Capítulo 9 – Espía

—Bueno, adelante. Hazlo, Shitô.

Tras recibir la orden, Akimichi Shitô, Jônin de Konoha, golpeó con una enorme y ensangrentada porra con grandes protuberancias en la cabeza de un ninja de Suna capturado. De un golpe, el prisionero cayó fulminado al suelo con el cráneo reventado, coloreando la tierra con chorretones de sangre y restos de trozos de hueso y de cerebro. 

Así, los gritos de terror sonaron nuevamente encima de un cadalso improvisado donde se acumulaba una gran pila de cadáveres, retumbando en la antiguamente animada y jovial Avenida del Té de Konoha. Desde hacía dos días, tras el final del intento de destrucción e invasión de Konoha, esta calle se había convertido en una de las pocas vías de paso de los habitantes de dicha aldea. Aunque la zona también había sufrido el saqueo de los shinobi enemigos y los desperfectos provocados por las grandes serpientes invocadas por Suna y por Oto, se había decretado de que estaba lo suficientemente bien como para que los dueños de las tiendas pudiesen faenar y atender a su clientela. Al fin y al cabo, el comercio debía reactivarse y las gentes de Konoha necesitaban comenzar a reabastecer sus hogares y sus negocios.

—Ahora, tú, dime tu nombre, edad, rango, aldea y cómo prefieres morir. —preguntó con cara de aburrimiento un Jônin de nombre Mimura Hamaki quien sostenía un portafolio en posición de escritura.

Las palabras estaban dirigidas a un joven chico extranjero con pelo corto y ojos oscuros atado de pies y manos con cadenas. Había sido arrodillado contra el tablado unos instantes previos a la fuerza delante de varios civiles y ninjas de Konoha que miraban hacia el cadalso. La cara del chico reflejaba desesperación y temor ante la vista de que su final estaba próximo.

—M-me..llamo Yakku. T-tengo doce años y soy Genin de Suna… pensé que lo sabríais por mi Protector de Frente… —dijo el joven con un hilo de voz posando su mirada en todas direcciones.

Hamaki escribía los datos en el papel a la vez que dio un bostezo con la boca muy abierta. Eran casi las doce del mediodía y estaba cansado de estar trabajando desde las ocho de la mañana. Afortunadamente, estas eran las últimas ejecuciones que se iban a realizar públicamente en el día y podría dejar de estar bajo el abrasivo sol de la primavera.

—Ya, mira, es el procedimiento estándar, ¿sabes? Tenemos que confirmar de vuestras bocas que sois de vuestras respectivas aldeas. Para poder clasificaros y hacer lo que sea que nos manden desde arriba después. —dijo el Jônin de Konoha terminando de escribir y tratando de pensar en qué comería ese día.

Yakku tragó saliva con fuerza. Su chaleco antibalas marrón y el Protector de Frente que portaba en la cabeza estaban destrozados casi en su totalidad. Había sido capturado por las fuerzas militares de Konoha cuando escuchó la orden de retirada de sus superiores. Sus camaradas habían logrado huir. Él no tuvo tanta suerte.

—Bueno, entonces, ¿cómo quieres morir? Mira que somos buena gente después de todo lo que habéis hecho y os dejamos decidir, ¿eh? —comentó Hamaki mientras se rascaba la nuca. —¿Golpe en cabeza o degollado?

Yakku sintió como un chillido se ahogaba en su garganta mientras sus labios se apretaban finamente. Ya había visto cómo mataban a más de treinta camaradas delante de sus ojos. El aterrado chico de Suna continuaba mirando a su alrededor, cómo si intentara encontrar una salida. Su instinto de supervivencia le animaba a saltar hacia la calle a toda velocidad, pero el miedo también le paralizaba porque sabía que de nada servía huir. Iba a morir en ese mismo instante.

—¡Oye, Hamaki, para de preguntarles lo mismo todo el rato! ¡Llevo dos horas dando porrazos a estos bastardos! —Shitô se secó el sudor que caía profusamente por su frente y bebió agua de una cantimplora tratando de calmar la sed. —¡Deja que él se ocupe un rato del trabajo, que ha estado muy tranquilo!

Shitô señaló a un joven de aspecto angelical sentado en un taburete y que vestía un kimono finamente elaborado. Era el encargado de los degollamientos.

—De acuerdo. Encárgate de los que quedan hoy, chico. —sentenció Hamaki haciendo un gesto con la mano al joven.

El muchacho del kimono de tonos purpúreos y azulados se levantó despacio y comenzó a andar hacia el Genin de Suna. Gritos de desesperación y quejas comenzaron a escucharse por parte de los ninjas prisioneros. Yakku estaba aterrorizado. Sintió como si un ángel de la muerte se estuviese posicionando delante de él con un enorme machete afilado con el símbolo de una cresta en la empuñadura, una pluma que terminaba en la parte inferior como una uña. Embobado por la presencia del etéreo joven de Konoha, no percibió que otros dos shinobis se posicionaron a sendos lados de su cuerpo, sosteniendo su cabeza con una larga barra para dejar el cuello tensado para el artista mortal.

—Todo terminará pronto. Déjame hacer. —los brillantes ojos del shinobi de Konoha centellearon llenos de calma y serenidad.

—¡No, por favor! ¡AYUDA! ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE!

Yakku comenzó a gritar desesperado, pero nadie vino en su rescate. Tras un breve forcejeo, el Genin de Suna sintió un agudo dolor producido por el frío metal cortando su garganta y el tacto de su sangre caliente cayendo por toda su camisa interior y por su chaleco. Tosió con fuerza al sentir que su garganta y sus pulmones se llenaban de sabor a metal del líquido vital de su cuerpo. Sus pies no paraban de agitarse por la tensión, pero poco a poco comenzaron a cesar sus intentos de escape. Yakku sintió que la vista se nublaba y empezó a notar que ya no le dolía tanto la herida del cuello. Su mente se llenó en un instante eterno con el pensamiento de su padre, su madre y su hermano pequeño. Sus ojos llenos de lágrimas empezaron a cerrarse después de fijarse por última vez en un chico con Protector de Frente de Konoha, cabellos rubios y ojos azules quien le dirigía una mirada llena de dolor y compasión.

Una vez el cuerpo muerto del niño de Suna cayó contra las frías tablas del cadalso, Uzumaki Naruto salió corriendo en dirección sur por la Avenida del Té. Tenía los ojos cerrados fuertemente. No quería ver más. No podía creer que estuviese sucediendo eso en Konoha, en su propia aldea. Acababan de cortar el cuello a un chico de su misma edad y a nadie de los testigos parecía haberle importado. Todo era demasiado para él, demasiado cruel.

Corrió y corrió todo lo que pudieron permitirle sus piernas. Después, se fue parando despacio hasta que finalmente se quedó quieto mirando el suelo mientras jadeaba con fuerza. Naruto sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. Aún retumbaba en su mente la voz temerosa de ese Genin de Suna, su rostro lleno de miedo y la clara expresión de quien espera compasión y redención. Sin embargo, ese chico no obtuvo nada, y eso es lo que más atemorizó e hizo sentir rabia al niño Uzumaki.

—¿Naruto? ¿Eres tú?

La familiar voz de un adulto hizo salir al joven de Konoha de sus pensamientos. Levantó la mirada y se giró hacia su dirección. Allí estaba un hombre que conocía muy bien. Aquel que había sido su tutor de aula en la Academia Ninja y su maestro más querido. Una de las primeras personas que había apreciado y querido como si de un hermano mayor se tratase: Umino Iruka. El Chûnin llevaba el traje estándar de shinobi de Konoha completo con su Protector de Frente, sandalias y chaleco. Aunque habitualmente tenía aspecto pulcro, Naruto notó que el conjunto del vestido se encontraba sucio y algo desaliñado.

—Iruka-sensei… ah, eres tú…

Unos pocos minutos después de su breve encuentro, ambos shinobi se encontraban sentados frente a la barra de Ichiraku Ramen, el restaurante de fideos ramen preferido de los dos. El local de comida había sobrevivido milagrosamente al intento de destrucción de Konoha y sólo había sido necesario reabastecerlo con nueva vajilla para reemplazar la rota que había caído al suelo y varias bombonas de gas llenas. Iruka había percibido que Naruto no parecía encontrarse muy alto de ánimos, así que había decidido invitarle a comer un cuenco de su favorito, ramen con sopa de miso y cerdo barbacoa châsû, para ayudarle a sentirse mejor. El Chûnin de veintitrés años vio cómo su antiguo alumno terminó de beber por completo un vaso de agua helada con una expresión un poco más alegre.

—Parece que ya tienes mejor cara, Naruto. —dijo Iruka sonriendo al chico de cabellos rubios. —Vi que venías corriendo desde el norte de la Avenida del Té y, bueno, pensé que habrías visto lo que han preparado allí…

Al escuchar esto, los ojos de Naruto se empañaron con seriedad. Iruka confirmó sus sospechas. Observó que Naruto se quedó atípicamente callado y le dio espacio para que se tomase su tiempo para hablar.

—Iruka-sensei, ¿por qué está haciendo esto nuestra aldea? ¿Por qué Konoha está ejecutando a todos esos ninjas extranjeros? —preguntó Naruto mirando ensimismado a su vaso vacío. —No creo que esté bien hacer eso después de que tanta gente haya muerto durante la invasión…

Iruka cerró los ojos tras mirar a su alumno. El hombre se sentía terriblemente perdido. Habían pasado trece años desde que vivió una situación catastrófica similar: el Ataque del Kyûbi, el Zorro de Nueve Colas, el Bijû que se encontraba actualmente sellado en el vientre de Naruto. La vivencia de ese hecho forjó una opinión de Iruka que decía que no era posible que se pudiese repetir una situación semejante a la de aquel incidente. 

Y, sin embargo, ahí estaba. Iruka había presenciado una invasión a gran escala por parte de Sunagakure y Otogakure. Había visto muertos de todas las edades. Había sido testigo de cómo los ninjas invasores habían dejado un rastro de saqueo, tortura y violaciones contra los civiles. Todo porque ese traidor de Konoha, ese maldito Sannin llamado Orochimaru había comandado el ataque desde las sombras para hacerse con su aldea. Ahora, tras la victoria de Konoha, y entre las muchas negociaciones que se estarían produciendo, la ejecución de los shinobis extranjeros capturados durante la huida era una de las muchas represalias que estaban sucediendo.

—Naruto, entiendo que ha sido un shock para ti ver una ejecución por primera vez, pero también tienes que entender que es uno de los posibles riesgos a los que un ninja se debe enfrentar, especialmente cuando se atreve a hacer un ataque a gran escala. —comenzó hablando Iruka tras una pausa silenciosa intentando cuidar muy bien las palabras que decía.

Los hombros de Naruto se encogieron sobre sí mismo y a Iruka le pareció creer que su ánimo se desinflaba sobre el taburete del restaurante.

—Tienes que comprender que las Aldeas de Suna y Oto atacaron con sus ninjas a los habitantes de nuestra aldea y se han cobrado muchas vidas y perjudicado muchas infraestructuras y recursos de Konoha. —continuó Iruka tratando de ayudar a Naruto a entender la situación de manera lógica.

—Lo sé, pero Suna es aliada nuestra y… nosotros y ellos pues… pensé que podríamos, tal vez, hacer las paces…

Iruka sonrió de medio lado al escuchar las palabras de Naruto. En verdad, y pese a todo, sólo era un niño de casi trece años. No se le podía pedir mucho más, y menos en ese momento.

—Konoha no puede dejar pasar este suceso como si nada, Naruto. Si lo hiciera, el resto de aldeas ninja, tanto las Grandes Aldeas Shinobi como las pequeñas, interpretarán el mensaje de que no nos importa que nos hayan atacado. Intentarían replicar lo que han hecho Suna y Oto, pero en otra ocasión y de diferente manera. —decretó firmemente Iruka mirando con calma a Naruto.

El joven Uzumaki miraba fijamente la espalda de Teuchi, el cocinero y propietario del restaurante. El hombre, en completo silencio, estaba terminando de hervir los fideos y comenzaba a preparar los platos y condimentos para las raciones a servir.

—Puedo llegar a entender cómo te sientes. —Iruka hablaba mientras Ayame, la hija y ayudante de Teuchi les servía los cuencos de ramen. —La verdad es que yo tampoco pensé que Suna nos traicionaría de ese modo: asociándose con Otogakure, que la fundó Orochimaru, y yendo contra nosotros…

—¡Es que es eso, Iruka-sensei! ¡Suna ha sido engañada por Orochimaru! ¡Oto también ha sufrido por culpa de ese engendro! —exclamó Naruto evitando fijarse en el cuenco de ramen. —No creo… no creo que esos ninja que han ejecutado eran… plenamente conscientes de lo que hacían…

Naruto dijo esta última frase con dificultad. Se había quedado mirando fijamente el cuenco de fideos sin mucha apetencia, recordando la ejecución de aquel joven chico de Suna. Debido a esta sorprendente reacción de Naruto ante su comida favorita, Iruka pudo comprobar que verdaderamente el ser testigo de una ejecución le había afectado mucho. El Chûnin suspiró sintiéndose inútil. Nunca pensó que fuese necesario instruir en profundidad a sus alumnos de la Academia Ninja sobre las actuaciones y consecuencias relacionadas con un caso como el de una catástrofe a gran escala. El estado de falsa paz le había hecho débil, la sensación de seguridad sólo había ocasionado el no cumplir con la totalidad de sus obligaciones como maestro, y ahora su antiguo alumno lo estaba pagando por ello.

—Piensa en Sandaime Hokage que ha muerto, y piensa también en tus compañeros, especialmente en Rock Lee. Me dijeron que es quien ha quedado en peor estado de vuestro grupo de amigos. —trató de explicar Iruka en una lección rápida para tratar de convencer a Naruto. — También que ha estado a punto de morir aplastado y ahogado por los escombros de la invasión. Si no hubiese sido porque paramos los pies a estos ninjas invasores, lo más probable es que ahora mismo estuviese muerto.

Esa declaración de su maestro fue sentida por Naruto como una patada en el estómago. El mismo día de la invasión, tras pasar positivamente el triaje y ser asignado a un equipo de búsqueda y rescate, pudo comprobar desde lo alto de las grandes pilas de escombros que él había sido el causante en gran medida de ellas. Su lucha contra Sabaku no Gaara le había forzado a convocar al Gran Jefe Sapo Gamabunta, uno de los animales más importantes de su pacto con el pergamino de invocación. Era el único ser con el que había hecho un contrato y que podía llamar que fuera lo suficientemente grande como para evitar que el monstruo que yacía en el interior del ninja de Suna terminase por destruir por completo Konoha. 

Por desgracia, en el proceso, había provocado que una parte importante del este de la aldea fuese arrasada por el arrastre del combate entre los gigantescos seres. Supo posteriormente que muchas personas, entre ellas su senpai y amigo Rock Lee, quedaron atrapadas por esos enormes escombros provocados por el arrastre. Habían pasado dos días desde entonces y aún se buscaban desaparecidos por la zona. Algunas de las personas recuperadas de la zona de catástrofe sobrevivieron, otras no.

—A lo que me refiero con ello, es que existen las consecuencias en este mundo, Naruto. Aunque esos ninjas de Suna y Oto no las supiesen concretamente, eso no significa que no se tengan que responsabilizar de los actos que han cometido. —habló Iruka hilvanando su conversación y dándole un sentido para que Naruto la entendiese. —Por ahora, nosotros dos y el resto de Shinobi tenemos bastante con rehacer nuestra vida y ayudar al resto de habitantes de Konoha.

El chico de cabello rubio afirmó con la cabeza en silencio. Estaba comprendiendo lo que su maestro le decía, pero no llegaba a entenderlo del todo. No sabía si era porque su pecho dolía por el recuerdo de ese chico de Suna ejecutado o porque se resistía a creer que este mundo fuese tan brutal.

—Venga, anímate. —Iruka se acercó un poco más al chico para darle un empujoncito de apoyo en el hombro. —Mira, para que te sientas mejor, voy a invitarte a un cuenco de ramen extra, ¿te parece?

Al instante, la mirada de Naruto se llenó de luz cómica y comenzó a exclamar emocionado para delicia de su maestro. Iruka vio cómo una de las grandes características de su antiguo alumno relucía en ese instante: su capacidad de sobreponerse a una situación dramática, gracias a un cuenco de ramen, claro.

—¡¿En serio?! ¡Gracias, Iruka-sensei! —gritó Naruto atraído por la propuesta de su maestro. —Sabes, creo que tienes razón, tengo que reponerme. Aún quedan muchas personas a las que hay que rescatar y tenemos que estar en forma para ayudarlas.

Naruto separó los palillos para empezar a comer sus fideos antes de que se quedasen fríos y sintió como una mano se posó en su cabeza y le acarició con ternura. Levantó la vista y vio los ojos compasivos de Iruka en él. Naruto creyó en ese momento, que pasase lo que pasase, estaba seguro a su lado.

—Entonces, la cosa queda así. Ino, tú buscarás por el oeste; Chôji, por el este; y yo miraré por el norte del edificio. ¿Entendido?

—¡Sí!

—¡Perfectamente, Shikamaru!

El Equipo Asuma se había reunido delante del edificio derruido de la Escuela Civil de Konoha. Estaban a punto de empezar a comer, cuando les habían asignado la búsqueda y el rescate de tres adultos, maestros en concreto, en dicho lugar. Los tres jóvenes Genin llevaban mochilas con varios víveres: agua, suero, cuerda y otros utensilios útiles para las tareas de rescate. Por otro lado, también portaban guantes especiales y una mascarilla con gafas para evitar que las partículas y los amiantos entrasen por sus vías respiratorias.

Shikamaru era el que estaba comandando a su equipo, como normalmente hacía cuando eran sólo ellos tres, sin su maestro Asuma. Había ordenado a Ino y a Chôji que se abstuvieran de realizar saltos ninja por encima de los escombros de la Escuela Civil. Tenían que ser extremadamente cuidadosos si querían encontrar a alguien vivo a esas alturas.

Antes del desastre, la Escuela Civil de Konoha destacaba por su arquitectura. Shikamaru recordaba que estaba construida con muros de ladrillo reforzado y techos altos de tejas oscuras. Tenía también grandes ventanales enmarcados en madera que permitían la entrada de luz natural y un enorme patio que bordeaba todo el edificio. Ahora, sin embargo, la estructura se transformó en una silueta quebrada y frágil. Muchas de las paredes exteriores colapsaron parcial o totalmente, dejando expuestos los cimientos y fragmentos de las aulas internas. Los techos se vinieron abajo en varios sectores del edificio, amontonando vigas y tejas sobre escritorios ahora irreconocibles entre el polvo. Los ventanales estaban, en su mayoría, rotos. Las columnas que antes sostenían las galerías se encontraban inestables, algunas dobladas y a punto de ceder, y el patio era ahora un terreno irregular cubierto de escombros.

Shikamaru estaba moviendo despacio unos tablones recios de madera cuando apareció un cuerpo inerte y visiblemente hinchado por la descomposición natural del mismo. Frunció el ceño y suspiró derrotado un instante antes de hablar por la radio.

—Chicos, he localizado a uno de los maestros. Está muerto. Creo que fue casi instantáneo al juzgar por el avance de la descomposición de su cuerpo. Cambio y corto.

Shikamaru sacó una libreta de su bolsillo y comprobó algunos rasgos del cadáver hasta identificar al posible fallecido. Escribió las palabras “Encontrado – Fallecido”. Luego, se acercó un poco al cuerpo y abrió un pergamino negro para completar el sellado del mismo y llevarlo a la morgue que había sido improvisada cerca de los hospitales de campaña.

—Ya he terminado por aquí. ¿Cómo vais, vosotros, Ino, Chôji? Cambio.

Unos instantes después, escuchó la voz de su compañero por el pinganillo de la frecuencia de radio que compartían.

—Acabo de encontrar a otra de las maestras. He comprobado sus constantes y me temo que también está muerta. —pudo notar que la voz de Chôji a través de la radio tenía cierto tono de dolor. —He sacado el cuerpo y voy a proceder al sellado para llevarlo delante de la escuela. Cambio.

—¿Me confirmas que es una mujer, verdad, Chôji? Cambio.

—Sí. No tiene muchos signos de descomposición, pero está famélica. Tuvo que morir hace poco. No llegamos a tiempo, Shikamaru. Cambio.

Shikamaru sabía que cuando Chôji mencionaba la palabra “famélica” se refería a que había muerto por desnutrición o deshidratación. Eran de las peores muertes para un miembro del clan Akimichi. Supuso que su compañero estaría bastante afectado al ver la escena.

—De acuerdo, Chôji. Puedes sellarla. —dijo Shikamaru mientras escribía en el perfil de la maestra desaparecida que la habían encontrado también.— Ya sólo nos queda un profesor: Kanpu, el director del centro. No tendríamos que tardar mucho en encontrarlo. Reúnete conmigo en la parte norte del edificio. Cambio y corto.

—Recibido. Cambio y corto. —respondió el chico Akimichi dando por terminada la conversación.

Tal y como quedaron, en menos de cinco minutos, Chôji apareció al lado de Shikamaru con un rollo de pergamino en sus manos, el cual custodiaba cuidadosamente el cuerpo de la difunta maestra de escuela.

—Ino no ha dicho nada por la radio desde que nos separamos. Me pregunto si estará bien. ¿Ino, cómo vas? Cambio.— al no obtener respuesta, Shikamaru estaba comenzando a preocuparse por su compañera de equipo. —¿Ino, estás ahí? Cambio.

El continuo silencio hizo que ambos chicos se mirasen entre sí incómodos, ya que temían que algo malo le hubiese sucedido a su amiga. Afortunadamente, y más pronto que tarde, Ino habló a través del dispositivo de comunicación.

—¡He encontrado a alguien! ¡Está muy mal, muy deshidratado! ¡Le estoy dando el suero para recuperarse! ¡Cambio! —exclamó la chica del clan Yamanaka con un tono de voz que mostraba mucha preocupación.

Ante las palabras de Ino, Shikamaru se dispuso a responder con prontitud. Aún había esperanza de poder recuperar a una persona con vida.

—¡Vamos para allá, Ino! ¡Dinos tu posición!

Poco tiempo después, y tras el intercambio efectivo de información, Shikamaru y Chôji comenzaron a ver a su compañera tras varios bloques de madera. Allí estaban los dos. Ino estaba sujetando una botella de suero en la boca del maestro y director de la Escuela Civil. El hombre se encontraba tirado en el suelo con la cara completamente ensangrentada y el cuerpo lleno de polvo y suciedad.

—¿Señor, es usted Kanpu-san? —preguntó Shikamaru cuando se arrodilló en el suelo al lado de Ino y del hombre recién encontrado.

—Vaya, así que no estás sola, jovencita… —dijo débilmente el director al tiempo que dejaba de beber de la cánula de la botella de suero.

Chôji pudo comprobar que el lado derecho del torso de Kanpu se encontraba atravesado por un trozo de madero que comenzaba a mostrar la afilada punta en la piel del pecho. El chico Akimichi frunció el ceño ligeramente y apretó los labios dejándolos en una línea fina. Por la inflamación de la zona, tenía aspecto de que el pulmón del director podría estar atravesado desde hacía dos días. Era un milagro que siguiese vivo, pero la situación no pintaba nada bien.

—¿Se encuentra bien, señor? ¿Le duele mucho? —preguntó Chôji poniéndose a un nivel similar que Kanpu y tratando de ver cómo podía sacar al hombre de su situación.

El afectado hombre dirigió su mirada al chico del clan Akimichi. Chôji vio que los cansados ojos de Kanpu desprendían una niebla que los empañaba. Era un hombre anciano de unos setenta años con barba gris blanquecina.

—¿Bien? No, la verdad no me encuentro nada bien, chico. No siento las piernas y sé que no están aplastadas por nada. —Kanpu dirigió la mirada a la sobresaliente estaca de su pecho mientras hablaba con una dificultad increíble. —Aunque creo que esto es más… preocupante…

Chôji utilizó un cuchillo de rescate para romper la tela alrededor de la punta de madera y procedió a palpar con un cuidado excepcional el pecho de Kanpu. Shikamaru y él comenzaron a hablar sobre posibles maniobras para poder remover el madero mientras Ino seguía sujetando la botella de suero animando al anciano a mantenerse hidratado con poco éxito. Repentinamente, un fuerte tosido emitido por Kanpu les alarmó debido al fuerte movimiento que hizo, pues provocó un lastimero quejido y la emanación de sangre por la boca del hombre.

—Dejadlo, no sirve de nada… sé que no estoy nada bien… —el anciano cerró los ojos ligeramente a la vez que dejó de sorber el suero del pequeño tubo —Sé que voy a morir…

Ino apretó angustiosa la bolsa de suero con la mano. La chica no quería que pasase eso, no ahora que habían logrado encontrar a alguien con vida. 

—Por favor, no hable, Kanpu-san. —dijo la joven Yamanaka tratando de que no se le trabase la voz. —Tiene que reservar fuerzas, ¿de acuerdo?

Ino vio como el director le dirigió una suave mirada llena de ternura. La chica sintió extraño cómo dicho sentimiento se lo dirigía un ciudadano civil.

—Eres muy amable, jovencita. La verdad es que me recordáis mucho a mis alumnos de la escuela… ¿Cuántos años tenéis?

—Doce, señor, pero cumpliremos trece este año. —respondió Ino con un hilo de voz.

—¡¿Trece años?! Dios, sólo sois unos niños… —Kanpu habló resoplando con fuerza ante estas palabras. —Con trece años, mis alumnos apenas salen graduados a la vida adulta, maldita sea. Vosotros aún estáis obligados a matar siendo tan jóvenes…

Kanpu tosió nuevamente y vomitó sangre oscura de manera abundante. Shikamaru ya no tenía dudas: el pulmón derecho del anciano estaba perforado y la tos sólo estaba empeorando todo debido a los violentos movimientos. El chico del clan Nara frunció el ceño siendo consciente de que estaban ante los momentos finales del hombre.

—Kanpu-san, es mejor que no haga movimientos muy bruscos. —Shikamaru tragó saliva antes de continuar. —¿Hay… hay algo que quiera decirnos o algo que quiera transmitir a alguien en concreto?

El director dirigió su mirada silenciosa a cada uno de los tres Genin. Mostraba una sonrisa de medio lado al tiempo que sus ojeras parecían oscurecerse con mayor incipiencia.

—Sólo… sólo me arrepiento de no haber podido salvar a mis dos compañeros… a los que han muerto junto a mí…—dijo Kanpu con la voz comenzando a entrecortarse al evocar a quienes se quedaron atrás. —Tendría… tendría que haber sido sólo yo el que… el único que muriese…

Ino frunció el ceño entristecida sintiendo que se le comenzaban a acumular las lágrimas, las cuales se ocultaban tras la máscara de protección. La chica había explicado al momento de encontrar a Kanpu su situación y la de los otros dos maestros que ya habían encontrado.

—Pero… me alegra saber que… nuestros alumnos se salvaron… estoy seguro que ellos también se quedaron tranquilos… sabiendo que ningún niño murió…

Al instante, Kanpu comenzó a emitir resoplidos y jadeos muy fuertes. Ino se dejó caer al suelo y fue a sostener la mano del anciano. Los ojos de ambos se encontraron: los de él llenos de miedo y esperanza, los de ella con angustia y apoyo.

—¡Kanpu-san! —exclamó la chica desazonada mientras sus dos compañeros sujetaban al hombre por los hombros y las axilas, tratando de ayudarle a que sintiera el menor dolor posible.

Los jadeos angustiosos del hombre comenzaron a descender. Su mirada comenzó a tornarse más acristalada.

—Son tantos como vosotros… y tantos que se fueron para ser como vosotros… unos por fama… por dinero… por intriga. El último… lo hizo por… por amor… —dijo Kanpu con un hilo de voz mortecino. —Me pregunto si le… mereció la pena… espero que… él esté… bien…

Ino sintió como la mano del anciano cesó su aferramiento lentamente. La chica levantó la vista hacia el rostro del hombre. Sus ojos estaban entrecerrados y habían perdido la luz. Su cuerpo dejaba caer todo su peso, completamente inerte entre los brazos de Shikamaru y Chôji.

—Ha muerto. —dijo el chico Nara con una ligera punzada de dolor al tiempo que comprobaba las constantes vitales del difunto.

Los miembros del Equipo Asuma sintieron que una ola de desolación se escurría dentro de sus corazones. Habían dejado todo: su descanso, su comida y su tiempo de recuperación psicológica y emocional con la esperanza de tratar de salvar a los tres maestros de la Escuela Civil. Sin embargo, no habían podido hacer nada, y el resultado ahora eran sólo tres cadáveres para entregar a sus familias y seres queridos. 

—¿Ya habéis terminado con él?

Una pregunta repentina les arrancó de su duelo. A unos pocos metros de ellos, había de pie un ANBU, pero no era uno como los que acostumbraban a ver normalmente. Su complexión era pequeña, similar a la de ellos. Su piel era pálida hasta el punto que daba reflejos de color ceniza. Portaba el traje reglamentario del escuadrón ANBU y una máscara con un patrón de líneas rojas a ambos lados del rostro.

“Este chico debe tener nuestra edad…” pensó Chôji manteniendo la cautela. “Pero, hay algo de él que no me gusta… no sabría qué decir…”

—¿Tú eres un ANBU, cierto? ¿Qué estás haciendo aquí? Se supone que nos han mandado a nosotros revisar este lugar… —preguntó Shikamaru con algo de precaución haciendo que Chôji saliera de sus pensamientos.

El chico ANBU se quedó callado mirando fijamente al grupo, haciendo que los tres miembros del Equipo Asuma sintieran una extraña inquietud. Al poco rato, escucharon como el ninja secreto habló.

—Órdenes superiores. Estoy supervisando que todo se cumpla según lo ordenado. El resto de mis compañeros también están haciéndolo con otras partidas de búsqueda y rescate.

El silencio volvió a instalarse en los presentes. Shikamaru sentía como por su espalda recorría un escalofrío. No sabía explicar exactamente qué era, pero su mente le estaba gritando que tuviera precaución ante aquel individuo. Pese a ser un miembro ANBU, había algo en él que no le inspiraba nada de confianza.

—Sin duda, las acciones de este hombre, Kanpu, han sido bastante imprudentes. Salvar a esos niños fue una decisión necia. —dijo repentinamente el joven ANBU tras mirar largamente el cuerpo del difunto.

Ino se sobresaltó. Sintió una punzada de desprecio ante estas palabras tan crueles y fuera de contexto y no pudo sino responder en defensa del finado.

—¡¿Qué has dicho, desgraciado?! ¡Kanpu-san dio su propia vida para salvar a todos sus alumnos!

—Hay cientos de niños civiles. Si hubiesen muerto uno o dos no hubiese marcado una gran diferencia, pero adultos con cargos clave son más difíciles de encontrar. —replicó con gran frialdad el ANBU. —Ahora tocará realizar todo un proceso de selección para encontrar a un nuevo director, con todo lo que implica.

Ino apretó sus puños fuertemente al sentir que le ardían las manos con gran violencia. En toda su joven vida, la heredera del clan Yamanaka jamás había escuchado un desprecio tan grande a un acto abnegado tal como dar la vida por los niños de la aldea. Ino estaba a punto de explotar al sentir que esas palabras eran un ultraje a las enseñanzas y a los valores de Konoha.

—¡Bastar…!

La joven Yamanaka vio como un brazo la detenía de abalanzarse contra el ninja de la máscara. Ino levantó su mirada para comprobar que Shikamaru estaba evitando su avance.

—¡¿Qué haces, Shikamaru?! ¡Baja el brazo ahora mismo! —gritó la chica rubia tratando de apartar el miembro superior de su compañero de equipo sin demasiado éxito.

La chica vio que Shikamaru se giró para mirarla a los ojos. Eran unos ojos firmes, pero comprensivos. Le estaba enviando un mensaje con la mirada.

—Ino, tranquila. No te dejes llevar. No quieres pasar la noche en el calabozo por algo como esto, ¿verdad? —dijo el chico de coleta alta tratando de sosegar a su compañera de equipo.

La heredera Yamanaka apretó los labios con frustración. Shikamaru tenía razón. Parecía que el ANBU trataba de buscar pelea de alguna manera, algo muy absurdo teniendo en cuenta la situación actual de Konoha. Ino suspiró profundamente e intentó liberar sus manos para calmarse físicamente.

—En fin. Pese a todo, parece que por aquí está todo bien entonces. —volvió a hablar el ANBU de piel ceniza tras la pequeña discusión. —Podéis llevaros los tres cadáveres a la morgue. Yo iré a notificar que habéis hecho vuestro trabajo por aquí. 

El chico de la máscara de porcelana se quedó quieto durante unos instantes. Ino sintió que se le quedaba mirando. Unos ojos imposibles de discernir tras ese disfraz facial la estaban escudriñando de pies a cabeza. No pudo distinguir la intensidad de esa mirada, no había ira, ni miedo, ni aura asesina. Era la total falta de emoción en esa intensa mirada oculta lo que hizo sentir a Ino extremadamente incómoda.

—Es posible… es posible que en algún momento puedas llegar a entender mis palabras. —dijo el ANBU girando sobre sus tobillos. —Puede que nos veamos en otra ocasión, Yamanaka Ino.

En un pestañeo, la joven de cabello rubio vio que el críptico ANBU había desaparecido sin dejar ningún rastro de chakra. Ino tenía la boca ligeramente abierta. ¿Quién se había creído que era ese bastardo estúpido? Jamás nadie la había tratado de esa manera, más sin motivo alguno. No quería volver a tener que ver con alguien así nunca más en su vida, mucho menos a él.

—Creo que será mejor que terminemos por aquí y nos vayamos a descansar, Ino. —dijo Shikamaru poniendo una mano en el hombro de su compañera.

Las palabras de su compañero de equipo la sacaron de sus pensamientos. Volvió su mirada al cuerpo inerte de Kanpu, quien tenía los ojos totalmente cerrados y una expresión de paz serena. Con dolor en el rostro, Ino se acercó al hombre, sacó un pergamino y lo selló para entregarlo para su autopsia.

Al cabo de unos minutos, el Equipo Asuma estaba saliendo de las inmediaciones de la derruida Escuela Civil de Konoha. Estaban completamente en silencio. No sólo había sido un fracaso la expedición de rescate, sino que habían tenido que lidiar con un individuo muy desagradable. Se sentían completamente agotados. Shikamaru sintió que nada de lo que había pasado tenía sentido, pero ¿es que acaso algo tenía sentido desde que se había producido la invasión en su aldea? Las palabras de su amigo de la infancia le sacaron completamente de sus pensamientos.

—Chicos, no se vosotros, pero a mí se me ha quitado todo el hambre que tenía… —dijo Chôji con la mirada puesta en el suelo mientras avanzaban al campamento base donde se estaban refugiando.

Shikamaru se rascó la cabeza derrotado mientras veía como Ino abrió los ojos completamente intentando decir algo inútilmente. Si Chôji acababa de decir lo que acababa de decir, es que la situación estaba muy mal. En verdad todo esto le había dejado también sin ganas de probar bocado en lo que quedaba de día.

Konoha estaba recuperando diligentemente el orden en ciertos lugares de máxima prioridad. Una de estas primeras acciones que se habían tomado era el levantamiento de varios hospitales de campaña en las inmediaciones de la antigua UMN mientras se iban realizando las urgentes obras de reconstrucción de la misma. Se habían instalado tres unidades médicas para atender de manera provisional a los heridos: una primera para los heridos de cuidados y vigilancia intensiva, una segunda para los heridos estabilizados y una última para los heridos leves o por enfermedades básicas. A su vez, ésta última servía como punto de triaje para los enfermos y heridos que llegaban a sus inmediaciones.

En esos momentos, Neji se encontraba en la primera. Estaba sentado en una silla cerca de una camilla de campaña que contenía el cuerpo de Rock Lee con un sentimiento de preocupación constante. Su compañero de equipo estaba conectado a una máquina que le daba soporte respiratorio y a otra que controlaba su ritmo cardíaco. Por otro lado, su brazo derecho estaba conectado a varias bolsas de suero y líquidos que le proporcionaban medicina y soporte energético líquido. El aspecto de Rock Lee era muy delgado, mostrando sus facciones enfermizas en lugar de las típicas fuertes. Neji frunció el ceño al fijarse en su delicado aspecto. El joven de clan Hyûga aún no terminaba de procesar todo lo que había pasado en el transcurso de los últimos días. Verdaderamente Lee había tenido razón: la invasión de Konoha se había producido, y él no había hecho nada pese a las advertencias de su compañero de equipo. Neji se sentía patidifuso, confundido y culpable. Si no hubiese dudado de Lee, tal vez las cosas hubiesen sido diferentes.

Ante esta idea, Neji sacudió su cabeza de manera negativa.

“No, eso no lo puedo saber. No hay manera de saber qué es lo que hubiese pasado si hubiese actuado diferente.” pensó mientras recolocaba con cuidado la sábana en el cuerpo de Lee. “Actué de la mejor manera posible con toda la información verificada que disponía. Eso es lo importante.”

—¿Cómo va Lee, Neji?

El chico de ojos blancos se giró saliendo de sus pensamientos y comprobó que Tenten acababa de ingresar a través de las cortinas que limitaban la “habitación” de Lee.

—No hay novedad. Sigue completamente inconsciente, pero sus constantes son estables. —dijo Neji llevando la mirada de nuevo a su compañero. —Al menos, hay algo bueno.

Tenten mostró una sonrisa triste y se acercó a la cama con cautela. El sonido de las máquinas la hacían sentir inútil y cohibida por dos motivos. El primero porque le recordaban una época personal que quería mantener en el olvido. El segundo porque sabía que no podía hacer nada. Tenten se sentía completamente inútil. Sólo podía esperar a que Lee abriese los ojos, en el mejor de los casos.

—Siempre ha sido así, ¿cierto, Neji? Lee siempre se ha metido en líos y nosotros dos le hemos sacado de ellos. A veces siento que hemos sido como Sumi-san y Burusu-san con él.

Neji sonrió de medio lado ante las declaraciones de Tenten. No había habido misión en la que Lee hubiese actuado con completa frialdad y racionalidad. Eso les había llevado a situaciones variopintas, algunas con mejor resultado que otras. Ellos dos habían actuado casi como padres de oficio de Lee.

—¿Recuerdas cuando Lee cayó en aquella técnica de control corporal? Fue la misión que le hizo dar un gran cambio en su entrenamiento y actitud.

Tenten hizo memoria ante las palabras de su compañero de equipo y recordó aquella situación pasada que tuvieron en una misión de rango D, una de las primeras que realizaron como Equipo de Graduación. Ellos y Gai-sensei estaban ocultándose de varios bandidos que poseían habilidades ninja. Éstos habían robado unos documentos importantes de una pequeña aldea cercana a Konoha y tenían que recuperarlos. No parecía una misión peligrosa, pero todo se torció cuando el líder de los bandidos utilizó un Dôjutsu que combinaba un Genjutsu para tomar control del cuerpo de Lee, haciendo que atacase a sus compañeros y maestro y poniendo en peligro sus vidas y la misión. Tenten también recordó como Gai-sensei se hizo cargo de Lee: fue la primera vez que su maestro le golpeó con una fuerza superior a la habitualmente usada en aquel entonces para dejarle fuera de combate. Después de esa misión, Lee desapareció por más de un mes y regresó apareciendo sólo para realizar rutinas de entrenamiento. Aunque aparentaba estar motivado en aquel entonces, mostraba en sus expresiones tener una tristeza y una desesperanza absoluta. No fue sino gracias al apoyo de ellos y, sobre todo, de Gai-sensei y su contribución de tomarle como pupilo personal que Lee cambió y se volvió la persona que era ahora.

—Sí. Recuerdo que dijiste que un ninja que no podía hacer Genjutsu ni Ninjutsu está abocado a ser dañado por los ataques de sus enemigos. También dijiste que eso te hacía sentir intranquilo, el hecho de tener un compañero así.

Neji asintió con la cabeza mientras miraba fijamente el monitor de pulsaciones y de control del ritmo cardíaco.

—Sí. Aún ahora sigo pensando que no ser capaz de hacer alguna de esas dos disciplinas es una desventaja importante en el campo de batalla. —habló Neji confirmando las evidencias de Tenten. —No obstante, sí creo que aquel bandido se dio cuenta de cuál de nosotros podía dar más problemas. Lo supo y por eso controló a Lee.

Tenten miró a Neji ante estas declaraciones. La chica levantó una ceja algo sorprendida. No se esperaba que su compañero de blancos ojos elogiase a Lee, incluso aunque fuese a su manera.

—No te preocupes, Tenten. Él es fuerte. En cualquier momento se despertará y volverá a ser el mismo de antes.

—Espero que tengas razón, Neji. —dijo Tenten abrazándose ligeramente a sí misma. —Si te soy sincera, con todo lo que ha pasado, creo que…

El sonido de la cortina deslizándose repentinamente hizo que Tenten guardase silencio total. Ambos miembros del Equipo Gai miraron en dirección al sonido y se encontraron cara a cara con una de las personas que menos se esperaban encontrar en esa situación.

—Sasuke. ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Neji con algo de sorpresa.

El mencionado guardaba silencio y mantenía la distancia con los tres integrantes expertos en Taijutsu. Uchiha Sasuke había sido uno de los pocos del gran grupo de compañeros que había superado la invasión de Konoha sin apenas daños severos. Tenten y Neji sabían que al heredero de los Uchiha le habían asignado tareas de rescate tras pasar el triaje de hace dos días. Ahora estaba ahí, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y con su típica actitud apática. Aunque se habían conocido anteriormente antes de la misión de rescate del joven Kagetsu, donde Lee salvó la vida al Equipo Kakashi por coincidencia, no habían llegado a conocerse ni a congeniar de una manera íntima. En aquel momento, parecía que Sasuke aguardaba a decir algo.

—Os estaba buscando, Neji, Tenten. —comenzó diciendo Sasuke. —Están llamando por vosotros. Quieren que vayáis a realizar labores de limpieza y reconstrucción.

Tenten abrió los ojos ante las inesperadas noticias.

—¡¿Qué?! ¡¿Ahora mismo?! —dijo la chica algo alterada. —¡Estamos cuidando de Lee!

Sasuke avanzó algunos pasos hasta quedar frente a frente de ellos. 

—Parece que los superiores han recibido de los médicos vuestro parte de alta. Necesitan más personal y ahora mismo están asignando misiones al poco de recibir el visto bueno del área médica.

Tenten no se lo podía creer. Sólo hacía quince minutos que los médicos le habían reportado que estaban en condiciones para abandonar su estado como paciente en el hospital de campaña y ya la estaban mandando a una tarea. Se sentía frustrada ante la idea de dejar a Lee sólo. La chica pudo ver un reflejo de ese mismo sentimiento pasar por los ojos de Neji mientras ambos observaban a su compañero de gruesas cejas. No obstante, sin previo aviso, Tenten sintió el tacto de una mano posarse en su hombro derecho. Al girar la cabeza, vio que Sasuke estaba casi a su misma altura, dando apoyo. El chico Uchiha también hizo el mismo gesto en el hombro izquierdo de Neji.

—Este chico, Lee, es casi tan obstinado como el idiota de Naruto. —declaró con sencillez Sasuke. —Escuché todo lo que le ha pasado y, si aún no ha muerto, demuestra lo fuerte que es.

Los dos miembros del Equipo Gai sabían que Sasuke no era dado a utilizar honoríficos ni a hablar educadamente a sus superiores o a sus subordinados. Pese a todo, en ese momento, Tenten sintió que su corazón se animaba al ver que el chico Uchiha halagaba a Lee.

—Vaya, gracias, Sasuke. —Tenten sintió cómo una ligera sonrisa se escapaba de sus labios. —Está bien. Iremos a ver qué quieren que hagamos, ¿cierto, Neji?

—No creo que nos den otra opción. —dijo el chico de ojos blancos levantándose con algo de energía. —Al menos sabemos que Lee está en buenas manos aquí.

Sasuke les dirigió una fugaz sonrisa ante sus palabras. En menos de un minuto, Neji y Tenten abandonaron el lugar tras lanzar una mirada de despedida a Lee. Aseguraron a éste, aunque no les pudiese escuchar, que regresarían lo antes posible tras terminar su tarea. En la habitación sólo quedaron dos: Sasuke y Lee. El primero le dirigió una larga y extraña mirada al segundo que evidenciaba tensión antes de irse del lugar.

—No sé qué tenéis entre manos, Rock Lee, pero estáis metidos en un buen lío.

El sonido del cierre de las cortinas, el pitido de las máquinas y el goteo de los sueros dejaron atrás al herido chico experto en Taijutsu en su estado totalmente inconsciente de peligro que se cernía sobre él y sus compañeros de equipo.

Tenten emitió un ligero gruñido al terminar de mover una gruesa tabla con dificultad. Aún se sentía muy cansada y en estado convaleciente tras el alta médica. Era la novena y última que tenía que desplazar del monto de materiales que le habían asignado en las cercanías del hospital de Konoha y la UMN. El terreno del lugar había sido terminado de limpiar hacia el mediodía y los albañiles y carpinteros estaban comenzando a realizar las labores de reconstrucción del edificio médico con urgencia. Era lógico que fuese así dada la situación y demanda para con los enfermos, heridos y fallecidos.

—Ya he terminado de mover los materiales, Kanna-sensei. —informó Tenten al Maestro Carpintero que se encontraba revisando el plano del hospital. —¿Qué más necesita que haga?

El hombre entrado en los cuarenta años y de barba oscura levantó la mirada y se llevó una mano a la barbilla pensativo. Tenten pudo ver que, tras observar sus alrededores, le dirigió una mirada suave.

—Ve con tu compañero Neji y terminad de cargar todas las espuertas con grava. —sentenció el hombre volviendo a revisar el plano con actitud ocupada. —Cuando acabéis, venid a buscarme los dos para daros permiso para retiraros.

La chica afirmó, especialmente contenta por terminar el trabajo pronto, y se dirigió a buscar a Neji quien se encontraba en una zona apartada al otro lado del descampado llenando cestos de guijarros y piedrecillas. Tenten se pasó el dorso de la mano sobre la frente y resopló con algo de fatiga. En verdad no se creía aún que la hubiesen ordenado realizar trabajos de reconstrucción tras darle el alta inmediatamente. Si bien sus heridas y condición eran aceptables, aún sentía un cansancio extenuante en sus músculos y en sus pulmones, producto de los combates y de la situación de estrés provocada por toda la situación que rodeaba a Lee.

“Me pregunto cómo se encontrará ahora…” pensó recordando a su compañero de equipo con melancolía. “Espero que despierte para cuando Gai-sensei regrese a Konoha y podamos poner en orden todo el asunto.”

Tenten se había sentido muy angustiada desde que descubrió en Suna que las intenciones de dicha aldea coincidían con las que Lee había pronosticado. La chica de cabello recogido había sido muy escéptica con él desde el primer momento en el que su compañero de equipo mencionó que estaban en una gran guerra contra un enorme monstruo de diez colas y que se iban a producir una serie de catástrofes que, a juicio de ella, parecían inverosímiles. Sin embargo, bien es cierto que Lee había dado en el clavo con la invasión a Konoha y con la muerte de Sandaime y eso era algo que actualmente perturbaba sobremanera a Tenten. La joven chica esperaba que todo se resolviese en los próximos días junto con la ayuda de su maestro Gai.

—Neji, me han ordenado que venga a ayudarte. Kanna-sensei también nos ha indicado que cuando terminemos vayamos ante él para avisar de nuestra retirada.

Neji no levantó la vista ante las palabras de su compañera de equipo. Se limitó a dar un murmullo de confirmación mientras daba otra palada de grava dentro de la cesta de caucho negro y blando. Tenten cogió otra pala que se encontraba allí cerca y procedió a hacer lo mismo que su compañero de ojos blancos. 

Tras un rato en silencio, la mente de Tenten volvió a llenarse de pensamientos intrusivos. Tenía miedo, dudas, preocupación. Nada de lo que había pasado le estaba gustando. ¿Es que acaso Lee tenía razón en todo lo que comentó que había visto en esa ilusión futurista? ¿Se iba a producir una guerra a gran escala en el futuro? ¿Y quién era aquel tipo, ese tal Toshikomi que había aparecido frente a ellos y que había hablado tan familiarmente con ellos, especialmente con Neji? Lo cierto es que la ansiedad la estaba comenzando a consumir.

Tenten miró de soslayo a sus alrededores para ver si alguien les estaba observando. Al cerciorarse de que no había nadie, se acercó disimuladamente a Neji para poder hablar con libertad.

—Oye, Neji, ¿qué piensas sobre lo que ha pasado? —susurró la chica agarrando una palada de guijarros y echándola a la espuerta.

Vio como Neji no apartaba la mirada de la tierra y continuaba haciendo su trabajo con aparente impasibilidad.

—Si te refieres a lo que ha sucedido desde que Lee se despertó de aquella ilusión, la verdad es que no lo sé. No tengo ni la más remota idea.

La respuesta de Neji llenó de más angustia la mente y el corazón de Tenten. La chica tenía a Neji en una posición intelectual muy elevada y siempre le buscaba para que le diera consejo y apoyo. Saber que el chico del clan Hyûga no podía ofrecerle una respuesta a su angustia, la hacía sentir aún más perdida.

—Pero, ¿crees que lo que dijo Lee sobre… la invasión y la muerte de Sandaime ha sido una mera casualidad o estaba todo orquestado? —preguntó cuidadosamente Tenten tratando de insistir en buscar una respuesta.

Neji suspiró ligeramente tras dejar una nueva palada de piedras dentro de un nuevo cesto.

—Dudo mucho que estuviera orquestado por Lee, si esa es tu duda. Lee es demasiado impulsivo como para crear un plan de esa naturaleza y sería el doble de estúpido si quisiera llevarlo a cabo.

Tenten se enojó ante las insinuaciones que Neji la estaba acusando. La chica apretó la mandíbula y agarró una espuerta nueva con violencia para dejarla a su lado mientras la llenaba con mucha fuerza tratando de calmarse.

—Yo no he dicho que haya sido Lee, ¿te enteras, Neji? —repuso en un tono bajo, pero furioso. —Me refiero a si esto pudiese estar provocado por alguien externo, como… aquel hombre…

Neji miró a su compañera por el rabillo del ojo. El rostro de Tenten tenía una expresión muy seria, producto del enfado latente de su interior.

—Seguro que ese tal Toshikomi tiene algo que ver en todo esto. Esa jaula… esa jaula que llevaba era la misma que Lee tenía enlazada con chakra en su cabeza durante la ilusión.

Tenten aguantó la respiración ante las declaraciones de Neji. ¡Con razón le vio reaccionar de manera intranquila cuando vio ese objeto que portaba aquel misterioso individuo!

—Sin embargo, y eso lo sabes, ahora mismo tampoco tenemos suficiente información para poder asegurar nada con certeza, Tenten. —sentenció Neji entrecerrando los ojos.

El chico de ojos blancos escuchó bufar a Tenten. Sabía que a su compañera no le gustaba la respuesta que le daba, pero no podía decir otra cosa en esa situación.

—No obstante, está claro que Lee vio cosas en ese Genjutsu que están vinculadas a los acontecimientos que hemos vivido. De hecho, me pregunto qué otras cosas puede llegar a saber y cómo pueden servirnos para más adelante…

Neji sintió como Tenten se estaba calmando al dar paladas más suaves y tranquilas, acordes con un ritmo de trabajo normal. Por su parte, la chica de dos moños sentía que su pecho se llenaba de tristeza ante la idea del sufrimiento que Lee pudo estar sintiendo cuando supo que todo lo que vio en aquella ilusión fue efectivamente real.

—De momento, tenemos que esperar a que Gai-sensei regrese a Konoha. Nos dirá cómo debemos obrar después de que Lee despierte. Sabes que esa es la mejor opción que tenemos ahora. —expuso Neji con certeza.

Tenten terminó de dar la última palada dentro de la última espuerta a rellenar, dejó el instrumento en el suelo y se golpeó las manos entre sí para quitarse el polvo y la suciedad que pudo.

—Lo sé, pero me frustra pensar que no podemos hacer nada más ahora mismo… —dijo la chica mostrando dolor en su voz.

Neji miró a Tenten por la espalda con intensidad. Tenía el impulso irrefrenable de sujetarle la mano y acariciarla para darle apoyo y ánimos, pero decidió no hacerlo. No porque no quisiese, sino porque no le parecía adecuado en esta situación. Tenía miedo. Fue cobarde. Aunque aún no lo sabía.

—Todo se arreglará, todo puede arreglarse salvo la muerte, Tenten. —dijo Neji girando sobre sus talones y dirigiéndose hacia la dirección del Maestro Carpintero Kanna.

Tenten suspiró al ver la espalda de Neji alejarse y comenzó a andar tras de él. La chica decidió confiar en el criterio de común acuerdo que ambos habían llegado. Mientras, a no mucha distancia de su posición y desde lo alto de un poste, un par de ANBU observaban a los dos jóvenes Genin del Equipo Gai alejarse de la zona de construcción tras ser despedidos por Kanna y los carpinteros tras finalizar sus labores.

—¿Has recogido todo lo que han dicho? Cambio. —preguntó un hombre ANBU a través de un pinganillo activado desde su oreja.

El aparato reverberó y emitió unas señales de frecuencia antes de que una voz comenzase a hablar.

—Sí, está todo grabado y registrado. Podemos proceder con los Genin del Equipo Gai. Cambio y corto. —expuso la voz dando por finalizada la conversación.

La segunda ANBU de cabellos morados que callaba asintió mientras desapareció sin dejar rastro. Su compañero se quedó en silencio terminando de ver como los dos jóvenes se dirigían a la zona del hospital de campaña antes de desaparecer junto con la estela de la tarde.

En la Oficina Hokage reinaba un silencio sepulcral tan intenso que podía cortarse con el filo de un cuchillo. Era la tarde del día de la Invasión de Konoha cometida por Suna. Los colores del horizonte se mostraban anaranjados y rojizos debido a la puesta del sol, un escenario idílico de no ser por la destrucción de una gran parte de las infraestructuras de la aldea. Dos de los miembros del Consejo de Konoha, Utatane Koharu y Mitokado Homura, miraban en silencio respetuoso la escabrosa imagen que se mostraba ante ellos mientras daban la espalda a los Genin del Equipo Kakashi.

Los tres jóvenes estaban sumamente expectantes. Habían sido llamados a la Oficina Hokage con absoluta inmediatez, tras pasar el triaje óptimamente, cuando pensaron que les iban a mandar realizar labores de rescate o limpieza y reconstrucción. No sabían qué esperar de su situación actual, más teniendo en cuenta de que los dos ancianos no habían dicho nada desde que habían llegado.

—Es una vista hermosa y terrible a la vez, ¿no crees, Homura?

—Hm, hacía demasiados años que no veía un terrorífico espectáculo como este, Koharu.

El repentino intercambio de palabras de los dos consejeros puso a Naruto, Sasuke y Sakura en alerta. Unos instantes después vieron como se giraron, pudiendo verles los serios rostros que portaban. Koharu y Homura estaban detrás de la mesa de Hokage, cuya silla estaba vacía en medio de ambos, dándoles un porte regio y militar.

—E-esto, ¿por qué necesitaban de nuestra presencia, Homura-san, Koharu-san? —comenzó preguntando Sakura tratando de ser lo más respetuosa posible.

El silencio se volvió a instalar en la poderosa sala. Los tres Genin comenzaron a sentir un temor paralizante, más cuando sintieron las penetrantes y severas miradas de los consejeros de Konoha. Sentían que no podían escapar al halo de los dos ninjas ancianos. De los labios de Koharu, una frase que cambiaría la vida de ellos para siempre.

—Sandaime Hokage ha muerto. Nos acaba de llegar un mensaje del lugar del suce…

—¡¿QUÉ EL VIEJO HA QUÉ?!

El repentino grito de Naruto en la sala hizo saltar a una dolida Sakura ligeramente a un lado mientras Sasuke frunció el ceño con seriedad en su semblante.

—Cálmate, Uzumaki Naruto. Nosotros estamos igual de afectados por la noticia y…

—¡¿AFECTADOS?! ¡¿AFECTADOS?! ¡¿CON ESAS CARAS ESTÁIS AFECTADOS?! ¡PORQUE PARECE QUE NO OS HABÉIS ENTERADO QUE EL VIEJO HOKAGE HA MUERTO! ¡MALDITA SEA!

Naruto apretó los dientes entre sus mandíbulas con fuerza. Sentía un dolor increíblemente fuerte en su pecho. No lo podía creer, no podía creer que todo esto estuviese pasando. ¿Acaso Sandaime Hokage no era el ninja más poderoso de toda Konoha? ¿Quién había sido tan fuerte como para acabar con él? ¿Fue acaso Orochimaru?

Homura miró con una severidad especial a Naruto. Parecía que el anciano hombre no tenía paciencia con el problemático niño en esos momentos.

—¡Hokage no estaría muerto si vosotros hubieseis cumplido con vuestro deber shinobi como corresponde! —espetó Homura con absoluta firmeza. Sus expresiones arrugadas daban a sus gafas un aspecto terrible, como si fuesen parte de una máscara.

Naruto sintió cómo su mandíbula se relajaba, su corazón y su cuerpo se sentían fríos por la incredulidad.

—¿Qué-qué estás diciendo, anciano?

Koharu resopló al ver la cara de confusión del joven Jinchûriki. En muchos sentidos, Naruto le recordaba a su difunta madre, Kushina. Demasiado ingenuos, demasiado estúpidos. Les hacía muy vulnerables.

—Si hubieseis llevado el mensaje de vuestro maestro Kakashi hasta los ANBU exploradores que escoltaban a Sandaime, toda esta situación podría haberse evitado y Hokage estaría vivo en estos momentos. —explicó la mujer con suavidad sin dejar de mostrar seriedad en su aspecto.

Naruto apretó los puños con ira contenida. Cuanto más avanzaba la conversación, peor se sentía.

—¡No es culpa nuestra que el mensaje no llegase! ¡Ya os lo dijimos esta mañana: Kabuto nos lo quitó de nuestras manos! —gritó Naruto defendiendo su actuación.

—¡E-es cierto! ¡Yakushi Kabuto es un traidor de Konoha! —Sakura intervino tratando de apoyar a Naruto en sus palabras. —¡Nos dejó fuera de combate y nos dejó sin pruebas!

Sasuke que había estado en silencio hasta ahora tampoco se quedó atrás para sostener los argumentos de sus compañeros de equipo. No iba a permitir que tragase con la culpa de otro.

—Ellos dos tienen razón. Los ANBU exploradores no nos permitieron ir dónde se encontraba Hokage. Tratamos de razonar con ellos, pero nos negaron el acceso a ir más lejos. —sentenció el joven Uchiha en un tono alterado poco habitual.

La Oficina Hokage se quedó en silencio, en una oscuridad que hacía difícil ver los rasgos faciales de cada una de las personas presentes en la habitación. La noche había caído y Konoha había quedado en tinieblas salvo en los lugares establecidos como puntos de encuentro y de campamento. Repentinamente, del dedo de Homura apareció una pequeña flama que iluminó ligeramente la sala. Koharu sacó varias velas de un cajón de la mesa y procedieron a encenderlas. Poco a poco, la mesa Hokage fue iluminada mostrando una imagen ominosa por las altas sombras que pululaban la habitación.

—Eso no es excusa. Vosotros sois ninjas, erais tres contra uno. Vuestra obligación era anteponer la misión ante cualquier circunstancia y sacrificar vuestra vida en misión si era necesario. Y eso, TODO ESO, lo habéis fallado. —sentenció contundentemente Homura. —Sabíais que era una situación en la que se exponía a Hokage a una situación de peligro de muerte y no actuasteis como deberíais haber actuado correctamente. El resultado ha sido la Invasión de Konoha y la muerte de Hokage junto con decenas o cientos de vidas civiles y militares que aún no podemos estimar.

Los tres Genin agacharon las cabezas en señal de vergüenza. 

—En cuanto a ti, Uzumaki Naruto, también has fallado en el respeto a tus superiores ahora mismo. Sé que Sandaime tenía un vínculo especial contigo por tu situación personal y toleraba estos comportamientos y actitudes, pero recuerda que nos debes al resto de los shinobi de mayor rango y edad el respeto debido por nuestra experiencia y virtud.

Naruto sintió como su cara se constriñó con dolor al recordarle Homura que Sandaime ya no estaba entre ellos con vida. Koharu miró de reojo a su antiguo compañero de equipo y observó que estaba un poco más calmado tras soltar su retahíla contra los Genin de Hatake Kakashi.

—Los cuatro ANBU que os restringieron en el País de los Ríos regresaron con prontitud a la aldea una vez supieron que se estaba produciendo un ataque contra Konoha. —comenzó informando Koharu tras permanecer mucho tiempo callada. —Nos han dado este informe que cuenta lo que han observado desde el mismo momento en que se encontraron con vosotros. Efectivamente, parece que es cierta la información que nos habéis trasladado.

Sasuke fue el primero en levantar la cabeza sin aparentar la sorpresa de su rostro. Pudo ver que Koharu sostenía en su mano derecha un rollo distintivo.

“Ahora lo entiendo todo. Estaban comprobando que nuestros datos fuesen verdaderos. Querían ver si decíamos la verdad.” pensó el Uchiha con cierto aire de suficiencia y nerviosismo.

—No obstante, hay algo muy interesante en la secuencia en la que actuasteis y hablasteis con los ANBU.

Una voz repentina y desconocida se hizo eco mientras se abrió la puerta de la Oficina Hokage. Un hombre de edad similar a Koharu y Homura, con un bastón y una cicatriz con forma de ‘X’ en la barbilla entró y caminó en dirección a la mesa Hokage. Los tres Genin se quedaron muy quietos al notar algo extraño en el hombre, algo que no podían entender exactamente. Nunca le habían visto. 

—Llegas tarde, Danzô.

—Tenía que terminar de ocuparme de unos asuntos, Koharu, pero no podía permitirme dejar pasar por alto esta afable reunión.

Sakura sintió una extraña repulsa ante las palabras que emitía dicho anciano, o más bien era su tono de voz lo que la hacía sentir increíblemente incómoda.

—Imagino que ya les habéis informado de su situación —dijo el críptico anciano recién llegado mirando de reojo a los Genin.

—Estábamos en ello. Como has escuchado bien, hablábamos del informe de los ANBU, Danzô. —respondió Koharu con seriedad.

Los tres Genin del Equipo Kakashi se miraron entre sí de soslayo preguntándose mentalmente hasta dónde querían llegar con ellos.

—Oh, pero dónde están mis modales. Creo que ustedes tres y yo no hemos coincidido hasta ahora. Mi nombre es Shimura Danzô del clan Shimura y soy miembro del Consejo de Konoha. —dijo el hombre sin perturbarse.

Sasuke levantó las cejas extrañado, pero permaneció en silencio. Pensaba que sólo había dos Ancianos del Consejo de Konoha, además del Hokage.

—Supongo que es sorpresivo para usted, Uchiha Sasuke. No le culpo. He estado bastante ausente en los últimos años debido a mis viejas heridas y mi enfermedad crónica. —explicó el hombre vendado en brazo y cabeza. —No obstante, mis compañeros Koharu y Homura se han encargado de velar por los ninjas de Konoha visiblemente. Son más amables y extrovertidos que yo.

Sasuke tragó saliva secamente y permaneció en silencio. Este shinobi, Danzô, había adivinado sus pensamientos con sólo un gesto de su cara. Podía confirmar que se trataba de un ninja de un nivel completamente diferente a otros como Kakashi.

—Si has terminado con tus presentaciones, sugiero que continuemos, Danzô. Tenemos que atender otros asuntos por el bien de la Aldea, además de este. —espetó un impaciente Homura a su compañero de trabajo.

Danzô le lanzó una mirada silenciosa tras la que procedió a recoger el pergamino que portaba Koharu en sus manos. Lo abrió y se los mostró a los tres Genin.

—Mis compañeros me llamaron tras recibir este informe. Querían que les echara una mano con un pequeño detalle del mismo. No es habitual en mí salir de mi retiro, pero lo considero un favor personal, ¿sabéis? —explicaba Danzô con voz sedosa. —Tras leer el informe, me pareció interesante un pequeño detalle que mencionasteis a los ANBU, en concreto tú, Uzumaki Naruto.

Sasuke y Sakura dirigieron sus miradas a Naruto con preocupación. No recordaban que hubiese dicho Naruto que pudiese meterles en un lío como éste. ¿Acaso insultar a los ANBU? ¿Desobedecer sus órdenes como un crío enrabietado? ¿Desvanecerse utilizando sus habilidades de Ladrón?

—Cuando la señorita Haruno Sakura aquí presente comentó que os iban a negar el paso para acercaros a Hokage sin pruebas, mencionaste que “si los ANBU querían pruebas de ello se lo debían preguntar a un tal Gejimayu y a sus compañeros”, que ellos sabían algo del asunto, ¿no es así?

Naruto sintió como el aire que respiraba se cortó en su garganta. No podía creer lo que acababa de escuchar. El joven Uzumaki hizo un pequeño movimiento en las cejas que no pasó inadvertido al ninja oscuro.

—Curioso. Que un ninja tan charlatán y dicharachero como tú se quede completamente callado me indica que es cierto lo que afirmaban los ANBU. 

Sakura miró ansiosa como Danzô se rascaba la cicatriz de la barbilla con los dedos de su mano derecha mientras fingía leer el pergamino. La chica de cabello rosado mordía ligeramente su labio inferior desde dentro de su boca.

—También veo que Uchiha Sasuke se envalentonó contigo porque la información que estabas diciendo no era correcta, que la estabas mezclando, haciéndola oscura, ¿eh?

Sasuke estaba tratando de que su respiración no sonase fuerte en su pecho. Desde que el anciano comenzó a hablar sentía que la presión en el ambiente se hacía cada vez más intensa. Le estaba haciendo sentir ansioso y eso le disgustaba.

—Además, creo saber quien es ese tal Gejimayu. Un shinobi cuyo apodo denota que tiene cejas gruesas y encrespadas. Un apodo tan curioso debe pertenecer a pocas personas en Konoha. Porque es de Konoha, ¿cierto?

Los tres Genin del Equipo Kakashi no podían apartar la mirada del hombre mientras aguantaban la respiración. Sus indagaciones estaban llegando a hablar sobre la persona que adquiría dicho apodo sin problemas. Sentían que si en algún momento hacían el más mínimo movimiento, el anciano sabría todo lo que guardaban en sus jóvenes mentes.

—Bueno, bueno, no os tenéis que poner tan nerviosos. Aquí todos somos shinobis de Konoha. Todos queremos lo mejor para nuestra aldea y para sus habitantes.

La Oficina Hokage se inundó de nuevo con el silencio de la noche. Sasuke observó como las sutiles velas estaban a medio camino de consumirse. Parecía que había pasado una eternidad. ¡Quién sabe cuánto tiempo llevaban en esa situación tan tensa!

—¿Q-qué quiere de nosotros? —habló una Sakura con voz débil cayendo por la presión.

Danzô dirigió su mirada hacia la chica y cerró su único ojo visible.

—Me gustaría que me ayudarais. Quisiéramos que nos echaseis una mano y saber toda la información que disponéis de ese tal Gejimayu. O mejor dicho, de Rock Lee.

Ahora sí estaba todo claro y confirmado. Les estaban interrogando. Querían que hablasen, que declarasen contra Rock Lee.

—¡Ni hablar! ¡Nosotros no traicionamos a nuestros camaradas! —exclamó Naruto defendiendo a su compañero y amigo. —¡Gejimayu nos salvó la vida, ¿te enteras?!

Danzô chasqueó con la lengua repetidamente mientras negaba con la cabeza ante las declaraciones del alocado shinobi de cabello rubio.

—Uzumaki Naruto, me parece que aún no eres consciente de la situación en la que te encuentras. —repentinamente, el tono calmado de Danzô se transformó en una voz profunda y oscura que dejó pasmados a los Genin. —No es una petición voluntaria, es una ORDEN.

Ante el silencio de los tres jóvenes debido al miedo y la presión a la que estaban sometidos, Koharu se adelantó a hablar.

—Debéis comprender que vuestras declaraciones han dado lugar a ciertas sospechas que deben ser confirmadas o descartadas. —apuntaló la anciana al grupo de tres. —Si Rock Lee y sus compañeros de equipo hubieran tenido en su posesión información que podría haber evitado esta catástrofe, debemos saberlo. Por el bien de Konoha.

Tras un instante en silencio, Haruno Sakura, muy nerviosa, habló.

—¿Qué pasaría si no dijéramos nada, si no colaboramos?

—Estaríais en una posición similar al Equipo Gai y os enfrentaríais también a las consecuencias de ser cómplices de la invasión de Konoha. —decretó Homura implacable. —Además, se sumaría a vuestros crímenes el ser colaboradores del magnicidio de Hokage.

Sakura cerró los ojos con un gesto de dolor y ansiedad. Naruto dirigió una mirada a su compañera mientras el sudor recorría su frente de manera profusa. Sasuke comenzaba a descontrolar su respiración. Los tres querían terminar este sufrimiento de nueva vez por todas.

—Colaboraremos.

La oscuridad dio paso a la luz, y el sonido intermitente de unas máquinas hicieron que Rock Lee despertase. El chico de cabellos negros comenzó a parpadear con dificultad siguiendo la marcha de los aparatos a los que estaba conectado. Cuando pudo enfocar mejor la vista, observó el techo de una carpa blanca.

“Parece que de nuevo me despierto, y quién sabe dónde.” pensó Lee evocando el hecho de que desde que despertó de la ilusión no había tenido más que una dinámica constante de idas y venidas entre el sueño y el despertar.

—Lee-san, ¿estás despierto?

Una voz suave y femenina le sacó de sus pensamientos. Giró su cabeza a la izquierda y vio a la prima de su compañero Neji, a Hyûga Hinata, levantarse de una silla y acercarse a la cama donde se encontraba tumbado. Se sentía confuso al ver que a su lado estaba ella y no Neji o Tenten.

—¿Hinata-san, eres tú? ¿Qué haces aquí? ¿Dónde estoy y qué ha sucedido? ¿Y Neji y Tenten?

La retahíla de preguntas de Lee dejó un poco confusa a Hinata que tuvo que parar un segundo para ordenar sus respuestas.

—S-sí… soy yo. Estás en un hospital de campaña, te trajimos aquí después que te encontráramos bajo los escombros, Lee-san. —respondió Hinata después de suspirar aliviada por el despertar del compañero de equipo de su primo. —Neji-nîsan y Tenten-san se fueron a realizar labores de reconstrucción por orden superior. Estoy aquí porque estoy convaleciente. Vine porque estabas sólo, para vigilar tu estado y avance.

Lee hizo un sonido nasal de entendimiento y trató de incorporarse con cansancio y dificultad de la cama.

—Ah, espera, Lee-san, te ayudaré. —dijo Hinata sujetando la espalda del chico mientras le acomodaba algunas almohadas para quedarse sentado en la cama.

Unos instantes después, Lee y Hinata se quedaron en silencio en la pequeña habitación improvisada con cortinas hospitalarias blancas. El joven especialista en Taijutsu aún se sentía confundido por todo lo sucedido.

—Hinata-san, ¿cuántos días llevo aquí?

—Dos días. Te desmayaste casi al instante de rescatarte bajo los escombros. Neji-nîsan y Tenten-san tuvieron que reanimarte… estabas… sin pulso…

Lee se quedó completamente callado. El estupor por la noticia le hizo sentir que todo daba vueltas. Si hubiese estado de pie, probablemente se hubiese desmayado de nuevo contra el suelo en ese mismo instante.

—Y-ya… ya veo… así que casi me muero… ¿cierto?

Una preocupada Hinata pudo ver la cara de tristeza y desazón del chico. Le pareció normal, ya que no todos los días recibes una noticia con implicaciones tan graves como la muerte.

—Pero pudieron traerte de vuelta, lo recuerdas, ¿verdad? —preguntó Hinata tratando de animar a Lee. —Te reanimaron y te salvaron la vida, Lee-san. 

El chico afirmó ligeramente con la cabeza al recordar que abrió los ojos y sintió como Tenten lloraba sobre su pecho y Neji se tapaba la cara tras recuperarle, pero no sólo estaban ellos. Ahora pudo evocar que las sombras que percibió a su alrededor eran las de los demás compañeros.

—Hinata-san, dices que Neji y Tenten me salvaron, ¿verdad?

Lee miró a la chica de cabello corto y pudo apreciar que la luz del atardecer marcó los reflejos azulados de su cabello negro mientras asentía ligeramente con la cabeza. Desde el día que la conoció, Hinata siempre le había parecido una chica bastante atractiva. Lee no podía negar que la piel pálida y lustrosa y los brillantes ojos blancos con tintes violáceos claros de la joven Hyûga le parecían extremadamente bellos. Pero esto no sólo ocurría en el plano físico. Era una chica educada y muy amable, siempre pensaba en los demás más que en sí misma, preocupándose por los sentimientos y bienestar de aquellos a los que apreciaba. Anteriormente, había mostrado que carecía de confianza en sí misma, pero también había demostrado sus ganas de cambiar, de ser más atrevida y sincera, haciendo un gran esfuerzo por su parte. Eso sólo hacía que Lee sintiese mayor empatía y simpatía por ella, ya que él mismo había estado en esa misma posición en otras circunstancias. 

En ocasiones, Hinata también le recordaba a ella, a aquella chica cuyo nombre le costaba tanto evocar y pronunciar, a aquella chica que ya no podría volver a ver, que sólo su recuerdo quedó en él como una muestra de la propia fortaleza de ella para salir adelante.

”Es curioso. Desde que desperté de la ilusión siento que el recuerdo de ella fluye de manera más constante por mi mente, como si quisiera decirme que todo está bien, que debo seguir adelante… aunque sea sin ella, aunque… aunque sea con otra persona.” pensó Lee con aire de melancolía. ”Al fin y al cabo, han pasado dos años desde que todo terminó, pero no estoy tan seguro…”

Lee levantó la mirada y le dirigió una sonrisa afable a la chica que le miraba con curiosidad.

—No sólo fueron Neji y Tenten, todos me ayudasteis a salir de esa situación. S-sé que tú también estuviste poniendo mucho empeño en ello, Hinata-san. —se aventuró a decir Lee.

El chico de cabello negro vio como repentinamente un ligero rubor cruzó las mejillas de una Hinata sorprendida. Estaba claro que la había pillado con la guardia baja.

—N-no, Lee-san, ya sabes que no soy tan buena como los demás… y-yo sólo estuve… de apoyo… —respondió Hinata tímidamente mirando hacia otro lado mientras juntaba sus manos apretándolas nerviosa entre sí.

La mente de Lee se sentía arder al ver a la chica interactuar con vergüenza. Había escuchado, sin querer por boca de un molesto Neji, que Hinata estaba enamorada de Naruto desde hacía mucho tiempo, pero ella no sabía cómo hacerle llegar sus sentimientos, más cuando todo el mundo sabía que Naruto sólo tenía ojos para Sakura. Si bien ésta era un interés amoroso también para Lee, y éste lo había demostrado anteriormente, también sabía que la joven chica de cabellos rosados sólo tenía ojos para Uchiha Sasuke.

”Uf, en verdad la juventud es muy complicada. A veces no sé cómo Gai-sensei quiere que disfrutemos de ella con todo lo que nos provoca…” pensó Lee comenzando a tener un lío en la cabeza.

Decidió regresar a su conversación con Hinata y ahondar un poco más, tener una mejor relación entre ambos, más cercana.

—Pese a todo, gracias, Hinata-san. En verdad, creo que eres muy fuerte y muy valiosa para todos.

Lee vio como la chica se relajó de inmediato ante el inesperado piropo y sonrió agradecida. Sus labios se veían suaves y de un bonito color rosado pálido. Él le devolvió la sonrisa también lleno de gratitud por su presencia. 

“Ay, es una lástima. Si no fuese prima de Neji me atrevería a invitarla a salir, pero no quiero terminar inconsciente por enésima vez.” pensó Lee rascándose un poco la mejilla sopesando opciones. “Aunque no me importaría tener a Naruto-kun como rival nuevamente en el amor…”

Los pensamientos de Lee fueron interrumpidos cuando sintió que la garganta se le secó repentinamente y comenzó a toser. Dos días seguidos de suero intravenoso le habían secado la garganta profundamente.

—Ah, espera, Lee-san, voy a buscar un vaso con agua para que te refresques. —dijo Hinata desapareciendo detrás de las cortinas a la vez que el chico carraspeaba en confirmación.

Lee se quedó sólo en la habitación. Comenzó a reflexionar sobre todo lo que había pasado hasta ahora, especialmente el encuentro con aquel hombre llamado Toshikomi.

“Se me hace muy raro que Toshikomi no estuviese en ningún lugar dentro de la ilusión. No interactué con él en ningún momento, ni ninguno de mis compañeros, hasta donde yo sé.” pensó Lee llevando una mano a su barbilla pensativo. “Supongo que habrá que pensar junto con Gai-sensei qué quería ese hombre de mí una vez me recupere…”

La cortina se corrió y Lee pensó que Hinata entraría con el vaso de agua que se había comprometido a llevarle. Sin embargo, allí estaban sus dos compañeros de equipo quienes sorprendidos al verle despierto y avispado casi se abalanzaron sobre él, especialmente Tenten.

—¡Oh, Dios mío, Lee! —exclamó Tenten abrazando a su compañero con cuidado. —¡Estás despierto, qué alegría!

Neji se acercó quedando un paso por detrás de su compañera de equipo. Sus labios mostraban una sonrisa suave y una mirada de alivio que Lee interpretó con sorpresa y agradecimiento.

—Espero que está sea la última vez en mucho tiempo que te quedes en el hospital, Lee. —escuchó decir a Neji bromeando. —No, pero en serio, deja de ponerte en situaciones así. No creo que podamos soportarlo más…

—Je, je… Lo siento, la verdad es que no pensaba que en la invasión iba a acabar en esas condiciones, Neji.

Tenten se incorporó del abrazo y puso una mano en el hombro de Lee con ternura.

—Bueno, lo más importante es que ya estás despierto. La verdad es que me sorprendes muchísimo, Lee. Cualquiera en tus circunstancias no lo hubiese contado. —declaró Tenten con firmeza. —De verdad que tu cuerpo parece que está hecho de hierro o algo así.

Lee se rió ante tal afirmación y se rascó la nuca con algo de vergüenza. No estaba muy acostumbrado a los halagos y siempre que sucedía se sonrojaba.

—Por cierto, ¿estabas tú sólo cuando te despertaste, Lee? —preguntó Neji mirando repentinamente alrededor con algo de confusión.

—¿Eh? No, tu prima Hinata-san me estaba custodiando hasta que desperté. Ahora ha ido a por un vaso de agua para mí.

La respuesta de Lee dejó extrañados a sus dos compañeros, quienes fruncieron ligeramente el ceño.

—¿Hinata-sama? —inquirió Neji con curiosidad. —¿No estaba contigo Uchiha Sasuke?

Ante la mención del joven del clan Uchiha, Lee hizo una mueca de extrañeza que acompañaba a la de sus compañeros de equipo.

—¿Qué? No, Sasuke-kun no ha estado conmigo en ningún momen…

De repente y sin previo aviso, una gran humareda llenó el recoveco de la “habitación” de Lee. Un grito femenino, un fuerte gruñido masculino y un estruendoso golpe llenaron el pequeño espacio. Lee parpadeo para poder mirar a través de la neblina mientras sus manos se pusieron delante de su cuerpo en señal de defensa. Cuando la niebla se disipó, pudo ver que Neji y Tenten estaban tirados en el suelo mientras eran restringidos por dos miembros de ANBU por la espalda.

—Espera, qué… ¿qué está pasando? —preguntó un Lee completamente anonadado sin saber qué hacer.

Levantó ligeramente la mano hacia sus compañeros. Ésta fue detenida por el firme agarre de una tercera ANBU de cabellos purpúreos que estaba a su lado.

—¿A-ANBU? ¡¿Qué-qué sucede?! —una exclamación apresurada salió de la boca de una cuarta persona que apareció a unos pocos pasos de la cortina hospitalaria. Hinata acababa de regresar con el vaso, el cual cayó al suelo, y se encontraba patidifusa por la situación. —¡¿Qué-qué les están haciendo?!

El ANBU que doblegaba a Neji levantó la mirada hacia la chica de ojos blancos mostrando su impasible máscara.

—Es mejor que no se meta, Hinata-sama. Esto es competencia de Konoha y de su jurisprudencia.

Hinata miraba con angustia. Se debatía entre dar un paso hacia delante y ayudar a su primo y a sus compañeros o quedarse quieta.

—¡Hinata-sama! ¡Por favor, sólo haga lo que le han pedido! —gritó Neji desesperado por evitar que su prima se metiera en un problema por su culpa.

Tenten sólo jadeaba al sentir el prieto agarre de su captor. La chica de cabello chocolate estaba luchando por escapar. No habían hecho nada malo, ¿por qué éste actuar contra ellos? Vio que la ANBU con cabellos morados que sujetaba el brazo de Lee sacaba un pergamino que desenrolló con su otra mano y se lo mostró a los tres.

—Hyûga Neji, Tenten y Rokku Rî, por orden de Konohagakure no Sato, quedáis arrestados por sospechas de traición. Estaréis bajo vigilancia y control del Cuerpo ANBU y de la División de Inteligencia de Konoha el tiempo que se considere oportuno.

La boca de Lee se secó inmediatamente, sus ojos se abrieron desmesuradamente llenándose de temor. ¿Qué significaba todo esto? ¿Cómo que sospechosos de traición? ¿Por qué? Poco más pudo pensar, puesto que vio como Neji y Tenten desaparecían delante de él en una nube blanca para después sentir que le sujetaban del brazo izquierdo, arrastrándole en el desvanecimiento de la misma humareda contra su voluntad.

PERFIL NINJA OFICIAL

Número de Registro Ninja: 011850

Apellido: Umino

Nombre: Iruka

Apodo/sobrenombre: No consta

Fecha de nacimiento: 26 de mayo del año 058 de la Era Moderna

Sexo: Hombre

Estatus: Activo

Tipo sanguíneo: 0

Afiliación: Konohagakure no Sato, País del Fuego

Clan/Familia: No reseñable

Equipo: Genin Licenciado del Equipo 06 – 069

Rango Ninja: Chûnin (año 074 de la Era Moderna)

Categoría Ninja: Rastreador

Naturaleza de Chakra: Fuego (Afinidad Natural), Agua y Yin

Kekkei Genkai: Inexistente

Ocupación: Maestro de la Academia Ninja

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