Capítulo 3 – Preparativos

—Vamos, Lee, no pongas esa cara y resignate. —dijo Tenten intentando convencer a su compañero de equipo de que se sentase en un carro tirado por dos bueyes de gran tamaño.

Rock Lee miraba poco convencido el carruaje cubierto que estaba terminando de ser cargado con bultos de mercancías con destino final a Suna. La Villa Oculta de la Arena o Sunagakure no Sato era la Aldea Ninja más pobre y débil que existía entre las Shinobi Godaikoku, las conocidas como Cinco Grandes Naciones Shinobi. Su población, poder militar y economía eran los más bajos entre todas. Todo esto se había acentuado desde el final de la Tercera Gran Guerra Ninja, 15 años atrás, debido a las políticas del todavía actual Daimyô del Viento, Kazetani Miya. Debido a esto, e independientemente de las problemáticas que existiesen, las mercancías debían seguir moviéndose para que la economía entre aldeas continuase su curso.

—Pero, Tenten, tengo que continuar entrenando las partes de mi cuerpo que aún están sanas. Aunque sea un poco…

Mientras mostraba cara de lástima, Lee trataba de sonar convincente en su razonamiento. Poco le gustaba la idea de formar parte de la carga del viaje. Pese a todo, al ser una misión de escolta de rango C con un herido era obligatorio el transporte de éste en un vehículo.

—¿No estás intentando sacar de quicio las órdenes que te dio el fisioterapeuta, Lee? —dijo Neji bajando del carruaje tras terminar de preparar el asiento donde su compañero iba a viajar.

Tenten resopló al tiempo que vio como su compañero de cabello negro comenzaba a replicar y excusar cada uno de los argumentos que Neji le hacía. ¿En qué momento pensó la joven kunoichi que la propuesta de viajar a Sunagakure fue buena idea? Comenzó entonces a recordar el acuerdo al que llegaron los tres para hacer esta misión a espaldas de Konoha.

—¿Investigar Sunagakure? ¿Directamente allí, Tenten? —preguntó un asombrado Lee ante la intrépida propuesta de Tenten.

La chica de cabello chocolate giró la cabeza fijándose en Lee, el cual la miraba como si se hubiese vuelto completamente loca.

—Pues claro. Me parece que es lo más lógico que podemos hacer. —argumentó Tenten con confianza. —Piénsalo. Si vamos a los altos cargos y les contamos todo esto, no nos van a hacer ni el más mínimo caso. Ni siquiera Gai-sensei.

Neji asentía a cada una de las palabras que Tenten iba diciéndole a Lee. Si Gai-sensei se enteraba de la verdadera finalidad de esta misión encubierta, les iba a dar un capón a cada uno de ellos y les ordenaría entrenar el doble o el triple de estricto. Realizar el reconocimiento por su cuenta en Suna bajo estas circunstancias y con el pretexto que les había llevado a esta situación era lo más lógico. Especialmente para asegurarse de que todo marchaba bien.

—Lo mejor que podemos hacer es recopilar y confirmar información para poder transmitirla a Konoha, o incluso para que podamos actuar nosotros directamente. Sobre todo si se da esa supuesta invasión a nuestra Aldea que tanto te preocupa. —sentenció Tenten mientras hablaba con cierta sorna.

Lee movía ligeramente la cabeza en negativa tratando de procesar el repentino cambio de actitud de su compañera.

—Pero, ¿a expensas de la Aldea, de Gai-sensei, e incluso del Hokage? ¿Eso no sería acaso maquinación? ¿No nos meteremos en problemas? —preguntó Lee dudoso ante las palabras de su compañera de equipo.

El joven herido se dio cuenta de que Tenten le miró con extrañeza ante lo que acababa de comentar, como si se tratase de una gran tontería. 

—¿No decías tú mismo Lee que ya estabas en problemas al tener en tu poder esa supuesta información super veraz en la que simplemente te basas en lo que experimentaste en un Genjutsu? —repuso una irónica Tenten al argumento expuesto por su compañero de equipo. —No entiendo que es lo que te echa para atrás ahora…

—¡No!…  quiero decir… — Lee trataba de encontrar las palabras adecuadas con dificultad para no ahondar en un enfrentamiento con su compañera de equipo. — Lo normal es que… siempre hemos informado a Hokage de nuestras acciones y movimientos antes. No me parece muy coherente actuar como lo estáis sugiriendo ahora.

En ese momento, el chico convaleciente observó que Neji y Tenten se miraron entre sí con algo de extrañeza. Lee se sintió inquieto ante tal actitud. ¿Es que acaso había dicho algo raro? Vio como Tenten suspiró antes de volverse a sentar en la silla cercana a la cama de la habitación.

—Lee, comprendo lo que dices, pero ese es el procedimiento teórico para actuaciones de máxima gravedad que nos enseñaron en la Academia Ninja. —replicó Tenten con paciencia al ver a Lee confuso. —En la práctica, y para otros casos, tenemos que hablar con otros intermediarios superiores, como ya sabes, ¿no?

Lee se quedó callado ante esta declaración. ¿Era eso cierto? ¿Había todo un procedimiento para poder hablar con Hokage antes? ¿Acaso la posibilidad de poder contactar directamente con él era más compleja? Sin previo aviso, un pinchazo en la cabeza le hizo sentir confusión y malestar, justo cuando su mente trataba de clasificar sus recuerdos. Neji frunció el ceño ante el repentino movimiento de su compañero de equipo.

—¿Te ha ocurrido de nuevo, Lee? —el chico de ojos blancos observó la cara de incomodidad de Lee. —Ya he observado que parece dolerte la cabeza de vez en cuando.

—S-sí… parece que hay algo… extraño… —comentó Lee masajeando el lado derecho de su cabeza. —No sé qué es exactamente, pero creo que algo raro me pasa…

—¿Algo raro? ¿En qué sentido? —preguntó Tenten con cierto tono de preocupación en su voz.

La chica había estado dando vueltas al hecho de que Lee aún siguiera insistiendo en el extraño Genjutsu en el que había caído. El hecho de que comentase que seguía teniendo efectos de aquel ataque no era buena señal. Al fin y al cabo, los daños de un Genjutsu terminaban al salir del mismo.

—Es como… si me costara saber exactamente que es ficticio y… qué es… real… —dijo Lee nervioso no queriendo sonar estúpido.

Tenten levantó la ceja izquierda en señal de extrañeza. Este era el motivo por el que la chica trataba de mantenerse extremadamente cauta, casi cínica, con la variedad de informaciones que Lee estaba diciendo. Su compañero no sólo estaba afirmando que lo ocurrido en el Genjutsu era información completamente veraz, sino que estaba afectando a su percepción inmediata de la realidad. No era bueno y mucho menos fiable.

—A lo que quiero llegar es que no podemos dejar que ahora mismo ningún superior llegue a saber esto, mucho menos Gai-sensei. —declaró la chica de cabello chocolate con convicción.—Como ya te he dicho antes, no nos harán caso, o peor pasaremos un día o dos en el calabozo por alteración del orden o desacato. Eso sólo retrasaría más las cosas.

La cabeza de Lee hizo conexión ante estas palabras y pudo entender mejor el razonamiento de su compañera de equipo. Observó como Tenten cruzó sus brazos sobre sí misma y cerró los ojos para continuar.

—De todas formas, también creo que viajar a Suna puede ayudarte en este sentido, Lee. Especialmente para que veas que nada de lo que viste en el Genjutsu es cierto.

—¿Y de qué manera eso es así, Tenten? —preguntó Neji con una ceja levantada ante la repentina declaración de Tenten respecto a la problemática de Lee con los efectos del Genjutsu.

Tenten se levantó de la silla y se dirigió al marcó de la ventana de la habitación. Desde allí, pudo ver hacia los rostros Hokage alzarse esplendorosos sobre la gran montaña de Konoha.

—Lo que pienso es que de alguna manera puede ser que el hecho de viajar a Suna le confirme a Lee que no pasa nada y que no se va a producir ninguna invasión. —respondió simplemente la chica de cabello recogido a Neji. —Todo estará normal y sólo serán esos ninjas renegados que no paran de molestarnos.

Neji agachó ligeramente la cabeza reflexivamente. No le convencían mucho los argumentos de Tenten, pero ¿por qué no intentarlo? Al fin y al cabo, se encontraban actualmente en un callejón sin salida y toda respuesta parecía apuntar a Suna.

—Está bien. Pero, ¿cómo lo haremos? Lee está en rehabilitación y es imposible que le dejen salir de Konoha en estas condiciones. —preguntó Neji llevándose la mano a la barbilla.

Tenten se dio cuenta de que su compañero de ojos blancos tenía razón. Hacer mover a Lee de su ubicación actual, la UMN, era algo que estaba fuera de alcance. Era más fácil que ella y Neji se desplazarán a Suna, pero sin motivo justificado para poder llegar allí tampoco les iban a dejar salir de Konoha. Al fin y al cabo, Lee era el único que contaba con “información privilegiada” para motivar la visita.

—Si pudiésemos tener alguna excusa para que podamos transportarte… —declaró Tenten mirando de soslayo a Lee.

Los tres Genin cerraron los ojos meditando cuidadosamente qué podían hacer. En cierto momento, la mente de Rock Lee comenzó a moverse nuevamente debido a los recuerdos vividos en el Genjutsu. Vio que tenía nuevamente 18 años y que viajaba al País de los Ríos con el resto de miembros del Equipo Gai. Un salto de tiempo en su mente le situó en una gran explanada de hierba, donde veía a una anciana ninja de Sunagakure usando una técnica muy particular en… ¿Sabaku no Gaara? para salvarlo… para salvarle la vida… una ninja médico, una Iryō-nin.

Su nombre… ¿Cómo se llamaba ella? Se enfocó en el envejecido y arrugado rostro de la mujer. Pareciera que había pasado por cientos de experiencias entre la vida y la muerte, salvando y curando a shinobis, como si lo hiciese desde hace miles de años…

Chiyo-bâsama.

—¡Lo tengo! ¡Sé que podemos hacer! —exclamó repentinamente Rock Lee.

La voz del joven de cabello negro hizo sobresaltar a Neji y a Tenten, quienes le miraron con sorpresa ante su euforia.

—¿Es posible…? ¿Acaso pensaste en algo que podría funcionar, Lee? —preguntó Tenten con impresión.

—Sí, acabo de pensar lo que vamos a hacer. Solicitaré una misión de escolta de rango C para viajar a Suna. —comenzó hablando el chico sobre su propuesta. —Allí hay una anciana kunoichi que es famosa por ser la mejor ninja médico de su tierra. La honorable Chiyo-bâsama.

Los ojos de Tenten se abrieron de par en par al escuchar el nombre de la médico rival de la kunoichi Tsunade en boca de su compañero de equipo. 

—¿Y qué tiene que ver ella en todo esto? —preguntó la chica con curiosidad.

—Si utilizo el pretexto de ir a Suna para que Chiyo-bâsama intente curar mi condición, no tendré ningún problema para poder salir de Konoha. —explico simplemente Lee con cierto aire de suficiencia. —Sé que ella es más bien experta en venenos y que le será imposible tratarme por la gravedad de mis heridas, pero al menos nos servirá como motivo para desplazarnos.

Mientras Tenten se quedó perpleja por el grado de conocimiento de Lee de la anciana de Suna, Neji se llevó nuevamente una mano a la barbilla pensativo. Era cierto. No sonaba raro ni sospechoso que Lee saliese de Konoha para buscar ayuda médica en lugares aliados, sobre todo al no haber un especialista de gran calibre en la Aldea. Sonaba como una buena tapadera.

—Además, para más seguridad, propondré en mi solicitud que vosotros dos seáis mis escoltas. Sois mis compañeros de Equipo de Graduación y deducirán que me siento más cómodo viajando con vosotros. —terminó de explicar Lee sonriendo.

Los ojos de Tenten parecieron centellear. En verdad, la chica pensó que el plan de Lee era muy bueno para el normalmente impulsivo chico que se dejaba llevar por la acción del momento y que no paraba de entrenar constantemente hasta el punto de la inanición.

—Y ahora que lo pienso mejor, desde Suna no podrán negarse a la solicitud, ya que conocen el grado de la gravedad del asunto y el daño cometido por Sabaku no Gaara y de sus hermanos. Le deben un favor a nuestra Aldea, y en concreto a nuestro equipo. —declaró finalmente Tenten exultante.

Lee levantó una mano e hizo su particular pose del ”Buen Chico” con el pulgar en alto hacia su compañera.

—¡Exacto, Tenten! ¡Qué bien que entendiste!

—¡Oye, no te hagas el listo, Lee! ¡Normalmente es a ti a quien hay que explicarle las cosas!

La chica sonrió fingiendo golpear en la nuca a Lee en broma mientras Neji comenzó a comentar los pormenores del plan. Lo primero y más importante ahora era solicitar la misión a la Oficina de Hokage. Todo estaba resultando perfecto. Al fin y al cabo, ¿qué dificultad podría tener esta misión si los tres iban juntos?

Tenten volvió a centrarse en el presente y vio que Neji y Lee seguían discutiendo los contras y los pros, respectivamente, de llevar al segundo a Suna en el carro de bueyes. La chica, visiblemente nerviosa, resopló sonoramente y fue decidida a terminar con la discusión entre ambos.

—¡Déjalo ya, Lee! ¡Es imposible que vayas caminando todo el camino hasta Suna. Tardaríamos mucho más y añade que tu estado físico puede empeorar por mucho que quieras negarlo! —decretó Tenten con las manos puestas en sus caderas como una hermana mayor que regaña a su hermano pequeño.

En ese momento, a Tenten le pareció que Lee la miraba con ojos brillantes y hacía un ligero puchero con el labio inferior. Instantáneamente, la chica sintió que le invadió un sentimiento de culpa y compasión por su compañero ante la mirada de derrota que tenía. No era que quisiera molestarlo o hacerle sentir mal, pero tenía que ponerle límites sobre él mismo, debido a la tendencia de Lee por saltárselos.

—Está bien, Tenten… Pero me avergüenza pensar que la gente me pueda ver en estas condiciones… —dijo Lee con un hilo de voz dirigiendo una mirada al suelo mientras miraba con derrota el cabestrillo del brazo.

Tenten vio que era la primera vez que su compañero se mostraba tan decaído delante de ellos por el daño causado en su cuerpo tras el ataque de Sabaku no Gaara. Él era siempre tan estúpidamente enérgico y positivo que verle así causaba tristeza y, de alguna manera, hasta desesperanza. Ante el panorama que se estaba produciendo entre sus dos compañeros, Neji se propuso actuar.

—Piénsalo de otra manera, Lee. —dijo Neji en un intento por ayudarlo. —Reposar también forma parte del verdadero entrenamiento. Los Hyûga nos tomamos en serio el descanso, en especial tras misiones duras y ejercicios.

Lee seguía con la mirada en el suelo, aferrándose a la muleta que sujetaba su cuerpo. No le estaba convenciendo mucho el alegato de su compañero de ojos blancos. Sentía que era más una excusa para hacerle entrar en razón. 

Entonces, Neji suspiró y cerró los ojos suavemente. El chico Hyûga recordó a otros parientes de la rama secundaria de su misma edad recalcando que necesitaba ser más expresivo y ser un apoyo para sus compañeros, incluso si tenía que hacer o decir cosas que no coincidieran con su carácter. Es por ello que Neji nunca pensó que iba a llegar a decir esto jamás, pero no le quedaba más remedio. Era por el bien de la misión y por el bien de Lee.

—A lo que me refiero… es que si no descansas te será difícil entrenar más adelante. Y, si eso pasa, ¿cómo piensas… rivalizar conmigo o… si acaso vencerme? —expresó Neji con gran dificultad, casi cómicamente.

Aunque no supo qué bicho le había picado a su compañero de ojos blancos, Tenten, entendiendo las intenciones de Neji, aprovechó las palabras de su compañero para seguirle la corriente.

—E-es verdad, Lee… Tú siempre lo dices: qué vencerás a Neji cueste lo que cueste. No importa cuán arduo sea o lo mucho que tengas que entrenar. Que el esfuerzo vencerá al talento.

Hubo un silencio extraño en Lee que hizo que ambos, Neji y Tenten, se miraran sin saber qué decir. Tras un instante de incredulidad, la mirada de Lee se encendió con toda la fuerza del Poder de la Juventud. Era tan intensa su mirada que a Neji y a Tenten les pareció que el chico ardía en una repentina llamarada a su alrededor.

—¡Tenéis razón, Neji,Tenten! ¡El Poder de la Juventud se manifiesta de maneras únicas e inescrutables! —gritó Lee mientras cerraba el puño derecho con pasión. —¡El descanso también forma parte del entrenamiento!

—¡Bien dicho, Lee! ¡La flagrante llama de la Juventud debe seguir resplandeciendo en ti de esa manera! —exclamó Maito Gai apareciendo por sorpresa delante de su discípulo tras terminar de hablar con uno de los mercaderes.

—¡Gai-sensei!

—¡Lee!

Ambos se abrazaron efusivamente mientras caían grandes lagrimones por sus ojos de manera cómica.

Neji giró los ojos dentro de sus cuencas sintiendo que se volvían aún más blancos al observar a su sensei abrazar a Lee en su típica escena del Poder de la Juventud. Tenten se llevó una mano a la cara avergonzada mientras las personas que pasaban por delante del Portón Sur de la Aldea miraban extrañados o divertidos al dúo dinámico.

Y es que ambos, alumno y maestro, tenían una relación particularmente estrecha desde hacía tiempo que les llevaba a mostrar alegatos y comportamientos extremos de afectividad, los cuales provocaban desde risa hasta incomodidad a quienes los veían. Pese a que Neji y Tenten se iban acostumbrando a ello, en ocasiones, esa actitud tan ferviente les seguía avergonzando.

No obstante, ambos jóvenes se dieron cuenta de que Lee parecía haber recuperado el ánimo y Gai-sensei estaba ayudando en apoyarle. Es posible que no fuese mala idea que su maestro fuese incorporado a la misión de Suna a último momento.

—Por cierto, Gai-sensei… Recuérdenos, ¿cuál era el motivo para venir con nosotros a Suna? —preguntó Tenten a su maestro quien no se había pronunciado sobre ese asunto.

Un Gai más relajado, y que había dejado de abrazar a su alumno, se giró hacia Tenten mientras Neji ayudaba a Lee a sentarse en el carruaje cómodamente preparado.

—¿Uh? No podía dejar pasar el hecho de que mis tres queridos estudiantes fuesen a una misión con fines médicos para ayudar a Lee y yo no estar presente. —dijo Gai con una sonrisa en los labios. —Además, no estará de más hacer un poco de turismo para relajarnos después de tanta tensión esta semana.

Tenten le miró a los ojos y vio la típica y distendida mirada de su maestro. Había algo que, por algún motivo, no le cuadraba a la joven chica, pero decidió no darle demasiada importancia. No sabía si era una corazonada o su instinto de Asesina. A pesar de todo, mientras Gai-sensei animase a Lee durante la misión estaba bien para ella.

—Está bien, todos. ¡Nos vamos! —se escuchó alzar la voz a uno de los líderes de mercaderes que partían esa mañana de Konoha a distintos puntos de la geografía del mundo Shinobi.

Cinco minutos después del aviso, el Equipo Gai estaba saliendo por el Portón Sur de la Aldea en dirección al cruce de caminos que dirigía a Sunagakure.

“Bien. Ya hemos comenzado. Ahora sólo hace falta llegar a Suna y comenzar con la misión.” pensó Tenten mientras lanzaba una mirada cómplice a sus compañeros, quienes asentían ligeramente.

Maito Gai miró a sus estudiantes desde atrás al tiempo que la caravana avanzaba. Eran tres días de viaje y tenía tiempo para pensar en lo que se iba a encontrar en Suna y cómo debería actuar para su misión de espionaje.

“Neji… Tenten… Lee… Perdonadme.“ pensó el Jônin con un ligero atisbo de tristeza. “Siento utilizaros, pero es por el bien de nuestra aldea.”

—Esto será tan emocionante como ver crecer el pasto. —declaró la anciana Chiyo mientras terminaba de leer el mensaje que le había traído un ave mensajera desde la Oficina de Kazekage.

—¿Otra petición con el mismo tema del mes pasado? —dijo un hombre de avanzada edad que resultaba ser el hermano menor de Chiyo, Ebizô.

Ambos ancianos se encontraban en el patio de su casa de retiro pescando en la pequeña fuente de la que disponían, como cotidianamente hacían.

—No. Esto es una petición formal de Konoha por el incidente que causó Gaara hace 10 días. Lo han solicitado expresamente como favor especial. No se puede rechazar. —dijo la anciana mientras le pasaba el papel a Ebizô.

La cara de Chiyo se arrugó más. Era la segunda vez en trece años que le habían solicitado abandonar su retiro, y en menos de dos meses. ¡Era inadmisible para la anciana! El hombre de velludas y amplias cejas levantó la vista del escrito tras leer el mensaje con gran rapidez.

—A primera vista, este chico parece haber sufrido mucho daño. Si es cierto que abrió las famosas Hachimon Tônko y llegase haber sufrido daños intramedulares no sé hasta qué punto podrás ayudarle. —declaró el hombre al doblar por la mitad el papel mientras se levantaba de su lugar.

Chiyo se puso en pie para dirigirse a la Oficina Kazekage a confirmar directamente que aceptaría tratar al chico. El joven llamado Rock Lee acababa de llegar escoltado de un viaje de tres días desde Konoha para recibir atención médica especializada por el daño recibido de Gaara y de la apertura de Hachimon Tônko para sobrevivir a su ataque y derrotarlo.

—Pese a todo no me puedo negar a revisarlo. Es una cuestión diplomática. —repuso la mujer que se estiraba mientras hablaba. —No me dejarán en paz hasta que lo vea y, al menos, le dé un diagnóstico.

Tras esas palabras, la pareja de los Gokyōdai, los Honorables Hermanos, se puso en marcha hacia la Mansión de Kazekage sin tiempo que esperar. Anduvieron por unas privadas y estrechas callejuelas de estuco hasta ingresar por la entrada trasera del enorme edificio de arena con el kanji de “viento” rotulado en la fachada principal. Los guardias de la entrada les saludaron con gran fervor.

—Lo cierto es que es una lástima… —comentó Ebizô ante el caso que debía llevar su hermana mientras recorrían los pasillos de la estancia. —Es un chico de… ¿cuánto, 13 o 14 años decía la nota? Un daño tan grande para alguien que comenzó a ser Genin es, cuanto menos, dramático.

Chiyo no había cambiado la expresión de su rostro desde que entraron en la zona de las dependencias administrativas más importantes de Kazekage. No obstante, su tono de voz reflejó el malestar que sentía.

—Gaara tenía que causar estragos materiales, pero no debía llegar al extremo de incapacitar y de matar a nadie. —declaró la anciana con firmeza recordando lo escrito en la nota que le llegó. —Se excedió con los límites de su misión. No hace más que causarnos problemas.

La nota no exponía solamente la solicitud de terapia a Rock Lee, sino también las bajas resultantes de la actitud maníaca de Gaara. Ebizô se mantuvo callado ante las palabras de su hermana mayor mientras cruzaban despacio el largo pasillo en dirección a la Oficina de Kazekage. Entonces, su mirada se posó en quienes parecían ser tres Jônin que parecían discutir.

—¿Le ha podido ver, Isago-san? —preguntó un hombre muy preocupado.

—Ha sido imposible. No dejan que en la Oficina Kazekage nadie entre más que los miembros del Consejo. —respondió el ninja aludido que era el oficial más cercano a Baki, el maestro y Jônin a cargo de los hijos del Kazekage.

—Esto es un problema. Los Genin recién egresados se están empezando a impacientar al no tener su primera misión en manos de Kazekage-sama. —replicó impaciente el primer Jônin. —Ahora Baki-san ni siquiera está aquí más…

—¿Y qué más quieres que él haga, Satetsu? —dijo con visible molestia un hombre llamado Otokaze. —Isago-san ha intentado de todas las maneras posibles hablar con Rasa-sama. No podemos exigirle más o le meteríamos en problemas.

—Lo sé, pero la situación está comenzando a ser complicada. —repuso Satetsu con sudor en la frente. —Los rumores de que Rasa-sama está muy enfermo se están volviendo más estrambóticos. Algunos dicen que se contagió de lepra cuando partió a las tierras del norte hace tres meses. O que está a punto de morir de leucemia provocada por el Kekkei Genkai de su familia y…

La pareja de ancianos se paró en seco a unos pasos de los Jônin. Éstos no habían sido conscientes de su presencia debido a la acalorada conversación.

—Lo que deberíais dejar de hacer es de hablar cosas inútiles, vosotros tres. —comenzó diciendo Chiyo con visible molestia, quien había escuchado su intercambio de palabras.

Los tres Jônin se giraron casi de golpe al escuchar la solemne voz de la mujer. No podían creer ante sus ojos que estaban los Gokyōdai delante de ellos. Se suponía que estaban retirados y recluidos por voluntad personal.

—¡Chiyo-bâsama! ¡Ebizō-jîsama! —exclamaron los tres Jônin de Suna con sorpresa en sus voces.

Ebizô dio un paso al frente. Su porte era firme y no decaía en absoluto, mostrando la dignidad de quienes sobreviven en un mundo donde la muerte se ceba con los más jóvenes.

—Vuestro trabajo es cumplir las órdenes que os ha dado Kazekage, sus asesores y ayudantes más directos. No es vuestra responsabilidad estar pendientes de la salud de Rasa-sama. —dijo Ebizô con seriedad en su voz. —En lugar de perder el tiempo aquí, id a cumplir con las obligaciones que se os han encomendado.

Satetsu, Otokaze e Isago se miraron entre sí con cara de vergüenza y, tras una disculpa y una reverencia a los dos hermanos, se marcharon rápidamente con un atisbo de inconformidad en sus rostros. Chiyo y Ebizô volvieron a estar en silencio cuando reemprendieron su marcha hacia la Oficina del Kazekage. Sunagakure estaba en un momento delicado moralmente. Al menos, en apariencia.

—Con lo que han dicho estos tres, parece que los planes deben ir avanzando como se pactaron. —apuntilló Ebizô asumiendo como reales las apreciaciones de los Jônin anteriores.

Chiyo asintió con la cabeza mientras posaba su mirada en la tupida y larga alfombra del pasillo.

—Los Ancianos del Consejo estarán terminando de concretar con Konoha la reunión de dentro de cuatro días. —señaló la mujer arrugando su rostro aún más. —Es de esperar que nuestros recientes aliados también han comenzado a moverse como lo concretamos.

—Orochimaru entonces debe estar de camino al punto de encuentro. —puntualizó Ebizo con presteza. —Sigo pensando que es una jugada arriesgada el hecho de planear con él, pero… ¿quién escucha a los viejos, eh, hermana?

La mujer se quedó en silencio ante la pregunta de su hermano pequeño. Debido a la conversión de su nieto Sasori en ninja renegado de Suna, ella y su hermano Ebizô se habían visto obligados a retirarse forzosamente de la vida militar y social de la aldea. Ya nadie quería saber nada de ellos, ni de su estado. Era tan doloroso para Chiyo que todos sus deseos de reconectar con el mundo exterior cesaban al recordar el dulce y joven rostro de su nieto. Los dos ancianos acabaron por llegar delante de la puerta de madera de la Oficina del Kazekage. Chiyo tomó el pomo de la sencilla puerta de madera y giró para abrirla por completo. Los dos hermanos ancianos se quedaron mirando al fondo de la sala.

Allí vieron a Rasa, Yondaime Kazekage, con un aspecto de salud envidiable, pese a los rumores que circulaban. A su lado izquierdo, estaba su Secretario Personal, un hombre de aspecto siniestro llamado Fugi que permanecía en silencio total. En esos momentos, Kazekage estaba hablando con una persona que portaba una larga capa negra que le cubría entero. Los dos ancianos no reconocieron al encapuchado que se encontraba sentado en la mesa de Kazekage. Parecía que mostraba un comportamiento pícaro y serio a la vez.

—Oh, Chiyo-baâsama, Ebizōjîsama. Es un buen momento en el que han llegado. Déjenme presentarles a alguien. —dijo Kazekage consciente de la llegada de los ancianos señalando al susodicho encapuchado.

El travieso hombre se puso de pie en lo alto de la mesa y, tras un salto, procedió a acercarse a los ancianos hermanos. A los dos no les gustó las sensaciones que destilaba de su cuerpo.

—Es un gusto conocer presencialmente a los Gokyōdai. —dijo el hombre con una voz cautivadora que les puso los pelos de punta. —Chiyo-kun, Ebizô-kun.

Por algún motivo que desconocía, Chiyo se puso en alerta. ¿Qué significaba todo esto? ¿Quién era ese hombre y por qué el nombre de ella y de su hermano sonaba tan absurdamente familiar en sus labios? Una gota de sudor se escurría por su frente, incapaz de moverse de su sitio.

—Me llamo Toshikomi. Estoy deseando trabajar con ustedes.

El hombre sonrió quitándose la capucha de su capa revelando su rostro. Chiyo y Ebizô abrieron sus ojos como platos llenos de un miedo feral que hacía mucho tiempo que no sentían. 

¿Quién demonios era él?

—¡Oye, tú! ¡¿Cuándo se supone que nos van a dar de comer, eh?!

—¡Eso, eso! ¡Tenemos hambre!

La tensa situación se estaba produciendo dentro de un calabozo de Konoha. Las paredes, gruesas y frías del calabozo, las cuales estaban construidas con un hormigón especial tan denso que parecía desafiar la propia naturaleza, eran testigo de cómo aumentaba la tensión de la disputa. El aire estaba cargado de una energía sutil pero innegable, un recordatorio constante de la imposibilidad de salir de allí. Las continuas quejas provenían de dos prisioneros de la celda T04-35. 

—¡¿Por qué no te callas?! ¡El hambre no es lo que molesta, sino que me estés poniendo el culo en la cara! —espetó uno de los presos contra uno de sus compañeros quejicas.

—¡Pues no estés sentado! ¡Ponte en pie como todos los demás, imbécil!

Repentinamente, un fuerte golpe sonó en los barrotes de la celda donde se estaba calentando la discusión. Todos miraron tras las verjas de acero.

—¡Silencio! ¡En vuestra situación no tenéis derecho a exigir nada! —espetó tras la celda un ninja de pelo rizado y apariencia gruesa.

—¡Si estuviese aquí Kazekage o la venerable Chiyo-bâsama no tendrías las pelotas de hablar así! —respondió con sorna otro prisionero.

Kanden Tekuno chistó ante la retadora respuesta. Había sido puesto al cargo junto con otros shinobi para vigilar a los prisioneros de uno de los calabozos desde hacía seis meses. Tekuno era un Jônin normalmente jovial y con buen sentido del humor. Según sus compañeros, cualquier misión se pasaba rápido gracias a que él estaba allí.

No obstante, desde hacía dos meses el humor de Tekuno había empeorado. Él y sus compañeros no paraban de estar en alerta por las quejas de los prisioneros, y es que no paraban de llegar. A cada momento había gritos y cánticos provenientes de los presos que perturbaban el estado mental del pobre Jônin.

El calabozo que custodiaba se encontraba en una alta torre en mitad de una de las pequeñas isletas del río Naka al suroeste que regaba Konoha. Sólo había un acceso de salida y entrada: la puerta principal que conectaba a la única estancia de la torre a través de unas largas escaleras. Finalmente, las cuatro celdas que había eran pequeñísimas y sólo por un pequeño reducto podía entrar y salir la luz del sol. Estaban hechas para que únicamente hubiese un prisionero. No obstante, debido al aumento de ninjas renegados procedentes de Suna se habían tomado medidas extremas debido a la falta de espacio. Ahora mismo había entre 4 y 5 personas en cada una.

—¡Qué pesadez! —farfulló Tekuno mientras se fue a sentar en la mesa de la sala donde estaba su compañero bebiendo en un vaso. —¿Sabes alguna novedad sobre la redistribución de estos bastardos, Hayama?

—He escuchado que tienen pensado poner en parón los procedimientos judiciales civiles. De esa manera, los juicios militares serán más rápidos y se les enviará a su destino final. —dijo con calma el otro ninja que se llamaba Shirakumo Hayama.

Tekuno puso los ojos en blanco al sentarse cerca de Hayama y servirse té en un vaso. No era la primera vez que trabajaban juntos y se conocían bien. Ambos Jônin no destacaban por nada en particular, simplemente cumplían sus obligaciones, aunque les pusieran de los nervios. No obstante, pese a todo lo que estaba pasando, a Tekuno le asombraba ver que Hayama mantenía un estado mental relajado.

—¡¿Y cuándo piensan hacerlo, eh?! ¡No sé tú, pero yo no aguanto ni un día más a estos sacos de mierda quejándose como si fuesen príncipes o ministros! —terminó de decir mientras tragaba rápido el vaso lleno de té frío para mojar su garganta y tratar de calmarse.

Hayama se llevó de nuevo su vaso a los labios despacio. Reconocía que su compañero tenía razón. Estos ninjas renegados de Suna estaban siendo muy molestos, pero sólo tendrían que esperar un poco más y estarían más tranquilos.

Un instante después de esas reflexiones, Hayama vio como la puerta de la estancia se abrió mientras entraban cuatro ANBU que acompañaban a un nuevo preso al interior de la torre. El individuo llevaba dos grilletes fuertemente apretados, uno en el cuello y otro en las muñecas a la espalda, que estaban enganchados a dos cadenas cada uno. Cada ANBU sujetaba una de ellas.

—¡Ah, no! ¡No, no, no! ¡Ni hablar del peluquín! —Tekuno habló rápidamente como saludo a quienes acababan de entrar. —¡Aquí no va a entrar nadie más! ¡Lleváoslo a otro lado!

Los ANBU no se inmutaron. El Capitán ANBU que portaba una máscara con forma de ave dio un paso al frente ante las declaraciones del enfadado Jônin.

—Órdenes directas del Hokage. —dijo simplemente y con calma en su voz. —Por sus habilidades, es necesario que esté aquí.

Hayama miró al prisionero. Era un chico joven de no más de 13 años. Llevaba en la frente un tatuaje con el kanji “amor” en el lado izquierdo. Sus ojos estaban delineados de color negro y permanecían cerrados completamente. 

“Así que nos toca vigilar a Sabaku no Gaara…” pensó Hayama frunciendo el ceño. “Creo que esto va a ser una molestia.”

—¡Me da igual! ¡Hay otros calabozos en la torre del este! ¡Lleváoslo por allí! —exclamó indignado Tekuno.

El Capitán ANBU negó despacio con la cabeza tras escuchar las exigencias de Tekuno.

—Está es la parte del río con mayor volumen de agua. Sus ataques de arena se verán debilitados en caso de que se atreva a usarlos. —declaró el Capitán mientras señalaba a Gaara con firmeza.

Tekuno apretó los dientes y chistó con indignación ante las reposición del líder ANBU. Ante el aumento de la tensión, Hayama procedió a intervenir para evitar que el conflicto escalase. Bastante había ya con lo que acababa de pasar con el resto de prisioneros. 

—Nos encargaremos de él. —dijo conduciendo al grupo al frente de una de las celdas.

El grupo ANBU comenzó a avanzar liderado por su Capitán. Tekuno vio como sus portes y comportamientos eran nobles y llenos de confianza. Típico de los ANBU.

—Por cierto, hay una instrucción extra sobre este prisionero. Es mejor que esté en una celda sólo. Os recomendamos que reacomodéis a los demás. Para evitar posibles incidentes. —inquirió brevemente el Capitán ANBU.

Repentinamente, hubo un estallido de gritos y quejas en las cuatro celdas ante las palabras del líder del escuadrón secreto de Konoha.

—¡Ni de coña!

—¡¿Vais a meter a más aquí?!

—¡Vamos a quedar como sardinas en lata!

Un nuevo golpe al metal se escuchó. Tekuno había avanzado con rapidez y había pegado un violento impacto contra una de las celdas con su porra de metal.

—¡A callar! ¡Vosotros haréis lo que se os diga! ¡Salid inmediatamente!

Tras las feroces órdenes de Tekuno, y un poco de ayuda de todos los ninjas presentes de Konoha, consiguieron dejar una celda en solitario para Sabaku no Gaara, no sin dificultad por parte del resto de presos contra los que hubo que usar la fuerza bruta.

—Tienes suerte, Sabaku no Gaara. Si no fueras el hijo del Kazekage, estarías en peores condiciones. —habló uno de los ANBU tras cerrar la puerta de la celda. —Podrías darnos las gracias.

El ninja de Suna permaneció en absoluto silencio. Ninguno de los ANBU se sorprendió ante esta conducta. Sabaku no Gaara se había comportado muy tranquilo desde que fue liberado del pergamino en el que fue sellado. Los propios ANBU y los miembros del Equipo de Análisis se habían hecho cargo de buscar información sobre los hijos de Kazekage y habían corroborado que este era el comportamiento habitual en su tierra natal. La mayoría de veces simplemente mostraba indiferencia y lejanía frente al ansia asesina que había demostrado en las inmediaciones de Konoha en el pasado.

—En fin, nosotros nos vamos. Recibiréis noticias de la redistribución de presos tras la reunión de Hokage. —dijo el Capitán ANBU mientras él y su grupo salían por la puerta. —Se tiene pensado crear un tribunal shinobi de urgencia para esta situación y hacer que éstos cumplan su condena según sus acciones contra Konoha.

Una nueva oleada de quejas procedentes de las celdas se dejó escuchar por la sala de la torre tras la despedida del Capitán ANBU.

—¡No nos dejéis con estos! ¡No nos dan de comer!

—¡Cállate ya! ¡Intentó descansar!

—¡No, cállate tú!

Tekuno resopló con una mezcla de cansancio y resignación mientras se sentó nuevamente en una de las sillas cercanas a la mesa. Por fin se iba a hacer algo con todos los prisioneros tras la reunión de Hokage, y eso era un alivio. Hayama, por su parte, se quedó mirando a Sabaku no Gaara unos instantes más. Le observó con el ceño profundamente fruncido y habló con una frialdad pasmosa.

—Mataste a varios compañeros y heriste a muchos otros, bastardo. Si no fueras hijo del Kazekage, ahora mismo no tendría piedad de ti en sacarte todas las entrañas.

Tekuno vio como Hayama se alejaba de la celda tras decir esto. Sabía que el ninja con la cicatriz en el labio estaba afectado por la muerte de quienes habían caído en manos de Sabaku no Gaara. No obstante, tenía la seguridad de que no se tomaría la justicia por su mano, por su sentido del deber.

Gaara se quedó en silencio dentro de su celda. Lentamente abrió los ojos y vio que los dos ninja de Konoha se quedaron sentados mientras bebían y charlaban con tranquilidad.

“Empieza la operación.” pensó el ninja de Suna con una fría calma.

Poco a poco, de los dedos de las manos de Gaara, comenzó a caer un finísimo polvo de arena procedente de la armadura que cubría su cuerpo. La última que le quedaba en ese momento.

—Ugh, la piel se me está secando un montón. —dijo Tenten mientras se rascaba la cara con las uñas.

Efectivamente, la fina arena del desierto picaba y resecaba endemoniadamente. La chica de Konoha pensaba en cómo era posible que Sabaku no Gaara llevase con él siempre una tinaja llena de arena. Estaba segura de que toda la humedad del ambiente se debía almacenar en ese cacharro.

—La tormenta de arena está comenzando a amainar. En breve, podremos ponernos en marcha hacia Suna. —escuchó decir Tenten a un mercader que terminaba de observar afuera de la tienda de campaña.

Actualmente, la caravana en la que estaba viajando el Equipo Gai se había parado desde hacía cinco horas. Les había sorprendido una tormenta de arena y tuvieron que acampar a causa de ello. Aunque esto era un pequeño contratiempo, los tres jóvenes Genin del Equipo Gai se lo tomaron como una oportunidad para descansar y prepararse para aquello para lo que había decidido ir a Suna.

—En breve, tenemos que mentalizarnos para actuar, como planeamos durante el viaje. —dijo Neji en un susurro de voz que sólo escucharon sus dos compañeros de equipo.

—Sí, Neji. Si todo sale bien, creo que vamos a poder pararles los pies a tiempo. —dijo Lee con convicción.

Tenten dejó de beber de su vaso mientras agitaba la cabeza negativamente tras el comentario de su compañero de equipo. El interior de la caravana se sentía como un oasis de frescura y comodidad en medio del implacable desierto. La luz del sol se filtraba tenuemente a través de las gruesas telas, las cuales protegían del calor abrasador del exterior.

—Aún sigues con esas, Lee. Has estado todo el viaje diciendo lo mismo. —Tenten volvió a rascarse la mejilla tratando de hacer parar la comezón. —En fin, pronto verás cómo tus presunciones son todas falsas.

—En el fondo, espero que tengas razón, Tenten.

El chico de cabello negro dedicó una sonrisa triste a su compañera. Tenten pudo ver una mirada en él que no supo descifrar. Por su parte, Neji simplemente permaneció en silencio, absorto en sus propios pensamientos.

Al mismo tiempo, los jóvenes Genin del Equipo Gai miraron a Gai-sensei, quien estaba hablando muy animadamente con los mercaderes a los que habían acompañado durante el viaje. En el centro de la estancia, donde se encontraba el grupo de adultos, una mesa baja de madera tallada se alzaba sobre una alfombra de lana tejida a mano. Todos estaban reunidos y sentados encima de ella, comiendo y bebiendo animadamente.

—Por cierto, ¿creéis que Gai-sensei se ha enterado de nuestro verdadero propósito? —preguntó Tenten en un susurro mirando de soslayo a su maestro. —Me preocupa un poco que haya podido adivinar algo…

Neji negó con la cabeza ante la pregunta de su compañera de equipo.

—Si lo hubiese sabido, ya habría montado un escándalo. Ten por seguro que nos hubiera dado una charla y un golpe en la cabeza. —dijo Neji cerrando los ojos recordando a sus compañeros el comportamiento típico de su maestro. — Así que no. Él no sabe nada.

El chico de ojos blancos se llevó el vaso de té caliente con azúcar a los labios tras acabar de hablar. En verdad, quería terminar cuanto antes esta misión y regresar a casa, pero, de manera también opuesta, sentía que quería continuar y acallar el torrente de pensamientos que no paraba de perseguirlo después de que Lee fue víctima de aquel Genjutsu. Su mente no había dejado de estar revuelta debido a  todas las cosas extrañas por las que le habían hecho dudar.

De repente, un pequeño y agudo grito hizo salir de sus pensamientos al chico del clan Hyûga.

—¡Papá, ya ha terminado! —exclamó el hijo de uno de los mercaderes con alegría quien salió corriendo de la tienda. —¡Vamos a jugar fuera!

—¡Ah! ¡Pero no salgas de golpe!

Maito Gai se levantó de inmediato y salió de la tienda para ver el panorama del desierto dejando la conversación a medias. Neji y Tenten también se levantaron casi inmediatamente mientras ayudaban a Lee a incorporarse para también salir hasta el exterior de la tienda.

Una luz les cegó al salir. El cielo del País del Viento era de un intenso color azul claro y estaba mucho más potenciado tras el fin de la tormenta. La arena color beige coloreaba las dunas al tiempo que el sol se situaba en lo más alto del firmamento. Debía ser cerca del mediodía. 

—Mirad, allí está. Sunagakure no Sato. —exclamó Maito Gai señalando al oeste.

Neji, Lee y Tenten se giraron sobre sus pasos y, en un instante, la vieron. En el horizonte, Sunagakure se alzaba como un espejismo en medio del desierto implacable. La Aldea Shinobi emergía de las dunas doradas como una fortaleza de piedra y arena, fundiéndose con el paisaje circundante. Los enormes muros de adobe y estuco que se plegablan daban un aspecto como de forma circular sobre la ciudad de imagen arenosa. En los cielos, algunas aves rapaces pululaban a la espera de cazar a su indefensa presa. Sin duda, Suna evocaba una imagen misteriosa.

—Bien. Vamos a ponernos en marcha. —exclamó el maestro y líder del Equipo 03-079.

Tras decir esto. Maito Gai entró nuevamente para recoger sus pertenencias y ayudar a levantar la tienda, dejando sólos a los tres jóvenes Genin. Éstos miraban con una mezcla de interés y asombro la grandiosa construcción, nunca antes vista por ellos.

—Bueno, ahí está. —dijo Neji cruzando sus brazos sobre sí mismo.

—Ya no podemos dar marcha atrás, ¿cierto? —inquirió Tenten rascándose la nuca.

Sin embargo, lejos de decir algo, Rock Lee permaneció en silencio, simplemente observando a su alrededor. Apretó los puños con algo de fuerza al recordar la destrucción de Konoha. Esta vez tenía la oportunidad de que todo fuese diferente y lo iba a aprovechar.

“Esta vez será distinto… ¡Descubriremos que está pasando en Sunagakure y lo detendremos!” pensó el chico de gruesas cejas con determinación.

Los tres chicos de Konoha se miraron un instante entre sí antes de regresar al interior de la tienda de campaña e iniciar los primeros pasos de su operación secreta. En menos de media hora, se encontrarían de frente con las puertas de Sunagakure.

PERFIL NINJA OFICIAL

Número de Registro Ninja: 012573

Apellido: No consta

Nombre: Tenten

Apodo/sobrenombre: No consta

Fecha de nacimiento: 09 de marzo del año 067 de la Era Moderna

Sexo: Mujer

Estatus: Activa

Tipo sanguíneo: B

Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego

Clan/Familia: No reseñable

Equipo: Genin Licenciado del Equipo 03 – 079

Rango Ninja: Genin (año 079 de la Era Moderna)

Categoría Ninja: Asesina

Naturalezas de Chakra: Desconocida

Kekkei Genkai: Inexistente

Ocupación: Desconocida

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INFILTRACIÓN

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