Una ola frontal de arena lanzó a Rock Lee a chocar violentamente contra el suelo. El joven Genin gruñó ante el golpe recibido. Se sentía mareado y trataba de levantarse con dificultad. Mientras, a dos metros de él, podía escuchar a sus espaldas la respiración sedienta de sangre que emanaba del rostro de aquel que controlaba la arena.
“Esto no es bueno, para nada bueno…” pensó Lee mientras cruzaba delante de él sus brazos para protegerse de una nueva oleada de sedimentos.
Miró los verdes ojos de su contrincante. Estaban llenos de sadismo. Lee se estremeció al escuchar la leve y maniática risa de su enemigo. Sabaku no Gaara. Ese era el nombre del terrible ninja que se había cruzado delante de su camino y que le había hecho separarse de su Equipo de Graduación.
—¿Qué crees que esto te va a hacer? —dijo sedosamente y lleno de sorna el pelirrojo mientras ponía sus manos con la forma del sello Rata.
En un pestañeo, Lee volvió a ser lanzado hacia atrás por los aires por una cascada de arena más grande que la anterior. Cayó de bruces y, al momento, sintió como la arena le golpeaba con mucha fuerza la parte inferior del cuerpo. Gritó lleno de dolor.
El shinobi con el Protector Ninja de Sunagakure cejó en su ataque. Su cuerpo bullía en sangre y en su mente sólo había un pensamiento. Satisfacción. El maníaco Sabaku no Gaara quería asesinarlo lentamente, pieza a pieza, sintiéndose completamente vivo. Cada trozo de hueso, de músculo y de piel que cayese en su arena sería descarnado y devorado por completo. La arena se sentiría saciada por el sacrificio de su sangre. Pero no. No debía impacientarse, quería tomarse cada momento como si fuese el último. Quién sabe cuándo sería la siguiente vez que tendría una oportunidad similar.
Lee estaba nuevamente en pie tras zafarse de la arena. Escuchó el sonido cruzado del metal y el estruendo del chakra entre los árboles del Bosque del Suroeste, no muy lejos de él. Calculó uno a 200 metros al norte de su posición, otro al este a 170 y el tercero a apenas 100 metros.
“Neji… Tenten… Gai-sensei… ¿qué estará siendo de ellos?”
Lee jadeaba con dificultad. Su combate se estaba perpetuando demasiado. Ya había usado varias técnicas de Taijutsu bastante fuertes para tratar de terminarlo. Incluso lo había probado con el Omote Renge (Loto Primario), una de sus técnicas más fuertes. Se encontraba físicamente al borde del agotamiento con sus fuerzas base.
“¿Qué más puedo hacer? ¿Qué puedo hacer con él?” se preguntó desesperadamente tratando de buscar el final de la batalla cuanto antes.
Tenía miedo. Mucho miedo. No era la primera vez que lo sentía en una misión o en un combate. Pero esta era la primera vez en su vida que sintió, como Shinobi, que estaba al filo de la muerte. De repente, todas sus dudas y miedos se despejaron al escuchar un alarido. Parecía la voz de Gai-sensei. Él era el que estaba más cerca de él. Su maestro estaba luchando con todas sus fuerzas, y se imaginó que Neji y Tenten tampoco estarían cejando en su empeño para salir indemnes de esa situación. Su imaginación comenzó a pensar en los peores escenarios posibles si perdía en este combate.
No podía permitir que un monstruo como éste acabase con él y fuese tras sus compañeros y a por su maestro. Jamás. No lo permitiría. Rock Lee no dejaría que nadie más muriese mientras él siguiese con vida.
“Gai-sensei… gracias…” pensó Lee al sentir que unas lágrimas se acumulaban en los rabillos de sus ojos.
El porte del joven experto en Taijutsu cambió para ligera confusión del ninja de Sunagakure. La posición de combate inicial de Lee había sido recuperada y no parecía que las heridas y daños de la arena hubiesen hecho demasiada merma en su cuerpo. Había abierto Kaimon, la primera puerta, la Puerta de la Apertura.
“Voy a seguir adelante…” confirmó pensando con determinación. “Seguiré mi camino hasta el final y me convertiré en el ninja que sé que puedo llegar a ser.”
Lee entrecerró los ojos con los brazos delante de su rostro mientras concentró todo el chakra que pudo en ese punto de la médula espinal cercano al cuello. Notó cómo su garganta se secaba y comenzaba a quemar. Vio cómo a su alrededor su chakra chocaba y marcaba un muro entre él y el enemigo.
—No sé a qué crees que estás jugando ahora… —murmuró el brutal ninja de Suna haciendo el signo Tigre en sus dedos— Pero este encuentro se acabó para ti.
Lee rió para sí mismo mientras miró con gran seriedad y con el ceño profundamente fruncido una última vez a su enemigo antes de cerrar los ojos totalmente.
—Tienes razón… —respondió Lee con una seriedad atroz. — Se acabó de una u otra forma.
El joven de cabello negro siguió concentrando en gran cantidad y a mucha velocidad su chakra. Su piel se estaba calentando febrilmente y comenzó a notar un calor abrasador que abrazó como una señal positiva de que la técnica estaba funcionando. Sintió como su cara se iba transformando lentamente en una mueca de dolor que le hacía mantener una sonrisa agónica.
“No voy a ser el único que pierda aquí.” pensó Lee vehementemente. “Gai-sensei, por favor, deje que funcione… ¡Es ahora o nunca!”
Por su mente pasaron diversas personas. Sus compañeros y camaradas Neji y Tenten. Su mentor, protector y maestro Gai-sensei. También aquellos que acababa de conocer hacía no mucho tiempo atrás: Yamanaka Ino… Nara Shikamaru… Akimichi Chôji… Hyûga Hinata… Inuzuka Kiba… Aburame Shino… Uchiha Sasuke… Uzumaki Naruto… Haruno Sakura…
Y… aquel suave rostro que apenas podía evocar por el dolor de su recuerdo. Éste fue el que más fuerzas le dio.
—¡PARA PROTEGER Y MANTENER EL CAMINO NINJA!—gritó fuertemente con un eco en su voz que sonó por toda la explanada del bosque—¡LA TERCERA PUERTA: SEIMON! ¡LA PUERTA DE LA VIDA! ¡¡ABIERTA!!
—
Hyûga Neji creía en la idea del destino como algo que no podía cambiarse. No importaba lo mucho que luchases, ni lo mucho que tratases de resistirlo. Tu destino estaba sellado desde el mismo momento de tu nacimiento hasta el mismísimo instante de tu muerte.
Desde los cuatro años, desde el mismo día de la muerte de su padre Hyûga Hizashi debido al Incidente Hyûga, esta creencia era su dogma y hasta casi su propia fe. Era lo que le mantenía firme y centrado frente a la realidad dura del Shinobi. Una realidad que constantemente le recordaba ejemplos como el que acababa de enfrentar hacía una semana y en la que había sido testigo de cómo Lee abrió Hachimon Tônko (Ocho Puertas) para enfrentar y frenar a un poderoso enemigo procedente de Suna.
Hace dos años atrás a Neji le molestó la noticia de que Rock Lee formaría parte de su Equipo de Graduación. Detestaba como Lee se jactaba de manera entusiasta sobre que quisiese convertirse en un gran ninja pese a sus limitaciones. Detestaba lo devoto que se había vuelto con la filosofía de vida de Gai-sensei sobre el “Poder de la Juventud» tras ver aquel pseudo-combate de piedra-papel-tijera entre su maestro y el afamado Hatake Kakashi. Detestaba que Lee creyese que un fracasado pudiese ganar a un genio.
Se lo había dicho a su compañero decenas de veces durante sus entrenamientos e interacciones: El destino jamás podrá ser cambiado.
Ahora, Rock Lee, el mismo ninja que tantas veces había defendido la idea de la superación y del cambio, acababa de adivinar que su combate individual en los Exámenes Chûnin era contra Uzumaki Naruto. Y peor aún, acababa de señalar que se iba a producir un atentado magnicida, una invasión contra Konoha en poco tiempo. Que lo que estaba destinado a pasar pasaría. Sin remedio. Neji se sintió muy turbado ante estas declaraciones emitidas por Lee.
—¿Destrucción de Konoha? ¿Orochimaru? —dijo el chico de ojos blancos tratando de evitar mostrar su intranquilidad y temblor en su voz.
Tenten se sentó en una silla cercana a los pies de la cama de Lee mientras se masajeaba las sienes de la frente. Respiraba despacio tratando de no sonar abrupta.
—Lee, escuchame. Todo lo que estás diciendo es una maldita locura. —comenzó diciendo la chica sin querer mirar a su compañero. — Con todo lo que estás diciendo, podrías ser llevado a un tribunal militar Shinobi y estarías en muchos problemas.
—Yo… siento que ya estoy en problemas, Tenten. —dijo Lee con calma, pero con cierto tono de preocupación en su voz. —Siento que tengo información que puede evitar que se produzca de nuevo la Invasión en nuestra Aldea…
Tenten movía la cabeza agachada en negativa mientras escuchaba hablar a Lee. Neji notaba que la chica estaba intentando contenerse, para no espetar a su compañero herido.
—La Invasión de Konoha causó destrucción de infraestructuras, debilitamiento de varias alianzas, una importante falta de abastecimiento de recursos y servicios durante cuatro meses y… —Lee hizo una pausa con dificultad. — numerosas bajas de civiles y Shinobis. De estos, quedamos menos de la mitad…
Neji frunció el ceño con los ojos cerrados. ¿En verdad Lee había llegado a ver tantas cosas extrañas en un simple Genjutsu? No era posible. La frase “El destino jamás podrá ser cambiado” volvió a repicar en su cabeza con mayor fuerza.
—Si… si sólo pudiera… —Lee dijo muy despacio en un hilo de voz cada vez más bajo. — Si sólo pudiéramos alertar de que va a volver… a suceder… a Sandaime Hokage podríamos… evitar la catástrofe y…
—Por favor, Lee, no digas más. No puedo con tanta confusión ahora mismo. —dijo Tenten implorando silencio súbitamente.
Lee trató de hacer ademán de continuar, pero calló al ver que sus compañeros se veían tan mal por sus palabras. Una oleada de culpabilidad y vergüenza le inundó. Toda la habitación quedó en silencio.
Neji sentía cada uno de sus pensamientos pasar por su mente. Ésta iba a velocidad muy rápida, pensando en cada una de las cosas que había dicho Lee. Nada parecía indicar que Konoha pudiese ser invadida en un ataque a la escala que su compañero de equipo estaba diciendo y menos en los próximos días.
Los contactos con Suna eran buenos. Se mantenía el diálogo y las rutas comerciales civiles y militares. Los informes y actualizaciones oficiales entre ambas Aldeas Shinobi estaban al día y sin aparentes cambios. Sí parecía que estaba habiendo un ligero aumento de ninjas renegados procedentes de Suna que estúpidamente estaban atacando a Konoha por su cuenta. Pero, lo más significativo fue el incidente de los ahora denominados Suna no Sankyōdai, los Tres Hermanos de Suna. La emboscada que ellos habían sido víctimas.
—Es cierto que no hay indicios que digan que Suna y Konoha puedan entrar en un conflicto bélico de tal tamaño en breve. Por lo tanto, no tiene sentido alertar a ningún superior. Mucho menos a Hokage-sama. —comenzó diciendo Neji de manera firme.
Lee agachó la cabeza abochornado. Su mente y sus sentimientos estaban entremezclados y le hacía sentir mucha incredulidad frente a toda la situación que estaba viviendo.
“Todo esto es muy confuso. ¿Es posible que haya visto todo en esa ilusión? ¿Qué nada existió más que en mi mente, que sólo haya sido un producto de lo que otro ha querido que viera?” pensó Lee tratando de buscarle un sentido a lo que había visto y oído tanto en la ilusión como en la realidad.
Recordó entonces el fuerte dolor en la cabeza durante la batalla contra aquel terrorífico y diabólico ser que tenía diez enormes colas y cómo había llegado a la conclusión de que estaba en una ilusión por los cambios y las fluctuaciones de colores y sonidos en su entorno.
“¡Por supuesto! ¿Cómo no va a ser verdad? Además, Neji, Tenten, los médicos y enfermeros… Todo y todos me está confirmando que he estado dentro de una ilusión.” pensó derrotado ante las evidencias aplastantes. “Tal vez haya sido eso… una ilusión… sólo una ilusión…”
El destino jamás podrá ser cambiado.
Sin que Lee supiese, esa idea volvió a la mente de Neji y, por primera vez en mucho tiempo, el chico de ojos blancos evocó el terrible día en que su padre yacía muerto en su cama a manos de su tío. Sus dientes se apretaron con ira ante ello.
—No obstante, hay algo que a mí sí me escama, y mucho. —dijo Neji con un cambio de voz que puso en alerta a sus dos compañeros.
Al decir estas palabras, el chico de ojos blancos sintió que su estómago se aligeraba, su mente comenzaba a sentirse más tranquila a la vez que destensaba su mandíbula. Una molesta Tenten y un curioso Lee levantaron la mirada ante las palabras de su compañero.
“Extraño… “ pensó Neji con ligera sorpresa ante sus propias reacciones.
¿Acaso la idea del destino que defendía le atormentaba? Qué raro. Era la primera vez que sintió que una situación producida por su compañero de equipo le estaba haciendo pensar así sobre ello.
—Y no. No es sobre algo concreto que Lee haya dicho ahora mismo. —dijo Neji dirigiéndose a Tenten, quien no paraba de lanzarle una mirada llena de desaprobación.
—Entonces, ¿a qué te estás refiriendo, Neji? —preguntó ésta con tono molesto como si no quisiese que Neji le diese la razón a Lee sobre sus delirios ilusorios.
Neji respiró profundamente antes de comenzar a hablar con suavidad. Tenten siempre había tratado de comportarse como una kunoichi diferente. Detestaba la debilidad típica que mostraban otras kunoichi para ser defendidas por sus compañeros varones y, en ocasiones, mostraba excesiva dureza en su manera de hablar haciéndola parecer demasiado directa. Aunque, eso era algo que Neji ya estaba acostumbrado y, por algún motivo, no le molestaba demasiado.
—Lee, ¿puedes tratar de pensar en la misión de hace una semana? Intenta recordar lo que puedas.
Ante las palabras de su compañero Hyûga, Lee trató de evocar el suceso. Sentía la mente nublada al tratar de recordar. Le costaba mucho centrarse y le pareció que, de nuevo, todos los recuerdos volvían a mezclarse en aquella gran espiral.
¿Había coincidido con el Equipo Kakashi antes de la primera prueba del Examen Chûnin o antes de partir a la misión al Bosque del Suroeste? ¿Se cruzaron con ellos durante el camino o salvó a Sakura de ninjas de Otogakure en el Bosque de la Muerte? ¿Su lucha contra Sabaku no Gaara fue en el Bosque del Suroeste o en la batalla de los preliminares Chûnin?
¿Cuáles recuerdos eran los que correspondían a la ilusión y cuáles a los de la realidad?
Poco a poco, su mente fue clasificando y dándose cuenta de qué recuerdo era verdad y qué recuerdo formaba parte de la ilusión.
—
Eran las nueve de la mañana y en lo alto de la Mansión Hokage se habían congregado ocho grupos de tres Genin cada uno.
Los rumores de crisis en Sunagakure habían puesto en alerta a toda Konoha. El ataque ilusorio a Rock Lee no había hecho sino acrecentar más el nerviosismo latente que reinaba desde hacía una semana. Era el tema de conversación más actual entre los Shinobi de Konoha y los Genin congregados no se quedaban atrás al hablar de ello.
Mientras, la gente conversaba sobre el tema, una callada Hyûga Hinata recordó cómo vio, tras su entrenamiento al amanecer, a su primo Neji dirigirse hacia la UMN para ver cómo se encontraba Rock Lee.
Se preguntaba si su primo estaría muy preocupado por su compañero de Equipo de Graduación. Hinata sacó del bolsillo interior de su chaqueta un pequeño y viejo marcapáginas que tenía dibujado un lirio blanco con una frase que decía “Unidas bajo el sol”. Era un objeto que sacaba cada vez que se sentía angustiada y fuera de lugar. El simple tacto del objeto le daba fuerzas para continuar cada día un poco más y ser mejor. Sosteniendo entre sus manos el marcapáginas, Hinata rezó para que Rock Lee pudiese recuperarse de todo el daño físico y emocional que le habían causado en tan poco tiempo.
—¡Atención, todos! ¡Se presenta Sandaime Hokage! —dijo alzando la voz un Jônin que apareció tras una puerta y que era guardaespaldas del Hokage.
Los 24 Genin formaron en sus respectivos Equipos de Graduación, mientras Sarutobi Hiruzen, Sandaime Hokage, se situaba al frente de ellos custodiado por otros dos de sus guardaespaldas personales. El líder de Konoha mostraba un semblante muy austero y serio, algo que los Genin no estaban acostumbrados a ver en él.
—Gracias a todos por venir tan rápido. —comenzó diciendo Hiruzen apartando de sus labios la pipa que solía fumar. —Necesitamos de vuestra actuación lo antes posible.
Los presentes se pusieron en posición muy firme mientras prestaban atención a Sandaime Hokage, el líder y hombre más fuerte y respetado de la Aldea.
—Hoy a las 05:00 horas hemos recibido un mensaje procedente del puesto de vigilancia V01-03 en las montañas al norte del Monumento Hokage. Avistaron una serie de movimientos extraños que fueron a investigar.
El rostro serio de Hiruzen contagió a los miembros de cada uno de los equipos. Se escucharon algunos susurros que fueron callados por sonidos entre dientes de algunos compañeros shinobi.
—Encontraron a 5 Chûnin muertos. Estaban completamente aplastados y alrededor de sus cuerpos y de toda la zona había restos de arena. —declaró sin tapujos el Hokage.
Todos los Genin contuvieron la respiración ante las noticias. Sin duda alguna, era una declaración muy grave y comenzaron a sentirse preocupados.
—Vuestra misión será localizar a este ninja sospechoso. Se creé que puede estar aún en alguna de las zonas militarizadas de la Aldea. —decretó Sandaime al mismo tiempo que ordenaba a uno de sus guardaespaldas mostrar una fotografía capturada del agresor.
Cuando los Genin aclararon su vista pudieron confirmar con gran temor que se trataba de un retrato de Sabaku no Gaara, tercer hijo de Yondaime Kazekage. A la vez que se dio este mensaje, Hinata hizo una pequeña mueca de dolor mientras su mano se dirigió nuevamente a su pecho. Las secuelas del combate de precalificación contra su primo Neji aún estaban recientes, pero se había recuperado para comenzar a hacer misiones. Hinata sentía que podía palpar el marcapáginas a través de la tela y la hacía sentir más tranquila.
—¿Acaso quiere que nos enfrentemos a él, Sandaime? —habló repentinamente Akimichi Chôji de 13 años de aspecto más bien obeso con miedo en su voz.
—No. Eso sería imposible para vosotros tal y como están las circunstancias. —Hiruzen negó con la cabeza.
Las palabras de Hokage hizo que muchos Genin tragasen saliva sonoramente. Uno de los guardaespaldas, Namiashi Raidô, se fue acercando a cada uno de los primeros Genin de cada fila y les proporcionó una hoja con los datos del ninja a capturar. Mientras leían, comenzaron a murmurar entre ellos.
—Como ya habréis deducido, el ninja en cuestión es Sabaku no Gaara, hijo menor de Yondaime Kazekage. Lleva una semana merodeando sin aparente rumbo por el País del Fuego. Parece que finalmente se ha decidido a venir hasta aquí.
Hiruzen escuchaba como las voces de los Genin comenzaban a descender mientras hablaba.
—Muchos de vosotros, si no todos, sabéis que el Genin Rock Lee del Equipo Gai casi perdió la vida en combate contra él. Sólo pudo llegar a salvarse gracias a su fuerza de voluntad, su determinación y a la rapidez de su maestro Maito Gai. —dijo con firmeza exaltando al joven especialista en Taijutsu. —Actualmente, el suceso le ha dejado médicamente inhabilitado para seguir siendo shinobi. Es por eso que si él no pudo, ninguno de vosotros sería capaz de vencerle.
Uno de los Genin de 13 años apretó la hoja muy fuertemente cuando Sandaime mencionó las circunstancias en las que Rock Lee había quedado. Este Genin se acordaba de cómo había sido su encuentro con Rock Lee en el Bosque de Konoha ante el ataque que había recibido su Equipo de Graduación por tres jóvenes, pero muy fuertes ninja de Otogakure. Aunque él y su compañero de equipo, Uchiha Sasuke, estuvieron desmayados, Lee defendió a su compañera Haruno Sakura pese a sufrir bastante daño físico antes de dirigirse a su propia misión hacia el Bosque del Suroeste junto con el resto de compañeros de su Equipo de Graduación. Uzumaki Naruto se sentía culpable porque pensaba que Rock Lee había perdido fuerzas para ayudarles y salvarles la vida.
“Gejimayu…” pensó el chico de cabello puntiagudo y rubio con una punzada de ira y dolor en el pecho mientras recordaba a Rock Lee. “Esto no tendría que haber sido así…”
—Entonces, ¿qué debemos exactamente hacer? —preguntó Yamanaka Ino, de pelo largo y rubio, que prefería no estar allí en ese instante.
Sandaime Hokage miró a todos los equipos presentes antes de dar las órdenes finales. Hinata apretó sus manos sobre sí misma con nerviosismo.
—Vuestro cometido es localizar a Sabaku no Gaara y regresar rápidamente para autorizar la salida a un equipo de captura. —sentenció el Hokage con absoluta seguridad en sus palabras. —Es una misión de rango B de máxima urgencia.
El otro guardaespaldas de Sandaime, Shiranui Genma, dio un paso al frente con los detalles extra de la misión mientras los Genin se quejaban y murmuraban por lo bajo al escuchar el rango de la misión.
—A partir de ahora, independientemente de vuestra especialidad como grupo, asumiréis el rol de equipos de rastreo y búsqueda. En vuestros papeles se explicita donde tendréis que buscar cada equipo. —Genma dejó de juguetear con el palillo que tenía entre los dientes mientras hablaba a los Genin. —Dada la peligrosidad del enemigo, evitad completamente el combate directo y regresad en cuanto tengáis localizado al objetivo. Si no queréis morir, respetad estos consejos y viviréis un día más.
Todos los Genin asintieron ante su superior quien afirmó en respuesta. La información había quedado clara.
—Bien. Ahora, ¡marchad! —exclamó Sandaime mientras hizo un gesto con el brazo a la vez que todos los equipos se dispersaron por Konoha.
—
Rock Lee comenzó a resoplar fuertemente al comenzar a recordar la misión de hacía una semana. Fue una misión de rango C. Una misión de rescate.
Un joven de la rica Familia Kagetsu de Motoyoshi-mura había sido secuestrado y pedían un rescate sustancioso por él. Los secuestradores eran un grupo de bandidos de poca monta sin nombre ni renombre que escondieron al muchacho en el Bosque del Suroeste. No eran ninjas y se sabía, por incidentes anteriores, que no conocían ninguna clase de Ninjutsu. Era una misión sencilla e ideal para el Equipo 03 – 79 o Equipo Gai como comenzaban a llamarles. Una misión especialmente indicada para la categoría ninja de Rescatador como Lee o su maestro Maito Gai.
—Era muy fácil, ¿no lo creéis? —comenzó diciendo un Lee nervioso mientras Neji y Tenten le miraban atentos. — Sólo ir, derrotar a los bandidos y regresar a Konoha con el joven Kagetsu rescatado. Nada más.
Neji asintió coincidiendo con las palabras de su compañero. Tenten lanzó una ligera sonrisa con cierta sorna mientras dirigía su mirada a la ventana. Recordó que había escuchado hoy un aviso de que iban a reunir a varios Genin para una misión urgente en la que ellos no estaban convocados por su período de recuperación. Eso la molestaba.
—Pero… luego se torció todo, ¿verdad? —Lee dio una pequeña mueca de dolor mientras se ponía la mano en la cabeza.
Tenten recuperó la atención sobre Lee y fue a su lado mientras pasaba una mano por su espalda. El chico de cabello negro trató de seguir con dificultad.
—Nos… emboscaron… Fue un equipo de cuatro ninjas de Suna… —continuó hablando con esfuerzo. —Nos separaron. Gai-sensei fue… tras el ninja de más rango. Tú, Tenten… con la kunoichi. El chico de traje negro…te persiguió a ti, Neji…
El chico del Byakugan seguía mirando a Lee y asintiendo para ayudarle a que continuase. Estaba cada vez más cerca de llegar al nudo de aquella situación.
—Y yo…yo… —paró en seco hasta que su mente por fin evocó la fatídica figura de aquel tenebroso y ominoso chico sediento de sangre. El hijo menor de Yondaime Kazekage. Sabaku no Gaara.
Lee se llevó una mano a la boca de inmediato intentando contener las ganas de vomitar. Una apresurada Tenten le acercó el vaso con agua de la mesa que estaba al lado de la cama, mientras le acariciaba nuevamente la espalda en un esfuerzo para calmarlo un poco. Tras beber un sorbo de agua, Lee se sintió un poco más tranquilo.
—Uff… recuerdo que estaba en mi lucha contra Sabaku no Gaara… era muy poderoso… —continuó hablando más ágilmente mientras los trozos de recuerdo iban juntándose cada vez más deprisa. — No pude derrotarlo tal cual… tuve que… abrir las puertas, ¿cierto?
Neji asintió nuevamente dejando que Lee terminase de soltar todo lo que tenía en su cabeza.
—Luego… ataqué y todo se volvió rápido… después, vinieron… las consecuencias de la apertura… apenas me podía mover —Lee se mordió el labio y añadió en un hilo de voz la última frase. — No sé… exactamente como lo resistió, pero… Sabaku no Gaara se… se salvó y me… me agarró con su arena por la pierna y en el brazo izquierdos,… me los… aplastó y… me desmayé…
Un agotado Lee finalmente guardó silencio y se miró el brazo izquierdo. Estaba totalmente vendado en un cabestrillo. Podía notar también su dolorida pierna firmemente ataviada. Curioso. No había sido consciente de ello desde que despertó hasta ahora. Parecía que hubiese pasado tanto tiempo desde que sintió esto que no lo recordaba. Tenten comenzó a hablar tras permanecer largo rato callada, hilando la conversación de Lee a la suya.
—Después, Gai-sensei pudo llegar a tiempo y te sacó de allí a toda velocidad en dirección a Konoha. Neji pudo derrotar al titiritero ese. Después, me vino a buscar porque yo… quedé totalmente KO. Neji también… derrotó a la kunoichi… Temari… y me ayudó a recomponerme…
El tono de voz de Tenten denotaba tristeza y algo de resquemor. Neji pudo notarlo rápidamente.
—Luego, usé mi Fûinjutsu de sellado para traer a nuestros dos enemigos a Konoha y… al liberar el sello aquí y mostrarlos a los superiores nos dijeron que eran dos de los tres hijos del actual Kazekage. —Tenten fue concluyendo rápidamente.—Se los llevaron para interrogar y vinimos a la UMN. Ya no hemos sabido más de ellos tras eso.
El silencio volvió a la sala. Tenten se sentía extrañada por este relato. En el ambiente parecía que nada se había resuelto en apariencia. ¿A dónde quería llegar su compañero Neji?
—Entonces, ¿dónde está lo que te escama, señor ojitos listos? —preguntó Tenten quien comenzaba a impacientarse por la parsimonia de su compañero Hyûga.
Neji, obviando el comentario que había hecho, la miró como quien mira a quien ha hecho una pregunta estúpida.
—¿Es que acaso no te pareció lo suficientemente extraño que los hijos de Yondaime Kazekage nos atacasen directamente?
Tenten hizo una mueca de indignación que no ocultó hacia su compañero tras esas palabras.
—¡Claro que me pareció raro, Neji! ¡Aún me parece raro todo lo que ha pasado! —dijo Tenten con un tono lleno de indignación.—¡Pero eso no explica nada sobre lo que Lee viese o no viese en esa ilusión!
—Puede que no, pero podría haber cierta relación entre ese movimiento raro de los hijos del Kazekage y la supuesta futura invasión de la que nos habla Lee. —respondió Neji ante los comentarios exaltados de su compañera.
Tenten frunció el ceño. No se podía creer que Neji estuviera diciendo lo que estaba diciendo. No el Neji racional y lógico que ella conocía.
—Creía que sólo te basabas en hechos para poder asumir riesgos, Neji.
—Y eso es lo que estoy haciendo, Tenten. Además, hay otro hecho que parece que nadie ha estado tomando en cuenta.
Lee observaba patidifuso la interacción entre sus dos compañeros en completo silencio. Sentía que si decía algo iban a ponerse en su contra, por algún motivo que desconocía. Mientras tanto, Tenten esperó a que Neji continuase.
—Durante los dos últimos meses, cada dos o tres días, Konoha ha estado sufriendo una serie de escaramuzas, sabotajes y emboscadas de ninjas renegados procedentes de Suna. —dijo Neji firmemente. —Pequeños grupos entre tres y cinco personas han sido capturados tras sus fechorías y traídos a Konoha para su encarcelamiento. Es una información verificada por el mismo Hiashi-sama.
—Ajá, ¿y qué pasa con eso? —preguntó Tenten sin saber a donde quería llegar su compañero.
—Que si los cálculos no me fallan, en la cárcel de nuestra Aldea hay actualmente entre cincuenta y setenta y cinco ninjas de Suna esperando su destino. —sentenció Neji calculando mentalmente. —Y es una cifra bastante grande para que nuestros calabozos estén llenos de ninjas extranjeros.
Tenten levantó las cejas un instante. A la chica le pareció que su cerebro hizo conexión con lo que creía que Neji estaba sugiriendo.
—¿Estás diciendo que el hecho de que los calabozos de la Aldea se llenen de ninjas de Suna podría ser premeditado? —preguntó la chica de cabello chocolate con sorpresa.
—No puedo confirmar y desmentir nada de eso, Tenten. —respondió Neji ante la pregunta de su compañera de equipo.
Tenten puso los ojos en blanco. A cada cosa que ella decía a su compañero, sólo podía esperar una respuesta puntillosa. Clásico de Neji. Sin embargo, casi al momento, ella notó cómo aparecía una pequeña sonrisa, casi imperceptible, en la comisura de los labios de Neji.
—Lo que sí puedo confirmar es que en Suna se están produciendo pequeños y extraños movimientos de milicia hacia aquí.—continuó el chico Hyûga dando sentido a sus palabras. —Y creo que es un indicio interesante a tener en cuenta que hay demasiados sujetos potencialmente peligrosos en nuestra Aldea, que además provienen desde Suna.
Tenten se llevó una mano a la barbilla. Estaba pensando cada uno de los puntos que habían hablado, especialmente los mencionados por Neji. ¿Acaso Suna estaría intentando verdaderamente algo raro a espaldas de Konoha? ¿O todo era una simple coincidencia?
¿Qué podría hacer un ninja renegado? Sí, es verdad que podían llegar a ser un verdadero grano en el culo, pero la mayoría de las veces no eran más que patéticos individuos ingenuos que pensaban que podrían superar el poder conjunto de las Aldeas Shinobi. Alguien del nivel del difunto Espadachín de Kirigakure Momochi Zabuza no se encontraba entre las rejas del calabozo de Konoha actualmente. Ya hubiese escapado con toda seguridad, ¿no?
¿Y los hijos del Kazekage? Normalmente quienes tenían lazos de sangre o matrimoniales con los Kages regentes o anteriores tenían que guardar muy bien sus comportamientos por el bien de sus Aldeas. La chica de cabello recogido ya había puesto de relieve anteriormente que éstos se habían arriesgado a crear problemas diplomáticos sin motivo. ¿Sin motivo aparente aún con todo lo que implicaba?
En todo esto había mucha información de la que carecía Tenten y sí muchas dudas que requerían una respuesta. La naturaleza inquisitiva de la chica comenzó a cosquillear en su interior. Ella misma sabía que cuando eso pasaba era muy difícil hacerla detener.
—Estás acercándote a mí misma conclusión, ¿verdad? —Tenten escuchó una voz sedosa que le hizo salir de sus pensamientos.
La chica levantó la mirada y se encontró los ojos perlados de Neji que la miraban con profundidad. Sintió como si la estuviese atravesando el alma. Fue entonces cuando vio que ambos se habían compenetrado en sus deducciones. Tenten decidió hablar.
—Teniendo en cuenta toda la información que conocemos, Sunagakure debe estar pasando por algún tipo de crisis. —comentó la chica de cabello recogido mientras pensaba cuidadosamente. —Tal vez… merecería la pena investigar lo que está pasando en Suna.
Rock Lee, quien había permanecido en silencio todo el rato, abrió los ojos de sopetón y se quedó con la boca abierta completamente perplejo ante las palabras de Tenten.
—
De repente, el silencio se apoderó en una de las explanadas del Bosque de la Muerte. Calma, una calma muerta se respiraba en el aire. Tres jóvenes Genin y un perro pararon en uno de los costados de esa explanada, ocultos entre la maleza y los árboles.
El equipo 08 – 080 o Equipo Kurenai había recibido hacía unas horas órdenes directas de Hokage de revisar el Bosque de la Muerte. Hinata frunció ligeramente el ceño preocupada por el comportamiento de Akamaru, el perro ninja de Kiba. Aún tenía en mente a Rock Lee. Pensar en el daño que había recibido el chico la inquietaba y la asustaba con vistas a esta misión.
—¿Por qué te detienes de repente? —dijo al pequeño perro la chica suavemente.
—¿Qué pasa, Akamaru? — pronunció un joven chico con colmillos puntiagudos que estaba cerca del animal.
La cara contraída de su compañero Inuzuka Kiba miraba hacia su pecho, donde se acababa de acurrucar el pequeño perro blanco que estaba muy intranquilo. Gimió breve, pero lastimosamente confirmando las sospechas de su joven dueño.
—Algo le dio miedo a Akamaru. —dijo Kiba intentando tranquilizar al animal acariciándolo.—Ya sabéis que tiene la habilidad de olfatear el nivel de chakra del enemigo, pero jamás le había visto así de asustado antes…
—Sea lo que sea, puede ser lo que estamos buscando, ¿cierto, Kiba?
El mencionado levantó la vista para mirar a su compañero Aburame Shino. Éste mantenía su oreja apoyada en el suelo intentando escuchar algún sonido cercano a ellos.
—Sí. Akamaru ha dicho que el hedor a sangre está completamente impregnado desde dirección norte en un kilómetro hasta aquí.
Akamaru gimió y Hinata le miró con ternura y compasión. Pese a todo lo que estaba sucediendo, la chica suspiró aliviada, pues sólo tenían que confirmar que el sujeto estaba en el Bosque de la Muerte e informar de regreso para que mandasen a un equipo para capturar al enemigo. Nada de entablar combate, nada de poner en peligro sus vidas directamente. Sólo reconocer e informar. Era lo mejor para ella debido a su convalecencia.
—Creo que sería mejor que regresemos…—comenzó diciendo la joven Hyûga.—…para que venga el equipo de captura cuanto antes y…
De repente, Shino hizo un ademán con el brazo para que todos callasen. Había escuchado movimiento de entrada en la explanada donde ellos se encontraban. Poco a poco, los pasos se iban haciendo más audibles mientras se iban acercando al centro del lugar.
Kiba se llevó la mano derecha a la nariz despacio. Con una mueca de desagrado, pudo percibir un olor muy fuerte, una mezcla de olor pútrido y corrompido. Le costaba soportarlo. Por su parte, Akamaru trataba de resguardarse aún más adentro de la chaqueta de Kiba para evitar exponerse también al mal olor. Shino se había quedado completamente quieto y trataba de que sus insectos no hiciesen apenas ningún movimiento. No sabía que podía esperar del enemigo. Por su parte, Hinata apretó sus labios y aguantó la respiración lo máximo que pudo. Quería activar su Byakugan, pero temía que el enemigo notase la activación de su chakra. No sabían si éste podía sentirlo.
—Aún… aún no es suficiente…
Sonó una voz ronca y descarnada que hizo que todos se quedasen helados. Estaban dando la espalda a la explanada tras unos arbustos muy frondosos, pero no podían girarse a mirar. No en ese momento.
—Quiero… más…— el ninja arrastraba con dificultad las palabras por un deseo insaciable de gratificación. —Más… sangre…
Hinata tragó saliva mientras evitaba que su respiración se volviese agitada. Su impulso de escape era muy fuerte, pero algo le decía que si salía en ese momento moriría sin más remedio.
—Hay algo… ¿no?
Un escalofrío recorrió la espalda de Hinata cuando las tétricas palabras del ninja entraron por sus oídos. Un momento después, a la chica le pareció ver arena en suspensión a su alrededor. Giró los ojos a sus compañeros quienes estaban también con una expresión aterrorizada. Parecía que, poco a poco, delante de ellos, se estaba formando una pequeña bola de arena que flotaba que parecía… ¿un ojo? Estaba terminando de completar su forma, parecía una técnica de rastreo y localización del ninja de Suna.
Hinata apretó aún más fuerte sus labios. ¿Qué podía hacer? Si sólo activase su Byakugan, saliese corriendo a toda velocidad y atacara a tu oponente con su palma, con Shōtei (Golpe de palma), para paralizarlo, todo acabaría en ese momento. Podía hacerlo, pero tenía miedo. Estaba horrorizada ante la idea de morir de la misma manera en que todas las víctimas mortales habían terminado: aplastadas y ahogadas en su propia sangre por la arena de ese vil ninja.
“Por favor… por favor…” pensaba mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. “Le juré que cambiaría… que me haría más fuerte… por favor… Naruto-kun…”
Entonces, ocurrió algo que Hinata jamás esperó. Shino se movió bruscamente y salió de la maleza. Hinata oyó que activó a sus insectos Kikaichū contra el ninja de Suna.
—¡AHORA! —gritó con todas sus fuerzas el Aburame dando la orden a sus compañeros de atacar.
Kiba saltó hacia el centro de la explanada con Akamaru, quien se había transformado en un la imagen de su amo. Estaban en el aire mientras activaban su Môdo, su Despertar.
—¡GIJÛ NINPÔ: SHIKYAKU NO JUTSU! (Arte Ninja de Imitación de Bestia: Técnica de Cuatro Patas)—gritó el chico mientras mostraba un aspecto más feral y canino al posarse en el suelo.
Se abalanzó contra el oponente mordiéndole en el hombro y tirándole contra el suelo. Le aferró fuertemente mientras Akamaru sujetaba al enemigo por la izquierda. Los insectos de Shino estaban perturbando al ninja de Suna por toda la cara y el cuerpo en un esfuerzo por mantenerlo ocupado. Mientras, éste trataba de sacudirse en un esfuerzo vano, ahogándose en una multitud de pequeños invertebrados.
—¡HINATA, SAL! —gritó Shino dirigiéndose a la maleza donde estaba la chica. —¡VAMOS, HINATA, HAZLO YA!
Hinata abandonó sus pensamientos intrusivos repentinamente ante el grito de su compañero y activó su Byakugan. Salió a la explanada saltando por el aire gracias a su chakra y entonces lo vio. Vio a aquel chico pelirrojo de ojos verdes con mirada y sonrisa atroz.
“Sabaku no Gaara…” pensó mientras dirigió su chakra a la palma de su mano lo más rápidamente posible mientras caía sobre el mencionado. —¡SHŌTEI!
La palmada insuflada de chakra de Hinata se incrustó en el pecho del ninja de Suna. Éste soltó un gritó que retumbó en todo el lugar haciendo que los pájaros de los árboles echasen el vuelo. Hinata vio como el chakra del chico bajó hasta niveles mínimos. En ese momento, Sabaku no Gaara había quedado completamente inconsciente.
—Uff… Nos hemos librado por muy poco, ¿verdad, Akamaru? —dijo Kiba mientras se estaba secando el abundante sudor de la frente con la manga de su chaqueta.
El pequeño perro dio un ladrido de confirmación a su dueño que le tranquilizó. Shino observaba a Sabaku no Gaara desde la distancia. La tinaja del ninja de Suna se había desechó y sólo quedaba un montículo de arena en el que yacía. Hinata estaba respirando con cierta dificultad. El dolor en el pecho se acrecentó al sentir perdida de aire. Antes de que se diera cuenta, se desplomó en caída libre contra el suelo del claro.
—¡Hinata! —exclamó Kiba al agarrar a la chica antes de que cayese al suelo. —¡¿Te encuentras bien?! Te ves bastante pálida…
La joven Hyûga notó que toda la tensión había debilitado su cuerpo y le había provocado la pérdida de compostura y el dolor. Sintió vergüenza.
—Lo siento… Kiba-kun… Shino-kun… —trataba de decir la chica. — Pensé que todo había… acabado para nosotros…
Kiba miró con ojos comprensivos a Hinata. No podía negarlo. Él también pensó que había llegado el fin.
—Tranquila. Lo que importa es que has hecho lo que tenías que hacer. Sólo tómalo con calma. —le dijo con una sonrisa mientras la ayudaba a ponerse de pie de nuevo sin mucha dificultad. —Además, te viste genial.
Hinata sonrió ligeramente a Kiba a quien agradeció sus palabras. Su mirada se posó en Shino quien había extendido un pergamino para proceder a sellar a Gaara. Le pareció que su rostro estaba muy taciturno.
—¿Ocurre algo, Shino-kun? —preguntó la joven kunoichi acercándose despacio hacia el chico con una mano apoyada en su pecho.
Shino había terminado de hacer el Fûinjutsu de captura y estaba poniendo al rollo una cuerda con un nudo muy fuerte para evitar posibles problemas con el hijo del Kazekage. Típica prudencia de él.
—Lo hiciste bien, Hinata. No te atormentes. —dijo Shino con suavidad sin mirar a la chica.
Las palabras de su compañero Aburame también calmaron el corazón de la joven de ojos blancos, pero le preocupó más la poca muestra de emociones que estaba teniendo en ese momento. Incluso para lo que era el propio Shino.
—Entonces, ¿a qué viene tanta seriedad? —habló Kiba quien también se había dado cuenta del excesivo estoicismo de su compañero. —Creo que podemos darnos una palmadita en la espalda por, no sólo encontrar a ese gusano, sino también por capturarlo. Y eso que no era nuestro objetivo principal.
La mirada de Shino se posó en sus compañeros tras terminar de guardar el pergamino dentro de su abrigo. Había algo que no le cuadraba y eso le inquietaba.
—Se supone que este ninja es Sabaku no Gaara, ¿cierto? El hijo menor de Yondaime Kazekage, ¿no?
Hinata y Kiba miraron extrañados a Shino tras su declaración mientras éste palpaba la zona de su abrigo donde estaba el rollo que contenía al ninja sellado.
—¿No se supone que este tipo destrozó al discípulo de Maito Gai, a Rock Lee, y le dejó en un estado tal que no puede continuar siendo shinobi? Sin contar que ha matado a varios ninjas desde entonces…
—Eh, sí… ¿y qué pasa con eso? —Kiba quería tratar de entender el punto de Shino.
—La cosa es… ¿cómo hemos podido vencerlo nosotros sin más? —mencionó Shino evidenciando la propia debilidad de todos ellos. —Ya escuchasteis a Sandaime: Rock Lee no pudo con él pese dar casi la vida por pararle. Si él no pudo vencerlo con una técnica tan brutal como Hachimon Tônko Môdo, ¿cómo hemos podido hacerlo nosotros?
Hinata contuvo la respiración unos instantes. Efectivamente Hachimon Tônko era una técnica terrible que obligaba a eliminar al cerebro las restricciones del mismo. Volvía más fuerte a su ejecutor, pero era un arma de doble filo que sacrificaba la salud y seguridad corporal del ninja que la usaba. Es por eso que se catalogaba como un Kinjutsu, una técnica prohibida. Hinata sintió una punzada de dolor físico y emocional ante las palabras de su compañero, pero no podía negarlo. Lo que Shino decía tenía mucho sentido. Ellos no eran rivales para Sabaku no Gaara.
—Además, pensadlo en frío. En mi casa, escuché de mi padre que Sabaku no Gaara fue catalogado como un ninja criminal de rango S tras el ataque al Equipo Gai. —prosiguió Shino ante sus propias dudas. —Sus técnicas y tácticas brutales eran rivales terribles para nosotros. La muerte era nuestra carta ganadora.
Pese a su normalmente actitud calmada, Shino mostró evidencia ante sus compañeros de equipo de que el encuentro con Gaara le había perturbado. Kiba pensó que, tal vez por eso, reaccionó ante el shinobi de Suna y con sus compañeros de equipo de una manera diferente a cómo lo hubiese hecho en otras circunstancias.
—Sí, entiendo tu punto, pero no creo que debas darle muchas vueltas. —proclamó Kiba tratando de quitar hierro al asunto. —Este gusano de Gaara llevaba siete días en búsqueda y captura por todo el País del Fuego desde que luchó contra Rock Lee. Sí, es verdad que a éste la técnica le dejó hecho polvo, pero a Sabaku no Gaara le tuvo que dejar tocado también. Lo más probable es que haya estado dando tumbos de acá para allá.
Hinata escuchaba los razonamientos de Kiba, los cuales también tenían bastante sentido.
—Seguramente, tenía las fuerzas por los suelos y por eso buscaba una fuente de alimento. —continuó Kiba tratando de llegar a una conclusión. —De ahí que estuviese diciendo que quería sangre y otras cosas raras.
Shino frunció el ceño. No estaba muy convencido de lo último que había dicho Kiba, pero no podía argumentar en contra.
—De todas maneras, lo importante es que ya está capturado y no tenemos que lamentar bajas por nuestra parte y por nadie más, ¿verdad, Akamaru?
—¡Auff!—ladró el perro blanco mientras miraba a su dueño quien tenía una sonrisa triunfante.
La cara de Shino se mostraba aún disconforme. Fue algo que Hinata notó. La chica, por su parte, quiso intentar sosegar a su compañero de gafas oscuras.
—Creo que es cierto, Shino-kun… —habló Hinata tratando de sonar algo despreocupada .—Hemos conseguido capturar a Sabaku no Gaara y estamos a salvo todos… Pienso que debemos volver y dejar que se encarguen los altos mandos a partir de aquí…
Shino miró a Hinata a los ojos. Parecían muy cansados. Tanto Kiba como él sabían que la joven Hyûga no se encontraba en condiciones totalmente óptimas para seguir investigando. Aún estaba convaleciente tras perder contra su primo Neji y casi morir en aquel combate. Mucho había hecho ya. Pese a no estar totalmente convencido con el asunto de Sabaku no Gaara, el rostro del chico se mostró algo más tranquilo ante las palabras de la kunoichi. Decidió dar una oportunidad.
—Está bien. Regresemos.
Hinata y Kiba asintieron complacidos a las palabras del chico Aburame y se lanzaron de un salto hacia la salida del Bosque de la Muerte rumbo a la Mansión Hokage. Shino les seguía a pocos pasos mientras en la explanada quedaba la arena que formaba la tinaja que Sabaku no Gaara había tratado de utilizar contra ellos.
—
—¿Cómo se encuentra tu alumno, Gai?
Sarutobi Hiruzen, el Sandaime Hokage, había recibido hacía tres horas el pergamino del Equipo 08 – 080 que contenía sellado a Sabaku no Gaara. Acababa de informarle a Maito Gai sobre el asunto al entrar a la estancia.
—Parece que ha tenido un pequeño inconveniente esta mañana en la UMN, Sandaime-sama.—comentó Gai ante la mención de su discípulo.
Eran las cuatro de la tarde y los habitantes de Konoha se estaban preparando para el ambiente vespertino del día. En la pequeña habitación privada del Hokage reinaba la austeridad y el decoro.
—Ah, sí, el problemilla con ese Genjutsu. No te preocupes, Gai, ya estoy haciendo que los ANBU lo investiguen. —Hiruzen aspiró una bocanada de humo de su pipa y lo expulsó por la boca. —No podemos permitir que ese asunto quede sin respuesta.
Las palabras de Sandaime sosegaron a Maito Gai. El Jônin se había dirigido a la UMN tras conocer que Lee había sufrido un ataque psicosomático con reacción violenta que acabó en desmayo. Los primeros médicos con los que habló le dijeron que había sido producido por el estrés traumático de su encuentro con Sabaku no Gaara. No obstante, antes de llegar a la habitación 227, apareció un ANBU que le informó de que su pupilo Neji había observado fluctuaciones de chakra en el cerebro de Lee que podían confirmarse como un Genjutsu.
—Le agradezco mucho por todo, Sandaime-sama. —dijo Gai mientras hacía una reverencia vehemente al Maestro Hokage.
Hiruzen hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Rock Lee era un muchacho que había estado muy presente en la mente de Sandaime desde que el chico pidió su ingreso a la Academia Ninja con diez años. Tenía un espíritu de lucha y superación innegables y su resistencia física era muy basta. Le recordaba mucho a Maito Gai en sus inicios como Genin.
—Lo que aún me preocupa es el resultado que tuvo tu alumno con Sabaku no Gaara. Me duele pensar que la historia de Rock Lee como shinobi se terminó aquí. Ahora que estaba comenzando…—dijo Sandaime con un atisbo de dolor en el tono de su voz.
Gai frunció el ceño afligido por las palabras de Sandaime. Su querido discípulo había sufrido mucho la noticia de los médicos que dijeron que no podría ser más un Shinobi. El sólo recuerdo de traerle de vuelta a la Aldea tras el choque con Sabaku no Gaara le llenó de tristeza. Recordó cómo el cuerpo del muchacho estaba tan dañado y en un estado de inconsciencia tal que sólo su voluntad le seguía manteniendo en pie.
Aún retumbaban en su mente las duras palabras que le dijo en el pasado su rival Kakashi al conocer éste que le había enseñado al joven Lee un Kinjutsu anti ninja de ese calibre.
—No sé lo que este chico signifique para ti, Gai, pero no debería decirte que jamás ponemos nuestros sentimientos personales en juego. No hubiera creído que fueras capaz de esto…
Verdaderamente, se arrepentía de haberle enseñado a abrir Hachimon Tônko a Lee. Había sido un error total. Pero ya no tenía remedio. Sólo podía esperar a que el cuerpo de Lee fuese lo suficientemente resistente para poder recuperarse de manera paulatina o para encontrar una cura al problema que los médicos no podían hallar en ese momento.
—Tengo la confianza total de que podrá superar esto tarde o temprano. —dijo Gai con gran firmeza en sus palabras a Sandaime. —Lee es un shinobi en toda regla. Es verdaderamente fuerte.
Hiruzen miró al Jônin como quien mira a un padre dolido y esperanzado por su hijo malogrado. Sí, sin duda, Rock Lee era un chico que aún tenía mucho que contar.
—Desde luego hay que decir que su encuentro con el hijo del Kazekage ha ayudado a proporcionar información difícil de adquirir por otros medios. —comentó el anciano Hokage centrando la conversación en los ninjas de Suna. —Ha evidenciado un secreto de alta categoría que Suna ha estado ocultado desde hace muchos años.
Gai asintió con la cabeza al recordar los acontecimientos. Seis días antes, Sandaime y el Consejo de Konoha habían convocado a todos los Jônin disponibles en la Aldea a una reunión confidencial, mientras que a los que estaban en misiones se les había informado con carácter urgente por diversos medios ultrasecretos de comunicación según donde se encontrasen.
Tras regresar del Bosque del Suroeste, el Equipo Gai había proporcionado toda la información posible del choque que tuvieron con los ninjas de Suna y, tras ser examinada por la División de Inteligencia de Konoha, se había llegado a la conclusión de que Sabaku no Gaara posiblemente era el actual Jinchûriki del Ichibi, del monstruo de Una Cola.
Konoha había tomado una medida de urgencia inmediata: imponer a Sabaku no Gaara el distintivo de ninja de rango S en búsqueda y captura inmediata para su posterior interrogación y negociación con Sunagakure en la reunión de los próximos días. También se añadieron a las futuras negociaciones a sus dos hermanos mayores, quienes estaban actualmente en los calabozos de Konoha.
Todo Jônin o equipo liderado por uno que advirtiera la presencia de Sabaku no Gaara en su zona de actuación debía tratar de informar y/o tratar de capturar al susodicho ninja en la mayor brevedad posible.
—Es bueno saber que por fin ese chico está bajo custodia y que ya no podrá hacer más daño. —comentó Gai con un poco de sudor cayendo por su frente. —Desde luego, Suna tiene que tener problemas con él si constantemente actúa en estas condiciones.
Hiruzen volvió a llevar a sus labios la pipa de madera. El suave aroma del tabaco procedente de los cultivos de Kusagakure era su favorito.
—Esa es una de las cosas que más me agitan en este momento, Gai. —dijo Hiruzen mientras exhalaba la bocanada de humo.
Maito Gai permaneció callado ante las declaraciones del Hokage. Sabía que si Sandaime estaba hablando así era porque le iba a pedir algo. Una misión, seguramente.
—Como ya sabes, se ha observado un aumento de ataques de supuestos ninjas renegados procedentes de Suna. —señaló con datos concretos el líder de Konoha. —Ahora mismo tenemos a sesenta y ocho shinobis en los calabozos de la División de Inteligencia.
Maito Gai echó cuentas, y sumando a los tres hijos del Kazekage, que los lideraba, hacían un total de setenta y un ninjas de Suna encarcelados dentro de los muros de Konoha.
—Esos son muchos números, Gai, en especial si hablamos de una aldea aliada. —continuó Hiruzen con el semblante calmado, pero firme. —Ahora, además, los hijos del Kazekage atacaron sin previo aviso a tus Genin actuales, exponiéndose a que confirmemos que uno de ellos es su único Jinchûriki. Todo eso es muy raro.
Gai comenzaba a unir puntos en los que había tenido lagunas gracias a Hokage. Si él podía hacer algo para proporcionar una respuesta a lo que les pasó a sus discípulos, no dudaría en actuar.
—Dígame que necesita, Sandaime-sama, y yo lo haré. —pronunció sin dudar el Jônin experto en Taijutsu.
Hiruzen apoyó la pipa sobre un pequeño cenicero de metal especial mientras colocaba en el suelo un portafolios de aspecto de madera con una hoja que parecía cumplimentada y sellada.
—Suna ahora mismo es casi inaccesible diplomáticamente. Desde hace dos meses, Kazekage parece haber caído enfermo y apenas llegan informaciones de los sucesos rutinarios de allí. —informaba Hokage mientras Gai escuchaba atentamente. —Por supuesto, no nos están comentando nada de estos supuestos ninjas renegados. Ni para bien ni para mal. Todo es silencio.
El Jônin asintió comprendiendo que la situación era cuanto menos delicada. Gai estaba entendiendo más sobre el tipo de trabajo que quería Sandaime que hiciese. No era su especialidad, pero estaba dentro de las categorías colindantes a su ámbito de experticia.
—Quiero que te infiltres en Sunagakure y que trates de recopilar toda la información que sea posible de este asunto o de lo que pudiese estar provocando esta situación tan extraña. Obviamente es una misión de rango S que requiere una actuación espléndida, Gai.
Pese al alto nivel que tenía de ello, en este momento a Gai le pareció raro que Sandaime le encargase una misión de espionaje. Y sólo a él.
—Dadas las circunstancias de aislamiento que Suna está teniendo no puedo enviar a nadie más, Gai. —dijo el Sandaime como si hubiese leído la mente del Jônin. —No obstante, es una situación buena que vayas tú ya que se ha solicitado esta misión.
Gai miró el portafolio que Sandaime había dejado en el suelo cerca de él. Lo agarró y comenzó a leer la hoja que estaba escrita. Una vez comenzó a leer, los ojos del shinobi se abrieron y se sorprendió al ver cómo el mundo estaba lleno de casualidades. Aunque por su cabeza pasaron preguntas y quería decir muchas cosas, el templado rostro de Sandaime le paró de tales objetivos.
—De acuerdo. No hay ningún problema, Sandaime-sama. —dijo simplemente Gai confirmándole su actuación en la misión de espionaje de Suna.
—Bien. No me hace falta decir que no tienes que comentarles nada. —concluyó Sandaime Hokage a modo de despedida. —Partirás mañana a primera hora.
Maito Gai afirmó silenciosamente con la cabeza. Dejó en el suelo el portafolios y se dirigió hacia la puerta para salir en dirección a su casa. Sarutobi Hiruzen recogió el portafolios y leyó de nuevo la solicitud de la misión. Una misión de rango C de escolta hacia Sunagakure requerida por Rock Lee junto con la expresa solicitud de Neji y Tenten como sus acompañantes.
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PERFIL NINJA OFICIAL
Número de Registro Ninja: 012587
Apellido: Hyûga
Nombre: Neji
Apodo/sobrenombre: (Hyûga no Tensai (El Genio Hyûga)
Fecha de nacimiento: 03 de julio del año 067 de la Era Moderna
Sexo: Hombre
Estatus: Activo
Tipo sanguíneo: 0
Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego
Clan/Familia: Bunke (Rama Secundaria) en Clan Hyûga (clan ninja militar)
Equipo: Genin Licenciado del Equipo 03 – 079
Rango Ninja: Genin (año 079 de la Era Moderna)
Categoría Ninja: Rastreador
Naturalezas de Chakra: Agua (Afinidad Natural)
Kekkei Genkai: Byakugan
Ocupación: Desconocida
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PREPARATIVOS
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