Capítulo 10 – Martirio

Un paño mojado fue tirado con violencia sobre la cara de un aterrado Rock Lee y un jarro lleno de agua putrefacta fue vertido sobre dicha tela en un silencioso escurrir para que cayera lentamente dentro de su boca y por su nariz. El pobre chico se retorció y agitó intentando forcejear, evitar que cayera el líquido ponzoñoso en su rostro, pero era inútil: no podía mover la cabeza. Estaba férreamente atado a una mesa camilla, sujetó en cuello, muñecas y tobillos por fuertes esposas de cuero y cuerda que le dañaban la piel desnuda. En menos de dos segundos se le escuchaba suplicar clemencia, ahogado por el paño sucio y el líquido mortal que se escurría dentro de su nariz. Una clemencia que no llegaba a oídos de sus captores. No obstante, Lee no tenía ninguna duda de lo que experimentaba: se estaba ahogando.

Tras unos segundos más, que fueron interminables para el chico, terminaron de verter todo el contenido que había en la jarra. Lee jadeó fuertemente contra la tela sintiendo que hacía una contracción de alivio con su boca tratando de buscar aire. Sintió que elevaban la camilla desde el extremo de su cabeza y retiraban con brusquedad la tela de su cara. Ante el movimiento inesperado, Lee vomitó el agua que había entrado dentro de sus pulmones y a su estómago. Una vez terminó de expulsar el líquido, el pobre muchacho lanzó un gemido lastimero sin pudor. Le ardía terriblemente la garganta y no paraba de toser desconsolado tratando de expulsar el agua que había calado dentro de sus vías respiratorias.

—Bien, veamos si ahora se te han refrescado mejor las ideas, Rock Lee.

Con las pestañas mojadas por las gotas que caían sin permiso, Lee levantó a duras penas la mirada para ver la molesta luz de una lámpara amarilla cegándole los ojos. Estaba completamente desnudo y sus miembros le dolían terriblemente, especialmente la pierna y el brazo izquierdos, anteriormente dañados. 

—Te lo volveré a preguntar. ¿Quién es Toshikomi y cuál es tu relación con él?

No era la primera vez que le hacían esa pregunta, como tampoco era la primera vez que le estaban sometiendo a esta tortura desde que fue llevado a la División de Inteligencia de Konoha. No sabía dónde se encontraba exactamente, no sabía cuántos días llevaba ahí, sólo sabía que él, Morino Ibiki, su torturador y Jefe de la División de Inteligencia y de la Fuerza de Interrogación y Tortura de Konoha, quería una información que no le podía proporcionar.

“Si… si sigue así… si esto sigue así, voy a morir…” pensó el angustiado chico jadeante ante la presión del imponente aspecto de Ibiki. “Moriré… voy a morir…”

Lee comenzó a llorar entre dientes. La desesperación llenó su pecho. No era para menos. Morino Ibiki era uno de los ninjas más temidos dentro del Sistema de Jerarquía Shinobi de Konoha. Era conocido por ser un sádico y firme creyente de que el dolor era la forma más eficaz de comunicación. Era un hombre grande e imponente con una cabeza robusta y cubierta por cicatrices y heridas viejas que se ocultaban tras un Protector de Frente amplio. El uniforme gris estándar de la División de Inteligencia, junto con una gabardina negra y guantes, sólo hacían darle un aspecto aún más cruel.

Ibiki sabía apreciar totalmente la brutalidad exquisita de la tortura que le estaba realizando a Rock Lee: el ahogamiento simulado. Para realizarla correctamente, tenía que predisponer a la víctima a que supiese que estaba completamente a merced de él, que su voluntad estaba doblegada, que se le había despojado de su dignidad y humanidad como ciudadano y como shinobi. Realizar esta tortura le era especialmente satisfactorio a Ibiki si su víctima era un sospechoso de traición, como en este caso.

El Tokubetsu Jônin vio que la cara de Lee estaba completamente contraída por el llanto y los sollozos contenidos del chico. Era el quinto día desde que había comenzado a realizar esta tortura, la única que podía realizar sin dejar ninguna marca visible en el cuerpo del muchacho. Ni moretones, ni magulladuras, ni cicatrices. Era la tortura más silenciosas que existía hasta la fecha. Había procedido a realizarla tres veces al día como tres tomas diarias de un buen antibiótico, perfecto para acabar con bacterias como Rock Lee. 

Ibiki había sabido varias cosas durante la tortura. Preguntas básicas como los nombres de los padres de Rok Lee y su historial académico ninja fueron respondidas satisfactoriamente, pero carecían de importancia. Otras cosas más complejas e interesantes como el supuesto Genjutsu en el que había sido encerrado hacía más de medio mes, la puesta en marcha de un plan en Suna, junto con sus dos compañeros de equipo, para descubrir por su cuenta la invasión y el encuentro esporádico con un individuo llamado Toshikomi no habían sido resueltos satisfactoriamente todavía. Si bien Rock Lee no había dicho más que la verdad en todo ese tiempo, tampoco había respondido a la relación que tenía con ese esperpento de Toshikomi, especialmente porque esa persona sí conocía a Lee y a sus compañeros de equipo de alguna manera y les había hecho partícipes de lo que había sucedido en Konoha. Tenían que pagar por ello. Por el bien de Konoha. Era por eso que Ibiki se estaba impacientando vorazmente y su lado más sádico estaba decidido a sacarle hasta la última gota de información, aunque llevase completamente al chico al borde mismo de la muerte.

Lee vio como la mirada de Ibiki se volvió mucho más fruncida. Apretó fuertemente los ojos llenos de miedo. Se sintió igual que cuando era pequeño y creía que por cerrar los ojos podría escapar de la realidad. Aquí de nada servía.

“¡Dios mío, por favor, que se termine esto de una vez por todas!” pensó el demacrado joven gritando desde lo más profundo de su ser.

Ante su silencio, Ibiki hizo un gesto imperceptible con la mano y ordenó a la ANBU de cabellos púrpuras, la misma que le detuvo el primer día, que se apostaba a su lado bajar la mesa a su posición anterior.

—¡N-no, no, por favor! ¡No sé qué más contaros! ¡Por favor, no má…!

Los gritos de súplica de Lee fueron ahogados nuevamente con el paño mojado y sus pulmones sintieron el dolor atroz de la supurante agua pútrida. Con desespero, aún recordaba cómo comenzó todo cuándo Ibiki decidió hacerse cargo de él.

Lee se encontraba sentado en una silla cercana a una pequeña mesa de madera en un cuarto con muy poca iluminación. A su diestra, a un paso detrás de él, le custodiaba la ANBU que le había traído hasta ahí.

“¿Qué querrán hacer conmigo, y dónde se habrán llevado a Neji y a Tenten?” se preguntaba Rock Lee con visible angustia y terror.

Al rato, entraron por la puerta dos personas que hablaban en voz alta y muy airosa. Lee no quería alzar la mirada petrificado por los nervios.

—No sé por qué hay que hacer nada con él. Es sólo un Genin de un equipo de tres y no puede estar aquí sin su maestro. Además, es alumno de Gai, estoy seguro de que colaborará, Ibiki.

—Inoichi-san, comprendo sus motivos, pero ya sabe que soy el Jefe de la División de Inteligencia y de la Fuerza de Interrogación y Tortura. Yo estoy al cargo. —escuchó Lee replicar al primero. —Debemos comprobar que todo sale adecuadamente. Más en un caso como este.

Un gruñido de molestia se escuchó como respuesta cuando el chico de cabello negro sintió como las dos figuras se pusieron enfrente de él.

—Rock Lee, alza la vista, por favor.

Poco a poco, el mencionado alcanzó a mirar a la voz que le llamaba. Pudo ver a un hombre de complexión delgada, con cabello largo y rubio sujeto en una larga coleta, con una mirada verde bondadosa. Era el padre de su compañera Ino: Yamanaka Inoichi. Al lado del líder del clan mentalista, se encontraba el enorme y temido Morino Ibiki con una expresión grave. Ninguno habló durante un largo rato como tratando de escudriñar al pobre Genin, quien estaba a punto de echarse a temblar.

—Rock Lee, ¿sabes por qué te hemos traído hasta aquí? —Inoichi rompió el silencio suavemente.

Lee afirmó despacio con la cabeza y pensó muy bien las palabras que quería decir.

—Nos… han arrestado por sospechas de traición. A mí y a mis dos compañeros, Hyûga Neji y Tenten.

La respuesta de Lee satisfizo al Jônin de cabello rubio. Un pequeño asentimiento y una ligera sonrisa aparecieron en su rostro.

—Bien, bien. Veo que Gazeru os informó adecuadamente. —dijo Inoichi dirigiendo la vista a la ANBU que custodiaba al chico. —Verás, Lee, cómo te puedes imaginar la acusación que pesa sobre vosotros es bastante grave, pero yo sé que tus compañeros y tú sois buenos chicos y vais a colaborar adecuadamente con nosotros, ¿verdad?

El silencio se impuso en la sala. Lee tenía demasiado miedo para responder al Jônin. Temía que, si decía algo fuera de lo normal, perjudicase la seguridad de sus dos compañeros de equipo. Esto fue algo que Inoichi se dio cuenta y trató de ser más amable en su siguiente interacción.

—Piénsalo, Lee. No tienes nada que ocultar. Vosotros sois discípulos de Maito Gai. Sé que él es un Jônin que ha tratado a todos sus alumnos de manera sincera y que les ha enseñado la honestidad y la defensa de los valores de Konoha, nuestra Aldea Shinobi. —dijo Inoichi acercándose al lado del adolescente y poniéndole una mano en el hombro derecho. —Sólo estáte tranquilo y deja que pueda ver la información que tienes en tu mente para que puedas irte lo más rápido de aquí, ¿de acuerdo?

Los ojos de Lee se encontraron con los de Inoichi en una plegaria de súplica.

—Inoichi-san… Neji y Tenten, ¿ellos estarán bien? Si hablo, ¿no les pasará nada? —preguntó el chico de cabello negro casi en un ruego.

—Por supuesto, Lee. Como he dicho, tú tranquilo. Si colaboras conmigo y me dejas ver toda la información que tengas, los tres estaréis fuera de aquí en un periquete. —declaró sonriente el Jônin.

Lee sintió como su pecho se relajaba y sus ojos emanaban tranquilidad y esperanza. Respiró tranquilo al saber que no iba a pasar nada, que Neji y Tenten estarían bien y que pronto se reuniría con ellos lejos de este entuerto. Era muy bueno tener al padre de Ino de su lado como líder del Equipo de Análisis.

—Bien, ahora voy a ver si la máquina ya se ha conectado. En cuanto mis subordinados estén también listos, podremos comenzar la exploración de tu mente. —dijo Inoichi girándose sobre sus pies, lanzando a Ibiki una mirada triunfal.

Lee afirmó efusivamente mientras veía como Inoichi salía por la puerta para comprobar lo pactado con él. Una sonrisa fugaz apareció en los labios del chico quien se quedó mirando la puerta entreabierta de la sala. 

Lo que Lee no pudo calcular adecuadamente fueron los pensamientos que pasaban por la cabeza de Ibiki. El Tokubetsu Jônin estaba enfadado. MUY enfadado. Sandaime Hokage había muerto hacía dos días y él había sido uno de los pocos testigos en ver el cadáver del anciano líder en el lugar del suceso. Se sentía furioso, abochornado, humillado. Esos piojosos de Suna y de Oto habían masacrado Konoha por iniciativa de ese malnacido de Orochimaru. Ahora que había sospechosos de traición quería desquitarse con ellos, sacárles hasta la última gota de información que tuviesen en sus babosos cráneos.

“Ese maldito de Inoichi… ¡¿quién se cree que es?! ¡Él es sólo el líder del Equipo de Análisis! ¡El jefe de la División SOY YO! ¡Yo decido cómo se hacen las interrogaciones aquí!” —gritó en sus pensamientos Ibiki quien apretaba los dientes entre sus mandíbulas y sentía que sus puños bullían en sangre.

En ese mismo momento, Lee levantó la mirada y sólo pudo alcanzar a ver que una enorme mano fue a parar violentamente a su boca. Se quedó completamente patidifuso, no supo cómo reaccionar.

—¿Q-qué…? —trató de decir Lee mientras sentía que un hilo de sangre caía por la comisura de su labio partido.

Un enfurecido Ibiki levantó el puño señalando a la ANBU que custodiaba a Lee.

—¡Gazeru! ¡Levántalo y sácalo! —al chasquido de los dedos de Ibiki apareció otro ANBU en la sala. —¡Ambos! ¡Llevadlo a la sala 3! ¡AHORA MISMO!

Ante la virulencia de la orden, los dos ANBU actuaron con una rapidez abrumadora y sin rechistar. Rock Lee se había quedado en un shock paralizante. No estaba entendiendo nada. ¿Cómo qué sacarle de allí? ¿Llevarlo a la sala 3? ¿Qué significaba todo esto? ¿Qué pasaba con lo acordado con Inoichi? Todos esos pensamientos y muchos más se agolpaban en la mente de un Lee completamente anonadado que era arrastrado sin oponer resistencia a una sala aparte. En dicho lugar, le sujetaron a una mesa camilla que estaba en posición vertical y tenía sujeciones en brazos, piernas y cuello. Antes de que pudiese darse cuenta, le tumbaron y un paño chocó contra su rostro y sintió como una enorme oleada de agua helada caía por su cara inadvertidamente.

Lee se sintió morir. No podía respirar. Comenzó a toser por la boca, pero eso no hizo más que empeorar las cosas. El ardor que sentía en sus fosas nasales y la imposibilidad de coger aire por la nariz o por la boca le hacían sentir que se estaba ahogando. Un fuerte ruido de golpes contra la puerta interrumpió la tortura, haciéndole dar grandes bocanadas de aire a través de la tela.

—¡¿Qué estás haciendo, Ibiki?! ¡Esto no es lo que habíamos acordado! —la voz que escuchó Lee era la de un enfurecido Inoichi exigiendo explicaciones a su torturador.

—Cambio de planes, Inoichi. Me parece que ahora tu chico está demasiado alterado como para poder pasar por tu máquina y tus jueguitos mentales. —escuchó replicar jocosamente a Ibiki. —Ahora necesita de otro tipo de interrogatorio.

El corazón de Lee dio un vuelco. Comenzó a temblar como una hoja, tanto por el frío que se pegaba en su vestimenta mojada como por el mismo terror que le causaban las siniestras palabras de su captor. El chasquido de una lengua le hizo volver a la realidad.

—¡Esto no ha acabado aquí! ¡Me oyes, Ibiki! ¡Cuando Gai se entere, vas a estar metido en muchos problemas! —Inoichi gritó tratando de hacer entrar en razón al Tokubetsu Jônin a través de la amenaza—¡Lo mismo cuando se elija al siguiente Hokage!

Una risa sádica procedente de los finos y secos labios de Ibiki resonó en la oscura sala.

—Un perro siempre ladra más en el otro lado de la verja, ¿no crees, Inoichi? 

Un gruñido sonó y se comenzaron a escuchar fuertes pisadas alejándose y desaparecer a toda velocidad por el pasillo. En ese momento, el corazón de Lee se hundió por completo y sintió como la mesa volvió a su posición vertical original de golpe. La toalla cayó y pudo toser con libertad antes de ver como los ojos centelleantes de sangre de Ibiki se clavaban en él.

—Bueno, ahora que estoy YO al mando, dirás TODO lo que te pida. —escuchó decir al sádico torturador mientras daba la orden a Gazeru de que rasgara completamente su ropa.

Una violenta oleada de náuseas hizo parar la sesión de tortura. Lee comenzó a ahogarse en su propio ácido estomacal. Rápidamente subieron la mesa a posición perpendicular, dejando caer la toalla por la gravedad y permitiendo que el chico vomitase todos los fluidos de agua y bilis que escapaban por su boca y su nariz.

—Ibiki-san, creo que es suficiente. No dirá nada más. —expuso Gazeru que había estado acompañando a Lee desde el mismo momento de su detención.

El jefe de los torturadores miró a la mujer ANBU y después a Rock Lee. Ibiki estaba quemado, muy quemado. Quería terminar con todo esto de una vez, pero no sin rendir cuentas ante el Consejo de Konoha.

—Seguiremos después. En cuanto a ti… — dijo el gigantesco hombre acercándose a la oreja del maltrecho Genin. —… prepárate para lo que te espera.

Separándose de la mesa camilla, Rock Lee escuchó que Ibiki salía por la puerta de la sala de torturas. Escuchó que desaparecía también de su vista el ANBU que había asistido con el instrumental de tortura. Sólo quedaron Gazeru y él. Ella le soltó el agarre del cuello, de las muñecas y de los tobillos, lo que le hizo caer contra el suelo dolorosamente. Lee emitió un quejido lleno de desconsuelo y luego comenzó a jadear buscando aire desesperadamente. No se atrevía a alzar la mirada.  Tras un instante, en el que sintió como la mujer le miraba con gran intensidad, percibió que la ANBU salía de la estancia lentamente y apagó la luz, dejándole completamente a oscuras.

Tras terminar de controlar su respiración, Lee se acurrucó en posición fetal. No sabía cuánto más podría resistir. Tenía miedo, muchísimo miedo. También frío y sueño. Le habían privado de todo. Apenas le daban de comer, fruto también del proceso de tortura, y muestra de ello era que sentía como, poco a poco, comenzaba a notar sus costillas al abrazarse sobre sí mismo. El hecho de que fuese un muchacho esbelto, y que antes de comenzar este fatídico régimen de tortura poco podía comer por la restrictiva dieta médica, le habían dejado en un estado lamentable a nivel físico. Estaba perdiendo músculo y sentía que le habían robado su capacidad de resistir la humillación y el dolor físico. Gruesas lágrimas comenzaron a caer por sus ojos en un intento desesperado por salir mentalmente de este martirio. Pese a sus intentos enajenados en su lucha por sobrevivir, paradójicamente rezaba muchas veces por su muerte y su salvación de aquel terrible dolor.

—Uh, Neji… Tenten… Dios… no quiero… no quiero que estéis… pasando por lo mismo… —dijo Lee llorando débilmente sintiendo como una niebla ligera le hacía caer en un estado de duermevela.

A unos pocos metros, tras la puerta, la ANBU de cabello de color morado escuchaba el sufrimiento del pobre chico. Ella callaba. Sólo podía apretar sus puños llenos de frustración y rabia contenida.

—Siento la interrupción, Madoka-sama. Aquí les entrego este mensaje urgente del Honorable Daimyô del Viento Kazetani Miya. —musitó un soldado que acababa de aparecer en una sala de aspecto sobrio, pero de materiales muy caros. —Disculpenme también ustedes, emisarios de Konoha y del País de los Ríos.

Se escuchó un silencio muy tranquilo que confirmaba la aceptación de la disculpa de los presentes. La amplia sala de colores lustrosos del Castillo del Daimyô del Fuego estaba reuniendo a miembros selectos de los lugares afectados por la Invasión de Konoha. En una enorme y larguísima mesa estaban apostadas dos comitivas a sendos lados cada una. 

A la derecha, se encontraban Utatane Koharu y Mitokado Homura, como representantes del Consejo de Konoha; el Comandante Jônin Nara Shikaku, como representante del Sistema de Jerarquía Shinobi de Konoha y de los líderes de los clanes de la misma Aldea; el Comandante ANBU Shibu, como representante del Escuadrón Especial de Asesinatos y Tácticas de Konoha; y finalmente el civil Genzô, como representante de la Guardia Urbana de Konoha.

Por otro lado, a la izquierda, estaban apostados dos Ministros del Daimyô de los Ríos, dos Chûjô o Teniente General como representantes del Ejército Principal de los Ríos, y un Shôsa o Mayor como representante de las unidades especializadas y del pueblo de los Ríos.

En la zona de la presidencia había tres personas: dos Ministros del Fuego: Dangô y Kaizô; y, como anfitrión, coronaba Madoka Akira, el Daimyô del País del Fuego. Con un sonido nasal, éste acabó de leer y le pasó el pergamino a sus Ministros para que estuviesen informados de las novedades.

—Bien. Informa a Kazetani-dôno que aceptamos su generosa oferta. —sentenció Akira mirando al mensajero que no se había movido un ápice de su postura reverente.

Tras dirigirle un sonido respetuoso de afirmación, el mensajero salió de la estancia sin dejar de mostrar la reverencia a su señor.

—Mis queridos invitados. —comenzó hablando con pompa Madoka Akira. —Tengo muy buenas nuevas para todos ustedes.

Los presentes agudizaron sus oídos interesados por las noticias. Llevaban más de cuatro horas en un diálogo de negociaciones y sospechas que no estaba llegando a ningún lado. Esperaban que, con el repentino mensaje del Daimyô del Viento, la situación se relajase un poco.

—¿Cuáles son esas noticias, Madoka-sama? —preguntó uno de los Ministros del País de los Ríos.

Una pequeña risita cómplice salió de los labios de Akira. Los presentes vieron cómo sacó un abanico de la amplia manga de su traje, lo abrió y se tapó la boca para comenzar a reírse jocosa y sonoramente.

—Jo, jo, jo, resulta que nuestro querido amigo Kazetani Miya-dôno ha reconocido su ineptitud total para con su Aldea Shinobi. Nos ha confirmado que el Kazekage Arenji Rasa murió a manos de Orochimaru previamente al ataque en Furuya no Kyô. —cerró el abanico con pomposidad y señaló el documento que extendía Dangô ante todos. —Nos acaba de enviar este documento oficial disculpándose con nuestra presencia y se ha comprometido a entregarnos el territorio del Paso Musashimo durante los próximos 50 años. Algo bueno para vosotros también, Konoha, jo jo jo.

Sonidos de alivio se escucharon en la amplia y gran mesa que ocupaba la sala de reuniones. El Shôsa de la comitiva del País de los Ríos habló haciendo comentarios del tipo “por fin iba siendo hora” y “tenemos un poco de paz”. Los miembros de la comitiva de Konoha se reservaban los comentarios para ellos mismos, quedándose en silencio. A un gesto de uno de sus superiores, el Shôsa calló.

—¿Entonces quiere decir que las negociaciones han terminado satisfactoriamente, Madoka-sama? —preguntó el mismo Ministro de los Ríos que había hablado anteriormente.

Akira dejó su comportamiento triunfal para recomponerse y mirar al emisario del País de los Ríos. A un gesto del Daimyô precedió a hablar su consejero Dangô.

—En lo que respecta a las informaciones del Viento, representan algo bueno para los Ríos. Suna ha reconocido su completa y absoluta responsabilidad con la Invasión de Konoha y esto significa que los Ríos no ha tenido ningún tipo de actuación negativa para con nosotros. Sólo han sido víctimas colaterales de las circunstancias—declaró el hombre de gafas redondeadas haciendo que las expresiones de la comitiva de los Ríos se relajasen completamente.

—¡Eso es lo que hemos estado diciendo constantemente desde el momento en que hemos llegado y…! —exclamó sorpresivamente uno de los Chûjô de los Ríos.

Ante la férrea mirada de los Ministros de dicho país, el Teniente General no dijo mucho más y se quedó completamente callado. Shikaku observó la escena con diversión interior. Le parecía increíble que el País de los Ríos hubiese enviado a este individuo a representar a su país en una reunión de semejante calibre. Si esto era lo mejor que los Ríos podían ofrecer, desde luego significaba que no podían haber liderado un ataque para acabar con el Hokage.

—Independientemente de que nosotros no tuviésemos que ver con el ataque, éramos anfitriones de la reunión que se organizaba entre Kazekage-sama y Hokage-sama. —comenzó hablando el segundo Ministro de los Ríos que había permanecido callado hasta entonces. —Nuestra seguridad fue laxa y eso ha llevado a esta tragedia sin precedente. Les pedimos humildemente que acepten nuestras disculpas.

La comitiva de los Ríos se levantó y procedió a hacer una reverencia tan postrada que sus frentes casi tocaban la mesa de la sala. Las miradas de Shikaku y del resto de miembros de Konoha se encontraron entre sí y Utatane Koharu procedió a hablar.

—Por favor, levanten su cabeza. La situación ha sido muy dura para nuestros dos países. Desde Konoha, asumimos el compromiso para continuar con buenas relaciones con el País de los Ríos. —declaró Koharu suavemente.

Los ojos de los miembros de la comitiva de los Ríos se iluminaron cuando levantaron sus rostros. En ellos había una esperanza muy deseada. Y es que desde su país, Harunobu Ryôshu, el Daimyô de los Ríos, estaba muy estresado por todo lo que había pasado. Un atentado contra el Hokage, perteneciente al País del Fuego, era motivo más que suficiente para empezar una guerra y la anexión de su territorio a éste país. Era algo que debían impedir a toda costa. Por eso, la llegada de la carta de Kazetani Miya había sentado como un vaso de agua helada en un día caluroso de verano.

—¡Muy bien, entonces está decidido! El Fuego se reconcilia con los Ríos y todos quedamos como amigos. —exclamó con alegría Madoka Akira.

—Un momento, Madoka-sama. Aún queda solucionar con los Ríos el otro asunto por el que han venido. —inquirió respetuosamente el Ministro Kaizô a su señor.

Shikaku contuvo la necesidad de rascarse la cabeza incómodo por la infantil actitud de Madoka Akira. Desde que comenzó a actuar como Comandante Jònin de Konoha y tenía que asistir a reuniones de este tipo, había tenido que lidiar con actitudes muy variadas. Una de las que más le parecía increíble era la volubilidad y la falta de decisión de su propio Daimyô. Le costaba creer que alguien así pudiese estar gobernando un país entero tan grande como el del Fuego.

—¡Ah, es verdad! ¡Harunobu-dôno tiene interés en aliarse con nosotros, ¿cierto?!

Uno de los Ministros de los Ríos carraspeó y trató de elegir sus palabras sabiamente.

—Sería renovar el tratado de paz que tenemos vigente. Con el permiso de Vuestra Excelencia, Madoka-sama.

El Daimyo del País de los Ríos también había enviado a la comitiva de los Ríos a Kyokaen, la capital del Fuego, con el objetivo de aliarse por el doble magnicidio perpetrado, uno frustrado contra sí mismo, además del realizado contra Sarutobi Hiruzen. Crear una coalición defensiva contra Orochimaru era el objetivo deseado.

—Como sabe Vuestra Excelencia, Orochimaru ha estado utilizando pequeños países para poder realizar sus siniestros planes. A partir de ellos, ha ido reclutando a su ejército personal y ha logrado cometer el acto terrorista de Furuya no Kyô. —continuó el Ministro con prudencia. —Queremos evitar que tanto el Fuego como los Ríos caigan en una situación de indefensión con tal criminal suelto.

Madoka Akira afirmaba cada una de las palabras que escuchaba con los ojos cerrados mientras mantenía una posición de entendimiento con los brazos cruzados. 

—¿Qué piensas de ello, Dangô? —preguntó Akira mirando de reojo a su Ministro más fiel.

Shikaku veía en silencio el teatro diplomático que estaba produciéndose. Sabía de buena tinta que cuando  Madoka Akira precisaba ordenar decisiones rápidas e importantes, dejaba que sus asesores hicieran el trabajo: el que más lo convencía era el «ganador».

—Pienso que es una estrategia adecuada tanto a corto como a largo plazo, Vuestra Excelencia. Ambos países podemos ayudarnos compartiendo información y recursos para encontrar, capturar y ejecutar a Orochimaru antes de que se haga demasiado fuerte. —declaró sabiamente el Ministro Dangô con firmeza. —Konoha está también de acuerdo con mis palabras, ¿cierto?

Koharu y Homura asintieron a la pregunta afirmativa de Dangô. No había mucho lugar para la maniobra política. Orochimaru era un ninja renegado procedente de Konoha y era responsabilidad de la aldea encargarse de él para terminar todo este problema que llevaba arrastrándose durante casi más de diez años.

—¡Perfecto! ¡Entonces será así! ¡Dentro de un mes se firmará en la capital la renovación del tratado de paz con la adhesión de la Coalición contra el vil Orochimaru! —gritó contento Madoka Akira. —Así pues, miembros del País de los Ríos, pueden retirarse e informar a Harunobu-dôno de las buenas nuevas después de terminar de visitar estos días nuestra capital.

La comitiva de los Ríos se levantó suavemente, pero con un empuje de alegría y alivio en sus cuerpos.

—Siento que no podamos despedirlos personalmente, pero aún tenemos que encargarnos de más reuniones en el día de hoy. —dijo Madoka Akira con una pequeña sonrisa.

Tras varias reverencias, los soldados del Fuego llevaron hasta la salida de la estancia a los miembros de la comitiva de los Ríos. En la sala, sólo quedaron Konoha y los anfitriones del Fuego.

—¡Muy bien! Ahora podemos continuar conversando con las negociaciones que dejamos pendientes en la reunión de ayer. Hoy terminaréis de informarnos de todo.

Shikaku suspiró despacio. Este también era el tercer y último día de reuniones sobre las negociaciones que se habían realizado con Suna y Oto. Desde Kyokaen, la comitiva de Konoha se había reunido en privado con los emisarios de Suna y con los ministros Kaizô y Dangô como mediadores de Madoka Akira para llegar a un acuerdo que satisficiera a Su Excelencia.

—Por parte de Suna, hemos podido alcanzar los tres acuerdos principales que solicitamos como parte de la compensación por los daños recibidos. —declaró Homura dejando un aire de triunfo en sus palabras de manera disimulada. —En primer lugar, Suna ha aceptado admitir públicamente su participación en la invasión y disculparse formalmente con Konoha. Además, esto se enmarca dentro del establecimiento de un nuevo tratado de paz entre ambas aldeas que tendrá condiciones más estrictas para el lado de Suna.

Madoka Akira asintió conforme con el primer acuerdo establecido con los ninjas de su aldea. El Ministro Dangô escuchaba y Kaizô escribía cada una de las palabras del interviniente, sin dejar nada perdido en el acta.

—Además, Suna deberá proporcionarnos información detallada sobre su colaboración con Orochimaru y Oto. Todo ello con el objetivo de encontrarle y acabar con él de manera inmediata y definitiva. —sentenció Homura dando por terminado su alegato.

—Umh. ¿Y  qué me decís de eso, de Oto? Hemos tratado de contactar con Inadori-dôno y ha sido prácticamente imposible establecer relación con él. Sin su intercesión, dudo que sea fácil conocer más sobre Oto.

Shikaku evocó en su mente los aburridos libros de historia que su padre le obligaba a leer en casa cuando era heredero del clan. Recordó que durante el período de la Segunda Gran Guerra Ninja, el País del Fuego se aprovechó de la situación del poco avance tecnológico y militar del País de los Arrozales y procedió a saquear sus recursos minerales durante cinco años de manera tiránica y cruenta. Desde entonces, la familia Inadori y sus descendientes habían mantenido relaciones gélidas con el Fuego.

—Como Vuestra Excelencia ha mencionado, Inadori Minoru no ha respondido a vuestras misivas y eso ha dificultado conseguir información directa sobre cómo, cuándo y por qué dejó fundar una Aldea Ninja a Orochimaru. —dijo Koharu muy respetuosamente a Madoka Akira. —No obstante, utilizaremos a los ninjas de Suna para saber la mayor cantidad de información que disponen de ese lugar y de las personas que lo ocupan.

Madoka Akira afirmó con la cabeza mientras apoyaba sus manos sobre su barbilla encima de la mesa.

—Bien. Suena como un buen plan. Al fin y al cabo, vosotros sois los especialistas en ello, ju, ju. —dijo el Daimyô del Fuego mientras la comitiva de Konoha afirmaba en silencio. —Bueno, ¿qué más? ¿Cuáles son los apartados del tratado?

Shikaku aprovechó la ocasión y procedió a intervenir.

—Tras estos tres días, los emisarios de Suna, Genzô, Shibu y yo hemos establecido los parámetros del nuevo tratado de paz conjunto Konoha-Suna. —dijo Shikaku con tranquilidad en la voz. —Se ha establecido una compensación económica a modo de indemnización para cubrir los daños materiales causados durante la invasión, tanto los de las infraestructuras como los personales. Además, se les impondrá una multa millonaria para evitar que Suna pueda llegar a reproducir una acción semejante a futuro. Vuestra Excelencia nos confirmará el total a negociar en las próximas reuniones.

El Daimyô del Fuego asentía satisfecho a las palabras de Shikaku. Al fin y al cabo, escuchar que Konoha recibiría dinero de un tercero como compensación era algo que le venía muy bien para hacer algunos recortes durante un tiempo a su Aldea Ninja e invertirlo en otros asuntos.

—Por otro lado, se impondrán restricciones a las fuerzas militares de Suna cuando quieran ingresar dentro de las fronteras de Konoha y hasta en un radio de 50 kilómetros desde las mismas Murallas. El número de equipos que podrán estar en la Aldea no serán más que una decena y tendrán que contar con una autorización firmada por Konoha que deberán recoger en…

Shikaku paró de hablar momentáneamente al ver que Madoka Akira bostezó sonoramente. Se mordió mentalmente los labios al recordar que al Daimyô no le interesaban los detalles burocráticos de Konoha.

—A lo que me refiero, Vuestra Excelencia, es que sólo podrá haber una pequeña cantidad de equipos. Sólo diez y hasta que uno no salga de las fronteras de Konoha no podrá ingresar otro. —resumió Shikaku tratando de hacer que el Daimyô se reconectara con su conversación.

—¡Ah, bien, bien! ¡Eso es bueno! —exclamó Madoka Akira con fervor.

Shikaku suspiró aliviado. Ya no quedaba mucho más que explicar y quería mantener al Daimyô atento para terminar todo y volver a casa de una vez por todas.

—Finalmente, con el permiso de Vuestra Excelencia, solicitaremos la información y los datos actualizados del Paso Musashimo del que nos ha informado previamente pasará a jurisprudencia del País del Fuego. —declaró Shikaku queriendo pasar al último asunto del tratado de paz. —De esta manera, podremos establecer un punto estratégico de vigilancia que antes resultaba favorable para Suna y el Viento. Ahora será en beneficio nuestro.

El Daimyô del Fuego afirmó con un tono nasal y sacó nuevamente su abanico para abanicarse con él mientras tapaba su boca.

—¿Y qué me decís de Sabaku no Gaara? Tenemos entendido que se ha descubierto que es el Jinchûriki del Ichibi. —Madoka Akira comenzó a utilizar su voz como un niño caprichoso. —¿Acaso no habéis pensado en la posibilidad de conseguirlo para mejorar nuestro poder?

Ante la repentina pregunta, Shibu, quien había permanecido callado hasta entonces, procedió a hablar.

—Vuestra Excelencia, nuestra intención fue tratar de conseguir a ese chico o de, al menos, exigir cierto grado de supervisión sobre él. No obstante, los emisarios de Suna se negaron fervientemente, e incluso llegaron a amenazar con suicidarse en ese mismo momento si llegábamos a conseguir la potestad sobre el hijo menor del difunto Kazekage Rasa. —informó elocuentemente el Comandante ANBU. —Si eso llegaba a pasar, se hubiese producido otro conflicto con el Viento que convenía evitar.

—¡¿Ehhh, en serio?! ¡Qué lástima! ¡Me hubiese encantado tener al Monstruo de Una Cola junto con el de Nueve Colas en mi ejército de ninjas! —Madoka Akira hizo un ligero puchero casi imperceptible que no pasó desapercibido por la comitiva.

Shikaku sintió como un escalofrío pasaba por su espalda y la ira parecía subir por la nuca de su cabeza. Le molestó que el Daimyô pensase en Uzumaki Naruto como un juguete al que usar en su tablero de poder, pero no podía hacer nada. El Nara recordaba como Kushina, la madre de Naruto, había tenido que lidiar con esas ideas y designios, como había tenido que soportar una carga demasiado pesada desde pequeña. Le molestaba que Naruto tuviese que seguir con esa misma carga de una maldición.

—Pero no se preocupe, Vuestra Excelencia. En compensación, y siguiendo las antiguas costumbres de los pueblos nómadas de los territorios del Viento, recibiremos como ofrenda de paz a la hija mayor del Kazekage Rasa, Temari, la conocida como Kaze no Hime (Princesa del Viento). —declaró Shibu tratando de contentar al Daimyô. —Contaremos así con un rehén de alta calidad que evitará casi con total seguridad que Suna vuelva a hacer cualquier tipo de intentona de destrucción o invasión.

Madoka Akira comenzó a aplaudir entusiasmado ante las palabras de Shibu mientras éste permanecía con su impasible máscara de ANBU.

—¡Magnífico! ¡Espléndido! ¡Una princesa de Suna como prisionera política es una estrategia perfecta! —el Daimyô de Fuego dirigió una mirada divertida al líder del clan Nara —Imagino que te encargarás de ella y la vigilarás, ¿cierto, Shikaku?

La declaración de Madoka Akira pilló desprevenido al hombre de barba de chivo y coleta alta que le miró con cara de tonto.

—¿Perdone, Vuestra Excelencia? ¿Queréis que el clan Nara se encargue de esa chica? —preguntó Shikaku sin entender nada.

—¡Pues claro! —Akira se volvió a tapar la boca con el abanico monocolor. —Eres el Comandante Jônin de Konoha y controlar a una niñita no será mayor problema para ti o para tu clan. Al fin y al cabo, sois expertos en las sombras. Podréis… atarla cuanto deseéis, ju, ju, ju.

Las declaraciones del Daimyô hicieron que se le revolviera ligeramente el estómago. Shikaku quería creer que Madoka Akira estaba en una actitud demasiado estúpida como para no darse cuenta de la implicación soez e insultante a la que se estaba refiriendo hacia su clan. Ante la mirada de Shikaku, Koharu habló para mediar en la conversación.

—Por supuesto que Shikaku podrá encargarse de la hija del difunto Kazekage Arenji Rasa. Su clan es uno de los más famosos y estratégicos existentes en el mundo Shinobi. Lo hará con mucho gusto.

Aturdido y agradecido por las palabras de la Anciana del Consejo de Konoha, Shikaku afirmó su compromiso y el de los miembros del clan Nara de ser los guías y vigilantes de Temari de Suna mientras fuera una prisionera política.

—Entonces, ¿eso sería todo verdad, Koharu, Homura? Suna entonces ya dejará de ser un problema para vosotros. —declaró triunfante Madoka Akira. —No obstante, de alguna manera, sentimos que falta alguna cosa que tratemos…

—Efectivamente, estra Excelencia. Hoy se procederá a realizar las últimas ejecuciones a los ninjas de Suna y de Oto capturados durante la invasión. Mañana comenzará a entrar en vigor el nuevo tratado de paz que le hemos informado. —confirmó Homura con tranquilidad en su voz y en su espíritu —Aquí mismo tengo el boceto del acta para ser anunciada y publicada por los pregoneros oficiales. La enviaré tras la reunión con vuestra aprobación, Vuestra Excelencia, y…

Repentinamente, la puerta de la sala sonó con algo de fuerza haciendo exaltar a todos los presentes.

—¡Adelanteeee! —exclamó animado Madoka Akira haciendo un aspaviento juguetón con la mano que portaba el abanico extendido. 

De la puerta, apareció un ninja que todos los que componían la comitiva de Konoha reconocieron. Un hombre alto y musculoso, vestido con un traje elástico verde y un chaleco y Protector de Frente de Konoha. Aquel conocido por sus gruesas cejas y su pelo con estilo de corte tazón, Maito Gai.

—¡Oh, un invitado inesperado de Konoha! ¡Pasa y siéntate con nosotros! —gritó Madoka Akira efusivo.

Gai hizo una reverencia profunda ante los presentes, especialmente ante el Daimyô del Fuego.

—Gai, ¿a qué se debe tu presencia? —preguntó Shikaku calmado. —¿Ha ido todo bien en Furuya no Kyô?

El Jônin de traje verde se alzó con rigidez ante todo el aspecto de riqueza del palacio. No estaba acostumbrado a ello, debido a su vida sencilla y austera.

—Disculpen las molestias. He venido para informar que se ha procedido a la limpieza de los enemigos del ataque en el País de los Ríos y el levantamiento del cuerpo de Sandaime Hokage. Hatake Kakashi fue enviado a Konoha días previos para notificar a Danzô-sama. —dijo Gai con algo de nerviosismo. —He venido a informar que el cuerpo de Sandaime Hokage y Jiraiya-sama deben estar en Konoha ya en estos momentos y…

Un aspaviento por parte de Madoka Akira sobresaltó a todos los presentes. Tanto los ministros como los miembros de la comitiva sintieron que sus corazones trataban de buscar tranquilidad ante el entusiasmo patente del Daimyô.

—¡Eso es, eso es! ¡Eso era lo que faltaba por hablar! —gritó efusivamente Madoka Akira. —¡Tenemos que elegir al siguiente Hokage! ¡Votamos por Jiraiya!

En un largo pasillo plagado de pequeñas celdas frías y húmedas se escuchaba la salpicadura de una gota constante que caía al suelo. En el fondo de una de esas celdas yacía el cuerpo de una cansada y adolorida Tenten. La joven adolescente acababa de despertar debido al sonido recurrente del agua. Sus ojos marrones, ahora llenos de ojeras grandes y oscuras, parpadearon faltos de luz al descubrir nuevamente que se encontraba encerrada en el mismo lugar que ayer y que todos los días anteriores.

Tenten procedió a sentarse con cuidado para comenzar a notar las cadenas que la ataban en muñecas y tobillos. Aunque la dejaban espacio para moverse por casi toda la celda, podía sentir su gran pesadez, que combinada con el debilitamiento por la falta de comida y de sueño, la sentía especialmente fuerte. La chica terminó de sentarse, le dolía la garganta por el frío, pero quiso saber si él estaba bien.

—N-neji, ¿estás despierto?

Un gruñido y el raqueteo de unas cadenas ajenas se escucharon en la celda de al lado.

—Lo estaba, hasta que me has preguntado. —escuchó al chico de ojos blancos con la voz ligeramente flemática. No estaba de buen humor.

—Lo siento… —respondió Tenten tratando de evitar que el mal humor de su compañero aumentase.

Los dos miembros del Equipo Gai llevaban varios días encerrados. Desde que fueron encarcelados por los ANBU que les arrestaron, no se habían visto. Sólo se habían podido comunicar hablando a través de la reja de sus respectivas celdas. La chica de cabello chocolate recordaba como los primeros días de encierro trató de discutir con Neji sobre los motivos que les trajeron hasta allí, pero Neji la arengó a callar, ya que los ANBU podían escucharles y podían ir en su contra. Sin embargo, con el paso de los días, apenas querían decir algo, tanto por la falta de temas de conversación como por el estado psicológico alterado en el que estaban sumidos. 

Tenten levantó la mirada para ver que delante de ella había un trozo de pan reseco tirado en el suelo de su celda. Le pareció sorprendente. El tiempo, el aturdimiento y el hastío estaban haciendo mella en su mente. Ya no recordaba si es que no había escuchado al ANBU que les alimentaba entrar o si no lo había comido desde que se lo trajeron la última vez.

—H-hoy… es … creo que es el séptimo…, ¿verdad? —preguntó Tenten con cautela. —El séptimo día que llevamos aquí…

—Es el noveno, Tenten… —respondió con un hilo de voz Neji. —Llevo la cuenta de las comidas que nos traen….

Tal como temía la chica, acababa de perder la capacidad de determinar los días en ese penumbroso lugar. Pequeños candelabros con velas a medio derretir iluminaban tenuemente. Apenas podía distinguir algo enfrente de ella desde el día que les habían encerrado. En esa prisión no había luz, ni ventanas, la única manera de saber el tiempo que llevaban allí era contabilizando la comida que les traían, pero eso ya no era una opción para Tenten.

Repentinamente, una oleada de ácido estomacal subió a la boca de la joven adolescente. La chica tuvo que llevarse una mano a la boca para intentar no vomitar mientras sujetaba su vientre con fuerza debido a un terrible dolor que se le cruzaba entre el estómago y el esófago. Si Neji estaba en lo cierto, llevaba desde el quinto o sexto día sintiéndose así, el mismo momento en el que dejó de comer y que, por obvias razones, no le estaban proporcionando más alimento. Aunque quería evitar preocupar a Neji, no pudo reprimir un pequeño gemido de disconformidad mientras trataba de tragar el líquido e intentaba que el amargor desapareciera de su boca sin éxito.

—Tenten, ¿estás bien? —escuchó decir a Neji a quien no pasó desapercibida la queja de su compañera.

—S-sí, creo que… —Tenten dudo un instante antes de hablar. —N-no… la verdad es que no estoy bien. Me duele mucho el estómago y la boca no para de saberme a ácido. No sé qué me está pasando…

—¿Es por eso has dejado de comer?

Tenten abrió los ojos con sorpresa. Pudo atinar a escuchar un ligero tono de preocupación en la voz de su compañero de equipo.

—¿Desde cuándo lo sabes, Neji? —preguntó la chica levantando ligeramente las cejas en medio de la penumbra.

—La noche de hace tres días… fue la última vez que comiste algo… —respondió Neji con debilidad en su voz. —Las veces siguientes sólo me han servido a mí… supongo que tienes alimento en tu plato, ¿cierto?

Tenten sonrió pese a la amargura. Desde que les trajeron a la prisión, a Neji le habían puesto un antifaz especial que le imposibilitaba usar su Byakugan, e incluso ver con normalidad. Por ese motivo, el chico había estado usando el resto de sentidos para entender, aunque con dificultad, lo que ocurría en sus alrededores. De todas maneras, la capacidad deductiva de Neji no dejaba de sorprender a Tenten. Ni siquiera en las horas más bajas el cerebro de él dejaba de hipotetizar basándose en datos. Pese a que muchos le llamaban genio por su destreza y fuerza física, por las habilidades que había desarrollado en el Clan Hyûga pese a pertenecer a la rama secundaria, Tenten consideraba que el mayor don de Neji era su habilidad de teorizar adecuadamente y saber hacer qué era lo correcto en base a ello.

—Deberías comer, aunque sea un poco. Te enfermarás aún más si no lo haces. —respondió Neji sintiendo como la mucosidad se acumulaba en su garganta.

—Ya estoy lo suficientemente enferma, Neji. Si como algo, siento que lo voy a vomitar… y temo no parar…

La respuesta de Tenten hizo que Neji se quedase en silencio durante un rato largo. La chica sintió como ese silencio se estaba volviendo pesado en su pecho. No sabía cuánto iban a poder durar más en esa oscuridad, en esa angustia. Les faltaba lo mínimo y básico para sobrevivir en condiciones ínfimamente aceptables, añadiendo el hecho de que no sabían que querían hacer con ellos, puesto que no les habían dicho nada desde que llegaron allí. Tenten estaba comenzando a sentir que llegaba a un punto peligroso en el que la desesperanza se iría clavando en su mente y en su corazón en los próximos días e incluso horas si seguían tal y cómo estaban.

—¿Cómo estará Lee? —preguntó como en una nube soporífera la chica de cabellos chocolates. —Me pregunto si estará igual que nosotros…

El tema de Lee era algo que habían decidido no hablar. No era que los dos adolescentes hubiesen llegado a un acuerdo de ello. Era algo que habían decidido tácitamente, por todo lo que habían vivido con su compañero de gruesas cejas desde que despertó de aquella ilusión.

—…o sé…

Un sútil hilo de voz se deslizó por las rejas de la celda de Tenten.

—¿Eh, q-qué dices? No te he entendi…

—Dije, ¡QUE NO LO SÉ! —gritó repentinamente Neji con una franqueza jamás mostrada en el pasado.

Los ojos cansados de la joven se abrieron en un estado de alerta. El clamor de la voz del chico de ojos blanco hizo que Tenten diera un respingo de sobresalto. 

—¡No lo sé, Tenten! —escuchó decir a Neji continuando su arrebato. —¡No sé qué le ha podido pasar a Lee! ¡No sé dónde pueden habérselo llevado! ¡Ni siquiera sé si puede estar vivo aún!

El sonido de unas cadenas y de un gruñido alertó que Neji se había puesto en pie.

—¡Míranos! ¡Mira la situación en la que estamos! ¡¿Cómo vamos a saber en qué estado está Lee?! ¡Si ni siquiera sabemos en qué situación estamos nosotros! ¡Llevamos aquí nueve malditos días y nadie nos dice nada! ¡Nadie nos quiere decir qué quieren de nosotros! ¡Simplemente quieren volvernos locos! ¡Qué digamos lo que sea! ¡Sólo quieren un chivo expiatorio de todo lo que ha pasado en Konoha y nos han elegido a nosotros!

Tenten aguantaba la respiración en completo silencio. Había calculado mal la paciencia y el estado psicológico de su compañero. La chica comenzó a sentir que su mente estaba en riesgo de salirse de su cuerpo. Era todo tan ilógico, tan incoherente. Creía que lo estaba viviendo cómo algo completamente ajeno a su realidad. Primero, lo de Lee, luego su arresto y ahora el desconocido ímpetu de un Neji completamente alterado.

De repente, se hizo el silencio y Tenten escuchó, tras una larga retahíla de quejas, cómo las cadenas volvían a sonar, pero esta vez contra el suelo de la celda de al lado.

—Yo… yo… no sé qué hacer… —comenzó diciendo Neji tras una pausa. —Yo… soy un inútil… 

Tenten sintió que los ojos comenzaron a llenarse de lágrimas por las palabras de su compañero. Un sollozo ajeno evitó que sus propias lágrimas comenzasen a caer por sus mejillas sucias y descoloridas. Neji… ¿estaba llorando? La chica sintió que su respiración comenzó a aguantarse nuevamente.

—Yo… se supone que siempre he sido el líder de nuestro equipo, cuando Gai-sensei no estaba… se supone que soy el que siempre sabe lo que hay que hacer… pero ahora no… ahora no sé qué puedo hacer, qué podemos hacer… no sé siquiera si nos dejarán salir con vida de aquí…

La voz de Neji comenzó a desgarrarse. Tenten creía que si decía algo corría el riesgo de que su compañero estuviese a punto de echarse a llorar desconsoladamente.

—Y ahora, además de no haber podido ayudar a Lee, de no haber podido ayudarle con todo lo que ha estado pasando desde que despertó de aquella ilusión… ahora sé también que… no he podido protegerte a ti… has caído enferma y eso sólo puede ir a peor en prisión… yo… lo s-siento… de verdad… que lo siento, Tenten… no puedo proteger nada… no puedo protegerte…

Los sollozos de Neji comenzaron a entremezclarse con tosidos moderados. Aunque él no quería admitirlo, Tenten sabía que Neji había caído enfermo antes que ella y había estado aguantando en silencio todo su propio sufrimiento. Ahora había sido testigo de cómo Neji se había tragado su orgullo y le había abierto su corazón. Sentía que no debía, no podía y no quería dejarle sólo. Tras unos instantes, Tenten se pasó su mano por sus ojos abotargados y se los restregó con fuerza.

—S-soy yo la que debería disculparse, Neji… en verdad… en verdad soy una persona egoísta… siempre… h-he pensado que eras el que tenías respuestas para todo… que podía descargar mi propia responsabilidad en ti… mis actos y las consecuencias de ellos…

Tenten podía escuchar cómo los sollozos de Neji comenzaban a sosegarse mientras ella continuaba hablando.

—Pero… estaba equivocada… me equivoqué… he… abusado de tu confianza… y te he dado una carga, una responsabilidad que nunca ha sido tuya, sino de todos, de los tres… ahora estamos en una situación límite… y, cómo dices, no sabemos qué quieren de nosotros, ni qué quieren de Lee…

La chica de cabello chocolate hizo una parada tratando de recomponerse, pues sentía que estaba cada vez más cerca de derramar grandes lágrimas.

—Yo… soy la que lo siente, Neji… fui yo la primera que sugirió ir a Suna a investigar… soy una persona torpe y excesivamente directa… eso nos ha metido en problemas muchas veces y… no te he agradecido lo suficiente… por ayudarme… por todo… sólo… no quiero que… no quiero que acabe todo aqu-…

Un suspiro sollozado salió de su garganta y no pudo continuar. Tenten comenzó a secarse la cara con fuerza, tratando de parar el aluvión de lágrimas silenciosas, pero abundantes. Estaba desconsolada. Sólo quería salir de allí, volver a su casa con su padre, volver a cómo estaban antes de que Lee hubiese entrado en aquella ilusión, deseaba con toda su alma despertar de aquel terrible sueño.

—Tenten… ven…

El sonido de las cadenas y de la voz de Neji sacaron de sus pensamientos a Tenten. No sabía exactamente a lo que Neji se refería, pero se acercó a las rejas de su celda. Al asomarse pudo ver que la pálida mano de su compañero trataba de llegar hasta dónde estaba ella. Ante la acción, Tenten no lo pensó. En un impulso la chica sacó su mano, queriendo agarrar la de su compañero con fuerza, pero sólo pudieron llegar a tocar la punta de su dedo índice. Aunque no sabía por qué, Tenten sintió que con eso bastaba y sobraba para que su corazón se tranquilizase.

—Tenten, te prometo que saldremos de aquí con vida… aún no sé cómo, pero saldremos… lo juro…

Las palabras de Neji, junto con el pequeño y significativo contacto, hicieron que la chica se sintiera más ligera. Tenten no dejaba de pensar en cuán misterioso estaba siendo ese momento para ella y cómo, por algún motivo que desconocía, quería que durase para siempre. Deseaba, de alguna manera, que Neji estuviese sintiendo algo similar.

—Creía que eras el más lógico y racional… ¿cómo puedes jurar algo así? —preguntó Tenten divertida ante el momento apasionado de Neji.

—Oye, ten confianza en mí, ¿de acuerdo? Hay algunas ocasiones donde sólo hay que poner un poco de fe…

Una pequeña risa salió de los labios de Tenten. Se sintió de mejor humor ante la pantomima que estaba realizando Neji. Ninguno de los dos cesó en su tacto hasta que escucharon abrirse una puerta al fondo del pasillo de la amplia sala de celdas.

—Neji…

—Shh, no digas nada…

Los pasos comenzaron a avanzar con rapidez hasta donde se encontraban las celdas de ellos dos. En poco menos de un minuto, Tenten pudo ver que delante de su celda se encontraban dos ANBU, una de ellos con largo pelo color morado se le hacía extremadamente familiar. La ANBU que se había llevado a Lee. Tras unos instantes que a Tenten le parecieron horas, la mujer habló.

—Hyûga Neji y Tenten. Por orden de Yamanaka Inoichi, tenemos órdenes de dejaros salir de prisión. —dijo la ANBU con cabello teñido. —El Equipo Gai ha sido encontrado inocente de la sospecha del crimen de traición a Konoha.

Tenten parpadeo varias veces, incapaz de hablar por las noticias, mientras miraba anonadada como la ANBU procedía a eliminar los explosivos y el sello que impedía la entrada y salida de su celda. La chica de cabello chocolate vio que la mujer entraba en su celda y comenzaba a liberarla de sus cadenas sin dificultad. A su vez, Tenten podía escuchar los gruñidos y el sonido del metal repiquetear en la celda de al lado. Unos momentos después, pudo ver bajo la tenue luz de las velas anaranjadas y lúgubres, a un Neji en proceso de demacración siendo acompañado y sujetado por el ANBU que le había liberado. 

Tanto los ojos de Neji como los de Tenten se reencontraron y la chica se olvidó de todo, del cansancio, el hambre, el sueño, de la enfermedad, y corrió. Corrió a su encuentro y le abrazó. Lloró tontamente y con mucha fuerza. No quería soltarle. Si esto era un sueño. quería permanecer en él. Sin embargo, no lo era, ya que sintió que Neji le devolvió el abrazo, sujetándola con ternura, pero con firmeza, como en un intento desesperado de evitar que volvieran a separarles.

—Creo que sería más adecuado que dejárais los abrazos para más tarde. Tenemos órdenes de llevaros a que os revisen médicamente de inmediato. —dijo el ANBU encargado de Neji.

Aún con miedo de que les hiciesen una mala jugarreta, Tenten soltó el abrazo sin dejar de agarrar la chaqueta maltrecha de Neji. De los ojos de ella, aún caían algunas lágrimas insospechadas que se resistían a contenerse.

—Uh…¿el Equipo Gai? ¿Entonces, Lee? ¿Qué ha sido de él? —preguntó Neji con un tono preocupante.

Los dos ANBU se quedaron en silencio y se posicionaron cerca de ellos para llevarles ante los médicos cuanto antes dado su estado. Antes de utilizar la técnica, Gazeru, la ANBU de cabello morado les pudo informar.

—Vuestro compañero Rokku Rî ya ha sido llevado hasta la UMN reconstruida. Pronto podréis verlo, pero… tal vez no cómo os gustaría.

Con esas abrumadoras palabras, Neji y Tenten sintieron que una nube les envolvió. La misma nube que les envió hasta una de las oscuridades más profundas de Konoha les llevó de nuevo hasta la luz.

Jiraiya dejó de limpiarse los dientes con la lengua y lanzó un escupitajo contra el suelo tras pasar las primeras viviendas que limitaban Kyokaen, la capital del País del Fuego. Estaba andando por un camino de arena que llevaba al Distrito Comercial. Calles amplias con una mezcla de edificios modernos y estructuras tradicionales albergaban tiendas de alimentación y objetos cotidianos junto a comercios de artesanías.

“Ha pasado mucho tiempo desde que estuve por aquí…” pensó Jiraiya viendo sus alrededores sin girar demasiado la cabeza. “… pero veo que no ha cambiado mucho la capital del país…”

—¡Vamos, Erosennin! ¡Por allí veo el palacio, ya casi llegamos!

Jiraiya centró su mirada en aquel chico de cabello rubio y traje anaranjado que sólo podía ser Uzumaki Naruto. El joven le acompañaba en su visita al Daimyô del Fuego.

—¡Te he dicho muchas veces que no me llames así, Naruto! ¡Qué pesado! —farfulló Jiraiya mientras se pasaba la mano por su Protector de Frente.

—¡Pero es que eres el Erosennin, Erosennin! ¡¿Si no, cómo voy a llamarte?!

Ante los gritos de Naruto, Jiraiya pudo escuchar un puñado de risas a su espalda. El Sannin sintió tanta vergüenza que no pudo sino acercarse a Naruto, agarrarle de cuerpo entero y echar a correr con los carrillos entintados haciendo caso omiso de las protestas del muchacho. Tras girar en una callejuela, Jiraiya paró y resopló, tratando de reestablecer su compostura anteriormente perdida.

—Naruto, escúchame. Te he traído hasta aquí para que me ayudes, no para que me hagas pasar vergüenza. —reprochó al chico rubio dejándolo en el suelo. —Más te vale comportarte adecuadamente cuando estemos delante del Daimyô.

—¡Qué sí, que sí, Erosennin! ¡Tú déjalo en mis manos! ¡Sólo asegúrate de enseñarme esa técnica tan genial que me has prometido después!

Jiraiya negaba con la cabeza tras ver que Naruto comenzó a avanzar delante de él. Aún no sabía cómo había llegado a este punto exactamente. Tener que ir a la capital por ser candidato a Hokage y llevarse a Naruto para cuidarlo por ser el Jinchûriki era lo que menos esperaba hacer cuando llegó a Konoha.

“Ya hemos llegado, Sarutobi-sensei.” pensó Jiraiya dando un apretón al pergamino que custodiaba en su pecho mientras pensaba que dentro del mismo yacía Sandaime Hokage. “Nunca pensé que acabaría por acompañarte por última vez así…”

El hombre de largo cabello blanco sonrió con tristeza al pasar el límite del destrozado Portón del Sur. Junto a él, los ANBU con nombres en clave Zô y Washi escoltaban al enorme Sannin al interior de Konoha. La vista de Konoha quedaba muy lejos de ser la bien apacible y bonita aldea que había sido hacía menos de una semana. Actualmente, se vislumbraba una gran cantidad de infraestructuras destruidas, especialmente el suelo de las calles, los tejados y las fachadas de las viviendas.

“Sin duda, a Konoha le espera un trabajo de reconstrucción importante, pero eso no es todo. Es probable que muchos civiles y efectivos militares hayan perdido confianza en la fuerza de la aldea.” pensó nuevamente Jiraiya con un poco de preocupación. “Esperemos que el siguiente Hokage sea capaz de ganarse la confianza perdida para con sus ciudadanos.”

—Jiraiya-sama…

La mención de su nombre hizo salir de sus pensamientos al alto shinobi. Se giró sobre sus pies y vio que Zô y Washi se habían quedado quietos.

—Discúlpenos, Jiraiya-sama, pero… a partir de aquí debemos ocuparnos nosotros del cuerpo de Sandaime Hokage. —indicó Zô solicitando el rollo que llevaba el cuerpo del difunto. —Nuestro deber es… devolverle a casa y actuar según el protocolo establecido para estos casos.

Jiraiya afirmó silencioso mientras abría la camisa de su kimono verde y sacaba un pergamino de color negro con patrones ondulados blancos, un pergamino que indicaba la presencia de un cadáver dentro de él. El Sannin extendió su mano con calma y Zô procedió a sujetarlo con cuidado, haciéndolo con ternura.

—Muchas gracias y disculpe los problemas que hemos causado durante estos días con la limpieza de Furuya no Kyo, Jiraiya-sama. —dijo el ANBU mientras hacía una reverencia al hombre de cabello blanco. Washi imitaba a su superior en silencio.

Jiraiya se quedó pausado un instante mirando a los dos miembros de la guardia personal secreta del Hokage y suspiró.

—Esto ha sido duro para todos, pero estoy seguro que ha sido duro especialmente para ti , Zô. O más bien debería decir Hiromaru.

Ante la mención de ese nombre, Zô levantó la cabeza con presteza.

—Jiraiya-sama, por favor, no debería nombrarme así, más en las circunstancias que rodean a Konoha. ¿Qué sucedería si hay ninjas enemigos a nuestro alrededor?

—Tranquilo, Hiromaru. Puedo notar que no hay nadie cerca nuestro. Al fin y al cabo, soy un Gama-sennin. —respondió Jiraiya al ANBU aludiendo a sus habilidades sensoriales como un ermitaño sapo. —Pero volviendo a lo que decía, es normal que te sientas decaído. Por mucho que fuera Sandaime Hokage, Sarutobi Hiruzen no dejaba de ser tu padre.

El ANBU se mantuvo en silencio. La máscara no dejaba ver emociones, pero Jiraiya pudo intuir que las expresiones de su rostro estarían marcadas por el dolor de la pérdida.

—Hiciste un buen trabajo con los recursos con los que contabas como líder del Destacamento ANBU que vigilaba al viejo Hokage, Hiromaru. Si no hubiese sido por ti, muchos más compañeros ninja hubiesen muerto. —continuó hablando Jiraiya tratando de dar un mensaje de apoyo al hijo mayor del difunto Hokage. —Ahora debes tener un tiempo para llorarle y despedirte de él como se merece, como Hokage de Konoha y, sobre todo, como tu padre.

Washi miraba la interacción entre los dos individuos en silencio. Si bien era la mano derecha de Hiromaru, o Zô como su nombre en clave actual, sentía que no había hecho nada más que estorbar y que había tratado todo lo posible por sobrevivir al ser separado de Hokage por los esbirros de Orochimaru. Se sentía penoso, pero no quería dejar en la estacada a su líder en estos momentos, puesto que acababa de perder a alguien muy querido para él.

Hiromaru afirmó en silencio y guardó el pergamino de Hokage dentro de su chaqueta blanca de líder ANBU. Se tocó el pecho acariciando el pergamino a través de él e hizo una nueva reverencia a Jiraiya. 

—Así haré. Gracias de nuevo, Jiraiya-sama. Si nos disculpa, debemos reportarnos.

Tras una breve despedida, los dos ANBU desaparecieron sin dejar rastro delante del Sannin de cabello blanco.

—Sin duda alguna, el clan Sarutobi estará de luto especial estos días. —dijo Jiraiya en un susurro mientras echaba a andar por un camino asfaltado por piedras pequeñas y cemento arcilloso. —No sólo han tenido una pérdida a nivel personal, sino también en política.

Jiraiya estaba en lo cierto. El hecho era que Sarutobi Hiruzen había sido el Hokage durante casi cincuenta años. Durante ese tiempo, el clan Sarutobi, siendo uno de los denominados ‘clanes políticos’, había mejorado muchísimo su posicionamiento social en la Aldea de Konoha a base de influencia de la buena conducta, la fama y la moral del Sandaime Hokage y, en general, del resto de los miembros de la familia. Ahora que se habían quedado sin su miembro más influyente, el Consejo de Ancianos del clan Sarutobi realizaría reajustes dentro del propio clan.

—Me pregunto si decidirán quedarse en un segundo plano durante un tiempo para volver con fuerzas más adelante. Es una estrategia que realizaron los Senju, aunque la de ellos fue más intensa y no les salió muy bien que digamos…

—¡Jiraiya-sama!

Su monólogo fue interrumpido por la voz de un chico joven que se paró enfrente del Sannin.

—¡Jiraiya-sama, me reporto. Soy Torikai Takajō, el encargado del Aviario de Konoha! —se presentó en una reverencia rápidamente el joven que no debía rondar ni siquiera los veinte años de edad. —¡Acaba de llegar para usted un mensaje urgentísimo. Proviene de Kyokaen, de parte de Homura-sama y Koharu-sama!

Jiraiya levantó una ceja extrañado. ¿Acaso Gai acababa de llegar a la capital con semejante rapidez? Sólo habían pasado tres días desde que le despidió ordenándole dirigirse a Kyokaen para notificar la baja de Sandaime al Daimyô.

“Se tardan cinco días en llegar hasta allí con un ritmo tranquilo. Si que es rápido este Gai… igual que su padre…” pensó Jiraiya con sorpresa.

—Has dicho que el mensaje viene de parte de Koharu y Homura. ¿Entonces no se encuentran aquí?

Takajô cejó en su respetuosa postura para mirar al rostro del imponente hombre. Tenía el rostro algo consternado y se le notaba que estaba inquieto por entregar la misiva que acababa de recibir.

—D-desconozco los detalles, Jiraiya-sama, pero tengo entendido que Koharu-sama y Homura-sama marcharon con otros miembros importantes de Konoha para discutir sobre la problemática que nos afecta. —respondió Takajô con nerviosismo tratando de ser fiable. —Formaron un Comité Ejecutivo de urgencia ante la situación actual…

—¿Uhm, entonces, quien está al mando ahora mismo aquí si esos dos no están? Por que alguien estará al mando, ¿no?

—Ah, s-sí, Jiraiya-sama. Danzô-sama se ha quedado para hacer las veces de gobernante provisional en ausencia de los otros dos Ancianos del Consejo de Konoha y…

Takajô apenas dijo una palabra más, pues vio como la expresión de Jiraiya cambiaba a una llena de una mezcla de preocupación y enfado.

“Danzô… ese bastardo se está aprovechando de la situación, ¿eh? Me pregunto si querrá hacer alguna triquiñuela para hacerse con el poder…”

Danzô era bien conocido dentro de la esfera de poder de Konoha como un individuo muy ambicioso. Jiraiya recordaba como, en reuniones del pasado, Danzô se había mostrado como alguien que buscaba hacer realidad en todos los sectores de Konoha el hecho de tener una adhesión fanática y arbitraria a los ideales de un shinobi, creyendo que debían sacrificar absolutamente todo por el bien de la aldea. Era una de las personas que había estado presente en la transcripción y corrección del Código Shinobi actual y es por ello que se había ganado enemigos y aliados a partes iguales por ser excesivamente extremista.

“A este vejestorio no le hacían gracia las políticas de Sarutobi-sensei. Será mejor tener precaución y hacer que los otros dos viejos regresen a Konoha lo antes posible con el nuevo Hokage…” pensó Jiraiya con astucia.

—Eh, ¿Jiraiya-sama?

—Ah, perdón, perdón, estaba pensando en mis cosas, ja, ja, ja. —dijo el Sannin saliendo de sus pensamientos.

—C-claro, en cuanto a su mensaje…

—Oh, claro, claro, dámelo, chico. Yo me encargo de él. —dijo Jiraiya tratando de mostrar tranquilidad en su rostro.

Takajô pudo ver con timidez que el Sannin abría el pergamino y oteaba las letras que contenían el mensaje. Vio como la cara calmada de Jiraiya se transformaba en una cara de incredulidad e indignación a partes iguales. 

—¡¿QUÉ? ¿HOKAGE?! ¡¿ME ESTÁIS JODIENDO, VIEJOS ESTÚPIDOS?! —gritó Jiraiya haciendo saltar asustado al joven chico.

Tras unos instantes de pataleta, lanzó unas monedas que sacó rápidamente del bolsillo a un Takajô completamente patidifuso y salió corriendo hacia la Avenida del Té de Konoha lo más rápidamente que pudo.

“¡Mierda, mierda! ¡¿Cómo que quieren que vaya a Kyokaen ahora mismo a jurar el cargo de Hokage?! ¡¿Con Danzô aquí mandando?! ¡Ni de coña!” gritó internamente Jiraiya mientras revisaba las callejuelas de Konoha desde la Avenida. “¡Estoy seguro que esos dos idiotas han dejado a Uzumaki Naruto suelto y sólo por aquí! ¡Vete a saber si ya lo ha captado Danzô!”

La preocupación de Jiraiya no era para menos paranoica. Los Jinchûriki eran considerados y catalogados como armas de destrucción masiva debido a sus Bijû. No sería la primera vez en la historia de las Aldeas Shinobi que se utilizase a un Jinchûriki para los intereses personales y políticos de unos pocos. Especialmente frágil era el momento en el que uno de los portadores era un niño por su volubilidad e ingenuidad. Jiraiya sentía la energía de sus habilidades como Gama-sennin corriendo por sus venas. No quería usar demasiado para no turbar a las personas que caminaban por allí, mucho menos para cambiar de aspecto. Sólo quería usar lo mínimo para sentir el chakra de Uzumaki Naruto, o más bien el chakra del chico mezclado con el del Kyûbi.

“¡Ahí está! Girando en la siguiente callejuela a la derecha…”

Jiraiya descendió en su velocidad y pudo ver que se trataba del restaurante Ichiraku Ramen. Allí se podía ver la parte inferior de la indumentaria anaranjada del alocado adolescente. El Sannin se quedó a una distancia prudencial escuchando la conversación que estaban teniendo el dueño del establecimiento y Naruto. Parecía que Teuchi le estaba regalando una ración extra de fideos al chico para continuar entrenando y trabajando en las labores de reconstrucción.

—Cortesía de la casa. ¡Qué la disfrutes!

—¡Muchas gracias, Teuchi-ôchan!

Jiraiya escuchó como Naruto sorbía un bocado de fideos y los disfrutaba con esmero. El hombre no pudo sino reír interiormente ante la simpleza de disfrutar de un buen bol de fideos ramen tras un entrenamiento. Le hacía recordar su propia niñez y adolescencia. Tras evocar un instante los recuerdos del pasado, Jiraiya recordó porque había venido hasta aquí y dio gracias al cielo de que Naruto no hubiese desaparecido de la vista de los aldeanos. Con un suspiro, abrió la cortina del puesto de ramen y miró al chico dar otro bocado de fideos.

—Tenía que verlo yo mismo… No comes otra cosa que no sea ramen, ¿eh, niño? —preguntó burlón Jiraiya.

—¡Ah, Erosennin! —Naruto se atragantó mientras su boca hablaba a través de los fideos a medio comer. —¡¿Qué estás haciendo aquí?! ¡¿Ahora apareces después de que me prometieras que me entrenarías?! ¡Si hubieras estado por aquí, podría haberlo hecho mejor en la invasión e incluso en la entrega del mensaje!

Jiraiya se sentó al lado de Naruto y pidió un ramen de miso con un poco de mantequilla, su favorito. Se quedó mirando a Naruto mientras éste farfullaba quejas varias sobre lo que le había pasado desde la última vez que se reencontró con él. Había ayudado al muchacho a poder recalibrar su poder, pues sabía por boca de sus propios espías que Orochimaru había hecho de las suyas con Naruto al imponer un sello extra sobre el que ya tenía de contención del Kyûbi. Ahora el joven adolescente podía andar sobre el agua y hacer invocaciones personales con los sapos de Myôbokuzan, un logro bastante importante en comparación a muchos shinobi de su edad.

No obstante, el muchachito parecía no haberle perdonado el hecho de que se marchase, dejándolo sin poder seguir entrenando, pese a que desconocía que Jiraiya había estado recopilando información e investigando dentro de Konoha y por sus alrededores el rastro que Orochimaru había estado dejando en su misión por matar a Sandaime, obtener el control de Uchiha Sasuke y desestabilizar a Suna y Oto en el proceso. 

—¡Y luego pasó lo de Gejimayu, Neji y Tenten y ahora no sabemos si…!

—¡Naruto! ¡Oye, escúchame! —exclamó Jiraiya tratando de hacer callar la retahíla sin fin del chico. —Tengo una pregunta para ti.

El chico de cabellos rubios calló ante las palabras del hombre que agarraba un vaso de agua y se lo llevaba a los labios.

—¿Has estado sólo estos cuatro días desde el final de la Invasión o has estado acompañado por alguien? —preguntó Jiraiya tras tragar el líquido frío.

—¿Ah, a qué te refieres? No he estado sólo en ningún momento. Bueno, sí en casa cuando me he ido a dormir, pero el resto del tiempo he estado con Sakura-chan, el imbécil de Sasuke, con Ino, y Shikamaru, y….

—Ya, ya, ya, entiendo, a lo que me refería es, ¿has estado con alguien con el que no has tenido contacto antes? ¿Alguien que no conozcas?

Naruto se llevó los brazos al pecho, cruzándose de manera pensativa mientras cerraba los ojos concentrado. Jiraiya volvió a activar ligeramente sus habilidades de Gama-sennin, escudriñando si podía identificar a alguien que estuviese vigilando a Naruto. Salvo a los dos ANBU, que sabía eran los guardeses oficiales en Konoha del chico, no sentía nada raro ni fuera de lo habitual.

—¡Pues qué quieres que te diga, Erosennin! ¡Yo no recuerdo así de primeras haber conocido a nadie nuevo estos días! —dijo Naruto llevándose su cuenco de fideos a los labios y dando un sorbo al caldo. —¡Lo que tengo claro es que me están mandando mucho trabajo y encima tengo que seguir entrenando aparte para poder llegar a ser Hokage! ¡Así que no tengo tiempo que perder en tonterías!

Jiraiya vio que Teuchi le sirvió su cuenco de fideos con rapidez, a lo que el hombre agradeció con una afirmación. Parecía que los hombres de Danzô no se habían movilizado para llevar a Naruto ante él, lo cual a Jiraiya le pareció extremadamente raro.

“Si Danzô lo hubiese ordenado, alguno de los miembros de Raíz habría guiado a Naruto hasta su presencia, pero no lo han hecho, ¿por qué? Tenía todas las papeletas para ser secuestrado el primer o el segundo día tras la invasión, en algún momento en que los ANBU guardeses fuesen removidos de su puesto. ¡Más ahora que está Danzô gobernando provisionalmente! ¿Será que ha sucedido algún imprevisto en sus planes?” pensó Jiraiya comiendo un bocado de su cuenco de fideos.

El Sannin vio que Naruto tenía cara de indignado mientras seguía comiendo fideos sin parar. El hombre suspiró agradecido de que no le hubiese pasado nada. No obstante, todo había sido dejado a la suerte y eso era algo que, como sabía por experiencia, no iba a volver a suceder así como así. No podía dejar nada al azar y menos al portador de Kyûbi.

—Oye, Naruto. ¿Qué te parece si te vienes conmigo a Kyokaen?

—¿Eh, a Kyokaen, a la capital? —preguntó Naruto con un tono de extrañeza patente.

Jiraiya dio otro bocado a sus fideos, los masticó y tragó en un instante.

—La misma. Tengo unos asuntos pendientes allí y necesito que alguien me acompañe para ayudarme. —el Sannin bebió un poco del caldo para tragar mejor. —Tú me pareces el chico ideal para ello.

—¡¿Qué? Ni hablar! ¡Tengo que entrenar y seguir con la reconstrucción! —gritó Naruto indignado por la oferta. —¡Además, tengo algo más importante que hacer: Gejimayu y el resto del equipo Gai están…!

Jiraiya se llevó un dedo a la oreja para evitar el agudo chillido del niño. En verdad que le estaba poniendo difícil no darle un sopetón en la nuca en ese mismo instante.

—¡Es una lástima! ¡Pensaba en enseñarte una nueva técnica que te sería muy útil en tus combates, Naruto! —exclamó Jiraiya con un tono de sorna.

Naruto se quedó al instante en silencio hasta que comenzó a dar gritos de júbilo en torno a las declaraciones que acababa de hacer el Sannin.

—¡Oye, oye, Erosennin! ¡Cuenta conmigo para aprender esa técnica, ¿sí?!—gritó Naruto acabándose el ramen y saliendo con presteza del restaurante—¡Me voy corriendo a casa a por mi equipaje! ¡Te espero en el Portón del Sur!

Jiraiya sintió que la vergüenza se escurría por su cuello y su frente. Naruto era todo lo contrario a lo que se podía esperar de un ninja. Era muy ruidoso y alborotador. No por nada la Categoría Ninja en la que mejor había encajado era Ladrón.

“Me pregunto si el Rasengan será una técnica adecuada para alguien con un perfil como el suyo, pero… no puedo dejarle sólo sin una Técnica Antininja en su arsenal. Más con los peligros que cada vez le acechan con mayor intensidad por su condición.” pensó Jiraiya mientras sentía que uno de los ANBU guardeses se la acercaba para saber sobre los movimientos futuros que iba a realizar el Jinchûriki de Kyûbi fuera de Konoha.

“Tsk, ya me acuerdo. Yo mismo me he metido solito en este lío.” pensó Jiraiya saliendo de sus recuerdos mientras avanzaba posando la vista en el suelo.

—¡Eh, Erosennin, las calles por aquí se ven diferentes!

Ante la llamada de Naruto, Jiraiya miró al frente y observó que el chico se encontraba atravesando un puente rojizo de aspecto tradicional. Al otro lado del mismo, el paisaje de la ciudad cambiaba totalmente: era la zona antigua de la capital. Estrechas callejuelas empedradas flanqueadas por machiya, casas tradicionales de madera con fachadas elegantes y sobrias; algunos templos y santuarios con sus característicos tejados curvos y jardines zen meticulosamente cuidados hacían las delicias de aquellos que pasaban. Finalmente, la vista cada vez más cercana descubrió un imponente complejo palaciego al estilo imperial, rodeado de hermosos jardines y estanques, que simbolizaba el poder del Daimyô.

Jiraiya observaba que Naruto no paraba de sorprenderse a cada cosa que veía y que no fingía su arrebato ante el aroma de las flores y la belleza de los colores y estilos arquitectónicos.

“Se nota que baja mucho la guardia. Tal vez se siente demasiado protegido cuando está en compañía de otros…” pensó Jiraiya sin dejar de fijarse en Naruto. “Por desgracia, alguien que sea Jinchûriki no puede tomarse eso a la ligera, aunque sea un niño. Es posible que Sarutobi-sensei y el resto de sus maestros no le hayan advertido de ello o, a lo que podría ser peor, que él no los ha escuchado.”

Los pensamientos de Jiraiya fueron interrumpidos cuando, a la distancia, comenzó a ver a un grupo avanzar hasta su posición. Eran un grupo de cinco personas con trajes tradicionales del Palacio Feudal del País de los Ríos y varios guardias que les acompañaban.

“Parece que la comitiva del País de los Ríos va a regresar ya a su hogar. Me pregunto qué tal les habrá ido y qué les habrán obligado a ceder.”

El grupo del País de los Ríos se quedó callado al momento de ver que el famoso Jiraiya de Konoha estaba delante de ellos. Se pararon, hicieron una reverencia y siguieron su camino. El Sannin agudizó los oídos en vista de que retomaron sus conversaciones a unos pasos de ellos.

—Ese era Jiraiya-sama, pero me pregunto quién sería el niño que va con él… —susurró uno de los miembros de la comitiva.

—Ni idea, pero no te extrañe que ese niño sea un elemento importante en el Sistema Jerárquico Shinobi de Konoha, sobre todo si va con uno de los Legendarios Sannin. —escuchó decir en respuesta.

Poco más pudo captar, pues se habían separado lo suficiente y estaban llegando a la puerta principal del Palacio Feudal. Mostró la misiva oficial que había recibido a uno de los guardias.

—Soy Jiraiya de Konoha. Vengo por llamada de Mitokado Homura y Utatane Koharu a ver a Su Excelencia, Madoka Akira-sama.

Tras pasar media hora, Jiraiya y Naruto se encontraban en la sala de reuniones junto con los cinco miembros del Comité Ejecutivo de Urgencia y el Daimyô del Fuego y sus ministros. Gai se encontraba en pie escoltando a los miembros de Konoha y los dos recién llegados estaban en frente de todos los presentes escuchando las palabras de Utatane Koharu.

—Y es por eso, Jiraiya, que en la Junta de Emergencia, Madoka Akira-sama y nosotros te hemos asignado como mejor candidato para ser el Hokage de Konoha. —dijo Koharu dando por terminado su alegato.

Naruto sintió que los ojos se abrían como platos y su mandíbula corría el riesgo de llegar hasta el suelo. 

—¡¿QUÉ?! ¡¿EL EROSENNIN HOKAGE?! ¡No se ofenda, pero tiene mal gusto, señor Daimyô!—gritó Naruto haciendo que el Comité Ejecutivo soltara un gruñido de vergüenza y pánico y Madoka Akira soltase una carcajada.

—¡Aja, ja, ja, ja! ¡Qué divertido eres, Uzumaki Naruto! —rió sonoramente el Daimyô. —¡No me imaginaba que el actual Jinchûriki fuese un niño tan gracioso!

Jiraiya agarró a Naruto de la cabeza y le obligó a hacer una reverencia muy profunda como disculpa.

—Le ruego que acepte el perdón de este idiota, Vuestra Excelencia. Es un bocachancla que deja que le ganen sus instintos. —dijo Jiraiya imitando el gesto de Naruto.

El Sannin le lanzó una mirada que mandaba un mensaje completo a Naruto: si volvía a hablar y a dejarle en ridículo, se pasaría el resto del viaje comiendo pasto del campo. Ante los ojos del Sannin, Naruto tragó saliva sonoramente y se mantuvo en silencio.

—Ja, ja, ja, me parece fenomenal que hayas decidido traer al Jinchûriki, Jiraiya. Sin duda alguna, Konoha es un lugar muy jovial para sus habitantes, Koharu y Homura. —dijo Madoka Akira señalando con su abanico a los mencionados.

Los dos Ancianos del Consejo de Konoha suspiraron aliviados ante el repentino piropo. Esperaban que Naruto no volviese a decir nada más en toda la reunión mientras maldecían por dentro a Jiraiya por traer al chico hasta allí.

—¿Y bien, Jiraiya? ¿Qué te parece? Ser Hokage es una de las mejores cosas que le puede pasar a un shinobi de Konoha y tú eres nuestro candidato favorito. —dijo el Daimyô moviendo el abanico dándose aire. —Estoy seguro de que serás alguien ideal para el puesto.

El Comité Ejecutivo se quedó en silencio esperando una respuesta positiva de parte de Jiraiya. Pero no llegó. El Sannin se había quedado callado y observaba al Daimyô con una mirada llena de extrañeza.

—Ay, pues no lo sé, Vuestra Excelencia. Ser Hokage no es el sueño de mi vida… —dijo Jiraiya en respuesta negativa.

Madoka Akira levantó una ceja algo sorprendido, sin cambiar demasiado su expresión facial. El Comité quiso dar un respingo alterado, pero se abstuvo para no ser demasiado evidente que no aprobaban a Jiraiya. Homura se levantó de su asiento y procedió a hablar.

—¡Está decidido, Jiraiya! ¡Tienes que ser el Hokage! —exclamó con autoridad el anciano.

—Esto no es algo que competa sólo a Konoha. Este es el inicio de una larga batalla, y lo sabes, Jiraiya. —comentó Koharu siguiendo la conversación de su compañero.

Shikaku observaba la situación sintiendo preocupación. Imaginaba que algo así podía suceder desde el momento en que Madoka Akira había comentado hacía varios días que quería que Jiraiya fuese el Hokage. El famoso Sannin no era un alma que pudiese ser atrapada entre las cuatro paredes de un lugar cerrado, era un espíritu libre con su propia profesión y, sobre todo, su propio camino ninja. El líder del clan Nara tenía claro que, desde que Orochimaru había abandonado Konoha, Jiraiya se había volcado en la búsqueda de su antiguo compañero. Shikaku pensaba que la solicitud de permanecer en Konoha sin apenas movilidad y subyugado a ser un juguete del Consejo de Konoha y del Daimyô seguramente le parecía un insulto al Sannin.

—Sé que puede parecer sorprendente, Vuestra Excelencia, pero tengo un motivo muy importante para rechazar vuestra oferta. —dijo crípticamente Jiraiya con una cara muy seria.

Madoka Akira levantó las cejas con mucha curiosidad.

—¿Un motivo muy importante? ¿Cuál sería ese motivo, Jiraiya? —preguntó el Daimyô que paró de abanicarse.

Todos los presentes sintieron como la sala quedó completamente en silencio. Poco a poco una tensión comenzó a llenar el ambiente llegando a asustar ligeramente a los presentes.

“Me imaginaba que sería lo de Orochimaru” pensó Shikaku tragando saliva. “No va a ser fácil convencerle…”

“Jiraiya, ¿acaso podría ser por la muerte de Sarutobi?” pensaban Koharu y Homura dentro de sus mentes.

“¡Guau, el Erosennin se ha puesto muy serio!” dijo Naruto en sus pensamientos observando la firme pose de su maestro. “En verdad tiene que ser algo muy importante para negarse a una oferta como esta.”

El resto del Comité, los ministros y Gai también permanecían en silencio esperando que el Sannin levantase la cabeza y respondiese. Tras un rato, el serio semblante del hombre de cincuenta años se alzó y dirigió su mirada llena de determinación a Madoka Akira.

—Vuestra Excelencia, si me convierto en Hokage, ¿cómo voy a seguir escribiendo la saga de novelas ICHA ICHA para mi público y, especialmente, para usted?

La declaración de Jiraiya cayó como un jarro de agua helada para todos los miembros de Konoha presentes. Interiormente, estaban llenos de vergüenza y estupor ante las palabras del Sannin quien declaraba que prefería seguir escribiendo sus novelas eróticas a asumir un puesto de mando.

—¡Oh, es cierto, Jiraiya! —exclamó sorprendido Madoka Akira. —¡Se me había olvidado que estás en tu progreso de escribir la siguiente novela de ICHA ICHA!

—Por supuesto, Vuestra Excelencia. Si me convierto en Hokage estaré demasiado ocupado para escribir. No querría que os quedaseis sin poder leer la continuación. —dijo Jiraiya con una gran sonrisa mientras que Madoka Akira rió con reciprocidad.

“Dios mío, no sé cómo he podido tener fe en ti, Erosennin. No eres más que un viejo verde pervertido.” pensó Naruto poniendo cara de incredulidad.

El avergonzado adolescente pasó su mirada por todos los miembros del Comité Ejecutivo y se detuvo a mirar al representante de la Guardia Urbana de Konoha, Genzô. Naruto le conocía por ser el fotógrafo de los Shinobi y de los Equipos de Graduación, pero desconocía que tuviese un puesto reconocido. Cuando la mirada del hombre con gafas se posó en Naruto, el chico dejó de mirarle rápidamente. No quería cruzar su vista con él, no en estos momentos.

Tras un largo suspiro, Homura miró a Jiraiya tratando de llamar la atención de todos los presentes.

—Está bien, pero si no eres tú, ¿quién debe ser el Hokage? —preguntó el anciano del Consejo.

—Os habéis olvidado del último de los Sannin… —dijo Jiraiya con tranquilidad en su tono de voz —Habló de Tsunade.

Los murmullos comenzaron a llenar la sala mientras Naruto ponía cara de extrañeza. El Daimyô se echó para atrás en su cómoda silla y dejó de abanicarse.

—Tsunade, ¿eh? Bueno, siendo ella un Sannin puede estar preparada para el puesto, ¿verdad, Koharu y Homura? —preguntó Madoka Akira con un tintineo juguetón en su voz.

—Es… cierto que ella reúne los requisitos para ser Hokage, pero su capacidad puede ser un… poco dudosa y… hace muchos años que no sabemos nada de ella, ni dónde se encuentra exactamente. —respondió Homura con prudencia.

Jiraiya dio un paso adelante y puso su mano sobre el pecho.

—Si me lo permitís, yo iré a buscarla. La traeré a Konoha para que pueda gobernarla sabiamente. Al fin y al cabo, ella está más capacitada para el puesto. —dijo Jiraiya argumentando. —Siempre tuvo más cabeza y no es una holgazana como yo.

Todos quedaron en silencio. Madoka Akira miraba a los dos Ancianos del Consejo de Konoha y esperaba su respuesta.

—Pues… podemos pensarlo, si lo permite Vuestra Excelencia. Tendrás que traerla aquí antes de una semana, Jiraiya, puesto que Konoha no se puede permitir estar sin un líder de iure. —declaró Homura con algo de preocupación. —Sin embargo, te acompañarán tres ANBU para ayudarte en tu búsqueda y…

Jiraiya levantó una mano señalando al anciano que dejara de hablar.

—No se preocupen no voy a salir corriendo. De hecho, solicito llevarme a Uzumaki Naruto conmigo. —declaró Jiraiya con presteza.

El chico le dirigió una mirada rápida y quiso protestar, pero la expresión del Sannin le paró de hacerlo.

—Le he prometido entrenarlo, puesto que… un Jinchûriki tiene que tener las mejores defensas a su disposición para cualquier enemigo insospechado.

Jiraiya dirigió esta frase con un significado oculto a Homura y Koharu, quienes entendieron a lo que se refería. Los dos Ancianos del Consejo se dieron cuenta de que el antiguo alumno de Sarutobi Hiruzen se había enterado de que Konoha estaba ahora mismo bajo el gobierno provisional de Danzô, con el que Jiraiya no había compatibilizado nunca en el pasado.

—¡Me parece muy bien! ¡Que Uzumaki Naruto se vuelva más fuerte es una inversión a largo plazo para nosotros! —exclamó repentinamente Madoka Akira abriendo su abanico. —¡Así pues Jiraiya, Naruto-kun, marchad a buscar a Tsunade!

Tras una reverencia y una despedida, los dos personajes salieron de la sala en dirección a la salida del complejo. Ya estaban a punto de salir por la puerta principal del Palacio Feudal cuando un grito les hizo parar.

—¡Eh, Jiraiya-sama, Naruto!

—¡Gai! ¡¿Qué sucede?! ¿Se les ha olvidado decirnos algo a alguno de los miembros del Comité Ejecutivo? —preguntó Jiraiya al ver al Jônin de traje elástico verde acercarse.

—Oh, me ha sugerido el Comité Ejecutivo que os acompañe en mi camino de regreso. Así, ninguno tendrá problemas. —respondió Gai con brillo en los ojos. —Al fin y al cabo, ellos aún tienen que quedarse aquí hasta que vosotros regreséis junto a Tsunade-sama, y yo tengo que ver a mis alumnos. Ha pasado mucho tiempo y quiero saber cómo están tras la invasión.

Ante estas declaraciones, Naruto sintió que se quedaba congelado en el sitio. Jiraiya y Gai avanzaron unos pasos antes de darse cuenta del estado del joven de cabellos rubios.

—¿Uh? ¿qué pasa, Naruto? ¿Tienes que ir al baño o algo? —preguntó Jiraiya con algo de sorna.

—¡No es eso, Erosennin! Es sólo… —Naruto hizo una parada a sus declaraciones tratando de medir sus palabras. —Pensaba que ya estaba siendo difícil dentro de la sala de reunión cuando vi al padre de Tenten, pero ahora que Gai-sensei lo ha mencionado es incluso peor…

Estas palabras alertaron a Gai. Efectivamente, el representante de la Guardia Urbana, Genzô, no era otro más que el padre de Tenten, una información que Naruto sabía por boca de la chica cuando se conocieron más a fondo tras el ataque que sufrió el Equipo Gai contra Sabaku no Gaara y sus hermanos.

—¿A qué te refieres con difícil, Naruto? —dijo Gai poniendo sus manos con fuerza en los hombros del adolescente con preocupación.—¿Es que algo les ha pasado a mis alumnos?

—Es que… resulta que… unos ANBU se los llevaron y decían que eran sospechosos de traición… —comenzó diciendo Naruto con dificultad—Oh, recuerdo que un tipo que no sabía quien era llamado Danzô nos preguntó a mí y a mi equipo si sabíamos algo de ellos y…

Gai sintió que su cara palidecía lleno de terror al soltar a Naruto. ¿Cómo que los ANBU les habían arrestado? Eso no era posible. Eso echaba por tierra los protocolos y actuaciones regulatorias existentes hasta la fecha.

—¡Naruto! ¡¿Pero cómo no me comentaste esto antes en Konoha?! ¡Te dije si habías conocido a alguien en los días siguientes a la Invasión! —gritó Jiraiya agarrando el pelo a Naruto en señal de reproche. —¡Ahora me dices que conociste a Danzô!

—¡Eso es que me acabo de acordar! ¡Sobre Gejimayu y los otros te lo estaba diciendo en Konoha, Erosennin, pero me estabas cortando todo el rato! ¡Están metidos en un lío muy grande! —exclamó Naruto moviendo los brazos con nerviosismo. —¡Los demás no sabían tampoco qué hacer! ¡Se quedaron pensando en un plan para…!

—Jiraiya-sama, Naruto.

Los dos aludidos giraron sus rostros para ver una seriedad nunca vista en el rostro de Maito Gai. Naruto sintió por primera vez que el maestro más payaso de Konoha mostraba un lado de su personalidad que jamás había visto: una cara cruzada por la ira y el enojo.

—Si me disculpáis, debo regresar cuanto antes a Konoha. —declaró Gai con una tranquilidad mortal dándoles la espalda sin mencionar nada más.

Al instante, en lo que pasa un parpadeo, Naruto sintió una fuerte oleada de viento y la desaparición de Gai frente a sus ojos como si fuese un fantasma. Sintió escalofríos. Jiraiya se quedó con una cara seria y una preocupación patente dentro de su pecho. Sin duda, alguna sabía que Maito Gai no estaba contento y se iba a dar a escuchar en Konoha.

Yamanaka Ino bostezó con sonoridad sintiendo que cabeceaba. La joven adolescente se encontraba apoyada en la cerca de tablas de madera que bordeaba el edificio de la División de Inteligencia de Konoha. Llevaba nueve días apostada en ese lugar haciendo guardia.

—Madre mía, no me puedo creer que papá aún no haya salido de aquí. Llevo nueve días esperando…—dijo en voz baja Ino mientras le daba una patada a una piedra que estaba enfrente de ella. —Ni siquiera se ha dignado a aparecer por casa…

La chica de cabello rubio suspiró con un hilo de tristeza en su pecho. Estaba realmente preocupada por sus compañeros Neji, Tenten y Lee. Se había comprometido con los demás a esperar conocer la información de lo que había sucedido con los miembros del Equipo Gai o a que saliese su padre para hablar con ella del asunto. Pero todos sus intentos estaban siendo inútiles, ya fueran porque le denegaron la entrada o porque no querían decirle nada aludiendo a que era información confidencial. ¡Incluso la habían amenazado con llevarla ante los superiores para encarcelarla durante unos días para dejar de hacer el vago y escarmentar!

—Aaah, sólo porque soy la hija de uno de los miembros de la División de Inteligencia me han obligado a estar aquí. Más les vale que me devuelvan el favor en el futuro…

Ino suspiraba pensando en el resto de sus compañeros. Seguramente estaban haciendo lo imposible para evitar que los superiores descubriesen que se había escaqueado del trabajo. La joven heredera del clan Yamanaka recordaba cómo se enteró de lo que les pasó a los miembros del Equipo Gai por boca de una muy agitada Hinata.

—¡Dios mío, Neji-nîsan, Tenten-san, Lee-san! —lloraba Hinata con desconsuelo mientras Kiba la acariciaba la espalda. —¡Quise ayudarles, pero me lo negaron… y Neji-nîsan también me dijo…!

Las palabras de la chica de ojos blancos se entrecortaban cuando intentaba hablar a través de las lágrimas. Sus dos compañeros de equipo y Akamaru se encontraban con ella tratando de tranquilizarla, animándola a que se relajara para evitar que su salud empeorase.

—Vamos, Hinata, tranquila, seguro que hay una explicación para todo esto. Neji y los demás no se pueden haber metido en un lío tan grande. —dijo Kiba pasándola un vaso de agua que Hinata aceptó, pero no bebió. —Seguro que ha sido un error, ya verás…

Shino miraba alrededor de ellos dos. Se encontraban alejados de las grandes carpas del hospital de campaña, a unos seis metros de ellas. Él y Kiba estaban volviendo de un mandado cuando, al regresar, vieron a una Hinata completamente rota, que balbuceaba y decía que su primo Neji y el resto del Equipo Gai habían sido acusados de ser sospechosos de traición delante de ella. Dado el estado alterado de su compañera, Shino sugirió salir del lugar para que tomase aire y recuperase la quietud mental.

—Shino, ¿qué crees que está pasando? ¿Crees que pueda ser cierto lo de… la traición? —preguntó Kiba a su compañero haciéndole recuperar la vista sobre ellos.

—No lo sé, Kiba. Un ANBU recibe órdenes del Hokage y simplemente las acata. Si se los han llevado para interrogar, algo habrán sospechado.

Ante las palabras de Shino, Hinata sintió que no podía aguantar otra mueca llena de dolor y lloró más fuerte. Kiba, por su parte, lanzó una mirada a Shino que indicaba que se callase si no tenía nada por lo que calmar a Hinata.

—¡Eh, chicos! ¡¿Qué sucede, por qué estáis aquí fuera?!

La voz provenía de Shikamaru quien venía con sus compañeros Chôji e Ino. Shino recordó que los miembros del Equipo Asuma habían sido llamados para un trabajo de búsqueda y rescate en la Escuela Civil de Konoha. Lo sabía porque, antes de partir, Shikamaru se había acercado a él para pedir consejos sobre el proceso de rescate. Al fin y al cabo, ellos, el Equipo Kurenai, era el mejor y más especializado para tareas de salvamento de quienes se habían graduado de su promoción en la Academia Ninja.

Ino posó su mirada en el rostro de Hinata y, en un instante en el que cambió su expresión calmada por una de preocupación, fue corriendo hasta la joven de ojos blancos para consolarla.

—¡¿Qué ha pasado, Hinata?! ¡¿Por qué estás llorando así?! —una Ino en cuclillas levantó el rostro y lanzó una mirada acusadora a Kiba. —¡¿Se puede saber qué has hecho a Hinata, Kiba idiota?!

—¡¿Ah, yo?! ¡Si yo no he hecho nada! ¡¿Por qué me acusas sin tener pruebas, Ino?! —gritó Kiba defendiéndose de las acusaciones de la chica del clan Yamanaka.

Chôji se quedó mirando la pelea verbal entre sus dos compañeros e intentó pararlos porque intuía que pronto llegarían a las manos.

—¡Parad, chicos! ¡Calmemos un poco la situación! —exclamó Chôji poniéndose en medio de los dos peleadores.

Shikamaru se acercó a Shino mientras los ánimos parecían calmarse. Ino regresó a tratar de tranquilizar a Hinata y Kiba se cruzó de brazos ofendido a la vez que Chôji trataba de sosegar un poco más.

—Shino, ¿ha sucedido algo grave en nuestra ausencia? —preguntó el chico del clan Nara fijándose en la profundidad negra opaca de las gafas de su compañero del clan Aburame.

Shino simplemente afirmó en silencio. Posteriormente, comenzó a relatar a los miembros del Equipo Asuma lo que sabían del incidente del Equipo Gai, todo lo que Hinata había llegado a contarles. Las caras de Ino, Shikamaru y Chôji eran un poema, pasando por expresiones de incredulidad, sorpresa y preocupación.

—Cuando regresamos de la orden que nos dieron, encontramos a Hinata muy angustiada y decidimos salir de las carpas para ayudarla a calmarse. Y eso sería todo hasta ahora.

—¡¿Lo ves, Ino?! ¡Ya te dije que yo no tenía nada que ver con que Hinata llorase! —exclamó Kiba al término de su compañero de equipo. —No sé qué clase de idea tienes en la cabeza de las cosas que hago, Dios…

—Pues por algo será, Kiba, ¿O acaso quieres que te recuerde como te comportabas en la Academia Ninja con otros compañeros de clase? —repuso Ino en su defensa.

Kiba gruñó y miró hacia otro lado queriendo dar por terminada la conversación. Parecía que su mala fama de la Academia Ninja aún le perseguía y no iba a ser fácil quitársela totalmente, más si tenía amigos con los que se relacionaba de su misma promoción.

—En todo caso, está claro que el Equipo Gai está metido en un buen lío. —dijo Shikamaru llevándose una mano a la nuca resoplando. —Joder, parece que no paramos… sale un lío detrás de otro, ¡qué problemático!

Chôji, quien había permanecido callado en casi toda la conversación, se llevó una mano a la barbilla pensativo.

—Estaba recordando, ¿acaso no apareció aquel hombre raro cuando fuimos a rescatar a Lee y empezó a decirle cosas raras a Neji? —declaró el chico del clan Akimichi con seriedad.

Shikamaru miró a su amigo de la infancia con un brillo en los ojos.

—Así es, Chôji. Ese tipo, Toshikomi, hizo cosas muy raras como aparecer y desaparecer sin que notasemos nada o decir los nombres de algunos de nosotros de manera que… casi parecía que nos conocía… —dijo Shikamaru confundido por aquel personaje que no había desaparecido de su mente desde que le vio.

Ino miró a Shikamaru tras asegurarse que Hinata había terminado de sollozar y bebía tranquila de su vaso de agua.

—La verdad es que yo también recuerdo como Neji reaccionó muy alterado ante ese Toshikomi. Al principio parecía que no sabía quién era, pero cuando sacó de su capa aquella jaula de pájaros de metal… era como si hubiese visto un fantasma… —declaró Ino con un hilo de voz sintiendo angustia en su pecho.

Shikamaru volvió a rascarse la nuca, pero con más fuerza. Cuando se ponía nervioso, sentía que su espalda y su nuca se erizaban y eso le producía picor. Su padre le había compartido hacía poco que ambos tenían esa reacción similar.

—Sí, lo cierto es que ese Toshikomi ha afectado de alguna manera al Equipo Gai y puede que eso les haya hecho ser objeto de sospecha. —declaró Shino con firmeza y preocupación a partes iguales. —Seguramente les vayan a interrogar.

El grupo de seis se quedó en silencio ante este comentario. Sus mentes evocaron la División de Inteligencia, una organización similar a un bastión dentro de Konoha que se componía de varias subdivisiones dedicadas a mantener el orden interno de la aldea. Era un lugar terriblemente famoso por tener la Fuerza de Interrogación y Tortura de Konoha, lugar donde se relizaban las actividades más insospechadas a los criminales, enemigos y traidores con el objetivo de obtener información privilegiadas para adelantarse a ataques y delitos.

—¿Crees que… usarán algún tipo de… táctica especial para obtener la información, Shino? —preguntó Kiba con prudencia para no alterar a Hinata.

Shino simplemente se encogió de hombros en actitud de desconocimiento. Todos sabían que lo que sucedía dentro la División de Inteligencia se quedaba dentro de la División de Inteligencia.

—En principio, no pueden hacerles nada. Según la normativa vigente, un equipo de Genin jóvenes hasta los catorce años incluidos con sus miembros originales no podrá ser interrogado sin la presencia de su líder Jônin. —declaró Ino con presteza. —Recordad que eso es así para evitar abusos de los rangos superiores a los inferiores, y Gai-sensei aún no ha regresado de Furuya no Kyô.

Todos murmuraron y afirmaron ante lo comentado por la joven del clan Yamanaka. Ino era una de las personas del grupo que mejor sabía los reglamentos y normativas internos de Konoha. Todo eso era así debido, en parte, a su formación como posible futura interrogadora, puesto que pertenecía a un clan con responsabilidades en dicho ámbito.

—Aunque supiéramos que les van a hacer, no podemos hacer nada. Sólo somos un puñado de Genin novatos. —dijo Shino con algo de amargor.

Hinata bajó la mirada al suelo al escuchar estas palabras. Observaba la superficie de su vaso de agua con una mirada muerta. La chica se sentía absolutamente impotente e inútil. El hecho de no saber nada de su primo y de sus dos compañeros de equipo la reconcomía por dentro con gran dolor, más después de la agradable conversación que había tenido con Rock Lee previamente.

—Pero de todas maneras, creo que tenemos derecho a saber algo de lo que está pasando. —comentó Kiba con rapidez. —No sé vosotros, pero a mí no me hace ni puta gracia la idea de que estén los superiores de Konoha hablando de nosotros a nuestras espaldas y que nos estén relacionando con ese Toshikomi.

—¿Y por qué asumes que eso es tal cual lo dices, Kiba? —repuso Ino con extrañeza.

—¡Oh, vamos, Ino! ¡Se han llevado a los alumnos de Gai-sensei después de que Toshikomi hablase tan familiarmente con Neji cuando apareció! ¡¿No crees que había otros ANBU o ninjas cerca que escucharon todo y creyeron cosas que no son?! —preguntó retóricamente Kiba. —Además, si no lo recuerdas, Toshikomi mencionó también el nombre de Hinata y yo no estoy por la labor de que se la lleven a ella también en otro momento.

Ino miró a Kiba con seriedad y después a Hinata quien tenía una expresión llena de miedo. Los argumentos del chico del clan Inuzuka tenían bastante sentido y eran muy plausibles. De todo lo que había mencionado, a Ino lo que más le preocupaba era que Hinata fuese arrestada también por posible sospecha de delito de traición, algo que era imposible.

—Entonces creo que sólo hay una manera de saber algo. —dijo Shikamaru repentinamente. —Ino, tienes que ir a la División de Inteligencia ahora.

La chica rubia salió de golpe de sus pensamientos y miró a su compañero de equipo con incredulidad.

—¡¿Eh, qué, yo?! ¡¿Por qué?!

—Tú eres la más cercana de todos nosotros a un miembro de la División de Inteligencia, Ino. Al fin y al cabo, tu padre trabaja como líder de la subdivisión del Equipo de Análisis. —continuó Shikamaru tratando de hacer entender a su compañera —Si el Equipo Gai colabora, lo más probable es que sea tu padre el que lleve la investigación, al menos por las cosas que sabemos de él.

Ino no pudo ponerse en contra de los comentarios de Shikamaru. Estaba en lo cierto. Su padre era el mayor experto de Konoha en extraer información directamente de la mente de los sujetos que le traían. Éstos tenían que estar calmados y tranquilos, o en su defecto en un estado de sedación, para poder moverse y manipular los rincones de sus cerebro donde se guardaba la información que quería obtener. Una máquina especializada le ayudaba a su padre a completar dicho proceso.

—Supongo que no tengo opción, pero no sé cuando voy a poder verle. Mi padre lleva varios días sin aparecer por casa. Lo más probable es que esté muy ocupado con las interrogaciones y los análisis. —comentó Ino aludiendo a un posible retraso en informarles.

Shikamaru afirmó con la cabeza mientras el resto permaneció en silencio. Hinata escuchaba todo como si estuviese en la distancia. La chica de ojos blancos deseaba colaborar de alguna manera para poder ayudar a los tres miembros del Equipo Gai a salir de aquel problema lo antes posible, pero no se le ocurría cómo y eso la deprimía.

—A todo esto, ¿dónde están Naruto y los demás? Hace bastante tiempo que no les he visto, desde… después que nos separaron del triaje hará dos días. —comentó Kiba con curiosidad por el Equipo Kakashi.

—Si te soy sincero, Kiba, la última vez que les vi fue esta mañana a lo lejos. Parece que estaban yéndose a hacer tareas de arreglo del Portón del Este. —dijo Chôji respondiendo a su compañero Inuzuka. —Pero es verdad que no he hablado con ellos desde el momento que has mencionado.

Kiba afirmó ligeramente con la cabeza quedándose satisfecho con la respuesta del chico Akimichi.

—Tardarán entonces en regresar de su tarea. Habrá que explicarles todo lo que ha pasado por aquí cuando vuelvan. —repuso Shino mirando el cielo para ver a unos pájaros pasar sobre ellos.

Ino resopló fuertemente. Ando unos pasos antes de despedirse del grupo para ponerse en marcha en dirección hasta las puertas de la División de Inteligencia de Konoha.

—Uf, no me imaginaba que al final me iba a tirar casi una semana por aquí. Estoy casi segura que voy a acabar un tiempo en una celda por librarme de las tareas de reconstrucción… —farfulló la chica del clan Yamanaka aludiendo nuevamente a sus responsabilidades como Genin.

Ino sintió en el pecho una punzada de preocupación. Había en su mente un tintineo molesto que había estado dando vueltas demasiado tiempo desde que comenzó a guardar la entrada del edificio de la División.

“No es normal que los miembros del Equipo Gai aún no hayan salido. Si hubiesen colaborado, y estaban libres de sospecha, hubieran salido el mismo día o al siguiente de que los arrestaron.” pensó con una mirada triste.

La mente de la chica se puso a pensar en las posibles opciones que les llevaban a aquellos que se negaban a soltar la información o a colaborar. Torturas como electrocución, palizas, ahogamientos, privaciones de todo tipo eran algunas de las opciones más habituales. Ino negó con la cabeza tratando de espantar tan terribles ideas.

De repente, la joven del clan Yamanaka miró hacia el extremo de la calle y le pareció ver una figura de color verde que venía a gran velocidad hasta donde estaba ella. Al tratar de ajustar la vista, pudo ver que se trataba del maestro de los chicos retenidos, Maito Gai.

Antes de que la chica siquiera pudiera mencionar algo, sintió como una corriente de aire la arrastró varios metros debido a la velocidad con la que el Jônin experto en Taijutsu entró en el edificio de la División de Inteligencia.

—¡No, no! ¡Por favor, no!

El sonido y la visión chisporroteante de dos cables pelados chocando entre sí alertó sobremanera a Rock Lee. Su respiración estaba muy agitada. El pobre chico se encontraba en un estado de congoja tan extremo que sólo quería morirse.

—Es tu última oportunidad, Rock Lee. ¡Dime quien es Toshikomi y qué quiere!

El fuerte alarido provenía de la garganta de un exaltado y completamente enfurecido Ibiki quien había dado la orden a sus dos ANBU de preparar la siguiente tortura, esta vez mortal. Ya habían pasado nueve días desde que comenzaron el interrogatorio, nueve días de ahogamiento simulado que no habían servido para NADA. Si no había conseguido obtener la información que buscaba, el Genin ya no servía de nada. Todo el tiempo, los recursos habían sido inútiles. Ibiki estaba tan furioso, tan irascible por no cumplir las órdenes que se le habían confiado que quería acabar ya con todo, acabar con el chico.

—¡Ya os lo he dicho! ¡No sé quien es, no sé qué quiere de mí! —gritó Lee desesperado tratando de librarse de las ataduras de la camilla sin éxito—¡¿Qué más puedo responderos?! ¡No sé qué más queréis!

Lee vio que hacían caso omiso a sus palabras mientras terminaban de pelar los cables lo suficientemente largos para su siniestra actuación. Su cara estaba completamente mojada por el agua y las lágrimas. Su cabello estaba completamente pegado a su frente por el terrible sudor producido por el miedo que le asolaba. El joven de cabellos negros no temía ahora mostrar llanto en esta situación. Había tratado de actuar de acuerdo a lo que le habían enseñado, a lo que había aprendido en el pasado.

—Si alguna vez te arrestan para interrogarte dentro de nuestra aldea, di siempre la verdad y sé completamente sincero. Colabora totalmente con ellos. Te evitarás problemas más graves.

Esas palabras pasadas resonaban en su cabeza con desamparo total. No había servido para nada ese consejo, no en estas circunstancias en las que su torturador estaba deseoso de realizar la justicia por su mano, de entregar a un culpable a toda costa, de mostrar ante toda Konoha un chivo expiatorio, un cadáver.

—Por favor… se lo ruego, Ibiki-san… Aunque ya ha hecho todo lo que ha querido conmigo, haré lo que sea… sólo… por favor… no quiero morir… por favor…

Los labios amoratados y cortados de Lee temblaban llorosos en un hilo de voz mortecino. El temeroso chico sabía que sólo le quedaba suplicar, llegar a la misericordia del corazón de aquel enorme y poderoso shinobi que estaba frente a él. Un último aliento para poder salvar la vida.

—Ya. Se acabó. Hazlo, Kô.

A la orden de Ibiki, el ANBU que había estado ayudando al Tokubetsu Jônin con todas las torturas, se dirigió con pasos lentos a la mesa donde estaba atado el prisionero. En sus manos, portaba los dos cables pelados imbuidos de electricidad constante gracias a una batería. Lee sintió que su mente se disoció de su cuerpo y comenzó a entrar en shock, todo lo veía en ondas producto del mareo. Su mente recordó a sus compañeros, su maestro, a cualquier persona que pudiese venir a rescatarle de aquel suplicio final. Pero nadie vendría. Lo sabía. Había estado rogando por un milagro que nunca llegó. 

Fijándose un poco, Lee pudo intuir que la otra ANBU, a la que llamaban Gazeru, comenzó a hablar a Ibiki. Parecía que ambos discutían. Repentinamente, se escuchó un fuerte golpe en toda la sala de tortura que hizo retumbar el lugar y que hizo que todos los presentes se sintieran abrumados. Ibiki parpadeó rápidamente varias veces. La boca le sabía a sangre. Su estómago le dolía brutalmente tras ser empujado por un puño firme y fuerte. Había podido evitar que su torso se partiese gracias a la armadura que portaba bajo el uniforme y al uso del chakra como un escudo en el último segundo antes del impacto. El Tokubetsu Jônin levantó la mirada. Sus ojos se enfocaron primero en el enorme agujero donde antes se encontraba la puerta de entrada a la sala, después se fijó en el dueño del puño. Cabello negro, gruesas cejas, traje verde, una mirada furiosa y enajenada: Maito Gai.

Ibiki se quedó completamente quieto, como un león que ha sido desbancado de su título como rey para ser gobernado por alguien más joven.

—Gai… así que has vuelto finalmente… —dijo en un susurro Ibiki tratando de evitar un enfado mayor del mencionado.

El silencio se instaló nuevamente en la sala. Kô había caído al suelo mostrando gran miedo en su movimiento corporal. Gazeru, por su parte, se encontraba en pie, apoyada en la pared tratando de fundirse en ella. Ambos ANBU esperaban que Maito Gai no dirigiese su mirada o sus acciones contra ellos.

—Ibiki, desgraciado. —comenzó diciendo Gai con la mandíbula completamente tensa. —¿Dónde están mis alumnos? ¡DÍMELO AHORA MISMO!

El grito retumbó en un eco por la sala. Desde el agujero, comenzaban a aparecer varios miembros de los diversos subequipos de la División de Inteligencia. Todos guardaban un silencio sepulcral y estaban atentos a cualquier posible cambio en el comportamiento de los implicados, más no intervenían.

—A-ahí lo tiene, ahí tiene a Rokku Rî, Gai-san. —respondió Gazeru señalando a la mesa camilla intentando que no se le notase el miedo en su voz ni en sus movimientos.

—¡¿Qué estás diciendo, Gazeru?! ¡¿Tengo que recordarte quien te da las órdenes aquí?! —exclamó enfurecido Ibiki a la chica.

—Ibiki-san, el Jônin encargado del Equipo 03-079 acaba de llegar para responder por sus alumnos. Tenemos que cumplir la normativa impuesta por Konoha. —dijo la ANBU de cabellos morados mostrando su máscara de gato, la cual destilaba seguridad y convicción. —Aunque, siempre hubo que cumplirla.

Ibiki chistó con una mezcla de rabia y resignación ante las palabras de su subordinada. Gai dejó de empujar al torturador contra la pared tras la respuesta de la ANBU. El Tokubetsu Jônin se tuvo que sujetar contra la pared con una mano para evitar caer contra el suelo. De su boca, salían hilos de sangre de las comisuras de los labios. Gai se acercó a la mesa con prontitud. Tras una expresión llena de horror, el Jônin no pudo evitar comenzar a llorar grandes lágrimas llenas de dolor mientras sus manos tapaban su boca. Rock Lee estaba en un estado total de abandono y demacración, era algo espantoso de observar. Su rostro, antes lleno de vida, se encontraba completamente descolorido y demacrado. Su cuerpo fuerte y juvenil comenzaba a parecer un saco huesudo, notándose principalmente las costillas. Sus piernas y brazos estaban inflamados y de colores azulados y púrpuros, producto del uso constante del agua contra su piel.

—Lee… Lee… ¿qué te han hecho, muchacho mío? —sollozó en un tono lastimero Gai mientras abrazaba con especial cuidado el cuerpo inerte del torturado chico.

—¡Apartaos, dejadme pasar inmediatamente!

Gai escuchó que unos pasos entraban por el agujero que había hecho. Reconocía esa voz. Estaba tan enfadado con esa persona, pero también estaba aliviado de que estuviese aquí. No, si él no había podido hacer nada, nadie en toda la División de Inteligencia podría haber hecho algo para parar a Ibiki. Bien lo sabía.

—Ha tardado en llegar, Inoichi-san. —dijo con segundas Gai dirigiéndose al líder del clan Yamanaka que se mantenía a una distancia prudencial de él y de su alumno. —¿Y el resto de mis alumnos?

Inoichi frunció el ceño lleno de dolor y tristeza. El hombre jamás había querido que se llegase a esa situación. Había estado luchando durante nueve días para liberar a los alumnos de Gai de su estado, pero al ser simplemente un líder de una subdivisión de la central había sido imposible en el contexto de urgencia de la Invasión de Konoha. Inoichi sabía que si las circunstancias hubiesen sido diferentes, los alumnos de Gai habrían salido a las pocas horas de ser arrestados.

—Están en una celda de nuestras prisiones. Puedes estar tranquilo, a ellos no se les ha torturado. Nadie se ha cebado con ellos. —declaró Inoichi tratando de dar sosiego al Jônin de traje verde. —Tienes todo el derecho a estar enfadado, Gai, pero ahora mismo lo más importante es probar la inocencia de Lee para que pueda salir de aquí ya.

Gai miró a Inoichi con tristeza y dolor en un fruncido que a todos los presentes les pareció extraño. 

—Déjame hacer mi trabajo, el que tuve que hacer desde el principio, por favor, Gai. —terminó de decir Inoichi con un susurro.

Gai volvió a mirar a su alumno quien respiraba con dificultad. Ahora mismo, el Jônin sentía que no podía confiar en nada ni en nadie. Eran tantas las preguntas que tenía Maito Gai en la cabeza que le estaba costando tomar una decisión.

—Gai-sensei… 

La pronunciación de su nombre sacó de sus pensamientos al experto en Taijutsu para ver la mirada de su discípulo Lee con un tenue brillo en los ojos de una esperanza que parecía haberse casi extinguido.

—Gai-sensei… lo siento… dude… de usted… creí que… no vendría… que moriría aquí… pero ahora… lo sé… lo sé… sé que siempre… nos vendrá a buscar… vendrá a… buscarme…

Nuevamente, las lágrimas brotaron de los ojos de Gai mientras intentaba a duras penas que los sollozos saliesen por los apretados dientes de su mandíbula. Él le esperó, él siempre le esperó.

—Vamos a su subdivisión, Inoichi-san. —dijo Gai con un balbuceo en sus palabras.

Inoichi afirmó a las palabras de Gai y ordenó a Gazeru soltar las esposas de Rock Lee. La joven ANBU procedió diligentemente. Mientras la chica hacía su trabajo, Gai se acercó a un dolorido Ibiki y le arrancó la gabardina negra para tapar el desnudo y demacrado cuerpo de su alumno. El experto en Taijutsu levantó despacio a Lee y comenzó a andar en dirección a la salida, guiado por Inoichi y seguido de Gazeru. Todos los presentes de la División de Inteligencia dieron espacio para que el pequeño grupo pudiese avanzar sin interrupciones. 

Lee sintió que la vista le dolía mucho. Hacía mucho tiempo que no había visto tanta luz de golpe, sólo el foco de la lámpara que le martirizaba en la tortura. La situación le recordó a cómo se despertó de aquel Genjutsu, esa ilusión que en tantos problemas le había metido hasta ahora. El chico podía a duras penas ver los rostros de los shinobi, sólo sentía que sus portes estaban rectos como si saludaran a alguien a quien debían dar un profundo respeto.

Finalmente, el grupo llegó a las estancias del Equipo de Análisis donde estaba instalada la Máquina Amplificadora de Lectura de Mentes, famosa en los círculos de indagadores y espías de otras Aldeas Shinobi. Un instrumento de Konoha que era guiado por un especialista en el campo de la lectura de mentes, en concreto un Yamanaka, mientras tres miembros menores de la subdivisón ayudaban, a través de una serie de sellos, a amplificar la actuación del ejecutor en las áreas del cerebro donde se recopilaba la información gracias al uso de Saiko Denshin (Transmisión Psico-Mente), técnica secreta del mismo clan.

Yamanaka Inoichi se acercó al joven que yacía acunado en los brazos de su maestro. El hombre sentía grandes remordimientos por todo lo que había pasado y quería terminar el sufrimiento que Lee estaba sintiendo para ordenar su ingreso en la recién reconstruida UMN.

—Lee, ¿me oyes? —preguntó prudentemente al chico que mantenía la mirada perdida. —¿Me dejarías que indagase en tu mente? Sólo tienes que estar tranquilo y terminaré de hacerlo en un instante. Pronto podrás volver a casa, te lo juro. Todo esto quedará como un mal sueño.

Inoichi pudo ver que la vista vidriosa del chico se fijó en él. Era una mirada temerosa, compasiva y llena de dolor y esperanza.

—Inoichi-san… Neji y… Tenten… ellos… ¿están bien… no les pasó nada? ¿verdad? Me… lo prometió…

El hombre Yamanaka sintió una puñalada en lo más profundo de su pecho. El chico de Gai estaba pensando en sus compañeros más que en sí mismo. Estaba ampliamente seguro de que Lee era inocente antes de pasarle por el escrutinio de la máquina y de la técnica de su clan.

—Sí, bueno, en realidad, no he podido liberarlos, pero he podido evitar que se les torturasen. Han estado en celdas hasta ahora. Ahora mismo irán a soltarles. 

Ante las palabras de Inoichi, Lee sonrió con dificultad, pero esperanzado. Gai mostró mucho dolor en su expresión. Todo era muy injusto. Podía poner la mano en el fuego y todo su cuerpo a disposición de las llamas por cada uno de sus alumnos, especialmente por Lee. Su discípulo siempre había sido un buen chico, un buen chico al que no paraban de sucederle cosas malas, y eso lo sabía desde el mismo día que le conoció.

—Inoichi-san… acérqueme a… la máquina y… ayúdeme a demostrar… la inocencia de mis compañeros… y la mía…

Los hombres de Inoichi hicieron lo que pidió. Dokuraku Mawashi, uno de los Chûnin más importantes de la subdivisión, ordenó a sus dos kôhai coger el cuerpo del débil Rock Lee y le introdujeron en el receptáculo preparado para el cuerpo que estaba en la máquina. La cabeza del chico quedó fuera a disposición del hombre del clan Yamanaka.

—Puede que sientas un pequeño mareo. Miraré tus recuerdos más recientes en busca de ese hombre que tantos problemas te ha causado. —informó Inoichi posando su mano en la cabeza de Lee al referirse a Toshikomi. —Sólo no tengas miedo y déjate llevar.

En un instante, Lee sintió como su cerebro echaba chispas. Le parecía que todo lo veía como una película en reversa y a gran velocidad. Escuchaba rápidamente las conversaciones, olía los aromas, palpaba los tactos que ya había sentido. Era muy abrumador, pero a la vez no tenía miedo. Se sentía seguro de que su maestro estuviese allí porque sabía que no le iban a hacer nada más.

Inoichi fruncía el ceño escudriñando los recovecos de la mente de Rock Lee. Sus subordinados ayudaban a su líder a captar adecuadamente los recuerdos más vinculados con la problemática que había llevado al discípulo de Gai a llegar hasta allí. Al principio, todo marchaba según lo pensado, pero, en un momento, Inoichi se sintió alarmado al llegar a cierto punto de la memoria de Lee: al momento inmersivo dentro de aquella ilusión.

—Esto no tiene ningún sentido. Es imposible… —farfulló Inoichi en susurros mientras los presentes se miraban extrañados por sus crípticas palabras.

El hombre volvió a callar y decidió terminar lo que había empezado. Tras diez minutos que a Gai le parecieron eternos, Yamanaka Inoichi cesó la interrogación.

“La mente de Rock Lee es mucho más compleja de lo que podía esperar. Hay cosas que no me encajan aquí. No sé si es daño cerebral producto de alguna técnica o qué…” pensó Inoichi dejando de apoyar su mano en la cabeza del chico.  “Conviene que el nuevo Hokage sepa de esto.”

Tras lanzar un suspiró, Gai vio como Inoichi se giró y le miró a los ojos con una expresión lúgubre.

—Este chico es completamente inocente, así como sus compañeros. El primer día Ibiki sacó toda la información que él sabía sobre Toshikomi. El tiempo restante que pasó en tortura… fue completamente innecesario.

Una mezcla extraña de alivio, dolor e ira se generó en el pecho de Gai ante las palabras del líder del clan Yamanaka. Estaba muy feliz de saber que Lee era inocente, nunca había dudado de él, pero se preguntó hasta qué punto quería su antiguo compañero de clase llegar con su discípulo.

—Eso… no es posible…

Las palabras erráticas provenían del lastimado Ibiki, quien era sujetado por Kô, el ANBU que se había quedado para vigilar su estado en la anterior sala.

—¿A qué te refieres, Ibiki? —preguntó Inoichi ante las crípticas palabras del enorme hombre.

—Me dijeron que tenía que sacar todo lo que sabía sobre Toshikomi a Rock Lee. Eran órdenes de arriba. Estaban muy desesperados con ello, especialmente estos dos últimos días. Tiene que haber más, Inoichi…

El hombre del clan Yamanaka negó con la cabeza ante el dolorido torturador. Ordenó soltar a Lee de la Máquina mientras Gai se acercaba para volver a cargarle en brazos.

—No sé lo que te habrán dicho, pero puedo asegurar que…

—¡Ibiki-san, es una emergencia!

El repentino grito de un Chûnin de la División de Inteligencia retumbó en la sala dejando a todos los presentes perplejos.

—¿Qué sucede? ¿No ves que estamos ocupados con…?

—¡Hatake Kakashi acaba de personarse con un aviso urgente! ¡Han localizado a dos miembros de una organización llamada Akatsuki que se han inmiscuido en Konoha! —interrumpió el Chûnin a Ibiki ante la emergencia. —¡Uno de ellos es un Espadachín de Kirigakure y otro es el proscrito Uchiha Itachi!

Ante la mención de este nombre, se pudo escuchar un respingo de temor y alerta. Los crímenes del antiguo heredero del clan Uchiha eran ampliamente conocidos y su presencia en Konoha en este momento ponía en aprieto la seguridad de los ciudadanos. Con la cara llena de contracción, Gai sujetó con fuerza el cuerpo de Lee y procedió a salir con prontitud de la sala.

—¡Iré allí a dar apoyo después de que deje a Lee en la UMN! —exclamó Gai por encima de su hombro a los presentes.

Lee sintió el bamboleo del cuerpo de su maestro recorrer los pasillos pulcros de la División de Inteligencia al tiempo que una gran luz iluminó sus ojos que, posteriormente, le sumió en una visión repentina de oscuridad total.

En la pequeña aldea Kisaragi, compuesta principalmente de campesinos y artesanos, situada al sur de Konoha se apiñaban sus habitantes en la pequeña plaza central de suelo de arena. Un funcionario del gobierno de Kyokaen, la capital del País del Fuego, se disponía a hablar encima de una caja de madera. Tras un tosido y el desenrrolle de un pergamino con el sello oficial del Daimyô, el hombre con autoridad procedió a hablar ante el expectante público.

—¡Se hace saber por orden de Vuestra Excelencia, Madoka Akira-sama, Daimyô del País del Fuego, la siguiente información de máxima urgencia y de alta prioridad a los habitantes de Kisaragi no Sato! 

—¡Se declara a Orochimaru, exninja de la Aldea Oculta de Konoha y uno de los conocidos y actuales Sannin, proscrito de máxima peligrosidad otorgándole el rango S+. Sus delitos contra Konoha, contra el País del Fuego y contra el País de los Ríos han sido tan graves que ameritan esta actualización de dicho asesino. Debe ser juzgado según las leyes de Konoha y de Vuestra Excelencia! 

—¡Es por eso que es responsabilidad y obligación de todos los habitantes de este país estar alerta, informar a las autoridades pertinentes si se sabe algo de él y entregarle en caso de que sea protegido por alguna familia u organización para su posterior condena. En caso de que se descubra que Orochimaru ha sido ayudado por alguien del País del Fuego desde este mismo día y hasta que se le entregue a las autoridades, el protector será juzgado culpable de traición! 

—¡Su castigo será la tortura y la muerte, todas sus posesiones serán expropiadas sin excepción y su familia y parientes serán expulsados del país por un periodo de 20 años. Para que quede todo el mundo informado, se dejará este aviso en el tablero de anuncios oficiales de esta aldea durante el periodo de un mes para los viajeros y viandantes que la transiten! 

Los murmullos se congregaron entre los impactados aldeanos de Kisaragi no Sato mientras terminaban de observar como clavaban el tablón de madera con la noticia grabada a fuego y acompañada con el blasón de Madoka Akira, el cual lucía con más brillo y magnificencia que nunca.

PERFIL NINJA OFICIAL

Número de Registro Ninja: 010913

Apellido: Morino

Nombre: Ibiki

Apodo/sobrenombre: No consta

Fecha de nacimiento: 20 de marzo del año 053 de la Era Moderna

Sexo: Hombre

Estatus: Activo

Tipo sanguíneo: A

Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego

Clan/Familia: No reseñable

Equipo: Genin Licenciado del Equipo 01 – 063

Rango Ninja: Tokubetsu Jōnin (año 065 de la Era Moderna)

Categoría Ninja: Limpiador

Naturaleza de Chakra: Fuego (Afinidad Natural)

Kekkei Genkai: Inexistente

Ocupación: Procurador de los Exámenes Chûnin y Líder de la División de Inteligencia de Konoha y la Fuerza de Interrogación y Tortura de Konoha

 PRÓXIMO CAPÍTULO 

DESCANSO

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