—Maldita arena, no puedo correr más rápido. —expresó un preocupado Neji dando pisadas densas en el desierto.
Los miembros de su equipo trataban de atravesar las dunas con gran dificultad. Mientras, Neji y Tenten corrían por su propio pie, Lee estaba siendo cargado por su maestro Gai en su espalda, siendo orientados por el guía, quien se estaba tomando también su tiempo. Era entrada la noche y hacía mucho frío, producto de las condiciones climáticas de la zona geográfica.
—Tenemos que terminar de pasar el desierto cuanto antes. Una vez que dejemos las dunas atrás y comience el bosque del País de los Ríos, tendremos menos problemas. —dijo Maito Gai dando otro paso más en la espesa duna.
Lee asintió mientras le castañeaban los dientes. Pese a que había empacado abrigo para las noches en el País del Viento, lo cierto es que hacía mucho más frío de lo que se imaginaba. No pensó que la sensación térmica del desierto pudiera ser tan baja. El chico de cabello negro apretó ligeramente el agarre con su antebrazo para evitar soltarse de la espalda de su maestro Gai. Esto hizo que le doliese mucho el encabestrillado brazo izquierdo, pero tenía que aguantar como fuese. No podía retrasarse más, no podía dejar que la información llegase tarde a Konoha y a Furuya no Kyô. Era necesario transmitir el inminente ataque que se cernía sobre la aldea y sobre la vida de Sandaime Hokage.
La mente de Lee aún no llegaba a entender cómo habían llegado los cuatro a esta situación. Sólo los momentos previos a la salida de Suna venían a su mente en ese instante.
—¿Cómo que Sunagakure va a atacar a Konoha? —dijo Gai-sensei intentando que su voz no fuese lo suficientemente alta para ser escuchada en el pasillo. — ¿Qué significa todo eso, Tenten?
La mirada del Jônin del Equipo 03-079 trataba de ser seria, pero, en el fondo de su pecho, Gai no podía más que inquietarse de que se descubriese su propia preocupación. Una angustiada Tenten miró con una mezcla de miedo e incomodidad a su alrededor ante las preguntas de su maestro Gai, como si intentase huir de la situación. Por otro lado, Neji fruncía el ceño con los ojos entrecerrados, dándose palmadas en la frente mentalmente tras haber sido testigo de cómo Tenten había descubierto todo el plan a su maestro. Finalmente, Lee se encontraba muy afectado. Estaba destrozado interiormente. Sintió un terror frío recorriendo su espalda. No podía creer que se estuviese cumpliendo lo que más temía, no podía creer que lo que vio en aquel Genjutsu se fuese a cumplir, que Konoha iba a sufrir una invasión. Ahora, además, estaban en una encrucijada en la que Tenten se iba a llevar las culpas por completo. No podía permitirlo.
—Creo que le debo una disculpa, Gai-sensei. —comenzó diciendo Lee arrastrando con dificultad sus palabras.
Gai dirigió la mirada a su alumno con extrañeza al mismo tiempo que Tenten puso su atención en su compañero con un sentimiento lleno de angustia, pero con agradecimiento por su protección.
—Lee… no tienes porque ser tú quien…
—Te equivocas, Tenten. —el chico de cabellos negros cortó las palabras de su compañera inmediatamente. —Te equivocas porque yo os he arrastrado hasta aquí. Vinimos sin saber en su totalidad a lo que nos enfrentamos. Sin los recursos y las estrategias suficientes para enfrentarlo. Yo… tendría que haber sido más prudente. Tendría que haberos hecho caso y…
—Eso no es cierto, Lee. —dijo Neji, quien había permanecido callado hasta ahora, cuando comenzó a hablar a su compañero al verle tan serio y afectado. —Nosotros también estuvimos de acuerdo con todo esto y también fuimos partícipes de este plan. Es más, fue adecuado hacerte caso porque parece que eran ciertas tus sospechas de traición por parte de Suna.
Tenten dio un paso al frente acercándose a Lee para sujetarle del brazo.
—Exacto. La responsabilidad no es sólo tuya. Somos un equipo y hemos actuado en conjunto. —afirmó Tenten con determinación acercándose a su compañero de cabello negro. —Los tres estamos juntos en esto, Lee.
—Chicos… —dijo Lee conmovido por el respaldo de sus dos compañeros.
El chico de cabellos negros pudo notar que su pecho se inflaba de alegría. No importaba si era dentro de un Genjutsu o en la realidad, Neji y Tenten estaban con él, apoyándolo, y eso le hacía muy feliz. Por su parte, un confuso Maito Gai, quien estaba siendo testigo de toda la escena, se llevó una mano a la frente mientras se la estrujaba, pellizcaba y golpeaba ligeramente tratando de entender todo lo que estaba pasando.
—Eh, a ver… Entiendo que este es un momento emotivo y de camaradería para vosotros, pero me vais a tener que contar lo que sucede porque estoy verdaderamente perdido.
Los tres Genin del Equipo Gai se miraron entre sí, como si tuviesen un diálogo en silencio. Llegados a este punto, no tenía ningún sentido seguir ocultando más la información, mucho menos a su maestro. Con una silenciosa confirmación, aceptaron contarle todo: desde las ideas planificadas en el hospital hasta el espionaje de Tenten, teniendo también en cuenta parte de la información proporcionada del Genjutsu del ataque a Hokage y la invasión de Konoha.
—Entonces, decidiste que era mejor que fueras tú. Te fuiste de la habitación para poder espiar por tu cuenta, ¿no es así, Tenten? —preguntó Maito Gai sentado en uno de los sillones con las manos cruzadas sobre la barbilla.
La chica de cabello chocolate afirmó con la cabeza despacio y con prudencia.
—Sí. Me pareció más sencillo de lo que me imaginaba. —dijo Tenten terminando de hacerse de nuevo el recogido de dos moños en la cabeza. —Pude fundirme con la población local perfectamente y me acerqué hasta la Oficina del Kazekage sin problemas.
—¿Qué hiciste a partir de ahí? —inquirió Gai adelantando el torso para que su alumna continuase contando su relato.
En el otro extremo de la pequeña habitación, Neji estaba apoyado en la pared en pie, escuchando con mucha atención el relato. Tenía curiosidad de qué pautas y estrategias había decidido su compañera Asesina durante su primera incursión en solitario como espía.
—Simplemente entré en el edificio. Mi intención era fingir que tenía que hacer un trámite. Hice cómo que me dirigía a solicitar una misión y me escabullí entre los pasillos del lugar sin ser vista. —comentó la chica moviendo la mano mientras explicaba. —La verdad es que me sorprendí que nadie me parase o me inquiriese por donde pasaba, por zonas que sólo están permitidas a shinobi. Llegué lejos, muy lejos.
—¿Cómo de lejos, Tenten? —preguntó nuevamente Gai ante la información de su alumna.
La chica de cabello chocolate hizo un parón dramático, tratando de pensar cuidadosamente en cómo dar su alegato. Finalmente, se decidió a hablar.
—Hasta lo que… parecía la sala de reuniones de los altos cargos de Suna. —declaró Tenten con los hombros encogidos por resignación.
Un respingo ahogado se quedó en las gargantas de los miembros masculinos del Equipo 03-079. Maito Gai se llevó las manos a la cara lleno de preocupación. No podía creerlo. No podía creer que su alumna se hubiese arriesgado tanto para obtener información, y más teniendo en cuenta que su perfil de características ninja no coincidía con las actividades de espionaje. Se había arriesgado mucho.
—¿Qué pasó después?
Tenten entrecerró los ojos, suspirando ligeramente ante la nueva pregunta de su maestro recordando los momentos previos a la revelación de la traición de Sunagakure.
—Avancé un poco más hasta la puerta de una sala que tenía un aspecto normalucho. Allí pude escucharlo. Pude distinguir varias voces muy airadas. Estaban discutiendo sobre diversas estrategias militares, ataques principalmente.
Ante estas palabras, la mente de Neji evocó sus propias preocupaciones, haciéndole tragar saliva con algo de dificultad. Desde luego, Tenten había sido excesivamente imprudente, según su propia manera de actuar como ninja Rastreador.
—Entonces, lo escuché. —sentenció la chica cabizbaja y entristecida. —Escuché decirles que los ataques en Konoha se darían desde diversos puntos de la aldea. Empezarían por la Puerta del Este, con reproducciones en el resto de entradas y, a su vez, también serían iniciados desde el interior por los hijos del Kazekage y el resto de los supuestos ninjas renegados.
—¡¿Qué?! —gritó Neji haciendo conexión entre lo que acababa de decir Tenten y sus sospechas sobre la médico Chiyo.
Todos estaban impactados con las palabras de la joven, especialmente Lee. El chico de cabellos negros casi saltó desde su sillón cuando unió hechos. El joven especialista en Taijutsu comenzó a sentir que su mandíbula se contraía y sus gruesas cejas casi se fundían por el enfado. Se había confirmado por boca de Tenten que los ninjas renegados de Suna no eran tales. Entonces, respecto a los tres hermanos de la Suna, ¿es que acaso toda la batalla que tuvieron en el Bosque del Suroeste fue para eso? ¿Es que acaso el hecho de que él estuviese herido e inhabilitado había sido producto de una burda y asquerosa estratagema de Suna?
—Así que es eso, ¿eh? Por eso la anciana Chiyo se comportó así en la consulta…—dijo el chico de cabello negro con amargor en sus palabras mientras apretaba su puño con fuerza. —No les vencimos. Ellos se dejaron vencer. Su objetivo era ser derrotados, arrestados y llevados a los calabozos de Konoha. Todo para comandar a los ninjas de Suna que ya habían sido arrestados anteriormente.
La mirada de Tenten estaba llena de malestar al ver como el rostro de su amigo y compañero estaba roto por el dolor y la rabia contenida.
—Me temo que sí, Lee… —dijo Tenten con un hilo de voz.
Gai y Neji tenían también el ceño fruncido mientras observaban que Lee se llevaba una mano al pecho y se apretaba con fuerza la ropa que vestía. El chico de cabello negro no podía creerlo. Todo el daño que habían sufrido, todo el sufrimiento, todo el dolor era por una simple excusa de Suna para inmiscuirse en Konoha. Una pequeña llama de aquello que llaman “rencor” pareció resonar como un eco en el corazón de Lee, gritando por querer hacerse más grande. Pero él no quería. El joven especialista en Taijutsu no quería que esa llama se volviese un fuego. No. Lo había prometido. Había hecho una promesa. Había prometido hace muchos años que la ira no crecería en él, que el odio no le consumiría y no crecería en su corazón. Él había prometido ser un buen muchacho. Es por eso que Lee comenzó a respirar despacio, en meditación, con los ojos cerrados. Poco a poco, sintió que su pecho dejaba de doler y comenzó a centrarse nuevamente en las palabras que Tenten dijo a continuación.
—Quise quedarme más, pero unos guardias me vieron deambular por allí…
—¡¿Qué dices, Tenten?! —exclamó repentinamente Neji con mucho nerviosismo.
El chico de ojos blancos dio un paso hacia delante como si fuese un salto y dirigió una mirada llena de preocupación a su compañera. Pese a tu ímpetu corporal, Tenten permaneció tranquila.
—Si piensas que pasó algo malo, no. La verdad es que sólamente me excusé diciendo que me había perdido, que era mi primera vez tratando de buscar la salida tras estar en la Sala de Solicitud de Misiones…
Neji estaba muy nervioso. No estaba demasiado convencido de las palabras de su compañera, puesto que ella no brillaba por ser especialmente cuidadosa.
—¿Y? ¿qué sucedió después?
Tenten se encogió ligeramente sobre sí misma moviendo los hombros ligeramente ante la nueva y apresurada pregunta de su compañero de ojos blancos.
—Sólo me acompañaron hasta la puerta principal con amabilidad. No sucedió nada más. Luego vine hasta aquí tratando de no levantar sospechas.
Neji resopló con alivio y dejó caer sus hombros. Este gesto no pasó desapercibido por Maito Gai quien vio, por primera vez desde que le entrenaba, que Neji no mostraba su rostro de inmutabilidad típica. Estaba genuinamente preocupado por lo que le hubiese pasado a Tenten.
—Y eso es todo, Gai-sensei. Sólo queríamos confirmar que Suna no tuviese planes de atacar Konoha, pero parece que todo ha sido del revés. —finalizó Tenten con aspecto de derrotado. —Parece que al final Suna sí va a realizar un asalto contra nuestra aldea y… no sabemos qué hacer…
Neji y Tenten permanecieron en silencio mirando el suelo y esperando las palabras de su maestro. Lee, por su parte, apartó la mirada, fijándose en el infinito con tristeza. Maito Gai observó a sus cabizbajos alumnos uno por uno desde el sillón de la estancia. Estaba muy sorprendido. Sus tres discípulos habían preparado un plan para introducirse en Suna y obtener información por medio del espionaje en beneficio de Konoha. Todo ello siendo solamente unos Genin. Por otro lado, es verdad que habían roto las reglas establecidas por Konoha y que lo mejor que deberían haber hecho era informarle a él o a otro superior. No obstante, Gai sabía también que lo más probable es que no les hubiesen hecho mucho caso debido a su rango inferior en el escalafón del Sistema de Jerarquía Shinobi. El Jônin también pensó que si se lo hubiesen dicho a él, es probable que les hubiese golpeado en la cabeza y les hubiese ordenado dar quinientas vueltas alrededor de Konoha, para su propio esmero.
Pese a todo, ahora mismo, Gai sentía más que nada un sentimiento de orgullo hacia sus tres discípulos y quería recompensarlo de alguna manera.
—En verdad, os tengo que ser sinceros, chicos. —comenzó el maestro de gruesas cejas rascándose la nuca. —Mis intenciones tampoco han sido completamente honestas para con vosotros.
Los tres Genin del Equipo Gai levantaron sus rostros con confusión y curiosidad ante las repentinas declaraciones de su maestro.
—¿A qué se refiere, Gai-sensei? —preguntó Neji levantando una ceja.
El chico de ojos blancos pudo ver que su maestro Gai se rascaba la nuca con mayor intensidad tras reírse tontamente.
—La verdad es que yo estoy en una misión de infiltración, aprovechando la vuestra, claro.
—¡¿Cómo?! —exclamó Neji abriendo sus ojos con asombro.
—¡Sabía que había algo raro en su comportamiento, Gai-sensei! —exclamó Tenten mirando a su maestro con incredulidad.
Lee escuchó como Gai-sensei comenzaba a carcajearse en voz alta. Escucharle reír alivió un poco la tensión que había acumulado anteriormente en su pecho.
—Ja, ja, ja, lo siento, Tenten. Sin embargo, tengo una buena excusa. La mía sí es una misión de espionaje autorizada por Sandaime-sama, a diferencia de la vuestra.
Al escuchar esto, y dándose por aludida, la chica se avergonzó y se quedó callada.
—¿Qué es lo que Sandaime-sama le encomendó, si se puede saber, Gai-sensei? —preguntó Neji aprovechando la revelación de secretos.
La actitud jovial de Maito Gai se tornó seria repentinamente. Neji se fijó en los ojos de su maestro con intriga, manteniendo una mirada profunda.
—Las sospechas que teníais desde el principio sobre este asunto de los ninjas renegados de Suna era cierta. Ya habéis podido comprobar, por desgracia, que todo era cierto. —comenzó diciendo Gai. —A todo esto, Konoha ya se estaba dando cuenta de la extraña llegada de ninjas renegados procedentes de Suna. Las cárceles provisionales se han llenado hasta el límite y estaba comenzando a haber un problema de control sobre los prisioneros.
Tenten dio un pequeño respingo y dirigió una mirada a Neji como dándole la razón de sus sospechas en días anteriores.
—Sandaime-sama me mandó en esta misión para poder sacar información de lo que estaba ocurriendo aquí y tratar de utilizarla en beneficio de Konoha en su reunión de dentro de cuatro días con Kazekage. Mi objetivo final era reunirme con Hokage en el mismo Furuya no Kyô, el lugar establecido para la reunión, e informarle de todo lo que había recopilado.
De repente, Maito Gai se quedó callado con los ojos completamente cerrados, como tratando de pensar en la información que quería compartirles. Esto preocupó bastante a los tres Genin.
—Entonces descubrió algo, ¿cierto? —dijo Neji con una mirada seria, pero una sonrisa sardónica. —Durante su “encuentro con su amigo”, ¿cierto?
Gai dirigió también una sonrisa burlona a su alumno de ojos blancos. Había captado rápidamente su tapadera. No esperaba menos de su alumno Rastreador.
—Lo cierto es que sí, pero no es bueno, nada bueno. —declaró el Jônin con pesadumbre en su voz. —Planean asesinar a Hokage y será Orochimaru su ejecutor. Es lo que he escuchado de otros ninjas, aquí en Suna.
Neji y Tenten contuvieron la respiración con gran terror al descubrir que las declaraciones de Lee sobre aquella ilusión eran ciertas.
Orochimaru. Ese nombre pertenecía al mayor criminal procedente de Konoha hasta la fecha. Un ninja criminal renegado de rango S al que se le atribuían crímenes tan atroces como tortura, experimentación ilegal con seres humanos, secuestro, traición, violación, uso no autorizado e ilegal de técnicas prohibidas, así como manipulación y corrupción de menores. Si se disponía a atacar a Konoha, era de esperar que también se le añadiría en el futuro genocidio, crímenes de guerra, terrorismo y magnicidio.
Ante esta declaración de Gai, Neji y Tenten no pudieron más que dirigir su mirada a Lee quien estaba con los ojos como platos mirando a su maestro. La confirmación de la implicación de ese indeseable tipo sólo causó terror en los jóvenes.
—Lee, tú has dicho que habías visto en ese Genjutsu del hospital todo esto, ¿no? —preguntó Gai con firmeza. —Y eso es lo que os ha llevado hasta aquí, ¿cierto?
El chico de cabello negro afirmó con la cabeza de manera extraña, aún conmocionado por las noticias de su maestro.
—Pero… es diferente. Así no es cómo lo vi, al menos no tal cual…
—¿A qué te refieres, Lee? —preguntó una preocupada Tenten con curiosidad ante las nuevas declaraciones de su compañero.
—Me refiero a que en aquel Genjutsu vi como Sandaime fue asesinado en Konoha por Orochimaru durante los finales de los Exámenes Chûnin, —dijo Lee explicando despacio la situación. —Sin embargo, aquí hemos descubierto que planean acabar con él en el País de los Ríos, lejos de Konoha, porque planea haber una reunión.
Los cuatro ninjas se quedaron un instante en silencio reflexivo antes de continuar. Todo este asunto del Genjutsu era muy extraño.
—Sea como sea, lo cierto es que quien quiera que te atacase con ese Genjutsu, quería que vieses eso y tenía la intención de que esa versión fuese así. —dijo Gai levantándose del sillón en el que estaba sentado. —Pero ahora no podemos centrarnos más en este asunto. Nuestra prioridad ahora mismo es informar a Hokage de inmediato y también a Konoha.
Los tres alumnos de Gai miraron a su maestro. Él tenía razón. Independientemente de lo que Lee hubiese visto o conocido en el Genjutsu, la prioridad era ahora mismo salvar Konoha y a Sandaime Hokage. Los tres Genin se miraron entre sí decididos a hacer lo que estuviese en sus manos para evitar una situación peor.
—¿Qué deberíamos hacer, Gai sensei? —preguntó Tenten a su maestro dando a entender que seguiría sus órdenes a rajatabla.
Gai miró a sus alumnos uno a uno. Vio determinación y convicción en sus jóvenes rostros. El Jônin sintió que su corazón sonreía. Desde luego, el Equipo 03-079 contaba con miembros excelentes.
—Yo debo salir de Suna cuanto antes. Tenía pensado deciros mañana que me marchaba por motivos de urgencia. Al ser un Jônin no verían raro que me iba yo sólo. —explicó el hombre de gruesas cejas de manera lógica. —No obstante, y dada la información que has recopilado, Tenten, lo ideal sería que partiésemos todos hoy de manera inmediata. Vosotros a Konoha y yo a Furuya no Kyô.
Neji frunció el ceño con disconformidad. Si bien su maestro tenía razón en el aspecto de la inmediatez, salir de Suna todos juntos el mismo día de llegada también resultaba muy sospechoso. Tenía que haber otra forma de informar a Konoha.
—¿No hay alguna manera de que contactemos con la aldea? ¿No puede convocar a Ningame-san o alguna de las otras tortugas para que vaya allí y adelante la información?
Gai-sensei miró a su alumno de ojos blancos reflexivo y negó con la cabeza ante su propuesta de llamar a una de sus invocaciones.
—Las tortugas no son tan rápidas, Neji. Tardarían casi los mismos días en llegar a Konoha que vosotros. No nos sirve. Al fin y al cabo, son tortugas.
Neji y Tenten se quedaron impactados ante las declaraciones de Gai. No tenían ni idea de que las tortugas shinobi pudiesen ser tan veloces. Lee, sin embargo, afirmaba en silencio con conocimiento de las habilidades de las invocaciones de su maestro.
—Lo que está claro es que no nos van a dejar salir sin un motivo de peso. Más si nos han extendido el visado para que Lee tenga ese tratamiento durante tres días. —recordó Neji evocando que la anciana Chiyo había hablado con Aduanas para actualizar la condición de su visado.
Los cuatro ninjas de Konoha se quedaron nuevamente en silencio tratando de buscar una solución en breve. De todos ellos, para Rock Lee toda esta situación estaba siendo muy dura. Una oleada de culpabilidad chocó dentro del pecho del chico de cabello negro. Sentía nuevamente que era un estorbo. Ya lo había sentido antes a lo largo de todo este asunto: su derrota contra Sabaku no Gaara, su inhabilitación del Sistema de Jerarquía Shinobi, su incapacidad de no poder hacer nada en esta misión y ahora esto.
“Si pudiese hacer algo, aunque fuese algo pequeño, para que todos podamos salir de aquí…” pensó Lee haciendo uso de toda su mente mientras miraba al suelo con intensidad.
Entonces, en un instante, una idea cruzó su mente. Una evocación que le hizo llegar hasta un momento clave en aquella ilusión, posando su mirada en su brazo y pierna vendados. La angustia se apoderó de nuevo en su pecho. Era momento de actuar.
—Gai-sensei… Neji… Tenten… —los tres mencionados se giraron hacia Lee el cual balbuceó ligeramente. —Tengo una idea. Sé cómo podríamos salir de aquí inmediatamente.
Neji se fijó en la expresión de su compañero de equipo. Estaba preocupado. La mirada de Lee emanaba temor y parecía que iba a proponer algo difícil.
—Fantástico, Lee. No esperaba menos de mi discípulo. Dinos, ¿qué se te ha ocurrido?. —decretó Gai con alegría poniendo sus manos en los hombros del joven de cabellos negros.
Durante un instante, Lee permaneció en silencio, como si tratase de juntar las palabras adecuadas. Su mirada bajó aún más y sólo podía fijarse en el brazo y las piernas vendadas. Su maestro y sus compañeros no pudieron más que sentirse extrañados ante tanta espera.
—Tenéis… tenéis que romperme el brazo y la pierna heridos nuevamente. Sólo podremos salir de aquí inmediatamente de esta manera…
Tenten, Gai-sensei y Neji parpadearon varias veces antes de protestar por la sugerencia de Lee. En un instante, se pusieron a gritar y a exigir respuestas.
—¡¿Es que estás loco, Lee?!
—¡No podemos hacer eso!
—Lee, de verdad, para tener esas ideas, mejor quédate callado.
Ante el escándalo provocado por sus compañeros y su maestro, Rock Lee apretó los dientes entre sus mandíbulas, mirando el suelo. Entonces, su mirada les hizo callar. Una mirada férrea y aleccionadora. Una mirada que dejó helados a su maestro y a sus dos compañeros de equipo.
—¡No hay otra manera de hacerlo! —comenzó el chico de cabellos negros alzando la voz con una seriedad patente. —¡No nos dejarán salir hasta que yo esté tratado! ¡Soy el motivo por el que estamos aquí, soy el motivo por el que no nos dejan ir! ¡Es por eso que tengo que ser la excusa por la que nos vayamos!
Los miembros del Equipo Gai quedaron en silencio total ante las convicción de sus palabras que resonaban de los labios de Lee.
—Suna es una ciudad en la que apenas me puedo mover. Neji tuvo dificultades tanto en llevarme al Hospital como al regresar aquí. Incluso cuando entramos a Suna, me tuvisteis que cargar por las bajadas y subidas que tiene. —dijo Lee mientras explicaba su plan. —Además, la arena resbala y es un problema serio si no puedes caminar bien.
Neji vio a su compañero y comenzó a comprender dónde quería llegar. Aunque no llegaba a gustarle demasiado lo que estaba proponiendo.
—Entonces, ¿estás diciendo que fingirás un resbalón por las escaleras para solicitar irte de aquí? —preguntó Neji levantando una ceja.
Lee dirigió una sonrisa cómplice mezclada con angustia a su compañero de equipo.
—Algo así. Si alego que Suna es un entorno peligroso para mí y me ha causado daño, solicitar el regreso a Konoha y la correspondiente confirmación de Suna será inmediata. —explicó Lee con prudencia. —Además, deberéis efectuar una actuación muy clara. Enfadáos, exigid una compensación. Lo que sea para salir de aquí. Además, Gai-sensei deberá hacerlo usted, por su fuerza, y deberá hacerlo aquí, en la habitación. No estamos seguros de si hay cámaras o ninjas vigilando. Será vuestra palabra contra la de Suna.
Gai levantó las cejas con sorpresa. Neji cerró los ojos comprensivamente. Lee estaba completamente en lo cierto. Era la única manera de salir de allí, al menos la única con más probabilidades de surtir efecto en su encrucijada por alcanzar Konoha y Furuya no Kyô en el menor tiempo posible. Sin embargo, por su parte, Tenten negó con la cabeza de manera enérgica.
—Lee, no, no. —trató de decir la chica de cabello chocolate con dificultad. —Los huesos de tu brazo y tu pierna izquierdos están prácticamente soldados gracias a los médicos de Konoha. Si haces eso, si vuelves a dañar tu brazo, no sabes si… si podrás volver usarlo…
Lee no pudo evitar mirar a su compañera con una mezcla extraña de firmeza y tristeza.
—Lo sé, Tenten, pero es lo único que podemos hacer ahora mismo.
Tenten se giró hacia Neji quien tenía la mirada apartada, tratando de buscar apoyo para evitar hacer lo que proponía Lee. Se notaba que el chico de ojos blancos tampoco quería hacerlo, pero parecía más convencido por las palabras de Lee.
—Gai-sensei, por favor, haga entrar en razón a Lee… —inquirió Tenten tratando de buscar una solución más satisfactoria.
Maito Gai, que hasta ese momento había permanecido callado y con los ojos cerrados, se decidió a hablar tras escuchar a su compungida alumna.
—No quisiera hacerlo yo tampoco, pero… Lee tiene razón, Tenten. No tenemos otra opción, al menos en las circunstancias en las que nos encontramos.
Tenten se giró sobre sí misma mientras seguía murmurando negaciones ante la situación. No podía creer lo que estaba escuchando. No podía creer que su proposición para realizar esta misión iba a causar que Lee estuviese tullido nuevamente. Eso la llenaba de un sentimiento de culpabilidad punzante que le escocía en el pecho. Mientras la apenada chica se mantenía en sus pensamientos, Maito Gai se acercó a su alumno Lee quedando enfrente de él.
—Lee, hay… hay diversas maneras de romper el hueso. Como te imaginarás ninguna es agradable. —dijo Gai-sensei mientras explicaba el proceder a su alumno. —Existe un método de combate que permite partir el hueso usando toda la fuerza. Se llama…
—El Kôsahô (Método de Intersección), ¿verdad, Gai-sensei?
Ante su interrupción, Maito Gai calló. ¿Cómo sabía Lee este tipo de ataque? No era algo que estuviese escrito en los libros del nivel 1 de la Biblioteca de Konoha. No obstante, el Jônin vio los ojos de su alumno y comprendió. Esto también lo había visto en el Genjutsu.
Lee, por su parte, evocó aquel recuerdo ilusorio. Vio como aquel chico, aquel ninja que se hizo pasar por Yagura, otro discípulo de Gai-sensei, Ryūdōin Genshō utilizó esa técnica contra él en la pierna. Si aquel entonces no hubiese tenido los pesos, la fractura hubiese sido tremenda. Pero ahora no habría ningún peso que lo frenase. En su momento, Lee recordó que el golpe dolió de manera terrible y sólo era un Genjutsu. El chico tragó fuertemente saliva y sintió como comenzó a respirar más fuerte, producto del miedo y del futuro dolor que se iba a producir.
—Será rápido, Lee, pero sólo lo haré en un miembro. —declaró el Jônin con firmeza. — Será en tu brazo.
—Pero Gai-sensei…
—Es una situación de extrema alerta y necesitarás protegerte, Lee. Al menos, tienes que tener una de las dos secciones del cuerpo lo suficientemente fuerte como para poder defenderte. Tú eres más hábil y fuerte con tus piernas que con tus brazos, al menos por ahora. Además, serás más útil si andas y corres por ti mismo, si lo necesitases.
Lee no pudo negar que su maestro tenía razón. Ante toda la situación, era mejor no dejarle completamente incapacitado, era bueno que tuviese una posibilidad de obrar por si mismo. El chico de cabellos negros afirmó lentamente y decidió confiar en él.
—Bien. Neji, Tenten. Ayudadle a levantarse. Vamos a proceder a hacerlo.
Neji se acercó a Lee ante las órdenes de su maestro, pero se detuvo a medio camino. El chico de ojos blancos observó que Tenten se negaba a moverse de su lugar en la ventana.
—Tenten, ya has escuchado a Gai–sensei. Tenemos que hacerlo. —dijo Neji hablando con tranquilidad resignada a su compañera.
La chica de cabello chocolate se giró para mirar a Neji. Estaba abrazada a sí misma. Su rostro mostraba dolor por toda la situación, por lo que se veía obligada a hacer contra su compañero de equipo Rock Lee. No quería hacerlo. No quería causarle más daño del que ya había sufrido.
—¿En serio no hay otra alternativa, Lee? —preguntó la compungida chica con un hilo de voz.
En un acto que le resultó insospechado, Lee mostró una sonrisa al ver a su compañera tan afectada.
—Tranquila, Tenten. No me voy a morir.
—¡Por supuesto que no, idiota! ¡Además, si te mueres, me encargaré de ir a buscarte al más allá para volverte a matar!
La interacción exagerada entre los dos jóvenes ablandó el ambiente tan tenso e hizo reír ligeramente a todos los miembros del Equipo Gai.
—Ahora en serio, Tenten, confío en ti, en Neji y en Gai-sensei. Sé que puedo contar con vosotros en esto.
La chica de cabello recogido afirmó sintiéndose más segura con las palabras de Lee, quien mantenía la sonrisa tras su alegato. Tras un poco de preparación, todos los miembros del Equipo Gai estaban listos: Tenten sujetaba a Lee bajo las axilas con fuerza mientras le apretaba un paño que tenía el chico sujeto entre los dientes. Neji, tirado en el suelo de la habitación, tenía un firme agarre en las piernas de su compañero de equipo. Finalmente, Gai-sensei se encontraba al lado de su alumno, ayudándolo a extender el brazo izquierdo firmemente.
—¿Estáis preparados todos?
Los tres Genin afirmaron a su manera personal ante la pregunta de su maestro Gai. Entonces, sucedió. De repente, y en menos de lo que esperaron, el codo de Gai-sensei subió y bajó a gran velocidad contra el brazo de Lee. El Byakugan de Neji lo captó al momento. El radio del brazo de su compañero se había partido con gran violencia.
Lee trató de gritar, pero no pudo por el paño entre sus dientes fieramente sujeto por Tenten. Sólo pudo emitir farfullos y quejas secas mientras agarraba con su mano libre el traje elástico de su maestro. Se zarandeó con gran fuerza lleno de dolor mientras le sujetaban. No podía creer lo fuerte que era el dolor. Era demasiado intenso. Ese dolor le recordó al momento en que Sabaku no Gaara, tanto en el Bosque del Suroeste como en el recuerdo del Genjutsu de los Exámenes Chûnin, le aplastó con la arena.
El chico de cabellos negros pasó por varios estados: una mueca llena de dolor, una expresión de miedo y huida, para finalmente terminar con el sentimiento de que estaba cayendo en la oscuridad. Poco más pudo hacer porque sintió que se desvaneció hasta desmayarse al tiempo que notaba que su maestro, Tenten y Neji sujetaban su cuerpo.
Lee volvió al presente al ver que se estaban acercando al final del desierto. El chico suspiró agradecido. Comenzaba a ver alzarse los frondosos árboles del bosque del País de los Ríos en el horizonte.
—Quedan sólo cien metros para llegar a la frontera. Vayan preparando el dinero. —dijo el cansado guía que les acompañaba.
Había sido difícil encontrar a alguien dispuesto para salir por el desierto en plena noche, puesto que era muy peligroso por las bestias de las dunas, los bandidos y las bajas temperaturas. No obstante, el plan parecía que había funcionado. Cuando despertó, ya lejos de Suna, Lee supo que, mientras estaba inconsciente, su maestro y sus dos compañeros se las apañaron para armar escándalo porque “ se cayó por las escaleras” y tener a su disposición los elementos necesarios para partir a Konoha inmediatamente esa misma noche. Todo estaba saliendo bien.
—800, 900 y 1000. Aquí están los 8000, buen hombre. —dijo Gai-sensei entregando los billetes. —Espero que no le moleste que sean ryôs del Fuego.
El guía asintió con conformidad para comprobar la cantidad exacta del fajo de billetes. Cuando revisó que todo estaba correcto, se retiró hacia el interior del bosque del País de los Ríos, probablemente para acampar hasta el amanecer. Desde ese momento, el Equipo Gai se quedó sólo, únicamente alumbrado por unas linternas que portaban Tenten y Neji en el inicio de la oscuridad del bosque.
—Bien. Aunque viajar por la noche en un bosque no es la mejor opción, tenemos que continuar un poco más. —dijo el Jônin con presteza en su voz.
—Gai-sensei. Espere. Déjenos descansar algo, por favor. —suplicó Tenten sujetándose el estómago. —Ni siquiera hemos podido comer algo desde que llegamos a Suna. Tenemos que recuperar fuerzas para nuestra misión.
El Jônin de gruesas cejas miró a sus dos alumnos al tiempo que cargaba a Lee. Pudo comprobar que tenían los rostros llenos de cansancio. Por otro lado, Gai comprobó como el chico de cabellos negros estaba cabeceando, intentando mantenerse despierto a duras penas. No podía más que escucharle balbucear.
—Está bien. Paremos a descansar. —dijo Maito Gai dando la razón a su alumna. —Será necesario para todo lo que tendremos que hacer.
Andaron unos pocos metros para camuflarse dentro de la espesura del bosque, encontrando una pequeña explanada. Al cabo de un rato, los cuatro se sentaron alrededor de una fogata improvisada que Neji creó en poco tiempo.
—Yo me quedaré de guardia primero, vosotros tres dormid.
Antes de que Maito Gai terminase estas palabras, Neji vio cómo Lee ya tenía los ojos cerrados y comenzaba a roncar con la boca abierta. El chico de ojos blancos pensaba en cómo se sentiría su compañero, si le dolería todo. No podía negar que Lee había hecho un gran sacrificio para con ellos y para con la misión. Su mente pensó en todo lo que habían pasado hasta ahora, en que Lee había tenido razón en cuanto a la invasión. Se sentía culpable de no haber confiado lo suficiente en él.
Después de observarle por un rato, Neji se centró en las lenguas de fuego que había delante de él. Pensaba también en su familia en Konoha, especialmente en vísperas de un ataque tan grande como estaba planeado. En su madre, en los niños más pequeños, en los parientes de su misma edad. En Hanabi y… en Hinata. No pudo sino sentir una punzada de dolor en su pecho al recordar a esta última. El daño que le ocasionó en la pelea de los preliminares del Examen Chûnin estuvo carcomiendo desde que había comenzado la misión hacia Suna. No. En realidad, le dolía que, por algún motivo dentro de su cabeza y su corazón, hubiese una fina conexión entre la abnegación de Lee y la de Hinata. Ambos tan absurdamente similares, tan centrados en querer cambiar su destino. ¿Y él? ¿Deseaba la manera de ver la vida de ese par? ¿En verdad quería cambiar su destino? Para él, aún seguía siendo un misterio, un misterio que envidiaba.
Al poco tiempo, Neji también vio caer rendida a Tenten, exhausta por el hambre y el estrés de su cometido en Suna. La cara de la chica se mostraba completamente en paz. Neji no pudo evitar sonreír. Se sentía sumamente feliz de que a Tenten no le hubiese pasado nada malo, que hubiese podido regresar sana y salva con ellos. Aunque por un lado, sabía que Tenten había sido estúpidamente imprudente en soltar la información del espionaje a Gai-sensei, gracias a eso habían podido conseguir información directa y veraz de la futura invasión por labios de su maestro.
Poco a poco, Neji notó que sus ojos comenzaron a ceder. Los hipnotizantes movimientos del fuego le transportaron al sueño mientras vio por última vez a Gai-sensei en estado de absoluta reflexión.
—
—¿Cuándo creeis que nos encontraremos con el Viejo Hokage? —preguntó Naruto en medio de un salto en el aire.
—No tardaremos mucho. El encuentro es mañana por la mañana. —respondió Sasuke a la pregunta de su compañero. —En breve tendremos que encontrarnos con alguno de los ANBU de exploración que le acompañen en su destacamento.
Sakura entrecerró los ojos al escuchar las palabras de Sasuke. La chica de cabellos rosados pudo evocar la manera en que les enseñaron, en una reunión secreta de recién licenciados Genin, cómo Hokage se desplazaba a los encuentros fuera de Konoha. Sandaime se encontraría en la parte central de su destacamento personal junto con los miembros del Goei Shōtai (Pelotón de Guardaespaldas del Hokage). Alrededor de él, en tres círculos concéntricos y en avanzadilla, tres grupos de ANBU le seguirían en distribución, de dentro a fuera, los escoltas, los rastreadores y los exploradores. Ellos se tendrían que encontrar con el grupo de los ANBU exploradores y darles el comunicado que les había entregado Kakashi para que se lo llevasen a Sarutobi Hiruzen.
—Pero me parece raro que no nos los hayamos encontrado aún, ¿no te parece, Sasuke-kun? —dijo Sakura a su amor platónico al observar que aún no habían visto a ningún miembro ANBU.
Sasuke frunció el ceño ante las declaraciones de Sakura. Es verdad que estaba siendo muy raro. Llevaban avanzando desde hacía varias horas y aún no habían encontrado a nadie. Y cuando decían nadie, era NADIE. Ningún ANBU, ninguna trampa, ningún elemento que les dijese que estuviesen cerca de su objetivo.
“Ni siquiera nos hemos encontrado con un mísero viajero cuando nos hemos acercado a los caminos. Es muy extraño.” pensó Sasuke frunciendo el ceño cuando repentinamente abrió los ojos incrédulo a la vez que activaba su Sharingan. “¡Mierda, no será…!”
—¡Quietos los dos! —gritó Sasuke poniendo los brazos para que sus compañeros parasen.
De sopetón, los dos compañeros de equipo del Uchiha se detuvieron sin pensar. Naruto hizo un gesto extraño por el que casi se resbaló de la rama en la que se había apoyado.
—¡¿Qué te pasa, Sasuke?! ¡¿Estás tarado o qué?!
—¡Cállate, perdedor! ¡Estamos dentro de un Genjutsu!
Los ojos de Sasuke se posaron en Naruto y Sakura. Luego miró a sus manos. Con el Sharingan, pudo percibir que alrededor de sus cuerpos el flujo del chakra que emanaban estaba distorsionado. Si normalmente se podía ver muy suaves ondas de chakra al utilizar el Sharingan, Sasuke vio picos que se alzaban y descendían agudamente, especialmente alrededor de sus cabezas. Le costaba mucho discernirlo, pero podía verlo.
“Joder, hemos caído en su trampa. Quién sabe desde cuanto tiempo…” maldijo Sasuke para sí mismo.
Sasuke sintió un dolor agudo en el hombro donde tenía el Sello de Maldición de Orochimaru y jadeó con fuerza al notar que la resistencia se escapaba de su cuerpo.
—Sakura, usa tu chakra para deshacerte del Genjutsu. El Sharingan me ha consumido demasiada energía. —dijo Sasuke a la chica al sentir cansancio.
La joven de cabellos rosados, sin dudar de las palabras de Sasuke, junto sus dedos en el sello Tigre para disipar aquella ilusión.
—¡Genjutsu: Kai! (Jutsu Ilusorio: Liberación)—dijo Sakura quien liberó una gran cantidad de chakra controlado a su alrededor.
Inmediatamente, Sakura abrió los ojos. Observó que se encontraban en el suelo de una de las explanadas del bosque cercano a Furuya no Kyô. Se giró para ver a Naruto y Sasuke completamente KO. La chica puso sus manos en los cuerpos de sus compañeros de equipo para que saliesen de la ilusión y se levantasen despacio. Se habían alejado del lugar de despedida de su maestro Kakashi, pero aún estaban demasiado lejos de donde creían que en un principio se encontraban, del posible lugar de encuentro con los ANBU.
—Qué estúpidos sois. Creo que es la segunda vez que os veo caer en este Genjutsu, alumnos de Kakashi. —dijo una voz que escucharon tras ellos. —Pensaba que ya conoceríais bien el Kori Shinchū no Jutsu (Jutsu de Efecto Mental Malicioso) después de que os ayudé la última vez.
Los tres Genin se giraron a la vez que se levantaron rápidamente del suelo. Vieron una figura. Un joven algo mayor que ellos, con cabello gris ceniza sujeto en una cola de caballo y ojos ónix que estaban adornados con unas gafas circulares, las cuales sujetaba con un dedo desde el tabique de su nariz. Yakushi Kabuto. Al ver al chico, Sasuke apretó los dientes entre sus mandíbulas. El chico Uchiha acababa de sentir el punzante dolor del Sello Maldito en su hombro izquierdo. No le estaba gustando su presencia. ¿Por qué? ¿Por qué le dolía ahora?
—¡Maldición, Kabuto! ¡¿Qué estás haciendo aquí tan lejos de Konoha?! —alzó la voz Naruto parecía mostrar que no se encontraba del todo bien.
—Este no es lugar para que otros Genin de Konoha estén solos, Kabuto-san. Es mejor que te retires y te pongas a salvo. —dijo una jadeante Sakura tratando de prevenir al chico de las gafas sin dar muchos detalles de lo que estaban haciendo.
Sakura recordó que Kabuto les había ayudado en el pasado, evitando que fueran víctimas mortales de tres ninjas de Amegakure en una misión de entrega de documentos. Era lógico que quisiera prevenirle y ayudarle. Sakura pensaba que tendría que estar por esas tierras por alguna misión con otros shinobi, aunque ahora mismo le veían sólo. Ante las declaraciones de Naruto y Sakura, Kabuto sonrió de manera muy extraña. Esto no pasó inadvertido para Sasuke quien se puso en guardia de inmediato pese al dolor que experimentaba.
—¡Naruto, Sakura! ¡Manteneos alejados de él! —gritó el Uchiha con un kunai recién sacado de su portakunai.
Los dos compañeros del equipo Kakashi miraron a Sasuke contrariados. Algo no parecía ir bien.
—¡¿Qué sucede, Sasuke-kun?!
—¡¿Qué quieres, Sasuke?! ¡No ves que alguien nos ha metido en un Genjutsu y tenemos que advertir a Kabuto de esto!
Sasuke apretó los dientes frustrado. La estupidez de ambos le estaba poniendo enfermo. ¿Es que acaso no se habían dado cuenta ya?
—¡Idiotas! ¡Él es quien nos ha metido en el Genjutsu! —gritó Sasuke con enfado patente.
Los tres Genin miraron a Kabuto y se pusieron en guardia total. Naruto percibió que su propia cara se transformaba en una expresión llena de malestar. No se podía creer lo que acababa de escuchar en boca de Sasuke. ¿Kabuto era un traidor? ¿Cómo?
—¡¿Qué significa esto, Kabuto?! ¡¿Cuáles son tus intenciones?! —exigió Sasuke al mencionado.
—Con vosotros nada, en realidad. —comenzó diciendo el joven de diecinueve años enseñando con su mano un pergamino azul que se les hacía familiar. —Sólo quiero que esto no llegue a su destino.
Sasuke se palpó el torso del cuerpo y comprobó que efectivamente el maldito de Kabuto les había arrebatado el pergamino de Kakashi con el mensaje para Hokage. El chico Uchiha gruñó tras apretar sus puños.
—No puedes confiar en aliados ineptos, Sasuke-kun. Sólo encargaran las tareas importantes a subordinados débiles e idiotas. —declaró el chico de gafas mirando con interés los contornos del pergamino. —Te obligarán a hacer su trabajo.
El Equipo Kakashi se dio cuenta de que se estaba refiriendo a los Genin de Suna que habían interceptado anteriormente, o tal vez se refería a ellos.
—En fin, que esto os sirva de lección para cuando seáis líderes o capitanes de equipos, si es que lo lográis. —dijo Kabuto con sorna a la vez que se dio la vuelta dándoles la espalda. —Hasta pronto, alumnos de Hatake Kakashi.
Antes de que pudiesen hacer nada, Kabuto utilizó el Shunshin no Jutsu (Jutsu de Teletransportación) desapareciendo con gran rapidez. Aunque Sasuke quiso buscarle utilizando su Sharingan, le fue imposible. No podía ver a través de los objetos como el Byakugan, ni podía detectar el chakra de la misma manera. Para su desgracia, Yakushi Kabuto también había borrado todo rastro de él mismo. Sasuke desactivó su Kekkei Genkai terriblemente agotado.
—¡Maldito bastardo! ¡Regresa! —dijo Naruto empuñando la mano hacia el traidor.
Aunque quiso correr tras él, su cuerpo falló al dar un paso y cayó al suelo. Estaba debilitado. Sakura tampoco se sentía bien. Kabuto les había drogado.
Treinta minutos después y tras tomar un antídoto estándar, el Equipo Kakashi se encontraba recuperado y con algo más de fuerzas.
—¡Mierda, no puedo creer que Kabuto sea un traidor!
—La sorpresa ha sido para todos, Naruto. —dijo Sasuke tras morderse el pulgar frustrado. —Pero también ha sido culpa nuestra. Fuimos imprudentes. No debimos bajar la guardia. ¡Con nadie!
—¿Pero, Sasuke-kun, cómo íbamos a imaginar que nos encontraríamos con una situación similar? —preguntó Sakura sin malas intenciones.
La mirada de Sasuke se tornó sumamente seria hacia Sakura. La chica calló de inmediato ante el halo de severidad del Uchiha al tiempo que Naruto gritaba a Sasuke que no la mirase de esa manera. El chico de ojos negros bajó el rostro lleno de frustración.
—Un shinobi… un shinobi debe prepararse antes de que sea demasiado tarde. —dijo el chico Uchiha con dificultad. —Y nosotros hemos fallado en esa regla ninja.
Sus dos compañeros se mostraron cabizbajos también ante las duras palabras de Sasuke. Era cierto lo que su compañero Uchiha decía. Los shinobi debían respetar el Código Shinobi costase lo que costase y ellos habían fracasado en una de sus reglas. Se sentían derrotados. Pese a todo lo que estaba pasando, a Naruto no le duró mucho el sentimiento de fracaso.
—Pues este no es el momento de lamentos. —comenzó Naruto levantándose del suelo.
—¿Qué pretendes hacer, Naruto? —preguntó Sakura con confusión ante el repentino cambio de humor del chico Uzumaki.
Naruto se recolocó los pantalones anaranjados y se quitó el polvo y la tierra de los mismos. Suspiró y dirigió su mirada en dirección este.
—Tenemos que ir y dar el mensaje al Viejo Hokage como sea. —declaró Naruto con convicción. —Esa es la misión que Kakashi-sensei nos ha encomendado.
Sakura dio un suspiró y negó con la cabeza ante lo que Naruto había dicho.
—No te enteras, Naruto. —el tono de voz de Sakura sonaba entristecido. —No podremos llegar hasta Sandaime-sama. Los ANBU exploradores no nos dejarán comunicar el mensaje sin un pergamino oficial de un superior.
—Eso no importa. El Viejo sabe que si se lo digo yo me tendrá en cuenta. —explicó Naruto con firmeza a la chica. —Al fin y al cabo, soy… soy el Jinchûriki del Kyûbi.
Sasuke levantó una ceja con interés ante las palabras de su compañero de equipo. Era cierto. Bien era sabido que Naruto llevaba en su interior sellado al Kyûbi, el conocido como Zorro de Nueve Colas, que atacó a Konoha hacía trece años. Yondaime Hokage y padre de Naruto, Namikaze Minato, selló al monstruo tras descontrolarse del cuerpo de la fallecida madre de Naruto, Uzumaki Kushina, la anterior Jinchûriki.
Todos los shinobi de la Aldea sabían que el individuo que contenía al Kyûbi estaba relacionado y vinculado de alguna manera al Hokage por protección y por ataque. El mismo Sasuke pensaba que habían sido seleccionados para esta misión debido a que pertenecían al mismo Equipo de Graduación que Naruto. Era imperativo que Hokage estuviese cerca del Jinchûriki de Kyûbi. Sandaime no se opondría en principio a escuchar lo que Naruto tuviera que decirle.
—Vale la pena intentarlo. —dijo el Uchiha levantándose también del suelo de tierra y hierba.
—Pero, Sasuke-kun…
—No tenemos tiempo, Sakura. La aldea está en peligro y la vida de Hokage también. Tenemos que ser rápidos y astutos. —sentenció el Uchiha ante la potencial queja de su compañera.
Tras un instante de duda, la chica de pelo rosa también se puso en pie y afirmó con la cabeza. Rápidamente, se pusieron en marcha de nuevo hacia el encuentro del destacamento de Sandaime Hokage dejando atrás, por el momento, la traición y la derrota.
—
—Pronto llegaremos al País del Fuego. A partir de ahí tenemos que estar preparados para lo que sea que venga. —dijo Neji al ver que comenzaba a otear el Bosque del Suroeste.
El Equipo Gai había estado viajando sin descanso durante medio día para acortar tiempo. Se habían despedido de su maestro a unos veinte kilómetros de Furuya no Kyô. El Jônin les había entregado un pergamino oficial con la información recabada en Suna que debía ser entregada cuanto antes a los Ancianos del Consejo de Konoha. Por supuesto, habían decidido que los pormenores del Genjutsu en el que cayó Lee quedarían, de momento, como un asunto interno de su equipo. Ya habría tiempo para tratarlos más adelante. Pronto, pasaron por una zona donde había rastros de combate. Se preguntaron si tendría algo que ver con lo que iba a suceder en la antigua capital de los Ríos.
—¿Crees que Gai-sensei estará bien él sólo, Neji? —preguntó Tenten mientras ayudaba a Lee a saltar entre los árboles.
Lee, por su parte, trataba de que por su garganta no salieran quejidos de dolor. La fractura del brazo le estaba matando, pero no quería que sus compañeros ralentizasen el paso por él.
—No podemos estar seguros al 100% de que esté bien, pero estamos hablando de Gai-sensei. —respondió Neji con tranquilidad en su voz. —Él no es un Jônin ordinario.
—Así es. Nadie puede ganar a nuestro maestro —respondió Lee tratando de centrarse en la conversación para dejar de pensar en el dolor. —Es el ninja más fuerte de Konoha.
Tenten se rió ligeramente, moviendo la cabeza ante las palabras de su compañero herido.
—Je, je, Lee, siempre pensarás que Gai-sensei es el ninja más fuerte.
—No es que lo piense. Es que lo es, Tenten. —dijo Lee con una sonrisa amplia en su rostro.
De pronto y sin previo aviso, Lee se resbaló al apoyar mal el pie en una de las ramas del árbol que saltaban. Esto hizo que se llevase consigo a Tenten hacia el suelo, arrastrándola con brusquedad. Antes de caer, la chica pudo amortiguar la caída de su compañero evitando algo peor. Ella, por su parte, no tuvo tanta suerte.
—¡Agh… mi estómago…! —se quejó Tenten agarrándose contra el suelo.
—Dios, Tenten, lo siento muchísimo…
Lee trató de ayudarla a levantar, pero el sólo toque de su brazo con una superficie hizo que le acalambrara de dolor. Neji bajó hacia donde estaban caídos con rapidez e inmediatamente asistió a Tenten.
—¿Estás bien? —preguntó Neji ofreciéndole la mano a su compañera.
—Sí, sólo me duele un poco por el golpe. No te preocupes, Neji.
Lee vio como Tenten se levantó del suelo para sacudirse el polvo y la suciedad de la caída en su ropa y su piel. Alguna rozadura superficial se había creado por la fricción. A Lee no le estaba gustando esto. Desde que habían salido de Suna, su condición estaba ralentizando los avances de sus compañeros. Si bien todo estaba saliendo bien gracias a su brazo partido, también era verdad que podrían estar ya en Konoha, haciendo llegar el mensaje de Gai-sensei, pues eran el equipo de Genin más rápido de Konoha actualmente. Lee comprendió que su lugar en esta historia estaba ya decidido. Tenía que sacrificarse aún más.
—Venga, reanudemos la…
—Neji… Tenten… —dijo Lee quien comenzó hablando con dificultad. —Vosotros continuad adelante. Dejadme aquí.
Los dos compañeros del joven Genin abrieron desmesuradamente los ojos al ver la seriedad que destilaba Lee con su semblante. No daban crédito a sus oídos y a lo que veían. De nuevo, Lee estaba haciendo peticiones estrambóticas. ¿Dejarle atrás? ¿Eso estaba diciendo él, un Rescatador? Sin duda, Neji y Tenten jamás pensaron en sus vidas que Lee hubiese dicho semejantes palabrerías.
—Lee, por favor, déjalo ya. —dijo Tenten abatida por el cansancio debido a todos los días de viaje y a la tensión acumulada. —No podemos dejar a un compañero atrás, menos a un herido, y tú lo sabes.
—Coincido. Sabemos tan bien como tú que hay que llegar pronto a Konoha, pero dejarte atrás nunca ha sido una opción. —dijo Neji con el ceño fruncido no queriendo tolerar más sufrimiento de parte de su compañero. —Escucha. Sé razonable. Piensa al menos en Tenten.
Lee dirigió su mirada a la chica quien mostraba dolor en su expresión facial. Para él, Tenten era como la hermana mayor que nunca había tenido. Desde que se conocieron en la Academia Ninja hacía cuatro años atrás, Tenten había estado muy cerca de él. Le había acompañado, prevenido y ayudado en lo necesario. Cuando era preciso alentarlo, ella estaba ahí, y cuando había que detenerlo, ella estaba ahí también. Por eso, a Lee le dolía hacerla sufrir con esta situación.
—Mirad, sé que no he parado de decir cosas que os han llevado a tomar acciones y decisiones dolorosas. Pero ahora sabemos que todo es real. Que nuestra aldea está en peligro y no podemos esperar ningún segundo más.
—Lee…
—Esta es la última cosa que os voy a pedir sobre este asunto: dejadme atrás y llevad el mensaje de Gai-sensei a Konoha. —el chico de cabello negro miró con mucha seriedad a sus compañeros.
Neji y Tenten se pararon mucho tiempo a pensar las palabras de Lee. El hambre, el cansancio y la necesidad de hacer llegar el mensaje a Konoha cuanto antes les empujaba a hacer caso a Lee.
—Pero, ¿qué pasa con tu estado, Lee? —preguntó un preocupado Neji al chico herido. —Recuerda lo que dijo la anciana Chiyo. No estás preparado para un combate.
Lee miró a Neji con una sonrisa cansada, aunque con un ligero atisbo de suficiencia.
—No tengo porque combatir. Sólo defenderme, si llegase el caso. —respondió el chico de cabello negro con suavidad. — Creedme, no voy a luchar contra nadie. Me esconderé lo mejor que pueda. Iré con un perfil muy bajo, lo juro.
Tenten se dio cuenta de que Lee estaba suplicante de que ambos se fuesen cuanto antes, de que se adelantasen hacia Konoha.
—La seguridad de la aldea te importa mucho, ¿cierto? —dijo la chica de cabello chocolate con la mirada baja.
—Te equivocas, Tenten.
De repente, la chica alzó la vista hacia Lee quien la esperaba con una sonrisa llena de paz y confianza.
—Konoha me importa porque allí están nuestras familias y amigos, y tenemos que defenderles.
Las caras de Neji y Tenten se transformaron en un instante. Sonreían complacidos a la vez con las palabras convincentes Lee. Se dieron por vencidos. Su compañero les había ganado una vez más.
—De acuerdo. Nosotros nos adelantamos. —dijo Neji afirmando con la cabeza. —Te esperamos en Konoha.
—No se te ocurra hacer tonterías, ¿de acuerdo?
—Vamos, Tenten. Soy un Rescatador. En menos de que os deis cuenta estaré salvándoos a vosotros las espaldas.
La chica hizo una mueca divertida que hizo reír a Lee. Tras una corta despedida, el chico vio como sus compañeros se adelantaron entrando al Bosque del Suroeste. Lee miró a sus alrededores y suspiró. Se había quedado completamente sólo.
—Bien, ahora iré despacio hasta la aldea y cof… cof, cof…—dijo Lee completamente molestó con la garganta irritada. —¡Ah, ¿qué es esto?!
Sin previo aviso, un gran bomba de humo le dejó sin visión. El chico de cabellos negros miró a su alrededor completamente perdido por la espesura de la humareda.
“No entiendo qué está pasando…¿Un ataque ahora? No escuché que hubiese nadie. ¿De dónde viene?”
El instinto de supervivencia de Lee hizo que saltara al momento de notar una vibración encima suyo. Dio un salto a su derecha cayendo contra el suelo mientras una figura bajaba hasta el mismo lugar donde antes estaba él. El extraño personaje se posó suavemente enfrente de él.
—Vaya, parece que aún te quedan reflejos rápidos, Lee-kun.
La humareda se fue dispersando despacio. Lee pudo poco a poco revisar sus alrededores. El chico de cabellos negros se puso en posición de guardia pese a que el brazo le dolía como un demonio. Fingió que se encontraba mejor de lo que estaba.
—¡¿Qué es esto?! ¡¿Quién eres?! —exigió Lee con presteza.
Finalmente, el humo desapareció y Lee pudo verlo en su totalidad. Un hombre alto con un traje de cuerpo entero de malla en azul oscuro y una capa negra que le tapaba la cabeza y el rostro se alzó en medio del bosque.
—Me presentaré. Soy Toshikomi y vengo por ti, Lee-kun.
El chico de cabello negro frunció el ceño. ¿Era un adversario de Konoha? ¿Un aliado de Orochimaru y del resto de países que estaban bajo sus órdenes? Mientras por su mente pasaban varias preguntas, el hombre de la capucha mostraba una sonrisa de oreja a oreja ocultando sus ojos, haciendo sentir a Lee una inquietud extrema.
—
—¡Allí están! ¡Veo a un ANBU!
—¡Ellos se habrán dejado ver, Naruto idiota!
El chico rubio se lanzó rápidamente contra los árboles. Estaba entusiasmado. ¡Al fin llegaban a alcanzar al destacamento del Viejo Hokage! En poco tiempo estarían cara a cara con él y podrían decirle todo lo que había pasado.
—¡Alto inmediatamente!
Los tres Genin del Equipo Kakashi hicieron caso a la repentina orden y bajaron hasta el suelo de un salto. En menos de un segundo, cuatro miembros de ANBU con uniforme estándar les rodearon.
—¡Qué bien que aparecéis! ¡Tenemos mucho que contaros! —exclamó Naruto con confianza en su voz.
Uno de los ANBU con máscara de verraco y capa blanca, signo de ser el líder del escuadrón, se adelantó hacia Naruto con paso firme y serio. En silencio, Sasuke se fijó en el porte del líder ANBU. No parecía muy amigable.
—Silencio, Uzumaki Naruto. Nosotros preguntaremos lo que necesitamos saber de vosotros.
Ante estas palabras, la sonrisa de la cara del Genin de cabellos rubios se borró en un instante. Sakura se puso en estado de alerta, tragando saliva fuertemente y contuvo la respiración nerviosa.
—Vosotros sois del Equipo Kakashi, ¿cierto? —comenzó diciendo el Capitán ANBU. —¿Qué estáis haciendo aquí? ¿Por qué no estáis con Kakashi cumpliendo vuestra misión de avanzadilla, Uzumaki Naruto?
Debido al corte de antes, a Naruto se le dificultó hablar. Sakura, al ver esto, intervino tratando de ayudar a su compañero de equipo.
—Kakashi-sensei nos pidió que vinieramos a vuestro encuentro. Teníamos un pergamino que entregar a su nombre para Hokage-sama. —declaró Sakura con timidez.
Los cuatro ANBU permanecieron impasibles y con un aspecto corporal tranquilo. Sus auras estaban tensas, pero contenidas. Sasuke sintió incomodidad ante esto.
“Hm, no es de extrañar que sean la élite de la élite del Sistema de Jerarquía Shinobi.” alcanzó a pensar el Uchiha sintiendo el sudor correr por su frente.
—¿Un pergamino? ¿Y dices que teníais? —preguntó de nuevo el Capitán ANBU. —Si decís eso, quiere decir que ya no lo tenéis.
Tras esta afirmación, Naruto superó la anterior interacción con el líder ANBU y se lanzó a hablar desenfrenadamente.
—Nos quitaron el pergamino. No querían que llegase la información hasta el Viejo Hokage. —espetó Naruto con franqueza.
La ANBU que estaba más cerca de Naruto, que portaba una máscara de gato y tenía cabellos purpúreos, dio un paso al frente hacia él.
—Es mejor que cuides tus palabras para referirte a Sandaime-sama, Uzumaki Naruto. Ya se te ha avisado varias veces en el pasado. —dijo la ANBU suspirando a lo que parecía haber repetido en otras ocasiones al joven Jinchûriki.
Naruto apretó los dientes ante la parsimonia de los ANBU exploradores del destacamento de Sandaime. Le estaba poniendo enfermo, pues sentía que no le estaban tomando en serio.
—¡No hay tiempo para esto! ¡Tenéis que dejarnos pasar para dar el mensaje de Kakashi-sensei! ¡Unos ninjas de Suna nos atacaron y dijeron que había órdenes de matar al viejo y de destruir la aldea!
Sasuke miró anonadado a su compañero. Eso no era lo que los ninjas de Suna habían dicho, sino lo que Sakura había confesado. De hecho, era lo que menos quería Kakashi que transmitieran ahora mismo.
—Ante la importancia de este encuentro entre Hokage y Kazekage, me temo que no podemos dejar pasar a nadie sin elementos factibles y concisos. Por ello, no podemos dejaros pasar, Uzumaki Naruto.
—¡No sé qué significa eso, tú, cara de buey, pero me da igual!
—¡Para, Naruto! ¡Se refiere a que no nos van a dejar acercarnos a Sandaime-sama hasta que no tengamos pruebas de que lo que decimos es verdad! —exclamó Sakura al explicárselo a su compañero rubio. —¡No tenemos el pergamino de Kakashi-sensei!
—¡¿Quieren pruebas?! ¡Pues preguntádselo a Gejimayu y a sus compañeros! ¡Por que ellos parece que sí saben algo!
Ante las declaraciones del alocado shinobi, Uchiha Sasuke agarró a Naruto por el cuello de su chaqueta anaranjada y le miró enfurecido.
—¡Cállate, maldito perdedor! ¡Eso no es lo que ha pasado! ¡Deja de mezclar información indebidamente!
—¡Suéltame, estúpido! ¡Lo único que me importa ahora es que no le pase nada al Viejo Hokage!
—¡Parad ya! ¡No conseguiremos nada así! —exclamó la chica de cabellos rosados tratando de interponerse entre los dos para separarlos inútilmente.
Los dos Genin del Equipo Kakashi comenzaron a zarandearse entre sí, casi tirándose al suelo de la explanada. Los ANBU se miraron entre sí mientras asistían con aparente apatía a todo lo que se estaban haciendo.
—Independientemente de si estuviéseis tranquilos o alterados, no os dejaríamos pasar. No tenéis nada que acredite lo que estáis diciendo. Así que aquí termina la conversación. —repuso el líder ANBU con mucha tranquilidad en su voz.
Naruto se giró inmediatamente hacia el Capitán Anbu. Estaba furioso, extremadamente enfadado. Contaban con una información clave para evitar la muerte del Viejo Hokage y no le querían dejar transmitirla. Naruto sintió como sus dientes se apretaban muy fuerte entre sus mandíbulas y sentía bullir la sangre dentro de él.
—Si no lo hacéis por las buenas, ¡lo haréis por las malas! —exclamó Naruto abalanzándose hacia el Capitán con el puño de su mano por delante.
En un pestañeo, el ANBU de máscara de verraco desapareció delante de él. Antes de que el chico de cabellos rubios pudiese darse cuenta sintió un golpe en la nuca que le hizo caer de bruces contra el suelo, dando un quejido muy fuerte.
—¡Naruto, no! —exclamó Sakura tratando de llegar hasta su compañero en vano, pues otro de los ANBU la sujetó por la espalda sin previo aviso.
Por su parte, Sasuke también dio con las rodillas en el suelo al ser restringido por un segundo ANBU.
—Por el momento, quedáis detenidos por no estar con vuestro Capitán de Equipo durante la misión que se os encomendó. Y tú, Uzumaki Naruto, además, por atacar a un superior. —dictaminó el líder del grupo ANBU.
—¡¿QUÉ?! ¡ESO NO PUEDE SER! ¡ME NIEGO! —gritó Naruto tras ser sujetado por el resto de los ANBU libres.
Sasuke y Sakura, al ver el panorama, simplemente suspiraron derrotados. Al cabo de un rato, en el que Naruto finalmente se terminó por calmar, los tres Genin del Equipo de Kakashi se encontraban atados contra un árbol mientras les custodiaban dos de los ANBU que componían el escuadrón. Se sentían inútiles completamente.
—¿Qué harán con nosotros? —preguntó Sakura ante la situación actual.
La joven kunoichi observó cómo sus dos compañeros varones callaban. Naruto tenía la mirada baja por su impetuosidad anterior. Sasuke mostraba un ceño pronunciado. Por ello, Sakura desistió en volver a preguntar al recibir el silencio como respuesta. Tras un rato, se rompió el silencio.
—Más que preguntar qué harán con nosotros, debemos preguntarnos sobre qué debemos hacer nosotros ahora. —declaró Sasuke repentinamente.
El chico Uchiha se mordió el interior de la mejilla. Estaba muy molesto con sus compañeros, especialmente con Naruto. Todo estaba saliendo mal. No estaban pudiendo llevar el mensaje que les habían encomendado. En verdad que no tenían tiempo para estas tonterías. Konoha estaba al borde del abismo y no les estaban dejando avanzar.
—Si no podemos informar a Hokage, tendremos que desistir y continuar con la misión hasta el final. —declaró Sasuke finalmente. —Debemos ir a Konoha directamente e informar a los Ancianos del Consejo de Konoha como dijo Kakashi.
Naruto alzó su rostro ante las palabras de Sasuke. El chico rubio se sentía muy mal por todo lo que acababa de suceder. De alguna manera, quería tratar de solucionarlo y ser útil..
—Sasuke… quiero…
—¡Cállate, maldito perdedor! —escuchó Naruto de manera cortante de los labios de Sasuke. —¡Por tu culpa estamos en esta situación!
—¡Eso, Naruto! —continuó Sakura con actitud molesta. —¡Si sólo te hubiese ceñido a tu función de Jinchûriki, hubiese sido posible haber tenido una oportunidad!
Naruto apretó los labios con fuerza. Por su mente pasaron muchos pensamientos intrusivos de los que quería evitar centrarse. Escuchar ese apelativo “Jinchûriki” le llenó de dolor el pecho. Era un título que detestaba. No quería ser reconocido como el Jinchûriki de Konoha, o como el monstruo o como el Kyûbi. Él quería ser reconocido como quien era: Uzumaki Naruto. Por eso, trataba de hacer oídos sordos cuando le llamaban así, incluso aunque fuese para atacarle como ahora. Sabía que había hecho mal. Sabía que no había estado a la altura de las circunstancias, pero en el fondo de su corazón quería arreglarlo. Por el Hokage y por Konoha. Por eso, en este caso en concreto, además, no podía culpar a sus compañeros de estar enfadados con él.
—Lo sé. Sé que ha sido mi culpa pero, quiero compensarlo… de alguna manera…
Sasuke y Sakura quedaron callados ante las palabras de Naruto. No tenían mucho tiempo que perder. Si bien sabían que el chico de cabellos rubios era un idiota impulsivo, también sabían que aún tenía un corazón de oro con el que quería ayudar a sus compañeros y amigos. No sería la primera vez que lo mostraría.
—Está bien. —comenzó diciendo Sasuke un poco más tranquilo. —En esta situación, tus habilidades son las mejores. Al fin y al cabo, eres un Ladrón, Naruto.
La cara de Naruto se iluminó instantáneamente al escuchar a Sasuke alabarlo por su Categoría Ninja. Éste era uno de los pocos conceptos que Naruto recordaba de su etapa en la Academia.
Las Categorías Ninja eran un conjunto clasificatorio complementario al Sistema de Jerarquía Shinobi. Independientemente del rango ninja al que perteneciera un shinobi, al momento de graduarse, y confirmado durante el primer año, se le asignaba una Categoría Ninja teniendo en cuenta sus habilidades, sus técnicas, su historial familiar y social, su desempeño e, incluso, su actitud y su personalidad. Si bien los profesores decían a sus graduados jocosamente que lo habitual era que se formasen los Equipos de Graduación con los mejores y los peores alumnos, lo cierto es que era una leyenda escolar. Éste era el verdadero sistema que se utilizaba para formar los Equipos de Graduación.
Por otro lado, aunque las Categorías Ninja habían sufrido modificaciones desde que fueron instauradas durante la Gobernanza de Shodai Hokage, en la actualidad Konoha mantenía ocho: Saboteador, Limpiador, Asesino, Escolta, Rastreador, Rescatador, Espía y Ladrón. Ésta última era la Categoría Ninja de Naruto. La mejor, en la humilde opinión del joven hiperactivo.
—Pero puede ser difícil, Naruto. —dijo Sakura en un susurro. —Ni Sasuke ni yo podemos deshacernos del agarre de las muñecas. Nuestros Nawanuke no Jutsu (Jutsu de Escape) no funcionan.
—Tienen que haber usado algún tipo de cuerda especial. Tal vez está tejida de cabello de una Ôhime, de una Princesa. —sugirió Sasuke al sentir el tacto de la atadura.
En ese momento, tras alzar la vista, la mirada del chico Uchiha se posó en Naruto quien sonreía entre pícaro y malicioso ampliamente. Sasuke sonrió con la comisura de los labios con algo de sorna. El perdedor ya estaba trabajando en su cabeza.
—¿Cómo vais con ellos, Towa? — preguntó una ANBU que se acercó a sus dos compañeros, quienes vigilaban a los tres retenidos.
—Están tranquilos. Parece que Uzumaki Naruto se ha calmado ya, Komachi. —respondió el ANBU llamado Towa.
—¿Hay novedades de qué se hará con ellos? —preguntó la tercera ANBU con cabello largo y purpúreo.
—El Capitán ha determinado que seremos tú y yo quienes los custodiemos hasta Furuya no Kyô. Después de la reunión, Hokage-sama hablará con ellos, Gazeru. —informó Komachi con los brazos cruzados a la joven ANBU con máscara de gato.
—Pero no sé porque éstos deberían tener trato preferencial con Hokage-sama. —repuso Gazeru con molestia en su tono de voz. —Sólo porque en este equipo está el chico Uchiha y el Uzumaki…
—La verdad es que te doy la razón, Gazeru. —dijo Towa rascándose la cabeza. —Si esto lo hubiese hecho otro equipo Genin, estarían entre rejas durante una larga temporada.
—Ya lo creo…
A unos 200 metros de distancia, unos ojos rojizos observaban a los tres ANBU descifrando lo que hablaban por sus labios. Uchiha Sasuke lanzó un gesto afirmativo a sus dos compañeros quienes respondieron igual al pelinegro. Habían picado el anzuelo. Naruto había podido deshacer las cuerdas gracias a sus habilidades de Ladrón y había dejado detrás de sí tres Kage Bunshin transformados atados al árbol donde anteriormente se encontraban ellos.
Finalmente, el Equipo Kakashi se lanzó de nuevo a los bosques, dispuesto a cumplir el último mandato de Kakashi-sensei: regresar a Konoha y alertar de la inminente invasión que se cernía sobre ella.
—
Rock Lee lanzó una mirada fruncida a aquel hombre que se encontraba frente a él.
“¿Toshikomi? ¿Quién se supone qué es? ¿Debería conocerlo de algo?” pensó el herido Genin sin apartar la mirada de su oponente.
El hombre llamado Toshikomi se limpió la ropa de polvo tras la dispersión de la bomba de humo. Después, se giró para mirar a Lee. Se quedaron en un silencio tan intenso que podía cortarse. Lee respiró despacio tratando de mantener el aire controlado. Se preguntaba si Neji y Tenten estarían teniendo problemas o si Hokage-sama ya habría llegado a Furuya no Kyô con su destacamento de ANBU y guardaespaldas. Esperaba que Gai-sensei llegase allí lo antes posible para informarle, ya que quedaba menos de la mitad de la noche para la reunión.
—La verdad es que me sorprende que lo hayas conseguido. Los demás no alcanzaron a hacer ni una décima parte de lo que has logrado tú, Lee-kun. —comenzó hablando Toshikomi de una manera que Lee identificó como críptica.
El Genin se centró en la boca del tal Toshikomi, la única parte de su rostro que podía distinguir gracias a la luz de la luna. Unos labios finos, pero grandes que sonreían de manera tenebrosa. Sus dientes eran también grandes, sacándolos hacia fuera, haciendo un gesto permanente de prominencia en la boca. Lee se sintió incómodo. Tenía que ser muy cuidadoso. No sabía a quién se enfrentaba.
—¿Que lo haya conseguido? —dijo el chico de cabello negro manteniendo la posición defensiva a duras penas por el dolor. —¿A qué se refiere? No le conozco. Me debe confundir con otra persona.
“¿Confundirme con otro Lee? ¡Menudo farol, Rokku!” pensó el chico de cabello negro sintiéndose avergonzado. “¿Cuántos más tendrán mi mismo apellido?”
Lee observó cómo el hombre avanzó dos pasos hacia él. Esto sólo provocó que el chico marchase dos pasos atrás para asegurar la distancia.
—Al final resulta que no parecías tan inútil después de todo. —dijo Toshikomi dando un nuevo paso hacia Lee. —O más bien… no te deje tan inútil.
En un parpadeo, el hombre llamado Toshikomi desapareció de la vista. Un escalofrío recorrió la espalda de Lee al sentir una mano en su cabeza desde atrás. Toshikomi se había situado allí sin ser sentido, visto o escuchado. Eso produjo a Lee un terror instintivo.
—Así que llegaste hasta aquí, Lee-kun. Muy interesante…
No supo si fue una mezcla entre el instinto de supervivencia y el miedo, pero Lee sólo pudo reaccionar alcanzando a golpearle con la pierna buena en un movimiento circular hacia atrás. Al instante, saltó alejándose de él, lanzando un quejido lleno de dolor por las heridas. Tenía que ganar tiempo para poder escapar de alguna manera. Su mente comenzó a pensar rápidamente en todas sus posibilidades de acción.
No obstante, Rock Lee se quedó completamente pasmado y confundido al dirigir su mirada nuevamente a Toshikomi. Estaba tendido en el suelo agarrándose con dolor el costado, el lugar donde había sido golpeado. Lee parpadeó varias veces completamente confundido. ¿Qué significaba esto? ¿Era acaso posible? ¿Una persona casi tan rápida como Gai-sensei había caído por un simple golpe?
—¿Acaso eres tan deb-…? —trató de decir Lee sin poder acabar la frase.
—Ugh, no tiene caso que me quede mucho más. Ya tengo todo lo que necesito. —dijo Toshikomi levantándose con mucha dificultad, agarrándose con dolor en su voz. —Nos veremos en otra ocasión, Lee-kun. Ten presente que tu fin será el mismo.
Lee vio cómo el hombre de la capa negra sacó una serie de bombas de humo y las lanzó al suelo activándolas rápidamente. Nuevamente, el chico de cabellos negros no pudo hacer nada en ese estado. Esperó en alerta total a que se disipara el humo para ver que ese hombre se había marchado. El joven Genin comenzó a mirar a su alrededor. No pudo ver nada, ni siquiera podía llegar a escuchar algo. No había quedado rastro de ese Toshikomi. Estaba completamente sólo nuevamente. Lee se tiró al suelo lleno de cansancio y estrés.
—Dios, ¿quién era ese hombre? ¿y qué quería de mí? — dijo el chico jadeando al tratar de buscar en su memoria si conocía o había luchado en el pasado con alguien que coincidiera.
La respuesta ante sus memorias, mezcladas por la ilusión y la realidad, fue negativa. Aunque su mente le empujaba a pensar en bucle lo que había pasado, Lee tenía que recomponerse. Su objetivo era llegar a Konoha cuanto antes pudiera.
—Independientemente de esto, tengo que continuar. Debo regresar a Konoha. Me encargaré después de esto.
Se levantó con dificultad, sujetando su dolorido y roto brazo, y comenzó a trotar ligeramente en dirección a Konoha para tratar de alcanzar a Neji y a Tenten.
—
—Acuérdate de traer un bote de salsa de soja y un bote de shichimi, ¿oíste, Ino?
Yamanaka Ino suspiró en el rellano de su casa tras terminar de poner las sandalias para salir a la calle.
—Ya lo sé, mamá. —respondió la chica de cabello largo y rubio tras levantarse. —Me lo has escrito en la lista que me has dado. No hace falta que me lo repitas más.
La joven Yamanaka salió por la puerta de la floristería antes de que su madre se arrancase a darla una aburrida charla sobre la rebeldía propia de su edad. Eran sobre las 10 de la mañana en la Avenida de las Flores e Ino tenía día libre de misiones y de trabajo en la floristería familiar. No obstante, eso no significaba que estuviese demasiado contenta por tener tiempo desocupado. El motivo era porque llevaba casi un mes en esa misma situación. Eso la mantenía en un estado de tedio casi constante. Si que era cierto que, ocasionalmente, en las dos últimas semanas le asignaban alguna misión con otros ninjas que no fuesen de su Equipo de Graduación, pero eran sobre todo de búsqueda y recopilación de información; es decir, aburridas.
Desde que Shikamaru aprobó la fase preliminar y se postuló para la final de los Exámenes Chûnin, apenas había podido tener algún momento de entrenamiento con él. Al fin y al cabo, su compañero Nara se tenía que preparar individualmente para su combate final.
“Y ahora han puesto en pausa la fase final del examen por todo el embrollo con Suna. No sé de qué le habrá servido a Shikamaru estar tanto tiempo entrenando sólo para que ahora estén los exámenes parados. Aunque seguro que habrá pensado que todo está siendo problemático.” pensó Ino con una ligera risa interior recordando la perezosa personalidad de su compañero de equipo.
Ino dejó las callejuelas que cruzaban la Avenida de las Flores hasta alcanzar la Avenida del Té, una de las calles más concurridas y comerciales de la aldea. Allí, compró diligentemente todo lo que estaba en la lista que le había dado su madre en cada una de las tiendas especializadas. Una vez que terminó, se dispuso a regresar a su casa por el camino habitual hasta que una voz muy familiar la hizo pararse.
—¡Eh, Ino!
Al girar sobre sus pies, la chica de ojos azules pudo reconocer a su otro compañero de Equipo de Graduación: Akimichi Chôji, quien estaba devorando fervientemente una bolsa de patatas fritas sabor consomé, como era habitual en él.
—¡Chôji! ¡¿Qué sucede?! —dijo la chica con curiosidad. En un instante, su mente se activó llena de alegría al vincular la presencia de su compañero con una orden del Hokage. —¡¿No me digas que tenemos una misión?!
El corpulento chico, quien se había acercado hasta quedar en frente de Ino, la miró con ojos extrañados y parsimoniosos mientras se metía otra patata frita a la boca. Masticó rápidamente y tragó.
—No se a que te refieres, Ino. Sólo te vi pasar y pensé en saludarte. —respondió Chôji centrado en su snack favorito.
La chica del clan Yamanaka bajó de sopetón la cabeza decepcionada. ¡Qué idiota de su parte! ¡¿Cómo pensó que el gordo de su compañero Chôji le iba a traer novedades interesantes si sólo le importa la tranquilidad y tragar?! Tras el bajón, Ino propuso a Chôji que hicieran el camino de regreso a sus casas, pues estaban en la misma dirección. Anduvieron juntos durante un rato, pero tomando un camino diferente al habitual para llegar. Ino se enteró de que Chôji tampoco tenía nada que hacer, así que no perdían nada, sólo el tiempo.
—Shikamaru me dijo que hoy retomará los entrenamientos con su padre. —informó Chôji a la joven Yamanaka mientras recorrían la gran calle que daba a la zona del Muro Sur de la Aldea. —Como hoy va a ser la reunión de Hokage, piensan que pronto reactivarán la fase final del Examen Chûnin.
Ino andaba a la vez que miraba el suelo con tranquilidad. Alzó la mirada al bambolear la bolsa de la compra y observó a los civiles de la Guardia Urbana vigilando desde la muralla. Todo estaba calmado y el aire fresco del inicio de la primavera se acercaba a Konoha, dejando un aroma suave.
—Espero que todo esto de los exámenes pueda terminar pronto y volvamos a reunirnos como el Equipo Asuma para poder seguir entrenando juntos. —dijo Ino respondiendo a la información que había proporcionado Chôji. —Nuestra combinación Ino-Shika-Chô aún tiene que pulirse más.
Por su parte, Chôji miró a su compañera de equipo y, tras un instante que le pareció eterno, asintió dubitativo. A él no le gustaba tanto la idea de seguir entrenando. No porque le desagradase la idea de hacerlo o porque no le gustase estar con Ino y Shikamaru. Era sólo que detestaba la idea de tener que pelear y luchar. Él sabía que era un cobarde, un tipo demasiado bondadoso e ingenuo para un mundo en constante conflicto. Pero estaba decidido a superarlo. Ino y Shikamaru no se iban a quedar sólos por culpa de él. Había jurado, por el vínculo que unía a los tres clanes y que la amistad que profesaba a sus dos queridos compañeros que pelearía para protegerlos.
—De hecho, ¿te imaginas que Shikamaru acabase siendo Chûnin antes que nosotros? ¡Ja, con su vagancia y parsimonia no le veo comandando a un equipo shinobi! —rió la chica de cabello rubio.
—No seas así, Ino. Shikamaru es el que más oportunidades tiene de lograrlo. Ya sabes cómo es cuando se pone las pilas. —repuso Chôji defendiendo a su amigo de la infancia.
Ino dejó de reír, pero aún mantenía una sonrisa en los labios. Se acarició el largo mechón de pelo que caía sobre su frente antes de continuar. En verdad, Shikamaru podía llegar a ponerse serio cuando le apetecía, pero siempre parecía que le faltaba la motivación necesaria, le faltaba algo por lo que luchar y que proteger. Eso era algo que Ino conocía muy bien del chico Nara. Los dos jóvenes se estaban acercando al Portón del Sur y comenzaron a ver a varios grupos que entraban y salían de la aldea de manera constante.
—Lo sé, es sólo que… se me haría raro que dejásemos de estar juntos los tres tan rápido como equipo de Genin. ¡Sólo llevamos un año juntos y yo ya me estaba acostumbrando a vuestras manías y excesos, Chôji! —exclamó Ino con una extraña mezcla de tristeza y diversión en sus palabras.
—¿Manías? ¿Excesos? Yo no tengo manías ni excesos, Ino. No sé de qué hablas. —dijo Chôji abriendo otra bolsa de patatas, esta vez de sabor barbacoa, sacándola de quien sabe donde y volviendo a ponerse a comer.
Ante tal espectáculo, Ino se llevó una mano a la frente de manera dramática a la vez que suspiró.
—¡¿No ves a lo que me refiero?! En serio, Chôji si quieres llegar a gustarles a las chicas tendrías que…
De sopetón, los dos herederos del clan Yamanaka y Akimichi vieron como un grupo shinobi de tres personas se abalanzó dentro de Konoha por el Portón Sur a toda velocidad y sin parar por el Puesto de Entrada y Vigilancia para Shinobis de Konoha, similar a la aduana de Suna.
—¡Ey, vosotros! ¡Tenéis que identificaros antes de entrar! —gritó Hagane Kotetsu, uno de los conocidos Chûnin encargados del puesto desde hacía más de 5 años mientras se encaramaba para alzar la voz.
—¡No hay tiempo! ¡Debemos reportar cuánto antes a los jefes, ¿te enteras?!
La voz que escuchó Ino se le tornó excesivamente familiar. Ajustando su vista, por fin logró identificar a Naruto, seguido de Sakura y Sasuke. Por algún motivo, algo raro había en ellos. Algo que no le cuadraba a Ino. Los tres tenían un aspecto realmente sucio y cansado. Sabía que habían sido enviados a una misión de rango A al País de los Ríos hacía casi cuatro días, pero iban con Kakashi-sensei, y sólo para reconocer el terreno de Sandaime Hokage. Ahora estaban aquí, sin su maestro y con expresiones muy impactadas.
—¡Naruto, Sakura, Sasuke-kun! ¡¿Qué hacéis aquí?! ¡¿No se suponía que estaríais en Furuya no Kyô?! —dijo Ino alzando la mano para hacerse ver.
Los tres mencionados no se giraron ante las llamadas de Ino y Chôji y tampoco se pararon. Esto desconcertó a los dos jóvenes del trío Ino-Shika-Chô quienes, tras mirarse con incredulidad, se lanzaron a perseguirlos.
—¡Vosotros! ¡¿Se puede saber por qué no respondéis?! —gritó Ino con fuerza al momento de alcanzarlos.
Ante esta pregunta, Sakura lanzó una mirada muy seria. Ino no supo exactamente porqué, pero sabía que había algo mal.
—¡Ino, no hay tiempo que perder! ¡Nuestra aldea va a ser invadida por Suna! —gritó Sakura en respuesta. —¡Debemos informar al Consejo cuanto antes!
Al momento de escuchar las palabras de Sakura, Ino sintió que su cuerpo comenzó a volverse pesado, como si se desplazase a cámara lenta. No entendía nada. ¿Invasión por parte de Suna? ¡Eso era imposible! Ino no podía creer cuán ciertas eran las palabras de su amiga de la infancia. Cuando se fijó mejor en ellos, vio que sus rostros tenían una mezcla de cansancio e ira, especialmente los de Naruto y Sasuke. Esa prueba era suficiente para saber qué fuese lo que fuese era un asunto muy serio, aunque no se lo llegase a creer.
—¡De acuerdo! ¡Nosotros les vamos a adelantar la información a nuestras familias! — exclamó Ino como respuesta. —¡También al resto de clanes!
—¡Avisaremos además al padre de Shikamaru! —complementó Chôji quien corría al lado de su compañera de equipo. —¡Seguro que sabrá qué hacer!
De ahí, Ino y Chôji se desviaron para dirigirse hacia las zonas de Konoha que pertenecían a sus respectivos clanes. Antes de separarse, la chica Yamanaka pudo ver cómo el Equipo Kakashi siguió corriendo a toda velocidad tratando de llegar a la Mansión Hokage lo antes posible.
—
—¡Nos estamos acercando, Tenten!
—¡¿Cómo ves la situación, Neji?!
El jadeante chico Hyûga miraba con su Byakugan activado los alrededores de los muros exteriores de la aldea. Su mirada, normalmente tranquila, estaba impactada. Al joven Neji no le gustó nada lo que veía.
—Hay muchos pequeños grupos de personas no identificadas. Tiene que haber unos quince, no, dieciséis grupos, y sólo cerca del Portón Sur. Esto es muy malo.
Tenten apretó los dientes con fuerza ante las palabras de Neji. Su mente aún estaba martirizada por el abandono de Lee. Pese a que trataba de cumplir lo que había prometido a su compañero de cabellos negros, apenas podía ir más rápido, pese aumentar su velocidad. El cansancio y el hambre estaban haciendo mella en su cuerpo desesperadamente.
—No distingo a ver cuántos son los que están situados en los Portones Este y Oeste, pero me imagino que será algo similar. —dijo el chico de ojos blancos con un tono amargo en su voz.
Al momento, Neji y Tenten saltaron al camino abierto principal que llevaba a la entrada sur de Konoha. En él, había muchos comerciantes y pequeños grupos de ninjas ordinarios de Konoha que iban y venían a la aldea como si nada raro estuviese pasando. Los dos jóvenes del Equipo Gai llegaron jadeando hasta el Puesto de Entrada y Vigilancia para Shinobi de Konoha. Les recibió Kamizuki Izumo, uno de los conocidos Chûnin encargados del puesto junto con un tranquilo Hagane Kotetsu.
—¡Oh, si son Hyûga Neji y Tenten! ¡Regresáis rápido de vuestra misión! Pero, ¿dónde están Gai-sensei y vuestro compañero Lee? No os esperábamos hoy aquí.
Los dos Genin del Equipo Gai apenas podían articular palabra. La sequedad en la boca, el calor abrasador, el dolor de sus músculos y huesos. Todo les estaba lastrando en su cometido de informar. Tenían que hacerlo, no importaba cuánto costará. Con una fuerza que no supo de dónde sacó, Tenten superó la debilidad y alzó la vista rápidamente al Chûnin.
—¡Izumo-san, estamos en problemas! ¡Por favor, comuníquese con los altos mandos! —expresó con dificultad la joven kunoichi.
Neji estaba encorvado sobre sí mismo, al tiempo que tosía con violencia incapaz de hablar, cayendo de rodillas al suelo exhausto. Kotetsu trataba de ayudar al chico a ponerse en pie.
—¿Problemas? ¿A qué te refieres, Tenten? —preguntó extrañado Izumo.
—¿Vosotros también venís así? Hace un par de horas que el equipo de Kakashi ha pasado también con prisa, pero no se han identificado. —dijo con tranquilidad Kotetsu mientras se rascaba la oreja. — Me temo que tendrán una sanción administrativa…
—¡¿Sanción?! ¡No hay tiempo de hablar de sanciones, Kotetsu-san! ¡La aldea va a ser…!
Antes de terminar de hablar, Tenten pudo observar por el rabillo de su ojo derecho como un objeto pasó cerca de su rostro desde la retaguardia. Pudo distinguir la empuñadura de un afilado kunai que se dirigía hacia Izumo. El filo se clavó cerca del cuello del Chûnin.
La joven kunoichi no pudo decir mucho más. Sintió el firme apretón de la mano de Neji, arengándola a correr por su vida. Fuertes estruendos en la distancia y en la cercanía sonaron. Tenten sólo vio por encima de su hombro cómo el caos comenzó a reinar entre ninjas y civiles. Konohagakure no Sato estaba comenzando a ser invadida por ninjas extranjeros.
—
PERFIL NINJA OFICIAL
Número de Registro Ninja: 012607
Apellido: Uzumaki
Nombre: Naruto
Apodo/sobrenombre: El Ninja Número Uno Hiperactivo Cabezahueca (Medachitagariya de Igaisei Nanbā Wan no Dotabata Ninja) / Jinchûriki del Kyûbi (Kyûbi no Jinchûriki) / Zorro (Kitsune)
Fecha de nacimiento: 10 de octubre del año 068 de la Era Moderna
Sexo: Hombre
Estatus: Activo
Tipo sanguíneo: B
Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego
Clan/Familia: Clan Uzumaki (clan ninja militar inactivo)
Equipo: Genin Licenciado del Equipo 07 – 080
Rango Ninja: Genin (año 080 de la Era Moderna)
Categoría Ninja: Ladrón
Naturalezas de Chakra: Desconocida
Kekkei Genkai: Inexistente
Ocupación: Desconocida
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PRÓXIMO CAPÍTULO
ENGAÑO
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