origen de la obtención de dicho Kekkei Genkai: la muerte de su compañero de equipo, Obito Uchiha. No obstante, tenía que mantenerse calmado. Llegaría el momento adecuado de utilizarlo y tenía que estar lo más tranquilo posible. 

    Casi al momento, Kakashi comenzó a sentir una presencia a unos pocos árboles de él. En un instante, su cuerpo comenzó a sentir el impulso de la adrenalina, el impulso de estar preparado para el ataque. No hizo falta porque, repentinamente, vio como un ninja de traje elástico verde y grandes y gruesas cejas se posó en la misma rama en la que él se encontraba.

    —¡Oh, Kakashi! ¡Eterno rival! ¡¿Qué haces aquí?! —dijo Maito Gai con expresión amigable.

    Kakashi se encontraba muy confundido. No esperaba para nada la inesperada aparición de Gai, dadas las últimas noticias que tenía de él. En verdad, su amigo y compañero de profesión no dejaba de sorprenderle, incluso en las situaciones más inverosímiles.

    —Eso me pregunto yo, Gai. ¿Qué estás haciendo? —preguntó Kakashi. —¿No se suponía que debías estar en Suna con tus alumnos en una misión de escolta? 

    Kakashi se mordió la lengua tras la máscara. Estaba tratando de evitar preguntar nada de la información que había recibido de Sakura anteriormente. Si bien no podía fiarse de su alumna en su totalidad, lo cierto es que le causaba una mezcla desagradable de curiosidad e inquietud la sospecha de saber que el discípulo más cercano a Gai, Rock Lee, podría estar metido en algún tipo de problema relacionado con Orochimaru o la supuesta invasión de Konoha que se iba a producir.

    —Las cosas han cambiado, Kakashi. Algo malo va a ocurrir aquí, muy malo…— dijo Gai con un semblante que Kakashi veía pocas veces. —He obtenido información veraz que indica que Sandaime-sama puede ser asesinado.

    El ninja de cabello plateado levantó la ceja visible de su rostro. Parecía que sus sospechas estaban dando en el clavo.

    —¿Cómo de veraz es esa información, Gai? —preguntó Kakashi tratando de saber el origen.

    Maito Gai desvió la mirada hasta el Ôkogane Kyûden en Furuya no Kyô. Kakashi observó como el ninja de gruesas cejas se quedaba observando el portentoso edificio al tiempo que escudriñaba cada uno de sus movimientos.

    —Fui enviado en una misión de espionaje en Suna de rango S por Sandaime-sama. Utilicé la misión de mis alumnos como excusa para llegar allí y recabar información, por orden de Hokage, claro. —explicó Gai tratando de mantener la calma. —Acabé escuchando de ninjas de Suna lo que planean hacer aquí. Está confirmado que planean asesinar a Sandaime, Kakashi.

    Kakashi escuchó a su amigo con atención. El ex ANBU no le parecía que su rival estuviese mintiendo. En ese momento, puesto que no había mucho tiempo para pensar, Kakashi decidió que, independientemente de lo que escuchó decir a Sakura, ahora tenían que centrarse en la posibilidad cada vez más cierta del magnicidio de Hokage.

    —¿Y tú, Kakashi? ¿Cuánto tiempo llevas aquí? —dijo el Jônin de traje verde a su rival eterno.

    —Poco más de 24 horas. Como sabes, viene en misión de avanzadilla con los chicos de mi equipo y… también me enteré de que había movimientos raros por aquí. Unos Genin de Suna nos atacaron y soltaron la información. —dijo Kakashi mostrando un pergamino de captura. —También hay ninjas de Oto interactuando amistosamente allí con los de Suna.

    Gai asintió imaginando que Kakashi había recopilado información durante su estancia en el bosque por precaución y para futuras interacciones.

    —¿Enviaste a tus chicos de regreso, Kakashi?

    —Sí, para notificar. Ya deberían haber llegado si no tuvieron distracciones. Aunque dudo que el regreso haya sido coser y cantar para ellos… —dijo Kakashi esperando que no les hubiese pasado nada grave.

    —Mis alumnos también regresaron a Konoha de inmediato al conocer esta información. Supongo que llegarán un poco más tarde que los tuyos a causa de las heridas de Lee… —declaró Gai con expresión dolida.

    Entonces, Kakashi miró a Gai con comprensión. Los alumnos de su compañero Jônin habían sufrido mucho desde el ataque de hacía dos semanas a causa de los hijos del Kazekage y aún estaban tratando de recomponerse. La mente de Kakashi aún nadaba en la vergüenza. Se sentía culpable de las duras palabras que hacía tiempo había dicho a su amigo al conocer que le había enseñado a Rock Lee la técnica de Hachimon Tônko (Las ocho puertas). 

    En verdad, Kakashi no era muy diferente a Gai, puesto que hacía poco le estuvo enseñando a Sasuke su técnica insigne. Quería que el chico Uchiha fuese más fuerte, para defenderse así mismo de amenazas, como Orochimaru o su hermano Itachi, y proteger a sus seres más queridos. Es por eso que, durante el entrenamiento con Sasuke, Kakashi se dio cuenta de lo hipócrita que había sido. Quería disculparse con él cuanto antes.

    —Gai, yo…

    Una explosión se escuchó en dirección a Furuya no Kyô. Los dos Jônin miraron sobresaltados el techo del segundo piso de Ôkogane Kyûden saltar por los aires. Una gran humareda comenzó a rodear el exuberante palacio, ahora con aspecto semi demolido y que comenzaba a ser pasto de llamas en diversas alturas. A la vez, se podía escuchar el sonido de choque del metal y los dos Jônin sintieron y vieron la gran emanación del chakra que cubría la parte superior del palacio.

    —¡Vamos, Gai!

    —¡Sí!

    De un salto, Hatake Kakashi y Maito Gai se pusieron en marcha a una velocidad trepidante en dirección a la búsqueda y protección de Sandaime Hokage.

    —¡No podrás esconderte siempre! ¡Sal de donde quiera que estés, cobarde! —rugió la voz de una mujer.

    En una zona descampada dentro de la aldea de Konoha, con pocos árboles, se encontraba escondido Nara Shikamaru. A unos 500 metros de allí, él y su padre habían comenzado desde muy temprano su entrenamiento matutino para prepararse para la fase final del Examen Chûnin. No se esperaba, sin embargo, que una aburrida mañana de entrenamientos iba a finalizar con un ataque a Konoha.

    —Y ahora estoy metido hasta las cejas en un combate que no me apetece para nada. ¡Menudo rollo! —susurró casi en silencio Shikamaru oteando tras el árbol para mirar a la chica que era su enemigo.

    El chico Nara observó que la joven tenía los ojos verdes azulados y su cabello era rubio arena recogido en cuatro coletas consecutivas, algo bastante curioso y fuera de lo común en los estándares femeninos de belleza de Konoha. Llevaba vestida una prenda de una pieza de color púrpura claro con los hombros descubiertos y por encima de sus muslos con una red que dejaba ver la carne. Una faja escarlata atada alrededor de su cintura y el Protector de Frente de Suna decoraba su cuello. Shikamaru comprobó a la distancia que sus labios eran carnosos, algo raro teniendo en cuenta que provenía del desierto, y la forma de su cuerpo se modelaba dando lugar a una figura desarrollada. Debía ser más mayor que él, posiblemente 2 o 3 años más.

    “Madre mía, ¿por qué me toca pelear con una mujer? Con lo problemáticas que son en todo.” sentenció Shikamaru en sus pensamientos rascándose la nuca.

    El chico Nara, en cuclillas, puso sus manos en la pose particular que había desarrollado de pequeño, la pose que le permitía pensar mejor. Apoyando las yemas de los dedos de sus manos entre sí. Gracias a ese gesto peculiar, había enseñado a su mente que debía comenzar a moverse con gran velocidad. Eso le permitió calcular los doscientos movimientos posibles a la próxima interacción con la kunoichi de Suna.

    “Eso no es buena idea. Podría atacarme por el flanco izquierdo así…” o “Sería bueno si estuviésemos en una zona arbórea, pero no es urbano…” eran algunos de los pensamientos que pasaban por su mente.

    Entonces, Shikamaru se dio cuenta. Sonrió triunfante. Por fin había formado con una estrategia, ¡y sólo con la idea número 26! Poco a poco, sintió que su mente se relajaba más y dejó de posar. Ahora sólo tenía que actuar.

    “Sé que no es muy cortés que un chico derrote a una chica, pero ¿cuándo dije que yo era cortés?” Shikamaru sonrió ligeramente por un lado de la comisura de sus labios aunque su mirada se veía aburrida y taciturna.

    La chica de 16 años, llamada Temari, seguía buscando en cada uno de los montos de escombros que había a su alrededor sin mucho éxito.

    —¡Maldito cobarde! ¡¿Es que lo único que sabes hacer es esconderte?! —exclamó Temari con furia dando un golpe a los escombros del muro adyacente que había hecho caer en parte.

    Temari acababa de salir de su celda de una de las torres carcelarias de Konoha, deseosa de realizar de una vez las acciones por las que había sido llamada a liderar el ataque interno a Konoha. La habían ordenado encargarse de todos aquellos que se encontraran a su paso una vez pudiese salir de su encarcelamiento, especialmente si se metían en el camino de su hermano menor Gaara. El chico que buscaba Temari había estado siguiéndoles desde hacía un buen rato con intención de detenerles. Es por eso que tenía que encontrarle y acabar con él a toda costa.

    “Mierda. Es como una rata, pero no importa. Tarde o tempano saldrá de su escondite. No durará mucho. Tengo todo el tiempo del mundo.” pensó tranquila Temari aferrando su enorme abanico semi desplegado.

    De pronto, vio que delante de sus ojos todo se llenaba de humo y una figura recta y negra que reptaba por el suelo se dirigió a ella. Una sombra. Temari saltó hacia atrás en un intento de esquivarla con éxito mientras la perseguía en zigzag. Comprobó que la sombra no se desplazaba a más distancia a partir de cierto punto.

    “Así que hasta aquí puede llegar, ¿eh? Si me mantengo a esta distancia, todo estará bien.”

    —Debo reconocer que aprendes rápido… —declaró Shikamaru con una expresión neutra en su rostro. 

    Temari levantó la mirada del suelo para ver al chico. Un escuchimizado ninja de Konoha más joven que ella, con mirada cansada y pelo recogido en una alta coleta. Vio que su piel estaba llena de cortes, posiblemente los que le había ocasionado ella con sus técnicas de viento. Pudo ver el blasón de su clan en el hombro de la chaqueta del chico. Lo reconoció inmediatamente.

    —Tú eres un Nara, ¿cierto? Ese clan de Konoha que posee técnicas secretas para controlar las sombras, ¿verdad? Es un honor conocer a uno antes de matarlo. —dijo Temari con modestia fingida.

    Shikamaru bufó ligeramente y se quedó en silencio y inmóvil. Estuvo así durante un rato, lo que molestó a la chica de Suna.

    —¿Qué haces? ¿Por qué no atacas? —reclamó Temari al chico de Konoha, que la miraba con ojos muertos mientras bostezaba. Eso la hizo estallar.

    Con su abanico, lanzó un poderoso movimiento de aire para golpearlo directamente. Mucho polvo de la humareda saltó.

    —¡Es imposible que estés consciente ya, niñato! ¡¿Pero qué…?!

    Temari se quedó perpleja cuando vio que su sombra estaba conectada con la sombra de él. No se podía mover. La humareda comenzó a levantarse y el chico del clan Nara estaba en pie sobre dos kunai que había clavado en la pared. Tenía una mirada triunfante mientras utilizaba el sello Rata.

    —Tu mal humor ha sido tu perdición. —declaró Shikamaru con una pequeña sonrisa de suficiencia.

    Temari no entendía nada. No comprendía cómo había sido posible que la hubiese atrapado en esa situación. El chico señaló al cielo despacio.

    —El sol. Es mediodía, por lo tanto las sombras son más pequeñas a esta hora. Era difícil que mi Kagemane no Jutsu (Técnica de Posesión de Sombras) tuviese un buen efecto así como así. —dijo bajando de los kunai hasta el suelo y comenzando a dirigirse a ella. —Pero tu abanico extendido podía amplificar la sombra perfectamente. Tu mal carácter hizo el resto.

    La chica obtuvo la realización que buscaba. El cabreo que le produjo estaba hecho aposta para hacerla olvidar que su abanico producía sombra. Ese Nara le había tendido una trampa. Temari comenzó a notar cómo su cuerpo se iba moviendo por voluntad propia, o mejor dicho, por voluntad de él. No podía hacer nada, sólo moverse de la misma manera que él estaba haciendo.

    “Maldita sea. Estoy a merced de su control.” pensó Temari tras pararse y ver que levantaba la mano contra su voluntad, imitando al chico. Cerró los ojos creyendo que la iba a herir o a lanzar un arma.

    No obstante, insospechadamente, sintió una mano posarse en sus labios. Abrió los ojos y comprobó que el chico de mirada aburrida apoyó la mano en su barbilla y comenzó a palpar con el pulgar todo su labio inferior con más ahínco. La cara de Shikamaru no mostraba sino una neutralidad total.

    —Hay que ver, es la primera vez que veo unos labios tan carnosos. Pensé que cómo vives en el desierto estarían cortados ¿Todas las mujeres de Suna los tenéis igual o es algo tuyo? —dijo el joven chico con una mezcla entre curiosidad y falta de interés.

    Temari sintió que sus carrillos se pusieron completamente rojos. ¿De qué iba ese imbécil? ¿Es que acaso desconocía que en Suna tocar así a una mujer era sinónimo de intimidad extrema? ¿O es que acaso las mujeres de Konoha se dejaban hacer esos tocamientos tan obscenos? Fuera como fuere no sabía si el Nara era efectivamente un pervertido o un idiota integral. Temari dio un mordisco rápido al pulgar del chico Nara. Éste apartó la mano con un pequeño quejido de dolor.

    —¡Eoo, Shikamaru!

    —¡Shikamaru, ¿estás bien?!

    El chico Nara suspiró aliviado al reconocer las voces de las dos personas que se situaron detrás de él. Se giró y los vio mientras sacudía su dedo dolorido. Eran sus dos compañeros de Equipo de Graduación: Akimichi Chôji y Yamanaka Ino.

    —¡Idiota! ¡¿Qué se supone que hacías aquí tú sólo?! —exclamó Ino golpeando en la nuca a su compañero en señal de reproche.

    Shikamaru lanzó un quejido de incomodidad mientras se rascaba el lugar donde fue golpeado por su compañera. Una pequeña sonrisa pudo salir de sus labios.

    —Je, había previsto que apareciérais para echarme una mano con ella. —dijo Shikamaru señalando a la impactada kunoichi de Suna.

    Ino y Chôji observaron a la joven mujer pasmada por algún motivo que ellos desconocían. ¿Qué habría pasado?

    —¡Menudo fantasma estás hecho, Shikamaru! ¿Acaso los golpes de esta kunoichi de Suna  han activado al final tus ganas de pelear? —preguntó Chôji socarrón dando un paso al frente de Shikamaru. —Creía que sólo lo hacía Ino.

    —La verdad es que preferiría no tener que lidiar con ninguna de las dos… —musitó Shikamaru a su compañero en un intento de que Ino no le escuchase.

    Para buena suerte de Shikamaru, Ino estaba demasiado ocupada acercándose y hablando a la ninja de Suna.

    —Hoy es tu día de mala suerte, chica. Has terminado cayendo en las manos del nuevo trío Ino-Shika-Chô. Es una lástima. —dijo Ino con una voz risueña y burlesca a partes iguales.

    —Yo no estaría tan seguro, Ino. Ella es bastante fuerte y a mí sólo me quedan cinco segundos de chakra para sostener la técnica. —dijo Shikamaru rascándose el interior de la oreja con desdén.

    Entonces, antes dicho que hecho, la sombra del chico Nara se desvinculó de la alta chica de Suna, la cual estaba furibunda.

    —¡No te lo pienso perdonar! ¡¿Me oíste, Nara?! —gritó Temari lanzando una fuerte onda de viento con su abanico en dirección a los tres ninja de Konoha. —¡Soy Temari, la hija mayor de Yondaime Kazekage y lo que has hecho es terrible!

    Ino y Chôji pusieron cara de espanto. Miraron a su compañero de equipo quien estaba también extrañado con la reacción. Se preguntaron qué es lo que había hecho Shikamaru para molestar tanto a la ninja de Suna, así como por qué tenían que soportar las meteduras de pata de su compañero Nara.

    Zô tosió violentamente ante la cantidad de polvo y ceniza que flotaba en lo poco que quedaba del anteriormente bello Gran Salón del Sol. La estancia estaba totalmente reventada y las paredes de color esmeralda se encontraban desperdigadas en peñascos por el suelo. Zô observó rápidamente la situación y localizó a los tres guardaespaldas del Hokage –Shiranui Genma, Namiashi Raidô y Tatami Iwashi– cubiertos de sangre y de restos de las paredes por encima de ellos, completamente inconscientes. El enorme agujero en el techo dio a Zô toda la información que necesitaba. Su mente, como Capitán Anbu a cargo de todo el destacamento del Hokage, pensó con enorme rapidez y comenzó a dar órdenes sin dilación.

    —¡Grupo 1, arriba conmigo! ¡Grupo 2, proteged a Harunobu-sama! —gritó mientras se lanzaba de un salto al tejado que se había abierto producto de la explosión.

    Cuando llegó hasta la parte superior, tres ANBU subordinados estaban a su lado. Enfrente de su grupo, fue testigo de cómo el Kazekage Rasa tomaba del cuello a Hiruzen-sama mientras le apuntaba con un kunai en el mismo lugar. Ya no había que dudar. El mismo Kazekage acababa de iniciar un incidente a nivel internacional e intentaba asesinar a Sarutobi Hiruzen.

    —¡Proteged a Hokage-sama! —ordenó Zô mientras señalaba a los dos líderes.

    Un ANBU con máscara de águila y otro con máscara de tigre se lanzaron de manera coordinada. Sus mente se sincronizaron con un objetivo en común: separar al Kazekage de Hiruzen y detenerle en ese mismo momento.

    “¡Kanashibari no Jutsu! (Jutsu de Parálisis Temporal)” pensaron de manera combinada los subordinados de Zô mientras lanzaron su chakra contra el Kazekage.

    Los dos ANBU observaron cómo el individuo de Suna mantuvo una pose extraña al intentar hacer algún movimiento. La técnica había hecho efecto y el Kazekage había abierto los ojos llenos de sorpresa.

    —¡Ahora, Washi! —gritó el ANBU de máscara de tigre dando la señal a su compañero de la máscara de águila.

    El ANBU llamado Washi se apoyó con un brazo en el suelo y dirigió una patada hacia el Kazekage. Éste la recibió de lleno haciendo que se separara involuntariamente del anciano Hokage. Hiruzen tosió con violencia tratando de recuperar el aliento.

    —¡Toru, es tu turno! —grito Washi a su compañero quien había comenzado a realizar los sellos con sus manos para la siguiente técnica a utilizar.

    ¡Doton: Ganban Kyū! (Jutsu de Tierra: Ataúd de Rocas) —exclamó tras encerrar al Kazekage bajo un montón de placas fabricadas con tierra.

    Rápidamente, a una velocidad atroz, el tercer ANBU puso alrededor de las planchas de tierra una serie de sellos empapelados para restringir al líder de Suna. Entre los cuatro ninjas de Konoha, activaron los papeles del sello. De repente, se hizo el silencio. Zô miraba muy confuso el montículo de tierra ¿Habían terminado? ¿Habían podido vencer a un Kage así de rápido? Como su propio instinto y experiencia le decían, nada de eso había pasado. Sin previo aviso, las paredes de tierra explotaron y los trozos de dicho elemento salieron por los aires golpeando a los cuatro ANBU con violencia. La sangre emanaba de sus cabezas de inmediato, pero se mantenían en pie.

    Repentinamente, unas serpientes se lanzaron a sus cuellos hincándoles los dientes sin compasión. Zô sintió que se estaba debilitando. ¿Qué clase de técnica era esa? ¿Cómo es que el Kazekage podía controlar a las serpientes? Eso era imposible. Y peor, ¿acaso era veneno lo que Zô notaba recorrer por sus venas? El Capitán ANBU vio cómo sus hombres comenzaban a perder la fuerza al igual que él y estaban pendiendo de las fauces de los reptiles sin piedad. Zô dirigió su mirada al Kazekage, sintiendo que el veneno paralizante le estaba haciendo cerrar los ojos. El hombre vestido de Kazekage miraba divertido la escena cuando súbitamente una llamarada de fuego fue a parar a su espalda y a las serpientes de los cuellos de los ANBU.

     —¡Katon: Hōsenka no Jutsu! (Jutsu de Fuego: Llamas del Fénix) —exclamó el Hokage con las manos con el sello Tigre cuando terminaron de impactar las flamas contra su rival.

    Zô levantó la mirada hacia el Hokage. El magnánimo porte del anciano se podía comparar con el de un rey o un Daimyô. Los cuatro ANBU cayeron contra el suelo emitiendo quejidos de dolor y malestar. Miraron a su salvador quien se había posicionado delante de ellos.

    —¡Hokage-sama! ¡Debe huir y ponerse a salvo! ¡Rápido! —gritó el Capitán ANBU con todas sus fuerzas.

    El silencio fue la respuesta que Zô obtuvo de Sarutobi Hiruzen. El anciano mantenía un porte firme con los brazos en reposo a cada lado del cuerpo. A Zô no le estaba gustando nada esto. Algo malo iba a suceder. Algo peor que lo que ya estaba aconteciendo.

    —Sois unos insensatos. Nunca podríais vencerle. —dijo el hombre con una pasmosa tranquilidad. —Su sed de venganza es muy alta. Me tengo que encargar yo.

    Zô parpadeó tras la máscara. Sus ojos oscuros estaban helados por las declaraciones del líder de Konoha. Los otros tres ANBU miraron confundidos mientras comenzaron a inyectarse el antídoto para parar los efectos del veneno. ¿Por qué el Kazekage querría vengarse de Hokage-sama? No había habido malas relaciones entre ambas Aldeas y todos los informes indicaban que la situación iba a ir bien en la reunión. Zô no entendía nada.

    —Habéis hecho un buen trabajo, especialmente tú, Zô. Dejadme el resto a mí. —declaró Hiruzen sin apartar la mirada del Kazekage.

    Antes de que pudieran responderle, los ANBU vieron como una fuerte luz púrpura les separó del líder de Konoha sin previo aviso. Una gran muralla traslúcida de cuatro paredes moradas había sido formada por cuatro ninjas extraños que parecían estar compinchados con el enemigo.

    —¡Zô, escuchame! ¡Te doy la última orden que escucharás de mí. A esos cuatro… tienes que detenerlos e interrogarlos al final de mi última batalla! ¡No se puede perder ni un ápice de información!

    La angustia se apoderó de Zô ante las palabras de Hokage. ¿Su última batalla? No, eso no era posible. ¿Sandaime estaba pensando morir aquí? No lo permitiría. No mientras él fuese el líder del destacamento. Zô miró y revisó varias veces el perímetro intentando pensar en una manera de traspasar la barrera. Era una técnica terrible, pudo observar que los pájaros que chocaban contra la muralla morada se quemaban hasta morir. No pudo ver ninguna grieta. Era imposible. Sólo pudo gritar lleno de angustia.

    —¡HOKAGE-SAMA!

    Shino se desplazaba a gran velocidad por las calles de Konoha. El joven Aburame estaba sólo en medio de todo el desastre producido por la reciente invasión de Konoha. Tenía puesta su mirada en el frente. No quería pararse a mirar a las decenas de difuntos y heridos que se escuchaban a lo largo de su camino. Si lo hacía, corría el riesgo de no poder parar al enemigo. Shino había visto hacía poco a los tres miembros del Equipo Kakashi perseguir a Sabaku no Gaara. Por supuesto, también pudo ver la cara de desesperación de sus compañeros de Konoha al intentar alcanzar al susodicho ninja de Suna.

    Shino frunció el ceño y apretó los dientes con molestia. Sabía que algo malo iba a ocurrir con Sabaku no Gaara. Lo supo desde el momento en que su equipo y él lucharon contra el ominoso individuo, pero había fallado. Había fallado en el discernimiento, en creer que no iba a pasar nada. Todas las pruebas le habían indicado que Gaara estaba actuando de una manera muy diferente a la que le habían informado. Se sentía patético.

    “Maldición. Ese monstruo… le he perdido de vista. Lo que faltaba…” pensó el joven Aburame con amargor. “No creo que el Equipo Kakashi pueda luchar sólo contra él. Incluso aunque Sasuke esté con ellos…”

    La mente de Shino pensó en Kiba, Akamaru y Hinata. Quería enfadarse con ellos, pero no pudo. Ellos no tenían la culpa. Al fin y al cabo, no actuaron con mala fe en el Bosque de la Muerte y había otros factores y circunstancias a tener en cuenta que les llevaron a tomar la decisión de no tener demasiado en cuenta el raro comportamiento de Sabaku no Gaara. Shino sacudió su cabeza quitándose esos pensamientos inútiles. El joven Aburame rodeaba con dificultad las grandes pilas de escombro que yacían por las calles de Konoha. Nuevamente, sus oídos escucharon los gemidos de la gente tirada en el suelo, pidiendo auxilio para salvar a sus familiares aplastados bajo los muros. Por mucho que él quería ayudar, tenía que seguir adelante. No podía hacer nada por ellos ahora mismo. Fuese lo que fuese, no debía pararse. Tenía que mirar al frente costara lo que costara.

    —¡Ayúdame, por favor!

    Un grito repentino hizo salir a Shino de su metódica concentración. Un color de voz femenino le hizo parar inmediatamente de su carrera. Vio a una mujer joven de unos veinte años que se abalanzó hacia él en señal de súplica. La chica que parecía una civil casi se resbaló hacia el suelo y Shino pudo sujetarla de los brazos llevándola hacia sí. Nunca la había visto.

    —¡Por favor, por favor! ¡Me han atacado! ¡No he podido hacer nada! —gritaba con grandes lágrimas saliendo de sus ojos. —¡Ellos me… me…!

    Shino la apartó de él y pudo comprobar que la pobre muchacha tenía un aspecto completamente deplorable. Su cara suave estaba llena de cardenales y cortes. Desde el cuello, se podían vislumbrar moratones que se colaban por el pecho tapado por el vestido de la joven, el cual había sido hecho jirones. Shino supo que había pasado. Esta situación hizo que su mente se turbase totalmente. El chico del clan Aburame la sujetó con firmeza de los hombros.

    —Tranquila. Ahora debe marchar a uno de los búnkeres de emergencia. En la calle anterior, hay un ninja encargado que está llamando a los civiles para acompañarles. La llevaré hasta allí. —dijo Shino tratando de aparentar tranquilidad en el tono de su voz. —Podrán atenderte.

    Rápidamente, se pusieron en marcha. Shino la sujetaba con mucho cuidado para llevarla con precaución. No quería dejar a la chica sóla. No en ese estado. El joven del clan Aburame tenía miedo de pensar que pudiese cometer alguna locura.

    “Dios mío, ¿por qué me obligas a revivir estas situaciones?” pensó el chico agitado quien guiaba a la mujer con los ojos vidriosos y mirada perdida.

    Poco a poco, fueron acercándose a su objetivo. La chica no paraba de sollozar ahogadamente y Shino guardaba silencio incapaz de decir nada por ella. Para su desgracia, antes de llegar a la intersección, delante de los dos se mostró un ninja de Suna. 

    Llevaba un traje de titiritero bunraku negro, holgado y de cuerpo entero con un círculo rojizo y amarillo en el pecho. Una capucha negra con orejas de gato y el Protector de Frente en ella le cubría la cabeza por completo. Su rostro lucía un diseño de pintura facial triangular desfigurada. Shino frunció el ceño nuevamente mientras la chica dio un respingo llena de terror. Por el aspecto físico, pudo reconocer quien era. El joven del clan Aburame había escuchado hablar de él por medio de su padre. Fue capturado por Neji y Tenten en el ataque del Bosque del Suroeste. Era el hijo mediano de Yondaime Kazekage: Kânkuro. Éste portaba un bulto que parecía ser una herramienta ninja, la cual Shino dedujo era una marioneta por el vestuario del shinobi de Suna.

    —No podrás avanzar más, ninja de Konoha. —dijo Kanjkurô delante de Shino mientras el shinobi de Suna apoyaba en el suelo la marioneta. —Me temo que no puedo dejarte perseguir a Gaara por mucho que quieras. Voy a acabar contigo, aunque me tenga que llevar a ella por delante.

    La joven civil dio un nuevo respingo de terror ante las acciones y las palabras del enemigo. Shino apretó sus labios fuertemente. Parece que le había estado siguiendo y había aprovechado su parada para alcanzarle. 

    “Parece que está claro que poco le importan los civiles… Así pues, si es así, no tendré compasión con él.”

    Shino dio un repentino y pequeño empujón a la joven y, al momento, lanzó sus brazos hacia delante de él. Los insectos Kikaichû de su cuerpo comenzaron a salir por los poros de sus brazos y entre las mangas de su abrigo. Ante el asombro del pasmado ninja de Suna, y sin apenas dificultad, pudo crear un pasillo para que pasase la mujer.

    —¡Ahora, corra! ¡No mire atrás! —exclamó Shino mientras la chica siguió las órdenes con miedo e instinto de supervivencia.

    Shino vio cómo la joven corrió lo más que pudo y la perdió de vista cuando observó que giraba la calle. Esperaba que pronto pudiera recibir la ayuda que necesitaba. En ese mismo instante, Shino y Kankurô se quedaron los dos sólos. Cara a cara.

    —Vaya. Así que eres uno de los miembros de ese clan de Konoha oculto que controla los insectos, ¿eh? —escuchó Shino decir al titiritero con halago fingido. —Es una mala idea mostrar tus técnicas en una batalla así como así.

    Shino miró con dureza al ninja de Suna. Aún estaba molesto con las intenciones del hijo del Kazekage de inmiscuir a civiles en una batalla de shinobi. Kankurô sonrió con suficiencia dando un paso al frente.

    —No sabes dónde te has metido. Imagina tu peor pesadilla, pero que ésta sea real. —dijo con sorna Kankurô comenzando a mover ligeramente el envoltorio que sujetaba con la mano.

    Shino sonrió para sí mismo. Parecía que el objetivo del hijo del Kazekage era debilitarlo psicológicamente. Eso no funcionará con él. Tenía demasiada fortaleza mental, más de lo que se podía imaginar.

    —Uhm, me cuesta trabajo imaginarlo ¿Por qué no vienes a mostrarlo? —Shino abrió sus brazos en posición de ataque.

    La sangre de Shino bullía, notando como sus insectos estaban alimentándose con su chakra demasiado rápido. Tenía que tener cuidado. No podía llegar al límite de sus propias fuerzas.

    —Oh, no hablo de mí. Si tu mala suerte te deja alcanzar a Gaara, podrás verlo. Pero antes deberás pasar sobre mí.

    Shino se quedó en completo silencio sin responder a la provocación de Kankurô. Ambos ninjas mantenían la respiración aguantada en la garganta. El joven del clan Aburame suspiró en silencio. Shino no iba a poder ayudar directamente en la captura de Sabaku no Gaara, pero, al menos, podría encargarse de su hermano mayor. Dejaba en manos del Equipo Kakashi esa responsabilidad. Una fuerte brisa y un estruendo lejano y tenebroso hizo dar comienzo a la batalla entre el chico Aburame y el hijo mediano de Yondaime Kazekage.

    Sarutobi Hiruzen estaba en uno de los extremos del destrozado tejado del Ôkogane Kyûden. El anciano revisó por los laterales de sus ojos el perímetro de la zona en la que se encontraba. Se había quedado completamente aislado de sus guardaespaldas personales y de los ANBU que le acompañaban. A su alrededor, una enorme barrera de color púrpura se alzaba a más de treinta metros de altura. Reconocía esa técnica. Por otro lado, Hiruzen observó que los cuatro ninjas apostillados en las cuatro esquinas estaban concentrados en mantener activa dicha barrera costara lo que costara. Sentía que sus chakras estaban trabajando con fuerza.

    “Me sorprende que pueden usar la Shishienjin (Formación de las Cuatro Llamas Violetas). Es un nivel de habilidades muy superior a Jônin.” —pensó el anciano Hokage. ”Pero se les ve muy jóvenes para saber algo así por su cuenta. Alguien se lo ha tenido que enseñar…”

    Hiruzen miró a su oponente que se encontraba en el extremo contrario del techo del palacio. Fijó su mirada en los ojos vacíos del Kazekage. Unos ojos que destilaban maldad y odio férreo hacia él. Había algo raro, ya lo había notado al momento en que el individuo de Suna entró en la sala donde se iba a celebrar la reunión, pero Hiruzen no le dio demasiada importancia. Supuso que lo achacó a la enfermedad del Kazekage, la cual había confirmado ahora que era una mentira. Sin embargo, ahora estaba sospechando: es posible que ese hombre no fuera Arenji Rasa.

    —Kazekage-dono. No sé exactamente que le haya llevado hasta esta situación, pero aún podemos tratar de llegar a un acuerdo. —trató de negociar el anciano Hokage. —No tienen que perderse vidas inútilmente.

    Hiruzen vio como el mencionado se rió lo suficientemente alto como para ser escuchado. Una risa llena de insidia y malicia en cada uno de los quejidos jocosos que salían de sus labios tapados por el velo que portaba en la boca.

    —Ju, ju, ju, tan cerca estás de tu final que planeas jugar ahora a los jueguitos de la paz, ¿eh? No has cambiado nada, Sarutobi-sensei.

    Al escuchar esa manera de llamarle, el cuerpo de Sandaime Hokage se agarrotó con gran impacto y un escalofrío lleno de sudor frío le recorrió la espalda. Su respiración se cortó en su garganta y le costaba pensar con claridad. Sólo había tres personas en el mundo que le llamaban así: los tres únicos alumnos de un equipo de Genin que había tenido. Ahora mismo, Hiruzen sabía cuál de ellos estaba detrás de ese velo.

    —Así que has utilizado a Suna y a Oto para acorralarme, ¿eh? —preguntó Hiruzen tratando de confirmar sus sospechas totalmente.

    El Hokage vio que el velo de Rasa parecía esgrimir una amplia y terca mueca que le causó un nuevo escalofrío en la columna. No se veía para nada humana. Sin duda, ya sabía quién de los tres era el que portaba el disfraz del Kazekage.

    —Al fin y al cabo, tu terquedad e incompetencia me ha permitido ser mejor estratega. Te he derrotado. —proclamó el hombre con el sombrero del Kazekage.

    Hiruzen juntó sus labios tratando de evitar mostrar una sonrisa, producto del nerviosismo.

    —Nada se decide si no es hasta el final. —declaró en respuesta el anciano Hokage. —Creía habértelo enseñado en el pasado, Orochimaru.

    En ese momento, el hombre que estaba delante del Hokage se llevó una mano hasta el rostro y procedió a arrancárselo con un fuerte y decidido tirón sin miramientos. Hiruzen, por fin, vio el rostro de su antiguo alumno. Una cara pálida y flácida que evocaba a los mismísimos demonios más profundos del averno maquillada con una sombra morada, la cual perfilaba unos iris amarillos que recordaban a las más venenosas serpientes. Allí estaba. Orochimaru. El infame y maldito traidor de Konoha.

    —Sabía, o al menos sospechaba, que llegaría este día. Sabía que llegaría el día en que vendrías a por mí. —habló Sandaime Hokage con convicción en sus ojos. —Aún así, si tu objetivo es matarme, no vas a vencerme tan fácilmente.

    Orochimaru sonrió maliciosamente a las palabras de su antiguo maestro. Algo en la mueca de su antiguo alumno le pareció rara a Sarutobi Hiruzen.

    —Como siempre, sigues siendo un estúpido ingenuo, Sarutobi-sensei. —Orochimaru habló con una voz ominosa mientras pasaba por sus labios su salivante y pérfida lengua. —Te preocupa sólo lo que ves y obvias aquello que está más allá. Bien parece que has fallado toda tu vida al deber del shinobi de ver los significados ocultos dentro de los significados ocultos.

    Hiruzen frunció profundamente el ceño ante las palabras de su antiguo alumno. Estaba molesto por esa afirmación. ¡Cómo si tuviese que darle lecciones de moral y de cómo se debe comportar un shinobi!

    —¿A qué te refieres, Orochimaru? —preguntó frunciendo aún más el ceño Sandaime Hokage.

    Nuevamente, Orochimaru sonrió, pero esta vez enseñando todos los dientes. Sus colmillos se marcaban profusamente recordando a los dientes de las boas.

    —Konoha está siendo invadida y destruida en este momento. No hay nada que puedas hacer para impedirlo. —decretó Orochimaru en el silencio del viento.

    Las declaraciones de Orochimaru hicieron que Sandaime se tambaleasen y sus piernas comenzaron a flaquear terriblemente. Sabía que Orochimaru se había inmiscuido para atacar a Uchiha Sasuke, pero no le constaba ninguna sospecha de que algo así pudiera suceder. El Hokage sintió que las piernas le temblaban y, por un momento, creyó que iba a caer de rodillas al suelo, pero supo resistir. Se sentía agobiado, el corazón parecía que le iba a estallar en el mismísimo pecho.

    —¿Es que acaso el fin de Konoha es tan importante para ti? —preguntó Hiruzen intentando no balbucear.

    Orochimaru mostró un silencio y una neutralidad portentosa al mirar a su antiguo maestro. Tras un instante en silencio, volvió a sonreír de manera críptica.

    —Más bien es un paso necesario para mi objetivo final. —contestó el fatídico personaje —Al fin y al cabo, todo esto te lo habrías ahorrado si me hubieras dejado ser Yondaime Hokage en su momento.

    El rostro de Hiruzen se volvió sombrío ante las palabras de su ex-alumno. Así que era eso: la venganza por no ser Maestro Hokage.

    —¡Tú… tú jamás podrás encarnar la Voluntad del Fuego! ¡Nunca serás merecedor de ese título, Orochimaru! —alzó la voz Hokage ante las declaraciones del ninja.

    Orochimaru rió jocosamente ante la intensa declaración de su antiguo maestro. Comenzó a  negar con la cabeza mientras se reía fuertemente de Sarutobi Hiruzen.

    —Como dije antes, no has visto los significados ocultos en los significados ocultos. —volvió a repetir Orochimaru. —Ahora aquí llega tu final y, por fin, Konoha será mía.

    Hiruzen miró a los ojos de su antiguo alumno. Dentro de él, aunque no quería reconocerlo, sí creía entender lo que Orochimaru le decía. Incluso cuando se lo dijo en el pasado. Hace muchos años, pero no quería aceptarlo. No podía. Era demasiada maldad condensada en un mismo cuerpo y en una misma mente. Hiruzen había creído que podría convencerle de cambiar, que podría usar su poder y su mente en un beneficio mayor para las demás personas. Pero no lo logró. Nunca alcanzó el corazón de su alumno privilegiado. O más bien, Orochimaru JAMÁS quiso cambiar, llevándolo a tomar la decisión que le llevó por el camino de la maldad.

    —Orochimaru, tu locura termina aquí. —sentenció Hokage lanzando por los aires las vestimentas de su cargo y revelando su atuendo de combate.

    El hombre serpiente sonrió y se mantuvo en su posición. Ambos ninjas mantuvieron el porte mientras concentraban el chakra de manera tan fuerte que rompía las tejas y las tuberías que había en el tejado. A una señal silenciosa e incorpórea, ambos se lanzaron uno contra el otro. Mientras se aproximaba a su antiguo alumno, Sarutobi Hiruzen recordaba los momentos del pasado que había vivido con Orochimaru y cómo le habían llevado hasta ahí.

    PERFIL NINJA OFICIAL

    Número de Registro Ninja: 002300

    Apellido: No consta

    Nombre: Orochimaru

    Apodo/sobrenombre: La Serpiente Blanca De Konoha (Konoha no Shiro Hebi) / Orochimaru, el Inmortal (Fushi no Orochimaru)

    Fecha de nacimiento: 27 de octubre del año 029 de la Era Moderna

    Sexo: Hombre

    Estatus: Activo

    Tipo sanguíneo: B

    Afiliación: Otogakure no Sato, País de los Arrozales

    Clan/Familia: No reseñable

    Equipo: Genin Licenciado del Equipo 03 – 035 y antiguo Capitán del Equipo 04 – 066

    Rango Ninja: Jônin (año 039 de la Era Moderna) – ANBU (año 051 de la Era Moderna)

    Categoría Ninja: Asesino

    Naturaleza de Chakra: Agua (Afinidad Natural), Viento, Rayo, Fuego, Tierra, Yin y Yang

    Kekkei Genkai: Inexistente

    Ocupación: Fundador y Líder de Otogakure / ¿Científico? / Sannin

    PRÓXIMO CAPÍTULO 

    SERPIENTE

  • Capítulo 5 – Presentación

    —Maldita arena, no puedo correr más rápido. —expresó un preocupado Neji dando pisadas densas en el desierto.

    Los miembros de su equipo trataban de atravesar las dunas con gran dificultad. Mientras, Neji y Tenten corrían por su propio pie, Lee estaba siendo cargado por su maestro Gai en su espalda, siendo orientados por el guía, quien se estaba tomando también su tiempo. Era entrada la noche y hacía mucho frío, producto de las condiciones climáticas de la zona geográfica.

    —Tenemos que terminar de pasar el desierto cuanto antes. Una vez que dejemos las dunas atrás y comience el bosque del País de los Ríos, tendremos menos problemas. —dijo Maito Gai dando otro paso más en la espesa duna.

    Lee asintió mientras le castañeaban los dientes. Pese a que había empacado abrigo para las noches en el País del Viento, lo cierto es que hacía mucho más frío de lo que se imaginaba. No pensó que la sensación térmica del desierto pudiera ser tan baja. El chico de cabello negro apretó ligeramente el agarre con su antebrazo para evitar soltarse de la espalda de su maestro Gai. Esto hizo que le doliese mucho el encabestrillado brazo izquierdo, pero tenía que aguantar como fuese. No podía retrasarse más, no podía dejar que la información llegase tarde a Konoha y a Furuya no Kyô. Era necesario transmitir el inminente ataque que se cernía sobre la aldea y sobre la vida de Sandaime Hokage.

    La mente de Lee aún no llegaba a entender cómo habían llegado los cuatro a esta situación. Sólo los momentos previos a la salida de Suna venían a su mente en ese instante.

    —¿Cómo que Sunagakure va a atacar a Konoha? —dijo Gai-sensei intentando que su voz no fuese lo suficientemente alta para ser escuchada en el pasillo. — ¿Qué significa todo eso, Tenten?

    La mirada del Jônin del Equipo 03-079 trataba de ser seria, pero, en el fondo de su pecho, Gai no podía más que inquietarse de que se descubriese su propia preocupación. Una angustiada Tenten miró con una mezcla de miedo e incomodidad a su alrededor ante las preguntas de su maestro Gai, como si intentase huir de la situación. Por otro lado, Neji fruncía el ceño con los ojos entrecerrados, dándose palmadas en la frente mentalmente tras haber sido testigo de cómo Tenten había descubierto todo el plan a su maestro. Finalmente, Lee se encontraba muy afectado. Estaba destrozado interiormente. Sintió un terror frío recorriendo su espalda. No podía creer que se estuviese cumpliendo lo que más temía, no podía creer que lo que vio en aquel Genjutsu se fuese a cumplir, que Konoha iba a sufrir una invasión. Ahora, además, estaban en una encrucijada en la que Tenten se iba a llevar las culpas por completo. No podía permitirlo. 

    —Creo que le debo una disculpa, Gai-sensei. —comenzó diciendo Lee arrastrando con dificultad sus palabras.

    Gai dirigió la mirada a su alumno con extrañeza al mismo tiempo que Tenten puso su atención en su compañero con un sentimiento lleno de angustia, pero con agradecimiento por su protección.

    —Lee… no tienes porque ser tú quien…

    —Te equivocas, Tenten. —el chico de cabellos negros cortó las palabras de su compañera inmediatamente. —Te equivocas porque yo os he arrastrado hasta aquí. Vinimos sin saber en su totalidad a lo que nos enfrentamos. Sin los recursos y las estrategias suficientes para enfrentarlo. Yo… tendría que haber sido más prudente. Tendría que haberos hecho caso y…

    —Eso no es cierto, Lee. —dijo Neji, quien había permanecido callado hasta ahora, cuando comenzó a hablar a su compañero al verle tan serio y afectado. —Nosotros también estuvimos de acuerdo con todo esto y también fuimos partícipes de este plan. Es más, fue adecuado hacerte caso porque parece que eran ciertas tus sospechas de traición por parte de Suna.

    Tenten dio un paso al frente acercándose a Lee para sujetarle del brazo.

    —Exacto. La responsabilidad no es sólo tuya. Somos un equipo y hemos actuado en conjunto. —afirmó Tenten con determinación acercándose a su compañero de cabello negro. —Los tres estamos juntos en esto, Lee.

    —Chicos… —dijo Lee conmovido por el respaldo de sus dos compañeros.

    El chico de cabellos negros pudo notar que su pecho se inflaba de alegría. No importaba si era dentro de un Genjutsu o en la realidad, Neji y Tenten estaban con él, apoyándolo, y eso le hacía muy feliz. Por su parte, un confuso Maito Gai, quien estaba siendo testigo de toda la escena, se llevó una mano a la frente mientras se la estrujaba, pellizcaba y golpeaba ligeramente tratando de entender todo lo que estaba pasando.

    —Eh, a ver… Entiendo que este es un momento emotivo y de camaradería para vosotros, pero me vais a tener que contar lo que sucede porque estoy verdaderamente perdido.

    Los tres Genin del Equipo Gai se miraron entre sí, como si tuviesen un diálogo en silencio. Llegados a este punto, no tenía ningún sentido seguir ocultando más la información, mucho menos a su maestro. Con una silenciosa confirmación, aceptaron contarle todo: desde las ideas planificadas en el hospital hasta el espionaje de Tenten, teniendo también en cuenta parte de la información proporcionada del Genjutsu del ataque a Hokage y la invasión de Konoha.

    —Entonces, decidiste que era mejor que fueras tú. Te fuiste de la habitación para poder espiar por tu cuenta, ¿no es así, Tenten? —preguntó Maito Gai sentado en uno de los sillones con las manos cruzadas sobre la barbilla.

    La chica de cabello chocolate afirmó con la cabeza despacio y con prudencia.

    —Sí. Me pareció más sencillo de lo que me imaginaba. —dijo Tenten terminando de hacerse de nuevo el recogido de dos moños en la cabeza. —Pude fundirme con la población local perfectamente y me acerqué hasta la Oficina del Kazekage sin problemas.

    —¿Qué hiciste a partir de ahí? —inquirió Gai adelantando el torso para que su alumna continuase contando su relato.

    En el otro extremo de la pequeña habitación, Neji estaba apoyado en la pared en pie, escuchando con mucha atención el relato. Tenía curiosidad de qué pautas y estrategias había decidido su compañera Asesina durante su primera incursión en solitario como espía.

    —Simplemente entré en el edificio. Mi intención era fingir que tenía que hacer un trámite. Hice cómo que me dirigía a solicitar una misión y me escabullí entre los pasillos del lugar sin ser vista. —comentó la chica moviendo la mano mientras explicaba. —La verdad es que me sorprendí que nadie me parase o me inquiriese por donde pasaba, por zonas que sólo están permitidas a shinobi. Llegué lejos, muy lejos.

    —¿Cómo de lejos, Tenten? —preguntó nuevamente Gai ante la información de su alumna.

    La chica de cabello chocolate hizo un parón dramático, tratando de pensar cuidadosamente en cómo dar su alegato. Finalmente, se decidió a hablar.

    —Hasta lo que… parecía la sala de reuniones de los altos cargos de Suna. —declaró Tenten con los hombros encogidos por resignación.

    Un respingo ahogado se quedó en las gargantas de los miembros masculinos del Equipo 03-079. Maito Gai se llevó las manos a la cara lleno de preocupación. No podía creerlo. No podía creer que su alumna se hubiese arriesgado tanto para obtener información, y más teniendo en cuenta que su perfil de características ninja no coincidía con las actividades de espionaje. Se había arriesgado mucho.

    —¿Qué pasó después?

    Tenten entrecerró los ojos, suspirando ligeramente ante la nueva pregunta de su maestro recordando los momentos previos a la revelación de la traición de Sunagakure.

    —Avancé un poco más hasta la puerta de una sala que tenía un aspecto normalucho. Allí pude escucharlo. Pude distinguir varias voces muy airadas. Estaban discutiendo sobre diversas estrategias militares, ataques principalmente.

    Ante estas palabras, la mente de Neji evocó sus propias preocupaciones, haciéndole tragar saliva con algo de dificultad. Desde luego, Tenten había sido excesivamente imprudente, según su propia manera de actuar como ninja Rastreador.

    —Entonces, lo escuché. —sentenció la chica cabizbaja y entristecida. —Escuché decirles que los ataques en Konoha se darían desde diversos puntos de la aldea. Empezarían por la Puerta del Este, con reproducciones en el resto de entradas y, a su vez, también serían iniciados desde el interior por los hijos del Kazekage y el resto de los supuestos ninjas renegados.

    —¡¿Qué?! —gritó Neji haciendo conexión entre lo que acababa de decir Tenten y sus sospechas sobre la médico Chiyo.

    Todos estaban impactados con las palabras de la joven, especialmente Lee. El chico de cabellos negros casi saltó desde su sillón cuando unió hechos. El joven especialista en Taijutsu comenzó a sentir que su mandíbula se contraía y sus gruesas cejas casi se fundían por el enfado. Se había confirmado por boca de Tenten que los ninjas renegados de Suna no eran tales. Entonces, respecto a los tres hermanos de la Suna, ¿es que acaso toda la batalla que tuvieron en el Bosque del Suroeste fue para eso? ¿Es que acaso el hecho de que él estuviese herido e inhabilitado había sido producto de una burda y asquerosa estratagema de Suna?

    —Así que es eso, ¿eh? Por eso la anciana Chiyo se comportó así en la consulta…—dijo el chico de cabello negro con amargor en sus palabras mientras apretaba su puño con fuerza. —No les vencimos. Ellos se dejaron vencer. Su objetivo era ser derrotados, arrestados y llevados a los calabozos de Konoha. Todo para comandar a los ninjas de Suna que ya habían sido arrestados anteriormente.

    La mirada de Tenten estaba llena de malestar al ver como el rostro de su amigo y compañero estaba roto por el dolor y la rabia contenida.

    —Me temo que sí, Lee… —dijo Tenten con un hilo de voz.

    Gai y Neji tenían también el ceño fruncido mientras observaban que Lee se llevaba una mano al pecho y se apretaba con fuerza la ropa que vestía. El chico de cabello negro no podía creerlo. Todo el daño que habían sufrido, todo el sufrimiento, todo el dolor era por una simple excusa de Suna para inmiscuirse en Konoha. Una pequeña llama de aquello que llaman “rencor” pareció resonar como un eco en el corazón de Lee, gritando por querer hacerse más grande. Pero él no quería. El joven especialista en Taijutsu no quería que esa llama se volviese un fuego. No. Lo había prometido. Había hecho una promesa. Había prometido hace muchos años que la ira no crecería en él, que el odio no le consumiría y no crecería en su corazón. Él había prometido ser un buen muchacho. Es por eso que Lee comenzó a respirar despacio, en meditación, con los ojos cerrados. Poco a poco, sintió que su pecho dejaba de doler y comenzó a centrarse nuevamente en las palabras que Tenten dijo a continuación.

    —Quise quedarme más, pero unos guardias me vieron deambular por allí…

    —¡¿Qué dices, Tenten?! —exclamó repentinamente Neji con mucho nerviosismo.

    El chico de ojos blancos dio un paso hacia delante como si fuese un salto y dirigió una mirada llena de preocupación a su compañera. Pese a tu ímpetu corporal, Tenten permaneció tranquila.

    —Si piensas que pasó algo malo, no. La verdad es que sólamente me excusé diciendo que me había perdido, que era mi primera vez tratando de buscar la salida tras estar en la Sala de Solicitud de Misiones…

    Neji estaba muy nervioso. No estaba demasiado convencido de las palabras de su compañera, puesto que ella no brillaba por ser especialmente cuidadosa.

    —¿Y? ¿qué sucedió después?

    Tenten se encogió ligeramente sobre sí misma moviendo los hombros ligeramente ante la nueva y apresurada pregunta de su compañero de ojos blancos.

    —Sólo me acompañaron hasta la puerta principal con amabilidad. No sucedió nada más. Luego vine hasta aquí tratando de no levantar sospechas.

    Neji resopló con alivio y dejó caer sus hombros. Este gesto no pasó desapercibido por Maito Gai quien vio, por primera vez desde que le entrenaba, que Neji no mostraba su rostro de inmutabilidad típica. Estaba genuinamente preocupado por lo que le hubiese pasado a Tenten.

    —Y eso es todo, Gai-sensei. Sólo queríamos confirmar que Suna no tuviese planes de atacar Konoha, pero parece que todo ha sido del revés. —finalizó Tenten con aspecto de derrotado. —Parece que al final Suna sí va a realizar un asalto contra nuestra aldea y… no sabemos qué hacer…

    Neji y Tenten permanecieron en silencio mirando el suelo y esperando las palabras de su maestro. Lee, por su parte, apartó la mirada, fijándose en el infinito con tristeza. Maito Gai observó a sus cabizbajos alumnos uno por uno desde el sillón de la estancia. Estaba muy sorprendido. Sus tres discípulos habían preparado un plan para introducirse en Suna y obtener información por medio del espionaje en beneficio de Konoha. Todo ello siendo solamente unos Genin. Por otro lado, es verdad que habían roto las reglas establecidas por Konoha y que lo mejor que deberían haber hecho era informarle a él o a otro superior. No obstante, Gai sabía también que lo más probable es que no les hubiesen hecho mucho caso debido a su rango inferior en el escalafón del Sistema de Jerarquía Shinobi. El Jônin también pensó que si se lo hubiesen dicho a él, es probable que les hubiese golpeado en la cabeza y les hubiese ordenado dar quinientas vueltas alrededor de Konoha, para su propio esmero. 

    Pese a todo, ahora mismo, Gai sentía más que nada un sentimiento de orgullo hacia sus tres discípulos y quería recompensarlo de alguna manera.

    —En verdad, os tengo que ser sinceros, chicos. —comenzó el maestro de gruesas cejas rascándose la nuca. —Mis intenciones tampoco han sido completamente honestas para con vosotros.

    Los tres Genin del Equipo Gai levantaron sus rostros con confusión y curiosidad ante las repentinas declaraciones de su maestro.

    —¿A qué se refiere, Gai-sensei? —preguntó Neji levantando una ceja.

    El chico de ojos blancos pudo ver que su maestro Gai se rascaba la nuca con mayor intensidad tras reírse tontamente.

    —La verdad es que yo estoy en una misión de infiltración, aprovechando la vuestra, claro.

    —¡¿Cómo?! —exclamó Neji abriendo sus ojos con asombro.

    —¡Sabía que había algo raro en su comportamiento, Gai-sensei! —exclamó Tenten mirando a su maestro con incredulidad.

    Lee escuchó como Gai-sensei comenzaba a carcajearse en voz alta. Escucharle reír alivió un poco la tensión que había acumulado anteriormente en su pecho.

    —Ja, ja, ja, lo siento, Tenten. Sin embargo, tengo una buena excusa. La mía sí es una misión de espionaje autorizada por Sandaime-sama, a diferencia de la vuestra.

    Al escuchar esto, y dándose por aludida, la chica se avergonzó y se quedó callada.

    —¿Qué es lo que Sandaime-sama le encomendó, si se puede saber, Gai-sensei? —preguntó Neji aprovechando la revelación de secretos.

    La actitud jovial de Maito Gai se tornó seria repentinamente. Neji se fijó en los ojos de su maestro con intriga, manteniendo una mirada profunda.

    —Las sospechas que teníais desde el principio sobre este asunto de los ninjas renegados de Suna era cierta. Ya habéis podido comprobar, por desgracia, que todo era cierto. —comenzó diciendo Gai. —A todo esto, Konoha ya se estaba dando cuenta de la extraña llegada de ninjas renegados procedentes de Suna. Las cárceles provisionales se han llenado hasta el límite y estaba comenzando a haber un problema de control sobre los prisioneros.

    Tenten dio un pequeño respingo y dirigió una mirada a Neji como dándole la razón de sus sospechas en días anteriores.

    —Sandaime-sama me mandó en esta misión para poder sacar información de lo que estaba ocurriendo aquí y tratar de utilizarla en beneficio de Konoha en su reunión de dentro de cuatro días con Kazekage. Mi objetivo final era reunirme con Hokage en el mismo Furuya no Kyô, el lugar establecido para la reunión, e informarle de todo lo que había recopilado.

    De repente, Maito Gai se quedó callado con los ojos completamente cerrados, como tratando de pensar en la información que quería compartirles. Esto preocupó bastante a los tres Genin.

    —Entonces descubrió algo, ¿cierto? —dijo Neji con una mirada seria, pero una sonrisa sardónica. —Durante su “encuentro con su amigo”, ¿cierto?

    Gai dirigió también una sonrisa burlona a su alumno de ojos blancos. Había captado rápidamente su tapadera. No esperaba menos de su alumno Rastreador.

    —Lo cierto es que sí, pero no es bueno, nada bueno. —declaró el Jônin con pesadumbre en su voz. —Planean asesinar a Hokage y será Orochimaru su ejecutor. Es lo que he escuchado de otros ninjas, aquí en Suna.

    Neji y Tenten contuvieron la respiración con gran terror al descubrir que las declaraciones de Lee sobre aquella ilusión eran ciertas. 

    Orochimaru. Ese nombre pertenecía al mayor criminal procedente de Konoha hasta la fecha. Un ninja criminal renegado de rango S al que se le atribuían crímenes tan atroces como tortura, experimentación ilegal con seres humanos, secuestro, traición, violación, uso no autorizado e ilegal de técnicas prohibidas, así como manipulación y corrupción de menores. Si se disponía a atacar a Konoha, era de esperar que también se le añadiría en el futuro genocidio, crímenes de guerra, terrorismo y magnicidio. 

    Ante esta declaración de Gai, Neji y Tenten no pudieron más que dirigir su mirada a Lee quien estaba con los ojos como platos mirando a su maestro. La confirmación de la implicación de ese indeseable tipo sólo causó terror en los jóvenes.

    —Lee, tú has dicho que habías visto en ese Genjutsu del hospital todo esto, ¿no? —preguntó Gai con firmeza. —Y eso es lo que os ha llevado hasta aquí, ¿cierto?

    El chico de cabello negro afirmó con la cabeza de manera extraña, aún conmocionado por las noticias de su maestro.

    —Pero… es diferente. Así no es cómo lo vi, al menos no tal cual…

    —¿A qué te refieres, Lee? —preguntó una preocupada Tenten con curiosidad ante las nuevas declaraciones de su compañero.

    —Me refiero a que en aquel Genjutsu vi como Sandaime fue asesinado en Konoha por Orochimaru durante los finales de los Exámenes Chûnin, —dijo Lee explicando despacio la situación. —Sin embargo, aquí hemos descubierto que planean acabar con él en el País de los Ríos, lejos de Konoha, porque planea haber una reunión.

    Los cuatro ninjas se quedaron un instante en silencio reflexivo antes de continuar. Todo este asunto del Genjutsu era muy extraño.

    —Sea como sea, lo cierto es que quien quiera que te atacase con ese Genjutsu, quería que vieses eso y tenía la intención de que esa versión fuese así. —dijo Gai levantándose del sillón en el que estaba sentado. —Pero ahora no podemos centrarnos más en este asunto. Nuestra prioridad ahora mismo es informar a Hokage de inmediato y también a Konoha.

    Los tres alumnos de Gai miraron a su maestro. Él tenía razón. Independientemente de lo que Lee hubiese visto o conocido en el Genjutsu, la prioridad era ahora mismo salvar Konoha y a Sandaime Hokage. Los tres Genin se miraron entre sí decididos a hacer lo que estuviese en sus manos para evitar una situación peor.

    —¿Qué deberíamos hacer, Gai sensei? —preguntó Tenten a su maestro dando a entender que seguiría sus órdenes a rajatabla.

    Gai miró a sus alumnos uno a uno. Vio determinación y convicción en sus jóvenes rostros. El Jônin sintió que su corazón sonreía. Desde luego, el Equipo 03-079 contaba con miembros excelentes.

    —Yo debo salir de Suna cuanto antes. Tenía pensado deciros mañana que me marchaba por motivos de urgencia. Al ser un Jônin no verían raro que me iba yo sólo. —explicó el hombre de gruesas cejas de manera lógica. —No obstante, y dada la información que has recopilado, Tenten, lo ideal sería que partiésemos todos hoy de manera inmediata. Vosotros a Konoha y yo a Furuya no Kyô.

    Neji frunció el ceño con disconformidad. Si bien su maestro tenía razón en el aspecto de la inmediatez, salir de Suna todos juntos el mismo día de llegada también resultaba muy sospechoso. Tenía que haber otra forma de informar a Konoha.

    —¿No hay alguna manera de que contactemos con la aldea? ¿No puede convocar a Ningame-san o alguna de las otras tortugas para que vaya allí y adelante la información?

    Gai-sensei miró a su alumno de ojos blancos reflexivo y negó con la cabeza ante su propuesta de llamar a una de sus invocaciones.

    —Las tortugas no son tan rápidas, Neji. Tardarían casi los mismos días en llegar a Konoha que vosotros. No nos sirve. Al fin y al cabo, son tortugas.

    Neji y Tenten se quedaron impactados ante las declaraciones de Gai. No tenían ni idea de que las tortugas shinobi pudiesen ser tan veloces. Lee, sin embargo, afirmaba en silencio con conocimiento de las habilidades de las invocaciones de su maestro.

    —Lo que está claro es que no nos van a dejar salir sin un motivo de peso. Más si nos han extendido el visado para que Lee tenga ese tratamiento durante tres días. —recordó Neji evocando que la anciana Chiyo había hablado con Aduanas para actualizar la condición de su visado.

    Los cuatro ninjas de Konoha se quedaron nuevamente en silencio tratando de buscar una solución en breve. De todos ellos, para Rock Lee toda esta situación estaba siendo muy dura. Una oleada de culpabilidad chocó dentro del pecho del chico de cabello negro. Sentía nuevamente que era un estorbo. Ya lo había sentido antes a lo largo de todo este asunto: su derrota contra Sabaku no Gaara, su inhabilitación del Sistema de Jerarquía Shinobi, su incapacidad de no poder hacer nada en esta misión y ahora esto.

    “Si pudiese hacer algo, aunque fuese algo pequeño, para que todos podamos salir de aquí…” pensó Lee haciendo uso de toda su mente mientras miraba al suelo con intensidad. 

    Entonces, en un instante, una idea cruzó su mente. Una evocación que le hizo llegar hasta un momento clave en aquella ilusión, posando su mirada en su brazo y pierna vendados. La angustia se apoderó de nuevo en su pecho. Era momento de actuar.

    —Gai-sensei… Neji… Tenten… —los tres mencionados se giraron hacia Lee el cual balbuceó ligeramente. —Tengo una idea. Sé cómo podríamos salir de aquí inmediatamente.

    Neji se fijó en la expresión de su compañero de equipo. Estaba preocupado. La mirada de Lee emanaba temor y parecía que iba a proponer algo difícil.

    —Fantástico, Lee. No esperaba menos de mi discípulo. Dinos, ¿qué se te ha ocurrido?. —decretó Gai con alegría poniendo sus manos en los hombros del joven de cabellos negros.

    Durante un instante, Lee permaneció en silencio, como si tratase de juntar las palabras adecuadas. Su mirada bajó aún más y sólo podía fijarse en el brazo y las piernas vendadas. Su maestro y sus compañeros no pudieron más que sentirse extrañados ante tanta espera.

    —Tenéis… tenéis que romperme el brazo y la pierna heridos nuevamente. Sólo podremos salir de aquí inmediatamente de esta manera…

    Tenten, Gai-sensei y Neji parpadearon varias veces antes de protestar por la sugerencia de Lee. En un instante, se pusieron a gritar y a exigir respuestas.

    —¡¿Es que estás loco, Lee?!

    —¡No podemos hacer eso!

    —Lee, de verdad, para tener esas ideas, mejor quédate callado.

    Ante el escándalo provocado por sus compañeros y su maestro, Rock Lee apretó los dientes entre sus mandíbulas, mirando el suelo. Entonces, su mirada les hizo callar. Una mirada férrea y aleccionadora. Una mirada que dejó helados a su maestro y a sus dos compañeros de equipo.

    —¡No hay otra manera de hacerlo! —comenzó el chico de cabellos negros alzando la voz con una seriedad patente. —¡No nos dejarán salir hasta que yo esté tratado! ¡Soy el motivo por el que estamos aquí, soy el motivo por el que no nos dejan ir! ¡Es por eso que tengo que ser la excusa por la que nos vayamos!

    Los miembros del Equipo Gai quedaron en silencio total ante las convicción de sus palabras que resonaban de los labios de Lee.

    —Suna es una ciudad en la que apenas me puedo mover. Neji tuvo dificultades tanto en llevarme al Hospital como al regresar aquí. Incluso cuando entramos a Suna, me tuvisteis que cargar por las bajadas y subidas que tiene. —dijo Lee mientras explicaba su plan. —Además, la arena resbala y es un problema serio si no puedes caminar bien.

    Neji vio a su compañero y comenzó a comprender dónde quería llegar. Aunque no llegaba a gustarle demasiado lo que estaba proponiendo.

    —Entonces, ¿estás diciendo que fingirás un resbalón por las escaleras para solicitar irte de aquí? —preguntó Neji levantando una ceja.

    Lee dirigió una sonrisa cómplice mezclada con angustia a su compañero de equipo.

    —Algo así. Si alego que Suna es un entorno peligroso para mí y me ha causado daño, solicitar el regreso a Konoha y la correspondiente confirmación de Suna será inmediata. —explicó Lee con prudencia. —Además, deberéis efectuar una actuación muy clara. Enfadáos, exigid una compensación. Lo que sea para salir de aquí. Además, Gai-sensei deberá hacerlo usted, por su fuerza, y deberá hacerlo aquí, en la habitación. No estamos seguros de si hay cámaras o ninjas vigilando. Será vuestra palabra contra la de Suna.

    Gai levantó las cejas con sorpresa. Neji cerró los ojos comprensivamente. Lee estaba completamente en lo cierto. Era la única manera de salir de allí, al menos la única con más probabilidades de surtir efecto en su encrucijada por alcanzar Konoha y Furuya no Kyô en el menor tiempo posible. Sin embargo, por su parte, Tenten negó con la cabeza de manera enérgica.

    —Lee, no, no. —trató de decir la chica de cabello chocolate con dificultad. —Los huesos de tu brazo y tu pierna izquierdos están prácticamente soldados gracias a los médicos de Konoha. Si haces eso, si vuelves a dañar tu brazo, no sabes si… si podrás volver usarlo…

    Lee no pudo evitar mirar a su compañera con una mezcla extraña de firmeza y tristeza. 

    —Lo sé, Tenten, pero es lo único que podemos hacer ahora mismo.

    Tenten se giró hacia Neji quien tenía la mirada apartada, tratando de buscar apoyo para evitar hacer lo que proponía Lee. Se notaba que el chico de ojos blancos tampoco quería hacerlo, pero parecía más convencido por las palabras de Lee.

    —Gai-sensei, por favor, haga entrar en razón a Lee… —inquirió Tenten tratando de buscar una solución más satisfactoria.

    Maito Gai, que hasta ese momento había permanecido callado y con los ojos cerrados, se decidió a hablar tras escuchar a su compungida alumna.

    —No quisiera hacerlo yo tampoco, pero… Lee tiene razón, Tenten. No tenemos otra opción, al menos en las circunstancias en las que nos encontramos.

    Tenten se giró sobre sí misma mientras seguía murmurando negaciones ante la situación. No podía creer lo que estaba escuchando. No podía creer que su proposición para realizar esta misión iba a causar que Lee estuviese tullido nuevamente. Eso la llenaba de un sentimiento de culpabilidad punzante que le escocía en el pecho. Mientras la apenada chica se mantenía en sus pensamientos, Maito Gai se acercó a su alumno Lee quedando enfrente de él.

    —Lee, hay… hay diversas maneras de romper el hueso. Como te imaginarás ninguna es agradable. —dijo Gai-sensei mientras explicaba el proceder a su alumno. —Existe un método de combate que permite partir el hueso usando toda la fuerza. Se llama…

    —El Kôsahô (Método de Intersección), ¿verdad, Gai-sensei?

    Ante su interrupción, Maito Gai calló. ¿Cómo sabía Lee este tipo de ataque? No era algo que estuviese escrito en los libros del nivel 1 de la Biblioteca de Konoha. No obstante, el Jônin vio los ojos de su alumno y comprendió. Esto también lo había visto en el Genjutsu. 

    Lee, por su parte, evocó aquel recuerdo ilusorio. Vio como aquel chico, aquel ninja que se hizo pasar por Yagura, otro discípulo de Gai-sensei, Ryūdōin Genshō utilizó esa técnica contra él en la pierna. Si aquel entonces no hubiese tenido los pesos, la fractura hubiese sido tremenda. Pero ahora no habría ningún peso que lo frenase. En su momento, Lee recordó que el golpe dolió de manera terrible y sólo era un Genjutsu. El chico tragó fuertemente saliva y sintió como comenzó a respirar más fuerte, producto del miedo y del futuro dolor que se iba a producir.

    —Será rápido, Lee, pero sólo lo haré en un miembro. —declaró el Jônin con firmeza. — Será en tu brazo.

    —Pero Gai-sensei…

    —Es una situación de extrema alerta y necesitarás protegerte, Lee. Al menos, tienes que tener una de las dos secciones del cuerpo lo suficientemente fuerte como para poder defenderte. Tú eres más hábil y fuerte con tus piernas que con tus brazos, al menos por ahora. Además, serás más útil si andas y corres por ti mismo, si lo necesitases.

    Lee no pudo negar que su maestro tenía razón. Ante toda la situación, era mejor no dejarle completamente incapacitado, era bueno que tuviese una posibilidad de obrar por si mismo. El chico de cabellos negros afirmó lentamente y decidió confiar en él.

    —Bien. Neji, Tenten. Ayudadle a levantarse. Vamos a proceder a hacerlo.

    Neji se acercó a Lee ante las órdenes de su maestro, pero se detuvo a medio camino. El chico de ojos blancos observó que Tenten se negaba a moverse de su lugar en la ventana.

    —Tenten, ya has escuchado a Gai–sensei. Tenemos que hacerlo. —dijo Neji hablando con tranquilidad resignada a su compañera.

    La chica de cabello chocolate se giró para mirar a Neji. Estaba abrazada a sí misma. Su rostro mostraba dolor por toda la situación, por lo que se veía obligada a hacer contra su compañero de equipo Rock Lee. No quería hacerlo. No quería causarle más daño del que ya había sufrido.

    —¿En serio no hay otra alternativa, Lee? —preguntó la compungida chica con un hilo de voz.

    En un acto que le resultó insospechado, Lee mostró una sonrisa al ver a su compañera tan afectada.

    —Tranquila, Tenten. No me voy a morir.

    —¡Por supuesto que no, idiota! ¡Además, si te mueres, me encargaré de ir a buscarte al más allá para volverte a matar!

    La interacción exagerada entre los dos jóvenes ablandó el ambiente tan tenso e hizo reír ligeramente a todos los miembros del Equipo Gai.

    —Ahora en serio, Tenten, confío en ti, en Neji y en Gai-sensei. Sé que puedo contar con vosotros en esto.

    La chica de cabello recogido afirmó sintiéndose más segura con las palabras de Lee, quien mantenía la sonrisa tras su alegato. Tras un poco de preparación, todos los miembros del Equipo Gai estaban listos: Tenten sujetaba a Lee bajo las axilas con fuerza mientras le apretaba un paño que tenía el chico sujeto entre los dientes. Neji, tirado en el suelo de la habitación, tenía un firme agarre en las piernas de su compañero de equipo. Finalmente, Gai-sensei se encontraba al lado de su alumno, ayudándolo a extender el brazo izquierdo firmemente.

    —¿Estáis preparados todos?

    Los tres Genin afirmaron a su manera personal ante la pregunta de su maestro Gai. Entonces, sucedió. De repente, y en menos de lo que esperaron, el codo de Gai-sensei subió y bajó a gran velocidad contra el brazo de Lee. El Byakugan de Neji lo captó al momento. El radio del brazo de su compañero se había partido con gran violencia.

    Lee trató de gritar, pero no pudo por el paño entre sus dientes fieramente sujeto por Tenten. Sólo pudo emitir farfullos y quejas secas mientras agarraba con su mano libre el traje elástico de su maestro. Se zarandeó con gran fuerza lleno de dolor mientras le sujetaban. No podía creer lo fuerte que era el dolor. Era demasiado intenso. Ese dolor le recordó al momento en que Sabaku no Gaara, tanto en el Bosque del Suroeste como en el recuerdo del Genjutsu de los Exámenes Chûnin, le aplastó con la arena.

    El chico de cabellos negros pasó por varios estados: una mueca llena de dolor, una expresión de miedo y huida, para finalmente terminar con el sentimiento de que estaba cayendo en la oscuridad. Poco más pudo hacer porque sintió que se desvaneció hasta desmayarse al tiempo que notaba que su maestro, Tenten y Neji sujetaban su cuerpo.

    Lee volvió al presente al ver que se estaban acercando al final del desierto. El chico suspiró agradecido. Comenzaba a ver alzarse los frondosos árboles del bosque del País de los Ríos en el horizonte.

    —Quedan sólo cien metros para llegar a la frontera. Vayan preparando el dinero. —dijo el cansado guía que les acompañaba.

    Había sido difícil encontrar a alguien dispuesto para salir por el desierto en plena noche, puesto que era muy peligroso por las bestias de las dunas, los bandidos y las bajas temperaturas. No obstante, el plan parecía que había funcionado. Cuando despertó, ya lejos de Suna, Lee supo que, mientras estaba inconsciente, su maestro y sus dos compañeros se las apañaron para armar escándalo porque “ se cayó por las escaleras” y tener a su disposición los elementos necesarios para partir a Konoha inmediatamente esa misma noche. Todo estaba saliendo bien.

    —800, 900 y 1000. Aquí están los 8000, buen hombre. —dijo Gai-sensei entregando los billetes. —Espero que no le moleste que sean ryôs del Fuego.

    El guía asintió con conformidad para comprobar la cantidad exacta del fajo de billetes. Cuando revisó que todo estaba correcto, se retiró hacia el interior del bosque del País de los Ríos, probablemente para acampar hasta el amanecer. Desde ese momento, el Equipo Gai se quedó sólo, únicamente alumbrado por unas linternas que portaban Tenten y Neji en el inicio de la oscuridad del bosque.

    —Bien. Aunque viajar por la noche en un bosque no es la mejor opción, tenemos que continuar un poco más. —dijo el Jônin con presteza en su voz.

    —Gai-sensei. Espere. Déjenos descansar algo, por favor. —suplicó Tenten sujetándose el estómago. —Ni siquiera hemos podido comer algo desde que llegamos a Suna. Tenemos que recuperar fuerzas para nuestra misión.

    El Jônin de gruesas cejas miró a sus dos alumnos al tiempo que cargaba a Lee. Pudo comprobar que tenían los rostros llenos de cansancio. Por otro lado, Gai comprobó como el chico de cabellos negros estaba cabeceando, intentando mantenerse despierto a duras penas. No podía más que escucharle balbucear.

    —Está bien. Paremos a descansar. —dijo Maito Gai dando la razón a su alumna. —Será necesario para todo lo que tendremos que hacer.

    Andaron unos pocos metros para camuflarse dentro de la espesura del bosque, encontrando una pequeña explanada. Al cabo de un rato, los cuatro se sentaron alrededor de una fogata improvisada que Neji creó en poco tiempo.

    —Yo me quedaré de guardia primero, vosotros tres dormid.

    Antes de que Maito Gai terminase estas palabras, Neji vio cómo Lee ya tenía los ojos cerrados y comenzaba a roncar con la boca abierta. El chico de ojos blancos pensaba en cómo se sentiría su compañero, si le dolería todo. No podía negar que Lee había hecho un gran sacrificio para con ellos y para con la misión. Su mente pensó en todo lo que habían pasado hasta ahora, en que Lee había tenido razón en cuanto a la invasión. Se sentía culpable de no haber confiado lo suficiente en él.

    Después de observarle por un rato, Neji se centró en las lenguas de fuego que había delante de él. Pensaba también en su familia en Konoha, especialmente en vísperas de un ataque tan grande como estaba planeado. En su madre, en los niños más pequeños, en los parientes de su misma edad. En Hanabi y… en Hinata. No pudo sino sentir una punzada de dolor en su pecho al recordar a esta última. El daño que le ocasionó en la pelea de los preliminares del Examen Chûnin estuvo carcomiendo desde que había comenzado la misión hacia Suna. No. En realidad, le dolía que, por algún motivo dentro de su cabeza y su corazón, hubiese una fina conexión entre la abnegación de Lee y la de Hinata. Ambos tan absurdamente similares, tan centrados en querer cambiar su destino. ¿Y él? ¿Deseaba la manera de ver la vida de ese par? ¿En verdad quería cambiar su destino? Para él, aún seguía siendo un misterio, un misterio que envidiaba.

    Al poco tiempo, Neji también vio caer rendida a Tenten, exhausta por el hambre y el estrés de su cometido en Suna. La cara de la chica se mostraba completamente en paz. Neji no pudo evitar sonreír. Se sentía sumamente feliz de que a Tenten no le hubiese pasado nada malo, que hubiese podido regresar sana y salva con ellos. Aunque por un lado, sabía que Tenten había sido estúpidamente imprudente en soltar la información del espionaje a Gai-sensei, gracias a eso habían podido conseguir información directa y veraz de la futura invasión por labios de su maestro. 

    Poco a poco, Neji notó que sus ojos comenzaron a ceder. Los hipnotizantes movimientos del fuego le transportaron al sueño mientras vio por última vez a Gai-sensei en estado de absoluta reflexión.

    —¿Cuándo creeis que nos encontraremos con el Viejo Hokage? —preguntó Naruto en medio de un salto en el aire.

    —No tardaremos mucho. El encuentro es mañana por la mañana. —respondió Sasuke a la pregunta de su compañero. —En breve tendremos que encontrarnos con alguno de los ANBU de exploración que le acompañen en su destacamento.

    Sakura entrecerró los ojos al escuchar las palabras de Sasuke. La chica de cabellos rosados pudo evocar la manera en que les enseñaron, en una reunión secreta de recién licenciados Genin, cómo Hokage se desplazaba a los encuentros fuera de Konoha. Sandaime se encontraría en la parte central de su destacamento personal junto con los miembros del Goei Shōtai  (Pelotón de Guardaespaldas del Hokage). Alrededor de él, en tres círculos concéntricos y en avanzadilla, tres grupos de ANBU le seguirían en distribución, de dentro a fuera, los escoltas, los rastreadores y los exploradores. Ellos se tendrían que encontrar con el grupo de los ANBU exploradores y darles el comunicado que les había entregado Kakashi para que se lo llevasen a Sarutobi Hiruzen.

    —Pero me parece raro que no nos los hayamos encontrado aún, ¿no te parece, Sasuke-kun? —dijo Sakura a su amor platónico al observar que aún no habían visto a ningún miembro ANBU.

    Sasuke frunció el ceño ante las declaraciones de Sakura. Es verdad que estaba siendo muy raro. Llevaban avanzando desde hacía varias horas y aún no habían encontrado a nadie. Y cuando decían nadie, era NADIE. Ningún ANBU, ninguna trampa, ningún elemento que les dijese que estuviesen cerca de su objetivo.

    “Ni siquiera nos hemos encontrado con un mísero viajero cuando nos hemos acercado a los caminos. Es muy extraño.” pensó Sasuke frunciendo el ceño cuando repentinamente abrió los ojos incrédulo a la vez que activaba su Sharingan. “¡Mierda, no será…!”

    —¡Quietos los dos! —gritó Sasuke poniendo los brazos para que sus compañeros parasen.

    De sopetón, los dos compañeros de equipo del Uchiha se detuvieron sin pensar. Naruto hizo un gesto extraño por el que casi se resbaló de la rama en la que se había apoyado.

    —¡¿Qué te pasa, Sasuke?! ¡¿Estás tarado o qué?!

    —¡Cállate, perdedor! ¡Estamos dentro de un Genjutsu!

    Los ojos de Sasuke se posaron en Naruto y Sakura. Luego miró a sus manos. Con el Sharingan, pudo percibir que alrededor de sus cuerpos el flujo del chakra que emanaban estaba distorsionado. Si normalmente se podía ver muy suaves ondas de chakra al utilizar el Sharingan, Sasuke vio picos que se alzaban y descendían agudamente, especialmente alrededor de sus cabezas. Le costaba mucho discernirlo, pero podía verlo.

    “Joder, hemos caído en su trampa. Quién sabe desde cuanto tiempo…” maldijo Sasuke para sí mismo.

    Sasuke sintió un dolor agudo en el hombro donde tenía el Sello de Maldición de Orochimaru y jadeó con fuerza al notar que la resistencia se escapaba de su cuerpo.

    —Sakura, usa tu chakra para deshacerte del Genjutsu. El Sharingan me ha consumido demasiada energía. —dijo Sasuke a la chica al sentir cansancio.

    La joven de cabellos rosados, sin dudar de las palabras de Sasuke, junto sus dedos en el sello Tigre para disipar aquella ilusión.

    ¡Genjutsu: Kai! (Jutsu Ilusorio: Liberación)—dijo Sakura quien liberó una gran cantidad de chakra controlado a su alrededor.

    Inmediatamente, Sakura abrió los ojos. Observó que se encontraban en el suelo de una de las explanadas del bosque cercano a Furuya no Kyô. Se giró para ver a Naruto y Sasuke completamente KO. La chica puso sus manos en los cuerpos de sus compañeros de equipo para que saliesen de la ilusión y se levantasen despacio. Se habían alejado del lugar de despedida de su maestro Kakashi, pero aún estaban demasiado lejos de donde creían que en un principio se encontraban, del posible lugar de encuentro con los ANBU.

    —Qué estúpidos sois. Creo que es la segunda vez que os veo caer en este Genjutsu, alumnos de Kakashi. —dijo una voz que escucharon tras ellos. —Pensaba que ya conoceríais bien el Kori Shinchū no Jutsu (Jutsu de Efecto Mental Malicioso) después de que os ayudé la última vez.

    Los tres Genin se giraron a la vez que se levantaron rápidamente del suelo. Vieron una figura. Un joven algo mayor que ellos, con cabello gris ceniza sujeto en una cola de caballo y ojos ónix que estaban adornados con unas gafas circulares, las cuales sujetaba con un dedo desde el tabique de su nariz. Yakushi Kabuto. Al ver al chico, Sasuke apretó los dientes entre sus mandíbulas. El chico Uchiha acababa de sentir el punzante dolor del Sello Maldito en su hombro izquierdo. No le estaba gustando su presencia. ¿Por qué? ¿Por qué le dolía ahora?

    —¡Maldición, Kabuto! ¡¿Qué estás haciendo aquí tan lejos de Konoha?! —alzó la voz Naruto parecía mostrar que no se encontraba del todo bien.

    —Este no es lugar para que otros Genin de Konoha estén solos, Kabuto-san. Es mejor que te retires y te pongas a salvo. —dijo una jadeante Sakura tratando de prevenir al chico de las gafas sin dar muchos detalles de lo que estaban haciendo.

    Sakura recordó que Kabuto les había ayudado en el pasado, evitando que fueran víctimas mortales de tres ninjas de Amegakure en una misión de entrega de documentos. Era lógico que quisiera prevenirle y ayudarle. Sakura pensaba que tendría que estar por esas tierras por alguna misión con otros shinobi, aunque ahora mismo le veían sólo. Ante las declaraciones de Naruto y Sakura, Kabuto sonrió de manera muy extraña. Esto no pasó inadvertido para Sasuke quien se puso en guardia de inmediato pese al dolor que experimentaba.

    —¡Naruto, Sakura! ¡Manteneos alejados de él! —gritó el Uchiha con un kunai recién sacado de su portakunai.

    Los dos compañeros del equipo Kakashi miraron a Sasuke contrariados. Algo no parecía ir bien.

    —¡¿Qué sucede, Sasuke-kun?!

    —¡¿Qué quieres, Sasuke?! ¡No ves que alguien nos ha metido en un Genjutsu y tenemos que advertir a Kabuto de esto!

    Sasuke apretó los dientes frustrado. La estupidez de ambos le estaba poniendo enfermo. ¿Es que acaso no se habían dado cuenta ya?

    —¡Idiotas! ¡Él es quien nos ha metido en el Genjutsu! —gritó Sasuke con enfado patente.

    Los tres Genin miraron a Kabuto y se pusieron en guardia total. Naruto percibió que su propia cara se transformaba en una expresión llena de malestar. No se podía creer lo que acababa de escuchar en boca de Sasuke. ¿Kabuto era un traidor? ¿Cómo?

    —¡¿Qué significa esto, Kabuto?! ¡¿Cuáles son tus intenciones?! —exigió Sasuke al mencionado.

    —Con vosotros nada, en realidad. —comenzó diciendo el joven de diecinueve años enseñando con su mano un pergamino azul que se les hacía familiar. —Sólo quiero que esto no llegue a su destino.

    Sasuke se palpó el torso del cuerpo y comprobó que efectivamente el maldito de Kabuto les había arrebatado el pergamino de Kakashi con el mensaje para Hokage. El chico Uchiha gruñó tras apretar sus puños.

    —No puedes confiar en aliados ineptos, Sasuke-kun. Sólo encargaran las tareas importantes a subordinados débiles e idiotas. —declaró el chico de gafas mirando con interés los contornos del pergamino. —Te obligarán a hacer su trabajo.

    El Equipo Kakashi se dio cuenta de que se estaba refiriendo a los Genin de Suna que habían interceptado anteriormente, o tal vez se refería a ellos.

    —En fin, que esto os sirva de lección para cuando seáis líderes o capitanes de equipos, si es que lo lográis. —dijo Kabuto con sorna a la vez que se dio la vuelta dándoles la espalda. —Hasta pronto, alumnos de Hatake Kakashi.

    Antes de que pudiesen hacer nada, Kabuto utilizó el Shunshin no Jutsu (Jutsu de Teletransportación) desapareciendo con gran rapidez. Aunque Sasuke quiso buscarle utilizando su Sharingan, le fue imposible. No podía ver a través de los objetos como el Byakugan, ni podía detectar el chakra de la misma manera. Para su desgracia, Yakushi Kabuto también había borrado todo rastro de él mismo. Sasuke desactivó su Kekkei Genkai terriblemente agotado.

    —¡Maldito bastardo! ¡Regresa! —dijo Naruto empuñando la mano hacia el traidor.

    Aunque quiso correr tras él, su cuerpo falló al dar un paso y cayó al suelo. Estaba debilitado. Sakura tampoco se sentía bien. Kabuto les había drogado. 

    Treinta minutos después y tras tomar un antídoto estándar, el Equipo Kakashi se encontraba recuperado y con algo más de fuerzas.

    —¡Mierda, no puedo creer que Kabuto sea un traidor! 

    —La sorpresa ha sido para todos, Naruto. —dijo Sasuke tras morderse el pulgar frustrado. —Pero también ha sido culpa nuestra. Fuimos imprudentes. No debimos bajar la guardia. ¡Con nadie!

    —¿Pero, Sasuke-kun, cómo íbamos a imaginar que nos encontraríamos con una situación similar? —preguntó Sakura sin malas intenciones.

    La mirada de Sasuke se tornó sumamente seria hacia Sakura. La chica calló de inmediato ante el halo de severidad del Uchiha al tiempo que Naruto gritaba a Sasuke que no la mirase de esa manera. El chico de ojos negros bajó el rostro lleno de frustración.

    —Un shinobi… un shinobi debe prepararse antes de que sea demasiado tarde. —dijo el chico Uchiha con dificultad. —Y nosotros hemos fallado en esa regla ninja.

    Sus dos compañeros se mostraron cabizbajos también ante las duras palabras de Sasuke. Era cierto lo que su compañero Uchiha decía. Los shinobi debían respetar el Código Shinobi costase lo que costase y ellos habían fracasado en una de sus reglas. Se sentían derrotados. Pese a todo lo que estaba pasando, a Naruto no le duró mucho el sentimiento de fracaso.

    —Pues este no es el momento de lamentos. —comenzó Naruto levantándose del suelo.

    —¿Qué pretendes hacer, Naruto? —preguntó Sakura con confusión ante el repentino cambio de humor del chico Uzumaki.

    Naruto se recolocó los pantalones anaranjados y se quitó el polvo y la tierra de los mismos. Suspiró y dirigió su mirada en dirección este.

    —Tenemos que ir y dar el mensaje al Viejo Hokage como sea. —declaró Naruto con convicción. —Esa es la misión que Kakashi-sensei nos ha encomendado.

    Sakura dio un suspiró y negó con la cabeza ante lo que Naruto había dicho.

    —No te enteras, Naruto. —el tono de voz de Sakura sonaba entristecido. —No podremos llegar hasta Sandaime-sama. Los ANBU exploradores no nos dejarán comunicar el mensaje sin un pergamino oficial de un superior.

    —Eso no importa. El Viejo sabe que si se lo digo yo me tendrá en cuenta. —explicó Naruto con firmeza a la chica. —Al fin y al cabo, soy… soy el Jinchûriki del Kyûbi.

    Sasuke levantó una ceja con interés ante las palabras de su compañero de equipo. Era cierto. Bien era sabido que Naruto llevaba en su interior sellado al Kyûbi, el conocido como Zorro de Nueve Colas, que atacó a Konoha hacía trece años. Yondaime Hokage y padre de Naruto, Namikaze Minato, selló al monstruo tras descontrolarse del cuerpo de la fallecida madre de Naruto, Uzumaki Kushina, la anterior Jinchûriki. 

    Todos los shinobi de la Aldea sabían que el individuo que contenía al Kyûbi estaba relacionado y vinculado de alguna manera al Hokage por protección y por ataque. El mismo Sasuke pensaba que habían sido seleccionados para esta misión debido a que pertenecían al mismo Equipo de Graduación que Naruto. Era imperativo que Hokage estuviese cerca del Jinchûriki de Kyûbi. Sandaime no se opondría en principio a escuchar lo que Naruto tuviera que decirle.

    —Vale la pena intentarlo. —dijo el Uchiha levantándose también del suelo de tierra y hierba.

    —Pero, Sasuke-kun…

    —No tenemos tiempo, Sakura. La aldea está en peligro y la vida de Hokage también. Tenemos que ser rápidos y astutos. —sentenció el Uchiha ante la potencial queja de su compañera.

    Tras un instante de duda, la chica de pelo rosa también se puso en pie y afirmó con la cabeza. Rápidamente, se pusieron en marcha de nuevo hacia el encuentro del destacamento de Sandaime Hokage dejando atrás, por el momento, la traición y la derrota.

    —Pronto llegaremos al País del Fuego. A partir de ahí tenemos que estar preparados para lo que sea que venga. —dijo Neji al ver que comenzaba a otear el Bosque del Suroeste.

    El Equipo Gai había estado viajando sin descanso durante medio día para acortar tiempo. Se habían despedido de su maestro a unos veinte kilómetros de Furuya no Kyô. El Jônin les había entregado un pergamino oficial con la información recabada en Suna que debía ser entregada cuanto antes a los Ancianos del Consejo de Konoha. Por supuesto, habían decidido que los pormenores del Genjutsu en el que cayó Lee quedarían, de momento, como un asunto interno de su equipo. Ya habría tiempo para tratarlos más adelante. Pronto, pasaron por una zona donde había rastros de combate. Se preguntaron si tendría algo que ver con lo que iba a suceder en la antigua capital de los Ríos.

    —¿Crees que Gai-sensei estará bien él sólo, Neji? —preguntó Tenten mientras ayudaba a Lee a saltar entre los árboles.

    Lee, por su parte, trataba de que por su garganta no salieran quejidos de dolor. La fractura del brazo le estaba matando, pero no quería que sus compañeros ralentizasen el paso por él.

    —No podemos estar seguros al 100% de que esté bien, pero estamos hablando de Gai-sensei. —respondió Neji con tranquilidad en su voz. —Él no es un Jônin ordinario.

    —Así es. Nadie puede ganar a nuestro maestro —respondió Lee tratando de centrarse en la conversación para dejar de pensar en el dolor. —Es el ninja más fuerte de Konoha.

    Tenten se rió ligeramente, moviendo la cabeza ante las palabras de su compañero herido.

    —Je, je, Lee, siempre pensarás que Gai-sensei es el ninja más fuerte.

    —No es que lo piense. Es que lo es, Tenten. —dijo Lee con una sonrisa amplia en su rostro.

    De pronto y sin previo aviso, Lee se resbaló al apoyar mal el pie en una de las ramas del árbol que saltaban. Esto hizo que se llevase consigo a Tenten hacia el suelo, arrastrándola con brusquedad. Antes de caer, la chica pudo amortiguar la caída de su compañero evitando algo peor. Ella, por su parte, no tuvo tanta suerte.

    —¡Agh… mi estómago…! —se quejó Tenten agarrándose contra el suelo.

    —Dios, Tenten, lo siento muchísimo… 

    Lee trató de ayudarla a levantar, pero el sólo toque de su brazo con una superficie hizo que le acalambrara de dolor. Neji bajó hacia donde estaban caídos con rapidez e inmediatamente asistió a Tenten.

    —¿Estás bien? —preguntó Neji ofreciéndole la mano a su compañera.

    —Sí, sólo me duele un poco por el golpe. No te preocupes, Neji.

    Lee vio como Tenten se levantó del suelo para sacudirse el polvo y la suciedad de la caída en su ropa y su piel. Alguna rozadura superficial se había creado por la fricción. A Lee no le estaba gustando esto. Desde que habían salido de Suna, su condición estaba ralentizando los avances de sus compañeros. Si bien todo estaba saliendo bien gracias a su brazo partido, también era verdad que podrían estar ya en Konoha, haciendo llegar el mensaje de Gai-sensei, pues eran el equipo de Genin más rápido de Konoha actualmente. Lee comprendió que su lugar en esta historia estaba ya decidido. Tenía que sacrificarse aún más.

    —Venga, reanudemos la…

    —Neji… Tenten… —dijo Lee quien comenzó hablando con dificultad. —Vosotros continuad adelante. Dejadme aquí.

    Los dos compañeros del joven Genin abrieron desmesuradamente los ojos al ver la seriedad que destilaba Lee con su semblante. No daban crédito a sus oídos y a lo que veían. De nuevo, Lee estaba haciendo peticiones estrambóticas. ¿Dejarle atrás? ¿Eso estaba diciendo él, un Rescatador? Sin duda, Neji y Tenten jamás pensaron en sus vidas que Lee hubiese dicho semejantes palabrerías.

    —Lee, por favor, déjalo ya. —dijo Tenten abatida por el cansancio debido a todos los días de viaje y a la tensión acumulada. —No podemos dejar a un compañero atrás, menos a un herido, y tú lo sabes.

    —Coincido. Sabemos tan bien como tú que hay que llegar pronto a Konoha, pero dejarte atrás nunca ha sido una opción. —dijo Neji con el ceño fruncido no queriendo tolerar más sufrimiento de parte de su compañero. —Escucha. Sé razonable. Piensa al menos en Tenten.

    Lee dirigió su mirada a la chica quien mostraba dolor en su expresión facial. Para él, Tenten era como la hermana mayor que nunca había tenido. Desde que se conocieron en la Academia Ninja hacía cuatro años atrás, Tenten había estado muy cerca de él. Le había acompañado, prevenido y ayudado en lo necesario. Cuando era preciso alentarlo, ella estaba ahí, y cuando había que detenerlo, ella estaba ahí también. Por eso, a Lee le dolía hacerla sufrir con esta situación.

    —Mirad, sé que no he parado de decir cosas que os han llevado a tomar acciones y decisiones dolorosas. Pero ahora sabemos que todo es real. Que nuestra aldea está en peligro y no podemos esperar ningún segundo más.

    —Lee…

    —Esta es la última cosa que os voy a pedir sobre este asunto: dejadme atrás y llevad el mensaje de Gai-sensei a Konoha. —el chico de cabello negro miró con mucha seriedad a sus compañeros.

    Neji y Tenten se pararon mucho tiempo a pensar las palabras de Lee. El hambre, el cansancio y la necesidad de hacer llegar el mensaje a Konoha cuanto antes les empujaba a hacer caso a Lee.

    —Pero, ¿qué pasa con tu estado, Lee? —preguntó un preocupado  Neji al chico herido. —Recuerda lo que dijo la anciana Chiyo. No estás preparado para un combate.

    Lee miró a Neji con una sonrisa cansada, aunque con un ligero atisbo de suficiencia.

    —No tengo porque combatir. Sólo defenderme, si llegase el caso. —respondió el chico de cabello negro con suavidad. — Creedme, no voy a luchar contra nadie. Me esconderé lo mejor que pueda. Iré con un perfil muy bajo, lo juro.

    Tenten se dio cuenta de que Lee estaba suplicante de que ambos se fuesen cuanto antes, de que se adelantasen hacia Konoha.

    —La seguridad de la aldea te importa mucho, ¿cierto? —dijo la chica de cabello chocolate con la mirada baja.

    —Te equivocas, Tenten.

    De repente, la chica alzó la vista hacia Lee quien la esperaba con una sonrisa llena de paz y confianza.

    —Konoha me importa porque allí están nuestras familias y amigos, y tenemos que defenderles.

    Las caras de Neji y Tenten se transformaron en un instante. Sonreían complacidos a la vez con las palabras convincentes Lee. Se dieron por vencidos. Su compañero les había ganado una vez más.

    —De acuerdo. Nosotros nos adelantamos. —dijo Neji afirmando con la cabeza. —Te esperamos en Konoha.

    —No se te ocurra hacer tonterías, ¿de acuerdo?

    —Vamos, Tenten. Soy un Rescatador. En menos de que os deis cuenta estaré salvándoos a vosotros las espaldas.

    La chica hizo una mueca divertida que hizo reír a Lee. Tras una corta despedida, el chico vio como sus compañeros se adelantaron entrando al Bosque del Suroeste. Lee miró a sus alrededores y suspiró. Se había quedado completamente sólo.

    —Bien, ahora iré despacio hasta la aldea y cof… cof, cof…—dijo Lee completamente molestó con la garganta irritada. —¡Ah, ¿qué es esto?!

    Sin previo aviso, un gran bomba de humo le dejó sin visión. El chico de cabellos negros miró a su alrededor completamente perdido por la espesura de la humareda.

    “No entiendo qué está pasando…¿Un ataque ahora? No escuché que hubiese nadie. ¿De dónde viene?”

    El instinto de supervivencia de Lee hizo que saltara al momento de notar una vibración encima suyo. Dio un salto a su derecha cayendo contra el suelo mientras una figura bajaba hasta el mismo lugar donde antes estaba él. El extraño personaje se posó suavemente enfrente de él.

    —Vaya, parece que aún te quedan reflejos rápidos, Lee-kun.

    La humareda se fue dispersando despacio. Lee pudo poco a poco revisar sus alrededores. El chico de cabellos negros se puso en posición de guardia pese a que el brazo le dolía como un demonio. Fingió que se encontraba mejor de lo que estaba.

    —¡¿Qué es esto?! ¡¿Quién eres?! —exigió Lee con presteza.

    Finalmente, el humo desapareció y Lee pudo verlo en su totalidad. Un hombre alto con un traje de cuerpo entero de malla en azul oscuro y una capa negra que le tapaba la cabeza y el rostro se alzó en medio del bosque.

    —Me presentaré. Soy Toshikomi y vengo por ti, Lee-kun.

    El chico de cabello negro frunció el ceño. ¿Era un adversario de Konoha? ¿Un aliado de Orochimaru y del resto de países que estaban bajo sus órdenes? Mientras por su mente pasaban varias preguntas, el hombre de la capucha mostraba una sonrisa de oreja a oreja ocultando sus ojos, haciendo sentir a Lee una inquietud extrema.

    — 

    —¡Allí están! ¡Veo a un ANBU!

    —¡Ellos se habrán dejado ver, Naruto idiota!

    El chico rubio se lanzó rápidamente contra los árboles. Estaba entusiasmado. ¡Al fin llegaban a alcanzar al destacamento del Viejo Hokage! En poco tiempo estarían cara a cara con él y podrían decirle todo lo que había pasado.

    —¡Alto inmediatamente!

    Los tres Genin del Equipo Kakashi hicieron caso a la repentina orden y bajaron hasta el suelo de un salto. En menos de un segundo, cuatro miembros de ANBU con uniforme estándar les rodearon.

    —¡Qué bien que aparecéis! ¡Tenemos mucho que contaros! —exclamó Naruto con confianza en su voz.

    Uno de los ANBU con máscara de verraco y capa blanca, signo de ser el líder del escuadrón, se adelantó hacia Naruto con paso firme y serio. En silencio, Sasuke se fijó en el porte del líder ANBU. No parecía muy amigable.

    —Silencio, Uzumaki Naruto. Nosotros preguntaremos lo que necesitamos saber de vosotros.

    Ante estas palabras, la sonrisa de la cara del Genin de cabellos rubios se borró en un instante. Sakura se puso en estado de alerta, tragando saliva fuertemente y contuvo la respiración nerviosa.

    —Vosotros sois del Equipo Kakashi, ¿cierto? —comenzó diciendo el Capitán ANBU. —¿Qué estáis haciendo aquí? ¿Por qué no estáis con Kakashi cumpliendo vuestra misión de avanzadilla, Uzumaki Naruto?

    Debido al corte de antes, a Naruto se le dificultó hablar. Sakura, al ver esto, intervino tratando de ayudar a su compañero de equipo.

    —Kakashi-sensei nos pidió que vinieramos a vuestro encuentro. Teníamos un pergamino que entregar a su nombre para Hokage-sama. —declaró Sakura con timidez.

    Los cuatro ANBU permanecieron impasibles y con un aspecto corporal tranquilo. Sus auras estaban tensas, pero contenidas. Sasuke sintió incomodidad ante esto.

    “Hm, no es de extrañar que sean la élite de la élite del Sistema de Jerarquía Shinobi.” alcanzó a pensar el Uchiha sintiendo el sudor correr por su frente.

    —¿Un pergamino? ¿Y dices que teníais? —preguntó de nuevo el Capitán ANBU. —Si decís eso, quiere decir que ya no lo tenéis.

    Tras esta afirmación, Naruto superó la anterior interacción con el líder ANBU y se lanzó a hablar desenfrenadamente.

    —Nos quitaron el pergamino. No querían que llegase la información hasta el Viejo Hokage. —espetó Naruto con franqueza.

    La ANBU que estaba más cerca de Naruto, que portaba una máscara de gato y tenía cabellos purpúreos, dio un paso al frente hacia él.

    —Es mejor que cuides tus palabras para referirte a Sandaime-sama, Uzumaki Naruto. Ya se te ha avisado varias veces en el pasado. —dijo la ANBU suspirando a lo que parecía haber repetido en otras ocasiones al joven Jinchûriki.

    Naruto apretó los dientes ante la parsimonia de los ANBU exploradores del destacamento de Sandaime. Le estaba poniendo enfermo, pues sentía que no le estaban tomando en serio.

    —¡No hay tiempo para esto! ¡Tenéis que dejarnos pasar para dar el mensaje de Kakashi-sensei! ¡Unos ninjas de Suna nos atacaron y dijeron que había órdenes de matar al viejo y de destruir la aldea!

    Sasuke miró anonadado a su compañero. Eso no era lo que los ninjas de Suna habían dicho, sino lo que Sakura había confesado. De hecho, era lo que menos quería Kakashi que transmitieran ahora mismo.

    —Ante la importancia de este encuentro entre Hokage y Kazekage, me temo que no podemos dejar pasar a nadie sin elementos factibles y concisos. Por ello, no podemos dejaros pasar, Uzumaki Naruto.

    —¡No sé qué significa eso, tú, cara de buey, pero me da igual!

    —¡Para, Naruto! ¡Se refiere a que no nos van a dejar acercarnos a Sandaime-sama hasta que no tengamos pruebas de que lo que decimos es verdad! —exclamó Sakura al explicárselo a su compañero rubio. —¡No tenemos el pergamino de Kakashi-sensei!

    —¡¿Quieren pruebas?! ¡Pues preguntádselo a Gejimayu y a sus compañeros! ¡Por que ellos parece que sí saben algo!

    Ante las declaraciones del alocado shinobi, Uchiha Sasuke agarró a Naruto por el cuello de su chaqueta anaranjada y le miró enfurecido.

    —¡Cállate, maldito perdedor! ¡Eso no es lo que ha pasado! ¡Deja de mezclar información indebidamente!

    —¡Suéltame, estúpido! ¡Lo único que me importa ahora es que no le pase nada al Viejo Hokage!

    —¡Parad ya! ¡No conseguiremos nada así! —exclamó la chica de cabellos rosados tratando de interponerse entre los dos para separarlos inútilmente.

    Los dos Genin del Equipo Kakashi comenzaron a zarandearse entre sí, casi tirándose al suelo de la explanada. Los ANBU se miraron entre sí mientras asistían con aparente apatía a todo lo que se estaban haciendo.

    —Independientemente de si estuviéseis tranquilos o alterados, no os dejaríamos pasar. No tenéis nada que acredite lo que estáis diciendo. Así que aquí termina la conversación. —repuso el líder ANBU con mucha tranquilidad en su voz.

    Naruto se giró inmediatamente hacia el Capitán Anbu. Estaba furioso, extremadamente enfadado. Contaban con una información clave para evitar la muerte del Viejo Hokage y no le querían dejar transmitirla. Naruto sintió como sus dientes se apretaban muy fuerte entre sus mandíbulas y sentía bullir la sangre dentro de él.

    —Si no lo hacéis por las buenas, ¡lo haréis por las malas! —exclamó Naruto abalanzándose hacia el Capitán con el puño de su mano por delante.

    En un pestañeo, el ANBU de máscara de verraco desapareció delante de él. Antes de que el chico de cabellos rubios pudiese darse cuenta sintió un golpe en la nuca que le hizo caer de bruces contra el suelo, dando un quejido muy fuerte.

    —¡Naruto, no! —exclamó Sakura tratando de llegar hasta su compañero en vano, pues otro de los ANBU la sujetó por la espalda sin previo aviso.

    Por su parte, Sasuke también dio con las rodillas en el suelo al ser restringido por un segundo ANBU.

    —Por el momento, quedáis detenidos por no estar con vuestro Capitán de Equipo durante la misión que se os encomendó. Y tú, Uzumaki Naruto, además, por atacar a un superior. —dictaminó el líder del grupo ANBU.

    —¡¿QUÉ?! ¡ESO NO PUEDE SER! ¡ME NIEGO! —gritó Naruto tras ser sujetado por el resto de los ANBU libres.

    Sasuke y Sakura, al ver el panorama, simplemente suspiraron derrotados. Al cabo de un rato, en el que Naruto finalmente se terminó por calmar, los tres Genin del Equipo de Kakashi se encontraban atados contra un árbol mientras les custodiaban dos de los ANBU que componían el escuadrón. Se sentían inútiles completamente.

    —¿Qué harán con nosotros? —preguntó Sakura ante la situación actual.

    La joven kunoichi observó cómo sus dos compañeros varones callaban. Naruto tenía la mirada baja por su impetuosidad anterior. Sasuke mostraba un ceño pronunciado. Por ello, Sakura desistió en volver a preguntar al recibir el silencio como respuesta. Tras un rato, se rompió el silencio.

    —Más que preguntar qué harán con nosotros, debemos preguntarnos sobre qué debemos hacer nosotros ahora. —declaró Sasuke repentinamente.

    El chico Uchiha se mordió el interior de la mejilla. Estaba muy molesto con sus compañeros, especialmente con Naruto. Todo estaba saliendo mal. No estaban pudiendo llevar el mensaje que les habían encomendado. En verdad que no tenían tiempo para estas tonterías. Konoha estaba al borde del abismo y no les estaban dejando avanzar.

    —Si no podemos informar a Hokage, tendremos que desistir y continuar con la misión hasta el final. —declaró Sasuke finalmente. —Debemos ir a Konoha directamente e informar a los Ancianos del Consejo de Konoha como dijo Kakashi.

    Naruto alzó su rostro ante las palabras de Sasuke. El chico rubio se sentía muy mal por todo lo que acababa de suceder. De alguna manera, quería tratar de solucionarlo y ser útil..

    —Sasuke… quiero…

    —¡Cállate, maldito perdedor! —escuchó Naruto de manera cortante de los labios de Sasuke. —¡Por tu culpa estamos en esta situación!

    —¡Eso, Naruto! —continuó Sakura con actitud molesta. —¡Si sólo te hubiese ceñido a tu función de Jinchûriki, hubiese sido posible haber tenido una oportunidad!

    Naruto apretó los labios con fuerza. Por su mente pasaron muchos pensamientos intrusivos de los que quería evitar centrarse. Escuchar ese apelativo “Jinchûriki” le llenó de dolor el pecho. Era un título que detestaba. No quería ser reconocido como el Jinchûriki de Konoha, o como el monstruo o como el Kyûbi. Él quería ser reconocido como quien era: Uzumaki Naruto. Por eso, trataba de hacer oídos sordos cuando le llamaban así, incluso aunque fuese para atacarle como ahora. Sabía que había hecho mal. Sabía que no había estado a la altura de las circunstancias, pero en el fondo de su corazón quería arreglarlo. Por el Hokage y por Konoha. Por eso, en este caso en concreto, además, no podía culpar a sus compañeros de estar enfadados con él.

    —Lo sé. Sé que ha sido mi culpa pero, quiero compensarlo… de alguna manera…

    Sasuke y Sakura quedaron callados ante las palabras de Naruto. No tenían mucho tiempo que perder. Si bien sabían que el chico de cabellos rubios era un idiota impulsivo, también sabían que aún tenía un corazón de oro con el que quería ayudar a sus compañeros y amigos. No sería la primera vez que lo mostraría.

    —Está bien. —comenzó diciendo Sasuke un poco más tranquilo. —En esta situación, tus habilidades son las mejores. Al fin y al cabo, eres un Ladrón, Naruto.

    La cara de Naruto se iluminó instantáneamente al escuchar a Sasuke alabarlo por su Categoría Ninja. Éste era uno de los pocos conceptos que Naruto recordaba de su etapa en la Academia.

    Las Categorías Ninja eran un conjunto clasificatorio complementario al Sistema de Jerarquía Shinobi. Independientemente del rango ninja al que perteneciera un shinobi, al momento de graduarse, y confirmado durante el primer año, se le asignaba una Categoría Ninja teniendo en cuenta sus habilidades, sus técnicas, su historial familiar y social, su desempeño e, incluso, su actitud y su personalidad. Si bien los profesores decían a sus graduados jocosamente que lo habitual era que se formasen los Equipos de Graduación con los mejores y los peores alumnos, lo cierto es que era una leyenda escolar. Éste era el verdadero sistema que se utilizaba para formar los Equipos de Graduación.

    Por otro lado, aunque las Categorías Ninja habían sufrido modificaciones desde que fueron instauradas durante la Gobernanza de Shodai Hokage, en la actualidad Konoha mantenía ocho: Saboteador, Limpiador, Asesino, Escolta, Rastreador, Rescatador, Espía y Ladrón. Ésta última era la Categoría Ninja de Naruto. La mejor, en la humilde opinión del joven hiperactivo.

    —Pero puede ser difícil, Naruto. —dijo Sakura en un susurro. —Ni Sasuke ni yo podemos deshacernos del agarre de las muñecas. Nuestros Nawanuke no Jutsu (Jutsu de Escape) no funcionan.

    —Tienen que haber usado algún tipo de cuerda especial. Tal vez está tejida de cabello de una Ôhime, de una Princesa. —sugirió Sasuke al sentir el tacto de la atadura.

    En ese momento, tras alzar la vista, la mirada del chico Uchiha se posó en Naruto quien sonreía entre pícaro y malicioso ampliamente. Sasuke sonrió con la comisura de los labios con algo de sorna. El perdedor ya estaba trabajando en su cabeza.

    —¿Cómo vais con ellos, Towa? — preguntó una ANBU que se acercó a sus dos compañeros, quienes vigilaban a los tres retenidos.

    —Están tranquilos. Parece que Uzumaki Naruto se ha calmado ya, Komachi. —respondió el ANBU llamado Towa.

    —¿Hay novedades de qué se hará con ellos? —preguntó la tercera ANBU con cabello largo y purpúreo.

    —El Capitán ha determinado que seremos tú y yo quienes los custodiemos hasta Furuya no Kyô. Después de la reunión, Hokage-sama hablará con ellos, Gazeru. —informó Komachi con los brazos cruzados a la joven ANBU con máscara de gato.

    —Pero no sé porque éstos deberían tener trato preferencial con Hokage-sama. —repuso Gazeru con molestia en su tono de voz. —Sólo porque en este equipo está el chico Uchiha y el Uzumaki…

    —La verdad es que te doy la razón, Gazeru. —dijo Towa rascándose la cabeza. —Si esto lo hubiese hecho otro equipo Genin, estarían entre rejas durante una larga temporada.

    —Ya lo creo…

    A unos 200 metros de distancia, unos ojos rojizos observaban a los tres ANBU descifrando lo que hablaban por sus labios. Uchiha Sasuke lanzó un gesto afirmativo a sus dos compañeros quienes respondieron igual al pelinegro. Habían picado el anzuelo. Naruto había podido deshacer las cuerdas gracias a sus habilidades de Ladrón y había dejado detrás de sí tres Kage Bunshin transformados atados al árbol donde anteriormente se encontraban ellos. 

    Finalmente, el Equipo Kakashi se lanzó de nuevo a los bosques, dispuesto a cumplir el último mandato de Kakashi-sensei: regresar a Konoha y alertar de la inminente invasión que se cernía sobre ella.

    Rock Lee lanzó una mirada fruncida a aquel hombre que se encontraba frente a él.

    “¿Toshikomi? ¿Quién se supone qué es? ¿Debería conocerlo de algo?” pensó el herido Genin sin apartar la mirada de su oponente.

    El hombre llamado Toshikomi se limpió la ropa de polvo tras la dispersión de la bomba de humo. Después, se giró para mirar a Lee. Se quedaron en un silencio tan intenso que podía cortarse. Lee respiró despacio tratando de mantener el aire controlado. Se preguntaba si Neji y Tenten estarían teniendo problemas o si Hokage-sama ya habría llegado a Furuya no Kyô con su destacamento de ANBU y guardaespaldas. Esperaba que Gai-sensei llegase allí lo antes posible para informarle, ya que quedaba menos de la mitad de la noche para la reunión. 

    —La verdad es que me sorprende que lo hayas conseguido. Los demás no alcanzaron a hacer ni una décima parte de lo que has logrado tú, Lee-kun. —comenzó hablando Toshikomi de una manera que Lee identificó como críptica.

    El Genin se centró en la boca del tal Toshikomi, la única parte de su rostro que podía distinguir gracias a la luz de la luna. Unos labios finos, pero grandes que sonreían de manera tenebrosa. Sus dientes eran también grandes, sacándolos hacia fuera, haciendo un gesto permanente de prominencia en la boca. Lee se sintió incómodo. Tenía que ser muy cuidadoso. No sabía a quién se enfrentaba.

    —¿Que lo haya conseguido? —dijo el chico de cabello negro manteniendo la posición defensiva a duras penas por el dolor. —¿A qué se refiere? No le conozco. Me debe confundir con otra persona.

    “¿Confundirme con otro Lee? ¡Menudo farol, Rokku!” pensó el chico de cabello negro sintiéndose avergonzado. “¿Cuántos más tendrán mi mismo apellido?”

    Lee observó cómo el hombre avanzó dos pasos hacia él. Esto sólo provocó que el chico marchase dos pasos atrás para asegurar la distancia.

    —Al final resulta que no parecías tan inútil después de todo. —dijo Toshikomi dando un nuevo paso hacia Lee. —O más bien… no te deje tan inútil.

    En un parpadeo, el hombre llamado Toshikomi desapareció de la vista. Un escalofrío recorrió la espalda de Lee al sentir una mano en su cabeza desde atrás. Toshikomi se había situado allí sin ser sentido, visto o escuchado. Eso produjo a Lee un terror instintivo.

    —Así que llegaste hasta aquí, Lee-kun. Muy interesante…

    No supo si fue una mezcla entre el instinto de supervivencia y el miedo, pero Lee sólo pudo reaccionar alcanzando a golpearle con la pierna buena en un movimiento circular hacia atrás. Al instante, saltó alejándose de él, lanzando un quejido lleno de dolor por las heridas. Tenía que ganar tiempo para poder escapar de alguna manera. Su mente comenzó a pensar rápidamente en todas sus posibilidades de acción.

    No obstante, Rock Lee se quedó completamente pasmado y confundido al dirigir su mirada nuevamente a Toshikomi. Estaba tendido en el suelo agarrándose con dolor el costado, el lugar donde había sido golpeado. Lee parpadeó varias veces completamente confundido. ¿Qué significaba esto? ¿Era acaso posible? ¿Una persona casi tan rápida como Gai-sensei había caído por un simple golpe?

    —¿Acaso eres tan deb-…? —trató de decir Lee sin poder acabar la frase.

    —Ugh, no tiene caso que me quede mucho más. Ya tengo todo lo que necesito. —dijo Toshikomi levantándose con mucha dificultad, agarrándose con dolor en su voz. —Nos veremos en otra ocasión, Lee-kun. Ten presente que tu fin será el mismo.

    Lee vio cómo el hombre de la capa negra sacó una serie de bombas de humo y las lanzó al suelo activándolas rápidamente. Nuevamente, el chico de cabellos negros no pudo hacer nada en ese estado. Esperó en alerta total a que se disipara el humo para ver que ese hombre se había marchado. El joven Genin comenzó a mirar a su alrededor. No pudo ver nada, ni siquiera podía llegar a escuchar algo. No había quedado rastro de ese Toshikomi. Estaba completamente sólo nuevamente. Lee se tiró al suelo lleno de cansancio y estrés.

    —Dios, ¿quién era ese hombre? ¿y qué quería de mí? — dijo el chico jadeando al tratar de buscar en su memoria si conocía o había luchado en el pasado con alguien que coincidiera. 

    La respuesta ante sus memorias, mezcladas por la ilusión y la realidad, fue negativa. Aunque su mente le empujaba a pensar en bucle lo que había pasado, Lee tenía que recomponerse. Su objetivo era llegar a Konoha cuanto antes pudiera.

    —Independientemente de esto, tengo que continuar. Debo regresar a Konoha. Me encargaré después de esto.

    Se levantó con dificultad, sujetando su dolorido y roto brazo, y comenzó a trotar ligeramente en dirección a Konoha para tratar de alcanzar a Neji y a Tenten.

    —Acuérdate de traer un bote de salsa de soja y un bote de shichimi, ¿oíste, Ino?

    Yamanaka Ino suspiró en el rellano de su casa tras terminar de poner las sandalias para salir a la calle.

    —Ya lo sé, mamá. —respondió la chica de cabello largo y rubio tras levantarse. —Me lo has escrito en la lista que me has dado. No hace falta que me lo repitas más.

    La joven Yamanaka salió por la puerta de la floristería antes de que su madre se arrancase a darla una aburrida charla sobre la rebeldía propia de su edad. Eran sobre las 10 de la mañana en la Avenida de las Flores e Ino tenía día libre de misiones y de trabajo en la floristería familiar. No obstante, eso no significaba que estuviese demasiado contenta por tener tiempo desocupado. El motivo era porque llevaba casi un mes en esa misma situación. Eso la mantenía en un estado de tedio casi constante. Si que era cierto que, ocasionalmente, en las dos últimas semanas le asignaban alguna misión con otros ninjas que no fuesen de su Equipo de Graduación, pero eran sobre todo de búsqueda y recopilación de información; es decir, aburridas. 

    Desde que Shikamaru aprobó la fase preliminar y se postuló para la final de los Exámenes Chûnin, apenas había podido tener algún momento de entrenamiento con él. Al fin y al cabo, su compañero Nara se tenía que preparar individualmente para su combate final.

    “Y ahora han puesto en pausa la fase final del examen por todo el embrollo con Suna. No sé de qué le habrá servido a Shikamaru estar tanto tiempo entrenando sólo para que ahora estén los exámenes parados. Aunque seguro que habrá pensado que todo está siendo problemático.” pensó Ino con una ligera risa interior recordando la perezosa personalidad de su compañero de equipo.

    Ino dejó las callejuelas que cruzaban la Avenida de las Flores hasta alcanzar la Avenida del Té, una de las calles más concurridas y comerciales de la aldea. Allí, compró diligentemente todo lo que estaba en la lista que le había dado su madre en cada una de las tiendas especializadas. Una vez que terminó, se dispuso a regresar a su casa por el camino habitual hasta que una voz muy familiar la hizo pararse.

    —¡Eh, Ino!

    Al girar sobre sus pies, la chica de ojos azules pudo reconocer a su otro compañero de Equipo de Graduación: Akimichi Chôji, quien estaba devorando fervientemente una bolsa de patatas fritas sabor consomé, como era habitual en él.

    —¡Chôji! ¡¿Qué sucede?! —dijo la chica con curiosidad. En un instante, su mente se activó llena de alegría al vincular la presencia de su compañero con una orden del Hokage. —¡¿No me digas que tenemos una misión?!

    El corpulento chico, quien se había acercado hasta quedar en frente de Ino, la miró con ojos extrañados y parsimoniosos mientras se metía otra patata frita a la boca. Masticó rápidamente y tragó.

    —No se a que te refieres, Ino. Sólo te vi pasar y pensé en saludarte. —respondió Chôji centrado en su snack favorito.

    La chica del clan Yamanaka bajó de sopetón la cabeza decepcionada. ¡Qué idiota de su parte! ¡¿Cómo pensó que el gordo de su compañero Chôji le iba a traer novedades interesantes si sólo le importa la tranquilidad y tragar?! Tras el bajón, Ino propuso a Chôji que hicieran el camino de regreso a sus casas, pues estaban en la misma dirección. Anduvieron juntos durante un rato, pero tomando un camino diferente al habitual para llegar. Ino se enteró de que Chôji tampoco tenía nada que hacer, así que no perdían nada, sólo el tiempo.

    —Shikamaru me dijo que hoy retomará los entrenamientos con su padre. —informó Chôji a la joven Yamanaka mientras recorrían la gran calle que daba a la zona del Muro Sur de la Aldea. —Como hoy va a ser la reunión de Hokage, piensan que pronto reactivarán la fase final del Examen Chûnin.

    Ino andaba a la vez que miraba el suelo con tranquilidad. Alzó la mirada al bambolear la bolsa de la compra y observó a los civiles de la Guardia Urbana vigilando desde la muralla. Todo estaba calmado y el aire fresco del inicio de la primavera se acercaba a Konoha, dejando un aroma suave.

    —Espero que todo esto de los exámenes pueda terminar pronto y volvamos a reunirnos como el Equipo Asuma para poder seguir entrenando juntos. —dijo Ino respondiendo a la información que había proporcionado Chôji. —Nuestra combinación Ino-Shika-Chô aún tiene que pulirse más.

    Por su parte, Chôji miró a su compañera de equipo y, tras un instante que le pareció eterno, asintió dubitativo. A él no le gustaba tanto la idea de seguir entrenando. No porque le desagradase la idea de hacerlo o porque no le gustase estar con Ino y Shikamaru. Era sólo que detestaba la idea de tener que pelear y luchar. Él sabía que era un cobarde, un tipo demasiado bondadoso e ingenuo para un mundo en constante conflicto. Pero estaba decidido a superarlo. Ino y Shikamaru no se iban a quedar sólos por culpa de él. Había jurado, por el vínculo que unía a los tres clanes y que la amistad que profesaba a sus dos queridos compañeros que pelearía para protegerlos.

    —De hecho, ¿te imaginas que Shikamaru acabase siendo Chûnin antes que nosotros? ¡Ja, con su vagancia y parsimonia no le veo comandando a un equipo shinobi! —rió la chica de cabello rubio.

    —No seas así, Ino. Shikamaru es el que más oportunidades tiene de lograrlo. Ya sabes cómo es cuando se pone las pilas. —repuso Chôji defendiendo a su amigo de la infancia.

    Ino dejó de reír, pero aún mantenía una sonrisa en los labios. Se acarició el largo mechón de pelo que caía sobre su frente antes de continuar. En verdad, Shikamaru podía llegar a ponerse serio cuando le apetecía, pero siempre parecía que le faltaba la motivación necesaria, le faltaba algo por lo que luchar y que proteger. Eso era algo que Ino conocía muy bien del chico Nara. Los dos jóvenes se estaban acercando al Portón del Sur y comenzaron a ver a varios grupos que entraban y salían de la aldea de manera constante.

    —Lo sé, es sólo que… se me haría raro que dejásemos de estar juntos los tres tan rápido como equipo de Genin. ¡Sólo llevamos un año juntos y yo ya me estaba acostumbrando a vuestras manías y excesos, Chôji! —exclamó Ino con una extraña mezcla de tristeza y diversión en sus palabras.

    —¿Manías? ¿Excesos? Yo no tengo manías ni excesos, Ino. No sé de qué hablas. —dijo Chôji abriendo otra bolsa de patatas, esta vez de sabor barbacoa, sacándola de quien sabe donde y volviendo a ponerse a comer.

    Ante tal espectáculo, Ino se llevó una mano a la frente de manera dramática a la vez que suspiró.

    —¡¿No ves a lo que me refiero?! En serio, Chôji si quieres llegar a gustarles a las chicas tendrías que…

    De sopetón, los dos herederos del clan Yamanaka y Akimichi vieron como un grupo shinobi de tres personas se abalanzó dentro de Konoha por el Portón Sur a toda velocidad y sin parar por el Puesto de Entrada y Vigilancia para Shinobis de Konoha, similar a la aduana de Suna.

    —¡Ey, vosotros! ¡Tenéis que identificaros antes de entrar! —gritó Hagane Kotetsu, uno de los conocidos Chûnin encargados del puesto desde hacía más de 5 años mientras se encaramaba para alzar la voz.

    —¡No hay tiempo! ¡Debemos reportar cuánto antes a los jefes, ¿te enteras?!

    La voz que escuchó Ino se le tornó excesivamente familiar. Ajustando su vista, por fin logró identificar a Naruto, seguido de Sakura y Sasuke. Por algún motivo, algo raro había en ellos. Algo que no le cuadraba a Ino. Los tres tenían un aspecto realmente sucio y cansado. Sabía que habían sido enviados a una misión de rango A al País de los Ríos hacía casi cuatro días, pero iban con Kakashi-sensei, y sólo para reconocer el terreno de Sandaime Hokage. Ahora estaban aquí, sin su maestro y con expresiones muy impactadas.

    —¡Naruto, Sakura, Sasuke-kun! ¡¿Qué hacéis aquí?! ¡¿No se suponía que estaríais en Furuya no Kyô?! —dijo Ino alzando la mano para hacerse ver.

    Los tres mencionados no se giraron ante las llamadas de Ino y Chôji y tampoco se pararon. Esto desconcertó a los dos jóvenes del trío Ino-Shika-Chô quienes, tras mirarse con incredulidad, se lanzaron a perseguirlos.

    —¡Vosotros! ¡¿Se puede saber por qué no respondéis?! —gritó Ino con fuerza al momento de alcanzarlos.

    Ante esta pregunta, Sakura lanzó una mirada muy seria. Ino no supo exactamente porqué, pero sabía que había algo mal.

    —¡Ino, no hay tiempo que perder! ¡Nuestra aldea va a ser invadida por Suna! —gritó Sakura en respuesta. —¡Debemos informar al Consejo cuanto antes!

    Al momento de escuchar las palabras de Sakura, Ino sintió que su cuerpo comenzó a volverse pesado, como si se desplazase a cámara lenta. No entendía nada. ¿Invasión por parte de Suna? ¡Eso era imposible! Ino no podía creer cuán ciertas eran las palabras de su amiga de la infancia. Cuando se fijó mejor en ellos, vio que sus rostros tenían una mezcla de cansancio e ira, especialmente los de Naruto y Sasuke. Esa prueba era suficiente para saber qué fuese lo que fuese era un asunto muy serio, aunque no se lo llegase a creer.

    —¡De acuerdo! ¡Nosotros les vamos a adelantar la información a nuestras familias! — exclamó Ino como respuesta. —¡También al resto de clanes!

    —¡Avisaremos además al padre de Shikamaru! —complementó Chôji quien corría al lado de su compañera de equipo. —¡Seguro que sabrá qué hacer!

    De ahí, Ino y Chôji se desviaron para dirigirse hacia las zonas de Konoha que pertenecían a sus respectivos clanes. Antes de separarse, la chica Yamanaka pudo ver cómo el Equipo Kakashi siguió corriendo a toda velocidad tratando de llegar a la Mansión Hokage lo antes posible.

    —¡Nos estamos acercando, Tenten!

    —¡¿Cómo ves la situación, Neji?!

    El jadeante chico Hyûga miraba con su Byakugan activado los alrededores de los muros exteriores de la aldea. Su mirada, normalmente tranquila, estaba impactada. Al joven Neji no le gustó nada lo que veía.

    —Hay muchos pequeños grupos de personas no identificadas. Tiene que haber unos quince, no, dieciséis grupos, y sólo cerca del Portón Sur. Esto es muy malo.

    Tenten apretó los dientes con fuerza ante las palabras de Neji. Su mente aún estaba martirizada por el abandono de Lee. Pese a que trataba de cumplir lo que había prometido a su compañero de cabellos negros, apenas podía ir más rápido, pese aumentar su velocidad. El cansancio y el hambre estaban haciendo mella en su cuerpo desesperadamente.

    —No distingo a ver cuántos son los que están situados en los Portones Este y Oeste, pero me imagino que será algo similar. —dijo el chico de ojos blancos con un tono amargo en su voz.

    Al momento, Neji y Tenten saltaron al camino abierto principal que llevaba a la entrada sur de Konoha. En él, había muchos comerciantes y pequeños grupos de ninjas ordinarios de Konoha que iban y venían a la aldea como si nada raro estuviese pasando. Los dos jóvenes del Equipo Gai llegaron jadeando hasta el Puesto de Entrada y Vigilancia para Shinobi de Konoha. Les recibió Kamizuki Izumo, uno de los conocidos Chûnin encargados del puesto junto con un tranquilo Hagane Kotetsu.

    —¡Oh, si son Hyûga Neji y Tenten! ¡Regresáis rápido de vuestra misión! Pero, ¿dónde están Gai-sensei y vuestro compañero Lee? No os esperábamos hoy aquí.

    Los dos Genin del Equipo Gai apenas podían articular palabra. La sequedad en la boca, el calor abrasador, el dolor de sus músculos y huesos. Todo les estaba lastrando en su cometido de informar. Tenían que hacerlo, no importaba cuánto costará. Con una fuerza que no supo de dónde sacó, Tenten superó la debilidad y alzó la vista rápidamente al Chûnin.

    —¡Izumo-san, estamos en problemas! ¡Por favor, comuníquese con los altos mandos! —expresó con dificultad la joven kunoichi.

    Neji estaba encorvado sobre sí mismo, al tiempo que tosía con violencia incapaz de hablar, cayendo de rodillas al suelo exhausto. Kotetsu trataba de ayudar al chico a ponerse en pie.

    —¿Problemas? ¿A qué te refieres, Tenten? —preguntó extrañado Izumo.

    —¿Vosotros también venís así? Hace un par de horas que el equipo de Kakashi ha pasado también con prisa, pero no se han identificado. —dijo con tranquilidad Kotetsu mientras se rascaba la oreja. — Me temo que tendrán una sanción administrativa…

    —¡¿Sanción?! ¡No hay tiempo de hablar de sanciones, Kotetsu-san! ¡La aldea va a ser…!

    Antes de terminar de hablar, Tenten pudo observar por el rabillo de su ojo derecho como un objeto pasó cerca de su rostro desde la retaguardia. Pudo distinguir la empuñadura de un afilado kunai que se dirigía hacia Izumo. El filo se clavó cerca del cuello del Chûnin.

    La joven kunoichi no pudo decir mucho más. Sintió el firme apretón de la mano de Neji, arengándola a correr por su vida. Fuertes estruendos en la distancia y en la cercanía sonaron. Tenten sólo vio por encima de su hombro cómo el caos comenzó a reinar entre ninjas y civiles. Konohagakure no Sato estaba comenzando a ser invadida por ninjas extranjeros.

    PERFIL NINJA OFICIAL

    Número de Registro Ninja: 012607

    Apellido: Uzumaki

    Nombre: Naruto

    Apodo/sobrenombre: El Ninja Número Uno Hiperactivo Cabezahueca (Medachitagariya de Igaisei Nanbā Wan no Dotabata Ninja) / Jinchûriki del Kyûbi (Kyûbi no Jinchûriki) / Zorro (Kitsune)

    Fecha de nacimiento: 10 de octubre del año 068 de la Era Moderna

    Sexo: Hombre

    Estatus: Activo

    Tipo sanguíneo: B

    Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego

    Clan/Familia: Clan Uzumaki (clan ninja militar inactivo)

    Equipo: Genin Licenciado del Equipo 07 – 080

    Rango Ninja: Genin (año 080 de la Era Moderna)

    Categoría Ninja: Ladrón

    Naturalezas de Chakra: Desconocida

    Kekkei Genkai: Inexistente

    Ocupación: Desconocida

    PRÓXIMO CAPÍTULO 

    ENGAÑO

  • Capítulo 4 – Infiltración

    “Ugh, qué fastidioso es todo esto” pensó Tenten encogiéndose sobre sí misma.

    El Equipo Gai se encontraba en la Aduana de Inspección Militar de Sunagakure. Ésta era una zona pequeña ligeramente metida dentro del borde de uno de los muros de Suna, con función similar a la pequeña con forma de caseta que había en la entrada de Konoha. Allí, en la Aduana de Suna, había un ninja sentado en una silla con una mesa delante, posiblemente un Chûnin, y otros dos shinobis, de rango desconocido, aunque probablemente Genin, en pie que guardaban el pasadizo.

    Tenten miró como el Chûnin de Suna escribía en unos papeles los datos personales y militares de ellos tres, los Genin. En verdad, le incomodaba que la registrasen y cacheasen, pero no quedaba otro remedio. Era la primera vez en las vidas de los jóvenes miembros del Equipo Gai que visitaban Suna y no sabían que tenían que pasar este tedioso trámite. Afortunadamente, Gai-sensei estaba con ellos para pasar el mal trago burocrático. Se habían despedido de la caravana de comerciantes hacía una hora. Éstos entraron por el acceso principal de la Aldea de Suna. Mientras, los ninjas tenían que pasar por un cacheo especial habilitado a su condición. Pero, ¿por qué tenía que durar tanto? La paciencia de la joven chica de recogido en dos moños se estaba agotando y no quería explotar delante de sus compañeros y de su maestro.

    —Bien. Hemos comprobado sus datos anteriormente registrados y podemos confirmar que usted es Maito Gai de Konohagakure, ¿cierto? —preguntó el Chûnin con cara de aburrido nuevamente al maestro del Equipo 03-079.

    —Ese soy yo. ¡La Sublime Bestia Verde de Konoha, conocida como Konoha no Kedakaki Aoi Mōjū! —alzó la voz en tono apasionado mientras sonreía y hacía su particular pose del “Buen Chico” con el pulgar en alto.

    Los ninja de Suna se quedaron mirando al Jônin de Konoha como quien mira a un idiota. Tenten sintió arder su cara ante el bullicioso comportamiento de su maestro, al igual que Neji. Lee miró con una chispa de orgullo a su maestro ante tal muestra de arrojo y de promoción del Poder de la Juventud.

    —Eh…muy bien… —balbuceó el ninja de Suna volviendo a sus papeles. —Y… entonces ustedes tres son los soldados ninja con rango Genin que forman parte del Equipo de Graduación del cual él es el capitán, ¿no? Y nunca han estado aquí, ¿verdad?

    Neji, Lee y Tenten asintieron a la vez ante esta declaración. El ninja de Suna siguió escribiendo en sus anotaciones las respuestas que ellos daban. La pobre Tenten sentía que a cada segundo que pasaba su paciencia pendía de un hilo cada vez más fino.

    —Entonces, ahora que hemos recabado estos datos, ¿cuál es la causa de su visita? —volvió a preguntar el shinobi por cuarta vez desde que comenzaron a hacer el registro.

    “¡Ya está! ¡Se acabó!” pensó Tenten a punto de lanzarse a gritar al aburrido ninja cuando Neji llevó un dedo a su propia boca en un intento de que no armase un escándalo. La chica obedeció a duras penas.

    —Solicité una misión de rango C hasta aquí por motivos médicos. —dijo Lee apresurado mientras le daba en mano un pergamino con los datos de la misión autorizada por Konoha. —Mi cuerpo se ha visto dañado en una emboscada y no sé qué más puedo hacer para sanar…

    El Chûnin de Suna recibió el rollo con una expresión de extrañeza en su cara. Ésta no hacía más que moverse extrañamente a los lados a la vez que desenvolvía el documento.

    —¿Una emboscada? Es raro que alguien extranjero venga aquí para buscar ayuda médica por…

    De repente, y tras leer algunas de las palabras del pergamino, el shinobi de Suna se quedó callado completamente. Su expresión taciturna se fue convirtiendo en una seria al escudriñar el papel. Con el rostro completamente pálido, procedió a escribir en una hoja oficial con el sello de Suna con una rapidez que ninguno de los miembros del Equipo Gai esperaba.

    —Lleva este mensaje a la Oficina Kazekage inmediatamente y di que tiene que llegar con urgencia a manos de la venerable Chiyo-bâsama. —dijo con prontitud a uno de los shinobi vigilantes del pasadizo entregándole la misiva recién escrita. —Informales que acaba de llegar un shinobi de Konoha que fue atacado por accidente por uno de nuestros camaradas.

    “Por accidente, ¿eh?” pensó con algo de sorna Neji ante esta declaración. “Así que esa es la versión oficial del ataque de los shinobi de Suna…”

    —Lamentamos muchísimo los inconvenientes que le hemos causado. Como aliados, ha sido un error inexcusable. Esperamos que aquí le podamos ofrecer una solución a sus daños, Rock Lee-san. —se disculpó con una profunda reverencia el Chûnin.

    Todos los miembros del Equipo Gai se quedaron sorprendidos ante la reacción del ninja de Suna. El trato recibido por los ninjas de la aldea acababa de cambiar totalmente al momento en que supieron quién era Rock Lee.

    —N-no, tranquilo. —dijo Lee rascándose la nuca algo avergonzado. —Seguro que sólo fue un error…

    Con cierta lentitud, el Chûnin de Suna levantó la cabeza y relajó su expresión volviéndola amigable.

    —Gracias por sus palabras, Rock Lee-san. Ahora que hemos tomado cuenta de sus datos y el motivo de su viaje, procederemos a la fase final de la inspección.

    “¡Por fin!” pensó Tenten deseando entrar ya en Suna y terminar con todo el aburrido papeleo.

    El Chûnin de Suna hizo una señal con la mano a un Genin, quien desapareció dentro del cubículo de vigilancia interior por un par de minutos. Los tres jóvenes Genin de Konoha se miraron extrañados al tiempo que Gai esperaba con paciencia.

    —Aquí está, senpai. —dijo el Genin de Suna que apareció con una gran caja de cartón en sus brazos.

    —Gracias por traerlos. —dijo cogiendo el ninja burocrático la caja que le pasaba su subordinado. —Ayúdame a entregarlos con cuidado. También explícaselos a cada uno de nuestros invitados.

    Tenten frunció el ceño con extrañeza mientras el hombre de Suna dejaba la pesada caja sobre la mesa de registro y comenzaba a sacar una serie de objetos con cables enredados. Un poco desordenada y cutre la organización que tenían para una Aldea Oculta, según la apreciación de Tenten.

    —Imagino que usted ya conoce el procedimiento que realizamos. Así que no tiene por qué escucharlo, Gai-san. Puede coger su dispositivo e ir avanzando al interior de la Aldea. —comentó el shinobi de Suna al Jônin de gruesas cejas.

    Con una sonrisa tranquila, Maito Gai levantó la mano y negó con la cabeza ante el comentario del centinela.

    —No, tranquilo, quiero revisar el procedimiento y ver también que tienen que llevar mis discípulos. —expuso el Jônin con cierta curiosidad.

    Tenten hizo un movimiento raro con la cabeza ante las palabras de su maestro. Para la chica, todo esto estaba siendo muy raro. Miró a Lee y a Neji quienes tenían expresiones de confusión similares en su cara. Ninguno de los tres entendía nada de lo que estaba pasando. Tras toser un poco y aclararse la garganta, el Chûnin de Suna procedió a hablar dirigiéndose a los jóvenes Genin.

    —Como resultado de su primer ingreso a Sunagakure, es mi deber informarles que deben llevar un dispositivo adecuado a sus habilidades actuales para poder tener un seguimiento y evitar, en detrimento de nuestra Aldea y la suya, accidentes o incidentes de carácter internacional.

    Todos quedaron muy sorprendidos al ver que el Genin de Suna les entregaba un objeto con aspecto tecnológico en las manos, especialmente Lee quien frunció el ceño confundido y extrañado.

    —¿Es algo que siempre se hace? —preguntó el chico contrariado al sentir sutilmente en su cabeza la mezcla de informaciones producidas por aquel Genjutsu y el choque con la realidad. 

    —Sí, es el procedimiento estándar para los shinobis extranjeros aliados. —respondió el Chûnin de Suna mientras su subordinado entregaba los objetos a Neji y a Tenten. —De hecho, cuanto mayor sea su habilidad, más fuerte será el dispositivo que llev…

    —¡Pero, ¿se puede saber qué demonios es esto?!

    Todas las miradas fueron a parar a Neji quien sostenía con sus manos su dispositivo en forma de gafas. Unas gafas de aspecto hosco, gruesas y bastante poco agraciadas. Llevaban cables exteriores y los cristales eran muy opacos por el grosor. Parecían dos culos de botella.

    —Oh, esas son las gafas antiespionaje especiales para ninjas de Categoría Rastreo y Espía con habilidades oculares. Usted es un Hyûga, ¿no? Pues todos los Hyûga que vienen aquí deben llevarlas obligatoriamente. —explicaba el joven Genin de Suna que se le había asignado la tarea de entrega de los artilugios.

    Neji no lo podía creer. ¿Cómo era que su madre u otros parientes del clan que hubiesen visitado Suna no le habían dicho nada acerca de esto? Por su mente pasaron muchos pensamientos. Entendía el motivo por el que su madre no había dicho nada, pero, por parte de los demás, Neji determinó que lo más probable era que ningún Hyûga querría admitir, tanto dentro como fuera de la familia, la vergüenza de llevar semejante objeto. Otra opción era que se viera como una especie de ritual de paso gracioso entre los más jóvenes del clan Hyûga, un ritual que obviamente nunca le habían dicho. 

    El chico de ojos blancos sintió que todas las miradas se posaron en él. En efecto, Lee y Tenten observaban divertidos a Neji al comprobar que su compañero no estaba para nada convencido de llevar las disparatadas y feas gafas.

    —Venga, Neji, póntelas. Seguro que no están tan mal. —comentó Lee poniéndose su dispositivo en la muñeca como quien no quiere la cosa.

    —Eso, eso. —sonreía pícaramente Tenten terminando de hacer suyo el correspondiente artefacto. —Seguro que hasta te favorecen.

    Neji hizo una mueca profunda de desagrado a sus dos compañeros que resultó cómica. Después de unos instantes de duda, el chico Hyûga se llevó las estrambóticas gafas a la cara. No pasaron más de cinco segundos hasta que Lee y Tenten se rieron con fuerza tras intentar inútilmente aguantarse. Por su parte, Gai-sensei intentaba a duras penas mantener una cara neutral.

    —¡Me niego a llevar estas cosas! ¡Tiene que haber otra opción! —exigió Neji indignado quitándose las gafas rápidamente.

    Una nueva estallada de carcajadas salía de las bocas de sus dos compañeros de equipo. Era poco habitual ver a Neji tan irritado por una tontería. Se podría decir que era un momento canónico. Tenten se reía tan fuerte de la situación hasta el punto de que se dobló sobre sí misma mientras Lee se agarraba el estómago para tratar de controlarse, agradecido de que la muleta le ayudara a no caer al suelo.

    —Lo siento, pero forma parte del Decreto 01-05 de Actuación de Shinobi Extranjeros para la Entrada a Suna. Tiene que llevarlas en todo momento que dure su estancia aquí. —inquirió el Chûnin de Suna con una sonrisa radiante.

    Los ojos de Neji se abrieron aún más y miró con incredulidad al centinela de la entrada quien le sonreía. Parecía que no era la primera vez que veía a un Hyûga en esa situación.

    —¡¿Hasta dormido?!

    —Incluido. —respondió el ninja de Suna al tiempo que recogía los papeles firmados por los miembros del Equipo Gai para llevarlos a archivar. — Las gafas serán activadas al momento de ingresar a la Aldea. Si llegase a tratar de quitárselas o de activar su Byakugan, las gafas comenzaran a emitir un gran pitido y un ANBU se personará de inmediato ante usted.

    El chico de ojos blancos sintió un repentino tacto. Tenten se había acercado a él rodeando sus hombros con un brazo. La joven Genin aún notaba como tenía lágrimas de la risa en el rabillo de sus ojos e intentaba secarlas.

    —No te preocupes, Neji. No le diremos nada a los demás en Konoha. Tu secreto está a salvo con nosotros. —dijo Tenten tratando de que las frases no resonaran con el tintineo de sus risas.

    Neji bufó resignado antes de volver a ponerse las gafas. Entretanto, Lee ya había comenzado a calmarse y sonreía de oreja a oreja a su compañero de ojos blancos quien apartó la vista avergonzado con los carrillos ligeramente tintados.

    —Bien. Entonces está todo en orden. Al final del pasadizo, podrán preguntar a un compañero sobre el lugar en el que se hospedarán.—dijo terminando el Chûnin de la entrada al tiempo que hacía un ademán con un brazo hacia el largo pasillo. —Ya sólo me queda desearles una buena estancia en nuestra Aldea: Sunagakure no Sato. Bienvenidos.

    —Ugh, al menos podrían haberme dado algo más discreto… —farfulló Neji encogiéndose de hombros.

    —Oh, vamos, ¿todavía estás con eso? Supéralo ya, Neji. —respondió una divertida Tenten a las atípicas quejas de su serio compañero.

    —Para ti es fácil decirlo… sólo tienes que llevar esos guantes,Tenten.

    —Pero no puedo usar mis herramientas con ellos. Repelen cualquier tipo de metal y…

    Mientras los cuatro ninjas de Konoha se adentraban por el pasadizo, la Aduana de Inspección Militar de Sunagakure quedó en silencio y las ondulantes y calientes dunas de los desiertos que rodeaban la aldea se arremolinaban gracias al suave viento.

    —Jo, otra vez igual. Siempre es lo mismo…

    Uzumaki Naruto se llevó una mano a la boca para bostezar sonoramente. Él y su Equipo de Graduación estaban frente al Portón Sur de Konoha esperando a su maestro, Hatake Kakashi, para una misión. Los tres Genin del Equipo 07-080 se estaban impacientando de la típica tardanza de su maestro. Se preguntaban porque éste no podía ser como Maito Gai quien siempre llegaba puntualmente a todas las misiones y mandados.

    —¿Y qué ganas quejándote, Naruto? Kakashi-sensei siempre es así. Siempre llega tarde.

    —Si ya lo sé, pero esperaba que dejase de hacerlo ahora que llevamos un año como Genin, Sakura-chan. —comentó lastimosamente Naruto.

    La chica mencionada negó con la cabeza mientras resoplaba con resignación. En verdad, ella también quería creer que Kakashi mostraba ese hábito como una prueba de paciencia para con ellos. No obstante, cada vez estaba más segura de que era un defecto del Jônin. Un gran defecto. Uchiha Sasuke, por su parte, permanecía en silencio. El callado chico sabía que de nada servía quejarse o comentar sobre el tema de la puntualidad. Al fin y al cabo, conocía bastante bien a su mentor.

    Repentinamente, se escuchó un sonido rápido seguido de unas lentas y calmas pisadas. Los tres Genin miraron en dirección a éstas y vieron a su maestro Kakashi encaminarse hacia donde se encontraban ellos.

    —Hola, chicos. Buenos días. —comentó el Jônin con gran tranquilidad en su voz y un jocoso tono de apuro. — Perdón por el retraso. Me perdí por el sendero de la vida y…

    —¡¿QUEEEÉ?!

    Sasuke miró de refilón la situación en la que dos chillones Naruto y Sakura mostraban una actitud molesta y quejosa contra Kakashi. Si bien el chico Uchiha estaba fastidiado por la actitud despreocupada de su maestro, pensó que era mejor no intervenir. Al fin y al cabo, Naruto y Sakura ya se estaban ocupando de ello.

    —Ja, ja, ja. En serio, perdonad. Estaba terminando de recibir los datos finales en la Mesa de Asignación de Misiones. No todos los días un Equipo de Graduación de sólo un año recibe el encargo de una misión de rango A. —dijo Kakashi rascándose la nuca con jovialidad en el tono de su voz tratando de calmar a sus alumnos.

    Era cierto. Era extraño que un Equipo de Graduación de sólo un año de antigüedad recibiese un encargó de rango A y mucho más relativo a la protección directa de una autoridad tan importante como Sandaime Hokage. Los tres Genin ya habían hablado anteriormente entre ellos sobre la rareza de este asunto, pero lo achacaron a cuestiones de naturaleza técnica y de recursos personales y materiales provocadas por la repentina aparición de los ninjas renegados procedentes de Suna .

    —En fin. Como se estipula antes de salir de la Aldea, voy a leer los parámetros y características oficiales de la misión. —dijo Kakashi mientras sacaba una hoja oficial con el sello de Konoha.

    Sasuke, Sakura y Naruto se quedaron en silencio escuchando con gran atención a Kakashi quien ajustaba la vista rápidamente hacia la misiva. 

    —La misión encargada al Equipo 07-080 por Konohagakure no Sato está recabada dentro del Ordenamiento para Misiones de Rango A. El objetivo es servir como equipo de avanzadilla hacia Furuya no Kyô, la antigua capital del País de los Ríos, oteando y escudriñando el terreno. Todo esto se prepara como consecuencia de la Reunión entre Sandaime Hokage-sama y Kazekage en un par de días. — Kakashi paró de leer para coger aire mientras guardaba el papel en su bolsa. —Puede haber ninjas que estén en las cercanías del camino del trayecto. Podrían sólo dedicarse a observar para recabar información, pero también podrían hacer algo que no queremos que hagan…

    —Entonces, ahí es dónde tenemos que actuar, ¿no? —preguntó Sasuke levantando una ceja. —Tendremos que pelear y capturar a quienes nos ataquen.

    Naruto y Sakura afirmaron con la cabeza aceptando las palabras del Uchiha. La expresión del rostro de Kakashi se relajó un poco al ver que sus alumnos comprendían perfectamente la naturaleza de su trabajo.

    —Exacto. Nosotros tenemos un papel de seguridad importante. Bien es cierto que Hokage irá debidamente protegido con su propio destacamento. No obstante, es preciso que sirvamos de avanzadilla para informar o servir de apoyo a dicho escuadrón para la defensa o un posible ataque. Conviene que estemos atentos durante toda la misión. —inquirió Kakashi informando de los pormenores, especialmente dirigiéndose a Naruto.

    —¡Bien! ¡Entonces, ¿a qué estamos esperando?! ¡Nos vamos! —dijo Naruto gritando sin darse demasiado por aludido.

    El chico de cabello rubio levantó el puño hacia el cielo entusiasmado al mismo tiempo que caminaba por el sendero a la salida de Konoha por el Portón Sur. Por fin había llegado el día de tener una misión de rango A. Desde que se había graduado como Genin, Naruto no había parado de quejarse de que le diesen misiones de rango D, ocasionalmente C e imposiblemente B. Pensaba que habiendo recibido una misión de rango A podría estar más cerca de poder alcanzar su sueño como Hokage, al igual que su padre.

    “Me emociono aún más al pensar que voy a proteger al Viejo Hokage, je, je, je…” una pequeña sonrisa salió por los labios del joven chico de ojos azules. “Además, Sakura-chan me va a ver en acción y va a ver mi despliegue de técnicas, je, je, je…”

    —Tranquilo, Naruto. Son un par de días aproximadamente para llegar allí. Tenemos tiempo suficiente. —dijo Kakashi caminando suavemente tratando de calmar a su hiperactivo alumno.

    El resto del Equipo 07-080, también llamado Equipo Kakashi, comenzó su marcha saliendo por el Portón del Sur tras despedirse de Hagane Kotetsu y Kamizuki Izumo en la Aduana. Kakashi andaba con su típica actitud llena de parsimonia detrás de sus alumnos mientras éstos charlaban animadamente de varios temas como la parada de los Exámenes Chûnin y la Reunión Konoha-Suna. No obstante, y sin previo aviso, al alcanzar a mirar el bosque, el Jônin de cabellos plateados sintió algo extraño en los alrededores del muro exterior de Konoha. 

    Kakashi revisó bien sus alrededores con su único ojo visible. Se puso en estado de alerta. El hombre recordó que, durante los primeros enfrentamientos de los Exámenes Chûnin, Sandaime había informado a todos los Jônin y Chûnin en reunión confidencial de un terrible encontronazo: Mitarashi Anko había sido atacada por el mismísimo traidor de Konoha Orochimaru dentro de la aldea. Se había decretado extremar la vigilancia en los puntos más vulnerables de la villa y de aquellos en los que Orochimaru había estado interactuando durante su vivencia en Konoha. Se desconocía exactamente que quería hacer el atroz individuo y eso lo hacía aún más peligroso. Kakashi también recordó el momento en que vio a Anko informarles de lo que había sucedido, cómo la pobre mujer estaba muy afectada por ese reencuentro, pues el maldito Sannin había sido el causante de muchos de los problemas psicológicos que ella cargaba en la actualidad.

     Era un hecho innegable: cualquier persona que tuviese contacto o relación con Orochimaru, acabaría indudablemente dañado. Es por ello que Kakashi apretó la mandíbula sin querer, percibiendo como su frustración crecía.

    Sin embargo, el Jônin de cabellos plateados no le pareció percibir nada extraño fuera de lo habitual. En ocasiones, había ninjas de otras aldeas apostados en los exteriores de la muralla para comprobar los movimientos de Konoha e informar a sus respectivas aldeas. Esto era algo que se sabía y se daba por hecho que se realizaba como una tarea de información y espionaje básico por parte de los aliados y enemigos. De hecho, el Equipo de Barrera de Konoha y los milicianos apostados sobre las murallas estaban al tanto de esto desde siempre. No obstante, en esta ocasión, Kakashi si que captó que había muchos más ninjas observadores de lo habitual.

    Un grito repentino sacó de su análisis interno al Jônin de cabello grisáceo.

    —¡Vamos, Kakashi-sensei¡ ¡No te quedes atrás! —exclamó Naruto levantando repetidas veces sus brazos para arengar a su maestro.

    Kakashi parpadeó un par de veces y resopló ante la actitud jovial de su alumno, destensando su mandíbula y relajándose. A veces envidiaba la actitud despreocupada de Naruto. El Jônin simplemente avanzó más rápido para alcanzar a sus Genin.

    —Voy, voy… —dijo con pereza fingida mientras continuaba observando a su alrededor intentando que no se notaran sus acciones observadoras.

    Kakashi no percibió ninguna hostilidad aparente por parte de esos ninjas apostados y eso hizo que su instinto shinobi se calmase. El Jônin ya tenía bastantes cosas en las que estar pendiente. No sólo a la misión que se les había encomendado, sino a la problemática que tenía sobre su alumno Uchiha Sasuke también relacionada por el Sannin serpentino. Y es que su alumno había sufrido la imposición de un Sello de Maldición y un intento de asesinato por parte Yakushi Kabuto, Genin de Konoha ahora desaparecido, mientras estaba en la UMN para recuperarse del mismo. Por otro lado, el propio Kakashi también había tenido que enfrentar a Orochimaru después de contener el Sello de la Maldición. Todo ello después de que Anko hubiese intentado parar los pies al que fue una vez su maestro querido, inventor de aquellas maléficas marcas. Parecía que las desgracias no venían solas.

    Por ese motivo, y tras analizar adecuadamente la información, tanto Hokage como los conocedores del caso, llegaron a la conclusión de que Orochimaru estaba detrás del Uchiha para algún objetivo personal en su búsqueda insaciable de poder. Posiblemente debido a su Kekkei Genkai, el Sharingan, o quería la propia sangre que corría por sus venas.

    Así pues, Kakashi dejó de prestar atención a los muros de Konoha y se decidió a estar más pendiente de la misión y de sus Genin, especialmente a Sasuke. El Jônin miró por encima de su hombro los muros una última vez y siguió adelante. En verdad no tenía por qué preocuparse demasiado. Había encargados que vigilaban los muros y las puertas de Konoha. Estarían bien.

    “Ok. Aquí parece un buen sitio para empezar a recopilar información.”

    Maito Gai se había despedido de sus alumnos justo después de que les asignaran una habitación tras el paso por Aduanas. Eran las dos de la tarde.

    “Me pregunto cómo estarán las especialidades de Suna desde la última vez que estuve aquí…” pensó Gai al recordar que fue a una misión con Kakashi a Suna la última vez.

    El Jônin había entrado en uno de los bares locales más famosos y antiguos de Sunagakure. Se trataba de un edificio que estaba construido en adobe y estuco, al igual que los muros de la ciudad. Por dentro se veía como un sitio habitable. Cada rincón de «La Duna de Oro» estaba decorado con muchos objetos y elementos locales típicos de la cultura de Suna y del País del Viento: desde un viejo tambor hecho con pieles de bueyes arrinconado en una esquina hasta flores secas del desierto en jarrones de arcilla. Tenía mesas y sillas para los clientes. Había una barra de madera con cicatrices a la que acompañaban taburetes altos para quienes venían solos. Allí fue donde Gai se sentó.

    —Disculpe, tráigame un poco de sake y un aperitivo, por favor. —pidió Gai al mesero levantando su mano.

    El Jônin de Konoha estaba decidido a cumplir la misión que le había asignado Sandaime Hokage en el menor tiempo posible. En cuatro días se iba a realizar la reunión entre el líder de Konoha y el Kazekage de Suna en Furuya no Kyô en el País de los Ríos. Quería disponer de la mayor cantidad de información posible para que el Hokage Hiruzen pudiera negociar con ella.

    Mientras esperaba, Maito Gai hacía un repaso de todo lo que había sucedido la última semana. Y es que el Jônin de cabellos negros y gruesas cejas estaba molesto. ¿Qué molesto? ¡Estaba furioso! Normalmente no dejaba que sus emociones personales se entrometiesen en la labor de la misión, pero esta vez todo era diferente. 

    Su discípulo Rock Lee había sufrido daños muy graves, y no sólo él. Neji y Tenten también habían salido perjudicados en la emboscada que les hicieron los hijos del Kazekage y el líder de estos. Esto no se suponía que tendría que haber pasado y mucho menos a sus queridos discípulos que tanto habían trabajado y tanto se habían esforzado desde que se volvieron Genin hacía dos años.

    Sólo evocar la batalla en la que se vieron inmersos hacía que se pusiese de peor humor. Recordó que les atacaron en pleno salto entre árboles. Les separaron a los cuatro con el objetivo de tener batallas individuales, para debilitarlos y acabar con ellos. Él se tuvo que enfrentar con el Jônin a cargo del escuadrón de los hermanos. En un principio, parecía que aquel shinobi de Suna iba ganando, pero eso sólo fue así hasta que Gai puso en marcha su técnicas de Taijutsu más avanzadas, su fuerza y su velocidad. Le dio una paliza brutal dejándole prácticamente parapléjico. 

    Antes de ir a ayudar a sus alumnos, y aunque dejó al shinobi de Suna con vida para llevárselo y que la Fuerza de Interrogatorios y Torturas de Konoha hiciese su trabajo con él, fue testigo de cómo el Jônin de Suna se inmoló con papeles bomba pegados en su cuerpo. Estaba claro que aquel individuo no quería que Konoha supiese algo que sabía, que conocía, pero ¿el qué? Eso era lo que Gai tenía que tratar de averiguar e informar durante su estancia.

    —Aquí tiene, señor. Disfrute.

    Un pequeño frasco lleno de sake caliente, un vasito y un plato con un poco de berenjena asada con miso y semillas de sésamo se encontraron frente a él.

    “Pero ahora tienes que tratar de tranquilizarte, Gai. Debes concentrarte en hacer lo que mejor sabes hacer. ¡Ese es uno de los pilares del Poder de la Juventud!” sentenció pasionalmente el Jônin de Konoha llevándose el pequeño vaso repleto de sake a sus labios.

    Maito Gai dirigió su mirada a su muñeca, la cual portaba el dispositivo de seguridad que le habían dado: un brazalete localizador. Suna no se podía permitir tener muchos instrumentos tecnológicos avanzados con esta finalidad, pero sabía que como él era Jônin les convenía tenerlo bien vigilado. Gai se llevó un nuevo trago de sake a la boca. Era el momento de comenzar su investigación. Observó momentáneamente a su alrededor y vio que el establecimiento estaba lleno de clientes y, sobre todo, personas que pertenecían al Sistema de Jerarquía Shinobi de Suna. Justo lo que él buscaba.

    “Tengo que estar atento.” pensó mientras cerraba los ojos y trataba de concentrarse para escuchar bien cada conversación y localizar algo interesante. “Sólo deja que las conversaciones fluyan, como si fueras partícipe en ellas…”

    Tras un rato de concentración absoluta, dejó de escuchar el ruido ambiental y, entre el murmullo, comenzó a identificar las conversaciones de las personas que allí se encontraban. Gai sonrió para sus adentros, el truco que le enseñó  Murakumo-san hacía muchos años atrás aún seguía funcionando. Para su sorpresa, algo captó su atención.

    —… y entonces dijo que se marchaban para prepararse… estando cerca de Konoha…

    “Interesante…”

    Gai se llevó un trozo de berenjena a la boca y bebió otra copita de sake. Poco a poco se sentiría embriagado, pero no importaba. Actuar como un payaso borracho en esta misión era válido y necesario. Al fin y al cabo, le sería más fácil engañar a quien no sospechara de él.

    Rock Lee miraba la pared de aspecto arenoso que estaba frente a él mientras un escalofrío pasó por toda su espalda. Estaba vestido sólo con un bata verde hospitalaria y su ropa interior esperando en la consulta. Había dejado la habitación en la que se hospedaban junto con Neji, quien le acompañó hasta el Hospital de Suna. Eran alrededor de las tres menos cuarto de la tarde.

    Por la mente de Lee, pasó la imagen de su maestro Gai. El Jônin se había excusado de no poder acompañarle a la revisión inicial, puesto que había sido convocado por un shinobi de alto rango con el que había trabajado en conjunto en otra misión. No podía faltar a su encuentro. Aunque a Lee le entristeció momentáneamente, también consideró la importancia de saludar a otros compañeros shinobi, más si apenas se habían visto desde hacía tiempo, como en el caso de su maestro.

    —Espero que el médico que te revise no tarde mucho. Supongo que sabrá que no conviene que estés inmóvil por mucho tiempo. —advirtió Neji con los brazos cruzados mirando con algo de curiosidad las vitrinas acristaladas del consultorio.

    Neji se pasó los dedos ligeramente por la cara con una expresión de contradicción al ver su reflejo en el cristal. Las dichosas gafas raras que le habían dado en Aduanas le molestaban en las orejas. ¡Se veía ridículo! El chico de ojos blancos evocó el momento en el que sus compañeros de equipo se carcajearon agusto y a expensas de él. No pensó que Lee y Tenten se llegasen a reir tanto por algo así pero, aunque en un principio se sintió molesto, al recordarlo también le pareció gracioso. No obstante, no lo admitiría delante de ellos. 

    Un sonido nasal proveniente de Lee sacó de sus pensamientos al joven Hyûga.

    —Aunque me revise, yo ya sé cuál es la respuesta… —dijo Lee con los ojos entrecerrados al mismo tiempo que Neji le dirigió una mirada suave.

    Unos momentos después, la puerta del consultorio fue abierta por una mujer mayor de ojos negros y cabello gris atado en un moño. Vestía el traje tradicional de estilo poncho de Sunagakure y tenía unos andares puramente dignos.

    “La honorable Chiyo-bâsama…”

    Por un instante, con un ligero pinchazo, Lee sintió como su mente le llevaba a los momentos en los que vio a la mujer de Suna en los recuerdos del Genjutsu: cómo conoció al Equipo Kakashi, su lucha junto a Sakura, su posterior sacrificio y muerte en beneficio de su Aldea para resucitar a Sabaku no Gaara. Pero ella estaba ahí. No muerta, sino más viva que nunca, delante mismo de él. Eso hizo que Lee se sintiese turbado, tratando a duras penas de mantener el tipo.

    Chiyo saludó a los dos jóvenes Genin y fue a revisar el portafolio con los datos médicos de Rock Lee.

    —Veo que en el informe de Konoha han redactado que tienes un daño físico bastante grande producto de haber utilizado un Kinjutsu. —dijo la mujer de manera directa. —Hachimon Tônko es desde luego una técnica prohibida por algo, chico.

    Lee hizo una mueca casi imperceptible de molestia con el labio superior. ¿Acaso la mujer le estaba echando la culpa por haber usado esa técnica para defenderse de Sabaku no Gaara?

    —En fin, bájate la parte superior del camisón para que te revise. —ordenó la anciana con presteza.

    Lee obedeció a la orden y se fue desvistiendo de cuerpo para arriba. Las frías manos de la anciana Chiyo se posaron en la espalda del chico, haciéndole dar un ligero respingo, mientras escaneaba para identificar los daños que sufría. Por otro lado, Neji sí se había dado cuenta de que a Lee le había molestado el comentario de la mujer, pero prefirió fingir que no pasaba nada. El chico de ojos blancos se preguntaba cómo lo estaría llevando Tenten. Le preocupaba la seguridad de su compañera de equipo y que pusiese en práctica sus habilidades de espionaje. Las que jamás había utilizado hasta ahora la chica.  

    Recordó cómo habían sido los momentos antes de separarse de ella y en qué habían quedado para tratar de obtener un buen resultado en esta misión de infiltración secreta.

    —Entonces, os encargo a vosotros dos a Lee ¿de acuerdo, Neji, Tenten? —mencionó Gai-sensei abriendo la puerta para salir de la habitación que compartían.

    Los mencionados asintieron con la cabeza mientras veían a su maestro cerrar la puerta tras de sí.

    —Eh, no me creo que Gai-sensei se haya marchado por su cuenta y no quiera estar presente en la consulta con Lee. —dijo Tenten con queja cruzando los brazos sobre su cuerpo.

    —Mejor así, Tenten. Tendremos menos dificultades para llevar a cabo nuestro plan. —respondió Neji a la protesta de su compañera al tiempo que dejaba de mirar la puerta por la que había salido su maestro.

    —Ya, pero es raro viniendo de él…

    Lee escuchaba esta conversación entre sus dos compañeros de equipo con atención. No podía negar que era extraño que su maestro se hubiera excusado diciendo que necesitaba ver a un antiguo ninja de Suna aliado al que había ayudado en otra misión. Lo normal en él es que hubiese dejado todo para acompañarle. Sin embargo, Neji también estaba en lo cierto. Pese a lo mucho que apreciaba a Gai-sensei, a quien consideraba como un segundo padre, lo cierto es que en esta situación era mejor mantenerle al margen de todo. Lo que más importaba ahora era concentrarse en la misión secreta que habían acordado realizar entre los tres. Sin embargo, en las mentes del Equipo Gai aún daban vuelta ciertas cosas que no estaban saliendo tal y cómo habían planeado.

    —Pero Neji, ahora tenemos un problema que no previmos al concretar el plan de espionaje durante el viaje. —dijo Tenten señalando los guantes que portaba en las manos. —No teníamos ni idea de que íbamos a tener que llevar un dispositivo especial cada uno aquí.

    Tenten estaba en lo cierto. No sabían que era un requisito obligatorio. Como nunca habían viajado hasta otra Aldea Shinobi hasta ahora, desconocían las imposiciones y concreciones a nivel regulatorio internacional. Y es que, en realidad, en cada Aldea Shinobi, las instrucciones y los comportamientos que recibían los ninjas extranjeros eran diferentes y cambiaban con el tiempo. De una aldea ninja no aliada que precisase colaboración puntual se podía esperar muchas precauciones, pero nunca llegaron a planificar que esto pudiese pasar con una aldea vinculada y tan cercana como Sunagakure. 

    —Entonces sólo tenemos que modificar ligeramente nuestro plan. —dijo Neji con convicción en sus palabras. —Sólo tenemos una oportunidad y no podemos perderla. No después de todo el viaje que hemos realizado hasta aquí. 

    Además de las gafas antirastreo y antiespionaje que llevaba Neji, Tenten portaba unos guantes magnéticos repelentes, especiales para ninjas de categoría Asesina y para ninjas expertos en armas, que rechazarían cualquier herramienta metálica que la chica intentara manipular con sus manos. Además, contaba también con un sensor que se activaría y avisaría a los ANBU de Suna en caso de que tratase de quitárselos, al igual que el dispositivo de Neji. Por su parte, Lee portaba una pulsera de seguimiento igual que la de su maestro Gai, ya que tuvieron en cuenta que en su condición actual ninja en estado inactivo por dolencias físicas no suponía una amenaza para Suna. Él y su maestro eran los dos únicos que estaban siendo monitoreados constantemente.

    —Entonces, ¿has pensado en algo, Neji? —preguntó Tenten levantando las cejas.

    Contrariamente a lo que se pensó, el chico Hyûga se quedó totalmente en silencio. Sin Lee con sus habilidades de Ninja Rescatador y sin su propia posibilidad para poder utilizar el Byakugan, en estos momentos las probabilidades de conseguir información secreta y confidencial eran muy bajas.

    —No queda otro remedio pues. Lo haré yo. —dijo Tenten con un soplido proveniente de sus labios.

    Neji y Lee dirigieron sus cabezas repentinamente hacia la chica de dos moños que estaba comenzando a preparar algo con la ropa de las camas de la habitación.

    —Pero, ¿qué estás diciendo, Tenten? —dijo Neji con cierta alteración dirigiéndose hacia la aludida que estaba de espaldas a ellos. —¿Cómo vas a hacer eso tú? Jamás has realizado ningún tipo de rastreo ni de espionaje en las misiones que se te han asignado. Tus habilidades en esos campos son muy bajas.

    Tenten se volvió hacia Neji con una expresión muy seria. El chico de ojos blancos quedó impactado por la severidad de sus formas, normalmente distendidas. Por su parte, Lee, quien había permanecido callado durante la interacción, contuvo la respiración con miedo. Él lo sabía. Conocía suficientemente bien el carácter de Tenten para temerla cuando su jovial y relajada actitud cambiaba a un rostro grave. Lee sabía que cuando Tenten ponía “la cara” era un signo temible. Neji no tendría oportunidad.

    —¡¿Y por qué crees que no las he desarrollado, eh?! —declaró Tenten desafiante tras las palabras de Neji. —En la mayoría, por no decir todas las misiones que he hecho, el trabajo de rastreo o espionaje ha caído en ti o en otro ninja especializado. ¡Hasta Lee ha podido hacerlo en alguna ocasión porque se encuentra dentro de las categorías cercanas a la suya!

    —Ya, pero… —repuso Neji tratando de rebatir a su compañera, pero no pudo.

    —Y ahora estamos en una situación en la que todos los que podrían hacerlo no pueden. —sentenció la chica volviéndose a la ropa de cama. —No hay tiempo para pensar, no hay tiempo para reflexionar. Tú mismo lo has dicho, Neji: sólo tenemos una oportunidad para recabar información.

    El chico Hyûga quedó completamente callado mientras miraba la espalda de la chica tratando de buscar unas palabras que nunca llegaron. De alguna manera, la lengua de Neji se había quedado atorada en su boca ante los argumentos de la chica. Por su parte, Tenten paró de hacer lo que estaba haciendo con las sábanas para volver a mirarle puntiagudamente.

    —Y si algo malo está pasando de verdad con esta Aldea y afecta a Konoha, ¡no nos lo vamos a perdonar jamás! —dijo la chica alzando la voz con severidad en sus palabras al momento de mirarle a los ojos nuevamente.

    La tensión parecía cortarse con un cuchillo. Lee miraba preocupado a sus dos compañeros. Nunca antes había visto una discusión de este nivel entre Neji y Tenten. Mucho menos que el chico de ojos blancos permaneciera callado ante las palabras de su compañera. Le preocupaba que comenzasen a discutir aún más fuerte de lo que estaba sucediendo. Eso podría llegar a traer sospechas si alguien les escuchaba desde el pasillo. Contra el propio pronóstico de Lee, y tras unos instantes donde se miraron a los ojos con gran intensidad, Neji relajó la mandíbula y habló.

    —De acuerdo. Tienes razón, Tenten. Tenemos que actuar. —comentó Neji tratando de aliviar un poco la tensión al ceder. —¿Has pensado en cómo lo harías?

    La expresión de la cara de Tenten también se relajó al escuchar positivamente a Neji. Agarró la ropa de cama que había cogido anteriormente y se la mostró a sus dos compañeros de equipo.

    —Voy a camuflarme como una habitante de Suna. —dijo Tenten mientras cogía unas tijeras y vio cómo se le escapaban de las manos por la fuerza de los guantes. —Ugh, en fin… Como decía, puesto que vengo de una familia de civiles, no me será muy difícil disimular entre la población local.

    —Eso… podría funcionar bastante bien. ¿No crees, Neji? –comentó Lee con una sonrisa dubitativa a un Neji que mostraba una mueca llena de seriedad.

    —Trataré de deslizarme hasta las dependencias administrativas de los medios y altos rangos shinobi de Suna. —concretizó Tenten tratando de usar sólo sus manos para hacer retoques a la sábana de su cama. —No creo que llegue tan lejos como para poder acercarme a la Oficina del Kazekage, pero podría intentarlo.

    Neji se quedó pensando en todo lo que su compañera había dicho. No le gustaba nada. No le gustaba la idea de que fuese sola. Tenten no tenía las habilidades ni la destreza necesaria para espiar. Ella misma había admitido su falta de conocimientos y de práctica para ello. Ella era una Asesina, no una Rastreadora o una Espía. Si la pillaban no podría usar sus armas y defenderse debido a los guantes que la obligaban a llevar. Si no podía defenderse, estaría completamente desprotegida. Si ella…

    —Neji…

    La pronunciación de su nombre por parte de Tenten sacó al joven Hyûga del bucle de pensamientos intrusivos en el que había entrado. Allí la vio. Su rostro se había relajado y le miraba con una curiosa mezcla de súplica y tranquilidad.

    —Neji, escucha, estaré bien. —aseguró con suavidad la chica con una sonrisa en su rostro mientras se soltaba los moños del pelo. —A la mínima sospecha de que me han descubierto, me retiraré. Esa es la regla número 1 de los shinobi espía, ¿no?

    Tenten le guiñó el ojo con cierta picardía mientras se sacudía el cabello para dejarlo más suelto. Sus bucles color chocolate hicieron que los ojos de Neji se dirigieran hasta los hombros de la especialista en armas. El chico de ojos blancos soltó aire por la nariz como si quisiera evitar reirse de las palabras de su compañera y de su gesto.

    —Esa es la regla número 2, Tenten. La primera es que jamás te descubran. —comentó el chico de ojos blancos con suavidad.

    —Esos son detalles extra. —inquirió con diversión en su voz Tenten. —Ahora, ayudadme los dos a terminar con el traje, que no puedo sujetar estas malditas tijeras.

    Lee miró como la tensión se había relajado totalmente entre sus dos compañeros. Parecía que volvían a ser los mismos de siempre. Sopló tranquilo liberando el aire que había aguantado en sus pulmones. Al cabo de un rato, y con un poco de ayuda entre todos, Tenten se había terminado de poner el disfraz improvisado que se asemejaba a una auténtica túnica tradicional de Sunagakure y se disponía a salir por la puerta intentando no ser vista por ningún ninja de Suna.

    —Recuerda, no llames la atención, y si descubres algo raro no te muevas con ímpetu y…

    —Sí, sí, ya lo hemos repasado ocho veces, Lee. —dijo Tenten moviendo la mano queriendo quitarle importancia para que su compañero se tranquilizase. —Recordad también vuestra parte de la misión. Tenéis que concentraros en conseguir algo de información en el consultorio de alguna manera, como quedamos.

    —Así lo haremos, Tenten. —dijo Lee haciendo un gesto de saludo militar para despedirla.

    La chica de cabellos chocolate asintió con la cabeza mientras giraba el viejo pomo de la puerta para abandonar la habitación, pero la llamada de su nombre la interrumpió.

    —Tenten…

    La mencionada se giró levemente para ver de nuevo a Neji que la llamaba. Tenten vio que el rostro de Neji mostraba aún un atisbo de preocupación mientras tenía la mirada fija en un punto indeterminado del suelo de la habitación. La chica sabía que Neji no estaba completamente de acuerdo con este plan, pero tenía que asumir que no quedaba otra opción.

    —¿Sí, Neji? —preguntó Tenten con cierta curiosidad tratando de buscar los ojos de su compañero de equipo.

    Tras un pequeño instante que a la chica le parecieron horas, Neji alzó la meditativa mirada y se encontró con sus ojos.

    —Sólo… ten cuidado, ¿de acuerdo?

    Aunque Neji no lo vio, y tras escuchar esas palabras, Tenten sonrió cálidamente tras el turbante que llevaba en la cabeza y le tapaba la boca.

    —Lo tendré. Nos vemos aquí después. —dijo la chica despidiéndose de ellos una vez más.

    Los dos chicos del Equipo Gai terminaron de ver como la puerta se cerró dejándolos completamente solos en la habitación. 

    —Será mejor que nos preparemos para ir al consultorio que nos han asignado en el Hospital, Neji. —dijo Lee sacando a su compañero de sus pensamientos.

    Tras dejar de mirar la puerta de la habitación, el chico Hyûga afirmó con la cabeza mientras se disponían a realizar los breves preparativos para la cita médica de Lee.

    Ahora mismo, Neji miraba el reloj de pared que se encontraba en el consultorio. Marcaba las tres de la tarde. Llevaba calculando cada uno de los minutos desde que Tenten se había separado de ellos. En ese momento, hacía media hora que su compañera se había marchado a realizar sus labores de espionaje. 

    —El daño que te ha producido Hachimon Tônko fue amplio. —comenzó a hablar la anciana Chiyo dejando de palpar la espalda de Lee tras la exploración médica. —Los desgarros de tus músculos casi han sanado tras diez días de haber usado la técnica. Los médicos de Konoha han hecho un buen trabajo y tú tienes una muy buena capacidad de cicatrización y de recuperación general.

    Lee escuchaba cada una de las palabras de la mujer. Aunque eran directas y con poca mesura, era sincera y sentía que Chiyô de alguna manera quería ayudarlo. No la consideró una mala persona, sólo parecía tener una personalidad seca y testaruda.

    —No obstante, me preocupa más el daño que hayas podido tener en zonas más internas del cuerpo, o incluso a nivel celular. En verdad, no puedo estimar que tan grande o profundo puede ser. Si se tratase de venenos, no tendría problema en dar una solución para ti de inmediato…

    Aunque ya sabía lo que Chiyo le iba a responder, le seguía doliendo. Lee sabía que, de momento, no había posibilidad de cura para él, que la única conocida que podía darle una cura a la gravedad de sus heridas era Tsunade-sama, la Princesa Babosa de Konoha, conocida como Konoha no Namekuji Tsunade-hime. Pero la famosa Tsunade no se personaría en Konoha si no moría Sandaime Hokage para ocupar el cargo. Eso era algo que Lee daba por hecho después de haberlo visto en la ilusión, y por varios motivos, era algo que el chico de cabello negro estaba dispuesto a sacrificar: su salud en pos de que sobreviviese el Hokage. La vida de Sarutobi Hiruzen valía más que su propia vida en el terreno shinobi y, si Sandaime hubiese seguido vivo en su ilusión, muy seguramente hubiese acabado dando con un plan para terminar definitivamente con Orochimaru y otras amenazas para Konoha que ya conocía gracias a aquel Genjutsu. 

    Lee suspiró ante esta idea con orgullo, pero también con un deje de tristeza. Ya descubriría otra manera de lograr volver a ser ninja en activo. O, al menos, eso pensaba y esperaba.

    —Lo siento, chico. —dijo la anciana mujer después de dar a Lee la instrucción de volverse a vestir con el camisón.

    —No se preocupe. Siento haberla hecho trabajar para nada… —dijo el chico de cabello negro colocándose las ropas despacio.

    —Sin embargo, voy a sugerir que te quedes tres días más en Suna para poder hacerte un tratamiento terapéutico personalizado para aliviar tus dolores y mejorar tu movilidad. —dijo Chiyô escribiendo en una hoja del portafolio con el expediente de Lee. —Lo notificaré a Aduanas para actualizar el visado de vuestra visita.

    Neji había estado observando las interacciones de los dos en silencio. Desde que Tenten se había separado, el chico de ojos blancos se sentía inquieto por no poder recopilar información o alguna pista que les llevase a descubrir los problemas que estaba habiendo en Konoha con los supuestos ninjas renegados provenientes de Suna. Estaba fastidiado y no iba a permitirse fallar contra Tenten, la cual era una primeriza en materia de espionaje. Lo consideraba casi una competencia. Tras un rato donde su mente dio muchas vueltas, a Neji se le ocurrió una idea que poner en práctica.

    —Hay algo que le quisiera preguntar, Chiyo-bâsama.

    —¿Qué ocurre? —La anciana mujer se giró hacia el chico de ojos blancos con curiosidad.

    —En caso de un… conflicto inminente, ¿cuál sería la condición de Lee para el combate? —preguntó Neji con seriedad absoluta.

    La mujer se giró sobre sí misma con una expresión que cambió de la calma a la gravedad muy lentamente. En ese momento, Rock Lee no pudo fingir. Sus ojos se abrieron desmesuradamente al escuchar la pregunta de su compañero. Agradeció que la anciana no le estuviera mirando a la cara y, por otro lado, le impresionó como Neji mantenía su expresión como si nada.

    —¿Y qué clase de conflicto te estás imaginando para que él pudiese combatir? — respondió la mujer frunciendo el ceño con cada palabra que pronunciaba.

    De repente, pareció que el aire de la habitación se había vuelto tenso. El joven Hyûga y la anciana mujer de Suna se miraron unos rápidos instantes en silencio, escudriñando la mirada del otro.

    —Me refiero a una situación como regresar a Konoha tras nuestra estancia aquí y ser emboscados por el enemigo. Como imagino estará informada, nuestra aldea está siendo víctima de varios grupos de ninjas renegados. ¿Estaría Lee al menos preparado para defenderse en caso de que suceda un nuevo… accidente

    Lee movía la cabeza despacio tratando de comunicarse con Neji para que parara. El chico de cabellos negros comenzó a sentir que entraba en pánico por la situación que estaba creando su compañero de equipo.

    “¿Qué pretendes, Neji? ¿Acaso buscas un pleito con una de las personas más importantes de Suna?” pensó Rock Lee mirando con inquietud a su compañero de equipo.

    Chiyô dejó salir aire por la nariz muy rápidamente. Se imaginó que el chico de los ojos blancos estaba tratando de provocarla por el incidente de Gaara. La anciana tenía la idea preconcebida, y debido a su experiencia vital, que todos los miembros del clan Hyûga de Konoha eran fríos y con una mente bastante estructurada, pero estaba claro que éste era aún un niño que se dejaba llevar por las emociones. No podía culparlo. Al fin y al cabo, era compañero de Rock Lee, el chico herido.

    —No recomiendo para nada que Rock Lee haga ningún tipo de movimiento o ataque ninja. No al menos durante los tres días que esté aquí. —sentenció la mujer fírmemente tratando de no mencionar a Gaara en el asunto. —Una vez que regreséis a Konoha, tendrá que realizar el seguimiento que le hayan dado allí los médicos de Konoha. No creo que sea incompatible con la terapia que le daremos aquí.

    Mientras escuchaba con los ojos cerrados a las indicaciones de la anciana mujer de Suna, Neji afirmó con la cabeza con una tranquilidad pasmosa que sorprendió aún más a Lee.

    —De acuerdo. Así lo haremos, Chiyo-bâsama. —dijo Neji acercándose a Lee para bajarle de la mesa y sacarle de la estancia. —Nosotros nos retiramos por hoy si lo permite. El viaje ha sido largo.

    —Bien. Entonces os dejaré sólos para que podáis regresar a vuestra habitación. —respondió la mujer viendo que los dos ninjas de Konoha se dirigían a la puerta. —Nos veremos mañana a la misma hora para iniciar el tratamiento.

    Con un poco de ayuda, Neji sacó a Lee del consultorio y los dos permanecieron en silencio hasta estar al menos 50 metros alejados del Hospital de Suna.

    —Algo no me ha gustado de ella… —comenzó diciendo Neji al mirar las calles de arena fijamente. —Todo lo que decía parecía escrito como un guión preestablecido.

    Lee afirmó lentamente con la cabeza tras observar de soslayo a su compañero de equipo. Efectivamente, el chico de cabello negro puedo comprobar que Neji lo tenía todo pensado. No esperaba menos de él.

    —A mi también me han surgido alguna duda… Aunque al principio no entendí qué hacías, me di cuenta de que ha sido raro que se quedase callada, como si tratase de pensar en una excusa… —dijo Lee en respuesta a su compañero de ojos blancos.

    —Cuando Tenten regrese e informe, tenemos que ver cómo damos el siguiente paso…

    Desde una de las ventanas del Hospital de Suna, la anciana Chiyo miraba a los dos jóvenes Genin de Konoha dirigirse a sus aposentos en la posada establecida para ninjas visitantes. La mujer no podía más que sentirse extrañada por lo que acababa de ocurrir en la consulta con el chico de ojos blancos y sólo le quedó una sensación de inquietud que no supo identificar.

    —¡Tabe-ernero, tabe-ernero! ¡Otra gr-ronda de su mejor-r sake-e! ¡Hic!

    —Amigo, creo que ya ha bebido bastante por hoy…

    —¡Y-yo di-ré cuando es bastan-te!

    Los clientes del bar “La Duna de Oro” miraban de reojo con sentimiento de vergüenza a un Jônin de Konoha, Maito Gai, quien llevaba ingeridas varias botellitas de sake con estado de embriaguez. No se atrevían a dirigirse a él para que dejase de mostrar esa actitud, simplemente cuchicheaban para que no les oyese.

    —Estos tipos de Konoha… No saben cómo comportarse…

    —Creen que todo es fiesta y bebida por aquí…

    —Dan mala imagen a su aldea…

    —¡Chsst, calla! A ver si va a querer empezar a pelear y tenemos un problema…

    Sin embargo, Maito Gai escuchaba como se referían a él con gran lucidez. Es verdad que se sentía bastante juguetón tras haber bebido, pero lo que las personas que le estaban viendo no sabían es que tenía una capacidad de aguante al alcohol bastante grande. Si un hombre estándar podía tomar hasta dos botellines de sake de 180 ml sin consecuencias, él podía tomar el doble sin problemas. Por este motivo, Gai era un ninja muy bueno para misiones donde el consumo de alcohol estuviese presente. 

    Acababan de dar las seis de la tarde. Seguramente sus discípulos ya habían terminado hace horas de ver al médico y estarían en la habitación. El Jônin de Konoha observó que la gente estaba relajándose con él al actuar como un borrachín. Ahora los ninjas de Suna que estuviesen allí no tendrían reparos en hablar más alto o con más sinceridad. Eso era bueno.

    Ya había recogido algunas conversaciones sin importancia: la decepción de unos Genin novatos de Suna con una misión que acabó en fracaso, las quejas de un Chûnin sobre lo estricta que era su novia con él y la celebración de un grupo por el futuro nacimiento del hijo de un compañero de equipo.

    “En verdad, todas esas conversaciones no son diferentes de las que se pueden escuchar en Konoha. En momentos así, me acuerdo que los habitantes de todas las Aldeas Shinobi no son muy diferentes entre sí…” pensó Maito Gai sintiendo cierto grado de conexión con aquellas personas.

    Por otro lado, las conversaciones más interesantes que había podido recopilar eran sobre la proximidad de la reunión del Kazekage y Hokage en el País de los Ríos con el Daimyô de allí como mediador, la progresión de la supuesta enfermedad del Kazekage, la gran cantidad de ninjas renegados y desertores procedentes de Suna que estaban atacando a Konoha, e incluso las quejas que estaban recibiendo de ninjas de Konoha que pasaban por allí debido a esos incidentes. No obstante, ya se había hecho tarde y no había escuchado nada novedoso que pudiese ser de interés para Sandaime Hokage.

    “Tal vez debería dar el día por terminado y regresar a la habitación para ver cómo están los chicos…” pensó haciendo ademán de levantarse del taburete.

    —…un grupo ya partió esta mañana al País de los Ríos para otear el camino… de Hokage…

    De repente, los oídos de Gai sintieron cómo se abrían con gran profundidad. ¡Al fin podía escuchar algo interesante!

    —Ja, ja, ja, una copita más no pas-ssará nada… El sss-sake de Suna esss lo mme-jor… —gritó repentinamente el Jônin de traje verde con júbilo y alborozo.

    Maito Gai se centró de nuevo en su papel de cliente ebrio y se llevó a los labios otro trago de sake de golpe asombrando a quienes estaban a su alrededor.

    —¡Baja más la voz, Tsubusa! ¿O es que quieres que ese chalado borrachuzo de Konoha de ahí se entere de lo que estás hablando? —dijo una voz en un susurro.

    —No te preocupes tanto, Suname-senpai. Ese tipo está muy cocido ya. Podemos hablar más tranquilos.

    —Aún así es un shinobi de Konoha. Tenemos que ser precavidos… —repuso el superior de Suna a su kôhai.

    Gai sonrió para sus adentros mientras continuaba haciendo aspavientos para refutar aún más su estado de embriaguez, para que los dos ninjas que había localizado bajasen más la guardia.

    —En fin… Como iba diciendo, el grupo de cuatro Genin estará revisando e informando sobre los avances de Hokage.

    —Bien. Escuché que él ya está allí esperando su llegada.

    Maito Gai sentía que sus cejas se movían inquietas por la información que estaba escuchando. Verdaderamente era una novedad muy jugosa teniendo en cuenta todo lo que había escuchado durante el día. Se preguntaba con gran curiosidad cuál era el misterio que Suna estaba guardando con tanto celo.

    “¿Esperando la llegada de Hokage? ¿El Kazekage, acaso?” pensó Gai llevándose un nuevo sorbo de sake a los labios.

    —¿Te refieres a… la serpiente?

    —Sí, a Orochimaru.

    Gai tuvo que agarrarse a la mesa para no dar un brinco al escuchar ese nombre. Sintió que se le atragantaba la bebida en la garganta. ¿Orochimaru? ¿Uno de los Legendarios Sannin? ¿Ese traidor de Konoha estaba metido en el asunto de los renegados de Suna? Pero, si eso era así, ¿por qué se había aparecido en Konoha delante de Mitarashi Anko?

    —Sí, lo tiene todo preparado. Una vez que la reunión avance pondrá en marcha el plan y lo matará… a Hokage.

    La cara de Gai palideció por completo. Esto no podía ser verdad. La situación era mucho peor de lo que esperaba. ¿Estaban preparando un magnicidio conjunto Suna y las fuerzas de Orochimaru contra Sandaime Hokage? El Jônin no se esperaba algo de tamaña magnitud.

    —Con la cantidad de aliados con los que cuenta ese engendro, más vale que pueda terminar con el viejo de Konoha…

    —Oiga, amigo, se le ve mala cara. Debería irse ya.

    Las palabras de un desconocido hicieron que el Jônin de Konoha se desconectase de la conversación. Gai miró al tabernero del bar y rápidamente se llevó otro vaso lleno de sake a la boca.

    —N-no pasa nn-ada, no ppa-sa nada… Enn mo-mmentoss así noS quee-da reírrr…

    El Jônin de gruesas cejas entonces soltó una fuerte carcajada e hizo que todos los presentes que estaban en el bar le miraran con vergüenza y estupor. Todos tenían cara de que querían echarle a patadas del lugar.

    —Venga, venga, le acompañaré hasta la puerta. Tiene que descansar. —replicó pacientemente el tabernero quien le agarró por la cintura y el brazo.

    Maito Gai se dejó guiar por el mesero que le dejó a un par de metros de la puerta de entrada del bar. Siguió bailando, aplaudiendo y riendo durante un rato mientras avanzaba por la calle. Tras comprobar que estaba lo suficientemente alejado del lugar, y no veía a ninjas de Suna en las inmediaciones, en un pequeño callejón, Gai se quitó su máscara de borracho y lleno de angustia se puso en marcha rápidamente a la habitación donde se hospedaba con sus alumnos.

    —Está tardando mucho, ¿no crees, Neji?

    El mencionado no respondió a las palabras de su compañero Rock Lee. El chico Hyûga se encontraba sentado en un sillón de cuero en la esquina de la habitación donde se hospedaban. Estaba nervioso, muy nervioso. Tenten estaba tardando demasiado. Neji no paraba de pensar en si algo malo le hubiese pasado a su compañera durante el espionaje.

    “Aún está dentro del rango de tiempo seguro, aún no nos han avisado de nada…” pensaba Neji tratando de mantener la compostura.

    Eran las seis y cuarto de la tarde. Entendía que Gai-sensei estuviese aún fuera ya que se iba a encontrar con ese antiguo colega y seguramente estaría bebiendo con él, pero Tenten llevaba sin dar señales de vida desde las tres de la tarde cuando salió por la puerta.

    “Tendría que haber ido yo aunque me hubiese arriesgado a ser visto…” se lamentaba Neji con la palma de la mano apoyada en la mejilla.

    Aunque Lee no comentó nada sobre ello, pudo notar que Neji estaba inquieto. Si bien sabía que su compañero no solía mostrar sus sentimientos, también sabía que se preocupaba por el bienestar tanto de Tenten como de él. A su manera, el chico Hyûga les apreciaba mucho y podía intuir que la tardanza de Tenten le estaba alterando internamente. En ese momento, la puerta de la habitación se abrió. Neji evitó levantarse de un salto. Se sintió decepcionado al ver que quien entraba por la puerta no era otro que Gai-sensei.

    —Hola a todos. —dijo el maestro de mallas verdes a sus dos alumnos.

    —Gai-sensei, ¡qué bueno que regresó! —dijo Lee saludando a su maestro fingiendo no estar preocupado. —¿Qué tal estaba su compañero?

    —¡Oh, bien, estaba bien, pero no te preocupes de eso, Lee, y dime qué tal fue la consulta con el médico!

    Mientras Lee comenzó a contarle a su maestro los pormenores que la venerable Chiyo-bâsama le había transmitido, Neji volvió a sumirse en su silenciosa desesperación. Con la mano izquierda, apretaba el reposabrazos del sillón con fuerza, en un intento de evitar salir corriendo a buscar a Tenten.

    “No… no… no puede estar tardando tanto…” el joven Genin sintió como de su frente comenzaban a asomar algunas gotas de sudor.

    Hyûga Neji era conocido por cuatro cosas principales. 

    En primer lugar, de manera familiar, tenía un gusto culposo por el soba de arenque. No había semana que no lo desayunase, comiese o cenase en algún momento. 

    En segundo lugar, había sido el mejor de su promoción para graduarse como Genin en la Academia Ninja. Era reconocido por ello dentro del Sistema Educativo Militar de Konoha.

    En tercer lugar, era el conocido como Hyûga no Tensai. Sus habilidades eran muy superiores a sus iguales dentro del clan Hyûga.

    En cuarto y último lugar, era una persona muy racional. Era extremadamente lógico hasta el punto que podía llegar a ser irritante y, en ocasiones, ser considerado de personalidad fría. No había decisión que tomase, ni acción que realizase sin tener contrastados los hechos. Siempre tenía un plan. No quería tomar riesgos innecesarios. Sin embargo, esta vez lo había hecho. Por sus propias inquietudes. Por los pensamientos que le asolaban de su clan. Por su madre. Por Hinata. Por Lee. Por Tenten. Y no estaba entendiendo nada de todo eso que le pasaba por la cabeza y porque estaba tomando esas decisiones. Lo único que sabía es que ahora mismo quería saber dónde estaba su compañera y si se encontraba bien.

    —Por cierto, ¿dónde está, Tenten?

    Las palabras de Gai-sensei le sacó de sus pensamientos. Neji entró en shock e intentó poner una excusa ante la pregunta de su maestro, pero sintió que no podía articular palabra. Ante esto, Lee se dio cuenta y salió al rescate.

    —Ha salido a dar un paseo. Dijo que quería ver las tiendas de armas y conseguir alguna interesante cuando vaya a salir de Suna, cuando le quiten los guantes. —respondió Lee cubriendo a su afectado compañero quien trataba de reponerse sin que se notase.

    Maito Gai entendió y aceptó la respuesta de su querido discípulo. Neji suspiró aliviado en silencio, agradecido por las palabras de Lee . Al fin y al cabo, Tenten era una chica la cual tenía como una de sus aficiones coleccionar diferentes armas y dominarlas. Era una buena excusa para ganar tiempo.

    —Bien, entonces la esperaremos a que regrese para cenar. —comentó su maestro poniéndose cómodo en el otro de los sillones de la alcoba.

    Casi al momento, y como por arte de magia, la puerta de la habitación se abrió. El corazón de Neji palpitó con gran intensidad, más cuando pudo ver que entraba la figura de una persona de estatura similar a Tenten y ataviada con el básico atuendo de Suna. El chico de ojos blancos suspiró aliviado.

    —Oh, Tenten, ya has llegado. —declaró Gai-sensei al ver la cara de la chica tras quitarse el turbante de tela. —¿Te lo pasaste bien? Es raro ver que hayas comprado un traje tradicional de aquí. No es algo habitual en ti…

    Neji se dio cuenta al mismo momento en que ella mostró su rostro. Éste estaba constreñido y su mirada se veía vidriosa. Algo no iba bien. Algo malo había pasado o escuchado. La normalmente confiada Tenten tenía los hombros encogidos y parecía que se había empequeñecido. Gai-sensei y Lee también notaron esto al momento.

    —¡Estamos en problemas! ¡Dios, Lee, tenías razón! —dijo Tenten repentinamente mostrando un rostro llenó de perturbación y estrés.— ¡Sunagakure va a atacar Konoha sin dilación!

    —¡Eh, Kakashi-sensei! ¡¿Cuánto queda para que lleguemos al lugar asignado?!

    —¡Baja la voz, Naruto! ¡Si hubiese algún enemigo ya nos habría localizado!

    —Creo que los dos deberíais reflexionar más sobre el concepto de la moderación… —comentó Kakashi a sus dos pupilos, Naruto y Sakura, mientras saltaba a una rama de un árbol.

    Uchiha Sasuke resopló por la nariz al escuchar la interacción de sus dos compañeros de Equipo de Graduación. En verdad, Naruto y Sakura podían llegar a ser muy escandalosos, pero no podía negar que de alguna manera, y en algunas ocasiones excepcionales, le entretenía su despreocupación. 

    Sasuke dio otro salto hacia el siguiente árbol. Ahora que su control del chakra estaba más pulido, podía ir más rápido a través de los bosques. Su entrenamiento con Kakashi para la fase final del Examen Chûnin estaba siendo muy eficaz, más desde que había descubierto con él que su naturaleza de chakra afín era el Rayo. Para el Uchiha había sido toda una sorpresa y estaba feliz por ello. No obstante, el entrenamiento que le obligaba a realizar Kakashi era duro, y cuando decía duro es que era MUY DURO. Aún no podía creer la exigencia de entrenamiento de esta naturaleza. Kakashi le convocó tras los preliminares para el Examen Chûnin en la zona más alta y montañosa dentro de la Aldea, la montaña Takurami, situada al norte del Monumento Hokage.

    ¡Cuan grande fue su sorpresa que el Jônin de cabellos plateados le obligó a estar prácticamente durante 3 semanas sobreviviendo allí, en aquella zona donde los rayos y los truenos eran por norma bastante comunes! Observar, escuchar, convivir con los rayos. Era una de las maneras más eficaces, según Kakashi, para controlar su naturaleza afín si pretendía aprender la mítica y única técnica creada por su maestro: Chidori (Mil Pájaros). Ahora que por fin se encontraba en la última fase del entrenamiento y cerca del Examen, todo se había paralizado por la problemática de Suna con los ninjas renegados y desertores. Sasuke estaba fastidiado, pues quería hacerse más fuerte luchando contra otros Genin.

    “Me pregunto cuándo se retomarán los Exámenes Chûnin ¿Será después de la reunión de Hokage?” pensó el chico Uchiha ensimismado y deseoso de continuar su búsqueda de poder.

    —De acuerdo. —dijo Kakashi sacándole de su ensoñamiento. —Quedan 5 kilómetros para que lleguemos a Furuya no Kyô, la antigua capital del País de los Ríos. Una vez allí, procederemos a mandar un informe sobre la situación al destacamento de Sandaime-sama.

    Los tres Genin del Equipo Kakashi manifestaron su conformidad con la decisión de su líder Jônin. Por fin, era el momento de pasar un poco a la acción.

    —¡Muy bien! ¡Le demostraremos al Viejo Hokage que sabemos hacer las cosas! —gritó Naruto con entusiasmo.

    —¡Ay, Naruto! ¿Cómo puedes estar tan lleno de energía después de casi un día y medio de viaje? —preguntó Sakura con cara de cansancio.

    La chica de cabello rosado entrecerró los ojos al ver a su compañero reírse pícaramente mientras le vio dirigirse a Sasuke sobre su intención de comenzar algún tipo de reto de camino a la antigua capital. 

    “Sasuke-kun…” pensó Sakura sin dejar de mirar al chico Uchiha.

    Se alegraba mucho de verle. Había estado sin saber de él desde hacía casi un mes y se preguntaba a diario si su condición era buena. Al fin y al cabo, Sasuke había abandonado la UMN precipitadamente y sin avisar para comenzar a entrenar con su maestro para las finales del Examen Chûnin.

    “La UMN…” evocó Sakura con cierta preocupación en su mente.

    Desde hacía cinco días, Haruno Sakura había estado dando vueltas a lo que había escuchado a hurtadillas en la habitación de la UMN donde había estado hospitalizado Rock Lee. No pudo evitarlo. Tal vez no era lo correcto husmear, y más teniendo en cuenta que el Equipo Gai fue uno de los grupos que les había echado una mano con aquellos ninja de Oto hacía 12 días, poco antes de que sus miembros fueran emboscados en el Bosque del Suroeste.

    Si bien no era muy cercana a ellos porque se acababan de conocerse hacía poco, sí sentía que les debía un favor por la ayuda. De alguna manera, Sakura sintió que estaba faltando a la confianza de ellos, especialmente con Rock Lee. Éste la había salvado enfrentándose a aquel equipo de Oto que buscaba llevarse a Sasuke. Pese a que no era obligación de Lee inmiscuirse en la misión de otros, lo había hecho, para protegerla. Había sido dañado físicamente hasta el punto de desmayarse, e incluso a quedar dañada su audición.

    Si Sasuke no se hubiese despertado y hubiese intervenido dando el golpe de gracia, ella y Naruto y los demás no lo hubiesen contado. No obstante, no por ello estaba menos agradecida al chico de traje verde. Debido a esto, ella no había dicho nada de lo que había escuchado a nadie todavía. No pretendía meter a los miembros del Equipo Gai en un lío sin motivo aparente. De hecho, Sakura sabía que aún no había pruebas de que lo que había escuchado era cierto. Pero la realidad es que estaba preocupada. No esperaba que el Equipo Gai, y en concreto, Lee hablasen de aquel hombre llamado Orochimaru. Aquel que había ordenado a los ninjas de Oto llevar a Sasuke a su presencia y que había mordido en el hombro al chico, implantándole una maldición en su cuerpo. 

    Es por eso que ante la mención de aquel terrorífico individuo, cuando estuvo a las puertas de la habitación, Sakura se quedó allí parada, atónita, escuchando que Lee afirmaba que se iba a producir un atentado contra Sandaime Hokage y que Konoha iba a ser invadida por ninjas extranjeros de Suna y Oto. Todo orquestado por Orochimaru.

    “¿Será cierto? ¿Acaso se va a producir un acontecimiento de ese tipo? ¿Y qué significaba lo que había dicho Lee-san sobre “lo que había visto y vivido en el Genjutsu”?” se preguntó Sakura para sí misma sin poder encontrar respuesta.

    Aunque desconocía lo que significaban esas crípticas palabras, lo que estaba claro es que Sakura ya se había dado cuenta de que la situación era muy complicada con Sunagakure desde las últimas semanas, hasta el punto que Konoha estaba reteniendo a los tres hijos del Kazekage después de que éstos faltasen contra la aldea. Ahora mismo, dentro de todo este panorama, a su propio equipo le habían mandado como equipo de avanzadilla a una misión de rango A para otear el terreno con vistas a la reunión entre Sandaime Hokage y Yondaime Kazekage. Todo con el objetivo de fortalecer las relaciones diplomáticas y solucionar los problemas entre ambas Aldeas Shinobi.

    —¡Ah, por cierto! ¡Sakura-chan, cuando terminemos esta misión, tengamos una cita! —exclamó Naruto repentinamente haciendo que se fijase en él.

    Sakura salió de sus pensamientos ante el grito de su compañero de cabellos rubios y suspiró molesta. Con todo lo que había sucedido, le parecía increíble lo despreocupado que era Naruto en todo, incluyendo sus propias circunstancias personales.

    —¡¿Estás loco?! ¡Vamos, ni muerta! —gritó Sakura tratando de enfocarse en la situación presente y tratando de olvidar la vorágine de sus pensamientos.

    —No hacía falta que lo dijeras así, Sakura-chan… —dijo Naruto con un tono de voz lastimero mientras bajaba la cabeza dramáticamente.

    Kakashi iba un poco apartado del resto de sus alumnos observando. El Jônin no había parado de estar en alerta naranja desde que se habían introducido en el País de los Ríos. El líder del Equipo 07-080 sentía que algo no estaba concordando desde hacía rato y eso le hacía estar incómodo. Su instinto ninja se había activado y le decía que algo no iba bien. Por su parte, Uchiha Sasuke escuchaba la conversación de sus dos compañeros cuando, de pronto, vio por el rabillo del ojo un destello que se dirigía contra el grupo.

    —¡Cuidado!

    Un papel bomba atado en un kunai se clavó en el árbol que se había apoyado para saltar. La explosión le lanzó a 50 metros de distancia.

    —Joder, esto es malo. —dijo Sasuke concentrando su chakra en la planta de los pies contra el tronco de un árbol para evitar caer al suelo.

    —¡Mierda, os vais a enterar! —gritó Naruto lanzándose a la humareda que había dejado la explosión.

    —¡Para, Naruto! ¡No te precipites! —exclamó Sakura tratando de parar a su compañero en vano.

    Cuando Naruto desapareció de la vista de sus dos compañeros, se escuchó el sonido cruzado del metal y los gruñidos de alguien desconocido. No se veía nada. Se había producido demasiado humo para sólo un papel bomba.

    “Seguramente han utilizado bombas de humo también…” pensó Sasuke mientras mantenía la guardia alta con un kunai en su mano derecha.

    El chico del clan Uchiha había activado su Sharingan de dos aspas, esperando el momento indicado en que se diera cualquier movimiento. De repente, sintió una presencia a sus espaldas y se giró para atacar. Entonces, lo vio cara a cara. Un shinobi de edad similar a la suya con un protector de frente de Suna.

    Sasuke y dicho ninja se enzarzaron en el ataque a kunai durante unos segundos. Al no haber mucha diferencia para inclinar la batalla a su favor, Sasuke decidió pasar a un nivel más elevado de ténica.

    ¡Katon: Gōkakyū no Jutsu! (Jutsu Ígneo: Gran Bola de Fuego)” pensó el chico Uchiha al lanzar la técnica desde lo alto de la copa de un árbol.

    Al dirigirse la gran bola de fuego contra el suelo, el shinobi de Suna decidió dar un salto atrás para evadirla, pero no se dio cuenta de que había cometido un error.

    —Te atrapé.

    Sasuke predijo sus movimientos con el Sharingan y fue más rápido. Tras lanzar el jutsu, se posicionó tras el enemigo. Con una patada alta, le lanzó al aire y le golpeó consecutivamente con una combinación de golpes dirigiéndose de nuevo hacia el suelo.

    ¡Shishi Rendan! (Golpe del León)—exclamó pegando al enemigo en el estómago cuando el atacante se desplomó contra el suelo.

    Sasuke se incorporó lentamente y vio que el ninja de Suna había quedado inconsciente mientras salía un rastro de sangre de su boca. Poco a poco, observó que el humo se desvanecía y comenzó a verse con más claridad. Avistó, a poca distancia de él, que Kakashi había ayudado a Sakura a defenderse de otro shinobi de Suna, el cual estaba tumbado contra el suelo por el Jônin. Un poco más lejos, una gran cantidad de Narutos sonrientes se encontraban sentados sobre otros dos ninjas de la misma Aldea. Sasuke desactivó el Sharingan jadeando con fuerza. Su técnica Shishi Rendan, copiada del Omote Renge de Rock Lee, le dejó hecho polvo. No tenía tanta resistencia y fuerza física como el alumno de Maito Gai por mucho que hubiese entrenado tanto el último mes. Sasuke suspiró despacio tratando de relajar los músculos y recuperar el aliento.

    —¿Os encontráis bien, Sasuke, Naruto? —preguntó Kakashi liviano hacia sus alumnos.

    Ambos chicos simplemente confirmaron su buen estado a su manera. Kakashi dirigió su mirada inquisitiva hacia el ninja de Suna.

    —Bueno, me parece que vamos a tener que hacer un poco de trabajo de interrogación. —comenzó diciendo Kakashi hacia el ninja al que le tiraba del brazo hacia atrás.

    El shinobi de Suna gruñió ante el ligero estiramiento en su brazo por el Jônin de Konoha.

    —N-no pienso decir nada… —la voz del ninja de Suna sonaba temblorosa. —No me importa que seas el famoso Hatake Kakashi. ¡No diré nada!

    —¿En serio? —preguntó con sorna Kakashi comenzando a hacer mayor presión en la espalda del enemigo mientras mantenía la tensión en el hombro.

    En casi un instante, los quejidos pasaron a gritos por parte del shinobi de Suna. Los tres alumnos de Kakashi simplemente observaban desde sus lugares. Mientras Naruto y Sakura ponían alguna expresión de dolor, Sasuke miraba el interrogatorio sin apenas inmutarse.

    —¡Basta, basta, por favor! ¡Hablaré, diré todo lo que quieras!

    —¡Komaza, bastardo! ¡Se supone que debes aguantar! —gritó otro de los ninjas del desierto que estaba siendo aplastado por las copias de Naruto.

    Kakashi se rascó la barbilla por encima de la máscara que ocultaba su rostro. Estaba bastante sorprendido por la repentina disposición a hablar del ninja de Suna.

    —¿Sólo te ha molestado esto para llegar a suplicar? Eso significa que sólo eres un Genin muy reciente y sin experiencia o alguien muy débil al dolor.

    Kakashi destensó el prieto agarre para dejar respirar al Genin llamado Komaza. Éste había bajado la mirada avergonzado ante las palabras dichas por el famoso shinobi de Konoha.

    —Por vuestro aspecto no parecéis ninjas renegados. ¿Qué pretendéis atacando a vuestros aliados? —preguntó el Jônin manteniendo la sujeción del ninja de Suna.

    —Cumplíamos órdenes… desde Suna… —decía derrotado Komaza con dificultad.

    —¿Órdenes? ¿De qué tipo? —preguntó Kakashi tratando de no mostrar asombro ante las declaraciones del ninja de Suna.

    Komaza se quedó callado nuevamente. Parecía que ahora se había vuelto reticente a colaborar de repente. Kakashi suspiró ante la tozudez de Komaza y procedió a apretar de nuevo el agarre.

    —¡Vale, vale! ¡Se suponía que teníamos que vigilar y atacar a cualquier intruso! ¡Debíamos evitar que cualquier ninja o equipo independiente de Konoha viese los movimientos que hacíamos!

    Kakashi frunció el ceño. No le estaba gustando el matiz que estaba tomando la declaración del Genin de Suna. Las palabras de Komaza estaba comenzando a sonar a algo que conocía bien desde la Tercera Gran Guerra Ninja.

    —Y, ¿qué clase de movimientos hacíais? —preguntó nuevamente Kakashi tratando de confirmar sus sospechas.

    —M-mover nuestras tropas… hacia Furuya no Kyô y… hacia Konoha…

    Haruno Sakura sentía que comenzaba a entrar en estado de alerta. La chica dio un respingo muy ahogado de sorpresa y apenas audible ante las declaraciones del ninja de Suna. En su mente, las palabras de Rock Lee se agolpaban con fuerza. Destrucción, Invasión, Orochimaru, Asesinato.

    —¿Entonces estás diciendo que los ninjas renegados que nos atacaron durante las últimas semanas no eran tales? ¿Aún eran ninjas de pleno derecho de Suna?—preguntó Sasuke ante las declaraciones de un asustado Komaza.

    El Genin de Suna afirmó con la cabeza mientras sus compañeros conscientes gruñían o suspiraban decepcionados. Sakura sentía que su corazón latía muy deprisa casi confirmando sus sospechas de invasión y traición por parte de Suna, confirmando las palabras de Rock Lee.

    —¿Qué pretendéis con eso? —preguntó el Jônin a continuación tratando de finalizar el interrogatorio cuanto antes.

    Ante esa pregunta, Sakura entró en estado de pánico. La joven kunoichi sintió que la estaban interrogando a ella misma. Sus labios apretados y su corazón bombeante no aguantaron más la presión.

    —¿Queréis invadir Konoha? ¿Asesinaréis a Hokage-sama? —preguntó la joven kunoichi sin dilación. 

    En ese momento, los tres hombres del Equipo Kakashi se giraron hacia Sakura con expresión extrañada, mientras el ninja llamado Komaza se quedó mirando a la chica de cabello rosado con los ojos ampliamente abiertos.

    —¡¿Cómo sabes eso, chica de Konoha?! —exclamó el shinobi de Suna dirigiéndose a la kunoichi. —¡Se suponía que esa información sólo la sabemos en Suna y los aliados de Orochimaru! ¡¿Cómo has llegado a saber eso?!

    Al instante, Sakura pudo ver cómo las miradas de los varones de su equipo se transformaban en caras de preocupación.

    —Sakura, ¿qué significa eso? —preguntó Kakashi con seriedad y firmeza.

    La chica dio un paso atrás mientras se abrazaba a sí misma. Sakura vio preocupación, confusión e incredulidad en el rostro de Naruto. No le daba confianza y no podía confiar en que la ayudaría. La joven sintió en ese momento verdadero pánico por su propia seguridad. Vio entonces a Sasuke quien, aunque mantenía una expresión de sorpresa y preocupación, a la chica de cabellos rosados le pareció que la miraba con ojos comprensivos. Es por él que Sakura decidió hablar.

    —Le escuché decirlo a… Lee-san…. —declaró Sakura en un hilo suave de voz.

    Ante la declaración de su alumna, Kakashi frunció el ceño extrañado y se llevó una mano a la barbilla pensativo. No estaba entendiendo nada. ¿Qué clase de información estaba dando Sakura? Ella era la miembro más inteligente del grupo y no diría jamás algo inventado. La mente del Jônin de cabello plateado comenzó a correr a mil por hora y debía pensar en cómo actuar teniendo en cuenta la nueva información que disponía, tanto si era falsa como si era verdadera.

    —Lee… ¿te estás refiriendo a Gejimayu, Sakura-chan? —preguntó Naruto mencionando el particular apodo que le había concedido a Rock Lee un tiempo atrás.

    Sakura afirmó asintiendo con la cabeza con una expresión miedosa sin dejar de mirar a Sasuke de reojo.

    —Le escuché, al tratar de visitarle, en la UMN que Konoha sería invadida por Suna y Oto y que Sandaime sería asesinado por Orochimaru en poco tiempo. —declaró Sakura contando lo que sabía.

    El chico Uchiha se llevó una mano al hombro con cierto dolor, confirmando que le dolía ante la mención del nombre de Orochimaru. Hatake Kakashi bajó el rostro, ocultando la perturbación tras la máscara, especialmente al escuchar ese nombre. ¿Orochimaru? ¿Es que acaso esa maldita serpiente estaba planeando atacar a la Aldea? ¿Por eso había estado haciendo todo lo que había hecho con Sasuke y Anko?

    “Tengo muchas dudas de todo esto, especialmente de lo que ha dicho Sakura, pero ahora no podemos más que actuar.” dijo golpeando en la nuca a Komaza sin dilación y dejándole inconsciente para asombro de sus alumnos.

    Rápidamente, Kakashi sacó un pergamino antes de que sus alumnos siquiera pudiesen hablar. Con un kunai, abrió su piel cortando su dedo pulgar y comenzó a escribir rápidamente con la sangre que emanaba de él. Kakashi dirigió su mirada a Naruto quien seguía sentado encima de los dos ninja de Suna.

    —Naruto, deja inconscientes a tus retenidos. 

    —¡Vale, Kakashi-sensei! —dijo el mencionado a la vez que golpeaba en la cabeza a los dos shinobi que estaban debajo suyo, quienes dejaron de protestar al instante.

    Kakashi terminó de completar el mensaje con la sangre de su cuerpo ante la atenta mirada de sus alumnos.

    —Hay un cambio en la misión. —manifestó el Jônin enrollando el pergamino que acababa de escribir. —Tengo nuevas órdenes para vosotros tres: tenéis que regresar por el camino que hemos venido, contactar con el destacamento de Sandaime Hokage y entregarle este mensaje con absoluta urgencia.

    Antes de terminar sus palabras, Kakashi había lanzado el pergamino a Sasuke, quien lo miró seriamente.

    —Eres el líder del escuadrón a partir de ahora, Sasuke. —declaró Kakashi con firmeza. —Hokage-sama tiene que estar ya de camino hacia aquí. Comunicad a los ANBU lo que hemos descubierto de boca de estos shinobis de Suna. Una vez lo hagáis, deberéis regresar inmediatamente a Konoha e informar al Consejo de la inminente invasión.

    —¡¿Qué?! ¡Pero Sakura-chan ha dicho que el Viejo puede morir! ¡Lo escuchó de Gejimayu! ¡Tenemos que regresar aquí para…!

    —¡No podemos confiar totalmente en lo que dijo un Genin en estado de enfermedad, Naruto!—decretó el Jônin de cabellos blancos con aún más firmeza. —Pase lo que pase aquí, ahora mismo vosotros tres sois la esperanza para evitar que suceda una catástrofe mayor en Konoha.

    Tras estas palabras, los tres Genin se miraron entre ellos y devolviendo la mirada a Kakashi afirmaron con convicción con la cabeza. Entonces, se lanzaron de camino al encuentro de Hokage por donde habían hecho el viaje de ida a la antigua capital. Desaparecieron casi al instante de allí.

    Hatake Kakashi se quedó soló con los cuatro Genin de Suna inconscientes. Sacando otro pergamino de color rojo, comenzó a sellarlos con un Fûinjutsu básico de captura. Al oeste, podía vislumbrar el Ôkogane Kyûden (Gran Palacio de Oro) de Furuya no Kyô, el lugar de reunión de los dos Kages. Quedaban menos de 24 horas para el encuentro de los gobernantes. Tras terminar sus acciones, Kakashi saltó hacia la copa de un árbol perdiéndose en su espesura y reduciendo al mínimo su presencia.

    “Naruto… Sasuke… Sakura… Lamento no poder contar con vosotros, pero es mejor que estéis lejos de lo que va a suceder aquí.” pensó Kakashi con gran seriedad tras todo lo que acababa de pasar. “No quiero que muráis.”

    PERFIL NINJA OFICIAL

    Número de Registro Ninja: 010252

    Apellido: Maito

    Nombre: Gai

    Apodo/sobrenombre: Gekimayu-sensei (Super Cejotas Sensei/ Maestro Cejacas) / Konoha no Kedakaki Aoi Mōjū (La Sublime Bestia Verde de Konoha)

    Fecha de nacimiento: 01 de enero del año 054 de la Era Moderna

    Sexo: Hombre

    Estatus: Activo

    Tipo sanguíneo: B

    Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego

    Clan/Familia: No reseñable

    Equipo: Genin Licenciado del Equipo 04 – 061 y Capitán del Equipo 03 – 079

    Rango Ninja: Jônin (año 069 de la Era Moderna)

    Categoría Ninja: Rescatador

    Naturalezas de Chakra: Fuego (Afinidad Natural)

    Kekkei Genkai: Inexistente

    Ocupación: Desconocida

    PRÓXIMO CAPÍTULO 

    PRESENTACIÓN

  • Capítulo 3 – Preparativos

    —Vamos, Lee, no pongas esa cara y resignate. —dijo Tenten intentando convencer a su compañero de equipo de que se sentase en un carro tirado por dos bueyes de gran tamaño.

    Rock Lee miraba poco convencido el carruaje cubierto que estaba terminando de ser cargado con bultos de mercancías con destino final a Suna. La Villa Oculta de la Arena o Sunagakure no Sato era la Aldea Ninja más pobre y débil que existía entre las Shinobi Godaikoku, las conocidas como Cinco Grandes Naciones Shinobi. Su población, poder militar y economía eran los más bajos entre todas. Todo esto se había acentuado desde el final de la Tercera Gran Guerra Ninja, 15 años atrás, debido a las políticas del todavía actual Daimyô del Viento, Kazetani Miya. Debido a esto, e independientemente de las problemáticas que existiesen, las mercancías debían seguir moviéndose para que la economía entre aldeas continuase su curso.

    —Pero, Tenten, tengo que continuar entrenando las partes de mi cuerpo que aún están sanas. Aunque sea un poco…

    Mientras mostraba cara de lástima, Lee trataba de sonar convincente en su razonamiento. Poco le gustaba la idea de formar parte de la carga del viaje. Pese a todo, al ser una misión de escolta de rango C con un herido era obligatorio el transporte de éste en un vehículo.

    —¿No estás intentando sacar de quicio las órdenes que te dio el fisioterapeuta, Lee? —dijo Neji bajando del carruaje tras terminar de preparar el asiento donde su compañero iba a viajar.

    Tenten resopló al tiempo que vio como su compañero de cabello negro comenzaba a replicar y excusar cada uno de los argumentos que Neji le hacía. ¿En qué momento pensó la joven kunoichi que la propuesta de viajar a Sunagakure fue buena idea? Comenzó entonces a recordar el acuerdo al que llegaron los tres para hacer esta misión a espaldas de Konoha.

    —¿Investigar Sunagakure? ¿Directamente allí, Tenten? —preguntó un asombrado Lee ante la intrépida propuesta de Tenten.

    La chica de cabello chocolate giró la cabeza fijándose en Lee, el cual la miraba como si se hubiese vuelto completamente loca.

    —Pues claro. Me parece que es lo más lógico que podemos hacer. —argumentó Tenten con confianza. —Piénsalo. Si vamos a los altos cargos y les contamos todo esto, no nos van a hacer ni el más mínimo caso. Ni siquiera Gai-sensei.

    Neji asentía a cada una de las palabras que Tenten iba diciéndole a Lee. Si Gai-sensei se enteraba de la verdadera finalidad de esta misión encubierta, les iba a dar un capón a cada uno de ellos y les ordenaría entrenar el doble o el triple de estricto. Realizar el reconocimiento por su cuenta en Suna bajo estas circunstancias y con el pretexto que les había llevado a esta situación era lo más lógico. Especialmente para asegurarse de que todo marchaba bien.

    —Lo mejor que podemos hacer es recopilar y confirmar información para poder transmitirla a Konoha, o incluso para que podamos actuar nosotros directamente. Sobre todo si se da esa supuesta invasión a nuestra Aldea que tanto te preocupa. —sentenció Tenten mientras hablaba con cierta sorna.

    Lee movía ligeramente la cabeza en negativa tratando de procesar el repentino cambio de actitud de su compañera.

    —Pero, ¿a expensas de la Aldea, de Gai-sensei, e incluso del Hokage? ¿Eso no sería acaso maquinación? ¿No nos meteremos en problemas? —preguntó Lee dudoso ante las palabras de su compañera de equipo.

    El joven herido se dio cuenta de que Tenten le miró con extrañeza ante lo que acababa de comentar, como si se tratase de una gran tontería. 

    —¿No decías tú mismo Lee que ya estabas en problemas al tener en tu poder esa supuesta información super veraz en la que simplemente te basas en lo que experimentaste en un Genjutsu? —repuso una irónica Tenten al argumento expuesto por su compañero de equipo. —No entiendo que es lo que te echa para atrás ahora…

    —¡No!…  quiero decir… — Lee trataba de encontrar las palabras adecuadas con dificultad para no ahondar en un enfrentamiento con su compañera de equipo. — Lo normal es que… siempre hemos informado a Hokage de nuestras acciones y movimientos antes. No me parece muy coherente actuar como lo estáis sugiriendo ahora.

    En ese momento, el chico convaleciente observó que Neji y Tenten se miraron entre sí con algo de extrañeza. Lee se sintió inquieto ante tal actitud. ¿Es que acaso había dicho algo raro? Vio como Tenten suspiró antes de volverse a sentar en la silla cercana a la cama de la habitación.

    —Lee, comprendo lo que dices, pero ese es el procedimiento teórico para actuaciones de máxima gravedad que nos enseñaron en la Academia Ninja. —replicó Tenten con paciencia al ver a Lee confuso. —En la práctica, y para otros casos, tenemos que hablar con otros intermediarios superiores, como ya sabes, ¿no?

    Lee se quedó callado ante esta declaración. ¿Era eso cierto? ¿Había todo un procedimiento para poder hablar con Hokage antes? ¿Acaso la posibilidad de poder contactar directamente con él era más compleja? Sin previo aviso, un pinchazo en la cabeza le hizo sentir confusión y malestar, justo cuando su mente trataba de clasificar sus recuerdos. Neji frunció el ceño ante el repentino movimiento de su compañero de equipo.

    —¿Te ha ocurrido de nuevo, Lee? —el chico de ojos blancos observó la cara de incomodidad de Lee. —Ya he observado que parece dolerte la cabeza de vez en cuando.

    —S-sí… parece que hay algo… extraño… —comentó Lee masajeando el lado derecho de su cabeza. —No sé qué es exactamente, pero creo que algo raro me pasa…

    —¿Algo raro? ¿En qué sentido? —preguntó Tenten con cierto tono de preocupación en su voz.

    La chica había estado dando vueltas al hecho de que Lee aún siguiera insistiendo en el extraño Genjutsu en el que había caído. El hecho de que comentase que seguía teniendo efectos de aquel ataque no era buena señal. Al fin y al cabo, los daños de un Genjutsu terminaban al salir del mismo.

    —Es como… si me costara saber exactamente que es ficticio y… qué es… real… —dijo Lee nervioso no queriendo sonar estúpido.

    Tenten levantó la ceja izquierda en señal de extrañeza. Este era el motivo por el que la chica trataba de mantenerse extremadamente cauta, casi cínica, con la variedad de informaciones que Lee estaba diciendo. Su compañero no sólo estaba afirmando que lo ocurrido en el Genjutsu era información completamente veraz, sino que estaba afectando a su percepción inmediata de la realidad. No era bueno y mucho menos fiable.

    —A lo que quiero llegar es que no podemos dejar que ahora mismo ningún superior llegue a saber esto, mucho menos Gai-sensei. —declaró la chica de cabello chocolate con convicción.—Como ya te he dicho antes, no nos harán caso, o peor pasaremos un día o dos en el calabozo por alteración del orden o desacato. Eso sólo retrasaría más las cosas.

    La cabeza de Lee hizo conexión ante estas palabras y pudo entender mejor el razonamiento de su compañera de equipo. Observó como Tenten cruzó sus brazos sobre sí misma y cerró los ojos para continuar.

    —De todas formas, también creo que viajar a Suna puede ayudarte en este sentido, Lee. Especialmente para que veas que nada de lo que viste en el Genjutsu es cierto.

    —¿Y de qué manera eso es así, Tenten? —preguntó Neji con una ceja levantada ante la repentina declaración de Tenten respecto a la problemática de Lee con los efectos del Genjutsu.

    Tenten se levantó de la silla y se dirigió al marcó de la ventana de la habitación. Desde allí, pudo ver hacia los rostros Hokage alzarse esplendorosos sobre la gran montaña de Konoha.

    —Lo que pienso es que de alguna manera puede ser que el hecho de viajar a Suna le confirme a Lee que no pasa nada y que no se va a producir ninguna invasión. —respondió simplemente la chica de cabello recogido a Neji. —Todo estará normal y sólo serán esos ninjas renegados que no paran de molestarnos.

    Neji agachó ligeramente la cabeza reflexivamente. No le convencían mucho los argumentos de Tenten, pero ¿por qué no intentarlo? Al fin y al cabo, se encontraban actualmente en un callejón sin salida y toda respuesta parecía apuntar a Suna.

    —Está bien. Pero, ¿cómo lo haremos? Lee está en rehabilitación y es imposible que le dejen salir de Konoha en estas condiciones. —preguntó Neji llevándose la mano a la barbilla.

    Tenten se dio cuenta de que su compañero de ojos blancos tenía razón. Hacer mover a Lee de su ubicación actual, la UMN, era algo que estaba fuera de alcance. Era más fácil que ella y Neji se desplazarán a Suna, pero sin motivo justificado para poder llegar allí tampoco les iban a dejar salir de Konoha. Al fin y al cabo, Lee era el único que contaba con “información privilegiada” para motivar la visita.

    —Si pudiésemos tener alguna excusa para que podamos transportarte… —declaró Tenten mirando de soslayo a Lee.

    Los tres Genin cerraron los ojos meditando cuidadosamente qué podían hacer. En cierto momento, la mente de Rock Lee comenzó a moverse nuevamente debido a los recuerdos vividos en el Genjutsu. Vio que tenía nuevamente 18 años y que viajaba al País de los Ríos con el resto de miembros del Equipo Gai. Un salto de tiempo en su mente le situó en una gran explanada de hierba, donde veía a una anciana ninja de Sunagakure usando una técnica muy particular en… ¿Sabaku no Gaara? para salvarlo… para salvarle la vida… una ninja médico, una Iryō-nin.

    Su nombre… ¿Cómo se llamaba ella? Se enfocó en el envejecido y arrugado rostro de la mujer. Pareciera que había pasado por cientos de experiencias entre la vida y la muerte, salvando y curando a shinobis, como si lo hiciese desde hace miles de años…

    Chiyo-bâsama.

    —¡Lo tengo! ¡Sé que podemos hacer! —exclamó repentinamente Rock Lee.

    La voz del joven de cabello negro hizo sobresaltar a Neji y a Tenten, quienes le miraron con sorpresa ante su euforia.

    —¿Es posible…? ¿Acaso pensaste en algo que podría funcionar, Lee? —preguntó Tenten con impresión.

    —Sí, acabo de pensar lo que vamos a hacer. Solicitaré una misión de escolta de rango C para viajar a Suna. —comenzó hablando el chico sobre su propuesta. —Allí hay una anciana kunoichi que es famosa por ser la mejor ninja médico de su tierra. La honorable Chiyo-bâsama.

    Los ojos de Tenten se abrieron de par en par al escuchar el nombre de la médico rival de la kunoichi Tsunade en boca de su compañero de equipo. 

    —¿Y qué tiene que ver ella en todo esto? —preguntó la chica con curiosidad.

    —Si utilizo el pretexto de ir a Suna para que Chiyo-bâsama intente curar mi condición, no tendré ningún problema para poder salir de Konoha. —explico simplemente Lee con cierto aire de suficiencia. —Sé que ella es más bien experta en venenos y que le será imposible tratarme por la gravedad de mis heridas, pero al menos nos servirá como motivo para desplazarnos.

    Mientras Tenten se quedó perpleja por el grado de conocimiento de Lee de la anciana de Suna, Neji se llevó nuevamente una mano a la barbilla pensativo. Era cierto. No sonaba raro ni sospechoso que Lee saliese de Konoha para buscar ayuda médica en lugares aliados, sobre todo al no haber un especialista de gran calibre en la Aldea. Sonaba como una buena tapadera.

    —Además, para más seguridad, propondré en mi solicitud que vosotros dos seáis mis escoltas. Sois mis compañeros de Equipo de Graduación y deducirán que me siento más cómodo viajando con vosotros. —terminó de explicar Lee sonriendo.

    Los ojos de Tenten parecieron centellear. En verdad, la chica pensó que el plan de Lee era muy bueno para el normalmente impulsivo chico que se dejaba llevar por la acción del momento y que no paraba de entrenar constantemente hasta el punto de la inanición.

    —Y ahora que lo pienso mejor, desde Suna no podrán negarse a la solicitud, ya que conocen el grado de la gravedad del asunto y el daño cometido por Sabaku no Gaara y de sus hermanos. Le deben un favor a nuestra Aldea, y en concreto a nuestro equipo. —declaró finalmente Tenten exultante.

    Lee levantó una mano e hizo su particular pose del ”Buen Chico” con el pulgar en alto hacia su compañera.

    —¡Exacto, Tenten! ¡Qué bien que entendiste!

    —¡Oye, no te hagas el listo, Lee! ¡Normalmente es a ti a quien hay que explicarle las cosas!

    La chica sonrió fingiendo golpear en la nuca a Lee en broma mientras Neji comenzó a comentar los pormenores del plan. Lo primero y más importante ahora era solicitar la misión a la Oficina de Hokage. Todo estaba resultando perfecto. Al fin y al cabo, ¿qué dificultad podría tener esta misión si los tres iban juntos?

    Tenten volvió a centrarse en el presente y vio que Neji y Lee seguían discutiendo los contras y los pros, respectivamente, de llevar al segundo a Suna en el carro de bueyes. La chica, visiblemente nerviosa, resopló sonoramente y fue decidida a terminar con la discusión entre ambos.

    —¡Déjalo ya, Lee! ¡Es imposible que vayas caminando todo el camino hasta Suna. Tardaríamos mucho más y añade que tu estado físico puede empeorar por mucho que quieras negarlo! —decretó Tenten con las manos puestas en sus caderas como una hermana mayor que regaña a su hermano pequeño.

    En ese momento, a Tenten le pareció que Lee la miraba con ojos brillantes y hacía un ligero puchero con el labio inferior. Instantáneamente, la chica sintió que le invadió un sentimiento de culpa y compasión por su compañero ante la mirada de derrota que tenía. No era que quisiera molestarlo o hacerle sentir mal, pero tenía que ponerle límites sobre él mismo, debido a la tendencia de Lee por saltárselos.

    —Está bien, Tenten… Pero me avergüenza pensar que la gente me pueda ver en estas condiciones… —dijo Lee con un hilo de voz dirigiendo una mirada al suelo mientras miraba con derrota el cabestrillo del brazo.

    Tenten vio que era la primera vez que su compañero se mostraba tan decaído delante de ellos por el daño causado en su cuerpo tras el ataque de Sabaku no Gaara. Él era siempre tan estúpidamente enérgico y positivo que verle así causaba tristeza y, de alguna manera, hasta desesperanza. Ante el panorama que se estaba produciendo entre sus dos compañeros, Neji se propuso actuar.

    —Piénsalo de otra manera, Lee. —dijo Neji en un intento por ayudarlo. —Reposar también forma parte del verdadero entrenamiento. Los Hyûga nos tomamos en serio el descanso, en especial tras misiones duras y ejercicios.

    Lee seguía con la mirada en el suelo, aferrándose a la muleta que sujetaba su cuerpo. No le estaba convenciendo mucho el alegato de su compañero de ojos blancos. Sentía que era más una excusa para hacerle entrar en razón. 

    Entonces, Neji suspiró y cerró los ojos suavemente. El chico Hyûga recordó a otros parientes de la rama secundaria de su misma edad recalcando que necesitaba ser más expresivo y ser un apoyo para sus compañeros, incluso si tenía que hacer o decir cosas que no coincidieran con su carácter. Es por ello que Neji nunca pensó que iba a llegar a decir esto jamás, pero no le quedaba más remedio. Era por el bien de la misión y por el bien de Lee.

    —A lo que me refiero… es que si no descansas te será difícil entrenar más adelante. Y, si eso pasa, ¿cómo piensas… rivalizar conmigo o… si acaso vencerme? —expresó Neji con gran dificultad, casi cómicamente.

    Aunque no supo qué bicho le había picado a su compañero de ojos blancos, Tenten, entendiendo las intenciones de Neji, aprovechó las palabras de su compañero para seguirle la corriente.

    —E-es verdad, Lee… Tú siempre lo dices: qué vencerás a Neji cueste lo que cueste. No importa cuán arduo sea o lo mucho que tengas que entrenar. Que el esfuerzo vencerá al talento.

    Hubo un silencio extraño en Lee que hizo que ambos, Neji y Tenten, se miraran sin saber qué decir. Tras un instante de incredulidad, la mirada de Lee se encendió con toda la fuerza del Poder de la Juventud. Era tan intensa su mirada que a Neji y a Tenten les pareció que el chico ardía en una repentina llamarada a su alrededor.

    —¡Tenéis razón, Neji,Tenten! ¡El Poder de la Juventud se manifiesta de maneras únicas e inescrutables! —gritó Lee mientras cerraba el puño derecho con pasión. —¡El descanso también forma parte del entrenamiento!

    —¡Bien dicho, Lee! ¡La flagrante llama de la Juventud debe seguir resplandeciendo en ti de esa manera! —exclamó Maito Gai apareciendo por sorpresa delante de su discípulo tras terminar de hablar con uno de los mercaderes.

    —¡Gai-sensei!

    —¡Lee!

    Ambos se abrazaron efusivamente mientras caían grandes lagrimones por sus ojos de manera cómica.

    Neji giró los ojos dentro de sus cuencas sintiendo que se volvían aún más blancos al observar a su sensei abrazar a Lee en su típica escena del Poder de la Juventud. Tenten se llevó una mano a la cara avergonzada mientras las personas que pasaban por delante del Portón Sur de la Aldea miraban extrañados o divertidos al dúo dinámico.

    Y es que ambos, alumno y maestro, tenían una relación particularmente estrecha desde hacía tiempo que les llevaba a mostrar alegatos y comportamientos extremos de afectividad, los cuales provocaban desde risa hasta incomodidad a quienes los veían. Pese a que Neji y Tenten se iban acostumbrando a ello, en ocasiones, esa actitud tan ferviente les seguía avergonzando.

    No obstante, ambos jóvenes se dieron cuenta de que Lee parecía haber recuperado el ánimo y Gai-sensei estaba ayudando en apoyarle. Es posible que no fuese mala idea que su maestro fuese incorporado a la misión de Suna a último momento.

    —Por cierto, Gai-sensei… Recuérdenos, ¿cuál era el motivo para venir con nosotros a Suna? —preguntó Tenten a su maestro quien no se había pronunciado sobre ese asunto.

    Un Gai más relajado, y que había dejado de abrazar a su alumno, se giró hacia Tenten mientras Neji ayudaba a Lee a sentarse en el carruaje cómodamente preparado.

    —¿Uh? No podía dejar pasar el hecho de que mis tres queridos estudiantes fuesen a una misión con fines médicos para ayudar a Lee y yo no estar presente. —dijo Gai con una sonrisa en los labios. —Además, no estará de más hacer un poco de turismo para relajarnos después de tanta tensión esta semana.

    Tenten le miró a los ojos y vio la típica y distendida mirada de su maestro. Había algo que, por algún motivo, no le cuadraba a la joven chica, pero decidió no darle demasiada importancia. No sabía si era una corazonada o su instinto de Asesina. A pesar de todo, mientras Gai-sensei animase a Lee durante la misión estaba bien para ella.

    —Está bien, todos. ¡Nos vamos! —se escuchó alzar la voz a uno de los líderes de mercaderes que partían esa mañana de Konoha a distintos puntos de la geografía del mundo Shinobi.

    Cinco minutos después del aviso, el Equipo Gai estaba saliendo por el Portón Sur de la Aldea en dirección al cruce de caminos que dirigía a Sunagakure.

    “Bien. Ya hemos comenzado. Ahora sólo hace falta llegar a Suna y comenzar con la misión.” pensó Tenten mientras lanzaba una mirada cómplice a sus compañeros, quienes asentían ligeramente.

    Maito Gai miró a sus estudiantes desde atrás al tiempo que la caravana avanzaba. Eran tres días de viaje y tenía tiempo para pensar en lo que se iba a encontrar en Suna y cómo debería actuar para su misión de espionaje.

    “Neji… Tenten… Lee… Perdonadme.“ pensó el Jônin con un ligero atisbo de tristeza. “Siento utilizaros, pero es por el bien de nuestra aldea.”

    —Esto será tan emocionante como ver crecer el pasto. —declaró la anciana Chiyo mientras terminaba de leer el mensaje que le había traído un ave mensajera desde la Oficina de Kazekage.

    —¿Otra petición con el mismo tema del mes pasado? —dijo un hombre de avanzada edad que resultaba ser el hermano menor de Chiyo, Ebizô.

    Ambos ancianos se encontraban en el patio de su casa de retiro pescando en la pequeña fuente de la que disponían, como cotidianamente hacían.

    —No. Esto es una petición formal de Konoha por el incidente que causó Gaara hace 10 días. Lo han solicitado expresamente como favor especial. No se puede rechazar. —dijo la anciana mientras le pasaba el papel a Ebizô.

    La cara de Chiyo se arrugó más. Era la segunda vez en trece años que le habían solicitado abandonar su retiro, y en menos de dos meses. ¡Era inadmisible para la anciana! El hombre de velludas y amplias cejas levantó la vista del escrito tras leer el mensaje con gran rapidez.

    —A primera vista, este chico parece haber sufrido mucho daño. Si es cierto que abrió las famosas Hachimon Tônko y llegase haber sufrido daños intramedulares no sé hasta qué punto podrás ayudarle. —declaró el hombre al doblar por la mitad el papel mientras se levantaba de su lugar.

    Chiyo se puso en pie para dirigirse a la Oficina Kazekage a confirmar directamente que aceptaría tratar al chico. El joven llamado Rock Lee acababa de llegar escoltado de un viaje de tres días desde Konoha para recibir atención médica especializada por el daño recibido de Gaara y de la apertura de Hachimon Tônko para sobrevivir a su ataque y derrotarlo.

    —Pese a todo no me puedo negar a revisarlo. Es una cuestión diplomática. —repuso la mujer que se estiraba mientras hablaba. —No me dejarán en paz hasta que lo vea y, al menos, le dé un diagnóstico.

    Tras esas palabras, la pareja de los Gokyōdai, los Honorables Hermanos, se puso en marcha hacia la Mansión de Kazekage sin tiempo que esperar. Anduvieron por unas privadas y estrechas callejuelas de estuco hasta ingresar por la entrada trasera del enorme edificio de arena con el kanji de “viento” rotulado en la fachada principal. Los guardias de la entrada les saludaron con gran fervor.

    —Lo cierto es que es una lástima… —comentó Ebizô ante el caso que debía llevar su hermana mientras recorrían los pasillos de la estancia. —Es un chico de… ¿cuánto, 13 o 14 años decía la nota? Un daño tan grande para alguien que comenzó a ser Genin es, cuanto menos, dramático.

    Chiyo no había cambiado la expresión de su rostro desde que entraron en la zona de las dependencias administrativas más importantes de Kazekage. No obstante, su tono de voz reflejó el malestar que sentía.

    —Gaara tenía que causar estragos materiales, pero no debía llegar al extremo de incapacitar y de matar a nadie. —declaró la anciana con firmeza recordando lo escrito en la nota que le llegó. —Se excedió con los límites de su misión. No hace más que causarnos problemas.

    La nota no exponía solamente la solicitud de terapia a Rock Lee, sino también las bajas resultantes de la actitud maníaca de Gaara. Ebizô se mantuvo callado ante las palabras de su hermana mayor mientras cruzaban despacio el largo pasillo en dirección a la Oficina de Kazekage. Entonces, su mirada se posó en quienes parecían ser tres Jônin que parecían discutir.

    —¿Le ha podido ver, Isago-san? —preguntó un hombre muy preocupado.

    —Ha sido imposible. No dejan que en la Oficina Kazekage nadie entre más que los miembros del Consejo. —respondió el ninja aludido que era el oficial más cercano a Baki, el maestro y Jônin a cargo de los hijos del Kazekage.

    —Esto es un problema. Los Genin recién egresados se están empezando a impacientar al no tener su primera misión en manos de Kazekage-sama. —replicó impaciente el primer Jônin. —Ahora Baki-san ni siquiera está aquí más…

    —¿Y qué más quieres que él haga, Satetsu? —dijo con visible molestia un hombre llamado Otokaze. —Isago-san ha intentado de todas las maneras posibles hablar con Rasa-sama. No podemos exigirle más o le meteríamos en problemas.

    —Lo sé, pero la situación está comenzando a ser complicada. —repuso Satetsu con sudor en la frente. —Los rumores de que Rasa-sama está muy enfermo se están volviendo más estrambóticos. Algunos dicen que se contagió de lepra cuando partió a las tierras del norte hace tres meses. O que está a punto de morir de leucemia provocada por el Kekkei Genkai de su familia y…

    La pareja de ancianos se paró en seco a unos pasos de los Jônin. Éstos no habían sido conscientes de su presencia debido a la acalorada conversación.

    —Lo que deberíais dejar de hacer es de hablar cosas inútiles, vosotros tres. —comenzó diciendo Chiyo con visible molestia, quien había escuchado su intercambio de palabras.

    Los tres Jônin se giraron casi de golpe al escuchar la solemne voz de la mujer. No podían creer ante sus ojos que estaban los Gokyōdai delante de ellos. Se suponía que estaban retirados y recluidos por voluntad personal.

    —¡Chiyo-bâsama! ¡Ebizō-jîsama! —exclamaron los tres Jônin de Suna con sorpresa en sus voces.

    Ebizô dio un paso al frente. Su porte era firme y no decaía en absoluto, mostrando la dignidad de quienes sobreviven en un mundo donde la muerte se ceba con los más jóvenes.

    —Vuestro trabajo es cumplir las órdenes que os ha dado Kazekage, sus asesores y ayudantes más directos. No es vuestra responsabilidad estar pendientes de la salud de Rasa-sama. —dijo Ebizô con seriedad en su voz. —En lugar de perder el tiempo aquí, id a cumplir con las obligaciones que se os han encomendado.

    Satetsu, Otokaze e Isago se miraron entre sí con cara de vergüenza y, tras una disculpa y una reverencia a los dos hermanos, se marcharon rápidamente con un atisbo de inconformidad en sus rostros. Chiyo y Ebizô volvieron a estar en silencio cuando reemprendieron su marcha hacia la Oficina del Kazekage. Sunagakure estaba en un momento delicado moralmente. Al menos, en apariencia.

    —Con lo que han dicho estos tres, parece que los planes deben ir avanzando como se pactaron. —apuntilló Ebizô asumiendo como reales las apreciaciones de los Jônin anteriores.

    Chiyo asintió con la cabeza mientras posaba su mirada en la tupida y larga alfombra del pasillo.

    —Los Ancianos del Consejo estarán terminando de concretar con Konoha la reunión de dentro de cuatro días. —señaló la mujer arrugando su rostro aún más. —Es de esperar que nuestros recientes aliados también han comenzado a moverse como lo concretamos.

    —Orochimaru entonces debe estar de camino al punto de encuentro. —puntualizó Ebizo con presteza. —Sigo pensando que es una jugada arriesgada el hecho de planear con él, pero… ¿quién escucha a los viejos, eh, hermana?

    La mujer se quedó en silencio ante la pregunta de su hermano pequeño. Debido a la conversión de su nieto Sasori en ninja renegado de Suna, ella y su hermano Ebizô se habían visto obligados a retirarse forzosamente de la vida militar y social de la aldea. Ya nadie quería saber nada de ellos, ni de su estado. Era tan doloroso para Chiyo que todos sus deseos de reconectar con el mundo exterior cesaban al recordar el dulce y joven rostro de su nieto. Los dos ancianos acabaron por llegar delante de la puerta de madera de la Oficina del Kazekage. Chiyo tomó el pomo de la sencilla puerta de madera y giró para abrirla por completo. Los dos hermanos ancianos se quedaron mirando al fondo de la sala.

    Allí vieron a Rasa, Yondaime Kazekage, con un aspecto de salud envidiable, pese a los rumores que circulaban. A su lado izquierdo, estaba su Secretario Personal, un hombre de aspecto siniestro llamado Fugi que permanecía en silencio total. En esos momentos, Kazekage estaba hablando con una persona que portaba una larga capa negra que le cubría entero. Los dos ancianos no reconocieron al encapuchado que se encontraba sentado en la mesa de Kazekage. Parecía que mostraba un comportamiento pícaro y serio a la vez.

    —Oh, Chiyo-baâsama, Ebizōjîsama. Es un buen momento en el que han llegado. Déjenme presentarles a alguien. —dijo Kazekage consciente de la llegada de los ancianos señalando al susodicho encapuchado.

    El travieso hombre se puso de pie en lo alto de la mesa y, tras un salto, procedió a acercarse a los ancianos hermanos. A los dos no les gustó las sensaciones que destilaba de su cuerpo.

    —Es un gusto conocer presencialmente a los Gokyōdai. —dijo el hombre con una voz cautivadora que les puso los pelos de punta. —Chiyo-kun, Ebizô-kun.

    Por algún motivo que desconocía, Chiyo se puso en alerta. ¿Qué significaba todo esto? ¿Quién era ese hombre y por qué el nombre de ella y de su hermano sonaba tan absurdamente familiar en sus labios? Una gota de sudor se escurría por su frente, incapaz de moverse de su sitio.

    —Me llamo Toshikomi. Estoy deseando trabajar con ustedes.

    El hombre sonrió quitándose la capucha de su capa revelando su rostro. Chiyo y Ebizô abrieron sus ojos como platos llenos de un miedo feral que hacía mucho tiempo que no sentían. 

    ¿Quién demonios era él?

    —¡Oye, tú! ¡¿Cuándo se supone que nos van a dar de comer, eh?!

    —¡Eso, eso! ¡Tenemos hambre!

    La tensa situación se estaba produciendo dentro de un calabozo de Konoha. Las paredes, gruesas y frías del calabozo, las cuales estaban construidas con un hormigón especial tan denso que parecía desafiar la propia naturaleza, eran testigo de cómo aumentaba la tensión de la disputa. El aire estaba cargado de una energía sutil pero innegable, un recordatorio constante de la imposibilidad de salir de allí. Las continuas quejas provenían de dos prisioneros de la celda T04-35. 

    —¡¿Por qué no te callas?! ¡El hambre no es lo que molesta, sino que me estés poniendo el culo en la cara! —espetó uno de los presos contra uno de sus compañeros quejicas.

    —¡Pues no estés sentado! ¡Ponte en pie como todos los demás, imbécil!

    Repentinamente, un fuerte golpe sonó en los barrotes de la celda donde se estaba calentando la discusión. Todos miraron tras las verjas de acero.

    —¡Silencio! ¡En vuestra situación no tenéis derecho a exigir nada! —espetó tras la celda un ninja de pelo rizado y apariencia gruesa.

    —¡Si estuviese aquí Kazekage o la venerable Chiyo-bâsama no tendrías las pelotas de hablar así! —respondió con sorna otro prisionero.

    Kanden Tekuno chistó ante la retadora respuesta. Había sido puesto al cargo junto con otros shinobi para vigilar a los prisioneros de uno de los calabozos desde hacía seis meses. Tekuno era un Jônin normalmente jovial y con buen sentido del humor. Según sus compañeros, cualquier misión se pasaba rápido gracias a que él estaba allí.

    No obstante, desde hacía dos meses el humor de Tekuno había empeorado. Él y sus compañeros no paraban de estar en alerta por las quejas de los prisioneros, y es que no paraban de llegar. A cada momento había gritos y cánticos provenientes de los presos que perturbaban el estado mental del pobre Jônin.

    El calabozo que custodiaba se encontraba en una alta torre en mitad de una de las pequeñas isletas del río Naka al suroeste que regaba Konoha. Sólo había un acceso de salida y entrada: la puerta principal que conectaba a la única estancia de la torre a través de unas largas escaleras. Finalmente, las cuatro celdas que había eran pequeñísimas y sólo por un pequeño reducto podía entrar y salir la luz del sol. Estaban hechas para que únicamente hubiese un prisionero. No obstante, debido al aumento de ninjas renegados procedentes de Suna se habían tomado medidas extremas debido a la falta de espacio. Ahora mismo había entre 4 y 5 personas en cada una.

    —¡Qué pesadez! —farfulló Tekuno mientras se fue a sentar en la mesa de la sala donde estaba su compañero bebiendo en un vaso. —¿Sabes alguna novedad sobre la redistribución de estos bastardos, Hayama?

    —He escuchado que tienen pensado poner en parón los procedimientos judiciales civiles. De esa manera, los juicios militares serán más rápidos y se les enviará a su destino final. —dijo con calma el otro ninja que se llamaba Shirakumo Hayama.

    Tekuno puso los ojos en blanco al sentarse cerca de Hayama y servirse té en un vaso. No era la primera vez que trabajaban juntos y se conocían bien. Ambos Jônin no destacaban por nada en particular, simplemente cumplían sus obligaciones, aunque les pusieran de los nervios. No obstante, pese a todo lo que estaba pasando, a Tekuno le asombraba ver que Hayama mantenía un estado mental relajado.

    —¡¿Y cuándo piensan hacerlo, eh?! ¡No sé tú, pero yo no aguanto ni un día más a estos sacos de mierda quejándose como si fuesen príncipes o ministros! —terminó de decir mientras tragaba rápido el vaso lleno de té frío para mojar su garganta y tratar de calmarse.

    Hayama se llevó de nuevo su vaso a los labios despacio. Reconocía que su compañero tenía razón. Estos ninjas renegados de Suna estaban siendo muy molestos, pero sólo tendrían que esperar un poco más y estarían más tranquilos.

    Un instante después de esas reflexiones, Hayama vio como la puerta de la estancia se abrió mientras entraban cuatro ANBU que acompañaban a un nuevo preso al interior de la torre. El individuo llevaba dos grilletes fuertemente apretados, uno en el cuello y otro en las muñecas a la espalda, que estaban enganchados a dos cadenas cada uno. Cada ANBU sujetaba una de ellas.

    —¡Ah, no! ¡No, no, no! ¡Ni hablar del peluquín! —Tekuno habló rápidamente como saludo a quienes acababan de entrar. —¡Aquí no va a entrar nadie más! ¡Lleváoslo a otro lado!

    Los ANBU no se inmutaron. El Capitán ANBU que portaba una máscara con forma de ave dio un paso al frente ante las declaraciones del enfadado Jônin.

    —Órdenes directas del Hokage. —dijo simplemente y con calma en su voz. —Por sus habilidades, es necesario que esté aquí.

    Hayama miró al prisionero. Era un chico joven de no más de 13 años. Llevaba en la frente un tatuaje con el kanji “amor” en el lado izquierdo. Sus ojos estaban delineados de color negro y permanecían cerrados completamente. 

    “Así que nos toca vigilar a Sabaku no Gaara…” pensó Hayama frunciendo el ceño. “Creo que esto va a ser una molestia.”

    —¡Me da igual! ¡Hay otros calabozos en la torre del este! ¡Lleváoslo por allí! —exclamó indignado Tekuno.

    El Capitán ANBU negó despacio con la cabeza tras escuchar las exigencias de Tekuno.

    —Está es la parte del río con mayor volumen de agua. Sus ataques de arena se verán debilitados en caso de que se atreva a usarlos. —declaró el Capitán mientras señalaba a Gaara con firmeza.

    Tekuno apretó los dientes y chistó con indignación ante las reposición del líder ANBU. Ante el aumento de la tensión, Hayama procedió a intervenir para evitar que el conflicto escalase. Bastante había ya con lo que acababa de pasar con el resto de prisioneros. 

    —Nos encargaremos de él. —dijo conduciendo al grupo al frente de una de las celdas.

    El grupo ANBU comenzó a avanzar liderado por su Capitán. Tekuno vio como sus portes y comportamientos eran nobles y llenos de confianza. Típico de los ANBU.

    —Por cierto, hay una instrucción extra sobre este prisionero. Es mejor que esté en una celda sólo. Os recomendamos que reacomodéis a los demás. Para evitar posibles incidentes. —inquirió brevemente el Capitán ANBU.

    Repentinamente, hubo un estallido de gritos y quejas en las cuatro celdas ante las palabras del líder del escuadrón secreto de Konoha.

    —¡Ni de coña!

    —¡¿Vais a meter a más aquí?!

    —¡Vamos a quedar como sardinas en lata!

    Un nuevo golpe al metal se escuchó. Tekuno había avanzado con rapidez y había pegado un violento impacto contra una de las celdas con su porra de metal.

    —¡A callar! ¡Vosotros haréis lo que se os diga! ¡Salid inmediatamente!

    Tras las feroces órdenes de Tekuno, y un poco de ayuda de todos los ninjas presentes de Konoha, consiguieron dejar una celda en solitario para Sabaku no Gaara, no sin dificultad por parte del resto de presos contra los que hubo que usar la fuerza bruta.

    —Tienes suerte, Sabaku no Gaara. Si no fueras el hijo del Kazekage, estarías en peores condiciones. —habló uno de los ANBU tras cerrar la puerta de la celda. —Podrías darnos las gracias.

    El ninja de Suna permaneció en absoluto silencio. Ninguno de los ANBU se sorprendió ante esta conducta. Sabaku no Gaara se había comportado muy tranquilo desde que fue liberado del pergamino en el que fue sellado. Los propios ANBU y los miembros del Equipo de Análisis se habían hecho cargo de buscar información sobre los hijos de Kazekage y habían corroborado que este era el comportamiento habitual en su tierra natal. La mayoría de veces simplemente mostraba indiferencia y lejanía frente al ansia asesina que había demostrado en las inmediaciones de Konoha en el pasado.

    —En fin, nosotros nos vamos. Recibiréis noticias de la redistribución de presos tras la reunión de Hokage. —dijo el Capitán ANBU mientras él y su grupo salían por la puerta. —Se tiene pensado crear un tribunal shinobi de urgencia para esta situación y hacer que éstos cumplan su condena según sus acciones contra Konoha.

    Una nueva oleada de quejas procedentes de las celdas se dejó escuchar por la sala de la torre tras la despedida del Capitán ANBU.

    —¡No nos dejéis con estos! ¡No nos dan de comer!

    —¡Cállate ya! ¡Intentó descansar!

    —¡No, cállate tú!

    Tekuno resopló con una mezcla de cansancio y resignación mientras se sentó nuevamente en una de las sillas cercanas a la mesa. Por fin se iba a hacer algo con todos los prisioneros tras la reunión de Hokage, y eso era un alivio. Hayama, por su parte, se quedó mirando a Sabaku no Gaara unos instantes más. Le observó con el ceño profundamente fruncido y habló con una frialdad pasmosa.

    —Mataste a varios compañeros y heriste a muchos otros, bastardo. Si no fueras hijo del Kazekage, ahora mismo no tendría piedad de ti en sacarte todas las entrañas.

    Tekuno vio como Hayama se alejaba de la celda tras decir esto. Sabía que el ninja con la cicatriz en el labio estaba afectado por la muerte de quienes habían caído en manos de Sabaku no Gaara. No obstante, tenía la seguridad de que no se tomaría la justicia por su mano, por su sentido del deber.

    Gaara se quedó en silencio dentro de su celda. Lentamente abrió los ojos y vio que los dos ninja de Konoha se quedaron sentados mientras bebían y charlaban con tranquilidad.

    “Empieza la operación.” pensó el ninja de Suna con una fría calma.

    Poco a poco, de los dedos de las manos de Gaara, comenzó a caer un finísimo polvo de arena procedente de la armadura que cubría su cuerpo. La última que le quedaba en ese momento.

    —Ugh, la piel se me está secando un montón. —dijo Tenten mientras se rascaba la cara con las uñas.

    Efectivamente, la fina arena del desierto picaba y resecaba endemoniadamente. La chica de Konoha pensaba en cómo era posible que Sabaku no Gaara llevase con él siempre una tinaja llena de arena. Estaba segura de que toda la humedad del ambiente se debía almacenar en ese cacharro.

    —La tormenta de arena está comenzando a amainar. En breve, podremos ponernos en marcha hacia Suna. —escuchó decir Tenten a un mercader que terminaba de observar afuera de la tienda de campaña.

    Actualmente, la caravana en la que estaba viajando el Equipo Gai se había parado desde hacía cinco horas. Les había sorprendido una tormenta de arena y tuvieron que acampar a causa de ello. Aunque esto era un pequeño contratiempo, los tres jóvenes Genin del Equipo Gai se lo tomaron como una oportunidad para descansar y prepararse para aquello para lo que había decidido ir a Suna.

    —En breve, tenemos que mentalizarnos para actuar, como planeamos durante el viaje. —dijo Neji en un susurro de voz que sólo escucharon sus dos compañeros de equipo.

    —Sí, Neji. Si todo sale bien, creo que vamos a poder pararles los pies a tiempo. —dijo Lee con convicción.

    Tenten dejó de beber de su vaso mientras agitaba la cabeza negativamente tras el comentario de su compañero de equipo. El interior de la caravana se sentía como un oasis de frescura y comodidad en medio del implacable desierto. La luz del sol se filtraba tenuemente a través de las gruesas telas, las cuales protegían del calor abrasador del exterior.

    —Aún sigues con esas, Lee. Has estado todo el viaje diciendo lo mismo. —Tenten volvió a rascarse la mejilla tratando de hacer parar la comezón. —En fin, pronto verás cómo tus presunciones son todas falsas.

    —En el fondo, espero que tengas razón, Tenten.

    El chico de cabello negro dedicó una sonrisa triste a su compañera. Tenten pudo ver una mirada en él que no supo descifrar. Por su parte, Neji simplemente permaneció en silencio, absorto en sus propios pensamientos.

    Al mismo tiempo, los jóvenes Genin del Equipo Gai miraron a Gai-sensei, quien estaba hablando muy animadamente con los mercaderes a los que habían acompañado durante el viaje. En el centro de la estancia, donde se encontraba el grupo de adultos, una mesa baja de madera tallada se alzaba sobre una alfombra de lana tejida a mano. Todos estaban reunidos y sentados encima de ella, comiendo y bebiendo animadamente.

    —Por cierto, ¿creéis que Gai-sensei se ha enterado de nuestro verdadero propósito? —preguntó Tenten en un susurro mirando de soslayo a su maestro. —Me preocupa un poco que haya podido adivinar algo…

    Neji negó con la cabeza ante la pregunta de su compañera de equipo.

    —Si lo hubiese sabido, ya habría montado un escándalo. Ten por seguro que nos hubiera dado una charla y un golpe en la cabeza. —dijo Neji cerrando los ojos recordando a sus compañeros el comportamiento típico de su maestro. — Así que no. Él no sabe nada.

    El chico de ojos blancos se llevó el vaso de té caliente con azúcar a los labios tras acabar de hablar. En verdad, quería terminar cuanto antes esta misión y regresar a casa, pero, de manera también opuesta, sentía que quería continuar y acallar el torrente de pensamientos que no paraba de perseguirlo después de que Lee fue víctima de aquel Genjutsu. Su mente no había dejado de estar revuelta debido a  todas las cosas extrañas por las que le habían hecho dudar.

    De repente, un pequeño y agudo grito hizo salir de sus pensamientos al chico del clan Hyûga.

    —¡Papá, ya ha terminado! —exclamó el hijo de uno de los mercaderes con alegría quien salió corriendo de la tienda. —¡Vamos a jugar fuera!

    —¡Ah! ¡Pero no salgas de golpe!

    Maito Gai se levantó de inmediato y salió de la tienda para ver el panorama del desierto dejando la conversación a medias. Neji y Tenten también se levantaron casi inmediatamente mientras ayudaban a Lee a incorporarse para también salir hasta el exterior de la tienda.

    Una luz les cegó al salir. El cielo del País del Viento era de un intenso color azul claro y estaba mucho más potenciado tras el fin de la tormenta. La arena color beige coloreaba las dunas al tiempo que el sol se situaba en lo más alto del firmamento. Debía ser cerca del mediodía. 

    —Mirad, allí está. Sunagakure no Sato. —exclamó Maito Gai señalando al oeste.

    Neji, Lee y Tenten se giraron sobre sus pasos y, en un instante, la vieron. En el horizonte, Sunagakure se alzaba como un espejismo en medio del desierto implacable. La Aldea Shinobi emergía de las dunas doradas como una fortaleza de piedra y arena, fundiéndose con el paisaje circundante. Los enormes muros de adobe y estuco que se plegablan daban un aspecto como de forma circular sobre la ciudad de imagen arenosa. En los cielos, algunas aves rapaces pululaban a la espera de cazar a su indefensa presa. Sin duda, Suna evocaba una imagen misteriosa.

    —Bien. Vamos a ponernos en marcha. —exclamó el maestro y líder del Equipo 03-079.

    Tras decir esto. Maito Gai entró nuevamente para recoger sus pertenencias y ayudar a levantar la tienda, dejando sólos a los tres jóvenes Genin. Éstos miraban con una mezcla de interés y asombro la grandiosa construcción, nunca antes vista por ellos.

    —Bueno, ahí está. —dijo Neji cruzando sus brazos sobre sí mismo.

    —Ya no podemos dar marcha atrás, ¿cierto? —inquirió Tenten rascándose la nuca.

    Sin embargo, lejos de decir algo, Rock Lee permaneció en silencio, simplemente observando a su alrededor. Apretó los puños con algo de fuerza al recordar la destrucción de Konoha. Esta vez tenía la oportunidad de que todo fuese diferente y lo iba a aprovechar.

    “Esta vez será distinto… ¡Descubriremos que está pasando en Sunagakure y lo detendremos!” pensó el chico de gruesas cejas con determinación.

    Los tres chicos de Konoha se miraron un instante entre sí antes de regresar al interior de la tienda de campaña e iniciar los primeros pasos de su operación secreta. En menos de media hora, se encontrarían de frente con las puertas de Sunagakure.

    PERFIL NINJA OFICIAL

    Número de Registro Ninja: 012573

    Apellido: No consta

    Nombre: Tenten

    Apodo/sobrenombre: No consta

    Fecha de nacimiento: 09 de marzo del año 067 de la Era Moderna

    Sexo: Mujer

    Estatus: Activa

    Tipo sanguíneo: B

    Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego

    Clan/Familia: No reseñable

    Equipo: Genin Licenciado del Equipo 03 – 079

    Rango Ninja: Genin (año 079 de la Era Moderna)

    Categoría Ninja: Asesina

    Naturalezas de Chakra: Desconocida

    Kekkei Genkai: Inexistente

    Ocupación: Desconocida

    PRÓXIMO CAPÍTULO 

    INFILTRACIÓN

  • Capítulo 2 – Arena

    Una ola frontal de arena lanzó a Rock Lee a chocar violentamente contra el suelo. El joven Genin gruñó ante el golpe recibido. Se sentía mareado y trataba de levantarse con dificultad. Mientras, a dos metros de él, podía escuchar a sus espaldas la respiración sedienta de sangre que emanaba del rostro de aquel que controlaba la arena.

    “Esto no es bueno, para nada bueno…” pensó Lee mientras cruzaba delante de él sus brazos para protegerse de una nueva oleada de sedimentos.

    Miró los verdes ojos de su contrincante. Estaban llenos de sadismo. Lee se estremeció al escuchar la leve y maniática risa de su enemigo. Sabaku no Gaara. Ese era el nombre del terrible ninja que se había cruzado delante de su camino y que le había hecho separarse de su Equipo de Graduación.

    —¿Qué crees que esto te va a hacer? —dijo sedosamente y lleno de sorna el pelirrojo mientras ponía sus manos con la forma del sello Rata.

    En un pestañeo, Lee volvió a ser lanzado hacia atrás por los aires por una cascada de arena más grande que la anterior. Cayó de bruces y, al momento, sintió como la arena le golpeaba con mucha fuerza la parte inferior del cuerpo. Gritó lleno de dolor.

    El shinobi con el Protector Ninja de Sunagakure cejó en su ataque. Su cuerpo bullía en sangre y en su mente sólo había un pensamiento. Satisfacción. El maníaco Sabaku no Gaara quería asesinarlo lentamente, pieza a pieza, sintiéndose completamente vivo. Cada trozo de hueso, de músculo y de piel que cayese en su arena sería descarnado y devorado por completo. La arena se sentiría saciada por el sacrificio de su sangre. Pero no. No debía impacientarse, quería tomarse cada momento como si fuese el último. Quién sabe cuándo sería la siguiente vez que tendría una oportunidad similar.

    Lee estaba nuevamente en pie tras zafarse de la arena. Escuchó el sonido cruzado del metal y el estruendo del chakra entre los árboles del Bosque del Suroeste, no muy lejos de él. Calculó uno a 200 metros al norte de su posición, otro al este a 170 y el tercero a apenas 100 metros.

    “Neji… Tenten… Gai-sensei… ¿qué estará siendo de ellos?”

    Lee jadeaba con dificultad. Su combate se estaba perpetuando demasiado. Ya había usado varias técnicas de Taijutsu bastante fuertes para tratar de terminarlo. Incluso lo había probado con el Omote Renge (Loto Primario), una de sus técnicas más fuertes. Se encontraba físicamente al borde del agotamiento con sus fuerzas base.

    “¿Qué más puedo hacer? ¿Qué puedo hacer con él?” se preguntó desesperadamente tratando de buscar el final de la batalla cuanto antes.

    Tenía miedo. Mucho miedo. No era la primera vez que lo sentía en una misión o en un combate. Pero esta era la primera vez en su vida que sintió, como Shinobi, que estaba al filo de la muerte. De repente, todas sus dudas y miedos se despejaron al escuchar un alarido. Parecía la voz de Gai-sensei. Él era el que estaba más cerca de él. Su maestro estaba luchando con todas sus fuerzas, y se imaginó que Neji y Tenten tampoco estarían cejando en su empeño para salir indemnes de esa situación. Su imaginación comenzó a pensar en los peores escenarios posibles si perdía en este combate. 

    No podía permitir que un monstruo como éste acabase con él y fuese tras sus compañeros y a por su maestro. Jamás. No lo permitiría. Rock Lee no dejaría que nadie más muriese mientras él siguiese con vida.

    “Gai-sensei… gracias…” pensó Lee al sentir que unas lágrimas se acumulaban en los rabillos de sus ojos.

    El porte del joven experto en Taijutsu cambió para ligera confusión del ninja de Sunagakure. La posición de combate inicial de Lee había sido recuperada y no parecía que las heridas y daños de la arena hubiesen hecho demasiada merma en su cuerpo. Había abierto Kaimon, la primera puerta, la Puerta de la Apertura.

    “Voy a seguir adelante…” confirmó pensando con determinación. “Seguiré mi camino hasta el final y me convertiré en el ninja que sé que puedo llegar a ser.”

    Lee entrecerró los ojos con los brazos delante de su rostro mientras concentró todo el chakra que pudo en ese punto de la médula espinal cercano al cuello. Notó cómo su garganta se secaba y comenzaba a quemar. Vio cómo a su alrededor su chakra chocaba y marcaba un muro entre él y el enemigo.

    —No sé a qué crees que estás jugando ahora… —murmuró el brutal ninja de Suna haciendo el signo Tigre en sus dedos— Pero este encuentro se acabó para ti.

    Lee rió para sí mismo mientras miró con gran seriedad y con el ceño profundamente fruncido una última vez a su enemigo antes de cerrar los ojos totalmente.

    —Tienes razón… —respondió Lee con una seriedad atroz. — Se acabó de una u otra forma.

    El joven de cabello negro siguió concentrando en gran cantidad y a mucha velocidad su chakra. Su piel se estaba calentando febrilmente y comenzó a notar un calor abrasador que abrazó como una señal positiva de que la técnica estaba funcionando. Sintió como su cara se iba transformando lentamente en una mueca de dolor que le hacía mantener una sonrisa agónica.

    “No voy a ser el único que pierda aquí.” pensó Lee vehementemente. “Gai-sensei, por favor, deje que funcione… ¡Es ahora o nunca!”

    Por su mente pasaron diversas personas. Sus compañeros y camaradas Neji y Tenten. Su mentor, protector y maestro Gai-sensei. También aquellos que acababa de conocer hacía no mucho tiempo atrás: Yamanaka Ino… Nara Shikamaru… Akimichi Chôji… Hyûga Hinata… Inuzuka Kiba… Aburame Shino… Uchiha Sasuke… Uzumaki Naruto… Haruno Sakura…

    Y… aquel suave rostro que apenas podía evocar por el dolor de su recuerdo. Éste fue el que más fuerzas le dio.

    —¡PARA PROTEGER Y MANTENER EL CAMINO NINJA!—gritó fuertemente con un eco en su voz que sonó por toda la explanada del bosque—¡LA TERCERA PUERTA: SEIMON! ¡LA PUERTA DE LA VIDA! ¡¡ABIERTA!!

    Hyûga Neji creía en la idea del destino como algo que no podía cambiarse. No importaba lo mucho que luchases, ni lo mucho que tratases de resistirlo. Tu destino estaba sellado desde el mismo momento de tu nacimiento hasta el mismísimo instante de tu muerte.

    Desde los cuatro años, desde el mismo día de la muerte de su padre Hyûga Hizashi debido al Incidente Hyûga, esta creencia era su dogma y hasta casi su propia fe. Era lo que le mantenía firme y centrado frente a la realidad dura del Shinobi. Una realidad que constantemente le recordaba ejemplos como el que acababa de enfrentar hacía una semana y en la que había sido testigo de cómo Lee abrió Hachimon Tônko (Ocho Puertas) para enfrentar y frenar a un poderoso enemigo procedente de Suna.

    Hace dos años atrás a Neji le molestó la noticia de que Rock Lee formaría parte de su Equipo de Graduación. Detestaba como Lee se jactaba de manera entusiasta sobre que quisiese convertirse en un gran ninja pese a sus limitaciones. Detestaba lo devoto que se había vuelto con la filosofía de vida de Gai-sensei sobre el “Poder de la Juventud» tras ver aquel pseudo-combate de piedra-papel-tijera entre su maestro y el afamado Hatake Kakashi. Detestaba que Lee creyese que un fracasado pudiese ganar a un genio. 

    Se lo había dicho a su compañero decenas de veces durante sus entrenamientos e interacciones: El destino jamás podrá ser cambiado.

    Ahora, Rock Lee, el mismo ninja que tantas veces había defendido la idea de la superación y del cambio, acababa de adivinar que su combate individual en los Exámenes Chûnin era contra Uzumaki Naruto. Y peor aún, acababa de señalar que se iba a producir un atentado magnicida, una invasión contra Konoha en poco tiempo. Que lo que estaba destinado a pasar pasaría. Sin remedio. Neji se sintió muy turbado ante estas declaraciones emitidas por Lee.

    —¿Destrucción de Konoha? ¿Orochimaru? —dijo el chico de ojos blancos tratando de evitar mostrar su intranquilidad y temblor en su voz.

    Tenten se sentó en una silla cercana a los pies de la cama de Lee mientras se masajeaba las sienes de la frente. Respiraba despacio tratando de no sonar abrupta.

    —Lee, escuchame. Todo lo que estás diciendo es una maldita locura. —comenzó diciendo la chica sin querer mirar a su compañero. — Con todo lo que estás diciendo, podrías ser llevado a un tribunal militar Shinobi y estarías en muchos problemas.

    —Yo… siento que ya estoy en problemas, Tenten. —dijo Lee con calma, pero con cierto tono de preocupación en su voz. —Siento que tengo información que puede evitar que se produzca de nuevo la Invasión en nuestra Aldea…

    Tenten movía la cabeza agachada en negativa mientras escuchaba hablar a Lee. Neji notaba que la chica estaba intentando contenerse, para no espetar a su compañero herido.

    —La Invasión de Konoha causó destrucción de infraestructuras, debilitamiento de varias alianzas, una importante falta de abastecimiento de recursos y servicios durante cuatro meses y… —Lee hizo una pausa con dificultad. — numerosas bajas de civiles y Shinobis. De estos, quedamos menos de la mitad…

    Neji frunció el ceño con los ojos cerrados. ¿En verdad Lee había llegado a ver tantas cosas extrañas en un simple Genjutsu? No era posible. La frase “El destino jamás podrá ser cambiado” volvió a repicar en su cabeza con mayor fuerza.

    —Si… si sólo pudiera… —Lee dijo muy despacio en un hilo de voz cada vez más bajo. — Si sólo pudiéramos alertar de que va a volver… a suceder… a Sandaime Hokage podríamos… evitar la catástrofe y…

    —Por favor, Lee, no digas más. No puedo con tanta confusión ahora mismo. —dijo Tenten implorando silencio súbitamente.

    Lee trató de hacer ademán de continuar, pero calló al ver que sus compañeros se veían tan mal por sus palabras. Una oleada de culpabilidad y vergüenza le inundó. Toda la habitación quedó en silencio. 

    Neji sentía cada uno de sus pensamientos pasar por su mente. Ésta iba a velocidad muy rápida, pensando en cada una de las cosas que había dicho Lee. Nada parecía indicar que Konoha pudiese ser invadida en un ataque a la escala que su compañero de equipo estaba diciendo y menos en los próximos días.

    Los contactos con Suna eran buenos. Se mantenía el diálogo y las rutas comerciales civiles y militares. Los informes y actualizaciones oficiales entre ambas Aldeas Shinobi estaban al día y sin aparentes cambios. Sí parecía que estaba habiendo un ligero aumento de ninjas renegados procedentes de Suna que estúpidamente estaban atacando a Konoha por su cuenta. Pero, lo más significativo fue el incidente de los ahora denominados Suna no Sankyōdai, los Tres Hermanos de Suna. La emboscada que ellos habían sido víctimas.

    —Es cierto que no hay indicios que digan que Suna y Konoha puedan entrar en un conflicto bélico de tal tamaño en breve. Por lo tanto, no tiene sentido alertar a ningún superior. Mucho menos a Hokage-sama. —comenzó diciendo Neji de manera firme.

    Lee agachó la cabeza abochornado. Su mente y sus sentimientos estaban entremezclados y le hacía sentir mucha incredulidad frente a toda la situación que estaba viviendo.

    “Todo esto es muy confuso. ¿Es posible que haya visto todo en esa ilusión? ¿Qué nada existió más que en mi mente, que sólo haya sido un producto de lo que otro ha querido que viera?” pensó Lee tratando de buscarle un sentido a lo que había visto y oído tanto en la ilusión como en la realidad.

    Recordó entonces el fuerte dolor en la cabeza durante la batalla contra aquel terrorífico y diabólico ser que tenía diez enormes colas y cómo había llegado a la conclusión de que estaba en una ilusión por los cambios y las fluctuaciones de colores y sonidos en su entorno. 

    “¡Por supuesto! ¿Cómo no va a ser verdad? Además, Neji, Tenten, los médicos y enfermeros… Todo y todos me está confirmando que he estado dentro de una ilusión.” pensó derrotado ante las evidencias aplastantes. “Tal vez haya sido eso… una ilusión… sólo una ilusión…”

    El destino jamás podrá ser cambiado.

    Sin que Lee supiese, esa idea volvió a la mente de Neji y, por primera vez en mucho tiempo, el chico de ojos blancos evocó el terrible día en que su padre yacía muerto en su cama a manos de su tío. Sus dientes se apretaron con ira ante ello. 

    —No obstante, hay algo que a mí sí me escama, y mucho. —dijo Neji con un cambio de voz que puso en alerta a sus dos compañeros.

    Al decir estas palabras, el chico de ojos blancos sintió que su estómago se aligeraba, su mente comenzaba a sentirse más tranquila a la vez que destensaba su mandíbula. Una molesta Tenten y un curioso Lee levantaron la mirada ante las palabras de su compañero.

    “Extraño… “ pensó Neji con ligera sorpresa ante sus propias reacciones.

    ¿Acaso la idea del destino que defendía le atormentaba? Qué raro. Era la primera vez que sintió que una situación producida por su compañero de equipo le estaba haciendo pensar así sobre ello.

    —Y no. No es sobre algo concreto que Lee haya dicho ahora mismo. —dijo Neji dirigiéndose a Tenten, quien no paraba de lanzarle una mirada llena de desaprobación.

    —Entonces, ¿a qué te estás refiriendo, Neji? —preguntó ésta con tono molesto como si no quisiese que Neji le diese la razón a Lee sobre sus delirios ilusorios.

    Neji respiró profundamente antes de comenzar a hablar con suavidad. Tenten siempre había tratado de comportarse como una kunoichi diferente. Detestaba la debilidad típica que mostraban otras kunoichi para ser defendidas por sus compañeros varones y, en ocasiones, mostraba excesiva dureza en su manera de hablar haciéndola parecer demasiado directa. Aunque, eso era algo que Neji ya estaba acostumbrado y, por algún motivo, no le molestaba demasiado.

    —Lee, ¿puedes tratar de pensar en la misión de hace una semana? Intenta recordar lo que puedas.

    Ante las palabras de su compañero Hyûga, Lee trató de evocar el suceso. Sentía la mente nublada al tratar de recordar. Le costaba mucho centrarse y le pareció que, de nuevo, todos los recuerdos volvían a mezclarse en aquella gran espiral. 

    ¿Había coincidido con el Equipo Kakashi antes de la primera prueba del Examen Chûnin o antes de partir a la misión al Bosque del Suroeste? ¿Se cruzaron con ellos durante el camino o salvó a Sakura de ninjas de Otogakure en el Bosque de la Muerte? ¿Su lucha contra Sabaku no Gaara fue en el Bosque del Suroeste o en la batalla de los preliminares Chûnin?

    ¿Cuáles recuerdos eran los que correspondían a la ilusión y cuáles a los de la realidad?

    Poco a poco, su mente fue clasificando y dándose cuenta de qué recuerdo era verdad y qué recuerdo formaba parte de la ilusión.

    Eran las nueve de la mañana y en lo alto de la Mansión Hokage se habían congregado ocho  grupos de tres Genin cada uno.

    Los rumores de crisis en Sunagakure habían puesto en alerta a toda Konoha. El ataque ilusorio a Rock Lee no había hecho sino acrecentar más el nerviosismo latente que reinaba desde hacía una semana. Era el tema de conversación más actual entre los Shinobi de Konoha y los Genin congregados no se quedaban atrás al hablar de ello.

    Mientras, la gente conversaba sobre el tema, una callada Hyûga Hinata recordó cómo vio, tras su entrenamiento al amanecer, a su primo Neji dirigirse hacia la UMN para ver cómo se encontraba Rock Lee. 

    Se preguntaba si su primo estaría muy preocupado por su compañero de Equipo de Graduación. Hinata sacó del bolsillo interior de su chaqueta un pequeño y viejo marcapáginas que tenía dibujado un lirio blanco con una frase que decía “Unidas bajo el sol”. Era un objeto que sacaba cada vez que se sentía angustiada y fuera de lugar. El simple tacto del objeto le daba fuerzas para continuar cada día un poco más y ser mejor. Sosteniendo entre sus manos el marcapáginas, Hinata rezó para que Rock Lee pudiese recuperarse de todo el daño físico y emocional que le habían causado en tan poco tiempo.

    —¡Atención, todos! ¡Se presenta Sandaime Hokage! —dijo alzando la voz un Jônin que apareció tras una puerta y que era guardaespaldas del Hokage.

    Los 24 Genin formaron en sus respectivos Equipos de Graduación, mientras Sarutobi Hiruzen, Sandaime Hokage, se situaba al frente de ellos custodiado por otros dos de sus guardaespaldas personales. El líder de Konoha mostraba un semblante muy austero y serio, algo que los Genin no estaban acostumbrados a ver en él.

    —Gracias a todos por venir tan rápido. —comenzó diciendo Hiruzen apartando de sus labios la pipa que solía fumar. —Necesitamos de vuestra actuación lo antes posible.

    Los presentes se pusieron en posición muy firme mientras prestaban atención a Sandaime Hokage, el líder y hombre más fuerte y respetado de la Aldea.

    —Hoy a las 05:00 horas hemos recibido un mensaje procedente del puesto de vigilancia V01-03 en las montañas al norte del Monumento Hokage. Avistaron una serie de movimientos extraños que fueron a investigar.

    El rostro serio de Hiruzen contagió a los miembros de cada uno de los equipos. Se escucharon algunos susurros que fueron callados por sonidos entre dientes de algunos compañeros shinobi.

    —Encontraron a 5 Chûnin muertos. Estaban completamente aplastados y alrededor de sus cuerpos y de toda la zona había restos de arena. —declaró sin tapujos el Hokage.

    Todos los Genin contuvieron la respiración ante las noticias. Sin duda alguna, era una declaración muy grave y comenzaron a sentirse preocupados.

    —Vuestra misión será localizar a este ninja sospechoso. Se creé que puede estar aún en alguna de las zonas militarizadas de la Aldea. —decretó Sandaime al mismo tiempo que ordenaba a uno de sus guardaespaldas mostrar una fotografía capturada del agresor.

    Cuando los Genin aclararon su vista pudieron confirmar con gran temor que se trataba de un retrato de Sabaku no Gaara, tercer hijo de Yondaime Kazekage. A la vez que se dio este mensaje, Hinata hizo una pequeña mueca de dolor mientras su mano se dirigió nuevamente a su pecho. Las secuelas del combate de precalificación contra su primo Neji aún estaban recientes, pero se había recuperado para comenzar a hacer misiones. Hinata sentía que podía palpar el marcapáginas a través de la tela y la hacía sentir más tranquila.

    —¿Acaso quiere que nos enfrentemos a él, Sandaime? —habló repentinamente Akimichi Chôji de 13 años de aspecto más bien obeso con miedo en su voz.

    —No. Eso sería imposible para vosotros tal y como están las circunstancias. —Hiruzen negó con la cabeza.

    Las palabras de Hokage hizo que muchos Genin tragasen saliva sonoramente. Uno de los guardaespaldas, Namiashi Raidô, se fue acercando a cada uno de los primeros Genin de cada fila y les proporcionó una hoja con los datos del ninja a capturar. Mientras leían, comenzaron a murmurar entre ellos.

    —Como ya habréis deducido, el ninja en cuestión es Sabaku no Gaara, hijo menor de Yondaime Kazekage. Lleva una semana merodeando sin aparente rumbo por el País del Fuego. Parece que finalmente se ha decidido a venir hasta aquí.

    Hiruzen escuchaba como las voces de los Genin comenzaban a descender mientras hablaba. 

    —Muchos de vosotros, si no todos, sabéis que el Genin Rock Lee del Equipo Gai casi perdió la vida en combate contra él. Sólo pudo llegar a salvarse gracias a su fuerza de voluntad, su determinación y a la rapidez de su maestro Maito Gai. —dijo con firmeza exaltando al joven especialista en Taijutsu. —Actualmente, el suceso le ha dejado médicamente inhabilitado para seguir siendo shinobi. Es por eso que si él no pudo, ninguno de vosotros sería capaz de vencerle.

    Uno de los Genin de 13 años apretó la hoja muy fuertemente cuando Sandaime mencionó las circunstancias en las que Rock Lee había quedado. Este Genin se acordaba de cómo había sido su encuentro con Rock Lee en el Bosque de Konoha ante el ataque que había recibido su Equipo de Graduación por tres jóvenes, pero muy fuertes ninja de Otogakure. Aunque él y su compañero de equipo, Uchiha Sasuke, estuvieron desmayados, Lee defendió a su compañera Haruno Sakura pese a sufrir bastante daño físico antes de dirigirse a su propia misión hacia el Bosque del Suroeste junto con el resto de compañeros de su Equipo de Graduación. Uzumaki Naruto se sentía culpable porque pensaba que Rock Lee había perdido fuerzas para ayudarles y salvarles la vida.

    Gejimayu…” pensó el chico de cabello puntiagudo y rubio con una punzada de ira y dolor en el pecho mientras recordaba a Rock Lee. “Esto no tendría que haber sido así…”

    —Entonces, ¿qué debemos exactamente hacer? —preguntó Yamanaka Ino, de pelo largo y rubio, que prefería no estar allí en ese instante.

    Sandaime Hokage miró a todos los equipos presentes antes de dar las órdenes finales. Hinata apretó sus manos sobre sí misma con nerviosismo.

    —Vuestro cometido es localizar a Sabaku no Gaara y regresar rápidamente para autorizar la salida a un equipo de captura. —sentenció el Hokage con absoluta seguridad en sus palabras. —Es una misión de rango B de máxima urgencia.

    El otro guardaespaldas de Sandaime, Shiranui Genma, dio un paso al frente con los detalles extra de la misión mientras los Genin se quejaban y murmuraban por lo bajo al escuchar el rango de la misión.

    —A partir de ahora, independientemente de vuestra especialidad como grupo, asumiréis el rol de equipos de rastreo y búsqueda. En vuestros papeles se explicita donde tendréis que buscar cada equipo. —Genma dejó de juguetear con el palillo que tenía entre los dientes mientras hablaba a los Genin. —Dada la peligrosidad del enemigo, evitad completamente el combate directo y regresad en cuanto tengáis localizado al objetivo. Si no queréis morir, respetad estos consejos y viviréis un día más.

    Todos los Genin asintieron ante su superior quien afirmó en respuesta. La información había quedado clara.

    —Bien. Ahora, ¡marchad! —exclamó Sandaime mientras hizo un gesto con el brazo a la vez que todos los equipos se dispersaron por Konoha.

    Rock Lee comenzó a resoplar fuertemente al comenzar a recordar la misión de hacía una semana. Fue una misión de rango C. Una misión de rescate.

    Un joven de la rica Familia Kagetsu de Motoyoshi-mura había sido secuestrado y pedían un rescate sustancioso por él. Los secuestradores eran un grupo de bandidos de poca monta sin nombre ni renombre que escondieron al muchacho en el Bosque del Suroeste. No eran ninjas y se sabía, por incidentes anteriores, que no conocían ninguna clase de Ninjutsu. Era una misión sencilla e ideal para el Equipo 03 – 79 o Equipo Gai como comenzaban a llamarles. Una misión especialmente indicada para la categoría ninja de Rescatador como Lee o su maestro Maito Gai.

    —Era muy fácil, ¿no lo creéis? —comenzó diciendo un Lee nervioso mientras Neji y Tenten le miraban atentos. — Sólo ir, derrotar a los bandidos y regresar a Konoha con el joven Kagetsu rescatado. Nada más.

    Neji asintió coincidiendo con las palabras de su compañero. Tenten lanzó una ligera sonrisa con cierta sorna mientras dirigía su mirada a la ventana. Recordó que había escuchado hoy un aviso de que iban a reunir a varios Genin para una misión urgente en la que ellos no estaban convocados por su período de recuperación. Eso la molestaba.

    —Pero… luego se torció todo, ¿verdad? —Lee dio una pequeña mueca de dolor mientras se ponía la mano en la cabeza. 

    Tenten recuperó la atención sobre Lee y fue a su lado mientras pasaba una mano por su espalda. El chico de cabello negro trató de seguir con dificultad.

    —Nos… emboscaron… Fue un equipo de cuatro ninjas de Suna… —continuó hablando con esfuerzo. —Nos separaron. Gai-sensei fue… tras el ninja de más rango. Tú, Tenten… con la kunoichi. El chico de traje negro…te persiguió a ti, Neji…

    El chico del Byakugan seguía mirando a Lee y asintiendo para ayudarle a que continuase. Estaba cada vez más cerca de llegar al nudo de aquella situación.

    —Y yo…yo… —paró en seco hasta que su mente por fin evocó la fatídica figura de aquel tenebroso y ominoso chico sediento de sangre. El hijo menor de Yondaime Kazekage. Sabaku no Gaara.

    Lee se llevó una mano a la boca de inmediato intentando contener las ganas de vomitar. Una apresurada Tenten le acercó el vaso con agua de la mesa que estaba al lado de la cama, mientras le acariciaba nuevamente la espalda en un esfuerzo para calmarlo un poco. Tras beber un sorbo de agua, Lee se sintió un poco más tranquilo.

    —Uff… recuerdo que estaba en mi lucha contra Sabaku no Gaara… era muy poderoso… —continuó hablando más ágilmente mientras los trozos de recuerdo iban juntándose cada vez más deprisa. — No pude derrotarlo tal cual… tuve que… abrir las puertas, ¿cierto?

    Neji asintió nuevamente dejando que Lee terminase de soltar todo lo que tenía en su cabeza.

    —Luego… ataqué y todo se volvió rápido… después, vinieron… las consecuencias de la apertura… apenas me podía mover —Lee se mordió el labio y añadió en un hilo de voz la última frase. — No sé… exactamente como lo resistió, pero… Sabaku no Gaara se… se salvó y me… me agarró con su arena por la pierna y en el brazo izquierdos,… me los… aplastó y… me desmayé…

    Un agotado Lee finalmente guardó silencio y se miró el brazo izquierdo. Estaba totalmente vendado en un cabestrillo. Podía notar también su dolorida pierna firmemente ataviada. Curioso. No había sido consciente de ello desde que despertó hasta ahora. Parecía que hubiese pasado tanto tiempo desde que sintió esto que no lo recordaba. Tenten comenzó a hablar tras permanecer largo rato callada, hilando la conversación de Lee a la suya.

    —Después, Gai-sensei pudo llegar a tiempo y te sacó de allí a toda velocidad en dirección a Konoha. Neji pudo derrotar al titiritero ese. Después, me vino a buscar porque yo… quedé totalmente KO. Neji también… derrotó a la kunoichi… Temari… y me ayudó a recomponerme…

    El tono de voz de Tenten denotaba tristeza y algo de resquemor. Neji pudo notarlo rápidamente.

    —Luego, usé mi Fûinjutsu de sellado para traer a nuestros dos enemigos a Konoha y… al liberar el sello aquí y mostrarlos a los superiores nos dijeron que eran dos de los tres hijos del actual Kazekage. —Tenten fue concluyendo rápidamente.—Se los llevaron para interrogar y vinimos a la UMN. Ya no hemos sabido más de ellos tras eso.

    El silencio volvió a la sala. Tenten se sentía extrañada por  este relato. En el ambiente parecía que nada se había resuelto en apariencia. ¿A dónde quería llegar su compañero Neji?

    —Entonces, ¿dónde está lo que te escama, señor ojitos listos? —preguntó Tenten quien comenzaba a impacientarse por la parsimonia de su compañero Hyûga.

    Neji, obviando el comentario que había hecho, la miró como quien mira a quien ha hecho una pregunta estúpida.

    —¿Es que acaso no te pareció lo suficientemente extraño que los hijos de Yondaime Kazekage nos atacasen directamente?

    Tenten hizo una mueca de indignación que no ocultó hacia su compañero tras esas palabras. 

    —¡Claro que me pareció raro, Neji! ¡Aún me parece raro todo lo que ha pasado! —dijo Tenten con un tono lleno de indignación.—¡Pero eso no explica nada sobre lo que Lee viese o no viese en esa ilusión!

    —Puede que no, pero podría haber cierta relación entre ese movimiento raro de los hijos del Kazekage y la supuesta futura invasión de la que nos habla Lee. —respondió Neji ante los comentarios exaltados de su compañera.

    Tenten frunció el ceño. No se podía creer que Neji estuviera diciendo lo que estaba diciendo. No el Neji racional y lógico que ella conocía.

    —Creía que sólo te basabas en hechos para poder asumir riesgos, Neji.

    —Y eso es lo que estoy haciendo, Tenten. Además, hay otro hecho que parece que nadie ha estado tomando en cuenta.

    Lee observaba patidifuso la interacción entre sus dos compañeros en completo silencio. Sentía que si decía algo iban a ponerse en su contra, por algún motivo que desconocía. Mientras tanto, Tenten esperó a que Neji continuase.

    —Durante los dos últimos meses, cada dos o tres días, Konoha ha estado sufriendo una serie de escaramuzas, sabotajes y emboscadas de ninjas renegados procedentes de Suna. —dijo Neji firmemente. —Pequeños grupos entre tres y cinco personas han sido capturados tras sus fechorías y traídos a Konoha para su encarcelamiento. Es una información verificada por el mismo Hiashi-sama.

    —Ajá, ¿y qué pasa con eso? —preguntó Tenten sin saber a donde quería llegar su compañero.

    —Que si los cálculos no me fallan, en la cárcel de nuestra Aldea hay actualmente entre cincuenta y setenta y cinco ninjas de Suna esperando su destino. —sentenció Neji calculando mentalmente. —Y es una cifra bastante grande para que nuestros calabozos estén llenos de ninjas extranjeros.

    Tenten levantó las cejas un instante. A la chica le pareció que su cerebro hizo conexión con lo que creía que Neji estaba sugiriendo.

    —¿Estás diciendo que el hecho de que los calabozos de la Aldea se llenen de ninjas de Suna podría ser premeditado? —preguntó la chica de cabello chocolate con sorpresa.

    —No puedo confirmar y desmentir nada de eso, Tenten. —respondió Neji ante la pregunta de su compañera de equipo.

    Tenten puso los ojos en blanco. A cada cosa que ella decía a su compañero, sólo podía esperar una respuesta puntillosa. Clásico de Neji. Sin embargo, casi al momento, ella notó cómo aparecía una pequeña sonrisa, casi imperceptible, en la comisura de los labios de Neji.

    —Lo que sí puedo confirmar es que en Suna se están produciendo pequeños y extraños movimientos de milicia hacia aquí.—continuó el chico Hyûga dando sentido a sus palabras. —Y creo que es un indicio interesante a tener en cuenta que hay demasiados sujetos potencialmente peligrosos en nuestra Aldea, que además provienen desde Suna.

    Tenten se llevó una mano a la barbilla. Estaba pensando cada uno de los puntos que habían hablado, especialmente los mencionados por Neji. ¿Acaso Suna estaría intentando verdaderamente algo raro a espaldas de Konoha? ¿O todo era una simple coincidencia?

    ¿Qué podría hacer un ninja renegado? Sí, es verdad que podían llegar a ser un verdadero grano en el culo, pero la mayoría de las veces no eran más que patéticos individuos ingenuos que pensaban que podrían superar el poder conjunto de las Aldeas Shinobi. Alguien del nivel del difunto Espadachín de Kirigakure Momochi Zabuza no se encontraba entre las rejas del calabozo de Konoha actualmente. Ya hubiese escapado con toda seguridad, ¿no?

    ¿Y los hijos del Kazekage? Normalmente quienes tenían lazos de sangre o matrimoniales con los Kages regentes o anteriores tenían que guardar muy bien sus comportamientos por el bien de sus Aldeas. La chica de cabello recogido ya había puesto de relieve anteriormente que éstos se habían arriesgado a crear problemas diplomáticos sin motivo. ¿Sin motivo aparente aún con todo lo que implicaba?

    En todo esto había mucha información de la que carecía Tenten y sí muchas dudas que requerían una respuesta. La naturaleza inquisitiva de la chica comenzó a cosquillear en su interior. Ella misma sabía que cuando eso pasaba era muy difícil hacerla detener.

    —Estás acercándote a mí misma conclusión, ¿verdad? —Tenten escuchó una voz sedosa que le hizo salir de sus pensamientos.

    La chica levantó la mirada y se encontró los ojos perlados de Neji que la miraban con profundidad. Sintió como si la estuviese atravesando el alma. Fue entonces cuando vio que ambos se habían compenetrado en sus deducciones. Tenten decidió hablar.

    —Teniendo en cuenta toda la información que conocemos, Sunagakure debe estar pasando por algún tipo de crisis. —comentó la chica de cabello recogido mientras pensaba cuidadosamente. —Tal vez… merecería la pena investigar lo que está pasando en Suna.

    Rock Lee, quien había permanecido en silencio todo el rato, abrió los ojos de sopetón y se quedó con la boca abierta completamente perplejo ante las palabras de Tenten.

    De repente, el silencio se apoderó en una de las explanadas del Bosque de la Muerte. Calma, una calma muerta se respiraba en el aire. Tres jóvenes Genin y un perro pararon en uno de los costados de esa explanada, ocultos entre la maleza y los árboles.

    El equipo 08 – 080 o Equipo Kurenai había recibido hacía unas horas órdenes directas de Hokage de revisar el Bosque de la Muerte. Hinata frunció ligeramente el ceño preocupada por el comportamiento de Akamaru, el perro ninja de Kiba. Aún tenía en mente a Rock Lee. Pensar en el daño que había recibido el chico la inquietaba y la asustaba con vistas a esta misión.

    —¿Por qué te detienes de repente? —dijo al pequeño perro la chica suavemente.

    —¿Qué pasa, Akamaru? — pronunció un joven chico con colmillos puntiagudos que estaba cerca del animal.

    La cara contraída de su compañero Inuzuka Kiba miraba hacia su pecho, donde se acababa de acurrucar el pequeño perro blanco que estaba muy intranquilo. Gimió breve, pero lastimosamente confirmando las sospechas de su joven dueño.

    —Algo le dio miedo a Akamaru. —dijo Kiba intentando tranquilizar al animal acariciándolo.—Ya sabéis que tiene la habilidad de olfatear el nivel de chakra del enemigo, pero jamás le había visto así de asustado antes…

    —Sea lo que sea, puede ser lo que estamos buscando, ¿cierto, Kiba?

    El mencionado levantó la vista para mirar a su compañero Aburame Shino. Éste mantenía su oreja apoyada en el suelo intentando escuchar algún sonido cercano a ellos.

    —Sí. Akamaru ha dicho que el hedor a sangre está completamente impregnado desde dirección norte en un kilómetro hasta aquí.

    Akamaru gimió y Hinata le miró con ternura y compasión. Pese a todo lo que estaba sucediendo, la chica suspiró aliviada, pues sólo tenían que confirmar que el sujeto estaba en el Bosque de la Muerte e informar de regreso para que mandasen a un equipo para capturar al enemigo. Nada de entablar combate, nada de poner en peligro sus vidas directamente. Sólo reconocer e informar. Era lo mejor para ella debido a su convalecencia.

    —Creo que sería mejor que regresemos…—comenzó diciendo la joven Hyûga.—…para que venga el equipo de captura cuanto antes y…

    De repente, Shino hizo un ademán con el brazo para que todos callasen. Había escuchado movimiento de entrada en la explanada donde ellos se encontraban. Poco a poco, los pasos se iban haciendo más audibles mientras se iban acercando al centro del lugar. 

    Kiba se llevó la mano derecha a la nariz despacio. Con una mueca de desagrado, pudo percibir un olor muy fuerte, una mezcla de olor pútrido y corrompido. Le costaba soportarlo. Por su parte, Akamaru trataba de resguardarse aún más adentro de la chaqueta de Kiba para evitar exponerse también al mal olor. Shino se había quedado completamente quieto y trataba de que sus insectos no hiciesen apenas ningún movimiento. No sabía que podía esperar del enemigo. Por su parte, Hinata apretó sus labios y aguantó la respiración lo máximo que pudo. Quería activar su Byakugan, pero temía que el enemigo notase la activación de su chakra. No sabían si éste podía sentirlo.

    —Aún… aún no es suficiente…

    Sonó una voz ronca y descarnada que hizo que todos se quedasen helados. Estaban dando la espalda a la explanada tras unos arbustos muy frondosos, pero no podían girarse a mirar. No en ese momento.

    —Quiero… más…— el ninja arrastraba con dificultad las palabras por un deseo insaciable de gratificación. —Más… sangre…

    Hinata tragó saliva mientras evitaba que su respiración se volviese agitada. Su impulso de escape era muy fuerte, pero algo le decía que si salía en ese momento moriría sin más remedio.

    —Hay algo… ¿no?

    Un escalofrío recorrió la espalda de Hinata cuando las tétricas palabras del ninja entraron por sus oídos. Un momento después, a la chica le pareció ver arena en suspensión a su alrededor. Giró los ojos a sus compañeros quienes estaban también con una expresión aterrorizada. Parecía que, poco a poco, delante de ellos, se estaba formando una pequeña bola de arena que flotaba que parecía… ¿un ojo? Estaba terminando de completar su forma, parecía una técnica de rastreo y localización del ninja de Suna.

    Hinata apretó aún más fuerte sus labios. ¿Qué podía hacer? Si sólo activase su Byakugan, saliese corriendo a toda velocidad y atacara a tu oponente con su palma, con Shōtei (Golpe de palma), para paralizarlo, todo acabaría en ese momento. Podía hacerlo, pero tenía miedo. Estaba horrorizada ante la idea de morir de la misma manera en que todas las víctimas mortales habían terminado: aplastadas y ahogadas en su propia sangre por la arena de ese vil ninja.

    “Por favor… por favor…” pensaba mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. “Le juré que cambiaría… que me haría más fuerte… por favor… Naruto-kun…”

    Entonces, ocurrió algo que Hinata jamás esperó. Shino se movió bruscamente y salió de la maleza. Hinata oyó que activó a sus insectos Kikaichū contra el ninja de Suna.

    —¡AHORA! —gritó con todas sus fuerzas el Aburame dando la orden a sus compañeros de atacar.

    Kiba saltó hacia el centro de la explanada con Akamaru, quien se había transformado en un la imagen de su amo. Estaban en el aire mientras activaban su Môdo, su Despertar.

    —¡GIJÛ NINPÔ: SHIKYAKU NO JUTSU! (Arte Ninja de Imitación de Bestia: Técnica de Cuatro Patas)—gritó el chico mientras mostraba un aspecto más feral y canino al posarse en el suelo.

    Se abalanzó contra el oponente mordiéndole en el hombro y tirándole contra el suelo. Le aferró fuertemente mientras Akamaru sujetaba al enemigo por la izquierda. Los insectos de Shino estaban perturbando al ninja de Suna por toda la cara y el cuerpo en un esfuerzo por mantenerlo ocupado. Mientras, éste trataba de sacudirse en un esfuerzo vano, ahogándose en una multitud de pequeños invertebrados.

    —¡HINATA, SAL! —gritó Shino dirigiéndose a la maleza donde estaba la chica. —¡VAMOS, HINATA, HAZLO YA!

    Hinata abandonó sus pensamientos intrusivos repentinamente ante el grito de su compañero y activó su Byakugan. Salió a la explanada saltando por el aire gracias a su chakra y entonces lo vio. Vio a aquel chico pelirrojo de ojos verdes con mirada y sonrisa atroz.

    Sabaku no Gaara…” pensó mientras dirigió su chakra a la palma de su mano lo más rápidamente posible mientras caía sobre el mencionado. —¡SHŌTEI!

    La palmada insuflada de chakra de Hinata se incrustó en el pecho del ninja de Suna. Éste soltó un gritó que retumbó en todo el lugar haciendo que los pájaros de los árboles echasen el vuelo. Hinata vio como el chakra del chico bajó hasta niveles mínimos. En ese momento, Sabaku no Gaara había quedado completamente inconsciente.

    —Uff… Nos hemos librado por muy poco, ¿verdad, Akamaru? —dijo  Kiba mientras se estaba secando el abundante sudor de la frente con la manga de su chaqueta.

    El pequeño perro dio un ladrido de confirmación a su dueño que le tranquilizó. Shino observaba a Sabaku no Gaara desde la distancia. La tinaja del ninja de Suna se había desechó y sólo quedaba un montículo de arena en el que yacía. Hinata estaba respirando con cierta dificultad. El dolor en el pecho se acrecentó al sentir perdida de aire. Antes de que se diera cuenta, se desplomó en caída libre contra el suelo del claro.

    —¡Hinata! —exclamó Kiba al agarrar a la chica antes de que cayese al suelo. —¡¿Te encuentras bien?! Te ves bastante pálida…

    La joven Hyûga notó que toda la tensión había debilitado su cuerpo y le había provocado la pérdida de compostura y el dolor. Sintió vergüenza.

    —Lo siento… Kiba-kun… Shino-kun… —trataba de decir la chica. — Pensé que todo había… acabado para nosotros…

    Kiba miró con ojos comprensivos a Hinata. No podía negarlo. Él también pensó que había llegado el fin. 

    —Tranquila. Lo que importa es que has hecho lo que tenías que hacer. Sólo tómalo con calma. —le dijo con una sonrisa mientras la ayudaba a ponerse de pie de nuevo sin mucha dificultad. —Además, te viste genial.

    Hinata sonrió ligeramente a Kiba a quien agradeció sus palabras. Su mirada se posó en Shino quien había extendido un pergamino para proceder a sellar a Gaara. Le pareció que su rostro estaba muy taciturno.

    —¿Ocurre algo, Shino-kun? —preguntó la joven kunoichi acercándose despacio hacia el chico con una mano apoyada en su pecho.

    Shino había terminado de hacer el Fûinjutsu de captura y estaba poniendo al rollo una cuerda con un nudo muy fuerte para evitar posibles problemas con el hijo del Kazekage. Típica prudencia de él.

    —Lo hiciste bien, Hinata. No te atormentes. —dijo Shino con suavidad sin mirar a la chica.

    Las palabras de su compañero Aburame también calmaron el corazón de la joven de ojos blancos, pero le preocupó más la poca muestra de emociones que estaba teniendo en ese momento. Incluso para lo que era el propio Shino.

    —Entonces, ¿a qué viene tanta seriedad? —habló Kiba quien también se había dado cuenta del excesivo estoicismo de su compañero. —Creo que podemos darnos una palmadita en la espalda por, no sólo encontrar a ese gusano, sino también por capturarlo. Y eso que no era nuestro objetivo principal.

    La mirada de Shino se posó en sus compañeros tras terminar de guardar el pergamino dentro de su abrigo. Había algo que no le cuadraba y eso le inquietaba.

    —Se supone que este ninja es Sabaku no Gaara, ¿cierto? El hijo menor de Yondaime Kazekage, ¿no?

    Hinata y Kiba miraron extrañados a Shino tras su declaración mientras éste palpaba la zona de su abrigo donde estaba el rollo que contenía al ninja sellado.

    —¿No se supone que este tipo destrozó al discípulo de Maito Gai, a Rock Lee, y le dejó en un estado tal que no puede continuar siendo shinobi? Sin contar que ha matado a varios ninjas desde entonces…

    —Eh, sí… ¿y qué pasa con eso? —Kiba quería tratar de entender el punto de Shino.

    —La cosa es… ¿cómo hemos podido vencerlo nosotros sin más? —mencionó Shino evidenciando la propia debilidad de todos ellos. —Ya escuchasteis a Sandaime: Rock Lee no pudo con él pese dar casi la vida por pararle. Si él no pudo vencerlo con una técnica tan brutal como Hachimon Tônko Môdo, ¿cómo hemos podido hacerlo nosotros?

    Hinata contuvo la respiración unos instantes. Efectivamente Hachimon Tônko era una técnica terrible que obligaba a eliminar al cerebro las restricciones del mismo. Volvía más fuerte a su ejecutor, pero era un arma de doble filo que sacrificaba la salud y seguridad corporal del ninja que la usaba. Es por eso que se catalogaba como un Kinjutsu, una técnica prohibida. Hinata sintió una punzada de dolor físico y emocional ante las palabras de su compañero, pero no podía negarlo. Lo que Shino decía tenía mucho sentido. Ellos no eran rivales para Sabaku no Gaara.

    —Además, pensadlo en frío. En mi casa, escuché de mi padre que Sabaku no Gaara fue catalogado como un ninja criminal de rango S tras el ataque al Equipo Gai. —prosiguió Shino ante sus propias dudas. —Sus técnicas y tácticas brutales eran rivales terribles para nosotros. La muerte era nuestra carta ganadora.

    Pese a su normalmente actitud calmada, Shino mostró evidencia ante sus compañeros de equipo de que el encuentro con Gaara le había perturbado. Kiba pensó que, tal vez por eso, reaccionó ante el shinobi de Suna y con sus compañeros de equipo de una manera diferente a cómo lo hubiese hecho en otras circunstancias.

    —Sí, entiendo tu punto, pero no creo que debas darle muchas vueltas. —proclamó Kiba tratando de quitar hierro al asunto. —Este gusano de Gaara llevaba siete días en búsqueda y captura por todo el País del Fuego desde que luchó contra Rock Lee. Sí, es verdad que a éste la técnica le dejó hecho polvo, pero a Sabaku no Gaara le tuvo que dejar tocado también. Lo más probable es que haya estado dando tumbos de acá para allá.

    Hinata escuchaba los razonamientos de Kiba, los cuales también tenían bastante sentido.

    —Seguramente, tenía las fuerzas por los suelos y por eso buscaba una fuente de alimento. —continuó Kiba tratando de llegar a una conclusión. —De ahí que estuviese diciendo que quería sangre y otras cosas raras.

    Shino frunció el ceño. No estaba muy convencido de lo último que había dicho Kiba, pero no podía argumentar en contra.

    —De todas maneras, lo importante es que ya está capturado y no tenemos que lamentar bajas por nuestra parte y por nadie más, ¿verdad, Akamaru?

    —¡Auff!—ladró el perro blanco mientras miraba a su dueño quien tenía una sonrisa triunfante.

    La cara de Shino se mostraba aún disconforme. Fue algo que Hinata notó. La chica, por su parte, quiso intentar sosegar a su compañero de gafas oscuras.

    —Creo que es cierto, Shino-kun… —habló Hinata tratando de sonar algo despreocupada .—Hemos conseguido capturar a Sabaku no Gaara y estamos a salvo todos… Pienso que debemos volver y dejar que se encarguen los altos mandos a partir de aquí…

    Shino miró a Hinata a los ojos. Parecían muy cansados. Tanto Kiba como él sabían que la joven Hyûga no se encontraba en condiciones totalmente óptimas para seguir investigando. Aún estaba convaleciente tras perder contra su primo Neji y casi morir en aquel combate. Mucho había hecho ya. Pese a no estar totalmente convencido con el asunto de Sabaku no Gaara, el rostro del chico se mostró algo más tranquilo ante las palabras de la kunoichi. Decidió dar una oportunidad.

    —Está bien. Regresemos.

    Hinata y Kiba asintieron complacidos a las palabras del chico Aburame y se lanzaron de un salto hacia la salida del Bosque de la Muerte rumbo a la Mansión Hokage. Shino les seguía a pocos pasos mientras en la explanada quedaba la arena que formaba la tinaja que Sabaku no Gaara había tratado de utilizar contra ellos.

    —¿Cómo se encuentra tu alumno, Gai?

    Sarutobi Hiruzen, el Sandaime Hokage, había recibido hacía tres horas el pergamino del Equipo 08 – 080 que contenía sellado a Sabaku no Gaara. Acababa de informarle a Maito Gai sobre el asunto al entrar a la estancia.

    —Parece que ha tenido un pequeño inconveniente esta mañana en la UMN, Sandaime-sama.—comentó Gai ante la mención de su discípulo.

    Eran las cuatro de la tarde y los habitantes de Konoha se estaban preparando para el ambiente vespertino del día. En la pequeña habitación privada del Hokage reinaba la austeridad y el decoro.

    —Ah, sí, el problemilla con ese Genjutsu. No te preocupes, Gai, ya estoy haciendo que los ANBU lo investiguen. —Hiruzen aspiró una bocanada de humo de su pipa y lo expulsó por la boca. —No podemos permitir que ese asunto quede sin respuesta.

    Las palabras de Sandaime sosegaron a Maito Gai. El Jônin se había dirigido a la UMN tras conocer que Lee había sufrido un ataque psicosomático con reacción violenta que acabó en desmayo. Los primeros médicos con los que habló le dijeron que había sido producido por el estrés traumático de su encuentro con Sabaku no Gaara. No obstante, antes de llegar a la habitación 227, apareció un ANBU que le informó de que su pupilo Neji había observado fluctuaciones de chakra en el cerebro de Lee que podían confirmarse como un Genjutsu.

    —Le agradezco mucho por todo, Sandaime-sama. —dijo Gai mientras hacía una reverencia vehemente al Maestro Hokage.

    Hiruzen hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Rock Lee era un muchacho que había estado muy presente en la mente de Sandaime desde que el chico pidió su ingreso a la Academia Ninja con diez años. Tenía un espíritu de lucha y superación innegables y su resistencia física era muy basta. Le recordaba mucho a Maito Gai en sus inicios como Genin.

    —Lo que aún me preocupa es el resultado que tuvo tu alumno con Sabaku no Gaara. Me duele pensar que la historia de Rock Lee como shinobi se terminó aquí. Ahora que estaba comenzando…—dijo Sandaime con un atisbo de dolor en el tono de su voz.

    Gai frunció el ceño afligido por las palabras de Sandaime. Su querido discípulo había sufrido mucho la noticia de los médicos que dijeron que no podría ser más un Shinobi. El sólo recuerdo de traerle de vuelta a la Aldea tras el choque con Sabaku no Gaara le llenó de tristeza. Recordó cómo el cuerpo del muchacho estaba tan dañado y en un estado de inconsciencia tal que sólo su voluntad le seguía manteniendo en pie.

    Aún retumbaban en su mente las duras palabras que le dijo en el pasado su rival Kakashi al conocer éste que le había enseñado al joven Lee un Kinjutsu anti ninja de ese calibre.

    —No sé lo que este chico signifique para ti, Gai, pero no debería decirte que jamás ponemos nuestros sentimientos personales en juego. No hubiera creído que fueras capaz de esto…

    Verdaderamente, se arrepentía de haberle enseñado a abrir Hachimon Tônko a Lee. Había sido un error total. Pero ya no tenía remedio. Sólo podía esperar a que el cuerpo de Lee fuese lo suficientemente resistente para poder recuperarse de manera paulatina o para encontrar una cura al problema que los médicos no podían hallar en ese momento.

    —Tengo la confianza total de que podrá superar esto tarde o temprano. —dijo Gai con gran firmeza en sus palabras a Sandaime. —Lee es un shinobi en toda regla. Es verdaderamente fuerte.

    Hiruzen miró al Jônin como quien mira a un padre dolido y esperanzado por su hijo malogrado. Sí, sin duda, Rock Lee era un chico que aún tenía mucho que contar.

    —Desde luego hay que decir que su encuentro con el hijo del Kazekage ha ayudado a proporcionar información difícil de adquirir por otros medios. —comentó el anciano Hokage centrando la conversación en los ninjas de Suna. —Ha evidenciado un secreto de alta categoría que Suna ha estado ocultado desde hace muchos años.

    Gai asintió con la cabeza al recordar los acontecimientos. Seis días antes, Sandaime y el Consejo de Konoha habían convocado a todos los Jônin disponibles en la Aldea a una reunión confidencial, mientras que a los que estaban en misiones se les había informado con carácter urgente por diversos medios ultrasecretos de comunicación según donde se encontrasen.

    Tras regresar del Bosque del Suroeste, el Equipo Gai había proporcionado toda la información posible del choque que tuvieron con los ninjas de Suna y, tras ser examinada por la División de Inteligencia de Konoha, se había llegado a la conclusión de que Sabaku no Gaara posiblemente era el actual Jinchûriki del Ichibi, del monstruo de Una Cola.

    Konoha había tomado una medida de urgencia inmediata: imponer a Sabaku no Gaara el distintivo de ninja de rango S en búsqueda y captura inmediata para su posterior interrogación y negociación con Sunagakure en la reunión de los próximos días. También se añadieron a las futuras negociaciones a sus dos hermanos mayores, quienes estaban actualmente en los calabozos de Konoha.

    Todo Jônin o equipo liderado por uno que advirtiera la presencia de Sabaku no Gaara en su zona de actuación debía tratar de informar y/o tratar de capturar al susodicho ninja en la mayor brevedad posible. 

    —Es bueno saber que por fin ese chico está bajo custodia y que ya no podrá hacer más daño. —comentó Gai con un poco de sudor cayendo por su frente. —Desde luego, Suna tiene que tener problemas con él si constantemente actúa en estas condiciones.

    Hiruzen volvió a llevar a sus labios la pipa de madera. El suave aroma del tabaco procedente de los cultivos de Kusagakure era su favorito. 

    —Esa es una de las cosas que más me agitan en este momento, Gai. —dijo Hiruzen mientras exhalaba la bocanada de humo.

    Maito Gai permaneció callado ante las declaraciones del Hokage. Sabía que si Sandaime estaba hablando así era porque le iba a pedir algo. Una misión, seguramente.

    —Como ya sabes, se ha observado un aumento de ataques de supuestos ninjas renegados procedentes de Suna. —señaló con datos concretos el líder de Konoha. —Ahora mismo tenemos a sesenta y ocho shinobis en los calabozos de la División de Inteligencia.

    Maito Gai echó cuentas, y sumando a los tres hijos del Kazekage, que los lideraba, hacían un total de setenta y un ninjas de Suna encarcelados dentro de los muros de Konoha.

    —Esos son muchos números, Gai, en especial si hablamos de una aldea aliada. —continuó Hiruzen con el semblante calmado, pero firme. —Ahora, además, los hijos del Kazekage atacaron sin previo aviso a tus Genin actuales, exponiéndose a que confirmemos que uno de ellos es su único Jinchûriki. Todo eso es muy raro.

    Gai comenzaba a unir puntos en los que había tenido lagunas gracias a Hokage. Si él podía hacer algo para proporcionar una respuesta a lo que les pasó a sus discípulos, no dudaría en actuar.

    —Dígame que necesita, Sandaime-sama, y yo lo haré. —pronunció sin dudar el Jônin experto en Taijutsu.

    Hiruzen apoyó la pipa sobre un pequeño cenicero de metal especial mientras colocaba en el suelo un portafolios de aspecto de madera con una hoja que parecía cumplimentada y sellada.

    —Suna ahora mismo es casi inaccesible diplomáticamente. Desde hace dos meses, Kazekage parece haber caído enfermo y apenas llegan informaciones de los sucesos rutinarios de allí. —informaba Hokage mientras Gai escuchaba atentamente. —Por supuesto, no nos están comentando nada de estos supuestos ninjas renegados. Ni para bien ni para mal. Todo es silencio.

    El Jônin asintió comprendiendo que la situación era cuanto menos delicada. Gai estaba entendiendo más sobre el tipo de trabajo que quería Sandaime que hiciese. No era su especialidad, pero estaba dentro de las categorías colindantes a su ámbito de experticia.

    —Quiero que te infiltres en Sunagakure y que trates de recopilar toda la información que sea posible de este asunto o de lo que pudiese estar provocando esta situación tan extraña. Obviamente es una misión de rango S que requiere una actuación espléndida, Gai.

    Pese al alto nivel que tenía de ello, en este momento a Gai le pareció raro que Sandaime le encargase una misión de espionaje. Y sólo a él.

    —Dadas las circunstancias de aislamiento que Suna está teniendo no puedo enviar a nadie más, Gai. —dijo el Sandaime como si hubiese leído la mente del Jônin. —No obstante, es una situación buena que vayas tú ya que se ha solicitado esta misión.

    Gai miró el portafolio que Sandaime había dejado en el suelo cerca de él. Lo agarró y comenzó a leer la hoja que estaba escrita. Una vez comenzó a leer, los ojos del shinobi se abrieron y se sorprendió al ver cómo el mundo estaba lleno de casualidades. Aunque por su cabeza pasaron preguntas y quería decir muchas cosas, el templado rostro de Sandaime le paró de tales objetivos.

    —De acuerdo. No hay ningún problema, Sandaime-sama. —dijo simplemente Gai confirmándole su actuación en la misión de espionaje de Suna.

    —Bien. No me hace falta decir que no tienes que comentarles nada. —concluyó Sandaime Hokage a modo de despedida. —Partirás mañana a primera hora.

    Maito Gai afirmó silenciosamente con la cabeza. Dejó en el suelo el portafolios y se dirigió hacia la puerta para salir en dirección a su casa. Sarutobi Hiruzen recogió el portafolios y leyó de nuevo la solicitud de la misión. Una misión de rango C de escolta hacia Sunagakure requerida por Rock Lee junto con la expresa solicitud de Neji y Tenten como sus acompañantes.

    PERFIL NINJA OFICIAL

    Número de Registro Ninja: 012587

    Apellido: Hyûga

    Nombre: Neji

    Apodo/sobrenombre: (Hyûga no Tensai (El Genio Hyûga)

    Fecha de nacimiento: 03 de julio del año 067 de la Era Moderna

    Sexo: Hombre

    Estatus: Activo

    Tipo sanguíneo: 0

    Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego

    Clan/Familia: Bunke (Rama Secundaria) en Clan Hyûga (clan ninja militar)

    Equipo: Genin Licenciado del Equipo 03 – 079

    Rango Ninja: Genin (año 079 de la Era Moderna)

    Categoría Ninja: Rastreador

    Naturalezas de Chakra: Agua (Afinidad Natural)

    Kekkei Genkai: Byakugan

    Ocupación: Desconocida

    PRÓXIMO CAPÍTULO 

    PREPARATIVOS