Capítulo 4 – Infiltración

“Ugh, qué fastidioso es todo esto” pensó Tenten encogiéndose sobre sí misma.

El Equipo Gai se encontraba en la Aduana de Inspección Militar de Sunagakure. Ésta era una zona pequeña ligeramente metida dentro del borde de uno de los muros de Suna, con función similar a la pequeña con forma de caseta que había en la entrada de Konoha. Allí, en la Aduana de Suna, había un ninja sentado en una silla con una mesa delante, posiblemente un Chûnin, y otros dos shinobis, de rango desconocido, aunque probablemente Genin, en pie que guardaban el pasadizo.

Tenten miró como el Chûnin de Suna escribía en unos papeles los datos personales y militares de ellos tres, los Genin. En verdad, le incomodaba que la registrasen y cacheasen, pero no quedaba otro remedio. Era la primera vez en las vidas de los jóvenes miembros del Equipo Gai que visitaban Suna y no sabían que tenían que pasar este tedioso trámite. Afortunadamente, Gai-sensei estaba con ellos para pasar el mal trago burocrático. Se habían despedido de la caravana de comerciantes hacía una hora. Éstos entraron por el acceso principal de la Aldea de Suna. Mientras, los ninjas tenían que pasar por un cacheo especial habilitado a su condición. Pero, ¿por qué tenía que durar tanto? La paciencia de la joven chica de recogido en dos moños se estaba agotando y no quería explotar delante de sus compañeros y de su maestro.

—Bien. Hemos comprobado sus datos anteriormente registrados y podemos confirmar que usted es Maito Gai de Konohagakure, ¿cierto? —preguntó el Chûnin con cara de aburrido nuevamente al maestro del Equipo 03-079.

—Ese soy yo. ¡La Sublime Bestia Verde de Konoha, conocida como Konoha no Kedakaki Aoi Mōjū! —alzó la voz en tono apasionado mientras sonreía y hacía su particular pose del “Buen Chico” con el pulgar en alto.

Los ninja de Suna se quedaron mirando al Jônin de Konoha como quien mira a un idiota. Tenten sintió arder su cara ante el bullicioso comportamiento de su maestro, al igual que Neji. Lee miró con una chispa de orgullo a su maestro ante tal muestra de arrojo y de promoción del Poder de la Juventud.

—Eh…muy bien… —balbuceó el ninja de Suna volviendo a sus papeles. —Y… entonces ustedes tres son los soldados ninja con rango Genin que forman parte del Equipo de Graduación del cual él es el capitán, ¿no? Y nunca han estado aquí, ¿verdad?

Neji, Lee y Tenten asintieron a la vez ante esta declaración. El ninja de Suna siguió escribiendo en sus anotaciones las respuestas que ellos daban. La pobre Tenten sentía que a cada segundo que pasaba su paciencia pendía de un hilo cada vez más fino.

—Entonces, ahora que hemos recabado estos datos, ¿cuál es la causa de su visita? —volvió a preguntar el shinobi por cuarta vez desde que comenzaron a hacer el registro.

“¡Ya está! ¡Se acabó!” pensó Tenten a punto de lanzarse a gritar al aburrido ninja cuando Neji llevó un dedo a su propia boca en un intento de que no armase un escándalo. La chica obedeció a duras penas.

—Solicité una misión de rango C hasta aquí por motivos médicos. —dijo Lee apresurado mientras le daba en mano un pergamino con los datos de la misión autorizada por Konoha. —Mi cuerpo se ha visto dañado en una emboscada y no sé qué más puedo hacer para sanar…

El Chûnin de Suna recibió el rollo con una expresión de extrañeza en su cara. Ésta no hacía más que moverse extrañamente a los lados a la vez que desenvolvía el documento.

—¿Una emboscada? Es raro que alguien extranjero venga aquí para buscar ayuda médica por…

De repente, y tras leer algunas de las palabras del pergamino, el shinobi de Suna se quedó callado completamente. Su expresión taciturna se fue convirtiendo en una seria al escudriñar el papel. Con el rostro completamente pálido, procedió a escribir en una hoja oficial con el sello de Suna con una rapidez que ninguno de los miembros del Equipo Gai esperaba.

—Lleva este mensaje a la Oficina Kazekage inmediatamente y di que tiene que llegar con urgencia a manos de la venerable Chiyo-bâsama. —dijo con prontitud a uno de los shinobi vigilantes del pasadizo entregándole la misiva recién escrita. —Informales que acaba de llegar un shinobi de Konoha que fue atacado por accidente por uno de nuestros camaradas.

“Por accidente, ¿eh?” pensó con algo de sorna Neji ante esta declaración. “Así que esa es la versión oficial del ataque de los shinobi de Suna…”

—Lamentamos muchísimo los inconvenientes que le hemos causado. Como aliados, ha sido un error inexcusable. Esperamos que aquí le podamos ofrecer una solución a sus daños, Rock Lee-san. —se disculpó con una profunda reverencia el Chûnin.

Todos los miembros del Equipo Gai se quedaron sorprendidos ante la reacción del ninja de Suna. El trato recibido por los ninjas de la aldea acababa de cambiar totalmente al momento en que supieron quién era Rock Lee.

—N-no, tranquilo. —dijo Lee rascándose la nuca algo avergonzado. —Seguro que sólo fue un error…

Con cierta lentitud, el Chûnin de Suna levantó la cabeza y relajó su expresión volviéndola amigable.

—Gracias por sus palabras, Rock Lee-san. Ahora que hemos tomado cuenta de sus datos y el motivo de su viaje, procederemos a la fase final de la inspección.

“¡Por fin!” pensó Tenten deseando entrar ya en Suna y terminar con todo el aburrido papeleo.

El Chûnin de Suna hizo una señal con la mano a un Genin, quien desapareció dentro del cubículo de vigilancia interior por un par de minutos. Los tres jóvenes Genin de Konoha se miraron extrañados al tiempo que Gai esperaba con paciencia.

—Aquí está, senpai. —dijo el Genin de Suna que apareció con una gran caja de cartón en sus brazos.

—Gracias por traerlos. —dijo cogiendo el ninja burocrático la caja que le pasaba su subordinado. —Ayúdame a entregarlos con cuidado. También explícaselos a cada uno de nuestros invitados.

Tenten frunció el ceño con extrañeza mientras el hombre de Suna dejaba la pesada caja sobre la mesa de registro y comenzaba a sacar una serie de objetos con cables enredados. Un poco desordenada y cutre la organización que tenían para una Aldea Oculta, según la apreciación de Tenten.

—Imagino que usted ya conoce el procedimiento que realizamos. Así que no tiene por qué escucharlo, Gai-san. Puede coger su dispositivo e ir avanzando al interior de la Aldea. —comentó el shinobi de Suna al Jônin de gruesas cejas.

Con una sonrisa tranquila, Maito Gai levantó la mano y negó con la cabeza ante el comentario del centinela.

—No, tranquilo, quiero revisar el procedimiento y ver también que tienen que llevar mis discípulos. —expuso el Jônin con cierta curiosidad.

Tenten hizo un movimiento raro con la cabeza ante las palabras de su maestro. Para la chica, todo esto estaba siendo muy raro. Miró a Lee y a Neji quienes tenían expresiones de confusión similares en su cara. Ninguno de los tres entendía nada de lo que estaba pasando. Tras toser un poco y aclararse la garganta, el Chûnin de Suna procedió a hablar dirigiéndose a los jóvenes Genin.

—Como resultado de su primer ingreso a Sunagakure, es mi deber informarles que deben llevar un dispositivo adecuado a sus habilidades actuales para poder tener un seguimiento y evitar, en detrimento de nuestra Aldea y la suya, accidentes o incidentes de carácter internacional.

Todos quedaron muy sorprendidos al ver que el Genin de Suna les entregaba un objeto con aspecto tecnológico en las manos, especialmente Lee quien frunció el ceño confundido y extrañado.

—¿Es algo que siempre se hace? —preguntó el chico contrariado al sentir sutilmente en su cabeza la mezcla de informaciones producidas por aquel Genjutsu y el choque con la realidad. 

—Sí, es el procedimiento estándar para los shinobis extranjeros aliados. —respondió el Chûnin de Suna mientras su subordinado entregaba los objetos a Neji y a Tenten. —De hecho, cuanto mayor sea su habilidad, más fuerte será el dispositivo que llev…

—¡Pero, ¿se puede saber qué demonios es esto?!

Todas las miradas fueron a parar a Neji quien sostenía con sus manos su dispositivo en forma de gafas. Unas gafas de aspecto hosco, gruesas y bastante poco agraciadas. Llevaban cables exteriores y los cristales eran muy opacos por el grosor. Parecían dos culos de botella.

—Oh, esas son las gafas antiespionaje especiales para ninjas de Categoría Rastreo y Espía con habilidades oculares. Usted es un Hyûga, ¿no? Pues todos los Hyûga que vienen aquí deben llevarlas obligatoriamente. —explicaba el joven Genin de Suna que se le había asignado la tarea de entrega de los artilugios.

Neji no lo podía creer. ¿Cómo era que su madre u otros parientes del clan que hubiesen visitado Suna no le habían dicho nada acerca de esto? Por su mente pasaron muchos pensamientos. Entendía el motivo por el que su madre no había dicho nada, pero, por parte de los demás, Neji determinó que lo más probable era que ningún Hyûga querría admitir, tanto dentro como fuera de la familia, la vergüenza de llevar semejante objeto. Otra opción era que se viera como una especie de ritual de paso gracioso entre los más jóvenes del clan Hyûga, un ritual que obviamente nunca le habían dicho. 

El chico de ojos blancos sintió que todas las miradas se posaron en él. En efecto, Lee y Tenten observaban divertidos a Neji al comprobar que su compañero no estaba para nada convencido de llevar las disparatadas y feas gafas.

—Venga, Neji, póntelas. Seguro que no están tan mal. —comentó Lee poniéndose su dispositivo en la muñeca como quien no quiere la cosa.

—Eso, eso. —sonreía pícaramente Tenten terminando de hacer suyo el correspondiente artefacto. —Seguro que hasta te favorecen.

Neji hizo una mueca profunda de desagrado a sus dos compañeros que resultó cómica. Después de unos instantes de duda, el chico Hyûga se llevó las estrambóticas gafas a la cara. No pasaron más de cinco segundos hasta que Lee y Tenten se rieron con fuerza tras intentar inútilmente aguantarse. Por su parte, Gai-sensei intentaba a duras penas mantener una cara neutral.

—¡Me niego a llevar estas cosas! ¡Tiene que haber otra opción! —exigió Neji indignado quitándose las gafas rápidamente.

Una nueva estallada de carcajadas salía de las bocas de sus dos compañeros de equipo. Era poco habitual ver a Neji tan irritado por una tontería. Se podría decir que era un momento canónico. Tenten se reía tan fuerte de la situación hasta el punto de que se dobló sobre sí misma mientras Lee se agarraba el estómago para tratar de controlarse, agradecido de que la muleta le ayudara a no caer al suelo.

—Lo siento, pero forma parte del Decreto 01-05 de Actuación de Shinobi Extranjeros para la Entrada a Suna. Tiene que llevarlas en todo momento que dure su estancia aquí. —inquirió el Chûnin de Suna con una sonrisa radiante.

Los ojos de Neji se abrieron aún más y miró con incredulidad al centinela de la entrada quien le sonreía. Parecía que no era la primera vez que veía a un Hyûga en esa situación.

—¡¿Hasta dormido?!

—Incluido. —respondió el ninja de Suna al tiempo que recogía los papeles firmados por los miembros del Equipo Gai para llevarlos a archivar. — Las gafas serán activadas al momento de ingresar a la Aldea. Si llegase a tratar de quitárselas o de activar su Byakugan, las gafas comenzaran a emitir un gran pitido y un ANBU se personará de inmediato ante usted.

El chico de ojos blancos sintió un repentino tacto. Tenten se había acercado a él rodeando sus hombros con un brazo. La joven Genin aún notaba como tenía lágrimas de la risa en el rabillo de sus ojos e intentaba secarlas.

—No te preocupes, Neji. No le diremos nada a los demás en Konoha. Tu secreto está a salvo con nosotros. —dijo Tenten tratando de que las frases no resonaran con el tintineo de sus risas.

Neji bufó resignado antes de volver a ponerse las gafas. Entretanto, Lee ya había comenzado a calmarse y sonreía de oreja a oreja a su compañero de ojos blancos quien apartó la vista avergonzado con los carrillos ligeramente tintados.

—Bien. Entonces está todo en orden. Al final del pasadizo, podrán preguntar a un compañero sobre el lugar en el que se hospedarán.—dijo terminando el Chûnin de la entrada al tiempo que hacía un ademán con un brazo hacia el largo pasillo. —Ya sólo me queda desearles una buena estancia en nuestra Aldea: Sunagakure no Sato. Bienvenidos.

—Ugh, al menos podrían haberme dado algo más discreto… —farfulló Neji encogiéndose de hombros.

—Oh, vamos, ¿todavía estás con eso? Supéralo ya, Neji. —respondió una divertida Tenten a las atípicas quejas de su serio compañero.

—Para ti es fácil decirlo… sólo tienes que llevar esos guantes,Tenten.

—Pero no puedo usar mis herramientas con ellos. Repelen cualquier tipo de metal y…

Mientras los cuatro ninjas de Konoha se adentraban por el pasadizo, la Aduana de Inspección Militar de Sunagakure quedó en silencio y las ondulantes y calientes dunas de los desiertos que rodeaban la aldea se arremolinaban gracias al suave viento.

—Jo, otra vez igual. Siempre es lo mismo…

Uzumaki Naruto se llevó una mano a la boca para bostezar sonoramente. Él y su Equipo de Graduación estaban frente al Portón Sur de Konoha esperando a su maestro, Hatake Kakashi, para una misión. Los tres Genin del Equipo 07-080 se estaban impacientando de la típica tardanza de su maestro. Se preguntaban porque éste no podía ser como Maito Gai quien siempre llegaba puntualmente a todas las misiones y mandados.

—¿Y qué ganas quejándote, Naruto? Kakashi-sensei siempre es así. Siempre llega tarde.

—Si ya lo sé, pero esperaba que dejase de hacerlo ahora que llevamos un año como Genin, Sakura-chan. —comentó lastimosamente Naruto.

La chica mencionada negó con la cabeza mientras resoplaba con resignación. En verdad, ella también quería creer que Kakashi mostraba ese hábito como una prueba de paciencia para con ellos. No obstante, cada vez estaba más segura de que era un defecto del Jônin. Un gran defecto. Uchiha Sasuke, por su parte, permanecía en silencio. El callado chico sabía que de nada servía quejarse o comentar sobre el tema de la puntualidad. Al fin y al cabo, conocía bastante bien a su mentor.

Repentinamente, se escuchó un sonido rápido seguido de unas lentas y calmas pisadas. Los tres Genin miraron en dirección a éstas y vieron a su maestro Kakashi encaminarse hacia donde se encontraban ellos.

—Hola, chicos. Buenos días. —comentó el Jônin con gran tranquilidad en su voz y un jocoso tono de apuro. — Perdón por el retraso. Me perdí por el sendero de la vida y…

—¡¿QUEEEÉ?!

Sasuke miró de refilón la situación en la que dos chillones Naruto y Sakura mostraban una actitud molesta y quejosa contra Kakashi. Si bien el chico Uchiha estaba fastidiado por la actitud despreocupada de su maestro, pensó que era mejor no intervenir. Al fin y al cabo, Naruto y Sakura ya se estaban ocupando de ello.

—Ja, ja, ja. En serio, perdonad. Estaba terminando de recibir los datos finales en la Mesa de Asignación de Misiones. No todos los días un Equipo de Graduación de sólo un año recibe el encargo de una misión de rango A. —dijo Kakashi rascándose la nuca con jovialidad en el tono de su voz tratando de calmar a sus alumnos.

Era cierto. Era extraño que un Equipo de Graduación de sólo un año de antigüedad recibiese un encargó de rango A y mucho más relativo a la protección directa de una autoridad tan importante como Sandaime Hokage. Los tres Genin ya habían hablado anteriormente entre ellos sobre la rareza de este asunto, pero lo achacaron a cuestiones de naturaleza técnica y de recursos personales y materiales provocadas por la repentina aparición de los ninjas renegados procedentes de Suna .

—En fin. Como se estipula antes de salir de la Aldea, voy a leer los parámetros y características oficiales de la misión. —dijo Kakashi mientras sacaba una hoja oficial con el sello de Konoha.

Sasuke, Sakura y Naruto se quedaron en silencio escuchando con gran atención a Kakashi quien ajustaba la vista rápidamente hacia la misiva. 

—La misión encargada al Equipo 07-080 por Konohagakure no Sato está recabada dentro del Ordenamiento para Misiones de Rango A. El objetivo es servir como equipo de avanzadilla hacia Furuya no Kyô, la antigua capital del País de los Ríos, oteando y escudriñando el terreno. Todo esto se prepara como consecuencia de la Reunión entre Sandaime Hokage-sama y Kazekage en un par de días. — Kakashi paró de leer para coger aire mientras guardaba el papel en su bolsa. —Puede haber ninjas que estén en las cercanías del camino del trayecto. Podrían sólo dedicarse a observar para recabar información, pero también podrían hacer algo que no queremos que hagan…

—Entonces, ahí es dónde tenemos que actuar, ¿no? —preguntó Sasuke levantando una ceja. —Tendremos que pelear y capturar a quienes nos ataquen.

Naruto y Sakura afirmaron con la cabeza aceptando las palabras del Uchiha. La expresión del rostro de Kakashi se relajó un poco al ver que sus alumnos comprendían perfectamente la naturaleza de su trabajo.

—Exacto. Nosotros tenemos un papel de seguridad importante. Bien es cierto que Hokage irá debidamente protegido con su propio destacamento. No obstante, es preciso que sirvamos de avanzadilla para informar o servir de apoyo a dicho escuadrón para la defensa o un posible ataque. Conviene que estemos atentos durante toda la misión. —inquirió Kakashi informando de los pormenores, especialmente dirigiéndose a Naruto.

—¡Bien! ¡Entonces, ¿a qué estamos esperando?! ¡Nos vamos! —dijo Naruto gritando sin darse demasiado por aludido.

El chico de cabello rubio levantó el puño hacia el cielo entusiasmado al mismo tiempo que caminaba por el sendero a la salida de Konoha por el Portón Sur. Por fin había llegado el día de tener una misión de rango A. Desde que se había graduado como Genin, Naruto no había parado de quejarse de que le diesen misiones de rango D, ocasionalmente C e imposiblemente B. Pensaba que habiendo recibido una misión de rango A podría estar más cerca de poder alcanzar su sueño como Hokage, al igual que su padre.

“Me emociono aún más al pensar que voy a proteger al Viejo Hokage, je, je, je…” una pequeña sonrisa salió por los labios del joven chico de ojos azules. “Además, Sakura-chan me va a ver en acción y va a ver mi despliegue de técnicas, je, je, je…”

—Tranquilo, Naruto. Son un par de días aproximadamente para llegar allí. Tenemos tiempo suficiente. —dijo Kakashi caminando suavemente tratando de calmar a su hiperactivo alumno.

El resto del Equipo 07-080, también llamado Equipo Kakashi, comenzó su marcha saliendo por el Portón del Sur tras despedirse de Hagane Kotetsu y Kamizuki Izumo en la Aduana. Kakashi andaba con su típica actitud llena de parsimonia detrás de sus alumnos mientras éstos charlaban animadamente de varios temas como la parada de los Exámenes Chûnin y la Reunión Konoha-Suna. No obstante, y sin previo aviso, al alcanzar a mirar el bosque, el Jônin de cabellos plateados sintió algo extraño en los alrededores del muro exterior de Konoha. 

Kakashi revisó bien sus alrededores con su único ojo visible. Se puso en estado de alerta. El hombre recordó que, durante los primeros enfrentamientos de los Exámenes Chûnin, Sandaime había informado a todos los Jônin y Chûnin en reunión confidencial de un terrible encontronazo: Mitarashi Anko había sido atacada por el mismísimo traidor de Konoha Orochimaru dentro de la aldea. Se había decretado extremar la vigilancia en los puntos más vulnerables de la villa y de aquellos en los que Orochimaru había estado interactuando durante su vivencia en Konoha. Se desconocía exactamente que quería hacer el atroz individuo y eso lo hacía aún más peligroso. Kakashi también recordó el momento en que vio a Anko informarles de lo que había sucedido, cómo la pobre mujer estaba muy afectada por ese reencuentro, pues el maldito Sannin había sido el causante de muchos de los problemas psicológicos que ella cargaba en la actualidad.

 Era un hecho innegable: cualquier persona que tuviese contacto o relación con Orochimaru, acabaría indudablemente dañado. Es por ello que Kakashi apretó la mandíbula sin querer, percibiendo como su frustración crecía.

Sin embargo, el Jônin de cabellos plateados no le pareció percibir nada extraño fuera de lo habitual. En ocasiones, había ninjas de otras aldeas apostados en los exteriores de la muralla para comprobar los movimientos de Konoha e informar a sus respectivas aldeas. Esto era algo que se sabía y se daba por hecho que se realizaba como una tarea de información y espionaje básico por parte de los aliados y enemigos. De hecho, el Equipo de Barrera de Konoha y los milicianos apostados sobre las murallas estaban al tanto de esto desde siempre. No obstante, en esta ocasión, Kakashi si que captó que había muchos más ninjas observadores de lo habitual.

Un grito repentino sacó de su análisis interno al Jônin de cabello grisáceo.

—¡Vamos, Kakashi-sensei¡ ¡No te quedes atrás! —exclamó Naruto levantando repetidas veces sus brazos para arengar a su maestro.

Kakashi parpadeó un par de veces y resopló ante la actitud jovial de su alumno, destensando su mandíbula y relajándose. A veces envidiaba la actitud despreocupada de Naruto. El Jônin simplemente avanzó más rápido para alcanzar a sus Genin.

—Voy, voy… —dijo con pereza fingida mientras continuaba observando a su alrededor intentando que no se notaran sus acciones observadoras.

Kakashi no percibió ninguna hostilidad aparente por parte de esos ninjas apostados y eso hizo que su instinto shinobi se calmase. El Jônin ya tenía bastantes cosas en las que estar pendiente. No sólo a la misión que se les había encomendado, sino a la problemática que tenía sobre su alumno Uchiha Sasuke también relacionada por el Sannin serpentino. Y es que su alumno había sufrido la imposición de un Sello de Maldición y un intento de asesinato por parte Yakushi Kabuto, Genin de Konoha ahora desaparecido, mientras estaba en la UMN para recuperarse del mismo. Por otro lado, el propio Kakashi también había tenido que enfrentar a Orochimaru después de contener el Sello de la Maldición. Todo ello después de que Anko hubiese intentado parar los pies al que fue una vez su maestro querido, inventor de aquellas maléficas marcas. Parecía que las desgracias no venían solas.

Por ese motivo, y tras analizar adecuadamente la información, tanto Hokage como los conocedores del caso, llegaron a la conclusión de que Orochimaru estaba detrás del Uchiha para algún objetivo personal en su búsqueda insaciable de poder. Posiblemente debido a su Kekkei Genkai, el Sharingan, o quería la propia sangre que corría por sus venas.

Así pues, Kakashi dejó de prestar atención a los muros de Konoha y se decidió a estar más pendiente de la misión y de sus Genin, especialmente a Sasuke. El Jônin miró por encima de su hombro los muros una última vez y siguió adelante. En verdad no tenía por qué preocuparse demasiado. Había encargados que vigilaban los muros y las puertas de Konoha. Estarían bien.

“Ok. Aquí parece un buen sitio para empezar a recopilar información.”

Maito Gai se había despedido de sus alumnos justo después de que les asignaran una habitación tras el paso por Aduanas. Eran las dos de la tarde.

“Me pregunto cómo estarán las especialidades de Suna desde la última vez que estuve aquí…” pensó Gai al recordar que fue a una misión con Kakashi a Suna la última vez.

El Jônin había entrado en uno de los bares locales más famosos y antiguos de Sunagakure. Se trataba de un edificio que estaba construido en adobe y estuco, al igual que los muros de la ciudad. Por dentro se veía como un sitio habitable. Cada rincón de «La Duna de Oro» estaba decorado con muchos objetos y elementos locales típicos de la cultura de Suna y del País del Viento: desde un viejo tambor hecho con pieles de bueyes arrinconado en una esquina hasta flores secas del desierto en jarrones de arcilla. Tenía mesas y sillas para los clientes. Había una barra de madera con cicatrices a la que acompañaban taburetes altos para quienes venían solos. Allí fue donde Gai se sentó.

—Disculpe, tráigame un poco de sake y un aperitivo, por favor. —pidió Gai al mesero levantando su mano.

El Jônin de Konoha estaba decidido a cumplir la misión que le había asignado Sandaime Hokage en el menor tiempo posible. En cuatro días se iba a realizar la reunión entre el líder de Konoha y el Kazekage de Suna en Furuya no Kyô en el País de los Ríos. Quería disponer de la mayor cantidad de información posible para que el Hokage Hiruzen pudiera negociar con ella.

Mientras esperaba, Maito Gai hacía un repaso de todo lo que había sucedido la última semana. Y es que el Jônin de cabellos negros y gruesas cejas estaba molesto. ¿Qué molesto? ¡Estaba furioso! Normalmente no dejaba que sus emociones personales se entrometiesen en la labor de la misión, pero esta vez todo era diferente. 

Su discípulo Rock Lee había sufrido daños muy graves, y no sólo él. Neji y Tenten también habían salido perjudicados en la emboscada que les hicieron los hijos del Kazekage y el líder de estos. Esto no se suponía que tendría que haber pasado y mucho menos a sus queridos discípulos que tanto habían trabajado y tanto se habían esforzado desde que se volvieron Genin hacía dos años.

Sólo evocar la batalla en la que se vieron inmersos hacía que se pusiese de peor humor. Recordó que les atacaron en pleno salto entre árboles. Les separaron a los cuatro con el objetivo de tener batallas individuales, para debilitarlos y acabar con ellos. Él se tuvo que enfrentar con el Jônin a cargo del escuadrón de los hermanos. En un principio, parecía que aquel shinobi de Suna iba ganando, pero eso sólo fue así hasta que Gai puso en marcha su técnicas de Taijutsu más avanzadas, su fuerza y su velocidad. Le dio una paliza brutal dejándole prácticamente parapléjico. 

Antes de ir a ayudar a sus alumnos, y aunque dejó al shinobi de Suna con vida para llevárselo y que la Fuerza de Interrogatorios y Torturas de Konoha hiciese su trabajo con él, fue testigo de cómo el Jônin de Suna se inmoló con papeles bomba pegados en su cuerpo. Estaba claro que aquel individuo no quería que Konoha supiese algo que sabía, que conocía, pero ¿el qué? Eso era lo que Gai tenía que tratar de averiguar e informar durante su estancia.

—Aquí tiene, señor. Disfrute.

Un pequeño frasco lleno de sake caliente, un vasito y un plato con un poco de berenjena asada con miso y semillas de sésamo se encontraron frente a él.

“Pero ahora tienes que tratar de tranquilizarte, Gai. Debes concentrarte en hacer lo que mejor sabes hacer. ¡Ese es uno de los pilares del Poder de la Juventud!” sentenció pasionalmente el Jônin de Konoha llevándose el pequeño vaso repleto de sake a sus labios.

Maito Gai dirigió su mirada a su muñeca, la cual portaba el dispositivo de seguridad que le habían dado: un brazalete localizador. Suna no se podía permitir tener muchos instrumentos tecnológicos avanzados con esta finalidad, pero sabía que como él era Jônin les convenía tenerlo bien vigilado. Gai se llevó un nuevo trago de sake a la boca. Era el momento de comenzar su investigación. Observó momentáneamente a su alrededor y vio que el establecimiento estaba lleno de clientes y, sobre todo, personas que pertenecían al Sistema de Jerarquía Shinobi de Suna. Justo lo que él buscaba.

“Tengo que estar atento.” pensó mientras cerraba los ojos y trataba de concentrarse para escuchar bien cada conversación y localizar algo interesante. “Sólo deja que las conversaciones fluyan, como si fueras partícipe en ellas…”

Tras un rato de concentración absoluta, dejó de escuchar el ruido ambiental y, entre el murmullo, comenzó a identificar las conversaciones de las personas que allí se encontraban. Gai sonrió para sus adentros, el truco que le enseñó  Murakumo-san hacía muchos años atrás aún seguía funcionando. Para su sorpresa, algo captó su atención.

—… y entonces dijo que se marchaban para prepararse… estando cerca de Konoha…

“Interesante…”

Gai se llevó un trozo de berenjena a la boca y bebió otra copita de sake. Poco a poco se sentiría embriagado, pero no importaba. Actuar como un payaso borracho en esta misión era válido y necesario. Al fin y al cabo, le sería más fácil engañar a quien no sospechara de él.

Rock Lee miraba la pared de aspecto arenoso que estaba frente a él mientras un escalofrío pasó por toda su espalda. Estaba vestido sólo con un bata verde hospitalaria y su ropa interior esperando en la consulta. Había dejado la habitación en la que se hospedaban junto con Neji, quien le acompañó hasta el Hospital de Suna. Eran alrededor de las tres menos cuarto de la tarde.

Por la mente de Lee, pasó la imagen de su maestro Gai. El Jônin se había excusado de no poder acompañarle a la revisión inicial, puesto que había sido convocado por un shinobi de alto rango con el que había trabajado en conjunto en otra misión. No podía faltar a su encuentro. Aunque a Lee le entristeció momentáneamente, también consideró la importancia de saludar a otros compañeros shinobi, más si apenas se habían visto desde hacía tiempo, como en el caso de su maestro.

—Espero que el médico que te revise no tarde mucho. Supongo que sabrá que no conviene que estés inmóvil por mucho tiempo. —advirtió Neji con los brazos cruzados mirando con algo de curiosidad las vitrinas acristaladas del consultorio.

Neji se pasó los dedos ligeramente por la cara con una expresión de contradicción al ver su reflejo en el cristal. Las dichosas gafas raras que le habían dado en Aduanas le molestaban en las orejas. ¡Se veía ridículo! El chico de ojos blancos evocó el momento en el que sus compañeros de equipo se carcajearon agusto y a expensas de él. No pensó que Lee y Tenten se llegasen a reir tanto por algo así pero, aunque en un principio se sintió molesto, al recordarlo también le pareció gracioso. No obstante, no lo admitiría delante de ellos. 

Un sonido nasal proveniente de Lee sacó de sus pensamientos al joven Hyûga.

—Aunque me revise, yo ya sé cuál es la respuesta… —dijo Lee con los ojos entrecerrados al mismo tiempo que Neji le dirigió una mirada suave.

Unos momentos después, la puerta del consultorio fue abierta por una mujer mayor de ojos negros y cabello gris atado en un moño. Vestía el traje tradicional de estilo poncho de Sunagakure y tenía unos andares puramente dignos.

“La honorable Chiyo-bâsama…”

Por un instante, con un ligero pinchazo, Lee sintió como su mente le llevaba a los momentos en los que vio a la mujer de Suna en los recuerdos del Genjutsu: cómo conoció al Equipo Kakashi, su lucha junto a Sakura, su posterior sacrificio y muerte en beneficio de su Aldea para resucitar a Sabaku no Gaara. Pero ella estaba ahí. No muerta, sino más viva que nunca, delante mismo de él. Eso hizo que Lee se sintiese turbado, tratando a duras penas de mantener el tipo.

Chiyo saludó a los dos jóvenes Genin y fue a revisar el portafolio con los datos médicos de Rock Lee.

—Veo que en el informe de Konoha han redactado que tienes un daño físico bastante grande producto de haber utilizado un Kinjutsu. —dijo la mujer de manera directa. —Hachimon Tônko es desde luego una técnica prohibida por algo, chico.

Lee hizo una mueca casi imperceptible de molestia con el labio superior. ¿Acaso la mujer le estaba echando la culpa por haber usado esa técnica para defenderse de Sabaku no Gaara?

—En fin, bájate la parte superior del camisón para que te revise. —ordenó la anciana con presteza.

Lee obedeció a la orden y se fue desvistiendo de cuerpo para arriba. Las frías manos de la anciana Chiyo se posaron en la espalda del chico, haciéndole dar un ligero respingo, mientras escaneaba para identificar los daños que sufría. Por otro lado, Neji sí se había dado cuenta de que a Lee le había molestado el comentario de la mujer, pero prefirió fingir que no pasaba nada. El chico de ojos blancos se preguntaba cómo lo estaría llevando Tenten. Le preocupaba la seguridad de su compañera de equipo y que pusiese en práctica sus habilidades de espionaje. Las que jamás había utilizado hasta ahora la chica.  

Recordó cómo habían sido los momentos antes de separarse de ella y en qué habían quedado para tratar de obtener un buen resultado en esta misión de infiltración secreta.

—Entonces, os encargo a vosotros dos a Lee ¿de acuerdo, Neji, Tenten? —mencionó Gai-sensei abriendo la puerta para salir de la habitación que compartían.

Los mencionados asintieron con la cabeza mientras veían a su maestro cerrar la puerta tras de sí.

—Eh, no me creo que Gai-sensei se haya marchado por su cuenta y no quiera estar presente en la consulta con Lee. —dijo Tenten con queja cruzando los brazos sobre su cuerpo.

—Mejor así, Tenten. Tendremos menos dificultades para llevar a cabo nuestro plan. —respondió Neji a la protesta de su compañera al tiempo que dejaba de mirar la puerta por la que había salido su maestro.

—Ya, pero es raro viniendo de él…

Lee escuchaba esta conversación entre sus dos compañeros de equipo con atención. No podía negar que era extraño que su maestro se hubiera excusado diciendo que necesitaba ver a un antiguo ninja de Suna aliado al que había ayudado en otra misión. Lo normal en él es que hubiese dejado todo para acompañarle. Sin embargo, Neji también estaba en lo cierto. Pese a lo mucho que apreciaba a Gai-sensei, a quien consideraba como un segundo padre, lo cierto es que en esta situación era mejor mantenerle al margen de todo. Lo que más importaba ahora era concentrarse en la misión secreta que habían acordado realizar entre los tres. Sin embargo, en las mentes del Equipo Gai aún daban vuelta ciertas cosas que no estaban saliendo tal y cómo habían planeado.

—Pero Neji, ahora tenemos un problema que no previmos al concretar el plan de espionaje durante el viaje. —dijo Tenten señalando los guantes que portaba en las manos. —No teníamos ni idea de que íbamos a tener que llevar un dispositivo especial cada uno aquí.

Tenten estaba en lo cierto. No sabían que era un requisito obligatorio. Como nunca habían viajado hasta otra Aldea Shinobi hasta ahora, desconocían las imposiciones y concreciones a nivel regulatorio internacional. Y es que, en realidad, en cada Aldea Shinobi, las instrucciones y los comportamientos que recibían los ninjas extranjeros eran diferentes y cambiaban con el tiempo. De una aldea ninja no aliada que precisase colaboración puntual se podía esperar muchas precauciones, pero nunca llegaron a planificar que esto pudiese pasar con una aldea vinculada y tan cercana como Sunagakure. 

—Entonces sólo tenemos que modificar ligeramente nuestro plan. —dijo Neji con convicción en sus palabras. —Sólo tenemos una oportunidad y no podemos perderla. No después de todo el viaje que hemos realizado hasta aquí. 

Además de las gafas antirastreo y antiespionaje que llevaba Neji, Tenten portaba unos guantes magnéticos repelentes, especiales para ninjas de categoría Asesina y para ninjas expertos en armas, que rechazarían cualquier herramienta metálica que la chica intentara manipular con sus manos. Además, contaba también con un sensor que se activaría y avisaría a los ANBU de Suna en caso de que tratase de quitárselos, al igual que el dispositivo de Neji. Por su parte, Lee portaba una pulsera de seguimiento igual que la de su maestro Gai, ya que tuvieron en cuenta que en su condición actual ninja en estado inactivo por dolencias físicas no suponía una amenaza para Suna. Él y su maestro eran los dos únicos que estaban siendo monitoreados constantemente.

—Entonces, ¿has pensado en algo, Neji? —preguntó Tenten levantando las cejas.

Contrariamente a lo que se pensó, el chico Hyûga se quedó totalmente en silencio. Sin Lee con sus habilidades de Ninja Rescatador y sin su propia posibilidad para poder utilizar el Byakugan, en estos momentos las probabilidades de conseguir información secreta y confidencial eran muy bajas.

—No queda otro remedio pues. Lo haré yo. —dijo Tenten con un soplido proveniente de sus labios.

Neji y Lee dirigieron sus cabezas repentinamente hacia la chica de dos moños que estaba comenzando a preparar algo con la ropa de las camas de la habitación.

—Pero, ¿qué estás diciendo, Tenten? —dijo Neji con cierta alteración dirigiéndose hacia la aludida que estaba de espaldas a ellos. —¿Cómo vas a hacer eso tú? Jamás has realizado ningún tipo de rastreo ni de espionaje en las misiones que se te han asignado. Tus habilidades en esos campos son muy bajas.

Tenten se volvió hacia Neji con una expresión muy seria. El chico de ojos blancos quedó impactado por la severidad de sus formas, normalmente distendidas. Por su parte, Lee, quien había permanecido callado durante la interacción, contuvo la respiración con miedo. Él lo sabía. Conocía suficientemente bien el carácter de Tenten para temerla cuando su jovial y relajada actitud cambiaba a un rostro grave. Lee sabía que cuando Tenten ponía “la cara” era un signo temible. Neji no tendría oportunidad.

—¡¿Y por qué crees que no las he desarrollado, eh?! —declaró Tenten desafiante tras las palabras de Neji. —En la mayoría, por no decir todas las misiones que he hecho, el trabajo de rastreo o espionaje ha caído en ti o en otro ninja especializado. ¡Hasta Lee ha podido hacerlo en alguna ocasión porque se encuentra dentro de las categorías cercanas a la suya!

—Ya, pero… —repuso Neji tratando de rebatir a su compañera, pero no pudo.

—Y ahora estamos en una situación en la que todos los que podrían hacerlo no pueden. —sentenció la chica volviéndose a la ropa de cama. —No hay tiempo para pensar, no hay tiempo para reflexionar. Tú mismo lo has dicho, Neji: sólo tenemos una oportunidad para recabar información.

El chico Hyûga quedó completamente callado mientras miraba la espalda de la chica tratando de buscar unas palabras que nunca llegaron. De alguna manera, la lengua de Neji se había quedado atorada en su boca ante los argumentos de la chica. Por su parte, Tenten paró de hacer lo que estaba haciendo con las sábanas para volver a mirarle puntiagudamente.

—Y si algo malo está pasando de verdad con esta Aldea y afecta a Konoha, ¡no nos lo vamos a perdonar jamás! —dijo la chica alzando la voz con severidad en sus palabras al momento de mirarle a los ojos nuevamente.

La tensión parecía cortarse con un cuchillo. Lee miraba preocupado a sus dos compañeros. Nunca antes había visto una discusión de este nivel entre Neji y Tenten. Mucho menos que el chico de ojos blancos permaneciera callado ante las palabras de su compañera. Le preocupaba que comenzasen a discutir aún más fuerte de lo que estaba sucediendo. Eso podría llegar a traer sospechas si alguien les escuchaba desde el pasillo. Contra el propio pronóstico de Lee, y tras unos instantes donde se miraron a los ojos con gran intensidad, Neji relajó la mandíbula y habló.

—De acuerdo. Tienes razón, Tenten. Tenemos que actuar. —comentó Neji tratando de aliviar un poco la tensión al ceder. —¿Has pensado en cómo lo harías?

La expresión de la cara de Tenten también se relajó al escuchar positivamente a Neji. Agarró la ropa de cama que había cogido anteriormente y se la mostró a sus dos compañeros de equipo.

—Voy a camuflarme como una habitante de Suna. —dijo Tenten mientras cogía unas tijeras y vio cómo se le escapaban de las manos por la fuerza de los guantes. —Ugh, en fin… Como decía, puesto que vengo de una familia de civiles, no me será muy difícil disimular entre la población local.

—Eso… podría funcionar bastante bien. ¿No crees, Neji? –comentó Lee con una sonrisa dubitativa a un Neji que mostraba una mueca llena de seriedad.

—Trataré de deslizarme hasta las dependencias administrativas de los medios y altos rangos shinobi de Suna. —concretizó Tenten tratando de usar sólo sus manos para hacer retoques a la sábana de su cama. —No creo que llegue tan lejos como para poder acercarme a la Oficina del Kazekage, pero podría intentarlo.

Neji se quedó pensando en todo lo que su compañera había dicho. No le gustaba nada. No le gustaba la idea de que fuese sola. Tenten no tenía las habilidades ni la destreza necesaria para espiar. Ella misma había admitido su falta de conocimientos y de práctica para ello. Ella era una Asesina, no una Rastreadora o una Espía. Si la pillaban no podría usar sus armas y defenderse debido a los guantes que la obligaban a llevar. Si no podía defenderse, estaría completamente desprotegida. Si ella…

—Neji…

La pronunciación de su nombre por parte de Tenten sacó al joven Hyûga del bucle de pensamientos intrusivos en el que había entrado. Allí la vio. Su rostro se había relajado y le miraba con una curiosa mezcla de súplica y tranquilidad.

—Neji, escucha, estaré bien. —aseguró con suavidad la chica con una sonrisa en su rostro mientras se soltaba los moños del pelo. —A la mínima sospecha de que me han descubierto, me retiraré. Esa es la regla número 1 de los shinobi espía, ¿no?

Tenten le guiñó el ojo con cierta picardía mientras se sacudía el cabello para dejarlo más suelto. Sus bucles color chocolate hicieron que los ojos de Neji se dirigieran hasta los hombros de la especialista en armas. El chico de ojos blancos soltó aire por la nariz como si quisiera evitar reirse de las palabras de su compañera y de su gesto.

—Esa es la regla número 2, Tenten. La primera es que jamás te descubran. —comentó el chico de ojos blancos con suavidad.

—Esos son detalles extra. —inquirió con diversión en su voz Tenten. —Ahora, ayudadme los dos a terminar con el traje, que no puedo sujetar estas malditas tijeras.

Lee miró como la tensión se había relajado totalmente entre sus dos compañeros. Parecía que volvían a ser los mismos de siempre. Sopló tranquilo liberando el aire que había aguantado en sus pulmones. Al cabo de un rato, y con un poco de ayuda entre todos, Tenten se había terminado de poner el disfraz improvisado que se asemejaba a una auténtica túnica tradicional de Sunagakure y se disponía a salir por la puerta intentando no ser vista por ningún ninja de Suna.

—Recuerda, no llames la atención, y si descubres algo raro no te muevas con ímpetu y…

—Sí, sí, ya lo hemos repasado ocho veces, Lee. —dijo Tenten moviendo la mano queriendo quitarle importancia para que su compañero se tranquilizase. —Recordad también vuestra parte de la misión. Tenéis que concentraros en conseguir algo de información en el consultorio de alguna manera, como quedamos.

—Así lo haremos, Tenten. —dijo Lee haciendo un gesto de saludo militar para despedirla.

La chica de cabellos chocolate asintió con la cabeza mientras giraba el viejo pomo de la puerta para abandonar la habitación, pero la llamada de su nombre la interrumpió.

—Tenten…

La mencionada se giró levemente para ver de nuevo a Neji que la llamaba. Tenten vio que el rostro de Neji mostraba aún un atisbo de preocupación mientras tenía la mirada fija en un punto indeterminado del suelo de la habitación. La chica sabía que Neji no estaba completamente de acuerdo con este plan, pero tenía que asumir que no quedaba otra opción.

—¿Sí, Neji? —preguntó Tenten con cierta curiosidad tratando de buscar los ojos de su compañero de equipo.

Tras un pequeño instante que a la chica le parecieron horas, Neji alzó la meditativa mirada y se encontró con sus ojos.

—Sólo… ten cuidado, ¿de acuerdo?

Aunque Neji no lo vio, y tras escuchar esas palabras, Tenten sonrió cálidamente tras el turbante que llevaba en la cabeza y le tapaba la boca.

—Lo tendré. Nos vemos aquí después. —dijo la chica despidiéndose de ellos una vez más.

Los dos chicos del Equipo Gai terminaron de ver como la puerta se cerró dejándolos completamente solos en la habitación. 

—Será mejor que nos preparemos para ir al consultorio que nos han asignado en el Hospital, Neji. —dijo Lee sacando a su compañero de sus pensamientos.

Tras dejar de mirar la puerta de la habitación, el chico Hyûga afirmó con la cabeza mientras se disponían a realizar los breves preparativos para la cita médica de Lee.

Ahora mismo, Neji miraba el reloj de pared que se encontraba en el consultorio. Marcaba las tres de la tarde. Llevaba calculando cada uno de los minutos desde que Tenten se había separado de ellos. En ese momento, hacía media hora que su compañera se había marchado a realizar sus labores de espionaje. 

—El daño que te ha producido Hachimon Tônko fue amplio. —comenzó a hablar la anciana Chiyo dejando de palpar la espalda de Lee tras la exploración médica. —Los desgarros de tus músculos casi han sanado tras diez días de haber usado la técnica. Los médicos de Konoha han hecho un buen trabajo y tú tienes una muy buena capacidad de cicatrización y de recuperación general.

Lee escuchaba cada una de las palabras de la mujer. Aunque eran directas y con poca mesura, era sincera y sentía que Chiyô de alguna manera quería ayudarlo. No la consideró una mala persona, sólo parecía tener una personalidad seca y testaruda.

—No obstante, me preocupa más el daño que hayas podido tener en zonas más internas del cuerpo, o incluso a nivel celular. En verdad, no puedo estimar que tan grande o profundo puede ser. Si se tratase de venenos, no tendría problema en dar una solución para ti de inmediato…

Aunque ya sabía lo que Chiyo le iba a responder, le seguía doliendo. Lee sabía que, de momento, no había posibilidad de cura para él, que la única conocida que podía darle una cura a la gravedad de sus heridas era Tsunade-sama, la Princesa Babosa de Konoha, conocida como Konoha no Namekuji Tsunade-hime. Pero la famosa Tsunade no se personaría en Konoha si no moría Sandaime Hokage para ocupar el cargo. Eso era algo que Lee daba por hecho después de haberlo visto en la ilusión, y por varios motivos, era algo que el chico de cabello negro estaba dispuesto a sacrificar: su salud en pos de que sobreviviese el Hokage. La vida de Sarutobi Hiruzen valía más que su propia vida en el terreno shinobi y, si Sandaime hubiese seguido vivo en su ilusión, muy seguramente hubiese acabado dando con un plan para terminar definitivamente con Orochimaru y otras amenazas para Konoha que ya conocía gracias a aquel Genjutsu. 

Lee suspiró ante esta idea con orgullo, pero también con un deje de tristeza. Ya descubriría otra manera de lograr volver a ser ninja en activo. O, al menos, eso pensaba y esperaba.

—Lo siento, chico. —dijo la anciana mujer después de dar a Lee la instrucción de volverse a vestir con el camisón.

—No se preocupe. Siento haberla hecho trabajar para nada… —dijo el chico de cabello negro colocándose las ropas despacio.

—Sin embargo, voy a sugerir que te quedes tres días más en Suna para poder hacerte un tratamiento terapéutico personalizado para aliviar tus dolores y mejorar tu movilidad. —dijo Chiyô escribiendo en una hoja del portafolio con el expediente de Lee. —Lo notificaré a Aduanas para actualizar el visado de vuestra visita.

Neji había estado observando las interacciones de los dos en silencio. Desde que Tenten se había separado, el chico de ojos blancos se sentía inquieto por no poder recopilar información o alguna pista que les llevase a descubrir los problemas que estaba habiendo en Konoha con los supuestos ninjas renegados provenientes de Suna. Estaba fastidiado y no iba a permitirse fallar contra Tenten, la cual era una primeriza en materia de espionaje. Lo consideraba casi una competencia. Tras un rato donde su mente dio muchas vueltas, a Neji se le ocurrió una idea que poner en práctica.

—Hay algo que le quisiera preguntar, Chiyo-bâsama.

—¿Qué ocurre? —La anciana mujer se giró hacia el chico de ojos blancos con curiosidad.

—En caso de un… conflicto inminente, ¿cuál sería la condición de Lee para el combate? —preguntó Neji con seriedad absoluta.

La mujer se giró sobre sí misma con una expresión que cambió de la calma a la gravedad muy lentamente. En ese momento, Rock Lee no pudo fingir. Sus ojos se abrieron desmesuradamente al escuchar la pregunta de su compañero. Agradeció que la anciana no le estuviera mirando a la cara y, por otro lado, le impresionó como Neji mantenía su expresión como si nada.

—¿Y qué clase de conflicto te estás imaginando para que él pudiese combatir? — respondió la mujer frunciendo el ceño con cada palabra que pronunciaba.

De repente, pareció que el aire de la habitación se había vuelto tenso. El joven Hyûga y la anciana mujer de Suna se miraron unos rápidos instantes en silencio, escudriñando la mirada del otro.

—Me refiero a una situación como regresar a Konoha tras nuestra estancia aquí y ser emboscados por el enemigo. Como imagino estará informada, nuestra aldea está siendo víctima de varios grupos de ninjas renegados. ¿Estaría Lee al menos preparado para defenderse en caso de que suceda un nuevo… accidente

Lee movía la cabeza despacio tratando de comunicarse con Neji para que parara. El chico de cabellos negros comenzó a sentir que entraba en pánico por la situación que estaba creando su compañero de equipo.

“¿Qué pretendes, Neji? ¿Acaso buscas un pleito con una de las personas más importantes de Suna?” pensó Rock Lee mirando con inquietud a su compañero de equipo.

Chiyô dejó salir aire por la nariz muy rápidamente. Se imaginó que el chico de los ojos blancos estaba tratando de provocarla por el incidente de Gaara. La anciana tenía la idea preconcebida, y debido a su experiencia vital, que todos los miembros del clan Hyûga de Konoha eran fríos y con una mente bastante estructurada, pero estaba claro que éste era aún un niño que se dejaba llevar por las emociones. No podía culparlo. Al fin y al cabo, era compañero de Rock Lee, el chico herido.

—No recomiendo para nada que Rock Lee haga ningún tipo de movimiento o ataque ninja. No al menos durante los tres días que esté aquí. —sentenció la mujer fírmemente tratando de no mencionar a Gaara en el asunto. —Una vez que regreséis a Konoha, tendrá que realizar el seguimiento que le hayan dado allí los médicos de Konoha. No creo que sea incompatible con la terapia que le daremos aquí.

Mientras escuchaba con los ojos cerrados a las indicaciones de la anciana mujer de Suna, Neji afirmó con la cabeza con una tranquilidad pasmosa que sorprendió aún más a Lee.

—De acuerdo. Así lo haremos, Chiyo-bâsama. —dijo Neji acercándose a Lee para bajarle de la mesa y sacarle de la estancia. —Nosotros nos retiramos por hoy si lo permite. El viaje ha sido largo.

—Bien. Entonces os dejaré sólos para que podáis regresar a vuestra habitación. —respondió la mujer viendo que los dos ninjas de Konoha se dirigían a la puerta. —Nos veremos mañana a la misma hora para iniciar el tratamiento.

Con un poco de ayuda, Neji sacó a Lee del consultorio y los dos permanecieron en silencio hasta estar al menos 50 metros alejados del Hospital de Suna.

—Algo no me ha gustado de ella… —comenzó diciendo Neji al mirar las calles de arena fijamente. —Todo lo que decía parecía escrito como un guión preestablecido.

Lee afirmó lentamente con la cabeza tras observar de soslayo a su compañero de equipo. Efectivamente, el chico de cabello negro puedo comprobar que Neji lo tenía todo pensado. No esperaba menos de él.

—A mi también me han surgido alguna duda… Aunque al principio no entendí qué hacías, me di cuenta de que ha sido raro que se quedase callada, como si tratase de pensar en una excusa… —dijo Lee en respuesta a su compañero de ojos blancos.

—Cuando Tenten regrese e informe, tenemos que ver cómo damos el siguiente paso…

Desde una de las ventanas del Hospital de Suna, la anciana Chiyo miraba a los dos jóvenes Genin de Konoha dirigirse a sus aposentos en la posada establecida para ninjas visitantes. La mujer no podía más que sentirse extrañada por lo que acababa de ocurrir en la consulta con el chico de ojos blancos y sólo le quedó una sensación de inquietud que no supo identificar.

—¡Tabe-ernero, tabe-ernero! ¡Otra gr-ronda de su mejor-r sake-e! ¡Hic!

—Amigo, creo que ya ha bebido bastante por hoy…

—¡Y-yo di-ré cuando es bastan-te!

Los clientes del bar “La Duna de Oro” miraban de reojo con sentimiento de vergüenza a un Jônin de Konoha, Maito Gai, quien llevaba ingeridas varias botellitas de sake con estado de embriaguez. No se atrevían a dirigirse a él para que dejase de mostrar esa actitud, simplemente cuchicheaban para que no les oyese.

—Estos tipos de Konoha… No saben cómo comportarse…

—Creen que todo es fiesta y bebida por aquí…

—Dan mala imagen a su aldea…

—¡Chsst, calla! A ver si va a querer empezar a pelear y tenemos un problema…

Sin embargo, Maito Gai escuchaba como se referían a él con gran lucidez. Es verdad que se sentía bastante juguetón tras haber bebido, pero lo que las personas que le estaban viendo no sabían es que tenía una capacidad de aguante al alcohol bastante grande. Si un hombre estándar podía tomar hasta dos botellines de sake de 180 ml sin consecuencias, él podía tomar el doble sin problemas. Por este motivo, Gai era un ninja muy bueno para misiones donde el consumo de alcohol estuviese presente. 

Acababan de dar las seis de la tarde. Seguramente sus discípulos ya habían terminado hace horas de ver al médico y estarían en la habitación. El Jônin de Konoha observó que la gente estaba relajándose con él al actuar como un borrachín. Ahora los ninjas de Suna que estuviesen allí no tendrían reparos en hablar más alto o con más sinceridad. Eso era bueno.

Ya había recogido algunas conversaciones sin importancia: la decepción de unos Genin novatos de Suna con una misión que acabó en fracaso, las quejas de un Chûnin sobre lo estricta que era su novia con él y la celebración de un grupo por el futuro nacimiento del hijo de un compañero de equipo.

“En verdad, todas esas conversaciones no son diferentes de las que se pueden escuchar en Konoha. En momentos así, me acuerdo que los habitantes de todas las Aldeas Shinobi no son muy diferentes entre sí…” pensó Maito Gai sintiendo cierto grado de conexión con aquellas personas.

Por otro lado, las conversaciones más interesantes que había podido recopilar eran sobre la proximidad de la reunión del Kazekage y Hokage en el País de los Ríos con el Daimyô de allí como mediador, la progresión de la supuesta enfermedad del Kazekage, la gran cantidad de ninjas renegados y desertores procedentes de Suna que estaban atacando a Konoha, e incluso las quejas que estaban recibiendo de ninjas de Konoha que pasaban por allí debido a esos incidentes. No obstante, ya se había hecho tarde y no había escuchado nada novedoso que pudiese ser de interés para Sandaime Hokage.

“Tal vez debería dar el día por terminado y regresar a la habitación para ver cómo están los chicos…” pensó haciendo ademán de levantarse del taburete.

—…un grupo ya partió esta mañana al País de los Ríos para otear el camino… de Hokage…

De repente, los oídos de Gai sintieron cómo se abrían con gran profundidad. ¡Al fin podía escuchar algo interesante!

—Ja, ja, ja, una copita más no pas-ssará nada… El sss-sake de Suna esss lo mme-jor… —gritó repentinamente el Jônin de traje verde con júbilo y alborozo.

Maito Gai se centró de nuevo en su papel de cliente ebrio y se llevó a los labios otro trago de sake de golpe asombrando a quienes estaban a su alrededor.

—¡Baja más la voz, Tsubusa! ¿O es que quieres que ese chalado borrachuzo de Konoha de ahí se entere de lo que estás hablando? —dijo una voz en un susurro.

—No te preocupes tanto, Suname-senpai. Ese tipo está muy cocido ya. Podemos hablar más tranquilos.

—Aún así es un shinobi de Konoha. Tenemos que ser precavidos… —repuso el superior de Suna a su kôhai.

Gai sonrió para sus adentros mientras continuaba haciendo aspavientos para refutar aún más su estado de embriaguez, para que los dos ninjas que había localizado bajasen más la guardia.

—En fin… Como iba diciendo, el grupo de cuatro Genin estará revisando e informando sobre los avances de Hokage.

—Bien. Escuché que él ya está allí esperando su llegada.

Maito Gai sentía que sus cejas se movían inquietas por la información que estaba escuchando. Verdaderamente era una novedad muy jugosa teniendo en cuenta todo lo que había escuchado durante el día. Se preguntaba con gran curiosidad cuál era el misterio que Suna estaba guardando con tanto celo.

“¿Esperando la llegada de Hokage? ¿El Kazekage, acaso?” pensó Gai llevándose un nuevo sorbo de sake a los labios.

—¿Te refieres a… la serpiente?

—Sí, a Orochimaru.

Gai tuvo que agarrarse a la mesa para no dar un brinco al escuchar ese nombre. Sintió que se le atragantaba la bebida en la garganta. ¿Orochimaru? ¿Uno de los Legendarios Sannin? ¿Ese traidor de Konoha estaba metido en el asunto de los renegados de Suna? Pero, si eso era así, ¿por qué se había aparecido en Konoha delante de Mitarashi Anko?

—Sí, lo tiene todo preparado. Una vez que la reunión avance pondrá en marcha el plan y lo matará… a Hokage.

La cara de Gai palideció por completo. Esto no podía ser verdad. La situación era mucho peor de lo que esperaba. ¿Estaban preparando un magnicidio conjunto Suna y las fuerzas de Orochimaru contra Sandaime Hokage? El Jônin no se esperaba algo de tamaña magnitud.

—Con la cantidad de aliados con los que cuenta ese engendro, más vale que pueda terminar con el viejo de Konoha…

—Oiga, amigo, se le ve mala cara. Debería irse ya.

Las palabras de un desconocido hicieron que el Jônin de Konoha se desconectase de la conversación. Gai miró al tabernero del bar y rápidamente se llevó otro vaso lleno de sake a la boca.

—N-no pasa nn-ada, no ppa-sa nada… Enn mo-mmentoss así noS quee-da reírrr…

El Jônin de gruesas cejas entonces soltó una fuerte carcajada e hizo que todos los presentes que estaban en el bar le miraran con vergüenza y estupor. Todos tenían cara de que querían echarle a patadas del lugar.

—Venga, venga, le acompañaré hasta la puerta. Tiene que descansar. —replicó pacientemente el tabernero quien le agarró por la cintura y el brazo.

Maito Gai se dejó guiar por el mesero que le dejó a un par de metros de la puerta de entrada del bar. Siguió bailando, aplaudiendo y riendo durante un rato mientras avanzaba por la calle. Tras comprobar que estaba lo suficientemente alejado del lugar, y no veía a ninjas de Suna en las inmediaciones, en un pequeño callejón, Gai se quitó su máscara de borracho y lleno de angustia se puso en marcha rápidamente a la habitación donde se hospedaba con sus alumnos.

—Está tardando mucho, ¿no crees, Neji?

El mencionado no respondió a las palabras de su compañero Rock Lee. El chico Hyûga se encontraba sentado en un sillón de cuero en la esquina de la habitación donde se hospedaban. Estaba nervioso, muy nervioso. Tenten estaba tardando demasiado. Neji no paraba de pensar en si algo malo le hubiese pasado a su compañera durante el espionaje.

“Aún está dentro del rango de tiempo seguro, aún no nos han avisado de nada…” pensaba Neji tratando de mantener la compostura.

Eran las seis y cuarto de la tarde. Entendía que Gai-sensei estuviese aún fuera ya que se iba a encontrar con ese antiguo colega y seguramente estaría bebiendo con él, pero Tenten llevaba sin dar señales de vida desde las tres de la tarde cuando salió por la puerta.

“Tendría que haber ido yo aunque me hubiese arriesgado a ser visto…” se lamentaba Neji con la palma de la mano apoyada en la mejilla.

Aunque Lee no comentó nada sobre ello, pudo notar que Neji estaba inquieto. Si bien sabía que su compañero no solía mostrar sus sentimientos, también sabía que se preocupaba por el bienestar tanto de Tenten como de él. A su manera, el chico Hyûga les apreciaba mucho y podía intuir que la tardanza de Tenten le estaba alterando internamente. En ese momento, la puerta de la habitación se abrió. Neji evitó levantarse de un salto. Se sintió decepcionado al ver que quien entraba por la puerta no era otro que Gai-sensei.

—Hola a todos. —dijo el maestro de mallas verdes a sus dos alumnos.

—Gai-sensei, ¡qué bueno que regresó! —dijo Lee saludando a su maestro fingiendo no estar preocupado. —¿Qué tal estaba su compañero?

—¡Oh, bien, estaba bien, pero no te preocupes de eso, Lee, y dime qué tal fue la consulta con el médico!

Mientras Lee comenzó a contarle a su maestro los pormenores que la venerable Chiyo-bâsama le había transmitido, Neji volvió a sumirse en su silenciosa desesperación. Con la mano izquierda, apretaba el reposabrazos del sillón con fuerza, en un intento de evitar salir corriendo a buscar a Tenten.

“No… no… no puede estar tardando tanto…” el joven Genin sintió como de su frente comenzaban a asomar algunas gotas de sudor.

Hyûga Neji era conocido por cuatro cosas principales. 

En primer lugar, de manera familiar, tenía un gusto culposo por el soba de arenque. No había semana que no lo desayunase, comiese o cenase en algún momento. 

En segundo lugar, había sido el mejor de su promoción para graduarse como Genin en la Academia Ninja. Era reconocido por ello dentro del Sistema Educativo Militar de Konoha.

En tercer lugar, era el conocido como Hyûga no Tensai. Sus habilidades eran muy superiores a sus iguales dentro del clan Hyûga.

En cuarto y último lugar, era una persona muy racional. Era extremadamente lógico hasta el punto que podía llegar a ser irritante y, en ocasiones, ser considerado de personalidad fría. No había decisión que tomase, ni acción que realizase sin tener contrastados los hechos. Siempre tenía un plan. No quería tomar riesgos innecesarios. Sin embargo, esta vez lo había hecho. Por sus propias inquietudes. Por los pensamientos que le asolaban de su clan. Por su madre. Por Hinata. Por Lee. Por Tenten. Y no estaba entendiendo nada de todo eso que le pasaba por la cabeza y porque estaba tomando esas decisiones. Lo único que sabía es que ahora mismo quería saber dónde estaba su compañera y si se encontraba bien.

—Por cierto, ¿dónde está, Tenten?

Las palabras de Gai-sensei le sacó de sus pensamientos. Neji entró en shock e intentó poner una excusa ante la pregunta de su maestro, pero sintió que no podía articular palabra. Ante esto, Lee se dio cuenta y salió al rescate.

—Ha salido a dar un paseo. Dijo que quería ver las tiendas de armas y conseguir alguna interesante cuando vaya a salir de Suna, cuando le quiten los guantes. —respondió Lee cubriendo a su afectado compañero quien trataba de reponerse sin que se notase.

Maito Gai entendió y aceptó la respuesta de su querido discípulo. Neji suspiró aliviado en silencio, agradecido por las palabras de Lee . Al fin y al cabo, Tenten era una chica la cual tenía como una de sus aficiones coleccionar diferentes armas y dominarlas. Era una buena excusa para ganar tiempo.

—Bien, entonces la esperaremos a que regrese para cenar. —comentó su maestro poniéndose cómodo en el otro de los sillones de la alcoba.

Casi al momento, y como por arte de magia, la puerta de la habitación se abrió. El corazón de Neji palpitó con gran intensidad, más cuando pudo ver que entraba la figura de una persona de estatura similar a Tenten y ataviada con el básico atuendo de Suna. El chico de ojos blancos suspiró aliviado.

—Oh, Tenten, ya has llegado. —declaró Gai-sensei al ver la cara de la chica tras quitarse el turbante de tela. —¿Te lo pasaste bien? Es raro ver que hayas comprado un traje tradicional de aquí. No es algo habitual en ti…

Neji se dio cuenta al mismo momento en que ella mostró su rostro. Éste estaba constreñido y su mirada se veía vidriosa. Algo no iba bien. Algo malo había pasado o escuchado. La normalmente confiada Tenten tenía los hombros encogidos y parecía que se había empequeñecido. Gai-sensei y Lee también notaron esto al momento.

—¡Estamos en problemas! ¡Dios, Lee, tenías razón! —dijo Tenten repentinamente mostrando un rostro llenó de perturbación y estrés.— ¡Sunagakure va a atacar Konoha sin dilación!

—¡Eh, Kakashi-sensei! ¡¿Cuánto queda para que lleguemos al lugar asignado?!

—¡Baja la voz, Naruto! ¡Si hubiese algún enemigo ya nos habría localizado!

—Creo que los dos deberíais reflexionar más sobre el concepto de la moderación… —comentó Kakashi a sus dos pupilos, Naruto y Sakura, mientras saltaba a una rama de un árbol.

Uchiha Sasuke resopló por la nariz al escuchar la interacción de sus dos compañeros de Equipo de Graduación. En verdad, Naruto y Sakura podían llegar a ser muy escandalosos, pero no podía negar que de alguna manera, y en algunas ocasiones excepcionales, le entretenía su despreocupación. 

Sasuke dio otro salto hacia el siguiente árbol. Ahora que su control del chakra estaba más pulido, podía ir más rápido a través de los bosques. Su entrenamiento con Kakashi para la fase final del Examen Chûnin estaba siendo muy eficaz, más desde que había descubierto con él que su naturaleza de chakra afín era el Rayo. Para el Uchiha había sido toda una sorpresa y estaba feliz por ello. No obstante, el entrenamiento que le obligaba a realizar Kakashi era duro, y cuando decía duro es que era MUY DURO. Aún no podía creer la exigencia de entrenamiento de esta naturaleza. Kakashi le convocó tras los preliminares para el Examen Chûnin en la zona más alta y montañosa dentro de la Aldea, la montaña Takurami, situada al norte del Monumento Hokage.

¡Cuan grande fue su sorpresa que el Jônin de cabellos plateados le obligó a estar prácticamente durante 3 semanas sobreviviendo allí, en aquella zona donde los rayos y los truenos eran por norma bastante comunes! Observar, escuchar, convivir con los rayos. Era una de las maneras más eficaces, según Kakashi, para controlar su naturaleza afín si pretendía aprender la mítica y única técnica creada por su maestro: Chidori (Mil Pájaros). Ahora que por fin se encontraba en la última fase del entrenamiento y cerca del Examen, todo se había paralizado por la problemática de Suna con los ninjas renegados y desertores. Sasuke estaba fastidiado, pues quería hacerse más fuerte luchando contra otros Genin.

“Me pregunto cuándo se retomarán los Exámenes Chûnin ¿Será después de la reunión de Hokage?” pensó el chico Uchiha ensimismado y deseoso de continuar su búsqueda de poder.

—De acuerdo. —dijo Kakashi sacándole de su ensoñamiento. —Quedan 5 kilómetros para que lleguemos a Furuya no Kyô, la antigua capital del País de los Ríos. Una vez allí, procederemos a mandar un informe sobre la situación al destacamento de Sandaime-sama.

Los tres Genin del Equipo Kakashi manifestaron su conformidad con la decisión de su líder Jônin. Por fin, era el momento de pasar un poco a la acción.

—¡Muy bien! ¡Le demostraremos al Viejo Hokage que sabemos hacer las cosas! —gritó Naruto con entusiasmo.

—¡Ay, Naruto! ¿Cómo puedes estar tan lleno de energía después de casi un día y medio de viaje? —preguntó Sakura con cara de cansancio.

La chica de cabello rosado entrecerró los ojos al ver a su compañero reírse pícaramente mientras le vio dirigirse a Sasuke sobre su intención de comenzar algún tipo de reto de camino a la antigua capital. 

“Sasuke-kun…” pensó Sakura sin dejar de mirar al chico Uchiha.

Se alegraba mucho de verle. Había estado sin saber de él desde hacía casi un mes y se preguntaba a diario si su condición era buena. Al fin y al cabo, Sasuke había abandonado la UMN precipitadamente y sin avisar para comenzar a entrenar con su maestro para las finales del Examen Chûnin.

“La UMN…” evocó Sakura con cierta preocupación en su mente.

Desde hacía cinco días, Haruno Sakura había estado dando vueltas a lo que había escuchado a hurtadillas en la habitación de la UMN donde había estado hospitalizado Rock Lee. No pudo evitarlo. Tal vez no era lo correcto husmear, y más teniendo en cuenta que el Equipo Gai fue uno de los grupos que les había echado una mano con aquellos ninja de Oto hacía 12 días, poco antes de que sus miembros fueran emboscados en el Bosque del Suroeste.

Si bien no era muy cercana a ellos porque se acababan de conocerse hacía poco, sí sentía que les debía un favor por la ayuda. De alguna manera, Sakura sintió que estaba faltando a la confianza de ellos, especialmente con Rock Lee. Éste la había salvado enfrentándose a aquel equipo de Oto que buscaba llevarse a Sasuke. Pese a que no era obligación de Lee inmiscuirse en la misión de otros, lo había hecho, para protegerla. Había sido dañado físicamente hasta el punto de desmayarse, e incluso a quedar dañada su audición.

Si Sasuke no se hubiese despertado y hubiese intervenido dando el golpe de gracia, ella y Naruto y los demás no lo hubiesen contado. No obstante, no por ello estaba menos agradecida al chico de traje verde. Debido a esto, ella no había dicho nada de lo que había escuchado a nadie todavía. No pretendía meter a los miembros del Equipo Gai en un lío sin motivo aparente. De hecho, Sakura sabía que aún no había pruebas de que lo que había escuchado era cierto. Pero la realidad es que estaba preocupada. No esperaba que el Equipo Gai, y en concreto, Lee hablasen de aquel hombre llamado Orochimaru. Aquel que había ordenado a los ninjas de Oto llevar a Sasuke a su presencia y que había mordido en el hombro al chico, implantándole una maldición en su cuerpo. 

Es por eso que ante la mención de aquel terrorífico individuo, cuando estuvo a las puertas de la habitación, Sakura se quedó allí parada, atónita, escuchando que Lee afirmaba que se iba a producir un atentado contra Sandaime Hokage y que Konoha iba a ser invadida por ninjas extranjeros de Suna y Oto. Todo orquestado por Orochimaru.

“¿Será cierto? ¿Acaso se va a producir un acontecimiento de ese tipo? ¿Y qué significaba lo que había dicho Lee-san sobre “lo que había visto y vivido en el Genjutsu”?” se preguntó Sakura para sí misma sin poder encontrar respuesta.

Aunque desconocía lo que significaban esas crípticas palabras, lo que estaba claro es que Sakura ya se había dado cuenta de que la situación era muy complicada con Sunagakure desde las últimas semanas, hasta el punto que Konoha estaba reteniendo a los tres hijos del Kazekage después de que éstos faltasen contra la aldea. Ahora mismo, dentro de todo este panorama, a su propio equipo le habían mandado como equipo de avanzadilla a una misión de rango A para otear el terreno con vistas a la reunión entre Sandaime Hokage y Yondaime Kazekage. Todo con el objetivo de fortalecer las relaciones diplomáticas y solucionar los problemas entre ambas Aldeas Shinobi.

—¡Ah, por cierto! ¡Sakura-chan, cuando terminemos esta misión, tengamos una cita! —exclamó Naruto repentinamente haciendo que se fijase en él.

Sakura salió de sus pensamientos ante el grito de su compañero de cabellos rubios y suspiró molesta. Con todo lo que había sucedido, le parecía increíble lo despreocupado que era Naruto en todo, incluyendo sus propias circunstancias personales.

—¡¿Estás loco?! ¡Vamos, ni muerta! —gritó Sakura tratando de enfocarse en la situación presente y tratando de olvidar la vorágine de sus pensamientos.

—No hacía falta que lo dijeras así, Sakura-chan… —dijo Naruto con un tono de voz lastimero mientras bajaba la cabeza dramáticamente.

Kakashi iba un poco apartado del resto de sus alumnos observando. El Jônin no había parado de estar en alerta naranja desde que se habían introducido en el País de los Ríos. El líder del Equipo 07-080 sentía que algo no estaba concordando desde hacía rato y eso le hacía estar incómodo. Su instinto ninja se había activado y le decía que algo no iba bien. Por su parte, Uchiha Sasuke escuchaba la conversación de sus dos compañeros cuando, de pronto, vio por el rabillo del ojo un destello que se dirigía contra el grupo.

—¡Cuidado!

Un papel bomba atado en un kunai se clavó en el árbol que se había apoyado para saltar. La explosión le lanzó a 50 metros de distancia.

—Joder, esto es malo. —dijo Sasuke concentrando su chakra en la planta de los pies contra el tronco de un árbol para evitar caer al suelo.

—¡Mierda, os vais a enterar! —gritó Naruto lanzándose a la humareda que había dejado la explosión.

—¡Para, Naruto! ¡No te precipites! —exclamó Sakura tratando de parar a su compañero en vano.

Cuando Naruto desapareció de la vista de sus dos compañeros, se escuchó el sonido cruzado del metal y los gruñidos de alguien desconocido. No se veía nada. Se había producido demasiado humo para sólo un papel bomba.

“Seguramente han utilizado bombas de humo también…” pensó Sasuke mientras mantenía la guardia alta con un kunai en su mano derecha.

El chico del clan Uchiha había activado su Sharingan de dos aspas, esperando el momento indicado en que se diera cualquier movimiento. De repente, sintió una presencia a sus espaldas y se giró para atacar. Entonces, lo vio cara a cara. Un shinobi de edad similar a la suya con un protector de frente de Suna.

Sasuke y dicho ninja se enzarzaron en el ataque a kunai durante unos segundos. Al no haber mucha diferencia para inclinar la batalla a su favor, Sasuke decidió pasar a un nivel más elevado de ténica.

¡Katon: Gōkakyū no Jutsu! (Jutsu Ígneo: Gran Bola de Fuego)” pensó el chico Uchiha al lanzar la técnica desde lo alto de la copa de un árbol.

Al dirigirse la gran bola de fuego contra el suelo, el shinobi de Suna decidió dar un salto atrás para evadirla, pero no se dio cuenta de que había cometido un error.

—Te atrapé.

Sasuke predijo sus movimientos con el Sharingan y fue más rápido. Tras lanzar el jutsu, se posicionó tras el enemigo. Con una patada alta, le lanzó al aire y le golpeó consecutivamente con una combinación de golpes dirigiéndose de nuevo hacia el suelo.

¡Shishi Rendan! (Golpe del León)—exclamó pegando al enemigo en el estómago cuando el atacante se desplomó contra el suelo.

Sasuke se incorporó lentamente y vio que el ninja de Suna había quedado inconsciente mientras salía un rastro de sangre de su boca. Poco a poco, observó que el humo se desvanecía y comenzó a verse con más claridad. Avistó, a poca distancia de él, que Kakashi había ayudado a Sakura a defenderse de otro shinobi de Suna, el cual estaba tumbado contra el suelo por el Jônin. Un poco más lejos, una gran cantidad de Narutos sonrientes se encontraban sentados sobre otros dos ninjas de la misma Aldea. Sasuke desactivó el Sharingan jadeando con fuerza. Su técnica Shishi Rendan, copiada del Omote Renge de Rock Lee, le dejó hecho polvo. No tenía tanta resistencia y fuerza física como el alumno de Maito Gai por mucho que hubiese entrenado tanto el último mes. Sasuke suspiró despacio tratando de relajar los músculos y recuperar el aliento.

—¿Os encontráis bien, Sasuke, Naruto? —preguntó Kakashi liviano hacia sus alumnos.

Ambos chicos simplemente confirmaron su buen estado a su manera. Kakashi dirigió su mirada inquisitiva hacia el ninja de Suna.

—Bueno, me parece que vamos a tener que hacer un poco de trabajo de interrogación. —comenzó diciendo Kakashi hacia el ninja al que le tiraba del brazo hacia atrás.

El shinobi de Suna gruñió ante el ligero estiramiento en su brazo por el Jônin de Konoha.

—N-no pienso decir nada… —la voz del ninja de Suna sonaba temblorosa. —No me importa que seas el famoso Hatake Kakashi. ¡No diré nada!

—¿En serio? —preguntó con sorna Kakashi comenzando a hacer mayor presión en la espalda del enemigo mientras mantenía la tensión en el hombro.

En casi un instante, los quejidos pasaron a gritos por parte del shinobi de Suna. Los tres alumnos de Kakashi simplemente observaban desde sus lugares. Mientras Naruto y Sakura ponían alguna expresión de dolor, Sasuke miraba el interrogatorio sin apenas inmutarse.

—¡Basta, basta, por favor! ¡Hablaré, diré todo lo que quieras!

—¡Komaza, bastardo! ¡Se supone que debes aguantar! —gritó otro de los ninjas del desierto que estaba siendo aplastado por las copias de Naruto.

Kakashi se rascó la barbilla por encima de la máscara que ocultaba su rostro. Estaba bastante sorprendido por la repentina disposición a hablar del ninja de Suna.

—¿Sólo te ha molestado esto para llegar a suplicar? Eso significa que sólo eres un Genin muy reciente y sin experiencia o alguien muy débil al dolor.

Kakashi destensó el prieto agarre para dejar respirar al Genin llamado Komaza. Éste había bajado la mirada avergonzado ante las palabras dichas por el famoso shinobi de Konoha.

—Por vuestro aspecto no parecéis ninjas renegados. ¿Qué pretendéis atacando a vuestros aliados? —preguntó el Jônin manteniendo la sujeción del ninja de Suna.

—Cumplíamos órdenes… desde Suna… —decía derrotado Komaza con dificultad.

—¿Órdenes? ¿De qué tipo? —preguntó Kakashi tratando de no mostrar asombro ante las declaraciones del ninja de Suna.

Komaza se quedó callado nuevamente. Parecía que ahora se había vuelto reticente a colaborar de repente. Kakashi suspiró ante la tozudez de Komaza y procedió a apretar de nuevo el agarre.

—¡Vale, vale! ¡Se suponía que teníamos que vigilar y atacar a cualquier intruso! ¡Debíamos evitar que cualquier ninja o equipo independiente de Konoha viese los movimientos que hacíamos!

Kakashi frunció el ceño. No le estaba gustando el matiz que estaba tomando la declaración del Genin de Suna. Las palabras de Komaza estaba comenzando a sonar a algo que conocía bien desde la Tercera Gran Guerra Ninja.

—Y, ¿qué clase de movimientos hacíais? —preguntó nuevamente Kakashi tratando de confirmar sus sospechas.

—M-mover nuestras tropas… hacia Furuya no Kyô y… hacia Konoha…

Haruno Sakura sentía que comenzaba a entrar en estado de alerta. La chica dio un respingo muy ahogado de sorpresa y apenas audible ante las declaraciones del ninja de Suna. En su mente, las palabras de Rock Lee se agolpaban con fuerza. Destrucción, Invasión, Orochimaru, Asesinato.

—¿Entonces estás diciendo que los ninjas renegados que nos atacaron durante las últimas semanas no eran tales? ¿Aún eran ninjas de pleno derecho de Suna?—preguntó Sasuke ante las declaraciones de un asustado Komaza.

El Genin de Suna afirmó con la cabeza mientras sus compañeros conscientes gruñían o suspiraban decepcionados. Sakura sentía que su corazón latía muy deprisa casi confirmando sus sospechas de invasión y traición por parte de Suna, confirmando las palabras de Rock Lee.

—¿Qué pretendéis con eso? —preguntó el Jônin a continuación tratando de finalizar el interrogatorio cuanto antes.

Ante esa pregunta, Sakura entró en estado de pánico. La joven kunoichi sintió que la estaban interrogando a ella misma. Sus labios apretados y su corazón bombeante no aguantaron más la presión.

—¿Queréis invadir Konoha? ¿Asesinaréis a Hokage-sama? —preguntó la joven kunoichi sin dilación. 

En ese momento, los tres hombres del Equipo Kakashi se giraron hacia Sakura con expresión extrañada, mientras el ninja llamado Komaza se quedó mirando a la chica de cabello rosado con los ojos ampliamente abiertos.

—¡¿Cómo sabes eso, chica de Konoha?! —exclamó el shinobi de Suna dirigiéndose a la kunoichi. —¡Se suponía que esa información sólo la sabemos en Suna y los aliados de Orochimaru! ¡¿Cómo has llegado a saber eso?!

Al instante, Sakura pudo ver cómo las miradas de los varones de su equipo se transformaban en caras de preocupación.

—Sakura, ¿qué significa eso? —preguntó Kakashi con seriedad y firmeza.

La chica dio un paso atrás mientras se abrazaba a sí misma. Sakura vio preocupación, confusión e incredulidad en el rostro de Naruto. No le daba confianza y no podía confiar en que la ayudaría. La joven sintió en ese momento verdadero pánico por su propia seguridad. Vio entonces a Sasuke quien, aunque mantenía una expresión de sorpresa y preocupación, a la chica de cabellos rosados le pareció que la miraba con ojos comprensivos. Es por él que Sakura decidió hablar.

—Le escuché decirlo a… Lee-san…. —declaró Sakura en un hilo suave de voz.

Ante la declaración de su alumna, Kakashi frunció el ceño extrañado y se llevó una mano a la barbilla pensativo. No estaba entendiendo nada. ¿Qué clase de información estaba dando Sakura? Ella era la miembro más inteligente del grupo y no diría jamás algo inventado. La mente del Jônin de cabello plateado comenzó a correr a mil por hora y debía pensar en cómo actuar teniendo en cuenta la nueva información que disponía, tanto si era falsa como si era verdadera.

—Lee… ¿te estás refiriendo a Gejimayu, Sakura-chan? —preguntó Naruto mencionando el particular apodo que le había concedido a Rock Lee un tiempo atrás.

Sakura afirmó asintiendo con la cabeza con una expresión miedosa sin dejar de mirar a Sasuke de reojo.

—Le escuché, al tratar de visitarle, en la UMN que Konoha sería invadida por Suna y Oto y que Sandaime sería asesinado por Orochimaru en poco tiempo. —declaró Sakura contando lo que sabía.

El chico Uchiha se llevó una mano al hombro con cierto dolor, confirmando que le dolía ante la mención del nombre de Orochimaru. Hatake Kakashi bajó el rostro, ocultando la perturbación tras la máscara, especialmente al escuchar ese nombre. ¿Orochimaru? ¿Es que acaso esa maldita serpiente estaba planeando atacar a la Aldea? ¿Por eso había estado haciendo todo lo que había hecho con Sasuke y Anko?

“Tengo muchas dudas de todo esto, especialmente de lo que ha dicho Sakura, pero ahora no podemos más que actuar.” dijo golpeando en la nuca a Komaza sin dilación y dejándole inconsciente para asombro de sus alumnos.

Rápidamente, Kakashi sacó un pergamino antes de que sus alumnos siquiera pudiesen hablar. Con un kunai, abrió su piel cortando su dedo pulgar y comenzó a escribir rápidamente con la sangre que emanaba de él. Kakashi dirigió su mirada a Naruto quien seguía sentado encima de los dos ninja de Suna.

—Naruto, deja inconscientes a tus retenidos. 

—¡Vale, Kakashi-sensei! —dijo el mencionado a la vez que golpeaba en la cabeza a los dos shinobi que estaban debajo suyo, quienes dejaron de protestar al instante.

Kakashi terminó de completar el mensaje con la sangre de su cuerpo ante la atenta mirada de sus alumnos.

—Hay un cambio en la misión. —manifestó el Jônin enrollando el pergamino que acababa de escribir. —Tengo nuevas órdenes para vosotros tres: tenéis que regresar por el camino que hemos venido, contactar con el destacamento de Sandaime Hokage y entregarle este mensaje con absoluta urgencia.

Antes de terminar sus palabras, Kakashi había lanzado el pergamino a Sasuke, quien lo miró seriamente.

—Eres el líder del escuadrón a partir de ahora, Sasuke. —declaró Kakashi con firmeza. —Hokage-sama tiene que estar ya de camino hacia aquí. Comunicad a los ANBU lo que hemos descubierto de boca de estos shinobis de Suna. Una vez lo hagáis, deberéis regresar inmediatamente a Konoha e informar al Consejo de la inminente invasión.

—¡¿Qué?! ¡Pero Sakura-chan ha dicho que el Viejo puede morir! ¡Lo escuchó de Gejimayu! ¡Tenemos que regresar aquí para…!

—¡No podemos confiar totalmente en lo que dijo un Genin en estado de enfermedad, Naruto!—decretó el Jônin de cabellos blancos con aún más firmeza. —Pase lo que pase aquí, ahora mismo vosotros tres sois la esperanza para evitar que suceda una catástrofe mayor en Konoha.

Tras estas palabras, los tres Genin se miraron entre ellos y devolviendo la mirada a Kakashi afirmaron con convicción con la cabeza. Entonces, se lanzaron de camino al encuentro de Hokage por donde habían hecho el viaje de ida a la antigua capital. Desaparecieron casi al instante de allí.

Hatake Kakashi se quedó soló con los cuatro Genin de Suna inconscientes. Sacando otro pergamino de color rojo, comenzó a sellarlos con un Fûinjutsu básico de captura. Al oeste, podía vislumbrar el Ôkogane Kyûden (Gran Palacio de Oro) de Furuya no Kyô, el lugar de reunión de los dos Kages. Quedaban menos de 24 horas para el encuentro de los gobernantes. Tras terminar sus acciones, Kakashi saltó hacia la copa de un árbol perdiéndose en su espesura y reduciendo al mínimo su presencia.

“Naruto… Sasuke… Sakura… Lamento no poder contar con vosotros, pero es mejor que estéis lejos de lo que va a suceder aquí.” pensó Kakashi con gran seriedad tras todo lo que acababa de pasar. “No quiero que muráis.”

PERFIL NINJA OFICIAL

Número de Registro Ninja: 010252

Apellido: Maito

Nombre: Gai

Apodo/sobrenombre: Gekimayu-sensei (Super Cejotas Sensei/ Maestro Cejacas) / Konoha no Kedakaki Aoi Mōjū (La Sublime Bestia Verde de Konoha)

Fecha de nacimiento: 01 de enero del año 054 de la Era Moderna

Sexo: Hombre

Estatus: Activo

Tipo sanguíneo: B

Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego

Clan/Familia: No reseñable

Equipo: Genin Licenciado del Equipo 04 – 061 y Capitán del Equipo 03 – 079

Rango Ninja: Jônin (año 069 de la Era Moderna)

Categoría Ninja: Rescatador

Naturalezas de Chakra: Fuego (Afinidad Natural)

Kekkei Genkai: Inexistente

Ocupación: Desconocida

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PRESENTACIÓN

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