Capítulo 11 – Descanso

Con un sonido atascado en la garganta, Tenten vomitó violentamente. La chica sujetó la parte abdominal de su cuerpo con una mano ejerciendo fuerza, intentando parar con presión el intenso dolor que la acompañaba desde hacía más de doce días, tres desde que salió de prisión.

—Ah… ah… Dios… esto no para… —susurró la enferma chica sintiendo una nueva oleada de náuseas que subían por su garganta haciéndola vomitar de nuevo.

Estaba en uno de los baños comunitarios para pacientes de la recién habilitada Unidad Médica Ninja. Allí había sido llevada junto con Neji por los dos ANBU que pusieron fin a su encarcelamiento. Tenten tiró de la cadena del aseo y se apoyó sentada en la puerta del baño jadeando. La chica del Equipo Gai trataba de recuperar el aliento con dificultad. Era la quinta vez que vomitaba en lo que llevaba hospitalizada y no estaba siendo para nada agradable. Desde el mismo momento en el que entró por la puerta de la UMN, su cuerpo no resistió más la infección que la aquejaba y vomitó en la misma entrada para su propio horror.

—¡Dios mío, qué vergüenza! —dijo Tenten recordando que Neji había sido testigo de la penosa situación. —Era la persona que menos quería que me viese en ese estado…

En realidad, lo peor de todo fue que los restos de líquido estomacal habían impactado de lleno en las ropas de su compañero y de los dos ANBU presentes. Ante dicho recuerdo, y haciendo un grito ahogado, Tenten se quería morir avergonzada mientras apretaba sus manos fuertemente contra su cara.

“Bueno, ya qué más da…” pensó derrotada saliendo del baño, procediendo a enjuagarse la boca y lavarse las manos en profundidad.

Tras terminar, se dirigió a sí misma una mirada general frente al espejo del baño comunitario  pulcro de la UMN. Tenten pudo observar que su aspecto desaliñado y demacrado, fruto del arresto de los ANBU de la División de Inteligencia, estaba comenzando a desaparecer. Las ojeras bajo sus ojos estaban desinflamándose, el contorno de su rostro estaba algo más carnoso que cuando ingresó. Su cuerpo aún luchaba por volver a recuperar el peso perdido, pero su recién descubierta infección por bacterias hacía que los problemas estomacales se hubiesen quedado de manera persistente, le tocaba aún lidiar con vómitos y diarreas debido a los fortísimos antibióticos que se veía obligada a tomar.

“El médico dijo que hoy tendría que ser la última vez que debería tener un episodio así.” pensó la chica de cabello chocolate en un suspiro al abandonar despacio el baño. ”Espero que los antiácidos y el protector estomacal comiencen a hacer efecto pronto…”

Haciendo un pequeño chasquido con la lengua, tratando de eliminar sin éxito el sabor amargo que permanecía presente en su boca desde el inicio de su dolencia, Tenten recorrió lentamente el pasillo lleno de habitaciones con puertas cerradas. Eran cerca de las ocho de la mañana y había un silencio generalizado en el lugar. Aún le costaba asumir que la UMN y el Hospital de Konoha habían sido reconstruidos con tanta rapidez. Cuando preguntó por ello al personal sanitario, le comunicaron que, dos días antes de su ingreso, se había realizado la inauguración exprés para dar prioridad al tratamiento, cuidado y reposo de los enfermos y gestionar adecuadamente a los difuntos.

Llegando casi al final del pasillo, Tenten se paró frente a la puerta de una de las habitaciones, tomó el pomo de la entrada y abrió muy despacio. Instantáneamente, comenzó a escuchar el sonido de pitidos, empujes de aire de máquinas, así como el goteo de varias bolsas llenas de líquidos sujetas verticalmente a un portasueros múltiple. En una silla dando la espalda a la puerta, mirando a la cama ocupada que presidía el lugar, estaba sentado su compañero Neji en silencio. Parecía que el chico no había notado la presencia de su compañera.

—Neji… —susurró Tenten con suavidad al acercarse a su compañero de ojos blancos.

—Oh, Tenten. ¿Ya has regresado? —dijo Neji levantando el rostro .—No escuché que entrabas por la puerta.

La chica escudriñó los rasgos de Neji. Después de verse en el espejo del baño, pudo confirmar que el chico de ojos blancos también estaba mejorando en cuanto a salud. Su aspecto general estaba más sano, incluyendo que estaba recuperando el peso que había perdido, a diferencia de ella. Lo único que Neji aún mantenía era una mirada extremadamente triste y profunda.

—¿Te encuentras mejor? ¿Quieres que avise a un enfermero para que te revise? —preguntó Neji intentando no parecer excesivamente preocupado por la muchacha.

El chico Hyûga vio negar a Tenten con la cabeza a las dos preguntas. Al chico no le gustaba lo cabezota que estaba siendo en esos momentos. Tenten se había negado a pedir más asistencia al personal sanitario. Se preguntaba la intensidad del dolor que su compañera de equipo estaba teniendo y cuanto tiempo le duraría. Sin embargo, lo que menos le gustaba a Neji era saber que no podía hacer nada para calmar el dolor de Tenten, sólo dar tiempo a su cuerpo a recuperarse.

—Y Lee, ¿ha habido algún cambio?

La pregunta de Tenten fue respondida con una negativa triste a través de los labios de Neji. La joven adolescente entrecerró los ojos sintiendo una punzada de dolor en su pecho antes de atreverse a dirigir su mirada al cuerpo inerte de Lee. El personal sanitario les había informado que el chico de cabellos negros había sido trasladado por su maestro Gai hasta la UMN. Cuando los sorprendidos médicos vieron el demacrado estado de Lee y comenzaron a comprobar sus constantes, decretaron que había entrado en estado comatoso involuntario. Debido a esto, tuvieron que conectarlo a varias máquinas para que pudiese seguir viviendo. 

Los brazos de Lee estaban conectados por vía intravenosa a los tubos de medicinas que había en los portasueros. Dos parches de electroencefalograma se mantenían en sendas sienes de la cabeza del chico. Diversos cables y vías que se posaban encima de la cama estaban conectadas a diversas partes del cuerpo del joven. Dos tubos, uno pequeño en la nariz y uno grande introducido por la boca sujetados por esparadrapo, terminaban de completar el penoso cuadro. La expresión de Lee era de absoluta paz, como quien duerme un profundo y dulce sueño que no puede despertar. 

A Tenten aún le costaba verlo en esas demacradas condiciones, más sabiendo que Lee siempre había sido una persona que no paraba de moverse, e incluso hablar, cuando dormía. No, aquí sólo había un silencio mortecino y desolador presente en él.

—Y pensar que no paraba de quejarme de los ruidos que hacías cuando acampábamos por la noche durante las misiones… —expresó la dolida joven adolescente en un susurro.

Neji frunció el ceño dolido ante dicho recuerdo. Lee siempre había sido el payaso del grupo, de una manera u otra. Si bien el chico de ojos blancos detestó muchas veces esas actitudes tan estúpidamente positivas por parte de su compañero, ahora mismo las extrañaba. Extrañaba su carisma, sus energías, sus saludos amables y vigorosos, sus retos y, por qué no decirlo, su sonrisa llena de aquella energía del “Poder de la Juventud” que defendía a capa y espada.

—Sabes, Tenten… puedo afirmar sin temor a equivocarme que estamos peor que al principio de todo este asunto… —susurró Neji en un hilo de voz a su compañera de equipo.

La joven adolescente se quedó completamente callada. No quería añadir nada a esa afirmación tan real y dolorosa proveniente de Neji. Casi al momento, el sonido de apertura de la puerta de la habitación y un tosido leve se escucharon. Al voltearse, Neji y Tenten pudieron ver que se trataba de Maito Gai, su maestro, quien entraba al lugar con presencia solemne. Era la primera vez que ambos chicos le veían desde que se separaron en el País de los Ríos.

—Gai-sensei… —susurró Tenten con debilidad a su maestro. —Es usted. Ha pasado mucho tiempo…

El Jônin se acercó a los dos jóvenes quienes no apartaron su anodina mirada de él. Gai, quien había entrado tosiendo con el puño en los labios, se acercó a los dos jóvenes despacio.

—Me alegro de veros, Neji, Tenten. —comenzó diciendo Gai con un tono de voz suave y carraspeante que trataba de enmascarar un temblor. —Hubo problemas con… un Genin y tuve que encargarme de él. Siento haber tardado en venir.

Un fruncido Gai vio como sus dos alumnos afirmaron taciturnos con la cabeza después de escucharle. Nuevamente, el silencio se reinstaló en la habitación hospitalaria, salvo el producido por el incesante sonido parpadeante de las máquinas y el goteo de los sueros. Maito Gai observó la escena en su totalidad. Era demasiado doloroso y penoso. El Equipo 03-079, el Equipo de Graduación actual del cual era capitán, estaba destrozado y en las horas más bajas que habían existido hasta ahora: Lee estaba en coma y Neji y Tenten tenían la moral por los suelos tras la tortura y la observancia de su yacente compañero. Estaba claro que todo lo que habían y estaban pasando les había afectado sobremanera. Gai sabía que en momentos así su rol como líder era importante para la mejora del ánimo de todos los miembros. Sabía que sus dos pupilos estaban guardando en su corazón demasiado sus emociones. Emociones que necesitaban ser sacadas. 

—Verdaderamente, es patético, ¿cierto? Vosotros, un equipo de Genin experimentado, ha sido derrotado completamente.

Al comenzar a hablar, Gai notó que los hombros de Neji y Tenten se hundieron muy profundamente, pero no dijeron nada.

—Las situaciones en las que os metisteis fueron muy complejas, temerarias y sufrientes. Podrían haber alcanzado la categoría de rango A, e incluso el rango S en una misión oficial. —continuó Gai elevando ligeramente su tono de voz. —El hecho de que actuaseis por vuestra cuenta aumentó el riesgo inmensurablemente. Acabó volviéndose en vuestra contra.

El Jônin comprobó que Tenten apretaba las mandíbulas y que Neji no podía evitar que le temblasen los puños, muy seguramente producto de la ira contenida. Sabía que evidenciar sus debilidades y flaquezas traía dolor a las mentes de sus jóvenes alumnos, pero era necesario. Gai suspiró despacio después de dirigir una mirada compasiva a la cama donde dormía su querido y magullado discípulo Lee.

—Sin embargo, puedo asegurar una cosa… —dijo haciendo una pausa firme. —Vosotros tres habéis sobrevivido porque sois el equipo de Genin más fuerte de Konoha.

El silencio continuaba en la sala por parte de Neji y Tenten. La mirada de ambos jóvenes había bajado y Gai no podía observarla.

—Otros equipos de Genin de vuestra edad en vuestra circunstancias habrían quedado completamente locos o, en el peor de los casos, muertos. Vuestros entrenamientos y trabajos, vuestra pasión por hacer el bien para Konoha, sus habitantes y vuestros compañeros ha hecho posible que estéis vivos. Es por eso que… estoy orgulloso de vosotros tres.

Gai volvió a recibir por respuesta el silencio por parte de sus discípulos. No esperaba otra cosa. Él mismo había tenido otros equipos de Genin a su cargo y había sido líder y compañero de Chûnin y Jônin en circunstancias variopintas que habían tocado de lleno la enfermedad, el dolor y la muerte. Esto era, pensaba Gai, un paso necesario para ahondar más en el significado del ser un shinobi por parte de sus alumnos.

—Gai-sensei.

La mención de su nombre por parte de Tenten le hizo salir de sus pensamientos. La chica se había girado totalmente hacia él y su expresión corporal era desafiante. Su cara mostraba una mueca llena de dolor y frustración que deseaba explotar.

—¿Cómo puede estar orgulloso de nosotros? ¡¿CÓMO PUEDE ESTAR ORGULLOSO DE NOSOTROS?!

El grito de Tenten sorprendió a Gai, más no cambió su expresión facial en ningún momento.

—¡¿Nosotros?! ¡¿Fuertes? ¡¿Un orgullo?! ¡NOSOTROS NO HEMOS PODIDO HACER NADA! —exclamó Tenten cambiando de tono de voz en la habitación de color verdoso claro. —¡SOMOS UN PUÑADO DE INÚTILES Y ESTÚPIDOS! ¡Y yo la primera! ¡Me confié y pensé que podríamos hacerlo todo nosotros solos! ¡Pasó lo de la jodida rayada de la ilusión de Lee, la traición de Suna junto con ese engendro de Orochimaru, la invasión, nuestro arresto! ¡Ahora estamos en la PEOR DE LAS MIERDAS, y Lee está en un coma del que no sabemos si llegará a salir algún día!

Tenten dirigió una mirada llena de dolor hacia el suelo tras su arrebato mientras estrujaba con fuerza la tela de su camisón hospitalario. El sabor amargo de su boca se acentuó sobremanera, pero no le importaba ahora mismo. Sentía vergüenza, humillación, una profunda tristeza llena de remordimientos. Su mente no paraba de recordarle que ella había sido quien dio la idea de ir a Suna a investigar, que ella había dejado sólo a Lee durante la Invasión, que no había estado junto a él cuando sufría una de las más terribles torturas. No podía soportar tan terrible dolor, tan terrible angustia.

—Yo… yo… no quería que pasase esto… quería que… no quería hacer que Lee acabase así. —dijo en un hilo de voz al recordar el doloroso momento en que los padres de su comatoso compañero fueron a visitarlo a la UMN muy afectados. —Yo… tendría que ser la que estuviese ahí tumbada, o mutilada, o…

—Suficiente, Tenten.

La abrupta orden procedente de los labios de su maestro hizo que la chica callase de inmediato. Tenten notó que su mano había arrugado demasiado su ropa y se vió en la necesidad de destensar su agarre.

—La vida de un shinobi está llena de riesgos. No es un camino fácil. De hecho, jamás debéis creer a quien os lo diga. Eso sólo os traerá problemas. Muchos, de hecho. —escuchó decir a su maestro con voz firme y muy seria. —Siempre tendréis que tomar decisiones y esas decisiones SIEMPRE tendrán sus consecuencias. Es importante que sepáis que no importa que hagáis, NUNCA sabréis el resultado de esas decisiones hasta el final, e incluso MÁS ALLÁ. JAMÁS. Sólo podréis intuirlo por vuestra experiencia y por el desarrollo de vuestras habilidades. Es por eso que DEBÉIS exponeros a un mayor número de situaciones para aprender de ellas y reducir el riesgo al mínimo.

Tenten miró a su maestro y sintió que el corazón le iba a salir por la garganta. Dirigió de nuevo la mirada al suelo con pesar. Todo lo que había creído en el pasado se estaba desmoronando. Su maestro estaba prácticamente afirmando que había actuado como una niñata y eso había sido lo que había traído la desgracia al grupo.

—Pero, pese a todo, Tenten, tú siempre te has preocupado por Lee. Nunca le has abandonado y siempre has pensado en el bienestar de él. Tú le aprecias y respetas, y es por eso está con vida. —declaró Gai con un tono más suave. —Además, por otro lado, puedo asegurarte de que tu actitud llevó a que Neji se mantuviese cuerdo en las circunstancias de vuestro arresto por parte de los miembros de la División de Inteligencia. No hables. Lo sé. He visto cómo hombres más fuertes e inteligentes que Neji han terminado sus días en una celda de un manicomio por la tortura y la privación. 

Tenten comenzó a sentir un pinchazo en el rabillo de sus ojos. Estaba sintiendo que las lágrimas comenzaban a acumularse y que la nariz le cosquilleaba. 

—Tenten, Neji, hicisteis lo mejor que pudisteis con los recursos y la información con la que contábais. Sois aún jóvenes e inexpertos, pero disteis lo mejor y por eso seguís vivos. Gracias a eso, habéis ganado esta batalla personal. Vosotros tres sois los Genin más fuertes de Konoha.

Antes de que Gai terminase, Tenten se echó a los brazos de su maestro. De repente, el fuerte nudo de su garganta se soltó y comenzó a llorar muy fuerte en el pecho de su maestro. Los grandes sollozos eran sofocados por el traje elástico del Jônin. La chica no quería pensar más. Estaba sufriendo tanto y tan fuerte que sólo quería ser consolada por su maestro. Gai llevó su mano a la nuca de Tenten y la apretó contra sí mismo con cuidado. El Jônin cerró los ojos suspirando aliviado por la apertura del corazón de la chica. Ahora sólo quedaba Neji.

—Neji, tú…

—No diga nada más, Gai-sensei… no diga nada más…

Gai levantó sus gruesas cejas sorprendido de ver que Neji se levantó y mostró un rostro con una mueca de dolor lleno de lágrimas silenciosas que recorrían sus mejillas. Más le sorprendió que su alumno de ojos blancos se acercase a él sin decir más palabras y apretó su cabeza contra su pecho, al igual que Tenten. Gai sólo sentía la respiración agitada de quien llora en un lamento profundo. 

El Jônin se dio el privilegio de dejar de mostrar una expresión neutra para cambiarla por una de tristeza mientras observaba a sus dos alumnos llorar. Maito Gai estaba desconsolado, profundamente entristecido. Podía afirmar que de la misma manera que todo había sido muy injusto para Lee, también lo había sido para Neji y Tenten. 

No lo entendía. No entendía porque Konoha se había saltado los procedimientos estandarizados y había permitido que sus alumnos hubiesen sido arrestados en su ausencia. No entendía porque se había autorizado a que los tres hubiesen sido torturados psicológica y físicamente pese a su predisposición a colaborar. Y, desde luego, no entendía porque él se había visto obligado a estar lejos, aún más tiempo, de sus tres alumnos para ir a buscar a un envalentonado Uchiha Sasuke que, una vez enterado de la situación de que su hermano había aparecido en Konoha sin previo aviso, OBVIAMENTE sólo podía perder a manos del proscrito de Uchiha Itachi. Gai suspiró intentando que este último pensamiento no le provocase una ira innecesaria que le había empezado a provocar que le molestase la garganta de manera punzante, algo que había notado desde su lucha contra Orochimaru días atrás. Lo más importante es que ya estaba junto con Neji, Lee y Tenten, y que haría todo lo posible para que superasen este mal trago.

Tras parar sus pensamientos, Gai sintió que los fuertes sollozos de sus alumnos se fueron calmando. El primero en apartarse fue Neji quien se llevó la mano a la cara para tratar de parar las escurridizas lágrimas. El chico notaba que sus ojos estaban muy inflamados y sentía algo de vergüenza al comenzar a ser consciente de que le habían visto llorar.

—Y, ¿ahora qué haremos, Gai-sensei? —preguntó Neji alcanzando a ver a Lee quien se mantuvo inmóvil durante toda la interacción.

Neji vio que Tenten se apartaba del pecho de su maestro y comenzaba a secarse rápidamente la mucosidad que salía de su nariz con la manga de su camisón. El chico de ojos blancos pudo comprobar que su nariz estaba muy enrojecida y los pómulos se habían coloreado. Esto hizo a Neji sentir cierta ternura.

—Ahora mismo la prioridad es que Lee se despierte y que los tres os recuperéis en la UMN. Ya habrá tiempo para entrenar y retomar las misiones más adelante. —decretó Gai observando con algo de diversión que sus alumnos habían dejado un rastro de lágrimas de sus ojos en el traje que llevaba.

—Pero, Gai-sensei, ¿qué sucede si Lee no…?

Antes de que Tenten pudiese terminar de hablar, el sonido de golpeteo en la puerta se escuchó en la habitación. Casi al momento, entró en la estancia Hinata con calma en sus pasos.

—Oh, Gai-sensei, está usted aquí. Es bueno verle.

—Ah, Hinata, me alegro de verte después de tanto tiempo. Espero que estés más recuperada. —respondió con cordialidad el Jônin a la joven del clan Hyûga a modo de saludo.

Hinata saludó también a Tenten a la que no preguntó por el estado de su rostro. La chica del clan Hyûga podía intuir que había sucedido. Sólo la sonrió con comprensión amistosa a lo que Tenten agradeció en silencio.

—Neji-nîsan, buenos días. —procedió a saludar Hinata a su primo quien estaba dado de espaldas al grupo.

—Ah, sí, buenos días, Hinata-sama. ¿Te toca hoy vigilar a Lee? —preguntó Neji sin darse la vuelta.

Tenten sintió que apretaba los labios para evitar soltar una pequeña risa. Era la segunda vez que había visto llorar a Neji en su vida y, de alguna manera, le parecía algo curioso. Por otro lado, la chica del Equipo Gai recordó que sus amigos se habían ofrecido voluntarios para velar por Lee en su ausencia recuperativa. Habían solicitado una misión de rango D colectivamente. Al fin y al cabo, los parientes civiles de un paciente de la UMN no podían permanecer mucho tiempo allí por razones de seguridad y Neji y ella tenían que seguir con las terapias de recuperación física y psicológica que el hospital les imponía como itinerario. Era lógico que alguien se quedase con Lee por si había algún cambio en su estado y avisar al personal sanitario.

—Así es, Neji-nîsan. Mañana se encargará Chôji-kun de vigilar a Lee-san. —dijo con suavidad Hinata tras mirar con dolor el cuerpo yacente del chico de cabello negro.

Gai afirmó con la cabeza a cada una de las palabras de la antigua heredera del clan Hyûga.

—En ese caso, Neji, Tenten, debéis volver a vuestra habitación para comenzar la rutina de rehabilitación de hoy. —comentó Gai a sus discípulos.

Tras las palabras de su maestro, y lanzando un suspiró pesaroso, Neji se giró sobre sus talones tras observar una última vez a Lee. Sus lágrimas ya se habían secado y no temía que Hinata se diese cuenta de que había estado llorando. El chico del clan Hyûga comenzó a dirigirse a la puerta, pero algo le detuvo.

—¿Nos vamos, Tenten?

Neji vio como su compañera se había quedado con una mirada perdida y absorta observando el silencioso cuerpo de Lee. El chico de ojos blancos sabía que Tenten no quería dejarle, que ella era la que quería permanecer al lado de su compañero herido. El joven del clan Hyûga entrecerró los ojos pensativo. En el fondo de su corazón, sentía envidia por la relación que sus dos compañeros de equipo tenían. Una relación cercana, sincera y abierta de amistad. Fraternal incluso. Todo lo contrario a lo que él había construido con ellos en el pasado. Era consciente de que su enfurecida y depresiva actitud pasada había hecho mella en su relación con sus compañeros de equipo. No obstante, ahora quería cambiarlo, deseaba cambiarlo, por Lee y, por encima de todo,… por Tenten.

—Tenten, estará bien. Hinata-sama se ocupará de él y nos avisará si ocurriese algo, ¿cierto?

Hinata afirmó con la cabeza efusivamente a las palabras de su primo mientras la triste y delicada mirada de Tenten se enfocó en el suelo. Neji suspiró y le echó valor, aquel valor que no tuvo la última vez en el lugar de construcción antes de ser arrestados.

—Vayamos. Los dos juntos, ¿de acuerdo?

Tras decir estas palabras, Gai y Hinata fueron testigos de algo que no pensaron jamás que se iba a producir. Neji tomó la mano de Tenten con suavidad y la acunó en la suya tiernamente. La chica de cabello chocolate levantó la mirada y se encontró los ojos blancos con reflejos purpúreos de Neji. Le pareció que en ellos vio una colorida galaxia de estrellas como las que se pueden ver en las noches más oscuras de Konoha. Los ojos de Neji estaban llenos de comprensión y paciencia. En ese momento, Tenten lo supo. Supo que él le estaba dejando espacio para aceptar la oferta. Con una sonrisa algo débil, pero sintiéndose acompañada, aceptó apretando ligeramente su mano a la de él.

—Sí. De acuerdo. Vamos, Neji. Nos vemos luego, Gai-sensei, Hinata. —dijo la chica despidiéndose despacio y algo triste. —Nos vemos luego, Lee…

Neji se despidió con una ligera reverencia de su maestro y de su prima. Ambos jóvenes salieron despacio por la puerta para buscar al personal sanitario que les ayudaba en su recuperación. Cuando Maito Gai y Hinata se quedaron sólos, no pudieron evitar mirarse sorprendidos para terminar sonriendo de manera cómplice a la vez que el pitido de las máquinas y el goteo de los sueros seguía su curso en aquella habitación de la UMN.

Rock Lee abrió los ojos en un estupor lleno de nubes y vapor. El chico de cabellos negros parpadeó durante largo tiempo hasta que pudo ajustar su mirada. Desconocía dónde se encontraba exactamente.

Observó a su alrededor con cuidado. Efectivamente, pudo comprobar que estaba en un lugar que jamás había estado antes. Era amplio, muy amplio. No distinguía el principio ni el fin de dicho sitio. Era también un lugar muy oscuro, completamente oscuro. Sólo ocasionalmente iluminado por una especie de relámpagos silenciosos de color blanco azulado que recorrían aquel misterioso lugar. Sin embargo, pese a todo, Rock Lee no tenía miedo. De alguna manera, se sentía ligero, extremadamente ligero. Etéreo.

El chico de cabellos negros miró su cuerpo. Notaba que se encontraba en buen estado, a diferencia de cómo recordaba que le habían torturado. No le dolían los brazos, ni las piernas. Era todo muy extraño.

—Si no siento dolor físico, eso quiere decir que estoy… —balbuceó Lee con dolor en su pecho.

El chico de cabello negro no quiso hablar más. Por su mente, no obstante, se coló inadvertidamente esa palabra: “muerto”. Lee sintió que su labio comenzó a temblar ligeramente y notó que el corazón le comenzaba a pesar. Si estaba muerto, había dejado todo y a todos atrás: sus padres, sus amigos, sus compañeros, sus sueños, sus esperanzas… TODO. Era entonces el final. Se sentía totalmente desolado.

—Yo te veo bastante vivo, Rokku.

Ante la repentina e inesperada mención de su nombre en aquel lugar, Rock Lee se puso en alerta. La pronunciación original de su nombre. Sus ojos se abrieron desmesuradamente, al igual que sus oídos. No era la primera vez que lo escuchaba para causarle tanta impresión. Lo que le ocasionaba ese asombro inadvertido fue que pareció reconocer de quien provenía. La verdadera y suave pronunciación de su nombre por ese color de voz casto y femenino hizo que Lee se girase muy lentamente lleno de expectación, miedo y esperanza. Entonces, la vio.

Vio enfrente de él, gracias a los ocasionales relámpagos de luz de aquel lugar, a una chica. Una chica alta y esbelta, de largo cabello castaño claro hasta la cintura. Sus ojos verdes avellana eran como los recordaba y su piel podía competir prácticamente con el color blanco de un lienzo. Siempre había sido así, ella siempre había sido así. 

Allí estaba. La primera chica a la que había amado Rock Lee, la que le había querido pese a no ser parte de un linaje ninja, pese a ser alguien incapaz de usar Ninjutsu y Genjutsu. La chica que aceptó su físico, celebró con él sus victorias, penó con él sus tristezas. La chica que le amó, la que le dio todo lo que tenía. Era ella y le estaba sonriendo suavemente y llena de amor.

Rock Lee sintió que la cara se le contrajo con una expresión que pasó de la sorpresa al dolor despacio. Apretó los dientes a la vez que salió corriendo, abrió sus brazos para ir al encuentro de su amada y la abrazó con firmeza, pero con mucho cuidado y lloró. Lee lloró como si no existiese un mañana. Lloró sonora y desesperadamente apretando el agarre en el cuerpo de la muchacha, casi teniendo miedo de que la chica desapareciese, pero no lo hizo. Ella le correspondió el abrazo con mucha ternura, acunando en sus gráciles brazos a Lee. El cuerpo del chico se sentía desfallecer, cayendo lentamente al suelo en un lento recorrido al que arrastró también a la muchacha. Lee se refugió en el espacio del cuello de la que una vez había sido su novia, sintiendo que los hombros de ella se movían a causa de la emoción y de su propio llanto. Tras un rato, Lee se separó despacio, pero sin soltar su mano, intentando secar sus escurridizas lágrimas. Ella hizo también lo propio, pero diferente.

—N-no… aún no puedo creer que estés aquí, y…

Lee intentó pronunciar el nombre de la chica, pero no pudo. El joven experto en Taijutsu sentía que el nombre de ella moría en su garganta. Había pasado mucho tiempo, pero el dolor seguía ahí. Había sufrido tanto su pérdida, aún ahora sabía que no era capaz pronunciar su nombre aunque pensase constantemente en ella. Lee bajó la mirada avergonzado, pero sintió que ella le tomó suavemente de la barbilla haciendo que sus miradas se encontrasen.

—Está bien, Rokku. Todo está bien, no te preocupes. —dijo la chica de cabello castaño con una suave sonrisa en el rostro.

Al escucharla, Lee sintió que las ganas de llorar volvían a sus ojos y su garganta, pero se contuvo. Apretó ligeramente su mano a la de ella, tratando de concentrarse en el suave tacto de su piel. Con voz temblorosa, Lee sintió la imperiosa necesidad de decir muchas cosas, pero tenía una pregunta importante que hacer.

—E-entonces, si estás aquí, ¿quiere decir que estoy… muerto?

La expresión de la muchacha se volvió extrañamente neutral y giró un poco la cabeza como tratando de entender la pregunta de Lee. Éste vio que ella cerró los ojos, suspiró ligeramente y correspondió las caricias que le estaba dando en la palma de la mano.

—Oh, Rokku, no. No estás muerto, pero… tampoco estás en buenas condiciones. —dijo la chica con un ligero tono de tristeza en su voz. —Me temo que ahora mismo estás en un coma profundo. Desconozco qué efectos puede tener más adelante.

Las palabras de la chica hicieron que Lee mirase el infinito de aquel lugar y lanzó un largo y profundo suspiro. Se sentía perplejo porque, si él no estaba muerto, ¿por qué estaba junto con ella ahora mismo? Se sentía completamente perdido.

—Pero, parece que, poco a poco, tu actividad neuronal y tu estado cognitivo están volviendo a niveles normales. Es probable que salgas del coma en menos tiempo de lo que crees. —continuó la chica fijándose en los relámpagos que surcaban el firmamento del lugar al ver la expresión confundida de Lee.

El chico de cabello negro volvió a mirarla directamente a los ojos. Sentía que su cara estaba transformándose en una expresión aún más confundida. ¿Actividad neuronal? ¿Estado cognitivo? Hacía mucho tiempo que no escuchaba ese tipo de términos complejos y se le hizo muy raro. Lee no era un chico tonto, era muy resuelto e inteligente, pero incluso para él este tipo de terminología se le atascaba. Rock Lee vio como la chica se llevó una mano a la boca tratando de contener una pequeña risa inocente. Este acto le confundió aún más.

—Oh, vamos, ¿de qué te ríes? —preguntó Lee sintiendo que un leve rubor cruzaba su rostro.

Esto hizo que la muchacha se riese un poco más fuerte mientras Lee, más avergonzado aún, exigía cómica y azoradamente que parase. 

—Ja, ja, ja, lo siento. Es que no me esperaba que nuestro encuentro volviese a ser así. Con esa cara tan graciosa que has puesto, Rokku.

Pese a que parecía que el regocijo de la chica había llegado a su fin, Lee seguía sintiéndose vergonzoso. No podía decirle el motivo por el que había hecho esa expresión. Eso sólo le daría la oportunidad de reírse nuevamente. Era algo que conocía bien de ella.

—Sabes… me alegro de haber visto tu sonrisa. Pensé que… no la vería de nuevo nunca jamás…

Ante las repentinas palabras del chico, el rostro de la muchacha se transformó en una expresión donde la tristeza hizo su hogar. Ante esto, Lee se quedó en silencio, también con la cara apenada.

—Yo… tampoco creía que te vería de nuevo. Ha pasado… mucho tiempo, ¿verdad? —dijo la chica de cabello castaño intentando liberarse de su aflicción. —¿Cuánto ha sido? ¿Dos años?

Lee afirmó con la cabeza en silencio. En algo menos de cuatro meses, se cumpliría el segundo aniversario del fallecimiento de su novia, quien estaba delante de él, y de los padres de ella. El recuerdo repentino de aquel día hizo que Lee sintiese un pinchazo fuerte y doliente en el corazón.

—Fiu, dos años, ¿eh? Si que ha pasado el tiempo… —formuló la chica acercándose más a Lee y sentándose a su lado con la piernas cruzadas. —Dime, Rokku, ¿qué has estado haciendo en este tiempo?

Al escuchar esa petición, Lee se quedó mirando un instante que le pareció eterno el rostro de su antigua novia. Los ojos de ella destilaban aquella curiosidad natural que formaba parte de su personalidad. Podía ver en los orbes verdes avellana las hojas que cubrían los árboles de Konoha. Podía ver sus súplicas, su interés, su amor por saber de él. Podía ver… todo.

—No sé por dónde empezar exactamente. Creo que… podría interesarte saber que…

Lanzando un suave suspiro, la chica miró atenta a Lee, quien comenzaba a aumentar su sonrisa mientras hablaba y trataba de situarse en el pasado con un poco de apuro. Él le habló de sus experiencias como Genin durante los dos últimos años, le habló del estado de sus padres y de cómo la echaban de menos, le habló de Neji, Tenten y Gai-sensei. Por supuesto, también le habló de todos los compañeros que había hecho en este tiempo. Lee observaba con deleite como la sonrisa de ella se hacía cada vez más grande y bella cuando hablaba de los nueve Genin que ahora se habían convertido en sus camaradas y amigos.

—Y, aunque no lo creas, Naruto-kun y tú sois bastante parecidos. Ambos tenéis algo similar y os gusta hacer bromas. Aunque… él ha acabado en el calabozo por ello, pero creo que tú tampoco te quedabas corta. Ah, y…

—Rokku…

La mención de su nombre hizo parar su relato. Lee observó que la expresión de la muchacha se había vuelto seria y afligida repentinamente. Era algo que quería evitar que ella mostrase. De hecho, había omitido las malas experiencias que él mismo había tenido últimamente como el ataque de la ilusión, de los ninjas de Suna, la Invasión de Konoha, la aparición de Toshikomi y la tortura a la que fue sometido hacía poco. No obstante, por algún motivo que desconocía, ella mostraba un taciturno halo de aflicción.

—Rokku, tú… ¿eres feliz? Quiero decir, ¿estás satisfecho con ser un Shinobi de Konoha ahora?

La pregunta cayó de sorpresa a Lee quien no pudo evitar poner una expresión extraña en su rostro.

—Bueno, creo que sí. Cómo te has podido imaginar, tengo a mis compañeros y amigos. También a mis maestros. Me siento siempre acompañado por ellos. —dijo Lee tratando de responder a la pregunta de la chica. —De hecho, si no hubiese sido por Neji, Tenten y, sobre todo, Gai-sensei, creo que no hubiese podido seguir adelante sin ti…

Mirando de reojo, Lee pudo ver que la respuesta no satisfizo a su antigua novia, quien miraba al suelo del lugar mientras apretaba sus manos ligeramente entre sí como en un intento de decir algo que le costaba expresar.

—Rokku.

—Dime.

—Creo… creo que debes olvidarte de mí. —expresó la chica de cabello castaño con dificultad. —Sí, debes olvidarte de mí para siempre.

Las palabras de la muchacha pillaron tan de sorpresa a Lee que se quedó con la boca abierta completamente.

— Yo lo sé. Mi recuerdo aún te lastra. Tienes… que seguir adelante, Rokku. Sin mí y…

—¡¿Qué estás diciendo?! ¡No puedo hacer eso! ¡Eres muy importante para mí! —exclamó repentinamente Lee con seriedad e indignación.— ¡No puedo y no quiero hacerlo! ¡No puedo ser sin ti!

El grito de Lee exaltó a la chica quien, lejos de mostrarse asustada, expresó preocupación y molestia con el ceño fruncido.

—Rokku, por favor. No digas disparates. ¿Cómo puedes salir adelante si sigues pensando en mí así como lo haces? No has vuelto a salir con ninguna chica desde hace dos años, ¿verdad? Y el único momento en el que intentaste algo fue con la amiga que me acabas de mencionar. Sakura, ¿cierto?

Lee bajó la mirada a sus pies mientras un nuevo resplandor procedente de los relámpagos azulados pasaba por encima de ellos. Se sentía mal porque se le había escapado que declaró, hace no mucho tiempo, su amor eterno a Haruno Sakura sin apenas conocerla. El recuerdo estaba caliente en su mente y le daba vergüenza.

—Sakura-san me rechazó. Te lo he dicho, ¿no? Ella piensa que soy un bicho raro. Bueno, lo pensaba, hasta que la salvé en aquella misión que te he contado… —dijo Lee con un mohín recordando a la muchacha lo que le acababa de contar en su experiencia con sus amigos. —Ella está enamorada de otro…

Lee sintió como su antigua novia puso su mano en la suya y la levantó para ponerla en su mejilla. El chico de cabello negro se quedó quieto. Aunque en un principio se molestó por lo que ella le acababa de sugerir, notó que lentamente su enfado se calmaba y no apartó su mano. Vio que ella tenía los ojos cerrados y parecía que le gustaba sentir el tacto de su palma áspera.

—Rokku, por favor, promételo. Prométeme que me olvidarás. Prométeme que conocerás a una chica, saldrás con ella, te casarás y tendrás hijos. —dijo la muchacha en una voz temblorosa apoyando su otra mano en el pecho de Lee. —Prométeme que crecerás, te harás viejo y morirás de anciano. Por favor, promételo, Rokku.

Lee tuvo un nuevo pinchazo en su pecho al ver que los ojos de ella, ahora semiabiertos, parecían estar llenos de lágrimas. Odiaba verla tan triste, tan desolada. Odiaba que ya no estuviesen juntos, que la muerte hubiese hecho de las suyas. Desde que comenzaron a salir, Lee creyó que ambos estarían siempre juntos. Amándose para siempre. Que serían ellos los que se casarían, tendrían hijos y envejecerían juntos hasta el final de sus días. Pero no. La vida parecía que tenía planes diferentes para los dos.

—Escucha. Puedo prometerte que me casaré y tendré hijos con otra persona, pero no puedo prometerte que te olvidaré. — decretó Lee con suavidad y firmeza en su voz a la vez que la acariciaba con el pulgar de su mano la mejilla. —Es más, la chica que quiera casarse conmigo tendrá que aceptar que te sigo amando y que siempre te amaré. Es la condición que le pondré para estar juntos.

Tras parpadear rápidamente unos instantes, la muchacha de cabello castaño soltó una carcajada tras escuchar el inesperado arrebato de amor de Lee. El joven pudo ver que ella negaba la cabeza en incredulidad.

—¡En verdad, no puedo vencerte, Rokku! ¡Desde luego sabes que decir para que una chica se sienta atraída! —dijo la joven chica con una sonrisa amplia y divertida mientras movía sus finas cejas. —Seguro que estas cosas se las dices a todas.

—¡Claro que no! —respondió Lee con vergüenza y los carrillos tintados.

Al momento, ambos jóvenes notaron que el resplandor de aquellos relámpagos azul eléctrico se comenzó a volver más intenso. Lee vio que la chica se levantó despacio y en silencio mientras no dejaba de mirar la parte superior e infinita de aquel lugar.

—No va a durar mucho, Rokku… —dijo la joven de una manera que Lee sintió críptica. —Ha llegado el momento de despedirnos…

Lee notó que el corazón se hundió en su pecho y el aliento quedó aguantado en su garganta. No quería hacerlo, no quería despedirse de ella. No quería que todo esto terminase. Ahora que estaban juntos, aunque fuese en el estado comatoso de él, era más que suficiente. Lee sabía que no podía despedirse de ella. Al momento, el chico de cabello negro sintió el cálido toque del abrazo del cuerpo de ella, un abrazo que correspondió lleno de amor, de que fuese el más largo que fuese a dar nunca.

—Rokku, si piensas en mí, sólo recuerda que te amo. Siempre te he amado y siempre te amaré. Eres el único que hubo en mi vida.

Lee percibió que las lágrimas volvían a caer por sus mejillas ante la confesión de la joven de ojos verdes. El chico se acercó a la frente de ella y le dio un tierno beso mientras la joven se apoyaba en su pecho escuchando su corazón.

—Siempre. Lo prometo. Recuerda, aunque sólo sea este instante, que eres la única también para mí. —dijo Lee abrazándola con fuerza.

El joven experto en Taijutsu pudo ver que las lágrimas también caían de los ojos de ella. Al mismo tiempo, observaba que el cuerpo de la muchacha se iba volviendo cada vez más cristalino y etéreo.

—Adiós, Rokku. Te amo…

—Yo también te amo, Ya…

Antes de que pudiese pronunciar su nombre, el cuerpo de la chica se había convertido en aire y Lee se quedó completamente sólo. La expresión de su rostro se tornó en una mueca llena de dolor y puso su mano en el pecho tratando de sujetar aquella emoción que le atravesaba con tristeza. Poco duró ese momento, pues Lee sintió que comenzaba a escuchar voces en la distancia, voces que se iban volviendo cada vez más cercanas y más sonoras. Al mismo tiempo, observó que las luces se fueron haciendo más claras y potentes y, en un instante, le llenaron de un resplandor tan fuerte que tuvo que taparse la cara para evitar dañar sus ojos.

En un momento, sus oídos se destaparon y abrió los ojos repentinamente. Vio el techo de una habitación y comenzó a toser con violencia, dando signos de náuseas, sintiendo que se ahogaba. Trató de levantar sus brazos para quitar aquello que le obstruía, pero los miembros superiores le dolían ferozmente. Rápidamente, vio que a su lado aparecían dos figuras familiares: su maestro Maito Gai y su amiga y compañera kunoichi Yamanaka Ino. Ambos estaban tratando de tranquilizarle y de evitar que se quitara los tubos de la boca de cuajo.

—¡Lee, tranquilo, muchacho! ¡Ya está todo bien, chico! ¡Respira por la nariz, tú sólo respira por la nariz!

—¡Voy a ir a buscar inmediatamente a los enfermeros, Gai-sensei!

Lee escuchó que Ino salió por la puerta y miró con los ojos muy abiertos que se encontraba en una cama hospitalaria. Allí ya no estaba ella, había desaparecido de verdad. Su despedida había sido cierta. Ante esta realidad, Lee no pudo evitar soltar varios quejidos y comenzar a llorar lastimosamente.

—Ya está, Lee. Todo ha terminado. Ya estás de vuelta con nosotros.

Las palabras de su maestro no hicieron más que aumentar la frecuencia y el tono de los llantos, y las lágrimas evidenciaron, en secreto, el dolor y la pérdida que Rock Lee había experimentado por su amada una vez más.

El sonido de la madera y el metal resonaba con repiqueteo insistente y con fuerza. Konoha despertaba esa mañana con sonidos procedentes de la reconstrucción una vez más. Ahora mismo, el eco de las herramientas de construcción sonaba con mucho estruendo en la zona residencial del clan Shimura. En una de las casas más acomodadas e imponentes, se podía ver a través de la ventana a Shimura Danzô. Actualmente, éste se encontraba en arresto domiciliario en su propio hogar.

El anciano observaba a los obreros que terminaban de reconstruir una de las casas de su clan. Su rostro mostraba una seriedad inimaginable y un ceño muy pronunciado. El sólo pensamiento de su situación actual hacía que los nervios se le enervasen, haciéndole sentir una ira caliente patente en la frente y en el pecho.

—Maldito Orochimaru. Nada de lo que me prometió se ha cumplido. —dijo un furioso Danzô entre dientes mientras apretaba la empuñadura de su bastón con fuerza. —Se suponía que teníamos que cumplir cada uno nuestra parte del trato.

El septuagenario estaba furioso. En la alta cúpula militar de Konoha, se sabía que Orochimaru y él habían trabajado colaborativamente en el pasado, pero se desconocían exactamente sus intenciones. Ambos hombres, sin embargo, se investigaron en el pasado mutuamente y descubrieron que sus objetivos habían coincidido en varias ocasiones y, cuando supieron de sus intereses, aprovecharon para unirse y cumplirlos. Años atrás, Danzô había solicitado a Orochimaru ser parte del grupo Raíz, el cual comandaba en secreto, haciendo trabajos en las sombras para él, cuando Sandaime Hokage le dio permiso para ser ANBU. Por otro lado, Orochimaru había conseguido un privilegio especial en los últimos años que vivió en Konoha en el que podía realizar sus experimentos ilegales e inmorales, gracias a la influencia de Danzô. Su colaboración mutua les había permitido hasta ahora tender un puente para conseguir su objetivo máximo: obtener el poder.

Danzô sonrió al pensar en esa palabra. Poder. Sólo escucharla hacía que le recorriera un escalofrío por la espalda, hasta el punto que lo sentía más placentero y lujurioso que cuando se follaba a una esclava sexual. Sin embargo, la sonrisa se desvaneció rápidamente de su cara, pensando nuevamente en el problema que le atañaba: su arresto domiciliario y la pérdida de sus privilegios sociales, políticos y económicos durante un período de tres años. Todo ello decretado por la nueva Godaime Hokage: Tsunade.

—Ese hijo de puta de Orochimaru. Si sólo se hubiese encargado también de Tsunade y la hubiese matado, sólo hubiese sido necesario postularme en Kyokaen como Candidato Hokage. —siseó Danzô con insidia al recordar la información que acababa de recibir. —Ese estúpido y pusilánime de Madoka Akira me hubiese dado el poder sin problemas sobre Konoha.

El plan acordado que le propuso Orochimaru de derrocar a Sandaime Hokage para obtener el poder en Konoha era muy sencillo. Simplemente hacerle salir de la aldea, llevarle a otro lugar y matarle con la guardia baja lejos de la mayoría de las tropas de Konoha. Danzô incluso supo que Orochimaru había conseguido más milicia al obtener su propia Aldea Shinobi tras llenar la cabeza de tonterías al Daimyô de los Arrozales. Sin embargo, no eran muchos los shinobi que formaban parte de Otogakure, así que Danzô le sugirió aliarse con Rasa, el Kazekage de Suna, en las sombras por las desavenencias políticas internas entre el Daimyô Kazetani y su propia aldea.

Tras el asalto y la invasión, no le fue muy difícil ser elegido para el poder imponiendo su propio gobierno provisional. Sus compañeros del Consejo de Konoha, Homura y Koharu, nunca vieron mal que fuese el encargado administrativo mientras se buscaba y elegía a un nuevo Hokage. Después de todo, era el miembro del Consejo de Konoha con más experiencia en batalla real y en redacción y creación de reglamentos políticos y administrativos. Durante ese tiempo, pensó que si actuaba de manera inteligente, le elegirían como el más adecuado para el puesto de Hokage. ¡Cuál fue su sorpresa cuando supo que el Sannin Jiraiya había regresado a Konoha tras un largo retiro de años en su búsqueda de Orochimaru!

Para su desgracia, bien se sabía que Jiraiya era una persona que gozaba del gusto de Madoka Akira y le eligió como Candidato Hokage. Ante la negativa del Gama-sennin, éste propuso ir en búsqueda, como alternativa para gobernar a la Aldea Shinobi, de la mítica ninja médico Tsunade, la nieta del Shodai Hokage, sobrina de Nidaime Hokage y alumna del Sandaime Hokage. No podía competir contra ella en influencia.

Es por eso que Danzô contactó con Orochimaru advirtiéndole, para que la asesinara cuanto antes, pero fracasó en su intento, ya que el imbécil de Jiraiya y el niñato del Jinchûriki del Kyûbi, a quien el primero se había llevado a escondidas y sin el permiso directo de Danzô, se habían inmiscuido en sus planes. Ahora con la vuelta de Tsunade, y sabedora de sus actuaciones durante el gobierno provisional, había decretado su enclaustramiento como medio correctivo.

“La muy cabrona me conoce bien. Ella me quería meter en prisión y dejarme pudrir allí, pero me pude librar por mi edad. Algo bueno tiene el que le tachen a uno de vejestorio.” pensó Danzô con cierta sonrisa de triunfo.

—¿Sabes qué es lo que más me jode de todo esto, eh? —preguntó Danzô en voz alta. —Lo que más me jode es que no hayáis podido conseguir ningún maldito niño o joven durante las primeras 48 horas de la fase de rescate.

En una de las esquinas opuestas de la habitación, una pequeña figura permanecía arrodillada sobre una pierna mientras hacía una reverencia. Su máscara tenía un patrón de líneas rojas a ambos lados del rostro.

—Siento muchísimo nuestra actuación, Danzô-sama. —comenzó diciendo el joven enmascarado con neutralidad brutal en su voz. —Los grupos de rastreo y rescate fueron rápidamente establecidos. En todos los lugares a los que fuimos a buscar, ya había presente alguna persona, civil o militar.

Danzô lanzó un sonido fuerte de aire por la nariz como una queja profunda. No estaba satisfecho con la respuesta de su subordinado.

—De todos los lugares, el caso de la Escuela Civil de Konoha es el que más me molesta. Tu caso designado. Ahí hay tantos niños como podemos conseguir y ese imbécil de Kanpu actuó sabiendo que podía suceder algo así posteriormente a la invasión. —declaró entre dientes el anciano sin dejar de mirar por la ventana. —Ese idiota no tendría que haber estado presente en aquella conversación en el Orfanato. Al menos ahora ya está muerto.

La mente de Danzô evocó el momento en el que conoció personalmente al ya difunto Director de la Escuela Civil. Anteriormente, Kanpu había trabajado como cuidador del Orfanato de Konoha, una institución situada en las afueras del núcleo central urbano de la Aldea Shinobi, más concretamente en un bosque alejado que cubría la parte superior del Monumento Hokage. El individuo había estado escuchando a hurtadillas una conversación entre la entonces Directora del Orfanato, Yakushi Nônô, y el grupo que comandaba él en aquel momento. Después, Kanpu se inmiscuyó en la conversación ante sus amenazas de cortar el grifo financiero al Orfanato si no le proporcionaban niños para Raíz. Con pocas palabras, Danzô pudo ser testigo de cómo el envalentonado hombre callaba con temor, desagrado y respeto, gracias a que la jefa del Orfanato dio su visto bueno. Tiempo después, Danzô supo que Kanpu había sido designado por Sandaime para ser el Director de la Escuela Civil de Konoha, donde se dedicaba a cuidar con tesón y esmero la educación de los niños civiles.

“Puede que Kanpu investigase nuestras actividades después de su experiencia en el Orfanato. Es posible que descubriese que, durante las catástrofes, Raíz ha capturado y secuestrado a quienes ha considerado adecuados para las necesidades de la organización… y también para las necesidades de Orochimaru.” pensó fríamente al ver que poco a poco los obreros estaban terminando de construir el tejado de la casa del líder del Clan Shimura. “Seguro que se llevó a los niños de cierta manera para evitar que los secuestraran, ¿pero cómo lo hizo si la Escuela Civil era uno de los puntos calientes a atacar por los Shinobi extranjeros?”

Los largos períodos de pensamientos de Danzô no perturbaron ni extrañaron al joven miembro de Raíz. Sabía que su líder era un hombre silencioso cuando planeaba y pensaba en las estrategias debidas para las diferentes ocasiones. Él, por su parte, se mantenía en silencio, sin sentir ni padecer nada.

—Siento nuevamente mi actuación, Danzô-sama. Los herederos de los clanes Yamanaka, Nara y Akimichi estaban allí y me cercioré de que sólo habían quedado los dos maestros y el Director de la Escuela Civi. —dijo el chico de piel ceniza agachando de nuevo la cabeza. —Aún así, me disculpo por todos los miembros de Raíz por el hecho de no haber cumplido con sus expectativas, Danzô-sama.

El anciano salió de sus pensamientos al escuchar el final de la frase del joven miembro de Raíz. Se giró y le miró neutralmente suspirando con cierta resignación.

—Ahora mismo nada de eso importa ya. Ahora lo que importa es establecer el nuevo plan para obtener la conquista de Konoha desde su interior. —decretó Danzô con firmeza en el tono de su voz. —Está claro que con fuerzas externas no se ha conseguido nada y Konoha es muy poderosa por sí misma. Demasiado poderosa.

Danzô andó hasta quedar enfrente del joven adolescente de Raíz. Le ordenó que levantase el rostro para mirarle.

—Durante estos tres años, Raíz va a tener que sumirse aún más en las sombras. Durante mi encierro, quiero que todos los operativos recopilen la mayor cantidad de información sobre los casos abiertos, especialmente con el último referido a Orochimaru. Quiero que informes a todos los miembros de la organización inmediatamente. La próxima visita es en un mes y quiero resultados sin falta.

El chico de Raíz hizo una reverencia afirmando en silencio y desapareció tras la tiránica orden de su líder. En ese momento, Danzô se quedó sólo. El anciano sabía que iba a tener mucho tiempo para preparar su estrategia de contraataque y podría adecuarla para desbancar con precisión a Tsunade o a cualquier otro individuo que se pusiese en su camino.

—Um, la verdad es que aún me pregunto quién es ese tipo que también se ha aliado con Orochimaru, ese Toshikomi… —se preguntó Danzô en voz alta tras haber dado la orden a su subordinado de saber más sobre él.

Durante su gobierno provisional, había conocido ese nombre gracias al arresto, investigación y uso de la tortura por parte de Morino Ibiki a los miembros de un grupo de Genin ordinarios que llevaba Maito Gai. Por desgracia, y aunque insistió al líder de la División de Inteligencia que se ensañara contundentemente para saber más, apenas había salido nada de información del chico que había entrado en contacto con el misterioso hombre. Eso le dejó con muchas dudas.

—No importa. Pronto sabré más. Al fin y al cabo, a Raíz no se le escapa nada. Somos los verdaderos Shinobi entre las sombras.

Las ominosas palabras de Danzô resonaron suavemente en la habitación cerrada. El maquiavélico anciano hizo la nota mental de recordar para la próxima reunión con su subordinado de dar la orden de agendar la siguiente reunión con Orochimaru.

Hyûga Hinata estaba enfrente a un surtidor de agua llenando dos vasos de plástico. La chica de ojos blancos miraba pacientemente como el líquido llegaba al borde del segundo recipiente para después retirarlo de su posición. Una vez hubo terminado, Hinata se encaminó por un pequeño pasillo para dirigirse a la habitación de la UMN cercana a la sala de espera. Al llegar, abrió despacio la puerta entreabierta con la cadera intentando que no se derramara el líquido de los recipientes. Pronto pudo escuchar muchas voces que había dentro de la habitación. Se estaba terminando la conversación de cómo Sasuke también se encontraba en una habitación del mismo área de la UMN y que había podido salir del estado de inconsciencia que su hermano Uchiha Itachi le había producido debido a un fuerte ataque.

Hinata escuchó cómo el ambiente se había vuelto ligero y el jolgorio regresó fuertemente al recordar que Lee estaba despierto. En la pequeña sala estaban todos sus compañeros y amigos: los miembros del Equipo Asuma, su propio equipo al completo, Sakura y Naruto del Equipo Kakashi, Neji y Tenten. Todos estaban distribuidos alrededor de la cama, custodiando y charlando animadamente con Rock Lee, quien se encontraba en un estado lúcido e increíblemente bien para el poco tiempo que llevaba de convalecencia. 

El chico del Equipo Gai había sido trasladado esa misma mañana a una habitación en planta tras haberle quitado todo el instrumental y soporte que le mantenía con vida durante el coma. Había podido comer algo, hablaba con normalidad y se incorporaba en la cama para charlar. Al ver a Lee participar en las conversaciones sin apenas dificultad, Hinata no pudo evitar sonreír suavemente con sus labios.

—¡Ah, Hinata, ya estás de vuelta! —dijo en una exclamación su compañero de equipo Kiba haciendo salir de sus pensamientos a la chica de ojos blancos.

La mencionada afirmó en silencio con la cabeza y se acercó a Tenten quien aún estaba terminando de secarse unas lágrimas que caían por su rostro. Hinata alargó el brazo y le ofreció uno de los vasos de agua.

—Toma, Tenten-san. Ayudará a calmarte. —dijo la chica de ojos blancos con una sonrisa reconfortante.

Tenten asintió y agradeció la bebida llevándola a los labios despacio. La chica de cabello recogido sentía que había estado llorando demasiado desde que vio que su compañero Rock Lee había despertado.

—Uf, creo que ya me siento mejor. —dijo Tenten con la nariz algo tapada.

—Ja, ja, ja, hay que ver lo que has estado llorando. Me sorprende lo roja que se te pone la nariz, Tenten. —exclamó Naruto divertido dirigiéndose a su senpai.

Tenten dirigió una mirada de incredulidad al chico Uzumaki con los ojos muy abiertos. Hacía cinco días que le habían dado el alta en la UMN, pero no había faltado en visitar a Lee ninguno de ellos. De hecho, Tenten había salido corriendo de su propia rehabilitación en cuanto Ino le fue a avisar que Lee había sido llevado a una habitación normal de planta y que estaba completamente despierto. La chica de cabello recogido recordó que entró a trompicones, obviando que Neji la seguía corriendo, jadeando por la carrera, sin reparar que todos sus amigos y compañeros ninja estaban presentes. Cuando vio que Lee sonreía suavemente mientras los rayos de sol del mediodía entraban por la ventana de la habitación, no pudo evitar llorar a la vez que balbuceaba exabruptos contra el chico. Ella sabía que no era lo más adecuado en esa situación, pero no pudo evitarlo. Al fin y al cabo, Lee era casi como un hermano para ella y su ausencia y el daño que había sufrido le había hecho sentir completamente inútil. 

Es por eso que las palabras de Naruto la exasperaron, pero la sonrisa del chico de cabello rubio mostró su naturaleza bromista, y eso sosegó a Tenten.

—¡Dios, Naruto, tú estarías igual si hubieses estado en la misma posición que yo! —exclamó Tenten fingiendo indignación. —¡A ti se te hubiese hinchado toda la cara de tanto llorar, tonto!

—¡¿Qué dices?! —gritó Naruto avergonzado, pero tratando de seguirle el juego para relajarla.

Las risas resonaron en la pequeña habitación llena de adolescentes. Lee también reía con sus compañeros hasta que un repentino y agudo pinchazo en el costado le hizo dar un respingo de dolor. Todos pararon de inmediato de reír y Neji se acercó a sujetar por la espalda a su compañero a la vez que observaba su expresión fruncida.

—¡Lee! ¡¿Estás bien?! —preguntó ligeramente alterado Neji. —¡¿Quieres que llame a un enfermero?!

El chico de cabellos negros negó con la cabeza sintiendo que algo de sudor se acumulaba en su frente. Una mueca furtiva y dolida apareció en sus labios. Desde luego, podía sentir y sabía que no estaba del todo recuperado. Lee aún recordaba cómo estaba rodeado de cables en la cama al momento de despertar, podía todavía notar el pinchazo de las agujas, los tubos por sus orificios, el escozor en sus pulmones y garganta. No quería pensar demasiado en ello, era lo mejor.

Por otro lado, el resto de compañeros estaban bastante sorprendidos con la actitud de Neji. El joven de ojos blancos había manifestado en el pasado, la mayoría de veces, un aparente pasotismo y un muro de frialdad respecto a Tenten y, sobre todo, hacia Lee. Verle ir al rescate de su compañero ante esta situación era una escena jamás pensada por los jóvenes Genin. El cambio de actitud de Neji hacia el chico de cabellos negros estaba siendo visto como un hecho de buena acogida por el grupo.

—No te preocupes, Neji. Es normal que aún le moleste. La enfermera dijo que el costado tardaría en recuperarse una semana. Al fin y al cabo, tuvieron que perforarle de urgencia un poco el pulmón para extraer líquido acumulado hace dos días, ¿no, Shikamaru?—dijo Ino dirigiéndose en voz alta a su compañero de equipo.

—Sí, el día que me tocó vigilarte tuviste un episodio broncopulmonar, Lee. Me pusiste bastante nervioso. —se quejó Shikamaru quien se rascaba la nuca mientras permanecía sentado en una silla. —Joder, pensé que la palmabas en ese mismo momento, tío.

Lee escuchó mientras recuperaba el aliento que Shikamaru fue testigo de cómo se estaba ahogando en su propia saliva, afectando a sus bronquios. Lee abrió ligeramente los ojos y sonrió a través del dolor.

—Ja, ja, ja, perdona, Shikamaru…. Tuvo que ser muy estresante para ti. —dijo el chico de cabello negro algo avergonzado.

—Ah, Lee, tú no debes disculparte de nada. El vago éste ha estado escaqueándose de regresar a casa desde que su padre volvió a Konoha desde Kyokaen. —respondió Ino con sorna mirando molesta a Shikamaru de reojo. —Él sólo quería tranquilidad y pidió vigilarte ese día cuando, en realidad, le tocaba a Shino. Así que le has dado un poco de alegría para que se active.

Shikamaru se echó atrás en la silla dejándola en dos patas y quedando sus pies apoyados en la pared.

—¡Joder, no es culpa mía que mi padre aceptase esa orden del Daimyô del Fuego! ¡Dios! —se quejó Shikamaru mirando hacia la ventana con los brazos cruzados sobre sí mismo. —Ahora tengo que compartir mi casa con esa chica, Temari y…

—¡¿Eh?! ¡¿Cómo que Temari?! —preguntó un exaltado y extrañado Lee mirando a Shikamaru.

—¡Oh, cierto, tú aún no lo sabes! Verás, resulta que uno de los puntos del nuevo tratado de paz entre Konoha y Suna es tener a la hija mayor de Yondaime Kazekage como prisionera política aquí en la aldea. —explicó Ino con una risotada. —¡Y le toca a Shikamaru vigilarla 24/7, ja, ja, ja!

—Sí, resulta que Shikamaru, al ser hijo del Jônin Hanchô de Konoha, tiene que ser una especie de guardaespaldas de ella durante su estancia. Se ha convertido en su responsabilidad para con el resto de miembros del clan Nara. —dijo Chôji llevándose una patata frita a la boca de su siempre fiel bolsa de snacks.

Lee observó como Shikamaru lanzó un resoplido de fastidio sin querer esconderlo de nadie. El joven especialista en Taijutsu comenzó a pensar ensimismado, mirando la nada. Ya acababan de suceder varios eventos similares a los que había vivido en aquel Genjutsu, pero muchos estaba reviviendolos de manera diferente o eran, incluso, novedosos para él. La manera en que se desarrollo la invasión, el asesinato del Hokage, las negociaciones de paz, Temari siendo prisionera de guerra y viviendo en Konoha, su tortura o su encuentro con ella en aquel plano metafísico durante su estado comatoso. Las tres últimas jamás se habían producido. Todo estaba comenzando a volverse muy confuso de nuevo en la mente de Lee.

—¡Eh, Lee! —exclamó Kiba haciéndole salir de sus pensamientos. —¿Te encuentras bien? ¿En serio que no quieres seguir el consejo de Neji y que llamemos a una enfermera?

Lee levantó la cabeza negando despacio mientras su mirada seguía fija en el suelo, pensativa y dubitativa. No quería decir nada. Sentía que sus labios se mantenían cosidos entre sí cuando quería compartir aquello, aquella ilusión. Tenía miedo, mucho miedo. Por su mente todavía pesaba la tortura de la que había sido víctima. Todos los males que le habían ocurrido desde que despertó del Genjutsu estaban íntimamente relacionados con haber hablado sobre ella. 

Si ya había sido víctima de una tortura porque le vincularon erróneamente con el enemigo, ¿cuál era el paso siguiente? Su mente le hizo entrar en un bucle de pensamientos nocivos que intentaba parar a duras penas.

—E-estoy bien. Es sólo que… no, no importa…

—¿Estabas pensando en lo que viste en el Genjutsu?

—Aún te pesa en la cabeza, ¿verdad?

Esas preguntas hicieron salir a Lee de su maraña de pensamientos completamente y vio que provenían de los labios de sus compañeros de equipo Neji y Tenten. Éstos tenían una mirada comprensiva, muy diferente a cuando les contó sobre ello la primera vez. Una mirada suave y dulce, algo similar a la de ella.

—Eh, s-sí… —respondió Lee con algo de miedo sin mirar directamente a nadie. —Sí, estaba pensando en ello.

La atención de todos los jóvenes Genin se centró en el críptico diálogo que había entre los tres miembros del Equipo Gai.

—¿Genjutsu? ¿A qué os referís? —preguntó Kiba con curiosidad.

—¿Y cómo que aún le pesa? ¿Qué significa eso? —continuó Shikamaru levantando una ceja como si se le hubiese pasado el aburrimiento propio de su personalidad.

Ante las preguntas de sus amigos, Neji y Tenten miraron a Lee para buscar su aprobación. No podían seguir ocultándolo, era muy peligroso. El hecho mismo de intentar hacer las cosas por su cuenta les había llevado a esa situación, una situación en la que casi mueren dentro de las mismas cárceles de Konoha. 

No obstante, había un problema. Los dos jóvenes intuían que Lee estaba muy asustado, sobre todo por sus expresiones corporales y sus balbuceos. No iba a ser fácil que Lee hablase, no al menos todo y en poco tiempo, pero era necesario que dijese al menos algo. En esta situación, compartir la información que ellos ya conocían con el resto de sus compañeros y amigos les podría ayudar a crear una mejor estrategia para luchar con lo que fuese que hubiese sido ese maldito Genjutsu y aquel tipo llamado Toshikomi.

Lee miró a sus compañeros con algo de súplica, pero las sonrisas cálidas de ambos le hicieron sosegarse y dar un salto de fe y valor. El chico de cabello negro había estado aguantando un tiempo, creyendo que sólos podrían solucionar este misterio, pero no sólo no fue posible, sino que les metió en problemas aún mayores. ¡Incluso supo por boca de Kiba que el mismo Toshikomi sabía el nombre de algunos de sus compañeros como Neji, Hinata y Naruto! Algo muy malo estaba pasando y no iba a tolerar que sus compañeros pasasen por algo similar a lo que pasaron él y el resto de sus compañeros de equipo. Por amor y aprecio a sus amigos, Lee decidió hablar.

—Veréis, chicos. El caso es que…

Lee paró un momento y pensó. Lo mejor era contarles la primera parte de la historia. Les contó todo lo vivido en la ilusión durante la Invasión de Konoha como si hubiese sido un narrador omnisciente de un libro o una película. No obstante, quiso evitar algunos detalles paralelos como la misión oculta que pensaron entre él y sus compañeros del Equipo Gai con dirección a Suna y los pormenores de la misma para confirmar las sospechas de la invasión. 

Todos estaban escuchándole con bastante atención. Algunos como Shikamaru y Shino fruncían el ceño, otros como Kiba o Chôji trataban de hablar, pero eran interrumpidos por Ino con un sonido entre dientes. Naruto y Sakura estaban completamente callados mientras que Hinata abría la boca lentamente cuando se sorprendía ante las declaraciones de Lee. En algunos momentos de la declaración del joven especialista en Taijutsu, los propios Neji y Tenten daban apoyo al chico de lo que ellos ya conocían, pese a que estaban sorprendidos, pues Lee no les había hablado de tantos detalles como estaba haciendo ahora.

—Y… bueno, eso sería todo. Se supone que ahora Tsunade-sama estaría aquí, me operaría y… bueno… estaría ya mejor mi cuerpo.

La habitación se quedó en completo silencio. Un silencio pesado que podía cortarse con el filo de un cuchillo. En cierto momento, tras la intervención, pareció que Ino quería comentar algo, pero decidió callarse, algo raro en ella.

—Vaya, tenéis que reconocer que es un poco difícil de creer y de digerir. —dijo Shino rompiendo el silencio que se había instalado después de que Lee dejase de hablar.

—Sí, lo sabemos. Tenten y yo tampoco nos lo creíamos cuando nos lo contó la primera vez, pero ya hemos comprobado que han sido varias las cosas que Lee ha acertado gracias a ese Genjutsu en el que fue metido. —explicó Neji cruzándose de brazos y apoyando su cuerpo en una de las paredes de la habitación.

Murmullos se escucharon entre los jóvenes Genin ante las declaraciones de Neji. Shikamaru levantó la mano despacio pidiendo permiso para preguntar.

—Entonces, eso que pasó con este tipo, ese tal Toshikomi, ¿está confirmado al 100% que tiene algo que ver con esa ilusión? —preguntó perspicazmente el chico del clan Nara. —Quiero decir, tú Neji, te pusiste muy nervioso cuando él sacó aquella jaula de pájaros debajo de su capa, y has señalado que el mismo Genjutsu mostraba que la cabeza de Lee se encontraba encerrada en un artilugio similar hecho de chakra.

Neji cerró los ojos y suspiró lentamente por la nariz. El chico del clan Hyûga aún le daba vueltas a ese acontecimiento que le dejó completamente impactado.

—No lo sé. Está claro que algo tiene que ver en este asunto, pero no sé qué motivación tiene para contra Lee ni la magnitud de sus actuaciones.

—De hecho, a mí me preocupa aún más que Lee haya confirmado que Toshikomi se encontró con él en cierto momento de su regreso a Suna. —comentó Tenten uniendo su conversación con la de Neji. —Que le tocase en la cabeza y dijese cosas raras… Aunque no sé qué puede significar ahora mismo…

Kiba echó para adelante su cuerpo mientras Akamaru intentaba no caerse de la cabeza de su amo. Su expresión facial mostraba un semblante extraño, frunciendo las cejas muy profundamente.

—Y en todo esto, Gai-sensei no supo nada, ¿no? Tenéis que admitir que eso os hizo ser muy sospechosos, al menos tras la invasión de Konoha. No confiar en vuestro superior directo en circunstancias como estas os ha ocasionado problemas… —inquirió el chico del clan Inuzuka con cierto reproche.

—¡Oh, Kiba! ¡Eso ya lo sabían de antes! ¡Ya explicaron que tuvieron un dilema! —exclamó Ino defendiendo a sus senpai de las palabras del chico del clan Inuzuka. —¡¿Acaso no te hubiese pasado lo mismo si hubieses estado en su misma situación?!

Kiba se cruzó de brazos y mostró una sonrisa altanera a la heredera del clan Yamanaka.

—¡Pues no! ¡Yo hubiese hablado con Kurenai-sensei sin dudar! ¡Mejor un día en el calabozo que nueve días en tortu…!

Al escuchar el sonido de chistar de la boca de una azorada Ino, Kiba se dio cuenta que acababa de meter la pata. Se llevó una mano rápidamente a la boca como si tratase de agarrar las palabras que habían saltado por sus labios, más no era posible. Cuando el chico del clan Inuzuka evocó la estancia de los miembros del Equipo Gai en la División de Inteligencia de Konoha, pudo comprobar que las expresiones faciales de los tres se habían deprimido soberanamente.

—Joder, mierda. Perdonad, chicos. Se… se me ha escapado. —dijo Kiba en un hilo de voz bajando la mirada al suelo.

Al ver a su compungido compañero, Lee, quien había permanecido callado desde el final de su relato, negó con la cabeza suavemente.

—No… te preocupes, Kiba. Al fin y al cabo, es cierto lo que dices. Es algo que… nos ha pasado y… habrá que mencionarlo… tarde o temprano… —respondió Lee mirando con tristeza a sus pies en la cama.

Kiba afirmó en silencio agradeciendo que el chico de cabello negro perdonase su estupidez. El chico del clan Inuzuka maldijo en su interior su impetuosidad. Ya se lo habían hecho notar muchas personas entre ellas su madre y hermana, Akamaru, sus compañeros de equipo e incluso Kurenai-sensei. Esperaba que con esto su mente le recordase que debía controlarse para futuras circunstancias. Casi al instante, Naruto quien, sorpresivamente, se había quedado callado durante un buen rato, junto con Sakura, abrió la boca y levantó la mano efusivamente.

—¡Oye, oye, Gejimayu! ¡Yo aún tengo una duda que no me ha quedado clara en todo esto! —exclamó el hiperactivo ninja.

La atención de todos los presentes se posó en el chico de cabellos rubios. Entre ellos, Ino rió por la nariz ante la efusividad de su antiguo compañero de clase.

—¿Por qué será que no me sorprende que no hayas entendido nada de lo que hemos estado hablando, eh, Naruto?

—¡¿Eh?! ¡Claro que lo he entendido todo, Ino! ¡Pero hay algo que aún no sé exactamente qué tiene que ver en todo esto! —espetó Naruto en su típico tono de indignación.

—¡Pues, venga! ¡Haz la pregunta de una vez, para que todos nos enteremos!

Naruto suspiró por la nariz antes de mirar a los ojos de Lee con ingenua curiosidad. El chico de cabello negro le pareció que Naruto se tomó un instante para hablar, como tratando de pensar muy cuidadosamente en la pregunta.

—O sea, entonces, ¿dices que pudiste prever la invasión de Konoha y es por eso que decidisteis iros a Suna a investigarla? —preguntó Naruto inocentemente. —Ya sabéis, por lo de los ninjas renegados y todo eso. Pero si ya sabías por parte de Gejimayu que Konoha iba a ser invadida, ¿qué sentido tenía que fueseis a corroborarlo?

Las caras de los miembros del Equipo Gai se transformaron en un instante. Sus expresiones mostraron una extraña mezcla de sorpresa, terror, pero, sobre todo, decepción y dolor. 

El resto de los presentes no sabían qué estaba pasando. ¿Cómo que investigar Suna? ¿Por su cuenta? ¿Qué significaba que debían corroborar la información? El Equipo Gai sólo había ido a Suna por una misión de rango C para buscar una cura o tratamiento para Rock Lee. Poco más pudieron pensar al respecto porque vieron patentemente como el rostro de Tenten se encendía terriblemente y su postura corporal se puso en posición de ataque contra Naruto.

—¿Qué acabas de decir, Naruto? ¡¿QUÉ COÑO ACABAS DE DECIR?!

Tenten se acercó rápidamente a Naruto y le agarró por el cuello de su chaqueta naranja sin dejar de lanzarle dagas por sus ojos. El chico Uzumaki se quedó completamente paralizado, sin apenas moverse.

—¡¿Cómo sabes eso, eh?! ¡¿De dónde te has sacado esa información?! ¡Porque espero que de todos los lugares que existen te la hayas sacado del culo! —espetó Tenten llena de rabia apretando el aferramiento de la chaqueta.

Naruto comenzó a balbucear ante la estupefacta mirada de todos los presentes. Nadie estaba entendiendo nada. Nadie entendía qué es exactamente lo malo que había dicho Naruto y qué era lo que tan nerviosa había puesto a Tenten. 

—Y-yo… yo…

—¡¿TÚ QUÉ?!

—Yo… yo sólo pregunté porque… porque…

Naruto estaba aterrado. Su mente había comenzado a entrar en estado de huida. Quería desaparecer, desaparecer de esa mirada violenta que portaba Tenten, de esa mirada que reflejaba enojo, dolor y sentimiento de haber sido traicionada. El apretón de su chaqueta se estaba volviendo cada vez más intenso y comenzaba a dolerle el cuello y a ahogarse. Se sentía completamente a merced de la chica.

“Maldita sea. ¡Me he descubierto a mí mismo!” pensó el chico de cabello rubio al darse cuenta de que había revelado sin querer algo que ninguno de los miembros del Equipo Gai había expuesto.

La mirada de Naruto se posó también en Neji y Lee quienes le observaban con resignación y dolor. Ellos también sabían que acababa de ocurrir. La tensión que Naruto estaba experimentando en ese momento era tan intensa que no lo pudo evitar. No pudo evitar hablar.

—Se… se supone que… Sakura-chan… dijo que…

Naruto notó como Tenten destensaba su agarre lentamente a la vez que vio cómo la furibunda mirada castaña de la chica se dirigió hacia una temerosa Sakura. El chico comenzó a toser al tiempo que Hinata fue a asistirle.

—Tú… ¡FUISTE TÚ! ¡¿EH, SAKURA?!

El alarido de Tenten se escuchó en toda la habitación. Sakura no pudo hacer otra cosa más que bajar la mirada. La figura imponente de Tenten se engrandecía a causa de la respiración agitada y la cara enrojecida.

—Yo… no…

—¡¿CÓMO LO HICISTE, EH?! ¡PORQUE NOS ESPIASTE, ¿VERDAD?!—gritó Tenten con ira exacerbada.

Ante esta declaración, un fuerte respingo sonó en la habitación. Todos los Genin tenían la vista puesta en Sakura al mismo tiempo que trataban de aguantar la respiración, esperando no ser víctimas del enojo de la furibunda Tenten.

Sakura, por su parte, no podía levantar la cabeza, evidenciando su culpabilidad. La chica de cabellos rosados se sentía traicionada por Naruto. Ellos dos, junto con Sasuke, habían acordado no decir nada sobre las conversaciones forzadas que tuvieron con el Consejo de Konoha. Acordaron que era lo mejor, para su propio bienestar social y para la recuperación psicológica del Equipo Gai, permanecer callados y no decir nada. 

Sin embargo, Naruto la había cagado y ahora tenía en frente a Tenten quien estaba deseando darle una paliza allí mismo. No obstante, ahora había algo con más prioridad: tenía que tratar de calmar a Tenten, hacerla entrar en razón de alguna manera.

—Yo… s-sólo vine a ver a Lee-san cuando ocurrió el ataque de los hermanos de Suna y… quise darle un ramo de flores para su recuperación y… bueno… yo… e… escuche algo de lo que habl-… —balbuceó Sakura débilmente. 

—¡¿DESDE EL PUTO PRINCIPIO?! ¡JODER, SAKURA, JODER! —gritó nuevamente Tenten dejando a la chica de cabello rosado con la palabra en la boca. —¡NO PODÍAS ENTRAR Y HABLAR CON NOSOTROS, NOOOO! ¡TENÍAS QUE ESPIARNOS E IR A DECÍRSELO A LOS JEFAZOS, ¿EH?! ¡IR CONTRA NOSOTROS!

Ante esta acusación, Sakura levantó la mirada con inmediatez, llena de perturbación y miedo. Tenten estaba malinterpretando todo lo que había pasado y sus palabras. Todo estaba resultando peor.

—¡No! ¡No fue así! O sea, sí que escuché tras la puerta de la habitación, pero no era mi intención decir nada. ¡Juro que mi intención era callar! ¡Lo juro!

—¡¿Y QUÉ ME IMPORTAN TUS INTENCIONES?! ¡ME DA IGUAL QUE NO QUISIERAS TRAICIONARNOS! ¡AL FINAL LO HAS HECHO! ¡NOS HAS VENDIDO! ¡¿Y PARA QUÉ?! ¡¿ES QUÉ ACASO TE PROMETIERON ALGO LOS JEFAZOS?!

Sakura desvió la mirada hacia un lateral de la habitación. Quería desaparecer. Se sentía completamente culpable. Todo lo que estaba pasando no era lo que tenía planeado. Ella no quería acabar en prisión, no quería sufrir dentro de un calabozo, ni la tortura, como tampoco quiso que los miembros del Equipo Gai lo hubiesen sufrido. No obstante, Sakura se dio cuenta de que no importaba si sus intenciones habían sido buenas o no, al final lo que importaba eran los resultados. Y es que ella verdaderamente había traicionado al Equipo Gai, al igual que Naruto y Sasuke como cómplices.

Entonces, Sakura sintió que Tenten la agarró del cuello de su traje color rojizo y observó que la estaba amenazando con el puño en alto, listo para golpearla en la cara. La chica del Equipo Kakashi sólo pudo cerrar los ojos, no podía defenderse sintiendo el gran peso de culpabilidad que la asolaba y la diferencia de fuerza con Tenten.

—¡ERES UNA MALDITA TRAICIONERA Y UNA MALA PERSONA, SAKURA! ¡Y ESTO ES LO QUE TE MERE…!

—¡YA BASTA, TENTEN!

Un grito masculino cortó el alegato de Tenten y la chica aguantó el puño firmemente en el aire. Al dirigir su mirada a la voz que acababa de clamar, vio a Lee con una extraña mueca llena de dolor y miedo. El chico estaba agarrando con dificultad su costado nuevamente.

—¡Por favor, Tenten, para! ¡Para, por favor! —exclamó Lee tratando de hacer calmar a Tenten.

La aludida frunció su ceño aún más hasta el punto de que casi unía sus cejas en una molestia extrema.

—¡¿Parar?! ¡¿Estás diciendo que pare después de todo lo que nos ha hecho esta zorra?! —espetó Tenten con ira. —¡Ella tiene suerte de que le haya dado una oportunidad de explicarse porque la hubiese hecho comerme el…!

—¡Tenten! —gritó repentinamente Neji a su compañera de equipo. —¡Ya es suficiente!

La chica de cabello recogido destensó el agarre de Sakura y se dirigió envalentonada hacia Neji con quien quedó a apenas dos palmos de él.

—¡¿Pero de qué vas, eh?! ¡¿Es que crees que voy a hacerte caso en lo que me digas, imbécil?! —espetó Tenten al chico de ojos blancos haciendo dar un respingo a Hinata. —¡Me tendrías que apoyar en esto! ¡Ella es una puta traidora y nos ha hecho daño a los tres!

La mirada de Neji era soberanamente severa y nadie de los presentes podía saber que estaba pensando exactamente. Sus puños y sus labios estaban muy apretados, pero vieron que rápidamente se destensaba para proceder a hablar.

—Tienes razón. Sakura no obró adecuadamente, pero Lee te lo está pidiendo. Te está pidiendo que pares, Tenten.

La chica dirigió su mirada a Lee y le vio aún más lleno de dolor y tristeza. Su agarre era más fuerte en el costado y comenzaba a costarle respirar. De repente, el corazón de Tenten dio un vuelco. ¿Es que acaso su arrebato le estaba dañando físicamente? La chica notó que todo el calor que sentía desapareció inmediatamente por una oleada de vergüenza, preocupación y compasión hacia Lee.

—Lee, yo…

—Está bien, Tenten. —comenzó diciendo el chico de cabellos negros. — Se que me estabas defendiendo, que nos estabas defendiendo, pero… también sabes que no es la forma adecuada, ¿cierto? Al menos, no ahora, y sobre todo por tu propia salud…

Tenten bajó la mirada con dolor. Las palabras de Lee no eran acusadoras. Eran suaves y tranquilas, llenas de preocupación por ella, cuando en realidad, pensó Tenten, debería preocuparse por él mismo. La chica de cabello recogido apretó los labios en una línea fina con tristeza en su pecho.

—Sakura-san… —dijo Lee refiriéndose a la chica de cabellos rosados quien tenía los ojos llorosos. —No era tu intención, ¿verdad? Tú no querías que las cosas terminaran así.

Lee vio cómo la mirada de Sakura se levantaba con cierta esperanza. Parecía que estaba perdiendo el miedo que Tenten le había infundado hacía un instante.

—A…así es, Lee-san. Yo… te juro que no quería decir nada, pero escuchamos las sospechas de los ninjas de Suna de camino a Furuya no Kyô y luego ocurrió todo lo que te escuché decir y… ¡oh, Dios mío, siento mucho todo lo que ha pasado, Lee-san! —dijo Sakura echándose a llorar ante un compasivo Lee.

—Está bien, Sakura-san. Lo entiendo. Yo… no sé qué habría hecho en tu situación, creo que fue duro para ti elegir entre la seguridad de tu propio equipo y el nuestro. Entiendo que fue un dilema y que tenías que tomar una decisión forzosamente.

Lee observó como Sakura se enjugaba las lágrimas con presteza y sus mofletes quedaban coloreados por la emoción del llanto. En ese momento, por algún motivo, a Lee le pareció muy bella, pero, extrañamente, vio a ella en un reflejo extraño de su mente.

—Creo que es bueno que sepas que no te guardo rencor y que, tanto Neji como Tenten, están de acuerdo en que es mejor dejar pasar todo esto, ¿verdad, chicos? Para poder avanzar…

Las palabras de Lee hicieron que Neji asintiera tras mirar neutralmente a Sakura un largo instante. Tenten simplemente no dijo nada. No quería dirigir la mirada a la chica del Equipo Kakashi.

—Bueno… esto… creo que sería adecuado que ahora mismo fuéseis a ver cómo se encuentra Sasuke, ¿no creéis, Sakura, Naruto? —dijo Shikamaru quien había estado callado durante toda la interacción entre los implicados.

El resto de los Genin presentes afirmaron rápidamente con la cabeza y murmullos, apremiando a que el ambiente se relajara más con la salida de los dos miembros del Equipo Kakashi de la habitación. Naruto apretó los labios, queriendo decir algo, más no pudo sino permanecer en silencio y con unos ojos llenos de un arrepentimiento que no se veía capaz de expresar. Como siempre había hecho desde pequeño, dejó que su dolor fuese engullido por lo más profundo de su corazón y sustituirlo por una máscara de payaso bromista. Hinata, quien había estado al lado de Naruto hasta entonces, sólo vio como los hombros del chico estaban muy desinflados antes de comenzar a salir de la habitación.

—Pues… sí, tenéis razón. Nos vamos a ver al idiota de Sasuke. —dijo Naruto tratando de cortar el hielo. —Ya me paso después a ver si estás haciendo flexiones en un rato, Gejimayu.

Una pequeña risa se escurrió de los labios de Lee, quien agradeció el buen sentido de humor del chico de cabello rubio.

—Nos… nos vemos después. —dijo Sakura en un hilo de voz despidiéndose de todos.

Los dos chicos salieron de la habitación y el silencio de la misma permitió escuchar la conversación que comenzaban a tener.

—Naruto, eres un idiota. Por tu culpa casi me la cargo yo sóla. Dijimos que no diríamos nada.

—Lo siento, Sakura-chan, pero tú fuiste la primera que no debió hacerlo…

—Lo sé, pero eso ya no se puede cambiar. Uf, vamos a ver a Sasuke-kun. Espero que ya esté mejor…

Poco a poco, las palabras iban desapareciendo al mismo tiempo que Tenten hizo ademán de salir hacia la puerta tras ellos.

—Déjalo, Tenten. Si vas, volverás a encender tu enfado y la discusión ya está zanjada. —dijo Lee refiriéndose a su compañera de equipo.

—Joder, ya lo sé, pero… no puedo, de verdad, no puedo perdonar tan rápido. Ademas, Lee, ¿es que acaso no te enfada que vaya directa a por Sasuke, la muy idiota? —contestó Tenten con tono molesto llevándose las manos a la cabeza. —¡Es que no para de estar enchochada con el presumido de Sasuke! ¡Dios!

Tras estas palabras, Tenten pudo ver cómo la expresión de Lee se volvía dolida, pero no por su malestar físico. La chica comprendió que le había lanzado un dardo envenenado a su compañero sin querer.

—Lo sé, Tenten, pero es decisión de Sakura-san. A ella… a ella le gusta Sasuke y es además su compañero de equipo. —dijo Lee bajando la mirada con tristeza. —Así son las cosas…

Tenten hizo el mismo gesto que su compañero de equipo, sintiéndose de nuevo avergonzada. En el fondo de su corazón no estaba conforme con lo que había pasado y ni por lo que Lee decía, pero le importaba más la salud del chico que su propio enfado. Se sentía mal por Lee, pero también con Neji por las duras palabras que había dicho.

—Yo… siento como me he comportado, Lee. Estaba muy enfadada y sólo quería defenderte después de todo lo que te ha pasado.

Lee sonrió en silencio a su compañera. La conocía bien, sabía que era directa y a veces brusca, pero también sabía que cuando se enfadaba era de temer. Había que ayudarla a parar porque corría el riesgo de cometer una locura.

—Neji, también lo siento mucho. Tú no eres un imbécil. Bueno, a veces, sí te has portado como un imbécil, pero no siempre eres un imbécil. No sé cómo decirlo exactamente…

—Es mejor que no digas más. No puedo soportar tus sinceras disculpas, Tenten.

La chica se llevó los ojos para atrás en una molestia fingida tras observar que Neji volvía a realizar sus respuestas puntiagudas y sarcásticas con ella. Una carcajada se escuchó en la habitación, haciendo que todo el ambiente pesado se terminase de aliviar.

—Bueno, chicos, ya está todo bien. Es mejor que ahora os toméis un tiempo para descansar y reposar de todo esto. Sobre todo, tú, Lee. —dijo Kiba quien estaba acariciando a Akamaru tratando de que el pequeño perro se tranquilizase por todo lo que había sucedido.

El resto de jóvenes Genin afirmaron a su estilo a lo que Lee agradeció.

—De hecho, creo que… es mejor que cambiemos de tema y hablemos de algo más agradable. —dijo Hinata acercando el vaso que quedaba en su mano hacia Lee para que bebiese. —Sobre lo que has mencionado de Tsunade-sama, Lee-san, deberías saber que…

De repente, Hinata notó que su mano era apartada de un golpe. Cuando la chica de ojos blancos quiso darse cuenta, observó a Lee atemorizado en pie sobre la cama agarrándose contra la pared con mucha fuerza, como si intentase huir. El agua había caído sobre las sábanas, mojándolas en el proceso.

—¡A-aleja de mí eso! ¡No me vuelvas a acercar eso nunca jamás! —exclamó Lee con voz temblorosa.

—¡Lee, ¿qué estás haciendo?! ¡No puedes ponerte de pie! ¡Siéntate ahora mismo! —dijo Tenten tratando de tirar de la ropa hospitalaria de su compañero de equipo.

—¡No, no! ¡No hagáis que me acerque a eso! ¡No me obligaréis!

Una sorprendida Hinata pasó de mirar a Lee al vaso varias veces hasta que entendió lo que pasaba. El chico de cabellos negros no la había rechazado a ella. Había rechazado el vaso. Sin embargo, el resto de Genin volvieron a sentirse perdidos. Parecía que la situación se iba a poner peor cuando una figura apareció tras la puerta de la habitación.

—¡Ah, menos mal! Parece que he llegado justo en un momento indicado.

Una mujer alta y rubia, de busto grande y prominente, con ojos ambarinos llenos de sabiduría y fortaleza. Lee sentía que esos ojos le observaban con firmeza, pero comprensión. Era ella, la legendaria kunoichi, Tsunade. Lee sabía que había llegado a esa parte de la historia, pero no podía dejar que ahora le obligase a tocar el agua.

—Chico, tienes que parar. Debes sentarte ahora mismo o tus heridas se pondrán peor, a la vez que tu estado.

Lee negó y protestó frente a las palabras de Tsunade. Le daba igual quien fuera: no cejaría en su empeño en permanecer alejado del agua como fuese. Ese líquido, ese maldito líquido era el causante de todo su mal.

—No me dejas otra opción entonces…

Ante las palabras de Tsunade, Lee sintió que sólo pudo parpadear cuando notó un pequeño pinchazo en la mano tras el aferramiento de la mujer. Su vista rápidamente se estaba aturdiendo, su respiración estaba comenzando a sosegarse tras la hiperventilación. ¿Una droga o una medicina acaso? No vio ninguna jeringa o aguja. La mujer comenzó a guiarle para tumbarle en la cama mientras su expresión facial aún era aturdida.

—Tranquilo, sólo he tocado uno de tus nervios para relajar tu sistema nervioso. Teniendo en cuenta lo que has sufrido, es normal que hayas tenido esta reacción.

Lee sintió que todo parecía muy raro a su alrededor, seguía nervioso de saber que el agua estaba a su lado, cerca de él, pero no podía actuar por voluntad propia.

—¡Tsunade-sama, ¿qué le ha sucedido a Lee?! —preguntó Tenten con visible angustia pasando la mano por el brazo de su compañero.

La mujer rubia suspiró y dirigió la mirada a la joven Genin de cabello recogido. Tsunade vio un destello lleno de protección en los ojos de Tenten.

—Es una respuesta normal a la tortura del ahogamiento simulado. Tiene hidrofobia: miedo obsesivo e irracional al agua. Tenía esperanzas de que no le produjese esa reacción, pero parece que me equivoqué. —explicó Tsunade revisando las constantes de Lee con un estetoscopio que portaba en el cuello. —Suele manifestarse con problemas de nado o de higiene personal, pero parece que tu compañero no puede ni siquiera beberla.

Un respingo de la boca de Tenten salió al dirigir la mirada a Lee quien estaba aún más aturdido y perdido que antes. Ella junto con todos los presentes: los miembros del Equipo Asuma, los del Equipo Kurenai y Neji miraron con sorpresa terrible el resultado psicológico de la accidentada e ingenua traición que había cometido el Equipo Kakashi.

—Me parece que vas a tener una recuperación larga y dura, Rock Lee…

—¡Quieto! ¡Estás detenido en nombre de la ley de Suna!

—¡Agh, no me obligaréis! ¡No me podréis silenciar! ¡Sois unos bastardos!

—¡Es inútil que te resistas! ¡Ya te tenemos!

La patética escena era observada, desde una distancia prudencial, por varias personas asombradas que se encontraban en los límites del acceso al evento que tenía lugar esa misma mañana en Sunagakure. 

Las calles de dicha Aldea Shinobi estaban decoradas muy ceremoniosamente con lazos púrpura -símbolos de nobleza y de los orígenes monárquicos de la familia gobernante- y verdes, los cuales recordaban los paños y vestimentas del Kazekage de la villa. El suelo de arena estaba cubierto por algunos restos de confeti que se habían lanzado como preparativos para el evento principal. El ambiente era de júbilo y de alborozo en los asistentes ante las buenas nuevas para Suna: la elección del nuevo Godaime Kazekage. 

—¡Vamos, vendrás con nosotros al cuartel y allí te tomaremos declaración!

—¡Malditos! ¡Por vuestra culpa, mi hermana no ha regresado de Konoha! —gritó furibundo el ciudadano de Suna tratando de soltarse sin éxito. —¡Está muerta, ¿verdad? ¿Dónde está su cuerpo?! ¡¿Dónde está?! ¡¿Por qué no nos la han entregado para que la enterremos?! ¡Malditos bastardos!

—¡Cállate! ¡Esa es información confidencial! ¡Te vamos a acusar de revelación ilegal de secretos! —respondió uno de los miembros de la Guardia Urbana de Suna que le aferraba sin piedad.

—¡También vamos a añadir a tu historial el delito de insurrección y tenencia ilegal de armas por parte de un civil!—espetó otro guardia poniendo un grillete en el cuello del detenido. —¡Con esto se te va a caer el pelo!

A cierta distancia, el joven detenido pudo ver con una mueca de furia y resignación como uno de sus captores se acercaba a recoger la bolsa que había portado dentro de su chaqueta. Una bolsa de tela la cual estaba llena de papeles bomba, listos para ser lanzados en cualquier momento contra los asistentes al evento.

Toda esta penosa escena estaba siendo a su vez observada por una ceñuda Chiyo a través de unos pequeños prismáticos desde un balcón de unos de los edificios aledaños a la Mansión Kazekage. Ella y su hermano estaban en uno de los lugares más privilegiados para ver la proclamación del nuevo gobernante de la aldea.

—¿Has visto eso, Ebizô? —preguntó la mujer bajando el instrumento que sujetaba con sus huesudas manos para dirigir su mirada al rostro arrugado de su hermano.

—Sí, parece que las cosas están tensas en la población civil. —respondió Ebizô sin dejar de observar desde sus propios prismáticos. —Es la cuarta persona que veo que trata de cometer alguna locura de ese tipo hoy.

Chiyo resopló a través de su nariz y sintió como sus hombros se encogían ligeramente. Desde que llegaron las noticias de que Konoha había resistido el ataque sorpresa de Suna, el primer pensamiento que cruzó por la mente de todos los habitantes de la aldea fue el número de bajas y de heridos. Cuando las desesperadas y compungidas familias comenzaron a aglomerarse en la entrada de la Mansión Kazekage exigiendo respuestas, sólo recibieron silencio y la rápida acción de la Guardia Urbana de Suna. Éstos no habían dudado en utilizar la fuerza para evitar cualquier tipo de altercado y disuadir a la población. 

Ningún cuerpo de los Shinobi de Suna capturados por Konoha había sido recuperado y, para desgracia de las familias y amigos de los difuntos, jamás iban a ser recuperados. Chiyo y Ebizô habían sido informados de que Konoha había ejecutado a todos los asaltantes de Suna y de Oto que había capturado. Quemaron los cadáveres en masa y las cenizas habían sido arrojadas a los ríos que cruzaban Konoha tras los grandes muros, fundiéndose en la naturaleza del País del Fuego. Así lo había confirmado Konoha durante el intercambio de informaciones en las negociaciones de paz realizadas en Kyokaen. Sin ceremonia, sin ningún entierro. Sólo el deshonor propio de los derrotados.

Ambos hermanos ancianos sabían que las familias civiles jamás debían saber lo que había pasado. Eso sólo podría darles motivos para realizar una revuelta contra el gobierno de Suna. Ya había bastante problemas de los que preocuparse para permitir eso.

—Y sin embargo, muchos insisten y claman contra Suna. —dijo Ebizô bajando sus prismáticos para guardarlos. —Han llegado incluso a obtener armas ninja de contrabando pese a los severos castigos que hay para ellos como civiles.

Chiyo afirmó con la cabeza vehemente. La anciana mujer observaba la dispar escena en la que el turbado y derrotado asaltante estaba ya siendo arrastrado por la Guardia Urbana hacia el cuartel mientras los engalanados asistentes a la ceremonia mostraban expresiones llenas de esperanza y de regocijo. Se había acordonado un perímetro de 500 metros de seguridad justamente para evitar que se produjeran este tipo de atentados.

—La desesperación por recuperar aquello que se ha perdido lleva al ser humano a actuar con ímpetu. Eso es lo que les mueve y por ello fallan. Nunca un civil podrá derrotar a un Shinobi. Es imposible. —decretó con firmeza Chiyo. —De hecho, siempre se ha visto la gran diferencia de actuación de los shinobi que no vienen de familias ninja o clanes. Sus habilidades estratégicas son muy diferentes.

Durante un instante, ambos hermanos permanecieron en silencio. Ebizô y Chiyo estaban vestidos con trajes ceremoniales y tradicionales del País del Viento. Sinceramente, ninguno de los dos quería estar allí, pero les habían obligado a ser partícipes de los planes del gobierno nuevamente pese a sus deseos. Repentinamente, el carraspeo de una voz les hizo salir de sus pensamientos.

—Ebizô-jîsama, Chiyo-bâsama, en breve comenzará la ceremonia de proclamación de Godaime Kazekage. —habló la solemne voz del que había sido el Secretario Personal de Rasa, anterior Kazekage de Suna.

—Gracias por el aviso, Fugi. —respondió Ebizô sentado con tranquilidad y dirigiendo su mirada a la gran terraza de la Mansión Kazekage.

Fugi asintió en silencio mientras permaneció a una distancia prudencial de los hermanos ancianos. Ambos sintieron que el desgarbado individuo quería decirles algo más, pero parecía temer alguna represalia.

—¿Qué sucede, Fugi? ¿Hay algo que te incomoda? —dijo Ebizô con una voz calma y serena. —Si tienes algo que decirnos, habla ahora. De lo contrario, te solicitamos que te retires inmediatamente.

Chiyo miró de soslayo a su hermano menor. Si bien Ebizô era un hombre muy tranquilo y estratégico, también sabía que en estos momentos quería estar en soledad, lejos de todo este mundanal ruido que no hacía más que ponerle nervioso. El contrariado Fugi levantó la mirada a duras penas como un niño que quiere evitar una pregunta incómoda o la reprimenda de sus padres. Finalmente, tras una pausa, Fugi dio un ligero suspiro y procedió a hablar.

—Me preguntaba si con esta ceremonia todo habrá terminado. Quiero decir, si Suna tomará un nuevo rumbo con las negociaciones de ese hombre.

Ebizô y Chiyo fruncieron muy profundamente el ceño. Al notarlo, Fugi bajó la cabeza avergonzado.

—¿Acaso no eras el anterior Secretario Personal de Yondaime Kazekage? Hablar de estas cosas aquí es sumamente arriesgado. —habló Ebizô con un tinte de enfado contenido en su voz. —Esto lo deberás hablar con Godaime Kazekage y el resto del Consejo de Suna.

—Perdonenme mi atrevimiento, Ebizô-jîsama, Chiyo-bâsama. Lamento profundamente mi insensatez. —dijo Fugi haciendo una reverencia muy marcada. —También lamento informarles que no estoy cómodo cómo el Consejo y el anterior Kazekage tomaron las decisiones que nos llevaron a la situación actual que atraviesa Suna.

Ebizô lanzó un resoplido fuerte por su garganta mientras que la mirada de Chiyo se ablandó ligeramente. Se estaba refiriendo a Orochimaru. En verdad, el pobre diablo de Fugi tenía razón. El anterior gobierno había fallado en demasiadas cosas respecto a querer invadir Konoha. Era normal que incluso dentro de los cargos internos había sentimientos y preocupaciones respecto al futuro de la aldea. Los propios Ebizô y Chiyo estaban muy incómodos de que Suna se hubiese relacionado con personajes como Orochimaru y con aquel hombre llamado Toshikomi.

—¿De qué tienes miedo, Fugi? ¿Temes acaso más represalias de Konoha contra nosotros? —preguntó Chiyo con suavidad en su voz.

El aludido no levantó la cabeza en reverencia, evidenciando la confirmación de sus sospechas. La mujer suspiró despacio tratando de calmar su respiración.

—Fugi, como anterior Secretario Personal de Rasa-sama y nuevo Secretario Personal de Godaime Kazekage, debes recordar que Konoha ha aceptado nuestras disculpas y que el Consejo ha confirmado el establecimiento del nuevo Tratado de Paz Konoha-Suna. —dijo la mujer cerrando con vehemencia los ojos. —El funeral de Kazekage también dejó la moral por los suelos a los habitantes de Suna. Era necesario contribuir a crear un nuevo ambiente de paz.

—Efectivamente. Pese a que el nuevo tratado afecta muy negativamente a Suna, era preferible eso a una guerra a gran escala.—expresó Ebizô hilvanando sus palabras con las de su hermana mayor. —Hubiéramos llevado las de perder.

Fugi levantó la cabeza muy lentamente como si esas palabras comenzasen a sosegar su temeroso corazón.

—Hemos perdido muchos Shinobi y ahora Temari también está en Konoha. —terminó por decir el anciano bajando la mirada con tristeza. —Todas esas concesiones han servido con el objetivo de calmar el furibundo corazón de Konoha y para nuestra propia subsistencia.

Fugi mostró una expresión derrotada, pero más tranquila. Parecía que no estaba completamente convencido. No obstante, se conformó con las palabras de las dos personas vivas más sabias dentro de Suna.

—S-sí. Entendido. —dijo el hombre contrariado haciendo una última reverencia. —Gracias por sus palabras, Ebizô-jîsama, Chiyo-bâsama. Si me disculpan, procedo a retirarme.

Los dos ancianos hermanos afirmaron silenciosamente y vieron cómo el hombre desapareció entre las cortinas que separaban el balcón con la estancia interior. El sonido de la puerta indicó que salió completamente del lugar.

—Uf, ha sido una situación muy estresante. No sé si hubiese podido aguantar mucho más. —dijo Chiyo visiblemente afectada por las palabras de Fugi. —Parece que lo ha hecho aposta y todo…

—Tranquila, hermana. Ese idiota ya se ha ido. —dijo Ebizô tratando de calmar a su hermana mayor.

La anciana mujer sentía que estaba comenzando a hiperventilar. Chiyo se concentró en controlar su respiración muy despacio para evitar un ataque. Todos los asuntos relacionados con Orochimaru y, especialmente, con Toshikomi le habían afectado mucho. Ella siempre supo que no era bueno que la hiciesen llamar a la Oficina del Kazekage. Sabía que en el fondo no era una buena idea confiar en Orochimaru y tampoco en Toshikomi. Todo había salido mal. Chiyo solo esperaba que todo se calmase y que Konoha tuviese la fría calma de aceptar definitivamente la rendición de Suna.

La preocupada mujer sintió que su mano era apretada por su hermano menor quien trató de calmarla como cuando eran niños. Ebizô sabía que Chiyo era la que más vueltas daba a los problemas y que él siempre la había ayudado a calmarse y a verlos desde otras perspectivas.

—Hermana, estará bien. Todo estará bien. Estamos juntos en esto. —dijo Ebizô con una ligera sonrisa en sus labios. —Yo te protegeré.

Chiyo no pudo evitar soltar una carcajada. Vio a su hermano pequeño como aquel niño dulce que la hacía sentir segura.

Repentinamente, se escuchó el sonido prolongado de unas trompetas. Los dos ancianos se dirigieron a mirar la terraza de la Mansión Kazekage. Al mismo tiempo, los gritos de júbilo del gentío se escucharon con gran eco en el lugar. Apareció entonces una comitiva precedida por el maestro de ceremonia del Consejo de Suna. Después se sumaron el resto de miembros en parejas y, finalmente, el nuevo Kazekage con sus ropas y con el sombrero de gobernante, el cual le tapaba la cara, haciéndolo completamente irreconocible. 

Cuando todos se colocaron en su posición, Jôseki, Anciano del Consejo de Suna y maestro de ceremonias, procedió a pedir silencio con los brazos extendidos para poder hablar. Poco a poco, cesaron los ruidos y se escuchaba el silencio con calma.

—¡Ciudadanos de Sunagakure no Sato! ¡Os traigo buenas nuevas! ¡Hoy es un día de gran alegría! ¡Un nuevo líder ha sido elegido en nuestra aldea! —exclamó con alegría Jôseki.

Nuevamente, una ola de clamor se dejó escuchar en el aire y varias palomas blancas alzaron el vuelo, fruto de la actuación de la ceremonia.

—¡Aquí os presento al nuevo Kazekage que gobernará con sabiduría y firmeza nuestra aldea!

Ante estas palabras. el individuo vestido de Kazekage se adelantó varios pasos para que todos pudiesen verlo adecuadamente. Entonces, sujetó la parte frontal del sombrero de colores verdes y blancos y procedió a quitárselo con cuidado. El pueblo de Suna pudo ver un rostro joven, pero serio. Con cabello corto y marrón que acompañaba una mirada seria. Era el segundo hijo del anterior Kazekage, Arenji Kânkuro. Ante la revelación, nuevas loas se escucharon. Jôseki pidió nuevamente silencio y Kankurô habló.

—¡Pueblo de Suna! ¡Hoy yo, Arenji Kankurô, me presento ante vosotros no solo como el nuevo Kazekage, sino como un hermano, un hijo de esta tierra que ha sufrido junto a todos los estragos de la humillación de la derrota. La invasión contra Konoha nos dejó cicatrices muy profundas, tanto en nuestro orgullo como en nuestra fuerza militar. Perdimos a nuestro anterior Kazekage, Arenji Rasa, y a muchos valientes que dieron su vida por nuestra aldea. No obstante, no podemos permitir que esta derrota defina nuestro futuro!

—¡Suna ha sido históricamente una aldea fuerte. Una aldea que ha sobrevivido en las condiciones más adversas del desierto. Ahora enfrentamos una nueva adversidad, pero también una oportunidad única. Bajo mi liderazgo, prometo que no solo nos levantaremos de este bache, sino que transformaremos Sunagakure en una potencia shinobi absoluta. Seremos una fuerza que nadie podrá ignorar ni subestimar!

—¡Hoy comienza una nueva era para Sunagakure. No será fácil; tendremos que trabajar duro y sacrificarnos, pero os prometo que bajo mi liderazgo no habrá obstáculos que no podamos superar. El desierto nos enseñó a ser resilientes y ahora usaremos esa fortaleza para convertirnos en leyendas de nuevo! 

—¡Levantáos conmigo! ¡Por Suna! ¡Por nuestro futuro!

Un enorme estruendo sofocó cualquier rebeldía y la alegría era patente en el lugar de la celebración. Numerosas cantidades de confeti de colores volaban por los aires y se podía ver que la gente se abrazaba y vitoreaba satisfecha.

Chiyo observaba las escenas de fiesta tomada de la mano con su hermano Ebizô en silencio. Verdaderamente, la anciana mujer quiso creer en su corazón que se avecinaban mejores tiempos para la Aldea de Suna.

Un rayo de luz cruzó las oscuras nubes. Poco a poco, el aire de la fresca atmósfera dejaba paso a los azules cielos de Konoha. Acababa de terminar de llover. Una lluvia constante y triste que había sido curiosamente perfecta durante el escenario del funeral militar de Sandaime Hokage y de todos los difuntos de la invasión. Los shinobi que habían luchado durante la batalla y sobrevivieron se encontraban allí presentes: caras conocidas como los líderes de todos los clanes políticos y militares o ninjas de alta consideración entre los que figuraban Jônin, Chûnin y Genin.

—Con esto, la ceremonia por el funeral de Sandaime Hokage ha llegado a su fin. Podéis marchar.

Después de estas últimas palabras del maestro de ceremonias, todos los asistentes se dirigieron hacia las escaleras de la Mansión Hokage para bajarlas. Los altos cargos entre los que se encontraban Tsunade, la futura Hokage, y los dos Ancianos del Consejo de Konoha marcharon los primeros del lugar. Al dar un paso, Lee pisó uno de los charcos de agua por accidente, sintiendo un punzante dolor y una ansiedad fuerte que le hizo dar un fuerte respingo de molestia, casi haciéndole tambalear de su muleta.

—¡Tranquilo, Lee! ¡Ya te tengo! —exclamó una voz femenina y apresurada que le sujetó del antebrazo.

El joven de cabello negro levantó la vista y vio cómo Ino había sido la chica que le había agarrado. El tacto de la joven Yamanaka hizo que Lee saliese de su estado de ansiedad y pudiera centrarse en el horizonte.

—Gracias, Ino-san, de verdad… —respondió Lee en un hilo de voz, pero muy agradecido.

Ino sonrió al que era su senpai mientras le ayudaba a acercarse a las escaleras. Lee, por su parte, alzó la mirada para ver por encima de su hombro a quienes le seguían. Además de ellos dos, también se encontraban juntos los miembros de los cuatro equipos de Genin que habían participado directamente en la evitación de la Invasión de Konoha y de los que todo el mundo hablaba: el Equipo Kurenai, el Equipo Asuma, el resto del Equipo Gai. Los miembros del Equipo Kakashi se habían quedado atrás para conversar con el maestro Iruka.

Lee volvió a dirigir su mirada al frente, tratando de evitar volver a cometer el mismo error de acercarse al agua. Ya había tenido suficiente exposición con la lluvia que indiscretamente había hecho acto de presencia.

—Espero que no haya sido muy fuerte para ti. Me refiero a tener que sentir la lluvia directamente, Lee.

Las palabras de Ino le hicieron salir de sus pensamientos y dirigió su mirada a los azules y claros ojos de la esbelta chica del clan Yamanaka.

—No, bueno, creo… creo que he podido llevarlo más o menos bien, Ino-san. Aunque me he tenido que concentrar bastante para no ponerme nervioso… —declaró con una mirada vergonzosa dirigida al suelo por el joven especialista en Taijutsu.

Ino mostró una expresión triste y comprensiva. Sólo habían pasado cuatro días desde que Lee acababa de ser dado de alta de la UMN y sabía que había comenzado el proceso de rehabilitación física y psicológica de las experiencias surtidas durante todo el mes anterior. La joven chica del clan Yamanaka estaba verdaderamente impresionada por la fortaleza física y mental de su compañero Lee.

“No sé si yo hubiese sido capaz de aguantar todo lo que el Equipo Gai ha pasado, mucho menos lo que ha pasado Lee…” pensó Ino con tristeza.

En verdad, la joven heredera de cabellos rubios estaba pasando por sus propios problemas. Pese a que había sido la mejor kunoichi graduada de su promoción, tenía varios dilemas personales. 

En primer lugar, no se consideraba una chica fuerte físicamente, pues el hecho de pertenecer a un clan especializado en actividades de espionaje la inclinaba al desarrollo de habilidades destinadas a dichas acciones. Se consideraba bastante débil en cuerpo.

En segundo lugar, no había podido ser de verdadera utilidad durante la invasión, requerida necesaria fuerza bruta, rastreo y/o habilidades médicas para el rescate de los desaparecidos. Le pesaba mucho aún la muerte del Director de la Escuela Civil, Kanpu.

En tercer lugar, que, pese a ser la heredera del clan Yamanaka, no había podido ser de utilidad para ayudar a que el Equipo Gai se salvase de las torturas. Ni siquiera su propio padre lo había podido lograr. Otro motivo para su sentimiento de inutilidad.

En cuarto lugar, saber que sus compañeros del Equipo Kakashi, en concreto Sakura, estuvieron inmiscuidos en las acusaciones contra el Equipo Gai, la llenaba de dolor. De hecho, esto era lo que más le dolía a Ino actualmente, que Sakura hubiese estado directamente implicada.

Hacía varios años que Sakura había dejado de ser amiga de Ino por el descubrimiento de la primera de que a la segunda le gustaba Uchiha Sasuke. Interés que era compartido también por la chica de cabellos rosados. El sólo recuerdo del día que Sakura cortó su amistad, pese a haberla defendido de las acosadoras de su clase, de haberla ayudado y apoyado en toda adversidad, le dolía a Ino en el corazón como si un cuchillo ardiente se hubiese clavado en su pecho permanentemente. Por su parte, la joven Yamanaka seguía considerando a Sakura su amiga, incluso cuando fingía su pueril rivalidad por Sasuke, especialmente cuando combatieron en la prueba preliminar de los Exámenes Chûnin. Ino mantenía la esperanza de que llegase el día de que Sakura se diese cuenta de que Sasuke no merecía tanto la pena como para romper aquel vínculo, un vínculo que tanto habían cuidado, protegido y construido las dos juntas. Como amigas.

Es por eso que la chica Yamanaka también estaba entristecida, ya que le parecía que Sakura había preferido centrarse en la recuperación de Sasuke de manera más constante que en el tratamiento de Lee, pese a ser éste más amable, servicial y atento que el chico Uchiha.

—La verdad no te lo he dicho, Ino-san, pero debo agradecerte. Gracias.

Las repentinas palabras de Lee sacaron a Ino de su bucle doloroso de pensamientos. Alzó su mirada para observar los brillantes y profundos ojos negros del especialista en Taijutsu. Una sonrisa cálida le dio la bienvenida haciendo que el pesado corazón de la joven Yamanaka palpitase extrañamente.

—¿A-agradecerme? —preguntó Ino intentando calmar sus latidos despacio. —¿Qué cosa, Lee?

—Bueno, escuché de Gai-sensei que estuviste los nueve días que pasé en la División de Inteligencia tratando de contactar con tu padre para poder ayudarme a salir de allí. —dijo Lee sin dejar de sonreír a la chica. —También he escuchado que fuiste hace dos días a una misión especial al Monte Jofuku. Fuiste a por la flor que crece en el Bosque Jofuku, para mi medicina ¿verdad?

Ino abrió ligeramente la boca, incapaz de articular palabra. ¿Lee sabía ya todo lo que ella había hecho? El aura del joven chico se sentía diferente, le parecía hasta… ¡¿guapo?!

—N-no, yo sólo cumplía órdenes y… bueno, en realidad, Lee, no fui sólo yo. Otros… Genin… también estuvieron conmigo en la misión. —respondió Ino tratando de no sonar nerviosa. —De hecho, la misión fue coser y cantar.

Lee rió al llegar al inicio de las escaleras y dar el primer paso, descendiendo con mucha precaución. La joven heredera del clan Yamanaka vio que los reflejos del sol comenzaban a dar en el oscuro cabello del chico, absorbiendo toda la luz y haciéndolo más brillante. 

“¿Coser y cantar, eh? Esa planta tiene un poder especial y no se puede luchar contra ella así como así…” pensó Lee al rememorar que en la ilusión pudo ver la misma misión que les habían asignado al trío de Genin immplicados, pero también conociendo del poder de aquella planta por él mismo. “De hecho… hace mucho tiempo que… no hablaba o escuchaba del Monte Jofuku y sus propiedades. Me viene a la cabeza también Furofuki-sama…”

Ino pudo ver que el rostro de Lee cambiaba de la alegría a una expresión de melancolía. La joven heredera de cabellos rubios se sintió nerviosa, ya que desconocía que le había hecho sentir mal con sus palabras. Sin embargo, pudo ver que el miembro del Equipo Gai se recomponía rápidamente y le dirigía de nuevo una mirada suave.

—Aún si fue coser y cantar, una misión es una misión, Ino-san. Ahora con la medicina resultante de la Flor Jofuku, me estoy recuperando muy rápido, más que nunca. Te estoy muy agradecido por ello.

Las palabras de Lee hicieron que Ino sintiese que un rubor insospechado se colase en sus carrillos. Se giró en un intento porque su flequillo le tapase la cara. Era la primera vez que un chico le decía con tanta sinceridad la buena ejecución de su trabajo, sin comentarios de queja o aburrimiento. No, esta vez era sinceridad afectuosa y ella no podía evitar sentirse apreciada por ello.

—N-no, Lee. De verdad, no fue nada. Me alegro mucho que te pueda servir de ayuda. —dijo Ino sonriendo mientras rezaba porque Lee no hubiese visto sus mejillas tintadas. —La verdad es que si… no hubiese sido por Sakura y Naruto no hubiese podido traer sóla todas esas flores que pidió Gai-sensei y…

—Ah, claro… Naruto-kun y… Sakura-san también… ja, ja…

Ino se mordió el labio inferior maldiciendo internamente. Se le había escapado, ya que mencionar el nombre de Sakura era ahora mismo un tema tabú para el Equipo Gai. Desde que se descubrió todo el problema, el resto de compañeros habían llegado al acuerdo de no mencionar a la chica de cabello rosado a Tenten, Neji y Lee hasta que hubiesen terminado de recuperarse del todo.

—L-lo lo siento, Lee, yo…

Cuando Ino vio que Lee levantó la mano en un gesto para que parase, ella obedeció.

—Tranquila, Ino-san, no tienes que preocuparte. Soy yo el que tiene el problema ahora mismo. No por ello tenéis que dejar de mencionar a… Sakura-san, a Naruto-kun o a Sasuke-kun. Ellos son compañeros muy queridos y también tienen que estar sufriendo por todo lo que ha pasado.

Ino suspiró profundamente al ayudar a Lee al dar otro paso en su bajada por las escaleras. Estaba muy sorprendida. Verdaderamente, Ino jamás había conocido a nadie actuar así. Temía que Lee guardase su enfado y angustia en un rincón muy lejano en su corazón, embotándolo y haciéndolo crecer sin darse cuenta. No quería que eso le ocurriese, no quería que hubiese alguna oportunidad para que se volviese un resentido. Al fin y al cabo, sabía que si ella hubiese estado en las mismas circunstancias, no podría volver a ver a ninguno de los tres miembros del Equipo Kakashi jamás. 

—Lee, se que es un poco repentino, pero… quisiera pedirte un favor.

El chico de cabellos negros dirigió su mirada al rostro juvenil de Ino al tiempo que ella no paraba de fijarse en los peldaños de la escalera que bajaban. Estaba expectante ante tal declaración.

—Quisiera que… no les guardases rencor, a los miembros del Equipo Kakashi…

Las cejas de Lee se movieron en su rostro de manera sorpresiva mientras escuchaba a Ino.

—Sé que puede sonar muy egoísta de mi parte y que tal vez no soy quien para pedirte nada, puesto que no nos conocemos de mucho, pero… no quiero que el dolor te pese. —declaró Ino con sinceridad, sorprendiendose por sus propias palabras. —No quiero que… el dolor te haga volver una mala persona, alguien con… odio y rencor…

Tras estas palabras, Ino se quedó en completo silencio. Lee suspiró despacio y sonrió para sus adentros. En la ilusión, ellos dos no habían interactuado demasiado, pero había podido ver que a Ino le importaban mucho sus amigos y las personas que quería. El chico de cabellos negros cerró los ojos despacio, agradecido por tener a alguien así como amiga.

—No te preocupes, Ino-san. Todo estará bien. —dijo Lee en un intento por aliviar el corazón de la joven Yamanaka. —Aún es un poco pronto, más con… el proceso de recuperación de la… tortura, pero… creemé: no odio a ningún miembro del Equipo Kakashi.

Ino le miró a los ojos y pudo ver sinceridad brillante en ellos.

—Quiero… darles tiempo, para que puedan acercarse y… puedan saber que jamás les he odiado y que no les he guardado rencor. Sé que no tuvieron opción: eran ellos o nosotros. —dijo Lee finalizando su promesa. —Creeme, Ino-san, ellos tres son mis preciados kôhai, al igual que todos vosotros.

Ino sonrió suavemente al dar el último paso del último peldaño de aquellas escaleras de la Mansión Hokage.

—Me alegro mucho de que pienses así, Lee. En verdad, soy afortunada de tenerte como senpai y amiga. —dijo Ino dirigiendo a Lee a la puerta de salida del recinto. —Por cierto, creo que ya deberías dejar de utilizar el honorífico conmigo. A veces, hasta me cansa escucharlo.

—¡Eh! ¡No puedo hacer eso, Ino-san! ¡Así no me enseñó mi padre a ser! —exclamó Lee transformando su actitud varonil en una más aniñada que a Ino le resultó divertida.

—¡Oh, vamos, Lee, no es para tanto!

—¡Ya lo creo que sí! ¡Tú eres más joven que yo y te debo el respeto debido!

—¡Sólo nos llevamos unos meses! ¡Deja de usarlo, Lee!

El chico de cabello negro negó efusivamente con la cabeza ante la atenta mirada de Ino.

—¡Ni hablar! ¡Sólo hay un caso en el que no usaría el honorífico y es…!

Ino vio como Lee paró su retahíla de rechazos inmediatamente. Pudo comprobar cómo el chico comenzó a observar el vacío y la melancolía parecía que dio la bienvenida en su rostro aún magullado. La chica sintió una curiosidad increíble al ver su actitud tan cambiada.

—Lee, ¿en qué caso no lo usarí…?

—Disculpad. Deteneos un instante. —una voz firme, pero amable cortó la conversación entre los dos jóvenes Genin.

La chica de cabellos rubios dirigió su mirada a dos Chûnin que se encontraban en la puerta custodiando el acceso a la Mansión Hokage. Ino les conocía. Había estado en misión con ellos en el pasado: Hijiri Shimon y Tobitake Tonbo, subordinados de su padre en el Equipo de Análisis de la División de Inteligencia y ambos kôhai del famoso Dokuraku Mawashi. Ambos mostraban un semblante muy serio.

—Shimon-san, Tonbo-san, ¿ocurre algo? —preguntó Ino con cierta disconformidad.

Los dos mencionados extendieron un papel a Lee y uno a Ino, quienes lo miraron con absoluta incredulidad. Estaba completamente en blanco.

—Eh, disculpen, pero, ¿qué es esto? —preguntó Lee muy confundido.

Los dos Chûnin se mantuvieron en silencio mientras iban entregando al resto de los Genin que les acompañaban un papel similar al suyo.

—Dirigíos inmediatamente al Estadio de Konoha. En treinta minutos comenzará la reunión.

Todos los Genin se miraron entre sí al escuchar el mensaje de los labios de Tonbo. Era una reunión exclusiva y con pocos detalles informativos. Debía ser importante. Al cabo de un rato, se encontraban en el interior del edificio de realización de los Exámenes Chûnin tras dar a los vigilantes del lugar aquel papel que era la clave secreta para dejarles entrar en el lugar. 

Lee no pudo evitar mirar a sus alrededores como quien mira un lugar completamente nuevo. Estaba pasmado. A diferencia del estadio que vio en la ilusión, éste era completamente cerrado y el campo de combate tenía un aspecto que combinaba el lugar de combate de preselección a Chûnin con el aspecto del que ya conocía: una arena con árboles a los costados presidida con una gran escultura de piedra de dos manos haciendo un sello de concentración de chakra, el sello del Carnero.

—Creo que aquí nos debemos separar, Lee. —dijo Ino soltando el amarre del brazo del joven experto de Taijutsu. —Nos veremos luego.

Neji sujetó a Lee en el lugar que había ocupado Ino y pudo ver que ella y su equipo se despedían para ocupar su lugar en la arena del gran estadio.

—Fiu, hay que ver… ¡está lleno! —exclamó Tenten mirando a su alrededor dando un silbido.

La chica de cabello en dos moños tenía razón. Allí estaba lleno de jóvenes shinobi. Parecía que había chicos entre doce y dieciseis años presentes. Los miembros del Equipo Gai se situaron en el sitio que había sido designado para ellos.

—Da la sensación que han reunido a todos los Genin jóvenes aquí. —declaró Neji mirando a su alrededor. —¿Será que nos van a decir algo sobre los Exámenes Chûnin?

Tenten se encogió de hombros ligeramente cuando Lee elevó la mirada y vio aparecer en la zona del gobierno a varias personas. Unos guardaespaldas, los dos Ancianos del Consejo de Konoha, Mitokado Homura y Utatane Koharu, y la futura Godaime Hokage, Tsunade. Rápidamente, se hizo el silencio.

—¡Ah, mirad, Neji, Lee! —susurró Tenten señalando a un grupo amplio de Genin. —¡Ahí está Shiho también! ¡Hacía siglos que no la veía!

—Sólo fue hace dos meses, Tenten, no exageres. —respondió Neji con sorna a su compañera.

—¡Oye, sabes que es una manera de hablar, Neji, no empieces!

Lee no estaba atento al diálogo entre sus dos compañeros, sino a la chica que acababa de mencionar Tenten: Shiho. Una chica de cabello rubio claro recogido en una coleta suelta con algunos mechones también sueltos. Tenía una gafas con cristales muy gruesos, similares a los del dispositivo ocular que tuvo que llevar Neji en su estancia en Suna. De repente, Lee sintió un agudo pinchazo cuando vio que Shiho le saludaba despacio con la mano. Recordó que la vio en el Genjutsu, pero era más mayor en aquel entonces. Fue cuando Naruto regresó de su entrenamiento, cuando Jiraiya-sama mandó aquel mensaje. Ella debía estar en el Equipo de Criptoanálisis de Konoha y ser ya Chûnin. Entonces, Lee recordó: Shiho en realidad tenía la misma edad que ellos tres, era de su misma promoción y también se había presentado en esta convocatoria a los Exámenes Chûnin. El chico de cabellos negros se sintió muy fatigado y si Neji no le hubiese estado sujetando, probablemente se habría caído.

—Lee, ¿estás bien? —preguntó Neji en un susurro preocupado.

Ante la negativa de Lee con la cabeza, el chico de ojos blancos prefirió dejarlo pasar de momento. Tenten presupuso que tenía que ver con la ilusión. Ya hablarían con él después.

—¡Atentos todos! ¡Se presenta Tsunade-sama, vuestra Hokage electa! —exclamó Shiranui Genma con solemnidad.

La mujer mencionada se levantó del sillón que presidía el lugar y revisó con la mirada a cada uno de los equipos de Genin allí presentes, posando su mirada especialmente en los miembros del Equipo Gai.

—¡Estimados Genin de Konoha! ¡Me congratula saber que habéis podido hacer un hueco en vuestro tiempo de duelo para poder asistir a esta reunión! ¡En verdad, estoy muy agradecida por vuestra lealtad y servicio a Konoha!

Lee pudo ver que Tsunade hacía un gesto con la cabeza siendo coherente con sus palabras.

—¡Bien, iré directa al grano y no robaré demasiado vuestro tiempo de descanso! ¡Estáis aquí presentes para informaros sobre la reactivación de los Exámenes Chûnin de la primera convocatoria del año 081 de la Era Moderna!

Ante estas palabras, hubo un fuerte murmullo proveniente de la arena donde se encontraban los Genin. Tenten pudo ver que Neji sonrió con cierta suficiencia al adivinar el tema de la reunión. Esta actitud algo aniñada de su compañero de ojos blancos hizo reír ligeramente a Tenten. El chistar de dientes del guardaespaldas Genma hizo que los Genin cesasen su retahíla de palabras para que Tsunade pudiese continuar.

—¡Como Hokage que voy a ser investida en poco tiempo, me gustaría que estos Exámenes Chûnin fuesen muy especiales para vosotros y para Konoha! ¡Sé que estáis trabajando muy duro para la reconstrucción de nuestra aldea y por eso quiero que puedan convertirse en motivo de celebración! ¡En un gran y espectacular festival!

Todos los Genin estaban expectantes ante las magníficas palabras de la legendaria kunoichi Tsunade. Lee podía comprobar la gran esperanza que comenzaba a florecer en su interior. Podía ver que esto no estaba resultando igual que en aquel Genjutsu, pero quería que Konoha resplandeciese nuevamente, contagiado por el entusiasmo del resto de presentes.

Tsunade sonrió ante el deseo cada vez más amplio de los Genin y se decidió a dar su resolución final.

—¡Es por ello que el gran festival de festejos para la proclamación de la nueva gobernancia de Konoha comenzará con el acto de destrucción de Sunagakure no Sato como prueba de los Exámenes de Ascenso a Rango Chûnin!

Repentinamente, un silencio sepulcral se hizo en el ambiente, sólo interrumpido por algún respingo indiscreto.

—¿Q-qué acaba de decir?

—¿Acaso me han traicionado mis oídos?

—¡No puede ser…!

Estas eran algunas de las frases susurradas que podían escucharse en la arena del estadio por boca de los jóvenes asistentes. Uno de ellos, el chico de cabellos negros se había quedado helado por las declaraciones de Tsunade.

—Esto… no es posible…. ¡Es imposible! –susurró lleno de temor Lee al tiempo que Neji trataba a duras penas de evitar que cayese al suelo.

Tenten observó preocupada a su compañero de grandes cejas, quien no podía dejar de mirar el suelo impactado. 

¿Qué estaba pasando?

PERFIL NINJA OFICIAL

Número de Registro Ninja: 54-002

Apellido: Arenji

Nombre: Kankurô

Apodo/sobrenombre: Quinto Maestro Kazekage (Godaime Kazekage)

Fecha de nacimiento: 15 de mayo del año 066 de la Era Moderna

Sexo: Hombre

Estatus: Activo

Tipo sanguíneo: B

Afiliación: Sunagakure no Sato, País del Viento

Clan/Familia: Clan Arenji (clan ninja político activo)

Equipo: Genin Licenciado del Equipo S01 – 54

Rango Ninja: Chûnin – Jônin (año 080 de la Era Moderna)

Categoría Ninja: Escolta

Naturaleza de Chakra: Viento (Afinidad Natural), Rayo, Tierra y Agua

Kekkei Genkai: Inexistente

Ocupación: Antiguo Líder de la División Antiterrorista de Suna, Kazekage

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